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Reseñas

Olagüe de Ros, Guillermo

Abstract

Antonio OROZCO ACUAVIVA, Bibliografía médico-científica gaditana. Ensayo bio-bibliográfico médico, científico y técnico de Cádiz y su provincia.

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productora y como usuaria de la misma (aspecto éste que quizás haya quedado escasamente plasmado). Este interesante esquema es desarrollado a lo largo de nueve capítulos, en cada uno de los cuales se trata una materia, a saber: filosofía, lingüística, psicología, historia, geografia, derecho, economía, biología y medicina. A pesar de que -a tenor de lo que aporta a nuestra disciplinatenemos que calificar este libro como de divulgación, su lectura nos parece interesante. La historia de la ciencia ha centrado su atención, la mayoría de las ocasiones, en el estudio de los logros conseguidos. Pero en cuanto éstos no son más que el fruto de la historia anterior de la humanidad, cabe preguntarnos el papel que han jugado en su elaboración los hechos que han quedado sin trascendencia. En este sentido, el estudio de la marginación de la mujer por la historia puede servir como patrón de acercamiento a la conducta de otras minorías, así como a la comprensión de la configuración actual de la ciencia, desde la relación establecida entre su estamento dominante y dichas minorías marginadas. OROZCO ACUAVIVA, Antonio (1 98 l), Bibliografiá Medito-Cient@ca Gaditana. Ensayo bio-bibliográfico médico, cient@co y técnico de Cádiz y su provincia. Cádiz, Obra cultural ((Casino Gaditano)), 280 págs. [800 ptas.]. Los repertorios bio-bibliográficos de carácter histórico-científico constituyen un arma de trabajo básica para el historiador, pues en muchas ocasiones le facilitan datos sobre la vida y obras de científicos del pasado de los que, recurriendo a obras generales, raramente obtiene información. Si a la descripción minuciosa de los escritos se acompañan concretas referencias sobre su localización en bibliotecas, el repertorio se convierte en obra de obligado uso. La historiografía médico-científica española, por otro lado, posee una larga tradición en la publicación de repertorios de este tipo. Sirvan como ejemplos, los ya clásicos de Hernández Morejón (1842-1852) y de Chinchilla y Piqueras (1 8411846) para la medicina, el de Maffei y Rua Figueroa (187 1-72) para la rnineralogía, o bien el de Miguel Colmeiro (1858) para la botánica. Culminación de esta fértil tradición la constituye, a nuestro juicio, el Diccionario histórico de la ciencia española, confeccionado por un equipo de profesionales de historia de la medicina y de la ciencia bajo la dirección del profesor López Piñero, que verá la luz en breves fechas (Barcelona, Ed. Península). La Bibliografa médico-cient$ca gaditana del profesor Orozco Acuaviva, titular de la cátedra de Historia de la Medicina de la Universidad de Cádiz, más que engarzar con esta rica tradición, rompe totalmente con ella y se convierte en ejemplo paradigmático de cómo no debe hacerse una bibliografía de este tipo. En primer lugar, la ausencia de un plan previo de trabajo hace que el lector, al término del estudio de la Bibliografia, se siga planteando las mismas cuestiones que insistentemente le asaltaron a lo largo de todas sus páginas: ;se trata de una bio-bibliografía exhaustiva de autores gaditanos?; ;es, más bien, un catálogo de fiientes existentes en bibliotecas de la provincia de Cádiz?; las notas biográficas de los autores de las obras incluidas en la segunda parte ipretenden ofrecer una información al día sobre los mismos, junto con datos sobre sus obras no recogidos en la parte bibliográfica?; iqué entiende el profesor Orozco por ((científico gaditanon?; y, finalmente, icuáles son los límites cronológicos que enmarcan el estudio? Todo lo más que el lector puede concluir es que se trata, al menos en su primera parte (((Bibliografía médica gaditana)), pp. 35-122, y ((Bibliografía científica y técnica gaditanm, pp. 123-180), de un catálogo de impresos gaditanos en bibliotecas de la provincia de Cádiz, adicionado con esporádicas referencias a algunas bibliotecas madrileñas (La B. Nacional y la de la Real Academia Nacional de Medicina; a propósito, ipor qué ninguna referencia a los riquísimos fondos de la biblioteca de la Facultad de Medicina de la U. Complutense?). La segunda parte del estudio del profesor Orozco (((Resúmenes biográficos de médicos, científicos y técnicos de Cádiz y su provincia)), pp. 183-250) contiene datos sobre la vida de científicos gaditanos procedentes de estudios ya clásicos -con notables erroresy de otros más recientes -pero mal utilizados y comprendidos, por el autor de la obra que comentamos. Pero vayamos por partes. El profesor Orozco Acuaviva, en un capítulo introductorio (pp. 11-32) rompe una lanza a favor de una equívoca concepción de la erudición histórica, frente a lo que denomina ((elaboración histórica o simple narrativa)) (p. 1 1). Para él, los cultivadores de la primera son ((verdadero espejo de honestidad científica)) (p. 12), mientras que a los segundos les invade un mero deseo de lucimiento con un total abandono de la efectividad en la investigación. El doctor Orozco ignora, pues, que un buen trabajo de ((narrativa histórica», realizado por un profesional competente, exige por parte de éste, como paso previo, el poner a prueba