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El "Consilium de modorrilla" (Roma y Salamanca, 1505) : una aportación nosográfica de Gaspar Torrella

Arrizabalaga, Jon

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Arrizabalaga, Jon

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El Consilium de Modorrilla (Roma y Salamanca, 1505): una aportación nosográfica de Gaspar Torre11 a JUAN ARRIZABALAGA* A Marga 1. INTRODUCCION Pese a la imagen historiográfica habitualmente circulante, la figura médica de Gaspar Torrella (ca. 1452-ca. 1520) no se agota en su producción sifil~gr~ca (1). Por más que sea ésta su aportación más notable, no puede olvidarse que entre los años 1497 y 1507 el valenciano Torrella publicó, junto a los dos textos consagrados al estudio del "mal francés" (2), cuatro más en los que se abordan otros tantos temas médicos. Tres de ellos, precisamente los de impresión más tardía -un Consilium de peste, un Regimen sanitatis y un Judicium astrologicumse insertan dentro de géneros de gran tradición dentro de la literatura médica de la Baja Edad Media latina (3). El NOTA PRELIMINAR: Todas las traducciones castellanas que se aportan son obra del firmante de este trabajo. (1) En general la historiografía médica, cuando tiene en cuenta la obra de Gaspar Torrella, sitúa a éste entre los primitivos descriptores de la sífilis e ignora por completo sus aportaciones en otros ámbitos del saber médico. C' los grandes tratados de Historia de la Medicina de K. Sprengel, H. Haeser, J. H. Baas, M. Neuburger, J. Pagel, A. Casti$ioni, P. Laín Entralgo ... (2) Tractatus cum consiliis contra pudendagram seu morbum gallicum (Roma, P. de la Turre, 1497), reeditada poco después bajo el nuevo título De morbo gallico cum aliis, Roma U. Besicken, ca. 14981; Dialogus de dolore cum tractatu de ulceribus in pudendagra evenire solitis Roma, J. Besicken & M. de Amsterdam, 1500). Ambos textos, en particular el primero, han sido objeto de un estudio detenido en mi tesis doctoral (inédita) La obra siflográfzca de Gaspar Torrella: edición, traducción y análisis de su crTractatus cum consiliis contra pudendagram seu morbum gallicurn)) (Zaragoza, Fac. de Medicina, enero de 1983). Cf: con el mismo título su resumen editado por el Secretario de Publicaciones de la Universidad de Zaragoza (1983). (3) Qui cupit a peste non solum preseruari sed et curari hoc legat consilium (Roma, J. Besicken, [post DYNAMIS Acta Hispanua ad Medictnae Scientiarumque Histonarn Illustrandarn. Vol. 5-6, 1 98 5-8 6, pp. 5 9-94. ISSN: 021 1-9536 * Cátedra de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Universidad de Santander. 60 JUAN ARRIZABALAGA cuarto escrito -un Consilium acerca de una afección supuestamente novedosa llamada "modor~illa"- refleja, en cambio, la preocupación del autor, ,tan propia de su tiempo y ya puesta de manifiesto años atrás en sus dos obras relativas al morbus gallicus, por la nosografía de las denominadas "nuevas enfermedades" (49. Precisamente es objeto del presente trabajo el estudio de este último texto que quiere ser descripción y remedio de una afección ignota (5). 2. LAS EDIClONES DEL CONSILIUM DE MODORRILLA El Consilium de modorrilla fue editado simultáneamente en Roma y Salamanca. Se comprende esta doble edición por hallarse el autor en aquella ciudad y por referirse la obra a un mal que se propagaba por España y que desde allí le había sido consultado. La impresión salmantina (S) lleva su fecha en el colofón: 27 de noviembre de 1505. En el de la romana (R) se lee que fue llevada a cabo dentro del segundo año del pontificado de Julio 11, que concluía el 26 del mismo mes y año; algo antes, pues, que la otra, pero no mucho, porque, como veremos más abajo, la redacción del texto había concluido el 13 de mayo. Ambas ediciones son muy semejantes: en 4.0, con letra gótica, sin foliación; son 11 hojas (signaturas a6 b5) con 37 líneas por página en R, y 10 hojas 15051); Pro regimine seu presematione sanitatis. De esculentis et poculentis dialogus (Roma, J. Besicken, 1506); Judicium universale de portentis presagus et ostentis rerumque admirabilium ac solis et lune defectibus et cometzs (Roma, J. Besicken, 1507). (4) La vinculación de este texto torrellano a la nosografía de las llamadas ((nuevas enfermedades)) se debe aJ. M. López Piñero. Cf: LÓPEZ PIÑERO, et al. (1983) Diccionario de la Ciencia Moderna en España. Barcelona, Península, vol. 11, pp. 357-8. (5) Consilium de egritudine pestifera et contagiosa ovina cognominata nuper cognita quam hispani modorrillan vocant (Roma, 'J. Besicken, 1505; Salamanca, [Gysser], 1505; Pavia, B. de Garaldis, 1521; Estrasburgo? (?), 1542?). Esta obra de Gaspar,Torrella es suficientemente conocida por la histonografía, siendo recogida, entre otros, por los repertorios o diccionarios biobibliográficos de N. F. J. Eloy, A. Haller, G. Marini, O. Dezeimens & RaigeDelorme, B. J. ,Gallardo, A. Dechambre & L. Lereboullet, Index Catalogue, E. Toda i Güell, E. Wickersheimer, A. Palau y Dulcet y F. J. Norton. Recogen sólo la edición de 1521 las obras de J. Rodríguez, V. Ximeno, N. Antonio, A. Hernández Morejón, A. Chinchilla y F. Cantó y Blasco. Por lo demás, tan sólo Marini nos habla de la existencia de esta cuarta edición de 1542, sin precisar la identidad del impresor. Por razones que veremos, en este trabajo vamos a hacer uso exclusivamente de las ediciones romana y salmantina a las que por. simplificar, designaremos en general como R y S, j respectivamente. i El ComllSIIium de Modom~ila: una aportación nosográfica de Gaspar Torrelia 61 (signatura [a] a'b4j de 33 líneas en S Como las diferencias textuales son mínimas, seguiré la de R, de cuya edición se conservan más ejemplares. El titulo que campea en la primera plana (a') es éste: Consilium de egntudine pestifera et contagiosa ovina cognominata nuper copita quam hispani modorrillam vocant. El recto de la segunda hoja está cubierto por la dedicatoria que comienza: Cogitanti mihi cui presens consilium ..., y termina con una invocación piadosa. Encabezando la vuelta de la segunda hoja (az) va el inczpit, que repite el título y expresa la condición del autor: "Consilium de egritudinepest2fera et contagiosa ouina cognominata, editum a Gaspare Torrella natione ualentino, episcopo Sancte Juste, santissimi domini nostri Julii secundi prelato domestico ac medico feliciter incipit". El texto que allí se inicia concluye a la vuelta de la hoja 11 (b5) con este colofón: "Finit concilium de egí-itudine pestijera el contagiossa, hoc tempore mundum serpente, ovina cognominata, editum a magzstro Gaspare Torrella nnscione ualentino, episcopo Sancte Juste, anno MDV die vero i3 madii, sedente Julio secundo pontifce maximo nascione januense ad omnipotentis Dei laudem et gloriam sempiternam. Amen." En la misma página en que termina el texto, el pie de imprenta reza así en R: "Impressum Rome per Joannem Besicken alemanum anno Salutis MDV, sedente Julio II pontifce maximo anno secundo". Y en S se hace constar: "Impressum Salmantice anno Salutis MDV die vero XXVZZ novembris" (6). Como se ve, así como en R se explicita el impresor: Johannes Besicken (7), en S no aparece esta referencia; por el excelente repertorio de Norton sabemos, no obstante, que el impresor salmantino fue Gysser (8). (6) TORRELLA, G. (1505), op. cit., S, signat. b,r. (7) El impresor Johannes Besicken es el autor de la práctica totalidad de las ediciones de escritos torrellanos aparecidas entre 1497 y 1507. Sólo la editioprinceps del Tractatus ... contra pudendagram ... (Roma, 1497) y la edición salmantina del Consilium de modorrilla (1505) estuvieron a cargo de otros editores. Sobre J. Besicken, cuya actividad impresora se detecta en Basilea en 1483 y en Roma entre 1493 y 1507, cf: NORTON, F. J. (1958) Italian Printers 1501-1520. London, Bowes & Bowes, pp. 91, 94-95. (8) NORTON, F. J. (1 978) A Descriptive Catalogue of Printing in Spain and Poltugal (1 505-1 520) London-New York-Melbourne, Carnbridge Univ. Press, p. 201. El Consilium de Modorrillauna aportación nosográfica