Resumen Este artículo analiza el estatus hegemónico de la geografía angloamericana y el papel del idioma inglés como lingua franca del mundo académico. La primera mitad del artículo esboza brevemente el estatus hegemónico de la geografía angloamericana, las estructuras y prácticas de la economía global del conocimiento y de la misma geografía angloamericana que ayudan a mantener y reproducir su hegemonía, así como los efectos cohibidores de esta hegemonía en la geografía practicada en cualquier otra parte del mundo. La segunda mitad examina cómo las normas angloamericanas y la hegemonía del inglés como lingua franca mundial ya están siendo, y todavía pueden serlo más, desafiadas, resistidas, subvertidas y remodeladas a través de intervenciones discursivas y prácticas que persiguen este objetivo transformador y desestabilizador. Centrándose en cómo se ha ido construyendo la historia de esta disciplina y cuáles son los protocolos de publicación y organización de congresos, se estudia cómo se podría abrir la geografía a una mayor pluralidad de voces (no angloamericanas), a formas diferentes de «hacer» geografía y a métodos alternativos de evaluar el quehacer en geografía. Palabras clave: hegemonía angloamericana, idioma inglés, publicaciones, conferencias, teoría. Resum. Qüestionant i desestabilitzant l’hegemonia angloamericana i de l’anglès en geografia Aquest article analitza l’estatus hegemònic de la geografia angloamericana i el paper de l’idioma anglès com a lingua franca del món acadèmic. La primera meitat de l’article apunta de forma breu l’estatus hegemònic de la geografia angloamericana, les estructures i les pràctiques de l’economia global del coneixement i de la mateixa geografia angloamericana que ajuden a mantenir i a reproduir la seva hegemonia, així com els efectes condicionants d’aquesta hegemonia en la geografia practicada arreu del món. La segona meitat examina com les normes angloamericanes i l’hegemonia de l’anglès com a lingua franca mundial ja han començat a ser (però encara ho poden ser més) reptades, resistides, subvertides i remodelades a través d’intervencions discursives i pràctiques que persegueixen aquest objectiu transformador i desestabilitzador. Centrant-se en com s’ha anat constrint la història d’aquesta disciplina i en quins són els protocols de publicació i d’organització de congressos, s’estudia com es podria * Traducido del original inglés por Pablo Cañamares. Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 17-36 Cuestionando y desestabilizando la hegemonía angloamericana y del inglés en geografía* Rob Kitchin National Institute of Regional and Spatial Analysis (NIRSA) National University of Ireland. Department of Geography Maynooth (Co. Kildare). Irlanda
[email protected] Data de recepció: agost de 2002 Data d’acceptació definitiva: juny de 2003
obrir la geografia a una pluralitat més àmplia de veus (no angloamericanes), a formes diferents de «fer» geografia i a mètodes alternatius d’avaluar la tasca de la geografia. Paraules clau: hegemonia angloamericana, idioma anglès, publicacions, congressos, teoria. Résumé. Mise en question et déstabilisation de l’hégémonie anglo-américaine et de l’anglais en géographie Cet article analyse le statut hégémonique de la géographie anglo-américaine et le rôle de la langue anglaise comme lingua franca dans le monde académique. La première moitié de l’article esquisse brièvement le statut hégémonique de la géographie anglo-américaine, les structures et les pratiques de l’économie globale de la connaissance et de la géographie anglo-américaine elle-même qui aident à maintenir et à reproduire son hégémonie ainsi que les effets influençant la géographie pratiquée dans le reste du monde. La seconde partie examine de quelle manière les normes anglo-américaines et l’hégémonie de l’anglais comme lingua franca mondiale commencent à être (et elles peuvent encore l’être davantage) défiées, repoussées, subverties et remodelées au moyen d’interventions discursives et pratiques que poursuit cet objectif transformateur et déstabilisateur. Se centrant sur la manière dont l’histoire de cette discipline s’est peu à peu construite et quels en sont les protocoles de publication