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Documents dXnalisi Geogra'fica, 7, 1985, pp. 193-205 La economia ecológica de Martinez Alier Luis Urteaga* Résurné / Abstract / Resum Dans les dernikres années les économistes se sont intéressés de plus en plus a I'analyse écologique des mecanismes économiques. L'étape initiale, présidée par la découverte des limites physiques et écologiques de la croissance et par la critique globale du modkle de développement industriel, a été suivie par une étude de plus en plus systématique des flux d'énergie et matériels dans le systeme économique. Comme i1 arrive dans toute spécialité scientifique naissante les revisions historiographiques de la propre discipline ne se sont pas faites attendre. Le livre de J. Martinez Alier (L'ecologisme i f'economia. 1984) en est un exem~le ~articulikrement interessant et reflkte l'attkntion que I'auteur a ddpui's longtemps montrée sur ces sujets. La ~remikre ~artie de cette note fait allusion au contexte théoriaue aui constitue ie cadre de I'actuelle perspective écologique de 17écohomIe. La deuxikme partie est consacrée au commentaire des aspects <<programmatiquesn du travail de J. Martinez Alier et, finalement, on a mis en relief la recherche historique menée par I'auteur sur l'évolution des ccidées énergetiques,, entre 1880 et 1940 ainsi que leur impact sur les sciences sociales. In recent years, economist have shown a constantly increasing interest in the ecological analysis of economic processes. In the initial stage attention was focused on the definition of the physical and ecological limits to growth, and on the global evaluation of the model of industrial development. This was followed by an ever increasingly * Estudio General de Lleida, Departamento de Geografia, Universidad de Barcelona.
systematic examination of the pattern of flows of energy and products in the economic system. As in all newly founded branches of science, historiographic reviews of its own disciplinary tradition have made an early appearance. One particularly interesting example of such reviews is Martinez Alier's book (L'ecologisme i I'economia, 1984), which is a résumé of his already extensive contribution on the topic. This note is divided in three parts. The first refers to the theoretical context within which the present ecological viewpoint of the economy is situated. This is followed by comments on certain programmatic aspects of Martinez Alier's work. Finally an evaluation is made of this historical investigation of the evolution of energy theory between 1880 and 1940, and its impact on the social sciences. *** En els últims anys els economistes s'han interessat cada cop més per l'analisi ecolbgica dels processos econbmics. Després d'una etapa inicial caracteritzada pel descobriment dels límits físics i ecolbgics en el creixement i per la critica global del model de desenvolupament industrial, comenGa una segona etapa basada en una exploració cada cop més sistematica dels fluxos d'energia i de materials en el sistema econbmic. Com en tota especialitat científica emergent, les revisions historiografiques de la prbpia tradició disciplinaria no s'han fet esperar. En aquest sentit el llibre de Martinez Alier (L'ecologisme i I'economia, 1984), resum de la seva ja amplia dedicació a aquests temes, n'és un exemple particularment interessant. La nota que presentem consta de tres parts. La primera fa referkncia al context tebric en qut es desenvolupa l'actual enfocament ecolbgic de l'economia. A continuació es comenten alguns aspectes programatics del treball de Martinez Alier. Finalment es ressenya la seva investigació histbrica sobre l'evolució de les idees energktiques entre 1880 i 1940 i I'impacte d'aquestes en les cikncies socials. Juan Martínez Alier, un competente economista especializado en economia agraria, ha escrito un libro que quizá tenga un difícil camino entre sus más lógicos destinatarios. L'ecologisme i l'economia, que tal es su titulo, es, a primera vista, un libro militante, escrito desde un cierto ecologismo de izquierdas, que sin perder agresividad radical no tiene un ápice de anticientificismo ni de bucolismo. Después de leerlo uno sospecha que no pocos simpa194