su ((oficio de historiador)), que pasa indefectiblemente por el dominio de las técnicas de la erudición más exigente. Que el profesor Orozco desconoce totalmente estas técnicas, incluidas las propias de la bibliografía, se evidencia palpablemente a lo largo de toda su obra. Es más, ignora los repertorios más clásicos de la erudición bibliográfica hispana decimonónica y, lo que es más imperdonable para quien justifica su ((oficio de historiador)) exclusivamente desde una perspectiva local, los de su tierra natal. Según Orozco (p. la), entre 1830 y 1903 sólo se publicaron en Cádiz dos ensayos de carácter bibliográfico: los de Cambasio (1830) y Dionisio Pérez (1903), por cierto, este último mal citado por Orozco. A esta parca relación podrían añadirse, entre otros, la ((Lista de imprentas, librerías y litografías existentes en Cádiz, el Puerto de Santa María y la Isla de San Fernando)) (Bol. Bibl. Esp., 6, 42, 1865) y las monografía de Pedro Riaño de la Iglesia (1 9 16) aunque la recoge en el capítulo bibliográfico, la cita mal, la de A. Horozco (1929) y la hipotética de Sebastih de Miñano y Bedoya (1830). De carácter biográfico conviene citar el estudio de Adolfo de Castro (1 808-1 8 14) -igualmente reseñada en la bibliografía general, y, asimismo, mal indizada-, y, como catálogo de una biblioteca gaditana desconocida por Orozco, el que José de la Herrán publicó en 1894 sobre los fondos de la Biblioteca Municipal de Jerez de la Frontera. Si traspasamos el ámbito estrictamente local, las ausencias son casi totales. Un ejemplo: el Manual del Librero Hispanoamericano de Antonio Palau y Dulcet (Barcelona, A. Palau, 27 vols. + 1 vol. de índices, 1948-1976), uno de los repertorios bibliográficos hispanos más importantes publicados hasta la fecha. Hubiera sido deseable, también, que el profesor Orozco hubiera verificado la presencia de los títulos indizados en su bibliografia en catálogos de bibliotecas ya impresos, o bien en otros catálogos que, por su fiabilidad, merecen una total confianza para el investigador. En este sentido, el folleto de presentación de la serie Hispaniae Scientia, que dirige el profesor López Piñero (Plan de la Colección. Valencia, Artes Gráficas Soler, 1975), contiene una exhaustiva relación de bibliografías, topobibliografías y catálogos de bibliotecas cuya consulta le hubiera evitado al profesor Orozco cometer los graves errores de todo tipo que su Bibliografía contiene, y ampliar sustancialmente la producción científica de algunos de los gaditanos ilustres que analiza. Por ejemplo, la de Benito Alcina y Rance, que, además, fue autor de un Tratado de Higiene privada y pzíblica, en dos gruesos volúmenes en cuarto, impresos en Cádiz en 1882. Y puesto que el profesor Orozco concluyó su Bibliografiá en 1977 (p. 32), pero no la dio a la imprenta hasta el pasado año, podía en ese lapso de tiempo haber ojeado otros repertorios y catálogos aparecidos a lo largo de ese cuatrienio, como por ejemplo, el de Valverde (1981) sobre la biblioteca de la Academia de Medicina de Sevilla, el de Suñé-Mendoza (1976) sobre los fondos científicos de las bibliotecas universitarias de Granada, y el de García del Carrizo San Millán (198 1) sobre los de la Universitaria y de Santa Cruz de Valladolid. ' El último plano de errores en la obra que comentamos se sitúa en el nivel conceptual. Dejando de lado algunas apreciaciones anecdóticas sobre la vida de Aréjula («la vida de Aréjula fue políticamente muy movida)), p. 193), y otras que no lo son tanto, como el desconocimiento de Orozco sobre la importante aportación de Aréjula a la química española de la época, y que tan espléndidamente ha sido estudiada por los profesores Carrillo y Gago (a los que cita Orozco pero no comprende), nos sorprende que no haya sabido sacar partido a la literatura secundaria que ha manejado. Sirviéndose exclusivamente de Anastasio Chinchilla (v. IV, p. 167), Orozco hace a Giovanni Spallarossa natural de Cádiz (p. 244), cuando Juan Riera en su Cirugía española ilustrada y su mmunicación con Europa (Valladolid, p. 109, 1976) ha demostrado claramente que Spallarossa era natural de Génova. Orozco ha manejado el estudio de Riera, por lo menos en una ocasión (p. 250), pero no ha sabido incorporarlo en toda su extensión a su bibliografía, y eso que su manejo es muy fácil, pues posee un índice muy completo de autores. De ahí su error. Y de ahí también que no haya entendido correctamente la significación histórica de la obra de Spallarossa, que, a nuestro juicio, hay que insertar en las coordenadas del movimiento antisistemático de la medicina española del último tercio del siglo XVIII. Tres últimos aspectos para terminar. En primer lugar, se echa de menos un vaciado sistemático de las referencias bibliográficas contenidas en el importantísimo periodismo médico gaditano de principios del siglo XIX, que tgn trascendental papel jugó en el proceso de introducción en nuestro país de la mentalidad anatomoclínica. En segundo término, las abundantísimas erratas tipográficas afean la lectura de la obra, cuando no inducen a confusión, especialmente en la transcripción de los títulos latinos. Finalmente, hubiera sido de desear que el profesor Orozco hubiera puesto más cuidado en los índices. Así, por ejemplo, se echan en falta índices de editores, de lugares de impresión, de impresores, de traductores y de comentaristas.