El médico en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza en el siglo XVIII
Abstract
Martínez Vidal, Àlvar; Fernández Doctor, Asunción
Full text
El médico en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza en el siglo XVIII ASUNCI~N FERNÁNDEZ DOCTOR * ALVARO MARTÍNEZ VIDAL ' El Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, fundado en 1425 por Alfonso V el Magnánimo, era, durante la Edad Moderna, uno de los tres grandes hospitales de la antigua Corona de Aragón. Como rezaba su lema, Domus infrmorum urbzs et orbis, sus puertas estaban abiertas a los expósitos y a todo tipo de enfermos, incluidos los dementes, procedentes no sólo de Aragón, sino también de los reinos vecinos e, incluso, de lugares más apartados. Lo corrobora el hecho de que, todavía en el siglo XVLII, encontremos entre los sacerdotes de la Casa confesores de lengua ((vascongada)), francesa e italiana, amén de los de lengua castellana (1). La dirección del hospital estaba a cargo de la Sitiada, junta de gobierno, que en dicho siglo laintegraban cinco Regidores de designación real, pertenecientes al clero y a la nobleza, y varios administradores de alto rango. Pese al Decreto uniformador de Nueva Planta, de 1707, y la política centralizadora llevada a cabo por los Borbones, el hospital conservo durante toda la centuria un régimen jurídico autónomo, que se ajustaba a las ((Ordinaciones» aprobadas en 1655, herederas de una larga tradición de autogobierno bajo el auspicio de los numerosos privilegios reales recibidos a lo largo de sus casi cuatro siglos de andadura. La existencia de unas quinientas camas para enfermos en sus salas, sin contar las de los dementes y expósitos, y la asombrosa cifra de 1 7.1 86 enfermos asistidos en el año 1 7 86 nos proporcionan una idea aproximada de su envergadura en esta época 2. A) (1) A.H.N., Consqos, Leg. 19254, n.O 1, ff. 12-12'. (2) El Hospital de Nuestra Señora de Gracia ha sido objeto de una reciente tesis doctoral: FERNANDEZ DOCTOR, A. (1 984) El Hospztal Real y General de Nuestra Señora de Gracza de Zaragoza en el stglo XVIII, Zaragoza. Aureiio Baquero en su libro, publicado en 1952, Bosquqo htstórico del Hospztal Real y General de Nuestra de Gracza de Zaragoza, Zaragoza, Institu- * Cátedra de Historia de la Medicina, Facultad de ~edicina, Zaragoza. DYNAMIS Acta Hispanica ad Medicinae Sctentiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 5-6, 1985-86, pp. 143-157. ISSN: 021 1-9536
144 ASUNCXÓN FERNÁNDEZ y ALVARO MARTÍNEZ Aunque se podría discutir largamente acerca del grado de medicalización alcanzado por este hospital en la Edad Moderna, lo que sí está fuera de duda es que, durante el periodo considerado, exactamente la segunda mitad del siglo XVIII, uno de sus fines primordiales era la curación del enfermo, y que en esta labor asistencial el médico jugaba un papel fundamental, o cuando menos importante. Nuestro objetivo en este trabajo es acercarnos a este profesional de la medicina para conocer qué vinculación le unía al hospital, qué daba de sí mismo y qué recibía a cambio. Pretendemos, en suma, tipificar la figura del médico en la más representativa de las instituciones médicas del Aragón ilustrado, el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza. Pierre Vilar (3) advierte las dificultades existentes para sacar conclusiones 1 de amplio alcance partiendo del estudio de los salarios del personal sanitación Fernando el Católico (C.S.I.C.) 127 pp., ofrece una visión de conjunto de su evolución histórica. Estudios sobre aspectos parciales de esta institución aparecen en: ZUBIRI VIDAL, F. (1 967) Ordznaciones del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracza, Zaragoza, Real Academia de Medicina (Sesión científica del día 9 de febrero de 1967), 21 pp.; TELLECHEA IDIGORAS, J. 1. (1968). El Hospttal de Nuestra Señora de Gracta y las Hermanas dé la Candad de Santa Ana, Zaragoza, Publicaciones de la Diputación Provincial, 255 pp. El trato que se dispensaba al enfermo mental en este hospital es un punto de referencia obligado entre los historiadores de la psiquiatna. A este respecto, véanse. GIMEN0 RIERA, J. (1908) La Casa de Locos de Zaragoza y el Hospztal de Nuestra Señora de Grana. Apuntes