El ginecólogo ante la condición femenina : la escuela granadina de Alejandro Otero (1916-1936)
Abstract
Barranco Castillo, Enriqueta
Full text
El ginecólogo ante la condición femenina: La escuela granadina de ~lejandro Otero (1916-1936)'' ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO *'" Bajo el termirlo ((condición femenina, o ((hecho femenino)), englobarrios una scrie de conceptos que hacen referencia a la mujer como tal y al corijunto de circunstancias con ella relacionadas tradicional e históricamente y que han influido para mantenerla en una situación deterriiiriada, ya sea virgen, rnonja o unida en matrimonio (generalmente carióriico), alejada de protagonisnios públicos y en muchas ocasiones lejos dc realizar sus propias y personales aspiraciones. La justificación de nuestro trabajo la encontramos en el escaso coiiociriiiento que existe de la situación y del papel de la mujer dentro de la reciente historia de España, y 1s considerarnos conio una aportación rriás de las que se vienen realizando en este sentido. Eri España se han investigado escasamente los inicios del proceso crriaricipador femenino. Consideramos que para esta tarea investigadora cs imprescindible conocer la actitud que mantenían las personalidades destacadas en diversas áreas con respecto a este proceso y en una época deterniirlada, y cómo expresaban sus opiniones a través de los niedios de que disponían. Cori estos planteamientos, y teniendo presentes las comunicaciones presentadas por parte de sociólogas, historiadoras, abogadas, etc., a las ((Prirrieras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, organizadas por el Seniirlario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma dc Madrid (lj, pensamos que seria útil, como contribución al estudio de la rriujer en España, hacer una investigación de las actitudes adoptadas cori respecta al hecho femenino por un catedrático de Obstetricia y Gi- " El prcscntc trabajo fue galardorlado con un accCsit eri el XIV Concurso Uriach de Historia dcs la Mcdi<:iria. "" I;rbariixacióri Jardiri de la Reirla. Adelfa, 2. 18006 Granada. España. i 1 J íi~tas de les 1i.imerus Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Nuevas perspectivas sobre la mujer. 2 vc~ls. Madrid. Uriiversidad Autórionia de Madrid (1982). 1)YNAMIS Asta IIhpank arl Medinnae ~darurn~ Historiam Illuctrandam. Vol. 4, 1984, pp. 199-21 8. ISSN: 021 1-9536.
200 ENRIQUQTA BARRANCO CASTILLO necología del primer tercio del siglo XX. Elegimos a Aligandro Otcro y su escuela granadina porque nos cricoritranios hacicriclo uri cstiidio riias amplio sobre aquél, y en numerosas acasiories rios licrrio5 sorprcridido con sus mar~ifestaciones sobre el hecho fenic.nino. Acierritis, porcliic. rcpresenta a un catedrático que ejerció íritegranieritc durante el rciriatlc~ de Alfonso XIII, período que ha sido consitferado para la niujcr cispahola como de inicio en su caminar emaricipador (2:. Hablar de condición femenina eri Obstetricia v Giriccología pucdc iriterpretarse en principio como una paradoja, ya que para quc* existati dichas especialidades tierie que darse el hecho Seriieriino. 1.0 cluc riosotros hemos querido investigar es la versión que de cstc. hccho f~rricmirio daba el hombre en una época deterrriinada y eri algunas facria, di-. su ser o SL~S sentimientos; siendo la Obstetricia y Giriccología uria c.spccialidad que investiga y trata a las mujeres, ha sido tra<licioriidrrii~ritc c1al.10rada por los hombres, v de todos es bivn coriocida la casi total aiiscricia de la rn~ijer en su ejercicio, bien como rnédica o corrio irivc*stipclora, hasta épocas muy recientes. Existen algunos estudios críticos (3) sobre el rriodo cri que. los giricscólogos, en la época previa a 1936, veían a las riiujercs; cri estos estuclios se resalta la idea de que, durarite rriuehos años, si alguien eri la sociedad estaba autorizado a defiriir lo que cra la mujer, Cstos crari los giriccólogos, y de su opinión y de los conceptos por ellos vc.rtidos, bitm eri sus despachos de consulta, o bien desde sus cátedras (corno es (a1 caso que rios ocupa), dependía en gran niedida la coric<*pción socioEirriiliar tic la rriuj er. Nuestro propósito ha sido intentar dar, a través de opiriiorics vcrtidas por el propio Otero o bien por su colaborador niás iriiricdiato, Claudio Hernánciez, una visión aniplia de lo qiic rcyrescritaba p;ir.;t la niujer española del período anterior a 1936, su cd~icacióri, sus hábitos, sus costumbres, etc., y cómo era enfocado dcsclc e31 punto dc vista cie la enferniedad tocoginecológica. Intentarerrios ver cóirio, segíiri Ot(*rc, y su escuela, la condicióri femenina influía en algurias crifc~rrricdacics gcriitales, era responsable de conflictos matrimoriialcs, de cstcriliciad coriyugal y de otros padecirnientos que no tenían rriás f~indanierito patolágictr que el relacionado con las circuiistancias eri que se dcs(~rivolvia la rnuj es. (2) 1.a rnujer en el reiriado de Alforiso XIII: Pueritc~s, riietodologia y c~oric'lusiorics. Ibidrrn, voluriieri 1, pp. 174-183 (108'2:. {S; MIGUEL, J. hI. de (1979). El mito de la Z~mw~~iliidr~ Conc8pcii~z. Barcc+loria. Fki. Ariagrania.
