Resumen
Du an e los siglos XVI y XVII se p oduce una e olución in e esan e en el pensamien o alencia-
no en o no al concep o del «es ado» en su elación con la « epública» o sociedad ci il. Tan o la
pe cepción de una c isis en la an igua je a quía eudal-ag a ia, como las exigencias de la lla-
mada « e olución mili a », p o ocan e lexiones en o no a la necesidad de obus ece el «es a-
do eal». Sin emba go, la la ga adición libe a ia de Valencia coa a las opciones ideadas, que
in en an compagina la endencia hacia el absolu ismo con la de ensa de una «libe ad bien
en endida».
Palab as cla e: pensamien o polí ico, absolu ismo, País Valencià, siglos XVI y XVII.
Resum. «Una llibe a ben en esa»: els alencians i l’Es a dels Aus ies
Du an els segles XVI i XVII es p odueix una e olució in e essan en el pensamen alencià pel
que a al concep e d’«es a » en la se a elació amb la epública o socie a ci il. Tan la pe cepció
d’una c isi en l’an iga je a quia eudal ag à ia, com les exigències de l’anomenada « e olució
mili a », p o oquen e lexions sob e la necessi a de e o ça l’«es a eal». To i així, la lla ga
adició llibe à ia de València coa a les opcions ideades, que in en en compagina la endència
cap a l’absolu isme amb la de ensa d’una «llibe a ben en esa».
Pa aules clau: pensamen polí ic, absolu isme, País Valencià, segles XVI i XVII.
Abs ac . «A libe y p ope ly unde s ood»: he Valencians and he S a e
Du ing he six een h and se en een h cen u ies an in e es ing de elopmen occu ed in Valencian
hinking on he «s a e» and i s ela ionship wi h he «commonweal h» o ci il socie y. A pe -
cep ion o c isis in he old eudal-ag a ian s uc u e, oge he wi h he demands o he so-called
«Mili a y Re olu ion», led o e lec ions on he need o s eng hen he « oyal es a e». Howe e ,
he long adi ion o eedom in Valencia placed limi s on he op ions a ailable, which sough o
combine a end owa ds absolu ism wi h sa egua ding «libe y p ope ly unde s ood».
Key wo ds: Poli ical hough , absolu ism, Valencia, XV h and XVII h cen u ies.
Manusc i s 17, 1999 237-252
«Una libe ad bien en endida»:
los alencianos y el es ado de los Aus ias
James Casey
Uni e si y o Eas Anglia. School o His o y
No wich NR4 7TJ. Ingla e a
[email p o ec ed]
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Las uen es
Valencia goza de mayo epu ación en la época mode na en el campo de las cien-
cias que en el pensamien o polí ico. Su uni e sidad, una de las más impo an es
en la península en cuan o a medicina, ocupa un luga secunda io en el es udio del
de echo. Si bien la cul u a gene al de la población e a muy al a, como se e en el
ea o y en las e ulias li e a ias, como la amosa Academia de los Noc u nos ( un-
dada en 1591), la con ibución alenciana a las ideas polí icas pa ece meno . Pocos
son los alencianos que igu an en las páginas de la clásica ob a de Ma a all sob e
la iloso ía polí ica española del siglo XVII(1955). La imp esión iene con i ma-
da po un epaso al g an epe o io bibliog á ico de Vicen e Ximeno (1747-1749),
donde el ilón más ico en es e campo pa ece se ob as de índole ju ídica. La mayo-
ía p oceden de la pluma de jueces y bu óc a as —homb es del gobie no, po lo
an o—. Ob as p o esionales de gen e de la oga, algunas pueden ene cie a eso-
nancia polí ica —como la ecopilación de los Fue os (incomple a) in en ada po
Gina en 1608, o el a ado sob e la celeb ación de Co es po F ancisco Je ónimo
de León, quien in e ino como minis o en las de 1626.
