Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) : la Olimpiada popular de 1936
Abstract
Este documento contiene los resultados de la investigación llevada a cabo por los autores entorno a los intentos de organización de una Olimpiada Popular en Barcelona el año 1936.
Full text
Deporte y relaciones internacionales (1919-1939): la Olimpiada popular de 1936 Gabriel Colomé y Jeroni Sureda Universitat Autònoma de Barcelona. Facultat de Ciències Polítiques i Sociologia El Centro de Estudios Olímpicos (CEO-UAB) publica trabajos en elaboración con el objetivo de facilitar su discusión científica. Su inclusión en esta colección no limita su posterior publicación por parte del autor, que conserva la integridad de sus derechos. Este trabajo no puede ser reproducido, ni integra ni parcialmente, sin el permiso del autor. Este texto coordinado por el Dr. Gabriel Colomé, incluye los resultados de la investigación llevada a cabo por los autores con la intención de organizar la Olimpiada Popular de Barcelona en 1936. Ref. WP020
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 2 Para referenciar este documento, podéis utilizar la siguiente referencia: Colomé, Gabriel, coord.; Sureda, Jeroni (1994): Deporte y relaciones internacionales (1919-1939): la Olimpiada popular de 1936 [artículo en línea]. Barcelona: Centre d’Estudis Olímpics UAB. [Consultado el: dd/mm/yy] <http://olympicstudies.uab.es/pdf/wp020_spa.pdf> [Fecha de publicación: 1995]
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 3 SUMARIO I. INTRODUCCIÓN. 1. El sistema de entreguerras. 2. España en el sistema internacional. II. LAS OLIMPIADAS POPULARES DE BARCELONA DE 1936. 1. Los antecedentes. A. El marco de las Olimpiadas Populares de 1936. B. El marco legal: ¿por qué en Barcelona? C. La tradición deportiva. D. La tradición obrera y asociativa. E. El deporte como herramienta de re-establecimiento nacional. F. El marco estatal. G. El marco europeo. H. La situación de las Internacionales Obreras. 2. La organización de la Olimpiada Popular. A. El CCEP. B. La Financiación. C. La participación. 3. Percepción: Olimpiada Popular o Semana del Folklore. A. Los Organizadores. B. Los grupos políticos. C. El nombre. D. Los participantes. 4. El mundo deportivo. III. INTERPRETACIONES. 1. ¿Berlín versus Barcelona? 2. El papel de la Unión Soviética. 3. Las Brigadas Internacionales. 4. Límites a la influencia del deporte en las relaciones internacionales. 5. Evolución de la apropiación nacionalista del deporte por el estado. BIBLIOGRAFIA
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 4 I. INTRODUCCIÓN 1. El sistema de entreguerras Los cambios que sufrió el mapa europeo después de la Gran Guerra afectaron la estructura del sistema internacional, un sistema de equilibrio multipolar que más o menos había se mantenido desde la Paz de Westfalia en 1648. La derrota de los imperios centrales de Alemania y de Austro-Hungría dejó fuera de juego dos de las potencias esenciales del sistema anterior. Esta derrota hizo aparecer nuevos estados, a los cuales les faltaba un espacio en el nuevo orden. Además, la Revolución Rusa rompió la unidad ideológica del sistema euro centrista que dominaba hasta entonces: por primera vez, un estado europeo adoptaba un régimen político que no respetaba el modelo capitalista de producción. Y fuera de Europa, dos nuevas potencias, Estados Unidos y Japón, aunque no jugaran el papel que les correspondía en el escenario internacional, empezaron a emerger. La falta de participación de los Estados Unidos y de la Unión Soviética en el sistema nacido en Versalles (ninguno de los dos era miembro de la Sociedad de Naciones), y la búsqueda de un nuevo equilibrio, hizo de esta época un período de transición, y las transiciones abren a nuevas fronteras, dan nuevas posibilidades de acción en la política internacional. 2. España en el sistema internacional España fue país neutral durante la guerra y no tuvo una ruptura con el pasado en el 1918; el cambio de régimen vino en 1931 con la segunda República, aunque hay que tener en cuenta el período que representa la dictadura de Primo de Rivera. Si las transiciones sirven para hacer soñar a los internacionalistas, también nos permiten saber hasta que punto la política exterior de los estados está condicionada por una serie de factores que van más allá del sistema político del momento, o si en cambio, son fruto de la política interior. No todos los estados tienen los mismos intereses. Por ejemplo, ganar una medalla Olímpica o un campeonato internacional, no es lo mismo para un estado pequeño que para uno grande. Es por eso que el deporte puede jugar papeles distintos en cada estado, y para saber que modelo de explotación deportiva le es más apropiado tenemos que saber qué papel quiere y puede jugar un estado determinado. La gama teórica de posibilidades que ofrecía la inestable situación internacional, parecía que en términos reales, en el caso de España no se agotaba. Tampoco los cambios en la Monarquía o la República representaban ninguna ruptura con la política exterior española tradicional. Según lo que dice Mª. de los Ángeles Egido:
