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Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII

White, Lorraine

Abstract

Todavía continúan los debates sobre la revolución militar (RM) acaecida a comienzos de la Europa moderna. En un esfuerzo por determinar si la Iberia del siglo XVII merece permanecer en la periferia o ser incorporada a los territorios al centro de la RM, este artículo toma como caso de estudio la guerra Luso-castellana de 1640-68. En la aplicación de ciertos aspectos de la teoría de Roberts-Parker -estrategias y tácticas, y tamaño y composición de los ejércitos- a los hechos documentados de los bandos involucrados en la guerra más larga del siglo XVII ocurrida en Iberia, el artículo examina los recientes refinamientos de la teoría de la RM elaborados por David Parrott y John Lynn.

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Resumen Todavía continúan los debates sobre la revolución militar (RM) acaecida a comienzos de la Europa moderna. En un esfuerzo por determinar si la Iberia del siglo XVII merece permanecer en la periferia o ser incorporada a los territorios al centro de la RM, este artículo toma como caso de estudio la guerra Luso-castellana de 1640-68. En la aplicación de ciertos aspectos de la teoría de Roberts-Parker —estrategias y tácticas, y tamaño y composición de los ejércitos— a los hechos documentados de los bandos involucrados en la guerra más larga del siglo XVII ocurrida en Iberia, el artículo examina los recientes refinamientos de la teoría de la RM elaborados por David Parrott y John Lynn. Palabras clave: Siglo XVII, Portugal y Castilla, guerra, revolución militar. Resum. Guerra i revolució militar a la Ibèria del segle XVII Actualment encara continuen els debats sobre la revolució militar que va tenir lloc a principis de l’època moderna a Europa. En un esforç per determinar si la Ibèria del XVII mereix romandre a la perifèria o ser incorporada dins els territoris del centre d’aquesta revolució, aquest article pren com a cas d’estudi la guerra luso-castellana del 1640-68. En l’aplicació de certs aspectes de la teoria de Roberts-Parker —estratègies i tàctiques i magnitud i composició dels exèrcits—, als fets documentats dels bàndols involucrats en la guerra més llarga del segle XVII que ocorregué a Ibèria, l’article examina en profunditat les recents aportacions de la teoria de la revolució militar elaborats per David Parrot i John Lynn. Paraules clau: Segle XVII, Portugal i Castella, guerra, revolució militar. Abstract. War and military revolution in seventeenth-century Iberia The debate over la Revolución Militar (RM) in early modern Europe still continues. In an effort to determine if seventeenth-century Iberia deserves to remain on the periphery or be incorporated into the so-called «heartlands» of the RM, this article takes as a case study the Luso-castilian war of 1640-1668. In testing aspects of the Roberts-Parker theory —notably strategy and tactics, and army size and composition— against evidence from both parties to the longest war in seventeenth century Iberia, it examines some of the recent refinements of the MR theory elaborated by David Parrott and John Lynn. Key words: Seventeenth-century, Portugal and Castile, war, Military Revolution. Manuscrits 21, 2003 63-93 Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Lorraine White University of Wollongong. School of History & Politics 2522 NSW Australia [email protected] MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 63 En contraste con la creciente existencia de publicaciones sobre la revolución militar (de aquí en adelante, RM) al comienzo de la Europa moderna, en las que se incluyen estudios de los ejércitos españoles luchando en Europa (principalmente sobre el ejército de Flandes)1, poco se sabe sobre Iberia. Estudios recientes señalan la importancia de la introdución y uso de armas de fuego a finales del siglo XV y XVI, principalmente en la guerra de Granada de 1482-1492, y en la conquista y defensa de plazas fuertes en el norte de África, las praças portuguesas y presidios castellanos (Stewart, 1961; Ladero Quesada, 1967; Vogt, 1977; Hess, 1978; Cook, 1994; McJoynt y Prescott, 1995). Se conoce aún poco con respecto a la difusión de estrategias y tácticas asociadas a la RM en Iberia2. El estudio sobre las guerras y actividades militares de la península ibérica a últimos del siglo XV y en el XVI —la guerra Luso-castellana de 1475-1479, la conquista de Granada (1482-92), la conquista de Navarra (1512), las guerras con Francia (1521 y 1547-1549) y la anexión de Portugal y su imperio (1580-1583)— merece una investigación más profunda e individualizada para cada una de las guerras desde la perspectiva de la RM. Este estudio se concentrará en el siglo XVII, durante el cual las guerras en Iberia eran de más duración que las del siglo anterior. Asímismo, mediante la investigación de la presencia de ciertas características de la guerra en Iberia asociadas con la RM, dicho estudio se concentrará en la guerra Luso-castellana (también llamada la guerra de Restauración o de la Independencia Portuguesa) de 1640-68, la más larga de todos los conflictos peninsulares de su siglo. La guerra de 1640-1668 fue considerada durante la mayor parte de su transcurso una guerra secundaria supeditada a la guerra contra Francia (1635-1659) y a la supresión de la revuelta de Cataluña (1640-1652)3. El gobierno de los Habsburgos en Madrid no tuvo la oportunidad de priorizar esta guerra hasta la penúltima fase (efectivamente entre 1662 y 1665). Paradójicamente, este hecho aumenta el interés en relación a la aplicación de la RM en Iberia en vez de disminuirlo como sería de esperar, al considerar este frente de guerra desconectado y atrasado en relación a las últimas innovaciones tecnológicas militares. Dada la alarmante escasez de hombres, pertrechos y dinero, se esperaba que Madrid concentrara sus esfuerzos en las guerras más importantes como en Flandes, en los territorios alemanes, en la frontera con Francia y el País Vasco, y en el Reino de Aragón; así como en los principados de Cataluña e Italia (principalmente durante las revueltas de Nápoles y Sicilia en 1647-48). Se enviaron las mejores tropas y generales a estas guerras, veteranos de acciones militares previas y lógicamente suponemos que con las mejores armas. Si no hubieran actuado de esta forma así como adoptado las recientes 64 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 1. Los artículos clave sobre la RM, incluso los de Roberts y Parker, están publicados en Rogers (1995). Sobre Europa: Rogers (1985); Parker (1996). Sobre estados individuales: para Inglaterra, Eltis, 1995; para Francia, Lynn (1997), y Parrott (2001); sobre el ejército de Flandes, Parker (1972); González de León, (1992). 2. Ladero Quesada (1967); McJoynt y Prescott (1995). Véase también White, 2002, y Espino López, (1999). 3. Sobre la guerra contra Francia en la Península, véase Sanabre (1956), y Vassal-Reig (1934), y sobre la revuelta catalana y sus causas Elliott (1963). En su medida, estas guerras peninsulares estuvieron también supeditadas a la participación de España en ultramar en la Guerra de los Treinta Años. