El Origen de los partidos políticos en América Latina
Abstract
Alcántara Sáez, Manuel
Full text
EL ORIGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN AMÉRICA LATINA Manuel Alcántara Saez Universidad de Salamanca WP núm. 187 Institut de Ciències Polítiques i Socials Barcelona, 2001
2 El Institut de Ciències Polítiques i Socials fue creado en 1988 como consorcio entre la Universitat Autònoma de Barcelona y la Diputació de Barcelona. El Institut está adscrito a la Universitat Autònoma de Barcelona. “Working Papers” publica trabajos en elaboración, con el objetivo de facilitar su discusión científica. La inclusión de los mismos en esta serie no limita su ulterior publicación por el autor, que mantiene la integridad de sus derechos. Este trabajo no puede ser reproducido sin el permiso del autor. © Manuel Alcántara Diseño: Toni Viaplana Imprenta: A.bis c/ Leiva, 3, baixos. 08014 Barcelona ISSN: 1133-8962 DL: B-31.532-2001
3 1. INTRODUCCIÓN El presente trabajo es un capítulo, prácticamente cerrado, de un libro de próxima aparición, La estructura y la organización interna de los partidos políticos en América Latina, en el que se defiende la necesidad de acercarse al estudio de los partidos en la región a través de otra dimensión que no sea la puramente sistémica, que es la que con mayor profusión ha estado presente hasta la fecha. En este sentido, es evidente que la evolución de los partidos políticos latinoamericanos queda bien reflejada en la literatura politológica, que ha tenido históricamente un lastre triple de naturaleza muy distinta. En primer lugar, el pobre asentamiento de la democracia en la región ha afectado muy significativamente al papel relevante de los partidos y, consecuentemente, al interés del estudio de los mismos. Solamente desde perspectivas nacionales específicas se registraron excepciones en función de la mayor relevancia de las formaciones partidistas. En este sentido, los estudios sobre los partidos chilenos, uruguayos e incluso colombianos fueron un eslabón inédito en el panorama regional. Si ya Ostrogorski había señalado al comienzo del siglo XX que el advenimiento de la democracia rompió en pedazos la vieja estructura de la sociedad política1, ello no iba a ser menos para el alto número de países latinoamericanos que accedieron realmente por primera vez en su historia a la democracia en las dos últimas décadas2 aunque fuera un siglo más tarde. Pero la ausencia de un terreno democrático había supuesto un sesgo evidente de cualquier estudio que hubiera querido tomar toda la región como un único marco de referencia3. Esta circunstancia explica el segundo lastre, que es la escasa presencia de estudios globales comparados. Si los partidos eran una rara avis, más extraño resultaba todavía llevar a cabo análisis comparativos de los mismos. La producción politológica se centró, luego se volverá sobre ello, en los estudios de caso o en la comparación de ciertas áreas más desarrolladas como sucedía con el Cono Sur. En tercer lugar, los estudios tuvieron una mayor centralidad en el ámbito sistémico, al abordarse los análisis de los sistemas de partidos en un país concreto en un momento dado. Sendos elementos sufrieron una modificación drástica a partir de la década de 1980 cuando la democracia se fue asentando en todos los países latinoamericanos y haciendo que a través de la competencia electoral las organizaciones partidistas comenzaran a funcionar regularmente. Sin embargo, los estudios en aquel momento no terminaron de abandonar la dimensión sistémica, padeciendo un decepcionante fracaso entre los politólogos a la hora de unir los dos tipos de estudios4 o, más aun, lo que esta misma autora había señalado de manera genérica de estar dominado el estudio de los partidos por los estudios de los sistemas de partidos5. Se ignoraba así la división que dos de los trabajos más influyentes en la segunda mitad del siglo XX habían realizado. Duverguer y, en menor medida, Sartori habían dividido sus respectivas obras en dos partes perfectamente diferenciadas de partidos y de sistemas de partidos6. La falta de interés en las funciones que desempeñan los partidos en los sistemas políticos latinoamericanos ha hecho, por tanto, que no se prestase interés al estudio de sus organizaciones. La lógica era clara: si había unas organizaciones cuyo papel se consideraba irrelevante, no tenía demasiado sentido prestar atención a cómo estuviesen estructuradas, a conocer sus normas de funcionamiento interno. Esa lógica explica también que cuando se ha vuelto a tener algo de interés en estudiar los partidos
4 políticos, se haya comenzado por los sistemas de partidos. Por otra parte, esta situación era fácilmente comparable a la vivida en los estudios sobre partidos en Europa un cuarto de siglo antes. A pesar de que en los citados trabajos teóricos de Duverguer y de Sartori se equilibraba perfectamente, más en el primero que en el segundo, el estudio de los partidos, analizando por separado “la estructura de los partidos” y “el sistema de partidos”, la preocupación por el estudio de la organización de los partidos políticos ha gozado de menor predicamento que su consideración más sistémica. Incluso el legado del significado de la decadencia de los partidos de masas, en los que sus organizaciones se definían primariamente con referencia a sus relaciones con la sociedad, había terminado por desanimar a la investigación empírica en el ámbito organizativo7. Sin embargo, una nueva oleada de trabajos8 quebró este sesgo sistémico volviendo a la clásica línea, que ponía mayor énfasis en aspectos organizativos e internos9. El interés en la organización partidista se debía fundamentalmente a dos razones ya señaladas con anterioridad: la necesidad de conocer lo que había mediante la pura descripción de algo con características “tan irregulares, amorfas y mal definidas” y en segundo término porque si se creía que la organización y procesos que envolvían a los partidos estaban relacionados “con fines substantivos tales como la democracia, la representación de intereses y la eficiencia gubernamental”, el estudio de aquellos era imprescindible “para entender, predecir o alterar” el curso de la política10. Lo que el volumen de Katz y Mair11 vino a poner de relieve fue la circunstancia de que todo partido político podía ser estudiado como un sistema en sí mismo, pudiéndose considerar como un poliedro de tres caras en cuyo seno se desarrolla la política indefinidamente con diferentes coaliciones de fuerzas y de actores en competición por el dominio del partido. Las caras se referían al partido como una organización de miembros voluntarios, como una organización de gobierno y como una organización burocrática. Al llevar a cabo esta separación quedaba morigerado el impacto de la posible decadencia del partido de masas ya que únicamente aparecía debilitado el partido en la calle, mientras que se reforzaban las caras del partido que constituían sus oficinas centrales y el desempeño del oficio público12. 2. LA DIMENSIÓN ORIGEN EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS En esta dirección aquí se pretende desarrollar una parte del modelo para el estudio de los partidos políticos latinoamericanos utilizado en el libro Estructura y organización interna de los partidos políticos latinoamericanos, que consta de cinco dimensiones que tienen un componente sistémico y que, a la vez, se encuentran en el seno del sistema político nacional correspondiente; lo cual significa que algunos aspectos de éste tienen una presencia e influencia constante. Así, por ejemplo, las cuestiones institucionales derivadas de las leyes electorales o de partidos13 suponen una constante posibilidad de afectar a la vida del partido, al igual que la estructura social existente14. Las tres primeras dimensiones tienen un carácter estructural, se trata de la dimensión origen, la dimensión programa y la dimensión estructura interna. Las dos últimas tienen una connotación en clave instrumental o, si se prefiere, de rendimiento; son las dimensiones del rendimiento electoral y del rendimiento en las arenas del poder político. Todas ellas conforman una misma estructura poliédrica de cinco caras, que explican la existencia
5 del todo. Las primeras son básicamente variables independientes mientras que las últimas pudieran concebirse como variables dependientes. Al partirse de una competición entre partidos por el voto o por parcelas de poder, se considera que las dimensiones relativas al rendimiento explican las dimensiones estructurales. Como ya se ha señalado, en este trabajo solamente se va a abordar la primera de dichas dimensiones: el origen (Cuadro I), cuya oportunidad e importancia está subrayado por Duverguer, Janda, Lawson y Panebianco, y que alude a dos tipos de elementos: la extensión temporal y la fuente. Mientras que la extensión temporal se refiere a la madurez en el tiempo histórico de la existencia del partido, la fuente se ocupa del entorno que llegó a configurar el momento concreto del nacimiento del partido. La importancia de la extensión temporal se ha enfatizado indirectamente15 en la medida en que la estabilidad de las pautas de la competición política requiere de actores lo menos volátiles posibles. En el caso de América Latina, la historia de los partidos señala la existencia de una vida promedio de los partidos políticos actuales relativamente alta y la heterogeneidad de los casos existentes, ya que en la región se encuentran desde partidos que se sitúan entre los más viejos del mundo hasta partidos en el poder con poco más de un año de antigüedad16. A efectos de la periodificación de la vida del partido para la creación de este modelo se ha utilizado el intervalo de 25 años, que representa una generación y media en términos orteguianos. De esta manera, los partidos quedan divididos en cuatro franjas temporales: aquellos surgidos después de 1975 y que vienen a coincidir con la eclosión de las transiciones a la democracia; los aparecidos entre 1950 y 1975, en pleno auge del desarrollismo y de los procesos de modernización; los creados entre 1925 y 1949, que corresponden a la concepción populista de la política latinoamericana, y los anteriores a 1925, que engloban desde los restos de los partidos de cariz tradicional decimonónico a los partidos anticlericales de vocación radical y a la familia de partidos socialistas17. La fuente, por el contrario, y dada su naturaleza compleja derivada del propio hecho histórico de las causas por las que nace un partido, presenta una composición más variada integrada por siete subvariables. En primer lugar, se encuentra el tipo de liderazgo existente en los inicios del partido. Aspecto de carácter fundamental y enfatizado por Michels, Duverguer, Panebianco y Lawson. De esta manera y teniendo en cuenta que el papel originario de expresiones armadas es muy importante en América Latina, así como la reiterada caracterización de los partidos latinoamericanos como partidos caudillistas, se pueden distinguir liderazgos personales y liderazgos colectivos y, a su vez, cada uno de ellos diferenciarlo por su carácter civil o armado-militar. En segundo lugar, de acuerdo con Duverguer y Panebianco, cabe tener en cuenta la ubicación territorial del núcleo fundador; si tuvo un carácter central, dominado por la capital, si era periférico, dominado por alguna provincia o regiones, si el impulso fue nacional, produciéndose su surgimiento de manera más o menos igual en todo el país, o si emergió, en una situación excepcional, fuera del país. Apartado éste sumamente importante en América Latina, donde los procesos de integración territorial y de construcción estatal llevaron prácticamente todo el siglo XIX, sembrando de sangre el campo de batalla en las confrontaciones entre federales y unitarios. Más tarde, fueron los procesos de urbanización los que hicieron de las ciudades latinoamericanas verdaderas megalópolis con un peso enorme en la política nacional.
