La naturaleza práctica de la filosofía de la educación
Abstract
La herencia kantiana, reforzada con el historicismo de Dilthey, explica la constitución de la Filosofía de la Educación como interpretación de la acción y del pensamiento educativo, conformándose como "filosofías" de la educación. para abocar finalmente en una "filosofía de las filosofías de la educación" o filosofía analítica de la educación. Pero existe otra posibilidad: la Filosofía de la Educación entendida como filosofía práctica, al modo del saber ético en Aristóteles; es decir, un saber de la acción educativa constituido desde la formalidad teleológica o del fin.
Full text
Educar, 11 (1987). 17-34 LA NATURALEZA PRACTICA DE LA FILOSOFÍA DE LA EDUCACION Francisco Altarejos Masota Universidad de Navarra RESUMEN La herencia kantiana, reforzada con el historicisme de Dilthey, explica la constituci6n de la Filosofia de la Educaci6n como interpretaci6n de la acci6n y del pensamiento educativo, conformhndose como ctfilosofiasn de la educaci6n. para abocar finalmente en una ((filosofia de las filosofias de la educaci6nn o filosofia analítica de la educaci6n. Pero existe otra posibiiidad: la Filosofia de la Educaci6n entendida como filosofia prhctica, al modo del saber ético en Arist6teles; es decir, un saber de la acci6n educativa constituido desde la formalidad teleol6gica o del fin. ABSTRACT The Kantian legacy, reinforced by Dilthey's historicism, explains the constitution of Philosophy of Education as interpreting the action and the educational thought, as c(phi1osophies)) of education. They conclude as being ccphilosophy of philosophies of educationn or analytic philosophy of education. However, there exists another possibiiity: Philosophy of Education understood as practica1 philosophy in the ethical knowledge style found in Aristoteles, that is, a knowledge of educational action as established from teleological or final form.
18 DIFICULTADES INICIALES El estudio sobre el concepto y naturaleza de la Filosofia de la Educación como disciplina científica se ve determinado ab initio por las dificultades que entrañan 10s términos que se unen en la expresibn. Pareceria que analizando 10s términos ((filosofia)) y cceducaci6n)), obse~ando 10s elementos comunes en un segundo momento, y proponiendo, por ultimo, su síntesis integradora, quedaria establecido su significado, al menos de I modo germinal. Sin embargo, el resultado no seria suficiente, pues, como ha mostrado J.A. Ibáñez-Martin, el significado del término ((de)) resulta 1 mas decisivo I. A causa de la pluralidad de sentidos de ((filosofia)> y ((educación)), y a causa también de la diversidad de acepciones doctrinales de ambos dentro de cada modo y de cada sistema de pensamiento, el sincategorema ((de)) deviene el tribunal de última instancia en orden al esclarecimiento de la naturaleza de la Filosofia de la Educacibn. En efecto, ((de)) es un nexo ldgico de uni6n entre dos conceptos; esto implica que su sentido no depende exclusivamente de la res conceptualizada, ni tampoc0 solamente de la ratio bajo la cual se conceptualiza. También depende de la ratio de orden superior -puramente 16gicaque expresa una relaci6n de segundo orden establecida por el pensamiento mediante el término ((de)). Aun supuesta la concordancia en 10s significados de ((filosofia)) y c(educaci6n)>, y aun admitiendo las relaciones reales que pueden darse entre ambos, queda por decidir otra cuestibn, dirimente en este caso: iqué relaci6n 16gica puede establecerse entre ambos conceptos? Si se llegara a una determinaci6n semantica especifica sobre el sentido de ((filosofia)) y de cceducaci6n)) -inclusa admitiendo 10 que hoy parece un imposible acuerdo cientifico sobre esta cuestidn-, iqué sentido tendría entonces ccFilosofia de la Educacion))?: japlicaci6n de una doctrina filosófica a la educaci6n -sentido objetivo de ((de))-?; idesvelamiento y esclarecimiento de la filosofia contenida en una determinada concepción educativa -sentido subjetivo-?; jelaboraci6n de una filosofia para una determinada educaci6n -sentido final? Por otra parte, la temática que nos ocupa, es decir, la definici6n del estatuto cientifico de una disciplina de estudio, es una ocupaci6n que legítima y autorizadamente podria discutirse hoy desde diversas instancias y concepciones. En principio, esta tarea es muestra de un afdn de radicalidad y rigurosidad que puede calificarse de encomiable. Desde que la IBANEZ-MART~N, J.A., ((La formaci6n pedag6gica del profesorado y el plural concepto de Filosofia de la Educaci6n~, Revista Espafiola de Pedagogia, Madrid 1983 (158), PP. 65-80. * Cf. Ibidem.
