scieee Science in your language
[en] (orig)

Moralidad católica y cambio económico

Author: Callahan, William J.
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2002
Source: https://ddd.uab.cat/pub/manuscrits/02132397n20/02132397n20p19.pdf
Resumen
Es e a ículo explica las co ien es eclesiás icas de c í ica basada en cues iones mo ales hacia la
polí ica económica auspiciada po la bu oc acia bo bónica de la Mona quía Hispánica a lo la go
del siglo XVIII.
Palab as cla e: mo alidad ca ólica, polí ica económica, bu oc acia bo bónica, Mona quía
Hispánica, siglo XVIII.
Resum. Mo ali a ca òlica i can i econòmic
Aques a icle exposa el desen olupamen dels co en s eclesiàs ics de c í ica mo al en e s la
polí ica econòmica auspiciada pe la bu oc àcia bo bònica de la Mona quia Hispànica al lla g
del segle XVIII.
Pa aules clau: mo ali a ca òlica, polí ica econòmica, bu oc àcia bo bònica, Mona quia Hispànica,
segle XVIII.
Abs ac . Ca holic Mo ali y and Economic Change
This a icle expounds he e olu ion o an ecclesias ic c i ical hough based on mo als and e e ed
o he economic policy sponso ed by he Bou bon bu eauc acy in he Spanish Mona chy du ing
he eigh een h cen u y.
Key wo ds: Ca holic mo ali y, economic change, Bou bon minis e s, Spain, Eigh een h Cen u y.
El es ue zo cen ena io de la Co ona po inc emen a su con ol sob e los asun os
eclesiás icos y eligiosos ue episódico e inconsis en e has a el einado de Ca los III.
La llegada del nue o ey, p o undamen e in luido po las ideas egalis as que ins-
pi aban la polí ica o icial del Reino de Nápoles, ab ió una ase ag esi a en la
his o ia del egalismo español. Los o ígenes y el ca ác e del egalismo ca olino
ul apasan el obje i o de es e es udio. Aunque queda cla o que el es ado p osiguió
una polí ica i me con mi as a «domes ica » a la Iglesia en, i ualmen e, odos
los aspec os de su ac i idad. No se ole ó ninguna oposición a la polí ica o icial.
Manusc i s 20, 2002 19-28
Mo alidad ca ólica y cambio económico
William J. Callahan
Vic o ia College. Uni e sidad de To on o
73 Queen’s Pa k C escen
To on o On a io Canada M5S 1K7
[email p o ec ed]
T aducción de Mon se a Jiménez Su eda
«El pode moná quico disponía de eso es mul i o mes pa a p e eni y pa a ep i-
mi las posibles disidencias an i egalis as.»1Los jesui as ue on las íc imas más
espec acula es de es e egalismo implacable. Pe o hubie on o as como el obispo
F ancisco José Rod íguez Chico de Te uel y el obispo Isido o de Ca ajal y
Lancás e de Cuenca, que osó cues iona cie os aspec os de polí ica gube namen al
hacia la Iglesia en la década de 17602.
Los desa íos explíci os al egalismo esu gen e asociado a minis os e o mis-
as, como Campomanes, ue on a ados suma iamen e pues o que cues ionaban
la esencia de la polí ica gube namen al con espec o a la Iglesia, su au o idad y su
p opiedad. Sin emba go, exis ie on ambién unas di usas, más indi ec as y sola-
padas co ien es de c i icismo eclesiás ico basado en la mo al adicional ca ólica,
que, a juicio de algunos miemb os del cle o, es aba siendo minada po la eme -
gencia de unas ideas y una polí ica económicas juzgadas incompa ibles con las
enseñanzas mo ales de la Iglesia. Es e c i icismo se exp esó p incipalmen e a a-
és de una nume osa co ien e li e a ia de guías publicadas pa a la di ección espi-
i ual de los ieles, manuales popula es de piedad y de oción y o os esc i os a ios
ales como las ca as pas o ales. En conjun o, el c i icismo de los mo alis as ca ó-
licos se exp esó en é minos gené icos más que especí icos. Aunque, de ez en
cuando, es e c i icismo escapaba de los es echos con ines de los manuales y guías
espi i uales pa a aden a se en el e eno de la con o e sia pública.
