Mujeres y ciudadanía. Del antiguo régimen a la revolución liberal
Abstract
El artículo regoge la ponencia presentada por Gloria Espigado en las Jornadas Mujer y ciudadanía: del Antiguo Régimen a la revolución liberal. El artículo trata la relación de las españolas con el primer liberalismo, concretamente acerca de las Cortes de 1812.
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DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino Resumen / Resum / Abstract http://seneca.uab.es/hmic 171 Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal Seminario Universidad Autónoma de Barcelona, 6 de junio de 2003 Mujeres y ciudadanía en el primer liberalismo español Gloria Espigado Tocino (Universidad de Cádiz) Resumen / Resum / Abstract El artículo regoge la ponencia presentada por Gloria Espigado en las Jornadas Mujer y ciudadanía: del Antiguo Régimen a la revolución liberal. El artículo trata la relación de las españolas con el primer liberalismo, concretamente acerca de las Cortes de 1812. / L'article recull la ponència presentada per Gloria Espigado a les jornades Mujer y ciudadanía: del Antiguo Régimen a la Revolución liberal. L'article tracta la relació de les espanyoles amb el primer liberalisme, concretament entorn les Corts de 1812. / The article present Glory Espigado paper presented in debate: Woman and citizenship: of the Old State to the liberal revolution. The article treats the relation of the Spaniards with the first liberalism, concretely about the Courts of 1812. Paraules clau / Palabras clave / Key Words Ciudadanía, cortes 1812, mujeres, revolución liberal. / Ciutadania, corts 1812, dones, revolució liberal. / Citizenship, woman, courts 1812, liberal revolution. 1. Algunas consideraciones historiográficas de partida 1. Comienzo mi intervención haciendo una serie de consideraciones historiográficas sobre el tema que aquí me convoca. Verdaderamente, tratar la relación de las españolas con el primer liberalismo en nuestro país (aquí solo me referiré a la experiencia en torno a la Cortes de 1812) es toparse con lagunas importantes y con un relativo vacío bibliográfico altamente significativo. 2. Voy a intentar dar dos explicaciones que nos hagan comprender este hecho. Sin duda, la primera viene de comprobar que los periodos cronológicos preferidos por las especialistas han sido aquellos que han reservado un papel más destacado al protagonismo femenino a lo largo de la historia contemporánea. Paradigmático ha sido el interés prestado a la primera mitad del siglo XX, siguiendo la estela de la lucha sufragista, a partir de las posturas de las librepensadoras de fines del XIX hasta llegar a las primeras organizaciones que demandan el voto entre 1918-19, continuando con la rica experiencia de la II república, momento en que se materializa el derecho electoral femenino en nuestro país. En verdad, y eso se notaba en las primeras monografías que tuvimos sobre la historia de las mujeres en España, el interés por descubrir las claves programáticas de un movimiento liberal de mujeres en prosecución de la demanda por excelencia que era el voto, primó en la orientación de estas contribuciones que, no obstante, marcaron, por primera vez un camino a seguir (Geraldin Scanlon, 1976 y Concha Fagoaga, 1985).
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 172 3. Sin embargo, la evidencia mostraba la debilidad y la dificultad para la constitución de verdaderos movimientos demoliberales entre las españolas de entre siglos. La frustración era evidente y alguien nos advirtió que esto no era suficiente. Mary Nash en un paradigmático artículo publicado en la revista Historia Social (1994), nos lo explicó, intentando que saliéramos del impasse al que nos tenía sometido el modelo sufragista anglosajón, con el que invariablemente tendíamos a comparar los resultados que obteníamos a partir de la pobre experiencia de las españolas. Ella tipificó este feminismo hispano como un feminismo social versus político, empeñado en conseguir mejoras educativas y laborales y desapegado, en buena parte, de reivindicaciones políticas. Resaltó la importancia de este tipo de demandas que, además, se habían construido a partir de una conciencia de agraviadas que apelaba más a la diferencia que a la igualdad, señalando el peso que las argumentaciones de tipo maternalista y doméstico-funcionales, habían tenido en el discurso vindicativo. 4. Pienso que a estas alturas es justo reconocer que la atinada advertencia de Mary Nash se venía ya reflejando en los estudios que se publicaban por entonces. Este punto de vista ayudó también a comprender al liberalismo, y al concepto de ciudadanía que le es intrínseco, como una fórmula política más abierta y más compleja que la simple y mecánica vinculación con el hecho político del voto. En varias profesoras he podido detectar (Pilar Folguera, 2000; Guadalupe Gómez-Ferrer, 2002, y yo misma lo he utilizado: Gloria Espigado, 2002), la alusión al texto clásico de Thomas Marshall (1950) a cuenta de la triple dimensión de la ciudadanía, significada en su acepción política, desde luego, aquella que procura los derechos electorales fundamentales, pero también en su dimensión civil, aquella que garantiza la igualdad ante la ley y reporta los derechos individuales inalienables (propiedad, libertad de expresión, libertad religiosa, inviolabilidad, garantías...) y, finalmente, en su faceta social, que apela a la preservación, bienestar y seguridad del individuo, salvaguardada por los derechos que el Estado liberal debe garantizar, en materias de educación, trabajo, sanidad, vivienda, etc... 5. Abriendo de esta forma una tipología más amplia de derechos a registrar y a conseguir por los excluidos del sistema, qué duda cabe que cobran sentido de primer orden las demandas realizadas por las españolas del siglo XIX que se centraron en las peticiones educativas, laborales y de reforma de los códigos que regulaban la vida familiar y el contrato matrimonial, priorizándolas por encima de los derechos electorales. Desde estos supuestos, toda una serie de escritoras del siglo XIX pueden ser incorporadas al acervo de lucha vindicativa desde esta visión renovada y ampliada de los presupuestos liberales. Toda la pléyade de escritoras isabelinas (Ángela Grassi, Concepción Jimeno, Pilar de Sinués, etc), las relacionadas con la generación krausista (la propia Concepción Arenal), las vinculadas a las reformas del periodo restauracionsista (Emilia Pardo Bazán, Berta Wilhelmi, etc), ha sido analizada y estudiada con detenimiento y ya sin ese sentimiento de inferioridad. 6. Pienso, además, que recientes monografías traducidas al español que tratan sobre las experiencias de las Europeas abundan en conceder a esta línea interpretativa mayor capacidad para la comprensión histórica. Me refiero, al análisis de Gisela Bock (2001) o al estudio de las australianas Bárbara Caine y Glenda Sluga (2000) que, desde una historia sociocultural que proyectan sobre las europeas en la contemporaneidad, marcan, haciendo uso del método comparativo, las similitudes de las trayectorias seguidas en las estrategias vindicativas de las mujeres de distintos países europeos. 7. Especialmente, las últimas se ocupan fundamentalmente de observar, en un estudio de tono thompsoniano, como decimos, cuáles han sido los idearios que han permeado la conciencia de las mujeres más sensibilizadas y de qué manera éstas han elaborado ese stock cultural para
