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Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino en la ciudad de a Coruña entre 1900 y 1960

Mirás Araujo, Jesús

Abstract

El artículo se centra en la evolución de la población activa en la ciudad de A Coruña durante la primera mitad del siglo XX. El objectivo principal es mostrar la elevada presencia de los servicios de bajo nivel de cualificación y en particular del servicio doméstico.

Full text

DOSSIER-2003 ISSN 1696-4403 Jesús Mirás Araujo Resumen / Resum / Abstract http://seneca.uab.es/hmic 21 Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino en la ciudad de a Coruña entre 1900 y 1960 Jesús Mirás Araujo (Universidade da Coruña) Resumen / Resum / Abstract El artículo se centra en la evolución de la población activa en la ciudad de A Coruña durante la primera mitad del siglo XX. El objectivo principal es mostrar la elevada presencia de los servicios de bajo nivel de cualificación y en particular del servicio doméstico. / L'article se centra en l'evolució de la població activa a la ciutat de A Coruña durant la primera meitat del segle XX. L'objectiu principal és mostrar l'elevada presència dels serveis de baix nivell de qualificació i en particular del servei domèstic / The article focus on the active population evolution in the city in A Coruña during the first half of the 20th century. The main objetive is to show the high presence of the low level services and particularly of the domestic service. Palabras clave / Paraules clau / Key Words A Coruña, cualificación, población activa, servicio doméstico femenino. / A Coruña, qualificació, població activa, servei domèstic femení. / A Coruña, qualification, active population, female domestic service. Introducción 1. El trabajo se centra en la evolución de la población activa en una ciudad española de rango intermedio durante la primera mitad del siglo XX. El objetivo principal es mostrar la elevada presencia de los servicios de bajo nivel de cualificación, en particular del más significativo de ellos, el servicio doméstico, un sector de actividad que recientemente ha recibido una creciente atención (Giles 2001; Meldrum 2000, 1998; Saptari 1999; Drake 1999; Dubert 1999; Sarti 1997; Fauve-Chamoux 1998; Tinsman 1992; Arru 1991). 2. Uno de los obstáculos metodológicos más serios para el análisis reside en la ocultación, invisibilidad o distorsión del rol y funcionalidad del trabajo femenino (Sarasúa 2000: 79; Soto 1984: 296), un fenómeno presente durante el siglo XIX y principios del XX (Hudson y Lee 1990). En particular, el servicio doméstico como categoría laboral se encontraba entre la invisibilidad del trabajo doméstico y la economía “sumergida”. Además, el trabajo doméstico ha tenido que padecer la lacra de su escasa consideración social (Borderías 1991: 107; Glenn 1992), de tal manera que el servicio doméstico parece haber heredado su infravaloración, a pesar de tratarse de un empleo (mal) remunerado. La evolución demográfica general 3. A Coruña era a principios del siglo XX la ciudad más importante de Galicia, con 43,971 habitantes en el año 1900. Sin embargo, esto sólo le sirvió para ocupar una posición intermedia dentro de la jerarquía urbana española, que osciló entre las posiciones 15ª y 18ª durante la Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino http://seneca.uab.es/hmic 22 primera mitad del siglo. A pesar de todo, la ciudad experimentó un notable crecimiento demográfico, que se explica principalmente gracias a la inmigración procedente del entorno rural próximo desde la segunda mitad del siglo XIX, siguiendo el patrón de la mayoría de las ciudades españolas intermedias (Delgado 1995). 4. Se ha estimado que alrededor del año 1900 únicamente un 52,16 % de la población urbana había nacido en la ciudad. La influencia de A Coruña se extendía al hinterland más próximo, de tal manera que los principales flujos inmigratorios procedían de los municipios más cercanos, aunque su influjo se extendía también hacia el resto de la provincia, pues alrededor de un 28,34 % de la población en 1900 había nacido en la provincia de A Coruña (Blanco 1996: 150-151). Todo esto tuvo un profundo impacto sobre el mercado laboral urbano, debido a los efectos que desencadenó sobre la estructura por edad y sexo de la población, particularmente sobre la población activa, a través de un mayor crecimiento del número de hombres que de mujeres, especialmente durante las etapas de más intenso flujo inmigratorio. 