naturaleza y la misma posibilidad de la filosofia se convierten en temas -centrales en 10 académico y previos en 10 cientificode todo trabajo propiamente filodfico, es decir, desde Kant hasta nuestros dias, 10s resultados no han sido tan valiosos como se esperaba. La reflexi6n sobre el propio saber filos6fic0, con la pretension de establecer sus condiciones de posibilidad, tal como se realiza en la filosofia kantiana, no proporciona a la postre claridad sobre la naturaleza de la filosofia, ni tampoc0 una apreciable fecundidad en la subsiguiente reflexidn filos6fica. El intento kantiano es escribir unos proleg6menos a toda metafísica futura que también serian, sin duda, el epilogo de toda metafísica pasada. Pero la historia parece dictaminar que se ha conseguido 10 segundo mk que 10 primero. Ciertamente, hay una considerable fecundidad en el pensamiento postkantiano en 10 referente a las filosofias que ha engendrado. Sin embargo, el contrapeso de dicha riqueza de pensamiento es la eventualidad del mismo; la abundancia de escuelas y sistemas divergentes aboca a su agotamiento final, pasando a tener el carhcter de vías muertas para la posteridad filos6fica. La unidad del saber filos6fico se ha resquebrajado en la modernidad. Cabria preguntarse si tal unidad ha existido de hecho alguna vez; pero no cabe dudar de su pretensidn en otras épocas histbricas. En cualquier caso, la unidad se pierde cuando el saber filos6fico establece su posibilidad como su fundamento, y tal es la herencia radical que transmite la filosofia trascendental kantiana a todo el pensamiento posterior. Como ha escrito A. Llano, ((es característic0 de la filosofia trascendental el comprenderse a si misma justamente como posibilidad; mhs exactamente como indagaci6n acerca de la posibilidad de si misma>> 3. En rigor, no puede afirmarse que tal indagaci6n acerca del sentido de la filosofia sea impropia y ajena al saber filosbfico. Muy al contrario, por el carhcter reflexivo de la filosofia, puede considerarse una ocupacibn propia de ella la consideraci6n refleja sobre su propia naturaleza. Como ha seiíalado J. Pieper, mientras la pregunta cciqué es la fisica?)) es ajena a la física y no se contesta desde ella, la pregunta cciqué es la filosofia?>> es eminentemente filos6fica y s610 desde la filosofia puede contestarse. No puede sorprender, pues, que el fil6sofo se pregunte sobre la naturaleza de su saber. Pero es preciso precaverse contra el alcance que pueda tener tal interrogante si se le coloca como fundamento del filosofar, tal como hace la filosofia trascendental kantiana 4. La actividad reflexiva que reflexiona sobre si misma no hace, al cabo, LLANO, A., ((Filosofia trascendental y filosofia analítica (Transformacibn de la filosofia))), Anuario Filosdfico, Pamplona 1978 (ll), p. 89. Cf. Ibidem, pp. 91 y SS.
