¿Pecado original o pecado social? : Reflexiones en torno a la constitución y a la definición del grupo judeo-converso en Castilla
Abstract
El autor profundiza en el significado del "converso" ante su sociedad y cómo el fenómeno segregativo define algunos de los elementos de la identidad colectiva "conversa". Aboga finalmente por el estudio prosopográfico como vía para alcanzar el conocimiento de la realidad social en que se desenvolvieron las relaciones entre la comunidad de cristianos viejos y la conversa.
Full text
MANUSCRITS, nQ 10, Enero 1992, pigs. 61 -76 ¿Pecado original o pecado social? Reflexiones en tomo a la constitución y a la definición del grupo judeo-converso en Castilla Jean Pierre Dedieu El 13 de diciembre de 1575, el doctor Fabián Sánchez, Pero González de Mendoza, el capitán Francisco Vélez de Cepeda y Diego de Córdoba contestaban en Dairniel, delante del cura, de los alcaldes y de muchas notabilidades del pueblo, al interrogatorio de la gran encuesta que conocemos hoy por el nombre de «Relaciones topográfícas». A la pregunta 41, de «Los mayorazgos que hay en el pueblo, y las casas solares de linajes que hay en él, y los escudos de armas que tuviesen, y la razón y causa de ellasí, contestan: Decimos que en esta villa no hay mayorazgos, y algunos de los hijosdalgo que de suso se hacen mención [en la pregunta antecedente sobre hidalgos han mencionado unas cuarenta familias] dicen que tienen armas de su linaje, que ellos nos dijeron ... que sen las siguientes, como nos lo dijeron: ... Las armas del linaje 6e los Oviedos, un portal de cuatro pilares y una cruz sobre el portal, y un lobo, y un águila, y nueve armifios. Y estas armas, los cuatro pilares les dieron por columnas de la fe, en campo azul, por el celo que della tuvieron; y la cruz sobre el portal, bandera con que salieron de la cueva; y el águila voladora sobre el lobo, celadora de la fe cristiana, y el lobo, seta pagana de quien fue deshuidora; los armillos la limpieza que tuvieron y guardaron cuando a Espafia recobraron de la morisma vileza, que el armifio, a la verdad, antes muere que se embarra, y de aquestos fue la [limpieza] primera en su fe y libertad.
62 J. P. DEDIEU Estas armas se le dieron cuando se tomó a recobrar por el infante don pelaYo1. Conozco por otra parte a la familia y, sin ánimo de ofender a nadie, hay que reconocer que la verdad es algo distinta y que, sin embargo, tal escudo de armas cuenta con asombrosa precisión la historia de la familia. Alrededor de 1540, en efecto, eran cuatro los Oviedos de Daimiel, cuatro hermanos: Pedro (c. 1488-ant. 1557), Alonso (c. 1502-desp. 1556), Francisco (c. 1499-desp. 1566) y Rodrigo (c. 1484-ant 1556), hijos de Alonso el Viejo. Estos «armiños», sin embargo, no eran tan limpios como lo pretendían. En 1541, después de intentar en vano presentarse como cristiano viejo, Pedro tuvo que reconocer ante un inquisidor que «creya que su bisabuelo de parte de madre tenía una parte de confeso, aunque no le conoció2». Su hidalguía, además, no se remontaba a Don Pelayo, ni mucho menos, sino a una sentencia de la Chancillería de Granada de los años 1540. Y sus actividades guerreras se cifraban en haber sido Alonso, en 1527, mayordomo del «comendador Don Juan»,, siendo, al final, echado del puesto por una provisión del Consejo de Ordenes, a petición de los alcaldes de la villa3. En'cuanto a ser oriundos de Oviedo, ciudad cuyo escudo de armas se parece mucho al que describen las relaciones, no tenemos datos. De ser los cuatro hermanos «columnas de la fe», sí tenemos constancia. Entre 1538 y 1542, atrayeron a Daimiel a la Inquisición para destruir la comunidad morisca que allí vivía («la seta pagana»). Pedro y Alonso, en especial, enviaron al Santo Oficio una importante serie de memoriales denunciando las prácticas de los «cristianos nuevos de moros», su no comer tocino, sus conspiraciones contra los jueces de la fe, su no atender las ceremonias cristianas. Se hicieron espías del tribunal y comparecieron decenas de veces para informar a los jueces. Fueron ellos quienes indicaron a los inquisidores los puntos débiles del muro de silencio con el que los ~O~~SCOS intentaron protegerse, los traidores potenciales, que renegarían de sus hermanos para saldar cuentas cuentas personales: Isabel Hernández, la nuera de Lope de Hinestrosa, el líder de la minoría, que odiaba a su suegro tanto como el mismo Pedro; Roque López, el borracho.. . Mataban así Relaciones de los pueblos de España ordenadas por Felipe II. Ciudad Real, ed. Carmelo ViÍías y Ramón Paz, Madrid, CSIC, 1971, p. 232. AHN INQ, leg. 196, exp. 1. AHN INQ, leg. 194, exp. 5, P 121 RV. Desconozco qué grado de parentesco puede existir entre los Oviedos de Daimiel y Rodrigo de Ovicdo, «criado del maestre de Calatrava», colector de impuestos, vecino de Ciudad Real, cuyos bienes fueron confiscados por los Reyes Católicos en 1475 por haberse sublevado contra ellos con el marqués de Villena (Haim Beinart, 1981, Jerusalem, p. 206).