de Gaspar Torreiia 63 Con posterioridad a la doble edición de 1505, el Consiléum de modorrilla fue impreso de nuevo, a poco de la muerte de su autor, en Pavía, en el aiio 152 1, formando parte de una colección de escritos médicos diversos, encabezada por los Consilia de Juan Baverio de Imola sobre la peste y otras enfermedades afines (13), Esta tercera edición es una exacta reproducción de la romana con sus lagunas y sus erratas. Por otra parte, Marini da cuenta de otra edición que habna aparecido en Estrasburgo en 1542, sin más datos, de la que no hemos localizado ningún ejemplar, ni obtenido más noticias (14). Pocos ejemplares quedan ya de este Conszlzum torrellano. Tras una pesquisa, a través de repertorios, de 52 bibliotecas europeo-occidentales y norteamericanas, sólo hemos podido localizar ejemplares de las tres ediciones conocidas (Roma, Salamanca y Pavía) en la Natzonal Lzbrary of Medicine de Bet- , hesda (U.S.A.); de Roma y Pavía en la Brztish Museum Libraly de Londres; de Roma y Salamanca en la Bzblzoteca Naczonal de Madrid y sólo de la edición romana en la Bzblzoteca Colombzna de Sevilla y en las parisinas de Mazarzne y Saznte Genevzéve. Seis ejemplares, pues, de la primera edición (R) y dos, respectivamente, de la segunda (S) y la tercera (Pavía). Bien puede calificarse de libro «raro» (1 5). 3. OCASZON Y DESTINATARIOS DEL CONSILIUM DE MODORRILLA El Consilium de modorrilla, como todos los escritos del género consiliar, responde a una motivación concreta y se dirige a unos destinatarios peculiares. A continuación expondremos estas circunstancias después de haber situado al autor en la época en que redactó este escrito. (13) TORRELLA, G. (1521) Consilium ... de peste ovina. En: BAVERIO DE IMOLA, J. Consilia Baverii ... Papie, per B. de Garaldis, fols. 101r-103v. Se trata de una espléndida edición en folio, a dos columnas y con letra gótica. (14) MARINI, G. (1784), op. cit., vol. 1, p. 278. (1 5) CJ DURLING, R. (1967) A Catalogue of Sixteenth Centuly Printed Books in the National Libra? $Medicine. Bethesda (U.S.A.), Dept. of Hedth, Education and Welfare, p. 567; BRITISH' Museum General.Catalogue ofprinted Books to 1955. (Compact Edition) (1967). New York, Readex Microprint Cor., vol. XXV, p. 312; BIBLIOTECA Colombina de Sevilla. Catálogo de sus libros impresos (1880-1948). Sevilla-Madrid, vol. VII, p. 59; LINET, J.; HILLARD, D.; LAVARGNE, X. (1 980) Bibliothique Sainte Geneviive (Paris): Catalogue des Ouvrages Imprimés au XVI siicle (Sciences-Techniques-Médecine). Paris-München-New York-London, K. G. Saur, p: 383. Los fondos de las Bibliotecas Naciond y Mazarine han sido revisados persondmente. JUAN ARRIZABALAGA 3.1- &Par TmeIla en la Roma de 1505 -gd corno se expresa en SU colofón, Gaspar Torrella concluye la redac6drn cOllFilium de rnodorrélla el 13 de mayo de 1505 (16). Para esas fechas, -do aún no han transcurrido dos años desde el fallecimiento del papa AZejandro VI, la implacable persecución desatada por el nuevo pontífice Julio 11 contra su familia y partidarios ha puesto fin a la omnipresencia de los Borgia en Roma (17). En este contexto no deja de resultar sorprendente la capacidad de Gaspar Torrella para mantenerse a flote. Vinculado desde fecha muy temprana a la corte romana de los Borgia, nuestro autor había sido durante los años inmediatamente anteriores médico personal de César Borgia y arquiatra pontificio de Alejandro VI, además de haberse beneficiado de la amistad de este último para obtener, merced a su estado clerical, numerosas prebendas eclesiásticas, entre ellas, la prelatura doméstica junto al segundo papa Borgia y el obispado de Santa Justa (Cerdeña) (1 8). Pues bien, a pesar de tan estrecha conexión con la familia caída en desgracia, sabemos que, al escribir este Consilium, ya bien entrado el año 1505, Gaspar Torrella seguía ocupando junto a Julio 11 los cargos médicos y eclesiásticos que tuvo con Alejandro VI (19). Sin duda, sería debido al prestigio de su saber y de su práctica en el campo de la medicina (20). 3.2. Coordenadas históricas de la epidemia objeto del Consilium Nada más iniciarse el texto propiamente dicho del Consilium, Torrella relata las circunstancias en que apareció la enfermedad: (16) TORRELLA, G. (1505), R., signat. b5v; S, signat. b,r. Cj: cita textual en el texto del capitulo anterior. (1 7) CJ PASTOR, L. (191 1) Historia de los Papas en la época del Renacimiento. Desde la elección de Znocencio VI1 hasta la muerte de Julio II. Barcelona, G. Gili, vols. V-VI; GREGOROVIUS, F (1972) Stosia di Roma nel Medioevo. Roma, Newton Compton Italiana, vols. V-VI. (1 8) La biografía de Gaspar Torrella está pendiente de una investigación documental directa que nos proponemos llevar a cabo en un futuro próximo. Entretanto, cf, la reconstrucción del perfil biográfico de Torreila recogida en mi tesis doctoral -nota (2)-. (19) TORRELLA, G. (1505), R., signat. a,v; S, signat. a,r. Cf: cita textual en el capitulo anterior. (20) En nuestra tesis -nota (2)-, p. 47, apuntábamos la posibilidad de que fuera un viejo padecimiento sifilítico del papa Della Rovere, el móvil fundamental que empujó a éste a mantener a Torrella junto a si, dada la experiencia clínica y la destreza terapéutica del médico valenciano en el manejo de esta enfermedad. El Consilium de Modornmlllauna aportación nosográfica de Gaspar TorreUa 65 «Me refirió [el médico Juan Upez de Ybarj que el año [ ] el invictísimo y católico Fernando, rey de las Españas, envió a Flandes una gran flota con objeto de llevar a España a su y a su marido el Archiduque; y que en aquellas fechas, como consecuencia de la corrupción de las aguas -.tal como se dicesobrevino a marineros y viajeros una enfermedad tremendamente aguda, pestífera, contagiosa e insólita, tan truculenta que sólo entre los marineros vizcaínos murieron por su causa más de dos mil. Los supervivientes, tras regresar a su pama con gran esfuerzo y riesgo, infectaron, como ya se sabe, villas y ciudades. Hasta la fecha esta infección se ha extendido a la mayor parte de España y no para de difundirse ni de matar; tampoco cesa de avanzar serpenteando, ni de infectar ciudades, campamentos, villas, provincias y reinos vecinos)) (21). El estallido de esta nueva enfermedad debió de producirse, pues, en alguna de las varias expediciones marítimas que Fernando el Católico envió a Flandes, con el objeto de recoger a su hija Juana y a su yerno Felipe, a raíz de la muerte de la reina Isabel y el consiguiente vacío político creado en la Corona de Castilla. En consecuencia, hay que situar la eclosión de la modorrilla entre el 26 de noviembre de 1504, fecha del fallecimiento de Isabel la Católica, y el 13 de mayo de 1505, en que Torrella concluye la redacción de su Consilium. Debe, finalmente, señalarse que ninguna de estas expediciones logró su objetivo y que, tras diversos avatares, Felipe y Juana llegarían a España en una flota financiada por Enrique VI1 de Inglaterra, que alcanzó las costas gallegas a finales de abril de 1506 (22). (21) TORRELLA, G. (1505), R, signat. a,v; S, signat. a,r: «Retulit enim quod anno [ ] ab invictissimo ac catholico Ferdinando Hyspaniarum rege classis magna in Flandria missa fuit, ut eius pnmogenitam cum Archiduce eius manto in Hyspaniam conduceret; quo tempore, ob aquarum corruptionem, ut aiunt, mutis ac peregnnis perperacutus, pestiferuS, contaginosus et insoiitus supervenerit morbus, et adeo fuit truculentus, ut ex solis nauus viscaynis, plures quam duo milia ex dicto morbo defecerint. Ceten cum maximo labore et periculo in patriam reversi, villas et civitates infecerunt, ut publica fama est. Que infectio magnam Hyspanie partem usque ad hec tempora maculavit, et maculare seu interficere non desinit, nec cessat serpendo progredi, et vicinas civitates, castra, et villas, ac provincias, regnaque inficere)). (22) Para la reconstrucción del contexto histórico de esta epidemia nos han sido de utilidad: FERNANDEZ ALVAREZ, M. (1969) La crisis del nuevo estado. En: MENÉNDEZ PIDAL, R. (dir.) Hzstona de España, vol. XVII: La Eqaña de los Reyes Católzcos (1 4 74-1 5 1 6), Tomo 11, pp. 645-91 AGUADO RLEyE, P. (1974) Manual de Htstorza de España. Tomo 11: Reyes Católzcos-Casa de Austna (1 4 74-1 700) 1 1 .a ed., Madrid, Espasa-Calpe, pp. 95-1 2 1. En cuanto a la población marinera víctima de la modorrilla, no es de extrañar su origen «vizcaíno» porque en aquellas fechas el comercio marítimo de Castilla con Flandes y otros territorios norteuropeos estaba en manos de las flotas vasca y cántabra. AGUADO BLEYE, P. (1974), op. cit, vol. 11, p. 11 1, refiere, por ejemplo, el envío a Inglaterra por Fernando el Católico de «seis buenos navíos vizcaínos)) hacia febrero del 1506 para recoger a los príncipes herederos. 