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Intensidad energética de la economía española una perspectiva integrada

Ramos Martín, Jesús

Abstract

Entender la relación entre el PIB y el transflujo de material y energía a lo largo del tiempo en las sociedades modernas es crucial para entenderla relación entre la sustentabilidad y el crecimiento económico. En este artículo se usa información disponible sobre los cambios en el uso de la energía y el comportamiento de la economía española (en el período 1960-2001) para comprobar la validez de la "hipótesis de la intensidad de uso o de la curva en forma de U invertida". Esta es una hipótesis optimista que pretende que el crecimiento económico es benigno para el medio ambiente dado que conduce hacia la "desmaterialización" del proceso económico. La evidencia muestra que, por el contrario, España ha ido aumentando su intensidad energética en el período de tiempo analizado. ¿Vendrá este aumento seguido de una posterior caída de la variable (como sugiere la hipótesis e la U invertida)? o por el contrario debemos buscar unas hipótesis alternativas y estudiar los cambios en el consumo de energía como movimientos entre "puntos atractores"? Si este es el caso, ¿Qué sectores de la economía son los responsables de este comportamiento y cuáles son los mecanismos que lo provocan? Para poder responder a estas preguntas utilizo en este artículo tres métodos de análisis no equivalentes que se complementan el uno al otro. (1) Un análisis convencional de la intensidad energética basado en una interpretación económica; (2) Un análisis evolucionario basado en los diagramas de fases; y finalmente (3) Un análisis integrado del metabolismo de los diferentes sectores económicos.

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19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 Intensidad energética de la economía española: una perspectiva integrada Jesús Ramos-Martín* Istituto Nazionale di Ricerca per gli Alimenti e la Nutrizione Via Ardeatina 546, 00178 Roma, Italia Tel.: +39 06 51494439 [email protected] RESUMEN Entender la relación entre el PIB y el transflujo de material y energía a lo largo del tiempo en las sociedades modernas es crucial para entender la relación entre la sustentabilidad y el crecimiento económico. En este artículo se usa información disponible sobre los cambios en el uso de la energía y el comportamiento de la economía española (en el período 1960-2001) para comprobar la validez de la “hipótesis de la intensidad de uso o de la curva en forma de U invertida”. Esta es una hipótesis optimista que pretende que el crecimiento económico es benigno para el medio ambiente dado que conduce hacia la “desmaterialización” del proceso económico. La evidencia muestra que, por el contrario, España ha ido aumentando su intensidad energética en el período de tiempo analizado. ¿Vendrá este aumento seguido de una posterior caída de la variable (como sugiere la hipótesis e la U invertida)? O por el contrario debemos buscar unas hipótesis alternativas y estudiar los cambios en el consumo de energía como movimientos entre “puntos atractores”? Si este es el caso, ¿Qué sectores de la economía son los responsables de este comportamiento y cuáles son los mecanismos que lo provocan? Para poder responder a estas preguntas utilizo en este artículo tres métodos de análisis no equivalentes que se complementan el uno al otro. (1) Un análisis convencional de la intensidad energética basado en una interpretación económica; (2) Un análisis evolucionario basado en los diagramas de fases; y finalmente (3) Un análisis integrado del metabolismo de los diferentes sectores económicos. Palabras clave: España, desmaterialización, CKA, equilibrio puntuado, intensidad energética, atractores, metabolismo social. * Profesor visitante de la Universitat Autònoma de Barcelona y candidato a doctor en Ciencias Ambientales (Economía Ecológica) por la misma universidad. 1 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 1. INTRODUCCIÓN Recientemente el tema de la desmaterialización de las economías desarrolladas, o la reducción de la intensidad material de la producción a lo largo del tiempo, ha ganado popularidad en el ámbito de la economía ambiental y ecológica. Por ejemplo, la hipótesis de que un menor uso de energía y recursos en la producción de un determinado nivel de valor añadido podía representar una solución a la compatibilidad ecológica del crecimiento económico futuro fue discutido en un número especial de la revista Ecological Economics dedicado a la llamada Curva de Kuznets Ambiental (Vol. 25, 1998). Esta idea ha sido defendida fundamentalmente por una serie de “optimistas tecnológicos” que vienen en su mayoría de la Ecología Industrial (como Von Weizsäker et al. 1997). Es interesante notar como esta aproximación al análisis de la actividad productiva desde una perspectiva biofísica por medio del análisis de flujos de energía y materiales no hace más que recuperar parte del pensamiento clásico que ya puso énfasis en los condicionantes de la producción. Esta nueva perspectiva rompe, sin duda, con un análisis económico que últimamente se ha venido centrando en exclusiva en el funcionamiento de los mercados y en el comportamiento de los actores. En nuestro país esta tendencia al análisis biofísico ha tenido precursores como Naredo y Campos (1980) que analizaron los flujos energéticos ligados a la agricultura española y que han continuado con el trabajo de esos mismos