tizantes del ecologismo encontraran aquí una obra densa y difícil, cuyo rigor y erudición exigen lectura pausada y atenta, y que además carece de la pauta formal (casi obligada en la literatura ecológico-política al uso) de las profecia~ milenaristas. Esta sospecha de desapego se duplica cuando uno imagina la recepción que 10s economistas puedan dispensarle, especialmente 10s economista~ mas ortodoxos y académicos. Las críticas más numerosas y rotundas del ensayo que comentamos van dirigidas precisamente a la teoria económica convencional y a la practica corriente de 10s economistas, y esto además desde un utillaje analític0 y un estilo expositivo poc0 frecuentes en el mundo universitario. Sin embargo, bien podria ser que historiadores, antropólogos y algunos otros especialistas en ciencias sociales, considerasen esta obra como un autentico regalo. Concretamente, hay muchas cosas en el ensayo de Martinez Alier que pueden interesar a un geógrafo, incluso si es un geógrafo muy académico. La mis evidente es su interesante reconstrucción histórica de las ideas ecológicas, aunque, como veremos, quizá hay algunas mas. El libro, que refunde y amplia buena parte del trabajo del propio autor en 10s últimos años (MART~NEZ ALIER, 1980, 1982 y 1983) y el contenido de algunas colaboraciones (p.e., MART~NEZ ALIER y NAREDO, 1979), consta de un prólogo, doce capitulos, una amplia bibliografia y un indice temático y onomástico. En el prólogo se exponen brevemente la estructura e ideas principales del ensayo. Los capitulos primero, sexto y décimo, y parcialmente el segundo y el doceavo, abordan cuestiones programaticas y de método: la critica de 10s enfoques actualmente hegemónicos en la ciencia económica, la relevancia de 10s valores morales para la asignación de recursos, las ideologia~ sobre la distribución de la producción, el ámbito de la economia ecológica y las relaciones entre las disciplinas cientificas, son 10s principales temas tratados. Los capitulos restantes son una personal y novedosa revisión historiográfica que ostensiblemente trata de apuntalar el enfoque ecológico en economia. Ecologia y economia La década de 10s años setenta será recordada como un momento álgido entre 10s recurrentes procesos de ccnaturalización,, de las ciencias sociales. En esa etapa, que dista de haber concluido, clasicos conceptos fisico-naturales como energia, entropia, ecosistema o flujo energético, cobraron nuevos bríos y pasaron a impregnar el lenguaje de 10s especialistas en ciencias humanas. También estaban presentes esos términos en 10s diarios, y no hay que extrañarse de ello. A principios de 10s setenta era ya evidente para algunos que podian existir limitaciones físicas y ecológicas al crecimiento, y que el modelo
de desarrollo seguido en 10s paises industrializados, basado en el consumo intensivo de energia y en una escasa atención a las condiciones ecológicas del planeta, podría no ser el adecuado. En un contexto politico-económico marcado por la recesión y el encarecimiento de 10s combustibles fósiles, y en un ambiente sensible ya frente a la contaminación y degradación del medio ambiente, preguntas como las que siguen pasaron a considerarse pertinentes en el ámbito de las ciencias sociales: iqué futuro espera a una humanidad que consume apresuradamente sus recursos naturales no renovables?,, ihasta dónde llegar5 la energia fósil disponible?, iqué implicaciones ecologicas y sociales puede tener la puesta en marcha de energias de sustitución, como la energia termonuclear?, iqué tensiones nacen de la desigual distribución y control sobre 10s recursos naturales? Y, aún en un plano mas general, jexiste algun tipo de relación entre la organización económico-social imperante y el modo de explotar 10s recursos?, ipermiten las disciplinas científicas convencionales pensar adecuadamente 10s problemas de ecologia política? Preguntas de este