66 P JUAN ARRIZABALAGA En el momento que Torrella escribe su Consilium, la modomlla, según el testimonio del autor, causa estragos en toda España. Entre la diversa bibliograf'ia revisada en busca de más información acerca de este misterioso mal, tan sólo Bemáldez en su crónica del reinado de los Reyes Católicos habla de la existencia en los reinos hispanos, entre los años 1502 y 1507, de ((muchas hambres, e muchas enfermedades de modorra pestilencial, e pestilencia...)) I (23). Esta noticia puede corroborar las afirmaciones de Torrella, pero ni 1 I alude al supuesto origen mantimo de esta afección, ni parece caracterizada 1 como una novedad epidemiológica del invierno y10 primavera de 150415. Como es bien sabido, en esas fechas la Península Ibérica se ve asolada por 1 numerosas epidemias, por lo que el silencio de las fuentes en tomo a la pre- ! sencia de una supuesta novedad clínica puede interpretarse en cualquiera de ' los siguientes sentidos: bien como un interrogante al carácter novedoso que Torrella, instado por su corresponsal López de Ybar, proclama, bien como el reflejo de una situación social catastrófica a consecuencia de reiteradas epidemias, cuya naturaleza poco importa cuando los efectos son invariablemente los mismos. En cualquier caso, no parece disparatado imaginar que cualquier cuadro pestilencial con alguna peculiaridad clínica poco común, despertara la curiosidad del clínico atento, mientras pasaba inadvertido a los ojos profanos (cronistas, literatos ...) (24). 3.3 El destinatario de la dedicatoria: Fernando Álvarez La obra, en sus dos ediciones de 1505, está dedicada al salmantino Fernando Álvarez, médico del Rey Católico (25). Se trata de Fernando Álvarez Abarca (ca. 1456-1526), el miembro más destacado de una famosa familia de médicos regios de los siglos XV y XVI, a qúienes también se conoce por el apelativo «de la Reinm. Profesor de la Facultad de Medicina de Salamanca ya en 1476 y catedrático de prima en medicina de esa universidad al menos (23) BERNÁLDEZ, A. (18.69) Historia de los Reyes Católicos D." Fernando y D.a Isabel. Sevilla, Imp. de J. M. Geofrin, vol. 11, pp. 295-6. Ni Villalva ni Hernández Morejón, en cambio, hablan para nada de la modorrilla, ni en ésta, ni en ninguna otra fecha. Tampoco la revisión de los tratados más dásicos de Historia de la Medicina universal y españolas y de las más importantes historias de las enfermedades nos ha proporcionado pista alguna. (24) El médico sevillano Diego Álvarez Chanca, por ejemplo, habla de otra afección epidémica igualmente novedosa en una coyuntura epidemiológica muy similar a la de la modorrilla (Sevilla, invierno de 1505/6), aunque su cuadro clínico sea muy diferente del de ésta. C' PANIAGUA, J. A. (1978-1979) Tradición y renovación en la obra del doctor Chanca. Asclepio, 30-31, 365-9. (25) TORRELLA, G. (15051, R, signat. 3; S, signat. [alv: 1 1 El Consilium de ModommlIa: una aportación nosográfica de Gaspar Torreiia 67 desde 1501, fue médico de los Reyes Católicos a partir de 1497 y de su hija Juana desde 1507 (26). Fernando Álvarez es autor de una obrita impresa titulada ((Regimiento contra lapeste)) [Salamanca, Hans Gysser(?), ca. 15011, y, al parecer, de un manuscrito en colaboración, con otro médico -el doctor Sepúlvedatitulado ((Parecer y práctica de la medicina con los remedios de varias enfermedades)) en el que el salmantino consagra un párrafo a la sífilis (27). A este último escrito debe referirse Torrella cuando en la propia dedicatoria del Consilium de modorrilla dice acerca del doctor Álvarez: «Y puesto que no se me escapa que, con gran esmero, se deleita no sólo en advertir, sino también en estudiar enfermedades nuevas, insólitas y monstruosas, a él dirijo este ((consejo)) que espero le resulte gratísimo)) (28). Siendo Fernando Álvarez el destinatario de la dedicatoria de este escrito torrellano, cabe preguntarse acerca de la relación existente entre ambos clínicos. Aunque sus trayectorias biográficas induzcan a pensar que no debieron conocerse personalmente, el tono de la dedicatoria empuja a suponer que existió entre ellos una estrecha relación epistolar y un activo intercambio de escritos científicos. No debe, en este sentido, desdeñarse el posible papel intermediario de Jerónimo Torrella, hermano mayor de Gaspar y, al igual que el salmantino, médico de la corte real (29). (26) Sobre Fernando Álvarez, cf: ALONSO CORTÉS, N. (1951) Dos médicos de los Reyes Católicos. Hzspanza, 11 (45), 607-57; GALLEGO DE MIGUEL, A. (1972) Los doctores de la Reina y su casa en Salamanca Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 76 pp.; SANCHO DE SAN ROMAN, R. (1979) [Consideraciones bio-bibliográficas sobre Fernando kvarez] Tres esmtos sobre pestllenna del Renanmmto español. Salamanca, R. Acad. de Medicina-Inst. de Historia de la Medicina española, pp. 15-29. (27) ALONSO CORTÉS, N. (1955) Mzscelánea Vallzsoletana. Valladolid, Miñón, vol. 1, pp. 37 13, cita este manuscrito haciéndose eco del supuesto testimonio de Gallardo acerca de su existencia en la Biblioteca Nacional (Madrid). Sin embargo, el Inventarzo general de manuscntos de la Bzblzoteca Naczonal no proporciona noticia alguna sobre este texto. (28) TORRELLA, G. (1505), R, signat. a,r; S, signat. [alv: «Et quia non me fugit ipsum maximopere oblectari novas, insolitas et monstruosas egritudines non modo intelligere, vemm etiarn legere, hac de causa presens consilium ei desuno, ut spero erit ei gratissimum)). (29) Jerónimo Torrella estudió, como Gaspar, medicina en Siena, alcanzando el grado de doctor. De vuelta a su tierra natal fue examinador de médicos y uno de los primeros catedraticos de medicina de la Universidad de Valencia tras su fundación en 1499. Fue igualmente médico de cámara de Juana de Aragón, reina de Nápoles y de su hermano Fernando el Católico, cargo este último compartido, entre otros, con los doctores Fernando Álvarez y Francisco López de Villalobos. A finales de 1496 concluyó la redacción de un extenso tratado de astrología médica que poco después publicaría dedicado al Rey Católico y que ha sido estudiado por THORNDIKE, L. (1923-1958) Jerome TorreIia on astrological images. Htstory of Magzcal and Experimental Sczences. New York-London, Columbia Univ. Press, vol. V, pp. 574-85. Tractatus sobre el «mal francés)). La pudendagra era entonces para él una variedad clínica nueva de una especie ya conocida: la scabies: ahora, en carnbio, cuando afirma que la modorrilla es una afección nueva perteneciente al género -ya conocidode las fiebres púmcas pestilenciales, está sosteniendo que sólo en el plano genérico se relaciona esta enfermedad con entidades clínicas ya descritas. He aquí, por tanto, un ejemplo de cómo la dependencia del criterio de autoridad disminuye progresivamente como consecuencia de los numerosos interrogantes que la descripción de las «nuevas enfermedades)) plantea a los clínicos europeos más dinámicos del momento, entre los cuales se encuentra Gaspar Torrella. Torrella exculpa a los clásicos de no haber recogido esta afección en sus escritos recurriendo a la vieja idea hipocrática de la variabilidad de las enfermedades según los lugares y las épocas: ((En cuanto a la esencia diré que se trata de una fiebre pútrida pestilencial, complicada con violentísimos accidentes, que lesiona sobre todo la cabeza, donde provoca diversos apostemas y