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Reflexiones sobre la ciencia y la epistemología científica

Author: Gallegos, José A.
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1999
DOI: 10.5565/rev/ensciencias.4095
Source: https://ddd.uab.cat/pub/edlc/02124521v17n2/02124521v17n2p321.pdf
Y EPISTEMOLOGÍA
DE LAS CIENCIAS
HISTORIA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1996, 17 (2), 321-326 321
REFLEXIONES SOBRE LA CIENCIA
Y LA EPISTEMOLOGÍA CIENTÍFICA
GALLEGOS, JOSÉ A.
Depa amen o de Didác ica de Ciencias Expe imen ales. Facul ad de Ciencias de la Educación.
Uni e sidad de G anada. Polígono Uni e si a io Ca uja. 18071 G anada.
SUMMARY
F om he epis emologic poin o iew, some cons uc i is ends seem o bo de on a ex eme idealism o kan ian
o e ones; hey sugges ha he na u al wo ld has no exis ence apa om wha he indi idual c ea es in his mind. On
he o he hand, om he me hodological poin o iew, some imes a alid app oach is excessi ely p i ileged (such as
he ac ha he in e p e a ion o obse a ion is always done wi hin a p e ious heo e ical amewo k) o he didac ic
e ec i eness o some speci ic app oaches is highligh ed (such as he use ulness o he His o y o Science o he
lea ning o some concep s and scien i ic heo ies). In bo h cases pe haps he impo ance o induc ion is unde -
es ima ed, o he essen ial pa o he scien i ic me hod is ejec ed, o he ad an ages o some o he al e na i es a e
o go en. This pape o e s some e lec ions on he con enience o adop ing a middle posi ion ins ead o leaning o
hese wo di e en poin s.
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
322 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1997, 17 (2)
INTRODUCCIÓN
Algunos abajos sob e ace as epis emológicas o me o-
dológicas con en oque cons uc i is a del p oceso de
enseñanza-ap endizaje con ienen, a eces, a i maciones
o juicios de alo que dan la imp esión de ol e a
si ua se en la línea del cons uc i ismo más adical (de
co e o almen e idealis a) que ya se había abandonado;
ambién pa ecen ence a un desp ecio o al hacia el
induc i ismo (que supe a con mucho la pos u a a is o é-
lica espec o de él) y c ean la imp esión de eclama una
exclusi idad me odológica (en elación con el uso de la
his o ia de la ciencia en el caso de Sol es y T a e , 1996)
que ya pa ecía supe ada.
Po que, si se pa e del supues o de que las pe sonas
cons uyen sus ideas sob e cómo unciona el mundo a
pa i de las obse aciones, expe iencias y conocimien-
os acumulados, y que cada indi iduo ex ae sus conse-
cuencias sob e dicho uncionamien o de o ma di e en e
a cómo puede hace lo o o indi iduo, su ge una co ien e
de es uc u ación de la enseñanza que se ha dado en
llama cons uc i ismo. El cons uc i ismo iene un ma iz
de oposición al posi i ismo empi is a en an o en cuan o
és e supone que el mundo iene su p opia ealidad y el
ap endizaje consis e en a a de conoce esa ealidad.
Po el con a io, «el cons uc i ismo, especialmen e
el cons uc i ismo adical no busca una desc ipción
de la e dad ni susc ibe la idea de que en la in es i-
gación se p og esa hacia la e dad» (No ak, 1988,
p. 219). En consecuencia con ese ma cado in e idea-
lis a, el «cons uc i ismo adical» conside a inú iles
odos los es ue zos po conoce el mundo al como es
y a i ma que nunca llega emos a conoce una ealidad
ex e io a noso os, pues o que odo el conocimien o
es subje i o.
Uno de los au o es que más ha abajado en es a línea
(No ak, 1988) exp esa las ideas undamen ales con
es as palab as: «el cons uc i ismo humano es un es ue -
zo po in eg a la psicología del ap endizaje humano y la
epis emología de la cons ucción de conocimien os
(p. 220) y pone el én asis en que an o en la psicología
como en la epis emología debemos cen a nos en el
p oceso de ab icación de signi icados que supone ad-
quisición o modi icación de concep os y elaciones en e
concep os» (p. 220).