5. La población en su conjunto, y en especial la población activa, era joven. Esto permitía que la población activa en 1900 únicamente representase el 43,28 % de la población total, llegando incluso a disminuir en las décadas siguientes1. Por tanto, la población inactiva superaba claramente a la población activa. Pero, en realidad, la principal “responsable” de este fenómeno era la población femenina, pues el total de mujeres que no trabajaban o se dedicaban a las tareas domésticas era elevado2. 6. La explicación de este fenómeno tiene que ver con el hecho de que la mujer todavía no había alcanzado un status laboral equivalente al del hombre (Nash 1984), aun cuando el trabajo femenino en A Coruña era muy importante para el sostenimiento de muchos unidades familiares (Pereira 1992: 46). Además, el mercado laboral establecía reglas de acceso selectivas, lo que dificultaba su entrada al mismo. Por otro lado, como veremos, las mujeres estaban especializadas en actividades no avanzadas dentro del sector terciario, con la única excepción de algunas industrias (tabaco, algunas manufacturas, pesca, etc.). 7. El sector económico dominante en la ciudad era el terciario3. Sin embargo, esto no constituye necesariamente un signo de modernidad, pues en este sector existía una marcada dualidad entre los servicios modernos y otros servicios más típicos del Antiguo Régimen, un rasgo común a la economía española en su conjunto. Por un lado, existían servicios avanzados, tales como los financieros, de gestión, las profesiones liberales, etc., en los cuales la presencia masculina era abrumadora. Por otro, encontramos los servicios de baja cualificación, en los que sí existía una destacada participación femenina. Estos estaban constituidos fundamentalmente por comercio, administración, fuerzas de seguridad, hostelería, etc., y por los servicios domésticos, personales y similares, los cuales tenían un un peso muy importante, al igual que ocurría en la mayoría de las ciudades españolas (González 1982: 97-99)4. 1. La población activa evolucionó del siguiente modo: 1900 = 43,28 %; 1910 = 40,08 %; 1920 = 36,44 %; 1930 = 39,16 %; 1940 = 38,99 %; 1950 = 40,53 %; 1960 = 37,43 %. La población inactiva: 1900 = 56,72 %; 1910 = 59,92 %; 1920 = 63,56 %; 1930 = 60,84 %; 1940 = 61,01 %; 1950 = 59,47 %; 1960 = 62,57 %. 2. La población inactiva femenina representaba los siguientes porcentajes: 1900 = 69,91 %; 1910 = 74,83 %; 1920 = 83,15 %; 1930 = 78,63 %; 1940 = 83,85 %; 1950 = 80,45 %; 1960 = 82,12 %. 3. En 1900, el terciario representaba el 50,97 % de la población activa, frente al 30,76 % del sector secundario y el 18,27 % del primario. En los años siguientes, el terciario osciló entre el 46,20 % de 1920, y el 55,24 % de 1940. DOSSIER-2003 ISSN 1696-4403 Jesús Mirás Araujo Las principales actividades socioprofesionales. El servicio doméstico http://seneca.uab.es/hmic 23 Las principales actividades socioprofesionales. El servicio doméstico 8. Las distintas categorías empleadas por los Censos de Población para clasificar a los habitantes de la ciudad muestran una gran estabilidad a lo largo del tiempo. Además de la numerosa presencia de las tareas domésticas, casi siempre femeninas (denominadas miembros de la familia), y de la población menor de edad (todos ellos conjuntamente, población inactiva, cuyos agregados representaban en torno al 60 % del total de la población entre 1900 y 1960), descubrimos las actividades profesionales y las diferentes actividades industriales. A continuación, la siguiente posición la ocupaban varias actividades del sector servicios, dentro de las cuales los servicios domésticos y personales sobresalían numéricamente, seguidos del comercio, administración, fuerzas armadas, policía y transportes. 