En e odas, des aca la igu a de Fad ique Fu io Ce iol (1527-92), cuyo lib o
sob e El Concejo y Conseje os del P íncipe(1559) se adujo al i aliano y al inglés
du an e su ida. Fu io igu ó como uno de los 44 homb es más ilus es de su gene-
ación en una se ie de g abados publicados en Flandes en 1572 (Mechoulan, 1973,
p.37). Su ob a no es comple a, cons ando sólo la úl ima de las cinco pa es que
había p ome ido a su público sob e la «ins i ución del p íncipe». Apa e de la sos-
pecha de he ejía que planeaba sob e su cabeza po la osadía de eclama la a-
ducción de la Biblia al e náculo (1556), su ca e a e a demasiado aje eada pa a
pe mi i le ing esa en el cue po adminis a i o de la Mona quía, siendo es o su
ambición. Su pe ición de 1581 pa a se nomb ado icecancille de la Co ona de
A agón, con las e e encias a sus «mui la gos años» de es udio de iloso ía e his-
o ia, «en las quales es a e dade amen e el manan ial de las leies», y a sus la gos
iajes po Eu opa pa a obse a «los humo es de los homb es, su gobie no, leies y
cos umb es», le pone en una ca ego ía supe io a los demás alencianos que esc i-
bie on sob e la polí ica —a la ez que le descali icaba pa a se i a un mona ca
an p uden e y conse ado como Felipe II (Mechoulan, 1973, p. 218). Sin emba -
go, algunas de sus p eocupaciones hacen eco a las de sus conciudadanos, como
luego e emos.
Más ípica de la o mación del pensado polí ico alenciano se án las ca e as de
Tomás Ce dán de Tallada (1534-1614), C is óbal C espí de Valldau a (1599-1671)
o Lo enzo Ma heu y Sanz (1618-80). Nacidos en amilias de la pequeña nobleza,
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Suma io
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Las uen es
República, Es ado Real, Es ado
Una Mona quía compues a
Nue as di icul ades
Las Co es y los Fue os
Consul a , pe o gobe na :
hacia el neo o alismo
Bibliog a ía
g aduados en de echos canónico y ci il, su expe iencia del mundo p o enia de
es ancias en la Uni e sidad de Salamanca y de pa icipación ju enil en delibe a-
ciones del Es amen Mili a (asambleas de la nobleza) de su pa ia, Valencia. En
el ma co de sus a eas p o esionales, llega on a plan ea cues iones ace ca del con-
cep o del buen gobie no. Ce dán discu ió sob e eligión y economía, y si bien
C espí se limi ó es ic amen e a p oblemas ju ídicos, nos deja en e e la men a-
lidad del polí ico en las páginas de su die a io. Es e iden e que las p eocupacio-
nes de un C espí con la u ina adminis a i a es án más ce ca de la ealidad polí ica
alenciana que los concep os ilosó icos de un Fu io Ce iol. También se puede cap-
a en las c ónicas y au obiog a ías que los alencianos de aquella época nos han
legado con an a abundancia la idea del pode —la legi imidad y los lími es del
mando, al como se les p esen aban a los «pacien es» de la acción gube namen-
al—. Todo es o, si no llega a cons i ui una ideología sis emá ica, ayuda a calib a
la in luencia de los esc i o es más allá del mundo de la bu oc acia que e a el suyo.
Reco demos, pa a e mina es e p eámbulo, que la iloso ía polí ica alenciana
es una exp esión de las p eocupaciones de se ido es de la Mona quía. A pesa de
la ida ac i a de los municipios, con sus asambleas de ep esen an es de los g e-
mios y de las pa oquias, y de los Es amen s, el deba e polí ico queda coa ado po
la na u aleza misma de una sociedad pequeña y algo ce ada. Se no a en los dia-
ios de un C espí o de un Be na do Ca alá de Vale iola una enuencia en nomb a
pe sonas o en exp esa abie amen e su pun o de is a. La azón es ob ia: como lo
ad ie e Lo enzo Ma heu, las «pendencias» en el Es amen Mili a «son muy peli-
g osas... po causa de que odos casi ciñen espada… y si uno la saca, los pa ien-
es y amigos se ponen a su lado, y apenas queda quien pueda p omedia » (1677,
p. 136). En o a pa e, nos in o ma que nadie —o pocos— se a e e án a comba i
abie amen e el o a ondos pa a el ey, sino que busca án o os modos de in e-
umpi la delibe ación. La con apa e de es a disc eción pública e a una e oz
gue illa de chismeo y de sá i a. Si se busca la oz popula alenciana en el siglo
de los Aus ias, hab á que cap a la a a és de las coplas y dibujos sa í icos pues-
os en la plaza del me cado po manos anónimas du an e la noche, pa a se a an-
cados po los alguaciles al amanece (de La io, 1986, p. 173).