Po lo an o:
«C ea nue os conocimien os es, po pa e del c eado ,
una o ma de ap endizaje signi ica i o. Ello supone a
eces, el econocimien o de nue as egula idades en
hechos u obje os, la in ención de nue os o la ex ensión
de los iejos concep os, el econocimien o de nue as
elaciones (p oposiciones) en e concep os y, en los
sal os más c ea i os, la ees uc u ación impo an e de
es uc u as concep uales pa a e nue as elaciones de
o den supe io . Es os p ocesos pueden se concebidos
como pa e del p oceso del ap endizaje asimila i o, que
supone la adición de nue os concep os, la di e enciación
p og esi a de los ya exis en es, el ap endizaje sup ao -
denado (en ocasiones) y nue as e impo an es econci-
liaciones in eg ado as en e las es uc u as concep ua-
les» (pp. 219-220).
O o aspec o c ucial que apo a el cons uc i ismo es la
e lexión de que el ca ác e obje i o, lib e de alo es, de
la ciencia o de o os campos de c eación del conocimien-
o es sólo «un mi o del posi i ismo man enido a cos a de
igno a las mi íadas de decisiones subje i as y basadas
en alo es que cualquie pe sona implicada en la p oduc-
ción de conocimien os debe hace » y que es la «in eg a-
ción cons uc i a de pensamien o, sen imien o y acción
la que da un ca ác e dis in i amen e humano a la p o-
ducción de conocimien os» (No ak, 1988, p. 221). En
ese sen ido, pa ece deduci se que el conocimien o cien-
í ico iene an o de cons ucción pe sonal y social
–p oduc o del es ue zo colec i o de la humanidad– que
co e el pelig o de se bas an e o o almen e subje i o.
En e ce luga , las co ien es cons uc i is as conside-
an a la pe sona que ap ende como una pa e ac i a e
in e esada en el p oceso de ap endizaje y sos iene que
sus conocimien os p e ios juegan un papel decisi o
cuando se cons uyen los nue os signi icados; los que
ap enden an cons uyendo una concepción del mundo
cada ez más ce cana al modelo que acep a la comunidad
cien í ica. El alumno llega a la clase con unas ideas
p e ias y el p o eso debe ene en cuen a es as ideas,
pues o que in luyen en el signi icado que los alumnos
dan a las si uaciones que se les p esen an.
A pesa de los es ue zos de algunos eó icos po conse-
gui lo, odo es e conjun o de co ien es, que no cons i u-
yen un modelo único ni uni a io, ampoco cons i uyen un
cue po de doc ina eó ico sólido, sob esaliendo po su
p agma ismo. Sus undamen os eó icos hay que busca -
los en las conclusiones de Piage (1954, 1970, 1975), en
los plan eamien os de Ausubel (1968), Ausubel y o os
(1986) y, más emo amen e, en Kuhn (1971) (en elación
con que el cambio de conocimien o puede signi ica un
cambio de pa adigma desde el pun o de is a pe sonal).
Del p ime o conside a la adquisición del conocimien o
po cons ucción, siguiendo las pau as de adap ación y
equilib ación (asimilación y acomodación); del segundo
oma la impo ancia que debe da se a las ideas p e ias de
los que ap enden como pun o de pa ida. Aho a bien, si,
pa a Piage , lo que se cons uyen son las es uc u as
ope a o ias, pa a los cons uc i is as, lo que se cons u-
ye son los signi icados de los con enidos (López, 1989).
Po ello, si, en el cogni i ismo, el desa ollo consis e en
a anza en las es uc u as ope a o ias, en el cons uc i-
ismo, consis e en una ap oximación en e las ideas de
los alumnos y las ideas de los cien í icos.
En es os úl imos años, ha pasado ya el en usiasmo
inicial, quizá elacionado con una hipe alo ación de los
aspec os no edosos o de la conside ación como no edo-
sos de aspec os ya desde an iguo juzgados como signi i-
ca i os pa a el ap endizaje (Gallegos, 1996). Las pos u-
as se han di e si icado y han empezado a apa ece
análisis c í icos más ma izados pa a unos u o os aspec-
os del «complejo cons uc i is a», an o desde el pun o
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1997, 17 (2) 323
de is a epis emológico (D i e y Oldham, 1986; Ma-
hews, 1989; Such ing, 1992; Ma hews, 1994b) como
desde el más p agmá ico de la me odología y la ac ua-
ción en el aula (Ga ison y Ben ley, 1990; Coll, 1991,
1994).