autores y otros (Naredo y Gasco, 1996) para el caso de las cuentas del agua. Es de destacar, no obstante, como ha surgido, en especial para el análisis de los flujos de materiales, lo que podríamos llamar una “escuela española” que vendría representada por Carpintero (2002) y por Arto (2002), que presentan asimismo unos excelentes trabajos en el presente número. Mi contribución aquí se centra, sin embargo, en los flujos de energía de la economía española a lo largo del tiempo y su relación con el proceso de desarrollo económico. La llamada hipótesis de “la intensidad de uso” fue introducida por Malenbaum (1978) y establece que el nivel de ingreso es el principal factor que explica el consumo de materiales. Esto es, durante el proceso de desarrollo económico los países tenderían a aumentar el consumo de energía y materiales al mismo ritmo que el crecimiento en el nivel de renta, hasta que se alcanzase un determinado nivel. A partir de entonces, sin embargo, sería esperable un proceso de desacoplamiento entre crecimiento económico y consumo de materiales. Esto provocaría que ulteriores crecimientos en el nivel de producción no conllevasen un aumento en el consumo de energía y materiales a la misma tasa. Esta hipótesis se conoce como la curva de Kuznets Ambiental (CKA) o la curva en forma de U invertida. De acuerdo con esta hipótesis los países desarrollados deberían estar desmaterializándose – necesitando cada vez menos cantidad de materiales por unidad de producción – porque ya habrían alcanzado ese umbral de ingreso (o el pico en las series históricas). Por el contrario, los países en desarrollo estarían todavía inmersos en una fase de materialización. Sin embargo, se dan una serie de problemas con los estudios que apoyan esta hipótesis que serán discutidos más abajo. En concreto, los resultados se basan en la utilización del supuesto de “ceteris paribus” aplicado a series históricas, y por tanto se hace muy difícil generalizar, especialmente hacia el futuro. Es decir, no se está teniendo en cuenta la llamada Paradoja de Jevons (Jevons 1990), que relativiza la importancia de las mejoras en la eficiencia energética para reducir el consumo total de energía. Por otro lado, una reducción del consumo de 2 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 recursos por unidad de producto no implica necesariamente una reducción en términos absolutos. Esto es importante dado que, de hecho, el posible impacto ambiental derivado del consumo de energía y materiales vendrá determinado por los niveles absolutos de consumo. Por último, la mayoría de estudios no ha tenido en cuenta como el factor “tiempo” es relevante a la hora de cambiar el impacto de una sociedad a través del consumo de energía y materiales. Por todo ello se presenta aquí un análisis integrado de la intensidad energética que nos permite generar descripciones no equivalentes de la evolución de la intensidad energética. La discusión sobre la desmaterialización es especialmente relevante dado que se piensa que la curva de Kuznets ambiental puede relacionar el impacto ambiental (como por ejemplo los requerimientos de energía para la economía y la contaminación resultante en forma de CO2) con una medida de generación de bienestar material como es el PIB. En el siguiente análisis se considerará el proceso económico como la producción y consumo de bienes y servicios a través de la transformación de energía y materiales. Daly (1991: 36) ha llamado a esta transformación el transflujo, o ‘transflujo’ en ingles, que será la terminología utilizada aquí. Es decir, el flujo físico entrópico de materia y energía proveniente de fuentes naturales hacia la economía, que es transformado en su seno, y que es devuelto a la naturaleza en forma de residuos. Este flujo puede llamarse también el “flujo metabólico” de una sociedad, en terminología de Georgescu-Roegen (1971). De ahí que recientemente se hable de “metabolismo social” (Martinez-Alier 1987; Fischer-Kowalski 1997). El análisis presentado aquí sobre la evolución de la intensidad energética en España se basa en la simplificación de considerar el nivel de transflujo de un país como un indicador de su impacto ambiental. La falta de datos detallados sobre diferentes tipos de contaminantes y su localización específica no nos permite la posibilidad de realizar, en paralelo, diferentes estudios para comprobar los cambios en diferentes transflujos materiales ligados a esos contaminantes. Esta es la razón por la que, en general, se utilizan datos sobre el consumo de energía y materiales como variable aproximada de la consiguiente salida de residuos. Es decir, se usan evaluaciones del lado de los insumos del transflujo como indicador de impacto ambiental. La mayoría de los estudios sobre la intensidad de uso asumen una relación lineal entre la evolución del PIB y el transflujo biofísico. Tal y como se ha mencionado antes, la mayoría de estos estudios muestra: (1) un transflujo creciente asociado al crecimiento del PIB en las fases iniciales del desarrollo, y (2) un crecimiento del transflujo cada vez menor en relación con el crecimiento del PIB para los principales países desarrollados (la llamada fase de desmaterialización). No obstante, la evidencia del caso alemán (De Bruyn, 1999) muestra que a veces esta relación no es continua, sino que muestra determinados saltos. Este comportamiento ha sido ya comprobado para el caso de la economía española (Ramos-Martin, 1999, 2001), en donde se observó con claridad la falta