6 Seguidamente, según el modelo de Duverguer, se evalúa el carácter electoral en el momento inicial de la vida partidista, circunstancia que, como se verá, en el caso latinoamericano proyecta una gran homogeneidad al tratarse la mayoría de partidos surgidos para competir electoralmente por el poder. También se recoge, siguiendo de nuevo a Duverguer y Panebianco, si existió una motivación estrictamente interna a la hora de la creación del partido o, por el contrario, éste fue claramente patrocinado por un agente exógeno. Los casos de los Partidos Comunistas y de los Partidos Demócratas Cristianos en América Latina son un buen ejemplo, como consecuencia del papel jugado por las Internacionales partidistas de ambas familias políticas; también lo fue durante bastante tiempo la Iglesia católica al auspiciar la entrada en la política de distintos sectores sociales, pero más recientemente ha habido otras fuentes inspiradoras como movimientos sociales, intereses empresariales o incluso militares. En quinto lugar, de acuerdo otra vez con Duverguer y Panebianco, se halla la existencia de una organización extrapartido de apoyo o, por el contrario, la plena soberanía del partido totalmente aislado de este tipo de patrocinio a cargo de una organización nacional. Aunque es un apartado que puede colisionar con el anterior, hay una nota distintiva en lo referido no solo al carácter auspiciador o instigador, como se definía en el párrafo anterior, sino a la postura institucionalizadora por la que se llega a una casi plena identificación entre la organización de apoyo y el partido, los miembros de aquélla lo son de éste. En América Latina, históricamente este papel lo jugó la Iglesia Católica, de nuevo, y la Masonería, posteriormente fueron los sindicatos y las propias Fuerzas Armadas y en tiempos más recientes, las organizaciones empresariales. En el siguiente apartado se encuentra el carácter revolucionario, reformista o reactivo inicial del partido. Es decir, si éste surgió como consecuencia de un proceso, muchas veces ejecutado por la fuerza, de serias transformaciones sociales y económicas del país portando el estandarte de las mismas, que suponían un profundo cambio con la situación anterior y en la élite gobernante, o si el partido se veía exclusivamente animado a llevar a cabo reformas graduales e incrementalistas en la coyuntura del país, aproximando la realidad del mismo a sus ideales programáticos o, por el contrario, si el partido fue, a veces también mediante la defensa del uso de la fuerza, una expresión reactiva a los procesos políticos del momento deseando buscar la vuelta al pasado, el mantenimiento de privilegios de una determinada clase social, o la negación de la política en clave manifiestamente “antipolítica”. Habida cuenta de la propia historia latinoamericana, en la que los procesos de cambio muchas veces se introdujeron por medios violentos, esta diferenciación atendería al requisito del modelo de Panebianco de búsqueda de la legitimación interna. Cuando ésta no llegaba por vía de las urnas, grandes procesos de movilización social la acarreaban con un alto grado de inclusión social y de apoyo popular18. Por último se recoge la forma en que se dio el origen. Hay cuatro posibilidades en este ámbito: la primera se refiere a un partido absolutamente nuevo, es decir, libre de ataduras o de legados anteriores, que emerge gracias a una coyuntura crítica específica tanto en términos estructurales como de liderazgo. La segunda concierne a los partidos cuyo nacimiento es fruto de una segregación o escisión de otro. La tercera afecta a los partidos que quedan conformados como integración en una unidad mayor de otros partidos. Finalmente, existe una situación mixta derivada de rasgos de los partidos escindidos e integrados.
7 3. DEFINICIÓN DEL UNIVERSO OBJETO DE ESTUDIO El universo de estudio aquí considerado ha sido el conjunto de partidos estimados como significativos al finalizar el año 2000 como consecuencia de su actividad fundamentalmente a lo largo de la década de 199019 de acuerdo con cinco criterios. El primer criterio que se ha tenido en cuenta y que ha funcionado como una especie de filtro para los otros cuatro restantes ha sido la selección para cada país de un número de partidos que guardara cierta proporcionalidad con el número efectivo de partidos de cada país latinoamericano para la década de 1990 recogido en la Tabla I20. El segundo criterio se ha referido a que el partido objeto de estudio tuviera representación en el Poder Legislativo al menos durante dos periodos legislativos en el lapso considerado. El tercero ha requerido que el partido tuviera un apoyo electoral medio superior al 5 por ciento. El cuarto ha consistido en que el partido tuviera una representación en todo el ámbito nacional o, en su defecto, una presencia regional muy fuerte que le llevara a ser el principal partido en más de una circunscripción. Por último, debía tratarse de partidos que contaran efectivamente en un momento u otro en la política nacional, bien por su capacidad de “chantaje” a la hora de formar coaliciones, bien porque representaran a sectores señalados de la población sin cuya intermediación quedaran fuera del sistema, o por su componente simbólico. Estos criterios han posibilitado que se conformase un universo de sesenta y dos partidos (Cuadro II) que son considerados significativos al finalizar el año 2000. 4. EL MOMENTO ORIGINARIO El universo partidista, siguiendo pautas nacionales, es tan rico en América Latina que resulta extremadamente complejo realizar una clasificación de los partidos21 en la región siguiendo criterios relativos a su momento fundacional, máxime si se toma el período de los gobiernos autoritarios de las décadas de 1970 y 1980 como un parteaguas. De hecho, si se asume que 1975 es una fecha de referencia, algo menos de la mitad de los sesenta y dos partidos políticos latinoamericanos significativamente vigentes en 2000 habían surgido anteriormente (Cuadro I). En los cuatro periodos establecidos, que tienen conexión con momentos históricos relevantes de la región, se encuentran partidos en número no desdeñable, lo cual permite referirse a una situación equilibrada (Tabla II). Desde la perspectiva del interés de este libro, que es el de analizar el presente22, la distribución temporal del origen de los partidos latinoamericanos muestra cierto equilibrio en función de los periodos señalados. El hecho de que treinta y dos partidos hayan surgido en plena “tercera ola democratizadora” da un sesgo de relativa bisoñez al universo partidista latinoamericano que necesariamente se proyecta en los dilemas y retos de la presente democratización que vive la región23. Si de lo que se trata es de institucionalizar procedimientos, es evidente que para estos casos es trascendental perdurar en el tiempo. Situaciones como las acaecidas en Perú y en Venezuela a lo largo de la década de 1990, donde el sistema partidista conformado durante décadas se desploma para virtualmente llegar a desaparecer, sustituyéndose por uno nuevo de características profundamente diferentes al anterior, han sido insólitas a lo largo del último cuarto de siglo en la región. Al contrario, la aparición de nuevas formaciones ha sido la nota más
8 dominante, siendo para algunos casos nacionales un fenómeno que ha llegado a afectar a todo el sistema de partidos como ha ocurrido en el caso de Brasil y de Guatemala. Una nota complementaria al significado del momento originario que conviene tener en cuenta radica en el hecho de que los ocho partidos que vieron su nacimiento antes de 1925 están concentrados en cinco países. En concreto se trata de Argentina (UCR), Colombia (PL y PC), Honduras (PLH y PNH), Paraguay (ANR o Partido Colorado) y Uruguay (PC y PN)24. De ellos, todos están al finalizar el año 2000 en el poder en sus respectivos países de una manera u otra25 salvo el PNH. O lo han estado en la última década. Es decir, los partidos más antiguos que perviven son opciones de poder reales. Por otra parte, una explicación extremadamente plausible del mantenimiento de estas etiquetas partidistas ha tenido mucho que ver con el propio desarrollo político nacional y la extensión de prácticas clientelares26, de juegos institucionales27 y de la existencia de un sistema político con régimen de partido hegemónico durante un largo periodo de tiempo28. Fuera de estas circunstancias queda como caso único y excepcional la Unión Cívica Radical. También podría aludirse, como clásicamente29 se señaló con respecto al nacimiento de los partidos, a la existencia de un tipo de sistemas estereotipados aparecido como consecuencia de la necesidad de asegurar que el funcionamiento de un régimen fuera racional. Más o menos conscientemente, pero siempre sistemáticamente, los partidos descartaron el análisis de la voluntad general sobre la que el nuevo régimen descansaría y trataron de obtener la síntesis política a través de las tradiciones y de aspectos emocionales, exactamente como bajo el régimen que la democracia había reemplazado, pero con la diferencia de que la síntesis de la vieja sociedad política actuaba espontáneamente. De esta manera, la gestación de subculturas en clave binaria basadas en elementos fuertemente emocionales fue determinante en muchos casos del origen de los partidos políticos en América Latina durante el siglo XIX. De ahí que las antinomias liberales-conservadores, clericalesanticleriacles y unitarios-federales definieran el nacimiento de los mismos. Para un pequeño número de países, estas identidades no desaparecieron en el siglo XX, estando en la base del universo partidista durante todo el tiempo. Este sería el caso de Colombia y de Honduras, y, al menos hasta 1971, de Uruguay. El énfasis en la consideración de los cuatro periodos tan marcados para establecer la naturaleza del partido originado según su momento concreto de nacimiento se aleja de la teoría institucionalista sobre el origen de los partidos centrada en la interrelación entre los primeros parlamentos y la emergencia de los partidos, basándose más bien en la explicación de la situación histórica que se centra en las crisis históricas30 o en las tareas que los sistemas han encontrado en el momento en que los partidos se desarrollaron en la línea de las teorías desarrollistas que relacionan a los partidos con los procesos más amplios de modernización31. El nacimiento de los partidos del siglo XIX que todavía perduran en 2000 en el panorama político latinoamericano debe entenderse más bien en la segunda explicación recién citada, esto es, la adecuación del partido a una determinada coyuntura crítica. Esta característica de proximidad al poder político de los partidos anteriores a 1925 es también compartida por los diez partidos que nacieron en el periodo comprendido entre 1925 y 1950, en que se construyeron los grandes modelos nacional-populares. El PS está presente en el gobierno en Chile