hzstórzcos (1425-1808-1908), Zaragoza, Imp. La Editonal, 90 pp.; ESPII NOSA IBORRA, J. (1 966). La asistencia mental en España durante la Ilustración y el reinado de Fernando VII, Cuadernos de Hzstona de la Medzczna Española, 5, 18 1-21 5; ESPI1 NOSA IBORRA, J. (1 983) El enfermo mental al final del antiguo régimen, Ascleps 35, 227-285, RODRIGUEZ PEREZ, E. (1 980) Aszstencza pstquzátnca en Zaragoza a medzados del 1 S XIX, Zaragoza, Institución Fernando el Católico (C.S.1 C.), (Tesi~~Doctorales n.O XXXIX), 155 pp. En cuanto a la elevada cifra de enfermos asistidos durante el año 1786 en este hospital, conviene recordar que desde 1783 Aragón se vio afectado por una epidemia de fiebres pútridas. Vide: RIERA, J. (1 980) JoséMasdevally la medicina española ilustrada (enseñanza, epidemias y guerra a jnales del siglo XVIII), Valladolid, Secretariado de Publicaciones de la Universidad, pp. 50-52, 93-126. (3) VILAR, P. (1976) Transformaciones económicas, impulso urbano y movimiento de los salarios: la Barcelona de siglo XVIII, en: Crecimiento y desarrollo, 3.a ed., Barcelona, Ariel, p. 195. En nuestro acercamiento al nos ha sido de utilidad la consulta de las actas del seminario internacional, celebrado en Wolfenbüttel en setiembre de 1979, sobre el médico «público» en Europa desde la Edad Media hasta la Ilustración. Uno de los articulos allí presentados ofrece una visión panorámica de la profesión médica en la España del siglo XVI: LÓPEZ PIÑERO, J. M. (1981). The medical profession in 16th century Spain, In RUSSELL, A. W. (Ed.) The Town and State Physzczan zn Europefiom the Mzddle Ages to the Enlightenment, Wolfen büttel,,Herzog August Bibliothek, pp. 85-98.
El méúico en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia.. 145 rio -médicos, cirujanos y boticariosde un hospital, pues no se conocen bien todavía las condiciones de empleo de estos cargos y lo que representaba para ellos un sueldo fijo en moneda. En consecuencia, al examinar la figura del médico, consideraremos ampliamente las diversas circunstancias que rodeaban su presencia en el hospital, abordando, en primer lugar, las retribuciones de todo tipo -salario, alimentos, combustible, vivienda, etc.- que recibía; a continuación, consideraremos el sistema de acceso a las plazas que ocupaba y, por último, estudiaremos las obligaciones que en contrapartida adquiría en el seno de esta institución. Inevitablemente, una de las recompensas más preciadas por el médico, la fama y el prestigio profesional, va a quedar fuera del alcance de nuestro estudio. Desde nuestro enfoque, es también la más difícil de abordar en una primera aproximación al tema. Téngase en cuenta, pues, esta importante carencia. Hemos detectado que, a iniciativa de la Sitiada, la figura del médico experimentó un gran cambio alrededor de 17 75, distinguiéndose un primer período, anterior a esa fecha, y otro, posterior, que se prolonga hasta la destrucción del hospital en la Guerra de la Independencia. Por este motivo, dedicaremos, previamente, un apartado al plan de la Sitiada de 1772, que alteró dicha figura durante el último cuarto del siglo XVIII y los primeros años de la siguiente centuria. Incendiado casi por completo el Archivo del Hospital durante los Sitios de Zaragoza de 1808, la reconstrucción histórica ha tenido que llevarse a cabo a través de una difícil búsqueda en otros archivos que, afortunadamente, conservan algún retazo de los valiosos fondos documentados que antaño aquél poseía. Así, junto a los documentos rescatados del hospital, hoy custodiados en el Archivo de la Diputación Provincial de Zaragoza (A.D. P.Z.), hemos recurrido a la documentación existente en el Archivo Histórico Nacional (A.H.N.) y en el Archivo General de Simancas (A.G.S.). 1. EL PLAN DE LA SITlADA DE 1772 En efecto, el 16 de mayo de 1772, la Sitiada propuso un «Plan» que reducía tajantemente el número de médicos del hospital y modificada sustancialmente el régimen de sus obligaciones y compensaciones económicas (4). La justificación de tan drástica propuesta fue la escasa atención que los médicos dispensaban a los enfermos; atención que no mejoró a pesar de las amonestaciones de los Regidores: (4) A.G.S., Gracia y Justicia, Leg. 989, f. 510'.