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 64 tácticas que habían sido desarrolladas e introducidas por los ejércitos enemigos de Suecia, las Provincias Unidas (Holanda) y Francia, los ejércitos españoles hubieran corrido el riesgo de una derrota. Cabe preguntarnos cuál era entonces la situación en una guerra secundaria como la de la frontera Luso-castellana, donde se dependía casi totalmente en reclutamiento de soldados y militares locales (White, 1985 y 2002). Este estudio se concentrará en dos aspectos principales de la RM, ya presentados por Roberts-Parker en sus proposiciones: estrategias y tácticas de los ejércitos enemigos de Castilla y Portugal, así como del tamaño y composición de los mismos. Otros elementos de dicho modelo clásico referidos a la guerra de 1640-1668 han sido ya presentados4. Este estudio procurará incorporar ciertos refinamientos a la teoría de la RM, como por ejemplo, la guerra de posición5. También mostrará que los tipos de guerra tradicional se mantuvieron y se llevaron a cabo junto con las innovaciones militares «modernas», tanto en encuentros de pequeña escala como en conflictos mayores. Este estudio explorará además la viabilidad de la teoría de David Parrott al asegurar que algunas de las reformas asociadas con la RM se pueden explicar mejor en relación a soluciones pragmáticas debidas a problemas de dinero o reclutamiento (Parrott, 1995 y 2001). Primeramente, necesitamos subrayar una característica especial en la guerra de 1640-1668 que hizo diferenciarla de las demás guerras: en el teatro principal de la guerra un año se dividía en dos temporadas de campaña —la primera en primavera (de marzo a mediados de julio), y la otra, siendo un poco más corta, en otoño (de octubre a noviembre). Aunque ocasionalmente las actividades militares (sitios comenzados en la segunda temporada de campaña en particular) sobrepasaban dichos periodos, el clima era el principal componente al determinar el comienzo de las maniobras de guerra en los frentes principales (las regiones de Extremadura en Castilla y Alentejo en Portugal). En dichas regiones, las altas temperaturas de verano endurecían las carreteras destrozando el transporte sobre ruedas6, y la falta de lluvia secaba el pasto, privando a los caballos y al ganado de alimento. Mientras que esto creaba un problema de abastecimiento serio, particularmente para la caballería —la mayoría tenía que ser enviada y alojada en el interior ya que los asentamientos de la frontera no podían abastecerse de forraje para los caballos—, prácticamente imposibilitaba la movilización de la artillería durante el verano. Por el contrario, como en otras partes de Europa, las lluvias torrenciales en invierno convertían continuamente los caminos de tierra en caminos de lodo, mientras que los ríos y canales que permanecían secos la mayor parte del año se convertían en obstáculos peligrosos e impasables hasta el comienzo de la primavera7. Por otra parte, el calor no era el único motivo que forzaba a los ejércitos principales de Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 65 4. Sobre la RM y fortificaciones véase White, de próxima aparición. A su disposición, un estudio preliminar sobre el gobierno y el impacto de la guerra en mi tesis doctoral, White, 1985. 5. Para un caso de estudio sobre la guerra de posición en el contexto francés, véase Lynn, 1993. 6. Maltby (1983): 289, quien dice que las pesadas carretas de Alba tiradas por bueyes se rompieron forzándolo a mandar ordenar la vuelta de 100 de sus carretas de mulas al ser más ligeras para recoger la comida de las carretas rotas. 7. Ericeira (1946), II: 357, menciona que el río Guadiana era imposible de cruzar durante el invierno. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 65 ambos bandos a descansar en verano. Otro problema que concernía a la guerra de 1640-1668 era el aumento en las deserciones en verano por parte de los hombres de ambos ejércitos regulares. Este problema se acrecentaba con respecto a las milicias y regimientos auxiliares que se mobilizaban para luchar con el ejército o para defender los fuertes de la frontera cuando las guarniciones regulares iban de campaña. No obstante, al ser un problema que afectaba a ambos países a ninguno de ellos le supuso una ventaja sobre el otro. De todos modos, este hecho representaba el mismo problema en otras partes de Europa, donde las tropas reclutadas localmente sufrían un índice de deserción más alto que el de los soldados reclutados en tierras distantes8. Para analizar la guerra de 1640-1668 aplicando la teoría de la RM de Roberts/Parker, comenzaremos con el elemento de la estrategia. Con la monarquía de los Habsburgo involucrada en una guerra contra Francia en el lado este de la frontera peninsular así como enfrentados a la revuelta de Cataluña desde 1640, la decisión de movilizar fuerzas adicionales a lo largo de los 1.000 kilómetros de la frontera con Portugal ubicó firmemente la guerra Luso-castellana en la estrategia a gran escala de la monarquía Habsburgo española9. En varias ocasiones de diciembre de 1640 a 1643, los consejos de Estado y Guerra decidían la conveniencia de darle prioridad a la guerra de Portugal sobre la del frente catalán. El Conde Duque de Olivares, favorito del rey Felipe IV, propuso darle la misma prioridad a ambas guerras (es decir, hacer una campaña de acometida en ambos frentes). Debido a la precaria situación de los recursos de Castilla, el rey decidió darle prioridad al restablecimiento de Cataluña, situando el frente del oeste en pie de guerra defensiva (Elliott, 1986: 610 y 612; Valladares 1991: 12-16; Valladares, 1992: 28; White, 1985, 226-230), situación en la que permaneció hasta finales de 1650. En Portugal, incluso antes de que surgieran las hostilidades, el nuevo régimen se movilizó rápidamente para situar la anticipada guerra en un marco europeo: se enviaron embajadores a Barcelona, a la corte francesa e inglesa, a La Haya, Suecia y Dinamarca (en otras palabras, a los enemigos españoles), y también a Roma. El objetivo no consistía solamente en justificar el golpe de Estado de 1640 y de asegurarse el reconocimiento de João IV como rey de Portugal, sino también en negociar tratados así como obtener armas y ayuda para apoyar los esfuerzos diplomáticos y ofensivos de Portugal (Prestage, 1917, 1920 y 1925). Al mismo tiempo que Madrid presionaba al Papa para denegar una audiencia al representante portugués, en 1644 varios delegados de João IV atendieron en calidad de miembros de las delegaciones de Francia y de las Provincias Unidas al Congreso de Paz de Münster y Osnabrück, celebrado para dar final a las guerras en Europa (más tarde se la denominaría la Guerra de los Treinta Años)10. 66 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 8. PARKER (1995b: 36). Para verificación sobre España véase White, 2002: 5-6. La deserción entre los milicianos también aumentaba en otoño al regresar a sus casas y sembrar la semilla para la cosecha del año siguiente. 9. Sobre la guerra de 1640-1668 y la política internacional de la monarquía hispánica, véase Valladares, 1998. 10. Véase Prestage, 1925, Croxton, 1999 y Cardim, 1998. España y sus aliados rehusaron persistentemente en aceptar la petición de Portugal de ser incluida en las deliberaciones y negociaciones. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 66 En sus respectivas fronteras, cada bando movilizaba y mantenía varios ejércitos, aunque como veremos más adelante, los portugueses no podían mantener en el principal frente de guerra un ejército tan grande como el castellano. Para facilitar la movilización de tropas en la región fronteriza (llevada a cabo utilizando una combinación de recursos medievales y «modernos»), Castilla inicialmente estableció nueve comandos militares, reducidos a mediados de 1641 a cinco (White, 1985: 240). Oponiéndose a las fuerzas castellanas, Portugal contaba con cinco ejércitos. Hasta el traslado en 1661 a Estremoz del cuartel general del ejército portugués de Alentejo, las sedes de los respectivos ejércitos principales estaban situadas prácticamente una enfrente de la otra: la del Alentejo en Elvas, y la de Extremadura en Badajoz. En la frontera del norte de Portugal, las sedes de las fuerzas castellanas de Galicia situadas en Tuy y Padrenda (más tarde en Monterrey) se encontraban prácticamente enfrente de las sedes portuguesas de Entre Douro e Minho en Valença (aunque después más lejos, en Viana) y Chaves. Las sedes de los ejércitos de Castilla la Vieja en Puebla de Sanabria y Ciudad Rodrigo se situaban frente a las sedes portuguesas de los ejércitos de Tras-os-Montes en Bragança, y de Beira en Almeida (aunque dividida periódicamente en dos comandos situados en Pinhel y Castelobranco); y en el sur, la sede castellana en Ayamonte en Andalucía estaba situada en frente de la sede portuguesa en el Algarve en Castro Marim, al otro lado del río Guadiana. La necesidad de líneas defensivas a lo largo de la frontera y los problemas de movilización de recursos forzaron la dispersión de dichos ejércitos en cierto número de pueblos y aldeas cercanas a la frontera. En Extremadura, por ejemplo, los límites de la jurisdicción del norte estaban separados de los límites del sur por 200 kilómetros. Esta distancia fue clasificada repetidamente por varios jefes militares como imposible de defenderla debidamente11. No sorprende el observar que la organización entre las distintas unidades del mismo ejército fuera deficiente, y que la coordinación entre los mismos fuera incluso peor. Ante la petición de socorro recibida por áreas sometidas a ataques, los jefes