9 formando parte de la Concertación32 y el PAN acaba de acceder por primera vez al poder en México. El PRI, el MNR, el PJ, el PLD y el PRD dominicano son partidos que han ocupado recientemente el poder y siguen siendo opciones de poder. En ellos se ha producido, como quedará de relieve en el siguiente capítulo, un proceso de intensa transformación en su seno, ya que su oferta programática se ha alejado drásticamente de la que tuvieron en sus orígenes, llegando a conformar entidades muy diferentes a las que históricamente fueron. Este caso de transformación programática y de acomodamiento a las nuevas demandas de los electores inevitablemente se liga al paso del tiempo y a la necesaria adaptación a situaciones del entorno. Por el contrario, AD, actor político decisivo a lo largo de treinta y cinco años hasta que perdió el poder tras el juicio político a su Presidente Carlos Andrés Pérez en 1992 y definitivamente tras las elecciones de 1993; COPEI, también en quiebra política tras la salida de su fundador, Rafael Caldera, para participar con otra plataforma política en las elecciones de 1993, y el PAP, que no se rehizo tras la presidencia de Alan García, han estado cerca de la desaparición. En el periodo siguiente de la modernización desarrollista (1950-1975) hay casos de partidos que han mantenido unos niveles regulares de éxito en su presencia política por su capacidad de acceder al poder o de tener una influencia significativa en él. Los partidos de proximidad demócrata cristiana, como es el chileno (PDC), el dominicano (PRSC) y el ecuatoriano (DP), los de carácter socialdemócrata como son ID en Ecuador y el MIR en Bolivia, la derecha ecuatoriana (PSC) y nicaragüense (PLC) y el de cariz insurgente FSLN. También hay otros que han venido desempeñando un papel activo en las políticas nacionales de sus países respectivos sin obtener parcelas de poder significativas. Algunos de ellos, como el PCN en El Salvador o, a partir de 1999, el MAS de Venezuela, han sido fieles aliados del partido en el gobierno y finalmente otros se han consolidado como oposición real (el FA en Uruguay). El PLD, sin embargo, ha desempeñado un papel menor. Como ya se ha indicado anteriormente, en América Latina, las transiciones, que tanto impulsaron la reivindicación de la democracia como única legitimidad política plausible, fueron fuente de aparición o, en su caso, revitalización, de los partidos33. Desempeñaron excepcionalmente el papel de crisis histórica, al que se aludió anteriormente, conformadora de la base necesaria para la creación de nuevos partidos. Además, analíticamente ese fue un momento histórico que separa profundamente a la región de los otros casos afectados por la “tercera ola democratizadora” 34. Al inicio de los procesos de transición a la democracia (1978-1980), América Latina contaba con cuatro escenarios muy diferentes en base a la estructura de partidos existente en cada país35. Uno recogía aquellos países con unas tradiciones partidistas sólidas tanto en términos de la existencia de maquinarias partidistas como de capacidad de las mismas de movilizar a importantes sectores de la población. El segundo contemplaba un modelo mixto en el que partidos antiguos iban a cohabitar con partidos nuevos surgidos del propio proceso transicional. El tercero encuadraba los casos definidos por el mantenimiento de la existencia de organizaciones, pero históricamente vacías política y socialmente hablando. Finalmente, el cuarto recogía los países en que apenas si se contaba con un marco mínimo de partidos aun sumando a la debilidad histórica partidista los efectos de los últimos tiempos de los gobiernos autoritarios.
16 En los otros dos casos, en el más antiguo de ellos se liga a tensiones centro-periferia el proceso de construcción del Estado-nación, ya que el Partido Nacional se conformó en la década de 1830 para dar expresión a los intereses provinciales uruguayos enfrentados a la amenaza que suponía para ellos el predominio de Montevideo. Por el contrario, el caso más reciente es el PV, que surgió como consecuencia de la proyección del Proyecto Carabobo al resto de Venezuela. Ambas organizaciones, de carácter muy personalista, fueron producto de Henrique Salas Römer para apoyar la gestión política de su hijo en el Estado de Carabobo y luego sus propias aspiraciones presidenciales en las elecciones de 1998, tras las que el PV volvió a recluirse a su ámbito regional originario. Los dos apartados restantes se refieren al carácter capitalino y al carácter nacional. La diferencia estriba en que mientras que en el primero el impulso de creación se da específicamente en el centro que supone la capital, desde donde termina extendiéndose en mayor o menor medida al resto del país, el segundo se refiere a una oferta nacional desde el principio, es decir el partido se plantea con sedes o comités a lo largo de la mayor parte del país. Es evidente que esta distinción solo hace alusión al momento original, ya que muchos de los partidos de los denominados capitalinos terminan siendo nacionales, mientras que otros, muy pocos, se “capitalizan” al quedarse reducidos al ámbito capitalino, como serían los casos de CONDEPA, relegada al entorno de La Paz, y del EN, centrado en Montevideo. Fuera de ello, es notorio comprobar como en América Latina es mayor la presencia de partidos que se originaron como una proyección de la política de las capitales hacia el resto del país (Tabla IV), confirmando el peso histórico de las mismas en la conformación de los Estados, que de los partidos que portaron una visión más global de su país respectivo. De entre estos últimos cabría destacar a los partidos mexicanos (PAN, PRD y PRI), colombianos (PC y PL), panameños (PA y PRD) y hondureños (PLH y PNH). Aisladamente deberían considerarse PJ, FA, PSDB, PPB, PCN, ARENA, PUSC, FDNG, FRG, como de entre los más relevantes de los que han tenido una visión mucha más nacional de su proyecto organizativo. De la misma forma que se incorporó antes la opinión de los miembros del partido sobre si en el origen de los mismos hubo una organización social de apoyo, también se conoce su posición en torno a si el mismo origen del partido se dio por penetración territorial desde un centro geográfico. Esta cuestión, que no necesariamente identifica el concepto de centro con el de capital56, muestra en los extremos de las respuestas dos grupos de partidos (Tabla VI). Dentro del grupo que ofrece valores de alta regionalización (con índices iguales o menores del 40 por ciento) se registra una clara coincidencia con el análisis anterior para el caso de los partidos brasileños PT, PMDB y PPB, fundamentalmente, y muy claramente para el MUPP. Es constatable igualmente en qué medida las respuestas tienden a mostrar una evaluación del origen manifiestamente centralista. 5.3 Tipo de liderazgo originario El análisis del tipo de liderazgo originario (Tabla VII) permite rebatir una de las ideas más extendidas sobre la génesis de los partidos políticos latinoamericanos, que la identifica con iniciativas personales de carácter caudillesco57. Apenas un tercio de los actuales partidos latinoamericanos tienen un origen de esa índole. Ciertamente no es una cifra baja, pero se aleja del lugar común que tendía a darle una preponderancia claramente mayoritaria. Por otra parte, el origen civil predomina mayoritariamente sobre el carácter militar de los partidos, ya que solamente algo menos de uno de cada cinco se creó como iniciativa personal o grupal de una instancia armada (el 17,7 por ciento). De nuevo, esta cifra, que podría
17 considerarse elevada en otras áreas, no lo es para América Latina, habida cuenta del periodo de turbulencia armada que afectó a la región en torno a la década de 1970, en el que prácticamente todos los países, con las excepciones de Colombia, Costa Rica, México y Venezuela, se vieron sometidos a gobiernos autoritarios de cariz militar y en el que muchos de estos países (Colombia y México también) se produjeron expresiones de violencia insurgente en el seno de conflictos armados de larga duración y profunda intensidad que finalmente se reflejaron, en gran parte, en proyectos políticos más o menos institucionalizados. Una tercera característica radica en que, a pesar de la condición inicial personalista y armada colectiva de veintiséis de los sesenta y dos casos estudiados (el 41,9 por ciento), transcurrido un buen lapso la mayoría (catorce) se terminan presentando como organizaciones con liderazgo civilcolectivo, sufriendo una notable transformación en la senda de la institucionalización civil. En este sentido solamente el FSLN, la ADN, el PRE, la UCS, el PDT, el PCL, el PAN (guatemalteco), el FRG, Cambio9058, PV y MVR cuentan en el año 2000 con un tipo de liderazgo personalista en las figuras, respectivamente, de Daniel Ortega, Hugo Bánzer, Abdalá Bucaram, Johnny Fernández, Leonel Brizola, Arnoldo Alemán, Alvaro Arzú, Efraín Rios Montt, Alberto Fujimori, Henrique Salas Römer y Hugo Chávez. Representan, por tanto, once partidos, o lo que es lo mismo, el 17,7 por ciento del universo estudiado. Todos ellos, con la excepción del FSLN, cuyo origen tiene un carácter armado-colectivo en el que el equipo dirigente fundador ha terminado aceptando el liderazgo único de Daniel Ortega, y del UCS, en el que la muerte de su fundador Max Fernández dejó paso a su hijo al frente del partido-empresa familiar, es decir, nueve casos, mantienen al líder fundador al frente del partido, cuestión sobre la que se volverá en el siguiente capítulo a la hora de abordar el liderazgo presente de los partidos estudiados. Siguiendo con este último punto, de los veintiún casos que cuentan con un origen de liderazgo personal, exactamente la mitad han logrado substituir ese liderazgo no tanto dando paso a una situación de convivencia o de reunión de las élites59 cuanto de sustitución del viejo caudillo por nuevas formas de liderazgo, generalmente de corte menos personalista. Bien es cierto que, de entre los veintiuno, en ocho de ellos la transferencia del poder en el seno del partido se produjo tras la muerte del líder fundador, este fue el caso de la ANR, del PJ, del PSC, del PAP, del PRD panameño, del PA, de CONDEPA y del PLRA, tras las muertes, respectivamente, de Bernardino Caballero, Juan Domingo Perón, Camilo Ponce Enríquez, Víctor Raúl Haya de la Torre, Omar Torrijos, Arnulfo Arias, Carlos Palenque y Domingo Laíno60. En el PLD y el PRSC el cambio se produjo como consecuencia de la senectud, respectivamente, de Juan Bosch y de Joaquín Balaguer. Solamente en el caso de COPEI se produjo una fuerte pugna en el seno del partido con motivo de la selección de candidato a las elecciones presidenciales de 1993 que llevaron a la salida del partido del líder fundador Rafael Caldera. Los países que concentran partidos con un origen con liderazgo personalista son once de los dieciocho considerados: Bolivia (tres), Venezuela (tres), República Dominicana (dos), Guatemala (dos), Paraguay (dos), Panamá (dos), Perú (dos), Ecuador (dos), Argentina (uno), Nicaragua (uno) y Brasil (uno). El liderazgo armado está presente en el origen de once partidos (el 17,7 por ciento de los casos analizados). En todos ellos, salvo para la ANR y, en menor medida, el PNH, ha contemplado la transformación del mismo alejándose definitivamente de los cuarteles61. Sin embargo, en cuatro casos, se mantuvo una especial convivencia entre el partido y las Fuerzas Armadas durante más de una década de