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino 1. Algunas consideraciones historiográficas de partida http://seneca.uab.es/hmic 173 transformarlo en actividad y acción pública, forjando una identidad de ciudadanas que, por ejemplo, en ocasiones no ha apelado a las potencialidades del individualismo liberal y sí se ha mostrado sensible a los resortes que aludían a lo colectivo, a la unidad de destino de los que habitan una nación. El patriotismo y el nacionalismo han proporcionado una coartada de primera magnitud para que las mujeres encontrasen espacios de significación pública en la edad contemporánea, y esto es especialmente evidente en los primeros tiempos de gestación del liberalismo europeo. Esto lo señalo con particular interés porque volveré sobre ello cuando analice las posturas de las mujeres que viven activamente la Guerra de la Independencia contra Napoleón. 8. Sigo dentro de las consideraciones sobre el estado de la cuestión, incluyendo ahora una reflexión propia, que desde luego someto a la valoración de las especialistas aquí presentes. Debemos explicar todavía por qué, aunque la cronología del estudio de la relación entre mujer y poder en España se ha ampliado considerablemente, como hemos dicho al empezar, queda, no obstante, un terreno poco transitado, el periodo inicial de la contemporaneidad, una etapa en la que ya adelanto, y espero mostrar aquí pruebas convincentes de ello, podríamos encontrar material de suficiente interés como para dedicarle mayor atención que la concedida hasta el presente. Si me permitís, os recuerdo que nuestra historiografía pasa muy superficialmente todavía, a mi modo de ver, sobre el papel desempeñado por las mujeres en las fases iniciales y tormentosas de manifestación liberal en el país, desde la Guerra de la Independencia y el primer constitucionalismo gaditano hasta, yo diría, la constitución de células republicanas e incluso internacionalistas de mujeres en el Sexenio democrático. 9. Las razones de esta insuficiencia, pienso, pueden remitir a una variedad de explicaciones, entre las que cabría mencionar, en primer lugar, la juventud de nuestra propia tradición en los estudios de Historia de las Mujeres que ha pospuesto una fase entendida, a priori, como menos brillante y con menor formulación de testimonios de interés, dentro del conjunto de la contemporaneidad. Sin embargo, llama poderosamente la atención que un periodo fundacional, mítico, para la constitución de nuestro liberalismo, como es, sin duda, las Cortes de Cádiz, no haya sido objeto de mayor especulación entre las especialistas. Si bien, pienso que esto va remitir en poco tiempo, y las citas bibliográficas aquí contenidas pueden dar testimonio del creciente interés de las investigadoras, hay que buscar, no obstante, explicaciones para este relativo olvido o postergación de periodo tan significado en nuestra historia contemporánea. 10. Os doy mi versión. De alguna manera podemos estar ante otro espejismo historiográfico semejante al que nos ató en primera instancia al modelo sufragista. En este caso, la influencia, en cierto modo paralizante, provendría de otro país, de Francia concretamente, y de la riqueza bibliográfica que ha dado de sí el estudio de la experiencia de las francesas en el periodo revolucionario abierto en 1789, sin parangón en país europeo alguno y, por supuesto, en España también. Os recuerdo, muy por encima, hechos que todos conocemos sobradamente y que se han convertido en el paradigma de los acontecimientos en que se implican las mujeres en los momentos fundacionales de la práctica constitucional en el vecino país. 11. ¿Qué hacen las francesas? Pues nada más y nada menos que escribir "Cuadernos de quejas" en los momentos previos a la convocatoria de los Estados Generales, tal como demuestra el más famoso de todos atribuido a Mme B.B.; participar en movimientos de protesta que buscan garantizar la subsistencia y que, de pronto, adquieren un cariz político cuando traspasan esa mera frontera de reclamo al consumo y se transforma en presión al rey para que éste vuelva a París, nos referimos a la famosa marcha de mujeres a Versalles; también las francesas adoptan fórmulas de sociabilidad pública propia de los nuevos tiempos constituyendo
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 174 los primeros clubes republicanos que más tarde serán clausurados por el poder jacobino; siguen, por otro lado, mediando en la actividad política a través de los salones que las grandes damas, como Mme Roland, mantienen abiertos; solicitan una nueva moralidad pública traducida a la forma de vestir de ellas mismas que aspiran a lucir los artefactos simbólicos de la revolución como la escarapela tricolor y el gorro frigio; las nuevas amazonas piden, también, portar armas y formar parte de la milicia patriótica que reporta derechos a los hombres; finalmente, y por si esto fuera poco, dentro de sus intervenciones escritas, se atreven a formular el deseo de ciudadanía para las mujeres, como expresan los textos de Condorcet y el más citado de Olimpia de Gouges. 12. Ante todo esto, habrá que convenir que el ejemplo español en muy poco se va a acercar al modelo de radicalismo de las francesas. Es más, buena parte del protagonismo que podamos atribuir a las españolas estará empañado, y espero que notéis la ironía con que digo esto, con la sospecha de que el altar y el trono, principios más acordes con la defensa de lo viejo, más que con la promoción de lo nuevo, vertebra la razón política de más de una de las mujeres de entonces, y aludo ahora al ejemplo de la madre de la famosa escritora española Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber), Frasquita Larrea y Aherán (de la que en breve serán publicadas las Actas del Congreso que tuvimos en el 2000 en El Puerto de Santa María), anatematizada, relegada por la opinión liberal, dada su filiación al reaccionarismo más recalcitrante. Es decir, a priori, reconocemos que hay pocas y además, sospechamos, escasamente ganadas a la causa liberal. ¿Qué hacer? 13. Pienso que no renunciar a indagar en un periodo histórico de tanta trascendencia para la evolución política del país, independientemente de lo que nos vayamos encontrando. Podemos incluso percibir que la reafirmación pública de las mujeres en este entorno, aún sin seguir patrones ideológicos liberales, en algunos casos, se hizo presente, bien continuando ciertos modelos de sociabilidad a la antigua usanza, tal es el caso del patrocinio de salones y tertulias que las aristócratas y burguesas siguieron regentando, o adoptando nuevas fórmulas de relación social femenina, en la constitución de sociedades patrióticas, como veremos. No nos podemos olvidar tampoco que las mujeres no renunciaron a continuar participando en la discusión política directamente a través de la publicación de folletos o, de forma indirecta, en la traducción de obras claves para la difusión del ideario liberal. También pondremos ejemplos de esto. 14. En todo caso, como vemos, e independientemente de la orientación política adoptada, las mujeres, una minoría, sin duda, y muy limitadas en su radio de acción, no renunciaron a intervenir de muy diversas formas adoptando junto a lo viejo, nuevos patrones de comportamiento social y político, que sirvieron, tanto o más que las ideas, para construir un marco cultural propicio para el desarrollo de la actividad pública, mostrando que las fronteras entre las esferas funcionan más como aspiración normativa del nuevo discurso político que como realidad operante, ante la cual no todas las mujeres se plegaron. 