daños. Si esta enfermedad no puede situarse en ningún capítulo concreto y adecuado, se dispondrá, por el contrario, en varios. Por tlto, no deberá criticarse a los antiguos por no haber establecido para ella un capítulo específico, pues las enfermedades varían según las regiones y las épocas, y así, en nuestro tiempo, ha aparecido una enfermedad monstruosa a la que he llamado 'pudendagra' y sobre la que he escrito dos trataditos)) (55). En este pasaje, una vez más, el recurso al empirismo hipocratista se erige en factor de progreso y cambio que siquiera de modo parcial e incipiente, libera el saber clínico renacentista de los apriorismos patogénicos galenistas. No hemos logrado localizar nigún otro testimonio médico verosímil acerca de esta aportación nosográfica torrellana, que el recogido por Amatus Lusitanus casi cincuenta años más tarde en la segunda de sus Curatzonum medzcinalium centuriae (Parisiis, apud F. Bartholomeum, 1554). En el comentario a la curatio XV (fols. 30r-33r) define lo que los españoles llaman malum de (55) Ibzd., R., signat. asv; S, signat. apr: «Quid rei dico quod est febris putrida pestilencialis complicata cum sevissimis accidentibus, ledens precipue caput, in quo diversa apostemata seu nocumenta inducit. Et si in uno singulan et adequato capitulo hec egritudo reponi non possit, in diversis tamen capitulis ponetur; quapropter antiqui non erunt reprehensione digni, si de ea singulare capitulum non fecerint, nam egritudines variantur secundum regionum et tempomm vanetatem; nam nostris temponbus monstruosa apparuit egritudo a me pudendagra vocata, de qua duos parvos tractatus compilavi». El Co~Iiurn de Modom.Zla: una aportación nosográfica de Gaspar Torreíia 75 moha o modonnlla y los italianos malum de mazucho como una afección intermedia «constituída por la asociación de dos enfermedades contrarias: el lethargus y laphrenitis)), que se debe a la mezcla patológica, en una proporción similar, de dos humores cualitativamente opuestos -la pituita y la bilis amarillaen el cerebro del paciente. Amatus señala la frecuente presencia de esta afección en tiempo de «peste» y la necesidad de ascribirla un nombre nuevo, puesto que no lo hicieron los antiguos pese a haber descrito y conocido muy bien las dos entidades clínicas que la integran. Obsérvese que, pese al carácter más elaborado de la respuesta de Amatus Lusitanus y a las evidentes discrepancias entre éste y Torrella en cuanto a los elementos constitutivos de la modorrilla, en ambos casos se sostiene la novedad de esta afección a expensas de entidades clínicas bien conocidas y descritas por los clásicos. La visión de Amatus está, por lo demás, en una línea muy similar a la del médico Diego Álvarez Chanca en su tratado publicado en 1506 acerca de lo que él mismo llama el «mal de costado pestilericial)), una afección epidémica nueva que aflige a los sevillanos durante el invierno 150516 y que consiste en la mezcla de dos entidades cIínicas ya conocidas: las ((fiebres pestilenciales)) y el «mal de costado)) (56). 5.3. El origen de la modomilla De acuerdo con la opinión de Torrella, la modorrilla pertenece al género de las fiebres pútridas pestilenciales. Se trata, pues, de una afección epidémica, procedente por tanto, en última instancia, de una "causa superior" y que infecta a la mayoría de la población bajo su influencia. Al igual que en otras enfermedades pestilenciales, la observación empírica sugiere asimismo la posibilidad de una difusión más limitada a esta enfermedad -pero que contribuye a su pervivenciaa través del ((contagio)) (57). La modorrilla irrumpe entre la tripulación de la flota castellana que se dirige a Flandes, como consecuencia de haber ingerido agua y alimentos (56) ÁLVAREZ CHANCA, D. (1 506) Tratado nuevo no menos Ctil que necesario en que se declara de qué manera se ha de curar el mal de costado pestilencia1 ... Sevilla. C' la edición facsimilar de SANCHO DE SAN ROMÁN, R. (1979), op. cit.; y la nota de PANIAGUA, J. A. (19781979), op. cit., sobre este escrito. En relación a la identidad que Amatus Lusitanus establece entre la hispana «modorrilla» y el itálico mal de mazucho, no deja de resultar curioso, en el contexto en que está escrita esta obra de Torreila, que Maquiavelo en una de sus cartas atribuya a ccquellafebbre che zn Italza sz chzana mazuchoii la muerte de Felipe el Hermoso [Gf: MAQUIAVELO, N. (1772) Tutte I'Opere ... Londres, T. Davies, vol. 111, pp. 207-81. (57) TORRELLA, G. (1505), R, signats. a,v, a,r; S, signats. a,r, a,r: 76 JUAN AñRiZABALAGA corrompidos por el «veneno» específico de esta afección; su difusión posterior por tierra parece ser, en cambio, por «contagio». Por lo demás, Torreua se limita a recoger el testimonio de quienes sugieren la procedencia celeste de esta enfermedad, sin mostrar -en la misma línea que sus dos escritos anteriores sobre el «mal francés»- un excesivo entusiasmo por esta hipótesis. El contenido literal del párrafo es el siguiente: ((La causa fue, como es bien sabido, el agua corrompida que, forzados por la necesidad, los marineros bebieron, junto con alimentos corrompidos, durante la travesía. Sin embargo, algunos sostenían que la enfermedad provenía de cuerpos superiores y que aún se mantiene y se transmite por contagio, de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, de villa en villa y de hombre a hombre)) (58). Esta actitud naturalista de nuestro autor, que centra sus especulaciones etiológicas en las causas naturales inferiores sin apenas entrar en consideración de las superiores, resulta, si cabe, aún más llamativa en este escrito suyo que en los relativos a la sífilis, porque la modorrilla pertenece al amplio capítulo de las enfermedades pestilenciales o epidémicas; y estas enfermedades, por su origen desconocido, rápida propagación, afectación a grandes masas de población y muy difícil prevención, constituyeron en la medicina del siglo XVI e incluso, ya con menos fuerza, en los siglos XVII y XVIII, el reducto más fuerte de las hipótesis etiológicas de corte astrológico (59). 5.4. La patogenia de la modorrilla Como todas las fiebres pútridas pestilenciales, la modorrilla depende de una materia pecante específica y móvil que tiene la capacidad de corromper la complexión humoral humana y que, frente a las no pestilenciales, prevalece sobre la variable disposición humoral del paciente, explica sus repercusiones epidémicas y reclama una pauta terapéutica, en parte diferenciada y (58) Ibtd., R, signats. a,v-a,r; S, signat. a,r: ((Causa, ut fama est, aqua corrupta fuit quam, necessitate coacti, navigantes in mari biberunt simul cum cibis corruptis. Aliqui ver0 tenebant a supenoribus corponbus evenisse, et adhuc conservan et per contagium transire de provincia in provinciam, de civitate in civitatem, de villa in villam et de homine in hominem)). Cf: TORRELLA, G. (1497), o@. at., signats. asv, e,r; (ca. 1498), op. czt., signat. a3v. (59) Dentro de la patología médica de los siglos XV y XVI, el progreso de las posiciones naturalistas frente a las astrológicas en el campo de la etiología de las enfermedades infecciosas es tema objeto de nuestro estudio en estos momentos, aunque no podemos avanzar más hipótesis al respecto. El Com.lium de Modorrilla: una aportación nosográfica de Gaspar Torreiia 77 específica. Cualquiera de los cuatro humores puede verse implicado como constituyente material de este proceso; pero, a partir de la experiencia etiológica y clínica -y siempre sobre la base de los supuestos patogénicos galenistasTorrella infiere (ratioj que es la flema el humor más frecuentemente involucrado en la aparición de la modorrilla y el responsable del cuadro clínico más grave que puede tener lugar (60). La materia morbífica penetra en el cuerpo por vía digestiva y se disemina por todo él. No obstante, Torrella destaca su capacidad para corromper la complexión del cerebro y corazón -junto al hígado, los llamados ((miembros principales)), asiento de las tres almas de la biología griegaexplicando a partir de ella los rasgos clínicos más destacados