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Nuevas tendencias en el estudio del simbolismo

Abstract

Valdés del Toro, Ramón

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Nuevas tendencias en el estudio del simbolismo

Author: Valdés del Toro, Ramón
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1981
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.889
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn2/0211402Xn2p47.pdf
NUEVAS TENDENCIAS EN
EL
ESTUDIO
DEL SIMBOLISMO
Ramón
VALDÉS
DEL
TORO
De esos pueblos que no se p egun an
po qué ni pa a qué comenzó a mo i el
homb e hay algunos que sí que saben cuán-
do y cómo. A los p ime os baule, cundo aún
ninguno había mue o, les llegó un día la
no icia de que la mue e se ace caba y odos
huye on a la sel a, menos un iejo que ya no
podía anda . Como no que ía queda sólo
dijo a su nie ecillo que se es u ie a con él y
le ejie a una es e a. El niño se sen ó y se
puso a abaja has a que llegó la mue e.
Inánime, se desplomó sob e la es e a que
ejía. Po eso hoy a los mue os se les coloca
sob e una es e a
y
así se les en ie a: po que
sob e una es e a mu ió el p ime hijo del
homb e1. Los ashan i e an p ime o sie e y
habían bajado del cielo. Que enían que mo-
i no se les a isó
y
así cuando mu ió el
p ime o los o os se desespe a on y uno ue
a p egun a a Dios: ((Uno de los homb es
que has c eado
y
en iado a la ie a ha mue -
o. ¿Qué debemos hace ?)) Con es ó Dios:
«Sepul adl~))~. Son mi os en los que la mue -
e pe enece desde un p incipio al mapa, al
escena io p imi i o de la c eación, ni de o o
modo ni con más sen ido o p opósi o que la
opog a ía de ese paisaje amilia o la del
cue po de la muje . Rela an un acon eci-
mien o no po que sea dis in o de los demás
de la misma clase y capaz de algún modo de
unda los
y
jus i ica los: sólo po que ocu ió
p ime o. Como lo cuen an los emne: ino el
seño en e medad y isi ó al p ime homb e,
y
luego enseguida el seño mue e3.
O as eces, es os mi os en que la c ea-
ción incluye la mue e no son la me a c óni-
ca de un acon ecimien o desnudo, que es-
capa a la necesidad de una jus i icación, sino
la na ación de una pe ipecia en la que el
c eado ecu e a la mue e pa a ins au a
1. El ema de la mue e en la mi ología a icana ha
sido ei e adamen e es udiado. No ci a emos más que
los dos abajos más comple os: H. BAUMANN,
Schop unq
und U zei de Menschen im My hus de a ikani chen Volke ,
Be lín, 1936;
H.
ABRAHAMSSON,
The o igin o dea h,
Upsa-
la, 1951. El mi o baule de nues o p ime ejemplo en
Hans Himmelhebe ,
Au a Poku. Volksdich ung aus Wes a-
ika,
Eisenach 195 1, p. 11 1.
PERREGAUX,
Chez les Achan i,
Neucha el 1906,
pp. 198 SS.; RINGWALD,
ReligiOn de Akans amme,
p.
4.
'
P. SOBILLOT,
Le Folklo e,
Pa ís, 191 3, p. 252.
un
o do e um
de e minado, o pa a log a que
se cumpla el plan que iene p e is o y po
alguna causa eía obs aculizado. Sno Nysoa
en ió a sus cua o hijos desde el cielo en que
es aba a la ie a que hoy es Libe ia. El que-
ía que eg esa an al cabo de cie o iempo,
pe o la ie a se obs inaba en gua da los. Así
que un día uno se du mió
y
al siguien e no
despe ó
y
Sno Nysoa dijo a la ie a que se
lo lle aba
y
pa a ella le dejaba el cadá e 4.
De ese mismo ela o de los emne que ya
ci amos hay e siones más elabo adas: Dios,
dice una, en ió p ime o al mensaje o en e -
medad a busca al homb e
y
sólo después
del acaso de su p ime nuncio puso en
camino al segundo, el mensaje o mue e5.
O a oda ía más ba oca cuen a que en un
p incipio, cuando Dios c eó a los homb es,
ni la en e medad ni la mue e e ah p ecisas.
Los p ime os i ían seiscien os, ochocien-
os años
y
oda ía más. Cuando su iempo
concluía, Dios despachaba a un si ien e suyo
pa a in o ma les de que enían que p epa-
a se pa a deja el mundo. Los homb es que
ecibían al mensaje se despedían de sus pa-
ien es
y
amigos
y
ma chaban con aquel sie -
o de Dios sin necesidad de mo i . Pe o
hubo un homb e ico y iolen o que se negó
a segui al p ime mensaje o y ninguno de
los muchos que Dios mandó luego log ó
con ence lo: has a los a acaba
y
ponía en
uga, an a e a su impiedad. Así que al cabo
de es años Dios u o que en ia a la seño a
en e medad
y
luego al seño mue e pa a
obliga le a i y, desengañado ya, con odos
los demás en lo sucesi o hizo 10 mismo:
Da au gab Go de K ankhei und dem Tode
Mach , dass sie iibe all au de ganzen E de umhe -
gehen konn en, dami nich wiede jemand sich wi-
de ihn e hohe und wie jene handel e6.
En es os
mi os la mue e no se p esen a como cas i-
go: se p esen a como un a i icio al que Dios
ecu e pa a que las cosas sigan el cauce
dispues o. Es lo mismo que p e ende Shank-
panna en un mi o yo uba: los homb es ha-
*
J.A.F. 32, p. 407.
M.
KINGSLEY,
T a els in Wes -A ica,
Lond es 1904,
p. 360.
SEIDEL,
Geschich en una' Liede de A ikane ,
Be lín
1896, pp. 303.
bían dejado de o ece sac i icios y los dio-
ses pasaban hamb e. Así que Shankpanna
en ió la en e medad y la mue e pa a hace -
los ol e al o den iejo que aquí es la e e-
encia pe dida. Pe o dos asgos dis inguen
al mi o de los an e io es de es e mismo g u-
po: la mue e es un cas igo pa a mo e al
homb e a espe a el o den es ablecido, al
que ella misma no pe enece, no una mejo-
a, digamos écnica, in oducida en el p o-
pio o den pa a hace lo más e icaz, inexo a-
ble. El segundo asgo dis in o es un co ola-
io del an e io : Sno Nysoa y el dios de los
emne epa an el o den con sólo añadi le la
mue e como mecanismo co ec o , pe o
Shankpanna no consigue lo mismo u ilizán-
dola como a gumen o pe suasi o en sí ex-
e no a1 p opio o den que debe es au a :
Die Menschen abe kümme n sich nich u n ihn, sie
s e ben und b ingen ihm keine Op e da .
Los dio-
ses siguen an hamb ien os como an es7.
Los mi os que an eceden son en e sí an
di e sos en su a gumen o que los c i e ios
que nos han se ido pa a ag upa los pa ece-
án dudosos y o zados. Pe o al menos hay
en e ellos un pun o de coincidencia que
cla amen e los dis ingue de los que aún e-
nemos que p esen a : que en odos la exis-
encia de la mue e es el esul ado de una
decisión de sólo el c eado , decisión olun-
a ia -inesc u able en los mi os baule, as-
han i, emne, mo i ada y explicable en el
mi o de Libe ia y en los o os de los emne y
ys uba. Puede pa ece que ambién és a sea
azón insu icien e pa a inclui los en un mis-
mo apa ado, pe o esa imp esión en seguida
se disipa, an p on o como cons a amos has-
a que pun o es os casos cons i uyen una
excepción. Po que son mucho más ecuen-
es los o os, los que p esen an al seño de la
ida y la mue e dueño de las dos, pe o an
es úpido como pode oso, sin sabe qué hace
con la una ni con la o a. Como el Alá malin-
ke, que c eó a los se es de la na u aleza y
luego in i ó al pe o
y
al camaleón a que se
encon a an con él cie o día, bajo un baobab
que les indicó, pa a pedi les consejo sob e la
sue e u u a de los homb es. ((Camaleón
¿qué
ha é de los homb es?)) -«Que unos mue an,
FROBENIUS,
U ld A ika sp ach,
Be lín
191 2,
p.
2 32.
que o os con inúen i iendo. De o a ma-
ne a nunca pod án en ende se)). Luego le
p egun ó al pe o y és e opinó: ((¡Que nin-
guno mue a y que ninguno i a!
Y
en cuan-
o a mí, así epi a yo indisc e amen e cuan-
o escuche)). Respues a que, Dios sabe sin
duda po qué, encole izó a Alá, que le dio al
bo e ada que le ala gó la ca a -po eso el
pe o iene su hocico- y luego se ol ió al
camaleón, decla ando: ((Es oy de acue do
con igo. El homb e i i á y el homb e mo-
i á>P.
De su indecisión o su igno ancia el c ea-
do puede sali de un modo que las esconde
y pa ece deja a sal o su dignidad, some-
iendo a sus c ia u as a p ueba pa a descu-
b i si son o cuál de ellas es me ecedo a de la
inmo alidad -luego él, que las hizo, no lo
sabe. A es e expedien e ecu ió en e los
ewe: encomendó a los homb es cie a a ea
que no quisie on o no pudie on ealiza .
Luego pasó el enca go a la luna, que sí lo
cumplió pun ualmen e. Ni a los unos ni a la
o a los ins uyó de cómo que ía que lo hi-
cie an, ni les p e ino de las consecuencias
que se segui ían de su éxi o o de su acaso.
Pe o
wegen diese seine Diens leis 4ng da de
Mond, wenn e ges o ben is , i n ne wiede~ko n nen.
S i b dagegen ein Schwa ze so da e nich wie-
de? zu dckkeh eng.
La p ueba puede ene un
con enido nega i o: lo que Dios exige como
condición de in no alidad no es de e mina-
da acción, sino cie a inacción.
A
los bassa i
les p ohibió que comie an de un á bol que
e a suyolo, a los ekoi que ma a an y comie-
an un blanco co de o de Dios". Qué iba
a
ocu i les si lo hacían no se lo dijo, sino sólo
que no lo hicie an. El esul ado ue la mue e.
El ca ác e de p uebas nega i as esul a
inmedia amen e pe cep ible en las p ohibi-
ciones que, como és as que se impusie on a
los bassa i y a los ekoi, sólo una ez pueden
ansg edi se
y
la mue e iene. O as son
más complejas y di íciles de clasi ica . Las
EQUILBEC,
Essai su la li é a u e
...
2: 220
s.
SPIETH,
p.
557.
'O
FROBENIUS,
A lan is. Volksm~ chen und Vololksdich un-
gen A ikas,
12
ols., Jena
1921-1928,
c .
11:
p.
75.
"
~NSFERD,
U wald-Dokumen e,
Be lín
1908,
p.
236;
W.
KEMNER,
Kame un,
Be lín-G ünewald
1941,
p.
31.
que hab ían enido que obse a los e ik,
po ejemplo. Abassi los hizo en el cielo y los
enía alli con él y en la ie a sólo al agua, la
sel a, el ío, las uen es y los animales de la
sel a, has a que A ai, esposa suya, le hizo e
que la si uación no e a demasiado buena:
había hecho un luga en e o pa a i i en él
y lo enía acío. ((Busca un medio de pone
al homb e sob e la Tie a pa a que pe ma-
nezca alli y encienda uego, de o ma que el
cielo sea cálido, po que el ío es conside a-
ble, pues o que no hay uego sob e la ie-
a))12. Abassi se esis ía po emo de que, si
le abandonaban, los homb es pudie an Ile-
ga a sabe más que él, pe o A si encon ó
un emedio: les p ohibió p ocu a se alimen-
o po sí mismos y ene a o sexual. Cuan-
do ue a ho a de come debe ían subi al
cielo
y
hace lo alli. Pe o los homb es, ins i-
gados po una muje , comenza on a abaja
y a o nica . Tu ie on un hijo y una hija y
Abassi le hizo obse a a A ai lo undados
que habían esul ado sus emo es:
Then his
A ai sends dea h. Dea h comes anddes oys he hus-
band o he woman and he woman. Bo h die in one
day and Zea e he chiZd en13.
El mi o e ik puede se i nos de ansi-
ción pa a pasa a un nue o g upo: el que
o man aquellos mi os en los que, a ue za
de indecisión, el c eado ha acabado po pe -
de oda inicia i a, y es el homb e mismo el
que debe decidi si quie e o no la mue e.
Como los ewe, que en ia on p ime o un
pe o y luego una cab a a Dios, decidiéndo-
se po la inmo alidad. El que el pe o se en-
e u ie a y el que la cab a se con undie a al
ansmi i a Dios el mensaje de los homb es
y
así és os mue an, ni ue culpa de los hom-
b es ni de Dios, sino sólo del pe o y de la
cab a.
Die dumme Ziege ha also den Tod
in
die
WeZ geb ach . Da um wi d sei dem beim Beginn
des To en es es eine Ziege geschZach e 14.
Los yo-
uba no usa on mensaje os pe o ampoco
l2
HUGH
GOLDIE,
P incipies
o
ej9k
g amma ,
Edimbu -
go
-
Mui Pa e son
1888,
p.
89-91;
R.
BASSET,
Con es
populai es JA ique,
p.
22 3-224.
''
GOLDIE,
Calaba and i s nission,
Lond es
1890,
p.
306;
BASTIAN,
Geog apbische und e bnologiscbe Bilde ,
Jena
1873,
p.
191.
l4
P.
H.
SCHR~DER,
Zu Escha ologie de Togo-Nege ,
AL
11/1947;
p.
242
s.
escogie on lo mismo que los ewe. Ocu ía
con ellos algo ex año. Como Olo un no
había decidido nada, c ecían
y
c ecían has a
que no podían más y en onces empezaban a
a uga se has a hace se pequeños como ni-
ños y luego como pied as, pe o pied as que
ep aban.
Es wa en nun so iele al e Leu e, die
he amk ochen, dass die Menschen Olo z~n ba en, sie
on dem langen Leben zu be eien15.
La solución
puede esul a oda ía más asép ica pa a el
c eado : pa a ins au a el impe io de la
mue e el homb e no busca su consen i-
mien o ni su asen imien o, sino que lo hace
solo. Un he e o bamba a -se llamaba Fa-
sogo Ba- es aba descon en o de su sue e
po que no enía ningún hijo que le ayuda a,
sino sólo hijas,
y
odo el día enía que es a
dándole al uelle. Pendía en aquel en onces
del cielo una cadena po la que los homb es,
cuando es aban cansados de i i , podían
epa pa a queda se a iba. Pe o una ez el
he e o, a igado y u ioso, empezó muy de-
p isa a subi po ella
y
sus hijos subie on as
él g i ando que que ían alcanza a su pad e y
que nadie ol e ía a subi después de ellas.
Así ocu ió que desde en onces odos los
homb es mue en, po que han pe dido la ca-
dena pa a subi al cielo16.
Pe o ambién es posible que, como a Dios,
el mi o exima igualmen e al homb e de oda
esponsabilidad en el o igen de la mue e y
la culpa ecaiga sob e una e ce a pa e in e-
esada -la misma mue e, po ejemplo. Ese
ue jus amen e el caso, según los ho (ewe).
Reinaba el hamb e en la egión y la mue e,
que habi aba en la sel a, ca ó en ella in ini-
dad de ampas, con lo que siemp e enía
pa a come . Un día ue la a aña a pedi le que
po a o le die a algo y la mue e consin ió.
La ag adecida a aña le en egó a su hija como
esposa. Pe o la hija e a descuidada,
y
aunque
la mue e le ad i ió que cuida a de no i
po donde había exca ado sus ampas, a
pesa de odo lo hizo y cayó en una. La mue -
e ecogió su cue po, lo co ó en pedazos y
lo ahumó. Vol ió un día la a aña o a ez
hamb ien a en busca de comida
y
p egun ó
po su hija. Cuando la mue e le mos ó lo
''
FROBENUS,
Go e leb e,
p.
75
s.
l6
FROBEMUS,
A lan is,
7:
p.
18,
Jena
1924.
que había hecho, la a aña la a acó con un cu-
chillo an a ilado que las moscas que in en-
aban posa se en él caían co adas en dos pe-
dazos. La mue e espondió al a aque con
sus lechas e ibles, que incendian cuan o
ocan y la a aña huyó despa o ida, mache-
ando con su a ma un ancho camino en la
espesa sel a has a llega a la ciudad, donde
se escondió. La mue e, que la había segui-
do, se sen ó ue a a espe a la.
A
la mañana
siguien e io a las muje es que salían a bus-
ca agua. Dispa ó una lecha
y
ma ó a a ias
de ellas. Cuando se ace có a e sus cadá e-
es exclamó egocijada:
Das sind Zau e Tie e,
deswegen b auche ich onje z an nich meh in den
Busch au die Jagd zu gehen.
Y
así ue cómo la
mue e se adueñó de los homb es, po su
culpa
y
po la de la a aña1'.
Esa e ce a pa e in e esada dis in a de
Dios y de los homb es puede no se la mis-
ma mue e, sino o a c ia u a que al gana
pa a sí o pa a los suyos la escasa inmo ali-
dad disponible no deja ningún sob an e pa a
nadie. Wulba i, dios de los k aci, con ocó a
sus ayudan es -el ele an e, la cab a y el
pe o-
y
les pidió que escogie an sus ei-
nos. El ele an e eligió lo más p o undo de la
sel a, la cab a se decidió po las hie bas
y
el
pe o decla ó que sus súbdi os se ían los
homb es. En onces Wulba i en egó al pe o
una medicina que de ol e ía la ida a los
homb es mue os
y
los es eyes se pusie on
en camino. Haciéndolo, el pe o se encon ó
con un hueso y, como es aba hamb ien o,
dejó la medicina jun o al camino y se puso a
oe lo. Pasó la cab a,
y
al e allí la medicina
abandonada la omó y la despa amó sob e
la hie ba.