9. El servicio doméstico era un tipo de actividad dependiente y no autónoma para las mujeres, que constituyó hasta el siglo XX la alternativa laboral que agrupó en un mayor porcentaje a la población femenina. El servicio doméstico desempeñó simultáneamente tres roles distintos. En primer lugar, el/la trabajador/a satisfacía ciertas necesidades materiales, tales como la compra y elaboración de la comida, la limpieza y el mantenimiento general del hogar. En segundo lugar, se hacía cargo del cuidado, educación y alimentación de los niños. Y, finalmente, otra importante tarea era el desempeño de múltiples servicios que contribuían a mejorar la calidad de vida y el bienestar de sus beneficiarios (Sarasúa 1983: 25). 10. En España, a principios del siglo XX, el menor nivel de industrialización y de desarrollo económico en comparación con el entorno occidental influyó en la participación laboral de la mujer. Dentro del sector terciario, el servicio doméstico constituía una de las actividades laborales tradicionalmente más desarrolladas por las mujeres, e indudablemente era la más importante desde un punto de vista cuantitativo, pues representaba el 72,6 % del total de trabajadoras del sector servicios, sobrepasando el conjunto de empleos en la industria (González 1982: 97-99). 11. El servicio doméstico fue durante décadas el más numeroso subsector de actividad para las mujeres de A Coruña, con una gran diferencia con respecto a otras formas de empleo (la única excepción era la fábrica de tabacos). Aunque las mujeres no monopolizaban el servicio doméstico, sí constituyeron la inmensa mayoría a lo largo de todo el siglo, una vez que el servicio doméstico había experimentado un importante proceso de “feminización” a lo largo del siglo XIX (Nielfa 2001: 5). El censo del año 1900 muestra un total de 2.867 trabajadores (el 6,44 % de la población total), de los cuales 197 eran hombres y 2.670 mujeres, es decir, el 0,98 % de la población masculina y el 10,94 % de la población femenina, véase el cuadro 1. 4. El sector industrial tenía un peso considerablemente menor, aunque existía una destacada presencia de las mujeres en determinadas actividades manufactureras. Esto se explica por la existencia de algunas fábricas que concentraban una elevada proporción de la población laboral femenina. La más importante, indudablemente, la fábrica de tabacos y, en menor medida, ciertas actividad vinculadas con la industria pesquera (conserva, hielo, etc.) (Mirás 1995). Cuadro 1: Principales actividades socio-profesionales en A Coruña en 1900 (% población total) Hombres Mujeres Edad < 12 12-29 20-39 40-59 > 60 Total < 12 12-29 20-39 40-59 > 60 Total Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino http://seneca.uab.es/hmic 24 12. En 1930, el porcentaje del servicio doméstico había descendido al 5,28 % de la población total (véase el cuadro 2 y cuadro 3). Dubert (1999: 210) ha demostrado que el porcentaje de la población urbana ocupada en el servicio doméstico en Galicia no difería significativamente del de otras áreas urbanas europeas durante este período. El número de sirvientes disminuyó en las áreas urbanas gallegas hacia la primera década del siglo XX. Este declive ocurrió tanto en las ciudades tradicionales (Santiago, Ourense o Lugo), como en aquellas caracterizadas por un desarrollo endógeno más dinámicos, tales como A Coruña o Vigo... Agricultura, pesca, etc. 0,02 8,55 18,46 27,39 28,29 13,92 1,76 2,64 5,39 6,97 2,88 Industrias diversas 0,19 17,58 16,82 17,86 10,50 11,95 0,29 17,37 16,40 15,89 8,03 11,91 Comercio 0,02 7,08 9,61 10,29 7,28 6,50 1,02 2,14 4,82 4,21 2,22 Policía y fuerzas militares 4,01 25,24 8,47 0,99 10,98 0 Servicios domésticos y personales 0,02 1,05 1,60 1,18 1,08 0,98 0,04 8,04 20,38 10,63 7,69 10,94 % TOTAL 0,25 38,27 71,73 65,19 48,14 44,33 0,33 28,19 41,56 36,73 26,9 27,95 Cuadro 2: Principales actividades socio-profesionales en A Coruña en el año 1930 (% sobre la población masculina) Hombres Edades < 15 16-20 21-25 26-30 31-35 36-40 41-45 46-50 51-60 > 60 Total Tabaco 0,08 0,13 0,34 0,14 0,11 0,12 0,22 0,17 0,09 Industrias diversas 1,42 26,88 26,60 39,21 37,16 35,27 32,84 34,79 33,87 30,99 21,44 Navegación 