mas que realizar una de sus primigenias posibilidades. Mas la actividad reflexiva que se autofundamenta en la reflexi6n sobre si misma se cierra probablemente a toda otra posibilidad, pues la dinámica de la autorreflexi6n intelectual puede prolongarse al infinito: pienso que pienso, pienso que ccpienso que pienso)), etc. Al obrar asi se abandona la intentio recta del conocimiento para quedar aislado en la intentio obliqua, como ha recordado F. Inciarte: ccsi al pasar a la intentio obliqua se deja al margen por completo la intentio recta y, al dejar la actitud abocada directamente a las cosas, se olvida la vuelta cca las cosas mismas)), la reflexi6n progresiva deja de ser reflexi6n sobre las cosas para convertirse en una reflex& sobre la reflexibn, cuyo fin -de acuerdo con el cardcter iterativo de la reflexi6nse pierde de vista al final S. Cuando el saber filodfico -sea cual sea su objetoestablece su posibilidad como su fundamento, no puede extraiiar que, en primer lugar, se renuncie a hablar de ccfilosofia)) para hablar de ccfilosofias)) en un intento de mayor rigor hist6rico; y, en segundo lugar, tampoc0 puede sorprender que estas filosoffas aboquen a una autointerpretacidn de si mismas y, con la vuelta al punto de partida, se queden como vias muertas del pensamiento. Observando el panorama actual del saber filodfico de la educacibn, el testimonio mh riguroso vendria muy posiblemente en esta expresi6n: Filosofias de la Educaci6n. Con diferentes perspectivas e intenciones wetodol6gicas, diversos autores han transitado por esta linea, que consiste en la exposici6n de las diversas consecuencias pedag6gicas que se contienen en las distintas ccfilosofias)) -con preferente atenci6n a las filosofias modernas y contempordneas 6. Esta concepci6n tuvo especial auge en Estados Unidos, en las décadas pasadas. Corresponderia a un desarrollo en el que el término ((de)), según 10 dicho, estuviera tomado en sentido objetivo. Sin embargo, en este caso, iqué cabria contestar a la pregunta sobre el contenido concreto de la Filosofia de la Educaci6n -pregunta, por otra Cf. INCIARTE, F., El reto delpositivisrno Idgico, Rialp, Madrid 1974, p. 56. Cf. BROUDY, H.S., Building a Philosophy of Education, Huntington (N.Y.), Krieger, Robert E., pub. Co. 1978. 2a ed.; PARK, J., Selected Readings in the Philosophy of Education, Macmillan, Nueva York 1968; BRUBACHER. J., Philosophies of Education, Univ. of Chicago Press, Chicago 1973; FULLAT, O., Filosofías de la Educacidn, CEAC, Barcelona 1978.
parte, realmente objetiva? No parece posible otra respuesta que la sarchstica contestaci6n de Samuel Alexander respecto de la misma filosofia: Filosofia de la Educaci6n seria el estudio de aquellos temas que s610 se les ocurre estudiar a 10s fil6sofos de la educaci6n. Esta definici6n revela un pragmatismo tajante. Y, a través de 61, se puede descubrir el hondo elemento constitutivo del relativismo. Sin duda, hay un campo valioso de estudio en la consideraci6n de 10s diferentes pensamientos filos6ficos proyectados en la educaci6n. Pero pensar que tal consideraci6n sea el fondo constitutivo de una disciplina científica -la Filosofia de la Educaci6n en este casosupone la consagraci6n del relativismo filosdfico en una ciencia. Como es sabido, esta cuesti6n se encuentra como objeto de reflexi6n central en el pensamiento de W. Dilthey, pues resulta insoslayable dentro de su teoria de las concepciones del mundo o cosmovisiones (Weltanschauung). Un pensamiento filodfico no puede soslayar la condicionabilidad del aquí y ahora, del marco social, historico y cultural en que se inscribe. La filosofia es tal, ante todo, porque se inserta en una determinada actitud vital a la que subyace una cosmovisi6n que la determina. Resulta ad mls veraz hablar de una u otra filosofia, y no de la filosofia. Un discipulo de Dilthey, como es H. Nohl, en su filosofia de la educaci6n recoge esta orientaci6ri diltheyana y acepta de buen grado la existencia de diversas pedagogias y tambiCn las diferencias radicales entre ellas, que indican -para Nohlun saludable realismo: cclas grandes oposiciones que ha recorrido la pedagogia en todos 10s tiempos -diceno son meramente consecuencias de falsas teorias, sino que las teorias son formulaciones de actitudes pedag6gicas blsicas, que estPn fundadas en diferentes posiciones sobre la vida y el mundo)) '. Con tal planteamiento, es mPs riguroso, en efecto, hablar de ccfilosofias)) y no de filosofia de la educaci6n. No es una situaci6n propia de la Filosofia de la Educacibn, sino que pertenece a la filosofia en su conjunto: pero 10 cierto es que se agudiza en las ccfilosofias genitivas)) -como las ha llamado A. MillPn Puelles-, de las que la Filosofia de la Educaci6n es una muestra. En todo caso, el relativismo acaba por consagrarse. Como 10 muestra el caso y la persona de W. Dilthey, la causa originaria parece estar en la necesidad de conjugar debidamente la aspiraci6n y la circunstancia de la fdosofia: la aspiraci6n a una verdad internporal y la circunstancia que temporaliza y modula dicha verdad. En el tema que nos ocupa la caracterizaci6n de las cosmovisiones y su inserci6n en el seno mismo del conocimiento es, sin duda, una soluci6n ldgicamente eficaz. ' NOHL, H., Teoria de la educacidn, Losada, Buenos Aires 1968, p. 10.
Con las c~sm~vi~ione~ se obtiene una cierta objetivacidn de la circunstancialidad temporal y se pone asi aparentemente un freno al relativismo. Si bien es cierto que el saber filos6fic0, como tal, no puede librarse de 10s condicionantes hist6rico-culturales de su tiempo, y asi no encontramos en la historia la filosofia, sino las filosofias, cabe la posibilidad, sin embargo, de delimitar el alcance y 10s efectos de dichos condicionantes; de esta forma, la perturbaci6n producida en la intemporalidad y la absolutez de la verdad es controlable por ser cognoscible. La aspiraci6n a la verdad intemporal no tiene sentido en filosofia; al menos no 10 tiene en toda su pureza, porque no puede intemporalizarse en su constitucibn. Pero si tiene sentido el intento de objetivacidn de las temporalidades y, por tanto, la depuraci6n posterior del saber temporalizado. Esto es posible mediante las cosmovisiones o concepciones del mundo, que son justamente la objetivacion de 10s condicionantes hist6rico-culturales. Al conocerse objetivamente una cosmovisi6n puede controlarse su efecto y decantarse la mena y la ganga de la verdad ((en bruto)); puede aquilatarse debidamente en la verdad 10 permanente y 10 mudable. Surge asi en Dilthey la necesidad de una ((filosofia de la filosofia)). La delimitación de las cosmovisiones y la explicaci6n de sus efectos en el pensarniento seria s610 la primera parte de esta ((filosofia de la filosofia)). Vendria después, previsiblemente, la parte correctora o terapéutica de las influencias y determinaciones de las cosmovisiones en el saber filos6fico. A este intento ultimo