Tha is why o hzi day men die anddo
no e u n, bu g ass which dies e e y yea comes
back again18
Po úl imo: la pa e que oma la inicia i-
a, además de se dis in a de Dios y los hom-
b es, puede no es a siquie a in e esada en
que és os i an o mue an, ni en consegui
nada pa a sí, y ob a sin azón alguna. Como
un chi o que oyó a Dios cuando enca gaba a
la o eja que ansmi ie a a los ashan i un
mensaje de inmo alidad
y,
po su cuen a
y
l7
SPIETH,
Die Ewe-S a n ne,
Be lín
1906,
p.
590.
la
A.
W.
CARDINALL,
Tales Told in Togoland,
p.
27-28.
iesgo, sin nadie que lo manda a ni nada que
jus i ica a su acción, que a él no le epo aba
bene icio, se puso en camino a oda p isa,
adelan ó a la o eja y o eció a los homb es la
mue e como egalo de Dios. Como los hom-
b es no sabían lo que e a la mue e, acep a-
on ag adecidos el obsequio. Luego llegó la
o eja, pe o demasiado a de19.
Un asgo común ienen odos los a ia-
dos mi os que lle amos expues os: que e11
odos la mue e es el esul ado de una ac-
ción in encional -de Dios, de los homb es,
de una e ce a pa e, in e esada
s
no. Nos
queda ían po eseña los muchos en que la
mue e es la consecuencia en e amen e im-
p e is a e imp e isible de una acción que
110
pa ecía en ol e iesgo alguno, o po lo me-
nos no ése. Los k aci encon a on en la sel a
un espan oso gigan e, endido sob e el sue-
lo. P ime o se asus a on
y
luego esol ie on
i a Salaga, el luga en que e minaban los
cabellos del gigan e,
y
p ende les uego.
Cuando el uego le llegó a la cabeza, el gi-
gan e mu ió. La gen e se ace c6 cau amen e
y un jo en cogió una sus ancia mágica es-
condida en e las ab asadas aíces de aque-
llos cabellos
y
p opuso poné sela al gigan e.
Puso un poco en un ojo del gigan e mue o
y el ojo inmedia amen e se ab ió
y
odos
echa on a co e llenos de espan o. Pe o es
jus amen e de aquel ojo de dónde iene la
mue e, po que cada ez que el gigan e lo
cie a mue e alguien, y pa a desdicha nues-
a no hace o a cosa que ab i lo
y
ce a lo
cons an emen e20.
Es e manojo de ejemplos bas a á pa a
jus i ica la a i mación que más a iba hacía-
mos de que las soluciones que al p oblema
del o igen y la causa de la mue e dan los
pueblos que se lo plan ean son di e sas has-
a más allá de lo espe able. En lo ocan e
a
qué es mo i
y
a cuán o
y
a qué del homb e
mue e, el acue do no es mayo .
In en a emos a a po sepa ado es as
cues iones. P ime o, qué es mo i . Pa a los
pueblos ewe, en a en un es ado de incons-
ciencia y igidez -o quizá sólo de concien-
l9
RINGWALD,
Religion de Akans a n ne 94
s.
A.
W.
CARDINALL,
Tales old in Togoland,
p.
30.
cia
y
mo ilidad disminuidasz1. Los iejos
amigos ienen jun o al mue o pa a con a le
una ez más odo lo que han i ido jun os y
le susu an al oído: ((Si alguien e ha ma a-
do, má alo ú a él ambién))22.
Los pueblos que some en a in e oga o-
io al cadá e pa a sabe la causa de su mue -
e son demasiado nume osos pa a mencio-
na los.
Los oma en poca, si alguna, di e encia
en e un homb e mue o y uno en e mo.
Conse an el cadá e , le si en egula men-
e la comida y se lamen an de su al a de ape-
i o -o hacen que se la coman sus nie osz3.
Los kpelle ampoco en di e encias ap ecia-
bles en e un homb e i o y o o que acaba
de mo i : los dos ienen idén ica necesidad
de alimen os. El mue o oye
y
e lo que se
dice
y
se hace jun o a él, y sien e el bien o el
daño que se le haga. No le al a más que la
capacidad de mo e se, pe o esa le al a am-
bién al que due me. Po eso, pa a a ae la
a ención del cadá e , le dan unos golpes sua-
es en el b azo, como se hace con un hom-
b e que es á ado milado o simplemen e dis-
aído,
y
le saludan, le asegu an que no han
enido pa e en su mue e y que lamen an su
p óximo en ie o, y le o ecen egalos de
despedidaz4. P ác icas análogas conocemos
en e los ashan i, pa a quienes el mue o
conse a odos los ape i os, has a el sexual:
las muje es emen que cohabi e con ellas,
po que de ese coi o esul a ía su es e ilidadz5.
En el ex emo opues o a es a concepción
del mo i , según la cual el mue o no hace
21
D.
WESTE~IASN, ((Beziehungen zwischen Volke -
kunde und Sp ach o schung da geleg am Wo e buch
de Ewe-Sp ache)), en Kol. Vo'Ae kd., Sp ach : undRassen :
Sag14ngsbd.
1
de Bei . zu Kolonial :
80-95,
Be lín
1943.
En
la pág.
90
indica que la mejo aducción ewe pa a
"s e ben"
y
la que ellos usan pa a el caso es el e bo ku,
que signi ica ealmen e «in einen Zus and de E s a-
ung, de Bewuss losigkei e sinken)).
**
J.
SPIETH, Die Religion de Ewee in Siid-Togo, Leip-
zig
1911,
p.
335.
23
P. M. GAMORY-DUBOURDEAU, ((No ice su les cou-
umes des Tomas de la on ie e anco-libé ienne)). En
Hzclle in d Con i é d'Ehdes His o iqz es e Scien 2; ques de
I'ADF,
9 (1926),
p.
288-350
c .
p.
308.
24
D.
WESTER~IASN,
Die Kpelle. Ei z Nege s amm
i
Li-
be ia, Go ingen-Leipzig
1921,
p.
178.
R.
S.
RATTRAY,
Relzgion and A in Ashan i, Ox o d
1927,
p.
118
SS.
una cosa muy dis in a de do mi se o de en-
e ma , se halla ía la de los k~ umba~~, la de
los mossiZ7, la de los dog~n~~, pa a quienes el
homb e empieza a mo i con has a años de
an elación a que se hagan pa en es las seña-
les de la mue e. Según los dogon, el kikinu
say abandona el cue po es años xn es de la
mue e apa en e, y ma cha ue a del pobla-
do, a la casa en que se ocul an las muje es
du an e su mens uación. Pasa po encima
de su e aza, no pa a eposa alli, sino pa a
endi homenaje al edi icio que ue cons-
uido en p ime luga
y
al si io en que la
mad e del di un o es u o an es de ene hijos.
De alli ma cha di ec amen e a la sel a
y
en
ella aga mise ablemen e du an e años, e-
posándose a eces bajo los á boles gobu, que
ue on los p ime os que Amma c eó
y
los
que si ie on de habi ación a los dogon
cuando aún no enían casas. En odo ese
iempo el kikinu say puede se is o escon-
diéndose u i amen e en e los á boles po
odos los llamados kumogu, clase a la que
pe enecen cie as muje es, algunos sace -
do es, los cazado es, los iejos muy iejos,
los chacales y los cocod ilos. Es os lo en,
aunque se esconde,
y
lo econocen y po eso
saben que ese homb e que en p esencia de
odo el mundo sigue comiendo, du miendo,
hablando
y
mo iéndose, en ealidad ya es á
mue o: lo saben po que han is o su kikinu
say en la sel a, co iendo de ás de los á bo-
les. Po in se concluye la mue e isica del
homb e
y
en ese momen o el kikunu say
e o na
y
se adhie e a los cabellos del mue -
o. Du an e la ce emonia llamada egi egi
de nue o abandona el cue po
y
la casa mo -
uo ia pa a bebe la sang e del gallo que se
le ha o ecido en sac i icio y ol e ápida-
men e. An es de que en ie en el cadá e
26
M.
GRWULE
y
G.
DIETERLEN, ((La mo chez les
kou oumba)),Joi nalde la Socié édes A icanis es
1211942,
p.
9-24,
c . p.
9, 11, 17.
E.
MANGIN, ((Les Mossi)), An h opos
9/1914,98-124;
477-493; 705-736; 10-11/1915-1916, 187-217; 323-331,
c .
9: 728, 10-11: 194;
L.
TAUXIER, Le Noi du Ya enga.
Pa ís
1917,
p.
384
s.;
R.
S.
RATTRAY,
The ibes
a
he
A han i Hin e land,
2
ols. Ox o d
1932, 1: 45, 76.
28
M. GRIACLE ((L'alliance ca ha ique)) en A zca
18/1948, 242-258
c . p.
243
s.;
G.
DIETERLEN, Eos ames
des Dogons, Pa ís,
1941,
p.
73
SS.
y
92-125.

emp ende un nue o iaje, es a ez al pobla-
do de su amilia ma e na. Cuando eg esa,
pasa p ime o po la umba en que eposa ya
su p opio cadá e , se e is e con la mo aja
y llega al poblado jus o a iempo pa a oma
pa e en sus danzas une ales,
y
e minadas
és as se encie a con su iuda en la casa mo -
uo ia, donde pe manece has a que se cele-
b a el dama. Como la p epa ación de és e no
es ácil (la amilia iene que comp a o, si no
puede, p oduci odo lo p eciso pa a los ban-
que es que debe o ece a los pa icipan es,
y
que con ecciona las másca as y los dis a-
ces necesa ios) ese pe íodo, que pa a la iu-
da esul a pa icula men e penoso, puede
p olonga se bas an e. Al in se celeb a el
dama, que comienza con una danza en la e-
aza de la casa mo uo ia, Asus ado, el kiki-
nu say la abandona
y
comienza a e a po el
poblado, pe seguido po los danzan es que
le hacen sali de él y di igi se hacia el su .
Uno de ellos lle a la azada y la ja a del
mue o y las ompe ue a del poblado. El
mue o no cul i a á más, no bebe á más.
Te minado el dama, el kikinu say emp ende
su iaje. Rodea su poblado po el su y uel-
e a en a en él unos momen os pa a des-
pedi se de sus al a es amilia es. Luego ma -
cha hacia el no e. Aleja se del luga en que
i ió se le hace muy di ícil. Una
y
o a ez
uel e sob e sus pasos, pe o sin a e e se a
en a . Al in se esigna y ma cha de ini i a-
men e hacia el no e,
y
a medida que se aleja
a ol idando su ida
y
su pena.
En e es e mo i ba oco
y
aje eado de
los dogon
y
el más sob io
y
eposado de los
kpelle, que an es imos, caben o as a ian-
es del mismo a e. Común a la mayo pa e
de ellas es que equie en la ac i a pa icipa-
ción de los que aún i en, en la o ma de las
ce emonias une ales sin las que el p oceso
que es mo i no puede queda sa is ac o ia-
men e concluido (dogon) o ni siquie a p o-
duci se (kpelle). En el cen o, a igual dis an-
cia de las dos que hemos ci ado, se insc ibi ía
la modalidad del mo i que p ac ican los
edo, que mue en en el p eciso ins an e en
que se sepa an en dos pa es isibles, el cue -
po que queda inmó il y el úl imo alien o
que exhala jus o an es de que esa inmo ili-
dad le sob e enga, y que a eces oma la
o ma de un pája o29.
Con lo que en amos ya en el o o ema:
cuán o y qué del homb e que mue e desapa-
ece y se pie de, escapa a la ida. Nada, es-
ponden los bayo y los bidyogo. En e los
p ime os, después de mo i el homb e sigue
i iendo ans o mado en jasango odo él:
en la sepul u a no queda más que la mo aja,
ni ca ne ni huesos. La ie a con que los
bidyogo cub en la umba pasado algún iem-
po se hunde po que el mue o en e o se ha
escapado ans o mado en ojinja30. Todo,
con es an los mandyako, que cuando mue-
en se acaban3'. Lo mismo les ocu e a los
kassanga, no obs an e mo i ellos al sepa á -
seles del cue po un componen e in isible.
Po un co o iempo se albe ga és e en algún
miemb o de la amilia y habla po su boca.
Pe o p on o desapa ece del odo, como el
cadá e que se co ompe32.
Más ecuen es que es as espues as ex-
emas, cla as y comp ome idas, son los me-
dios é minos con usos y e asi os. Desapa-
ece el cue po, en es o el acue do es casi
gene al; pe o pie de su alo po que en lo
que no lo hay es en cuán o en el homb e es
eso, cue po. Es cue po, po ejemplo, la som-
b a que p oyec a, pe o sólo cuando el sol
es á en su o o o en su ocaso
y
la somb a es
la ga. La somb a del mediodía, que es co a,
ya no es cue po o po lo menos no mue e
del mismo modo que la somb a la ga33.
Y
si
espec o del cue po, cuyos lími es pa ecen
acep ablemen e p ecisos y ace ca de cuya
29
N. W. THOMAS, ((The Edo-speaking pcsoples o
Nige ia)),
Jou nal o he A ican Socie y
1011910-1911,
p.
1-15; c .
p.
13
s.;
P.
A.
TALBOT,
Thepeoples o he Sou-
he n Nige ia,
4
ols. Lond es
1926, 2: 275.
'O
H.
A.
BERNATZIK,
Ac hiopien des Wes ens. Fo schungs-
eisen in Po ugiesisch Guinea
2
ols. Viena
19 33, 1:112,
197
s.
H.
A.
BERNATZIK, íbidem.
3Z
Ibidem,
p.
45
s.
A.
BASTIAN,
De Fe isch an de Km e Guinea?,
Be lín
1884,
p.
56
SS.;
A.
B. ELLIS,
The Ewe-speakingpeopleso he
Sla e Coas o Wes A ica
1890,
p.
102
SS.;
J.
SPIETH,
Die
Ewe-S amme,
Be lín
1906,
p.
562
SS.; del mismo,
Die Re-
ligion de Ewee in Sud-Togo,
Leipzig
191 1,
p.
232;
C.
SPIESS,
cZum Kul us und Zaube glauben de E hee
(Toga)))
en
Baessle A chi
1
(191 1) 223-226; 277-279 c .
p.
224;
D.
WESTER~UNN,
Die Glidyi-Ewe in Togo. Zuge aus den2 Gesells-
cha ileben.
Mi eilungen des Semina s u O ien alische
sue e después de que mue e no se e que
pueda cabe mucha duda, la si uación es és a,
bien puede p e e se que aún se á más con-
usa y di ícil espec o de los componen es
no co pó eos -o no en e amen e co pó-
eos- del homb e. Con suma ecuencia
ocu e que los in o mes que ecogen nues-
as uen es no son su icien emen e explíci-
os en pun o a lo que pasa con esos compo-
nen es no co pó eos del homb e cuando és e
mue e,
y
en los a os casos en que a an de
su sue e con ex ensión y sin con adiccio-
nes subsis e oda ía un p oblema muy a -
duo: el de a a de iden i ica , o mejo , de
de ini con mediana p ecisión esos compo-
nen es no co pó eos, que po lo gene al el
homb e posee en núme o de más de uno.
De lo que ocu e con los cua o componen-
es del dogon -((cue po)), kikinu bumono,
nyama
y
kikinu say- es amos su icien e-
men e in o mados. El «cue po» y el kikinu
bumone i en has a que se les en ie a y co-
mienzan a descompone se, en un p oceso
que du a seis días y du an e el cual debe
igila se la umba, pa a e i a que in en en
escapa . A los seis días ya han dejado de exis-
i . Del e an e kikinu say hemos a ado
con de alle. En cuan o al nyama, cuando co-
mienza la mue e apa en e pasa de la sang e,
su esidencia habi ual, al hígado (kinne),
luego al co azón (kinne donno) y po in a la
cabeza, en la que se concen a. Sale de és a
con el úl imo háli o del mo ibundo
y
pasa a
sus cabellos, en los que se une con el kikinu
say, que ha eg esado en ese mismo ins an e
de su excu sión sel á ica. Has a la conclu-
sión del dama no se sepa a del kikinu say: lo
acompaña en el egi- egi y jun os beben la
sang e del gallo. Va con él al poblado ma e -
no y con él eg esa, pasa po la umba, se
en uel e en la mo aja, danza en su une al,
se encie a con la iuda y huye hacia el su .
Cuando el kikinu say odea el poblado, se
sepa an. El kikinu say sigue su camino, que
ya imos, y el nyama queda en la sel a has a
que -leemos- se een~a na~~. Aquí el des-
ino de los componen es del homb e es á
su icien emen e cla o y la única di icul ad
eside en de ini esos componen es, en a-
a de iden i ica los. Po que las desc ipcio-
nes que de ellos se nos hacen esul an insa-
is ac o ias. Del kikinu bumone se nos dice
que es la somb a ísica lle ada po el cue po,
mien as que el kikinu say se ía la somb a
in eligen e, el espí i u inmo al indepen-
dien e del cue po al que puede abandona
du an e el sueño y en ninguno de cuyos ó -
ganos es á localizado, el doble inma e ial en
el que es án insc i as las acul ades espi i-
uales, mo ales e in elec uales del indi iduo,
doble que pe manece inmu able pase lo que
pase y no depende más que de la olun ad
di ina. En cuan o al nyama, en in, es el
p incipio i al, ísico y espi i ual a la ez, la
ene gia impe sonal e inconscien e que hace
que el se i a
y
se mue a y habla35.