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 5 “La República, a pesar de las intenciones, representó de hecho una continuidad respecto a la línea de política exterior iniciada en el período precedente. En efecto, se mantuvo la orientación esencial hacia el bloque franco-británico, aunque sin firmar alianzas que lo ratificasen, la neutralidad como fórmula oficial y una voluntad de cooperación y amistad desinteresada con todas las naciones, ahora en el marco de la Sociedad de Naciones, colaborando tácticamente con los neutrales y dedicando una especial atención a los países de nuestra lengua y cultura” (Egido, 1990, p. 611) II. LAS OLIMPIADAS POPULARES DE BARCELONA DE 1936 1. Los antecedentes Antes de que Barcelona fuera nominada en 1986 para organizar los Juegos Olímpicos de 1992, la ciudad ya había sido candidata varias veces. En el período de entreguerras, hubo varios intentos para celebrar los Juegos en Barcelona en 1924, 1936 y 1940. Los distintos fracasos que sufrió Barcelona sirven como modelo de estudio de las características que el Olimpismo de esa época y también el Movimiento Olímpico, para bien o para mal, han ido cambiando progresivamente su papel en el marco internacional, aunque mantengan algunos rasgos específicos a lo largo de la historia. Los pasos que siguieron Elias y Juncosa para intentar de influenciar al Barón de Coubertin para que eligiera Barcelona como sede de los Juegos de 1920 tienen que ser considerados como otra tentativa. Andreu Marcé Varela nos habla de este primer intento. Lo que podía hacer ganar a España era que el país había estado neutral durante la guerra que justo acababa de finalizar, y es por eso que no había estado destruida como tantos otros sitios de Europa. Por esta primera vez, la acción había sido algo más que un sondeo, una negociación personal. El caso de 1924 fue una petición más formal, pero el presidente del COI, el Barón de Coubertin, expresó su deseo de presidir una vez más los Juegos Olímpicos en París después del fracaso de 1900. De todos modos, tenemos que mencionar algunos hechos referentes a las relaciones entre los promotores de la candidatura de Barcelona’24: la sociedad catalana que estaba gobernada por los regionalistas y el Comité Olímpico Español (COE). En 1920, el presidente del COE, el Marqués de Villamejor mandó un telegrama a los promotores en el que decía: “... reunido el CIO, rechazó unánimemente la proposición que había hecho la Mancomunidad catalana de que se celebrase en Barcelona la próxima Olimpíada. El Comité español solicitó que la Olimpíada se celebre en EspañaEsta petición se tomó en consideración para decidir, pues igual demanda formulan Italia y los Estados Unidos” (Pujadas-Santacana, 1990, p.41). Después de las consultas pertinentes, el CIO recordó que los Juegos se atribuían a una ciudad, nunca a un país. La candidatura de Barcelona, finalmente, fue aceptada.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 6 Para los Juegos de 1936 y 1940, el rechazo de la candidatura de Barcelona fue debido a dos motivos. El primero tendría que ver con la situación internacional: la creciente importancia del olimpismo por las razones antes mencionadas hizo que hubiera cada vez más competencia en el momento de nominar una sede olímpica. Además había una larga lista de espera. En 1931, año en que se tenía que decidir dónde se harían los Juegos de 1936, Roma y Berlín aspiraban también a ser sedes olímpicas. En el caso de Berlín, quien finalmente se llevó los Juegos, hay que tener en cuenta que ya había sido elegida para los Juegos de 1916, y que la nueva situación después de la alianza entre Francia y la República de Weimar hacían pensar en una nueva era de paz en Europa. Dar los Juegos a Berlín era un gesto de obvio contenido político de soporte a la distensión. El segundo motivo se encuentra en coincidencias muy curiosas. En Barcelona se hubiera hecho una sesión del CIO en la que se tendría que haber elegido la sede de 1936. Pero la fecha fijada era para finales de abril. La proclamación de la República, aunque fuera de forma ordenada, sin demasiados incidentes, no frenó las preocupaciones de los padres del olimpismo, y la mayoría rechazaron de venir a Barcelona y mandaron su voto por correo. En esta sesión, se tendría que haber aprobado la candidatura de Barcelona para los Juegos Olímpicos Oficiales de 1936. Según Alfred Bosch, en su estudio sobre la evolución del olimpismo en Barcelona: “Se produjeron algunas tensiones entre los representantes del Comité Olímpico Español y los altos cargos republicanos, que estallaron cuando sonó La Marsellesa: el propio Barón de Güell pareció contribuir profidiosamente a desprestigiar el proyecto que él mismo había concebido.” (Bosch, 