Reseñas
Abstract
Bruce T. MORAN, Patronage and Institucions, Science, Technology and Medicine at the Euopean Court 1500-1750.
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448 RESESTAS artesanos, el lenguaje no metafísico o la búsqueda de la utilidad pública, y sus reales actividades profesionales. J. Popkin explora hasta qué punto el rnedio mediatiza el mensaje, concluyendo que las revistas científicas acabarían de consolidar la tendencia a considerar el conocimiento como la acumulación, en distintas ramas del saber y mediante redes de comunicación, de avances sucesivos y fragmentarios. En definitiva, el libro editado por D. F. Kelley y R. H. Popkin contiene un intento acotado, aunque irregular, de mostrar la coexistencia y mutua interferencia de distintas tradiciones intelectuales durante los siglos XV al XVIII. El tema de fondo que coexiona el conjunto de las contribuciones es el de presentar cómo tras la crisis de la herencia medieval se realizaron distintos esfuerzos para asegurar la unidad del mundo y, como correlato imprescindible, la unidad del conocer. ANTONIO LAFUENTE Bruce T. MORAN (ed.) (1991). Patronage and Institutions. Science, Technology, and Medicine at the European Court 1500-1750. Bury St Edmunds (Suffolk), The Boydell Press, 261 pp. ISBN: 0-85115-285-6. Es sabido que la gran atención que el mecenazgo ha recibido por parte de los historiadores del arte o de la literatura carece de parangón en la historiografía de la ciencia, la tecnología y la medicina. En el mejor de los casos, la protección dispensada a la actividad científica por príncipes, nobles y magnates ha sido casi siempre entendida en términos de mero referente externo y no como un factor intrínseco de conformación del discurso científico. Este libro, que se sitúa en la línea de la obra compilada por V. Nutton, Medicine at the Courts of Europe, 15001837 (Londres, 1990) y tiene su origen concreto en el XVIII Congreso Internacional de Historia de la Ciencia (Hamburgo, 1989), dirige la atención del lector hacia las cortes europeas, un espacio social unido indisolublemente a la aparición de la ciencia moderna. El periodo escogido comprende desde el Renacimiento hasta los albores de la Ilustración, cuando en los medios cortesanos las relaciones de mecenazgo definían, organizaban y legitimaban el conocimiento de la naturaleza entendido como una forma de acercamiento directo a la obra creadora de Dios. Precisamente, en el ocaso de este periodo tendría lugar, a menudo al margen de las universidades, la paulatina cristalización de la ciencia en instituciones formalmente establecidas, las academias o sociedades científicas, cuyo caldo de cultivo fueron sin duda las tertulias cortesanas. La docena de trabajos que ha reunido Bruce T. Moran en este libro tienen en común la aceptación de un concepto amplio de institución científica, que no se
RESEI n IAS 449 limita al de las sociedades conformadas por unos estatutos u ordenanzas. Al igual que otras instituciones, el mecenazgo comportaba unas normas colectivas de conducta, y en su dominio se ordenaba la experiencia, se transfería la información y se otorgaba identidad y legitimidad social. Descubrimos, de este modo, el vasto espacio de interrelaciones que en los medios cortesanos europeos favoreció y condicionó la actividad científica y el conocimiento mismo del orden natural. Fruto de una curiosidad sin precedentes que indagaba los mas recónditos secretos de la naturaleza, el saber científico se convertía en una excelente moneda de pago con la que un cortesano cultivado podía compensar el favor que gozaba del príncipe. Así, la dedicatoria de un libro a un mecenas protector constituía una expresión pública, en clave de adulación, de la obediencia que le profesaba el autor, ya fuera éste un literato o un médico universitario que gustara de escribir, y, en definitiva, un reflejo fiel de las relaciones de servidumbre que unían a un criado con su serior. El interés que entre los magnates despertaban, en tanto que vías de acceso a lo extraordinario, la magia y la alquimia, cabe entenderlo en una perspectiva de apropiación simbólica del saber. El naturalista que coleccionaba o describía objetos ignotos, desde una constelación estelar hasta un fósil o una planta exótica, adquiría un atractivo especial a los ojos del príncipe, que ansiaba el honor que dimanaba de su participación patrocinando el hallazgo, y que deseaba el prestigio que