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La ciencia que no enseñamos

Author: Campanario, Juan Miguel
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1999
DOI: 10.5565/rev/ensciencias.4069
Source: https://ddd.uab.cat/pub/edlc/02124521v17n3/02124521v17n3p397.pdf
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3), 397-410 397
LA CIENCIA QUE NO ENSEÑAMOS
CAMPANARIO, JUAN MIGUEL
G upo de In es igación en Ap endizaje de las Ciencias. Depa amen o de Física.
Uni e sidad de Alcalá de Hena es. 28871 Alcalá de Hena es. Mad id.
E-mail: scampana [email protected]
SUMMARY
Al hough i is acknowledged ha he his o y and philosophy o science can help in science eaching, an impo an pa
o hese con en s ha a e included in he cu iculum do no ake in o accoun key ea u es o his ac i i y. In his pape
I discuss some di e se opics ela ed o eali ies o cu en science ha usually a e no augh o s uden s. Some o such
opics a e hose ela ed o he communica ion in science, goals and mo i a ion o scien is s and e hic p oblems in
science. The goal o he pape is o d aw he a en ion o he people in ol ed in esea ch and in eaching sciences abou
hese opics in o de o ansmi o s uden s a mo e accu a e ision o cu en science.
INTRODUCCIÓN
La o mación cien í ica co espondien e a los ni eles de
enseñanza p ima ia y secunda ia debe ía p opo ciona a
los u u os ciudadanos adul os los elemen os básicos de
las disciplinas cien í icas pa a que sean capaces de
en ende la ealidad que les odea y puedan comp ende
el papel de la ciencia en nues a sociedad. Asimismo,
es e p ime con ac o con la ciencia debe ía con ibui a
que és os desa ollasen ideas adecuadas sob e la ciencia
y el conocimien o cien í ico y a que aplicasen hábi os
p opios del pensamien o y azonamien o cien í ico en su
ida co idiana. Es os obje i os chocan muchas eces
con la ealidad. A las quejas adicionales de p o eso es
e in es igado es ela i as al bajo ni el de conocimien os
de los alumnos y a la pe sis encia e iden e en los alum-
nos de las amosas p econcepciones as años de ense-
ñanza o mal, hay que añadi un nue o elemen o al que
sólo se ha comenzado a p es a a ención en los úl imos
años: se a a de las ideas de los p opios alumnos sob e
la ciencia, el conocimien o cien í ico y, ambién, sob e
cómo se ap ende la ciencia. Es as ideas se ecogen en la
in es igación bajo el epíg a e gené ico de concepciones
epis emológicas (Ryan y Aikenhead, 1992; Wol -Mi-
chael, 1994; Campana io y O e o, 1998). Tal como
demues an nume osos abajos de in es igación, las
concepciones de los alumnos ace ca de la alidez y
iabilidad del conocimien o cien í ico y cómo és e se
a icula o ace ca de cómo se cons uye y e oluciona la
ciencia son con ecuencia inadecuadas. Es e ema ha
sido a ado con más de alle po o os au o es o po
noso os mismos en o os abajos y hoy se econoce casi
unánimemen e que cons i uye un obs áculo se io pa a el
p opio ap endizaje de las ciencias (Campana io y O e o,
1998; Campana io, Cue a, Moya y O e o, 1997;
Hamme , 1994).
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
398 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3)
Incluso pe sonas con o mación cien í ica o in es iga-
do es cuali icados man ienen concepciones inadecua-
das sob e la ciencia y el conocimien o cien í ico. Así,
po ejemplo, no esul a a o que, con ecuencia, los
p opios p o eso es de ciencias engan una o mación
de icien e en los aspec os elacionados con la na u aleza
de la ciencia y la epis emología, la iloso ía o la sociolo-
gía de la Ciencia (Gus a son y Rowell, 1995; P aia y
Cachapuz, 1994; Po lán, 1994; Campana io, 1997b).
En en ados con los con enidos p opios de las discipli-
nas (cien í icos), es os aspec os me acien í icos eciben
una a ención meno en los planes de es udio y en muchas
ocasiones deben sac i ica se en bene icio de los con eni-
dos «se ios». En la uni e sidad son a as las asigna u as
de his o ia, iloso ía o epis emología de la ciencia y, en
el caso de exis i , suelen concebi se como un me o
complemen o cul u al que se a icula gene almen e
en o ma de asigna u as op a i as con poco peso en el
plan de es udios. Es como si exis ie a una especie de
c eencia implíci a gene alizada de que la his o ia o la
iloso ía de la ciencia no con ibuyen mucho a la
o mación del u u o cien í ico. Incluso aspec os an
impo an es como la é ica cien í ica se ol idan com-
ple amen e y, según nues o conocimien o, ni siquie-
a se abo dan de mane a gene alizada en los cu sos de
doc o ado.
F en e a es a si uación se empiezan a oma las p ime as
medidas. Ya se econoce abie amen e la necesidad de
abo da o os aspec os en el ap endizaje de las ciencias
además de los con enidos adicionales. Así, po ejem-
plo, en la e apa de educación secunda ia obliga o ia en
España, la LOGSE es ablece, en e o os, los siguien es
obje i os pa a el á ea de ciencias:
a) Elabo a c i e ios pe sonales y azonados sob e cues-
iones cien í icas y ecnológicas básicas de nues a épo-
ca median e el con as e y e aluación de in o maciones
ob enidas en dis in as uen es.
b) Reconoce y alo a las apo aciones de la ciencia
pa a la mejo a de las condiciones de exis encia de los
se es humanos, ap ecia la impo ancia de la o mación
cien í ica, u iliza en las ac i idades co idianas los alo-
es y ac i udes p opios del pensamien o cien í ico, y
adop a una ac i ud c í ica y undamen al an e los g an-
des p oblemas que hoy plan ean las elaciones en e
ciencia y sociedad.
c) Valo a el conocimien o cien í ico como un p oceso
de cons ucción ligado a las ca ac e ís icas y necesida-
des de la sociedad en cada momen o his ó ico y some ido
a e olución y e isión con inua.
A pesa de lo posi i o de las nue as endencias, exis e un
iesgo g a e de ansmi i isiones e ideas inadecuadas
sob e la p opia ciencia, es a ez explíci amen e. En
pa e, ello se debe a que muchas de las o mulaciones, en
iloso ía de la ciencia, se e ie en al p oceso de c eación
del conocimien o, a la gene ación de eo ías o leyes o al
p oceso de descub imien o, ol idando, po ejemplo, la
eno me in luencia que ienen los p ocesos de comunica-
ción en ciencia en la o mación y a iculación del cono-
cimien o cien í ico. Fac o es pe sonales elacionados
con la psicología de los cien í icos o con los deseos de
no o iedad, ama o pode suelen deja se ambién de lado
o no se ienen en cuen a en las eo ías y pun os de is a
más ex endidos en iloso ía de la ciencia. Exis e un
cie o sesgo a a o de la ísica en las p e e encias de los
ilóso os de la ciencia y es o iene consecuencias sob e
nues a o ma de concebi o as disciplinas como, po
ejemplo, la química, las ciencias biológicas o sani a ias
que, en gene al, ocupan un luga meno .