Tan p on o como nos sacudimos el a u -
dimien o que siemp e p oducen es as in-
c eíbles cascadas de palab as -y nues a
buena olun ad es an a que has a es amos
dispues os a concede que algún dogon las
pudo p o e i , si p e iamen e las ap endió;
lo que no alcanzamos a imagina es cómo ni
él pudo en ende las- ad e imos que es muy
poco lo que hemos sabido sob e lo que, se-
gún los dogon, al mo i pe ece y lo que so-
b e i e. Po que desea íamos que se nos
acla a a con más p ecisión qué elación gua -
da la somb a ísica con la somb a in eligen-
e (¿quizá la misma que la somb a la ga con
la somb a del mediodía, que an es eíamos?):
cómo, si el nyama es el p incipio i al ísico
y espi i ual a la ez, puede el kikinu say i i
sepa ado de él; y de qué modo se concilia la
a i mación de que el nyama es la ene gia im-
pe sonal con la de que pe manece jun o y se
eenca na en e o.
Y
si se in en a a soslaya
es os in e ogan es haciendo ale que
d e
Eingebo enen haben nich unse e ha e
L~gik~~,
con es a íamos que, po lo que aquí emos,
no es a ellos a quienes les al a, sino más
bien a la blanda me a ísica nues a, que les
p es amos.
Sp achen, Be lín,
1935,
p.
104, 112;
H.
SEIDEL, ((K ank-
hei Tod und Beg abnis bei den Togonege nn en
Globus
7211897,
p.
21-25,
G.
DIETERLEN
L.
C.
sup a, n .
42.
G.
DIETERLEN 1.c. p.
73
ss. Todo el capí ulo
11
de
Les Ames des Dogons
es de in e és pa a el ema.
36
H.
HUBER,
Das Fo leben nach des: Tode im Glauben
we sudanische Vdke ,
Modling,
195
1,
p.
62.
De cualquie modo, el caso de los dogon
es excepcionaln~en e a o able. Po que de
ellos conocemos al menos los nomb es que
dan a los componen es del homb e
y
el des-
ino que a cada uno le co esponde al mo i .
Son muchísimos los pueblos de los que no
sabemos an o, y ni siquie a la mi ad: odos
aquellos, po ejeniplo, que acep an que en
el homb e en an componen es no co pó-
eos,
y
aunque algunos de ellos sob e i en a
la mue e, pe o los designan con nomb es
dis in os en el homb e i o
y
en el mue o,
con lo que a la di icul ad de de ini los com-
ponen es no co pó eos del homb e se suma
la de es ablece
p
p oba las equi alencias
en e las dos se ies de é minos3'.
Sea cual ue e la sus ancia esis en e a la
mue e de que en cada caso es á hecho lo
que del homb e queda (mal pod emos de-
e mina sus componen es, si
110
sabemos
los que iene el homb e i o ni los que de
ellos el mo i descuen a) eamos hacia dón-
de a, cuál es su apa iencia
y
la del luga de
su des ino
y
si en és e pe manece pa a siem-
p e o po un iempo,
y
en es e segundo caso,
po cuán o y lo que luego hace.
Es di ícil elegi un é mino común pa a
e e i nos a eso, dis in o cada ez, que de
dis in o modo esis e a la mue e. Las deno-
minaciones menos inadecuadas, del géne o
de «lo que del mue o se c ee que no lo
es á)) esul an pe eg inas
y
de manejo incó-
modo. ((Mue os)), es una denominación
ambigua, pe o es la usual
y
pa ece bas an e
neu a. La u iliza emos, con la ad e encia,
que dejamos hecha de una ez po odas, de
que el uso de una misma palab a no debe en-
masca a ni disminui ni hace que se ol ide
la di e sidad que en el apa ado p eceden e
nos hemos es o zado po mos a .
Al ewe mue o, cuando an a en e a le,
un anciano le habla po úl ima ez: «Ten
buen iaje, oma ese dine o y cómp a e agua
pa a bebe la en el camino)).
Y
con los he -
manos y los hijos del mue o deja cae cau-
ís en el a aúd. Luego lo cie an
y
en la ca-
"
Así
los dian, los bi i o
y
los lobi (Labou e ,
Les
ibes dz~ amenu Lobi,
Pa ís 1931,
p.
482
s.),
los dagan,
kusase
y
mossi
(R.
S.
RATTRAY,
The ibes o he Ashan i
Hin e land,
2
ols. Ox o d 1932, 1:34, 76).
bece a de la umba en que lo an a deposi a
ponen un ecipien e con agua dien e
y
o o
con agua. Mien as a ojan ie a en la uin-
ba el mismo anciano dice oda ía:
((El
i o
pe enece a la ie a; en ú buen iaje
y
que
encuen es u camino luminoso y esco),.
Después, los que lo han sepul ado se an
hacia el poblado
y
el mue o emp ende su
iaje subiendo al mon e Agu. Los i os lo
oyen aún cómo solloza mien as se aleja -o
quizá, si el mue o e a lau is a, cómo can a
despidiéndose. La o a e ien e del Agu, la
que el mue o encuen a cuando lo co ona,
es un p ecipicio ab up o. No hay modo de
baja lo sino el más ápido: a ojándose a él.
Si su mue e ha sido na u al, cae á e11 el
abismo y en la oscu idad, pe o si ha sido
iolen a, de la ie a blanca con que han
empol ado su cadá e se desp ende á un
poco y su camino se á luminoso
y
cla o
y
aún deja á en el cielo un pálido as o, la Vía
Lác ea. Sal ado el p ecipicio se encuen a
an e un ío que a nado no puede pasa se. Ha
de espe a que lo ecoja un ba que o, un sc
c uel
y
pa o oso. En la o a o illa, oda ía
camina un buen echo po una ie a a -
dien e
y
pol o ien a has a llega a su si io de
des ino. Una muje , a la en ada, le p egun a
adónde a
y,
an es de deja le segui , le hace
lame una llaga que ella iene. Cuando los
que allí es án oyen de su enida, salen odos
a su encuen o y lo eciben es i a~nen e~~.
De dis in a u a, de o os obs áculos
y
encuen os
y
di e en e des ino saben o os
mue os. Los dogon sal nodian: ((Que la
pue a de Manga, la pue a siemp e es á
abie a, Amma e la haga encon a .
Se
dice
que el camino de la mue e es un camino i-
ple: que Amma e ponga sob e el camino de
en medio. Sob e el camino de la mue e
hay
un pe o jo en. Te impedi á pasa . dicen.
Una muje peul e da á leche en una calaba-
za. Sob e el camino de la mue e dicen que
hay un gallo. Impide que los ho ilb es pasen,
D.
WESTERMANN,
Die
GMyi
Ezue
i z
Togo
(c . sup a
n .47) p. 112; del mismo, ((Uebe die Beg i e Seele,
Geis , Schicksal bei dem
Ewe
u id Tschi olk)),
en
A chi~:
i Religio ~swi se zscha
8/1905, p. 104-113,
c .
p. 118;
J.
SPIETH,
Die Religion de Ezuee
i l
Siid-Togo,
Ixipzig 191 1,
p. 241
s.
dicen. Una ieja e da á ha ina molida. No
acei e de sa calen ada al uego, no acei e de
ka i é calen ada al uego, sino man eca de
aca que Amma e dé pa a o a e los hue-
sos. Los escalones áciles pa a una aca, que
Amma e haga baja los. Si la escala de cob e
es la mejo , que Amma e la haga descende .
Si la escala de hie o es la mejo , que Amma
e la haga descende . Si la escala de pla a es
la mejo , que Amma e la haga descende .
Que Amma e dé un lecho esco»39.
Re e encias a iajes de los mue os cono-
cemos muchas y buen núme o de ellas son
desc ipciones an ci cuns anciadas como es-
as dos que acabamos de ep oduci . Algu-
nos mo i os aislados, el del ío
y
su ba que-
o, po ejemplo, se eencuen a con ela i a
ecuencia (en e los oma y los kpelle, los
pueblos lobi y los ibo, además de los ewe;
los oma conocen ambién el mo i o de la
mon aña -los es e o es del agonizan e son
an sólo el jadeo que le p o oca la a igosa
ascensión40. Pe o ni en esas coincidencias ni
en las di e encias que, como se desp ende
del co ejo de las dos desc ipciones que ci a-
mos po ex enso, oda ía son más ma ca-
das, iene obje o que aquí nos de engamos
con de alle. Más que el ela o del iaje has:a
allí, nos in e esa p ime o el luga de des ino
po sí mismo.
Hay pueblos, como los mossi, los ga y los
ewe, que no es án segu os de sabe dónde se
encuen a41
y
o os, así los ab on (guang),
que es án segu os de no sabe lo42. O o an-
o les ocu e a los k an, aunque la culpa no
es de ellos, sino de sus mue os, po que
cambian de esidencia a cap icho43. Locali-
39
G. DIETERLEN,
Les Ames des Dogons,
p. 97 s.
40
G. SCHWAB,
T ibes o he Libe ian Hh e land,
Cam-
b idge 1947, p. 328. Schwab esc ibe siemp e loma en
ez de oma. Noso os nos a enemos a la palab a usual.
"
MANGIN,
E.,
((Les Mossi)),
An h opos,
10-1 1 (1915-
16), 187-217, p. 196; ADJEI AKO, ((Mo u ay usages o
he
Ga
people o he Gold Coas )),
Am:,An h .,
45 n.s.
(1943), 84-98, p. 85; D. WESTERMANN, ((Ube die Beg i-
e Seele, Geis , Schicksal bei dem Ewe und Tschi olk)),
A chiu ü Religionwissenscha ,
8 (1905), 104- 13, p. 109
SS.
42
L. TAUXIER,
Le Noi de Bondoukou,
Pa ís, 1921,
p. 362.
43
E.
BECKER-DONNER, «Übe zwei K u olke s am-
me: K an und G ebo)),
Kol. Volke
2
(=Wiene Bei .
6)
(1944) 1-70, p. 38.
zaciones como dan los gu o, gagu, guin, a-
llensi
y
ashan i, que se limi an a deci de ese
si io de los mue os que es á
dans la e e,
zi?
he ea h,
son an imp ecisas que p ác ica-
men e equi alen ambién a con esiones de
ign~ ancia~~. Los mue os bassa i esiden
dans un au e pays,
luga que puede pa ece
an inde e minado como los p eceden es,
pe o en ealidad no lo es, pues o que exclu-
ye al menos una pa e del mundo, la que ha-
bi an los bassa i i os45. Lo mismo hacen los
lobi y los idjo, e~plíci amen e~~,
y,
menos
di ec amen e, los nume osos pueblos (pa-
pel, oma, kpelle, ashan i, ewe, k obs, daho-
me) que con inan a los mue os al o o lado,
más allá del ma , o del ío, o del agua, o de
un mon e, con inamien o que la mul iplica-
ción de íos o mon añas puede hace opo-
g á icamen e más apa a oso, pe p no geo-
g á icamen e más p eciso4'. Con ecuencia
mucho meno se cons a a la localización
opues a: el luga que habi an los mue os
es á muy ce ca de aquél en que lo hacen los
i os, an o que los dos se en e e án y no
pueden deslinda se. Los mue os u a es án
un peu pa ou , dans les a b es, dans les ea ix, dans
ce ains coins de la b ousse e su ou dans le ma i-
go da ~z'llage~~.
Has a aquí, el pun o de e e encia que se
oma pa a si ua el luga de los mue os es el
44
L. TAL'XIER,
Neg es Gou o e Gagou,
Pa ís, 1924,
p.
145, 183, 221.
4'
H.
TECHER, <(Cou umes des Tendas)),
B lle i l dz
Comi é d'E udes His o iques e Scien i zques de I'ADF,
16
(1933), 630-66, p. 647.
46
H.
LABOURET,
Les ibus du a neau Lobi.
Pa ís, 193 1,
p. 398; P. A. TALBOT,
Thepeoples o he So he n N ge ia,
4 ols., Lond es, 1926, 2: p. 269.
"
H.
A. BERNATZM,
A hiopien des Wes ens. Fo schungs-
eisen
in
Po ugiesische Guinea,
2
ols., Wien, 193 3, 1
:
p. 150;
G.
SCHWAB,
T ibes o he Libe ia z Hin e land,
Camb idge,
1947, p. 328 SS; P. GEF~IANN,
Die Volke s ammeim No den
uon Libe ia,
Leipzig, 1933, p. 94;
D.
WESTERA~AXN,
Die
Kpelle. Ein Nege s amm in Libe ia,
Go inga y Leipzig,
1921, p. 180 s.;
A.
B. ELLIS,
The Tshispeakingpeoples o he
Gold Coas o Wes A ica,
Lond es, 1887, p. 149 s., 156 S;
R.
S.
RATTRAY,
Religion anda in Ashan i
Ox o d, 1927,
p. 59;
J.
SPIETH,
Die Religion de Ewee
in
S id-Togo,
Leip-
zig, 191 1, p. 241 S; N.
A.
A. AZU, ((Adangbe (Adangme)
his o yn,
Gold Coas Re iew,
2 (1926), 239-70, p. 259 S;
M.
J.
HERSKOVITS,
Dahomey. An ancien Wes a ican King-
dom,
2 ols., Nue a Yo k, 1938, 1:p.240.
48
L. TALXIER, ((La eligion des Tou as)),
Jou nalo he
A ican Socie y,
1 (1931), 259-80,
p.
272.
mossi, ewe y edo c een que la eenca nación
debe p oduci se inmedia amen e después
de la mue e
y
los bamba a son a es e es-
pec o axa i os: a lo sumo ein icua o ho-
as más a des2. Según los gio o se eenca na
uno ecién mue o o de o o modo iene
que espe a muchísimos3. Los kpelle,
y
en
gene al los pueblos de Libe ia, si no se een-
ca nan a la mayo b e edad, desis en de ini-
i amen e de hace los4. Que en luga de 1í-
mi es máximos se impongan limi es míni-
mos al iempo que debe anscu i en e la
mue e y la eenca nación es más a o, pe o
ambién se da: lo más p on o que pueden
enace los dahome es cien o sesen a días
después de su mue e y los balan e un añosS.
Los pueblos del su de Nige ia ijan en ein-
a días el plazo mínimo
y
en dos gene acio-
nes el máximos6.
Veamos quién se eenca na. Po de p on-
o, odos los pepel, balan e, ge e, ua a, ku-
lango, ab on, kab e, im y guS7. Podemos
añadi a la lis a a los mankanya, mano, yo u-
ba, dahome y pueblos del su de Nige ia,
pues aunque en e ellos el enacimien o que-
da ese ado a los buenos ¿quién no lo es?88
82
A.
A.
DIM DELOBSOM,
Les sec e s des so cie s noi s,
Pa ís, 1934, p. 205 S; J. SPIETH,
Die Religion de Ewee in
S d-Togo,
Leipzig, 191 1, p. 12; P.
A.
TALBOT,
Thepeoples
o he Sou he n Nige ia,
4 ols., Lond es, 1926, 2:
p.
269;
Ch. MONTEIL,
Djénnée. Uno ci é soudanai e. Mé opole du
del a cen ald Nige ,
Pa ís, 1932, p. 129, 135 s.
83
G.
SCHWAB,
T ibes o he Libe ian Hin e land,
Cam-
b idge, 1947, p. 321.
84
D.
WESTERMANN,
Die Kpelle. Ein Nege s amm in Li-
be ia,
Go inga y Leipzig, 1921, p. 181 s. 217.
B. MAUPOIL,
La géomancie
á
láncienne Co e des Escla-
uages,
Pa ís, 1943, p. 382 s., 394 s., 403;
H.
A. BERNAT-
ZIK,
A hiopien des Wes ens. Fo schungs eisen in Po ugiessische
Guinea,
2 ols., Viena, 1933, 1:p. 19.
86
P.
A.
TALBOT,
The peoples o he Sou he n Nige ia,
4 ols, Lond es, 1926, 2: p. 272 S, 352 s., 470.
8'
H.
A. BERNATZIK,
A hiopien des Wes ens. Fo schungs-
eisen in Po ugiessische Guinea,
2 ols. Viena, 193 3, 1:
p. 146; íbidom, 1: p. 19;
R.
VIARD,
Les Gué es. Peupledela
o l ,
Pa ís, 1934, p. 60; L. TAUXIER, «Les Oua a ou
Guala e les Na io o))
,
Jou nal de la Socié édes A icanis es,
9 (1939), 159-95, p. 169, 174; L. TAUXIER,
Le Noi de
Bondoukou,
Pa ís, 1921, p. 196 s.; íbidem, p. 362;
L. FROBENIUS,
Volksdich ungen aus Obe quinea,
I,
A lan is,
ol. 11, Jena, 1924,
p.
167; G. KITI, «Ri es uné ai es
des goun (Dahomey))),
An h opos,
32 (1937), 41 9-34,
p. 426.
H.
A. BERNATZM,
A hiopien des wes ens. Fo schungs-
eisen in Po ugiessische Guinea,
1: p. 165; G. SCHWAB,
Con los bamba a, idio e ibo el caso no es el
,
,
mismo: en luga de asegu a que sólo los
buenos se eenca nan, lo que dicen es que
los malos no lo hacen
y
acla an los signos
po lo que se les econoce y excluyes9. Los
nankane en cambio c een que los malos son
p ecisamen e los únicos que enacen, y a
pa es, pues o que eenca nan siemp e en
gemelosg0.
O o modo de de e mina a auién co-
esponde enace y a quién no es la edad.
En e los mossi, ewe, o, yo uba e ibo del
Oes e se eenca nan an sólo los que mue-
en de niños o muy ió enesgl. En cambio.
en e los abe ma eí énacimien o no es má;
que pa a adul os,
y
en e los mamp ussi ex-
clusi amen e pa a quienes hayan enido ex-
pe iencia sexual an es de mo i g2.