militares de la jurisdicción correspondiente reaccionaron con el envío de refuerzos, pero debido a retrasos en las comunicaciones y al tener que posicionar a las tropas en lugares «clave» los dejaron a menudo a merced del enemigo. El que mayor presión recibía era el frente principal de guerra portugués en Alentejo; por lo tanto las peticiones de refuerzos para aplacar las ofensivas castellanas recaían frecuentemente en los ejércitos vecinos de Beira y el Algarve. Debido a dicha deficiencia en el sistema de comunicación, el despacho de refuerzos de defensa era prácticamente inútil a menos que se recibieran previos avisos basados en informes (o rumores) de las maniobras enemigas. Incluso para un solo ejército, cuando sus tropas se dispersaban en sus cuarteles, les llevaba varios días —cinco en el caso del principal ejército portugués en Alentejo, como señaló el Consejo de Guerra en 1653— antes de que pudieran organizarlas para entrar en acción12. Aun así, la dispersión de las tropas en los cuarteles situados estratégicamente en lugares importantes se consideraba Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 67 11. Véase, por ejemplo, A(rchivo) G(eneral de) S(imancas), G(uerra) A(ntigua), (legajo) 1425, consulta Junta de Execución, 26-5-1642; ibid. 1469, consulta Junta de Guerra de España, 11-9-1643. 12. Véase Lopes de Almeida y Pegado, 1940: 23-25, assento de 22-10-1653. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 67 la fuerza defensiva más importante de Portugal, al privar a Castilla de un centro de gravedad que le permitiera servir de blanco y ser destruído de un solo ataque13. A pesar de todas las dificultades, de vez en cuando se hacían intentos de formular cierta clase de estrategia general para el «frente del oeste», y de coordinar las ofensivas de dos o más ejércitos aliados. Nada más comenzar la guerra, por ejemplo, habiendo concluído un tratado con Francia en junio de 1641, en el cual João IV prometía hacer una ofensiva, al mes siguiente ordenó a todos sus ejércitos cruzar la frontera con Castilla para acometerla (Ericeira, 1946, I: 268). De forma semejante las ofensivas portuguesas de 1643 y 1644 también estaban unidas a tratados internacionales. Concretamente los congresos para la paz inaugurados en Alemania, en los que se intentó presionar a Castilla para negociar un acuerdo favorable, así como también responder a las demandas francesas de abrir una ofensiva en el frente del oeste y forzar a Madrid a retirar una parte de sus fuerzas de Cataluña. La ofensiva de 1643, en la que estaban involucrados dos de los ejércitos portugueses —los ejércitos de Alentejo y Entre Douro e Minho— probablemente fue la más victoriosa de todas, y forzó a Madrid a tomar medidas de emergencia como el plan de trasladar la sede del ejército de Extremadura a Llerena en anticipación al sitio de Badajoz, aunque el traslado nunca se produjo14. Además, era la primera vez que el gobierno de los Habsburgo reconocía que los portugueses podían penetrar fácilmente en el corazón de Castilla y terminar con su capacidad de enviar ayuda a todas partes. Este hecho incitó la propuesta de que los ejércitos de Cataluña y Extremadura tuvieran preferencia sobre los del resto de la monarquía15; aún así pasarían otros dieciocho años antes de que se le diera prioridad al frente del oeste. Se produjeron más intentos de coordinar el ataque de dos o más ejércitos. En 1661, por ejemplo, las incursiones realizadas en territorio portugués por los ejércitos de Galicia y Castilla la Vieja (con su sede en Ciudad Rodrigo) fueron coordinadas para realizar la mayor ofensiva producida por el ejército de Extremadura en el Alentejo con el propósito de debilitar a los portugueses (Valladares, 1998b: 58). En 1663, de nuevo, coincidiendo con una ofensiva importante realizada por el ejército de Extremadura, Felipe IV ordenó que «por Galicia tengo por conveniente se continúe la guerra ofensiva» (Valladares, 1998b: 60). En 1667, los portugueses coordinaron ofensivas en dos frentes, atacando Monterrey en Galicia, y en el sur en las proximidades de Huelva en Andalucía (Valladares, 1998b: 67). Otros intentos de coordinación entre ejércitos ocurrían cuando un segundo ejército se involucraba en un ataque de divertimiento, generalmente un asedio, en un intento de forzar al enemigo a levantar el sitio impuesto a una fortaleza importante. A finales de agosto de 1658, con la sede del ejército de Extremadura bajo sitio comenzado en julio, «con orden expressa que para ello tuvo de Su Majestad, entró en Portugal el sr. Marques [de Viana] Governador, a molestar por aquella parte a los enemigos, y divertirlos del 68 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 13. Concepto identificado por Clausewitz, 1984: 487. 14. Incluso durante el sitio de cuatro meses de duración de 1658-1659, la sede permaneció en Badajoz. La esperanza de liberar el asedio influyó tanto en la toma de esta decisión como la reputación. 15. AGS GA 1469, «puntos que se representan para tomar resoluçion con occasion de la entrada que han hecho en Estremadura el revelde de Portugal», 22-9-1643. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 68 sitio que atrevidamente avian puesto a la ciudad de Badajoz», poniendo sitio a Monção (Anónimo, 1659). Como mínimo el asedio consiguió mantener ocupados a tres tercios de las tropas del ejército de Entre Douro e Minho y a cuatro de milicianos, imposibilitando a los portugueses a mandar refuerzos al frente de Extremadura tal y como lo hicieron el año anterior, cuando enviaron 4.000 hombres para unirse al ejército de Alentejo (Barrionuevo, 1955, II: 97-100). La estrategia dominante era la guerra de posición en la cual los asedios constituían un rasgo común a lo largo de la guerra de 1640-1668, aunque la mayoría eran de corta duración16. Los asentamientos no defendidos por complejas y modernas fortificaciones (un sistema de defensa a fondo que consistía en un cerco abaluartado, un foso, camino cubierto y obras exteriores tales como medias lunas o revellines) eran incapaces de resistir más de un par de días en caso de ser sitiadas por un enemigo incluso pobremente equipado de artillería. Los pueblos que habían modificado sus murallas medievales con la adición de baluartes o algún tipo de fortaleza moderna exterior tenían la capacidad de aguantar un poco más (como veremos en breve). Las pocas plazas fuertes convertidas en fortalezas de artillería (artillery fortresses) (principalmente Elvas y Olivença en el Alentejo, y Badajoz en Extremadura) forzaron al ejército agresor a utilizar las últimas innovaciones técnicas. Por otra parte, raras veces los asediadores de la guerra Luso-castellana impusieron asedios largos. Existen varias explicaciones para este hecho: el enorme costo de un asedio largo, donde el factor principal consistía en el derroche de recursos humanos —sólo la mitad, o incluso menos de la mitad del ejército agresor se componía de soldados regulares, el resto consistía en milicias y soldados traídos de otras provincias—, dificultades de abastecimiento y la corta duración de las dos temporadas de campaña. Estos problemas disuadían a las autoridades militares a arriesgar su reputación por miedo al fracaso17. Esto era evidente al comenzar un asedio bien avanzada la temporada de campaña, pues las deserciones se producían en cuantía y los ejércitos se vieron reducidos a tan pocos soldados que a duras penas podían mantener las líneas de circunvalación, corriendo el riesgo de sufrir una derrota en caso de contrataque por parte de la fortaleza asediada. De todos modos, un asedio podía ser de corta duración debido a que los asediadores confiaban en una conquista rápida y la abandonaban en caso de no conseguirla, o trataban de evitar un encuentro con un ejército de ayuda. Solamente unos pocos llegaron a durar varios meses: el asedio castellano de Olivenza (en Alentejo) duró un mes y medio en 1657; el de Valencia de Alcántara (Extremadura) también alcanzó mes y medio en 1664; el asedio a Monção (en Entre Douro e Minho) por el ejército de Galicia en 1658-1659 fue el más largo con cinco meses de duración. Sin embargo, los asedios largos no resultaron siempre victoriosos: el asedio portugués Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 69 16. Aunque sin lugar a dudas, mi archivo sobre asedios está todavía incompleto, los únicos años en los que no he encontrado traza de ellos son 1652 y 1668. 