En es a no a, con la exclusi a inalidad de suge i la
con eniencia de econside a pos u as o en oques como
los mencionados al comienzo, y sin el más mínimo
ánimo de polémica, me limi o a o ece cie as conside-
aciones sob e esos aspec os.
ALGUNAS REFLEXIONES EPISTEMOLÓ-
GICAS Y METODOLÓGICAS
Sob e la ealidad del mundo y la posibilidad humana
de conoce lo
Sin p e ende esol e un p oblema undamen al y pe -
manen e de la on ología y la cosmología desde la G ecia
clásica, sólo quie o modes amen e llama la a ención
sob e una p emisa básica pa a el cien í ico: exis e un
mundo obje i o ex e io al es udioso y és e se aplica a
conoce cómo es.
No se a a, simplemen e, de que el cien í ico deje de
lado la discusión de la exis encia eal del mundo y ac úe
«como si exis ie a ealmen e». En esa pos u a psicológi-
ca, no pa ece ácil explica que haya habido, y siga
habiendo, an as pe sonas que dedican su ida a es udia ,
analiza y a a de descub i cómo es un mundo que
pod ía no se más que una me a en elequia in elec ual
humana. Es que ealmen e se da po supues o que el
mundo iene una exis encia p opia independien e del
obse ado que lo analiza, como ya Siegel (1989) sos ie-
ne explíci amen e. Y la a i mación an e io no impide
que el cien í ico enga que acep a que su in e ención
en la obse ación y análisis de la ealidad pueden in e -
e i en el uncionamien o del mundo cuya dinámica
p e ende analiza . Es a cons a ación se hace especial-
men e canden e en muchas in es igaciones ecológicas
(po que el homb e es un componen e del sis ema mismo
que analiza) y en algunos expe imen os en la es e a de la
dinámica a ómica desde la pe spec i a cuán ica, que
p opo ciona on la base pa a el enunciado del p incipio
de ince idumb e de Heisembe g.
Po o a pa e, ambién la ciencia da como indiscu ible
que el homb e iene una mínima capacidad pa a com-
p ende el mundo o, al menos, i comp endiendo p og e-
si amen e el mundo; en caso con a io, ambién se ía
o almen e absu do el es ue zo po in en a lo (Bunge,
1975; Koy é, 1977). El cien í ico ni siquie a en a en la
discusión de los so is as an iguos con los que se en en ó
Sóc a es (Pla ón, 400 aC), ni discu e con Kan (1787)
–como hacen He ba y Bolzano en Alemania, Balmes
(1845) en España, y o os– la capacidad de la men e
humana pa a comp ende las cosas; adop a en es e cam-
po una pos u a o almen e an iescép ica, como ya hizo
A is ó eles. Eso no quie e deci que no sea conscien e de
las limi aciones de su in elec o, aunque a eces se com-
po e como un « ealis a ingenuo». Cuando e lexiona
sob e su p opia ciencia, sabe muy bien que su ace ca-
mien o al mundo que le odea necesa iamen e iene que
p ocede po ap oximaciones sucesi as. Po ello sabe
(aunque a eces pa ece ol ida lo las imosamen e) que
sus desc ipciones del mundo son p o isionales y deben
segui siendo e isadas y e inadas, quizá inde inida-
men e (A igas, 1989).
Sob e la inducción
Desde el siglo XVIII pa ece se de dominio común que el
mé odo cien í ico es eminen emen e induc i o y expe i-
men al, y ello ha dado luga a desa ollos concep uales
muy impo an es y signi ica i os (Hume, 1977; Russell,
1975; Mill, 1961; Ca nap, 1962; Aye , 1965; Salmon,
1975; Poppe , 1974). Pe o, cuando se ha e lexionado
más de enidamen e sob e el quehace eal de los cien í-
icos, ya no se ha is o an cla o que el esquema adicio-
nal (obse ación, hipó esis explica i as, comp obación,
eo ía) sea an unidi eccional, in elec ualmen e lib e de
«p e-juicios» y epis emológicamen e uen e única de
conocimien os (Poppe , 1967; Medawa , 1969; Polanyi,
1973; Laka os y Musg a e, 1975; Ga ison, 1986, en e
o os). Todo ello ha lle ado a des e a la pe spec i a del
«induc i ismo ingenuo», al como lo analiza y c i ica
Chalme s (1988).