1992, p. 36) Si esto pasaba en 1931, tenemos que pensar que la victoria izquierdista en las elecciones de 1936 se hubieran alienado aún más los dirigentes deportivos españoles de lo que lo estaban en esa realidad política, aunque la composición del COE hubiera cambiado un poco después de la llegada de la República. A. El marco de las Olimpiadas Populares de 1936 La frustrada Olimpiada popular que se tenía que celebrar en Barcelona en julio de 1936 fue uno de los pocos eventos de carácter internacional, no sólo de carácter bilateral, que tuvo una ciudad de la República Española como escenario. La Olimpiada Popular de Barcelona nunca llegó a inaugurarse porque el día previsto para la apertura de la ceremonia fue el día en que estalló la Guerra Civil Española. Esto hace que los posteriores análisis no se puedan hacer tomando como base de información lo que podría haber pasado, sino teniendo en cuenta los actores y factores que estaban implicados en la preparación de este festival deportivo.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 7 B. El marco legal: ¿por qué en Barcelona? Un artículo en el periódico conservador de Barcelona La Veu de Catalunya del 15 de julio de 1936, que acusaba de comunista a la Olimpiada Popular que iba a celebrarse, decía que había dos motivos por los cuales se había escogido Barcelona y no Moscú como sede de los encuentros deportivos que estaban a punto de empezar: por ser la primera ciudad deportiva de la Península y porque tenía las mejores instalaciones. Lo que no decía el artículo era porque la Olimpiada Popular se hacía en Barcelona y no en otra ciudad europea. Entre las causas que pueden explicar las razones por las cuales se celebraría esta Olimpiada Popular en Barcelona estaría su tradición deportiva, olímpica, obrera, nacionalista y asociacionista. C. La tradición deportiva La tradición deportiva de Barcelona tiene diferentes características que las del resto de España. Es un hecho consensuado que en todas partes el deporte nace como una actividad privada, y que en principio, el Estado no tiene nada que decir al respeto. Pero en llegar la Gran Guerra, esta actividad ya no era exclusiva de la aristocracia (como por ejemplo el boxeo, el esgrima o la equitación), sino que iba de la mano de la burguesía industrializada (por ejemplo los deportes de motor). A comienzos de siglo la dedicación a los deportes, ya fueran aristocráticos o burgueses, eran de clase elitista. Por eso no sorprende que fuera en Cataluña donde más se practicar este deporte burgués, ya que era la zona más industrializada de la península. Es interesante ver las diferencias entre los deportes que se practicaban en Madrid y en Barcelona antes de la guerra de 1914. Mientras que en Madrid predominaban los deportes militares o aristocráticos como el tiro, el esgrima o la hípica, en Barcelona, en cambio, se practicaba el automovilismo y los deportes náuticos (Barcelona está al lado del mar). En este período aún no hay implantación del rey de los deportes olímpicos, el atletismo, que no tendrá demasiada repercusión hasta los años 30. D. La tradición obrera y asociativa En el periodo de entreguerras hubo dos elementos que iban estrechamente ligados y que crecieron en importancia: por un lado, los cambios sociales, una mejor organización de las asociaciones obreras permitió tener más tiempo libre, y el deporte era una parte importante. Por el otro lado, se acentuó la intervención del gobierno en los deportes una vez que éste descubrió la influencia que este tenía. Barcelona, delantera en las luchas obreras y en sindicalismo des del siglo XIX estaba en buenas condiciones para movilizar a la población trabajadora hacia un evento deportivo como la Olimpiada Popular. En cambio, a pesar de la tradición obrera y deportiva de la ciudad y de la región industrial que la rodeaba, no había ninguna implantación de las internacionales deportivas obreras. Quizás esto tiene algo que ver con el hecho que existiera una corriente obrera anarquista, pero también con que la practica deportiva se desarrollara en las secciones deportivas de los ateneos populares, que aunque fueran obreros, no eran partidarios.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 8 El anarquismo se considera un elemento significativo del movimiento obrero de Barcelona. En cambio, no hay Internacionales deportivas anarquistas. Una posible explicación la dan Pujades y Santacana (1990, p. 60) creyendo que los dirigentes anarquistas no tenían interés para el deporte o la educación física. Por el contrario, muchos de los ateneos populares de Barcelona estaban formados por anarquistas, y también eran anarquistas muchos de los componentes de las secciones de gimnasia o deportivas. ¿Por qué no se explotó este interés hacia el deporte de los anarquistas como individuos? Quizás una explicación la encontraríamos en el hecho que el objetivo de los ateneos era el de conseguir el recreo y un