0,07 2,46 4,91 7,35 7,82 7,97 9,87 6,69 4,63 2,82 3,76 Comercios diversos 0,65 6,62 5,27 7,35 8,71 8,49 8,55 8,21 6,77 4,23 4,73 Servicio doméstico 0,08 0,86 0,49 0,59 0,3 0,42 0,40 0,61 0,52 0,79 0,39 Ejército 0,10 10,41 31,33 4,65 4,83 5,96 6,08 3,65 3,97 0,73 6,48 % TOTAL 2,32 47,23 68,68 59,28 59,16 58,25 57,85 54,07 49,98 39,73 36,89 Cuadro 3: Principales actividades socio-profesionales en A Coruña en el año 1930 (% sobre la población femenina, y totales) Mujeres Edades < 15 16-20 21-25 26-30 31-35 36-40 41-45 46-50 51-60 > 60 Total Total Tabaco 0,05 1,74 3,47 3,47 3,01 1,96 2,17 10,50 12,02 2,96 1,62 Industrias diversas 0,39 3,92 2,61 2,54 2,75 3,44 3,29 4,43 3,30 2,23 2,28 11,20 Navegación 0,00 1,75 Cuadro 1: Principales actividades socio-profesionales en A Coruña en 1900 (% población total) DOSSIER-2003 ISSN 1696-4403 Jesús Mirás Araujo Las principales actividades socioprofesionales. El servicio doméstico http://seneca.uab.es/hmic 25 13. Sin embargo, estaban ocurriendo algunos cambios, tal vez superficiales, pero que estaban dando lugar a una sociedad más abierta y más cercana a los nuevos patrones de las sociedades europeas (Nielfa 1999: 63). Estos cambios de actitud y de mentalidad no fueron inmediatos, sino más bien llegaron como resultado de pequeños pero progresivos pasos, de tal modo que la Segunda República significó una brisa de aire fresco en la monolítica y rancia sociedad española de la época (Nielfa 1999: 73; Freire 1973: 92). 14. Para 1960 no disponemos de datos desglosados referidos al servicio doméstico, dado que el censo presenta una categoría denominada “servicios oficiales, públicos y personales”. Por esta razón, se ha consultado el censo de 1950, que definía otra categoría denominada servicios domésticos, personales y similares, un concepto que totalizaba el 7,13 % de la población total, 3,83 % de los hombres, y el 9,92 % de las mujeres (véase el cuadro 4). Como se puede observar, a pesar de ser no ser epígrafes plenamente comparables, las cifras de sirvientes eran todavía elevadas, lo que se explica por los acontecimientos que presidieron la historia española durante los años treinta. 15. Después de la Segunda Guerra Mundial, estaba todavía en vigor el típico modelo de mujer dedicada exclusivamente a su marido y a las necesidades y cuidado de los niños, una mujer que se dedicaría a las tareas domésticas, y que no se preocuparía demasiado de lo que ocurriese fuera del hogar, dado que esto no se consideraba excesivamente femenino (Nielfa 1993: 59. Pero en España, después de la Guerra Civil, varias circunstancias distorsionaron el rol Comercios diversos 0,02 0,58 0,58 0,46 0,65 0,58 0,53 1,06 0,72 0,42 0,42 2,43 Servicio doméstico 0,95 18,5 19,7 15,87 11,3 11,78 10,49 11,12 8,85 6,40 9,52 5,28 Ejército 0,00 3,01 % TOTAL 1,36 23,05 24,63 22,34 18,17 18,81 16,27 18,78 23,37 21,07 15,18 25,29 Cuadro 4: Grupos de actividad profesionbal en a Coruña en 1950 (% sobre la población total) Hombres Mujeres Total Profesionales técnicos y afines 2,72 0,91 1,74 Administrativos de dirección y oficinas 9,62 1,55 5,25 Trabajadores dedicados a la venta 5,13 1,32 3,07 Agricultores, ganaderos, pescadores, cazadores, madereros 6,67 0,11 3,12 Minería y canteras 0,10 0,00 0,05 Conducción vehículos, locomotoras, barcos y aviones 3,15 0,00 1,45 Artesanos y jornaleros 29,48 5,71 16,61 Servicios de protección (excluidas las fuerzas armadas) 0,60 0,03 0,29 Personal de servicios domésticos, personales y análogos 3,83 9,92 7,13 Militares profesionales 3,98 0,00 1,83 % TOTAL 65,28 19,55 40,52 Cuadro 3: Principales actividades socio-profesionales en A Coruña en el año 1930 (% sobre la población femenina, y totales) Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino http://seneca.uab.es/hmic 26 de las mujeres en el mercado laboral. Por un lado, las tremendas dificultades socioeconómicas de la posguerra, agravadas por el aislamiento internacional. Por otro, las características propias de un régimen autoritario y conservador en extremo (Casas y Sallé 1988: 110), que derogó la legislación igualitaria desarrollada por la República5. Además, ante las dificultades para emigrar hacia el exterior, se inició un éxodo rural que llevó a las mujeres españolas hacia el servicio doméstico y otros trabajos eventuales en las ciudades. Por este motivo, todavía en estos años descubrimos unas cifras tan elevadas en este sector6, aunque a partir de entonces, y de forma progresiva, fue disminuyendo el número de mujeres de servicio en los hogares españoles7. 