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La critica de la racionalidad tecnológica en Herbert Marcuse

Abstract

Marcuse strongly inveighs against the modern concept of instrumental reason which has created an exclusive1y one-dimensional society -a society that reduces our reality to mere factualness. Only with a revolution of our conscience and with the use of dialectical logic will we be able to make the objective contradictions of our rational-technological society collapse. The aesthetic-imaginative dimension, as a utopian insertion in our alienated reality, will be capable of generating universally valid principles -a foundation upon which we will be able to establish the new non-repressive order of society and create a type of rationallism that is not exclusiveIy economic-productive, but also and mainly gratifying, and dominated by Eros.

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La critica de la racionalidad tecnológica en Herbert Marcuse

Author: Lopez Saenz, M. Carmen
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1988
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.780
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn14/0211402Xn14p81.pdf
En ahona
14,
1988, 81-93
La c í ica de la acionalidad
ecnológica en He be Ma cuse
M.
Ca men
López
Sáenz
ABSTRACT
(C i icism o echnological a ionalism in Ma cuse)
Ma cuse s ongly in eighs agains he mode n concep o ins umen-
al eason which has c ea ed an exclusi ely one-dimensional socie y -a
socie y ha educes ou eali y o me e ac ualness. Only wi h a e olu-
ion o ou conscience and wi h he use o dialec ical logic will we be
able o make he objec i e con adic ions o ou a ional- echnological
socie y collapse. The aes he ic-imagina i e dimension, as a u opian in-
se ion in ou aliena ed eali y, will be capable o gene a ing uni e sally
alid
p incipies
-a ounda ion upon which we will be able o es ablish
he new non- ep essi e o de o socie y and c ea e a ype o a ionalism
ha is no exclusi ely economic-p oduc i e, bu also and mainly g a i y-
ing, and domina ed by E os.
La ob a de He be Ma cuse cons i uye una de las con ibuciones más
icas que se han egis ado en el pensamien o ma xis a con empo áneo. Es
ambién una de las más complejas, pues la eno ación que
ha
apo ado se
undamen a, en g an pa e, en una e isión de Ma x a pa i de Hegel, de
F eud
y
del pensamien o nega i o de la Escuela de F anc o .
En es a Escuela, como en oda la p oducción ma cusiana, ocupa un
luga señalado el análisis del concep o de <( azón». En él se busca una
exigencia c i ica que descub a la inadecuación exis en e en e «lo que es
de hecho» y «el se » p opiamen e dicho. De ahí la ca ac e ización de la
Escuela como «Teo ía C í ica)).
Ma cuse, en conc e o, denuncia lo que el mundo mode no ha omado
po azón: la dominación ecnológica ca en e de ines acionales que lo
educe odo a medios pa a eje ce el dominio. De es a o ma, la azón
imposibili a la comp ensión obje i a de la ealidad
y
conduce a la subo -
dinación al o den exis en e. Se a a de una alsa acionalidad que encu-
b e la ca encia de libe ad bajo la o ma de múl iples comodidades.
A
cambio de es e apa en e bienes a , la sociedad de consumo nos o ece un
c ecien e con ol sob e la ida, las necesidades y las acul ades humanas.
¿Cómo llegó a cons i ui se es a acionalidad ecnológica en sis ema de
dominio? En p ime luga , en las sociedades indus iales a anzadas han
quedado in eg adas odas las dimensiones de la exis encia. El indi iduo ha
sido anulado po la sociedad, del mismo modo que la posibilidad de un
cambio cuali a i o que o igina a nue as o mas de exis encia más huma-
nas. La sociedad unidimensional ha in eg ado los opues os
',
ha elimina-
do oda oposición adical alis ándola en sus ilas, con enciéndola de que
su único in e és ha de se la p ese ación del
s a u quo,
el aumen o de la
capacidad de consumo. En es a sociedad el apa a o écnico de e mina a
p io i sus p oduc os an o como las necesidades sociales e indi iduales.