17. Dos comandantes del ejército portugués de Alentejo, el conde de Obidos y Joanne Mendes de Vasconcelos, fueron arrestados al levantar sus respectivos asedios en Badajoz (1642) y (1658), sin someter su decisión a aprobación real. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 69 70 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White de Badajoz se levantó a los cuatro meses en 1658, así como el asedio castellano de Escalão (cerca de Castelo Rodrigo) (Serrão, 1980, V: 138). La falta de un «centro de gravedad» tanto en los territorios castellanos como en los portugueses prácticamente imposibilitaba el alcance de un control territorial importante por parte del enemigo. Este problema se veía agravado por el tamaño reducido de los ejércitos de ambos bandos (ver más adelante) y la carencia de suficientes tropas para sostener y ocupar permanentemente la mayoría de las posiciones o fortificaciones capturadas18. Como consecuencia, la frontera permanecía relativamente estática, incluso cuando entre los años 1661 y 1665, con la absorción de soldados veteranos extranjeros en los dos ejércitos principales, el conflicto se transformó de una guerra «pequeña» a una «grande». Durante este período, el aumento de tamaño del ejército de Extremadura —que el Consejo de Guerra castellano consideró imprescindible, al afirmar en octubre de 1662 que «para la conquista de Portugal, que es haber un ejercito muy superior al del enemigo» (citado en Valladares, 1998b: 59-60)— tuvo como contrapartida otro aumento en el ejército del bando contrario de Alentejo. Como consecuencia, los castellanos perdieron la oportunidad de alcanzar una clara superioridad militar sobre el terreno (al cual les pertenecía en 1580), y a su vez eliminó la posibilidad de establecer un control firme sobre los territorios conquistados en las ofensivas de 1661-1663. Nos ofrece un buen ejemplo la captura castellana de Évora, siendo ésta la capital de Alentejo y la segunda ciudad más poblada de Portugal, en un asedio de una semana de duración en mayo de 1663. Dicha conquista supuso un gran triunfo para Castilla. Sin embargo, debido al ansia de Don Juan de Austria de coronar su reputación con una espectacular victoria para Castilla y con poca capacidad para adoptar una estrategia de buscar la batalla (battle-seeking strategy), le llevó a cometer el serio error de pasar por alto las fortalezas de Elvas y Estremoz —y siendo fortalezas de artillería fueron evitadas a próposito. Como consecuencia, el ejército castellano y sus caminos de abastecimiento quedaron en una situación vulnerable. Con la llegada del verano y la falta de un control firme sobre los territorios recorridos, el grueso del ejército se vio forzado a retirarse de la frontera para ocupar sus guarniciones regulares en Extremadura. Con una retirada seguida de cerca por un ejército portugués de rescate, el 8 de junio de 1663 el ejército castellano se vio forzado a dar batalla cerca de Ameixial. La derrota sufrida por el ejército castellano dejó en Évora una guarnición de 2.500 hombres totalmente aislados en medio de territorio enemigo y sin esperanza de la llegada de un ejército de liberación, lo cual llevó a la capitulación de la ciudad en una semana al contra-asedio portugués. Dos años más tarde en la batalla de Montes Claros de 1665, sin alcanzar aún una superioridad militar y tras haber levantado el ejército de Extremadura un asedio impuesto a Vila Viçosa a causa de la llegada de otro ejército de liberación portugués, los castellanos fueron derrotados de nuevo. 18. Hubo contadas excepciones como la captura y ocupación de Salvatierra (Galicia), Alconchel y Higuera de Vargas (Extremadura) por los portugueses en 1643 —aunque Higuera de Vargas fue abandonado más tarde—, Oliva y Valencia de Alcántara en 1664, y San Lucar de Guadiana en 1666, y la captura y ocupación de Olivença en 1657, y Arronches en 1661 (luego abandonada en 1663) por los castellanos. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 70 Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 71 Como consecuencia, en casi 28 años de guerra, la frontera no había cambiado apenas, ofreciéndonos otro ejemplo que apoya el punto de vista de David Parrott en el que afirma que la libertad de una autoridad militar a actuar en concordancia con cualquier estrategia global era casi nula (Parrott, 1995: 246). En los asedios, frecuentemente se seleccionaba un objetivo después de un debate seguido por la votación del consejo de guerra del ejército que se celebraba la primera tarde después de que las fuerzas se unieran. Al día siguiente las fuerzas continuaban la marcha hacia su objetivo. Frecuentemente, en los primeros días de la puesta en marcha, se detectaban los primeros errores en la evaluación del objetivo escogido o en los movimientos del ejército enemigo poniendo en peligro la consecución del plan original, provocando un cambio en el mismo. Esto ocurrió, por ejemplo, durante las campañas de Don Juan de Austria de 1661 y 1662 (Ericeira, 1946, III: 399; Mascareñas, 1663). Mientras los ejércitos marchaban con trenes de artillería generalmente importantes, la necesidad de flexibilidad y velocidad en maniobrar, junto con las malas condiciones de los caminos, hacía que fuera estratégicamente imprudente —y dado la insuficiencia crónica de cabalgaduras y carros, fuera generalmente imposible— transportar cañones de batir, ya que incluso el menor, el medio cañón, pesaba 5.600 libras, y requería de 20 caballos para transportarlo (Lynn, 1997: 501). Este error de transportar demasiados cañones al ir de campaña ocurrió en más de una ocasión, por ejemplo en diciembre de 1642, cuando el ejército de Extremadura fue forzado a abandonar parte de su tren de artillería al terminar con el sitio de Elvas (Demerson, 1994: 813). En consecuencia, los blancos escogidos estaban generalmente cerca de la frontera, donde para completar las líneas de circunvalación y asegurar sus cuarteles, le quedaba tiempo al comandante de la fuerza asediadora para requerir cañones pesados adicionales. En la ofensiva de 1662, por ejemplo, Don Juan de Austria marchó con sólo cuatro medios cañones y cuando finalmente decidió en poner sitio a Juromenha, ordenó que se transportaran seis cañones desde Badajoz (Mascareñas, 1663: 20). Las circunstancias de las pocas batallas de esta guerra —Elvas en 1659 y Montes Claros en 1665— apoyan otro de los argumentos de Parrott en el que afirma que las batallas de la época moderna provenían, la mayoría de las veces, de un intento de levantar un asedio en vez de como consecuencia de una preconcebida «estrategia de exterminación» (Parrott, 1992: 26). A pesar de que Don Juan de Austria había ya capturado Evora, la batalla de Ameixial de 1663 encaja perfectamente en esta categoría ya que al concluir el asedio la retirada del ejército de Extremadura fue bloqueada. Es más que probable que la otra verdadera batalla de la guerra, la batalla de Montijo de 1644 —sea dicho de paso la única batalla llevada a cabo en suelo castellano— también encaje en este modelo. Aunque la campaña portuguesa de primavera de 1644 correspondía más a un chevauchée (cabalgada) y no implicaba un asedio importante, el ejército de Extremadura contratacó la ofensiva y aunque no tenía intención de un choque frontal, los dos bandos se vieron forzados a entrar en batalla. Debido a que el asedio suponía un elemento importante en la estrategia tanto de castellanos como de portugueses, es importante determinar si las técnicas modernas de asedio asociadas con la RM se utilizaban en la guerra de 1640-1668. El modelo de asedio clásico, desarrollado en Flandes a finales del siglo XVI por MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 71 gían contra los agresores (McJoynt y Prescott, 1995: 37). Lo que definitivamente había cambiado era el tipo de arma de mano utilizada en asedios, ya que en 1640 el arma preferida por los defensores cuyo propósito era disparar desde posiciones fortificadas era el mosquete. Debido a su mayor potencia y mayor alcance, el mosquete era preferible al arcabuz (el cual con un peso de 11-12 libras era de un cuarto a tres cuartos de peso más ligero)33. Las armas ligeras de mano tenían más usos en el combate, particularmente en emboscadas contra la caballería, donde los mosquetes seguían siendo las armas preferidas (por ej. MHE, 1861-64, XVII: 338), aunque tenían que ser disparadas desde