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El tratado alfonsí sobre la esfera

Samsó, Julio

Abstract

Samsó, Julio

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El tratado alfonsí sobre la esfera En dos trabajos recientes (1) Richard Lorch no sólo ha dado a conocer dos nuevos tratados medievales sobre la sphaera solida sino que ha reunido además toda una serie de datos en torno a la tradición medieval de este instrumento astronómico tanto en el mundo árabe como en la Europa latina. La lectura de los articulos de Lorch me ha movido a analizar el tratado alfonsí sobre la esfera, titulado Libro de la faygón del1 espera, et de sus jguras, et de sus huebras, con el fin de aportar algunas precisiones sobre el tema, especialmente en lo que concierne a la España Medieval. Conviene empezar por señalar que la esfera es un instrumento que debió ser conocido en al-Andalus en época temprana ya que, en el manuscrito 225 de Ripoll, aparecen unos fragmentos cuyo comienzo reza: Incipit de horotogio secundum alkoram, id est speram rotundam. Millás (2) creía que se trataba de algunos capítulos sobre el uso del astrolabio esférico, lo cual no es imposible. No obstante, pueden también pertenecer a un tratado sobre el uso de la esfera sólida, tal como señala Lorch (3). En cualquier caso, lo único evidente es que se trata de una esfera sobre la que se encuentra grabado el círculo del Ecuador y se alude al drculo (20 armilla?) del horizonte y al del meridiano. En él aparece, además, una especie de alidada de pínulas, provista de una aguja con la que puede determinarse la altura del Sol: aunque el texto (1) LORCH, Richard (1980), The sphaera solida and Related Instruments. Centaurus, 24, 153-161; Al-KhZzini's Sphere That Rotates by Itself. Journalfor the Histoly ofArabic Science, 4, 287-329 (1980). (2) MILLAS VALLICROSA, J. (1931), Assaig d'histbria de les ideesfí'siques i matemdtiques a la Catalunya Medieval, Barcelona, pp. 288-290. (3) LORCH, Sphaera solida, p. 16 1. " Universidad de Barcelona, Facultad de Filología. Barcelona. España. DYNAMIS Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 2, 1982, pp. 57-73. ISSN: 021 1-9536. 58 JULIO SAMSO conservado no es muy explícito, puede tratarse de un artilugio similar al que aparece en la bayda de al-Batt~ni, de la que hablaré a continuación. El instrumento resulta, obviamente, demasiado limitado incluso para realizar observaciones elementales ya que, para determinar la altura de una estrella es preciso recurrir al empleo de un astrolabio. Un siglo más tarde tenemos documentada en al-Andalus la actividad de un artesano, Ibr~him b. Sa'id al-Sahli, del que conservamos dos ejemplares de esferas celestes: una de ellas, fechada en Valencia en el 1080, conservada en Florencia y en la que aparecen las estrellas de acuerdo con las coordenadas que, poco antes, había establecido Azarquiel; la segunda se encuentra actualmente en París y parece haber sido construida hacia las mismas fechas (4). Los dos datos anteriores y el texto alfonsí constituyen prácticamente todo lo que conocemos acerca de la tradición hispánica de este instrumento astronómico que era, obviamente, bien conocido en la Barcelona del siglo XIV, ya que las Tablas de Pedro el Ceremonioso hhblan de las observaciones de las estrellas fijas llevadas a cabo por los astrónomos-reales Pere ~ilbert y Dalmau ses Planes, los cuales registraban las posiciones obtenidas en una gran esfera de siete palmos de diámetro que se encontraba en el Palacio Real de Barcelona: «E lo dit Mestre Pere ab struments geometricals axi com grans armillas miganceras e cominals com ab grans cadrants e instruments liurats per lo bon Tholomeu ha inuestigat e verificat tots los lochs vertades de les st'eles fixas segons lur longitut, latitut e magnitut, e tots los vers lochs de les planetes e lurs auges e lurs latituts al mig