de continuidad de la variable intensidad energética a lo largo del tiempo, sugiriendo, por tanto, la validez de la aplicación de la teoría del “equilibrio puntuado” (Eldridge y Gould 1972) al caso de los sistemas económicos (Gowdy 1994). La novedad de lo presentado aquí, sin embargo, se corresponde con una evaluación integrada de las tasas de metabolismo exosomático1 de varios compartimentos (o sectores) de la 1 El consumo exosomático de energía implica el uso de fuentes de energía para conversiones energéticas que se producen fuera del cuerpo humano (a diferencia del endosomático) para el metabolismo de una sociedad, pero 3 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 economía española, con el fin de caracterizar su desarrollo económico y su metabolismo energético. El modelo usado ha sido presentado en Giampietro y Mayumi (2000 a, 2000 b), y ha sido utilizado por Falconí (2001) y Ramos-Martin (2001) para evaluar la historia reciente del desarrollo económico en Ecuador y España respectivamente. La utilización de este nuevo enfoque no equivalente para analizar la evolución de la intensidad energética nos permite obtener una descripción diferente para un mismo hecho. Esto se obtiene por el hecho de: (1) centrarse en el desarrollo de la productividad económica y energética de los diferentes sectores de la economía e incluir en el análisis al sector de los hogares, generalmente descuidado en el análisis de la curva de Kuznets ambiental, y (2) combinar indicadores biofísicos (como la asignación del tiempo disponible por los humanos relacionado con el consumo de energía por unidad de actividad humana) con indicadores económicos. Por tanto, la estructura del resto del artículo es: La sección dos presenta de forma breve las explicaciones teóricas sobre la desmaterialización que se pueden encontrar en la literatura, así como un análisis sobre la posible validez de la teoría del equilibrio puntuado. La sección tres presenta el modelo de evaluación integrada de las tasas de metabolismo exosomático de los diferentes compartimentos económicos, poniendo el énfasis en el lado de la demanda (el sector de los hogares). La siguiente sección presenta los resultados para el caso de España, así como una discusión sobre la evolución de la variable intensidad energética, para acabar en la sección 5 con conclusiones generales tanto a nivel metodológico como en cuanto a la interpretación de los datos obtenidos. Por último, un breve apéndice explica como se han realizado los cálculos y cuáles han sido las fuentes de información estadística. 2. MARCO TEÓRICO ACERCA DE LA DESMATERIALIZACIÓN 2.1 La teoría tradicional La relación entre el PIB y el transflujo de materiales y energía ha sido analizada principalmente mediante el uso de la ratio intensidad energética (oferta primaria energética total dividida por el PIB). Esta es la relación que ha mostrado una curva en forma de U invertida para algunas economías, dando lugar al concepto generalizado de desacoplamiento o desmaterialización. Tradicionalmente (Mielnik y Goldemberg 1999: 307; Opschoor 1997) el desacoplamiento se ha explicado mediante tres factores: i) El cambio estructural en la economía, cambiando de sectores altamente intensivos en energía a otros menos intensivos, ii) Mejoras en la eficiencia energética, y iii) Cambios en los patrones de consumo Este determinismo del ingreso (Unruh y Moomaw 1998: 222) implica, según sus defensores, que un aumento en el crecimiento económico es una buena política para el medio ambiente. De hecho, esa mayor riqueza llevaría, más tarde o más temprano, a un desacoplamiento entre el consumo de energía y materiales y el nivel de riqueza material, reduciendo, por tanto, el impacto ambiental de la actividad económica. No obstante, hay diversos problemas con la que todavía están bajo el control de los humanos, como por ejemplo la energía contenida en, y la utilizada por, la maquinaria. 4 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 hipótesis de la CKA. En particular, dos puntos tienen mucho que ver con el análisis aquí presentado: (1) el esperado desacoplamiento implica solo una desmaterialización débil (por unidad de PIB), pero no una desmaterialización fuerte o absoluta (un decrecimiento en el metabolismo del sistema). (2) el desacoplamiento ocurre solo una vez el país ha alcanzado un determinado umbral de renta y consumo de energía y materiales per capita. Mirando a los valores mundiales, ese umbral queda todavía muy lejos para la mayoría de la población. Desde un punto de vista ambiental el segundo punto es muy importante, dado que el nivel final de transflujo de la economía mundial vendrá determinado cuando todos los países alcancen el esperado umbral (admitiendo que eso sea posible). Ese cuándo determinará, de hecho, el tamaño final de la población mundial. Para complicar algo más las cosas, se podrían añadir dos explicaciones adicionales para entender mejor la desmaterialización de algunas economías desarrolladas. La primera idea está ligada a la idea de transmaterialización. Es decir, las economías de muchos países desarrollados están usando nuevos recursos (o recursos que antes usaban pero que ahora hacen de otra forma). Esto puede implicar que los cambios que nosotros estamos analizando usando viejos indicadores de contaminación no reflejan necesariamente el estrés ecológico inducido por las economías modernas. Si este es el caso, la CKA simplemente “no ve” lo que está sucediendo en la realidad. La segunda