tipo, a las que podrían añadirse muchas otras, han sido objeto de fuerte debate académico en 10s últimos años. Evidencia de este debate es, por de pronto, el fuerte impacto de las teorias energéticas y ecológicas en las ciencias sociales, que ha llevado a algunos autores a intentos de redefinicion de su campo cientifico. La obra de HARDESTY (1979), en el ámbito de la antropologia, puede servir como ejemplo de ello. Para 10s geógrafos ser5 familiar la brillante síntesis de HAGGE~T (1979), realizada en clave sistémica y ecológica, que ponia broche provisional a un período que podríamos considerar iniciado simbólicamente por el articulo de STODDART (1965) sobre <<El ecosistema como principio y método geográfico>>. Los economistas fueron tempranamente sensibles al genero de problemas ecológico-politicos que quedan apuntados. La aportación de K. Boulding, autor de la conocida metáfora sobre <cel navio espacial Tierra,,, acostumbra a ser citada como pionera en este campo. Casi otro tanto puede decirse de N. Georgescu-Roegen, que escribió The Entropy Law and the Economic Process (1971) con la ambición manifiesta de redefinir importantes aspectos de la ciencia económica. En esta obra, y en trabajos posteriores (p.e., en castellano, GEORGESCU-ROEGEN, 1975), el economista rumano afincado en Norteamérica realizaba un analisis del proceso económico desde una perspectiva energética. ¿Por qué adoptar esa perspectiva? A su juicio, la consideración mecánica del proceso económico, asunción indiscutida de la teoria del equilibrio, y la visión de la actividad económica como algo aislado del mundo material, rasgos que serian comunes a la economia clasica en sus diferentes versiones, restan validez a la teoria económica convencional.
Según Georgescu-Roegen el proceso económico est6 gobernado por las leyes de la entropia. Es un proceso irreversible que transforma materia y energia (con baja entropia) en residuos (de alta entropia). El carácter ccentrópico>> de 10s procesos económicos es la raiz de la escasez. La materia y la energia son escasas en la medida que 10s recursos accesibles son limitados. Las manipulaciones energéticas generan entropia (disipan energia acumulada), y la actividad económica produce residuos de modo inevitable. El reciclado de estos residuos ser5 siempre parcial y consumirá mis y mas energia. En definitiva, el desarrollo económico se realiza a costa de la disipación de recursos no renovables, que resultan irreemplazables. Si esto es asi, el estudio del crecimiento económico debe enfocarse desde su relación con el agotamiento de 10s recursos y de su impacto sobre el medio ambiente. Conclusión obligada: en un mundo de recursos finitos el crecimiento ilimitado es una peligrosa utopia. La pregunta de todo economista: jcómo administrar 10s recursos escasos?, tendria su respuesta en un programa bioeconómico que buscase la integración de la economia y la ecologia. Martinez Alier, asumiendo explicitarnente 10 esencial de este discurso, 10 amplia en dos direcciones. Hacia el pasado, rastreando 10s sepultados precursores del enfoque ecológico en economia (que el rnismo Georgescu-Roegen, como casi todos, desconocia) y sacando interesantes lecciones de esas aportaciones primerizas. Hacia el futuro, discutiendo el ámbito científic0 de la economia frente a otras propuestas académicas, e intentando esbozar 10 que sena un programa social emancipador de signo ecologista. El ámbito de la economia ecologica El punto de vista de Martinez Alier es el siguiente: <<...la cuestión de 10s recursos no renovables hace ver la economia como ecologia de las sociedades humanas: es decir, como el estudio de la utilización de energia y materiales por la humanidad. Ahora bien, esta ecologia humana no puede ser exactamente el mismo tipo de estudio que la ecologia de otras especies (. . .) Ninguna otra especie animal tiene la posibilidad de enorme variación en el uso de la energia y materiales entre individuos de la misma especie. Esto hace que la economia no sea reducible a la ecologia o, dicho de otro modo, que la ecologia humana o la economia ecológica tenga que considerar también el estudio de la determinación social y cultural y de las decisiones individuales en 10 que se refiere al uso de la energia y materiales por 10s hombres. Una ecologia humana ampliada asi (que incluya el estudio de 10s conflictos politicos, de las actitudes éticas, incluso del sistema de precios, ya que algunas decisiones humanas están influidas por 10s precios en determinadas épocas de