16. Varias son las razones que explican esos elevados porcentajes de sirvientas en la sociedad coruñesa de la primera mitad del siglo XX. Las causas se suelen agrupar en dos categorías, comúnmente denominadas factores de expulsión y de atracción8. Dentro de los primeros, lo cierto es que el mercado laboral gallego no era lo suficientemente amplio ni variado como para garantizar una oferta de puestos de trabajo en sectores productivos distintos del agropecuario. Por ello, A Coruña actuó como agente succionador de la población regional, porque la procedencia de la mayoría de las sirvientas era fundamentalmente rural. El porcentaje más elevado de éstas había nacido en los municipios más cercanos, seguido de las nacidas en el resto de la provincia, y, secundariamente, del resto de la región (Blanco 1996: 149)9. Por tanto, la movilidad geográfica era notable. Por lo general, se trataba de emigraciones individuales, que se realizaban a edades muy tempranas, procedentes de familias de características económicas precarias, con escasas posibilidades de progreso socioeconómico en el entorno rural en el que les había tocado vivir (Blanco 1996: 145)10. 17. Las mujeres emigraban, por tanto, impulsadas por la pobreza rural. Estas campesinas se desplazaban a un medio desconocido, a engrosar las filas del mercado informal (Meagher 2000: 9), principalmente como empleadas domésticas, pero procedentes de un horizonte desde el que era difícil obtener información precisa acerca de su futuro destino. De este modo, el servicio doméstico se erigía como una válvula de escape. 5. En un intento de luchar contra el proceso de emancipación de las mujeres que las autoridades creían que ya se había producido con anterioridad (Nielfa 1999: 73). El ejemplo más evidente fue el Fuero del Trabajo, aprobado en 1938, que establecía que el Estado habría de “libertar” a la mujer casada del taller y de la fábrica. A partir de ahí, surgió una legislación laboral discriminatoria en función del sexo (Nielfa 1993: 6). 6. Para Carreras (1989: 31) en la posguerra se asistió a una “edad de oro del servicio doméstico” en España, que acompañó a un crecimiento artificial de los servicios, sobre todo aquéllos vinculados al Estado. Según Vilà y Capel (1970: 155), en 1950 el servicio doméstico todavía representaba un tercio de la población activa total española dentro del sector terciario. 7. Los factores que explican su paulatino declive fueron la progresiva elevación de los salarios, la introducción de los electrodomésticos, y la consiguiente mecanización de muchas de las tareas del hogar, el predominio creciente de viviendas urbanas de tamaño pequeño, la reducida valoración social por parte de las propias empleadas, etc. Así, quedaron reducidas a grupos sociales reducidos y elitistas (Serrano 1997). 8. Flecha (2001) discrepa de la visión tradicional, en el sentido de que considera que la oferta y la demanda no fueron los únicos indicadores que regularon el acceso de la población femenina a las distintas profesiones. Las mujeres estuvieron sometidas a una discriminación en razón de su sexo, bien por las condiciones en que los trabajos debían desempeñarse, bien por el carácter masculino que se les asignaba, o bien porque se las mantuvo alejadas de los centros de formación donde se preparaba el ejercicio de esas profesiones (Borderías y Carrasco 1994). 