mayor desarrollo cultural de sus miembros y no quisieron separar el deporte de las otras actividades. Esto significa menospreciar el espíritu competitivo que suele ir con el deporte. Por otro lado, siempre ha habido algunos sectores tanto en el seno del movimiento anarquista como en el de las izquierdas, obreras o no, que piensan que el deporte es una forma de perder el tiempo, tiempo que podría emplearse mejor en la lucha para conseguir el poder político y económico (STEINBERG D, 1978, p. 233). Así pues, las bases de la tradición deportiva obrera que hicieron posible la organización de la Olimpiada Popular de 1936, provienen de los ateneos populares, de los clubes obreros y de las asociaciones deportivas; son principalmente de tipo base y llegaron a su punto álgido en el tiempo de la República. E. El deporte como herramienta de re-establecimiento nacional El deporte era también considerado como una herramienta de cohesión social, de identificación con un grupo. La percepción de esta posible instrumentalización del deporte no se ha dado con la misma rapidez en todos los sitios; la historia del deporte y del olimpismo va muy atada a la asunción de los gobiernos, de los partidos y también de los poderes económicos, de las posibilidades que da el deporte. Antes hemos hablado de la falta de percepción, de la “poca vista” que tuvieron los dirigentes deportivos anarquistas. No fueron los únicos. En el Rapport Intermédiaire, ya se dice que cuando Hitler llegó al poder “il n’a, de toute évidence, pas eu conscience de l’énorme potentiel politique de ces Jeux” (“es evidente que no ha tenido conciencia del enorme potencial político de estos Juegos”), (p. 79). Las nuevas autoridades alemanas lo aprenderán rápido. En el caso de España y de Cataluña, las instituciones públicas y los partidos políticos también aprendieron que el deporte era un elemento socializador, en este caso, nacional o estatal. Y esto significó el inicio de las políticas deportivas que hicieron incrementar el número de participantes durante este período. El popularismo deportivo también fue provocado por el olimpismo y la prensa deportiva. Con la llegada de la dictadura del General Primo de Rivera en 1924 y la supresión de la Mancomunidad de Cataluña, el deporte fue otro elemento para fortalecer el sentimiento nacionalista. Esto es visible con el periódico La Rambla. El deporte, como pasaría después en los años de la otra dictadura española, sirvió de sustituto a las actividades políticas nacionalistas no permitidas. Con la proclamación de la República en 1931, los partidos políticos, nacionalistas o no, hacen suyos parte
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 9 de los ideales de la vida sana y de compañerismo, espejados en el ejemplo de los sokoles checos. Esta tendencia favoreció la creación de agrupamientos juveniles que, como podían pensar algunos, eran demasiado parecidos a las organizaciones de jóvenes de carácter paramilitar que había en los países con un gobierno fascista o nazi. Por eso las Joventuts d’Esquerra Republicana de Catalunya, JERC, tuvieron que luchar para demostrar que su ideal era el movimiento scout de Baden Powell y no la sintonía del “Giovinezza”. F. El marco estatal El espíritu que hizo posible la organización de la Olimpiada Popular iba ligado a un hecho político de abasto estatal: la victoria de las izquierdas en las elecciones generales españolas del mes de febrero de 1936. El resultado de las elecciones representó un cambio en el gobierno de Madrid, pero también la recuperación de las instituciones catalanas que habían sido suspendidas después de los hechos del octubre de 1934. Entre los partidos ganadores también había una novedad: la formación de un Frente Popular, a la manera como se había hecho en Francia, y en el que a parte de los partidos liberales de izquierda, los partidos comunistas y socialistas también participaron. Estos tres acontecimientos tendrían que haber dado confianza a los organizadores barceloneses: se había recuperado la libertad nacional; se había conseguido una sintonía con el gobierno estatal, las izquierdas estaban unidas y además, a pesar del paso lento de Francia, también habría una victoria del Frente Popular en las elecciones celebradas entre el mes de abril y mayo del mismo año 1936, con lo que las relaciones entre los gobiernos de España y Francia, en teoría, tendrían que ser buenas. G. El marco europeo El mes de julio de 1936 fue decisivo para la evolución del sistema de seguridad que se había diseñado justo en terminar la Gran Guerra. La presencia del Negus en Ginebra no evitó que se levantaran las sanciones impuestas por la Sociedad De Naciones a Italia como potencia agresora. La ocupación de la Renánia por parte de Alemania y la impunidad con la que Italia había conquistado Abisinia mostraron en ese mes de julio que la SDN, antes considerada como la respuesta a los peligros de una nueva guerra, no tenía la