República, Es ado Real, Es ado
Debido a su ca ác e , pocos de nues os au o es busca on explica el o igen de la
sociedad ci il. El más ambicioso, Ce dán de Tallada, la compa a a la na u aleza
misma, o mada po el «sumo A í ice», quien consignó a cada c ia u a su pues o
ijo, «y con la conco dia, paz y concie o que en e si ienen, se conse an, has a la
a ezi a y el gusanillo». El homb e, con su «malicia», amenazó es e equilib io, po
lo cual «empeca on los Reyes, elegidos po los pueblos, a haze leyes», acla adas
después po el espí i u del E angelio in e p e ado po la Iglesia (Ce dán de Tallada,
1604, p. 193-197). Ce dán es ablece una dis inción en e la sociedad ci il —la
« epública»— y el gobie no de la misma —el «es ado». La epública se o mó po
acue do en e los homb es: «mul iplicadas y unidas debaxo del dominio de un
P íncipe o República lib e, se o ma y se engend a un es ado». En España el p o-
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ceso se e ec uó a a és de gue as y uniones dinás icas, llegando a la si uación
ac ual de un gobie no «que p opiamen e ep esen a la pe sona del Rey, y que depen-
de de la Pe sona Real» (1604, p. 2).
Pe o el «es ado» podía asumi muchas o mas, y Fad ique Fu io Ce iol ad i ió
de la impo ancia de dis ingui las —«si es gobie no de uno solo, dicho ey, que yo
llamo p íncipe, como en España, Po ugal y Cas illa; si es gobie no de solos nobles,
como Venecia…; si de solos plebeyos, como en nues os iempos los can ones o
con ede ados dichos imp opiamen e suizos; … si es gobie no de ey, nobles y ple-
beyos, como el impe io de Alemania, el eino de Polonia y el eino de A agón en
España» (1559, p. 327). Sin emba go, odos necesi an una cabeza, y su a ado
iene mo i ado po el deseo de o alece el es ado a a és de la igu a del «p ín-
cipe». El buen p íncipe, nos dice, ompiendo exp esamen e con la adición medie-
al, no es necesa iamen e una buena pe sona, sino «aquel que en iende bien y
pe ec amen e su p o esión». En Fu io —quien «a dado siemp e mues a de muy
ynpio y de ene en endimien o muy amigo de no edades», según un in o man e
(Mechoulan, 1973, p. 220-221)— hay cie o eco de Machia elli, que sus conciu-
dadanos no quie en epe i . Sin emba go, su én asis en la necesidad de un es ado ue -
e e a compa ido po los demás.
Pa a hace ¿qué? Pa a Ce dán de Tallada, no cabe duda: el p íncipe es «la ima-
gen de Dios» pa a man ene jus icia —de o o modo «se mo e ian mil albo o os,
sediciones y dissenciones, y po ellas gue as ci iles en e las gen es supe meum
e uum» (1604, p. 86). El o icio del ey «es ampa a a los que poco pueden, de los
que los calumnian y pe siguen». Po lo an o, «es como Dios en la ie a … imagen
de la Mages ad di ina po ep esen ación» (ibid., p. 4). Las ins ucciones de 1566
pa a el nue o i ey de Valencia ecalcan el mismo mensaje: «como la buena
di ección de la jus icia impo e an o a la anquilidad de la epública … y sea la
p incipal cosa de que los Reyes y P íncipes y sus minis os de en ene más cuy-
dado» (Cas añeda, 1949, p. 452-453). El hecho de que pa a Fu io Ce iol el conse-
jo sup emo sea el «Consejo de Paz» nos ecue da la eno me agilidad de la
con i encia ciudadana en aquella época de ebeliones y gue as ci iles. Asegu a
la es abilidad del es ado e a la quin aesencia de lo que se en endía po «polí ica».