El ginecólogo ante la condición femenina ... 20 1 Otero y Herriáridez son considerados por nosotros como pertenecierites a 1; corriente de ginecólogos que defendían, en la época que nos ocupa, ((corrierites liberales y progresistas)) (4). Precisamente de esta opiriióri nace la irriportancia del estudio, pues en Otero y Hernández poderrios advertir dos corrientes de pensamiento aparentemente encontradas cri lo que se refiere al tema de la emancipación de la mujer: de un lado, se iiiuestrari partidarios de actitudes liberalizadoras y, de otro, en ocasiorics, rriaritienen tesis bastante alejadas de este proceso. Para la realización del estudio hemos utilizado, en lo que se refiere a la part~ arialítica, dos fuentes: 1. «I,os apuntes de clase)) correspondientes a las lecciones magistrales impartidas por Alejandro Otero durante el curso acadérriico 193 1 - 1932 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Estos apuntes han sido totalmente revisados. De ellos hernos extraído los pasajes más representativos, en los cuales se hacía una alusión más directa a cuestiones relacionadas cori la mujer; en los temas de más interes, sus opiniones las hemos contrastado, incluso, con corrientes de opinión de otras épocas, así corno con las de sus coetáneos; hemos entresacado aburidantes conceptos vertidos ((sobre la mujer)), y más concretarnerite sobre «la mujer española»; estos conocimientos habían sido adquiridos por el maestro -como gustaban llamarle sus colaboradoresen su práctica médica diaria y también en el estudio; Otero, como puede deducirse del estudio de la bibliografía consultada(5, 6, 'i), gozaba de gran prestigio humano, profesiorial y político, tanto en Granada como fuera de ella, y a él acudían con frecuencia gran cantidad de mujeres buscando uria solución a sus enfermedades y confiando en que era Otero, y rio otro, el que se la podía dar. 2. Algurias publicaciones y conferencias de Claudio Hernández, . eri las cuales hemos encontrado referencias a la condición femeriiria que nos han parecido de interés para el presente estudio. A firi de analizar la actitud de estos ginecólogos de forma más precisa, varrios a considerar cuatro aspectos, que son, concretamente, (4) Ibzde~n~ p. 16. (5) FERNAKDEZ CASTRO, J. (198 1). Alejandro Otero. El mtídzcoy elpolitzco. Barceloria. Ed. Nog"('1. (6) CASTILLA, C;. (1978). Los ho~nbres) las culles de Granada. Granada. Imp. Márquez. (7) ZUGAZAGOITIA, J. de (1977). Guerra y ~iczsztudes de los españoles. Barcelona. Ed. Crítica.
202 ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO aquellos acerca de los cuales estos riiédicos se proriuriciarori nias fivcuenterriente y que tuvieron en su época rriayor rrasceridericia social y política: la condieióri femenina ante e1 giriecOlogo; la educación y la enfermedad giriecológicas; las eriferrnedades venéreas y .;u repercusióri eii la mujer y, firialmente, la anticsncepcién y su iriteré, desde cl piiiito dc vista femenino. ¡VOTAS BIOGRAFICAS DE ALUANDRO OTERO Y CLAUDIO HERNANDEZ Alejandro Otero Fernáridez riaeió en Redondcla (Poi~tevedrii~ cii c.1 año 1888 (8). Cursó estudios de Bachiller en el Instituto de Porir.cvc3dra (9) y, posteriormente, los de la Licenciatura en Mediciria eii la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela(lQj, q~ic coricluy0 eri 19 1 1 (1 1 j. En ese mismo año se trasladó a Madrid para realizar el Doctorado, leyendo su tesis doctoral: «La operacióri de Schaura-\Vertheim)) (1 2). Fue pensionado por la Junta de Arripliacióri de Estudios, para rctalizar estudios en Alemania por Real Orderi de 27 dc juriio dc 19 12 11 3). La pensión que se le concedió tenia una duracián de ochc~ rrieses y, pc~steriorniente, le fue prorrogada por ocho rneses más ; 149, al fin de los cuales volvió y presentó la correspondiente nierrioria sobre e1 tcrtia: (<El diagnóstico serobiológico del embarazo)) (15). Por Real Orden de 20 de mayo de 19 14 (1 6) f~le nonibrado cateclrktico numerario de Obstetricia de la Facultad de Mediciria de C;raii;ada, cargo que desempeñó hasta 1936, en que, por razories politicas, tuvo que abandonar la ciudad (1 7 j. Entre otros cargos públicos ocupó los siguientes: - Por Decreto de 29 de nsvienibre de 1932 fue riorribrado rccrtar Í8; Archivo de la Cniversidad Literaria de Saritiago. (93 Ihidem. [ 1 0) Ibidem. (1 1) Ihidem. (12) Archivo Histórico de la Cniversidad de Grarisda jeii adelaiit<: A.EI. C:G. i: Si&, 693-4. (13) Ihidem. (14j Ibidem. (15; OTERO FERNXNDEZ, A. (1915). El diag7lástiea serobioldgieo del ernboraro. Varirici, Est. l'ip. Fortanet. (16~ A.H. U.G., Sig., 693-4 y Lib., 2336. (1 7j FERNANDEZ CASTRO, J. (1981;. Obra citada.