jorn de la nostra ciutat de Barchinona. E segons que troba les steles fixes al orizont de la dita ciutat si les posa ab lurs ymatges en una gran spera la qual ha VI1 palms de diametre la qual tenim en lo nostre palau en la dita ciutat)) (5). Por otra parte, la Espaiia Medieval conoció, sin duda, otros textos sobre la esfera: es el caso de la descripción de este instrumento en el Almagesto (VIII, 3) así como el de la bayda de al-Battai. Esta última era conocida en al-Andalus por lo menos desde la segunda mitad del siglo X (6) y conviene tenerla en cuenta con el fin de mostrar las diferencias que presenta con el instrumento alfonsí: de acuerdo con la (4) DESTOMBES, M. (1966), Globes célestes et catalogues d'étoiles orientaux du Moyen Age, Actes du VZZZ. .e Congrks Znternational d'Histoire des Sciences, Florencia, 3 13-324. (5) MILLAS VALLICROSA, J. M.a (1962), Las Tablas Astronómicas del rey D. Pedro el Ceremonioso, Madrid-Barcelona, pp. 124 y 66-68. (6) -m-RÑETTJÜani1965), La Ciencia en el Islam y Occidente, Settimane di studio del Centro italiano di studi sull'alto medioevo (Spoleto), 12, pp. 545-546. Reed. en VERNET, Juan (1979), Estudios sobre Historia de la Ciencia Medival, Barcelona-Bellaterra, pp. 29-30. El tratado alfonsi sobre la esfera 59 reconstrucción de Schiaparelli (7) se trata de un globo celeste de cobre en el que están trazados el ecuador, eclíptica y coluro de los equinoccios. Sobre la esfera se superpone un sistema de tres armillas sencillas y una doble. Esta última es la doble armilla meridiana con un sector interior móvil y otro exterior fijo. Las tres armillas sencillas son: 1) y 2) la armilla del horizonte y la armilla del primer vertical que forman una estructura fija conjuntamente con la armilla meridiana exterior; 3) una armilla móvil que gira en torno al eje cenit-nadir y puede, por tanto,, representar cualquier vertical. Montado sobre esta última armilla se encuentra un dispositivo con dos pínulas a través de las cuales puede entrar la luz del Sol y determinarse, así, su altura. No parece, en cambio, que el instrumento pueda utilizarse para determinar la altura de una estrella Este dispositivo lleva también un punzón retráctil que se emplea para materializar la posición del Sol sobre la esfera El dispositivo puede, evidentemente, desplazarse sobre esta armilla que es exterior a todas las demás. En conjunto parece, como veremos, un instrumento mucho más sofisticado que la esfera alfonsí. Dado que, como asimismo señalaré, el tratado alfonsí no es meramente una descripción de la manera de construir y utilizar un instrumento astronómico, sino que constituye un auténtico manual de introducción a la astronomía esférica, conviene mencionar aquí que la España Medieval conoció también ciertos tratados de astronomía o geometría centrados en el tema de la esfera Es el caso del tratadito elemental De recta imaginatione spere et circulorum eius atribuido a -bit b. Qurra (8). Por otra parte, el epílogo del texto alfonsí contiene, asimismo, la descripción de una cuadrante de árculo máximo uno de cuyos extremos se fija sobre un polo de la Eclíptica mientras que el otro alcanzará el mismo círculo de la Eclíptica En ella encontramos la siguiente referencia: ctEt porque se pueda poner una uez sobre1 polo septentrional et otra uez sobre el polo miridional, segund fuer la ladeza de la estrella de los signos, ymaginando una linna drecha que salga del polo de los signos, et que llegue fasta la fin del quarto. Et bien se muestra que esta linna del quadrante será la linna del quadrante sennalado en el mayor cerco que ay en la espera, segund mostró Theodociuz. Et esta linna es la cuerda del quadrante partido, pues ell cerco que es d'ell es quadrante partido et ygual al mayor cerco que ay en la espera, et passa por los polos de los (7) NALLINO, C. A. (1903), Al-BatWni sive Albatenii Opus Astronomicum, Vol. 1, Milán, pp. 139-142 y 320-321. (8) CARMODY, Francis J. (1960), The Astronomical Works ofThabit b. Qurra, Berkeley and Los Angeles, University of California Press, pp. 1 181 19, 140144. 