Aunque el pode de la maquina ia es sólo pode humano almacenado,
Ma cuse a i ma que en las sociedades o ali a ias no puede man ene se la
neu alidad de la ecnología:
An e las ca ac e ís icas o ali a ias de es a sociedad, no puede sos e-
ne se la noción adicional de la ((neu alidad)) de la ecnología. La
ecnología como al no puede se sepa ada del empleo que se hace de
ella; la sociedad ecnológica es un sis ema de dominación que ope a ya
en el concep o
y
la cons ucción de las écnicas
*.
El homb e pe enecien e a es a sociedad es un homb e unidimensional,
es deci , un se cuan i a i o cuya me a es el consumo, cuyas necesidades
es án alseadas; un suje o que op ó po el ene a cambio del se . El
homb e unidimensional eme su p opia libe ación; se iden i ica mimé ica-
men e con su sociedad in oyec ando lo ex e io como si de algo p opio
se a a a. Pa a consegui elimina la mise ia de es e suje o -en la cual
él ni siquie a sospecha i i - se ía p eciso denuncia la i acionalidad de
la ci ilización. És a es la canden e con adicción de nues a sociedad, la
i acionalidad de su « acionalidad»: la sociedad indus ial mues a una
endencia hacia la consumación de la acionalidad ecnológica
y,
al mis-
mo iempo, in ensos es ue zos po con ene es a endencia den o de las
ins i uciones es ablecidas.
Sin emba go, las con adicciones no pueden hace es alla po sí solas
el o den exis en e, sino que se ía imp escindible log a la sub e sión de la
conciencia y la conduc a del indi iduo. Es o sólo oma á conc eción si el
homb e sien e la necesidad de nega lo dado, la necesidad impe iosa de
una e olución adical. Lo que hoy p ecisamos pa a ecupe a la concien-
cia indi idual es c ea nue as necesidades.
Es a a ea es ha o di ícil si enemos en cuen a que la misma écnica se
'
CJ
MARCUSE,
H.,
El homb e unidimensional,
Plane a, Ba celona
1985,
p.
22.
Ibid.,
p.
26.
ha con e ido en una alienación ideológica que legi ima el pode , hacién-
dose cada ez más anónima y abs ac a. Lo más e ible de nues a
si uación es que nos encon amos an e una se idumb e olun a ia:
hemos consen ido oca nues a libe ad po la segu idad. El homb e
unidimensional ha adqui ido así la o ma sup ema de la alienación,
consis en e en una pé dida de la libe ad que es conside ada po él
mismo como libe ad.
Tan o en Ma cuse como en Ma x, la alienación signi ica pé dida de las
dimensiones c eado as del homb e y, po consiguien e, pé dida de la
libe ad. Es a alienación se o igina en el abajo enajenado, y sólo es
supe able as la abolición de és e. Ma x sos enía que la di ección del
apa a o p oduc i o po los p oduc o es inmedia os in oduci ía un cam-
bio cuali a i o en la u ilización de las écnicas; Ma cuse cons a a, en
cambio, que és as manipulan de al o ma la exis encia que sólo una
ans o mación de la es uc u a ecnológica misma acili a ía el cambio.
Ma cuse y Ma x comp endie on que el sis ema capi alis a no sólo c ea
p oduc os, sino que modela ipos de consumido es, c ea un suje o pa a
sus obje os. Las me cancías se con ie en en onces en e iches, adoc inan
a los consumido es gene ando alsas necesidades y equipa ando la sa is-
acción de és as con la libe ad.