El ginecologo ante la condici6n femenina ... 203 dc la Universidad de Granada(l8), cargo para el cual había salido elegido por votación del claustro (19). De este puesto dimitió y le fue admitida la renuncia con fecha 28 de noviembre de 1983 (20). - En las Coristituyentes de 193 1 fue elegido diputado por el Partido Socialista por la provincia de Granada y Pontevedra, aunque optó por el acta de Pontevedra (21). - Durante la guerra civil española desenipeñó la Subsecretaria de Arniamerito, con el Gobierno de h'egrín (22). - En el Congreso del Partido Socialista celebrado en Barcelona en 1938 fue elegido vicepresidente del rnisnio (23). - Al fin de la guerra marchó a Francia y posteriormente se exilió eri México, eri donde, como tantos otros españoles, continuó su labor profesional como eminente tocoginecólogo en e1 Hospital Español de la mencionada ciudad, hasta su fallecimiento en 1953 (24). Claudio Herriández López nació en Granada e1 día 22 de julio de 1895 (25). En 19 10 inició los estudios de la licenciatura de Medicina en la Facultad de Medicina de Granada. Durante el curso académico 19 14-1 5 curso la asignatura de Obstetricia, obteniendo la calificación de sobresaliente y preniio, y en el curso 19 15-1 6 cursí, la Ginecología, con idéntica calificación final (26). El día 19 de julio de 1916 realizó el examen correspondiente al grado de licenciado en Medicina, alcanzando la calificación de sobresaliente y premio extraordinario (27). El día 23 de abril de 19 1 7 trasladó su expediente a Madrid para la realización del Doctorado (28), pues en aquella época sólo podía conceder el título de doctor la Uiiiversidad Central. Su tesis doctoral, dirigida por Otero, versó sot~rc el tciiia «Tuberculosis y enibarazo)) (29), y con fecha 2 de noviembre ,18) Boletíri de la htverstdad de Grartada N.o 22. Graiiada ( 1933) ,191 A H k' G, Sig., 693-4 LO; Roletíri de la L'ntvcrstdad de Granada. N.O 26. Granada (1933;. '21: FERNANDEZ CASTRO, J. (1981 Obra citada 22) IUGAZAGOITIA, J. de '1977:. Obra citada ,231 FERNANbEí! CASTRO, J. 11981). Obra citada. (24) Ihtdevi. ;2sl n.rr r; G, L%, 519-18 (26) Ibidsrn Leg, 392-19 27) Ibider7i Leg, 510-18. ,281 Ihtdem Leg., 392-19. (29) IIEKNANDEZ LOPEZ, C '1918: Tuberculosu) enlbarazo Tesis doctoral. (Copia niecanografiada.'
ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO de 19 18 se le coricedió el grado de doctor, cori la calificacióri de \ot,r.c~aliente (30). Es rriuy significativo el hecho de que el ano 1914, que* he tiri c.1 cluc Hernández cursó la Obstetricia, fuera tanibién el aAo cri el quc3 Otrro vino a Granada a desernpeñar la cátedra de la niericitanadri cspc~cialidacl; este contacto iriicial entre profesor y alurrirro perduró dur:iiitc afia~s y, adeniás, estableció corrierites de aniistiid que sOlo la guerra de 1036 logró deshacer (3 1 ). Desde el año 1924, v hasta 1931, Herriáridcr/. rcsnlizó salidas al c3xtrarijero para visitar diversas clínicas eri Alcrriaiiia, E'raricia. Italia. Poloriia y Suiza 132). En la Facultad de Medicina de Granada descrripefió cl careo dc pro- ? fesor avudante de cldsis prácticas en c.1 períe~do c.orriprc.ridicir) critrc, 1920 y"193~ y, posteriormente, el de profi3sor auxiliar tcwiporal, lirista que cesó eri él ano 1938 (33, 34). Hernández desenipefió la Catedra de Obstetricia cii rcpr.ric1ns ocasiones por orden del decano de Medicina, d(.bido a crift*rriicdad dc 0ttiro (35). En los dos prirrieros años de la coritic$rida civil 8 1036 v 1!)37,, cuando ya Otero se encontraba fuera de Grariatla v dc Ks~~~fia. cluc*tló Herriández de profesor encargado de la Cátedra. Falle( ió cii (;rnriada en el año 1943, tras larga enferniedad, cesada) de su, tareas docciitc~s por razones políticas, aunque sus tareas asistcricialcs la(; rii,iiitiivo liasta c.1 final. Lo primero que llama la atericii~n al ejtudiar la obr'i dc Otc3ro wri sus afirriiaciones con respecto al carácter de la riiujcr 4 a sii, riiaiiifc\t,iciones. Tras la aparición de los moviriiientos de lit>tarac.iO~i 1,i riiiiic*i, la poléniica surgió en torno al tcnia de establi.