Los kpelle
y
los glidyi (ewe) sólo pueden aspi a
a
een-
ca na se si mue en ieiosg3. En es e úl imo
caso hay un ac o qué se sob eañade a la
edad, pues o que no odos los ancianos se
eenca nan, sino sólo los nobles espe a-
bles. El s a us social cuen a ambién pa a los
ibo del Oes e que aunque, como acabamos
de e , c een que sólo a los niños les co es-
ponde eenca na se, opinan que las pe so-
T ibes o he Libe ian Hin e land,
Camb idge, 1947, p. 321:
R.
E.
DENNETT,
A he back o he Black Man'. mind
Lan-
don, 1906, p. 245; B. M~won,
La géomancie áláncienne
Co e des Escla ages,
Pa ís, 1943, p. 382 s.
P.
A.
TALBOT,
Some Nige ian o ili y cul s,
Lond es, 1927, p. 9.
89
G. DIETERLEN, ((La pe sonne chez les Bamba a)),
J. de Psych. no male e pa hol.,
40 (1947), 45-52,
p.
51 s.;
P.
A. TALBOT,
Tbe peoples o be Sou he n Nige ia,
4 ols.,
Lond es, 1926, 2:
p.
311; íbidem, 1:
p.
57, 77, 131.
90
L. TAUXIER,
Le Noi de Soudan,
Pa ís, 1912, p. 273.
91
A.
A.
Du DELOBSOM,
Les sec e s des so cie a noi s,
Pa ís, 1934, p. 205 SS.; J. SPIETH,
Die Religion de Ewee in
Sud-Togo,
Leipzig, 1911, p. 12, 239, 343;
M.
QUENUM,
((Au pays des
Fans)),
Bulle in du Comi é d'E udes His o i-
ques e Scien $quesde I'AOF,
18 (1935), 141-335, p. 237;
R.
E.
DENNETT,
Nige ian s udies, o he eligious andpoli ical
sys em o be Yo uba,
Lond es, 1910, p. 20 SS.;
J.
A.
60-
RREIA, ((L'animisme Ibo e les di ini és de la Nige iab),
An h opos,
16-17 (1921-22),
p.
364 s.
92
L. FROBENIUS,
Und A ika sp acb,
3 ols., Be lín,
191 3, 3: p. 344; A. W. CARDINALL,
Tales o/din Togoland,
Lond es, 1931, p. 34.
93
D. WESTERMANN,
Die Kpelle. Ein Nege s amm
i ~
Li-
be ia,
Go inga y Leipzig, 1921, p. 181 s.; D. WESTER-
MANN, ((Die Glidyi-Ewe in Togo. Züge aus dem
Ge-
sellscha sleben»,
Mi eilungen des Semina s u O ien alis-
che Sp achen,
Be lín, 1935, p. 7
s.

nas e dade amen e in luyen es pueden con-
segui lo cualquie a que sea la edad a que
mue an. Con lo cual podemos pasa ya a los
demás c i e ios selec i os, misceláneos y i-
nales. Así los de los mano, lobi, ibibio
y
o os pueblos del su de Nige ia, que hacen
depende la eenca nación del deseo de la
pa e in e esada9*, o los gbunde, que c een
que sólo pueden enace cuando Dios ha
dejado de necesi a les en el o o mundo95 o,
en in, los pueblos del no e de la Cos a de
O o y los ashan i pa a quienes el enaci-
mien o es excepcional y sólo se p oduce en
algunos casos muy bien de inidos: en e los
p ime os, cuando mue e un niño muy pe-
queño y el siguien e que nace es del mismo
sexo y en e los segundos, ya lo imos an es,
cuando mue e un homb e dejando emba a-
zada a su muje g6.
Así de a ia pa ece ia una ipología ele-
men al de la eenca nación y es o no a en-
diendo sino al ins an e en que se p oduce y
el alcance que se le a ibuye, dos an solo
en e los muchos aspec os que hubié amos
debido conside a .
Y
limi ándonos a cons a-
a las posibles a iaciones nos quedamos
aún al p incipio del camino. No pa a com-
ple a lo, sino pa a a anza un echo más,
apun emos aquí que la elec u a de las lí-
neas p eceden es y la eag upación po pue-
blos de los da os apo ados mos a á lo que
es ácil supone : que un mismo pueblo pue-
de acep a , digamos, doc inas de enaci-
mien o que o malmen e se con adicen
y
se excluyen. Po con inua con el ejemplo
que escogimos páginas a ás: los ewe
(j)
i i-
án pa a siemp e, e e namen e, en el luga
de los mue os (k), el mismo si io en que les
sob e end á un día su segunda de ini i a
mue e (1) y el mismo ambién del que, si
han mue o niños o de muy jó enes, sald án
pa a enace (m) apenas llegados o, lo que
94
G.
SCHWAB,
T ibes o he Libe ian Hin e land,
Cam-
b idge, 1947, p. 321;
H.
LABOURET,
Les ibus du ameau
bbi,
Pa ís, 1931, p. 297, 484;
P.
A.
TALBOT,
Li e in
Sou he n Nige ia. The magic, belie s and cus oms o he ibibio
ibe,
Lond es, 1923, p. 128 s.;
A.
G.
LEONARD,
The
bwe Nige andi s ibes,
Lond es, 1906,
p.
203 SS., 273.
95
G.
SCHWAB,
T ibes o he Libe ian Hin e land,
Cam-
b idge, 1947, p. 331.
96
Sup a n . 92.
po lo is o debe se igual, (n) cuando naz-
can sus nie os o sus biznie os.
Y
si la is a de
es e mons uo lingüís ico sugi ie a la idea
de que pa a cons ui lo hemos eco ado a -
bi a iamen e y yux apues o con iolencia
no icias he e ogéneas p oceden es de in o -
mes dispa es de alo desigual, deséchese en
el ac o: odas p oceden de la misma uen e y
és a es, po la p epa ación de su au o
y
su
conocimien o de p ime a mano, an digna
de con ianza como cualquie in o me e no-
g á ico pueda se lo9'.
MORIR NO
ES
NADA
En los pá a os inales del p ime epíg a-
e de es e capí ulo obse ábamos que la p o-
bada di e sidad de las p ác icas une ales en
los dis in os g upos humanos debe ía hace -
nos pensa en una a iedad posiblemen e no
meno en la concepción que cada pueblo
iene de la mue e. No añadimos allí, po -
que pa ece ia ob io, que nada nos au o iza a
supone que odas las a iadas concepcio-
nes de la mue e sean po igual in eg ables
en esa ideología que se supone ca ac e ís ica
de los i os de paso, esa ideología de eno a-
ción i al. Más bien al con a io: pueblos
como los mandyako o los kassanga, que
piensan que mo i es ex ingui se sin as o,
di ícilmen e usa án esa mue e, en e o aca-
bamien o, en una simbología de egene a-
ción. La p obabilidad pa ece oda ía meno
si po egene ación se en iende, como po
hipó esis debe ía se el caso, cíclico e o no
inin e umpido, cons an e uel a al o igen.
Pa a que ahí engan cabida los símbolos de
la mue e, ella misma end ía que se inal
sólo apa en e, en ealidad, nue o comienzo.
En es e con ex o, la ei e ación de la mue e
como símbolo sólo es concebible si la p o-
pia mue e es un símbolo de ei e ación.
Con es o, sin emba go, no queda jus i i-
cada la la ga lis a de ejemplos que hemos
97
Si se epasan las no as co espondien es se e á
que p ác icamen e odas las e e encias que hemos
he-
cho a los ewe es án documen adas en los abajos de
Spie h,
y
muchas de ellas co obo adas en o as uen-
es. La única excepción de impo ancia la hemos seña-
lado en la n . 70.
acumulado en las páginas an e io es. Pa a
p oba os ensi amen e la di e sidad que
ma ca a las concepciones de la mue e o no
e an p ecisos o son demasiados; pa a in en-
a sis ema iza la, ipi ica la, ni son su icien-
es ni es án bien elegidos; pa a mos a la
incompa ibilidad de algunas de esas concep-
ciones con el idea io del e e no e o no, las
Únicas pe inen es se ían las concepciones
e ec i amen e incompa ibles y buena pa e
de nues os ejemplos esul a ex empo á-
nea y supe lua. En onces, cualquie a que
sea el in e és que po sí enga esa colección
de ma e ial ¿qué luga le co esponde en
nues a a gumen ación? ¿Po qué esos ejem-
plos? Hay una p ime a espues a. Que nos
enseñan algo más que la ex emada a iabi-
lidad en las concepciones de la mue e, nos
enseñan su adical incohe encia, esa posibi-
lidad de que con i an sin iolencia concep-
ciones de la mue e, ep esen aciones del
luga de mue os
y
doc inas del enacimien-
o iolen amen e dispa es, dispa es has a la
con adicción. Po que esas ecapi ulaciones
que hemos hecho un pa de eces eag u-
pando los da os e e en es a los ewe pa a
que esal a a su di e sidad no e an ealmen-
e necesa ias pues, pa a deci lo de un modo
g ose amen e inexac o, pe o muy plás ico,
odos los pueblos de los que hemos omado
nues os ejemplos son ewe. Tomada li e al-
men e, es a a i mación es más que una g o-
se a inexac i ud, es una alsedad pa en e.
Pe o en iéndase lo que que emos deci : que
no hemos escogido lib emen e, buscándo-
los donde quie a que los pudié amos encon-
a , los ejemplos más ap os pa a ilus a
nues as a i maciones, sino que olun a ia-
men e nos hemos es ingido a sólo un á ea
conc e a.
Y
el ma e ial que de ella hemos
podido euni lo hemos espe ado odo, de
o ma que la di e sidad esul a a de él mis-
mo, y no ue a un e ec o apa en e de las
ampu aciones selec i as que en él hubié a-
mos podido ope a .
Cie amen e, el á ea escogida -el A ica
occiden al en e el Senegal y el Níge - es
quizá demasiado ex ensa y no cons i uye una
unidad geog á ica más que en un sen ido
muy laxo.
Y
los pueblos que la habi an no
o man un ci culo cul u al compac o ni ha-
blan una sola lengua. Pe o si hubiésemos
es ingido aún más el ma co de nues a ob-
se ación pod ía siemp e a güi se que la iuy
localizada unidad escogida quizá ue a en e-
amen e a ípica y po eso mismo inacep a-
ble como ep esen a i a de esa di e sidad
y
esa incohe encia que buscamos p oba en
las concepciones de la mue e. No al a ian
en onces azones en apoyo de nues a selec-
ción. Ese á ea en e el Senegal
y
e1 Nige es
lo su icien emen e es ingida como pa a e-
duci d ás icamen e el núme o de ejemplos
con que sos ene nues o a gumen o
y
obli-
ga nos a cons ui lo no con los más có no-
dos
y
opo unos, sino con los disponibles;
pe o a la ez es lo bas an e ex ensa colno
pa a que la di e sidad que en ella cons a-
amos no pueda echaza se co no singula
y
anómala.
Y
su unidad cul u al es lo su iciea-
emen e acusada como pa a que la ecindad,
la coexis encia de esas concepciones dispa-
es esul e e ec i a incohe encia, pe o a la
ez no an o como pa a que esa incohe en-
cia pueda deses ima se como anecdó ica po
exclusi a y ca ac e ís ica de una cul u a de-
e minada.
Sin emba go, no son és as -o no son
sólo és as- las azones que 110s han mo ido
a busca nues os ejemplos en e1 Sudán occi-
den al. Más e dade a az6n es que el Sudán
occiden al pasa en e los e nólogos,
y
110
ex-
clusi amen e en e los eó icos, po se una
de las á eas en donde mayo igo ienen las
espe anzas esca ológicas
y
en donde con 111a-
yo ni idez se encuen a exp esada
esa
con-
cepción de la mue e como ei e ación, colno
nue o comienzo, que se ía la más cong uen-
e con aquella ideología de la eno ación
i al, del cons an e e o no al o igen.
They
a e ana ical in hei belie in a
i i e
lz e
leemos
de es os pueblos en e el Senegal
y
el Ni"ge g8.
Y
de qué sue e sea esa ida u u a 110s lo
explica más ci cuns anciadan~en e es a ex-
ensa ci a:
Es sind die beiden Pole selbs : Tod
-
Leben, Ve welken
-
Keimen,
die
sich dem Acke -
baue as aglich on neuenz einp agen 24nd ciche
Analogien wecken
(.
.
.)
Es gib Zei en des Ve ~~el-
kens, des Abs e bens
z'n
de Na a , inz einzel zen
98
G.
Go~~~,A icadances,
Nue a
Yo k,
1935,
p.
51.
Bauin, in de ezizzelnen P lanze, und dieses ganze
E leben mag ezize emp idende Menschen seelisch
e g egen; abe e was exh ie wei e : F uch und
Same. Und F uch und Same sind nich e was To-
es, sie d angen sozusagen zu neue Lebensen al-
ung
(...)
Nich die e s a e Schale is dabei das
wich igs e, sonde n die e jung e, eibende, sp os-
sende K a , die in gewal igem Lebensd ang die
Schale du chb eche z wi d, um on neuem zu bluhen
und uch ba zu sein. Ganz ahnlich beim Mens-
chen. Und die Acke baue n om Sudan shd siche
nich die einzigen, die diese Analogie sehen; abe
hei ihnen is sie zu eigen lich zizne e Lebensans-
chauung gewo den. De Tod -sie wissen wohl um
seine T agik: eine U schuldde Menschen ode eine
bose In ige ha e ihn in die Wel de Menschen
geb ach , die doch bes imm wa en zu leben, imme
zzc
leben- sie kennen das Leid
(...)
Sie wissen um
die u ch ba e Gewal des Todes und die Mach
seine Ausb ei ung
(...)
Abe ih s a ke Lebenswi-
lle ha hunde B ucken geschlagen, den Abg und
des Todes zu ube b ucken, sezize T agik zu milde n:
allen is ja das gleiche Los beschieden, und de
Eh enha en S e ben is Heimkeh
za
Go und zu
den Va e n
(...)
ih e To en sind nich o , sonde n
sie leben wei e
(...)
Vo allem abe : sie keh en
zu uck zu Familie und Acke . Zeuge is Gnen des
Va e s Bild und Ges al im Kinde, die e e b e Fa-
higkei und Ahizlich kei des Cha a k e s. Zeuge is
ihnen auch ih Acke , au dem die P lanzen imme
wiede neu e s eheng9.
T as odo cuan o en el epíg a e an e io
hemos dicho, es as a i maciones esul an
desconce an es. Mal se e que puedan c ee
aná icamen e en una ida u u a cuya acía
i ealidad apenas se es ue zan po imagina .
Reco demos no sólo la al a de cohe encia
de sus imágenes del asmundo, de su ep e-
sen ación de una ida después de és a, sino,
y especialmen e, su al a de in e és po oda
la emá ica esca ológica po sí misma, sus
espues as a las p egun as di ec as sob e
cues iones de ese ipo: no se sabe, nadie lo
sabe,
je ne sau az' ous le di e.
Pa a que ese
desin e és esul a a conciliable con su su-
pues a e aná ica en la ida u u a hab ía
que a ibui les algo dis in o de una men ali-
99
H.
HCBER,
Das Fo leben nach dom Tode im c l~uben
wes sudani che Vlke ,
Modling, Sank -Gab iele S udien,
10, 1951,
p.
130
s.
dad p elógica, hab ía que a ibui les simple
es upidez. Que desde luego ambién en el
Sudán puede es a ex endida, pe o di ícil-
men e en la p opo ción necesa ia pa a da
pábulo a ese ana ismo gene alizado.
In ini amen e más sob ios y ealis as son,
a es e espec o, de una pa e el p opio eó i-
co de la men alidad p elógica, que esc ibió
con lúcido escep icismo:
La des inée de l'indi-
idu dans láu-dela ne lui cause guk e d'inqzlié ude
(al p imi i o)
e
il
n'a que pezn de choses a en
di elo0,
y de o a, los mismos p imi i os a
quienes se a ibuye ese ana ismo. De un
sace do e o acula dahome son es as ases
lapida ias:
La ie e es e es p @é able
2
la ie
dans láu-dela. Pou an , lo sque l'on meu , ien ne
ous dé enge plus, ni ques ions de amille,
~zi
ques-
ions d'a gen , ni a ai es de emmes. Mais c'es
p éczjemen pa ce que ces souczj.
TZ
á ec en plus les
dqun s que leu nom n'es pas bon e 'qu'ils apa -
iennen
á
la mo lol.
Pues es o es lo incom-
p ensible, que pa a emi i juicios gene ales
an ca egó icos como el que es amos co-
men ando no hace al a solamen e ol ida la
in ínseca imp obabilidad de que el ana is-
mo se concilie con la indi e encia, como
decíamos hace muy poco, sino que además
es p eciso desecha las nume osas a i ma-
ciones di ec as de esos supues os aná icos
en el sen ido de que la ida, és a de aquí, es
el sumo bien, el único,
y
la mue e le pone
in i epa ablemen e. Has a es ecuen e que
pa a habla de la ida y de eso o o de des-
pués de la mue e se usen dos é minos po
comple o dis in os.
Das Dasein nach dem Tode
wi d niemals als Leben bezeichne ; es un e scheide
sich om diessei igen Dasein eben dadu ch, dass es
kein Leben, sonde n ein blosses Dasein
z>. lo2.
Y:
Es
wa e e ehl , dieses o ausgesehen, zukun ige Sein
als eine Aussich zu e s ehen, die dem Denken des
A ikane s als eine A Ho nung au ein besse es
Leben e schienelo3.