Como el es o de di igen es absolu is as de la Eu opa dieciochesca, los Bo bones
españoles con empla on el desa ollo de la economía como un equisi o necesa io
pa a la cons ucción de un es ado ue e. La polí ica económica se desplazó len a-
men e y de mane a incomple a del ígido me can ilismo del pasado a un sis ema
económico más libe alizado. La c eación de sociedades anónimas, el es ableci-
mien o del lib e come cio en el impe io, la des egula ización del come cio ce ea-
lís ico, odo ello en la década de 1760, ue on ejemplos en es e nue o sen ido.
Cla o que no hubo nada adical o ex emo en la polí ica económica adop ada en
el einado de Ca los III. Aho a bien, el in en o de p omo e la c eación de ique-
za a endiendo al in e és nacional gene ó p o undas dudas a muchos mo alis as
ca ólicos. A deci e dad, el Es ado podía con ia en el apoyo de algunos miem-
b os de la éli e eclesiás ica pa a que p ospe asen sus planes económicos. Incluso
en e el bajo cle o había cu as que acep aban plenamen e la idea de una iglesia al
se icio público abajando en coope ación con el es ado pa a llena de p ospe idad
el eino, pues o que, en boca de uno de ellos, «la pública u ilidad es uno de los
obje os de nues a eligión, cuyas máximas conducen al bien de las almas y a la
elicidad y anquilidad de los pueblos»3.
Es a imagen de coope ación a moniosa en e eclesiás icos y Gobie no en nom-
b e de la u ilidad pública encub ía una si uación más compleja. La iloso ía mo al
20 Manusc i s 20, 2002 William J. Callahan
1. EGIDO, Teó anes (1991), «El egalismo», en Iglesia, sociedad y Es ado en España, F ancia e I alia
(s. XVIII al XX), Alican e: eds. Emilio la Pa a, Jesús P adells, p. 214.
2. NOEL, C.C. (1973), «Opposi ion o Enligh ened Re o m in Spain: Campomanes and he Cle gy,
1765-1775», Socie as, ol. 3, n. 1, p. 28-32.
3. VALDÉS, Ped o de (1806), El pad e de su pueblo o medios pa a hace empo almen e elices a los
pueblos con el auxilio de los seño es pá ocos. Ba celona: p. 73.
de la Iglesia en el siglo XVIII oda ía e lejaba las ideas sob e la usu a, la a a icia
y los usos y la inalidad de la iqueza que impe aban en la iloso ía escolás ica
desde la época medie al. Hacía ya iempo que la Iglesia había llegado a un é mi-
no medio en e su comp omiso con esos p incipios y las ue zas eme gen es de
cambio económico capi alis a. Pe o, en el mejo de los casos, puede deci se que
no e a un comp omiso ácil4. Los mo alis as ca ólicos con inua on en a izando,
como habían hecho a lo la go de los siglos, que la iqueza y su búsqueda conlle aban
pelig os espi i uales se ios pa a el indi iduo deseoso de sal a su alma. Los mo a-
lis as españoles del siglo XVIII, po ejemplo, y de acue do con el pad e jesui a An oni
Codo niu, con inua on iendo a la a a icia como «la aíz de odos los males, y
muchos po ella pe die on la e»5. El pad e An oni A biol, au o de una guía de
conduc a mo al ecuen emen e edi ada, ep ochaba a aquellos que «se hacen como
escla os, abajando a odas ho as […] sin medida, ni asa» su ansia de bienes
ma e iales. Él no negaba que uese « i uoso de busca las cosas empo ales», aun-
que es o e a sólo si el indi iduo abajaba «mode adamen e». A biol man enía que
muchos de los que se con esaban y comulgaban e an culpables del pecado de a a-
icia ya que sólo p es aban a ención «a sus in e esillos mise ables»6. En el a án po
las ma e ialidades, decla aba el pad e Codo niu, «en la medioc idad es á el ec o […],
que no sob e ni al e». «No hay cosa más delinquen e» que la a a icia, pues «el
a a o es impío con Dios, a quien a oja del co azón, pa a coloca en su luga el
dine o. Es y ano del público, a el qual despedaza con usu as, obos y audes»7.