9. Diversos estudios realizados sobre varias ciudades de Europa occidental llegan a conclusiones muy similares, lo que podría indicar un patrón común de comportamiento del servicio doméstico. DOSSIER-2003 ISSN 1696-4403 Jesús Mirás Araujo Las principales actividades socioprofesionales. El servicio doméstico http://seneca.uab.es/hmic 27 18. Las sirvientas solían ser chicas muy jóvenes (Blanco 1996: 149-151)11, para quienes probablemente el empleo en el servicio doméstico fuese en un buen número de casos transitorio, quizá hasta que contrajesen matrimonio, tal y como ocurría en la mayor parte de Europa occidental (Scott y Tilly 1984). De acuerdo a los tramos de edad construidos en el Censo de 1900, no es posible conocer con precisión el grado de juventud del servicio doméstico. Pero el 9,81% de las mujeres eran menores de 19 años y el 74,23% no alcanzaba los 40 años. El mayor número se concentraba en el tramo de 20-39 años. El servicio doméstico representaba el 27,14 % del total de la mano de obra femenina del tramo 12-19 (el 26,76% del conjunto de las menores de 19 años). Pero lo que es más significativo, el servicio doméstico suponía el 41,40% de la población activa de menos de 40 años, y el porcentaje descendía al 30,92% de las trabajadoras de menos de 60 años, lo que demuestra el predominio de la mano de obra joven. Además, en las estadísticas de A Coruña figuraban incluso algunos sirvientes por debajo de la edad legal mínima para trabajar, pues aparecía algún menor de 12 años. Sospecho que en el caso de los más jóvenes el subregistro debía de ser importante. 19. Aunque una comparación fiable resulta difícil, en 1930 la situación no había cambiado sustancialmente, porque encontramos trabajadores en el servicio doméstico por debajo de los 15 años, y un número importante de menos de 20 años. Y todo ello a pesar de la aprobación de normas legales que impedían el trabajo a los menores de edad12. El 3,07% de las trabajadoras domésticas tenía menos de 15 años, mientras el 58,99% era menor de 30 años. Las menores de 15 años suponían el 37,54% de la población económicamente activa a esa edad, las menores de 20 años el 48,14%, las menores de 25 años el 51,71%, y las menores de 30 años el 51,97%. A partir de aquí se estabiliza el porcentaje en torno al 49-50%, lo que evidencia que la situación no había cambiado significativamente respecto a principios de siglo, lo que explica el predominio del trabajo femenino joven y de edades intermedias. 20. En cuanto a su estado civil, el predominio de las solteras era casi absoluto. En 1900 éstas representaban el 85,51% del total de las sirvientas. En 1930 el porcentaje había disminuido hasta el 80,56%, con un ligero incremento de las criadas casadas. No deja de ser sintomático este sesgo del servicio doméstico femenino, por cuanto en la mayor parte de las restantes 10.Además, existía una clara relación entre la decisión de emigrar y el tamaño de las familias. Pero, a pesar del fuerte peso de la emigración exterior en Galicia, durante el siglo XIX había sido más frecuente emigrar hacia otras áreas españolas, incluyendo las ciudades regionales, tales como A Coruña (Eiras Roel y Rey 1992: 227-228). Es más, durante los años de bloqueo de la emigración exterior gallega, hubo un flujo, primero desde el campo hacia el exterior, que posteriormente retornó hacia las ciudades gallegas, generando un efecto de sustitución que incrementaba el éxodo rural/urbano (Fernández Leiceaga 1998: 133). 11. Las sirvientes que trabajaban para familias de bajos niveles de ingresos probablemente eran incluso más jóvenes, a menudo con algún tipo de parentesco (aunque remoto) con sus empleadores. A menudo trabajaban sin percibir un salario, e incluso no se las consideraba como trabajadoras, sino más bien bajo el eufemístico términos de “protegidas” (Sarasúa 1983: 20). 12.La “Ley Dato” de 13 de marzo de 1900 fijó las condiciones de trabajo de las mujeres y de los niños. En 1902 se estableció una jornada laboral máxima de once horas, que no afectó al conjunto de los trabajadores, sino que nació para proteger a las mujeres y a los menores (Nielfa 2001: 7-8). Más tarde, la llamada “Ley de Trabajo de Mujeres y Niños”, de 13 de noviembre de 1913, prohibió el trabajo de los menores de 10 años y limitó algunas actividades a los menores de 14, aunque fue sistemáticamente incumplida, del mismo modo que otras leyes aprobadas durante este período, que aparentemente facilitaban el acceso de la mujer al mercado de trabajo y regulaban sus condiciones laborales (Cía 1998: 152). La