ACOTACIONES
A
LA
CRAZÓN VITAL»
Emilio
LLEDÓ
Después del impo an e desa ollo que la ilo-
so ia del lenguaje
y
la semán ica han enido en
nues o siglo, hemos empezado elizmen e a
pe de el espe o a ios concep os
y
a p eocupa -
nos, más bien, po las condiciones de posibilidad
en que ales concep os eme gen. Pe o sob e odo
comenzamos a duda de su e icacia, si muchos
de ellos, su gidos de un ecundo en en amien o
en e men e
y
mundo, en e subje i idad
y
obje-
i idad, acaban edondeando sus pe iles y ad-
qui iendo un os o dis an e
y
solemne. Algo de
es o pod ía pasa le al concep o de azón, de a-
zón i al.
O ega hizo su gi es e concep o,
y
la in ui-
ción que en él se encie a, de una con on ación
con la his o ia más ecien e
y,
po supues o, con
la adición ilosó ica occiden al. En es a adi-
ción se exp esan dos concepciones epis emológi-
cas di e en es: el acionalismo
y
el ela i ismo.
Ambas, según O ega, mani ies an dos pos u as
an agónicas. El acionalismo pa ece que iene
que e con la e dad, el ela i ismo con la ida.
E ec i amen e, el concep o de azón, de dila ada
his o ia, necesi a como con as e un concep o
pa alelo: la e dad. Tal ez, desde Pla ón, la e -
dad supone una cie a inmu abilidad, un ca ác-
e ideal desligado de las mu aciones
y
a iabili-
dades del mundo. Es cie o que el concep o g ie-
go de e dad, en e a la e dad como con ianza
de la adición heb ea, aunque
ha
sido en endi-
do como «aquello que es an es de habe sido», a
indisolublemen e unido al Logos. Po ello, en
A is ó eles la e dad llega á a se una p opiedad
de cie os enunciados
y
no necesa iamen e de
aquellos que ienen signi icación (A is ó eles,
De In e p e a ione
17
a 1). Es a a ian e o ece a
la e dad un enga ce igu oso,
y
una cla e im-
po an e a oda p oposición exp esada: la posibi-
lidad de e i ica~se. A pesa de las di e sas in e -
p e aciones de azón, es a simple unción del
lenguaje humano, que se a icula en p oposicio-
nes e dade as o alsas, o ece al concep o de e -
dad un cla o sus en o. Ve dad es lo que se dice;
pe o no odo lo que se dice es e dade o. El Lo-
gos es pues una posibilidad. Una posibilidad
que sólo se ealiza, como e dade a, cuando es
e i icable. Es a ambigua cons i ución del Logos
lo si úa en un dominio his ó ico, en una ine i a-
ble a adu a a aquel que habla
y
po el que el Lo-
gos iene sen ido
y
consis encia. Todo enunciado
es á po consiguien e supedi ado a un segundo
momen o que pe mi e de e mina lo como e -
dade o o also.
Sin emba go la e dad o la alsedad puede di-
lui se en una pe spec i a absolu a, po aquellos
impe a i os de consis encia que obligan. pa a
adqui i ca ego ía de ciencia, a con e i sus a i -
maciones en necesa ias
y
uni e sales. Pe o, al pa-
ece , es a p e ensión iene en el ondo un ma -
cado in e pla ónico. al desplaza el p oblema de
la e dad hacia un e i o io eidé ico en el que
las a i maciones posean el con as e sup enzo e
inmu able. La e dad pa ece en cnces con e i -
se en «emunah», en con ianza,
y
a a és de és a,
en pleni ud. La azón goza aquí de una sup ema
ca ac e ís ica. Se inse a en un uni e so en el que
eina la
zdea cla a
y
dis in a, el o do geome n'cus
o
la eine Ve nun .
La búsqueda de es a inmu abilidad
y
segu i-
dad en el Logos del homb e no deja, sin emba -
go, de con e i se en una u opía, en un luga sin
luga , o sea en un luga sin iempo
y
sin his o ia.