Sin duda una pa e de la pe sis encia de los p oblemas
an e io es iene su o igen muchas eces en una cie a
al a de a ención o de conocimien o po pa e de in es-
igado es y educado es de los esul ados de las líneas
ac uales de in es igación en dinámica de la ciencia
ac ual. De acue do con lo an e io , el obje i o unda-
men al de es e abajo es llama la a ención de la comu-
nidad docen e e in es igado a en didác ica de las cien-
cias sob e algunos de los aspec os poco conocidos de la
ciencia ac ual. No es una casualidad que algunos de es os
aspec os poco conocidos, como el aude o la lucha po
la p io idad, esul en, con ecuencia «incómodos» pa a
las isiones simplis as que conciben la ciencia como una
ac i idad pu a y desin e esada en la que la e dad es la
me a sup ema. Es os aspec os se man ienen alejados de
los alumnos, aunque hace iempo que ocupan un luga
des acado en las páginas de deba e de e is as an
p es igiosas como Science y Na u e. Se desea, además,
susci a un deba e sob e la necesidad y con eniencia de
una elección cuidada de los con enidos me acien í-
icos que se incluyen en los p og amas educa i os.
Con el in de consegui los obje i os an e io es, se
e isan los dis in os aspec os de la dinámica de la ciencia
que pueden ayuda a e ela una ca a desconocida y,
pa a muchos, ocul a de la ciencia que, como indica
el í ulo del a ículo, a a ez enseñamos a nues os
alumnos.
En e los aspec os más desconocidos y, a nues o juicio,
me ecedo es de la a ención de los in es igado es y
p o eso es cabe ci a , en p ime luga , aquéllos elacio-
nados con el papel de la comunicación en ciencia (nece-
sidad de mecanismos de in e cambio de conocimien os,
papel de las edes in o males de cien í icos o «colegios
in isibles», obligación de publica casi a cualquie cos a
y la posible u ilidad de los p oduc os de dicha publica-
ción). A con inuación se abo dan di e sos emas que
inciden en el abajo y los p oduc os de los cien í icos
(las concepciones me a ísicas, el papel del aza en el
descub imien o, la eplicación, la nue a o ma de hace
ciencia a base de ecu sos ingen es y equipos eno mes de
cien í icos y el componen e bu oc á ico y adminis a i o
del abajo cien í ico). Po úl imo, se a an aspec os
«incómodos» como la lucha po el econocimien o y la
pasión po se el p ime o en comunica un descub imen-
o o una eo ía, las ac i udes dogmá icas que, a eces,
mues an los p opios cien í icos, el alo y iabilidad
dudosos de g an pa e del conocimien o publicado, el
aude y la ap opiación de ideas como conduc as con a-
ias a la é ica cien í ica y, po úl imo, la pasión po
en iquece se que pa ece habe se apode ado de una pa e
de los cien í icos.
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3) 399
FUNCIONES Y DISFUNCIONES DE LA CO-
MUNICACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE
LA CIENCIA
Los mecanismos de comunicación en e cien í icos son
undamen ales pa a la cons ucción del conocimien o.
Como se explica en los apa ados siguien es, la comuni-
cación en ciencia p esen a algunos asgos p opios que
inciden pode osamen e en los esul ados del abajo de
los in es igado es. A pesa de la eno me ascendencia
de los p ocesos de comunicación en la cons ucción del
conocimien o cien í ico, és e es uno de los aspec os
comúnmen e ol idados en la enseñanza de las ciencias.
Incluso en las ca e as uni e si a ias se p es a poca
a ención a los p ocesos de comunicación cien í ica o, en
el caso de que se abo den, se educen a b e es nociones
gene ales sob e la búsqueda de la in o mación. El e da-
de o ap endizaje ace ca de la mecánica de las publica-
ciones y su impo ancia en las ca e as indi iduales de
los cien í icos se lle a a cabo, gene almen e, de mane a
implíci a o no planeada en el anscu so de la o mación
del pe sonal in es igado .
El sis ema de comunicación en ciencia
Po más ascenden al o e oluciona io que sea un des-
cub imien o, no puede conside a se de ini i o has a que
abandona el labo a o io donde se ha p oducido y es dado
a conoce al es o de la comunidad académica. Como
cualquie cien í ico sabe, la publicación y la lec u a de
a ículos y la búsqueda de in o mación es una a ea a las
que se dedica un pa e sus ancial del iempo de abajo.
El abajo cien í ico es un empeño colec i o que, en
p incipio, debe es a abie o al esc u inio po o os miemb os
de la comunidad in es igado a. De la comunicación
e icaz en ciencia depende an o el que los cien í icos
puedan da a conoce sus abajos como el que puedan
es a al co ien e de los nue os a ances en su disciplina.
Las e is as especializadas desempeñan además o o
papel en la ciencia: cons i uyen un o o pa a que los
cien í icos eclamen su p io idad en el descub imien o.
P ecisamen e en el o igen de las e is as cien í icas es á
la necesidad de dispone de un mecanismo que pueda
e i a , median e la di usión y publicación de abajos, la
ap opiación de ideas po pa e de o os in es igado es.
Tal ue el o igen de la p ime a e is a cien í ica, The
Philosophical T ansac ions o he Royal Socie y, unda-
da en 1665 y cuyo p ime edi o ue el inglés Robe
Oldenbu g. Con la apa ición de es a e is a la imp esión
de los abajos cien í icos se con i ió en un medio pa a
su publicación y es o esul ó se más e icaz que la
ocul ación de los mismos pa a man ene y eclama la
p io idad sob e las ideas y descub imien os. El núme o
y a iedad de e is as cien í icas en ci culación ha c e-
cido eno memen e desde los iempos de Oldenbu g. En
1982, el edi o Michael Mahoney es imaba que en el
mundo exis ían unas 40.000 e is as cien í icas que
publicaban un a ículo cada 35 segundos (Mahoney,
1982). Fieles a sus o ígenes, muchas e is as cien í icas
publican las echas de ecepción y acep ación inal de los
a ículos como un medio pa a es ablece sin ningún
géne o de dudas la p io idad de las con ibuciones. Es a
p ecaución no es i ial dado que, como se explica más
adelan e, en algunas á eas muy compe i i as exis e una
di e encia eno me en e se el p ime o y se el segundo
en publica un descub imien o, lo que puede aduci se,
po ejemplo, en gana o pe de el P emio Nobel.
Los «colegios in isibles»
La socióloga Diana C ane es udió en los años se en a los
pa ones de comunicación y abajo en ciencia y descu-
b ió que, no malmen e, el núme o de cien í icos que
abajan en una línea de e minada suele se ealmen e
pequeño (C ane, 1972). Según C ane, los cien í icos que
en odo el mundo in es igan en un ema conc e o suelen
conoce se en e sí, aunque al ez no pe sonalmen e, y
es án al co ien e de sus abajos espec i os. C ane
denominó colegio in isible a es a comunidad in o mal
de cien í icos que abajan en un mismo ema y que
in e cambian in o mación.