la historia) es 10 mismo que una ciencia económica auténtica: el estudio de la asignación de recursos escasos a finalidades humanas alternativas (actuales y futuras),) (MART~NEZ ALIER, 1984, p. 92). Un pronunciamiento como éste, obviamente alejado de la cautela neopositivista que recomienda deslindar cuidadosamente el objeto de estudio, sugiere el tipo de confrontación que el autor habrá de mantener con muchos de sus colegas. En esta confrontación Martinez Alier se abre paso a través de una doble critica: de tipo ceinterno)), es decir, acerca de 10s supuestos metodológicos de la teoria económica; y de tipo c<externo~, relativa al ámbito de la ciencia económica. La critica del aindividualismo metodológico~~, que, a su juicio, caracteriza a la economia corriente, se desarrolla desde el capitulo primero. A su parecer, 10s postulados de la racionalidad individual del hom0 economicus y del calculo utilitarista, que estan en la base de la teoria económica convencional, no son adecuados para abordar la cuestión de 10s recursos naturales no renovables, y, específicamente, el problema de su asignación intergeneracional. Una glosa de las tesis del biólogo L. Hogben (1895-1975), que ocupo una cátedra de ccBiologia y Sociedad)) en la London School of Economics, da pie a Martinez Alier para desarrollar la idea de que el estudio de la asignación de recursos escasos no puede desvincularse del conocimiento de la historia de las ciencias naturales y de la tecnologia, ni tampoc0 de la reflexión sobre el carácter histórico cultural de las preferencias y hábitos de consumo de la población. El primer capitulo se cierra con una discusión del criteri0 de Hotelling sobre el edescuento del futura)). La tesis implícita, que se desarrolla en el capitulo siguiente, es que la sola consideración de 10s mecanismos de mercado es insuficiente para asignar recursos a las generaciones venideras. Los capitulos segundo y sexto insisten en la idea de que el problema de 10s recursos finitos y su administración intergeneracional entraña juicios éticos y pronunciamientos morales. Puesto que la implantación social de esos valores varia históricamente, la idea central es que el economista, al evaluar estas cuestiones, debe desdoblarse en historiador y sociólogo de la ética. Para Martinez Alier el ámbito de la economia ecológica desborda el terreno estricto de la economia en varios frentes. Uno de ellos es la historia de 10s recursos naturales y su uso por el hombre, incluyendo la génesis de las preferencias y la estimación de las necesidades humanas. Otro es la consideración de 10s bienes económicos en términos fisico-naturales y no so10 cccrematisticos)). El autor insiste en numerosas ocasiones en la necesidad de estudiar el ceentornou de la economia y no s610 su ccnÚcleo>). Las fronteras de ese entorno parecen ser realmente vastas. Un ejemplo: <CLOS economistas, para explicar la asignación de recursos escasos a finalidades humanas alternativas, han de ser también capaces de explicar la lucha de clases y naciones, las leyes de las