En
cuan o a la o a más conc e a p e en-
sión de que és e del Sudán occiden al sea un
á ea en la que la concepción de la mue e se
'O0
L. LÉw-BRUHL,
LÜmep imi i e,
Pa ís,
1927,
p.
292.
lo'
B.
MAUPOIL,
La géomancie
2
láncienne C6 e des Escla-
ages,
Pa ís,
1943,
p.
402
s.
'O2
RINGWALD,
Religion de Akans amme,
p.
63.
'O'
Ibidem.
ajus e con pa icula idelidad al idea io del
e e no e o no, po sí misma se comeli a,
pe o amos no obs an e a ayuda la. Casi dia-
iamen e, se nos dice, el ag icul o obse a
ese doble mo imien o que conduce de la
ida a la mue e, de la lo ación al ajamien o,
y luego e o na, y la simili ud de esas pola-
idades le sugie e analogías de ico des ino.
Po que en la na u aleza en o no hay iem-
pos de mue e, cuando el á bol y la plan a se
ma chi an,
y
esa i encia sob ecoge el áni-
mo del homb e sensible (que es de supone
se á el ag icul o de las ases p eceden es),
que no obs an e e que algo con inúa i ien-
do, el u o y la semilla, y en onces ad ie e
que lo impo an e no es la cásca a desecada,
sino la ue za eju enecida, ca gada de im-
pulso uc í e o, que quie e ompe esa en-
ol u a mo ibunda pa a cumpli se en un
nue o ciclo i al, lo ece o a ez
y
da u-
o.
Y
comp ende que lo mismo ocu e con
el homb e. A i maciones iniciales con a las
que nada enemos que deci -siemp e que
se e ie an a un de e minado ag icul o N.
N,, amigo pe sonal del au o que las esc ibe.
Mas cuando se p e ende ex ende a los ag i-
cul o es sudaneses esa poé ica disposición y
esas espe anzas po analogía, enemos que
deci mucho
y
c eemos habe lo dicho. «La
mue e -conocen muy bien su agedia: una
al a o iginal come ida po los homb es o
una in iga pe e sa la han aído al mundo,
con a los homb es que es aban des inados
a i i , a i i pa a siemp e)).
¿Qué al a o i-
ginal dice el mi o baule que come ie on, o el
ashan i o el emne o an os o os de los
mi os que hemos ecogido en el apa ado
p oceden e? ¿Qué es una pe e sa in iga,
aquel in e cambio
y
con as e de pa ece es
del camaleón
y
el pe o an e el Alá malinké
o el en e enimien o del pe o
y
la con usión
de la cab a en el mi o ewe o la dispu a de la
a aña con la mue e en el mi o ho (ewe)?
¿Quizá la mue e de aquel gigan e endido
po el suelo y la imp udencia del muchacho
k aci que o ó con la sus ancia hallada en
sus cabellos el ojo del gigan e mue o? En
cuan o a esa ida e e na que hubie a sido el
des ino de los homb es de no media las su-
pues as al a o iginal o in iga pe e sa ¿cuál
e a? ¿Acaso la de los yo uba, que cuando ya
no podían c ece más empezaban a a uga se
has a hace se pequeños como pied as ep-
an e~? Realmen e ni
U schuld,
ni
bose In ge,
ni
ew ges Leben
pa ecen pe enece al oca-
bula io más ap o pa a esumi o ca ac e iza
adecuadamen e los mi os de o igen que p e-
sen amos al p incipio.
Y
digámoslo exp e-
samen e: si es cie o que allí o ecimos an
sólo una selección, no lo es menos que no
ocul amos ninguno de los mi os que hemos
podido encon a 104. Po o a pa e, que
((sus mue os (los de los ag icul o es del Su-
dán occiden al) no es án mue os, sino si-
guen i iendo)), ni es cie o en odos los
casos (mandyako, kassanga), ni en los que
apa en emen e lo es puede acep a se sin ha-
ce la sal edad de que ni es a mue o ni
segui i iendo signi ica lo mismo pa a los
di e en es pueblos. Finalmen e: ((Pe o so-
b e odo: (sus mue os) e o nan a su ami-
lia, a sus campos. P uebas de ello las ienen
en esa imagen del pad e que es el hijo, en el
pa ecido del ca ác e , de las acul ades he-
edadas. O a p ueba se la dan sus campos,
en los que las plan as eb o an siemp e e-
no adamen e)). A i maciones con las que
pa ece que e aludi se a la c eencia en una
eenca nación. Pe o, ya lo dijimos, ni esa
c eencia es gene al a odos los pueblos del
á ea, ni la eenca nación en aquellos que la
conocen, suele acep a se pa a odos los
mue os. Además, is os los plazos que se
ma can pa a la eenca nación y las clases de
mue os a quienes se p i ilegia (o maldice,
pues ambién la alo ación nega i a del e-
nacimien o es á ep esen ada, aunque ex-
cepci~nalmen e~~~, con la capacidad de e-
nace , la p obabilidad de que un pad e e-
nazca en su hijo es escasa y su pa ecido,
en onces, una mala p ueba.
Y
aún se nos
ocu e: ni los plazos ni las disc iminaciones
in oducidas en los enacimien os son im-
p escindibles pa a el a gumen o, pues se
sos iene con la me a obse ación, que su-
ponemos es adís icamen e co ec a, de que
los hijos nacidos después de mo i sus pa-
d es (los únicos pa a quienes se ía álida la
'O'
En la selección que hemos dicho nos hemos li-
mi ado a escoge de cada mi o la a ian e
más
comple a.
los
Así en e los nankane, n .
90.
supues a p ueba) ep esen an una acción
mínima y quizá ín ima del o al de los na-
cidos, sob e la cual lo único que puede un-
da se es la c eencia en una eenca nación
sumamen e especializada, conc e amen e
del ipo de la acep ada po los ashan i. Po
in, el es ambo e: «O a p ueba se la dan
sus campos, en los que las plan as eb o an
siemp e eno adamen e)). ¿Cuál es la e i-
dencia en que se apoya es a a i mación y
cuál puede se su signi icado, si iene al-
guno?
Se di á al ez que nos hemos de enido
demasiado en la c í ica de unas conside acio-
nes gene ales que, una ez conocido el ma-
e ial empí ico en que p e endían apoya se
y que es el expues o en el epíg a e an e io ,
se e elaban ya como muy ágiles, quizá
incluso como insos enibles. Pe o esas consi-
de aciones gene ales en sí mismas son aho a
nues o p oblema. Pa ece cla o que és as
conc e as que nos han ocupado, más que
sob e las c eencias esca ológicas del Sudán
occiden al, se basan sob e las p opias c een-
cias esca ológicas del e nólogo que las ha es-
c i o, o po lo menos ep esen an una in e -
p e ación de aquéllas a la luz de és as. U s-
chuld, bose In ige, ewiges
Leben,
sí que pe -
enecen a un ocabula io ana ológico, aun-
que no p ecisamen e sudanés. Toda la dis-
o sión se e i a ía en onces, pa ece, si no se
p o esa an esas u o as c eencias esca ológi-
cas, o si se descon a an esc upulosamen e
las c eencias esca ológicas p opias a la ho a
de es udia la concepción de la mue e de
los pueblos del A ica occiden al o de cual-
quie o o luga .
La di icul ad c eemos que es á en que la
p opia suposición de que los di e sos g u-
pos humanos ienen dis in as concepciones
de la mue e implica ya una c eencia esca o-
lógica po pa e del e nólogo que la acep a:
la de que exis e al cosa como la mue e de
la cual cada g upo puede ene una concep-
ción di e en e. Esa mue e e e encia in a-
ian e nos pa ece un úl imo es igio no eli-
minado de las c eencias esca ológicas e-
chazadas o descon adas po el e nólogo. Aún
si és e a i ma que la mue e es un hecho bio-
lógico con an o signi icado como los o os
de la misma clase: ninguno. Acep a es o es
oda ía muy poco. Algo más se a anza aña-
diendo que ese hecho de la mue e iene el
ca ác e de un p oceso con inuo que sólo se
ans o ma en acon ecimien os diac í ico
po la aplicación de cie os p ocedimien os
con encionales escogidos pa a comp oba -
lo. Agonía, coma, pa o ca díaco y espi a o-
io, pé dida del ono muscula ,
algo mo is,
igidez,
li o mo is,
coagulación de la san-
g e, desecación
y
i i icación de la có nea,
pu e acción, se suceden sin solución de con-
inuidad. Cualquie a de es os cambios suce-
si os puede elegi se como signo de la mue -
e
y
los que le siguen apa ece án en onces
como sus consecuencias. Del mismo modo,
odos los cambios que p eceden a ése al que
se ha a ibuido alo diac í ico, la agonía,
po ejemplo, y el coma p o undo y el pa o
ca díaco -en el supues o de que la de en-
ción de la espi ación haya sido el cambio
asumido como signi ica i o- pueden apa e-
ce como sus causas inmedia as, las de la
mue e, pe o no lo son. Son, si acaso, las
causas del pa o espi a o io; de la mue e
no. Pe o no se en ienda que que emos ense-
guida a gumen a que en ealidad la mue e
es el conjun o de esos cambios y que su e -
dade a causa es la en e medad que condujo
a ellos, o los p ocesos me abólicos en que
ue posible la en e medad, o el nacimien o o
la gene ación que hicie on posibles esos
p ocesos me abólicos. Todo eso son las cau-
sas media as, p óximas o inmedia as de la
agonía, del coma o la pu e acción o, po
mejo deci , po deci lo más neu amen e,
son ases an e io es del mismo p oceso. Mas
la mue e no pe enece a él. Más bien se
di ía que la mue e no es un acon ecimien o
de la ida; que, en el sen ido del
dic um
de
Epicu o, es en e amen e ex e io al p opio
p oceso i al, den o del cual la conciencia,
o la espi ación o el ono muscula , desde
un pun o de is a es ic amen e biológico,
p obablemen e no pueden iden i ica se con
la ida más de lo que puede el c ecimien o,
o la capacidad de ep oducción, o la ans-
o mación de las p o eínas po cie as bac e-
ias anae obias -ni po consiguien e su ce-
sación puede iden i ica se con la mue e.
Po eso esc ibíamos hace un ins an e que
deci sólo que la mue e es un hecho bioló

gico acan e de signi icado, al que cada g u-
po puede con e i le uno a iable, pa ece in-
su icien e, pa ece a as a un poso de esas
c eencias esca ológicas que debe íamos e-
chaza o descon a si lo que p e endemos
hace es e nología y no he menéu ica. Se
dice: despojemos a la mue e de odas las
conno aciones esca ológicas que pueda e-
ne pa a noso os, es i uyámosla al conjun-
o de los hechos biológicos.
Y
la obje i idad
pa ece asegu ada. Pe o en la segunda de esas
ases se implica ya una c eencia esca ológi-
ca, la de que la mue e pe enece al conjun-
o de los hechos biológicos, y su inse ción
en él puede llama se es i ución. Pe o la
mue e no pe enece al conjun o de los he-
chos biolágicos, sino al conjun o de los sig-
nos y su única causa es la a ibución en e a-
men e a bi a ia, con encional, de alo dia-
c í ico a un ins an e o a una sucesión de ins-
an es -que sólo exis en como ales ins an-
es en la medida en que a bi a ia
y
con en-
cionalmen e se les a ibuye alo diac í ico-
den o de un p oceso con inuo, al que, más
exac amen e que ex e io , la mue e es ajena,
aliena. Adje i o que p e e imos po que di-
ciendo ex e io no pa ece que hagamos más
que epe i que la mue e no pe enece al
p oceso i al, pe o llamándola ajena es a-
mos in en ando deci que pe enece a o o
p oceso, al p oceso en que los signos se usan,
al p oceso social. Hay un mi o de un pueblo
a icano, que habi a en un á ea muy dis an e
de és a cuya ana ología hemos econs ui-
do, los yeye, un g upo ban ú me idional,
que ilus a muy plás icamen e es a idea. Des-
pués de habe c eado a los yeye, U ezhwa
i ió algún iempo con ellos y omó una
muje . Un día, su muje cayó en e ma. U ezh-
wa ma chó en onces po el ío pa a busca
una medicina y dejó ó denes pa a que, en
caso de que su muje mu ie a du an e su
ausencia, no la i a an. Poco después de su
ma cha, la muje mu ió y como su cadá e
se co ompía y olía mal los yeye la i a on.
Cuando U ezhwa ol ió, se a ligió mucho al
e que habian desobedecido sus ó denes y
les dijo que, si la hubie an gua dado, él la
hab ía uel o a la ida
y
de la misma mane a,
cuando los o os hubie an mue o, él los
hab ía esuci ado. Pe o que la habian i ado
y así mo i ían pa a nunca más ol e lo6. T a-
duciéndolo a nues o lenguaje: los yeye que
mue en no mue en po que la espi acián
anae obia de cie as bac e ias p o oque la
deca boxilación de sus aminoácidos
y
la o -
mación de p omaínas, mue en po que los
yeye que i en no pueden sopo a la e i-
dez esul an e del p oceso bioquímico men-
cionado y los i an.
Mi o que se i ía pa a ilus a dos aspec-
os complemen a ios de es a conside ación
de la mue e como signo.
El
p ime o. que
esa diac isis pa a la que
con encionalmen e
se escoge como exp esión un ins an e de e -
minado del p oceso i al, no al e a el cu so
de és e -o no lo al e a di ec amen e, sal e-
dad que luego jus i ica emos. Mas si al e a el
cu so del p oceso social, en cuan o que a ec-
a a las elaciones del g upo con el indi iduo
cuyo p oceso i al ha alcanzado ese ins an e
econocido como diac í ico, cancelando
obligaciones especi icas has a ahí inculan-
es. Pe o hay un segundo aspec o que pa e-
ce igualmen e cla o: que esa diac isis es a -
bi a ia espec o del p oceso i al del que
un ins an e o una sucesión de ellos se o na
como su exp esión, pe o espec o del p o-
ceso social es necesa ia o, po lo menos, es
mo i ada. Mo i ada de o ma inmedia a po
la inu a ela i a de los mé odos de obse -
ación de que el g upo dispone
y
que, apli-
cados a la del p oceso i al, pe mi en seg-
men a lo en meno o mayo núme o de
acon ecimien os disc e os. Pa a que la ex-
p esión de la iue e sea la cesación de las
a iaciones de po encial eléc ico en el ce e-
b o hace al a dispone de un elec oence a-
lóg a o, pa a que se escoja la suspensi6n de
la ac i idad ca díaca, de un es e oscopio,
pa a que sea la in e upción de la espi ación
bas a una supe icie bien pulida, pa a que se
elija la o mación de pu escina o de cada e-
ina bas a la na iz. Mas es a n~o i ación de la
diac isis siendo inmedia a es, sin emba go,
secunda ia. Tomemos o o mi o, es a ez de
un pueblo conside ablemen e más p óxima
'O6
EDWARD,
((T adi ion
o
he
Ba-yeye)),
Foklo ejol
nal o he Soi h-A lcan Folklo e Sock y,
2,
1880,
p. 34-36;
RENÉ BASSET,
Co z e~ Pojulni es ZA iq ,
Pa ís,
190
3,
p.
231
s.
a odos aquellos cuya ana ología an es es u-
diamos, los nuba del Sudán o ien al. Su país
es aba en un p incipio poblado en exceso,
pues o que los nuba no mo ían
y
su núme o
c ecía incon eniblemen e. Has a que un día
se les ocu ió imi a los une ales. Cogie on
un onco de un á bol, lo aca ea on en so-
lemne p ocesión y lo en e a on con odo el
ce emonial. Dios io aquello y se encole izó
muchísimo, po que le pa eció una bu la ul-
ajan e, de modo que decidió que los hom-
b es mu ie anlo7. Digamos que al a a al
onco como a un homb e los nuba, además
de ul aja a Dios, consiguie on esol e su
p oblema demog á ico, pues o que desde ese
día pueden a a a cie os homb es como
a a on a aquel onco. Aquí ocamos la
mo i ación p ima ia, p ime a en impo an-
cia, de la diac isis en el p oceso social. Es
una mo i ación económica, en el sen ido
más ex enso de la palab a. Po que ni los e-
cu sos, ni los es ue zos, ni el iempo ni el
espacio disponibles son inago ables, el g upo
iene que exclui a aquellos miemb os que
en su p oceso i al han alcanzado un pun o
a pa i del cual se ans o man en una ca ga
one osa, en una compañía incómoda, inú il,
inmó il, silenciosa, desag adable a la is a o
al ol a o. Recu sos más abundan es, es ue -
zos menos a igosos, más iempo disponible
y menos hacinamien o quizá lle en a si ua
la diac isis en un pun o ela i amen e a an-
zado del p oceso i al, en el
igo mo is
o
en el comienzo de la pu e acción, po ejem-
plo. A la in e sa, hamb e y cansancio y a-
bajo cons an e y un simple pa a ien os po
oda habi ación pueden pone la en ins an-
es muy an e io es, en los p ime os es e o-
es agónicos y has a en las señales iniciales
de la ejez. Una sociedad opulen a y ociosa
puede sos ene inde inidamen e a un coma-
oso, mien as que un g upo hamb ien o no
puede alimen a a un anciano ni un pueblo
a a eado a ende a un in álido. Pe o es as
a i maciones gene ales inmedia amen e hay
que es ingi las. Po que si la mo i ación
económica de la mue e en abs ac o es cla a,
en conc e o ac úa de muchos modos y no
sola. Mos emos de inmedia o o os modos
'O7
NADEL,
The
Nuba,
Lond es,
1947,
p.