El colegio in isible ac úa, además de como ed de
comunicación e in e cambio, como o o de educación y
socialización de los nue os cien í icos que comienzan
su abajo en una línea conc e a de in es igación. Los
jó enes cien í icos ap enden ápidamen e quién es quién
en un á ea de e minada y qué in es igado es son las
au o idades econocidas po los demás especialis as.
Los especialis as que abajan en un á ea de in es iga-
ción de e minada a menudo in e cambian p opues as
p e ias de abajo y e siones p elimina es de los a ícu-
los an es de que se den a conoce po o os canales más
o males como pueden se las e is as especializadas.
Los semina ios, cong esos y euniones académicas des-
empeñan ambién un papel impo an e en la o mación
de los «colegios in isibles» en la medida en que ayudan
a la di usión ápida de abajos de in es igación y a o-
ecen su análisis y c í ica po o os in es igado es. Ade-
más, es e ipo de e en os con ibuye al in e cambio de
pun os de is a y al es ablecimien o de con ac os y edes
de colabo ación en e los cien í icos que abajan en el
mismo ema. A eces los cong esos si en pa a que se
o men alianzas en e cien í icos a a o o en con a de
un en oque, una eo ía o una escuela de e minada.
Publica o mue e
En nues os días la publicación de a ículos en las e is-
as especializadas muchas eces no es un medio de da a
conoce unos esul ados y se ha con e ido casi en un in
en sí mismo. En los países más desa ollados el núme o
de i ulados supe io es, incluso de doc o es, ha c ecido
espec acula men e y exis e una compe encia e oz po
ocupa los pues os cien í icos y docen es en las uni e -
sidades y cen os de in es igación. Al mismo iempo, la
especialización c ecien e del abajo cien í ico da como
esul ado que sólo unos cuan os especialis as son capa-
ces de en ende plenamen e y juzga el mé i o de los
abajos que se publican den o de una línea de in es i-
gación. Ello hace muy di ícil que los comi és de selec-
ción puedan e alua el con enido de las con ibuciones
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
400 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3)
cien í icas, lo que se ha aducido en los úl imos años en
el uso de indicado es bibliomé icos pa a di e en es
obje i os. Es os indicado es bibliomé icos han expe i-
men ado un desa ollo sin p eceden es en el ma co de las
ecnologías de la e aluación.
Siemp e ha sido más ácil e alua y medi la can idad de
las con ibuciones que la calidad de las mismas. Ello ha
dado luga a una endencia a publica casi cualquie cosa
a oda cos a, y que se esume en la ase que da í ulo a
es e apa ado. Son a ios los indicado es que demues-
an es a endencia. Po una pa e, el núme o medio de
au o es que i man los a ículos cien í icos ecogidos en
las bases de da os ha ido c eciendo de mane a con inua
desde hace décadas. Así, po ejemplo, en 1955 el núme o
medio de au o es po a ículo indexado en las bases de
da os del Ins i u e o Scien i ic In o ma ion e a de 1,83,
mien as que en 1980 e a de 2,56 y en 1987 e a de 3. No
cabe duda de que una pa e de es e aumen o se explica
po la complejidad c ecien e del abajo cien í ico que
exige más colabo ación. Sin emba go, o a de las azo-
nes del inc emen o en el núme o medio de au o es adica
en la endencia a inclui en los a ículos a odos los
miemb os de un equipo, hayan o no pa icipado en el
abajo. Po ejemplo, en muchos g upos de in es igación
exis e la cos umb e de que el di ec o del mismo igu e
en odas y cada una de las con ibuciones cien í icas que
se p oducen.
En 1992 el Ins i u e o Scien i ic In o ma ion publicó
una elación de los 20 cien í icos más p olí icos del
mundo. El químico uso Yu y S uchkno encabezaba el
anking con 948 a ículos como au o o coau o en e los
años 1981 y 1990. Es o signi ica un a ículo cada 3,9
días. El bioquímico inglés Timo hy Pe e s ocupaba el
úl imo luga del « op-20» con un a ículo cada 11,3 días
(Ande son, 1992). Cie amen e, algunos cien í icos pa-
ecen esc ibi a ículos más ápidamen e de lo que la
mayo ía de noso os los leemos.
¿Cómo se consigue aumen a el núme o de publicacio-
nes sin aumen a el abajo de in es igación? Exis en
di e sas écnicas más o menos ac edi adas. La más
común es la conocida como publicación salami, que
consis e en di idi cuidadosamen e los esul ados de un
abajo de in es igación en la mayo can idad posible de
«unidades mínimas publicables». Es as «unidades míni-
mas publicables» se dis ibuyen po di e sas e is as
cien í icas. O a écnica consis e en en ia casi los mis-
mos expe imen os y esul ados, con alguna modi ica-
ción o es udio adicional p ác icamen e i ele an e, a
a ias e is as cien í icas. Po o a pa e, muchos es u-
dios pilo os y p uebas p elimina es que, en igo , no
me ece ían los hono es de se publicadas, se en ían sin
ningún emo dimien o a e is as meno es, que sob e i-
en publicando es e ipo de abajos.
Una ca a de echazo de una e is a nunca es bien
ecibida po los cien í icos. Muchos esc iben ai adas
misi as de p o es a a los edi o es de las e is as y, a
eces, consiguen que és os den ma cha a ás en su
e edic o nega i o. En el peo de los casos, un echazo
de un a ículo en una e is a a a ez da como esul ado
que el abajo se a chi e. Di e sos es udios han demos-
ado que, no malmen e, los au o es en ían sus a ículos
echazados, casi in ac os, a o as e is as cien í icas
has a que consiguen inalmen e publica los. En uno de
es os es udios, el edi o S ephen Lock descub ió que de
una mues a de a ículos echazados po la p es igiosa
e is a B i ish Medical Jou nal y publicados en o o
si io, sólo el 20% ue on modi icados as el echazo
inicial (Lock y Smi h, 1986). O o es udio demos ó que
el 85% de los a ículos echazados inicialmen e po la
e is a New England Jou nal o Medicine ue on
asimismo publicados en o as e is as (Cicche i,
1991). Hay quien piensa que, si un cien í ico es á
con encido de que sus esul ados son ealmen e a-
liosos, nada hay de obje able en que in en e da los a
conoce a oda cos a al es o de la comunidad cien í-
ica (Campana io, 1998b).
El esul ado ne o de los p ocesos an e io es es un inc e-
men o no able en la can idad de li e a u a cien í ica, lo
que se aduce en unas pé didas cada ez mayo es de
iempo po pa e de los cien í icos pa a localiza la
bibliog a ía ele an e en un ema de e minado. Muchas
eces, pa a encon a un esul ado in e esan e, es p eciso
lee decenas de a ículos que apo an poco o nada a un
ema. Además, la me a p oducción masi a ya no si e
pa a consegui la p omoción académica, de o ma que es
posible publica y mo i (académicamen e, se en iende).