No obs an e, el p ole a iado al que con iaba Ma x la esolución de
es as con adicciones di ie e del ((p ole a iado)) ac ual. Aquél e a depau-
pe ado, cons i uía la negación i ien e de la sociedad. Tenía una necesi-
dad
absolu a
de sub e i sus condiciones de ida; necesidad que apa ece
en el inicio de oda e dade a e olución. El p ole a iado ac ual no expe-
imen a la necesidad i al de la e olución po que ya no cons i uye esa
negación de la sociedad. Po o a pa e, cada ez aumen a el núme o de
abajado es sepziados de la p oducción. La dominación sob e los ob e-
os ya no es iolen a, se ha ans o mado en adminis ación. Incluso la
alienación (en el sen ido de p oyección del homb e en el apa a o p oduc-
i o) se in ensi ica bajo la o ma de apa en es libe ades.
El concep o de ((alienación)) esul a p oblemá ico cuando exis e an a
iden i icación en e los indi iduos y la exis encia que se les impone. En
es e sen ido podemos deci que el suje o alienado ha sido abso bido po
su exis encia alienada. Ya no hay se es adap ados, sino iden i icados
o almen e con la sociedad.
Finalmen e, la alienación cul u al y a ís ica, que e a la ascendencia
conscien e de la exis encia alienada, acaba ambién in eg ándose en la
única dimensión que la ealidad ecnológica conoce. Es o ha sucedido,
po ejemplo, con la cul u a clásica plu idimensional. La des ucción de
dicha cul u a se lle a a cabo inco po ando los alo es cul u ales al o den
es ablecido, ep oduciéndolos y dis ibuyéndolos masi amen e. Es a ma-
si icación ha ans o mado en me cancías los aspec os ele an es de la
cul u a. Aho a lo que cuen a al asa las es su alo de cambio, no su
« e dad».
Lo ideal queda, pues, in eg ado en la ealidad. La misma subs ancia
del a e, su pode de negación del o den es ablecido, desapa ece. El a e
conse aba su e dad p opia po que se hallaba sepa ado del mundo de la
p oducción; en la ac ualidad, ha sido inco po ado al consumo. No obs-
an e, el lenguaje poé ico sigue desempeñando una impo an e unción
cognosci i a, pues o que nos p esen a la dimensión «ausen e» de la eali-
dad; apo a una in eligibilidad que sub ie e lo posi i o
y
hace i i en
noso os lo posible.
El hecho de que la cul u a clásica haya sido asimilada po la azón
dominan e signi ica que la ene gía e ó ica, que es la uen e de la ac i idad
a ís ica
y
cul u al, ha su ido una «desublimación ep esi a)). Es o signi-
ica, en lenguaje ma cusiano, que la ene gía es ((libe alizada)) (no libe a-
da) den o de o mas sociales cons uc i as
y
al se icio del o den es able-
cido
'.
Se ha p oducido la dese o ización de la ida, la es icción del place ,
la educción de la libido a un impulso pa cial especializado. De es a
o ma la sexualidad queda con olada, el p incipio del place pe manece
subo dinado a las exigencias del p incipio de la ealidad es ablecido. La
conciencia eliz eina: una conciencia que c ee que odo lo eal es acio-
nal, que odo lo que ocu e es á jus i icado. La au onomía
y
la e lexión
han desapa ecido po comple o. La sociedad ha log ado su máxima me a:
es uc u a los ins in os de sus miemb os c eando en ellos una segunda
na u aleza lejana de su e dade a imagen.
Es a i anía de la azón ins umen al iene su inmedia a exp esión en
el lenguaje. La ci ilización ecnológica impone una comunicación ope a-
i a cuyo in es la di usión de me cancías. El lenguaje publici a io nos
impide op a lib emen e
y
eje ce un discu so c í ico
y
e alua i o. El
discu so ecnológico iden i ica las cosas con sus unciones ac uales, exclu-
yendo sus po encialidades. Los opues os se econcilian en es e es echo
uni e so del discu so. Se a a de un lenguaje unidimensional
y
an idialéc-
ic0 que abso be los elemen os ascenden es de la azón. La ensión en e
lo que es
y
lo que debe se ca ac e izaba el uni e so bidimensional del
discu so. La ealidad pa icipa po igual de es as dos ace as
y
sólo es
exp esable, po consiguien e, en é minos dialéc icos. Sin emba go, el
lenguaje que p edomina en nues a sociedad no se p es a al diálogo,
únicamen e es ablece hechos dándolos como álidos. Se ha p oducido la
clausu a del uni e so del discu so.