corresponde mas directamente la sociologia del saber, tal como la propone M. Scheler, e incluso las bases de la filosofia de la vida, tal como las expone el propio Dilthey. Del mismo modo, cabe esperar e incluso requerir de una Filosofia de la Educaci6n que pretenda constituirse esencialmente como ctfilosofias)) de la educacidn una segunda parte -tras la descripci6n rigurosa de las cosmovisiones o concepciones pedagogicasque objetivara -no que sintetizara o integraradichas filosofias; es decir, cabria esperar una ((filosofia de la filosofia de la educacibn)). (~FILOSOFÍA DE LAS FILOSOFÍAS DE LA EDUCACI~NH Al intento de objetivaci6n de Dilthey cabe oponer una consideraci6n: jno se tendra que realizar este intento desde otra cosmovisi6n? Por coherencia con el propio planteamiento, jno cabe pensar que todo intento de objetivaci6n de una cosmovisi6n deba realizarse desde otra cosmovisibn; que no es posible una intemporalizaci6n de 10 temporal? Es imposible zafarse de esta objecibn, y ni el mismo Dilthey 10 consigue, como es sabido. En Filosofia de la Educaci6n se ha realizado un intento similar
23 que corresponde a la filosofia analitica de la educaci6n. Obviamente, no puede considerarse una prolongación doctrinal de la filosofia diltheyana; pero si puede calificarse de una reedici6n de la ((filosofia de la filosofia>). El nombre de Filosofia de lasfilosofias de la Educacidn no resulta académicamente grato. Pero la denominaci6n Metateoria de la Educacidn es mas agraciado y responderia al mismo intento. Y como tal se encuentra en la filosofia analítica aplicada a la educaci6n. Efectivamente, Csa es la propuesta de T.W. Moore en su Introduccidn a la teoria de la educacidn: c(concibamos la educaci6n -dice Moorecomo algo que implica un conjunto de actividades interrelacionadas que se llevan a cabo en diferentes niveles, algo asi como un piso que tiene mb de un piso ocupado. En la planta baja se llevan a cabo varias actividades educativas: ensefiar, aprender, instruir, castigar; el tipo de actividades que uno puede encontrarse en cualquier aula. En el siguiente nivel superior, digamos en el nivel del primer piso, esta la teoria de la educaci6n, que puede entenderse como un conjunto de principios, consejos y recomendaciones interconectadas y orientadas a influir en las actividades que se llevan a cabo en la planta baja. En el siguiente nivel superior esta la filosofia de la educacibn, cuya tarea principal es la clarificaci6n de 10s conceptos utilizados en 10s niveles inferiores (conceptos como "educar" y "ensefiar", por ejemplo) y el examen de las teorias que operan en ellos para comprobar su consistencia y validez. Las diferencias de nivel deben entenderse como diferencias 16gicas, 10 cual significa, dicho en pocas palabras, que cada piso superior surge y depende de 10s pisos inferieres>> 9. No se trata de una metafilosofia constituida sobre unos contenidos de pensamiento, sino, como aclara Moore, y corresponde al planteamiento analitico, es una reflexidn de caracter 16gico-analitico. Pero la finalidad cognoscitiva y la conceptualizaci6n epistemol6gica es paralela a la realizada por Dilthey. Por otra parte, la diferencia de denominación entre Moore y 10 aquí expuesto no puede considerarse relevante. este habla de unos niveles: 1. Educaci6n. 2. Teoria de la Educaci6n. 3. Filosofia de la Educaci6n. MOORE, T.W., Zntroduccidn a la teoria de la educacidn, Alianza-Universidad, Madrid 1980. Zbidem, p. 20.