Sin emba go, pa a consegui es a me a, el es ado end á que amplia sus compe-
encias. Hab á, po ejemplo, un consejo de hacienda, sin cuya igilancia se e ía «el
p íncipe pob e y empenado, los pechos incompo ables, la moneda despa ece », y
o o de come cio («p o isiones»), sin el cual « odo a bo ado, en cada p o incia
se padescen mil abajos, la a a icia o malicia de pocos nos lle an ue a de la ie-
a lo necesa io» (1559, p. 322-323).
Fu io asignaba al gobie no, al «es ado eal», un papel muy g ande en la egu-
lación de una sociedad bien o denada. Sin emba go, pa a los alencianos e a más
bien sus leyes y p i ilegios adicionales —los Fu s— los que cons i uían el cimien-
o de su comunidad. Según el g an c onis a Escolano, el ey Jaime I, as la con-
quis a, «bol io oda su a ención a ilus a la Ciudad de Valencia, como cabeca que
ha ia sido siemp e de Reyno, y a que e le da leyes de po si y o ma de una inde-
pendien e epública». A ae a una nume osa población, sen a la base de la con-
i encia ciudadana pa ecían mejo asegu ados po la hon a y con ianza pues as en
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los ciudadanos mismos. Luego, «de pa ece y olun ad» de p elados, nobles y bu -
gueses, «mando publica el lib o de los Fue os y cos umb es, con que uni e sal-
men e se ha ia de bi i » (Escolano, 1610-11, lib o III, p. 487-488).
Las concesiones de Jaime I y de su suceso , Ped o el G ande —p ome iendo
que el mona ca end ía a Valencia pa a ju a los Fue os den o de un mes después
de su accesión, que no se in oduci ían nue os impues os sin la ap obación de las
Co es, y que se con oca ían a Co es cada es años pa a a ende a los ag a ios
de los súbdi os— pa ecen mo i adas po exigencias de dine o. Pe o echa on la
base de un pode oso mi o ideológico, de que en e el ey y el eino exis ía un con-
a o de bene icio y espe o mu uo. Como lo de ine Ce dán de Tallada, «en e el
Rey y su epública se con a a ma imonio mo al y polí ico, y de aqui iene que
el Rey iene obligación de gua da las leyes que en Co es, po comun consen i-
mien o del Rey y de los P o inciales… hu ie e concedido a sus asallos». El con-
a o no es, po supues o, en e iguales —más bien como el que exis e en la es e a
mo al en e Dios y el homb e de conciencia ec a, o en e el pad e y sus hijos, al
como nos lo p esen a San Pablo en sus epís olas: «Vos, pa es, noli e ad i acun-
diam p o oca e ilios es os» (Ce dán de Tallada, 1604, p. 5).
De aquí p oceden las dudas de aquella gene ación sob e el «pode absolu o».
En el asien o gene al de la población alenciana (1614), as la expulsión de los
Mo iscos, el mona ca dec e ó: «po si acaso se p e endiese que la esolución po nos
omada… se encuen a con alguno de los ue os del dicho Reyno (cuya obse an-
cia a emos siemp e p ocu ado y enc agado a nues os minis os), Decla amos que
es nues a in ención de usa en quan o menes e sea de la pleni ud de nues a Real
y absolu a po es ad» (Bo ona , 1901, . II, p. 632-633). Se jus i icaba, in ocando
el a gumen o del bien público y p ome iendo hace ap oba las medidas en las
p óximas Co es (lo que, po cie o, no pasó, ya que las di isiones seguían escin-
diendo los es amen os en las íspe as mismas de la eunión c í ica de 1626). Sin
emba go, el p incipio quedó cla o: según Ce dán de Tallada, el mona ca sólo podía
in oca su pode absolu o «quando concu e u ilidad o necessidad de la República,
in bonum», y cuando su dec e o iba e endado po el sabio que encabezaba su
cancille ía. Pe o, ¿si no espe a es os lími es? «Go e nando y anicamen e, le abo-
ecen (sus súbdi os) y le pie den el espe o in insecamen e, y po es e camino se
a e en, buscando ocasiones pa a le an a se; y quando no ienen ue cas pa a ello,
le desampa an la ie a y sus Reynos…» (1604, p. 22).