60 JULIO SAMSO signos, et es leuantado sobre ángulos drechos sobre el cerco de los signos. Et. terminaremos con este quarto el logar de la estrella en la longura, et en la ladeza (9). Me ocuparé del interés que tiene el mencionado cuadrante más adelante. Por el momento me interesa señalar que el Theodogiuz citado es, sin duda, Teodosio de Trípoli (s. 1 a de C.) en cuyas Esféricas (libro 1, proposición XVI) se demuestra que «Si se tiene un círculo máximo en la esfera, la recta trazada desde el polo de este círculo [hasta el drculo mismo] es igual al lado del cuadrado inscrito en el círculo máximo.)) Del mismo modo, la proposición siguiente (XVII) es el teorema recíproco al anterior (10). Tenemos, pues, aquí, un testimonio de la difusión en la España del siglo XIII de las Esféricas de Teodosio que circulaban en una versión latina atribuida a Gerardo de Cremona (1 1). Terminaré esta lista de referencias con dos citas de las Glosas a la Eneida de Enrique de Villena (1 3841434): «por quanto moviéndose en el cielo circularmente seyendo él espérico conviene en él aver tres punctos que non se muevan, es a saber, el centro e los dos polos, segund Talocus por demostración provó in libro D'espera mobili, e si la estrella allí estuviese non farie circulación nin variedat de influencia )) Igualmente: «E porque mejor esto sea entendido de los romancistas, que non vieron la astronomía que puso Tholomeo en su Almageste ne aun el Tractado de la esphera movible que es más común, deven notar que los astrónomos ponen que1 cielo se mueve, non segúnd el todo, adquiriendo nuevo lugar, mas segund las partes circularmente faziendo mutación [...] E por ser el cielo espérico e continuo todas sus partes se mueven; que non quedan sinon tres punctos inmóbiles, es a saber, el centro e los dos pollos, do termina el axis, siquiere el diámetro suyo, segúnd Thalocus ha provado en su Tractado de la esjbera movible [...] E segund la declinación de los morantes en los climas, ansí es diferente su elevación sobr'el orizonte: los que moran en el comienco del primer clima elévase a ellos el dicho pollo sobre su orizonte doze grados e quarenta e cinco menudos; e los que moran en el fin del séptimo clima elévase sobre su orizonte cinquenta grados e treynta menudos, segúnd es provado en el Tractado del espera [...]» (12). (9) Citaré el tratado alfonsí sobre la esfera por la edición de RICO Y SINOBAS, Manuel (1863), Libros del Saber de Astronomía del Rey D. Alfonso X de Castilla, Vol. 1, Madrid, pp. 153-209. El pasaje citado aquí aparece en la p. 206. (10) EECKE, Paul Ver (1959). Les Sphériques de Théodose de Tripoli, París, pp. 22-24. (1 1) MILLAS VALLICROSA, José M.a (1 942), Las traducciones orientales en los manuscritos de la Biblioteca Catedral de Toledo, Madrid, p. 208. (12) Puedo citar estos textos gracias a la generosidad de mi amigo y compaiiero Pedro M. El tratado alfonsi sobre la esfera 6 1 Se nos plantea aquí el problema de saber quién es este Talocus autor de un tratado sobre la esfera cuya lectura era más común a principios del siglo XV que la del Almagesto de Ptolomeo. Un T(a)lüqüs al-K~hin, de Fayyüm en Egipto, aparece citado en el Kiíab sirr al-jaliqa del pseudoApolonio de Tyana, editado por Ursula Weiser (13). No obstante, falta toda referencia a que fuera autor de un tratado sobre la esfera. Podemos, en cambio, identificar conjeturalmente a nuestro Talocus con Autólico de Pitana (fl. c. 300 a. de C.) autor de un tratado titulado De sphaera mota en la versión latina, a través de una previa traducción árabe, de Gerado de Cremona (14). La primera proposición de este texto establece lo siguiente: «Cum sphaera super suum