18 manera que el partido y los militares llegaron a tener una identidad indisoluble, quedando muy marcado su carácter organizativo. Así, en los orígenes del PRI el peso de los generales victoriosos de la Revolución fue decisivo en los primeros momentos de la vida del partido; el PCN salvadoreño mantuvo durante veinte años un estrecho maridaje con las Fuerzas Armadas tanto en términos programáticos como en sus candidaturas a la Presidencia de la República, ocupadas durante dicho lapso por militares en activo; el PRD, en la medida en que el proceso autoritario abierto por Torrijos contó con el decisivo apoyo de la Guardia Nacional panameña y el FSLN, que durante una década convivió con el mantenimiento del rótulo de “sandinistas” en las Fuerzas Armadas de Nicaragua, en las que el comandante en jefe fue Humberto Ortega, miembro fundador del FSLN, lo cual prolongó la convivencia del estamento militar con el partido. En los restantes casos, la institución armada fue el espacio del que provino el líder, generándose una gama diversa de situaciones: el carácter de figuras militares, de segundo rango, de Juan Domingo Perón y de Hugo Chávez, no fue óbice para que sectores importantes de las Fuerzas Armadas apoyaran a sus proyectos partidistas aunque no de forma homogénea e institucional. En cuanto a Hugo Bánzer y a Efraín Ríos Montt, generales golpistas ambos, su carácter personal militar se desvinculó de la institución castrense al poner en marcha la ADN y el FRG, respectivamente. Por último cabría referirse al FMLN, grupo armado guerrillero, que al igual que el sandinista pasó a conformar un partido político sobre el que se vertebró la oposición en El Salvador. Estos casos de liderazgo armado se concentran en diez países: El Salvador (dos), Guatemala (uno), Nicaragua (uno), Panamá (uno), Honduras (uno), México (uno), Argentina (uno), Bolivia (uno), Venezuela (uno), y Paraguay (uno). Es interesante destacar cómo seis de los once casos se sitúan en América Central que, en términos regionales, es el área de avance más lento de las instituciones democráticas en América Latina. 5.4 El carácter de los partidos La división establecida en esta subdimensión permite, sobre todo, diferenciar los casos más extremos62. Por otro lado, aquellos cuyo carácter fundacional viene definido por un ímpetu revolucionario, que pretenden llevar a cabo, normalmente mediante el uso de la fuerza, cambios trascendentales en el sistema político, tanto en el seno de la substitución de la élite dirigente, que quedará reemplazada profundamente en el supuesto del triunfo del partido en cuestión63, como en la puesta en marcha de una nueva relación entre la política y la sociedad en la que el Estado se alzará como elemento central y el partido como órgano intermediador exclusivo y como ejecutor del cambio necesario. Frente a ellos, los de carácter fundacional reactivo surgen con una clara defensa del orden anterior, impuesto a veces también por el uso de la fuerza o de medios dudosamente democráticos, en cuyo caso plantean una reacción de vuelta al patrón político precedente, bien sosteniendo el proyecto sobre líderes del pasado, bien apoyándose en las ideas sobre las que se mantuvo el régimen anterior. Alejados de ambos extremos, los casos considerados como reformistas atienden a la generalidad de partidos que ponen en marcha un tipo u otro de plataforma política, sea de carácter individual o grupal, fuertemente ideologizada o pragmática, que pretende un mínimo de modificación de la realidad a través, básicamente, de estrategias incrementalistas.
19 Los partidos que tienen un origen de carácter revolucionario representan casi uno de cada cinco de los partidos actuales relevantes latinoamericanos estudiados (Tabla VIII). Se asocian a tres tipos de momentos fundacionales que, como se verá a la hora de analizar la subdimensión programática, tienen repercusiones muy diferentes sobre la etapa presente. El primer momento fundacional se ubica en el periodo previo a 1925. El carácter revolucionario del único caso aquí incluido es el de la UCR, que destacó por su lucha infatigable de las emergente clases medias porteñas por la extensión del sufragio universal en la Argentina de finales del siglo XIX y que no dudó, en repetidas ocasiones, en el uso de formas violentas para quitar del poder al gobernante Pacto Autonomista Nacional64. El segundo momento fundacional abarca el periodo comprendido entre 1925 y 1950, época de desarrollo de ideas nacional-populares y de influjo del marxismo en América Latina. A este periodo histórico corresponden siete de los diez casos considerados en este apartado. Seis de ellos se sitúan en la tradición nacional-popular de la región: el PAP, el PRI, AD, el MNR, el PRD dominicano y el PLN y uno recoge el legado del marxismo, el PS. Este último asumió el impulso de diferentes agrupaciones socialistas muy activas a principios de la década de 1930 y proyectó sobre la vida política chilena del momento el horizonte de la revolución socialista, del que no estuvo exento un breve experimento bajo uno de sus fundadores, Marmaduke Grove65. El PAP, partiendo de un carácter fuertemente antiimperialista, clamaba por una revolución de carácter indoamericana con un papel estelar del Estado, en una forma de actuación insólita para la época. De igual manera, el PRI se asentaba, en su forma inicial, como el aglutinador de todas las familias revolucionarias mexicanas y depositario de los instrumentos transformadores de la realidad social, económica y política dibujada por la Constitución de 1917. AD asumía los postulados nacionalistas y antiimperialistas del momento buscando una amplia base de apoyo social y auspició el golpe de Estado de 1945 en Venezuela. En cuanto al PRD dominicano, su máxima revolucionaria estuvo dirigida por la idea de derrocar a Trujillo y estuvo influenciado por la ideología y la estrategia política del Partido Revolucionario Cubano y el aliento de los refugiados españoles de la Guerra Civil de 1936-3966. Por su parte, el MNR, aunque se fundó en 1941 por un grupo de intelectuales y excombatientes de la guerra del Chaco con un sentido claramente nacionalista y durante la década siguiente apoyó a algunos gobiernos militares reformadores en una actitud antioligárquica y próxima a los sectores obreros, cuando verdaderamente tomó relevancia fue a partir de la Revolución de 1952, en que se convirtió en el representante del descontento de los excluidos y en el partido popular más grande de Bolivia67. Finalmente, el PLN, aunque creado formalmente en 1952, fue fruto de la guerra civil costarricense de 1948 y de la conversión en partido del bando armado ganador, el Ejército de Liberación Nacional, que se había alzado contra el gobierno al no reconocer los resultados de las elecciones de dicho año68. Su carácter revolucionario también vino reforzado por el amplio cambio que trajo en la conformación de una nueva élite política nacional. El tercer momento fundacional se vio afectado por la Revolución cubana y tuvo su efecto a lo largo de la década siguiente69. Aquí cabrían agruparse el FSLN, el FMLN, el FDNG y el PRD panameño. Salvo para el último de estos cuatro casos, más anclado en la tradición anterior, el marxismo en sus variantes latinoamericanas tuvo una presencia notable como motor ideológico. El FSLN aunque asumió las características de verticalismo, jerarquización y centralización propias de una organización políticomilitar, arrastraba un componente ideológico más diverso como consecuencia de la adopción del pensamiento de Sandino y de su mezcla con posiciones ideológicas propias del marxismo; también tenía
20 una estructura organizativa más pragmática y una amplia relación con una red de organizaciones sociales y políticas, todo lo cual le dio una fuerte peculiaridad70. El PRD movilizó a unos sectores nacionalistas y populares en Panamá en torno a dos ejes básicos: la redefinición nacional, una vez que se obtuviese satisfacción a la demanda de obtener el Canal, y el liderazgo popular de Torrijos. El FMLN vino definido por las cinco organizaciones que estaban en su origen y sus disputas por hegemonizar dicho proceso. Aunque todas ellas se definiesen marxistas diferían en su significado y aplicación: luchaban por el socialismo definido más bien en términos antioligárquicos, anticapitalistas y antiimperialistas. Finalmente, el FDNG recogió el legado del grupo guerrillero URNG tras los acuerdos de paz que le permitieron actuar abiertamente en el juego político. En el seno de los partidos de origen de carácter revolucionario se pueden también distinguir diferentes explicaciones causales de acuerdo con la situación nacional existente. La más extendida se refiere a la motivación coyuntural frente a un régimen excluyente y autoritario; en ella descansa la esencia revolucionaria del PRD dominicano, del FSLN, del FMLN y del FDNG. Las restantes responden más a cuestiones estructurales, proyectando propuestas programáticas muy diferentes a las del momento, sin que dejaran de estar presente en el trasfondo también situaciones autoritarias. Este es el caso de la UCR, propugnando como representante de las clases medias la apertura del sistema, en clave fundamentalmente electoral; del PS y su reacción a la dictadura de Carlos Ibáñez, así como su abanderamiento de las clases trabajadores; de AD frente a la dictadura de Juan Vicente Gómez y sus secuelas71, o del MNR canalizando el descontento popular tras el descalabro de la Guerra del Chaco. En cuanto al PRI y al PRD panameño, se estructuran desde el poder por parte de la élite gobernante que dirigía el proceso postrevolucionario. Por su parte, los partidos que tienen un origen de carácter reactivo constituyen casi uno de cada cuatro de los partidos relevantes actuales de América Latina (Tabla VIII). En este apartado cabe también diferenciarlos por el momento histórico en el que surgieron y por el cariz ideológico que les definió en sus inicios. A diferencia de los partidos de carácter originario revolucionario, se trata de partidos mayoritariamente surgidos después de 1975. De los quince casos considerados, nueve han aparecido a lo largo del último cuarto de siglo. Se trata de los bolivianos ADN, CONDEPA y UCS, de los chilenos RN y UDI, del PFL, de Cambio90, del FRG y de ARENA. Del periodo comprendido entre 1950 y 1975 se encuentran el PRSC y el PCN, del periodo comprendido entre 1925 y 1950, el PAN mexicano y del periodo anterior a 1925, el PC colombiano, la ANR y el PNH. Ideológicamente, cabe enunciar cuatro posiciones que están en la base explicativa de su carácter reactivo. La primera se refiere a aquellos partidos cuyo componente es básicamente antiliberal, de manera que se oponen tanto a unas ideas y valores nuevos basados en el liberalismo decimonónico como a un partido (el Liberal) que ha cambiado con su gobierno profundamente las relaciones políticas de la historia inmediata del país. Tanto el PC colombiano como la ANR y el PNH se encuentran en este apartado, ya que ambos surgieron como una reacción inmediata a la actuación llevada a cabo en los tres países por el Partido Liberal. La segunda posición afecta a aquellos partidos cuyo origen reactivo se produce como consecuencia de querer reivindicar un pasado no muy lejano en el tiempo al que la situación política del