2. Las virtualidades del discurso liberal 15. Para empezar, no podemos pasar por alto el hecho de que el discurso liberal, es contradictorio en sus ansias de universalidad cuando atiende a los derechos de las mujeres. Especialistas de teoría crítica feminista como Carole Pateman, en su libro El contrato sexual (1995) por citar a una de las más significativas, lo han explicado sobradamente. Para ella, el proyecto indidividualista liberal, elabora un concepto de ciudadanía para los hombres y, todavía más, su materialización política, depende de la ratificación de un acuerdo no escrito pero sí implícito entre los mismos, que alude directamente a la salvaguarda de lo doméstico como
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino 2. Las virtualidades del discurso liberal http://seneca.uab.es/hmic 175 espacio de reproducción social, donde las mujeres son recluidas, y que constituye el factor garante de su libertad como individuos. Dicho de este modo, las mujeres no tenían por qué estar entusiasmadas ante el nuevo discurso político que, de entrada, las excluyó de todo tipo de consideración, como veremos también en el caso gaditano. De hecho, la historia del feminismo sufragista, igualitario, o pequeñoburgués, como queramos llamarlo, ha consistido fundamentalmente en forzar el significado de los conceptos liberales, señalando la paradoja y la contradicción de la exclusión operada, hasta lograr la incorporación de las mujeres como sujetos de pleno derecho ciudadano. 16. Pero en las Cortes de Cádiz, lo que nos encontramos son varias posibilidades para la neutralización a toda posible aspiración de protagonismo femenino en el nuevo marco político que se está fraguando. El discurso de los hombres, que parcialmente será discurso liberal, cuando no será servil, pero coincidente en el tratamiento que hay que ofrecer a las mujeres, es, no obstante, variado en su escala de presentación, pero acorde en el objetivo de preservar la exclusividad de lo político a los varones. 17. Como dice la filósofa francesa Geneviève Fraisse (2000), la anulación más afectiva del adversario es aquella que se tramita a través del silencio. La no consideración de la existencia de un problema, ni siquiera para nombrarlo, es el mejor modo de anular todo planteamiento problemático. En nuestras Cortes, este hecho, está sobradamente demostrado, cuando en ningún momento se somete a consideración la realidad de las mujeres. Tal como expresa Bartolomé Clavero (1987), ellas representan "el sexo escondido" en toda la discusión constitucional y, también, Manuel Pérez Ledesma (1991) ratifica la inexistencia de alusiones significativas a las mujeres entre los próceres de la patria, algo también comprobado por Gloria Nielfa (1995). El silencio, tiene como aliado otra actitud igualmente efectiva, se trataría de mencionar la obviedad de la exclusión, dando por sentado la "naturalidad" de los términos que adopta la organización social con respecto a las mujeres, anatematizando, de entrada, cualquier discurso revisionista al respecto. 18. Aquí podríamos incluir tanto la manifestación del liberal Muñoz Torrero como del antiliberal Fray Francisco de Alvarado, el "Filósofo Rancio" que, indirectamente, para demostrar la imposibilidad de un replanteamiento más abierto para la ciudadanía masculina, traen a colación lo antinatural que resultaría cualquier cambio que distorsionara la jerarquía de los sexos. Desde las huestes masculinas y liberales, todavía es posible una tercera y drástica solución y ésta es la de formular, nombrando y arriesgándose, por tanto, a la contestación, la exclusión más tajante. En esta modalidad entraría la prohibición que el Reglamento de las Cortes redactan para que las mujeres ni siquiera se atrevan a pisar los umbrales de la asamblea de ciudadanos, eliminándolas incluso de las galerías que ocupan los curiosos, para que no vean, no discurran, no reclamen. Una última posibilidad, conciliada, podríamos pensar a priori, con los intereses de las mujeres, está en la palabra amable que brota del discurso galante de la excelencia y que, fundamentalmente, lo que hace es reconducir la cuestión. Este discurso será el que se irá prodigando con éxito y será normal localizarlo de forma acompasada con la manifestación de ciertas prerrogativas que pueden ser adjudicadas a las mujeres a partir del reconocimiento de su función social de esposa y madre. Aliado del discurso de las esferas, de la complementariedad sexual, de la naturalización de las funciones biológicas que cumplen las mujeres, de su reclusión en el hogar, dejará un resquicio para la participación tutelada de las mujeres en asuntos que el liberalismo no tendrá inconveniente en dejar en manos femeninas, como extensión social de los roles que las mujeres cumplen "naturalmente". En este apartado, estaría, el reconocimiento de su responsabilidad en el cuidado de la familia, en la educación de los hijos y, como proyección pública de esto mismo, el cuidado de los expósitos, la vigilancia
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 176 de la educación de las niñas de la clase trabajadora, etc., es decir, como vemos, capítulos relacionados con la beneficencia y asistencia social que, tras la desamortización de la Iglesia y la merma de su capacidad asistencial, alguien debe realizar, todo esto antes de que el Estado interventor reclame para sí estas parcelas de actuación que planean sobre la dimensión social de la ciudadanía. 3. La variada respuesta de las mujeres 19. Ante el silencio, la prohibición, la exclusión, o la reconducción sesgada del problema, deberíamos plantearnos qué hacen las mujeres, cuál es su respuesta al estado de cosas existente. Teniendo en cuenta que deberíamos abundar en la práctica y los discursos femeninos sin esperar cambios fundamentales o radicales, sin sentirnos decepcionados por no encontrar una Olimpia de Gouges a la española. En cambio, deberíamos dar su justo valor a otros comportamientos más sutiles pero no menos significativos, como el ejemplo que da la propia Frasquita que, descaradamente, espeta a su marido, que le hace la indicación de quemar sus Rights of Women de su queridísima Mary Wollstonecraft para que haya paz en el matrimonio, que con mucho gusto lo hará una vez que él los haya leído (Milagros Fernández Poza, 2001). 