Una pa e de la solución a es e p oblema consis e en
elimina la necesidad de publica masi amen e pa a
sob e i i en el mundo académico y en a o ece la
calidad en e a la can idad. Se a isban ya algunos signos
posi i os. Así, po ejemplo, la Uni e sidad de Ha a d
sólo admi e cinco publicaciones en los cu ículos de los
aspi an es a p o eso .
¿Quién lee los a ículos cien í icos?
El Ins i u e o Scien i ic In o ma ion (ISI) es una ins i-
ución p i ada que se enca ga, en e o as a eas, de
con abiliza las ci as que eciben los a ículos cien í i-
cos. Las bases de da os del ISI ecogen las ci as a los
a ículos publicados en más de 3.500 de las mejo es
e is as del mundo. Los análisis de los índices de ci as
o ecen algunos esul ados so p enden es sob e el im-
pac o de los a ículos cien í icos. Así, po ejemplo,
según el ISI, más del 56% de los a ículos indexados
en e 1955 y 1987 no ue on pos e io men e ci ados ni
siquie a po sus p opios au o es (Ga ield, 1989, p. 7).
Sólo el 10% de los a ículos que ue on ci ados en e
1961 y 1982 ecibie on 10 o más ci as, mien as sólo el
3,4% de dichos a ículos ue on ci ados en 25 o más
ocasiones (Ga ield, 1985, abla II). Sólo el 2% de los
más de 32 millones de a ículos que ue on ci ados al
menos una ez en e 1945 y 1988 ue on ci ados más
de 50 eces y sólo el 0,05% de es os a ículos ue on
ci ados más de 500 eces (Ga ield, 1990). Es os
da os incluyen las posibles au oci as po los p opios
au o es en a ículos pos e io es. En esumen, mien-
as unos pocos a ículos son muy ci ados, la mayo ía
de los a ículos ecibe unas cuan as ci as a lo sumo o
no son jamás ci ados.
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3) 401
La ealidad de los da os an e io es ha p o ocado un
in enso deba e en los medios académicos. Así, pa a
algunos, los da os an e io es end ían a demos a la
pe cepción de B oad y Wade de que una g an pa e del
abajo cien í ico que se ealiza no si e de nada y que la
p esión po publica a cualquie cos a con ie e la li e a-
u a cien í ica en «un océano de a ículos no leídos e
ilegibles» (B oad y Wade, 1982, p. 222). Da la imp esión
de que muchas e is as cien í icas si en más a los
au o es que a los lec o es. Po el con a io, o os expe -
os como el p esiden e del ISI, Eugene Ga ield, consi-
de an que el hecho de que un a ículo no sea ci ado no es
necesa iamen e nega i o (Ga ield, 1993). Po ejemplo,
cualquie cien í ico lee muchos más a ículos de los que
ci a y no puede a i ma se, po an o, que los a ículos que
no se ci an esul en del odo inú iles. Muchos a ículos
son u ilizados en la enseñanza y no necesa iamen e han
de ci a se pa a que esul en ú iles. Seglen incluso ha
suge ido que la o ma ma emá ica de la dis ibución del
núme o de ci as es ca ac e ís ica de una ac i idad que
ep esen a un ni el ex emo de ac uación y desa ollo
(Seglen, 1992). Es a o ma de dis ibución an desigual
se p esen a en o as á eas de la ac i idad humana que
exigen una ac uación excepcional, como, po ejemplo, el
endimien o en el a le ismo de éli e. De acue do con es e
pun o de is a, la exis encia de un núme o ele ado de
a ículos que son poco ci ados o que nunca son ci ados
no solo no se ía nega i a sino que es ine i able.
LOS CIENTÍFICOS EN ACCIÓN
Exis en muchos es e eo ipos equi ocados sob e la eali-
dad del abajo cien í ico. La mayo ía de es os es e eo-
ipos es án asociados a concepciones simplis as ace ca
de la ciencia. Como se explica en es e apa ado, ambién
aquí apa ecen aspec os que suelen se poco conocidos.
Las concepciones me a ísicas de los cien í icos
Un es e eo ipo común ace ca de la ciencia iden i ica es a
ac i idad como un dominio lib e de cualquie idea mís-
ica o me a ísica. Los cien í icos se ían, de acue do con
es a isión, se es acionales que o ien an su indagación
de acue do con la más ía de las lógicas. Sin emba go,
como nos ecue da el ilóso o de la ciencia Ge ald
Hol on, la ciencia no es an ía (Hol on, 1982). Hol on
conside a que las c eencias me a ísicas de los cien í icos
cons i uyen una de las bases de su abajo. Es as c een-
cias me a ísicas pueden oma , po ejemplo, la o ma de
« hema as»: ideas gene ales, ascenden es y dominan-
es que o ien an pode osamen e el abajo de los cien í-
icos. Hol on conside a incluso que las c eencias me a-
ísicas cons i uyen una e ce a dimensión de la ciencia,
además de la analí ica y la empí ica (Hol on, 1982).
Como ejemplos de « hema as» podemos ci a ideas ge-
ne ales ace ca del conocimien o cien í ico, como la
causalidad, la simplicidad y la a monía. La in e e en-
cia de es e ipo de ac o es se puede ap ecia cla amen e
en la ansición de la ísica medie al a la nue a ísica y
ambién en nues os días en el desa ollo de eo ías como
la mecánica cuán ica o el elec omagne ismo. No cabe
duda de que es as ideas in luyen a eces pode osamen e
y no siemp e pa a bien en la e aluación po pa e de los
cien í icos de nue as eo ías y con ibuciones cien í icas
(Campana io, 1997a, 1993, 1995).
O as eces, las concepciones más o menos me a ísicas
de los cien í icos oman la o ma de nume ologías.
Desde los iempos de Pi ágo as, las elaciones en e
núme os han eje cido una g an ascinación sob e los
cien í icos. Cie amen e, el hecho de que la ealidad se
p es e a un análisis ma emá ico ya es ascinan e en sí
mismo. Una de las nume ologías cien í icas más conoci-
das es la que se e ie e al in e so de la cons an e de
es uc u a ina (1/α). La cons an e α elaciona a ias
cons an es uni e sales, como son la ca ga del elec ón,
la elocidad de la luz, la cons an e de Planck y el núme o
π, de acue do con la exp esión siguien e:
e2
α =c (h/2π)
El hecho de que alo de 1/α sea un núme o adimensio-
nal cuyo alo es ap oximadamen e 137 ha dado o igen
a no pocas especulaciones en ísica. Cien í icos an
amosos y se ios como Edding on o Somme eld han
buscado algún signi icado p o undo a es a coincidencia
o han in en ado elaciona la con o os ales como el que
la suma de los alo es numé icos de los ca ac e es
heb eos de la palab a kabala –que si e pa a designa el
conjun o de mis icismos judíos–, ambién sea 137
(Klo z, 1995). O o ejemplo: hace años, la p es igiosa
e is a Na u e publicó un a ículo en el que se elaciona-
ban las cons an es ísicas undamen ales con el núme o
π, e incluso la e is a Jou nal o Physical Chemis y
publicó un desg aciado a ículo sob e las elaciones
nume ológicas en e cons an es ísicas que, pa a in i de
su au o , dependían de las unidades de medida (Klo z,
1995). Las an asías nume ológicas no sólo se dan en
campos a ines a la me a ísica (como la ísica). También
se dan incluso en á eas como la sín esis de las p o eínas
(Klo z, 1995). Un nue o ejemplo, es a ez posi i o, de la
in luencia de es e ipo de ac o es en el abajo cien í ico
lo cons i uyen las elaciones numé icas de Cha ga , que
exp esaban unas elaciones simples en e las bases que
componían la molécula de DNA y que o ien a on en
cie a medida el abajo de Wa son y C ick cuando
in en aban es ablece la es uc u a de es a molécula
(Wa son, 1970).