21 momento de su nacimiento pretende olvidar o postergar. Es el caso de los partidos RN y UDI, reivindicativos del legado de Pinochet, al ser fundados por conocidos dirigentes civiles del gobierno del General, si bien el primero procuró inclinarse hacia el lado de la derecha histórica de Chile del Partido Nacional, mientras que el segundo se mantuvo más cerca del legado autoritario y se articuló en torno a Jaime Guzmán. El PRSC, por su parte, reivindicaba en cierta media la herencia de Trujillo al ser formado por Joaquin Balaguer, quien fuera el último Presidente bajo el régimen trujillista y quien buscaba con el nuevo partido representar la estabilidad y el orden contando con el apoyo de la jerarquía de la Iglesia, los Estados Unidos y las Fuerzas Armadas, en contraposición a los planteamientos de cambios radicales del otro partido, el PRD, antagonista histórico del trujillismo. Y, por último, el PFL, representante más directo del partido oficialista ARENA, desaparecido forzosamente en 1982 como consecuencia del proceso de cambio electoral realizado en Brasil. La tercera posición integra a partidos básicamente centroamericanos que surgen como plataformas de defensa de políticas de contrainsurgencia duras. Es el caso del PCN y de ARENA en momentos históricos diferentes: el primero desempeñó su papel entre 1950 y 1979, siendo el instrumento de la Fuerza Armada salvadoreña para controlar el gobierno por medio de un partido oficial, mientras que el segundo surgió como una reacción a la reforma agraria, la nacionalización de la banca y del comercio exterior del gobierno surgido después de octubre de 1979, siendo interpretadas por la derecha salvadoreña como amenazas a la libertad por parte de comunistas, socialistas, demócratas cristianos y demás “tontos útiles”, lo cual llevó a la articulación de un partido político en el que cupieran los grandes empresarios, alejando del juego político a los sectores militaristas, que tampoco eran ya aceptados por Washington. Por su parte, el FRG se articuló como baluarte defensivo del periodo autoritario de Rios Montt. Por esta misma razón también en este apartado se puede incluir a la ADN en la medida en que se creó para defender políticamente a Hugo Bánzer, quien se centró en los éxitos de su gobierno y en el énfasis en favor de la defensa de los valores conservadores y del rechazo al comunismo y a las transformaciones radicales. Todo ello le hizo tener eco en el medio urbano, especialmente en los grupos más favorecidos por las políticas aplicadas durante su gobierno autoritario. Por último, cabe referirse a partidos que defienden posturas de “antipolítica”, cuya reacción, tanto por su discurso como por su forma de actuar, es a la política misma, a sus instituciones y a la élite política: se trata de Cambio90, UCS y CONDEPA. Aunque podría discutirse para cada caso el carácter del origen reformista de los restantes partidos, se pueden tomar en consideración dos casos como ejemplos ilustrativos del razonamiento seguido. Se trata, en primer lugar, del MAS, producto de una ruptura de intelectuales con la línea oficial del comunismo venezolano, en busca de una teoría de la revolución acorde a las características particulares para el propio país, que fue al final de la década de 1960 un modelo al que se aproximaron otros partidos latinoamericanos que deseaban separarse de la ortodoxia comunista, pero cuya decidida apuesta por la democracia liberal le aleja de la “lógica revolucionaria” del momento. En segundo término se encuentra el MVR, cuyo componente de “antipolítica” es muy fuerte, así como lo es, en la dirección opuesta, su capacidad de sustituir ampliamente a la élite política venezolana. Por otra parte, su falta de programa previo coherente y el escaso margen de tiempo para matizar sus primeros pasos obligan a centrarse exclusivamente en la forma en que ha llevado a cabo el nuevo proceso institucionalizador en Venezuela, que no parece incorrecto. Todo ello le sitúa como un partido que no es revolucionario, pero que tampoco es reactivo.
22 5.5 El tipo de origen de los partidos La mitad de los partidos políticos relevantes en América Latina se inscribe en la categoría de nuevos (Tabla IX). Denominar a un partido como nuevo implica que en el momento de su surgimiento no existen instituciones partidistas nodrizas que de forma directa o indirecta, total o parcial, le apadrinen, auspicien o fomenten. Sin duda, es una categoría que también se define por exclusión de aquellos partidos que no han nacido por escisión o por integración de otros(s) o por una combinación de ambas posibilidades. Los partidos nuevos responden, por tanto, a momentos históricos que suponen la apertura de oportunidades para ciertos liderazgos o para canalizar proyectos de diferentes tipos de instituciones no partidistas, teniendo ambas cercenadas anteriormente sus posibilidades de entrar en la liza política. Los partidos nuevos latinoamericanos permean todos los cuatro momentos originarios establecidos así como las restantes subdimensiones de la fuente partidista. Por consiguiente, no aparecen vinculados a unos u otros de los anteriores elementos analizados. Son partidos nuevos surgidos antes de 1925: el PL, PC colombiano, PC uruguayo, PN, UCR y la ANR; entre 1925 y 1950: PJ, MNR, PRI, PAN mexicano, PAP, PRD dominicano, AD y COPEI; entre 1950 y 1975: MIR, PLN, FSLN y PRSC y después de 1975: ADN, PRE, CONDEPA, UCS, PT, MUPP, PPD, ARENA, FRG, PAN guatemalteco, PRD panameño, Cambio90 y MVR. De la otra mitad de los casos analizados, el pequeño número (uno de cada cinco) de los partidos originados por escisión contradice, sobre la base aquí estudiada de partidos con éxito, es decir, que hoy están vigentes y son significativos, una de las características clásicas que se confería a los partidos latinoamericanos, que era su tendencia a la fragmentación72. Dentro de los partidos latinoamericanos que cuentan con uno o varios partidos nodriza, predominan aquellos que son producto de la confluencia de diversas formaciones políticas. La motivación electoral y la ideológica o frentista son las que más veces se encuentran como explicación del proceso integrador. En muchas ocasiones esta segunda ha tenido también un carácter netamente electoral, es decir, intentar sacar el máximo rendimiento ante unos comicios de unas fuerzas dispersas y a veces subrepresentadas. Como quedará de relieve en el siguiente capítulo, la expresión frentista se relaciona con las propuestas políticas de izquierda, de manera que, complementariamente a la maximización de su electorado, hay también un universo simbólico de integrar a fuerzas diferentes “bajo la misma bandera”. Es el caso del FA, del FMLN, del FDNG y del FREPASO. El FMLN, como partido, existe desde octubre de 1980 y es producto del primer grupo guerrillero que se dio en El Salvador en 1971, las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí”, grupo escindido del Partido Comunista Salvadoreño, que se terminó integrando con el Partido de la Revolución Salvadoreña, la Resistencia Nacional, el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos y el mismo Partido Comunista. En cuanto al FDNG, es resultado de la integración en 1995 de un grupo muy numeroso de pequeñas formaciones entre las que se encontraban los partidos Social Cristiano, Laborista, Unión Democrática, Unión Reformista Social, Conciliación Nacional y Revolucionario, así como corrientes del Partido Socialista Democrático, del frente Unido de la Revolución y de la Democracia Cristiana. Por último, el FREPASO (Frente País
23 Solidario) se creó en 1994 integrando al Frente Grande73, al Partido Socialista Popular, al Partido Socialista Democrático, a la Democracia Cristiana y al partido PAÍS74. Poco después se sumaron algunos dirigentes y militantes radicales de Nuevo Espacio, cuyo líder era Carlos Raimundi. Bajo el designio de integrar a familias ideológicas dispersas también se formó el PS, resultado de la fusión de varias formaciones socialistas chilenas como Nueva Acción Popular, Acción Revolucionaria Socialista, Partido Socialista Unificado, Partido Orden Socialista y Partido Socialista Marxista y, mucho más tarde, el PRD mexicano en el ámbito de la izquierda. De igual manera, en el siglo XIX el pensamiento liberal confluyó en el PLH. La derecha tampoco fue reluctante ante este fenómeno y así se produjo el proceso integrador del PCN, de RN y del PPB. RN surgió en 1987 a iniciativa de Andrés Allamand, de Unión Nacional, quien lideró un proceso de integración con el Frente Nacional del Trabajo dirigido por Sergio Jarpa y la Unión Demócrata Independiente de Jaime Guzmán. En cuanto al PPB, fue fruto de la integración del PPR y del PP75. Entre las familias costarricenses de cariz democristiano se agruparon núcleos dispersos para crear el PUSC, que nació en 1983 como resultado de una fusión de cuatro partidos políticos: Republicano Calderonista, Renovación Democrática, Demócrata Cristiano y el Partido Unidad Social Cristiana. Pero, como también se ha señalado, asimismo existió una motivación electoral “dura”, como lo logró el sector mayoritario “antifujimorista” en torno a UPP o el “antichavismo” en el PV sobre la base del partido regional Proyecto Carabobo. Por el contrario, los partidos cuyo origen se debe a la escisión del partido nodriza tienen una explicación más compleja. Los cuatro casos brasileños surgieron como consecuencia de la disposición legal que obligaba al oficialista ARENA y al opositor Movimiento Democrática Brasileño a desaparecer, dando paso a una notable floración de partidos. Del primero surgió en segunda instancia el PFL76, mientras que del segundo emergieron directamente el PMDB y el PDT e indirectamente el PSDB (a su vez escindido del PMDB)77. Otro grupo de partidos surgió como consecuencia de rupturas con un liderazgo muy fuerte en sistemas de partidos de cariz autocrático. Esto sucedió en Honduras cuando el PNH se separó del PLH; en Nicaragua, cuando del Partido Liberal de los Somoza se segregó el PCL; en República Dominicana, cuando del PRD se separó el PLD78; en Panamá, al sufrir una escisión el Partido Panameñista Auténtico para dar paso al PA; en Paraguay, cuando el PLRA se escindió del Partido Liberal y en Chile, cuando la UDI de Jaime Guzmán se separó de RN. El tercer grupo está constituido por aquellos partidos procedentes de una escisión en la izquierda: se trata del MAS, escindido del Partido Comunista Venezolano, y de PPT, escindido de la Causa R, partido que hegemonizó la izquierda contestataria en la década previa a la llegada de Chávez al poder.