E a e iden e que ni Ce dán ni cualquie a de sus conciudadanos llegaban a con-
cebi una sobe anía compa ida, que pa a ellos se ía la ocasión de la e en ual des-
ucción de la epública. El ey es aba colocado po encima de sus súbdi os pa a
a ende mejo a sus ag a ios. Sus esponsabilidades e an, po lo an o, ex ensas y
mal de inidas, más pa ecidas a las de un pad e de amilia que a las de un je e de
es ado con empo áneo. El pe sonalismo del an iguo égimen esal a de los discu -
sos de las Co es en la O e a de dine o que hacían al mona ca. Así en 1547, as
elici a al jo en p íncipe, Felipe, po la ic o ia de su pad e en Muhlbe g, le exp e-
sa on su sa is acción po su isi a a la Co ona de A agón «pe isi a e conexe los
egnicols, e que aquells lo coneguen, e pe e los o be y me ce». Saluda on «la
expe iencia que han e en es es Co s de la clemencia e humani a de sa Real pe -
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sona en lo bon ac amen ab los s amen s». Ya ey, Felipe II uel e a Monzón en
1563 pa a ene Co es, p osiguiendo su isi a es a ez a Valencia. Los es Es amen s
exp esa on su ag adecimien o: «No sols Vos a Mages a los ha e me ce de sa
Real p esencia, que e a la cosa que más en es a ida desija en», sino que los había
a ado con suma «benigni a ». Po lo an o, aunque siemp e «pe la inna a ideli-
a hajen engu mol g an zel al que oca al se ey de Vos a Mages a … a a, empe-
o, sen en en si una mes pa icula a ec io pe a emplea se de huy en a an ab mes
e o en se i a Vos a Mages a ». Es e concep o de «pe sonalismo» y de «amo »
como la base del es ado aba caba ambién el campo de la adminis ación de la jus-
icia. Si bien había ins i uciones y leyes que coa aban la libe ad de maniob a del
ey, las Co es de 1585 econocie on el papel de á bi o desempeñado po Felipe II:
«Es lloen que james han is ni han ingu Rey y seno que an de e es, ab an a cu a
y solic u , mi as en lo bo y degu gobe n de sos subdi s y assalls, y de eni aquells
en pau». E a e iden e, sin emba go, mi ando los é minos de los «con a ue os»
alegados, que su gían nue os p oblemas que iban a llama en cues ión la adicio-
nal ó mula de con a o en e ambas pa es.
Una Mona quía compues a
El en usiasmo mani es ado po las Co es po las isi as de Felipe II e a an o más
in enso cuan o mas a a la opo unidad de a a con el mona ca en pe sona. Si bien
la epública alenciana gua daba su es uc u a adicional, la con igu ación del
«es ado eal» había cambiado. El c onis a Viciana con empló con cie a nos algia
el in de la glo iosa dinas ía de los eyes de A agón —«po los pecados de los pue-
blos»— eo ien ando su na a i a hacia los seño es de los «g andes espaciosos ey-
nos e seno ios de Cas illa». Si bien se había pe dido algo con la unión de Fe nando
e Isabel, si bien Viciana man u o el o gullo de se alenciano, le inspi a on g an
espe anza los iun os de los «Españoles» en conquis a «medio mundo» bajo
Ca los V (1564-1566, . III, p. 122). Pa a los esc i o es alencianos, el pa io is-
mo e a complejo. La pa ia enía una exis encia eal, palpable. E a, en p ime luga ,
la ie a de Valencia, una ie a concebida más bien en é minos me a ísicos. No
e a an o la con igu ación del paisaje sino sus «luga es de memo ia», san i icados
po una adición espi i ual o gue e a, lo que inspi aba en usiasmo. Cuando en el
siglo XVIII se á el clima lo que se e á como imp imiendo un cie o ca ác e a los
habi an es de un país, en los siglos xVI y XVII son los signos del zodíaco (Casey,
1996, p. 16). La lengua ambién, pa a Viciana y Escolano, e a una exp esión del
alma y de las adiciones alencianas, que in en aban sal agua da den o de una
mona quía hispánica. Sob e odo, los Fu s daban el ma co del hono ciudadano,
de la piadosa memo ia, que pa a aquella gene ación cons i uía la base de una epú-
blica es able. Sin emba go, Escolano, como Viciana, saluda el ad enimien o de la
unión hispánica: «Todos los eynos de España, que anda an de amados debaxo
del go ie no de di e en es eyes, po g ande sue e han buel o a su an igua o ma
y con o midad» (1610-1611, lib o I, p. 105).