La buena sue e ambién cuen a
La his o ia del descub imien o de la penicilina po
Fleming es bien conocida e incluso se explica a los
alumnos. És e es uno de los pocos ejemplos de la his o ia
de la ciencia en que se suele ansmi i explíci amen e
una isión de la misma en la cual ac o es no p e is os
desempeñan un papel ele an e en un descub imien o.
Sin emba go, la mayo pa e de las desc ipciones del
p og eso cien í ico suelen hace hincapié en el «mé odo

INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
402 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3)
cien í ico» como o ma na u al de impulsa el a ance de
la ciencia. Exis e una cie a esis encia po pa e de los
cien í icos a econoce el papel del aza en sus descub i-
mien os. Los p incipales ilóso os de la ciencia admi en
sólo de pasada el papel que desempeña el aza en el
a ance de la ciencia has a el pun o de que es e ema
pe manece oda ía casi sin es udia . Reconoce que el
aza juega un papel ele an e en el a ance de la ciencia
supone, en cie a medida, una con adicción con la idea
de ciencia como una ac i idad comple amen e bajo con-
ol. P ecisamen e el expe imen o cien í ico es á des i-
nado a «p egun a » a la na u aleza en condiciones con-
oladas y eplicables. Además, nos esis imos a o o ga
el mismo mé i o a un descub imien o hecho po aza que
a un log o conseguido as un abajo cuidadosamen e
planeado.
Sin emba go, la his o ia de la ciencia es á llena de
ejemplos que demues an que a eces el aza es el ac o
de e minan e en el descub imien o cien í ico ( an
Andel, 1994; Campana io, 1996b). Así, po ejemplo, no
son a os los ejemplos en los cuales un obje i o deseado
se alcanza casualmen e. En es as si uaciones, el ac o
que con ibuye a consegui el obje i o de un p oyec o
puede se un e o in olun a io, una in e upción en el
abajo cien í ico, obse aciones inespe adas o la o -
mulación de hipó esis equi ocadas. Hay que insis i que,
en es os casos, son p ecisamen e es os ac o es «e ó-
neos» los que posibili an el descub imien o deseado
(Campana io, 1996b). O o ipo de si uaciones en las que
in e iene el aza ienen que e con la ealización de
descub imien os acciden ales que, en p incipio, no
e an el obje i o deseado del abajo de in es igación.
De nue o, el e o o las des iaciones en los mé odos
de abajo, las obse aciones inespe adas o la in e-
upción in olun a ia del abajo hacen posible es as
si uaciones.
Desde el pun o de is a de la enseñanza de las ciencias la
incidencia del aza en el descub imien o cien í ico plan-
ea algunos p oblemas in e esan es. No pa ece que la
enseñanza adicional a e de omen a en los u u os
cien í icos las des ezas men ales básicas pa a hace
en e a lo inespe ado. Así, po ejemplo, muchas eces
las p ác icas de labo a o io se conciben simplemen e
como ilus ación y es ecuen e que los guiones sean
ce ados, con odos los desa ollos ma emá icos y con-
cep uales inalizados y con una o ien ación de allada,
ipo ece a, de los pasos a segui , con poco espacio pa a
lo inespe ado.
La g an pa adoja que subyace al descub imien o acci-
den al es que es p eciso conoce p o undamen e qué
cons i uye lo no mal pa a pode de ec a lo inespe ado.
Así, mien as una concepción simplis a ce cana al in-
duc i ismo explica ía el descub imien o acciden al ha-
ciendo e e encia a la g an capacidad de obse ación del
cien í ico que lo ealiza, una concepción más adecuada
des aca ía el papel de los conocimien os p e ios (y de
las expec a i as basadas en ellos) en la de ección
de aspec os en un expe imen o o una si uación que
es án en con lic o con dichos conocimien os o expec-
a i as.
El mi o de la eplicación
Una de las c eencias popula es sob e la ciencia y el
mé odo cien í ico que es á más ex endida, incluso en e
los p opios in es igado es, es que cualquie nue o esul-
ado que se publica no se admi e po la comunidad
académica has a que es debidamen e eplicado. Dicha
eplicación se conside a uno de los elemen os cla e de la
iabilidad del conocimien o cien í ico e incluso algunos
au o es des acan es a ca ac e ís ica en p og amas de
enseñanza de las ciencias, como es el caso del ap endi-
zaje po in es igación, (Gil y Valdés, 1996; Gil,
Ca ascosa, Fu ió y Ma ínez-To eg osa, 1991).
La ealidad es muy dis in a: son pocos los in es igado es
que pie den su iempo epi iendo, sin más, expe imen os
ealizados po o os. Eso es así, en pa e, debido a que los
edi o es de las e is as cien í icas p e ie en publica
abajos o iginales an es que simples eplicaciones de
abajos an e io es. Po o a pa e, los o ganismos gube -
namen ales no es án muy dispues os a «despe dicia » su
dine o inanciando in es igaciones cuyo obje i o es la
me a epe ición de esul ados an e io es. La o iginalidad
es uno de los alo es más ap eciados en la ciencia y
pocos cien í icos es án dispues o a in e i iempo y
ecu sos epi iendo un abajo an e io [...] a no se que
los esul ados que se in en en epe i esul en demasiado
espec acula es o sean demasiado buenos pa a se cie os.
Sin emba go la eplicación habi ual de esul ados es la
excepción, más que la no ma en ciencia (Campana io,
1998b, 1998c). Además, como se indica en el apa ado
siguien e, el desa ollo de la «g an ciencia», con sus
cos osos expe imen os, ha con e ido la eplicación en
de e minadas á eas en una me a in ocación académica.