268.
de ac ua esa mo i ación económica: la
mue e puede ep esen a en el p oceso so-
cial el paso de un miemb o del g upo de
consumido es al conjun o de los bienes de
consumo -canibalismo, asplan e de ó ga-
nos- con lo que la diac isis debe á si ua se
en un ins an e del p oceso i al en que el
decla ado cadá e esul e ap o echable, es é
en su pun o. En sociedades di e enciadas en
las que el a amien o del en e mo es á en
manos de g upos especializados y el del ca-
dá e en las de o os, y ambos ac úan a cam-
bio de una e ibución, la elección de la dia-
c isis puede esol e se en un con lic o de in-
e eses. Todo lo cual puede pa ece pu a
banalidad, pe o no po ello deja de con i-
bui a lo que es amos llamando mo i ación
de la diac isis.
Menos apa en emen e banales, en segui-
da se e, esul an o os ac o es de mo i a-
ción que sólo dando a la palab a una acep-
ción que, si no se explici a con p ecisión,
pa ece excesi amen e elás ica, es posible
llama económicos, aunque sin duda pod ía
y has a debe ía hace se po que se solapan
en e amen e con los an e io es. Aquí en p i-
me é mino la na u aleza misma de los de-
echos que se a ibuyen al indi iduo y su e-
e so, las obligaciones que ecaen sob e el
g upo, y los medios que habi ualmen e ie-
ne aquél de hace los ale - ue za ísica,
oz, p esencia-
y
és e de cumpli las -pién-
sese en un ejemplo ex emo, la alimen ación
po ía enosa. El di e so g ado en que esas
obligaciones suje an a los miemb os del g u-
po
y
si ello gene a en el in e io de és e una
segmen ación, en cuyo caso oda ía ac úan
o as mo i aciones de la diac isis bajo la o -
ma de las obligaciones del segmen o más
di ec amen e a ec ado pa a con los segmen-
os que lo es án menos, y de és os pa a con
él, obligaciones ecíp ocas que pueden e-
ne el mismo o dis in o signo, que la de esos
segmen os pa a con el indi iduo, o unas el
mismo y las o as dis in o. En la medida en
que las obligaciones a ec an al g upo en su
o alidad
o
en que el segmen o más di ec a-
men e inculado po ellas o ma una unidad
ela i amen e au ónoma, es a á en libe ad
de suspende sus o as ac i idades pa a de-
dica se exclusi amen e a ésas, pe o esa li-
be ad end á un lími e ob io: el que le im-
pongan las ac i idades que no se pueden
suspende sin iesgo de desa ende la p opia
subsis encia. Si el segmen o no o ma una
unidad au ónoma, sino inse a en una ed de
obligaciones y de echos con o os segmen-
os, exis e la posibilidad de que pueda dedi-
ca se ín eg amen e a cumpli sus debe es
pa a con el indi iduo po que a sus p opias
necesidades sub engan los o os segmen os
p esos en la misma ed, pe o ambién la de
que el lími e de las a enciones que p es e al
mo ibundo enga ma cado no sólo po la
necesidad de a ende a su p opia subsis en-
cia, sino además po la ineludibilidad de los
se icios que enga que p es a a los es an-
es segmen os.
Nó ese que odo lo an e io es una e-
ducción esquemá ica y abs ac a, y es o lo
decimos no an o pa a insinua oblicuamen-
e cuán o más nume osos y a iados son en
ealidad los ac o es mo i an es de la diac i-
sis, sino sob e odo pa a señala la amplia
medida en que esul an ebeldes al esque-
ma, po que hay en e ellos una imb icación,
un solapamien o, un cons an e juego de cau-
sas y de e ocausas. Lo cual no qui a que la
dominan e y p ime a sea la que an plás ica-
men e exp esaba el mi o nuba que ep udi-
jimos, la necesidad de a a como a oncos
a cie os indi iduos que con su p esencia
in e ie en en el no mal desa ollo de la ida
del g upo. El p oblema aho a es comp en-
de cómo si la mue e es un signo a bi a ia-
men e escogido po el g upo pa a dispone
de algunos de sus miemb os ha podido desa-
olla se la c eencia de que esos miemb os
de los que se dispone después de odo no
son oncos. Dicho de o o modo: cómo
puede concilia se la in ención de la mue e
con la in ención de la supe i encia.
Una p ime a espues a de inmedia o se
nos ocu e: plan ea es a cues ión equi ale a
ol ida odo lo dicho hace un ins an e. La
mue e no es un hecho biológico, sino un
signo que pe enece al p oceso social. No es
que al indi iduo al que le ha sob e enido le
ocu a algo p ecisamen e aho a y hace un
ins an e no. Es sólo que el g upo decide
en e a lo, o lo que es igual des e a lo, de-
sen ende se de
él,
en suma. Más no po que
su p oceso i al se co e de un modo súbi o
e inequí oco, sino po que la comunicación
se da po conclusa y o a. No hab ía en on-
ces supe i encia en el sen ido de que no
hab ía mue e más que como des ie o, como
alejamien o. Se lo lle an, inú il, silencioso,
impene able. Lo que luego le ocu a es
cuen a suya. De ahí la incohe encia de las
ep esen aciones del asmundo, el desin e-
és que cons a ábamos en lo e e en e a la
ida después de la mue e, la acuidad de
odas las imágenes que gua dan alguna ela-
ción con ella. Pa ece en onces que el p o-
blema es also, que no hay nada que conci-
lia : si la mue e es in ención se á p ecisa-
men e po que la supe i encia no lo es. Pe o
es cla o que es o es an sólo juga con las pa-
lab as. La única supe i encia conciliable
con la in ención de la mue e se ía la me a
con inuación del p oceso i al, cuyo cu so
e ec i amen e la mue e, sólo un signo, no
al e a. La única supe i encia no p oblemá-
ica se ía en úl imo ex emo la supe i en-
cia ósea e inmó il. Mas, como en su luga
imos, y en o os emos, no es en és a en la
que co ien emen e se c ee o más bien en
és a no se c ee, o no se c ee que sea supe -
i encia. En las que se c ee es en o as que,
incohe en es como son, en algo al menos
son cohe en es: en que son incohe en es con
la p opia diac isis. En que el mue o no so-
b e i e como mue o, sino como i o. En
que ese miemb o del g upo del que ha habi-
do que deshace se po quie o y po callado,
en e ado -des e ado- comienza a mo-
e se y a habla , sigue caminos pelig osos,
sal a mon añas, pasa íos, e a Dios. Supe -
i encias, en in, cuya in ención cla amen e
colide con la in ención de la mue e.
¿O
al ez no? ¿No se án las dos in en-
ciones, mue e -diac isis- y supe i encia
no ya compa ibles, sino indisociables? Des-
pués de odo, los nuba de Ko do án no a-
a on a aquel onco como a an a los on-
cos. Si uno cae, hacen leña de él u o o uso o
allí lo dejan que se pud a, o a lo sumo lo
apa an a un lado, si cae sob e e eno cul i-
ado o impide el paso.
A
aquél del mi o lo
ado na on con lo es, lo acompaña on en
p ocesión
y
lo en e a on. Así que, si bien se
mi a, a los mue os en ealidad no los a an
con10 a oncos, sino como a aquel onco al
que no a a on como onco. Se di ía en-
onces que la diac isis au o iza e ec i amen-
c al g upo a dispone de cie os indi iduos,
pe o igual que no en cualquie ins an e, sino
en
uno p eciso, ampoco de cualquie modo,
sino de uno de e minado. Nos a e emos a
deci que en el ins an e en que mue o ale
más que i o y de al modo que alga más
mue o que i o. Nues a idea es és a: ese
indi iduo co pó eo se conse a i o an o
iempo como lo pe mi en las mo i aciones
de la diac isis que apun ábamos, que es, más
bien que odo el iempo en que el g upo
puede conse a lo aunque él sea inú il, odo
el iempo en que él es ú il al g upo.
Y
se
in en a la diac isis, en luga de deja que el
p oceso i al siga su cu so, pa a dispone de
lo inú il de al o ma que se pueda conse -
a lo ú il, conse ando lo ú il.
Inú il lo e a ya en cie o sen ido an es de
que la diac isis in e inie a y la comunica-
ción se die a po conclusa: desde que dejó
de
pode a ende a cie as obligaciones que
le
incumbían. Pe o e a ú il aún en cuan o
que de en aba de e minados de echos, po -
que el e e so de esos de echos suyos lo
cons i uían obligaciones que suje aban, a a-
ban, ligaban al g upo y10 a un segmen o de
él. Sujeción, a adu a, ligadu a que lo e an
del g upo espec o del indi iduo sólo apa-
en emen e, en ealidad del g upo espec o
de sí mismo, po la sencilla azón de que el
g upo incluye al indi iduo, lo compone po
en e o, y sólo pensa se,
y
mal, pueden sepa-
adamen e. Pe o ambién po que el g upo
sólo consis e en esas sujeciones y en o as
como ellas, sólo se ag upa po la ue za de
esas ligadu as y de ligadu as del géne o de
ésas. La acep ación de cie a o ma de su-
pe i encia no es en onces ni dis in a, ni
más mis e iosa que la a ención que se dis-
pensa al anciano, o al en e mo, an inú iles
ya pa a sí mismos -si hubie a sí mismos-
como el onco nuba. La una y la o a, la
a ención a los minus álidos iniciales
y
la su-
pe i encia de los minus álidos e minales,
no esponden sino a la p opia
y
au ológica
necesidad que el g upo iene de se g upo.
Ese N. N. que ha llegado al momen o diac í-
ic0 socialmen e con enido y del que el g u-
po ha dispues o, incluso de o ándolo, so-
b e i e po que e ec i amen e no e a sólo
un indi iduo co pó eo, pe o no po que ue-
a algo más que un cue po, sino po que e a
algo dis in o de un indi iduo. E a un cen o
"
de elaciones, un nudo en el en amado del
g upo social. El cue po puede de o a se,
pe o el nudo no se puede. Relaciones espe-
cí icas que se en ablaban a a és de él no
pueden in e umpi se de un golpe sin que el
g upo mismo se ea amenazado de disg e-
gación.
The whole e en
(de la mue e)
...
shakes
he mo al ounda ions o socie y108.
Idea que los
ba a de Madagasca exp esan más exac a y
plás icamen e. Cuando uno mue e, un ami-
lia suyo se asoma a la pue a de la casa y
p onuncia es as palab as:
Vo epa en es mo ,
je ous l'annonce, nous i ions a ec le mai e, nous
sommes oas mo s.
Y
uno de los ecinos que
espe an ue a, un homb e, le con es a:
Nous
sommes é onnés, Ze pilie mai e du i lage es om-
pulo9.
Y
es o se dice no de un je e. La desc ip-
ción comple a del une al de ese mue o
ecoge al inal la ad e encia que se la hace
así:
Ton nom quand u é a j- i a z n'es plus on
nom mo , ca on nom es main enan Nd iani eha-
na i u.
Y
Nd iani ehana i u es el nomb e
que se da a un mue o si e a un
ou jeune
homme, jeune em ne.
El
nom mo
de un je e o de
un homb e pode oso es Nd iamand ebaka-
i ullO.
Desde es a pe spec i a, la supe i encia
es á en la p opia ine cia de las elaciones
sociales, en la misma igidez de la es uc u-
a del g upo. N.N. o, pa a el caso, Nd iani e-
hana i u es á mue o. Pe o ese o o de e -
minado indi iduo, o ese animal o ese obje o,
ese luga , no dejan de se el he mano o la
muje o el amigo de Nd iani ehana i u, el
mejo de sus o os, su casa o su si io en ella.
De e minadas p opiedades son aún las su-
yas, oda ía es suje o de cie os de echos.
Y
en nues a opinión en odo es o hay que e
o a cosa que a ec uosa memo ia o pe eza
lingüís ica o a i icio ju ídico.
O
hay que e
los
B.
MALINOWSKI,
Magic, science and eligion,
Lon-
d es, 1925,
p.
51.
'O9
J.
FALTBLÉE,
La cohésion des socié és ba a,
Pa ís,
P.U.F.
1954,
p.
16.
110 FAUBLÉE,
opci .
p.
21 S.
men e
al
an e io , pe o, colno es
lógico,
es
111hs iiume aso que
61,
y
en cie o modo, si lo
ecoge
es
hacia
su
pe i e ia.
Be cíose he e-
/n zOi2sk$
o
bei
u
iucs
o
he inas e o he e as
(se e ie e a
la
ce emonia inai, que acaba-
mos
de
desc ibi )
hp
lg ge hegJi shouZd be129.
Y
el dado de
la
ies a se lo dice bien cla a-
men e
a
la nue a:
I
e ke Óee azd come zui h
i .
..
o hc k.iisba zds
c
ybs ehild en ha key zaky
d iek be ~.
.
No neneiona
de husbands o ycu
sis eu,
aunque ambiGi1 elloa es en p esen es,
ecojan pied as,
beben
ce eza y en eguen
lanzas. La ce emonia se celeb a po la mis-
lila nue a
a
la
que
s~
ái1 cl 6,
pe o el g upo
es o o qae el
que
la e n ea ó, un g upo más
nume oso
y
cuyo cen o se ha desplazado.
En cie o modo, la ampliaciiin del g upo se
ha p oducida po
la
es au aci6n de la alian-
za cancelada (ya en onces dejamos hecha la
cau elosa ad e encia de que quizá ue a me-
jo habla
de
suspensibn que de cancelación)
po la niie ac: las aaxilia es del iudo Io so11
a nbikn
del
hijo
y
sus
ma idos pasan a inc e-
men a el
p i~llio.
Pe o es au aei611 de la
alianza puede que
sea
u~a exp esión enga-
ñosa. Pa que
el
cen a de ese g upo
se
des-
plaza hacia
una
luz~a gene ación
y
así no
es
la alianza ma imonial la
que
se es au a,
sino n16s bien e1 pa en esco bila e al
el
que
se econoce
y
can
él
la doble iliación en que
se
unda.
-4
ese
hijo
que
da
la
ies a
y
en el
que el g upo aho a se ceii a, el
i~do
y
la
mue a
lo
l~icie on
cal
su
día. cada uno con
su iizi a. el semen
que
eyacul6 61 en el o -
gasmo. la sec eción ag~nal de ella du an e
el coi o. Ambos, el mi a del pad e
y
e1 de la
nad e.
iie on
el_iíc.,zlos
del
nbisimo gude,
oz~l o n
ihiZA,
cuyo
cong eso sólo hizo ecun-
da la u iion, aunque ue más ue e el del
pad c, pues de o o nlodo no hab ía nacido
un a ón, sino
una
hija. Alas sin los dos nzi a
s
si a alguno de ellos
le
hubie a al ado su
mbisimo, la uni61-1 hab ía esul ado es é il.
Pad e
y
nad e u ie on que segui copulan-
do pa a que
el
e o -nganda-, que es
a soul
zui h a u~zde eloped body,
pudie a comple a su
o inacibn, aunque a pa i de aquella unión
inicial en que los dos mbisimo se conjuga-
on, sólo el pad e con ibuyó a su c ecimien-
o con su nzi a, la mad e lo hizo con la
sang e que economizaba desde que cesó su
mens uación.
When a woman
i
wi h child a
g ea anzou z o blood collec s in he body and he
child is in he mids o
hi'
blood, a li le hing like
a young a (o mouse s liza d)
...
When
i
has
eached he s age o a human being he blood
..
now
o ms a small ne .
..
in he cen e o which he child
Zi es
...
I is his which hey cal1 likikjwo
...
130.
Deci , pues, que la alianza ma imonial
anulada se es au a no es en absolu o el me-
jo modo de desc ibi la nue a si uación.
Más bien ocu e lo que an es decíamos, que
se desplaza el cen o de alianzas, pasa a una
nue a gene ación en la que aquella alianza
cancelada es á ecogida en un nue o indi i-
duo que ue p oduc o suyo, que ella compu-
so. Aho a bien, ese ánsi o de una gene a-
ción a o a, de la alianza ma imonial
a
la
doble iliación, es co ela i o -si simul á-
neo o no, no lo sabemos, nues os in o mes
no dicen nada cla o al espec o- de la des-
composición de o a doble iliación,
la
que
la p opia muje mue a enca naba, pues am-
bién ella nació de la unión de dos nzi a,
pa e no y ma e no, po ado cada uno de un
mbisimo,
y
haugh he Zande appea s ge ze ally o
hink
o
a pe son ha ing a single mbisimo which a
dca h goes o he land o ghos s, a he head o
s eams
...
(de i ed om he a he , in spi e o wha
is saz2 abou he mo he 's co-ope a io z
n
i s c ea-
ion), he o en pu s
i
o wa d
in
disc ission ha
he e is a second soul which changes a dea h in o a
o enz animal o a clan131.
Así pues, en algún
momen o después de la mue e los que p o-
bablemen e sean dos mbisimo de la muje
se
sepa an: uno ma cha hacia las uen es de
los íos
y
i e allí en compañía de los o os
a o o -manes se ía la aducción más ade-
cuada- del clan pa e no, mien as el o o se
ans o ma en un animal o em del clan de
la que ue su mad e.
Con lo cual pa ece que la mue e es un
p oceso simé ico e in e so al de la concep-
130
EEVANS-PRITCHARD,
((He edi y and ges a ion as
he Azande see hem)), en
Social
An h opology
and
O he
Essays,
p.
243
SS.;
c .
p.
250.
13'
EVANS-PRITCHARD,
íbidem, p.
247.
El anacolu o
de
la ci a no es impu able a su au o , sino a la mu ila-
ción a que noso os la hemos some ido.

ción
y
la ges ación. El likikpwo, ese
small
ne .