El ela i ismo i umpe, pues, po es e esquicio
u ópico, po es a di icul ad que b o a más bien
de la ealidad que del deseo. Po que podemos
soña Ve dades inmu ables; pe ec os sis emas
de con as es pa a nues as a i maciones; pe o la
ealidad es his j ica. E iden emen e odo Logos
es semán ico, signi ica i o; pe o
110
odo Logos
es
apo án zco,
no odo Logos puede educi se a
un juicio en el que sea posible de e mina su e -
dad o su alsedad. «Una súplica es un Logos; pe-
o no es ni e dade a ni alsa..
.
su examen es más
p opio de la e ó ica o de la poé ica» (A is ó eles,
De In e p e a zone,
17
a
4-6).
No
sólo en el homb e que usa el Logos ceñido
a una ci cuns ancia conc e a, ins ado po el sis e-
ma de e e encias sociales, sino que ya en la mis-
ma
es uc u a del Logos se escapa una buena
pa e de El a la igu osa p esión
apo án zca.
Po
consiguien e el ela i ismo no iene al Logos. a
la supues a azón como una al e na i a a la cohe-
encia de lo inmu able, de lo siemp e así. sino
que odo Logos, oda azón, es en su misma aíz
ela i a, o sea incon as able pa a la segu a é ula
de la e dad o alsedad. El acionalismo o el ela-
i ismo no dejan, pues, de con e i senos en dos
amosas ingenuidades e minológicas. Según el
conocido ex o de A is ó eles el homb e lo es po
ene Logos
(Polí ica,
1,
2,
1253
a lo), po ene
lenguaje, o como una inexac a aducción ha pa-
en ado, po se acional. No se ía una hipó esis
demasiado a e ida la que nos lle ase a a i ma
que una pa e de esa ingenuidad e minológica
p o iene de esa pa cial in e p e ación. El hom-
b e es un animal que iene Logos, pe o no iene
Razón. La Razón es una o ma subsidia ia pa cial
del Logos, como el juicio es una o ma pa cial
(apo án ica) de la pleni ud semán ica del Logos
(A is ó eles,
De In eq e a ione,
16 b 26 SS). «Ni
el absolu ismo acionalis a -que sal a la azón
y
nuli ica la ida-, ni el ela i ismo que sal a la
ida e apo ando la azón. La sensibilidad de la
época que aho a comienza se ca ac e iza po su
insumisión a es e dilema. No podemos sa is ac-
o iamen e ins ala nos en ninguno de sus é mi-
nos». (O ega,
El ema de nues o iempo,
en
Ob as,
Mad id-Ba celona, Espasa Calpe 1932,
p. 754).
E ec i amen e O ega e, en la época en que
esc ibe es as palab as, la di icul ad de acep a esa
pola ización en e esos ex emos, sancionados
po una adición que los ha manejado
y
u iliza-
do. Pe o el dilema que con o ma es a di icul ad
es un dilema inconsis en e. Pa a que es a ajan e
al e na i a pudie a ene el ca ác e de un p o-
blema ilosó ico, end ía e ec i amen e que se -
lo. De la misma mane a que no hay una azón
pu a, no hay ampoco un ela i ismo pu o. Toda
azón es impu a, odo ela i ismo es á inc us a-
do en una o ma de azón
y
en la pleni ud del
Logos. La ins alación en uno de es os ex emos,
además de un eje cicio me alingüís ico, de un
absolu o juego eó ico, es una exage ación. Es a-
blecida en la on e a de un deseo, el sueño de la
pu a azón, de la inasible luencia, queda elega-
do al espacio con empla i o cons uido desde
una
eo&,
desde una mi ada insu icien e. Po -
que en la misma página en la que A is ó eles nos
dice, en la
Poli ica,
que el homb e es un animal
que iene Logos, nos dice ambién que es un
anz-
malpolí ico,
o sea un animal que i e en comu-
nidad, que sien e su indi idualidad como solida-
idad
y
que es a e ícula social se iende p inci-
palmen e po que el homb e habla
y
en es a co-
municación que el lenguaje pe mi e adica su ca-
ác e polí ico.