~cer si la rriiijcr riac r. o. por el contrario, la niujer se hace. Otero era tajaritts a la hora di. c.~tat)lc*c.c*r l,i [30) A.H.k'~G., Lg, 1311-18. ;31! Coriiuriicacióri persorial de Claudio ~eriiáiidcz >lt*uc-r. i32) A.H.Lr.G, Leg., 1341-18. i3S) Ibidern. (34) Olicio. fecha 29 tie dicieiiibre de 1933, dc la Sut>sc+cr<.taria <i(* ~iiiva3r.\iriadc.a, rioii~- t)rarido a Claudio Hcrriáriciez LOpc~z profesor auxiliar tciilporal <Ic XIf5diciria. arlst riitx ;II 4.0 gn~po (Obstetricia y Ginecologia;. Pcrtcric*cc% al arc+iivo lairiili;ii.. 3 Oficio del dccario dc Mediciria a Claudio Hei.tiiii(iez 1,Opt.z. So c-triijta (4 tic,iril)c~ wlut' dur6 la erikrriiedad de Otero. {Archivo iaiiiiliar.;
El gineccilogo ante la condicicin femenina ... 205 total tlifcrcncia que hay eritre el hombre y la mujer, incluso antes del iraciriiic~rito: «i,os dos sexos puede decirse que sor1 distiritos rnucho antes de riacer, pero '"as diferciicias se hacen riiás aparentes (aparte de los órganos geiiitales; al filial dc la irifaricia, dáridose eri la niña riiodificacioiies orgáriicas y psíquicas quc dificreri de las del varóii)) (36). La explicacióri, desde un punto de vista masculino, que Otero daba al p~-occm cdc atracción sexual, que naturalmente era referido a una arraccióri heterosexual, es tan expresiva que no precisa comentario: «Desde el iristarite eri que el aparato ovárico se ha puesto eri triarcha, el psiquis fi,iii<iriirio se riiodifica c,ri el seritido de presentarse uria acepcióri a1 scxo opuesto; ésta es la pririiera iriiciacióri de la atracción sexual, pero esta ~itraccióri es iiidifererite, eri el sentido de que se verifica hacia cualquier riifio, tiasca que uri día esta atraccióri cristaliza, fijándose eri uri solo iridividuo; el iiistinto sexual se lia coricretado. Esta atraccióri al sexo ~y)u(~sto, que tierie iriucho de espiritual, ha sido analizada por algurios, espccialiiicrite por MOLLF. (37:; la niña rio sOlo tiene esa atraccióri a distaiicia, siiio que siente el deseo de la proxiniidad, del contacto, de la perictracióri. MOLLE ha llariiado a esto iristirito de concrectación, que no consistc solaiiierite eri la uriióri carrial, sino eri ia conipenetración de uri ser c.oii cl otro. ida prirtiera riiariifestaciOri de ese instinto es el riioviniiento iiivoluiitario que lleva a juiitar, eiitrelazar una rriario con otra del sexo opuc*sto, v taiiibiéii se riiariifiesta este iristirito eri el abrazo, el beso y dciiiAs aproxiriiaciories dc sexos difererites)) (38). I,lariia la ate~ición la insistencia del dolor y e1 sufrimiento como eleiiicritos irievitableriicnte unidos a la coridicióri de niujer, insistencia que cis la tóriica doniiiiaiite eritre los giriecólogos, varones por supuesto, de todris las epocas ;39). Otero ~iiaiitenía idéritica opinión y la niariifestó repetidamente a lo largo dc su obra, corno teridrerrios ocasióii de comprobar, llegando a siitilczas sigriificativas de córiio estat~ari arraigados entre ellos deterrnitiados coiiceptos: «Estcs iristirito de coricrectacióri coriduce tarribién al acto sexual carnal que rc>presc3rita uii riioriierito riuevo, de gran trascendencia eri la vida de iYtij iZ~>iiiiic.s de I.ecriÓn ,Ilngi.~ttrcil de Otero jeii adelante A.L.M. O.!. Generalidades. (Y 7 j 'I'aiito la 1):il:ii)ra coiicrectacióii coriio cl iioiiit~re MOLLE, que aparecen en varias ocasioiieh cii el tc'sto, })urde11 tratarhe d<' LII~ error eii la trariscripción, coriietido por la persona cliic' toiii;it,a los api~~itch eii clrise. ! :'> 8 ] il. I,. .\l. O. Gt;?:r~c/icicides. !) MIGI!EI,, J. M. de ;1<17!1i. Obrci citada, p. 33.