Pa a los deseosos de inc emen a su o una, es a desazonado a pano ámica
de los pe juicios de la a a icia en oncaba con una muy es ic i a conside ación
del p opósi o de la iqueza en la sociedad. A causa del pecado o iginal, los hom-
b es se ie on obligados a abaja en es e mundo pa a adqui i los bienes ma e-
iales necesa ios pa a el sos enimien o de sus amilias. Aho a bien, es e obje i o
legí imo debía suje a se a la inalidad di ina de la exis encia humana, pues o que,
pa a el indi iduo que abaja, «donde al a el emo san o de Dios, son in elices los
abajos»8. A la p egun a «¿es pecado el se ico?», el celeb ado misione o, p e-
dicado y mo alis a jesui a Ped o de Cala ayud espondía «que no, pe o es muy
di ícil que no i a en pecado»9. Incluso el a zobispo de Bu gos, José Ja ie
Rod íguez de A ellano, un i me apoyo de las e o mas ca olinas, sacaba a cola-
Mo alidad ca ólica y cambio económico Manusc i s 20, 2002 21
4. Unos con lic os simila es en e la mo al ca ólica adicional y la bu guesía eme gen e en la F ancia
del siglo XVIII han sido compe en emen e es udiados po B. GROETHUYSEN, La o mación de la
conciencia bu guesa en F ancia du an e el siglo XVIII, México: 1943.
5. CODORNIU, An oni, S. I. (1746), Índice de la philosophía mo al, ch is iano-polí ica, di igido a los
nobles de nacimien o y espí i u, Gi ona: p. 34.
6. ARBIOL, An oni (1729), Desengaños mys icos a las almas de enidas o engañadas en el camino de
pe ección, Mad id: (sép ima edición), p. 81-82. Resul a in e esan e que es e abajo se eedi a a es
eces —en 1764, 1772 y 1784— du an e el einado de Ca los III.
7. CODORNIU, Índice de la philosophía mo al, p. 149.
8. ARBIOL, An oni (1725), La amilia egulada con doc ina de la Sag ada Esc i u a, Mad id: (quin-
a edición), p. 304.
9. PEDRO DE CALATAYUD (1739), Doc inas p ác icas que suele explica en sus misiones […] pa a
desen eda y di igi las conciencias, Valencia: dos omos, ol. 2, p. 122. Es a ob a ue eedi ada en
1737-1739, 1745, 1752-1753, 1762 y 1797-1800.
ción, ace ca de los icos, «pudo deci se con azón que es más di ícil que en e un
ico en la glo ia», al p o e bial camello que in en aba cola se po el ojo de una
aguja10. «La in ención de Dios en hace los homb es icos es hace los ca i a i os»,
decla aba el a zobispo F ancisco Alejand o Bocaneg a y Xibaja de San iago.
Bocaneg a echazaba como ue a de luga la idea de que los indi iduos ue an
dueños exclusi os de su p opiedad desa iando la ley de Dios. Dios dis ibuyó la
iqueza en e algunos como un medio de p opo ciona una asis encia ca i a i a a
los pob es. Los indi iduos que no ob aban así p o ocaban «la e e na i a» y se
hab ían de en en a al cas igo en el mundo cuando «la sang e de los pob es g i e
con a ellos enganza […] es os homb es sin mise ico dia se án sin piedad a o-
jados al e e no uego po un jus íssimo e ine i able cas igo»11. «los icos», ase-
e aba Ped o de Cala ayud, «es án pues os y cons i uidos po Dios como
adminis ado es, dispense os y mayo domos de los bienes que les sob an pa a
epa i los en pob es»12.
Las denuncias de la a a icia y las exho aciones basadas en la inalidad di ina
de la iqueza e enal se exp esaban, po lo común, en é minos gene ales. Sin
emba go, los mo alis as no dejaban luga a duda de que los me cade es e an espe-
cialmen e ulne ables al pecado de la a a icia come ido a a és de la usu a13. La
usu a pe e ía las ac i idades come ciales legí imas median e la exal ación del
in e és del me cade , quién sac i icaba an o su cue po como su alma po el ansia
de iqueza14. A pesa de que los mo alis as y los eólogos habían deba ido sob e la
cues ión de la usu a du an e siglos, esul a in e esan e cons a a que la usu a con-
inuaba siendo una uen e de in ensa p eocupación en la España del siglo XVIII,
incluso cuando las nue as ideas económicas comenza on a ci cula . El a zobispo
Rod íguez de A ellano, po ejemplo, e omaba el ema con ecuencia en sus pas-
o ales. Es más, el a zobispo c eía que el p oblema había empeo ado en un iempo
en que «la a a icia es un con agio común»15. El pad e Ped o de Cala ayud ampo-
co dudaba en señala a los culpables. Respondiendo a la p egun a, «¿Cuáles son
los a ones del campo?», ase e aba, «aquellos come cian es y log e os que, con
ganancias ilíci as, chupan la sang e a lab ado es o nobles»16. Es os a aques a la
22 Manusc i s 20, 2002 William J. Callahan
10. RODRÍGUEZ DE ARELLANO, José Ja ie (1775), Pas o ales, edic os, plá icas y declamaciones que hacía
a su diócesi, Mad id: 7 ols., ol. 5, p. 407.