En es e momen o el Logos adquie e un sen i-
do ins umen al. La mode na azón ins umen-
al que busca, en el diálogo y en la acionaliza-
ción de los medios, una nue a
y
mode na o ma
de in e acción, encuen a el es!abón pe dido en
el ex o a is o élico. «Cuando u ilizamos la ex-
p esión acional, es ablecemos una es echa ela-
ción en e acionalidad
y
sabe . Nues o sabe
iene una es uc u a p oposicional: las opiniones
se explici an bajo la o ma de p oposiciones. Es e
concep o de sabe es al que hay que p esupone
sin más explicaciones,
y
iene menos que e coi1
conocimien os
y
con la ob ención de sabe que
con el modo como suje os capaces de habla
y
de
ob a
u iLizan ese sabe .
(J.
Habe mas,
Theo @
des Rommzlnka i e Handels,
1,
F ank u , Suh -
kamp 1981, p. 25.) Po consiguien e, «la acio-
nalidad..
.
no es una acul ad sino un mé odo».
U.
Mos e ín,
Racionalidad
y
accibn humana,
Mad id, Alianza Edi o ial, 1978, p. 17
.)
P ecisa-
men e ese ab e iado concep o de azón con que
se ha escle o izado el Logos g iego, nos enseña
sólo un aspec o de es a doble ciudadanía que ca-
ac e iza al homb e,
y
en la que cabe un Logos
que aba ca an o el juicio que se eclina en la e -
dad que lo con as a, como oda una se ie de
p oposiciones que sólo encon a ía cobijo en la
Re ó ica o en la Poé ica. «El acionalismo es un
gigan esco ensayo de i oniza la ida espon ánea
mi ándola desde el pun o de is a de la azón
pu a.» (O ega,
ob. ci .
p. 766.) Pe o la azón
pu a no exis e. Fo ma pa e de una de esas inge-
nuidades que, desde siglos, han acompañado a
la la ga ma cha de la iloso ía. (Hans
G.
Gada-
me ,
Die philosophzichen G z ndlagen des
zwanzigs en Jab bunde s,
en
Kleine Schn en
I,
Ph iósopbie,
He meneu jk.
Tübingen
,
Moh ,
1967, p.
140
SS.) Exis e, sob e odo, un Logos,
un lenguaje p o e ido, u ilizado, ec eado po
homb es. La Polis con ie e en mé odo es e La-
gos, o sea en o ma de e minada de alcanza una
comunicación
y,
con ella, de es ablece los íncu-
los ideales pa a que la e ícula social se con igu e.
«El ema de nues o iempo consis e en somc-
e la azón a la i alidad, localiza la den o de lo
biológico, supedi a la a lo espon áneo..
.
La mi-
sión del iempo nue o es p ecisamen e con e i
la elación
y
mos a que es la cul u a, la azón?
el a e, la é ica quienes han de se i a la ida.»
(O ega,
ob.
ci .
p. 767.) O ega descub e aquí
una impo an e pe spec i a. La localización de la
azón en la ida es, a mi juicio, una o ma an ici-
pada de simboliza ese amplio espacio de la a-
zón como Logos, como lenguaje que, al es a ne-
cesa iamen e ins alado en la Polis, iene que se ,
al mismo iempo, un mé odo pa a cons i ui la.
La mode na sociología sigue luchando con es e
concep o de azón, que hay que descub i ,según
O ega, en un ho izon e más amplio que aquel
que cub e la ingenuidad e minológica de la a-
cionalidad,
y
que se en en a a un ela i ismo
que o ece, como al e na i a, la espon aneidad
de la ida. En el pano ama con empo áneo, la
e lexión de O ega se ecoge en o o espejo. No
en la azón i al, sino en una azón social, en
una azón colec i a que ensa su en amado en
una suma de in o maciones
y
ni eles que a icula
el lenguaje
y
que dis ibuye
y
ag upa el pode .