24 Finalmente cabe referirse a los ecuatorianos PSC y DP. El antecedente del PSC fue el Movimiento Social Cristiano que fue fundado en 1951 por Camilo Ponce Enríquez, quien procedía del Partido Demócrata, una formación en la órbita del Partido Conservador. En cuanto a la DP, su antecesora, la Democracia Cristiana, surgió como organización política tras la salida de un grupo de militantes del Movimiento Social Cristiano en 1964, habida cuenta que se produjo un enfrentamiento entre un sector de jóvenes y el líder de esa agrupación, Camilo Ponce Enríquez, por su intención de formar un Partido Demócrata Cristiano a partir de la unión con el Partido Conservador Ecuatoriano y la Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana. Por último se encuentra el caso de partidos con un proceso de formación mixto en el que acogieron expresiones de integración y de escisión y que está conformado por cuatro: ID, compuesta por grupos provenientes del liberalismo y militantes del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE); el PDC, resultado del esfuerzo de unificación de la Falange, el Partido Social-Cristiano y el Partido Agrario Laborista, alguno de los cuales se habían escindido a su vez del Partido Conservador; el PFD, que integró escisiones de los partidos tradicionales costarricenses con otros partidos minoritarios, como eran Vanguardia Popular (Partido del Pueblo Costarricense), el Partido Socialista Costarricense y el Frente Popular, y por último EN, que igualmente reunió a partidos minoritarios uruguayos y a fracciones escindidas de los partidos tradicionales. 6. EL ORIGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS LATINOAMERICANOS: SIETE TESIS Con las subdimensiones definidas en este capítulo en torno al origen de los partidos políticos latinoamericanos puede llevarse a cabo un análisis de tablas de contingencia para resaltar los cruces más significativos existentes entre ellas que permitan inferir algún tipo de agrupamiento y pasar de ahí a una posible tipología de los partidos. El estudio del origen partidista, conviene recordarlo, no se cierra en sí mismo, es decir, se enmarca en el más general que tiene por objeto a los partidos relevantes existentes en 2000, por lo que su alcance es muy limitado como teoría explicativa del origen de los partidos en América Latina79. El momento originario, de acuerdo con los periodos establecidos, no ofrece diferencias notables en las subdimensiones que integran la fuente partidista. De esta manera, su carácter de variable dependiente es modesto. Únicamente, para los treinta y dos partidos surgidos a partir de 1975, que vienen a ser poco más de la mitad del universo estudiado (52,6 por ciento), se registran ciertas diferencias que proyectan indicios de cambios leves en los patrones generales de la política latinoamericana. Así, es interesante destacar como más relevante el hecho de que se produce un leve impacto del periodo de nacimiento en la ubicación territorial de los partidos latinoamericanos, ya que seis de los siete partidos que tienen una ubicación originaria regional han surgido después de 1975, lo que es un reflejo de en qué medida hay un ligero avance en los recientes procesos de descentralización de la política en la región que se expresa mediante la creación de este tipo de partidos. Bien es cierto que ello se centra, fundamentalmente, en dos de los países latinoamericanos donde la regionalización tiene una mayor presencia en la vida nacional: Brasil y Ecuador.
25 En cuanto a los partidos con un tipo de liderazgo personalista, también tienen una mayor presencia en el periodo posterior a 1975, pero ello no es significativo en la medida en que su mayor índice de supervivencia está ligado al líder fundador, presente todavía en muchos casos en la vida política actual. En todo caso sirva el dato de que dos tercios de los veintiún partidos con ese tipo de liderazgo han surgido después de 1975. Igualmente, dos de cada tres de los partidos que contaron con una motivación exógena también surgieron en el periodo que se inicia en 1975, expresando esto último una mayor pujanza de las instituciones o movimientos sociales que estuvieron en su raíz. En la misma dirección, de los siete partidos que contaron en su origen con el apoyo de una organización, cinco ubican su nacimiento después de 1975. Por último, el periodo de mayor bonanza para el surgimiento de partidos de carácter revolucionario es el comprendido entre 1925 y 1950, ya que entonces surgieron siete de los doce partidos que cuentan con ese carácter originario. El éxito en su perdurabilidad se relaciona con el patrocinio del modelo nacional popular que definió las coordenadas de la política en la región durante medio siglo y en su capacidad de adaptarse a los cambios de los tiempos. Con respecto al tipo de liderazgo, se constata que no hay liderazgo de origen armado ligado a la ubicación originaria regional y que los partidos con este tipo de liderazgo tienden a ser nuevos, así ocurre en ocho de los once casos considerados. Ambas circunstancias son razonables, ya que este tipo de liderazgo proviene de los cuarteles o de la insurgencia guerrillera y ambos, en América Latina apuestan por proyectos nacionales80 y generalmente novedosos, puesto que en la mayoría de los casos una de las razones para actuar es la inexistencia de “cauces satisfactorios” para la acción política. En cuanto a los tipos de liderazgo civil-personal, no cuentan con ninguna organización de apoyo en su génesis y este liderazgo no se asocia con partidos de origen revolucionario (solo uno de los casos así definidos, el de Víctor Raúl Haya de la Torre, al frente del aprismo). Al analizar la ubicación territorial se observa que para los partidos surgidos fuera del país o con origen regional no aparece la motivación exógena, lo cual no deja de extrañar en la medida de que esa es precisamente una situación propicia para el éxito de una influencia foránea. Sin embargo, el hecho de que fueran grupos de exiliados fuertemente motivados para combatir al régimen autoritario existente en sus respectivos países explica esta circunstancia. Tampoco los partidos de ubicación regional tienen un origen no electoral ni revolucionario. En cuanto a su relación con la existencia de una organización de apoyo, ésta se encuentra en los partidos de ubicación nacional. De los siete partidos que contaron en su origen con la presencia de una organización de apoyo, cinco tuvieron una ubicación originaria nacional. Las elites provinciales o los distintos movimientos sociales de carácter no nacional o capitalino tienen una fuerza muy reducida que se expresa en su incapacidad de apadrinar a partidos en su ámbito geográfico más próximo. El origen no electoral de los partidos, como ya ha quedado visto, es una subdimensión muy minoritaria en el ámbito latinoamericano, pues apenas si integra a uno de cada diez de los partidos estudiados. Sin embargo, de todas las subdimensiones, es la que se asocia a un mayor número de las restantes. Ninguno de los seis partidos cuyo origen no fue electoral se asocia con las siguientes subdimensiones: inexistencia de una organización de apoyo, carácter reformista y reactivo, tipo de origen
32 afrontar el costo de tal elección. Desde el punto de vista de los electores, la elección real para cualquier puesto era la primaria. Además, la ley dejaba en manos de las autoridades partidistas la decisión sobre quien estaba calificado para votar. La exclusión de los votantes de color en esa instancia era un hecho. El control del mismo estaba en las manos de un grupo reducido, egoístamente interesado en perpetuar la anormal situación que se vivía a nivel estatal global. Por otra parte, el Partido Republicano quedaba asociado a la administración de las migajas del gobierno federal vinculándose en exceso al gobierno federal sin tener base electoral (Macy, 1904: 194 y 195). 15. Mainwaring (1998). 16. Para los primeros serían los casos del PC y PL en Colombia y del PC y PN en Uruguay y para los segundos el MVR, el PPT y el PV en Venezuela. 17. En el lento proceso de formación de los partidos políticos es habitual que un solo partido monopolice durante un largo periodo el poder. Esto ocurrió con claridad con el Partido Conservador en Inglaterra tras la reforma electoral de 1932, como antes más claramente había ocurrido con el dominio casi total de los Whigs entre 1690 y 1760 y de los Tories, salvo un breve lapso, hasta 1830. De igual manera, en Estados Unidos el partido de Jefferson fue claramente el partido de la mayoría entre 1800 y 1860 para ser después reemplazado por el Partido Republicano. De la misma manera podría decirse del PC uruguayo o del PL colombiano, cuya presencia todopoderosa a lo largo de buena parte del siglo XIX fue evidente. 18. Este sería el caso para los partidos surgidos de las Revoluciones mexicana, boliviana, dominicana, panameña y nicaragüense, y, en una manera diferente, salvadoreña. Pero también de otros casos donde se produjeron intensos procesos de movilización social en los que se cambió profundamente el régimen político, como podría ser el caso de Venezuela tanto en la década de 1935-1945 como en la de 1990. 19. Con la excepción del caso de Venezuela, en el que por las características de práctica refundación del sistema de partidos a finales de la década de 1990 se ha restringido dicho periodo al comprendido entre las dos elecciones de 1998 y 2000. 20. La suma del número de partidos efectivo es de 64,8 de acuerdo con la Tabla I. 21. El tema es muy clásico y ha sido abordado por muy diversos autores desde perspectivas muy diversas; baste como una muestra los trabajos de: Alexander (1973), Coppedge (1997 y 1998), Di Tella (1993), McDonald y Rulh (1989), Mainwaring y Scully (1995), Nohlen (1993), Perelli, Picado y Zovatto (1995), Ramos (1995), Ranis (1968) y Scott (1966). 22. Otra cuestión muy diferente e igualmente interesante sería la de estudiar qué partidos había en un momento dado y cómo estos partidos fueron desapareciendo o transformándose en otros. 23. Ver al respecto Mainwaring (1998), Diamond et al (1999), Diamond (1999), Moreno (1999) y O´Donnell (2000). 24. Pueden identificarse las siglas de los partidos en el Cuadro I. 25. Me refiero a ser titulares del Poder Ejecutivo o tener Ministros de su formación en el gabinete. 26. Sería el caso de Colombia, donde el periodo del Frente Nacional contribuyó al mantenimiento de las oligarquías tradicionales. Ver Hartlyn (1988) y Hartlyn y Dugas (1999). 27. Sería el caso de Uruguay donde la ley de lemas y el mecanismo del doble voto simultáneo reforzó la presencia durante décadas de los dos partidos tradicionales. Ver Alcántara y Crespo (1992). 28. Sería el caso paraguayo donde se produjo un predominio de casi medio siglo del Partido Colorado (ANR). Ver Abente (1989). 29. Ostrogorski (1902, vol. 2: 619). 30. O lo que para otros autores sería una “coyuntura crítica”, como el momento de la integración de la clase trabajadora en la política latinoamericana. Ver Collier y Collier (1993). 31. Las tres formulaciones teóricas se encuentran en LaPalombara y Weiner (1966: 7); mientras que la institucionalista es claramente recogida de Duverguer (1951: 2-8), las otras dos están en la lógica teórica del momento. LaPalombara y Weiner distinguen tres tipos de crisis causantes de la aparición de un partido: de legitimación, cuando la estructura existente de autoridad falla en afrontar la crisis misma y sigue un levantamiento, de integración y de participación.