PECADO ORIGINAL O PECAW SOCIAL? 63 a dos pájaros de un tiro: se vengaban, porque Hinestrosa había sido uno de los que habían sacado la provisión del Consejo de Órdenes contra Alonso; y ganaban una ejecutoria de limpieza de sangre. Tal historia contaba su escudo de armas4. Y se trataba de mucho más que de una anécdota. Más que una charada, el escudo de armas de los Oviedos plantea un problema fundamental, del que estamos debatiendo desde el inicio de este curso: ¿qué significa ser converso? Hay tres respuestas, por lo menos. 1. Se puede ser converso biológicamente, por tener antepasados judíos. Es el caso de los Oviedos. 2. Se puede tener conciencia de serlo, y actuar en consecuencia. Tal sería el caso de muchos literatos y autores del siglo de oro. Es claramente el de los Oviedos de la generación del 40, de los «cuatro pilares de la fe», que llevan a sus extremos todos los signos posibles de pertenencia al grupo cristiano viejo, poniéndose al servicio de la Inquisición, arropando la historia familiar en el manto resplandeciente de una leyenda en la que ni ellos podían creer. Respecto de los Oviedos de la generación siguiente, que, sin duda, estaban presentes mientras declaraban los testigos de las Relaciones Topogrdficas, no sé qué pensar: podían saber, podían sospechar, podían ignorarlo todo. Tal hipótesis no es absurda. He visto, por aquellas fechas, casos de genuina sorpresa, individuos que se habían atrapado a sí mismos en situaciones inextricables, a consecuencia de trámites que no habían emprendido, seguramente, si hubiesen conocido su verdadera procedencia. 3. Uno puede ser converso, por fin, en los ojos de los demás, siéndolo o no siéndolo biológocamente o sinatener personalmente conciencia de ello, como veremos más adelante. No sabemos si por los años 1540 se sabía esto generalmente, «notoriamente» en Daimiel de los Oviedos. En 1578, parece claro que ya no; que, por lo menos, aunque se supiera, no se decía. En el primer sentido, la ausencia de limpieza es un verdadero pecado original, imborrable; el único que cuenta en los ojos de los teóricos que glosan el tema. Del segundo aspecto, no diré nada, no por falta de interés, sino por falta de medios: estudios muy profundos y pormenorizados de la vida y de las obras de uno me parecen necesarios para llegar a cualquier conclusión mínimamente segura. Están fuera de mis posibilidades. El sentido tercero constituye lo que llamaré un «pecado social», cuyo estudio está más directamente al alcance del historiador Jean Pierre Dedieu, «Les morisques de Daimiel et l11nquisition, 1502-1526», en Les morisques et leur temps, Paris, CNRS, 1983, p. 493-522.