desprotección legal de las sirvientas era absoluta (McBride 1984: 125). Además, su aplicación se circunscribía al marco de las fábricas y los talleres, quedando excluidas áreas como la agricultura, el servicio doméstico, tiendas y talleres familiares y el trabajo a domicilio, que eran precisamente las áreas que ocupaban a mayor número de mujeres. Una aproximación al peso del servicio doméstico femenino http://seneca.uab.es/hmic 28 actividades económicas desempeñadas por las mujeres no existía un desequilibrio tan pronunciado Esto apunta a una consideración temporal de dicha actividad, como primer paso de integración en el mercado laboral, hasta que el matrimonio les permitiese cambiar de ocupación o simplemente dedicarse de forma definitiva a las tareas del hogar. De hecho, muchas veces nacía con un horizonte provisional y coyuntural; pero lo que se presentaba inicialmente como algo temporal se prolongaba bastante más tiempo de lo que algunas de ellas deseaban, tal y como venía ocurriendo desde la Edad Moderna (Rial 1995). 21. Los niveles de educación de la mayoría de las empleadas domésticas eran muy bajos, con altos índices de analfabetismo o una educación primaria muy básica e incompleta, especialmente en las de mayor edad13. Su cualificación era muy escasa, lo que condicionaba el tipo de empleos a los que podían optar, y, además, las reducía frecuentemente a situaciones de explotación, debido al desconocimiento de la normativa laboral que las afectaba. Dado que la realización del trabajo doméstico no requería, en principio, una cualificación especial, parecía el destino más adecuado para las recién llegadas. 22. La falta de competitividad y cualificación determinaba que el acceso al sector se realizase por parte de las mujeres prácticamente en las peores condiciones posibles, en la medida en que éstas sólo podían ofrecer su experiencia en los trabajos caseros (Sarasúa 1983: 25). Tal y como ocurría en todo el país (Soto 1984: 296), las condiciones de trabajo de las sirvientas generalmente eran duras, con jornadas laborales interminables y salarios muy bajos14, aunque en ocasiones se les reprochaba que, al menos, tenían sustento y un techo digno donde cobijarse, lo que no siempre ocurría con las familias industriales. 23. Cabe preguntarse si estas migraciones formaban parte de una estrategia de supervivencia familiar de las economías rurales, tal y como a menudo ha demostrado la literatura. En las fuentes es difícil encontrar pruebas que lo expliciten. Pero es posible que la familia campesina se constituyese en oferente de mano de obra. Se ha comprobado que las jóvenes que emigraban y se empleaban como empleadas domésticas creaban vínculos de retorno con su familia, mediante las remesas que permanente u ocasionalmente enviaban al campo, además de que muchas de ellas volvían a su lugar de origen si sus expectativas laborales o nupciales no se cumplían (Blanco 1995). 24. No obstante, existían otras estrategias que impulsaban la emigración. Otra posibilidad era la de aquellas mujeres que se veían abocadas a la emigración por decisión familiar. Los padres trataban de aligerar la carga económica de una familia que, en ocasiones, era numerosa. Similar a ésta era la vía de las familias para las que la emigración respondía a un proyecto global de ruptura parcial con el medio rural (Eiras Roel y Rey 1992: 261-262). De lo que se trataba en este caso era de fijar a una de las hijas más jóvenes mediante el servicio doméstico en la ciudad. De este modo, la futura sirvienta actuaba de puente que facilitaba la exploración y posterior integración en el mercado laboral urbano. 13.Según Nielfa (1999: 65) “frente a la alfabetización casi universal en países protestantes del ámbito anglosajón y escandinavo, a principios de siglo ésta es todavía una asignatura pendiente para más de dos tercios de las españolas, aunque en esos años el analfabetismo femenino se esté reduciendo a mayor velocidad que el masculino”. En Galicia, la formación de la mano de obra era muy precaria, debido a la existencia de una demanda de instrucción estacional e irregular, propia de poblaciones con economía agro-pesquera como la regional (Martínez 2000; de Gabriel 1990: 256). 