un forcado. Mientras que el arcabuz (por lo menos en nombre) parece que desapareció en los ejércitos franceses desde 1620, el uso tanto del arcabuz como del mosquete, claramente identificados por su diferente alcance, fue evidente en la guerra de 1640-6834. Los soldados de caballería de ambos bandos —en su mayor parte corazas (port.: coraças)— iban armados con armas de fuego. Cada soldado disponía de una carabina y dos pistolas, y la historia oficial de la guerra de Portugal hace notar que recibían instrucción para su uso (Ericeira, 1946, I: 287). Para aumentar la eficacia del uso de armas pequeñas así como la facilidad de maniobra de los arcabuceros en campañas de guerra, comenzaron a aparecer en el oeste de Europa nuevas unidades de arcabuceros montados, llamados los dragones. Este mismo sistema se utilizaba en los ejércitos ingleses del siglo XIV para dar rapidez a los arqueros. Mientras que los ejércitos castellanos operaban ya con arcabuceros montados y Alba formaba una compañía separada para la invasión de Portugal de 1580, los franceses no añadieron dragones a sus ejércitos hasta 1635 (Lynn, 1997: 491). En la guerra de 1640-1668, existían relativamente pocas compañías de dragones. Este hecho no se debía a la falta de adopción de tácticas modernas ya que se hicieron esfuerzos por mobilizar seis compañías de dragones (un total de 480 hombres, 80 por compañía) al formarse el ejército de Extremadura en 1641. El plan falló debido a la oposición local, porque los habitantes locales —la principal fuente de reclutamiento para el ejército— simplemente se negaban a servir en las compañías de dragones, mientras que «los capitanes se despreciaban de serlo»35. Este hecho se convirtió en una cuestión de estatus, en la que se daba preferencia a servir de coraceros (eso es, en las compañías de corazas), e incluso los arcabuceros de a caballo eran considerados superiores36. En 1644 surgieron dudas sobre la posibilidad de añadir 500 dragones a la caballería del ejército de Extremadura, y para 1646 sólo quedaban 78 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 33. Debían de pesar de 15 a 20 libras (6,75 a 9 kilos), y un alcance mortal de 100-120 metros, posiblemente incluso 180 metros o más. Para detalles y comparaciones entre mosquetes y arcabuces, véase WHITE, (1998): 156-157, y WHITE, (2002): 14-16. 34. LYNN, (1997): 458-459, nos hace notar la reducción del peso del mosquete desde mediados del siglo XVII, así como debido a la diversidad de calibres, problemas de suministrar a los soldados con el calibre correcto. Encuéntrase indicaciones tales como «a menos de un tiro de mosquete» y «a más de un tiro de arcabuz», en la «Relación de la vittoria que tubieron las armas de su Magestad», citado en Cortés Cortés, 1982: 90-1. 35. AGS GA 1523, «En carta de 14 del corriente [de febrero de 1644]…». 36. Ibid. Los dragones recibían pagas más bajas que las corazas, y al igual que los arcabuceros, desmontaban para luchar, aunque generalmente montaban mulas, ponys o caballos de baja calidad. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 78 tres compañías de bajo rendimiento. En 1647, el veedor general y contador del ejército propuso desmantelar los dragones debido al «poco fructo» que otorgaban, mientras que el comandante del ejército se quejó diciendo que «no son de ningún servicio por estar de mala calidad y de corto número»37. Otro elemento clave de la teoría de la RM era la creación de ejércitos permanentes. En vísperas de la guerra, Portugal carecía de un ejército permanente. Las posesiones portuguesas en el norte de África y Asia se defendían por medio de una cadena de fuertes donde la organización militar tenía un carácter fundamentalmente feudal (Rodrigues, 1998: 50-92). El territorio metropolitano disponía de una única fuerza militar que consistía en un tercio naval en mal estado (terço da armada) que en su mejor momento alcanzó los 1.000 hombres, junto con los despojos de una milicia a nivel nacional revivida de vez en cuando desde 162538. En los tres meses siguientes al golpe de Estado del 1 de diciembre de 1640, la primera junta de las Cortes acordó la provisión de fondos para mantener un ejército permanente de 24.000 soldados. Este subsidio era temporal al estar condicionado a un límite de tres años (siendo necesaria su renovación cada tres años), así como a su término en caso de finalizar la guerra. En las Cortes de 1646, dicho ejército permanente se redujo a 20.000 soldados39. En cuanto a Castilla, mientras que las tropas en los presidios costeros de Iberia (incluyendo los de Portugal durante su anexión) se podían considerar realmente permanentes, el papel de esta fuerza consistía en guarnecer plazas fuertes y proveer de sustitutos para los ejércitos extranjeros, en vez de constituir una fuerza armada particular. Aún en el siglo XVII, excluyendo las 25 compañías de las Guardias de Castilla40, no se formó un verdadero ejército permanente hasta comienzos de 1630, cuando se levantaron los ejércitos de Navarra y de la frontera catalano-francesa en anticipación a una guerra con Francia41. A diferencia de Portugal, como se comprueba en la guerra de 1640-1668, las Cortes castellanas no ejercían un control efectivo sobre el tamaño de los ejércitos, aunque la Comisión de Millones tenía cierta participación en su financiación. Al igual que en otros ejércitos, el número de hombres en servicio fluctuaba considerablemente, incluso en un solo mes, pero la información disponible a partir de los documentos de aquella época no es detallada, e impide comparaciones precisas42. En 1642 las tropas permanentes castellanas de la frontera con Portugal Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 79 37. AGS GA 1712, relación de 24-7-1646, Badajoz; ibid., 1616, consulta de la Junta de Guerra de España, 4-5-1647. Las tres compañías contaron con sólo 78 soldados montados. 38. En 1620 el terço da armada contó con 1.082 hombres. Harvard Library, Ms Portugal 4794F, f. 249-50v, sin fecha. Sobre el reestablecimiento de las milicias, G. Severim de Faria, «Relação do que succedeo em Portugal…», Biblioteca Nacional de Lisboa, Códice 241, f. 206-v; e información sobre los restos en 1639, véase Hespanha, 1986, I: 263-65. 39. SERRÃO, (1980), V: 25 y 31; HESPANHA, (1992): 128. El acuerdo de aumentar los fondos monetarios consistía en cortarlos en caso de que la guerra finalizara en menos de tres años, y se requería un acuerdo de renovación por las Cortes cada tres años. En 1642 se aumentó el subsidio annual para mantener al ejército de 1,8 a 2 millones de cruzados y aumentó a 2,15 millones en 1646. 40. Véase MARTÍNEZ RUIZ, (2001): 8. En el s. XVI hubo 24 compañías y 26 en 1660. Valladares, 1998b, 57. 41. STRADLING, (1994): 114. En 1635 se calculó el pie del ejército de Navarra en unos 15.000 hombres. 42. Sobre los problemas de reunir y comparar el número de soldados de los ejércitos, véase LYNN, (1995b): 119-20. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 79 ascendían a casi 28.000 soldados —sobrepasando en más de un 15 por ciento a las de los ejércitos permanentes portugueses de aquel tiempo (White, 1985: 494). Pero en ningún momento, las fuerzas de los distintos bandos se unieron en un ejército único, puesto que debido a razones estratégicas estaban divididas en varios ejércitos a lo largo de la frontera. Cabe puntualizar que estos ejércitos solamente se juntaban en un ejército combinado en contadas ocasiones a lo largo del año. Por razones tanto logísticas como estratégicas, los ejércitos individuales solamente se juntaban componiendo un ejército único cuando sus jefes militares movilizaban sus tropas durante el periodo de tiempo de una acción ofensiva o defensiva, en una sesión de campaña. Este es un rasgo común en los principales escenarios de guerra del oeste europeo. La tendencia a unirse por parte de los ejércitos de menor tamaño en los frentes secundarios del norte, tanto portugueses como castellanos, era reducida al enviarse casi anualmente varios de sus componentes a reforzar los ejércitos principales de las regiones de Alentejo y Extremadura. Otra razón a la casi ausencia de oportunidad de unión para luchar como ejércitos completos se debe a las distancias que separaban a las distintas unidades. Dichas distancias eran demasiado grandes con un terreno inapropiado para facilitar el desplazamiento como fuerza única. Esto ocurría con frecuencia en los