11. Se mones del Ilus ísimo Seño D. F ancisco Alexand o de Bocaneg a y Xibaja, Mad id: 1773
(segunda edición), 2 ols., ol. 1, p. 185, 262.
12. PEDRO DE CALATAYUD (1739). Doc inas p ác icas que suele explica en sus misiones […] pa a
desen eda y di igi las conciencias, Valencia: 2 ols., ol. 2, p. 122. Es a ob a se eedi ó en 1737-
1739, 1745, 1752-1753, 1762 y 1797-1800.
13. El pad e Ped o de Cala ayud de inía la usu a como «aquella ganancia que se saca o p o iene inme-
dia amen e de lo que se p es a, de sue e que el que p es a a más de la suma capi al que p es ó,
ecibe alguna cosa más sólo po ha e lo p es ado, lo qual es un pecado con a el de echo di ino y
humano». El pecado de usu a, a i maba, e a an eno me que si llegaba a conoce se públicamen-
e, al culpable debe ían denegá sele la comunión y la absolución has a que hubiese hecho es i u-
ción de lo debido. Doc inas p ác icas, Cala ayud: ol. 2, p. 206.
14. MIGUEL DE SANTANDER, Doc inas y se mones, Mad id: 1800, 5 ols., ol. 2, p. 338.
15. RODRÍGUEZ DE ARELLANO, Pas o ales, edic os, ol. 5, p. 410.
16. CALATAYUD, Ca hecismo p ác ico, p. 255.
usu a deben si ua se en pe spec i a. Tan o el pad e Cala ayud, amilia izado con
el p oblema po sus nume osas misiones en la España u al, como el a zobispo
A ellano, pas o de una diócesis ma cadamen e ag ícola, es aban muy sensibiliza-
dos con la explo ación de los campesinos po pa e de p es amis as y me cade es
mezquinos dedicados a la adquisición de ma e ias p imas. El o ado jesui a e a lo
su icien emen e so is icado pa a obse a que «en los pue os de ma o secos, donde
es mucho […] el come cio, juzgo que no es usu a ni pecado el da suge os pa i-
cula es su dine o a ganancia, lle ando seis po cien o o cosa mode ada». Aho a
bien, «no es líci o p es a lo a ganancias a lab ado es, epublicanos y o os que lo bus-
can, no an o pa a come cia con él»17.
És o no implica que los me cade es epu ados que se dedicaban al come cio
ansa lán ico escapasen del esc u inio. Muchos manuales esc i os a modo de guía
de los come cian es du an e el siglo XVIII daban in o mación p ác ica de los p o-
cedimien os me can iles, aunque e a aban los pelig os mo ales inhe en es a la
usu a como an pelig osos pa a la mo al que insis ían en ins ui a los lec o es en
cómo dis ingui en e las ansacciones come ciales mo almen e líci as y las ilíci-
as18. El pad e Cala ayud c eía que los p oblemas é icos implicados en la dis in-
ción de las p ác icas come ciales mo ales de las inmo ales e an an hondos que los
homb es de negocios sólo pod ían esol e los con la ayuda de su di ec o espi i-
ual19. Los mo alis as ca ólicos asignaban un papel limi ado al come cio en su sis-
ema de alo es. E a necesa io que los homb es cumpliesen el manda o di ino de
ama a sus p ójimos y la azón pedía que los homb es se ayudasen ecíp ocamen-
e po el bien común20. Sin emba go, siguiendo al pad e Cala ayud, la p opia na u-
aleza del come cio hacía di ícil al me cade econcilia su deseo de ganancias
azonables con una p eocupación excesi a po la iqueza21. De hecho, a la luz de
la iloso ía escolás ica, los mo alis as ca ólicos con emplaban la o ganización de la
sociedad como un odo o gánico compues o de pa es cons i uyen es diseñadas
pa a abaja ecíp ocamen e en a monía pa a el bien común. Aho a bien, algunas
de esas pa es se juzgaban más impo an es que las o as. Los mo alis as no duda-
ban de que el come cio, la ag icul u a y los quehace es a esanos, aunque necesa-
ios pa a el uncionamien o o denado de la sociedad, e an ne amen e in e io es a las
ac i idades de la nobleza y el cle o en un o den social je á quico a iculado po la
di inidad22.