meguar [= rnihwar, o sea eje] reuolutione uoluitur aequali, puncta quae sunt supra ipsius superficiem, praeter ea quae sunt supra rneguar, circulus designant aequidistantes quorum poli sunt poli sphaerae et sunt erecti supra meguar)) (15). Esta proposición implica, obviamente, que los dos polos de la esfera y el centro de la misma son inmóviles tal como afirma Villena. Ahora bien, en la edición de este texto publicada por Mogenet las variantes del nombre de Autólico que aparecen son Autolycus, Autolocus y Antolocus. Cabe, por consiguiente, preguntarse si Villena había manejado un manuscrito en el que aparecía la forma Talocus o si existió otra versión latina distinta de la de Gerardo de Cremona Por otra parte en todo el tratado De sphaera mota no aparece la menor referencia a una distribución de los climas en la que el comienzo del primero corresponda a una latitud de 12;450 y el fin del séptimo a una latitud de 50;300. Esta distribución, por otra parte, parece haber sido conocida en la Edad Media árabe dado que se encuentra de forma prácticamente igual (los parámetros utilizados son 12;300 y 50;300, respectivamente) en el Qikr al-aq~lzm wa-ijtitafu-ha del geógrafo andalusí, de fines del siglo X, 1s.q b. al-Hasan al-ZayyZt (16). Cátedra. Los tomo de su tesis doctoral inédita, presentada en la Universidad Autónoma de Barcelona en septiembre de 198 1, y titulada Sobre la vida y la obra de Enrique de Villena, pp. 820 y 1499-1500. (13) WEISSER, Ursula (1979), Buch über das Geheimnis der Schopfung und die Dantellung der Natur (Buch der Ursachen) von Pseudo-Apollonios von Sana, Aleppo, Institute for the History of Arabic Science, p. 28. (14) MOGENET, Joseph (1948), La traduction latine par Gérard de Crémone du Traité de la Sphkre en Mouvement d'Autolycus, Archives Internationales d'Histoire des Sciences, 5, 139-164. (15) Ed. MOGENET, p. 146. (16) CASTELLÓ ~0x6, Francisco (1980), Algunos capítulos del tratado de geografia árabe @ikr al-aqalim wa-ijtilzfu-ha», de Isfiq ibn alHasan ibn Abi-1-Husayn al-ZayyZt, en 62 JULIO SAMSO Lo dicho hasta ahora basta para mostrar la escasez de datos de que disponemos para documentar la historia de la sphaera solida en la España Medieval y pone de relieve el interés del tratado alfonsí sobre el tema, del que voy a ocuparme a continuación. 2.1. Generalidades El Libro de la faycón dell espera consta de tres partes bien diferenciadas:, la primera está constituida por los cuatro capítulos iniciales que versan sobre la construcción del instrumento. De ellos sabemos que son una adición alfonsí: «Et este libro era departido según Cozta el sabio lo departiera en LXV capítolos. Mas nos fiziemos poner y cuatro capítolos demás, que convienen mucho a esta razón, ca son los primeros et todos los otros vienen en pos de estos, et sin ellos non podna seer bien ordenado el libro, et por ende los possiemos desta guisa» (17). El texto alfonsí no contiene indicación alguna acerca de quién pudiera ser el autor de estos cuatro capítulos, pero Romano (1 8) ha sugerido que tal vez se tratara de Ish~q b. Sid (Rabicag), que aparece dentro del conjunto de los colaboradores alfonsíes como constructor de instrumentos y autor de tratados sobre la elaboración de los mismos. La segunda parte está constituida por los sesenta y cinco capítulos que corresponden a la traducción del árabe del tratado sobre el uso de la esfera debido a Qus@ b. Lüq~ (s. IX) según manifiesta la introducción al texto: «Este libro es dell alcora, que es dicha en latín alcora [sic] que compuso un sabio de oriente que ouo nombre Cozta. Et fabla de todo el1 ordenamiento dell espera a que dizen en aráuigo vet [sic por det] alcorcy [&t al-kura], que quier tanto dezir cuemo la espera que está sobre la siella, et Gzo este libro en aráuigo)) (19). Los autores de esta traducción fueron Yehüdá b. MBSé ha-Kohen y el clérigo Johan