20. Es con esta mirada atenta a los detalles, nada estridentes por lo demás, con la que deberemos calibrar el paso femenino por este periodo de la historia española, que, siendo observado atentamente, ofrece posibilidades para el comentario contrastado entre la continuidad y la ruptura, que forman parte, tanto una como otra, de una identidad femenina en construcción, al albur del nuevo marco político. 21. En primer lugar, las mujeres siguieron haciendo lo que sabían y solían hacer. Me refiero con ello, a que siguieron cultivando el mecenazgo y la promoción varonil que patrocinaban desde sus domicilios privados, abriendo salones, más bien tertulias, por aquello de no confundirse con el "gabacho", como explicaba Alcalá Galiano en sus memorias al decir que "en aquellos días, nadie en castellano hablaba de abrir salones, pero en cambio se iba a la tertulia". Son muchos los testimonios literarios que tenemos de esta costumbre arraigada aún en el Cádiz doceañista. El propio Alcalá Galiano, nos nombra, junto a otras, por su dispar significación política, las tertulias que convocaban la gaditana Frasquita Larrea, de signo servil y la jerezana Margarita de Morla y Virués, de signo liberal. Observando, con cierto afecto, ésta última, don Antonio carga las tintas en la personalidad de Frasquita a la que consideraba "literata y patriótica acérrima, pero de las que consideraban el levantamiento den España contra el poder francés como empresa destinada a mantener la nación española en su antigua situación y leyes, así en lo político como en lo religioso, y aún volviendo algo atrás de los días de Carlos III, únicos principios y sistemas, según su sentir, justos y saludables" (Alcalá Galiano, B.A.E., p.76 y ss.). También Galdós, hace en sus episodios nacionales mofa de esta actitud femenina, representando dos personajes que son el contrapunto de estas dos salonières. El personaje de Frasquita, que está dibujada con trazos muy poco disimulados, se llama igual, y de ella se dan datos biográficos fidedignos (se dice que es esposa del polígrafo alemán Nicolás Böhl de Faber y madre de la gran novelista española Cecilia Böhl, Fernán Caballero). También se alude y "la Morlá" o "Morla", de la que no se señala dato biográfico significativo. Igualmente, es posible considerar que una de las protagonistas del episodio Cádiz, doña Flora, pueda ser el alter ego de Margarita en la narración, por su identificación con el ideario revolucionario. Me interesa destacar, sobre todo, la opinión negativa que estos dos varones, liberales, de dos generaciones claramente separadas y distintas, proyectan sobre las anfitrionas de esta modalidad de sociabilidad donde las mujeres, aunque con todas las limitaciones que se quiera, tenían un papel reservado (Isabel Morant, 2003). Para Alcalá Galiano la imagen política de Frasquita es
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino 3. La variada respuesta de las mujeres http://seneca.uab.es/hmic 177 sencillamente retrógrada como hemos visto, pero, si bien Margarita, es amable pero tremendamente fea, cuando se manifiesta como ser pensante, es decir cuando adopta el fourierismo como doctrina política, sencillamente, se vuelve loca (Juan Luis Sánchez Villanueva, 2003). En el relato de Galdós, que está vitalmente algo alejado de los acontecimientos que describe, el hecho de que Doña Flora sea representada como una alcahueta no dice mucho en su favor. Recordemos, también, que para el padre Coloma la imagen de ambas, Frasquita y Margarita, tampoco sale muy favorecida que digamos, la última queda absolutamente ridiculizada por la manía de lucir los estrafalarios tocados que ella misma confeccionaba, en una mala imitación de los turbantes que solía llevar Mme de Staël. Es cierto que, entre los contemporáneos, Alcalá Galiano, Blanco White, el comentario es, quizás, más matizado. No podemos olvidar que ellos han sido animadores de tertulias. Los dos asistían a la que el poeta Quintana tenía en Sevilla antes de su traslado a Cádiz. 22. La postura de José Blanco White es meridiana al respecto y augura con sus comentarios en El Español el tiempo llegado en que se separare la cosa pública del recinto de lo privado, cuando, al referirse al sopor que producen las réplicas y contrarréplicas de un mismo diputado sobre un solo asunto, expresa su disgusto de que las Cortes "más parecen una tertulia que un congreso". De hecho, en este mismo tono de condena de lo que se cuece privadamente va a manifestar su contrariedad por el abuso que la Cámara hace de las sesiones secretas, deliberando "a puerta cerrada" asuntos que debían ser aireados públicamente (José Blanco White, 1990, 5968). Y es que a partir de estos momentos y en un futuro bastante inmediato se irá fraguando unas nuevas formas de conducción de la res publica, donde lo privado, lo particular, no tiene visos de continuar prosperando. La tertulia, tiene sus días contados frente a la nueva sociabilidad que procuran la logia masónica, la sociedad, secreta las más de las veces, dado lo proscrito en que se va a desarrollar el credo liberal en los primeros treinta años del XIX. Cuando la clandestinidad dé paso a la libertad de reunión: el café, el casino, el ateneo, el club político, el partido, finalmente, constituirán las formas de sociabilidad exclusivamente masculinas donde se dirime el camino de la política. 23. Las mujeres, en periodos de guerra, tampoco han eludido un papel arriesgado y activo en favor del bando donde militan sus hijos y sus maridos. Agustina de Aragón es el caso más famoso pero no el único ejemplo de heroicidad entre las españolas. Solo entre las zaragozanas, junto a la archiconocida Agustina de Aragón, las crónicas nos hablan del papel destacado de la Condesa de Bureta, de Casta Álvarez, de María Agustín, etc (Ana Aguado et alt., 1994, 341). Bajo el título significativo de Patriotismo y heroicidad de una española, el periódico liberal El Conciso, daba cuenta el 16 de marzo de 1811, del gesto generoso y arriesgado de Doña María Ángela de Tellería, de 26 años, natural de Elgueta (Guipúzcoa) que había conseguido liberar a soldados hechos prisioneros y conducidos a Durango, en julio de 1809, cuando iban a ser conducidos a Francia. El relato habla de que les llevó ropa de mujer con las que consiguieron despistar a los centinelas y, más tarde, tras recabar prendas y dinero del vecindario, y "vestida de hombre", se arriesgó a volver, llegando hasta los prisioneros que se fueron descolgando por una ventana. Uno de ellos, un capitán de carabineros reales tuvo el infortunio de lastimarse una pierna y ella le dio cobijo y lo mantuvo oculto. Esta "mujer fuerte" como se la califica en el texto, fue finalmente descubierta, perseguida por "400" hombres y hecha prisionera. Todas las presiones para que hiciera acto de delación fueron inútiles y un grupo de patriotas finalmente consigue liberarla. El rotativo gaditano, se congratula de que, después de un sin fin de peripecias, doña María Ángela haya llegado, por fin, a Cádiz, ciudad que sabe reconocer su patriotismo, y pasar por alto, de camino, la continuada trasgresión de su comportamiento, que, en cualquier otra circunstancia, habría sido censurado.