64 J. P. DEDIEU Fundamentalmente, se trata de saber quién es quién, se trata de examinar no sólo cómo una sociedad clasifica a sus miembros, en función de qué categoría, sino también de cómo los reconoce, según qué mecanismos llega a la conclusión que tal persona pertenece a tal ppo, en función de qué signos. De hecho, en la España del siglo XVI, jcómo se conoce al converso? El judío iba a la sinagoga, tenía un status social distinto, llevaba una ropa especial. El converso, en todo lo externo, ha sido asimilado al cristiano viejo. La ausencia de «limpieza de sangre* no se nota en la cara. Los principios son claros: la define la conversión, la veces lejana, de la propia persona o de un antepasado suyo. Reinando Felipe 11, sesenta años medían, en todo caso, entre el hecho y su comprobación, más de cien bajo Felipe 111 y doscientos cuando subió al trono Felipe V. Impertémtos, miles de notarios seguían acumulando miles de informaciones al respecto, decenas de miles de testigos seguían declarando y decenas de tratadistas, que no se caracterizaban principalmente por su fantasía, seguían razonando el hecho. Dado que se ha demostrado que el alcance de la «memoria oral», de la «tradición», no supera los setenta años y que, más allá, no persisten sino unos pocos recuerdos seleccionados, sacados de su contexto como parte de una reconstrucción a posteriori del pasado en función de preocupaciones inmediata$, es de suponer que, a efectos prácticos, la ascendencia no bastaba para definir al cristiano nuevo: tenía que ser reforzada por otros factores de segregación que pasamos a examinar ahora. El primero podía ser la residencia. Es sabido que en la Edad Media, la judíos habían sido geográficamente segregados, donde eran lo suficientemente numerosos, en barrios a parte. A veces, sobre todo cuando la conversión había sido masiva, los conversos seguían viviendo en el mismo sitio, voluntariamente o no. Así se perpetuaba la memoria de su origen. Se conocen varios casos. El más notable es el de los chuetas de Mallorca, arrinconados todavía en su «Calle del Sagell» a finales del siglo XVII6. Haim Beinart nota un fenómeno parecido en Ciudad Real, donde muchos conversos, por los años 1480, seguína viviendo en la antigua judería, aunque ya se notaba un movimiento de dispersión en el resto de la población7. En otros casos, los cristianos nuevos abandonaron cuanto antes el barrio, como en La literatura sobre el tema es abundante. Me resultó especialmente esclarecedor, por tratarse de una sociedad parecida a la que nos interesa ahora el trabajo de la etnóloga Francoise Zonabend, La mémoire longue. Temps et histoire au village, Paris, PUF, 1980. Angela Selke, Vida y muerte de los Chuetas de Mallorca, Madrid, Taurus, 1980. Op. Cit., p. 51-52.
¿PECADO ORIGINAL O PECADO SOCIAL? 65 Toledog. Era, de toda forma, una obligación legal en Castilla desde 1480, en el caso de quedar judíos sin bautizar, para favorecer la asimilaci6n9. El oficio constituía un segundo factor. Aunque parece que la cosa no lleg6 a los extremos que se dijeron en tiempos pasados, parece que los judíos españoles, comunidad esencialmente urbana, ejercían fundamentalmente oficios artesanales, intelectuales y administrativos. Los conversos siguieron el mismo camino, añadiendo la clerecía al abanico de sus posibilidades. Examinemos, por ejemplo, la genealogía de Juan Bautista de Alcaraz, natural de Daimiel, una persona que volveremos a encontrar: él mismo, cuando declara, en 1574, era cura de la capilla de San Pedro de la catedral de Toledo, a pesar de ser converso por los cuatro costados y de haber sido multados por la Inquisición su padre y un tío paterno suyo en 1546 y un primo suyo en 1551. Su padre y su abuelo paterno han sido notarios, sus tíos paternos respectivamente notarios (dos), tratante y tratante de ganado; sus tías paternas se han casado con dos médicos, un notario de la gobernación del Campo de Calatrava y un tratante. Su abuelo materno había sido gobernador de la gobernación de Consuegra, sus tíos maternos clérigo, médico y tratantes (dos, uno de ellos en ganado). Sus tías maternas se habían casado con un corregidor y un rentista. Sus hermanos eran abogado, tratante (dos), bachiller en leyes, casándose sus hermanas con un tratante y un hidalgo, concretamente Rodrigo de Oviedo, sin duda el hijo de uno de los Oviedos que ya conocemos10. El peso del oficio era colosal, hasta el extremo de pasar a designar algunos nombres de oficio la raza: así «labrador», equivalente de «cristiano viejo», y «mercader», asimilado a «cristiano nuevo», como lo demuestra el hecho de citarse la pertenencia a la «cofradía de los mercaderes*, en algunos pueblos de la Mancha, cono un impedimento para acceder a la familiatura de la Inquisición. De ahí un sutil juego sobre la polisemia de la voz «labrador»ll. El licenciado Pedro Chamorro, por ejemplo, abogado en Trijueque (prov. de Guadalajara), sólo descubre «labradores» entre sus antepasados y sus 8 Así opina Julio Porres Martín-Cleto, «Los barrios judíos de Toledo», en Toledo Judaico, Toledo, Centro Universitario de Toledo, 1973,I, p. 75. Beinart, op. cit., p. 14. lo AHN INQ, leg. 77, exp. 2. Los procesos del padre y del tío: AHN INQ, leg. 119, exp. 1 y 131, exp. 16. l1 La palabra «labrador» tiene por lo nnenos cuatro significados distintos. Se opone 1) a «hidalgo», designando quién no lo es; 2) a «jornalero», significando cierto bienestar»; 3) a artesano, indicando el cultivo de la tierra; 4) a «cristiano nuevo», aludiendo a la limpieza de sangre (cf. las respuestas a las Relaciones Topográjicas).