migraciones y 10s derechos de propiedad, la distribución social de 10s valores morales* (MART~NEZ ALIER, 1984, p. 279). Ahora bien, jcórno puede llevarse a término tan ambicioso propósito? No basta, desde luego, con saltar abiertamente sobre las barreras disciplinarias, algo a 10 que Martinez Alier, como muchos otros, esta perfectainente dispuesto. Es necesario algo mas, algo que permita desarrollar una visión globalizadora de la realidad y pueda dar coherencia y unidad lógica a las observaciones. En este asunto, el autor ve con simpatia el programa de ccciencia unificada>> trazado por Otto Neurath en 10s años treinta. Tal programa (explicado con cierta amplitud en el capitulo doce, en el que se desarrolla ademas una critica del marxismo desde la perspectiva ecológica) proponia en síntesis una empresa unificadora del conocimiento cientifico, que, previa eliminación de las proposiciones cientificas contradictorias, reintegrarse la totalidad de 10 real. Las reservas que la posición teórica y programatica de Martinez Alier pueden suscitar son realmente notables, y no so10 entre 10s economistas académicos. Sendas cnticas del libro que comentamos publicadas recientemente, por A. Barceló y A. Domknech en Mientras Tanto dan cuenta de ello. DoMENECH (1985), con sagacidad critica y enjundia filosófica, debate la pertinencia del ccindividualismo metodológico~ en ciencias sociales y hace importantes consideraciones sobre la determinación de las necesidades humanas. BAR CEL^ (1985) discute desde el terreno de un economista critico las concepciones de Martinez Alier sobre el ámbito de la economia y su finalidad. El lector interesado por estas cuestiones teóricas y de método sacar5 provecho leyendo 10s trabajos citados, asi como la interesantes replica del propio autor (MART~NEZ ALIER, 1985). Para un geógrafo, bastantes de 10s problemas debatidos a propósito del alcance y el método de la economia ecológica seran algo familiar, especialrnente 10s que se refieren a la necesidad de un enfoque globalizador. La definición de la economia como ecologia humana, centrada en el estudio de la utilización (pasada y actual) de 10s recursos por el hombre, se acerca bastante a la caracterización de la geografia como indagación sobre las relaciones del hombre y el medio, señaladamente cuando ésta se plantea desde una perspectiva holistica. La peliaguda cuestión de la redefinición del campo cientifico se ha planteado también con particular agudeza en las corrientes ecológico-paisajisticas de la geografia (véase al respecto el lucido trabajo de GRAU, 1984). Y, al fin y al cabo, muchos geógrafos han alimentado, y alimentan todavia, ambiciones holisticas de grueso calibre. No seré yo quien intente disuadirlos de tal empeño (como tampoc0 a Martinez Alier), pero me parece que la historia de la geografia es demasiado pródiga en grandes pronuncia-
mientos epistemológicos que luego no se han visto respaldados por una investigación empírica de la altura deseada. Teorias energéticas e historia de las ciencias sociales Es posible que 10 ya escrito dé una idea del interés y carácter provocativo del libro de Martinez Alier, aunque desde luego no hace justicia a la originalidad de su aportación. A mi entender, la principal contribución de su trabajo estriba en la novedosa investigación histórica que ofrece. Una investigación que tiene por eje el impacto de las teorías energéticas entre 1880 y 1940 en muy diversos campos cientificos, y que arroja nueva luz tanto sobre la evolución de las ideas ecológicas como sobre el perfil de las ciencias sociales. He escrito investigación novedosa, y en este caso con toda justicia. Los numerosos, e intelectualmente tan estimulantes, puntos de contacto entre ciencia, tecnologia y reflexión social, han sido todavia poc0 estudiados y casi nunca de un modo sistemático. La obra de Hayek, que el mismo autor cita como referencia ineludible, unas páginas reveladoras en la siempre inagotable obra de Mumford, y alguna contribución reciente (como la de FOLEY [I9811 a propósito de Soddy y la energética social), son algunas de las escasas pistas con las que Martinez Alier podia contar al iniciar su trabajo. El resto es búsqueda y estudio directo de las fuentes por parte del propio autor. Fuentes, por cierto, bien dispersas y nada obvias. Entre ellas, 10s escritos del ucraniano Podolinsky; de 10s austríacos Sacher, Pfaundler y Josef Popper, que junto a K. Ballod y Ostwald escribieron, lógicamente, en alemán (y en alemán habia que leerlos); de 10s ingleses Soddy, Geddes y Hogben, y del norteamericano H. Adams. Estos autores componen