explicación es similar, dado que se trata de nuevo de una mala representación del fenómeno al usar la CKA. Cada vez más a lo largo de las últimas décadas una fracción determinada de la actividad económica requerida para el mantenimiento del metabolismo social de los países desarrollados, especialmente aquella que es intensiva en energía y recursos, se ha trasladado hacia los países en desarrollo. En este caso, las hipotéticas fases de desmaterialización del Norte solo serían una externalización de la fase de posible rematerialización del proceso económico, conllevando a su vez el desplazamiento del impacto ambiental ligado a la producción a los países en desarrollo. En otras palabras, no estaríamos ante un proceso real de desmaterialización, sino más bien ante un resultado derivado de una especie de “mentira epistemológica”. Los daños al ambiente que se deben a la “externalización de la actividad económica” no aparecerían al realizar nuestro análisis al nivel del estado. En conclusión, incluso admitiendo que algunos países se encuentran en una fase de desmaterialización (como muestran Jänicke et al. 1989), el debate completo acerca de la desmaterialización puede ser estéril si hacemos caso a los resultados obtenidos por De Bruyn y Opschoor (1997). Ellos nos muestran como algunos países se encuentran, de hecho, en una fase de rematerialización que sigue a una anterior de desmaterialización. Esta “hipótesis del re-acoplamiento” implica que una inversión de tendencia siempre es posible, incluyendo a aquellos países que se puedan encontrar en la actualidad en una fase de desmaterialización. De acuerdo con esta hipótesis, la curva del transflujo versus el PIB per capita no seguiría la forma de una U invertida, sino más bien la forma de una N (dependiendo del intervalo de tiempo que analicemos). Esta nueva hipótesis implica, por tanto, la existencia de tres fases: (1) El uso de recursos crece de forma paralela al crecimiento de la renta. (2) Esta fase de 5 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 capitalización de la economía viene seguida de una reducción en la tasa de rematerialización, en la cual el mayor aumento en la producción ocurre en el sector de los servicios. (3) En este punto una nueva fase de materialización puede comenzar en cualquier momento (por ejemplo al introducir nuevas actividades en el proceso económico). Esta fase suele continuar hasta que nuevas innovaciones tecnológicas permitan un nuevo desacoplamiento (aumento en la eficiencia de las nuevas actividades). 2.2 Los datos empíricos del cambio en la intensidad energética de la economía española El análisis basado en el marco teórico de la anterior sección solo refleja la relación entre el PIB y el consumo de energía comercial, considerado como una variable aproximada de un indicador intensivo del transflujo de la economía. La variable “intensidad energética” se define pues como la división entre la Oferta Total de Energía Primaria2 entre el PIB, y se expresa en mega joules por dólar de PIB en valor constante de 1995 (MJ/US95$). Cuando representamos esta variable para la economía española (véase Figura 1), observamos que la misma ofrece un continuo crecimiento en el horizonte temporal definido en nuestro estudio, en contra del comportamiento de otras economías desarrolladas de la OECD (RamosMartin, 2001). [Figura 1] Hay dos aspectos que merecen atención de la anterior figura. El primero es que la economía española está aumentando la intensidad energética a lo largo del tiempo sin lugar a dudas. En segundo lugar, esta tendencia no es continua. De hecho podemos observar como la intensidad energética aumentó muy rápidamente de 1963 a 1981 (de 4,21 a 6,96 MJ/US95$), permaneciendo alrededor del valor de 7 MJ/US95$, con ligeros altibajos, hasta 2001, año en el que la variable tomó el valor de 7,20 MJ/US95$. Por lo tanto, de acuerdo con esta figura podemos decir que España no sigue la hipótesis de la curva en forma de U invertida. No obstante, alguien podría argumentar que esto se debe al hecho de que España no ha alcanzado todavía, pero lo hará en el futuro, el punto de inflexión a partir del cual se produciría la desmaterialización. Esta observación no tiene lugar para el caso de España. Tal y como muestran Unruh y Moomaw (1998: 225), la mayoría de países desarrollados que siguen la CKA muestran su “año pico” o punto de inflexión durante la década de los 1970. El año que marca el cambio suele venir ligado a valores del PIB per capita que se encuentran entre los 9000 US$ (con Austria en el lado bajo) y los 15000 US$ (con Estados Unidos en el lado de renta alta). La mayoría de los países, no obstante, se encuentran en un valor de unos 11000 dólares per capita. España, que está lejos de ser una economía que se base tanto en el consumo de energía como Estados Unidos o Canadá, debería mostrar un comportamiento más parecido al de Austria. Sin embargo, todavía mostraba un crecimiento en la intensidad energética el año 2001, tras haber superado ya los 18000 dólares per capita de renta. Por tanto, si la CKA funcionara para el caso de España, debería haber mostrado signos de desmaterialización mucho antes. 