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 178 24. Las mujeres también manifiestan públicamente su opinión sobre la marcha de la guerra. La publicación, en la imprenta de Jiménez Carreño de un folleto, en el mes de agosto de 1811, con el título de Representación de las Damas españolas a Jorge 3º, rei de Inglaterra, sobre los vagos rumores acerca de la conducta del gobierno inglés, y de sus exércitos en la guerra de España, ocasionó un revuelo de enorme magnitud entre lo que llamaríamos hoy "la clase política" de entonces. Básicamente, lo que hacía el escrito era criticar, adjudicando sutilmente esta opinión a agentes napoleónicos, algunas de las maniobras bélicas realizadas por los ingleses, a los que se acusaba de falta de iniciativa y de interés para trabajar codo con codo con el ejército español, dejando caer alguna velada acusación sobre intereses británicos para no fomentar una beligerancia más acusada (en la mente de todos estaba que una España con dificultades dejaría de controlar con efectividad las colonias americanas). Algunas de las reacciones más furibundas contra el escrito fue la del ya mencionado Blanco White que descalifica la acción de las señoras en la Carta V de su alter ego, Juan Sintierra, que publicara en El Español, periódico que editaba desde su residencia en Inglaterra. No estamos en condiciones de identificar a las españolas que, supuestamente, escribieron la Representación y planea la sospecha de que fuera utilizada una máscara femenina para acusar, con mayor efectividad, la falta de hombría del ejército de su majestad británica. 25. Resulta curioso, sin embargo, que, en ningún momento, se cuestione la autoría femenina, hasta que las propias autoras, para salir airosas del embrollo en que se han metido, echan la culpa a un tercero, su secretario, que en un abuso de confianza dicen- , "escribió por sí y publicó atrevidamente los rumores ofensivos de que toma materia para su folleto". 26. Esto se hace en una segunda entrega que tiene el llamativo título de Declaración de las Damas Españolas sobre la Representación que a su nombre se ha hecho a S.M.B. sobre los vagos rumores acerca de la conducta del gobierno inglés y de sus exércitos en la guerra de España, publicado a los pocos días en la imprenta gaditana de Niel, Hijo. En esta nueva Declaración, las damas vienen a demostrar dos cosas: en primer lugar que conocen a la perfección la situación de la guerra y, en segundo término, que son capaces de tener una opinión, necesariamente política, sobre la misma. El escrito intenta restablecer las relaciones angloespañolas que la Representación ha dislocado. Se refutan, punto por punto, las acusaciones vertidas sobre la falta de iniciativa del ejército inglés y se expresa el deseo de colaboración y amistad con los ingleses. No obstante, en algunos párrafos, no deja de percibirse cierta insistencia en las ocasiones desaprovechadas que remiten al tono de queja del primer folleto y que deja al descubierto la maternidad del mismo, a pesar de ser negada insistentemente. 27. La era de la opinión pública se había abierto definitivamente con la proliferación de hojas volantes, folletos, manifiestos, catecismos sin cuento que conoció la etapa del primer liberalismo gaditano. Sin duda alguna, la expansión de la prensa y su orientación hacia las cuestiones políticas, marcó también una etapa de consolidación para la historia del periodismo en España, fomentando un medio de expresión, especialmente preservado, en principio, por el derecho constitucional, que, en adelante, iba a ayudar decididamente al intercambio de ideas y, a su vez, a la consolidación de redes de identidad política que facilitarían la configuración partidista del liberalismo español. 28. La relación de las mujeres con la prensa de la época, está aún por estudiar, pero empieza a ser conocido el eco que, en los papeles periódicos, tienen las gestas y actitudes patrióticas de mujeres como las que aquí estamos comentando. Otra cosa es hablar de la implicación femenina en la elaboración o edición de un medio de expresión que, tras el reconocimiento de la libertad de imprenta hecha por la Constitución, se ha de convertir en herramienta básica para la
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino 3. La variada respuesta de las mujeres http://seneca.uab.es/hmic 179 generación de opinión pública de una u otra tendencia política. Cádiz, con la publicación de La Pensadora Gaditana (1763-1764) redactada por Beatriz Cienfuegos, ha ofrecido uno de los primeros ejemplos hemerográficos posiblemente femeninos que tenemos en el país (Cinta Canterla, 1999). La explosión publicística de la Guerra de la Independencia también cuenta con algún ejemplo de interés. Tal es el caso de doña María del Carmen Silva que se hizo cargo del periódico liberal exaltado El Robespierre Español, mientras su marido estuvo preso por cuestiones de censura. También consta que en 1809, doña Eulalia Ferrer, por expresa indicación de su marido, se trasladó a Mallorca donde fundaría el Diario de Palma, permaneciendo a su frente hasta la fecha de regreso a la Península en 1811 (Mercedes Roig, 1977). En el periodo de las Cortes, también salieron a la luz pública periódicos dirigidos a las mujeres pero escritos y editados por hombres, una práctica que sería bastante común en la primera mitad del siglo XIX (Susan Kirkpatrick, 1991). Conocemos la existencia de El Correo de las Damas, publicado en la La Habana hacia 1811 (del 10 de abril al 4 de noviembre) en la Imprenta de Pedro Nolasco Palmer, donde, aparte de la redacción masculina, figuran dos colaboraciones femeninas, la de Amira Zelasgón, autora de un poema y la de Ramona Poneita, remitente de una carta (Inmaculada Jiménez Morell, 1992, 25-27). La edición de El Amigo de las Damas, entre el 1 y 13 de marzo de 1813, se produce en la Imprenta gaditana de Tormentaria, saliendo a la luz siete números (Beatriz Sánchez Hita, en prensa). Aparte de la consideración política de estas publicaciones, su adscripción o no al liberalismo, y el limitado protagonismo femenino que traslucen, es obvio que el constituirse como prensa especializada en cuestiones "femeniles" tiene el valor añadido de fijar y dar a conocer al público en general, el modelo de feminidad que se pretende pasar por óptimo, de modo que la prensa se augura ya como un medio de fijación de los roles femeninos que ha llegado sospechosamente de forma invariable hasta nuestros días (Mónica Bolufer, 1995; Marieta Cantos, en prensa). En términos generales, lo que esta prensa viene a optimizar es un discurso de la excelencia femenina compatible con la formulación expresa de la complementariedad de los sexos y la separación de esferas, todo lo cual bien puede identificarse con la postura más arriba citada como el discurso no de exclusión taxativa y sí de reconducción interesada del problema, una postura que sobradamente demostrará su solidez y flexibilidad, diluyendo o aplazando las críticas de muchas mujeres que, en las décadas centrales del siglo, simplemente retomarán la dirección de este tipo de periódicos pero sin cuestionar fundamentalmente sus contenidos (Iñigo Sánchez Llama, 2000). 29. En esta encrucijada, el protagonismo femenino ha de amoldarse a las exigencias de comportamiento en que queda codificado el patriotismo de las mujeres. Hasta aquí, hemos visto una variada gama de posibilidades, pero nos queda alguna actitud más que comentar. Es aquella que, independientemente de los motivos ideológicos que la mueven y la funcionalidad estrictamente acomodada a los roles de cuidado que le es pertinente, emula decididamente pautas de sociabilidad definitivamente consagradas como óptimas por el liberalismo. Me estoy refiriendo a la constitución pública de asociaciones, juntas patrióticas, que se dotan de un régimen estatutario, que organizan y distribuyen funciones entre sus asociados, que permiten una democracia interna en la elección de puestos y cargos, y que efectúan reuniones periódicas para resolver cuestiones de interés público. Dentro de esta modalidad de sociabilidad liberal, mayoritariamente masculina, también podemos tener ejemplos de alguna incursión femenina que, a diferencia del agrio debate suscitado en su momento para la admisión de mujeres en la Sociedad Económica Matritense, al que se han referido oportunamente los trabajos que nos han facilitado Isabel Morant y Mónica Bolufer, ahora no va ser cuestionada en su materialización. Todavía más, años más tarde, podemos toparnos con un cambio de actitud radical entre los varones que, llegados a un punto, no sólo no cuestionarán sino que alentarán y propiciarán la organización de este tipo de Juntas, como ocurre en Cádiz, hacia 1816 y vuelta a intentar en 1827, cuando finalmente termine por constituirse la Clase V de damas, adherida a la matriz