El buen gobie no, en onces, end ía que oma en cuen a es os ac o es. Como lo
ad i ió Fu io Ce iol, e a menes e que un p íncipe que enía p o incias de cos-
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umb es di e en es bajo su mando, como el ey de España, u ie a cuidado en con-
sul a les a odas, o mando su consejo de ep esen an es de cada una. De o o modo,
« odo a bo ado, po que los pueblos se esien en en e que ellos son desechados
de la adminis ación y gobie no p incipal». Aunque p e iene con a los pelig os de
clien elismo, las en ajas de adminis a a un pueblo po sus p opios ep esen an-
es pa ecen indudables: se acie a mejo en la adminis ación po conoce más a
ondo los en esijos de los p oblemas que su gen (1559, p. 334). Ce dán de Tallada
pasa e is a a la misma cues ión. También econoce el pelig o que supone la amis-
ad o pa en esco en e na u ales de una misma p o incia, pa a minimiza lo, eco -
dando que es os in e eses pueden nace muy p on o aun en e o as e os y na u ales
(pensando, sin duda, en sus p opias expe iencias con i eyes cas ellanos en Valencia,
con quienes había enido encuen os). Además, pensando en el Consejo de Es ado
(y p obablemen e en la desg aciada expe iencia de Ca los V con los lamencos),
opina que «los es ange os no saben las cos umb es, ni la qualidad de la ie a ni de
los mo ado es della...». Son a en u e os en su mayo ía, «amigos de cosas nue as»
— é mino que pa a aquella gene ación gua daba su aíz la ina de « e olución», y
un sen ido peyo a i o—. Al con a io, «el na u al, en cuan o puede, p ocu a de
guia las cosas del go ie no po donde le guia on sus pasados» (1604, p. 43-44). Sin
emba go, p e iene con a el sis ema ancés de en a de o icios, jus i icada po
algunos po que acili aba aquel iden i ica se de los magis ados con los in e eses de
la « epública».
Tan o pa a Ce dán como pa a Fu io, el ey debe se lib e pa a escoge a los
mejo es conseje os. Ni el uno ni el o o pa ece p eocupado po el p oblema de
coo dinación en e los ibunales de las dis in as p o incias de la Mona quía. Pa a
ambos es el Consejo de Es ado —cue po ede al— el que oma á las decisiones,
aunque, pa a ace a , llama á a ep esen an es de los consejos egionales. Pa a los
de alles de la adminis ación, delega á sus pode es en es os ibunales subo dina-
dos. En una compa ación algo ex a agan e pe o llama i a, pa a mos a como la
cosa debe ía unciona en España, Ce dán oma un ejemplo del impe io omano:
la ans e encia de C is o po el gobe nado omano a su seno na u al, He odes,
pa a se juzgado (1604, p. 59-60).