La «g an ciencia»
Como es sabido, las dimensiones de los mode nos ace-
le ado es de pa ículas son del o den de kilóme os; pa a
su manejo son necesa ios decenas de ingenie os, cien í-
icos y écnicos y los expe imen os que en ellos se
ealizan suelen du a meses. Como consecuencia, no es
a o encon a a ículos en e is as de ísica de pa ículas
i mados po a ios cien os de au o es. Mien as que
Wa son y C ick u iliza on unas o og a ías de ayos X,
unos cuan os modelos mecánicos y mucha imaginación
pa a p opone su modelo pa a la molécula de DNA, la
he encia más o menos di ec a de es e descub imien o, el
P oyec o Genoma Humano, iene p e is o emplea miles
de cien í icos y o denado es y millones de dóla es en una
de las a eas de descub imien o más ingen es que el se
humano haya emp endido jamás. Es os ejemplos ilus-
an una nue a o ma de hace ciencia, a una escala an es
desconocida, con una in e sión al de medios y de
ecu sos humanos impensable en el pasado. La in es i-
gación cien í ica o ien ada al e eno mili a y la in es-
igación espacial son o os ejemplos de lo que se ha dado
en llama g an ciencia.
Uno de los an eceden es de la «g an ciencia», lo cons i-
uyen las o mas de o ganización del labo a o io de
Law ence en los años ein a y cua en a (Sánchez-Ron,
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3) 403
1992, cáp. 2). En la ac ualidad, es a o ma de hace
ciencia no sólo cons i uye un cambio cuan i a i o en lo
que se e ie e a los ecu sos u ilizados, ambién ha dado
luga a di e encias cuali a i as en la o ma en que se
concibe y p oduce el conocimien o cien í ico. En e ec o,
cuando los expe imen os alcanzan un p ecio exo bi an e
que di icul a su eplicación, cuando la p opia eo ía se
desa olla a me ced del calenda io de los expe imen os
que se pueden ealiza con un cos e azonable, hemos de
econoce que algo es «lige amen e» dis in o a la con-
cepción adicional de las elaciones en e eo ía y expe-
iencia. Po o a pa e, en algunas de las á eas p opias de
la «g an ciencia», como la in es igación en ísica de
pa ículas, los enómenos que se es udian es án a eces
mucho más allá del lími e de de ección de los apa a os y
sis emas disponibles, lo que hace que la conexión en e
los esul ados de los expe imen os y los concep os expli-
ca i os sea muy débil (Mo a csik, 1988).
Es a nue a o ma de hace ciencia debe ía hace nos
e lexiona ambién sob e el papel de los pode es públi-
cos como mo o del abajo cien í ico. La «g an ciencia»
sólo puede lle a se a cabo con unos gas os exo bi an es
que sólo puede paga , hoy po hoy, el es ado. No se a a
ya de que el es ado omen e la in es igación cien í ica en
es e e eno, es que sin el es ado no hab ía posibilidad de
desa olla es e ipo de in es igación.
El componen e bu oc á ico del abajo cien í ico
En nues os días la ciencia se ha ins i ucionalizado y es
una p o esión más con sus p opias no mas de acceso y
sus eglas implíci as y explíci as. Como una mues a del
desa ollo sin p eceden es de la ciencia como p o esión,
cabe ci a la es imación de P ice ealizada en 1968 según
la cual el 87% de los cien í icos que han exis ido jamás
es aban i os en ese momen o (P ice, 1968, p. 7). Una
pa e cada ez más signi ica i a de los cien í icos aba-
jan en el sec o p i ado. El abajo de es os cien í icos
esul a cla e en nues o sis ema económico y muchas
eces se man iene, po su p opia na u aleza, ue a del
con ol social o es a al. Además, la ciencia ac ual ha
dejado de se una a ea soli a ia o de equipos educidos
o mados po dos o es pe sonas y unos cuan os ayudan-
es. Hoy día la pa e más impo an e del abajo cien í i-
co se desa olla en g andes equipos en los que in e ie-
nen decenas o, en el caso de la «g an ciencia», incluso
cen ena es de cien í icos. Aun sin llega a ales ex e-
mos, los equipos se suelen a icula en una je a quía en
la que se desempeñan di e sos papeles. Los cien í icos
más p es igiosos, o con mayo expe iencia, desa ollan
con ecuencia papeles me amen e adminis a i os. El
«g an je e» di ige y supe isa un equipo humano nume-
oso en el que exis en di e sas líneas de abajo de la que
se enca gan los «subje es». Una pa e impo an e del
iempo del «g an je e» y de los «subje es» se dedica a
coo dina la polí ica de publicaciones y la de ecu sos,
dado que las publicaciones cons i uyen un elemen o
undamen al en la comunicación y en el econocimien o
cien í icos del equipo. Po o a pa e, la búsqueda de
ecu sos se aduce en la p esen ación casi con inua de
p oyec os de in es igación, con las co espondien es
memo ias de esul ados y esúmenes de seguimien o,
una a ea que en Es ados Unidos ha o iginado abundan-
es quejas po pa e de los cien í icos. Así, po ejemplo,
Roy es imaba que los di ec o es de equipos cien í icos
dedican casi una cua a pa e de su iempo a es e ipo de
a eas (Roy, 1985), una labo bu oc á ica que equie e
un pe sonal adminis a i o que se suele paga con on-
dos de los p oyec os, con lo cual el ciclo se epi e. En el
p oceso de in es igación, nue os beca ios e in es iga-
do es jó enes se inco po an a los equipos o se ma chan
dependiendo de la coyun u a. Visi an es ex anje os
acuden po meses o años a los labo a o ios del g upo,
mien as que hay que o ganiza la es ancia de in es iga-
do es del g upo en o os labo a o ios. Todo ello debe
compa ibiliza se con la asis encia y o ganización de
cong esos, semina ios y cu sos. No hay que ol ida que
aquellos cien í icos que abajan en uni e sidades deben
hace se ca go ambién de su ca ga docen e habi ual, la de
iza y piza a en e a a ias decenas o cen ena es de
alumnos uni e si a ios. Además, el «g an je e» y los
«subje es» deben iaja a ias eces al año a o os
labo a o ios nacionales o ex anje os a coo dina accio-
nes in eg adas con o os equipos que abajan en el
mismo ema. Todos los miemb os del equipo deben lee
la cada ez más copiosa p oducción cien í ica en su
campo pa a man ene se in o mados de los úl imos desa-
ollos. Po úl imo, es posible que los miemb os más
p es igiosos del equipo igu en en e los miemb os de
los comi és edi o iales de las e is as del á ea o sean
llamados ocasionalmen e pa a e alua algún a ículo o
p oyec os como jueces y especialis as, lo cual es un
hono , pe o ambién una ca ga adicional. ¿Es es e cúmu-
lo de a eas lo que se nos iene a la cabeza cuando
hablamos de «hace ciencia»?
Desde luego, la desc ipción an e io cuad a poco con las
ideas comunes sob e la ciencia y el abajo de los cien-
í icos y se pa ece más a la de un abajo p opio de un
ejecu i o de cualquie emp esa. ¿Quién ealiza, pues, los
descub imien os: el «g an je e» que consiguió el dine o
pa a comp a los apa a os y iene una isión de conjun o
de los p oyec os, el beca io que pu i icó las mues as, el
cien í ico expe o que hizo las mediciones o el in es iga-
do ex anje o que cedió las mues as y pidió un análisis
en p o undidad de algo que llamó su a ención? La es-
pues a más p obable es: odos a la ez y ninguno en
conc e o. Nos en en amos, sin duda, a nue as compli-
caciones de i adas de la na u aleza casi indus ial de la
ciencia mode na.