2.3 Posibles explicaciones de estos cambios basadas en los cambios en los sectores económicos Algunos autores (Simonis 1989; Jänicke et al. 1989, citado en De Bruyn y Opschoor 1997) afirman que el cambio tecnológico e institucional, o genéricamente el “cambio estructural” 2 Total Primary Energy Suply (TPES) en inglés, y se mide en Mega Joules, siendo 1 Mj = 106 joules 6 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 (que incluye cambios en los patrones de consumo), son las principales causas de la evolución de la intensidad energética. Este hecho puede explicar que tras la crisis del petróleo de principios de los 1970s la intensidad energética en España creciera en lugar de disminuir como lo hacía en otros países desarrollados. En aquella ocasión, el gobierno español, siguiendo los dictados del FMI, compensó el aumento de precios con subvenciones, lo cual pospuso la adaptación de la economía a una nueva situación mundial de precios elevados. Sin embargo, tras la segunda crisis de finales de los 1970s, la intensidad de algunos sectores económicos finalmente decreció debido a dos motivos: (1) el gobierno no usó de nuevo las subvenciones y dejó que subieran los precios. Esto hizo que la energía, como factor de producción, se encareciese no solo en términos absolutos, sino en términos relativos en comparación con otros factores como el capital o el trabajo. Así, la mayoría de las industrias se adaptaron a la nueva situación y mejoraron la eficiencia a la vez que cambiaron su composición de combustibles. (2) Se produjo una profunda reconversión industrial, que empezó a principios de los años 1980s, y que implicó el cierre de numerosas fábricas de corte tradicional, con altos niveles de consumo de energía, como astilleros y fundiciones. Este es el principal factor que parece explicar los cambios en el caso español. Es decir, descensos locales de la variable “intensidad energética” estaban reflejando cambios estructurales (como la reestructuración sectorial mencionada antes) más que un cambio suave en la tendencia y en la evolución de la variable intensidad energética. De hecho, tal y como se muestra en Ramos-Martin (2001) la variable permaneció más o menos estable desde 1960 en el sector de la agricultura y la construcción (aunque hayan perdido peso relativo en la composición del PIB), mientras que el sector industrial, que también ha perdido peso en porcentaje de PIB mantuvo una tendencia descendiente en la intensidad energética. No obstante, los sectores de servicios, el energético y el transporte han mostrado tendencias crecientes en sus intensidades energéticas, así como un mayor peso relativo en la composición del PIB, lo que explica que a pesar de la buena evolución del sector industrial, la intensidad energética de la economía en su conjunto haya continuado aumentando cada año. Finalmente, una explicación adicional de la peculiar evolución de la intensidad energética en España es el hecho de que el país parece no haber transferido todavía muchas de las industrias intensivas en el consumo de energía y materiales hacia los países en desarrollo, en contra de lo que otros países de nuestro entorno, y que siguen la CKA, han hecho. No obstante, para poder comprobar esta última hipótesis, deberíamos disponer de datos en cantidades acerca del comercio internacional y del consumo interno, algo que está empezando a hacerse como demuestran los artículos de Carpintero y de Arto en el presente número. 2.4. Un análisis evolutivo basado en los diagramas de fases La hipótesis de la desmaterialización considera las implicaciones del principio de la física de la conservación de la energía, pero parece ignorar las implicaciones de otras características de los sistemas complejos adaptativos, a los cuales la sociedad humana pertenece. Para una explicación más detallada de cómo podemos entender a las economías como sistemas complejos, véase Ramos-Martin (2003). Resumiendo, se puede ver a la sociedad humana (y a sus subsistemas) como sistemas complejos adaptativos (Giampietro 1997: 83), así como sistemas jerárquicos, en las que cada elemento que los compone opera en una escala espaciotemporal diferente. Por ejemplo, los cambios en la identidad cultural, los cambios 7 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 institucionales, el cambio tecnológico y los cambios en las preferencias individuales ocurren en paralelo, pero con diferentes frecuencias. Esto implica que cuando hacemos escenarios futuros reflejando cambios que se están dando en la actualidad deberíamos basar nuestro análisis no en la aplicación de la cláusula “ceteris paribus”, sino en las características que nos reflejan la naturaleza evolutiva del sistema considerado. Esto es muy importante dado que los estudios que predicen estados de desmaterialización están basados en la extrapolación hacia el futuro de series históricas pasadas. Antes de utilizar este tipo de análisis para recomendar políticas para el futuro, uno debería comprobar si puede esperarse que los patrones que han ocurrido en el pasado (p.e. trayectorias pasadas de desmaterialización) puedan repetirse en el futuro o no. Esto implica entender cual es la escala temporal apropiada que debe usarse para reconocer la existencia de esos patrones y poder, así, extrapolar o no hacia el futuro. Tal y como ya mencionó hace medio siglo Schumpeter (1949: 58) “no es posible explicar el cambio económico únicamente mediante las condiciones económicas previas” (énfasis en el original, mi traducción). Un factor que apoya esta precaución ante esta extrapolación es el hecho de que una mayor eficiencia en el uso de recursos implica un procesamiento de la información y el conocimiento más rápido. Esto conduce, entonces, a un potencial agotamiento de los recursos más rápido debido a la mayor actividad generada (más consumo de energía