206 ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO la mujer; así corrio el prinier rriorriento de este estadio se produce en el ovario, donde también aparece la primera herida fisiológica en la mujer (rotura folicular), siendo la segunda la que se produce cri el rtiortierito del pririicr contacto sexual, que va acompañada de dolor \40j~. Para los médicos, en general, y los ginecálogas, eri particular, la inujer es un ser eminentemente pasivo, tanto en lo social como eri lo sexual y personal. Este carácter define a las mujeres come «pasivas y afectivas)), frente a los varones, que son «activos e inteligentes)) ('4 1 ,. Junto a la pasividad social, los ginecólogos han resaltado siernpre la pasividad sexual de la mujer; una minoría de éstos llega a decir que el placer y el dcsco sexual son rnás fuertes en la mujer que en el varán. IJerriándcz dio una visión de cáms era contemplada por parte de esta escuela la sexualidad femenina, aunque no aclaró explíeitarnente si la rri~!jer estaba rrihs o nienos sexualizada que el hombre, descripción que nos parece contradictoria en algunos aspectos: ((Toda rriujer nornial adulta esta en posesión de su serisibilidad sc.xual geriuina, que se nianifestará por los feriárricrios reacciorialcs dc su propid libido, y que la irnpelen iricoriscicriterrieriie tiacia c1 sexo coritrario. Esta libido, si rios atenerrioa a riucstras observaeiotics, cst$ cri iiucstras rtiujeres más desarrollada que en el hotribrc; lo que orurrc. ($5 quc se ciicuentra dtfirninada (42) y rio se niariifiestn ostc*risiblerrierite, tras las gasas y tules que adornan el vestido de novia cle la coiicicricia fcriiciiiria ... La niujer, eriteridenios nosotros, arisia al horiibre tanto e01110 61 a c11a; 10 que ocurre es que el hortibre lo nianifiesta rtiiis y lo extcriorixa, riiic~iitras que la rtiujer lo siente quizá niás íritiniariicritc pero la c.rtiitiascarri ctjii facilidacl ... Lo yuc ocurre es que eri el horiibre el iriipulso sexual rcprcsciita iiiia carga de energía quiriética y eri la riitijcr de eriergia p<>triicial. Eri cl prirtnero es el dirianiisriio lo que inipera; cri la segurida cs utia cluict~ 51ituración receptora. La tiiujer prepara sus artes del galariteo para apresar eii la> riirillas cic 1,1 red de sus encaritos y sinipatías rao a uri deterriiiiiacia hoiiibrc por su piopia personalidad, sirio por su a~ridiciOri de herrzhre '43'. Este pcrsigiic a deterniinada niu.jer porcl~i<~ es ella \441, iio porque es iiria iniiijcr 45'. Posiblemente, el contacto de Otero cori el psicoririAlisis y las obras de FREUB (46) le llevaron a considerar corno dato esericial para uii Lueii (40) A.L.M.B. Generalidades. Los subrayados soii iiurstros. i41) MIGUEL, J. M. de (1979). Obra citada, p. 77. i42) Subrayado eii el origitial. (43) Ibidem. (44) Ibidem. ($5) HERNANDEZ LOPEZ, C. [193.5). Frigidrz hexuiil. La Actnttlitittd .Vt"11zt« (C;rt¿?lnrlri;, 123, 123. ;$ti) Tenetiios cotisti~iieia de que Otero roiiorin In obin dc Frciid por c.t>iiitiitic.:it~io~ics pc+t.atr-
El ginecólogo ante la condición femenina ... 207 ejercicio profesional el conocimiento del carácter femenino, pues aquél estaba encaminado a obtener la mayor confianza por parte de sus pacientes y así poder obtener un resultado terapéutico óptimo. De ahí que liiciera hincapié repetidamente en la manera de dirigir el interrogatorio por parte del ginecólogo: «Lo priniero que ha de hacerse es gariar la confianza de la enferma. I\;o tiabrá que seguir el misrno sistema con una niujer ruda del campo que con uria de otro ambiente cultural)) (47). Era uria creencia muy extendida entre los médicos y ginecólogos varones que la niujer acudía en muchas ocasiones a sus consultas con el Briirno de engafiarles, persiguiendo un fin y confesando otro en el interrogatorio; esta actitud llevó a elaborar una serie de consej~s dirigidos a descubrir a la presunta (tfalsificadora). Otero es un ejemplo de tales planteamientos: ((Hay que consigriar el caso en que no se presente ante nosotros la enfcrnia, sino que sea el padre (sic), herrriana o amiga e1 que nos cuente el pdeciniiento y niuchas veces hasta solicitando el medicamento. Otras veces la presunta amiga nos viene coritarido el caso, tal vez el suyo propio. En estos casos hemos de estar en guardia ...; a veces, y con la tinalidad de que las haganios abortar, vienen algunas mujeres contándonos padecimientos falsos y casi incitándonos a que haganios una histerometria; a veces provocarnos, o rnejsr ocasionarnos /sic) un aborto, con huevo de pocas serriarias...)) (48). Eril=ande cori los criterios referidos encontramos las opiniones de Hcrriáridcz, que en unas notas a1 rriédico práctico, que es al fin y al cabo cl psirriero que se va a entrevistar can la mu~er, le advierte de los reeursos quc ticrie que emplear para conseguir que la enferma le confíe sus padecirriientos genitales. Atribuye a un falso sentido del pudor el ocultarriierira de éstos, ignorando el hecho de que, siempre, las mujeres han reriido que dirigirse a un hombre para confiarle aquellos síntomas más direcrairicr-ite relacionados con su ser íntimo. De ahí han surgido innurrierablcs niecanismos defensivos: ctPcro cuando el mkdico práctico ver& surgir niayor número de aquellas (sc refiere a dificultades para el diagnóstico concreto) será cuando trate de aclarar conflictos ginecológicos, pues entonces las enfermas que acuniilc\ tlc \u5 alutiitio\ y, adciiihs, porque entre los libros que pertenecieron a SLI bibliotccri kicstnt>\ ~tlcotitrado la\ C)bra~ Cumn)letas del tncncionado autor, incluso subrayadas. 14 7 j A. L. .$l. O. I,n cs)lur(~ctdrl gtnccult;Rtcc~, 1l.H' Ihrrlett~. 1.0s tlt~\tatatlr)\ son nuestro\.