No obs an e, pa ece necesa io acep a que, de alguna
mane a, se hab á llegado a elabo a el cuad o eó ico
exis en e. Si hay una eo ía que di ige y den o de la cual
se in e p e an las obse aciones que se lle an a cabo y
los hechos que ocu en, que p epa a y es uc u a los
expe imen os a ealiza pa a comp oba las hipó esis
p opues as, ha debido se consecuencia de un p oceso
p e io de obse ación, es udio y es uc u ación men al.
Y en es e e eno no pa ece que se haya supe ado ni
cambiado, en lo esencial, lo que ya A is ó eles (330 aC)
comp endió hace ein i es siglos y discu e ampliamen-
e en su «analí ica». E ec i amen e, él da mayo alo al
silogismo deduc i o po que lo ap ecia como lógicamen-
e más consis en e, pe o econoce que los enunciados
uni e sales sólo se consiguen as una de allada y abun-
dan e acumulación de in o maciones pa ciales (conc e-
as), que denomina silogismo po inducción. Jus amen-
e, la duda o mal que puede queda como consecuencia
de una gene alización po inducción es, p ecisamen e, la
di icul ad (¿imposibilidad demasiadas eces?) de ene
en cuen a la « o alidad de los casos pa icula es». Espigo
algunas ases signi ica i as que ilus an es as ideas:
«La inducción o azonamien o induc i o consis e en
es ablece una elación en e un é mino ex emo y el
é mino medio, a a és de o o ex emo... Con odo,
debemos en ende po C la suma de odos los casos
pa icula es, pues la inducción se ealiza eniendo en
cuen a la o alidad de és os... Donde hay é mino medio,
el silogismo se hace a a és del é mino medio; donde
no lo hay, p ocede po inducción. És e es el sen ido
en que la inducción se opone al silogismo... Así pues,
po na u aleza, el silogismo, al p ocede a a és del
é mino medio, es an e io y más cognoscible, mien as
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
324 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1997, 17 (2)
que el silogismo po inducción nos esul a más cla o a
noso os» (Anal. P im. II, 23, p. 346).
En e los muchos ilóso os medie ales que discu en la
di ícil «cues ión de los uni e sales», me complace e-
co da especialmen e al ol idado Roge Bacon (1280),
que in oduce ya la exigencia me odológica de la «expe-
imen ación» (en sen ido mode no) pa a adqui i un
«conocimien o cie o» de las cosas. Su nue o en oque
esul ó an e oluciona io pa a su iempo que no ue
alo ado en absolu o (más bien ue conside ado nega i-
amen e) y condujo al ol ido de su ob a, has a que su
homónimo F ancisco Bacon (1620) lo ac ualiza á, casi
cua o siglos más a de, con un lenguaje nue o, en un
esquema eó ico más acabado y, sob e odo, en un
momen o cul u al o almen e dis in o.
En la misma línea a is o élica se si úa Tomás de Aquino
(1270), que de iende que la na u aleza de la pied a la
conside amos siemp e en una pied a pa icula ; la na u-
aleza del caballo, en caballos pa icula es... Así es
como nues o en endimien o conoce siemp e el uni e -
so pa iendo de lo pa icula ; pe o lo pa icula sólo es
ap ehensible po el conocimien o sensible. Consiguien-
emen e, es amos siemp e necesi ados de la expe iencia
sensible, y odo ello iene que in es iga se, ineludi-
blemen e, en el espacio y en el iempo (Sum. Th. I,
84, p. 5).