que se corresponden de hecho con 10 que hemos expuesto hasta ahora. 1. Educaci6n. 2. Filosofia de la Educaci6n. 3. Filosofia de la filosofia de la Educaci6n. Lo cierto es que se trata de una filosofia concebida como metateoria. No hay propiamente hablando una disciplina cientifica, sino, en palabras de R.G. Woods, ((un área de interés filodfico, pr6xima a otras 8reas de interés filodfico, en tanto que, hablando generalmente, manejan las mismas técnicas cuyo propósito es la clarificaci6n y la evaluaci6n critica)) 1°. Se entiende que tal clarificaci6n y evaluaci6n se refiere al lenguaje educativo. No puede ser de otra forma. La filosofia analítica es el último desarro110 de la filosofia trascendental kantiana, y en filosofia de la educaci6n puede considerarse a esta tendencia como uno de 10s vectores de desarro110 con mh fuerza en 10s últimos años; basta con mencionar 10s nombres de R.S. Peters, P.H. Hirst, G.F. Kneller e I. Scheffler, entre otros. La relaci6n entre filosofia analítica y filosofia trascendental ha sido mostrada certeramente por A. Llano como una cctransformaci6n de la metafísica)) y de la totalidad del saber cientifico, por consiguiente, pues éste siempre est8 fundado en una metafísica explicita o implícita Il. La orientaci6n critica de la filosofia kantiana se dirige hacia las condiciones de posibilidad del conocimiento cientifico; tal es el objeto en que se queda Kant. Pero, ¿por qué detenerse ahi? En efecto, el dinamismo de la reflexi6n critica va ahondando hist6ricamente la investigaci6n en 10s aspectos 16gicos y gnoseol6gicos de la objetividad cientifica y, en un denuedo de radicalidad, acaba por dirigirse al sustento de dichos aspectos 16gico-gnoseol6gicos y, yendo m8s alli, a su expresi6n material, que es el lenguaje. Es un proceso descrit0 certeramente en el articulo citado de A. Llano 12, que recoge las principales aportaciones bibliogrificas al respecto. Y es que, efectivamente, en palabras del mismo autor, ((si no somos todos kantianos, si que somos todos postkantianos)>. Como en la misma filosofia kantiana, 10 que comienza siendo aparentemente s610 un método se manifiesta al cabo como una filosofia, concretamente como una metafilosofia o ((filosofia de la filosofia)>. En la filosofia analitica, si s610 se atiende a la referencia objetual lingüística, y viendo la diversidad de resultados y pensamientos que se dan en su seno, 'O Woo~s, R.G., (y otros), Introduccidn a las ciencias de la educacidn, Anaya, Salamanca 1976, p. 27. l' Cf. LLANO, A., OP. cit., especialmente pp. 99-115. l2 Ibidem.
se puede hablar de ella como de un método comun compartido por varios pensadores, y nada mis que como un método. Es legitima tal consideracion, pues hay en efecto una propuesta de método valiosa para la educacion 13. Pero, ahondando mas en su sentido y calibrando mas finamente su pretendido alcance, se concluye en el caracter totalizante de su pretension; mas que un método, hay una autentica metafísica. Respecto de la educacibn, la orientaci6n analítica no s610 propone un método de analisis para el lenguaje educativo, sino que establece el estatuto 16gico-gnoseologico de la filosofia de la educación como ccfilosofia de la filosofia)) e implicitamente juzga ya sobre la educación como actividad deducida de un determinado y relativo pensamiento, que seria la dimensión tebrica de la practica educativa, la teoria de la educación tal como la presenta T.W. Moore. Efectivamente, la relaci6n entre teoria y practica educativa, y, por tanto, la racionalidad de la actuaci6n educativa, queda establecida también de un modo concreto: separación entre una y otra; constituci6n de un pensamiento sobre la educaci6n a priori y deducción posterior de una practica educativa desde ese pensamiento, o desarrollo de una practica educativa y analisis y evaluaci6n a posteriori de dicha practica. En ambos casos se obtiene el mismo resultado: desconexi6n entre racionalidad y acci6n humana, que s610 convergen en tierra de nadie, es decir, fuera del pur0 pensamiento o de la pura acción. En la Fundamentación de la metapsica de las costumbres, Kant intenta justificar su concepción de la filosofia moral como filosofia pura. Aunque su referencia sea ética, interesa por su validez en todo saber practico, en todo saber sobre la acci6n humana, sea moral, política o educativa. En otro lugar, Kant establece la divisi611 de toda filosofia en tebrica y practica. La tebrica es filosofia de la naturaleza, basada en conceptos de naturaleza; mientras que la práctica es filosofia moral, basada en el concepto de libertad 14. En 10 concerniente a la filosofia moral, paradigma kantiano de todo saber practico, segun 61, ccno hay ningun verdadero principio de moralidad que no tenga su origen en la raz6n pura, independientemente de cualquier experiencia (...). Todos 10s conceptos morales tienen su asiento en la raz6n, tanto en la raz6n humana mAs vulgar como l3 Cf. ESTEVE, J.M., Lenguaje educativo y teorias pedagdgicas, Anaya, Madrid 1979. l4 Cf. UNT, I., Crítica del juicio, A, XI, XII.