66 J. P. DEDIEU hermanosl2. El mismo Juan Bautista de Alcaraz insiste en que su cuñado Diego de Mora era labrador a la par que tratante y en que Rodtigo de Oviedo «sembraba» (sic), a pesar de ser hidalgo. Asimilarse implica muchas veces un cambio progresivo de actividad. Una rama de los Piñas de Illescas siguió en el comercio: Juan Piña declaró a los inquisidores que «entendía en algunas rentillas y en procurar negocios entre personas». Su padre era escribano del concejo, su abuelo paterno caballero, y había sido procesado por la Inquisición. Sin embargo, su abuelo materno era «hombre de guerra» y, tal vez, crsitiano viejo. Sus tíos paternos, sin embargo, indubitablemente conversos, eran respectivamente «escudero» y «escudero de las guardias». El uno había muerto en Italia a finales del siglo XV, el otro en la Guerra de Granada, luchando contra los morosI3. Diego de Pedroche, en 1534, tiene un tío «fiel ejecutor» en Méjico, y dos hermanos suyos, Juan y Alonso, tomaron parte en la conquista de la ciudad por Cortés14. Por lo menos así lo declara al tribunal. En todo caso, se constata un notable esfuerzo de asimilarse a la nobleza guerrera, defensora de la Fe. La frecuencia de las careras clericales en el grupo, sin embargo, no creo haya que interpretarla necesariamente como una tentativa de «cambio de imagen»: el clero era una salida normal para los segundones y las hembras sin dote de todas las familias pudientes. Vivir en el mismo lugar, donde todos conocían a todos, constituye, de hecho, un factor importante de permanencia de la memoria. Mucho se ha dicho que los conversos mudaron con frecuencia de nombre y de residencia para alejarse de un pasado temible. Será verdad: Juan Bautista de Alcaraz se marchó a Toledo. Diego Zazo, natural de Santa Olalla (provincia de Toledo), tenía hermanos en Abrantes (Portugal) y Roma, y un hijo en Indias15. Con todo, sería imprudente generalizar. La rama materna de los Alcaraz, oriunda de Mora (sur de la provincia de Toledo) se había extendido también, en la segunda mitad del siglo XVI, a Manzanares (provincia de Ciudad Real), Torrijos (norte de la provincia de Toledo), a Portugal y al Almedina de Segura, en el extremo sur-este de la provincia de Ciudad Real, o sea, dejando de lado Portugal, en una zona de unos 200 quilómetros de extensión. La rama paterna, al revés, la más conflictiva, y los hermanos de Juan Bautista, ya mayores y casados, seguían concentrados en un ámbito muy reducido, entre Daimiel, Ciudad Real y Almagro, en un triángulo de treinta quilómetros de lado. Tal vez el deseo de alejarse de esta l2 AHN INQ, leg. 69, exp. 34. l3 AHN INQ, leg. 44, exp. 12. El documento es de 1528. l4 AHN INQ, leg. 43, exp. 30. l5 AHN INQ, leg. 211, exp. 31.