..
in he cen e o which he child li es es lo
úl imo que se o ma y lo p ime o que se des uye,
cuando el especialis a en bagbu duma lo quema y
a oja después las cenizas al agua pa a des ui su
pode . Luego cada uno de los mbi imo e o na al
clan co espondien e, el ma e no bajo una o ma
animal que e oca inmedia amen e el ecue do de
aquel young a o mouse o liza d
en medio de la
sang e mens ual e enida -aunque la e o-
cación enga que queda en eso, en e oca-
ción. Cada clan ecibe la pa e con que
con ibuyó a la o mación de esa muje que
ha mue o. Así que, del mismo modo que no
podía deci se que ue a la alianza ma imo-
nial que pasaba po ella la que en la ce e-
monia de e minación del duelo se ea i -
maba, sino la nue a consanguineidad que
con su nzi a, con su sec eción aginal, ella
con ibuyó a ins au a , ampoco es aquella
alianza ealmen e la que se cancela, sino o a
alianza p e é i a que la doble iliación de la
mue e pe pe uaba, enca naba. Po exp e-
sa nos de un modo chocan e: cuando mue e
esa zande quien en ealidad mue e no es
ella, sino su mad e. Fó mula és a más bien
c íp ica, pe o que en dos palab as se explica.
Los azande es án di ididos en un g an nú-
me o de clanes pa ilineales exógamos. Mas
como al mismo iempo econocen la doble
iliación, la exogamia se ex iende al clan
ma e no:
no man may ma y o ha e sexual ela-
ions wi h any membe o his clan, and his holds
equally o all membe s
o
his mo he 's clan. These
egula ions a e explici , and he p ohibi zon is
ex ended, hough no so igidly, o include he clans
o he g andmo he ~'~~.
Es ob io que el man e-
nimien o inde inido de la exogamia incu-
lada a la doble iliación no esul a iable ni
aún si, como es el caso,
Zande clans a e le-
gi~n'~~.
La descomposición que la mue e
azande p o oca en los indi iduos que la su-
en p opo ciona el mecanismo co ec o
adecuado. Sólo el mbisimo pa e no pasa a
inco po a se a los a e o, el ma e no se se-
pa a de él y huye bajo la o ma del animal de
su clan. Es en ese sen ido en el que esc i-
bíamos que cuando mue e esa muje quien
en ealidad mue e en ez de se ella es su
mad e: el clan de és a se desp ende del g u-
po de los o os es clanes con los que ha
es ado empo almen e asociado y aspasa
la on e a den o de la cual el ma imonio
y
cualquie elación sexual se ía inces uosa,
uel e a in eg a se en esa legión d? los cla-
nes de los que puede oma se muje .
El p oblema es á en que, así como la
concepción y el comienzo de la ges ación, la
unión de los mbisimo en suma, ocu en y
se econocen en un momen o más o menos
p eciso, en cambio el de la sepa ación de los
mbisimo, o sea, el de la mue e como desen-
lace de un nudo de elaciones de máxima
simplicidad
y
en e amen e gené ico, ela-
ciones de p oc eación, que es án en el o i-
gen mismo del indi iduo, nues as uen es
no saben p ecisa lo, sino que 1o.desc iben
agamen e como si ocu ie a ue a del iem-
po o en uno an imp eciso que no es ningún
iempo. Lo que aquí amos a sos ene es
algo muy sencillo: que la inde inición en
que queda el iempo de ese p oceso no se
debe ni a con usión de ideas de los p opios
azande, aunque sea exac o que
Azande do no
p e end o know much abou he li e beyond he
g a e134,
ni a desin e és o descuido de los in-
o mes e nog á icos que sob e ellos posee-
mos, sino a que e ec i amen e la sepa ación
se p oduce ue a del iempo. A i mación que
no iene nada de cap ichosa, sino que p e-
ende o a ez ajus a se a la li e alidad de los
in o mes:
Azande says ha a a he 's ghos will
some imes equen his g a e and will some imes
isi he homes eads o his chz'ld en and ake an
in e es in hei a ai s. Bu no one akes much in e-
es in a g and a he
1
ghos and none a all in he
ghos s o ye mo e dis an ances o s
...
Thei ideas
abou he ghos o a a he a e compa a i ely sha p
and de ini e, bu ghos s genealogically u he e-
mo ed ailo i..
135.
Todo lo que necesi amos es
lee en es as ases lo que en ellas es á esc i-
o: de e minan e en la disolución de
unghos
no es el anscu so empo al, sino la dis ancia
genealógica. Sólo que hay que en ende las
de e dad como es án dichas y en onces e-
co da algo an ob io que es muy ácil pasa -
'"
SELIGMAN,
op
ci .
p.
501.
:33
Ibidem.
134
EVANS-PRITCHARD,
«Zande
heology)), p.
321.
'3J
Ibidem,
p.
325.
lo po al o: que esa muje no es aba sepa a-
da po la misma dis ancia genealógica de
odos los amilia es que le han sob e i ido,
de unos e a hija, de o os e a he mana, de
o os mad e, abuela quizá. Con es o, lo que
noso os hemos desc i o como un p oceso
que necesi a ía un iempo pa a p oduci se
cob a un aspec o dis in o. En ealidad, la
mue a puede muy bien posee , an p on o
como in e iene la diac isis, a ios es a u os
esca ológicos, puede muy bien es a simul-
áneamen e en a ias ases de ese supues o
p oceso. Pa a sus hijos mien as i an se á
un
ghos ..
.
compa a i ely sha p and de ini e,
pe o
pa a que se di uminen esos sus asgos p eci-
sos no iene que espe a a que los hijos mue-
an: desde el día siguien e de la ce emonia
de e minación del duelo sus nie os no se in-
e esa án apenas po ese
ghos ,
y sus biznie-
os, si los u ie a, nada en absolu o. Su des-
ino esca ológico puede desc ibi se como
un p oceso, pe o no lo es, es la p oyección
de un p oceso, del p oceso po el que en el
p opio g upo unas gene aciones suceden a
o as y pa a que nue os lazos se a en en las
nue as los caducos ienen que desa a se en
las iejas. Lo que, digámoslo de paso, nos
pa ece da ía una excelen e explicación de
es a no icia, de o o modo enigmá ica:
Some-
imes one hen speople say o a e y old ela i e ((he
is ou a o o)) o when ambzjzino (so lls) lea e bodies
a dea h hey become a o o (ghos s o he dead)136.
Y
si aquella muje mu ió jo en y no enia
más que hijos, pa a adqui i un nue o es a-
u o esca ológico -sin pe de el an iguo-,
pa a pasa po una nue a ase del apa en e
p oceso -sin mo e se de la an e io , nó ese
es o- no iene sino que espe a a que sus
hijos le den nie os, del mismo modo que,
como acabamos de deci , no sald á de la p i-
me a supues a ase has a que sus hijos mue an.
Recué dese aquella ase, que quisimos cho-
can e: cuando mue e esa zande quien mue e
en ealidad no es ella, sino su mad e.
Aho a bien, una de las úl imas ci as que
an p o usamen e hemos in e calado en las
páginas p eceden es es á a bi a iamen e
ampu ada, lo mismo que alguna de las no i-
'"
EEVANS-PRITCHARD,
((He edi y and ges a ion as
he Azande see hem)),
p.
247.
cias que hemos usado en nues a a gumen-
ación. La ampu ación no p e ende ocul a
ninguna de las e idencias que hemos podido
ecoge , sino que obedece al deseo de pos-
pone su conside ación. La ci a a que nos
e e imos comple a debe ía deci :
b14 ghos s
genealogically il he emo ed ail o (h o he
no ion o Mbo i»13'.
Las no icias que en nues-
a a gumen ación hemos usado incomple-
as son las que se e ie en a la concepción y a
la ges ación. No hemos dicho en ese luga , y
hubié amos debido hace lo pa a espe a
en e amen e los in o mes que poseemos, que
ni el nzi a del homb e ni el de la muje
poseen po sí mismos mbisimo. Si lo ienen,
es po que Mbo i lo puso en ellos.
Y
su papel
en la enida de un niño al mundo -o de una
niña, po no abandona aho a
a
esa zande
cuya mue e nos ha lle ado a odas las e le-
xiones an e io es- no e mina cuando in-
unde el alma en el semen pa e no y en la
sec eción agina1 de la mad e, sino que p o-
sigue du an e la ges ación. Los azande c een
que a una muje emba azada que es é do -
mida no se la debe despe a , ya que Mbo i
es á en ese ins an e modelando a la hija que
lle a ella en su seno y si se ie a in e umpi-
do súbi amen e en su labo , como sin duda
ocu i ía de despe a se la mad e con sob e-
sal o, se le i ía a él la mano y el niño nace ía
de o me138.
Según Lagae y Philipps, hlbo i es el se
sup emo. Mas el lúcido análisis que E ans-
P i cha d hizo de las p uebas en que los dos
au o es apoyan su opini6n
y
los nue os da os
que él mismo apo a demues an cla amen e
que puede que Mbo i sea el dios sup emo de
Monseño Lagae
y
del capi án Philipps, pe a
de los azanda no lo es. Los azanda no dis-
inguen a Mbo i de los a o o. En sus plega-
ias y en sus i os, los a o o
y
Mbo i son in-
e sus i uibles, sus es e as de pode se con-
unden, esiden en el mismo luga , bajo ie a
- his in e ela ion is also shown
i z
p aye s o
po e s who call alike on Mbo i and he ghos s when
hey a e diggzi g o ~layl~~-
y lle an allí
he
same shadowy kzizd o exis ence140.
Incluso en la
"'
C .
sup a n .
135.
I 8
EVANS-PRITCHARD,
&ande heology)), p.
296.
'"
Ibidem, p.
325.
I4O
Ibidem, p.
321.
ac i a pa e que oma Mbo i en la p oc ea-
ción de un niño, in undiendo p e iamen e
los mbisimo, lo sus i uyen ocasionalmen e
los a o o. Todo lo cual lle a a E ans-P i -
cha d a conclui :
The no ion o Mbo i accoun s
in a ague and gene al manne o all he ghos s
-&ey go o whe e Mbo i is~, (c hey a e wi h
Mbo i)), say he Azande.
I
ha e no doub ha
Mbo i may be conside ed, ha is o say ha he is
el by Azande o be, a ague gene alized uni y o
he ghos s o he depa e
a'...
Thei indi ia'uali y is
los and only he no ion o Mbo i emains o accoun
o hem141.
Los pun os suspensi os es án po
la ase que an es dejamos incomple a y a la
que luego añadimos
in o he no ion o Mbo i.
Tal conclusión esul a, espec o del a -
ículo de que lo es, decepcionan e, y espec-
o de la a gumen ación que nos es amos es-
o zando po cons ui , po encialmen e pe-
lig osa. Es decepcionan e que un agudo y i-
gu oso es ue zo c í ico desemboque en la
me a sus i ución de un dios sup emo ocioso
y emo o, mal pe ilado e inde inido, po
una unidad agamen e gene alizada de los
espí i us de los mue os. Sus i ución ade-
más sólo apa en e, po que si ol idamos dispu-
as escolás icas, en e amen e i ele an es,
ninguna di e encia hay en e esos dos mons-
uos me a ísicos. Po o a pa e nos pa ece
ad e i cie a somb a de con adicción en
al in e p e ación de los da os: si lo en en-
demos co ec amen e son
esosghos sgenealo-
gically u he emo ed,
en los que se nos acaba
de deci que nadie se oma el meno in e és,
los que se unden en la noción de Mbo i.
Pe o ocu e que és e, quienquie a que sea,
juega un papel de cie a conside ación, no
desdeñable, en la ida de los azande. In un-
de los mbisimo en el semen y en la sec e-
ción aginal, modela al niño en el seno ma-
e no,
does in u h wonde ul hing~'~~, can also
assis people in his ~o lg~~,
y con ola las llu-
ias, además de se
a big king o gho~ s'~~.
En
suma. su in e ención en los asun os de los
"l
L.c., p. 325.
142
L.c., p. 296.
"%.c., p. 321.
14'
J.
E.
T.
PHILIPPS, ((Obse a ions on some aspec s
o eligion among he Azande)),
Jou nalo he Royal An h-
opological Ins i u e,
1726, p. 177, EVANS-PRITCHARD, l.~.,
p. 303 SS., 313 SS., 321.
i os es más ac i a
y
amplia, más cons an e
y
más impo an e que la de ese
a he 'sghos
...
compa a i ely sha p anddejhi e
que odo lo que
hace es isi a de ez en cuando su umba y
su i ienda y oma algún in e és en los ne-
gocios de sus hijos. Con lo cual en onces,
cualquie zande debe ía si acaso paga espe-
cial espe o y a ención jus amen e a los
ghos s
genealógicamen e más emo os, mu-
cho más que al de su pad e que, nó ese bien
es o, mien as i a él no abandona á sus as-
gos p ecisos, no pe de á su indi idualidad,
no sald á de aquella p ime a ase que aho a,
desde la pe spec i a que E ans-P i cha d
adop a, esul a se algo así como la an esala
del pode , una especie de no iciado de la
mue e.
Además de decepcionan e, hemos dicho
que esa conclusión nos pa ece pelig osa pa a
la a gumen ación que es amos cons uyen-
do. Todo nues o es ue zo es po comp en-
de la supe i encia a pa i de la ine cia de
las elaciones sociales, de la igidez de la
es uc u a social. Pe o en Mbo i opeza-
mos con algo pa ecido a un concep o esca-
ológico au ónomo. Pod íamos deja que se
pensa a que esa inal disolución ma ca p e-
cisamen e el in de la ine cia de las elacio-
nes, la elajación de ini i a de la igidez de la
es uc u a: libe adas de odos los lazos de
ecindad y pa en esco y ma imonio, las pá-
lidas somb as se subsumen en esa unidad
e minal, aga y gene alizada. Mas al a i -
mación se ía en e amen e con adic o ia con
nues a esis. El indi iduo co pó eo sob e i-
e a la diac isis, dijimos en su mo en o, no
po que sea algo más que un cue po, sino
po que es algo dis in o de un indi iduo, un
cen o de elaciones, un nudo en la malla
del g upo social. Cuando el nudo se desa a,
cuando la igidez de la es uc u a cede y se
elaja, la supe i encia simplemen e se acaba.
No queda pálida somb a ninguna pa a i a
da a ese ma que se ía Mbo i. En ningún
momen o hay pálida somb a. Lo que hay
desde un p incipio son elaciones p ecisas
en e los i os, que pasaban a a és del
mue o -o de la mue a-
y
que con inúan.
Desapa ecidas ellas, odo desapa ece. Ese
Mbo i, sue e de des ino úl imo de no se
sabe muy bien qué, iene implicaciones de-
moledo as pa a nues a esis. Sea lo que ue-
e lo que en él se subsume y mezcla, es nece-
sa io que sea algo que odos los homb es
engan en común, independien emen e de
las elaciones p ecisas que en e los i os
exis en; algo que los mue os conse an po
algún iempo y luego en egan. Pues és e es
el segundo aspec o en el que Mbo i desa ma
nues o a gumen o: dijimos que el des ino
esca ológico de la muje azande, aunque
podía desc ibi se como un p oceso, no lo
e a, sino que e a en ealidad la p oyección
del p oceso po el cual, a medida que en el
g upo supe i ien e unas gene aciones su-
cedían a o as, los lazos iejos se iban desa-
ando pa a que se pudie an anuda o os
nue os. Pe o pa a es a zambullida de ini i a
en Mbo i, el impulso mal puede eni del
cambio gene acional: los biznie os no se in-
e esan en absolu o po ese
ghos ,
los nie os
apenas y pa a los hijos conse a siemp e
asgos p ecisos y de inidos. No se e en cuál
de esas gene aciones, o menos oda ía de las
siguien es, el juego de las elaciones en e
los i ien es que la compongan pod ía hace
que la mue a se inco po ase a la unidad a-
gamen e gene alizada de los di un os.
Tend íamos, pues, que o echaza esa
concepcion de Mbo i o abandona nues a
idea. Po que co egi la diciendo que la ine -
cia de las elaciones es compa ible con la su-
pe i encia an asmagó ica equi ale a ab i
un po illo po el que oda su ue za se le a.
Sin emba go, c eemos que no hay mo i o
en ealidad ni pa a abandona nues a idea
ni pa a echaza esa concepción de Mbo i;
an es al con a io, apoyándolas la una en la
o a pod emos lle a las a las dos a sus úl i-
mas consecuencias.
Pa a hace lo, hemos de ol e a oma
las ce emonias que siguen a la mue e en un
momen o de e minado, el de la enganza,
pa a p ecisa su desc ipción en un ex emo
al que no dimos su icien e elie e. Dijimos
allí que la a ibución de la mue e a la b u-
je ía gene a un es ado de hos ilidad di usa
en el que se a i man los lazos de consangui-
neidad y se hacen p eca ias las alianzas; así
adquie en és as la impo ancia que ienen y
uncionan como lo hacen. Mas no pusimos
én asis en el hecho de que hay al menos un
indi iduo del g upo que no gua da pa en es-
co de sang e con la mue e y a pesa de ello
queda a sal o de esa pleama de enemis ad y
suspicacia: el je e del dis i o an e quien,
sabido el nomb e del b ujo asesino, habia de
lle a se la acusación
y
cuyo o áculo enia
que co obo a su jus eza pa a que él au o i-
za a la enganza o impusie a la indemniza-
ción. Ese je e del dis i o es quizá el ey o, si
no, un p íncipe de su sang e. Su conduc a
an e la mue e es siemp e anómala, dis in a
de la de odos sus súbdi os,
y
no sólo po
es a inmunidad suya a la sospecha de b uje ía.