Daspa, los cuales terminaron su labor el ,jueves 6 de Estudios sobre Historia de la Ciencia Arabe, editados por Juan VERNET, Barcelona, C.S.I.C., pp 122-125. (17) RICO, Libros 1, 154. (18) ROMANO, Davide (1971), Le opere scienufiche di Alfonso X e l'intervento degli ebrei, en Oriente e Occidente nel Medioevo: FilosofZa c Science, Roma, Accademia Nacionale dei Lincei, pp. 689-690, 693, 705. LORCH, Sphaera solida, p. 154, da por sentado que Ishaq b. Sid es el autor de estos capítulos-pero no lojustifica. (19) RICO, Libros 1, 152. El tratado alfonsl sobre la esfera '63 febrero de 1297 de la Era Hispánica (1 259 de J. C.). La traducción fue revisada en el año 13 15 de la Era Hispanica (127 7 de J. C.), siendo este último texto revisado el que aparece en los Libros del saber de astronomía (20). Hasta donde puede juzgarse por la traducción inglesa parcial de W. H. Worrell (21), el texto alfonsí sigue de manera bastante fiel el texto árabe original. La tercera parte está constituida por un único capítulo adicional, que aparece tras la versión del tratado de Qusp b. Lüq~: «et porque fuesse esta obra de la espera más complida, mandamos nos rey Don Alfonso el sobre dicho annadir hy este capítolo para fazer armillas en la espera pora saber el1 atacir et egualar las casas segund la opinión de Hermes, et mandamos a Don Xossé nuestro alfaquín que lo fiziese)) (22). No añadiré nada, por el momento, a la información aportada en la cita anterior y me limitaré a recordar la sugerencia de Romano, quien considera que ctXossé» es, posiblemente, lectura errónea por «Mossé» (MoSé) (23). 2.2. Descripción del instrumento La descripción del instrumento se encuentra fundamentalmente en los cuatro capítulos iniciales anónimos y en el capítulo V («De las cosas que son puestas en el1 alcora))), que es ya traducción de Qusta b. Lüqz y constituye un típico capítulo inicial de un tratado de usu. Existen diferencias entre'el instrumento descrito por el autor alfonsí y el del original árabe en las que insistiré a continuación. Sin necesidad de entrar en detalles sobre materiales y procedimientos de construcción, cabe señalar que sobre la esfera se encuentra dibujado el circulo de la Eclíptica, así como sus dos polos, dividida en 12 signos, 360 grados y tantas fracciones de grado como resulte posible. Por los polos de la Eclíptica y los principios de los doce signos zodiacales pasan círculos máximos de longitud. El valor de la oblicuidad utilizado para construir este instrumento es de 240, parámetro que (20) RICO, Libros 1, 169-205. (21) WORRELL, W. H. (1944), Qusta ibn Luga on the Use of the Celestial Globe, Zsis, 35, 285-293. No he podido ver SCHNELL, Hans (1924), Die Kugel mit dem Schemel, Inaug. Diss., Erlangen, que contiene una traducción alemana completa del tratado de QustZ. (22) RICO, Libros 1, 206. «Xossé» es, sin duda, una mala lectura de Rico. Cf, la nueva edición, en microfichas, de KASTEN, Lloyd y NITTI, John (1978), Concordances and Texts ofthe Royal' Scr$torium Manuscr$ts of Alfonso X, el Sabio, Madison, The Hispanic Seminary of Medieval Studies. (23) ROMANO, Opere Scientfzche, pp. 692-693. JULIO SAMSO se encuentra frecuentemente citado en distintos capítulos de la parte dedicada al uso del mismo (24), aunque en el capítulo 35 aparece el valor 23;330, que corresponde al obtenido en el año 2131828-29 por Y&yd b. Abi Mansür en Bagdad (25). También sobre la esfera se traza el Ecuador y sus polos, encontrándose aquél dividido en 3600 y fracciones be grado. ' La esfera se encuentra, asimismo, provista, en la descripción del qutor alfonsí, de dos armillas, denominadas mayor y menor, situadas de Sal modo que la segunda pueda pasar por debajo de la primera. Ambas están divididas en 3600. La armilla menor queda fijada a los polos de la Eclíptica y puede girar en torno a ellos representando, por tanto, cualquier árculo