Mo alidad ca ólica y cambio económico Manusc i s 20, 2002 23
17. CALATAYUD, Doc inas p ác icas, ol. 2, p. 207, 208.
18. Véanse, po ejemplo, José Manuel DOMÍNGUEZ (1732), Discu sos ju ídicos sob e las accep acio-
nes, pagas, in e eses y demás equisi os y qualidades de las le as del cambio, Mad id. Miguel de
HUALDE (1758), El con ado lego, especula i o y p ác ico sob e a ios assump os de a i mé ica ci il,
Mad id.
19. «Respues a a una consul a que me hace un come cian e de Bilbao pa a la comp a de lanas»,
Biblio eca Nacional, ms. 5809, ol. 309.
20. AGUADO, Alejand o (1746), Polí ica española pa a el más p opo cionado emedio de nues a
mona quía, Mad id: 2 ols., ol. 2, p. 172-174.
21. «Respues a a una consul a que me hace un come cian e de Bilbao pa a la comp a de lanas»,
Biblio eca Nacional, ms. 5809, ol. 309.
22. AGUADO, Polí ica española pa a el […] emedio de nues a mona quía, ol. 2, p. 56, 64, 118.

Aunque es a in e p e ación del es echo ma gen pe mi ido a las ac i idades
come ciales y inancie as en un o den social je á quico imp egnaba los abundan-
es esc i os de los mo alis as ca ólicos, a amen e aspasaba al con ex o has a el
pun o de p o oca una con o e sia pública. Aho a bien, du an e el einado de
Ca los III, se sucedie on algunas —pocas— con o e sias de ese ipo, en las que se
pudo e a de enso es de los pa ones de la mo al adicional en en a se y li iga
con a me cade es, pensado es económicos de co e más libe al e, incluso, au o i-
dades eales. A pesa de su, gene almen e a o able, opinión del come cio de ul a-
ma , po ejemplo, Ped o de Cala ayud c i icó se e amen e al impo an e consulado
me can il de Bilbao en 1764. El pun o de icción es ibaba en el uso de pagos po
adelan ado a a és de los cuales el consulado pagaba a los pequeños p oduc o es
de lana y hie o un p ecio más bajo que el es ipulado po el me cado en el momen-
o de la en ega. El pad e Cala ayud a acó es a p ác ica nada menos que como usu a,
como explo ación de los económicamen e inde ensos. En el ac e deba e público
que siguió, el jesui a no dio mues as de a epen i se. La dispu a sólo se apagó
cuando in e ino en ella el Consejo de Cas illa —como e a de espe a en un caso
que a ec aba a una de las comunidades me can iles más p es igiosas del eino—
p ohibiendo median e un bando que ci culasen en las Vascongadas23 las ob as edi-
adas de Cala ayud. O a con o e sia pública es alló en Mad id en los p ime os
años de la década de 1760 cuando el p edicado dominico ay An onio Ga cés
ep ochó a los Cinco G emios Mayo es —quizá la co po ación me can il más
impo an e del eino— el cae en la usu a en sus ansacciones come ciales. Los
Cinco G emios Mayo es acusa on al dominico de o ques a una campaña pública
de di amación y se ap esu a on a de ende su pos u a mien as apelaban al Consejo
de Cas illa pa a deshace el en ue o24. Como e a de espe a , el Consejo de endió
las p ác icas me can iles de los Cinco G emios Mayo es con a las acusaciones de
Ga cés25.
El con lic o en e los alo es adicionales ca ólicos y las ideas económicas
nue as y más libe ales ue exp esado de mane a más espec acula en la Za agoza
de 1786. En una se ie de con e encias espi i uales di igidas al cle o en el semina-
io de San Ca los, el capuchino ay Diego de Cádiz, el más amoso p edicado de
aquellos iempos, a acó las opiniones de Lo enzo No man e y Ca ca illa, poseso
de la cá ed a de economía ci il c eada po la Real Sociedad Económica de Amigos
24 Manusc i s 20, 2002 William J. Callahan
23. CALLAHAN, William J. (1972), «U ili y, Ma e ial P og ess and Mo ali y in 18 h Cen u y Spain».
FRITZ, Paul; WILLIAMS, Da id (eds.), The T iumph o Cul u e. Eigh een h Cen u y Pe spec i es,
To on o: p. 359-360. Hay una na ación de allada de es e con lic o. GUIARD, T. (1913-1914),
His o ia del consulado y casa de con a ación de Bilbao, Bilbao, 2 ols., ol. 2, p. 611-622.