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Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 188 Selección de textos Prohibición de la presencia de mujeres en la Asamblea "Las Cortes Generales extraordinarias han acordado provisionalmente lo siguiente en cuanto a la concurrencia del público a las sesiones: Que se niegue la entrada a las mugeres, que no se admita al público sino en las galerías, que en las galerías se admitan los hombres sin distinción alguna, que el uso de la primera división de la galería baxa a la derecha del dosel quede a disposición del cuerpo diplomático extranjero" Real Isla de León, 26 de septiembre de 1810 El Conciso, 29-IX-1810 Desnaturalización del principio de igualdad entre hombres y mujeres "Convengamos, pues, amigo mío, en que la igualdad por naturaleza que nos presentan estos señores filósofos, es un sueño, y sueño de un frenético de quienes sabemos que tienen malísimas vueltas. La religión nos enseña todo lo contrario; pero aun cuando ella nada nos dijese, ¿necesitábamos nosotros más que extender los ojos de la misma naturaleza? Vemos en ella mujeres ¿Y quién será el loco que diga que son iguales a los hombres? ¿Quién el aturdido que no reconozca lo que San Pablo ha dicho que a ella no le corresponde dominari in virum; y que el varón caput est mulieris? La pequeñez y la finura de su cuerpo, la cobardía y cortedad de su espíritu, la vehemencia de su imaginación y la perpetua volubilidad de sus afectos, ¿no están pidiendo a gritos la protección, la dirección y la solicitud del hombre al mismo tiempo que su interés y amor?... Pues, señor, ¿dónde está la igualdad de nuestros sapientísimos filósofos? Yo no la encuentro sino en el infierno, ubi nullus ordo, sed sempiternus horror inhabitat". Fray Francisco de Alvarado, (Filósofo Rancio), Carta VI, de 27 de agosto de 1811, en Cartas Críticas, tomo I, Madrid, 1824, p.194. Los límites de la ciudadanía liberal "... si llevamos demasiado lejos estos principios de lo que se dice rigurosa justicia sin otras consideraciones, sería forzoso conceder a las mujeres con los derechos civiles los políticos y admitirlas en las juntas electorales y en las Cortes mismas". Actas de las Cortes de Cádiz, Sesión de 6 de septiembre de 1811, intervención de Muñoz Torrero. Recreación de las tertulias gaditanas que hace Galdós "- Verdaderamente, señor don Manuel [Quintana] dijo Amaranta-, eso de la soberanía de la nación, que han inventado ahora... anoche estaban explicándolo en casa de la Morlá, y por cierto que nadie lo entendía; eso de la soberanía de la nación, si se llega a establecer, va a traernos aquí otra revolución como la francesa, con su guillotina y sus atrocidades ¿No lo cree usted?" . "Señores dijo doña Flora-, la libertad de la imprenta es cosa que ha de darnos muchas jaquecas. ¿No han visto ustedes cómo se atreve El Revisor Político a ocuparse de mis tertulias, y de si van o no van a ellas filósofos y jacobinos? ¿Pues acaso entra en mi casa persona que no
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino Selección de textos http://seneca.uab.es/hmic 189 sea digna del mayor respeto? No se han atrevido esos pícaros diaristas a nombrarme; pero harto se conoce a quien va dirigido el dardo (...) - La alusión, señora doña Flora dijo un obispoha salido, sin duda, de la tertulia de Paquita Larrea, la esposa del señor Böhl de Faber. -¿Que más que escribir una sátira de la tal tertulia con mucha sal y pimienta, retratando a todos los que van a ella, y mandarla al Robespierre para que la estampe? añadió un pavo. - No quiero que se diga que la sátira se ha fraguado en mi casa dijo doña Flora-. En paz con todo el mundo es mi mote, y si a mis tertulias van tantas personas honradas y discretas, es por pasar el tiempo cultamente y no para enredos e intriguillas. - Es preciso defender la libertad de imprenta hasta en las tertulias dijo un obispo o un lechuguino, que esto no lo recuerdo bien. - En las trincheras es mejor repuso doña Flora-. No quiero reñir con Paquita Larrea, que si ella recibe a los Valientes, Ostolazas, Teneyros, a los Morros y Borulles, yo tengo el gusto de que vayan a mi casa los Argüelles, Torenos y Quintanas, y no porque los haya escogido en el haz de los que llaman liberales, sino porque casualmente concordaron en ideas" Benito Pérez Galdós. Episodios Nacionales. Cádiz, Edición de Historia 16, Caja Madrid, 1993, pp 45-46 y .130 Las damas españolas dan su opinión sobre la marcha de la guerra "Las Damas españolas se arrojan en vuestros brazos, y van a hablaros con más verdad que reina en todos los gabinetes (...) los agentes de Buonaparte pretenden inspirarnos odio a vuestra persona augusta, desconfianza en vuestro gobierno, y aversión a vuestros súbditos. Pintan a los caudillos de vuestras armas como ineptos, suspicaces, y asoladores de nuestro suelo atribuyéndoles mengua en las capitulaciones de Junot; desorden en la retirada de Moore; entorpecimiento después de la batalla de Talavera; indiferencia con Ciudad Rodrigo y Badajoz; inconstancia en Chiclana; inacción en la Albuhera; apatía y mala fe en los planes posteriores. Aun más denigran vuestro gobierno, atribuyéndole no solo tibieza hacia nosotros, sino ánimo de destruirnos, fomentando la insurrección de las Américas, y negándonos socorros en la península. Señor, los españoles tienen una sincera y firme confianza en V.M. pero es menester disipar estas invenciones de nuestros comunes enemigos ....." Representación de las Damas españolas a Jorge 3º rei de Inglaterra, sobre los vagos rumores acerca de la conducta del gobierno inglés, y de sus exércitos en la guerra de España. Extracto recogido en El Redactor General, 6 de agosto de 1811. Blanco White se incomoda e ironiza ante la postura las damas "Porque han de saber Vds. Que habrá como cosa de medio siglo que pasé una considerable parte de mi juventud en Cádiz, y aunque no conozco las tímidas bellezas que dirigen el memorial, todavía tengo presentes a algunas de las mamás que habrán mezclado en él sus temores y súplicas, y por vida mía que eran como soles, aunque entonces andaban a la amiga (...) Pues iba diciendo, o empiezo a decir, Señoras mías, que la representación me ha causado la mayor lástima del mundo; no porque yo crea que hay el menor motivo para que se angustien esos corazoncitos, sino porque según veo, los hombres deben estar tan ocupados en guerra y política, que olvidad a Uds. Y las dejan estar cavilando a solas todo el día (...)¿Cómo había yo de creer, repito, que si hubieran Vds. Consultado su representación con un español como los que yo conocí en mi tiempo, les había de haber dejado dirigirse, nada menos que al Rey de la Gran Bretaña para que les desvaneciese las dudas que según la representación misma, han excitado los agentes de Napoleón, acerca de la conducta e intenciones del gobierno británico (...) Por Dios, niñas (hubiera dicho quitándose