autoridad suficiente para mantener el orden internacional. Las voces que pensaban que las riendas del deporte internacional tendrían que pasar del CIO a una institución más democrática, como podría haber sido la misma SDN, quedaban atrás (y paradójicamente parece que de la delicadez de la SDN, el CIO le sacaba provecho, fortaleciéndose así aún más). El hecho que las ocupaciones vinieran por parte de los dos regímenes fascistas implantados en Europa, puede hacer entender que en el año anterior los partidos socialistas y comunistas de los países democráticos formaran coaliciones, a pesar de que hasta el momento hubieran estado enfrentados. El aumento del poder central del Frente Popular después de las elecciones generales de febrero del 36 puso a España en sintonía con la vecina Francia donde también los partidos del Frente Popular ganarían las elecciones poco después. Y entre los campos de batalla contra los totalitarismos fascistas había uno de particularmente apetitoso: el
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 16 con la significación y alcance de los Juegos Olímpicos, según se desprende de las manifestaciones autorizadas que se han hecho públicas recientemente, sólo puede ver con satisfacción todas las competiciones y certámenes que por su naturaleza fomentan el desarrollo y difusión del deporte.” (La Veu de Catalunya, 3/7/36, pàg 25). III.-INTERPRETACIONES. 1. ¿Berlín versus Barcelona? ¿Cuáles eran los objetivos de la Olimpiada Popular? ¿Qué relación tenían con el interés por el olimpismo en Cataluña? La Olimpiada de Barcelona no fue una respuesta a la intromisión de la política en el mundo del deporte, sino contra el tipo de política que era favorecido por la Olimpiada de Berlín. En este sentido no usó el doble lenguaje de las instituciones olímpicas, es decir que no escondió el sentido ideológico de los Juegos Populares. A un nivel superficial la Olimpiada Popular tenía muchas cosas en común con el olimpismo oficial: mantenía los valores olímpicos de compañonía, amateurismo y solidaridad internacional. Además, también se jugaban casi los mismos deportes, excepto el rugby, el ajedrez o la pelota, deportes no olímpicos. Pero a un nivel más abstracto la convocatoria de Barcelona reforzaba el carácter eurocéntrico de los deportes y de los participantes y en este aspecto no rompía moldes con el olimpismo oficial, aunque se rompió el monopolio de la participación estatal con delegaciones regionales y locales. Hasta que no se vieron las fuentes de otros países europeos o de los Estados Unidos, fue difícil saber hasta que punto las organizaciones antifascistas de ambos lados del Atlántico vieron en Barcelona la oportunidad de oscurecer los juegos de Berlín. Los organizadores de la Olimpiada Popular aprovecharon los actos pro-boicot de los Juegos Olímpicos para conseguir adhesiones al acontecimiento de Barcelona, pero no tenemos pruebas para saber hasta qué punto las delegaciones deportivas dispuestas a venir a Barcelona lo hacían como un acto simbólico de protesta o con el objetivo de arruinar los Juegos de Berlín. Lo que si sabemos es que los Juegos de Berlín fueron un éxito y por lo contrario la Olimpiada Popular no llegó a empezar. ¿Se puede considerar este hecho como una muestra más de la flaqueza, o de la falta de previsión, de las instituciones europeas, de la izquierda en general, en frente del peligro fascista? ¿Fue el fracaso de Barcelona una muestra más del avance de los fascismos que en no poder o no querer ser parados acabarían por hacer estallar una nueva guerra? Había demasiadas especulaciones para poder establecer si el caso de la Olimpiada Popular tiene algún significado en el mundo de las relaciones internacionales de entreguerras. Como ya hemos visto antes, la falta de beligerancia de las autoridades olímpicas hacia la Olimpiada
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 17 Popular se puede interpretar como una manera de salvaguardar los Juegos de Berlín. Una celebración paralela dividía las energías, y hacía que los opositores a Berlín se preocuparan más para organizar una fiesta deportiva alternativa que no para boicotear los Juegos Oficiales. En cualquier caso se tendría que revisar lo que representaron los Juegos Olímpicos de Berlín en la historia del Olimpismo. Considerados como que una golondrina no hace primavera, su modelo ha sido copiado por los organizadores de los Juegos posteriores. 