24. «Rep esen ación hecha al Rey N. Seño po los Dipu ados Di ec o es de los Cinco G emios Mayo es
sob e lo que p edicó con a sus con a os el Rmo. P. M o. An onio Ga cés», Semana io E udi o,
Mad id, 1787-1791, 34 ols., ol. 27, año 1763, p. 240. PALACIO ATARD, Vicen e (1964) desc ibe
la con o e sia en Los españoles de la Ilus ación, Mad id, p. 98-102.
25. «Resolución de S. M. sob e la legi imidad de los p és amos a in e és hechos a los Cinco G emios
Mayo es de Mad id», Biblio eca Nacional, ms. 11.265, año 1764. A pesa de odo, hubo algunos
clé igos que de endie on la epu ación de los me cade es, no ablemen e José Ma ía URÍA
NAFARRONDO, Aumen o del come cio con segu idad de la conciencia, Mad id, 1785.
del País local y abogado eminen e26. Había bien poco de o iginal en las ideas de
No man e y Ca ca illa, muy inspi adas en la ob a del economis a ancés Melon27.
La de ensa de No man e y Ca ca illa de gas a en obje os de lujo como un incen-
i o al desa ollo económico e a muy poco nue a. Ya en 1740, Be na do Wa d
había a gumen ado que los in en os del gobie no po limi a el consumo de bienes
de lujo a a és de las adicionales leyes sun ua ias había esul ado un acaso28.
De hecho, du an e el einado de Fe nando VI no se ap oba on leyes en ese sen ido
y du an e el la go einado de Ca los III sólo se ap oba on cua o leyes de ese ipo,
indicado as de una di ección más libe alizado a en la polí ica o icial29. En la déca-
da de 1780, la opinión ilus ada apoyaba i memen e los gas os en bienes de lujo
como un medio de gene a empleo y de mejo a la economía del Es ado. Joan
Sempe e i Gua inos, au o en 1788 de la de ensa más de allada de lo que llama-
íamos hoy consumo os en oso no había abandonado o almen e la sensibilidad
adicional de los mo alis as ca ólicos en pa áme os económicos. Sempe e admi-
ía que una complacencia excesi a y deso denada en los bienes de es e mundo
podía conduci al pecado, aunque suge ía que una complacencia así e a más una
excepción que la no ma30.
Sempe e i Gua inos in en ó concilia el apoyo al gas o en bienes de lujo con
los pa ones de pensamien o adicional en mo al ca ólica. No man e y Ca ca illa
ue más lejos. A pesa de que admi ía que el consumo ilimi ado de ma e ialidades
podía gene a p oblemas a la sociedad, No man e c eía que no había una ía p ác-
ica de con ola al consumo. A gumen aba que los iun ado es e an empujados
a ac i idades ené gicas po sus pasiones. Los me cade es e an impelidos po el
ansia como ía de adquisición de los medios pa a i i cómoda y lujosamen e. No
había nada mo almen e ep obable en al compo amien o. Es más, el mismo com-
po aba unos bene icios económicos sus anciales al Es ado y a la sociedad31.
Es e abie o desa ío a las opiniones de los mo alis as ca ólicos que inse ían
la p osecución de la iqueza en un cañamazo mo al cie amen e p o ocó eaccio-
nes. Ya en 1779 el a zobispo Bocaneg a y Xibaja de San iago había denunciado
como in ole able la idea de que gas a en bienes de lujo e a bene icioso al Es ado32.
Y en 1786 No man e y Ca ca illa hubo de en en a se a un ad e sa io, si cabe, más
o midable. F ay Diego José de Cádiz simbolizaba la oposición eclesiás ica a las
ideas ilus adas an o en la Iglesia como en el Es ado. El aile capuchino esis ió
la in luencia de las co ien es e o mis as iden i icadas con lo que se ha dado en
Mo alidad ca ólica y cambio económico Manusc i s 20, 2002 25
26. Una buena desc ipción de es a con o e sia en SARRAILH, Jean, La España ilus ada de la segun-
da mi ad del siglo XVIII, p. 278-280.
27. NORMANTE y CARCAVILLA, Lo enzo (1786), Espí i u del seño Melon en su ensayo polí ico sob e
el come cio, Za agoza.