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 190 el habano de la boca), todo eso es changüí... Estense Vds. Quietas, y no vayan con esos cuentos a Inglaterra, porque dirán que acá alborotamos a nuestras mujeres con chismorrerías, o que las echamos adelante como cuando se empieza un motín" "Carta V. A las damas españolas", en José Mª Blanco White, Cartas de Juan Sintierra. Crítica de las Cortes de Cádiz, Edición e Introducción de Manuel Moreno Alonso, Sevilla, Universidad, 1990, pp.88-90. Las damas niegan la autoría de la Representación y hacen su propia Declaración. "Las Damas españolas han leído el papel que a su nombre se ha publicado en Cádiz en estos días, impreso en la imprenta de Carreño. Declaran pública y solemnemente a V.M. a su gobierno, a su nación, y a sus heroicos militares en España que el autor de este escrito escribió por sí y publicó atrevidamente los rumores ofensivos de que toma materia para su folleto. Este intruso apoderado nuestro se olvidó al escribir su papel no solo de la generosidad de nuestro carácter, sino también de los efectos que necesariamente iba a producir su temerario e imprudente empeño. Desde este mismo instante ha conseguido de parte de nosotras la irritación, y Dios quiera que de parte de V.M. el desprecio (...) Así pues, no queremos, señor, que se nos repute a las damas españolas como autoras de un papel que denigra nuestro sexo, no solo en el concepto de las damas inglesas, sino también de las portuguesas. Muy distantes de querer fomentar injuriosamente la desunión a que conspira ese folleto, y así como la batalla de la Albuhera resplandeció brillantemente entre los soldados de las tres potencias aliadas la hermandad más envidiable, así unido nuestro corazón al de nuestras amigas y aliadas, desmentiremos en todo el tiempo la falsedad de nuestro caviloso carácter. Si la masa masculina de nuestros españoles ya ha gravado (sic) en su corazón el reconocimiento a los servicios que la nación británica ha hecho y está haciendo a la España y Portugal hasta derramar su sangre en abundancia en nuestros campos de batalla, que es a cuanto puede llegar su sacrificio, la masa femenina que lo observa por sus ojos ¿Cómo puede dexar de hacer lo mismo?... Prudencia escritores, prudencia españoles, la terrible lid está empeñada, la unión ha de salvarnos, ¿Queréis patria y ser libres? ¿Queréis rey y religión? No lo esperéis sin el poder unido de Inglaterra: ¿Queréis también américas? Con la unión no os faltarán por más esfuerzos que haga la parcialidad de revoltosos. Este es el concepto de vuestras esposas, de vuestras hijas, de vuestras hermanas. Así piensa, Señor, la gran masa de las Damas y ciudadanos españoles, así nuestro prudente gobierno, así el Congreso augusto de la monarquía española" Declaración de las Damas Españolas sobre la Representación que a su nombre se ha hecho a S.M.B. sobre los vagos rumores acerca de la conducta del gobierno inglés y de sus exercitos en la guerra de España, Cádiz, Imprenta Niel Hijo, 1811. Las damas fundan su Junta patriótica y son arengadas por su presidenta "Señoras: empecemos pues nuestras tareas: distribuyamos nuestros trabajos: no nos detenga la dificultad de la empresa. Ella es grande, es verdad; pero también es grande el bien que nos prometemos: pongamos siempre nuestras miras en la satisfacción que nos resultará de ver vestidos a los soldados; ellos mismos nos llenarán de alabanzas, y nuestros corazones quedarán con el dulce placer que resulta a las almas grandes y sensibles de aliviar a los que a costa de su vida nos están defendiendo: seamos útiles a la Patria, y ya que la debilidad de nuestras fuerzas física nos impide tomar parte activa en la defensa de nuestra Nación, empleemos al menos nuestras fuerzas morales, alentando con nuestros cuidados y con nuestra tierna influencia al soldado que ha de hacer frente al enemigo, rodeado de fatigas y privaciones (....) Consideremos
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino Selección de textos http://seneca.uab.es/hmic 191 estas verdades y penetradas de estas ideas, convirtamos nuestras casas en talleres de vestuario para la tropa. En adelante nuestras manos no deberán emplearse en otra cosa que en las útiles y respectivas a las necesidades del exército y de los que sufren en los hospitales. Tal es, Señoras, el objeto de la Sociedad. (...) La íntima fraternidad entre todas las socias, el zelo y actividad nos harán acreedoras a la benevolencia pública, y a que tal vez algún día la Patria pueda poner entre los fastos gloriosos de su santa Revolución, la heroica piedad de las Señoras de la Sociedad Patriótica de Fernando VII. Cádiz, 19 de noviembre de 1811. F. La Marquesa de Villafranca. En la apertura de la Sociedad Patriótica, la Excelentísima Señora Marquesa de Villafranca, su Presidenta, dixo lo siguiente, Cádiz, Imprenta de Josef Antonio Niel, hijo, 1811. Refrendadas por la Regencia la Junta Patriótica en su oración inaugural amplía su esfera de acción "...pues no basta la generosidad de las Señoras de este Ilustre Pueblo, que a pesar de tantos sacrificios como exigen de ellas las circunstancias en que se halla, sin comercio, llevando sobre sí la mayor parte de las cargas de la guerra y reducido su término a solas dos leguas, se han prestado todas a contribuir tan exemplar y generalmente, que más de una vez han visto las Señoras que han formado la subscripción a la mendiga extender su mano trémula por la edad y las enfermedades para depositar en las de las Señoras el precio miserable del sustento que le adquirió su afán y su rubor: sacrificio precioso que honrará la Patria con su eterno reconocimiento, siendo muy dignas de él las Señoras emigradas, que unas en el seno de la misma Junta, y otras por subscripciones, todas concurren a la realización de un plan, de que somos deudoras a su digna fundadora, y que por su tamaño sería impracticable si no contáramos con la generosidad y patriotismo de las personas de nuestro sexo en ambas Américas, bien persuadidas de que emulando nuestros compasivos afanes en auxilio de los generosos defensores de la Religión, del Rey y de la Patria (y más favorecidas de la naturaleza y de la suerte), participarán con nosotras la muy feliz de cubrir la desnudez de nuestras tropas, consagrando a este efecto por contribución periódica o donativos las cantidades de dinero o frutos que estuvieren a su alcance. A esto se dirigen nuestras súplicas, que no oirán con indiferencia las almas sensibles y compasivas de las Señoras de América, y los mares que nos separan no serán bastantes a estorbar la reunión de nuestros patrióticos esfuerzos. Cádiz, 3 de enero de 1812 . Secretaria María Loreto Figueroa y Montalvo Memorial de la Sociedad Patriótica de Damas de Fernando VII, A.H.M.C. El gobierno reconoce la labor de las damas y promete contribuir con recursos "... jamás el gobierno se arrepintió de haber confiado la distribución de sumas cuantiosas a la ilustrada caridad de las Señoras consagradas al servicio de la menesterosa y afligida humanidad (...) sería reo de un silencio criminal si no dixese la generosa empresa que acometieron varias señoras de Madrid ofreciendo cortar y coser todas las camisas de que necesitase el exército en ahorro de media vara de tela en cada una y del coste de sus hechuras. No es sólo Madrid el terreno en que las delicadas manos del bello sexo han cultivado la preciosa planta del amor a la patria: en todos los lugares de la península y de la América, y de todas clases, recoge la historia pruebas de patriotismo que trasmitirá a la posteridad para exemplo, y para convencer de la injusticia con que se ha querido reducir la capacidad de las mugeres al reducido círculo de las humildes y caseras ocupaciones (...) sin dexar de atender otras demandas que se me han hecho con el mismo laudable objeto, destinaré en obsequio de los deseos de V.S.