para alimentar un conjunto ampliado de actividades). Este resultado es la llamada paradoja de Jevons (Jevons 1990). La paradoja de Jevons (también llamada “efecto rebote”, o postulado “Khazzoom-Brookes) afirma que un aumento en la eficiencia en el uso de un recurso conduce, en el largo plazo, a un aumento en el uso del recurso en lugar de a una reducción (Giampietro y Mayumi 2000). En el caso de la energía, implica que una política de promoción de la eficiencia energética en el nivel micro (agentes económicos individuales) puede aumentar el consumo de energía en el nivel macro (toda la sociedad) – Herring (1999). Hay dos aspectos relevantes de esta paradoja para el caso que nos ocupa. Por un lado está el hecho, bien conocido en economía, que mejoras en la eficiencia conducen a un abaratamiento de los recursos, estimulando su uso (la oferta incentivando su propia demanda). Por otro lado, las sociedades, como sistemas complejos que son, funcionan a diferentes niveles jerárquicos. Los cambios definidos en un nivel (como la eficiencia energética en el hogar) no pueden ser extrapolados a niveles jerárquicos superiores (consumo total de energía de una sociedad) por la existencia de numerosas retroalimentaciones y relaciones entre los diferentes compartimentos del sistema en los diferentes niveles (véase Giampietro y Mayumi 2000; y Pastore et al., 2000). En otras palabras, el aumento en la eficiencia de un proceso solo implica mejoras en variables intensivas. Esto llevará a ahorros efectivos de recursos solo si el sistema no se ajusta a este cambio impuesto, mediante la evolución en el tiempo. Los aumentos en la eficiencia pueden usarse tanto para reducir el stress de los ecosistemas (produciendo los mismos bienes y servicios con menos cantidad de recursos) como para producir más bienes y servicios manteniendo el mismo nivel de stress (Giampietro y Mayumi, 2000). Este último resultado es el típico de los sistemas humanos. Por lo tanto, podemos esperar que respondiendo a aumentos en la eficiencia, los humanos aumenten su nivel de actividad o incluso introduzcan nuevas actividades que antes no se podían permitir. La conclusión es que ¡podemos ser más eficientes en el uso de la energía, pero aun así consumir más energía! De acuerdo con lo que se ha discutido hasta ahora en esta sección, es difícil describir el comportamiento de metabolismo social de un sistema adoptando técnicas lineales 8 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 tradicionales de análisis. Por el contrario, el uso de técnicas dinámicas no lineales nos permite observar comportamientos temporales así como cambios intermitentes en el conjunto de variables que utilicemos. Así, por ejemplo, Gowdy (1994) aplica a los sistemas económicos la visión, originada en paleontología, de la evolución vista como un “equilibrio puntuado” (Eldridge y Gould 1972). Este es el nuevo nombre para algo que ya había sido estudiado con anterioridad por Schumpeter, que vio el desarrollo como “cambios espontáneos y discontinuos en los canales del flujo, alteración del equilibrio, que alteran y desplazan para siempre el estado de equilibrio existente previamente” (Schumpeter 1949: 64, mi traducción). Es decir, los sistemas económicos estarían en unas fases estables en las que los parámetros del equilibrio dinámico de su comportamiento energético se mueven alrededor de lo que se conoce como puntos “atractores”. Estas fases estables vendrían seguidas de cambios radicales en el paradigma tecnológico y en la estructura industrial. Esto puede verse como un movimiento hacia otro punto atractor, que da cierta estabilidad al equilibrio dinámico, pero a otro nivel de consumos energéticos dentro del rango viable. La evolución de las sociedades, o el desarrollo, sería, por tanto, el transitar de un atractor al siguiente, o usando palabras de Schumpeter (1949: 66, mi traducción) “llevar a cabo nuevas combinaciones”, en el sentido de cambio estructural e institucional. Una forma de analizar la existencia de esta discontinuidad es por medio de un diagrama de fases. Esta metodología ha sido usada para el caso de las emisiones de CO2 (Unruh y Moomaw 1998), y en el caso de la intensidad energética (De Bruyn 1999; Ramos-Martin 1999, 2001). [Figura 2] El diagrama de fases de la intensidad energética de la economía española se muestra en la Figura 2. En el eje vertical se representa la intensidad energética en el año t (expresada en MJ/US95$), mientras que en el eje horizontal se representa la misma variable para el año t-1. Los puntos obtenidos se unen mediante una línea. De esta forma, si los aumentos en la intensidad energética que vimos en la figura 1 fuesen cambios graduales (tal y como se defiende desde la hipótesis de la intensidad de uso), entonces el diagrama de fases mostraría una línea más o menos recta y con pendiente positiva, implicando mayores intensidades a lo largo del tiempo. Sin embargo, si nos encontramos ante una situación de “equilibrio puntuado” el diagrama debería mostrar la existencia de diferentes puntos atractores en donde los valores que toma la variable intensidad energética se mueven alrededor de unos valores determinados. En el caso que nos ocupa esto es precisamente lo que sucede en dos momentos, uno entre los años 1960-1966, y otro, más difuso, entre 1976-2001. El segundo atractor implica valores para la intensidad energética que se mueven alrededor de los 7 MJ/US95$. Entre estos dos puntos podemos observar un período de transición, que se caracteriza por una re-energetización de la economía. Este tipo de comportamiento, que implica una fuerte no linealidad, viene a reflejar la peculiaridad de los sistemas complejos adaptativos mencionados antes, que se caracterizan entre otras cosas por la existencia de importantes retroalimentaciones y disipación de energía entre los diversos niveles jerárquicos, afectando al conjunto del sistema. 