28. WARD, Be na do (1740), Res ablecimien o de las áb icas y come cio español, Mad id, p. 9.
29. BÉRINDOAGUE, Hen i (1929), Le me can ilisme en Espagne, Pa ís: p. 217, no a 2.
30. SEMPERE I GUARINOS, Joan (1788), His o ia del luxo y de las leyes sun ua ias de España, Mad id,
2 ols., ol. 2, p. 185.
31. Espí i u del seño Melon, p. 37-39, 44.
32. BOCANEGRA Y XIBAJA, F ancisco de (1779), Declamación opo una con a el libe inaje, Mad id,
p. 24.
llama «ca olicismo ilus ado» en el mismo seno de la Iglesia, mien as que, en un
se món p edicado en la ca ed al de Se illa en 1784, osó cues iona la ap opiación
es a al de los ing esos eclesiás icos al iempo que denunciaba «el mal uso que
muchos ha ían de las en as y bienes de la Iglesia, in i iéndolas en cosas a qué no
es aban des inadas»33. Es e lag an e desa ío a la polí ica eal no quedó sin es-
pues a. El Consejo de Cas illa suspendió el de echo de p edicación del aile y lo
des e ó de Se illa. A pesa de odo, ay Diego José se sos u o con umaz y con-
encido de la e dad de sus ideas. Pos e io men e, un de enso a dien e del capu-
chino le compa a ía con el p o e a Elías, quién desa ió audazmen e «en os o a
los p íncipes, sace do es, seño es y más p incipales del pueblo de los judíos con
el mayo , con el máximo de los deli os q. se han come ido y se come e án en odos
los siglos del mundo». «F ay Diego», añadía, «e a un uego ab asado , cuyos encen-
didos a do es salían de sus labios pa a a e a y con undi a los inc édulos y ebel-
des a Dios»34.
El capuchino había a acado a No man e y Ca ca illa po su de ensa de los gas-
os en ma e ialidades y de la imposición de in e eses en ansacciones come cia-
les. F ay Diego José ambién acusó a la Sociedad Económica de busca la uina
de la Iglesia a a és de las enseñanzas impa idas desde la cá ed a de economía
ci il que la Sociedad había c eado35. En la con o e sia pública que siguió, eme -
gió plenamen e la insa is acción de los mo alis as ca ólicos adicionales con las
opiniones abie amen e capi alis as de un sec o p og esis a. F ay Je ónimo de
Cab a, un conmili ón capuchino de ay Diego de Cádiz, publicó un lib o cues io-
nando la o odoxia eligiosa y el én asis en el desa ollo económico de No man e
y Ca ca illa. Tal p eocupación, sos enía Je ónimo de Cab a, dis aía a los se es
humanos del obje i o cen al de su exis encia: la búsqueda de la sal ación36. La
Sociedad Económica no se c uzó de b azos an e el a aque eclesiás ico a su epu-
ación. Recibió el apoyo de o as ca o ce sociedades económicas, se de endió an e
la Inquisición, donde Diego de Cádiz había lle ado sus acusaciones, y solici ó jus-
icia a Ca los III. El Consejo de Cas illa designó a es eclesiás icos pa a exami-
na la con o e sia. Había muy pocas dudas ace ca del desenlace. La comisión no
halló nada he e odoxo en los esc i os de No man e y Ca ca illa y ecomendó que
sus publicaciones pudiesen ci cula lib emen e.
26 Manusc i s 20, 2002 William J. Callahan
33. F ay Se a ín de A dales (1811), El misione o capuchino: compendio his ó ico del […] M. R. p.
F . Diego Jose de Cádiz, Cádiz, p. 11. Ci ado en LLEVANERAS, José Calasanz de (1894), Vida docu-
men ada del bea o Diego José de Cádiz, misione o apos ólico capuchino, Roma: p. 130. Es e se -
món ue mo i ado po la publicación de una bula papal acompañada de un eal dec e o, median e
los cuales «se concedía a Su Majes ad cie a cuo a pa a las g a ísimas u gencias del Es ado, sob e
las p ebendas y bene icios eclesiás icos», Ibídem.
34. El p o incial supe io de los capuchinos, ay Je ónimo de Cab a, hizo es as p ecisiones du an e un
in e oga o io de la Inquisición ace ca de los se mones de Diego de Cádiz. «Expedien e o mado
en el Consejo sob e los se mones de ay Diego José de Cádiz (1800)», A chi o His ó ico Nacional,
Inquisición, legajo 4.449, expedien e 1, ols. 22-23.