Al exhibi sus con adicciones como la cla e de la e dad, es e uni e -
'
C .
Ibid.,
p.
102.
so del discu so se cie a a cualquie o o discu so que no se desa olle
en sus p opios é minos
4.
Es e exclusi ismo uncional del lenguaje impide oma una ac i ud de
no con o midad. La ealidad exis en e se ha con e ido en no ma de es e
pensamien o y de su discu so.
Pe o odos sabemos que lo que es no puede se lo e dade o, que los
hechos han de se comp endidos y supe ados, que no es álido el pensa-
mien o posi i o a i ma i o de lo exis en e, que el debe se no puede
disol e se en el se ác ico. El posi i ismo se inde a su p opia ideología,
a la desc ipción incapaz de en ende lo que pasa. La acep ación adical de
lo empí ico no es, sin emba go, empí ica, po que no accede a las causas
de los hechos, po que no los asciende, po que no pe cibe la alacia de
la azón dominan e, una azón a-dialéc ica, unidimensional, que aciona-
liza lo exis en e.
És a ha sido la ob a de la ecnología y de su acionalidad abs ac a y
a i icial que se ha con e ido en la es uc u a misma de la sociedad. La
c í ica de es a acionalidad supone una c í ica ambién, del o malismo
cien i is a del que nació, así como la búsqueda de o a lógica dis in a, una
lógica dialéc ica que ascienda los hechos y los comp enda en su
de eni
his ó ico.
El pensamien o dialéc ico e lejaba la complejidad de lo eal.
Al lle a se a é mino la educción de aquél, se ha limi ado ambién la
pe cepción de la na u aleza. El apa a o écnico ha ol idado su in: c ea
una exis encia humana sob e la base de una na u aleza humanizada. La
cuan i icación de la na u aleza sepa ó odos los ines de la ealidad,
subje i izó los alo es. Es a concepción de la na u aleza se desa olló
bajo el a p io i ecnológico, que conside aba lo na u al como ins umen o
po encial de dominio. Tal a p io i ecnológico se ans o ma en polí ico
en la medida en que la ans o mación de la na u aleza implica la del
homb e y la de la sociedad.
Ma x pensaba que e a el modo social de la p oducción y no la écnica
en si misma el ac o his ó ico básico. Sin emba go, cuando la écnica se
con ie e en la o ma uni e sal de p oducción, c ea su p opia cul u a,
p oyec a una o alidad his ó ica, un «mundo», en el sen ido heidegge ia-
no de «unidad de signi icaciones)).
El
logos
de la ecnología es la obje i idad sin
elos.
Es o no signi ica
que sus mé odos sean neu ales, pues o que los p incipios de la ciencia
mode na ue on ijados a p io i pa a es ablece el dominio de la na u a-
leza, pa a acionaliza la al a de libe ad del homb e, la cual apa ece
como sumisión al apa a o écnico que aumen a el ni el cuan i a i o de
ida.
Ibid.,
p.
121.

Una e dade a e olución eque i ía up u a, ans o mación de las
necesidades
y
de la exis encia humana. Sin emba go, Ma cuse no p e ende
p escindi de la base écnica, sino más bien econs ui la con la mi a
pues a en unos ines dis in os. En p ime luga , el in inmedia o que
debe ía asumi la ecnología es la exis encia pací ica. El homb e nue o
debe comp ende que la si uación ac ual es un aplazamien o inde inido de
la elicidad humana. An e es e pano ama, sólo cabe una ac i ud de echa-
zo de lo exis en e; es e echazo sólo puede eje ce se desde el ex e io del
sis ema, sin ol ida que hay un sus a o de <<ma ginados» que pe enecen
a es a sociedad, pe o que no es án con olados po ella.