confería la posesión de piezas maravillosas, cuanto mas raras y admirables mejor, en su gabinete de curiosidades. Con buen acierto, al mundo italiano de los siglos XVI y XVII se le han dedicado los tres primeros artículos del libro: el de P. Findlen trata del complejo sistema de intercambio de regalos y correspondencia por el que los científicos adquirían identidad social y un estatus mas elevado; el de W. Eamon presenta la transformación de la lógica del descubrimiento científico, que por influjo del medio cortesano se convierte en una caza (venatio) de los secretos de la naturaleza, frente a la tradición escolàstica que veía en el razonamiento silogístico el instrumento por excelencia de la indagación de la verdad; y el de W. R. Laird, sobre el mecenazgo de la mecànica y la teoría del impacto en la Italia del siglo XVI. Otros tres artículos se refieren al patrocinio dispensado por miembros de la monarquía britànica: el primero, de Lesley B. Cormack, se refiere a la promoción de los estudios de nàutica y geografia por el príncipe de Gales Henry Fredrick en su corte de Richmond Palace; el segundo, de H. J. Cook, trata del decisivo influjo que sobre la teoría y la pràctica médicas tuvieron las decisiones de Guillermo de Orange y su esposa, la reina María, al elegir para la familia real médicos que no pertenecían a las tradicionales universidades anglicanas de Oxford y Cambridge; y el tercero, de A. J. G. Cummings y L. Stewart, aborda las consecuencias que sobre las finanzas y el mundo empresarial tuvieron la ciencia y la tecnología en tiempos del rey Jorge de Hanover. Otros tres trabajos se hallan centrados en el mundo germkrico: el de W. B. Ashworth Jr. estudia, a través de los grabados que aparecen en las portadas de los libros, el patronazgo ejercido por la Casa de
450 RESE&AS Habsburgo en Centroeuropa, el de P. H. Smith examina el papel desarrollado en la corte de Baviera por el médico y matem5.fico de cãmara J. J. Becher en tanto que promotor del comercio colonial; y el de B. T. Moran toma en consideración adems del mecenazgo ejercido en la corte, el que se propiciaba paralelamente en las universidades y las academias. Y, por último, anotemos otras tres contribuciones: el artículo de A. Stroup, que da cuenta de la dificultad, insalvable en la Francia del Rey Sol, de conciliar la teoría política con la pràctica, política de la tecnología; el de J. Shackelford, que presenta la protección dispensada al paracelsismo, a finales del siglo XVI y principios del XVII, por la propia corona danesa; y el de D. S. Lux, que ofrece una visión amplia de los estudios sobre la institucionalización de la ciencia. y cuestiona con lucidez algunos de los principales supuestos de la historiografia tradicional, como, por ejemplo, la atribución de los orígenes de las academias a las necesidades intrínsecas del desarrollo de las ideas científicas. Pienso que en este sugerente panorama del mecenazgo científico en las cortes europeas, muchos de los lectores habituales de Dynamis no dejarffil de echar en falta la presencia de algún que otro artículo sobre el papel jugado por los monarcas hispanos durante el período reseriado. Y, ciertamente, no les faltar razón, porque parece difícil justificar, en este acercamiento a la idea del mecenazgo científico, la ausencia de las monarquías que desde sus metrópolis europeas promovieron y auspiciaron la exploración, la explotación, la cristianización y el conocimiento científico de la inmensa mayor parte de las Indias Orientales y Occidentales. ALVAR MARTÍNEZ VIDAL Francisco Javier PUERTO SARMIENTO (1992). Ciencia de Cómara. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818) el científico cortesano. Madrid, C.S.I.C. (Estudios sobre la ciencia, 17), XVIII+369 pp. ISBN: 84-00-07235-9. E1 texto que aquí reseriamos se nos presenta como una completa y bien documentada biografia de Casimiro Gómez Ortega, botãnico y farmaceútico que desde su posición de director del Real Jardín Botãnico de Madrid, jugó un papel decisivo en la configuración de esta institución como centro estrechamente vinculado a la política científica ilustrada. Los orígenes del Jardín madrilerio y su trayectoria hasta convertirse en centro gestor de importantes medidas reformistas encaminadas a la renovación de la sanidad y a la articulación de un ambicioso plan expedicionario para el reconocimiento y explotación de las colonias, fue analizado en el anterior texto publica-