et d’organisation des congrès, on y étudie comment on pourrait ouvrir la géographie à une plus grande pluralité de voix (non anglo-américaines), à des formes différentes de «faire» de la géographie et à des méthodes alternatives d’évaluer la tâche de la géographie. Mots clé: hégémonie anglo-américaine, langue anglaise, publications, congrès, théorie. Abstract. Disrupting and destabilising Anglo-American and English language hegemony in Geography This paper considers the perceived hegemonic status of Anglo-American geography and the role of the English-language as the lingua franca of academia. The first half of the paper outlines in brief the hegemonic status of Anglo-American geography, the structures and practices of the global knowledge economy and Anglo-American geography itself that help sustain and reproduce its hegemony, and the disciplining effects of this hegemonic status on Geography practised elsewhere. The second half, examines how Anglo-American norms and the hegemonic status of English as a global lingua franca are being, and might be further, challenged, resisted, subverted and re-shaped through discursive and practical interventions aimed at disrupting and destabilising them. By focusing on how the history of the discipline is constructed, and the protocols of publishing and organising conferences, how Geography can be transformed to open it up to a plurality of (non-Anglo-American) voices, different ways of «doing» geography, and alternative ways of valuing forms of geographical enterprise, are considered. Key words: Anglo-American hegemony, English language, publishing, conferences, theory. 18 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin Sumario Introducción Hegemonía y geografía angloamericana Atacando y desestabilizando la geografía angloamericana Conclusiones Agradecimientos Bibliografía
Introducción En la Conferencia Internacional de Geografía Crítica que tuvo lugar en Békéscsaba, Hungría, del 25 al 30 de junio de 2002, los dos temas que dominaron las discusiones tanto dentro como fuera de las conferencias fueron 1) la hegemonía angloamericana respecto a la producción de conocimiento en geografía, y 2) el estatus del inglés como lingua franca de la comunicación académica. En esa conferencia, en mi propia presentación intenté reflejar maneras de atacar y de desestabilizar estas dos hegemonías interconectadas. En este artículo desarrollo aquellas ideas iniciales para considerar, en términos amplios, cómo la geografía, en tanto que disciplina, está estructurada y (re)producida globalmente, y cómo el estatus hegemónico de la teoría y de la praxis norteamericanas puede ser desafiado y resistido de maneras eficientes. Para alcanzar estos objetivos, este artículo está dividido en dos secciones principales. La primera esboza brevemente el estatus hegemónico de la geografía angloamericana, las estructuras y prácticas de la economía global del conocimiento y de la misma geografía que contribuyen a mantener y a reproducir esta hegemonía, así como los efectos condicionantes que esta hegemonía ejerce sobre la geografía practicada en cualquier otra parte del mundo. La segunda parte examina cómo las normas angloamericanas y la hegemonía del inglés como lingua franca mundial están siendo, y pueden todavía más ser desafiadas, resistidas, trastocadas y remodeladas a través de intervenciones discursivas y prácticas que tengan esta intención. En particular, se detalla cómo las tareas habituales de la geografía, tales como teorizar, publicar o asistir a congresos, pueden ser modificadas para abrir la geografía a una pluralidad de voces (no angloamericanas), a diferentes formas de «hacer» geografía y a métodos alternativos de evaluar el quehacer en geografía. Hegemonía y geografía angloamericana Hoy en día, los límites, así como las reglas y las coordenadas que determinan lo que se considera debate «internacional» en nuestra disciplina, se deciden desde el universo angloamericano. (Minca, 2002, p. 287) Con un par de notables excepciones1, está claro que hoy en día las instituciones y los académicos angloamericanos2mantienen, en general, una hegemoCuestionando y desestabilizando la hegemonía del inglés en la geografía Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 19 1. Nótese que el estatus hegemónico de la geografía angloamericana no es, de ningún modo, absoluto. Por ejemplo, ejerce poca influencia sobre la geografía francesa, que mantiene su propia tradición. De forma parecida, otros países tienen sus propias tradiciones (y sus propias estructuras institucionales), aunque cada vez más parecen estar cediendo a las teorías y prácticas de la geografía angloamericana. 