Mujeres y ciudadanía. del antiguo régimen a la revolución liberal http://seneca.uab.es/hmic 192 la cantidad que permitan las circunstancias (...) Aprovecho esta ocasión para suplicar a V.S. que ofrezca mis respetos a los pies de las Señoras de la Junta Patriótica, y mi profunda veneración por sus virtudes públicas... Pedro Ceballos, Secretario de Estado, Cádiz 27 de enero de 1812 El Redactor General, 11-II-1812. Terminada la guerra, ellas piden su disolución y el rey reconoce sus méritos públicamente "Habiendo dado cuenta al Rey de la solicitud de esta Junta patriótica de Señoras que al mismo tiempo que añade una prueba de amor a su Real persona en el voluntario donativo de quince zurrones de añil pide su real beneplácito y licencia para disolverse; S.M. que siempre ha considerado como una de las acciones que tienen mayor derecho a su soberana gratitud la institución oportuna de dicha Junta, que en tan críticas circunstancias cupo distinguirse con servicios en que tan noblemente brillan la lealtad, generosa bizarría y amor patriótico acreditados por las matronas españolas en los casos de mayor conflicto; se ha servido conceder dicha licencia en atención a haber ya felizmente cesado las circunstancias que motivaron su reunión. Pero no queriendo S.M. que se pierda ni la memoria ni el provechoso exemplo de tan útiles servicios se ha dignado resolver que en la Gaceta de la Corte se haga mención honorífica de las circunstancias que tanto la recomiendan; y para que las Señoras que compusieron dicha Junta conserven un testimonio de lo aceptas (sic) que han sido a S.M. sus patrióticas tareas, se ha dignado concederlas la preeminencia de poder usar, con el traje serio o de ceremonia, la cifra de su Real nombre que eligieron por advocación de su Junta, la que llevarán esmaltadas en un brazalete de oro ceñido al brazo izquierdo y cuyo diseño y dimensiones tiene S.M. la benigna complacencia de permitir al gusto y dictamen general de ellas mismas. Al mismo tiempo S.M. se ha dignado admitir graciosamente el donativo de los quince zurrones de añil por el qual me manda S.M. manifestar a la Junta, como en su Real nombre lo hago, su soberano agrado y benevolencia... Pedro Ceballos, Secretario de Estado, Madrid, 15 de julio de 1815 Memorial de la Sociedad Patriótica de Damas de Fernando VII, A.H.M.C, Una aldeana española a sus patricias Una vez fue noble la inercia de nuestra Nación, pues más noble es el reposo que una vana agitación por intereses mezquinos. Pero hoy que el entusiasmo patriótico se ha despertado y que combatimos por nuestra Religión, nuestra independencia y por el Rey que Dios nos ha dado; hoy que podemos desplegar las virtudes que la naturaleza ha vinculado a nuestra Patria; hoy, en fin, nos será fácil levantarnos del abatimiento en que el mundo entero nos ha visto abismado. No nos aterren las armas del desolador universal, no nos acordemos de las victorias que más ha debido a sus ardides que al valor de su brazo. Los españoles no se compran. Y nosotras españolas usemos también las armas que nos son propias. Recordemos a nuestros esposos e hijos sus obligaciones. Pintémosles las dulzuras de una muerte en defensa gloriosa de su Religión y Patria; comparémoslas con la ignominia de una vida esclava y de una vil conformidad con un sistema cuyos ardides confirman su infamia; desterremos la timidez de
DEBATS-2003 ISSN 1696-4403 Gloria Espigado Tocino Selección de textos http://seneca.uab.es/hmic 193 nuestros corazones, elevando nuestra alma a aquella altura desde la cual se ve esta vida como un pasaje hermoseado únicamente por nuestras virtudes. ¿Y cuál sería la española que respetase hombres que se dejasen avasallar o por el temor de la muerte o por el bajo interés de la ambición personal?... Esos hombres miserables también venderían la virtud de sus esposas... Y entonces ¿Cuál sería nuestra suerte?... Clamemos pues, con voz de ángeles, que la victoria es nuestra, el Dios de los ejércitos es nuestro Caudillo, que el alma del valiente "crece cuando combate", "que las dudas son traidoras", que nuestra causa es la del que "va y camina por cima de los mares más hinchados", que el alma calculadora es como el vapor de la fangosa laguna que no se eleva hasta la verde colina por temor de los vientos, y en fin que el Todopoderoso y Justo, por sus altas miras, permite que momentáneamente seamos vencidos, su mano nos abre las puertas del cielo ¡Morir o vencer, Españoles! ¡Rogad y persuadid, Españolas! Frasquita Larrea, 10 de julio de 1808. Antonio Orozco Acuaviva, La gaditana Frasquita Larrea. Primera Romántica Española, Cádiz, 1977, pp.260-261. Fernando en Zaragoza. Una visión "Una turba que se llama liberal por antonomasia, esparce opiniones que a no ser hijas de una exaltación desmedida, deberían considerarse como abortos de la perfidia. Estos insensatos, sin más estudios que el pacto social, sin más criterio que el de sus pasiones, y sin más voces que las aprendidas en el diccionario de la revolución francesa, procuran debilitar el antiguo carácter de la nación, sustituyendo frases vacías y altisonantes a pensamientos llenos y robustos, libertad de conciencia al respeto con que sus mayores veneran las decisiones de la iglesia, la petulancia de la pluma al valor de la espada, la mezquina y fría vanidad al santo orgullo de la virtud, el libertinaje al amor, y el interés propio (única cosa en que tienen sustancia) al bien general" Frasquita Larrea, 1814, Imprenta Niel Hijo. Antonio Orozco Acuaviva, La gaditana Frasquita Larrea. Primera Romántica Española, Cádiz, 1977, p. 305. Contestación a la censura "Llevada de los impulsos de una fantasía ardiente y del amor a una Patria idolatrada, me complacía en aquellas imágenes gloriosas que suscitaba la unión de Fernando, Zaragoza, Religión y patriotismo. Sabía que, entre los españoles, unos alababan, otros censuraban la Constitución; veía todos los días impresos que unos celebraban las instituciones modernas, otros las criticaban; había entendido que el artículo 371 de la Constitución permitía la publicación ilimitada de ideas políticas. Sin más estudio escribí sencillamente y sin ironía, no tanto mi opinión (qué esta podía parecerme dudosa) sino lo que había oído en Inglaterra, Francia y Alemania a hombres de letras, lo que había leído en autores estimados y lo que coincidía con mis deseos de conciliar los extremos que la mayor parte de los papeles públicos declaran existentes" Frasquita Larrea, 9 de mayo de 1814. Antonio Orozco Acuaviva, La gaditana Frasquita Larrea. Primera Romántica Española, Cádiz, 1977, p. 308.
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