ejércitos del norte o nordeste de Portugal —Beira, Castilla la Vieja, Entre Douro e Minho y Galicia—, donde se les combinaba y dividía periódicamente en fuerzas separadas con mandos separados. Al término de la paz entre Francia y España, en la década de 1660 los ejércitos de ambos bandos, particularmente los de los dos ejércitos principales, aumentaron de tamaño, ello a pesar de que la entrada de extranjeros o las transferencias de tropas veteranas castellanas de otros frentes de guerra era bastante modesta. El contingente de soldados provenientes de Francia y comandados por el conde Federico de Schomberg a Portugal a últimos de 1660 estaba compuesto solamente por 600 hombres (Prestage, 1925: 76). El primer contingente de soldados ingleses, el cual ascendía a 2.500, no llegó a Portugal hasta mediados de 1662, y pasaron dos años hasta la llegada del siguiente contingente compuesto por 1.700 hombres43. De todos modos, debido a las bajas y deserciones los números bajaban rápidamente: en ocho meses el primer contingente inglés redujo su número en un 34% a sólo 1.650 hombres (Childs, 1975: 137). En 1664, la proporción de tropas extranjeras en el principal ejército de Portugal suponía solamente un 20%44. Desde 1661 habían sido trasladadas tropas veteranas de Flandes, Italia, territorios alemanes y Cataluña al frente de Extremadura. A finales de 1661, Don Juan de Austria sitió victoriosamente Arroches con un ejército compuesto por cuatro tercios de españoles, uno de napolitanos, otro de lombardos y un regimiento de alemanes (Mascareñas, 1663: 6). El ejército castellano que capturó Evora en 1663 se componía de soldados veteranos españoles, italianos y alemanes, 80 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 43. Childs, 1975: 136 y 138. Se observa cierta discrepancia entre el número de hombres que llegó en 1662. Serrão, 1980, V: 52, da un total de 2.700, mientras que Prestage, 1925: 81 (siguiendo Ericeira, 1946, IV: 15), proporciona una cifra de 4.000, pero parece que las cifras de Childs son las más fidedignas. 44. Había 3.800 extranjeros de un total de 18.300 (27,5 por ciento de la infantería y 9 por ciento de la caballería). MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 80 e incluso un tercio de tropas francesas, mientras que en 1665, el poderoso ejército de Extremadura, compuesto por 15.000 soldados, estaba integrado por un gran contingente de tropas veteranas alemanas, suizas, irlandesas e italianas45. A pesar de ello, debido a las limitaciones derivadas de problemas de movilización de recursos, el tamaño de los ejércitos principales de ambos bandos en la fase «grande» de la guerra de 1640-1668 se limitó considerablemente46. Extremadura y el Alentejo, además de sufrir problemas de escasez de hombres y recursos financieros, se veían afectados por el clima, un sistema de comunicación pobre y la relativa baja densidad de población. Estos hechos limitaron los períodos de campaña y las posibilidades de la provincia para guarnecer y alimentar durante el año a las tropas —la caballería en particular— cercanas a la frontera. Cuando la campaña finalizaba, la infantería de ambos lados se dispersaba volviendo a sus guarniciones de los asentamientos y castillos de las provincias enfrentadas. En caso de que las tropas provinieran de regiones vecinas, volvían a casa. Para sobrevivir, la caballería se veía forzada a retirarse al interior de las respectivas provincias durante períodos largos de tiempo —por lo menos durante unos ocho meses, de acuerdo con el gobernador del ejército de Extremadura en 164547—. En 1646 el Consejo de Guerra castellano propuso enviar un determinado número de caballería del ejército de Castilla la Vieja ubicado en Ciudad Rodrigo al interior de la Meseta, a los partidos de Salamanca, Béjar, Ávila y Tierra de Campos, desde el final del otoño y hasta el inicio de la primavera (Valladares, 1998b: 38-9). Las tablas 1 y 2 muestran el tamaño del ejército principal de cada bando. Es importante observar que dichos ejércitos eran ejércitos formados de camino para la campaña y no consistían en la dotación de tropas regulares correspondiente a cada ejército. La dotación del ejército de Alentejo comenzó solamente con 6.000 soldados en los primeros años de la guerra y, con la escalada de ésta, alcanzó los 8.500 en 166148. En 1644, con una dotación de 7.800 hombres, el ejército de Extremadura sobrepasaba en un 30% al ejército contrario, mientras que una muestra de 1647 nos revela que el número real de soldados sirviendo en el ejército alcanzaba casi los 6.30049. En 1644 la proporción de la caballería en el ejército de Extremadura alcanzaba un 23% (1.800 de un total de 7.800); en el ejército de Alentejo en 1642, suponía solamente un 17% (1.000 de un total de 6.000), aunque ascendió a un 29% (2.500 de un total de 8.500) en 166150. Aunque el tamaño de los dos ejércitos prinGuerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 81 45. R(eal) A(cademia de) H(istoria), S(alazar) y C(astro), K-12, f. 206-224, «Resumen de las operaciones de la campaña contra Portugal de este año de 1663…»; Boxer, 1976: 661. 46. Con respecto a limitaciones similares en el tamaño de ejércitos particulares en otras áreas de la Europa moderna, véase Adams, 1995. 47. Como indicara el superintendente de la justicia militar del ejército de Extremadura en 1646: «de quinientos y cinquenta pueblos que tiene esta provyª solos 80 o 90 dellos por ser los que menos pobres acavados estan y mas adentro del pais son las que ordinªmente se escojen para estos alojamientos…». AGS GA 1712, carta de 7-7-1646; ibid., consulta de la Junta de Guerra de España, 12-11-1645. 48. B(iblioteca de) A(juda, Lisboa) 51-V-79, f. 166v-167v. 49. AGS GA 1517, «Relación de lo probeydo para Badajoz…»; ibid., 1616, consulta de la Junta de Guerra, 4-5-1647. 50. AGS GA 1517, «Relación de lo probeydo para Badajoz…»; LARANJO COELHO, (1940), II: 186, ERICEIRA, (1946), I: 271-273 y II: 233-234; BA 51-V-79, f. 166v-167v. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 81 82 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White Tabla 1. Ejército de Extremadura. Fecha Total del ejército Infantería Caballería % de caballería 4-10-1642 9.392 7.409 1.983 21 16-2-1643 9.682 7.772 1.910 20 26-5-1644 9.100 7.000 2.100 23 7-12-1644 14.600 12.000 2.600 18 10-1645 15.000 12.000 3.000 20 24-9-1646 8.940 6.344 2.596 29 26-4-1657 17.230 13.079 4.151 24 10-9-1658 16.500 12.000 4.500 27 14-1-1659 17.500 14.000 3.500 20 1661 15.000 10.000 5.000 33 ?-5-1662 14.000 9.000 5.000 36 30-4-1663 22.504 15.316 7.188 32 17-6-1665 22.663 15.000 7.663 34 11-9-1667 21.000 16.000 5.000 24 Fuentes: D’Ablancourt, 1701; Ericeira, 1946; White, 1985; Cesar, 1935: 3. Tabla 2. Ejército de Alentejo. Fecha Total del ejército Infantería Caballería % de caballería 4-10-1642 9.392 7.409 1.983 21 8?-1641 3.400 3.000 400 12 6-9-1643 14.000 12.000 2.000 14 5-1644 7.000 6.000 1.000 14 8-1645 6.700 5.500 1.200 18 15-9-1646 8.800 7.200 1.600 18 1648-9 6.600 5.000 1.600 24 2-2-1652 9.387 7.000 2.387 25 21-10-1657 12.000 10.000 2.000 20 12-6-1658 17.000 14.000 3.000 18 14-1-1659 9.500 7.000 2.500 26 10-1661 13.500 10.000 3.500 26 6-1662 16.000 12.000 4.000 25 4-6-1664 28.000 22.000 6.000 21 28-5-1665 9.500 7.000 2.500 26 Fuentes: Ericeira, 1946; Andrade e Silva, 1855-56, vol. 1648-1656: 96-7; Barrionuevo, 1968-1969, II: 106; Childs, 1985: 143. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 82 cipales aumentó en la sesión de campaña a una cifra entre 15.000 y 28.000, este hecho se consiguió mediante la movilización de sus respectivas milicias y la incorporación temporal de tercios de ejércitos vecinos y regiones del interior. Si lo comparamos a los ejércitos franceses de 1635-1659 que se componían de una media de 17.000 hombres (un gran descenso si lo comparamos con la media de 26.000 en el siglo XVI) (Lynn, 1995a: 177), el ejército de Extremadura contaba con un tamaño similar. El ejército portugués de Alentejo, por otra parte, era considerablemente menor que el ejército contrario castellano, y no se aproximó a la media francesa hasta las campañas más importantes acaecidas a finales de la década de los 50 y 60 del mismo siglo. Aparte de las diferencias en el tamaño de los dos ejércitos opuestos, las tablas 1 y 2 nos muestran también la notable disparidad entre ellos en cuanto al peso de la caballería. Hasta la escalada de la guerra en la década de 1660, el porcentaje de caballería en el ejército de Extremadura variaba (aparte del 18 por ciento de diciembre de 1644) entre un 20 y un 29 por ciento. El porcentaje de caballería en el ejército de Alentejo no alcanzó estos niveles hasta finales de la década de 1640, y no pudo competir con el aumento del ejército de Extremadura, que alcanzó un tercio del total después de la escalada de la década de 1660. El alto coste de mantenimiento de la caballería (pagos a los soldados y comida para los caballos) así como la terrible escasez de caballos, restringían el tamaño de las fuerzas de caballería en los ejércitos de ambos bandos51. Los comandantes militares, especialmente los portugueses, presentaron repetidas peticiones para la obtención de más caballos así como para un incremento del tamaño de la caballería (por ej., Laranjo Coelho, 1940, II: 175-6). En referencia al tamaño de las unidades, se puede discutir la semejanza de los ejércitos regulares castellanos y portugueses de 1640-1668 con los localizados en las tierras del centro de la RM, donde las compañías de infantería no exceden los 100 hombres, mientras que los tercios (port.: terços) se componían de unos 1.000 hombres. Refiriéndonos también a las tierras donde operaba la RM, cuando los tercios de infantería entraban en acción se dividían en unidades menores llamadas batallones (batalhões) o escuadrones (esquadrões) de 500 a 600 hombres (Parker, 1995: 39). El ejército castellano que luchó en la batalla de Montijo en 1644 estaba compuesto de escuadrones de una media de 570 hombres. Asimismo, un informe de la campaña de 1663 nos indica que los tercios del ejército de Extremadura estaban divididos en escuadrones de una media de 760 hombres provenientes de tropas españolas, 400 de infantería italiana y 350 de alemanes52. Además, a finales de 1650 la infantería se formaba esporádicamente en unidades incluso menores. Cuando el ejército portugués levantó el sitio de Elvas al comienzo del año 1659, estaba compuesto por una vanguardia de 3.000 soldados de infantería divididos en cinco batallones de 600 hombres; un cuerpo de batalla de 2.000 soldados formado por seis batallones (cada uno compuesto por unidades de 330 hombres de media), y una Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 83 51. Véase STRADLING (1994). Sobre la escasez de caballos en los ejércitos españoles. 52. RAH, SyC, K-12, f. 206-224, «Resumen de las operaciones de la campaña contra Portugal de este año de 1663…». MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 83 extrema vanguardia compuesta por 1.000 hombres formada por cinco columnas de asalto de 200 soldados de infantería cada una (Cesar, 1935: 11). En el caso de Castilla, la división de las unidades de infantería en batallones menores, «batallas», compuestos a su vez por diez cuadrillas de cincuenta soldados, marcó el retorno a prácticas anteriores utilizadas durante la guerra de Granada en 148053. De todos modos, el tamaño de las unidades formadas para la batalla era claramente flexible y probablemente refleja los variados problemas a los que se enfrentaban los estados al reclutar y movilizar soldados. Para mediados del siglo XVII era prácticamente imposible en Iberia (así como en Francia) aumentar y mantener compañías de más de 100 hombres, y frecuentemente incluso alcanzar ese objetivo era imposible54. Los problemas de salud y sobre todo las deserciones reducían drásticamente el tamaño de las unidades. Los 7.200 soldados de infantería del ejército de Alentejo que cruzaron la frontera de Extremadura estaba formado por 10 terços, resultando un promedio de 720 hombres por terço (Ericeira, 1946, II: 174). Para el año 1661, la media había caido aún más. Según propias palabras del gobernador del ejército de Alentejo: «[o]rdinariamente cuando los terços están reputados llenos habrá 6.000 infantes», y el ejército normalmente se componía de diez terços, con un promedio de 600 hombres en cada uno55. El descenso de número comenzó en las compañías. En mayo de 1659 dos compañías de infantería que partieron de Lisboa hacia Elvas con 200 hombres contaban con bajas de 65 hombres al llegar a su destino, teniendo como resultado una media de 68 hombres por compañía56. A diferencia de Iberia y Francia, el ejército imperial contaba con una fuerza media de 200 hombres por compañía (Parrott, 2001: 49). En el caso de compañías de tropas extranjeras, por razones puramente económicas y para minimizar el pago a oficiales, era deseable que alcanzaran en teoría su fuerza máxima, pero en la práctica el número de bajas reducía considerablemente su número y presionaba a tomar acción para disolverlas y repartir sus soldados entre otras compañías —eso es, sujetarlas a la impopular «reformación». Aún así, la supervivencia de los tercios con una fuerza nominal de 1.000 soldados de infantería se puede atribuir a la resistencia de los monarcas tanto castellanos como portugueses—, conscientes de las quejas realizadas por el brazo popular en sus respectivas Cortes a la proliferación de posiciones de mando superiores —que consumían una gran parte de la paga militar—. Las tropas en movimiento, particularmente las de milicia, parecen haber permanecido en esta estructura administrativa tradicional. Por ejemplo, el ejército portugués de Tras-os-Montes que se adentró en Galicia en septiembre de 1643, se componía de tres «batallones» de 1.000 soldados de infantería cada uno57. 84 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 53. MCJOYNT (1995), 55, afirma que las «batallas» a veces alcanzaban la cifra de 1.000 hombres. 54. Para Francia, Parrott, 2001: 49-50. 55. BA 51-V-79, f. 166v-167v, memoria del conde de Atouguia de 19-1-1661. 56. BA 51-V-79, f. 7-v, carta de 7-V-1659. Las compañías se formaron en Madeira. 57. Véase, por ejemplo, las formaciones de batalla del ejército de Galicia en acción en Entre Douro e Minho en 1643. Los 2.000 soldados de milicia se dividían en sólo dos batallones. El ejército de Tras-os-Montes se había preparado para la batalla el día anterior. Jesuit Letters, XVII, 269-270. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 84 En lo que se refiere a la caballería, la unidad básica en relación a objetivos administrativos era también la compañía. Mientras que en 1632 Felipe IV redujo el tamaño de las compañías de caballería de Flandes a sesenta hombres, en Iberia las compañías se redujeron al mismo número sólo en 1649 (Clonard, 1853, IV: 461 y 464). En Portugal la dotación de las compañías de caballería de Portugal se mantenía en cien hombres. Como consecuencia del repetido problema de dificultades en el reclutamiento y sobre todo de la escasez de caballos apropiados (Stradling, 1994), el tamaño nominal de las compañías de caballería no guardaba relación con el número real de su dotación. En Portugal, las normativas del recientemente formado Conselho de Guerra sostenían la «antigua» práctica de crear compañías formadas por cien hombres, pero durante una inspección realizada para «reformar» la caballería del ejército de Alentejo en 1642, los mandos activos en campaña presionaron por tener un máximo de sesenta hombres, permitiendo a sus oficiales organizarlos mejor. Por la misma razón, se afirma que «com este fundamiento lo usan asi en toda Europa», añadiendo que «el castellano se acostumbra tambien por que sus tropas no pasan de cincuenta». Como era típico en João IV, su decisión en cuanto al cumplimiento de las recomendaciones del Conselho consistió en bordear el problema ordenando simplemente que la caballería se dividiera en el mismo número de compañías como de capitanes disponibles. Este hecho fijó el número de cada compañía en setenta y siete hombres58. En la práctica, sin embargo, la caballería portuguesa, al igual que sus oponentes, operaba en unidades de cincuenta hombres de media. Los 1.600 hombres que componían la caballería del ejército de Alentejo de 1649 se dividía en 32 tropas, con un promedio de cincuenta hombres cada una (Laranjo Coelho, 1940, II: 186). Para el año 1661 la media de las cincuenta y cinco compañías del ejército principal había disminuido ligeramente a 45,559. Sin embargo, en combate, la caballería portuguesa y castellana operaron en unidades mayores como ocurrió simultáneamente en otros ejércitos del oeste europeo. Mientras que en Francia desde 1638 las compañías de caballería se formaron en regimientos (Parrott, 2001: 49), a partir de 1633 en Flandes cierto número de compañías de la caballería española se dividió en trozos (bajo el mando de los más capaces y expertos capitanes). Hasta 1649 no estuvieron formalmente organizados en tercios, los cuales combinaban corazas y arcabuceros. Una reforma posterior de 1659 reemplazó los tercios por trozos de doce compañías, con cincuenta hombres cada uno60, lo que aumentó el tamaño de la unidad de 360 a 600. Al comienzo de la guerra de 1640-1668 la caballería castellana y portuguesa se organizaba todavía en compañías. No obstante, el descenso del tamaño de las compañías debido a las dificultades de reclutamiento de cuarenta y cinco a cincuenta Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 85 58. Como justificación, aquellos en el frente señalaban que algunas fuerzas fronterizas contaban con menos de 100 soldados de caballería, lo que significaba dividirlos y dejar un grupo sin oficiales. ANTT Conselho de Guerra, consultas, maço 2, no. 154, consulta of 4-7-1642. Había unos 1.000 soldados de caballería y 13 capitanes al mando. 