14.Duración de la jornada en distintos oficios y términos geográficos de España. Madrid: Instituto de Reformas Sociales, 1919. DOSSIER-2003 ISSN 1696-4403 Jesús Mirás Araujo Conclusiones http://seneca.uab.es/hmic 29 25. Pero las mujeres también experimentaban la atracción del medio urbano. En primer lugar, indudablemente la fascinación que ejercía la ciudad y sus mejores condiciones de vida. Esta era una vía ideal para intentar promocionarse económica y socialmente, sin necesidad de pasar por el matrimonio. Y en el caso de optar por el camino de la nupcialidad, probablemente las posibilidades de encontrar una pareja adecuada fuesen mayores que en la aldea, permitiendo lograr una cierta promoción de su modesta condición social. Frecuentemente el servicio fuera del hogar era una tarea realizada por las mujeres con anterioridad a la formación de una familia (Cía 1998: 154). 26. Pero el verdadero factor de atracción estaba integrado por las ventajas del mercado laboral. Los comienzos de la industrialización en A Coruña en el último cuarto del siglo XIX (Lindoso 1999), con la consiguiente mutación en el sistema productivo, constituyeron un atractivo para que los trabajadores rurales gallegos se desplazasen a las fábricas, sobre todo si tenemos en cuenta que el impulso prácticamente no se hizo sentir en otras ciudades (excepto Vigo y Ferrol). Esto hizo que las mujeres percibieran el trabajo urbano como una posibilidad efectiva, aunque también planteó serias dudas acerca de la viabilidad de compaginar su actividad laboral con sus tradicionales funciones de madre15. 27. Sin embargo, el escaso desarrollo industrial coruñés en comparación con otras ciudades españolas, incapacitó a la ciudad para absorber la mano de obra femenina disponible con eficacia. Salvo algunas excepciones, la práctica inexistencia de una industria potente les cerró en buena medida esta posibilidad a las mujeres inmigrantes. Por tanto, los contingentes de jóvenes trabajadoras representaban más bien reservas de trabajo urbano y constituían una mano de obra redundante que era absorbida por otros empleos. Y, así, aquéllas se encaminaron masivamente hacia prácticamente la única posibilidad que les quedaba abierta: el sector servicios, y concretamente los trabajos considerados “apropiados” para ellas, sobre todo el servicio doméstico. Conclusiones 28. No es posible, por el momento, establecer unas conclusiones definitivas acerca de la estructura socio-profesional de la ciudad de A Coruña. Por un lado, el terciario era el sector dominante en términos cuantitativos, mientras que el rol de la industria descansaba únicamente en algunas actividades manufactureras tradicionales. En un principio, esto se podría considerar un indicador de modernización económica. Sin embargo, este sector se caracterizaba por una marcada dualidad, pues, junto a los servicios avanzados (en aquel contexto histórico), existía un elevado porcentaje de servicios no cualificados. 15.La industrialización introdujo importantes modificaciones en la naturaleza y significado del trabajo, que afectaron de manera diferente a hombres y a mujeres. El trabajo de la mujer preindustrial se había centrado en su hogar y no interfería en sus obligaciones tradicionales de cuidado de la casa y crianza de los hijos. Por el contrario, el proceso industrial exigía realizar el trabajo fuera del hogar, lo que dificultaba su compatibilización con la función de madre. Pero el gran cambio vino en realidad por trabajar en un lugar diferente, la fábrica, lo que generaba problemas nuevos, como la disciplina horaria. Sin embargo, no podemos olvidar que la industria no fue el sector que empleó una mayor cantidad de mano de obra femenina, aunque el trabajo asalariado de la mujer en el mismo ha sido el que más ha centrado el interés de los historiadores (Cía 1998). Aunque la industrialización teóricamente debería haber creado nuevas oportunidades de empleo para las mujeres, las estadísticas oficiales revelan una escasa diversificación en términos del empleo sectorial de las mujeres (Hudson y Lee 1990: 21; Douglas 1984).