35. ÁLVAREZ JUNCO, José (1969), «La labo educa i a de la Sociedad A agonesa de Amigos del País»,
en La Real Sociedad Vascongada y la Ilus ación, San Sebas ián, p. 26.
36. Je ónimo de Cab a (1787), P uebas del espí i u del seño Melon y de las p oposiciones de eco-
nomía ci il del seño No man e. Mad id, p. 95, 74.
No hay nada de so p enden e en la decisión de la au o idad eal. Lo que esul-
a chocan e es que es a con o e sia u ie a luga después de años de p opaganda
o icial apoyando una polí ica económica que p o ocaba se ias ese as en impo -
an es segmen os del cle o. F ay Diego de Cádiz se sin ió eno memen e sa is echo
del apoyo ecibido po pa e de la Iglesia local. «De aquí esul ó que no sólo el
cle o, sino oda la ciudad se puso a mi a o : los seño es canónigos dije on que si
uese necesa io da ían su sang e en de ensa de mi doc ina. Todos los pp. cu as de
la ciudad, que son muchos, han i mado una delación que p on amen e a la mía se
hizo po esc i o […] los seño es inquisido es se aleg a on in ini o y po su sec e-
a io me a isa on sigilosamen e que siguiese en habla cla o sin miedo alguno […]
ha sido al la conmoción que me pa ece eo en cada eclesiás ico un San Ped o con
la espada en mano.»37 Es con uso el sabe has a qué pun o el capuchino exage ó el
apoyo eclesiás ico en su campaña con a No man e y Ca ca illa y la Sociedad
Económica. Sin emba go, queda cla o que la oposición cle ical a cie os aspec os
de la polí ica económica o icial y a las ue zas eme gen es de cambio económico
gene ó un ago sen imien o de enco en e los mo alis as ca ólicos.
La o ensi a de los mo alis as ca ólicos acasó comple amen e en al e a la
polí ica o icial. En los casos mencionados con an e io idad, la Co ona no dejó luga
a dudas del apoyo a aquellos cuyas ideas y p ác icas económicas es aban siendo
a acadas. Es más, el c i icismo de los mo alis as ca ólicos con a los me cade es
ue obs aculizado conside ablemen e po el simple hecho de que el absolu ismo
ilus ado de los Bo bones dejaba in ac a la o ganización je á quica adicional de
la sociedad. Has a un cie o pun o, el Es ado animó las nue as ideas económicas.
Aho a bien, lo hizo den o del ígido o ganig ama del o den social adicional an
es imado po los mo alis as eclesiás icos.
Asimismo, esul a cla o que los miemb os de las g andes co po aciones me -
can iles ma cadas po la c í ica no ie on nada incompa ible en e sus p ác icas
come ciales y las no mas de la o odoxia ca ólica. Los mo alis as adicionales c e-
ye on, e ec i amen e, que pocos me cade es obedecían sus exho aciones y que
sólo un puñado de p edicado es se a e ía a cues iona p ác icas come ciales ex en-
didas e ilíci as. El a zobispo Rod íguez de A ellano se quejaba de que había oído
de muy pocos se mones p onunciados con a «caudales mal habidos y dine o mal
ganado […] ¿Po qué han de calla en es e asun o los p edicado es?»38. El a zo-
bispo a eme ía con a los come cian es cuyos hoga es e an ea os de de oción,
pe o cuyas p ác icas me can iles inmo ales los hacían ac eedo es a se expulsados
de la Casa de Dios. «¿Dónde es án hoy es os a an es? En el emplo. ¿Y qué hacen
ellos? In emplo enden es, aumen a con usu as sus ganancias y apacen a con
ellas su a a icia»39. Los i acundos comen a ios del a zobispo sugie en que los
es ue zos de los mo alis as ca ólicos po es ingi lo que eían como pecados y
excesos en la p osecución de la iqueza e enal po pa e de los me cade es habían
acasado singula men e. Como en o os luga es de la Eu opa ca ólica, los hom-
Mo alidad ca ólica y cambio económico Manusc i s 20, 2002 27
37. Ci ado en LLEVANERAS, José Calasanz de, Vida documen ada, p. 139.
38. RODRÍGUEZ DE ARELLANO, Pas o ales, edic os, ol. 5, p. 412-413.
39. Ibidem, p. 421.