2. Soy consciente de que la división entre el mundo angloamericano y el resto del planeta que adopto en este artículo no está muy sólidamente establecida y que los límites entre los dos son porosos y borrosos. Por ejemplo, la migración transnacional de académicos (tanto por
nía global con respecto a la disciplina de la geografía, ejerciendo una influencia desigual en relación a qué tipos de geografía y de prácticas geográficas deben ser valoradas, cómo debería ser producida y consumida la geografía, y cuáles deben ser los mecanismos de producción y distribución (por ejemplo, ante el acceso privilegiado a la industria editorial global —léase inglesa—). Mientras los que están dentro del universo angloamericano quizá vean esto como un «orden natural» (en el sentido gramsciano de la hegemonía), los que están fuera generalmente no lo ven así, a pesar de reconocer que, aunque no es «natural» ni de sentido común el jugar según las reglas angloamericanas ni en «campo angloamericano», ésta es la única manera de introducirse en el «juego internacional» (léase «angloamericano»). Esta sección examina brevemente cómo la hegemonía angloamericana está respaldada por cambios en la organización global de la educación, por una particular y privilegiada relación mantenida con la economía política de las editoriales que tienen el inglés como lingua franca, y por el apoyo desde dentro de los geógrafos angloamericanos (a través de sus acciones y políticas a diferentes escalas —las llamadas «tecnologías de uno mismo»— Foucault, 1977) y desde fuera por otros en otros países. Esta sección no trata, sin embargo, cómo la geografía angloamericana se convirtió en hegemónica (para un análisis inicial véase Samers, Sidaway, 2000). El panorama educativo de los Estados Unidos y del Reino Unido ha sufrido profundos cambios en los últimos veinticinco años. Como consecuencia, cierto número de comentaristas (por ejemplo, Mitchell, 1999; Readings, 1996; Roberts, 2000) sostienen que la universidad angloamericana y sus prácticas sociales han sido alteradas desde su base. En términos generales, se argumenta que ha habido una corporativización de las universidades, con la adopción de formas de gestión procedentes del mundo empresarial competitivo, así como una nueva ética basada en la dinámica de la acumulación flexible. Así, el mundo académico se ha convertido en un mercado abierto en el que se ofrecen una variedad de «productos» (por ejemplo cursos, personal experimentado), de tal manera que las universidades compiten por «clientes» (por ejemplo estudiantes, fondos de investigación públicos y privados) y buscan maneras de generar sus propios ingresos (por ejemplo a través de patentes, empresas del campus, consultorías, dotación de cátedras). En efecto, las universidades se han convertido en parte de la creciente «economía del conocimiento». En el caso de instituciones públicas, la tendencia también ha sido de cambiar las universidades, pasando de ser lugares de aprendizaje per se a ser institutos que sirven de manera más directa a los intereses del estado, de la industria y del público (esto fue instigado en la década de 1980 por la nueva derecha, en consonancia con el alza del neoliberalismo y el cambio a modelos posfordistas de producción 20 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin razones de los puestos docentes como de las carreras investigadoras) significa que muchos académicos no se identifican fácilmente como angloamericanos o como «otros». Yo mismo, por ejemplo, estudié en el Reino Unido y he trabajado en Irlanda durante los últimos cinco años, y este artículo ha sido escrito desde la perspectiva reflexiva de un académico angloamericano situado en la periferia de aquella hegemonía.