214 ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO (<Yo sólo quiero ocuparme de hacer una clefcrisa dv la riiulc3t C~ILC~, erllttl- @da al hombre en la grari niayoría de los casos eti iiri,i nbscia~dnrt c~broliltn rn su mente de las cuestzories sexz~ules 3 sobre toda de ¿ay rlerzccznonrs putol~{q~err~ qltr puedan tener, busca en el cornpaheso el horribse qiie la w\tc.ritc. ..., y c'ri aquel hombre que debiera encontrar el 5ct cluc le etv~idr, a \ i\ ir, cric ucSritratan solo el ser que le avuda a rriorit, seriibraricio su \.ida dc ,ufiiriiic*iitos rnorales y materiales. Durante diez años que llevo ejerciendo rrii es)-,crialiriaci, sori tantas Iris niujercs por rní asistidas en que el .;o10 cukuhle de lus dolenelcls que nqllr~c~ P\ el marzdo que ya ha tiempo que arraiga eri irií la idea cit. oporicr uri riicliic. a la obra de desolación que el varón sienibta cari ,u corripaiic*rd. dc.lit>c*r,tdd o inocenternerite, haciendo llegar a ellos c.1 coriot irrii<.riro cic 1'1 r esl1ori4,ibilidad que contraen constituyéridose eri farriilia 5111 estar cri 1,i$ tic,t>idas coridicionc~s de salud ... Consecuericias del coritagio: 1. Enturbianiiento de la felicidad eri la Ilariiada cliiria de rriic*b. 2. Esterilidad. 3. Sufriniieritos de la rriujer en su aparato geriital. 4. Abortos. 5. Partos ariorr~iales. 6. Infecciories eri el puerperio. 7. Hijos enfernios ... » (62). El resto de la conferencia pensanios que rio esta corriplcto, cluc probablemente esto era sólo el guión sok~rc el cud desarrollaría luego las nociones más importantes. Los párrafos finales, así, cstaríari clc~dic.a<los al estudio de la reglamentación jurídica del contagio vciií.sco cii F4spaña, en dos distintos códigos penales, y eri las seritcnciris dc1 'rsit~uiial Supremo sobre los contagios venéreos en los casos dv violacihri. IV. ANTICONCEPCIOiV La capacidad creadora de la mujer, evidente dcsdc t.1 cortiiciiztr dii los tienipos, siempre ha sido valorada positivarricrite, c.ualcluic*ra. cpc' haya sido la etapa histórica a tener en corisideracibn y por riiuy acvrituado que fuese el sexismo que la caracterizase. Obviarric~ritc no podía dejar de valorarse una capacidad que permitía la propagaci6ii tic. la especie. La maternidad se convierte no sólo en el hcchcr rriAs valosailo, respecto a la mujer, sino obligado, ya quc todo un coiriplcjo y sutil criy (:stadouriidenses (1 8771980). Actas de /(¿S &imt'?os Jo?ncd&is ... , vol. 1, pfs. l!)(i-205 (1982). (62) Apuntes inéditos de la coriferencia dada por Cla~itiio Hcrti$ri(ic.z a311 la Casa dcl Piic31)lo de Granada el día 22 de abril de 1927: Conserz~eviria.~ del contci~gio verikco rn ei »lilttimot:zo. 140s subrayados sor1 nuestros. íArchivo farr1iliar.l
- 81 ginecologo ante la condicion femenina ... 215 traniado social no le pcrrnitía optar libremente por dejar de serlo, a no 5c.r que' cstuvicra dispuesta a sufrir las represalias consiguientes de las que disponía cl sisteriia (63). Aparte de la cuestión de la superpoblación, existen otros rnotivos para tratar de regular los naciniientos. Así, en los Estados Unidos, en la st.gunda niicad del siglo XIX, aparte de razones higiénicas y económicas, f~it., ~bre todo, el derecho a la libertad personal, también de la rnujer, el priricipal argumento en la lucha contra la llamada ((Ley Cornstock», que declaraba inmoral prevenir la concepción y prohibía la irivestigacióri cn este sentido. En Aleniariia, el establecimiento de un ((Rirtli-Coritrol-Bewegung)) encontró al principio escasa aceptación; los tírriidos iriteritos de 1928 y 1931 fueron desbaratados por el nacionalso( ialisnio (64). Eri Espafia, la época que estudiamos y otras muv posteriores se han caracterizado por un ((ataque sistemático por parte" de los ginecólogos hacia los riiétodos de control de la natalidad)). El Código Yerial español (anterior a la reforma de 1978) incluía en el Capítulo 111, dedicado al aborto, u11 artículo (416) que comenzaba dicierido: ((Scrdri castigados con riiulta ... los que con relacióri a niedicanientos, sustaiicias, ot>lctos, iristruriieritos, aparatos ... capaces de provocar o facilitar uri at~orto o de evitar la procr eación, realizasen cualquiera de los actos sig~iiuites' ... 