(PECADO ORIGINAL O PECADO SOCIAL? 67 zona donde todo el mundo le conocía fue el motivo de la tentativa de uno de ellos de introducirse en el cabildo catedralicio toledano. La supervivencia de particularidades religiosas visibles en la práctica cotidiana de estas familias no entra en juego como factor discriminante, a mi juicio, por lo menos en la Mancha y salvo contadas excepciones. Subsistían, desde luego, unos focos de judaísmo en la zona. Famoso es el caso de la familia manchega de Antonio Gómez (c. 1600-1663), el autor del Siglo pitagórico, que durante siete generaciones seguidas tuvo problemas con la Inquisición, hasta el extremo que él mismo morirá en las cárceles del tribunal de Sevilla, habiéndose exiliado su padre antes a Nantes, en Francial6. En 1591, la famosa «complicidad de Alcázar de Consuegra», tal como la llaman los documentos de la Inquisición de Toledo, que, con sus ramificaciones en la zona de Cuenca, complicó a grupos familiares enteros acusados de judaizar, nos recuerda, si menester fuere, que la «ley de Moisen» no había sido totalmente borrada de la mente de unos «conversos antiguos». No se trata, sin embargo, sino de casos aislados. Durante toda la primera mitad del siglo XVI, el número de las causas de judaismo baja constantemente en Toledo: Inquisición en Toledo. Causas de fe por judaísmo17 Entre 1566 y 1570, se procesaron veinte personas. Pero ya se trataba de protugueses. No porque el Santo Oficio había dejado de interesarse por ellos; o porque hubiera perdido su capacidad de actuación y atravesara una crisis a principios de los años 1550, de la l6 El siglo pitagórico y vida de don Gabriel Guadaña, ed. Charles Amiel, París, Ediciones Hispano-Americanas, 1977, p. XV-XXI. l7 Jean Pierre Dedieu, L'administration de la foi. L'inquisition de Tolede, XVIeXVIIe siicle, versión integral microfichada, Lila (Francia), Universidad de Lille 111, 1988, p. 892. Aunque un poco más tardía, se nota un fenómeno parecido en la inquisición de Cuenca.
68 J. P. DEDIEU que en 1560 ya se había recuperado del todo; sino porque ya no se notaban casi rasgo visibles del fenómeno. Lo que confirma el envejecimiento del grupo de los acusados. Si antes de 1520, todos los grupos están representados en él, de forma casi proporcional a su peso en la población adulta global, entre 1531 y 1560, el 40 % tiene más de 56 años y sólo un 10 % menos de 26. Todo indica que se trataba de un residuo en vías de extinción. Más importancia tuvieron las disposiciones legales que pesaban sobre los descendientes de los que tuvieron que ver con la Inquisición a finales del siglo XV. Es bien sabido que cada condenado a muerte y cada reconciliado tenía un trozo de tela, con su nombre, su condena y el motivo de la misa colgada del techo de una iglesia, los famosos san benitos18. Eran un recordatorio de la infamia, cuya eficacia demuestra un sinfín de ejemplos. Escuchemos unos testigos: Vio en el monasterio de la Sisla de Toledo tres san benitos colgados, y uno de ellos decía fray García Zapata. Y yendo a las honras [fúnebres] de doila María Padilla, mujer de He,mndo hvarez de Toledo, su primo, y yendo 61 y el dicho Hernahdo Alvarez delante, antes que fuese la gente, cree que sie?do prior fray Diego de Madrid, vid6 que le rogó dichos Hernando Alvarez su primo al dicho prior que, por aquel día, quitase aquél san benito de allí, porque vernían allí parientes o hermanos suyos a quienes 61 no quería hacer afrenta. Y que no queriendo el prior hacerlo, rogó a otro que lo revolviese por aquel día, y que no se pudiesen leer las letras, que no sabe quien 10 rev0lvi6~9. Este primer texto data de 1538. El siguiente de cerca de 1560: Estando un día este testigo, ha más de nueve o diez aAos, que fue luego que se repartieron por las parroquias los san benitos que al presente están en ella puestos, estando en la iglesia de San Salvador de esta villa [de Madrid] con Juan de León, padre de este testigo, que era hombre muy antiguo, de más edad de 75 años, y persona que tenía muy gran noticia de la gente de dicha villa de Madrid, y muy verdadero en sis dichos y palabras, y muy buen cristiano y temeroso de Dios, y callado; y este testigo, como estuviese leyendo los san benitos que en la dicha iglesia están, preguntó al dicho Juan de León su padre que cuyo era aquel san benito que es el primero en orden, donde dice: "Pedro de Villarreal, escudero y chocarrero (sic), herético condenado». El dicho Juan de León su padre le respondió que para que quería saberlo este testigo. Y este testigo le respondió que para tener entendidos quienes eran aquellos, para conocer los descendientes dellos. Y entonces el l8 La palabra <<san benito» tiene dos sentidos. Por una parte, designa la casaca amarilla que el condenado llevaba durante su suplicio y el reconciliado durante el tiempo de penitencia; por otra los paños que acabamos de describir. l9 AHN INQ, leg. 234, exp. 41, dicho de Juan Rodríguez Puertocarrero (1538).