el grueso de la impresionante lista de precursores de la economia ecológica cuyas obras ha rescatado Martinez Alier. ~Qué tienen en común estos trabajos salidos de la pluma de quimicos, economistas, biólogos y cientificos de tan diversa procedencia? Sencillamente el haber explorado las implicaciones que la energia y las nociones termodinámicas podian tener para la sociedad y las ciencias sociales. Hasta principios del siglo xrx no existe el concepto de energia. Lo mas próximo a el10 es la noción del cccalórico~~: un fluid0 extendido por toda la naturaleza que, según las propiedades de 10s cuerpos y la temperatura, obliga a éstos a conservar10 o propagarlo. La formulación del concepto de energia (como fuerza capaz de transformarse en trabajo mecánico) y la teoria de su conversación tiene lugar entre 1830 y 1850, y es un ejemplo clásico de 10 que se ha llamado c<descubrimiento múltiplen. Mayer, Joule, Faraday y algunos mis (véase KUHN, 1982) contribuyeron a ello. Clausius formuló explicitamente el principio de conservación de la energia, y, poc0 después, una obser-
vación mis detenida de la eficacia de las máquinas permitió desarrollar la segunda ley de la termodinámica, conocida como segunda ley de Clausius o principio de entropia. En esencia, el principio de entropia dice que en un sistema cerrado la energia disponible tiende a disminuir de modo irremediable. La noción de entropia sugiere la decadencia y agotamiento de cualquier sistema que no reciba un aporte energético exterior. Desde mediados del siglo pasado fueron evidentes las múltiples implicaciones que las nociones termodinamicas podian tener. La energia se revelo pronto como <<la moneda de la naturalezaw, es decir, como un factor cuantificable común a 10s más diversos fenómenos naturales (sean éstos físicos, quimicos o mecanicos). De la idea de entropia podian sacarse importantes conclusiones ecológicas e histórico.~sociales. Unas, quiza la mayoria, de signo puramente especulativo. Otras, sin embargo, de carácter sistémico y aplicado. Pues bien, el mérito de Martinez Alier reside en haber explorado con rigor cómo las ideas de energia y entropia pasaron de su nicho inicial (la física) al campo de las ciencias naturales y luego al de las ciencias sociales. El capitulo tercer0 de L'ecologisme i l'economia es una exploración sistemática de las estimaciones de Leopold Pfaundler (1839-1920) sobre la capacidad de la Tierra para proporcionar alimento a la población. Para Pfaundler la cuestión crucial era en este asunto la energia disponible. Considerando 10s costes energéticos y económicos del transporte horizontal de energias fósiles, y el proceso de disipación a que éstas se hallan sometidas, opinaba que 10s cálculos sobre la capacidad de sustentación de la Tierra debian hacerse esencialmente sobre la base de la energia solar recibida, y en concreto debian fijarse 10s limites de la producción agraria en función de la capacidad de las plantas para actuar como convertidores y almacenadores de la energia del sol. A juicio de Martinez Alier, la aportación de Pfaundler ofrece un contexto adecuado para discutir la cuestión del malthusianismo. El capitulo cuarto rastrea dos utopias cccientifico-ecológicas~~ de principios del siglo xx. La de Josef Popper (1838-1921), que partiendo de la contabilidad energética desarrolló una utopia social progresista e igualitaria; y la de Karl Ballod (1864-1933), inclinado por una solución planificadora cientificoelitista (Martinez Alier 10 califica de colectivista tecnocrático). A la crític3 realizada por Max Weber de las tesis reduccionistas de Ostwald esta consagrado el capitulo quinto. W. Ostwald (1853-1932), un eminente quimico alemán, habia propuesto sustituir la interpretación mecanicista de 10s fenómenos naturales por una interpretación energética. También era un atrevido generalizador en el campo de las ciencias sociales. Sostenia que el desarrollo de la cultura estaba en función de la disponibilidad de energia y de la eficiencia termodinamica en su transformación. Weber, con buen criterio,