6 0 La divulgacióri de cualquier fornia que se realizare de los cic.stiriado\ a evitar la procreación, así coriio su exposición y ofreciniiento cri vcnta. I_.os giriecólogos, varones, suelen afrontar el problema de la maternidad desde fuera de la mLijer. El hecho de tener o no tener hijos es una dcc.isióri que inipone la sociedad y no algo propio y personal. Es habitual cancontras en sus textos riorrrias encaminadas a enseñar a la mujer a rio clucdar eriibarazada (los más avanzados, claro está), pero medidas para "1 lionibre no se rnericiorian; es la rii~ijer la que tiene que aprender a cvirar las corisecuencias del coito (65). :69\ l>ai,i uii aiiali\i5 epi$teriiologico de la iiiateriiidad, ~zd Actas de las Pnmeras Jornadas , \oluiiicii 2. p 114 (1982' IG 1-i KASE R, 0 , el al '1973' Gz7zecalogh y Obstetrzcza 3 \ols Barceloria Ed Salxat, bol 1, })'i~iil'i 43.3. (65) Lstd tit~ici \e tia iiiaiiteiiidc) liasta épocas actualrs, 31 bieri es cierto que ahora, a pesar dc di\poiit*i dr abuiidaiitcs iiicdidas ariticoiicepcioriales para las riiujeres {aurique rio tod,i5 cxc lita5 dcb riesgos', se cstáii III\ cstigaiido iiie<iidas par a el tioriibre No sabenios eri cluc* iiic~ciid,~ pi~edeii iiifluir la\ presiories \ocides ejercidas por grupos de rriujeies que,
216 ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO Para conocer la opinión de Otero sobre la aiiticoriccpcicíii hc'r1104 SCcurrido a su Leccióri Magistral, impartida el día 21: dc fkt>rcro d($1 año 1930. Sus ideas poco se apartan de lo que herrioc criuriciüdo y rio podemos saber hasta qué niedida influyerori cn clla, su sitiiaciOti ptirjtrnal, pues cn su matrimonio no tuvo descendencia y Ccte tc*rrriiiió eti divorcio en el año 1935: «Cri rtiatrimoriio tiene dos, tres, cuatro hilos: cstc riiatr irrioriix, \i\c tic iiri jorrial, de una soldada ... se ha plariteado c*stc3 praablcrrid: si \o pucdtr ali nieritar con el sueldo fijo del rriaritio, rriás que* '1 riosotro~ d~as c ri tt es ri cuatro hijos, rio tendrenios rriás ... Se darári ustedes cuenta de la trn~ceridericia dcl yricihlt,rria.. Sc5 coriigc protegiendo a las familias, y es irieriester ques los cst,idos \e pr c30c UIX~II cit. gastar todo el diriero que sea mericster para subvetiir a ejt~is 11ct csldd(ic\. Pero, ien qué niedida alranza esta rriarqacia dc lo que se Ilnrria riiiit 1it.t niosaniente maternidad conscierite?, <'c.ri qué rric.ditia 1,i riiiilcr, cl rtinttiriioriio, no quieren vivir ciegarrierite a rriert c.d dt3l c apr ic lio de iiri c%\~iciniatocito? . ha dndo origeii a quv \e crceri iirios scrTicios riii.dicos qii~ 4~. Ilarrian "Ehe Liberatum Stelle"";s decir, cluc. podriarrios Il,irriailt~ cori sultorios de los niatrirnonios. Nacen estos corisultorios cori la idea iriic ial de atracxr a Ir>\ tien los ,init3s dc casarse y decirles si los dos coritrjcntes t.stjri cri c oiidic ir>ric3s des c ,ijar {t., si deben o rio de casarse niédicarri<~ritc~; e3 detir, los coriscslos 1>rcXriiatrinioriiales.. . Pues bien, eses ceritros, en los ~nat~zmonzos, en lar jjír?(~ns casadas, ,iriJi/,iii el problerna que les plariteari, Y corisultari las raLoiic3\ por las cildlc$ c.1 rii'itrinionio no quiere tener rriks hilo.;; eri algunos c~isos no en~urntran ntenrlzbles )lustzfcados los deseos de cstc. rriatririioriio, \ procur,iri nt or~sc~~~itlcis, orieritarlos, alentarlos, quizá procurar eri i clarióii cori iristit~itiriric~ tic orden social un aumento de sueldo coriipatitalt~ r o11 algíiii hilo riins, v cudrido los directores niédicos v sociales dc csstis ct3ritrris cnciicrirtdri ('1 caso zrresoluble ... le eriseñati (a la rriiij<,i i a riri clucdarsc crritr,ird/ada. A esto henios llegado, a esta claztdzcciczo'n rnidzct~ aritc la iriipotcsric i,i. ,iritcS (31 fracaso de 105 otros recursos, y hoy. cri ;\lcrriariia por í~lcrripltr, h~ri <\ftori tado el pr oblerria y los eleriieritos socidl(3s c rcari c acta ctia rri,t\ c r~risultorios riiatrinioriiales» (66i Llama rriucho la atención el hecho de que. Otero califiqiic a la adopción de prácticas anticonceptivas de «claudiericióri rri6dicai). 11 cisttx, la única explicación que encontrarnos es la tendcri~ir~ rradiciorial por partc* de los ginecólogos a ver siempre eri la niu.jer a uria fiitiira parturicrita y madre. De ahí que se prod~ijera un rechazo por sil parte a aceptar iiitcitisistetitetiieritc, se hati iiiatiif'estacio eti cotitra dc Iii a,l>itiiOii <1c scSr <~ll:is Itis cpc3 ciisi sieiiipre tctiiaii que cargar coi1 la respoiihat)ilidüd (1c la atitica>ticc~)ciOti. (661 A.L.,I.I.O. El aborto? sus co?rq5licciciones. Corrc.sptatidc~ al curso aciidCiiiico l02!1-30. I,rn hui,- rayados soti tiiiestros.