Nue as di icul ades
Si bien la in eg ación de las p o incias en una mona quía compues a no pa ecía
p esen a demasiados p oblemas pa a los ilóso os polí icos alencianos, al menos
los de la gene ación de Ce dán, sí que les p eocupaban o os aspec os de la e olu-
ción de su epública. La p ime a e sión del a ado polí ico de Ce dán, Ve dade o
Go ie no des a Mona chia (1580), busca una explicación del enómeno de la p o-
li e ación de li igación en su día, índice de desasosiego, según el au o , que exige
un eplan eamien o del papel del es ado eal pa a es au a la «conco dia» que
debía eina en una epública c is iana. La ob a esponde a p eocupaciones eales,
y a ae una sub ención de 1.000 eales po pa e del ayun amien o de Valencia. En
1604, cuando sale la e sión e isada y elabo ada del lib o, bajo el í ulo de
Ve iloquium en Reglas de Es ado, ha cambiado algo el en oque. Los plei os siguen
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siendo un escándalo, pe o es a ez se explo a la aíz del mal en los as o nos eco-
nómicos, p o ocados po el aumen o de ma e ialismo, usu a e i eligiosidad, mani-
es ado (en e o os enómenos) en la in lación de p ecios. Pa a con a es a es a
desin eg ación de la epública, se necesi a un es ado más ue e, más in e encio-
nis a.
Una pa e de es a in e ención debe se el obus ece la eligión. Pa a Ce dán, la
expansión económica ípica de su siglo había omen ado la i eligiosidad: «se enso -
be ecen (los homb es)… buscando in enciones, opiniones y nue as in e p e a-
ciones a las di inas le as, de que nacen gue as y dissenciones». El ac o polí ico
e a el mo o p incipal de la he ejía, como en F ancia, «a imandose seño es i u-
lados y homb es pode osos desalmados, maliciosos y de malas in enziones… a las
dichas nue as opiniones po sus ines pa icula es» (1604, p. 71). La Inquisición,
aunque loable, no podía bas a po si sola a coa a es as endencias. Pensando qui-
zás en su p opia expe iencia como juez de en as de los monas e ios alencianos en
1593, mon a una c í ica du a del «mucho nume o de pa icula es del dicho es ado
(del cle o), la mucha libe ad que ienen algunos de los pa icula es, la mucha ambi-
ción y codicia que en algunos concu e» (ibid., p. 103). Falla, po lo an o, la es-
ponsabilidad del cle o como pas o es. Falla ambién el eudalismo, es opeando la
an igua je a quía de dependencia a causa de con e i se en me a explo ación eco-
nómica de los campesinos. Como pa a los eclesiás icos, la aíz del mal es aba en el
a endamien o po dine o de sus en as. Además de en ega se al lujo y a los icios
del mundo u bano, «no asis en en sus luga es, y los asalllos, con la ausencia del
seño , pie den el espe o a los minis os del y usan de mil insolencias y disla es,
co ompiendo las buenas cos umb es» (ibid., p. 174).
O o sín oma de la disolución del buen o den e a el auge de los mayo azgos.
Ce dán hace un epaso de los a gumen os a su a o —que con ibuyen a la es a-
bilidad de la a is oc acia, cons i uyendo i mes pun ales de la mona quía— pa a
luego desecha los, señalando las di isiones que causan en las amilias y las deu-
das que pa ecían insepa ables de su exis encia. Al in y al cabo, ompían con el
molde de la buena sociedad eudal y e an una amenaza pa a el es ado po «la oca-
sión que se da a los homb es pa a que les c ezca la codicia y ape i o de en ique-
ze po medios ilici os» (ibid., p. 244).
En cuan o a lo que iba a se la g an cues ión del siglo XVII, el su aga los gas-
os de un es ado llamado a ob a más, Ce dán de Tallada iene menos que deci .
Hay algunas nubes al ho izon e ya en 1604, sin emba go: las g andes gue as cau-
sadas po el Tu co, po los «he ejes» en el no e de Eu opa, po los pi a as en el
A lán ico. El aumen o necesa io de impues os, la búsqueda de ondos cada ez
mayo es, «son las cosas que ponen en con usión los en endimien os de los asa-
llos». Si bien los nue os pechos pueden se jus i icados, e a mejo e i a los, ce -
cenando los gas os en o os sec o es —«po el qual camino se gana o o pa imonio
mayo , a mi e , que es la olun ad y co acon de los asallos» (ibid., p. 95-97). La
si uación en Valencia e a oda ía menos c í ica po es as echas que en Cas illa.