Sin emba go el nue o concep o de azón, o la
e lexión sob e ese mé odo pa a en ende el
mundo, asimila lo
y
comunica lo, no nos lle a
an o a es ablece o a e minología cuan o a
analiza , en medio de ci cuns ancias muy conc e-
as, sus
condiciones de posibilidad.
Indudable-
men e una pa e undamen al del pensamien o
de O ega, su iqueza de emas, algunas de sus
pe spec i as son es ue zos ejempla es po llega a
esas condiciones. Los ne ios que conmue en el
o ganismo de su ob a es án cons uidos sob e
elemen os dispa es, sob e in uiciones de dis in-
as aspa encias. Todo ello busca, sin emba go,
deja se lle a po la « luencia i al»
y
alcanza ,
así, un mundo eó ico que.al iempo de se ima-
gen de lo eal, sea ambién ins umen o de mo-
di icación
y
de o ganización.
El plan eamien o que hoy O ega hab ía des-
plegado no es, con odo, aquel que se cons uye
con una se ie de ó mulas es e eo ipadas, aun-
que emblema icen algunas de sus más po en es
in uiciones: la elación
de
un Yo que ecoge en
su mismidad la ci cuns ancia, en lo inmanen e
de la conciencia lo ascenden e de la ealidad
cosi icada, de la al e idad.
Uno de los emas impo an es de la azón i-
al, lo cons i uye según se ha esc i o, la ó mula
de no
sabe a qué a ene se,
analizada po Ma ías
(In oducción a la Filoso a
en
Ob as 11,
Mad id,
Re is a de Occiden e
1958,
p.
79
SS). En ella se
encie a un p oyec o de conocimien o, an e la
ince idumb e que eje an as eces la ama de
la ida humana. Pe o el p oblema que hoy se de-
ba e
y
que el O ega de nues o iempo no po-
d ía soslaya son más bien los ing edien es que,
cons i uyendo ese
sabe ,
hacen ellena las isu-
as con que la ealidad se nos p esen a. Las p e-
gun as que su gen an e ese habi ual paisaje e -
minológico son el mejo es ímulo pa a segui
con i iendo las e minologías en palab as. En
de ini i a, pa a pensa . Cómo podemos sabe ?
¿Es á el homb e educado pa a sabe ? ¿Quién es
el que puede sabe ? ¿Pa a qué sabe ? ¿De qué se
hace el sabe ? En un mundo como el nues o en
el que la in o mación
y
los mensajes se adminis-
an, con olan e ideologizan, j iene sen ido el
plan eamien o de un concep o como el de
sabe
sin, al mismo iempo, con e i una posible a-
zón i al en un ins umen o que a anque, del
conglome ado de o uscaciones, la pa encia de
una eo ía
y
la e icacia de unos ins ume nos
men ales que la hagan incidi en las cosas?
En una palab a,
y
aún a iesgo de es ablece
una hipó esis in iable, el ema de nues o iem-
po nos lle a hoy a p egun a nos po la cons i u-
ción de la acionalidad. Razón no es u i concep o
hie á ico. No es un é mino. En el momen o que
a iculamos es e é mino en con ex os descub i-
mos los elemen os de la ealidad
y
de la his o ia
que con ibuyen a su o mación. La azón, p eci-
samen e po que es his ó ica, po que es á siem-
p e supedi ada a un indi iduo que la a icula
y
la
hace palab a, es, en cie o sen ido, p oduc o de
una ambigüedad. De esa ambigüedad que pe -
mi e que el iejo
y
sono o é mino descub a la
debilidad de es a hoy, más que nunca, some i-
do a quien puede manipula lo.