de la afección: la fiebre y la sintomatología neurológica. A partir de este momento, la reconstrucción de los procesos patogénicos que acontecen debe hacerse con la ayuda de la información complementaria que, relativa a las fiebres pútridas pestilenciales, suministra nuestro autor en su Consilium de peste. Cuando la materia morbífica llega al estómago, una fracción de sus vapores venenosos pasa, por contigüidad, a la región del corazón, provocando uno de los accidentes clínicos más constantes de esta afección: la fiebre. Otra fracción, en cambio, asciende hacia el cerebro -debe suponerse que a través de la supuesta vía de comunicación directa por la que el galenismo medieval interpretó conocidos fenómenos de Ia experiencia fisiológica y fisiopatológica (p. ej., el sopor consiguiente a una ingestión copiosa de alimentos)- donde provoca la aparición de ((apostemas y otros daños)) lesivos para su complexión. Estos apostemas pueden ser únicos o múltiples, localizados o generalizados, y situarse en lugares muy variados (meatos, meninges, ventrículos cerebrales), aunque el cuadro clínico más grave se produce cuando la materia se enclava en el seno de la sustancia cerebral. Por lo demás, el carácter grueso y viscoso de la materia pecante contribuye al agravamiento del proceso morboso al producirse la ((opilación)) o cierre de los poros, meatos y cavidades naturales (61). 5.5. La descripción clínica de la modorrilla El relato clínico que Gaspar Torrella aporta en relación a la modorrilla (60) TORRELLA, G. (1505), R, signats. a4r, b2r; S, signats. a2v, b,r; (post 1505), op. czt., signats. c4r-c,v. Consecuentemente con la idea formulada, Torrella dedica a la modorrilla flemática, como veremos, el apartado más extenso del capitulo terapéutico de su escrito. (Gl) TORRELLA, C. (1 505), R, signats. a,v, a,r, blv; S, signats. %r, %v, a5v; (post 1505), op. ctt., signats. c,r-c,v. 78 JUAN AFUUZABALAGA es, sin lugar a dudas, el capítulo más sugestivo de su ConsiZium. El autor procede a la descripción de una enfermedad supuestamente nueva y, al igual que en su Tractatus sobre el «mal francés)) escrito años atrás, su descripción es fresca, aguda, detenida y ordenada, sin que por todo ello -hombre que es de su tiempo-deje de esforzarse por interpretar la realidad clinica observada desde los supuestos patogénicos galenistas. Todo ello hace que pueda presentarse esta obra torrellana como un ejemplo significativo de un género de la literatura médica -muy común en las fechas de impresión de este escritode transición entre el consilium bajomedieval y la obseruatio renacentista, si bien haciendo siempre la salvedad de que la información suministrada por Torrella no es, en este caso, de primera mano, sino la suma resultado de diversos testimonios que le fueron proporcionados personalmente a nuestro autor (62). En las líneas que siguen se destacan los aspectos de esta descripción que me han parecido más interesantes. Los datos clínicos que Torrella aporta en relación a la modorrilla, aparecen en dos pasajes diferentes del Consilium. En el primero el autor se limita a recoger -de modo descriptivo y sin la más leve elucubración patogénicael testimonio fresco del médico vizcaíno que le informa acerca de este mal: «Y dijo que esta enfermedad se inicia con una fiebre moderada, alienación mental y perturbación de los 'sentidos interiores', razón por la cual la han llamado muy a menudo modorrilla. Después me expuso que, junto a ella, sobrevenían varios accidentes. En efecto, algunos al segundo o tercer día de persistir el dolor de cabeza, la pesadez y la fiebre que les perturbaba en su interior, reían y, al poco, lloraban; y así, al séptimo día o antes, se encontraban en una situación limite. Algunos reían, aunque no lloraban, arrancándose el pelo en el lecho, revolviendo lienzos y coberteras, sin responder a pregunta alguna; y fallecían con una moderada aspereza lingual. Otros yacían boca arriba con cierta tristeza, sin querer responder a pre- (62) LAÍN ENTRALGO, P. (1961), op. czt., pp. 48-109, expone cómo a lo largo de los años transcurridos entre el siglo XIII en que apareció el género consiliar y el XVI en que se extendió como nueva denominación la de obsenlatzo, el conszlzum evolucionó progresivamente hacia una mayor presencia, individualización y personalización del relato clínico y hacia un mayor atenimiento, libre de prejuicios patogénicos, a la realidad clinica observada, en cuya descripción se introdujo, poco a poco, un orden patocrónico y la explicitación del final del proceso morboso en cuestión. El Conrilium de Modom'lla: una aportación nosográfica de Gaspar To-iia 79 guntas, y, si a veces respondían, lo hacían con angustia, ansiedad y casi afligiéndose por eilo. Estos enfermos apenas tenían sentido del tacto y en todos ellos terminaba por aparecer una sensación continua de tibieza o frialdad en las extremidades. Las veces que dormían, su sueño era inquieto y laborioso. Cuando se excitaban, gritaban. En otros, en cambio, al segundo o tercer día la fiebre aumentaba mucho, acompañándose de sed intensa y sequedad de boca, inquietud, ira, genio y furor, y transtornos de la imaginación. A veces se echaban las manos a los ojos. A los restantes les sobrevenía un sueño pesado, prolongado y profundo, con pesadez en la cabeza y la estupidez ya señalada. Y dijo que algunos, de repente, se quedaban con los ojos abiertos, sin moverlos)) (63). En el segundo pasaje, en cambio, Torrella ordena e interpreta este material clínico a la luz del galenismo. Todas las consideraciones patogénicas que (63) TORRELLA, G. (1505), R, signats. a2v-a,r; S, signats. alr-alv: ((Dixitque hunc morbum incipere curn remissa febre, rnentis alienatione et sensuum intenorum conturbatione, ut in plurimus hac de causa ab hyspanis hic rnorbus modornlla est nominatus. Insuper mihi retulit quod curn hoc morbo varia accidencia supemeniebant. Nam diqui in secunda aut tercia die curn dolore capitis, gravitate et febre interius conturbante perseverantibus ridebant, paulo post plorabant; et sic in septimo die aut antea extrema paciebantur. Nonulli ndebant, et non plorabant, pilos a lecto evellendo, linteamina et copertona colligendo, absque aliqua interrogatione respondendo, et curn remissa lingue asperitate rnoriebantur. Alii iacebant resupini curn quadarn tnsticia, nolentes interrogatis respondere; et, si aliquando respondebant, hoc curn angustia, anxietate et quasi dolentes complebant. Qui sensu tactus quasi erant privau, et in omnibus supradictis tandern continua extremitatum tepiditas seu fngiditas apparebat; et, si aliquando dormiebant, talis somnus erat inquietus et laboriosus, et quando excitabantur, clarnabant. Aliis vero in secunda aut tercia die febris valde intendebatur curn siti intensa ac oris siccitate, curn inquietudine, ira, rixa et furore, curn corruptis yrnaginacionibus, et nonnunquam manibus oculos inundabant. Reliquis somnus gravis et prolixus ac profundus curn gravitate capitis ac stoliditate precedente superveniebat. Dexitque aliquos oculis apertis et non rnotis perrnanere; et . hoc eveniebat eis repente)). Por contraposición a los ((sentidos externos)) (vista, oído, olfato, gusto y tacto) que son los afectados de modo inmediato por los objetos externos, se entiende por ((sentidos internos)) los que sólo se mueven por medio de los ((sentidos externos)). La opinión tradicional más común en la época distinguía tres ((sentidos internos)): el sentido común, la fantasía o imaginación y la memoria; lo que en términos actuales constituye la conciencia neurológica. Cf: SENNERT, D. (1676) Epztornes Physzcae lib. VIII, cap. 1. En: Opera. Lugduni, J. A. Huguetan, tomo 1, pp. 74-5. 