El ginecólogo ante la condición femenina ... 217 rrupcioric.~ dc este proceso, que califican corrio de ((culminación de la vida de la riiujer)) y que les llevaba a pensar que los métodos deberían ir c~iic.ariiiriados a colocar a las familias en situación econórnicaniente adecuada, para que las niujeres pudieran tener tantos hijos como su biología les perriiitiera. Esta postura excluía la opinión de la propia niujer, c1uca 19odía rio sentirse vinculada necesarianiente a la maternidad sino cuando realriierite lo deseara. Cori la aprobación social o sin ella, lo cierto es que, aunque con resultados rio sienipre satisfactorios en cuanto al fin perseguido, las rnujeres han recurrido a deterniinadas prácticas ariticonceptivas que incluso se liari rrarisriiitido, de fornia verbal, de generación en generación. Ya ticriios reseñado, en apartados anteriores, la poca confianza que para detcrriiiriados problerrias las mujeres han tenido con el ginecólogo. Un cjeiiiplo es el de la rio corifesión de prácticas anticonceptivas cuando acucie~~ a corisulta si rio se les pregunta explícitamente, y aun haciéridolo ticrieii sus reservas, porque las rn~ijeres son conscientes de la reprobacióri a que se exponen por parte del ginecólogo. Otero hizo uria llamada de atención sobre la importancia que en la coiisulta giriecológica puede tener el que las parejas usen niétodos anticoriceptivos y no lo corifíen de entrada, ya que algunos métodos mal usados pucderi ser causa de alteraciones genitales: «En el caso de que una riiu,jer en los prinieros años del riiatrinioriio ha teiiido dos hi.jos, por ejeriiplo, y después ninguno, sin que se ericuentre tiiiiguria ariorriialidad, hay que preguritarle el porqué no tiene riiás hijos; clla coiitcistará que porclue rio quiere, y entonces hay que saber a qué riiedio acude para no terierlos, pues eri él podenios encoritrar la causa de la aiioriiialidad con que se 110s presenta. X veces erripleari irrigaciories frias o iiiuy calientes cori algúri antiséptico; conio casi sierripre está a riiás corirciitracióri de la debida, ocasiona ferióriierios iriflarriatorios. Si eriipleaii el coiidóii y lo hacen siti lavar ni talcar, el esperriia y las secreciones feriiiciitaii, darido productos que puederi irritar quirriicaniente. Puedeti utilizar pesarios, capuchories para el cuello, en los que se puede encontrar una causa riiorbosa. Otras veces el sistenia del coito interrupto, con la eyaculación fuera de los órganos geriitales; conio la curva de deplecióti iiiasculina y feiiieriiria rio coiriciden, cuarido el orgasnio del hoiiibre ha tcriiiiiiado coiiiieriza cri la rii~~.jer (sic), este riioriierito se desarrolla iiial en vila» (67;. El irireres que creerrios que tiene la reproducción de los párrafos antcriorcs es doble: por un lado, sor1 una enuri~eración de los niétodos an-
218 ENRIQUETA BARRANCO CASTILLO ticonceptivos que se podíari utilizar eri la &poca, auriquc pcrisariios cpíl algunos de ellos, como el capuchóri cervical, seriar: poco o riada usados por la población femenina española; por otro, rcpresiritari uri av;tricc% coriceptual en sí mismos y una aproxirriacióri a deterrriiriatioc; trastornos de la sexualidad femenina que nosotros corisidcrarrioh hoy propios dc la giriecología psicosomática, motivo por el cual Ottiro corisidc~rrido por algunos de sus coetáneos granadinos corno cl precursor cic la hlcdiciria psicosornática en España. 1 .d Sierldo la Qb\tetricia v la Ginerología uria espec inliciad ti<*itiriada eil ir ala miento de la rriujer. en la que por ericinia cit. todo se ticbiari tortiai c*ri (trrisideracihn las expectativas fenicnirias, rii hist01 ic ariic3ritc3 rii aun c3ri c,poc as recierites ha sido así, y la coridicióri ferrieriiria rio ha sitio \icSrtipir* tric3ri corripreridida por parte de los rriédicos que st. hari cic*dica<io n c3itai ('ti pc'rrrianente contacto con ella 2." La premisa inicial de la cual partíanrios - corisidcrar al rciriadci rlc. hlfrrriso XIII corno el iriicio de una liberalizaciórr tic: la riiojcr cspriñola a010 si' cumple, de nianera relativa, desde cl punto tic, vista rriidico y giricc.olOgico, ya que la clase rriédica, por rriuy lit)eral )- progresist;i quc3 fiic~a, pcxrriiaricció ariclada eri plantearriieritos sexistas y p:iterrialistas, riiii?; ~ili:~acitrs (ic tcridelicias liberalizadoras. 3.a Con respecto a la educacióri ferrieniria solo sc rtiosirarori p;irtici;itios de3 1st 1it)eralización eri situaciories rriuy ñislacias, pcro rurrri<lo sc. rcfiricrori ii rcnias sexuales o anticoriceptivos sus plaritc~arriir~ritc~s religiosos, hocial<+s o políticos les obligaron a niostrarse sepiidorc:~ de actitudes ;jc*rias ti1 sc,ritir t9ii sí de la rriujer y tarribiéri a su propia csritiicihri cir* riiidicoa. 4." Eri niateria de ariticoricepcióri estiivierors ~orii~ilcta~ric~~itc al(:jados rtc* Iris expectativas fenienirias, ya que irisistíari í:ri Iúi furicihri biol0gic.a cio 1;i riiiijer; para ellos el fin del matririioriio era CI tericr todos 10s liijtrs clii<* c!ic*ra li~= gar durante el tienipo que se riiarituvicsc la iiriióri.