máximo de longitud. La armilla mayor, por su parte, quedará sujeta a los polos del Ecuador y representará el meridiano del ltigar. Utilizando la armilla menor se situará sobre la esfera la posición f(e las estrellas fijas en función de su longitud y latitud celestes (26). Estas estrellas se encontrarán distribuidas, según Qus@ b. Lüq~, en las cuarenta y ocho constelaciones del catálogo de Ptolomeo (27). Por otra darte, ,seis moldes distintos permitirán dibujar la forma de las estrellas dk ac~ierdo con seis tamaños diferentes en función de las seis magnitudes ptolemaicas (28). Laesfera con sus dos armillas se situará sobre un soporte denominado siella (kursi) y que, de acuerdo con la descripción alfonsí, tendrá una forma similar a la que aparece en la ilustración adjunta: una especie de caja con aperturas por los cuatro lados que permiten introducir la mano con el fin de mover la esfera La parte superior tiene una apertura circular a la que se sujeta una nueva armilla graduada que representará el círculo del horizonte. Esta armilla horizontal está provista de dos guías a las que quedará sujeta la armilla meridiana la cual, por otra parte, se apoyará en un soporte en forma de pinza situado en el centro de la base de la caja. De esta manera la armilla meridiana no podrá desplazarse lateralmente pero sí de norte a sur o viceversa con el fin de (24) Cf, RICO, Libros 1, 166 (cap. 3); 1, 196 (cap. 51); 1, 197 (cap. 53); 1, 197-198 (cap. 54); 1, 198-199 (cap. 55); 1, 199 (cap. 56). (25) RICO, Libros 1, 186187. Cf, AL-BíRÜNi,'KitZb tahdZd nihüyüt al-amükin li-ta~hih masüfat al-masükin Ed. BOULGAKOF, P. (1962), en Revue de l'lnstitut des Manuscnts Arabes, 8, 90-91. (26) RICO, Libros 1, 166-167 (cap._3). (27) Sobre la tradición medieval del catálogo de estrellas de Ptolomeo cf: KUNITZSCH, Paul (1974), Dm Almagest. Die Syntaxis Mathematica des Claudius Ptolomaus in arabisch-lateinischer Überliefemng, Wiesbaden, O. Harrassowitz. (28) RICO, Libros 1, 167. El tratado alfonsi sobre la esfera 65 Despiece de la esfera alfonsL 72 JULIO SAMSO era bien conocido en la España Medieval, ya que lo expone, en el siglo XII, Abraham bar Hiyya (48) y aparece repetidamente en los Libros del saber de astronom'a (49). Del propio al-Batt~ni parece derivar también el procedimiento expuesto en el capítulo 6 1 para determinar la alquibla aunque el texto alfonsí está, en este caso, probablemente incompleto, ya que la única variable utilizada es la diferencia de longitudes entre La Meca y el lugar de referencia, y no se tiene en cuenta la diferencia de latitudes (50). Raíces ptolemáicas parece tener, en cambio, el capítulo sobre el eclipse de luna (cap. 64) en el que se establece que habrá eclipse si la latitud de la luna el día 13 del mes lunar está comprendida entre 00 y 1;40 (51). El límite 1;40 parece el resultado de redondear el límite ptolemáico 1 ;3,400 (máxima distancia en latitud entre la luna y el nodo para que tenga lugar el eclipse) (52). No está tan claro, en cambio, el origen del capítulo 65 relativo al eclipse de sol: en él se afirma que habrá eclipse si el día 27 del mes lunar la latitud de la luna está comprendida entre 00 y 1;370 (si es septentrional) o entre 00 y 0;470 (si es meridional) (53). Los límites ptolemáicos, en cambio, son 1;310 (latitud septentrional) y 0;410 (de latitud meridional) (54). Cabe plantearse si se ha producido aquí un error textual. 