Si la que mue e es su p opia muje , no adop-
a esa ac i ud de ex ema humildad que con-
iene a los demás ma idos, sino que se limi a
a co a se el cabello, a gua da lu o de uno o
dos días y a ecibi los egalos que a él le
hacen los no ables y las gen es de su co e,
egalos que aspasa a los amilia es de su
muje . Más singula aún: si un hijo suyo en-
e ma mo almen e, como sea posible se le
aslada á ue a de la co e pa a que mue a
en e los pa ien es de su mad e. En in, si es
el mismo ey, o pa a el caso el je e del dis i-
o, el que cae en e mo
y
a a mo i
he
i
akeiz
sec e ly by nigh o some place know z oizly o his
sons and o some o he leading melz. The se ioz s
illness o a chie is kep a sec e om his cozd , aizd
hzi sons appea he e as usual.
..
A
chie is bu ied
sec e ly a nigh
iiz
he galle y o es
i?z
a i e
bank
...
Fo nze ly he ea h was smoo hed dozu z, so
ha none knew whe e he chie was bz4 ied.. e en
now nobody is allowed o isi he g a el4?
Todo
lo cual con as a i amen e con las p ác icas
mo uo ias que en las páginas an e io es
he-
mos comen ado.
Cie o que la singula idad de la conduc a
del ey zande y de sus je es de dis i o no se
mani ies a sólo con ocasibn de la mue e
ajena o p opia, sino de múl iples modos a lo
la go de oda su ida. Pa a cumpli las un-
ciones que le a añen, que en su mayo pa e
son judiciales, debe es a po encima de oda
sospecha espec o de los deli os en que ha
de en ende y sus ae se a cualquie o ma
de alianza que pudie a media iza su equi-
dad. Aunque ome po muje es a hijas de sus
súbdi os, és os no se ans o man en sus pa-
14'
SELIGIWN,
Pagn z
T ibes
o
he ATilo ic
Suda j,
p.
5
38
s.
ien es polí icos, sino sólo en más leales
clien es suyos, a los que él no debe se icios
y ni siquie a pagos, pues en las lanzas que les
da lo que se mues a y econoce es su gene-
osidad -ni dis in a ni di e en emen e ma-
ni es ada que en las o as muchas ocasiones
en que la usa- y no los de echos de ellos146.
Como ampoco con ae con sus súbdi os a-
e nidad de sang e se man iene lib e de odos
los ínculos de alianza que pod ían de ene -
le o a a le en la e elación y el cas igo de la
hos ilidad, a cuyo uso bajo cualquie a de sus
o mas él es inmune y enuncia14'.
Mas aunque él se man enga al ma gen
an o de la hos ilidad como de la alianza,
has a cie o pun o las gene a a las dos. La
a i mación puede esul a acep able y com-
p ensible po lo que se e ie e a la alianza,
as lo que en el pá a o an e io decimos. El
ey no con ae alianzas que puedan pa aliza
su jus icia p ecisamen e po que pa a eso si -
en en la p ác ica muchas de las que exis-
en: pa a eludi la jus icia del ey, de la que,
en ese sen ido, son un p oduc o. Que seala
jus icia del ey la que gene a ambién la hos-
ilidad, no hacia él, sino en e sus súbdi os,
ya esul a más di ícil de en ende . Sin em-
ba go, es muy simple. La mayo pa e de los
casos en que iene que in e eni a an acu-
saciones de b uje ía, o de adul e io, dos deli-
os de los que es di ícil p esen a p uebas su-
icien es. Su sen encia se basa en onces en
la adi inación o acula , en la que ecu e al
mismo o áculo que sus súbdi os, el eneno
benge, usando la misma écnica que usan
ellos cuando lo consul an. No hay más que
una di e encia, pe o una di e encia impo -
an e: las espues as del o áculo del ey ie-
nen alidez legal y las de los o áculos de sus
súbdi os no. Sin duda puede aduci se como
undamen o de la alidez inapelable que se
econoce al o áculo del p ime o el consenso
gene alizado que hace que cualquie zande
acep e que puede, sin sabe lo, se b ujo y
Ibidem, p. 5 15.
C .
ambién E. EVANS-PRITCHARD,
«The Zande S a e)), en
Theposi ion
o
Women in P i ni iue
Socie ies and O he Essays in Social Ah h opology,
Nue a
Yo k, 1965,
p.
126.
14'
E.
E. EVANS-PRITCHARD, ((Zande Blood-B o he -
hoodn, en
Social An h opology and O he Essays,
p. 261.
culpable de deli os de b uje ia.
The wing o a
owl killed by benge is sen by some eliablepe -
son, p e e ably he chie s depu y, o he suspec ed
wi ch. The e is a adi ional manne in which o
accep such missi es, which e e y Zande is su e o
ecei e some ime. I is bad o m o show ange a
he z'nsul , no should one iolen ly disc aim man-
gu, o a hea e e y Zande is doub&l: any man
may be a wi ch h ough no aul o bis o~nl~~.
Y
se
pod ía quizá añadi que, g acias a la alidez
inapelable del o áculo del ey, ((la b uje ia y
las ideas que con ella se elacionan, escapan
a su modo de exis encia en la conciencia,
exis encia in o mulada, como conjun o con-
uso de sen imien os, pa a con e i se en
da os de e~pe iencia))'~~. Pa a segui c eyen-
do en la b uje ia hace al a sal a la cohe-
encia del sis ema, elimina las con adiccio-
nes en que puedan incu i los o áculos p i-
ados. No o a unción cumplen los o ácu-
los del ey. Los azande acep an y obedecen a
sus eyes y a sus p íncipes no po que sean
jus os, sino po que son
cou ageous in se ling
dispu es and do no mind gi ing hei decisions
quickly and s aigh ly150. Gbudwe always ga e clea
and decisi e judgemen s when cases we e b ough
be o e him, which is wha Azande like, and hey
con as him in his espec wi h his eldes son
Basongoda, who
...
in bis desi e o spa e o oplaca-
e people
...
ga e wha became known as ngbanga
Basongoda, Basongoda decisions, a emp s o show
ha nei he diqu an was en i ely in he igh o
ha bo h we e in he zgh . Azande do no Zike
his151.
Tan a es ima p o esan los azande a las
sen encias concluyen es, decisi as, cla as,
que la saga que na a los o ígenes de la ea-
leza los incula p ecisamen e a la capacidad
de da las: el p ime ey del que los azande se
econocie on a u u -súbdi os- i ía de
adolescen e con un ío ma e no suyo. Un
día p esenció cómo su ío in e enía en un
li igio po adul e io y daba el so p enden e
e edic o de que las dos pa es enían azón.
El muchacho -su nomb e e a Basenginon-
SELIGMAN, op ci .
p.
523 s.
L49
C .
C.
LÉ I-STRAUSS,
An opologia es uc u al,
Bue-
nos Ai es, Eudeba, 1969.
lJO
SELIGMAN, o.c., p. 502.
lJ1
EVANS-PRITCHARD, ((Zande Kings and P inces)),
en
Social An h opology and O he Essays,
p.
2
19.

ga- decla ó que aquella e a una mala sen-
encia, po que sin duda los dos li igan es,
ue es cada uno con la azón que se les
había econocido, eno a ían su dispu a en
cuan o ol ie an a sus casas. Así que juzgó
o a ez el caso po sí mismo y o denó a una
de las pa es que paga a ein e lanzas de
indemnizacisn a la o a. Su decisión le alió
la ap obación y la obediencia del pueblo y
de su p opio ío ma e nolS2.
Después de lo que hemos esc i o, no e-
sul a á en absolu o so p enden e que la saga
ol ide deci nos si la sen encia ue jus a
y
e-
cue da sólo que no ue ambigua, sino cla a y
decisi a, como debe se la palab a de los e-
yes y la que a los eyes se hable. Pues esa
ma ginación de la hos ilidad y la alianza que
el ey debe obse a se ex iende incluso al
lenguaje. Los azande gus an ecuen emen-
e de usa lo de un modo oblicuo y o uoso,
es ilo que les es an ca ac e ís ico y an p o-
pio que incluso ienen una palab a pa a de-
signa lo, sanza.
Sanza is
a
ci cumlscu o y o m
o speech o ac z'on in wich wo ds andges u es ha e
hidden meanings di e en om he mani es
meanz'ng andgene ally mali~iousl~~.
En e sí, los
homb es del común hablan sanza muy habi-
ualmen e, pe o con los eyes y los p íncipes
se abs ienen de hace lo, del mismo modo
que de ellos espe an no sen encias sanza, no
ngbanga Basongoda, sino jus amen e pala-
b as cla as, uní ocas, decisi as.
Pa ece que es e excu so nos haya lle ado
muy lejos de nues o obje i o momen áneo
que e a mos a cómo la jus icia del ey ge-
ne a la hos ilidad, no hacia él, que queda
ue a de su alcance, sino la in e na en e sus
súbdi os. Pe o si el ey iene ue za bas an e
pa a sen encia cla a
y
decisi amen e
y
ha-
ce que sus sen encias se cumplan, asigna a
és as un papel subo dinado a la c eencia en
la b uje ía, de me o medio pa a sal a la
cohe encia del sis ema eliminando las con-
adicciones en que puedan incu i los o ácu-
los p i ados, esul a un p ocede bas an e
pe eg ino, casi an o como c ee en la b u-
lJ2
SELIGMAN,
op
ci .
lJ3
EVANS-PRITCHARD,
((Sanza.
A
cha ac e is ic ea-
u e o Zande language and hough )),
Social An h opolo-
gy
and O he Essays,
p.
347.
je ía. El despo ismo au oc á ico, esponsa-
ble s6lo an e sí mismo, iene p ime o. Le
sigue el emo que gene a en e sus suje os,
y las secuelas del miedo, la sico ancia
y
los
celos en e los p óximos al ey, el apa a-
mien o de los más
y
el ocul amien o
y
la sus-
picacia de odos, las mu uas acusaciones, la
ansiosa hos ilidad de unos súbdi os con a
o os, que no espe a al ey po que és e
apo e una sa is acción de e dad más densa
y más ica que la sa is acción de jus icia, ni
po que ga an ice la cohe encia men al del
g upo, sino po que amenaza su segu idad
ísica. Puede llama se a eso c eencia en la
b uje ía, pe o ambién puede llamá sele de
muchos o os modos, menos pin o escos.
Pa a noso os lo mejo aho a es no llama lo
de ninguno, deci solamen e que la hos ili-
dad gene alizada no es o a cosa que la ex-
pec ación de la sen encia pa icula izada,
imp edecible y amenazan e.
Si es a a i mación es cie a, y no emos
cómo pod ía no se lo, el ce emonial en-
gado que páginas a ás desc ibimos cob a
un aspec o nue o y dis in o po que se ins-
c ibe en un con ex o inespe ado, en el con-
ex o de elaciones que no son de pa en es-
co consanguíneo, ni de alianza, en el con-
ex o de las elaciones ey -súbdi os, gbia-
a u u, y de las elaciones en e los súbdi os,
pe o no en an o que pa ien es, ni aliados, ni
ex años, sino en an o que súbdi os del ey,
en an o que a u u del gbia. Cie o que la
inicia i a apa en e la oman los consanguí-
neos del mue o lle ando su acusación an e
el ey. Pe o en un plano más p o undo -no
mucho más, a deci e dad- esa apa en e
inicia i a pie de oda su espon aneidad, se
ans o ma en la acción p esc i a e ine i a-
ble en el ma co de las elaciones ey-súbdi-
os, gbia-a u u, igen es. La hos ilidad di u-
sa que subsigue a la acusación no es en ea-
lidad un p oduc o inmedia o de la mue e,
es sólo, como acabamos de deci , la expec-
ación de la sen encia inapelable. P onun-
ciada és a, la hos ilidad se o ien a, se pola i-
za. Sigue la enganza
o
la indemnización, los
ges os que ejecu an la sen encia
y
cancelan
esa hos ilidad, o más que cancela la la gene-
alizan o a ez, pe mi en el e o no del g u-
po a su si uación no mal, a la hos ilidad di-
usa e indi e enciada, expec an e.
Es en la ine cia de es as elaciones donde
c eemos que ha de busca se el luga de esa
noción de Mbo i. Pe o en iéndasenos bien:
en la ine cia de las elaciones gbia-a u u,
ey-súbdi os, no en la ine cia de las elacio-
nes gbia- u u, ey-súbdi o. La dis inción ie-
ne capi al impo ancia. Po que, según nues-
a esis, la supe i encia como ine cia de
las elaciones es á en las p opias elaciones
obje i as en e los supe i ien es, no en las
imagina ias de és os con los mue os. En las
elaciones que el mue o enca naba, pe o en
las que él en ealidad no e a un é mino,
sino la misma elación. Esas le sob e i en,
en ésas sob e i e. El p oblema es á en que
en la elación ey-súbdi o cada súbdi o pa-
ece se lo de su ey sin miemb o in e pues-
o. Se di ía que no hay malla en la que su
mue e deje un hueco; que no enca na la e-
lación, sino es un é mino de ella, que sólo
iene o o, el ey. Pe o es cie o que es a e-
lación ey-súbdi o ca ece de exis encia, es
impensable como elación en e dos é mi-
nos singula es. Relación polí ica, el segundo
de sus é minos sólo se concibe plu al. La
mue e de un u u sí que ab e en onces hue-
co en una malla: la de esa colec i idad de
odos los a u u que es á en elación de de-
pendencia espec o del gbia, dependencia
que incluye la esponsabilidad solida ia po
la in eg idad del g upo.
Y
la enganza con
su co esano ce emonial si e pa a más que
pa a ea i ma la consanguineidad: si e pa a
ea i ma la sumisión de los a u u al gbia, la
au o idad del gbia sob e los a u u. La ami-
lia consanguínea la econoce no solamen e
some iendo a su supe io decisión la opo -
unidad de oma enganza y acep ando la
que él quie a concede le, sino, es nues a e-
sis, po el hecho mismo de pedi la. El g upo
asesino es ob io que la econoce ambién
cuando paga la indemnización que se le ija.
Solici ada la enganza, designado el culpa-
ble, sa is echa la mul a, la mue e se hace
polí icamen e acep able.
Es o es Mbo i, la ine cia de las elaciones
gbia-a u u, ey-súbdi os. Son elaciones muy
complejas y Mbo i lo es ambién. Pe o ago
no nos pa ece, ni con uso, ni di ícil. Mbo i
es el ey: algunos p íncipes lle an ese nom-
b e. Al in oca Mbo i se hace el mismo ges-
o de e e encia que al ace ca se a un p ínci-
pe. De un p íncipe mue o se dice:
Ou Mbo-
Z"54.
Pe o a la ez Mbo i es el súbdi o, cada
súbdi o:
I
ha e e en hea d Azande
...
some zines
-peak o m bisimo s, my soul,
...
and some zines o gi
mbo z; my Mb~ i'~~.
Po que es el ey y es el
súbdi o que mue e, Mbo i es inmune a la
sospecha de b uje ía:
whils
...
he
j.
awa e o all
dea hs, he is no explici ly conside ed a ac o
ziT
causing he~zl~~.
Todo apun a en el mismo
sen ido. Más oda ía. La di icul ad que a i-
ba señalábamos de concilia la inal disolu-
ción en Mbo i con nues a a i mación an e-
io de que el des ino esca ológico de la ya
ol idada muje azande de nues o ejemplo,
aunque podía desc ibi se como un p oceso
no lo e a, aho a se es uma. Tan p Qn o como
in e iene la diac isis, además de los es a u-
os esca ológicos que dijimos, la mue e ie-
ne es e o o. No se ol ide que E ans-P i -
cha d lo dice:
The no ion o Mbo z' accoun s
...
o
all he ghos s
...
may be conside e
d...
a
...
uni y o he
ghos s o he depa ed.
De odos, en onces. Aun-
que luego lo ol ida y añade que de
losgenea-
logically u he em0 e8~~.
Mas no po ningu-
na azón especial. P obablemen e sólo po -
que los asgos ela i amen e de inidos que
conse an los más p óximos le pa ecen in-
conciliable~ con la unidad y aguedad de
Mbo i. Pe o esa unidad no iene o a causa
que la de que uno de los é minos de la ela-
ción ahí ine e es siemp e el mismo, el gbia.
Ni esa aguedad o o mo i o que el de se la
p opia elación gbia-a u u más aga y gené-
ica que las elaciones de pa en esco que el
mue o enca naba.
El con as e en e la simplicidad iolen a
del ejemplo anala y la complicación ex e-
ma de es e ejemplo azande es muy i o. Es
ambién olun a io. Exp esamen e lo he-
mos que ido así. Hubié amos podido acom-
paña el ejemplo anala con o os más sim-
ples, más b e es. Pe o mul iplicando los
ejemplos simples co íamos el iesgo de in-
IS4
EVANS-PRITCHARD,
«Zande heology)),
p.
299.
l5%idem,
p.
324.
lS6
Ibidem,
p.
300.
lJ7
Ibidem,
p.
325.
duci a e en la mue e y en la supe i en-
cia los ma cos en si acíos que cada pueblo
puede llena con sus c eencias esca ológi-
cas, de p esen a la mue e, que ya sabemos
que un hecho biológico no es, como un he-
cho social in a ian e del que cada pueblo
puede ene una concepción di e en e.
Con el di ícil ejemplo azande nues a idea
queda mejo ilus ada. Pa a explica lo que
pa a los azande es mo i y sob e i i hemos
enido -o hubié amos enido- que aludi
p ác icamen e a odos los aspec os de su es-
uc u a social
y
de su o ganización polí ica.
Y
la consecuencia que de aquí que emos
saca es p ecisamen e és a: que la mue e y
la supe i encia no son hechos sociales aisla-
bles, ma cos acíos. Inse as en con ex os
sociales p ecisos, eciben de ellos algo más
que su sus ancia: su p opia o ma, indisocia-
ble de la es uc u a social conc e a, incom-
p ensible y has a di íamos que i ecognos-
cible si se a anca de ella.