a. .. Habiendo observado la Sitiada con la ligereza que pasaban la Visita de Enfermos, la que en muy pocos minutos desocupaban, les hizo varias Amonestaciones para que la hiciesen con la detención que correspondía, y , lexos de producir ningún efecto, además de que los Sres. Regidores tomaa ron la providencia de acompaiiar A los Medicos en persona 2 las horas de la Visita para que con su presencia reflexionasen más bien la calidad de las dolencias de los enfermos, por último viendo la poca, 6 ninguna enmienda, se vio la Sitiada en la dura necesidad de despedir en una misma hora ii los 6 Medicos, y admitir dos de continua asistencia...)) (5). La puesta en marcha de este plan, en julio de 1774, provocó la reacción de los médicos despedidos, que se quejaron ante D. Tomás de Mello, Senetario de la Cámara de Castilla, en dos Representaciones, una en su nombre y la otra presentada por el Mayordomo del Colegio de Médicos de Zaragoza, aduciendo a su favor que, en su mayoría, llevaban más de veinte años al servicio del hospital, y solicitando que se restableciera la situación anterior (6). Sin embargo, la Cámara de Cartilla, desoyendo las quejas de los medicos, apoyó la decisión de la Sitiada en una Resolución provisional del 17 de 1 septiembre de 1774. En esta Resolución se ordenaba que la Real Audiencia de Aragón, el Regente de dicha Audiencia y el Arzobispo de Z-aragoza elevaran los correspondientes informes para que este Supremo Tribunal se pro- / nunciara con conocimiento de causa sobre el asunto, y que, entretanto, se i mantuviera dicho plan. Además, se especificaba que el Regente y el Arzobispo informaran ((reserbadamente)), y que la Real Audiencia de Aragón + tuviera presente en su informe tanto la opinión de la Sitiada como las Representaciones que, ante la Cámara, habían hecho los médicos despedidos del hospital y el Mayordomo del Colegio de Médicos de Zaragoza (7). Poco más de dos meses después, el 25 de noviembre de 1774, la Cámara de Castilla acordó la aprobación definitiva del plan de la Sitiada. El texto del acuerdo dice así: «Ha aprobado la Cámara el establecimiento de dos médicos de continua residencia' en ese Real Hospital, para la más puntual asistencia y cuidado de los enfermos, en lugar de los siete que antes los visitaban, y bajo las reglas y obligaciones proyectadas por V.S.a en su Plan citado, de diez y seis de mayo de mil settecientos setenta y dos» (8). (5) A.D.P.Z., Beneficencia, Leg. 28; n.O 5, ff. 4-4'. (6) A.G.S., Gracia y Justicia, Leg. 989, 509-509' y 513-513'. (7) A.G.S., Ibid., ff. 509-51 0. (8) A.G.S., Ibid., ff. 510-51 0'.