3. CONCLUSIONES Resumiré aquí, muy brevemente, las principales aportaciones del presente trabajo: el tratado alfonsí sobre la esfera sirve para compensar, en parte, la falta de información que sufrimos sobre la difusión de este instrumento en la España Medieval, sobre todo, hasta el siglo XIII. Sabemos que las esferas eran bien conocidas y utilizadas tanto en la España musulmana como en la cristiana pero, a la hora de buscar un texto que abriera la serie de tratados sobre instrumental astronómico, los colaboradores alfonsíes no encuentran mejor solución que traducir la obra de Qusp b. Lüq~ en el siglo IX y completarla con cinco capítulos de nueva redacción. El texto árabe de Qus. b. Lüq~ se caracteriza por su carácter marcadamente pedagógico: es una introducción elemental a MILLÁS VALLICROSA, José M.a (1959), La obra Séfer HeSbdn mahlekot ha-kokabim de R. Abraham bar Hiyya ha-Bargelonz; Barcelona, pp. 96-98. Cf, las referencias que da NALLINO en Al-Battüni 1, 249. NALLINO, Al-Battani 1, 136-137 y 318-219; D. A. KING (1979), Kibla, Encyclopédie de I'lslam, Leiden-Paris, V. 86-87. RICO, Libros 1, 203. NEUGEBAUER, 0. (1 975), A History ofAncient Mathematical Astronomy, Berlin-HeidelbergNew York, 1, 125. RICO, Libros 1, 204. NEUGEBAUER, H. A.M.A. 1, 126. EL tratado alfonsi sobre la esfera 73 la astronomía esférica caracterizada por su prolijidad y por sus repeticiones innecesarias. Pero es un tratado de usu @-l-'amal) y sólo lleva un breve capítulo inicial en el que se describe el instrumento. Se hace preciso, por ello, redactar los cuatro capítulos iniciales en los que se describe, con detalle, la manera de construir la esfera. Desconocemos el nombre del autor alfonsí de estos cuatro capítulos pero es posible que se trate, tal como proponía David Romano, de 1s.q b. Sid, el cual, dentro del grupo de colaboradores de Alfonso X, aparece como un astrónomo observador y como constructor de instrumental astronómico (55). La labor de este autor alfonsí puede caracterizarse por una cierta independencia con respeto al texto de QUSJZ b. Lüqz, ya que introduce una novedad en el instrumento: la armilla menor que gira en un plano perpendicular al de la Eclíptica. Me atrevería incluso a decir que esta novedad constituye una mejora: el tratado de QustZ b. Lüqa resuelve el problema de la determinación de coordenadas eclíptica sobre la esfera recurriendo al cuadrante auxiliar, un accesorio versátil, ya que puede situarse tanto en un plano perpendicular a la Eclíptica como en planos perpendiculares al Ecuador o al horizonte. Ahora bien esta versatilidad no es estrictamente necesaria, ya que la armilla meridiana puede muy bien utilizarse para determinar coordenadas ecuatroriales u horizontales, al contrario de lo que sucede con las coordenadas eclípticas. La novedad de la armilla menor resulta, pues, en realidad, más operativa proporcionándonos un instrumento más fácil de manejar y con menor margen de error. El capítulo final, debido a Don Mossé, es una adición destinada a completar el panorama de los usos astrológicos del instrumento: se expone el procedimiento para calcular el tasyir con la esfera (tema al que no alude Qusg b. Lüq~) y la manera de dividir las casas de acuerdo con el sistema de Hermes (QUSJZ expone el procedimiento de al-Batt~ni). Para estos usos el autor alfonsí se ve obligado a introducir nuevos accesorios en la esfera uno de los cuales es precisamente el cuadrante auxiliar: de este modo Don Mossé se sitúa al margen de la novedad introducida por el autor de los cuatro primeros capítulos del tratado y se coloca, en cambio, en la línea del instrumento descrito por Qus. b. Lüqz. Por consiguiente, parece imponerse la conclusión de que Don Mossé no es el autor de los capítulos sobre la construcción del instrumento. (55) Este papel de 1s.q b. Sid adquiere aún más relieve si se recuerda que copió de su puño y letra el Kitüb a1-asrürfi nata'@ al-a@ar de Ahmad o Muhamrnad b. Jdaf d-Mur~di y reconstruyó algunos de los modelos mecánicos que en él se describen. Cf, VERNET, Juan (1978), Un texto árabe de la corte de Alfonso X el Sabio, Al-Andalus, 43, 405-421 (especialmente pp. 408-409), y VILLUENDAS, Manavictoria (1978), A further Note on a Mechanical Treatise Contained in Codex Medicea-Laurenziana Or. 152, Joumalfor the Histo~y of Arabic Science, 2, 395-396.