LA CARA OCULTA DE LA CIENCIA
La ciencia suele p esen a se al público como una ac i i-
dad inmaculada en la que homb es es o zados luchan
incansablemen e po alcanza la e dad. Las mo i acio-
nes de es os homb es pa a dedica sus ene gías a des e-
la los mis e ios de la na u aleza suelen se , en las
isiones adicionales, o almen e desin e esadas y su
único a án se ía ayuda a la humanidad. Como se explica
en es e apa ado, ambién en es e aspec o la ealidad es
muy dis in a.
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
404 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3)
La lucha po el econocimien o
El econocimien o de sus log os po sus semejan es
sigue siendo o a de las ue zas que impulsan el abajo
de los cien í icos. Puede a i ma se, pues, que una pa e
del con a o implíci o del cien í ico con la sociedad
consis e p ecisamen e en el in e cambio de p oduc os
men ales y esul ados ú iles a la sociedad po econoci-
mien o público po pa e de sus colegas. ¿Cómo se
exp esa es e econocimien o? De muy a iadas mane-
as. Quizá la o ma más elemen al de econocimien o es
la publicación en e is as académicas de al o p es igio.
Como odo cien í ico sabe, un a ículo publicado en
e is as como Science o Na u e asegu a a sus au o es un
impac o y una isibilidad no ables. Es as e is as, las
más selec i as y p es igiosas del mundo, aba can odas
las á eas del sabe y en ellas se publican muchas eces
los a ances más signi ica i os en las di e sas á eas o los
descub imien os más llama i os. O a o ma elemen al
de econocimien o al abajo de los cien í icos consis e
en se ci ado po o os au o es. Como es sabido, un
a ículo cien í ico incluye al inal una sección de e e-
encias donde se ecogen los abajos y an eceden es
p e ios que han sido comen ados o ci ados en él.
Se ci ado po o os au o es es, en pa e, un econoci-
mien o de la u ilidad o el impac o del abajo p opio.
Una o ma más so is icada de econocimien o es la
asignación del nomb e de un descub ido a un descub i-
mien o (Me on, 1985). Muchas leyes, eo emas, ecua-
ciones y pos ulados lle an el nomb e de su descub ido .
Así, hablamos de las leyes de New on, de la ecuación de
Sch oedinge y del eo ema de Fe ma . No cabe duda de
que uni el p opio nomb e a un descub imien o no able
es el sueño de muchos cien í icos que se asegu an así una
cie a o ma de inmo alidad. Quizá el medio más explí-
ci o de econocimien o cien í ico sea el nomb amien o
como miemb o de academias y comi és cien í icos o la
asignación de p emios, medallas y gala dones. El P e-
mio Nobel es sin duda la más al a dis inción en las
disciplinas cien í icas que exis en. La medalla Fields
desempeña es a misma misión en ma emá icas. Todo
es e cúmulo de ecompensas y p emios desempeña un
papel no able en la mo i ación de los cien í icos pa a
implica se en su abajo.
Los p ime os ienen en aja
Un enómeno elacionado con el ansia po publica es el
deseo de publica ápidamen e. Desg aciadamen e, no
siemp e es á cla o quien es el p ime o en ealiza un
descub imien o, po lo que son ine i ables las luchas po
la p io idad. Los a chi os más oscu os de la his o ia de
la ciencia demues an que algunos de los cien í icos más
eminen es del pasado han dedicado una can idad consi-
de able de iempo y es ue zo a luchas y discusiones con
sus compe ido es po la p io idad de de e minados des-
cub imien os. Es as dispu as se han man enido cuidado-
samen e ocul as en la his o iog a ía común de la ciencia,
de mane a que la memo ia de los «g andes homb es» se
ha p ese ado limpia de cualquie duda ela i a a es os
aspec os desag adables. En la lis a que ecoge los nom-
b es de aquéllos que lucha on po la p io idad de algún
descub imien o apa ecen celeb idades de la alla de
Galileo, New on, Hooke, Ca endish, Wa , La oisie ,
Fa aday, Da y, Laplace, Legend e o Gauss (Me on,
1985).
Además de los casos clásicos, exis en algunos casos más
ecien es de compe encias e oces po se el p ime o en
ealiza un descub imien o. El p emio nobel James D.
Wa son desc ibió en su lib o La doble hélice la in ensa
lucha que man u ie on él y F ancis C ick con a el
equipo de Linus Pauling pa a se los p ime os en descu-
b i a mediados de los años cincuen a la es uc u a de la
molécula de DNA (Wa son, 1970). En o o ejemplo de
p isa po se el p ime o, F ancis Collins y Benjamin
Lewin some ie on a oda clase de uegos y p esiones a
los edi o es de Science y Cell espec i amen e pa a
publica el descub imien o simul áneo del gen esponsa-
ble de la neu o ib oma osis. Finalmen e los esul ados
apa ecie on el mismo día, con uno de los a ículos
e isado, acep ado y dado a la imp en a en sólo 17 días,
un au én ico éco d pa a el len o sis ema de e aluación
y publicación cien í ica (Robe s, 1991). Un ejemplo
ex emo de i alidad po se el p ime o se p odujo en e
Guillemin y Schally en una la ga ma cha de 20 años pa a
se el p ime o en descub i las ho monas del c ecimien-
o. El esul ado ue que ambos se ie on obligados a
compa i el mismo año el P emio Nobel de Medicina
(Wade, 1981).
La p isa po publica ápidamen e da luga a si uaciones
ealmen e p opias de películas de espías. Pa a empeza ,
la in es igación en muchos labo a o ios se lle a a cabo
en sec e o, en e es ic as medidas de con ol in e no
pa a e i a ugas de in o mación. En algunas á eas pun-
e as, como la in es igación en ma e iales supe conduc-
o es, se abaja odos los días del año, casi sin pausa pa a
e i a que o o g upo i al se an icipe. En es a á ea
p ecisamen e, un conocido cien í ico ue acusado de
in oduci una e a a en un a ículo pa a despis a du an-
e algún iempo a sus compe ido es. La e a a consis ía
en ci a el elemen o Yb en ez del elemen o Y en e los
componen es de una aleación supe conduc o a (Kola a,
1987). En o as á eas pun e as los a ículos a eces se
en ían po ax a las e is as cien í icas y és as piden a sus
jueces un e edic o po elé ono, sin apenas iempo pa a
habe e isado el a ículo, de nue o en cla o con as e
con el len o p oceso de publicación «no mal».