Sin emba go, la iscalidad había desempeñado un papel c í ico en la o mación de
la comunidad polí ica alenciana. El concep o mismo de «Gene ali a del Regne»
nace en el siglo XIV, a aíz de las epe idas gue as y del ago amien o del pa imo-
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nio eal. Los «se icios» e en uales de las Co es se con ie en a mediados del
siglo en impues os pe manen es —de echos sob e la expo ación— que son admi-
nis ados po la céleb e «Dipu ació», un comi é de los Es amen s que oma su o ma
de ini i a hacia 1417-1418 (Ma ínez Aloy, 1930, p. 176-229).
La iscalidad en sus p incipios, lejos de pe judica a la « epública», añade a los
Fue os el ma co de una comunidad polí ica ac i a. El siglo XVI p esencia la expan-
sión del he moso edi icio que albe gaba la Dipu ació, e lejo de su impo ancia,
así como la publicación de la edición de ini i a de los Fue os en 1547. Aunque
Fe nando el Ca ólico no llamó a más de dos Co es en el cu so de su la go einado,
ob eniendo el dine o que necesi aba de p és amos y dona i os po pa e de una ciu-
dad de Valencia que es aba en el apogeo de su p ospe idad, su suceso , Ca los V, u o
que ecu i a es a ins i ución pa a ob ene ondos pa a la gue a. Aquellos años
de la p ime a mi ad del siglo XVI, cuando las Co es se eunían casi cada seis años
—el lími e de la du ación del se icio— ma can una especie de «can o de cisne»
del sis ema o al. Felipe II sólo con ocó a los alencianos dos eces —en 1563 y
en 1585— in en ando ob ene o as sub enciones (como en 1589, pa a epa a la
a mada) a a és de los Es amen s. O sea, al p incipio la iscalidad del es ado mode -
no nacien e (desde el siglo XIV) pa ecía e o za las ins i uciones « epublicanas»,
con ocándose más Co es, es ableciéndose la Dipu ació y concediéndose más p i-
ilegios a los alencianos. Luego, en el siglo XVI —y sob e odo en el XVII— llega
un momen o de up u a, en el cual el es ado eclama ayuda no como pa e de un
con a o de bene icio mu uo sino po el debe unila e al del ciudadano.
Las Co es y los Fue os
Una de las bases del pensamien o polí ico alenciano e a que el se icio al ey
debía se lib e y espon áneo. Has a las úl imas Co es de 1645, y a pesa de la g a-
edad de la amenaza ancesa en la misma on e a con Ca aluña, la O e a se jus-
i ica po «amo » y no po debe —« olen co espond e en alguna mane a a an
senyalades me ces y a o s com los que e ebu s de la eal ma de Vos a Mages a ,
ja sia que de jus icia no son engu s ni obliga s…»—. La P oposicio de Felipe IV
a las Co es de 1626, había seguido la pau a adicional, señalando los dos obje i-
os de oda eunión: «mana als assalls que ab les o ces que puguen, ajuden a
son Rey… y pe a qu’es ac e del be publich, go e n y jus icia…». Sin emba go, en
la as ienda se aguaba o a polí ica —la Unión de A mas.
Los minis os deja on cla o que es o no e a «se icio al ey» en el sen ido a-
dicional. Re i iéndose a la ocupación pe manen e de e i o io español po los
holandeses en B asil, sugi ie on que es aba en ma cha una especie de « e olución
mili a », que exigía una espues a adecuada po pa e de la epública: un econo-
cimien o de su obligación unila e al de acudi en de ensa del es ado («y como quie-
a que las gue as que oy se mue en no mi an a sólo saquea un luga sino a oma
pie en es os y o os Reynos de Su Mages ad…», ACA CA leg. 1372, . 1-6).
Pa a los alencianos, aquí adicaba la di icul ad pa icula con lo que pedía el
ey. «Ponde a an los na u ales», nos cuen a el his o iado Do me , «que el pedi
gen e al eino e a p e ende obliga los po es e medio a i a la gue a, p e endien-
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