Su ida es la necesidad más inmedia a
y
la más eal pa a pone in a
ins i uciones
y
condiciones in ole ables. Así, su oposición es e olucio-
na ia incluso si su conciencia no lo es
j.
Una ez pues a de elie e la i acionalidad a la que conduce la aplica-
ción capi alis a de la azón ecnológica, Ma cuse descub e el mismo enó-
meno en el mundo so ié ico. En él, la acionalidad sigue en endiéndose
como adecuación del pensamien o y la acción pa a log a obje i os he e-
ónomos. Según Ma cuse, la e dade a e olución equie e que los ines
ope en ya en los medios que conducen a ellos. Igualmen e, la cons uc-
ción de la base ecnológica debe es a de e minada po el modo en que es
c eada. Sin emba go, en la sociedad so ié ica no se dan es os equisi os.
P osigue en ella la escla i ud del homb e en el abajo. La compe encia
con el mundo capi alis a hace necesa ia la exis encia de las bu oc acias y,
en suma, la p io idad de los medios sob e los ines. En ambas sociedades
se p o ee a los suje os de bienes supe luos a cos a de aquello de que
ienen mayo necesidad: la libe ad y la elicidad.
La sociedad so ié ica no ha supe ado oda ía la p ime a ase del
socialismo al que se e e ía Ma x. El desa ollo acional de la sociedad
aún es á en con lic o con el desa ollo del suje o; a pa i de Lenin, el
p ole a iado ya no se á concebido como suje o, sino como
obje o
del
p oceso e oluciona io. El ma xismo so ié ico con inúa conside ando la
azón como acionalidad del conjun o, es deci , como p og eso del apa-
a o p oduc i o: a él deben some e se los in e eses indi iduales.
Como quie a que en la ealidad los in e eses indi iduales son oda ía
an agónicos espec o a los in e eses del conjun o,
y
como quie a que
acionalización no equi ale a socialización, la acionalidad del ealismo
so ié ico se nos mues a como mani ies amen e i acional
6.
Finalmen e, con el en aizamien o de una sólida mo al del abajo en
Ibid.,
p.
285.
MARCUSE.
H.,
Ma xismo so ié ico,
Alianza Edi o ial, Mad id 1984~,
p.
91.
la es uc u a ins in i a del homb e, queda ins au ado el con ol desde el
ex e io , la he e onomía.
En
E os
y
ci ilización,
Ma cuse p opone lo que en
El homb e unidi-
mensional
sólo insinúa: la sus i ución de la acionalidad p oduc i a po
una acionalidad g a i ican e que ins au e un nue o p incipio de ealidad
y
cambie el sen ido de la ac i idad colec i a.
F eud pensaba que la lib e g a i icación de las necesidades ins in i as
e a incompa ible con la ci ilización. Po el con a io, Ma cuse sigue c e-
yendo que es necesa io ins au a la elicidad en el seno de la cul u a.
Sabido es que, segun F eud, la his o ia del homb e es la his o ia de su
ep esión; los ins in os deben se des iados si la ci ilización quie e cons-
i ui se. Tal des iación p oduce un cambio en la na u aleza humana. El
suje o acaba sus i uyendo el place empo al po o o place es ingido
pe o segu o. En con a de es e au o , Ma cuse a i ma que el p incipio de
ealidad p o oca un cambio sus ancial en el p incipio del place ; bajo el
dominio de aquél, el homb e queda ligado a una acionalidad que le es
impues a po una sociedad que ansus ancia sus necesidades o iginales.
F eud y Ma cuse saben que el
ego
sus i uye el p incipio de place que
einaba en el
id
po el p incipio de ealidad, pa a a o ece la adap ación
del indi iduo al conjun o. Sin emba go, Ma cuse emp ende una alo a-
ción
his ó ica
de la concepción eudiana. A i ma la his o icidad de los
ins in os, con lo que pe mi e una salida a la i e e sibilidad apa en e de
la ci ilización como ep esión. En consecuencia, concluye que la ep esión
es sólo un p oceso his ó ico con e ido en na u aleza en in e és de una
o ma especi ica de la cul u a: aquella que se ins au a como pode .