O as si uaciones de i adas del ansia de se los p ime os
son aún más sang an es. Así, po ejemplo, el in es iga-
do español Manuel Pe ucho denunció ama gamen e los
supues os manejos de algunos á bi os de la e is a
Na u e des inados, según él, a e asa a oda cos a la
publicación de un ascenden al a ículo suyo sob e el
cánce de colon. El escándalo ue monumen al y el edi o
de la e is a, John Maddox, u o que econoce que el
a o dispensado a Pe ucho po los á bi os de su
e is a no ue jus o ni aco de con las no mas básicas
de conduc a cien í ica (Maddox, 1993). Cuando hay
de po medio algo an impo an e como el P emio
Nobel, has a los cien í icos más se ios pa ecen pe de
la compos u a.
INVESTIGACIÓN DIDÁCTICA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1999, 17 (3) 405
La ciencia como seno de ac i udes dogmá icas
Uno de los es e eo ipos comunes hace e e encia al
cien í ico como una pe sona abie a a las no edades y
como alguien acos umb ado a azona desapasionada-
men e y a discu i eo ías y pun os de is a en unción
únicamen e de sus mé i os in ínsecos. Sin emba go, la
his o ia de la ciencia es á llena de episodios en los que
los cien í icos demues an ac i udes dogmá icas y se
esis en al descub imien o. Los ejemplos de esis encia
al descub imien o po pa e de los p opios cien í icos
son an os y an a iados que han me ecido la a ención de
algunos ilóso os e his o iado es de la ciencia (Ba be ,
1961; Nissani, 1995). Hemos enido ocasión de a a en
o os abajos, con más de alle, los pa alelismos exis en-
es en e la esis encia de los alumnos al cambio concep-
ual y la esis encia po pa e de los cien í icos a acep a
nue as ideas (Campana io, 1997a, 1998a). Sin ánimo de
epe i una ez más los nume osos ejemplos de dogma-
ismo y esis encia, cabe ci a algunos de los da os más
signi ica i os disponibles sob e es e ema:
a) Nume osas eo ías hoy acep adas como pa e in e-
g an e del conocimien o cien í ico u ie on que lucha ,
en su día, con a el escep icismo de la comunidad cien-
í ica (Nissani, 1995)
b) Al menos en 12 ocasiones, los au o es de abajos
cien í icos que se ían p emiados pos e io men e con el
P emio Nobel encon a on di icul ades pa a que las
e is as cien í icas acep asen los a ículos en que daban
a conoce ales abajos (Campana io, 1995).
c) Al menos 18 de los a ículos cien í icos más ci ados en
la his o ia de la ciencia ue on echazados inicialmen e
po los edi o es y á bi os de las e is as cien í icas
(Campana io, 1996a).
d) Algunos de los cien í icos más céleb es de la his o ia
se han esis ido a acep a nue as eo ías y pun os de
is a, en muchas ocasiones po que cues ionaban sus
pun os de is a en ciencia o sus p opias eo ías (Campa-
na io, 1998b).
La ealidad an e io con as a con el es e eo ipo común
según el cual los cien í icos son pe sonas desin e esadas
que buscan la e dad an e odo. Los celos p o esionales,
las i alidades en e escuelas y la ce azón de algunos
g andes cien í icos han llegado a ene consecuencias
d amá icas en el desa ollo de sus disciplinas, po no
habla de las ca e as p o esionales de sus oponen es
menos pode osos o de sus colabo ado es (Campana io,
1998b, 1998c).
Los episodios de dogma ismo en ciencia end ían que
plan ea algunos p oblemas de conciencia a aquéllos que
de ienden la idea de que la enseñanza de las ciencias
debe ía ene como esul ado el desa ollo de hábi os de
azonamien o igu osos y desapasionados en la línea de
los obje i os que se han ci ado en la in oducción de es e
a ículo. Si el dogma ismo no es un asgo ajeno a la
ciencia, co emos el iesgo de pe pe a una alsi icación
his ó ica y selecciona pa a la enseñanza sólo aquellos
aspec os más de acue do con nues o pun o de is a
sob e cómo es la ciencia (o cómo debe se ). No es
so p enden e que, an e la can idad y a iedad de episo-
dios poco edi ican es, algunos au o es plan een dudas
sob e la con eniencia de u iliza la his o ia de la ciencia
como un ecu so en la enseñanza o discu an abie amen-
e el ca ác e poco ejempli ican e de es os episodios
(B ush, 1974).
La iabilidad del conocimien o cien í ico
Igual que cualquie o a ac i idad humana, la ciencia no
es á lib e de e o es. El e o o ma pa e de la ciencia
has a el pun o de que una pa e impo an e del abajo
cien í ico iene como obje o e i a lo. La his o ia de la
ciencia puede conside a se como una con inua y gigan-
esca co ección de e o es, oda ez que nue as eo ías
sus i uyen a o as y se án, a su ez, sus i uidas en el
u u o.
No es és e el luga pa a hace una e isión de los g andes
e o es cien í icos. Algunos de es os e o es se desc i-
ben en la bibliog a ía especializada (Kohn, 1988; Ben-
guigui, 1993; Mo ison, 1993). Más p eocupan e que los
e o es espec acula es que, po o una, pudie on se
inalmen e descubie os, es el hecho de que g an pa e
del abajo cien í ico en de e minadas á eas pa ece se de
escaso igo me odológico. En e es as á eas des aca la
biomedicina. De acue do con algunas e isiones publi-
cadas, al ededo del 50% de los a ículos publicados en
es e campo con iene e o es es adís icos, la mi ad de
ellos conside ados como «se ios» (Pocock, Hughes y
Lee, 1987; Mu ay, 1988). Es bien sabido que la es adís-
ica cons i uye una de las he amien as ma emá icas
undamen ales de la in es igación en biomedicina y su
uso inadecuado puede in alida las conclusiones que se
ob ienen de los abajos. O o ejemplo: dos expe os
es adís icos, Ga dne y Bond selecciona on alea o ia-
men e 45 a ículos publicados en o a impo an e e is a
médica, B i ish Medical Jou nal y concluye on que 7 no
e an ap os desde el pun o de is a es adís ico (Ga dne y
Bond, 1990). Una de las écnicas me odológicas de la
in es igación biomédica, la p ueba clínica con olada,
pa ece se que no siemp e se ealiza con el debido igo
(Schulz, Chalme s, G imes y Al man, 1994; Tyson,
Fu zan, Reisch y Mize, 1983; G imes y Schul z, 1992).
Es a écnica de in es igación si e pa a p oba la e ec i-
idad de los nue os a amien os y medicamen os. Los
e o es en el plan eamien o y desa ollo de las p uebas
clínicas con oladas ponen en en edicho las conclusio-
nes que se ob ienen.
En con as e ambién con el es e eo ipo común que
concibe la ciencia como una ac i idad que se co ige a
sí misma, co egi un e o cien í ico publicado no siem-
p e es ácil. Po una pa e, los edi o es de las e is as
cien í icas no quie en econoce que han dejado pasa
e o es con odas las bendiciones. Además, los edi o es
alegan que emen demandas po pa e de los cien í icos
«co egidos», algo que en Es ados Unidos puede lle a
a la uina a una e is a. Como un ejemplo de lo di ícil que
esul a co egi e o es en ciencia, cabe ci a la odisea de