Po lo an o, hab á que ecupe a de nue o un cie o
dis anciamien o c í ico espec o de la impo ancia de la
inducción en el conjun o de los p ocesos men ales pa a
adqui i conocimien o sob e el mundo que nos odea; no
se puede ol ida el alcance pu amen e p obabilís ico
(ap oxima i o) de los conocimien os basados en la in-
ducción. Pe o eso no pa ece que pueda implica , en
modo alguno, ni su ol ido, ni siquie a su menosp ecio en
el p oceso de ap endizaje. Se á, segu amen e, cie o, que
el alumno u iliza sus «ideas p e ias» pa a in e p e a su
en o no (aunque no en mayo medida que el p o eso
u iliza sus esquemas men ales y sus eo ías, que son
suyas en an o en cuan o mani ies an «su comp ensión»
de las eo ías ap endidas en el conjun o de la ciencia).
Pe o de ahí no se puede conclui el que esas ideas p e ias
no sean consecuencia de una cie a in e p e ación de las
obse aciones, de un es ablecimien o de elaciones cau-
sales (más o menos jus i icadas) en e ac o es concomi-
an es, e c. Se á necesa io, pues, segui eniendo en
cuen a es a o ma en la que la men e a adqui iendo
conocimien o y en oca la den o de unos pa áme os
más igu osos, con unos c i e ios de «comp obación de
causalidad» más es ic os, e c. Una ma izada discusión
sob e la obse ación de la ealidad y la «idealización»
cien í ica lle ada a cabo po Galileo y New on en la que
se mue e la ísica ac ual, sob e odo, se puede encon a
en Ma hews (1994b, pp. 262-264).
Sob e la his o ia de la ciencia y el mé odo cien í ico
Apoya se en la his o ia de las ciencias pa a ansmi i la
idea de que la ciencia es una cons ucción de conoci-
mien os pa a esol e p oblemas es una me odología ú il
y uc í e a si se maneja adecuadamen e. No es necesa io
insis i excesi amen e en es e aspec o, que ya ha sido
a ado abundan emen e (Koy é, 1977; Gaglia di, 1988;
Nielsen y Thomsen, 1990; Izquie do, 1994) y que
Ma hews (1994b) ha esumido muy ace adamen e.
Pe o pa ece excesi o a i ma que sea la única o ma de
consegui lo o que «la imagen de la ciencia que se
ansmi e en la uni e sidad a los u u os p o eso es
–como unos con enidos ya hechos, como una se ie de
leyes que se deducen lógicamen e a pa i de unos p in-
cipios– es, si no la azón undamen al, sí al menos una
azón p eponde an e de dis o sión en la comp ensión de
la ciencia (Solbes y T a e , 1996, p. 104). Yo, pe sonal-
men e, es imo que caben o as al e na i as pa a no cae
en ese en oque, que me pa ece cie amen e de o mado y
de o man e. Sin emba go, muchos de los p o eso es
ac ualmen e en eje cicio no u imos demasiadas ocasio-
nes de conoce la his o ia de la ciencia du an e nues os
es udios uni e si a ios, y no po ello pa ece que acabá-
amos con una isión an dis o sionada de las eo ías
cien í icas ni del quehace cien í ico.
Además, su ge a eces la duda de si no se es á en ando
en cie a con adicción men al cuando se c i ica que la
ciencia se p esen a como una se ie de leyes que se
deducen lógicamen e de unos p incipios, poco después
de habe a i mado que es una de o mación segui man-
eniendo que los conocimien os cien í icos se o man
po inducción a pa i de las obse aciones y los expe i-
men os.
Sob e los genios y la o iginalidad de su pensamien o
P esen a como opinión la p opia con icción de que los
g andes genios no han colabo ado en mayo medida que
odos los muchos homb es y muje es que han abajado
p e iamen e en un campo conc e o de la ciencia es
o almen e espe able (Solbes y T a e , 1996, p. 104),
pe o no pa ece posible acep a que New on, o Da win, o
Maxwell, o Eins ein, o Wegene , po ejemplo, no u ie-
on una pa icipación decisi a en ese abajo de conjun-
o. Todos los cien í icos de su iempo enían los mismos
da os disponibles, y no odos ue on capaces de en oca -
los, ees uc u a los o ein e p e a los de la misma
o ma.