2. El papel de la Unión Soviética La ausencia de una delegación soviética en la participación del evento deportivo de Barcelona es muy significativo. Hay muchas interpretaciones distintas. Se puede razonar que si los atletas no vinieron fue precisamente como muestra de prudencia de las autoridades deportivas de Moscú, que no querían poner en un compromiso los otros participantes. El hecho que los deportistas soviéticos no estuvieran homologados en las federaciones internacionales podría haber creado problemas. Sin embargo, esta interpretación pierde valor si tenemos en cuenta que hubo participación soviética en las Olimpiadas Obreras de Anvers de 1937. Además hay una interpretación más política. Con la entrada de la URSS en la SDN hay un interés para participar en instituciones y organismos internacionales. Aunque la entrada en la familia olímpica no se produjera hasta los años cincuenta, en plena Guerra Fría, la postura oficial soviética era cada vez más favorable al olimpismo, considerado en un principio como ejemplo de deporte burgués. De esta manera, en 1939, se celebró el Día Olímpico en la URSS (Enciclopedia of the National Olympic committees: The USSR. Lausana: CIO, 1979). El hecho de no venir a Barcelona podría responder a este interés para no enfrentarse al movimiento olímpico, en el marco de una política de estado que por motivos ideológicos no acostumbra a ser percibida como tal sino como una política partidista. Se ha hablado mucho de la paradoja que representaba un Stalin decidido a defender unos intereses estatales, intereses del movimiento comunista internacional como si fueran los mismos que el de la clase obrera. La postura de la URSS en relación a los deportes internacionales no está clara. ¿Estaba Stallin interesado a seguir manteniendo la creencia en el deporte proletario y enfrentarlo así a los Juegos Oficiales? Se tendría que estudiar si en los orígenes de las dos Internacionales del deporte obrero había la intención de oponerse a la burguesía o de tener la hegemonía en el deporte obrero y de esta manera enfrentarse a la otra internacional deportiva obrera. Si el objetivo de la creación de la Internacional Roja del Deporte había tenido esta segunda intención, entonces se entiende que en un momento en el que interesaba participar en las competiciones deportivas burguesas, no tendría sentido el enfrentamiento con la internacional Socialista. Por eso los objetivos de los comunistas de Thorez que fueron a Moscú en 1935 para pedir el visto bueno de Stalin a au propuesta de alianza con los socialistas, encontraron una respuesta positiva.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 18 Aún había otra interpretación más sutil y que quizás se podría rebatir con autoridad: si los partidos socialdemócratas europeos eran considerados como burgueses por parte de los comunistas, entonces las políticas del Frente Popular del momento representaban un pacto con los partidos burgueses para hacer frente al fascismo. Y esta tendencia se haría más simple después de dar por terminada la luna de miel forzada con Alemania después del pacto de Von Ribbentrop-Molotov. El Olimpismo oficial como expresión del deporte burgués dejaba así de ser un enemigo. A los intentos de las organizaciones socialistas y comunistas para servirse del deporte como una herramienta con la que se pudiera hacer la lucha de clases, la URSS respondió de forma poco entusiasta. Si desde Moscú la tesis oficial había sido durante tanto tiempo la de oposición al deporte burgués y a lo que se llamaba deporte socialdemocrático, ahora acabará por aceptar las reglas del juego, se llame CIO o tenga otro nombre. Al final, el Frente Popular Deportivo no quiso llamar unión de las dos centrales contra el CIO, sino su desaparición. El fracaso de Barcelona muestra no sólo la lucha antifascista y romántica, sino también el descubrimiento de los intereses de estado aplicados al deporte. Una vez más el deporte olímpico servía para fortalecer el papel del estado, pero al mismo tiempo, por muy cruel que pueda parecer poco antes de una guerra, servía para fortalecer el orden mundial. 3. Las Brigadas Internacionales Hasta ahora no hemos hablado de la supuesta relación entre la estancia en Barcelona de los deportistas que habían venido a la Olimpiada Popular y la formación de las Brigadas Internacionales pocos meses después. Según el testimonio de algunos participantes, hubo atletas que en lugar de volver a su lugar de origen se añadieron a las filas que iban hacia el frente aragonés. Sin embargo, no hemos encontrado ningún dato, como tampoco no hemos visto la posible relación entre la presión de los atletas de la Olimpiada Popular y el reclutamiento posterior de voluntarios para las Brigadas Internacionales. Así pues se tendrá que hacer una revisión de la información relativa a la participación de voluntarios extranjeros a Barcelona como resultado directo o indirecto de la Olimpiada Popular de Barcelona. 4. Límites a la influencia del deporte en las relaciones internacionales Hay críticas a la influencia de la política en el deporte, pero no encontramos de qué manera podemos mesurar esta posible influencia. Hay unos límites en la importancia del deporte en la política, pero este límite paradójicamente lo hace más importante en el mundo de las relaciones internacionales. No se puede generalizar cuando se habla de deporte como sustituto de la guerra. En cualquier caso el deporte sería un sustituto de un tipo de guerra considerada como deporte Este sentimiento de “aldea global” se hace obvio cuando hay un equipo o un deportista que gusta al público, entonces se olvidan todas las preferencias originarias. Así El Sol dice, refiriéndose al partido Italia-España de la Copa del Mundo de 1934: “Fue bien significativa la admiración final del público italiano al despedir a los españoles esta tarde con una clamorosa ovación cuando vencidos se retiraban al vestuario”. (El Sol, 6-6-34, p. 8)