9 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 cierta compresión del consumo. No obstante, una vez que EMRPS alcanzó valores comparables a los de otros países desarrollados (p.e. 300 MJ/h) y que la situación política cambió con la llegada de la democracia, el excedente se dedicó, principalmente a estimular el sector SG (aumentando XSG, por medio de la absorción de trabajadores de la agricultura y al mismo tiempo aumentando EMRSG) y a mejorar el nivel de vida material (aumentando EMRHH). En particular, la capitalización del sector de los hogares está induciendo el marcado aumento en EMR observado antes. Este resultado concuerda con el presentado por Alcántara y Roca (1995, 1996) al analizar los balances energéticos de España, a pesar de las diferencias en la metodología. Por ejemplo, los autores mantuvieron el consumo energético del transporte como un sector aparte, mientras aquí se ha dividido entre el sector de los hogares y los sectores productivos. [Figura 5] Cuando comparamos el crecimiento de EMRHH con el de EMRPW – como se ve en la Figura 5 – podemos ver un desfase temporal que refleja las diferentes elecciones tomadas en el proceso de desarrollo económico. De hecho, cuando España estaba todavía centrándose en una rápida capitalización de la economía EMRPW crecía casi de forma paralela a EMRHH. Sin embargo, en los últimos 10 años, cuando los sectores pertenecientes a PW han ido reduciendo la tasa de crecimiento, el aumento en el nivel material de vida y el aumento en el sector del transporte han sido los mayores responsables del aumento en el consumo de energía, resultando en un aumento de la intensidad energética total – Figura 1. En resumen, el bajo crecimiento poblacional, así como el bajo servicio de la deuda (que puede ser una causa de fuga del excedente) permitieron a la economía española entrar en una espiral positiva de crecimiento económico. El excedente disponible se invirtió primero para permitir un aumento en EMRPW (dETPW > dHAPW). Esta situación condujo a un aumento de la productividad, ELPPW, que permitió un ulterior aumento del excedente (debido al mantenimiento temporal de EMRHH). Cuando se alcanzó un nivel suficiente de capitalización en el sector PS (EMRPS = 300 MJ/h) el excedente se dedicó a expandir el sector SG (absorbiendo los trabajadores de AG con una razonable cantidad de inversión – dado que EMRSG < EMRPS) y a aumentar el nivel de vida material de los hogares, EMRHH. 5. CONCLUSION A lo largo del artículo se han usado tres diferentes enfoques para estudiar el tema de la desmaterialización aplicado a la economía española. El primer enfoque ha sido el convencional, que analiza la intensidad energética desde una perspectiva económica. El segundo enfoque sirvió para describir el comportamiento no linear de la variable mediante la utilización de un diagrama de fases. Por último, el tercer enfoque ha utilizado de forma combinada variables económicas y biofísicas para tratar de explicar el mismo resultado. Los principales resultados obtenidos son los siguientes. En relación con España España no sigue la hipótesis de la intensidad de uso que sugiere una curva en forma de U invertida para la intensidad energética. La variable, más bien, crece a lo largo del tiempo. Por lo tanto se puede concluir que la Curva de Kuznets Ambiental no se aplica para el caso de la energía en España. 16 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 El comportamiento de la variable intensidad energética no es continuo a lo largo del tiempo, sino que presenta una serie de altibajos, y una serie de saltos desde un atractor a otro. Así, los cambios en la intensidad energética se deben básicamente al cambio estructural y a la evolución de las características de los diversos sectores (especialmente HH), tal y como se ha podido ver en la sección 4. El aumento en el nivel de capitalización del sector de los hogares (dEMRHH/dt) es uno de los factores que explica el aumento de la intensidad energética en España. Al pertenecer al lado de la demanda, este sector no suele ser tenido en cuenta en los análisis convencionales sobre la evolución de la intensidad energética. Sin embargo, este estudio muestra que, cuando se diseñan políticas que pretenden reducir el impacto ambiental de la economía deberíamos tener en cuenta cómo se está comportando dicho sector. Son los cambios en el grupo de actividades relacionadas con el consumo los que nos pueden ofrecer claves sobre la posibilidad de movimientos hacia nuevos atractores de menor impacto (siguiendo la teoría del equilibrio puntuado). En relación con la CKA y otras hipótesis de desmaterialización El uso de variables intensivas como la intensidad energética es ciertamente útil, por ejemplo, para elegir entre diferentes procesos que presentes diferentes eficiencias. No obstante este análisis no es relevante desde un punto de vista ambiental, dado que si estamos interesados en el metabolismo de la sociedad tenemos que mirar a las variables extensivas que reflejan el comportamiento del transflujo total. Por ejemplo, el valor de TET es el resultado de los cambios