En es e in en o ma cusiano de elaciona los é minos eudianos ahis-
ó icos con concep os que deno en su componen e sociohis ó ico, apa e-
cen dos nue as nociones acuñadas po Ma cuse:
su plus- ep ession
( ep e-
sión exceden e) y
pe o mance p inciple
(p incipio de endimien o). La
ep esión exceden e es p o ocada po la dominación social y se di e encia
de la ep esión básica que se ía necesa ia pa a pe pe ua la ci ilización. El
p incipio de endimien o es la o ma his ó ica del p incipio de ealidad
que p e alece en la ac ualidad y que en su o igen se jus i icaba po su
unción supe ado a de la escasez. Dicha escasez ha sido hoy día epa ada
y, sin emba go, siguen exis iendo con oles adicionales no indispensables.
La misión de la ep esión exceden e es des ona el p incipio de place ,
modi ica el ins in o sexual. Es o ocu e po que nues a o ganización
cul u al suje a la libido a la sup emacía de la geni alidad y a la p oc ea-
ción. Se p oduce de es a o ma la
especialización
de la libido, su con e -
sión en medio en luga de in.
F eud c eía que la cul u a exige es a inhibición de la libido. Al in o-
duci el é mino (( ep esión exceden e», Ma cuse supe a es a esis demos-
ando que el p incipio de ealidad ha sido al e ado po las ins i uciones
que lo igen y po nues a sociedad de consumo. El o ganismo ha sido
dese o izado pa a dedica se al abajo. Así el con lic o en e abajo
enajenado y e os se agudiza. De ello esul a la educción adical del
po encial de place pa a el homb e. E os se ha con e ido en asun o
p i ado, y sólo se hace gene al como unción ep oduc o a.
Ma cuse aboga po la esexualización del cue po, po que conside a
que sólo el cue po esexualizado esis i á su ans o mación en ins umen-
o de abajo. Pe o no se hace ilusiones al espec o. La dialéc ica a al de
es a cul u a acen úa las ep esiones cuando la libe ación de e os esul a ya
ac ible. La ci ilización es p og eso en el abajo. Es e abajo no es
libidinal, es deci , no hay un ((ins in o del abajo)) o iginal; de ahí que la
ene gía eque ida pa a es e es ue zo desag adable deba se ex aída de los
ins in os p ima ios. Desde es e ins an e, la ob a de la ci ilización puede
concebi se como ene gía social sublimada. Es a sublimación al e a la
misma es uc u a ins in i a: debili a al e os, al cons uc o de la cul u a,
y
desa a los impulsos des uc i os. La sexualidad pie de en onces su capa-
cidad e ó ica esencial: la de se un momen o de libe ación de lo social.
A pesa de odo, en el seno de lo exis en e se hallan ocul as posibili-
dades eales de halla un p incipio más allá del p incipio de endimien o,
un p incipio placen e o suje o a una azón libidinal. Cumplidas es as
posibilidades, pod á inicia se una ci ilización no ep esi a que no iden i-
ique la azón con el p incipio de endimien o, que busque la e o ización
de oda la pe sonalidad y ans o me el cue po en ó gano de place an es
que de abajo. Así el homb e se ap oxima á al ((lib e juego» de sus
acul ades, a la g a i icación pe se. Pe o es as ans o maciones equie-
en, en p ime luga , que exis an las condiciones que eliminen la enajena-
ción del p oceso p oduc i o; sólo así pueden cambia las bases ins in i as.
Acla emos que no es un mayo g ado de sexualidad lo que exige Ma cuse,
sino la ansmu ación concep ual de la sexualidad en e os, en ins in o
de ida.