—véase Bassett, 1996; Mitchell, 1999; Readings, 1996; Castree, Sparke, 2000). Junto a este cambio, ha habido una tendencia a hacer estas instituciones más «abiertas» y cercanas al público. Así, la cercanía y la transparencia se han convertido en temas destacados para poder demostrar al público, y de una manera cuantificable, la propia eficiencia. Consecuentemente, se han introducido discursos de rentabilidad empresarial, en la que las actividades y los resultados educativos son cuantificados para evidenciar niveles de «excelencia» (Castree, Sparke, 2000). Esto es, en concreto, lo que sucede en los sistemas educativos financiados públicamente, donde, cada vez más, instituciones prestigiosas de investigación que quieren mantener su reputación u otras instituciones que quieren ganarse un nombre o conseguir algún tipo de ascenso en su estatus, tienen que ser vistas como sistemas rentables3. En el Reino Unido, por ejemplo, esto ha llevado a que surja una enorme industria de contabilidad académica, incluyendo el Research Assessment Exercise (RAE) (‘ejercicio de asesoramiento a la investigación’), la evaluación de proyectos financiados por parte de instituciones del mismo nivel, las auditorías de la calidad de la enseñanza y el asesoramiento de los programas de postgrado, todo ello con recompensas en forma de incentivos financieros a aquéllos que evolucionan satisfactoriamente en su área según los criterios designados, y con sanciones o exclusión de la financiación a aquéllos que no cumplan adecuadamente. Aunque no hay duda de que esta transición es positiva en algunos aspectos, ya que hacen a las universidades más eficientes y accesibles, el mecanismo para llevar a cabo esta transición también ha creado importantes problemas y desigualdades al favorecer unas prácticas educativas y desfavorecer otras y al promover ciertos métodos de producción (por ejemplo un aumento del trabajo bajo contrato; Shelton y otros, 2001). Estas transformaciones están, en gran medida, impulsando cambios mucho más allá de sector educativo angloamericano. Por ejemplo, el sistema académico irlandés está en proceso de reinventarse a sí mismo, intentando ganarse un puesto en la economía global del conocimiento y sostener el «milagro» económico irlandés. Lo que antes era un conjunto de instituciones dedicadas predominantemente a la enseñanza, en los últimos años ha recibido una notable inversión estatal para la investigación llevada a cabo en las universidades (más de 600 millones). Sin embargo, habitualmente esto no ha ido acompañado de una inversión en personal docente (las universidades irlandesas ostentan la proporción más alta de profesor/alumnos de toda la Unión Europea). Al contrario, del personal académico se espera que aumente enormemente (y que rentabilice) sus resultados en investigación, así como que dedique mucho más tiempo a la supervisión de investigaciones, sin dejar de mantener unos estánCuestionando y desestabilizando la hegemonía del inglés en la geografía Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 21 3. Algunas instituciones de educación superior en el Reino Unido han perseguido y alcanzado el estatus de «universidad» alterando sus ingresos y sus rendimientos. El Waterford Institute of Technology de Irlanda emplea, en el momento presente, la estrategia de incrementar sus resultados tangibles en investigación y busca financiación privada para intentar conseguir el estatus de universidad.
dares de enseñanza muy altos. Al mismo tiempo, ha habido un gran aumento en el número de posgraduados que entran en investigación y de investigadores contratados. Más aún, la Higher Education Authority (HEA) (‘autoridad superior en educación’) y la Conference of Heads of Irish Universities (CHIU) (‘consejo de rectores de las universidades irlandesas’) han publicado recientemente el Informe Skilbeck —«Reto a la universidad» (2002)—, que traza una previsión del futuro del mundo académico irlandés. Reclama: mayores vínculos entre la universidad, el sector privado y la sociedad; incrementar el número de estudiantes adultos, internacionales y de posgrado; mayor número de programas de estudios a media jornada; la publicación de evaluaciones internas sobre el rendimiento de los departamentos y facultades, y el desarrollo de un sistema nacional que garantice la calidad. Explícitamente pide que «la comunidad académica se convierta […] en los soldados de infantería de las políticas gubernamentales y económicas» y en el prefacio del informe se dice que «la universidad ya no es un lugar tranquilo para enseñar y realizar trabajo erudito […] ni se ha de contemplar la universidad como algo a ritmo ocioso» (citado en el Irish Times del 7 de enero de 2002). En otras palabras, es seguro que los cambios radicales en el sistema universitario irlandés continuarán en el futuro próximo, adoptando prácticas