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 19 Finalmente, otros problemas se refieren a la falta de indicadores que nos permitan valorar de manera objetiva los acontecimientos deportivos. Hay muchas explicaciones para esta falta. Una de ellas podría ser la falta de confianza con la que se ven los estudios sobre la relación entre política y deporte. Desde el campo de los profesionales del deporte encontramos quejas por la mezcla de política y deporte. Por supuesto la queja muestra una tendencia política bien concreta. Así por ejemplo hay un artículo en la revista deportiva El Sport en su número del 24 de abril de 1922 titulado “La política y el foot-ball” (p. 6) que entre otras cosas dice: “Seguramente que este título sorprenderá al lector, que curiosos se preguntará ¿qué tiene que ver el foot-ball con la política? Realmente no deberían guardar relación estas dos manifestaciones activas del hombre, al contrario deberían ser antagónicas ya que el deporte es la exteriorización de la fuerza y de la nobleza y la política es la forma hábil de que todas las suciedades y artimañas puedan cristalizar en la realidad. Por el sport el hombre se hace fuerte y se habitúa al sacrificio y por la política se corrompe y se acostumbra a la maldad. Por esto deberían ser antagónicos estos dos puntos y sin embargo no es así. Los sportsman sin darse cuenta y por conformarse demasiado han dejado entrar en sus sociedades a los vividores de la política, quienes con habilidosas artimañas han sabido imponerse y hacerse los “amos”...” (El Sol, 24/4/34, p. 6) 5. Evolución de la apropiación nacionalista del deporte por el estado Esta evolución tiene dos trayectorias: 1) Cuanta más importancia se da al deporte, más se preocupa el gobierno del estado de crear nuevas estructuras a nivel estatal, de regularlo. Podemos ver un ejemplo en las vueltas ciclistas. En las crónicas de los periódicos raramente se encuentran menciones al estado de origen de los corredores. Pero en 1935 ya se celebra una Vuelta ciclista a España, la cual había tenido algunos años de preparativos. Pero antes había empezado la Vuelta Ciclista a Cataluña. 2) El deporte puede ser uno de los sustitutos de cohesión del nacionalismo de un estado. En España el nacionalismo sería un factor de cohesión y de modernización del estado, un estado que no fue creado por la voluntad de élites nacionalistas, como lo fueron las reunificaciones italianas o alemanas, o por revoluciones como la francesa, sino por un proceso más largo. España era una estructura institucional burocrática y centralista bajo la dirección de un conjunto de fuerzas lideradas por lo que los historiadores llaman la nueva oligarquía. La cohesión social se había conseguido tradicionalmente con la identificación emotiva de la población con la religión. El nacimiento de los estados modernos europeos hizo que esta identificación pasara al monarca. Pero las revoluciones francesa y americana rompieron este “patriotismo” religioso o dinástico. Faltaban nuevas justificaciones para pedir la lealtad al estado.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 20 Por otro lado, el supuesto monolitismo religioso peninsular también fue cuestionado durante los siglos XIX y XX. Con la llegada de la segunda república subirían al poder algunos de los teóricos de este nuevo nacionalismo de estado, a los que el deporte les podría ser útil. Uno de sus exponentes, Manuel Azaña, llegaría a ser presidente de la República Española. Azaña creía que precisamente los causantes de la desnacionalización de España habían sido la monarquía y la Iglesia, dos de las instituciones que formaban la base de las teorías nacionalistas conservadoras de Balmes o Donoso Cortés. Este nacionalismo español intentará cambiar la percepción que tenía el centro de los nacionalismos periféricos. Para los autores conservadores, todo lo que remotamente recordaba a separatismo era consecuencia de las influencias extranjeras dispuestas a terminar con la unidad “nacional” española, no obstante, para los nacionalistas reformistas lo que importaba era el futuro, un proyecto en común que no tenía miedo a los nacionalismos no estatales, demasiado preocupados por el pasado. Esta doble interpretación del nacionalismo podría haber sido la base de estudio para formular hipótesis relacionadas con la evolución del deporte en España y de la intensa vida deportiva en Cataluña y en el País Vasco de principios de siglo.