Ei médico en el Hospital de Nuestra Sefiora de Gracia ... 147 Tal aprobación conllevaba la negativa a la readmisión de los médicos despedidos. Con todo, el texto del acuerdo estipulada también que, en caso de hallarse vacante una de las dos nuevas plazas, si alguno de los despedidos pretendiera ocuparla, no habría obstáculo para su concesión siempre que el agraciado guardara «la sumisión correspondiente ... y ... se conformase con las obligaciones del nuevo establecimiento)) 49). Habiendo transcurrido dos meses desde la aprobación del acuerdo de la Cámara, con fecha de 25 de enero de 1775, el Dr. D. Gaspar Romeo, Mayordomo del Colegio de Médicos de Zaragoza, dirigió un Memorial al Rey en el que se pedía la anulación del plan, por incumplimiento del mismo, y la vuelta a la situación anterior (10). . Constaba en el Memorial que la decisión de los seis médicos había sido tomada por sólo dos de los seis Regidores de la Sitiada y que tal despido suponía un atentado a los privilegios del Colegio; por lo cual, éste asumía, como institución interesada, la defensa de los despedidos y manifestaba la situación irregular que se estaba produciendo como consecuencia de no cumplirse las condiciones establecidas en el plan. Así, el Memorial denunciaba que, contra lo previsto por el plan, los dos médicos colegiales seguían atendiendo a su clientela particular y no residían en el hospital sino en sus propias casas; en consecuencia, la asistencia a los enfermos se estaba deteriorando porque, además, estos dos médicos destinaban el mismo tiempo a la visita de todas las salas del hospital que anteriormente los otros siete (1 1). Puesto que la aprobación del plan se había basado en la mejora de la asistencia y ésta no se estaba produciendo, el Colegio suplicaba al Rey la reintegración en el hospital de los médicos despedidos. Para lo cual, solicitaba que la Cámara de Castilla reconsiderara el caso, estudiando el expediente «original» que todavía constaba en la Real Audiencia de Zaragoza y no sólo el informe que ésta había emitido; asimismo, sugería que se pidiera a dicha Audiencia un informe sobre el cumplimiento de las disposiciones que ordenaba el plan (12). Sólo tres días más tarde, el 28 de enero de 1775, el Colegio solicitó la protección de D. Manuel de Roda, ministro de Carlos 111, para que intercediera favorablemente en la decisión del Rey. Se hacía saber al ministro que (9) A.G.S., Ibid., ff. 510'. (10) A.G.S., Ibid., ff. 507-512. (11) A.G.S., Ibid., ff. 507'-508. (12) A.G.S., Ibid., ff. 508'.
148 ASUNCI~N FERN~EZ y ALVARO MART~NEZ este plan, además de perjudicar a los enfermos, transgredía los privilegios del Colegio, acarreando el «deshonor» a sus miembros (13). Carecemos de informaciones precisas acerca de los acontecimientos que siguieron a estos hechos. Contamos, sin embargo, con un informe, de 18 12, del Secretario y el Contador del hospital, en el que se confirma que, pese a los esfuerzos del Colegio de Médicos por impedirlo, el plan siguió adelante en el último tercio del siglo (14). 1 I Es importante señalar que el litigio que acabamos de exponer, entre la i Sitiada y el Colegio de Médicos, es sospechosamente simultáneo al frustrado intento de creación de un Colegio de Cirugía en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, según el modelo del Colegio de Cirugía de Barcelona. A pesar de que esta iniciativa contaba con la actitud propicia de la Sitiada, con el apoyo de los cirujanos pertenecientes a la Cofradía de San Cosme y San Damián, con los informes favorables de la Real Audiencia de Aragón, - uno, de noviembre de 1769 y otro, de julio de 1774-, e incluso, había sido secundada con la tibia aprobación de la Universidad de Zaragoza, los correspondientes expedientes permanecieron estancados en Madrid sin que la Cámara de Castilla llegara a examinarlos (15). Sólo el Colegio de Médicos de Zaragoza, pretextando razones de índole económica, se opuso rotundamente a este proyecto; oposición que fue denunciada por el Fiscal de la Audiencia de Aragón en estos términos: «Solos los médicos, que indistintamente con los cirujanos, forman la Cofradía o cuerpo llamado de San Cosme y San Damián en Zaragoza, son los que abiertamente resisten la ejecución de tan útil como necesario proyecto, valiéndose para esta oposición del capcioso pretexto de los antiguos privilegios concedidos al Colegio actual, pero en realidad no es su resistencia más que resentimiento de verse despojados del despotismo con que hasta aquí han mandado en los cirujanos)). (16). Es necesario, pues, encuadrar ambos litigios, -el despido de los médicos del hospital y el frustrado intento de creación de un Colegio de Cirugía-, dentro del marco de la tradicional pugna entre médicos y cirujanos, avivada durante los años ilustrados por el superior nivel técnico y científico de los estudios de cirugía y por su pujante prestigio social. (13) A.G.S., Ibtd, ff. 506506'. (1 4) A.D P.Z., Benefiencza, Leg 28, n.O 5, ff 4-8. (15) BALAGUER, E.; BALLESTER, R. (1980) El Colegio de Cirugía de Zaragoza, intento de renovación de las instituciones médicas aragonesas. 11 Jornadas sobre el estado actual de los Estudzos sobre Aragón (Huesca, 1979) Zaragoza, I.C.E. (16) Czt por: BALAGUER, E.; BALLESTER, R. (1980), op czt., p. 715.