33 32. Coalición que integra a las fuerza antipinochetistas y que está integrada como socios principales por el PS, PPD, PDC y el ahora más minoritario Partido Radical. 33. Una aproximación a este tema ya se hizo en Alcántara (1996). 34. Mainwaring (1998). 35. Alcántara (1999). 36. Éstos vendrían a asumir a su ideario el legado del general Pinochet. 37. Se trata de ARENA y del Movimiento Democrático Brasileño. 38. Aquí no se ha considerado la influencia del factor origen parlamentario en los partidos subrayado por Duverguer (1951: 2) en la medida en que para la situación presente de América Latina apenas si podrían incluirse en esta categoría un máximo de cuatro partidos. Estos serían el PMDB brasileño, surgido debido a una escisión de parlamentarios ligados al Movimiento de Unidad Progresista a mediados de 1988, casi todos del PMDB, y el EN uruguayo, cuya experiencia parlamentaria de sus miembros fundadores (Michelini) estuvo en la base de la formación del nuevo partido. Podría discutirse el origen parlamentario para los casos del PRD mexicano, en la medida en que algunos de sus dirigentes contaban con experiencia parlamentaria previa en el PRI, y del PLD, por la escisión protagonizada del PRD en 1973. 39. El origen exterior de los partidos por el que en su nacimiento estaban presentes sociedades de pensamiento, clubes populares o incluso periódicos (Duverguer, 1951: 8) o la existencia de una estructura indirecta de apoyo (Duverguer, 1951: 22) o una institución patrocinadora externa (Panebianco, 1982: 51) como podría ser la Iglesia católica y los sindicatos frente a una situación de estructura directa en la que el partido solamente cuenta con sus militantes. 40. En este apartado no se incluye a la Iglesia católica, habida cuenta que aunque en algunos casos patrocinó activamente la militancia de sus fieles en un determinado partido, el carácter masivamente católico de la población latinoamericana no permite aventurar que todos los católicos inclinaron sus simpatías políticas por dicho partido. 41. Parece evidente que si hay un agente que patrocina “la idea” de un determinado partido una vez creado éste pondrá a su disposición su componente humano. Sin embargo aquí se pretende indicar exclusivamente el papel más relevante, aunque pueda haber algún caso en que se considere que los dos ámbitos son importantes. 42. No se incluyen aquellos cuya organización originaria fue un grupo guerrillero que terminó convirtiéndose en el propio partido, como serían los casos más evidentes en Centroamérica del FSLN y del FMLN; el hecho de que se mantuvieran los cuadros en el liderazgo y gran parte de los principios programáticos así lo aconseja. Sin embargo, el caso del FDNG es diferente, ya que acoge a otros grupos diferentes a la guerrilla de la URNG. 43. Loaeza (1999: 109). 44. Algo similar se puede encontrar en COPEI, aunque no tuvo unos efectos tan fuertes y a la vez evidentes, por lo que aquí no está recogido. 45. Pérez Brignoli (1998: 29). 46. Alcántara (1993). 47. Un caso clásico que debe recordarse, aunque por el significado del empresariado y la propia dinámica de la política del momento no permiten asimilarlo a los otros casos aquí ofrecidos, sería el del PL, que recibió en su nacimiento un apoyo explícito del artesanado colombiano. 48. De hecho la adopción del título de Partido Laborista, en clara sintonía con el exitoso por entonces laborismo inglés, cuyo modelo se basaba en una relación de interdependencia máxima con el mundo sindical, era evidente. 49. Jackisch (1990: 75). 50. Sánchez y Freidenberg (1998). 51. Aunque el estudio no cuenta para este caso con respuestas para todos los partidos considerados y en alguno el nivel de respuesta es muy bajo (ver el Anexo I). Por otra parte hay que tener en cuenta la “mala memoria” o el desconocimiento de la propia historia del partido, especialmente notable para aquellos surgidos hace tiempo.
34 Precisamente, la inversa de esta circunstancia, es decir, los partidos surgidos después de 1975, muestra una casi total coincidencia con lo expuesto en las páginas inmediatamente anteriores. 52. De esta manera, dos de los tres partidos actuales de la República Dominicana se fundaron fuera del país. 53. El FSLN se presentaba en esos momentos como una alternativa de lucha popular diferente a la alternativa “burguesa reformista” que había existido en acciones precedentes. Rompía de este modo con las formas tradicionales de lucha contra la dictadura de la familia Somoza, al rechazar cualquier tipo de acuerdo con el gobierno (Esgueva Gómez, 1999: 77). 54. Se hace alusión al papel de Brasilia, cuya más reciente creación, en términos comparativos con las restantes capitales latinoamericanas, le hace tener una influencia mucho menor en el proceso de proyectar sobre el resto del país nacientes maquinarias partidistas. 55. Si acaso se podría hablar de presupuestos nacionales indígenas. 56. Esto es especialmente evidente para el caso aquí considerado del PRE, cuyo origen es Guayaquil. 57. En la presente sección se va a usar el término de personalismo caudillesco para definir el liderazgo existente en los partidos latinoamericanos del tipo que aquí se aborda. De esta manera se sigue la tradición de la literatura politológica latinoamericana de reivindicar el concepto de caudillo. En este sentido, se entiende por caudillo el dominio patrimonial de la institución desde posiciones estrictamente individuales. No se sigue, por tanto, la posición mantenida por Panebianco (1988: 52) cuando distingue entre líder carismático, aquél que se identifica con el partido de manera que no se concibe al partido sin él, y líder situacional, aquél que ofrece liderazgo en un momento de grave tensión y que es percibido como una fuente y medio de salvación de la crisis. En este sentido, los partidos latinoamericanos aquí referidos como personalistas están más próximos al concepto de líder carismático que al de líder de situación carismático. 58. Como ya se ha indicado en la introducción, a los efectos del presente estudio y habida cuenta que el trabajo de campo se cierra a mediados de 2000, se sigue considerando el caso de Cambio90 en su circunstancia a septiembre de 2000, todo ello a pesar de que es una formación virtualmente extinguida. 59. Michels (1915: 177) señalaba que muy raramente la lucha entre los viejos líderes y los nuevos termina en la derrota completa de los primeros y que el resultado del proceso no era tanto la circulación de las élites como su reunión, una amalgama de los dos elementos. En América Latina lo que resulta raro es la lucha entre los dos liderazgos, el nuevo y el viejo; lo que generalmente sucede es que el primero se agota sin dejar paso al recambio, el síndrome de “morir con las botas puestas” es claramente predominante en este tipo de partidos de origen personalista. 60. Perón y Arias fueron reemplazados, en primera instancia, por sus viudas, María Estela Marínez (“Isabelita”) y Mireya Moscoso, mientras que en los otros cinco casos el liderazgo pasó a tener características no personalistas. 61. Cuatro de los partidos vigentes, surgidos en la primera mitad del siglo XIX, PC y PL en Colombia y PN y PC en Uruguay, tuvieron un origen estrechamente vinculado al estamento militar por el proceso de construcción estatal que estaba aconteciendo entonces; sin embargo, a los efectos de este análisis, han sido considerados como partidos de origen civil-colectivo, ya que así era concebido el espíritu de la época. Esta situación no puede ser compartida con los otros dos partidos, también originarios del siglo XIX, como son la ANR y el PNH, fundados respectivamente por los generales Bernardino Caballero y Manuel Bonilla y cuya vinculación al estamento militar ha sido siempre constante. 62. Hay que tener en cuenta que el significado de la categoría “revolucionario” varía enormemente a lo largo del tiempo, de ahí que en el presente epígrafe se haya reducido al siglo XX (la UCR se considera a estos efectos un partido del siglo XX) y a lo que en el momento del origen se entendía por revolucionario. 63. Como efectivamente ocurrió en todos los casos exitosos en que el partido llegó a, o estaba en, el poder, esto es en los casos del PRI, MNR, PRD panameño y FSLN. No ocurrió tanto así en los otros casos en los que el partido revolucionario tardó mucho en llegar al poder, perdiendo buena parte de las “esencias revolucionarias” (como aconteció con el PAP y el PRD dominicano) o lo hizo de manera compartida (como ocurrió con el PS, el MAS), sirviendo en todos los casos de fermento de ideas y actitudes en la arena política nacional durante mucho tiempo. El FMLN quedaría fuera de estas clasificaciones, aunque desempeña un papel similar a los otros. 64. Jackisch (1990: 53-58). 65. Jobet (1987). 66. Hartlyn (1998).