especulativo que tendria sin duda un alcance o repercusi6n filos6ficos>>. Pero no tendria una útil repercusión educativa, puesto que estudia la accion en cuanto que efectuada. Dicho saber abocaria a un conocimiento teórico de la acci6n que, por ser tebrico, es casi inoperante frente a la acción, como recuerda N. Lobkowicz 28. Dicho mas rotundamente, con palabras de F. Inciarte: ((s610 cuando la raz6n se percata de su incompetencia en cuestiones prácticas, deja de ser tebrica y se constituye en razón practica)) 29. EL RANG0 GNOSEOL~GICO Y EPISTEMOL~GICO DE LA FILOSOFÍA DE LA EDUCACI~N COMO SABER PRÁCTICO Si la Filosofia de la Educaci6n es un pur0 saber práctico, un saber de 10 operable en cuanto tal, y, por 10 tanto, un saber de 10 contingente, ipuede hablarse entonces de un saber, o, al menos, de un saber objetivo y, por tanto, comunicable? Si se trata de un saber puramente empirico y subjetivo, puede ser valioso para el sujeto que 10 posea; pero no será posible trasmitirlo a otros, en cuanto que su objetivaci6n 10 desnaturalizaria. Seria entonces un saber de discernimiento subjetivo, un saber prudencial. Se requiere, pues, un componente te6rico en la constituci6n de este saber; más precisamente, un componente teórico formal, puesto que el componente material -la acción humanano permite de suyo una consideraci6n tebrica si quiere mantenerse como tal accibn, es decir, no como algo hecho, sino como algo en cuanto que se hace. La respuesta a esta cuesti6n puede extraerse de un debatido texto de Tomás de Aquino, lugar clásico en la discusi6n sobre la naturaleza de la ética. Es el siguiente: aHay ciencias -dice Tomás de Aquinoque son exclusivamente especulativas, otras exclusivamente prhcticas, y algunas que son en parte especulativas y en parte prácticas. Para más precisar esto adviértase que de tres maneras puede decirse especulativa una ciencia. Primero, por parte de las cosas que estudia, cuando el que las estudia no las puede hacer ni modificar, y por esto es especulativa la ciencia que tiene el hombre de las cosas naturales y divinas. Segundo, por el modo de saberlas, como ocurre, por ejemplo, cuando un arquitecto estudia una casa definiendo, dividiendo y considerando en general 10 que debe y 10 que no debe tener, ya que esto es considerar una cosa factible, pero no en cuanto que factible, sino de un modo especulativo (...). Tercero, por 28 Cf. LOBKOWICZ, N., Theory and practice. History of a Concept from Aristotle to Marx, Univ. of Notre Dame Press, Londres 1967, p. 12. 29 INCIARTE, F., OP. cit, p. 205.