El médico en el Hospital de Nuestra Seriora de Gracia ... 149 Tampoco debemos olvidar que las medidas hornogeneizadoras del poder real, que pretendían Uevar hasta sus últimas consecuencias el decreto de Nueva Planta, sólo pudieron desarrollarse con éxito en aquellas instituciones que entraban plenamente en los planes del despotismo ilustrado. El Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, escenario de la pugna entre médicos y cirujanos, quedaba relegado por el momento de la política renovadora de la nueva dinastía. 11. RETRIBUCIONES DE LOS MEDICOS Por su rango podemos distinguir dos tipos de médicos en el hospital: los colegiales y los bachilleres. Entre unos y otros había importantes diferencias que intentaremos precisar a lo largo de nuestra exposición. El número de los médicos colegiales en el hospital, -recibían esta denominación por su condición de doctores pertenecientes al Colegio de San Cosme y San Damián de Zaragoza-, disminuyó ostensiblemente en el último tercio del siglo XVIII. Como consecuencia de la aprobación del plan de la Sitiada en noviembre de 1774, fueron despedidos del hospital seis médicos colegiales, quedando en su lugar solo dos, que debían residir en el hospital, con la obligación de asistir permanentemente a los enfermos (1 7). Por la documentación que poseemos de años anteriores, sabemos que, entre 1728 y 1730, el número de estos médicos varió de cinco a seis (18) y que, entre 1766 y 1768, aumentó a ocho (19). Tal aumento se debió, sin duda, a la asistencia que en estos años se dispensaba a los militares en el hospital y que, en definitiva, suponía un aumento del número de enfermos y de salas. A partir de la puesta en funcionamiento del plan de la Sitiada en 1774, sólo dos médicos colegiales ejercían en el hospital, sin que su número se aumentara salvo en circunstancias excepcionales. Así, en 1796, se creó una plaza de médico supernamerario para atender al elevado número de enfermos hospitalizados. Este aumento de enfermos se produjo al coincidir una epidemia con la reanudación de la asistencia a militares en el hospital. Dicha plaza perduró sin interrupción hasta la Guerra de la Independencia (20). (17) A.G.S., Gracta y Justtcia, Leg. 989, ff. 509-51 1. (18) A.H.N., Consqos, Leg. 19254, n.o 1, ff. ll', 335' y 399. (19) A.H.N., Consqos, Leg. 19256, n.0 10, ff. 415-421, y A D.P.Z., Benejcencta, Leg. 46, n.O 2. (20) A.D.P.Z., Beneficencta, Leg. 28, n.O 5, f. 4'.
150 ASUNCI~N FERNANDEZ y ALVARO MARTfNEz Ya hemos aludido al dudoso valor del salario en moneda como indicador del status de los altos cargos de un hospital. Hecha esta salvedad, encontramos que la cuantía del salario de estos médicos se mantuvo estacionaria en cincuenta libras anuales durante los dos primeros tercios de la centuria, si bien los médicos que atendían las salas de los militares, que desde mediados de siglo se hallaban en el hospital, cobraban veinticinco (21). Sin embargo, en 1 7 7 5 el sueldo de un médico se elevó a doscientas libras anuales, como consecuencia de la puesta en funcionamiento del plan de la Sitiada (22). Este aumento, en apariencia desmesurado, concuerda exactamente con un incremento de la dedicación y del trabajo que debían desempeñar en el hospital. En realidad, la cantidad global destinada al pago de los salarios de los colegiales permanecía estacionaria con este cambio, sin sobrepasar las cuatrocientas libras anuales. No obstante, el plan de la Sitiada conllevaba, para estos médicos, otras compensaciones económicas, ciertamente estimables, pero a la vez sujetas al cumplimiento de mayores obligaciones que suponían una dependencia más directa del hospital. Así, hasta 1775, los médicos colegiales residieron fuera del hospital. Con posterioridad a esta fecha tenían la obligación expresa