35 67. Lazarte (1991: 583). 68. Se produjo una guerra civil justificada por los resultados de las elecciones de 1948 al sostener la oposición que hubo un fraude en la elección presidencial, por lo que una fracción de ésta, compuesta por miembros del Centro de Estudios para los Problemas Nacionales y del Partido Social Demócrata, se alzó contra el gobierno logrando derrocarlo. 69. Aunque los efectos institucionales de la puesta en marcha de alguno de los partidos no se produzca sino hasta una década después, como sucede con el PRD panameño y el FMLN e incluso más tarde con el FDNG. 70. Torres-Rivas (1982). 71. Su antecedente inmediato fue el Partido Democrático Nacional (PDN), nombre con el cual funcionó en la clandestinidad hasta el momento de su legalización durante el mandato del General Isaías Medina Angarita, militar contra el que llevó a cabo el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945, instalándose de inmediato una “junta revolucionaria de gobierno” presidida por Rómulo Betancourt. 72. Manigat (1969). 73. Que era su núcleo constitutivo fundamental en el que habían convergido el Frente del Sur y el FREDEJUSO, así como agrupaciones menores como la Democracia Avanzada y Alternativa Popular Democrática en abril de 1993. 74. Política Abierta para la Integración Social fue formado poco tiempo antes por el dirigente peronista y ex gobernador de la Provincia de Mendoza José Octavio Bordón. 75. Partidos ambos que venían del tronco del oficialismo brasileño de ARENA y de su inmediata escisión, el PDS. 76. El primer y más directo heredero de ARENA fue el PDS, del que surgieron diferentes partidos; de entre ellos, el que tuvo más éxito fue el PFL. De dos de sus derivados, el PPR y el PP, como se ha dicho anteriormente, surgió el PPB. 77. De los partidos brasileños estudiados solo el PT puede considerarse nuevo y ajeno a este proceso. El PPB se constituyó por integración del PPR y del PP que, a su vez, procedían indirectamente de ARENA. 78. Aunque en este caso el liderazgo fuerte provino de la parte segregada de la mano de Juan Bosch. 79. Se aleja, por tanto, de la línea seguida por Coppedge (1997) -que no entra estrictamente en el caso del origenal abordar todos los partidos de once países latinoamericanos activos durante el siglo XX. 80. A diferencia de otras regiones, América Latina no tiene una sólida tradición de expresiones armadas regionales. Estas, en otras latitudes, suelen estar en la base de actitudes secesionistas, las cuales no cuentan con un espacio significativo en la región. BIBLIOGRAFÍA CITADA ABENTE, Diego: Stronismo, post-stronismo, and the prospects for democratization in Paraguay. Notre Dame, Helen Kellogg Institute for International Studies, University of Notre Dame, 1989. ALCÁNTARA, Manuel; CRESPO, Ismael: Partidos políticos y elecciones en Uruguay (1971-1990). Madrid, CEDEAL, 1992. ALCÁNTARA, Manuel: “La visión latinoamericana de la socialdemocracia española” en VELLINGA, Menno (coord.): Democracia y Política en América Latina. México, Siglo XXI, 1993, p. 155-179. ALCÁNTARA, Manuel: Sistemas políticos de América Latina (2 vol.). Madrid, Tecnos, 1999. ALEXANDER, Robert J.: Latin American Political Parties. New York, Praeger, 1973. COLLIER, Ruth Beriens; COLLIER, David: Shaping the Political Arena. Princeton, Princeton University Press, 1993.
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38 ANEXO I La penetración territorial en el origen de los partidos Sigla Partido Político Porcentaje n FDNG Frente Democrático Nueva Guatemala 100 5 FRG Frente Republicano Guatemalteco 100 6 UCS Unión Cívica Solidaridad 100 10 PDT Partido Democrático Trabalhista 100 9 C´90 Cambio90 100 10 PAP Partido Aprista Peruano 100 11 PSC Partido Social Cristiano 100 21 PRE Partido Roldosista Ecuatoriano 100 19 DP Democracia Popular 93,8 16 ID Izquierda Democrática 93,8 16 PPD Partido Por la Democracia 90,9 11 PDC Partido de la Democracia Cristiana 90,0 10 PNH Partido Nacional Hondureño 90,0 10 PLC Partido Liberal Constitucionalista 90,0 10 UPP Unión Por el Perú 90,0 10 RN Renovación Nacional 88,9 9 ARENA Alianza Revolucionaria Nacionalista 88,9 9 MNR Movimiento Nacionalista Revolucionario 85,7 7 FMLN Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional 83,3 6 ADN Alianza Democrática Nacionalista 81,8 11 PLD Partido de Liberación Dominicana 80,0 5 PRSC Partido Revolucionario Socialcristiano 80,0 5 PLH Partido Liberal Hondureño 80,0 10 UCR Unión Cívica Radical 75,8 33 PJ Partido Justicialista 75,0 20 PUSC Partido de Unidad Social Cristiana 66,7 12 PA Partido Arnulfista 66,7 6 PLN Partido Liberación Nacional 62,9 13 PC Partido Conservador 57,1 7 PAN Partido de Acción Nacional 54,5 22 PRD Partido Revolucionario Democrático (Panamá) 50,0 10 MIR Movimiento de Izquierda Revolucionaria 50,0 10 PS Partido Socialista 45,5 11 PL Partido Liberal 42,9 7 PAN Partido de Avanzada Nacional 40,0 5 PMDB Partido do Movimento Democrático Brasileiro 40,0 5 PRD Partido Revolucionario Dominicano 40,0 5 UDI Unión Demócrata Independiente 37,5 8 FREPASO Frente del País Solidario 32,4 34 PT Partido dos Trabalhadores 27,3 11 PPB Partido Progressista Brasileiro 14,3 7 PRD Partido Revolucionario Democrático (México) 13,0 23 MUPP Movimiento Patchakutick-Nuevo País 0,0 9 Pregunta: “Por favor hablemos de los orígenes de su partido. Podría indicarme si cuando comenzó a organizarse hubo un centro geográfico que controló el desarrollo de las diferentes agrupaciones locales o, por el contrario, si la organización nacional fue resultado de la unión de las agrupaciones locales”. Fuente: PPAL (1999)
39 Apoyo de una organización social externa Sigla Partido Político Porcentaje n PPD Partido Por la Democracia 100 10 UCS Unión Cívica Solidaridad 88,9 9 PJ Partido Justicialista 85,0 20 PT Partido dos Trabalhadores 80,0 10 FDNG Frente Democrático Nueva Guatemala 80,0 5 PRD Partido Revolucionario Democrático (Panamá) 80,0 10 MUPP Movimiento Unidad Plurinacional Patchakuick 77,8 9 FMLN Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional 66,7 6 MIR Movimiento de Izquierda Revolucionaria 66,7 9 ADN Alianza Democrática Nacionalista 63,6 11 PC Partido Conservador 60,0 5 PRD Partido Revolucionario Democrático (México) 56,5 23 PS Partido Socialista 54,5 11 PL Partido Liberal 50,0 6 ARENA Alianza Revolucionaria Nacionalista 50,0 10 PUSC Partido de Unidad Social Cristiana 45,5 11 FREPASO Frente del País Solidario 42,3 26 PRSC Partido Revolucionario Socialcristiano 40,0 5 C´90 Cambio90 33,3 9 PLN Partido Liberación Nacional 30,8 13 PLH Partido Liberal Hondureño 30,0 10 UPP Unión Por el Perú 30,0 10 FSLN Frente Sandinista de Liberación Nacional 30,0 10 MNR Movimiento Nacionalista Revolucionario 28,6 7 PDC Partido de la Democracia Cristiana 22,2 9 RN Renovación Nacional 22,2 9 PAN Partido de Avanzada Nacional 20,0 5 PAP Partido Aprista Peruano 18,2 11 PFD Partido Fuerza Democrática 16,7 12 UDI Unión Demócrata Independiente 12,5 8 PLC Partido Liberal Constitucionalista 11,1 8 PNH Partido Nacional Hondureño 10,0 10 PAN Partido de Acción Nacional 8,7 23 UCR Unión Cívica Radical 6,1 33 PSC Partido Social Cristiano 0 19 PRE Partido Roldosista Ecuatoriano 0 19 ID Izquierda Democrática 0 15 DP Democracia Popular 0 14 PDT Partido Democrático Trabalhista 0 6 PRD Partido Revolucionario Dominicano 0 5 PLD Partido de Liberación Dominicana 0 5 PA Partido Arnulfista 0 5 Pregunta: “En ese mismo momento (los orígenes del partido), ¿había alguna organización social que apoyara con recursos materiales y/o humanos el surgimiento de su partido político?” Fuente: PPAL (1999)