Gabriel Colomé y Jeroni Sureda – Deporte y relaciones internacionales (1919-1939) 21 BIBLIOGRAFÍA ALEXANDRAKIS, Ambrose; March Krotge. “The Dialectics of the International Olympic Committee”, International Review for Sociology of Sport, 29/4 (1988), p. 325-326. BOSCH, Alfred. “Barcelona i l’Olimpisme”, L’Avenç, no. 92 (1986), p. 32-38. BULL, Hedley. The Challenge of the Third Reich. Oxford: Clarendon Press, 1986. Cien años de prensa deportiva en Cataluña. Barcelona: Seix Barral, Ayuntamiento de Barcelona, 1972. Enciclopedia mundial del fútbol. Barcelona: Oceano, 1981. EGIDO, M. A. Política exterior de la Segunda República Española. Madrid: Universidad Nacional a Distancia, 1990. ESCAMILLA, Pedro. El Mundial de fútbol: su historia. Madrid: Miñón, 1982. FISHWICK, Lesley. “Socialization revisited”, Quest, vol. 39 no. 1, abril 1987. FONTAINE, André. Histoire de la Guerre Froide. Volume 1: De la révolution d’octobre à la Guerre de Coré 1917-1950. Paris: Fayard, 1965. GILLET, Bernard. Historia del deporte. Vilassar de Mar: Oikos-Tau, 1971. GIRALT, René, “Reflexions sur la methodologie de l’histoire des relations internationales. L’exemple des relations franco-espagnoles”, in Españoles y franceses en la primera mitad del siglo XX. Madrid: CSIC, 1980. Gran Enciclopedia de los Deportes. Móstoles: Cultural, 1987 GUTTMANN, Allen. The Games must go on: Avery Brundage and the Olympic Movement 1887-1975. Columbia: University Press, 1984. HALLIDAY, Fred. The Making of the Second World War. London: Verso, 1982. HART-DAVIS, Duff. Hitler’s Games: the 1936 Olympics. London: Century, 1986. HOBERMAN, John M. Sport and political ideology. London: Heinemann, 1984. HOLMES, Judith. Olympiaden 1936. Hitlers propagandatriumf. Stockholm: Aldus, 1973. KULINKOVICH, Konstantin A. “Politics and sports between the world wars”, IOCSH Seminar 1984, Sport and Politics 1918-139/49. Oslo: Universitetsforlaget A.S., 1985, p. 31-38. LUCAS, John. A. “The Modern Olympic Games: fanfare and philosophy, 1896-1972”, Quest, Spring issue, June 1974, p. 6. MANDELL, Richard D. The Nazi Olympics. New York: Macmillan, 1971. Sport. A cultural history. New York. Columbia University Press, 1984. MARCO GIL, Jaume. De Punta de N’Amer a St. Cyprièn. La Olimpíada del 18 de Julio de 1936. Palma de Mallorca: l’autor, 1990. MARTIN, Paul K. “Spain’s other Olym pics”, History today, vol. 42, August 1992, p. 6-8. MARTÍNEZ DIAZ, Nelson. Los Campeonatos mundiales de fútbol (1930-1982). S.l.: Altalena, 1982.
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