No obs an e, los p og esos écnicos no han log ado elimina la necesi-
dad del abajo enajenado. Lo deseable y lo azonable pe manecen sepa-
ados, impidiendo cualquie ans o mación cuali a i a. La necesidad del
cambio ni siquie a exis e en los suje os. Es posible que las endencias y
me as de los homb es su an una ans o mación si cesa la lucha po la
exis encia, si la ida se con ie e en medio pa a un in. Con ibui ía
eno memen e a log a es e obje i o la libe ación de la sensibilidad, es
deci , la c eación de un homb e nue o, no unidimensional, un homb e
con nue os ins in os, capaz de subo dina la ene gía des uc i a a la
ene gía e ó ica, un homb e que ecupe e el e dade o sen ido de la azón.
Y
la azón se encuen a conc e amen e
...
...
en el impulso de la ene gía e ó ica encaminado a de ene
la
des uc-
ción. Es o exac amen e de ini ía yo como azón: p o ección de la ida,
en iquecimien o de la ida, embellecimien o de la ida.
Y
es o se halla,
segun F eud, insc i o ya en la p opia na u aleza ins in i a
l.
El p oblema de lo acional se esume en el debili amien o de la ep e-
sión, y es o conlle a la po enciación de una nue a sensualidad (en endida
és a como ((pe enecien e a los sen idos y al a e))). El a e es, en Ma cuse,
una mane a de p ese a la u opía, que es ambién adhesión a una nue a
sensualidad. És a nos conduci á a o a elación en e el homb e
y
la
na u aleza, ya que la ecep i idad de la expe iencia es é ica posibili a á
que eamos las cosas po sí mismas, po que su o ma de conoce consis e
en se a ec ada po los obje os, y su inalidad es econcilia las acul ades
del homb e: place y azón, sensualidad e in elec o. La dimensión es é ica
nos ap oxima a un o den di e en e del de la ealidad. Las ca ego ías de
es e nue o o den son la inalidad sin in, el lib e juego de las po enciali-
dades humanas y la legalidad sin ley. La imaginación es é ica se á la
enca gada de gene a p incipios uni e salmen e álidos pa a es e nue o
o den no ep esi o. Es a capacidad imagina i a desempeña un impo an e
papel en la noción ma cusiana de a e: en ella se unden el inconscien e y
el conscien e pa a p o ege las imágenes de la libe ad
y
c i ica lo exis-
en e desde la pe spec i a de dichas imágenes.
En es e plano, Ma cuse se halla in luido po Schille . És e ya anunció
la i ud libe ado a de la es é ica, y acusó a la ci ilización de subo dina
-empob eciéndola- la sensualidad a la azón, adelan ando la idea de la
econciliación de ambas en el impulso de juego
8.
El juego, como p inci-
pio de la ci ilización, implica su subo dinación a las po encias del homb e
lib emen e desa olladas.
Quizás el a e no puede cambia el mundo, pe o sí puede con ibui a
ans o ma la conciencia y los in e eses de los homb es capaces de cam-
bia lo; puede a o ece el su gimien o de la necesidad de libe ad, equi-
si o indispensable pa a la e olución. Po o a pa e, el a e posee algo de
hyb is:
al no pode ealiza sus deseos, la econciliación ca á ica p ese a
ambién
lo
i econciliable, lo u ópico. De ahí que pueda se i de idea
egulado a en la lucha po la ans o mación del mundo. La e dad del
a e es su pode pa a de ini lo que es eal, aquello que esis e a la
in eg ación en el sis ema.
La o ma es é ica es insepa able en Ma cuse de su po encialidad u ópi-
ca, coincide con el lenguaje y la unción de la u opía, pues o que su
ue za le pe mi e supe a la con adicción en e lo que es
y
lo que puede
'
VARIOS.,
Con e saciones con
H.
Ma cuse,
Gedisa, Ba celona
1980,
p.
40.
Segun Schille , la sensualidad es á egida po el impulso sensible mien as que la azón
lo es á po el p incipio de la o ma. El p ime o es ac i o; el segundo, pasi o. La in e acción
en e ambos con igu a la cul u a.