razón del fin, pues el entendimiento práctico difiere del teórico por razón del fin, como dice el Filosofo. En efecto, el fin del entendimiento práctico es la operación y el del teórico es la contemplación de la verdad; y, por esto, cuando un arquitecto, por ejemplo, piensa cómo se puede construir un edificio, pero no con objeto de construirlo, sino simplemente para saber cómo se construye, tiene con respecto al fin un conocimiento teórico, aunque se trate de una cosa factible. Por consiguiente, la ciencia que es teórica por parte de las cosas que conoce es exclusivamente teórica. La teórica por el modo de conocer o por el fin que se propone es en parte teórica y en parte práctica. Y aquélla cuyo fin es la operación es simplemente práctica)) 30. Sin duda, desde la gnoseologia kantiana, y desde toda la epistemologia científica que se funda en ella, es decir, desde la radical separación entre razón y experiencia, entre saber práctico y teórico, es costoso admitir un saber que sea en parte teórico y en parte practico. Sin embargo, apelando a la experiencia propia y personal de la acción humana y, en este caso, de la acción educativa, las anteriores consideraciones tomistas no son ninguna insensatez. Basta con remplazar 10s términos <<arquitecto)), ccconstruir)) y ccedificio)) por <(educador)), <<formar)) y cteducandon respectivamente. Por supuesto, no puede establecerse un paralelismo estrecho entre la tarea del arquitecto y la del educador; pero a este nivel genérico de consideración si que cabe una profunda analogia. Asi, son posibles dos modos de saber sobre la educación, en parte teóricos y en parte prácticos. La segunda posibilidad señalada por Tomás de Aquino -un saber de 10 factible, pero conocido teóricamentecorresponderia al segundo nivel de T.W. Moore: el de la teoria de la educacidn. Seria un saber, en parte práctico, pero principalmente especulativo o teórico, en cuanto que requiere la acción ya efectuada. El tercer modo tomista corresponderia a un saber, en parte teórico, pero principalmente práctico. En este caso, el componente teórico viene dado por el fin, que se constituye en perspectiva formal de consideración intelectual. De esta manera, puede atenderse a la contingencia connatural a la acción humana -expresada formalmente en el afán diltheyano por incorporar la circunstancialidad histórica a la reflexión filosófica-, pero sin caer en el relativismo de una filosofia determinada por 10 contingente -las cosmovisionesy sin precisar de una ctfilosofia de la filosofia)) que desde el nivel del pensamiento formal prestara necesidad al conocimiento de 10 contingente. 30 TOMAS DE AQUINO, Summa Theologica, I, q. 14, a. 16.
Ahora bien, para poder admitir sin rubor tal saber practico en la asamblea de 10s saberes cientificos, tal como hoy están constituidos, se requeriria también una reflexi6n critica sobre el paradigma admitido hoy respecto de la constitucibn; paradigma que, con todas las ricas matizaciones de detalle que se han hecho, sigue siendo esencialmente cientificopositivo. Algunos pasos se han dado ya. Por ejemplo, pueden verse en la latente critica de T.W. Moore al citado paradigma: ((para criticar o rechazar -diceuna teoria de la educaci6n no podemos limitarnos a demostrar simplemente que sus conclusiones no son justificables a partir de 10s supuestos que se han hecho, o que 10s propios supuestos se pueden poner en cuesti6n)) 31. En efecto, para Moore una teoria de la educaci6n no se justifica por la verificaci6n de sus proposiciones ni por la coherencia interna de sus principios -6nicas razones dentro del modelo cientificopositivo. Moore aduce un criteri0 de naturaleza eminentemente practica. Según 61, en una teoria de la educaci6n, ((para validarla, tendremos que mostrar que sus conclusiones merecen ser puestas en practica)) 32. Tal es la linea que debe seguirse para que la Filosofia de la Educaci6n adquiera el rango gnoseol6gico y epistemol6gico que le corresponde como saber practico. Y este asunto no es s610 una filigrana de catalogaci6n científica. Aquí est4 en juego la misma posibilidad de que la Filosofia de la Educaci6n sea una disciplina de interés para 10s fil6sofos s610 -tebricos-, o que 10 sea preferentemente para 10s educadores, quienes precisan un saber practico, de la acci6n 33. 31 MOORE, T.W., OP. cit., p. 36. 3Z Ibidem, p. 30. 33 Tal intencionalidad parece percibirse en J. M. Quintana cuando postula este autor la necesidad de una Filosofia de la Educaci6n aplicada; cf. QUINTANA, J., ccconcepto de Filosofia de la Educaci6n~, Revista Espaflola de Pedagogia, Madrid 1982 (157), pp. 65-71.