CADO ORIGINAL O PECADO SOCIAL? 69 dicho Juan de León, su padre, le dijo a este testigo que aquel Pedro de Villarreal había sido y era padre de Marcos de Madrid, que había sido vecino de esta dicha villa de Madrid, y se había ido a vivir a Almagro, y había sido arrendador de los Maestrazgos y tratante, y se había hecho muy rico. Y a esto no estuvo presente otra persona que lo pudiese oír. Y que esto mismo que este testigo tiene dicho, se lo dijo el dicho Juan de León su padre, y lo ha oído decir este testigo por cosa pública y notaria en esta villa a muchas y diversas personas ser el dicho Pedro de Villarreal, padre del dicho Marcos de Madrid, como dicho tiene20. Era famoso este Marcos de Madrid. Murió a finales de los años 1540. En 1521 era vecino de Almagro, y poseía unas 400 hectáreas de tierra así como 1000 cabezas de ganado lanar. Arrendó aquel año, con cuatro consortes, las alcabalas de Almagro. Vendía lana a un tal Hernando de Alcaraz, tal vez el abuelo de nuestro Juan Bautista. En 1542,lleg6 a la cumbre, al arrendar las rentas de la mesa maestral de Calatrava, por la enorme cantidad de 25.500.500 maravedís al año, más un préstamo de 60.000 ducados al contado a Su Majestad, que devengaba un interés del 10 %... Un hombre rico y poderoso21. Pero un converso, incapaz de quitarse la fama de tal. Un desplazamiento de 200 kilómetros, un cambio de apellido, una fantástica ascensión social nada pudieron para librarle de esta mancha. Los acontecimientos que acabamos de contar, la malevolencia de un hombre, que tuvieron lugar posiblemente después de su muerte, habían reactivado la memoria de su infamia, de un hecho que estaba a punto de olvidarse. Durante unas decenas de años mis, alguien podría jurar que sabía a ciencia cierta que él y sus descendientes tenían antepasados judíos. La Inquisición cuidó mucho tales instrumentos. Al principio, se acumularon en la iglesia más cercana al lúgar de la ejecución. Progresivamente, fueron enviados a parroquias de origen de cada uno de los condenados, para dar mayor efectividad a la publicidad y con los efectos devastadores que acabamos de ver. Había que limpiarlos, renovarlos cuando caían en polvo, volver a escribir los letreros borrados por la humedad, el humo de las cirios y el tiempo, contarlos, averiguar que no se había quitado ninguno, lo que intentaban hacer los afectados por todos los medios, so pretexto que deshonraban no ~610 a las familias, sino también a los pueblos; había que cuidar de su buena exposición en lugar visible.. . De todo se hacía cargo el inquisidor durante la visita del distrito: tenía la obligación legal de inspeccionarlos, de infomiar sobre su estado, de llevar a cabo 20 AHN INQ, leg. 371, exp. 5 (c. 1560). 21 Jerónimo López-Salazar Pbrez, Estructuras agrarias y sociedad rural en la Mancha (SS. XVI-XVII), Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 1986, p. 411 SS.
76 J. P. DEDIEU descendientes. La documentación existe; algunos trabajos parciales se han hecho ya. Se trata de sistematizarlos. Sería largo y penoso. Pero necesario. JEAN-PIERRE DEDIEU Maison des Etudes Iberiques (Bordeaux) Resumen: el autor profundiza en el significado del cconversou ante su sociedad y cómo el fenómeno segregativo define algunos de los elementos de la identidad colectiva «conversa». Aboga finulmente por el estudio prosopogr@co como vía para alcanzar el conocimiento de la realidad social en que se desenvolvieron las relaciones entre la comunidad de cristianos viejos y la conversa. Summary: The author studies the signflcance of the converts in front of their socies) and how this segregative phenomenon defines some of the elements of the convertes joint identity. Finally, he pleads for the prosopographic study as a way to get to know the social reality where the relations between the old christians and the converts took place.