59. BA 51-V-79, f. 166v-7v, memoria del conde de Atouguia de 19-1-1661. 60. Clonard, 1853, IV: 462-3. Según las cifras dadas, cada compañía contaba con ochenta y ocho soldados. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 85 hombres jugó un papel primordial en la introducción de cambios en la unidad de caballería. En combate, la caballería portuguesa y castellana comenzó prontamente a operar en unidades mayores —en batallones (portugués: batallões). En teoría los batallones constaban de 80 a 100 hombres cada uno61. Los batallones de caballería no se formaban por la adición de unidades básicas de compañías ya existentes, sino de una forma improvisada para realizar un proyecto particular. En un encuentro en la frontera de Alentejo a principios de noviembre de 1653, por ejemplo, los portugueses formaron doce batallones de 950 caballos —con una media de setenta y nueve cada uno—. Seis de estos doce batallones se posicionaron en la vanguardia y seis en la retaguardia, con mosqueteros en dos compañías en ambos lados. Al mismo tiempo, un contingente de 1.300 soldados de la caballería castellana a la espera de los portugueses se formaron en quince batallones (de una media de ochenta y siete hombres cada uno), y al igual que los portugueses, se formaron con una vanguardia y retaguardia flanqueada por ambos lados con dos batallones separados y divididos (Jesús, 1942, II: 17). En 1659, en la batalla de las Líneas de Elvas, los 1.200 soldados de la vanguardia de la caballería portuguesa se formaron en dieciséis batallones (con una media de setenta y cinco cada uno), mientras que en la segunda línea, la «batalla», 900 caballos se dividían en dieciseis batallones (una media de cincuenta y seis cada uno) (Ericeira, 1946, III: 213-214). En la organización de la caballería portuguesa del principal frente de guerra se realizó un cambio importante como consecuencia de la llegada de Francia a finales de 1660 del conde de Schomberg, veterano de la Guerra de los Treinta Años así como de la guerra de Cataluña, y al poco tiempo se formó uno nuevo mediante la incorporación de cinco compañías, dos de ellas catalanas (D’Ablancourt, 1701: 187). El objetivo de la reorganización de la caballería en regimientos se dirigía principalmente a la reducción de costos administrativos, así como a solucionar la falta de cohesión en la campaña (Livermore, 1947: 304). En relación al desarrollo de disciplina y orden en los ejércitos de 1640-1668, elementos clave de la teoría de Roberts, la falta de entrenamiento e instrucción suponía un gran problema para la infantería de ambos bandos. Esto es lo que cabía esperar en vista de la constante oposición entre la población sobre el establecimiento de compañías de milicianos en ambos países, Castilla y Portugal, durante el siglo XVI y principios del XVII. Así como la falta de disposición para servir en el ejército o milicias aumentó durante la guerra de 1640-1668, la instrucción era imposible y los soldados se adiestraban en el mismo campo de batalla. En un hecho asombroso ocurrido en medio del transcurso de la batalla de Montes Claros en 1665, el conde de Schomberg instruyó a los picadores de las tres primeras filas de la línea primera de la infantería portuguesa del flanco derecho del ejército cómo debían posicionar sus picas apoyándolas en los pies, para recibir una acometida de la caballería (D’Ablancourt, 1701: 243). Sin embargo, con tiempo incluso los menos voluntariosos reclutas se podían convertir en buenos soldados. Como un extranjero observaba, «aunque todos estos soldados de infantería no salen en campaña que por la fuerza, luchan perfectamente bien», y añadió que «con tiempo tiran 86 Manuscrits 21, 2003 Lorraine White 61. Definición del Diccionario de Autoridades, 1990. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 86 de estas milicias buenos sargentos, alfereces, ayudantes (majors) y ayudantes mayores (aide-majors)» (D’Ablancourt, 1701: 30). La existencia de un conflicto básico entre los ideales de los objetivos militares y las limitaciones económicas afectaba al desarrollo de la disciplina y el orden: mientras que una unidad de tamaño reducido mejoraba la disciplina y entrenamiento, en el siglo XVI el gobierno central y la hacienda real presionaban constantemente para mantener un tamaño óptimo en la compañía de infantería de 300 hombres y en los tercios de 1.000 hombres o incluso 3.000, con el objetivo de ahorrar costes en salarios de la primera plana del ejército62. De forma similar, existía un profundo conflicto entre el rey en su intento de controlar costes y las aspiraciones de los consejeros de guerra de obtener más poderes de patrocinio en la propuesta de individuos a cargos de la primera plana. Irónicamente, mientras el objetivo teórico de las unidades menores consistía en aumentar el ratio de oficiales con respecto al de hombres para mejorar la instrucción, disciplina y orden, la deserción masiva en los rangos bajos dio como resultado tales compañías desniveladas. Así, por ejemplo, a primeros de julio de 1644 una muestra de la caballería del ejército de Alentejo revela una ratio de solamente seis hombres por cada oficial. En 1653, los ratios del mismo ejército variaron de unos 8:1 en infantería y 9:1 en caballería63. En el ejército de Extremadura en marzo de 1641 las ratios eran de 7:1 en infantería y 12:1 en caballería (White, 1985: 261-2). En 1649, la ratio general de hombres/oficiales en la caballería seguía siendo alrededor de 13:1 (White, 1985: 262). Este desequilibrio en las compañías y tercios consumía una parte importante de la asignación mensual (la mesada) del ejército, y causaba que el rey y la Hacienda presionaran por una reducción del número de unidades por medio de una consolidación de las mismas. En el año 1660, por ejemplo, la Junta de Guerra de España propuso la reforma de treinta de las noventa y cuatro compañías de caballería del ejército de Extremadura debido a que varias de ellas se componían solamente de oficiales. Se sugirió que cada compañía de caballería contase con cincuenta y cinco hombres. En 1657 en plena campaña, la ratio de soldados de infantería con respecto a oficiales en el ejército de Extremadura disminuyó ligeramente a 9:1, pero para finales de 1663, dicha ratio entre los alojados en la provincia disminuyó bruscamente a nada menos que 2:1, suponiendo una división claramente impracticable. Una solución simple por parte del gobierno central era la reforma del ejército, aunque dicha decisión raramente se llevaba a cabo por la posibilidad de causar fricciones en lo que quedaba de la fuerza militar al suponer un foco de tensión entre los oficiales (White, 1985: 262). Guerra y revolución militar en la Iberia del siglo XVII Manuscrits 21, 2003 87 62. Véase por ejemplo, Clonard, 1851-1862, III: 426-428, citando una orden del 24-12-1560 para reformar los soldados españoles sirviendo en Piamonte y Lombardía, «…Y es nra voluntad y queremos que el numero de la dha infanteria que agora hay, quede y se reduzga en 3.000 infantes, con un maestro de campo y 10 capitanes…». 63. Calculado de las cifras contenidas en la carta fechada el 13-7-1644 en Madureira dos Santos, 1973: 34-35, excluyendo la caballería que se guarnecía en Villaviciosa y algunos de los sesenta caballeros «sin montura»; BA44-XIII-32 (109), f. 1v. MANUSCRITS-21 31/5/05 13:37 Página 87