en una variable intensiva (EMRSA) y una variable extensiva (THA). De 1960 a 2001 la población ha crecido de 30,58 millones a 40,23 millones, mientras que EMRSA ha pasado de 2,52 MJ/h a 15,11 MJ/h. Reflejando estos cambios, TET ha variado de 675 PJ a 5330 PJ. Es esta última variable la que nos está indicando, de una manera indirecta, el posible impacto ambiental de la actividad económica española. La existencia de retroalimentaciones entre los procesos que ocurren en diferentes niveles jerárquicos en los sistemas complejos adaptativos implica que no podemos extrapolar resultados de un nivel a otro de una forma lineal. Por lo tanto, necesitamos diferentes herramientas para representar ese comportamiento no linear de las variables consideradas. Parafraseando a Sun (1999) podemos decir que la CKA es solo una reflexión de nuestra percepción de la evolución pasada de la intensidad energética, y no se trata de una guía que nos diga cuando un país está mejorando o no sus problemas ambientales (énfasis añadido). Además, se puede argumentar que no hace falta esperar a alcanzar determinado nivel de renta para poder reducir la intensidad energética (como nos dice la CKA). En cualquier estado de desarrollo se puede reducir la intensidad si existe la voluntad de cambiar los parámetros que determinan la estabilidad de nuestro consumo energético. La hipótesis de la desmaterialización no se mantiene en situaciones de continuo crecimiento económico. Tal y como muestra el caso español presentado aquí y las fases de rematerialización que De Bruyn y Opschoor (1997) encontraron para diversos países desarrollados, es posible que éstos se encuentren en fases de crecimiento entre dos atractores. Por tanto, en lugar de estudiar la trayectoria seguida cuando entra en la senda de atracción de un punto atractor (que es lo que hoy en día se ve en las curvas que muestran “desmaterialización”), sería más interesante estudiar cuáles pueden ser los futuros atractores que nos podemos imaginar. Esto implica que no podemos simplemente esperar a que el crecimiento económico nos resuelva todos nuestros problemas ambientales. Por el contrario, debemos tratar de ver qué cambios estructurales e institucionales son necesarios para evitar 17 19/2003 – UHE/UAB – 25.11.2003 tanto las fases de re-materialización como la repetición de los mismos errores (o tendencias) por parte de los países en desarrollo (es decir, que no caigan en atractores caracterizados por un consumo energético superior). Tiene que tomarse especial cuidado para que la desmaterialización de algunos países (los más desarrollados) se obtenga a costa de una mayor rematerialización de otros (los menos desarrollados). Es decir, debemos contrastar la actual internacionalización generalizada de las externalidades ambientales. Mielnik y Goldemberg (1999) han mostrado que esta es una situación que de hecho se da para el caso del CO2. Así, la actitud de los gobiernos nacionales debería dirigirse a introducir el cambio estructural necesario para invertir la tendencia actual de la intensidad energética, así como a reducir, más adelante, el metabolismo del sistema. Finalmente, el uso de modelos integrados para caracterizar los cambios en las economías basados en el uso de diferentes variables para generar descripciones paralelas de los mismos hechos en diferentes niveles jerárquicos parece esencial cuando estamos hablando de sustentabilidad. La generación de efectos mosaico entre las diferentes piezas de información mejora la robustez del análisis y la posibilidad de obtener nuevas ideas generando un sinergismo en el uso paralelo de las diferentes disciplinas que intervienen en el análisis. AGRADECIMIENTOS Agradezco a Oscar Carpintero por su ayuda con el acceso a algunos datos estadísticos, y al proyecto de la UE, Development and application of a multi-criteria software decision analysis tool for renewable energy sources (MCDA-RES), contrato NNE5-1999NNE5/273/2001, por el apoyo parcial a esta investigación. Así como al Grup de Recerca Consolidat, 2001SGR 00163. REFERENCIAS Alcántara, V., y Roca, J. (1995): “Energy and CO2 emissions in Spain”. Energy Economics, Vol 17 (3): 221-230. Alcántara, V., y Roca, J. (1996): “Tendencias en el uso de la energía en España (1975-90). Un análisis a partir de los balances energéticos”, Economía Industrial 311: 161-167. Arto Olaizola, Iñaki (2002): Necesidad total de materiales de la Comuinidad Autónoma del País Vasco. Serie programa marco ambiental nº 7, IHOBE, Gobierno Vasco. Carpintero, Oscar (2002): “La economía española: el "dragón europeo" en flujos de energía, materiales y huella ecológica, 1955-1995”. Ecología Política nº 23. 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Se ha asumido una carga de trabajo de 1840 horas por trabajador, es decir 46 semanas a 40 horas semanales. La distribución del tiempo de trabajo entre los diferentes sectores se encuentra disponible también en la misma página web. Para la asignación del consumo de energía del sector transporte entre los diferentes sectores se ha hecho el siguiente supuesto: el 50% de la energía se atribuyó al sector de los hogares, mientras que el otro 50% fue al sector de servicios y gobierno. Este último supuesto se ha derivado del consumo medio de los automóviles y del número de coches en circulación para países desarrollados, usando las siguientes fuentes: 1) “Transportation energy data book: edition 17”, Oak Ridge National Lab. 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