80 JUAN ARRIZABALAGA hace con objeto de explicar el polimorfo cuadro clínico descrito giran en torno a un concepto lesional: el de «apostema», al que en momentos sucesivos aplica dos variables referenciales diferentes: su localización topográfica en los ventrículos cerebrales y el humor involucrado en su génesis. En relación a la primera variable referencial, Torrella establece un diagnóstico lesio-funcional, al inferir la localización del apostema en uno u otro de los ventrículos cerebrales a partir de la potencia del alma racional (vi7tus animalis) que se lesiona y de la sintomatología que esta supuesta lesión ha originado. El elenco de virtudes y su localización topográfica en los tres ventriculo~ cerebrales (anterior, medio y posterior) responde fielmente al galenismo avicenista del que Torrella es secuaz: «...y estos [los humores] fueron transmitidos a la cabeza desde todo el cuerpo, algunos o algún miembro, tal como ya he dicho, y allí pudieron infiltrarse y causar un apostema extendido por toda la cabeza o localizado en alguna de sus partes, a'saber: anterior o posterior, derecha o izquierda y en los lugares señalados. Los médicos conocían muy fácilmente todo esto a partir de las operaciones lesionadas. En efecto, si el apostema se localizaba en la parte anterior, el daño afectaba a la virtud imaginativa, dedicándose el enfermo a recoger briznas y otras cosas. Si el apostema se situaba en el ventrículo medio, se corrompían las virtudes estimativa y cogitativa; el enfermo, entonces, hacía todo con desorden y hablaba con gran alienación, sobre todo cuando la materia existente era cálida. Cuando el apostema estaba en la parte posterior, desaparecía o se encontraba mermada la virtud memorativa; el enfermo no se acordaba de lo que hacía o demandaba y, al serle presentadas cosas que él había previamente pedido, no recordaba haberlo hecho)) (64). (64) TORRELLA, G. (1505), R, signats. a,r-a,v; S, signat. a,v: c< ... aut ipsi [humores] transmissi fuemnt ad caput a roto corpore ve1 ab aliquibus membris seu membro, ut dixi, et ibi infiltrari et causare apostema in toto capite, aut in altera eius parte, scilicet, anteriori aut posteriori, dextra aut sinistra et locis dictis. Et hoc facillime cognoscebant medici ex lesione operationum, nam, si apostema fuisset in parte anteriori, nocumentum apparebat in virtute ymaginativa, colligendo festucas et reliqua. Si vero apostema fuisset in ventriculo medio, tunc fuisset corrupta estimativa et cogitativa, et talis omnia turbate agebat, cum alienatione plurima loquendo et maxime materia existente calida. Si ver0 apostema fuisset in parte posteriori, tunc virtus memorativa fuisset diminuta El Consilium de Modommlla: una aportación nosográfica de Gaspar Torreíía 81 La segunda variable aplicada es el humor involucrado en la génesis del apostema Siendo la modorrilla una fiebre pútrida pestilencial, cualquiera de los cuatro humores (sangre, cólera, flema y melancolía) puede constituir la materia pecante responsable del apostema. Una vez más, también aquí se empeña Torrella en interpretar el polimorfismo clínico de esta afección desde los supuestos patogénicos de partida. Así, en relación a la modorrilla sanguínea dice: ((Algunos trataban de levantarse de la cama como consecuencia de una calidez que les incitaba a ello, aunque por su debilidad eran incapaces de hacerlo; y soñaban y hasta se imaginaban cosas rojas. Cualquier persona docta y experta en el arte médico podía muy fácilmente señalar que todas estas cosas procedían de la sangre y de un apostema sanguíneo)) (65). Sobre la colérica: «Mas había quienes febricitaban intensamente con dolor de cabeza y tenían excrescencias manifiestas de carne cada dos por tres, con brillo y movilidad en los ojos debido a intensas fantasías; y se llevaban las manos a los ojos muy a menudo, como consecuencia de unos vapores mordaces que ascendían a ellos, y pleiteaban con ira y rija y con mucha alienación y vigilias inmoderadas. Indudablemente, todas estas cosas procedían de la cólera. Ahora bien, si hubiera en ella cólera adusta, entonces aparecerían los accidentes ya citados de un modo más violento e intenso. Debe concluirse, pues, que la fiebre, el apostema y los demás accidentes provenían, tal como dije, de una materia colérica, por ausencia de los signos propios de la sangre, la flema y la melancolía (66). aut ablata, nec talis recordabatur de his, que agebat aut petebat et, presentatis rebus ab ipso quesitis, non recordabatus quesivisse)). Sobre la localización topográfica de las vz7tudes antmales en los ventrículos cerebrales, cf AViCENA, Canon, lib. 1, fen 1, doct. Vi, cap. V. (65) TORRELLA, G. (1505), R, signat. a,v; S, signat. a3r: «Aliqui tentabant surgere a lecto propter caliditatem incitantem, et ob eorum debilitatem illico quiescebant; et non solum somniabant res rubeas, sed etiam ymaginabantur. Ex quibus omnibus faúlime unusquisque in arte medica doctus et expertus hec -- omnia provenisse a sanguine et ab apostemate sanguineo indicare poterau. (66) Ibid: ((Illi vero qui intense febnebant cum capitis dolore, habentes manifestas excrescencias de tercio in tercium, cum oculorum levitate ac mobilitate propter ymaginauones fortes, sepissime manus ad oculos convertendo propter vapores mordaces ad oculos ascendentes, litigantes cum ira et nxa et cum plurima alienatione et vigiliis inmoderatis. Hec omnia a colera provenisse non erat ambigendum. Si vero colera adusta in causam fuisset, seviora et intensiora supradicta accidentia apparuissent. Et sic concludendum est febrem, apostema et reliqua accidentia, ut dixi, provenisse a materia colerica per absenciam propiorum signorum sanguinis, flegmatis et melancolie)). 82 JUAN ARRIZABALAGA Y, finalmente, sobre la flernática -la más grave de todas las formas clínicasy la melancolía señala: «Dijo además que a algunos les sobrevenía una fiebre continua y lenta con pesadez y dolor de cabeza. Estos yacían boca arriba sin inquietud, hablaban poco o nada, respondían con dificultad a las preguntas que se les hacía, como consecuencia de la opresión del sentido, retenían no sólo la orina, sino también las heces, tenían los ojos cerrados la mayor parte de las veces y, cuando las personas presentes les excitaban y los abrían, los volvían a cerrar en seguida, porque tenían los párpados reblandecidos; y mientras eran excitados, incluso si parecían mirar a alguien, en absoluto lo distinguían, debido a la alteración de los espíritus visibles. Estos sufrían a veces bostezos y, en ocasiones, quedaban con la boca abierta, la respiración espaciada y profunda y gran cantidad de humedad en la boca como consecuencia de la materia congregada en el estómago. Y a algunos de ellos les sobrevenía junto con un blancor de la lengua, un hipo cuyo deseo de mitigar hacía que difícilmente hablaran; en ellos aparecían orinas unidas a evacuaciones líquidas, un pulso amplio, lento y espaciado y sudor en las extremidades. Todo esto atestiguaba la presemia de flema. Así pues, de todo lo que arriba se ha relatado, puedes concluir que padecieron un apostema flemático en las sinuosidades del cerebro y no en los p'anículos, porque la materia flemática, como nadie ignora, imprime de modo débil y sobre todo cuando se asocia a la humedad. Además dijo que estos enfermos, antes de sucumbir a la afección, dormían de modo profundo, prolijo y más que de ordinario, con un tintineo continuo en los oídos. Queda por ello suficientemente claro que todas estas cosas provenían de una materia flemática, dada la ausencia de los signos propios de la sangre, la cólera y la melancolía; pues, si procedieran de un humor melancólico, todas ellas habrían sido más fuertes e intensas)) (67). (67) Zbzd., R, signat, a,r; S, signats. a3r-a3v: «Dixit preterea aliquos febre continua et lenta arreptos fuisse curn gravitate et dolore . capitis. Qui resupine iacebant absque inquietudine, parum aut nihil loquentes, et curn difficultate ad interrogata respondentes propter sensus oppresionem, unnam non solum retinentes, sed feces, ut plunmum oculos clausos habentes, et quando ab astantibus excitabantur et eos aperiebant, illico eos claudebant, eo quia palpebras habebant remollitas; eo tempore quo excitabantur, etiam si aliquem viderectur intuere, illum minime dignoscebant propter spiritus visibiles fuisse alteratos. Qui aliquando patiebantur oscitationes, et nonnunquam remanebant onbus apertis, curn anhelitu raro et