Po o a pa e, ampoco pa ece que podamos desp ecia
lo que yo engo denominando desde hace iempo e ec o
eu eka, ecogiendo un aspec o quizá legenda io pe o
psicológicamen e muy consis en e que Vi ubio con aba
de A químedes (segu amen e el mismo que Ga dne
llama e ec o ajá). Se ía muy in e esan e que los psicólo-
gos le dedica an más a ención (no he conseguido encon-
a abajos psicológicos en es a línea) y nos ilus a an
de alladamen e cómo se dan esas asociaciones de ideas
en la men e, que pe mi en en oca desde nue as pe spec-
i as si uaciones conocidas (con un pensamien o ípica-
men e di e gen e, más c ea i o). No obs an e, enemos
cie os da os y ecopilaciones en esa línea, que son
suge en es y que con end ía no ol ida (Nicolle, 1932;
Ta on, 1967; To ance, 1969).
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 1997, 17 (2) 325
Resul a especialmen e opo uno aquí llama la a ención
sob e el eco que se hace Kuhn (1971) de cie as expe-
iencias de los in es igado es cuando dice que «los
cien í icos hablan con ecuencia de las “ endas que se
les caen de los ojos” o de la “iluminación epen ina” que
“inundó” un enigma p e iamen e oscu o, y eso hace que
sus componen es se ean de una nue a mane a que
pe mi a po p ime a ez esol e los. En o as ocasiones,
la iluminación pe inen e se p esen a po la noche». En
esa misma línea se si úan las cua o e apas de la «ilumi-
nación cien í ica» (p epa ación, incubación, ilumina-
ción, e i icación) que es uc u a Bu che (1974).
Sob e el papel del aza en los descub imien os cien-
í icos
Pa a e mina , quie o comen a que quizá se haya exage-
ado (incluso excesi amen e) la in luencia del aza en
los descub imien os cien í icos o se haya achacado a la
inspi ación lo que co esponde, al menos en pa e, al
abajo pacien e y enaz. Pe o no pa ece que es emos
au o izados a nega o almen e la impo ancia del p ime-
o, an o en el descub imien o de los ayos X po pa e de
Roen gen, como en el descub imien o de la adiac i i-
dad po pa e de Becque el (que son quizá dos de los
ejemplos ecien es más usados pa a ilus a es a idea), o
el de la lisozima po Fleming (1929). Es más, aunque
leamos con un espí i u ue emen e c í ico la his o ia de
los ein e expe imen os que, según Ha é (1986), han
cambiado nues a isión del mundo y aunque minimice-
mos las conclusiones a que llega Ta on (1967), no pa ece
que podamos elimina el e ec o de la «casualidad» en
odos los ejemplos ecogidos en es e úl imo abajo.
Desde un pun o de is a más ilosó ico, además, se
pod ía plan ea la discusión de si es posible elimina el
aza en el p oceso de in es igación, siendo así que la
casualidad pa ece se un cons i u i o esencial de la
ama de lo eal. De odas o mas, el descub imien o
cien í ico p opiamen e dicho sí que pa ece esidi p eci-
samen e en la capacidad de in e p e a y ep oduci las
se ies causales de enómenos que han «coincidido» en
un de e minado momen o.
CONCLUSIÓN
De las e lexiones an e io es, quizá se puedan ex ae
dos conclusiones:
– La p ime a, que, me odológicamen e, pod emos (y
debe emos) ap o echa al máximo, en clase, odo ipo de
ecu sos, écnicas y endencias didác icas; pe o puede
que sea imp escindible que engan que es a encajadas
en un cuad o in elec ualmen e cohe en e, pa a que no
o iginen dis o siones ni di icul ades de comp ensión
en los alumnos (en la línea que Labu u [1996] ha seña-
lado).
– La segunda, insis i en la p opia oma de conciencia de
lo pa ciales y p o isionales que siguen siendo nues os
conocimien os y, en consecuencia, segui haciendo un
eje cicio de modes ia. Po un lado, econociendo las
apo aciones de odos los que nos han p ecedido y
ap o echando los a isbos de comp ensión de la ealidad
que u ie on. Po o o, abajando ilusionadamen e en
el campo de la didác ica y apo ando nues a colabo a-
ción, pe o con la conciencia muy cla a de que hab á que
segui haciendo un es ue zo ímp obo po equilib a las
dis in as endencias sin desplaza se unila e almen e ha-
cia ninguna, sino ap o echando lo que haya de didác i-
camen e alioso en odas ellas.
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