de vivir en la Casa para atender a los enfermos de día y de noche. Este cambio supuso también la percepción diaria de unas raciones alimenticias que antes no recibían, y que ascendían, para ambos médicos, a 48 onzas de pan, 24 de carne, 48 de vino, 4 de garbanzos, 2 de tocino y las verduras necesarias (23); además, para el gasto anual recibían 12 arrobas de aceite y 18 de ' carbón (24). ! No cabe duda que la vivienda por cuenta del hospital y la percepción de unas raciones fijas de alimentos y combustibles, junto a un aumento considerable del salario, mejoraba el conjunto de las retribuciones del médico colegial, máxime en una economía todavía sujeta a marcadas dscilaciones de precios y a crisis de subsistencias cíclicas. Sin embargo, la prohibición de visitar enfermos privados por la ciudad, a la vez que vinculaba más estrechamente al médico con el hospital, le impedía obtener los ingresos derivados del ejercicio libre de la profesión. (21) A.H.N., Consgos, Leg. 19254, n.O 1, f. 11'y Leg. 19256, n.O 10, F. 418. (22) A.D.P.Z., Beneficencia, Leg. 28, n.O 5, f. 4'. (23) La libra aragonesa equivale a 12 onzas y 350 g. Cfr. ROMERO ALMENARA, A. (1982) Tablas de reducción de pesas y medidas del sistema métrico decimal al Antiguo Aragonés. Zaragoza, Tipografia de Julián Sanz y Navarro, pp. 15-78. (24) GIMEN0 RIERA, J. (1908), p. 28; A.D.P.Z., Beneficencza, keg. 28, n.O 5, f. 4'.
M méúico en el Hospital de Nuestra Sefiora de Gracia ... 151 Bien diferente era la situación de los médicos bachillmes, que no afectados por el plan de la Sitiada. Su rango era menor que el de los col+- les, pues según las Ordinacimes de 1655 (25), vigentes en todo el siglo m~y, su grado académico debía ser el de licenciado y no el de doctor. EI número de bachilleres en el hospital -dosse mantuvo constante a lo largo de todo el período considerado. Tampoco se modificó su salario, fijado quince libras anuales. Cada bachiller percibía, además, diariamente 12 onzas de carne, 24 de vino y 24 de pan, -ración similar a la que recibía un sacerdote-, y 9 onzas de aceite; cantidades que no se modificaban ni siquiera en caso de enfermedad (26). Cosa comprensible si tenemos en cuenta que era obligación de los bachilleres habitar en la Casa, turnándose, a su conveniencia, para que en ningún momento faltara la asistencia médica a los enfermos del hospital; por esta razón eran también conocidos con el nombre de velantes (27). 111. ACCESO A LAS PLAZAS DE LOS MÉDICOS BACHILLERES Y COLEGIALES Los médicos colegiales eran elegidos por los Regidores del hospital entre los doctores del Colegio de Médicos de Zaragoza. De la Sitiada dependía, asimismo, ~ualquier~variación del número de los colegiales e, incluso, la sala del hospital a la que eran adscritos (28). También se reservaban los Regidores la facultad de nombrar médicos supernumerarios cuando las circunstancias lo hacían necesario; por ejemplo, en caso de epidemia o de que se hubiese contratado con la Real Hacienda la asistencia a militares. En 1796, a la muerte de don Manuel Elizondo, médico colegial del hospital, la Sitiada acordó que las plazas de número vacantes debían ser provistas por oposición para, de este modo, ((conseguir excelentes profesores)) (29). El examen era público y constaba de dos partes: una teórica, que consistía en visitar a enfermos que padecían enfermedades poco comunes. En una y (25) ORDINACIONES del Hospttal Real y General de Nuestra Señora de Gracia de la Ciudad de Zaragoza (1655). Zaragoza, Reimpresas en la imprenta de la calle del Coso en 1836, p. 21. (26) A.H.N.,Consejos,Leg. 19254,n.O 1,f. 12,yLeg. 19256,n.OlO,F.418;A.D.P.Z.,Ben$cencia, Leg. 46, n.O 2. (27) ORDINACIONES citadas, en nota (25), p. 21. (28) Ibid., p. 20. (29) A.D.P.Z., Beneficencia, Leg. 28, n.O 5, ff. 4'-5.