tardo, curn multitudine humiditatis in ore; et hoc propter materiam congregatam in stomacho. Et aliquibus superveniebat singultus, cum albedine lingue et, propter eius remollitionem, curn difficultate loqui poterant; in quibus subiugales urine apparebant cum egestionibus liquidis, pulsu magno, tardo et raro curn extremitatum sudore. Que omnia attestabantur flegmati. Ex istis supra narratis conclude apostema flegmaticum in amfractibus cerebri passos fuisse et non in panniculis, materia enim flegmatica, ut unusquisque non ignorat, debiliter imprimit, et maxime quando est coniuncta curn humiditate. ~1 Consilium de Modom-Ila: una aportación nosográfica de Gaspar TO& 83 Como es evidente por los diferentes fragmentos recogidos, el dro dnico de la modomlla se inicia, por tanto, con los tres síntomas tesboedos por López de Ybar: fiebre moderada, alienación mental y pem&rs;aón de los ((sentidos internos)), a los que Torrella añade otros dos que, en su opinión, revelan la presencia en ciernes, o de facto, de un apostema en el cerebro del paciente: cefalea mantenida y sensación de pesadez en la cabeza (68). A partir de este momento, el cuadro clínico vana en los diferentes enfermos, si bien los accidentes morbosos se circunscriben en su mayona al sistema nervioso central. En la TABLA 1 se recogen, ordenados de acuerdo con los criterios de la patología médica actual, los diversos datos clínicos que Torrella facilita, relativos a los pacientes afectos por la modorrilla. TABLA 1 . Cuadro Clínico de la Modonilla 1. CUADRO FEBRIL - Fiebre muy elevada - Fiebre continua y lenta - Faz enrojecida 2. CEFALEA - Dolor de cabeza - Pesadez de cabeza - Respuestas con angustia, ansiedad, casi con dolor 3. ALTERACION DE LAS FUNCIONES SUPERIORES CON DISMINUCION DEL NIVEL DE CONCIENCIA - Mínimo discernimiento - Ojos cerrados - Sueño pesado, prolongado y profundo - No responden a preguntas - No hablan - Alteraciones de la percepción sensorial - Pérdida de la memoria inmediata - Estupidez 6. CRISIS PARCIALES? AUSENCIAS TEMPORALES? - De repente, ojos abiertos, sin movimiento 7. DESHIDRATACION - Sed intensa - Sequedad de boca - Aspereza lingual moderada - Lengua blanca - Enrojecimiento lingud - Lengua negra - Retención de heces y orinas 8. ALTERACIONES VEGETATIVAS - Pulso amplio, lento y espaciado - Respiración espaciada y lenta - Respiración profunda - Hipo - Bostezos frecuentes - Sensación continua de tibieza y frialdad en las extremidades Dixit, preterea, quod isti, antequam caderent in hanc egritudinem, profunde et prolixe preter solitum dormiebant, cum continuo aunum tinnitu. Ex quibus manifeste liquet hec omnia provenisse a materia flegmarica per absenciam propiorum signorum sanguinis, colere et melancolie; si enim ab humore melancolico provenissent, omnia supradicta fuissent fortiora et intensiora. (68) Ibid., R, signat. a,v; S, signat. a,r. Cf: texto literal recogido en la nota (71). 90 JUAN ARRIZABALAGA vativa debe completarse, si se considera oportuno, por otros medios que faciliten la eliminación del humor pecante a través de vías convenientemente alejadas de la cabeza. Por ello Torrella rechaza, salvo cuando la materia se encuentra en el estómago, el empleo de vomitivos y se inclina por los clísteres (76). Tras la puesta en práctica de las medidas dietéticas y evacuativas, llega el momento de confortar los miembros naturales, especialmente el corazón y el cerebro -órganos principales, junto al hígado, en la tradición galénicamediante el empleo de conocidos antídotos (triaca, limonada de esmeraldas, boloarmenio ...) con el fin de preservarlos de su corrupción complexional, fatal para el enfermo, a manos de la materia morbífica. Se vuelve, después, al empleo de diferentes recursos revulsivos (fricciones, clísteres, ventosas) que alejan lo más posible de la cabeza hacia zonas distales la materia aún no eliminada de la enfermedad. Y acto seguido, se aplican a la cabeza del enfermo repercusivos y10 solutivos que -según la fase en que se encuentre la enfermedadevitan que se introduzca materia en la cabeza y10 digieren la que ya está presente en ella. Si en el caso de los repercusivos se trata de preparados débilmente fríos que, además de detener el curso de la materia pecante, mitigan su virulencia, con los solutivos se pretende lograr un calor moderado, lo más similar posible al calor natural, que digiera la materia pecante; de ahí que, con frecuencia, se apliquen a la cabeza del enfermo como solutivos, animales vivos (perritos, gallos, palomos) o sus vísceras aún calientes (pulmones) (77). Con ello queda completada la tercera ((intención)). Finalmente, es preciso atender en específico a los accidentes clínicos que presenten los enfermos (cuarta ((intención))). Los dos que Torrella destaca son el insomnio y la desaparición -el autor habla de ((olvido)) por parte del pacientede las funciones de ingesta, micción y defecación. El insomnio debe combatirse por todos los medios, pues no puede olvidarse su fatal significación pronóstica. Se emplean para ello diversos preparados en los que, como es de esperar, la adormidera tiene un notable protagonismo. Para atajar el segundo accidente capital Torrella no duda en hacer uso de ingeniosos recurso que, en el caso de los aplicados en última instancia, llaman la atención por su expeditivo carácter. Así se aplicará un znstrumentum pro extractzone urine al enfermo que de ninguna manera pueda o quiera orinar (78) o -ya (76) TORRELLA, G. (1505), R, signats. bl-blv; S, signats. a5r-a5v. (77) Ibid., R, signats. b,v-b,v; S, signats. a5v-b,v. (78) Ibid., R, signats. b,v-b3r; S, signats. b,v-b2r. El Conrilium de Modonillar una aportación nosográfica de Gaspar Torrella 91 en el caso especial, comentado a continuación, de que la materia pecante sea flemáticase administrarán con una cánula de hierro las decocciones que el paciente se niegue a ingerir (79). 5.6.2. ~&tamiento espec fuo de la modorrilla Producida por una materia pecante fná: la jlema Al final de su largo discurso terapéutico Torrella dedica más de cuatro planas de texto a considerar las medidas que el médico debe tomar ante el caso particular, especialmente grave y frecuente, del enfermo con un apostema cerebral en ciernes y una fiebre lenta como consecuencia de una materia pecante flemática, esto es, fría y húmeda. El médico valenciano ordena la pauta terapéutica a seguir de acuerdo a nueve ((intenciones)) o momentos: 1. dieta; 2. revulsión de la materia pecante; 3. evacuación de la materia pecante; 4. repercusión de la materia pecante; 5. confortación de los miembros; 6. digestión de los humores; 7. erradicación de la materia pecante; 8. remoción de la mala complexión y de la materia pecante, y 9. corrección de los accidentes clínicos. Las medidas dietéticas están ahora, en general, orientadas a combatir las dos cualidades primarias de las materia flemática: la humedad y la frialdad. De ahí que, pese a gravitar también sobre ellas el concepto aristotélico del mesotés, se contrapongan a las prescritas cuando la materia pecante era caliente. Así, ahora, el aire deberá tender a caliente y seco, la habitación deberá estar moderadamente iluminada, nunca a oscuras, y haber en ella mucho ruido con objeto de impedir que el paciente se duerma y muera; se recomendará la aplicación de fricciones: las personas presentes en la habitación del enfermo irritarán a éste de modo intencionado; desde el primer día se suministrará al paciente una dieta relativamente abundante y, ya en la fase de declinación, será muy recomendable para éste la toma, en pequeñas cantidades, de vino añejo y fuerte que caliente su complexión (80). Al igual que cuando la materia pecante era caliente, la curación del enfermo depende fundamentalmente, también en este caso especial, de las medidas revulsivas y evacuativas y, en primer lugar, de la flebotomía: «La segunda y tercera 'intenciones' se cumplimentan con la revulsión y la evacuación. De estas dos operaciones depende la curación por lo que, cuando subsiste la virtud y no hay nada que lo impida, se practicará la flebotomía. Y ello porque se trata de una enfermedad aguda -por más que (79) Ibzd, R, signat. b3v; S, signat. b,v. (80) Ibzd, R, signats. b3r-b3v; S, signats. b,r-b,v. I l 92 JUAN ARRIZABALAGA -eh fríapues la namraleza la hace desaparecer a lo -3 2 día En consecuenáa, con el fin de que la propia 1 í =fque a la namraleza, conviene socorrer a esta última inme4 teLa flebotomía resulta beneficiosa incluso cuando la materia no está mezclada con la sangre, pues siempre se evacuará con la guna de flema y por medio de ella se desviarán los vapores a las partes inferiores del cuerpo. También resulta beneficiosa porque, efectuarse la evacuación, los miembros se vuelven codiciosos y no permiten a los humores fluir a la cabeza. Por todas estas razones, aunque la materia sea flemática, flebotomizarás de modo audaz, pues todos elogian el recurso a la flebotomía al comienzo de los apostemas. Esta debe practicarse de una vena común o de la safena, cuando habiendo plétora, quieras desviar los humores hacia las partes distales)) (81). 1 Como se constata en este texto, Torrella es consciente de la contradici ción teoría-realidad en la que incurre al afirmar el carácter frío de la modomilla flemática y, a la vez, dada la brevedad de su cuadro clínico, considerar ( a esta enfermedad como aguda. Su sensibilidad.renacentista hacia los fenómenos que presta atención le impulsa, sin embargo, a hacer notar este hecho. El autor sabe igualmente de las graves desviaciones complexionales 1 que, en el caso que nos ocupa, puede provocar el llamado efecto ((alterativo)) I de la sangría (82). Pese a ello, propugna el logro de un efecto revulsivo intenso con una flebotomía «audaz», contrargumentando que se trata de i una enfermedad aguda y que existe un apostema en formación; indicaciones ambas de esta medida terapéutica por el riesgo patente de que la plétora sofoque el calor natural necesario para digerir la enfermedad y oprima las (81) Ibzd, R, signat. b3v, S, signat b2v. ((Secunda intentio ac etiarn terua completur cuin diversione et evacuauone Ex istis enim pendet cura, quare, si virtus constat et non sic quod prohibeat, fiat flobothomia. Eo quia est morbus acutus, licet fiat a materia frigida, nain interficit, ut plurimum, ante sepuman diem Quare, ne suffocetur natura ab ipsa materia, opus est confestim ei sucI currere Et supradicta flobothomia etiam competit, Iicet materia peccans non sit sanguini mixta, nam aliqua porcio flegmaus evacuabitur cum sanguine, et per eam divertentur vapores ad inferiora. Deinde, qula, facta evacuatioile, membra efficientur avara, et non permittent humores fluere ad caput. Isus de causis, licet materia sit flegmatica, audacter flobothomabis, nam ipsa ab omnibus laudatur in principiis apostematum. Que debet fieri ex vena communi aut ex saphena, quando ad longuinquiora divertere velles, corpore existente repleto)). La aclaración de este aspecto me ha sido posible gracias a una comunicación escrita de mi compañero Pedro Gil Sotres Cf, nota (75) (82) Se entiende por efecto alterauvo de la sangría el giro de la complexión hacia la frialdad y la sequedad producido siempre como consecuencia de la evacuación de la sangre -un humor caliente y húmedoPor razones obvias, este viraje puede agravar considerablemente el estado del paciente en el caso que nos ocupa Consiliurn. de Modom~lla: una aportación nosográfica de Gaspar Torre& 93 «*des» con el consiguiente deterioro de las operaciones. En consecuen- *a, recomienda sangrar utilizando, si es posible, los dos diámetros corporales: no basta con sangrar el brazo derecho (a través de una vena común), si la enfermedad asienta en la parte izquierda del cuerpo; es necesario sangrar también de la parte inferior del cuerpo (a través de la safena) si la enfermedad asienta en la parte superior. Tras la flebotomía Torrella aconseja administrar al paciente, siempre que sea posible, algún medicamento purgante que elimine la materia pecante por el lugar fisiológico más próximo al foco, o sea, las fosas nasales y el paladar. En el caso contrario, se emplean clísteres de diversos tipos (lenitivos, agudos, sutilizantes, revulsivos), píldoras y supositorios, siempre buscando un efecto purgante. Si, al igual que cuando la materia pecante era caliente, se asocian ahora confortantes a los evacuantes, el vómito, tan contraindicado entonces, es ahora un recurso fervientemente buscado por Torrella; pese a ello, el valenciano advierte contra los peligros del estornudo que sólo deberá provocarse con el fin de animar la virtud cuando el enfermo se encuentre en una situación límite. Tan salo en el marco de la segunda (revulsión) y tercera (evacuación) ((intenciones)) hace Torrella alusión a la posibilidad de que la materia pecante sea la melancolía, prescribiendo un clíster ad hoc (83). La mayor gravedad clínica de la modorrilla flemática obliga a Torrella a prolongar su pauta terapéutica específica hasta nueve ((intenciones)), con el fin de garantizar el éxito de su intervención. Así y ya brevemente porque la descripción del autor es muy somera, la aplicación de repercusivos en la frente con el objeto de evitar el ascenso a la cabeza de más materia pecante desde el estómago constituye el objeto de la cuarta ((intención)); la quinta se propone la confortación de los miembros más afectados por la modorrilla -el cerebro y el estómago, sobre todomediante diversos preparados de aplicación local: odoríferos, emplastos, unciones, fricciones, ...; la sexta y séptima persiguen, respectivamente, la digestión y la eliminación de la materia flemática aún presente en el cuerpo; la octava, además de proponerse los mismos objetivos que las dos anteriores, aspira a restablecer por medio de solutivos la buena complexión humoral; y, finalmente, con la novena Torrella atiende a los accidentes clínicos, subrayando dos de ellos: la falta de memoria y el sueño profundo, sin que en los remedios utilizados haya nada especialmente llamativo (84). (83) TORRELLA, G. (1505), R, signats. b,v-b4v; S, signats. b,v-b3r. (84) Ibid., R, signats. b4v-b5v; S, signats. b,r-b4r. «Oblivio» y «somnus nimius)) son precisamente los dos primeros signos que Avicena (Canon, lib. 111, tract. 1, cap. XXVIII) destaca como característicos de los apostemas de la cabeza. 94 JUAN ARRIZABALAGA 6. CONCLUSION He aquí otra obra de Gaspar Torrella en la misma línea de su producción sifilográfica, esto es, atenta a un problema clínico de primer orden en la medicina europea de los siglos XV y XVI: el de las llamadas «nuevas enfermedades)). Torrella, sin dejar de ser fiel a su formación intelectual galénicoavicenista, aborda, en un texto de carácter esencialmente práctico, el estudio clínico y terapéutico de una afección epidémica supuestamente novedosa: la modorrilla, que se extiende por los reinos hispánicos a comienzos del siglo XVI. Desde un punto de vista estructural, el Conszlium de modorrilla se enmarca dentro de un género de la literatura médica, el consiliar, de gran aceptación en el mundo bajomedieval latino, pero el carácter fresco y minucioso de su relato clínico permite considerarlo como un ejemplo de transición entre este género y el de la observatio que se abre paso en la medicina europea del siglo XVI. El valor nos~gr~co de este esbito debe, no obstante, relativizarse frente a la destacada aportación que Torrella hiciera años atrás en el campo de la primitiva sifilografía. No puede, en efecto, ignorarse que el médico valenciano escribe aquí sobre una afección que nunca ha visto personalmente y que los únicos soportes de su relato son la autoridad que le confiere su experiencia clínica en el campo de las ((nuevas enfermedades» y la osadía que le proporciona su confianza ciega en los supuestos científico-médicos galénicos. AGRADECIMIENTOS En la realización y corrección de este trabajo me han sido de gran utilidad las ayudas y sugerencias proporcionadas por los profesores Juan Antonio Paniagua y Luis García Ballester y por mis compañeros Pedro Gil Sotres, Rosario Fernández López, José Luis Ramírez Sádaba y Carlos Dardé Morales.