neoliberales centradas en una noción muy particular de la economía política global del conocimiento. Otros países quieren, de forma similar, promover y vender su producción de conocimientos en la economía global del conocimiento. Como consecuencia, muchos países están adoptando los modelos y las metas educativos angloamericanos. Un ejemplo de esto es la presión que los estados ejercen sobre las universidades y sus empleados para que publiquen en revistas académicas «internacionales» y con «índices de calidad», otorgando recompensas a los que lo hacen y sanciones a los no ambiciosos4. Por ejemplo, Garcia Ramon (2003) señala que los índices de impacto de citas se están convirtiendo, fuera del ámbito angloamericano, cada vez más en los puntos de referencia para los comités nacionales de evaluación de los resultados académicos. Como se expondrá más adelante, esto lleva, inevitablemente, a escribir en inglés, al haberse convertido éste en el lenguaje del debate intelectual global (Short y otros, 2001). Estos cambios en el panorama educativo, tanto dentro como fuera del mundo angloamericano, han producido un número de cambios específicos en la forma de hacer geografía. Estos efectos, a su vez, ayudan a extender los mecanismos de reproducción de esta realidad, profundizando todavía más el estatus hegemónico de la geografía angloamericana. Por ejemplo, la globalización cultural (con relación a los negocios y el ocio) y la creación de un panorama educativo global, ha llevado a que el inglés se convierta en su lingua franca. Esto ha fortalecido 22 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin 4. Cabe decir que muchas de las revistas académicas clave para un tema determinado no tienen un alcance «internacional» por su propia naturaleza. Por ejemplo, el Japanese Journal of American Studies es «la» revista académica para los académicos que trabajan sobre estudios americanos en Japón. Su público no es, claro está, internacional.
las posiciones tanto de las editoriales en lengua inglesa como de los que escriben en inglés como «primer idioma», creando unas relaciones asimétricas de poder (Garcia Ramon, 2003). Trabajando en conjunto, las editoriales en lengua inglesa y los académicos del mundo angloamericano se han convertido en los gendarmes, intelectualmente hablando, que deciden qué y quien es publicado en inglés. De esta forma, al mismo tiempo que se presiona a los autores no ingleses para que escriban en inglés, las revistas académicas «internacionales» (definidas a partir de los índices de conocimiento y de impacto) que son editadas, referenciadas y publicadas de forma casi exclusiva por académicos del mundo angloamericano, actúan de gendarmes, controlando y castigando a cualquier forma de comunicación, idea, interpretación o forma de pensar que no vaya en consonancia con los estándares que ellos mismos marcan5. A modo de observación general, estas revistas académicas «internacionales» publican cada vez más un tipo en concreto de artículos, de contenido muy teórico y escritos en un estilo que puede muchas veces parecer impenetrable. En contraste, la investigación no angloamericana es a menudo mucho más práctica, accesible e implicada políticamente, además de mucho menos atada al debate teórico, y es por ello que a menudo es considerada no apta para ser publicada. Consecuentemente, muchas revistas académicas «internacionales» son vistas como elitistas y excluyentes, impulsando sus propias teorías e investigación empírica, y siendo intolerantes a otras formas de investigar, conocer, interpretar y escribir. A modo de ejemplo, en Gregson y otros (2001, p. 10) se afirma: El ámbito de las revistas académicas anglófonas sobre geografía debe ser interpretado como un espacio imbuido por y constituido por unas directrices precisas de poder; específicamente, debe ser visto como un espacio textual imaginado a través de unas jerarquías de poder que posiciona favorablemente a unas revistas en detrimento de otras y que hace que estas revistas «clave» acaparen, controlen y regulen lo que es verdaderamente esencial a nivel «internacional» (léase teórico y/o conceptual), esto es, que decidan qué es lo puntero en la disciplina. De manera similar, Minca (2000, p. 287) argumenta: Existe la extendida creencia entre muchos geógrafos italianos, así como entre muchos de mis colegas europeos, que la reivindicación de «internacionalidad» implícita en esas revistas académicas […] es evidentemente absurda, cuando no directamente pretenciosa. […] Después de haber experimentado repetidas veces el rechazo de cualquier estructura metodológica o referencial que no encajase en las selectas cosmologías, referencias y estructuras, alejadas de la forma preponderante de expresarse según lo expresado anteriormente, muchos geógrafos europeos […] se quedan con la clara impresión de haber chocado Cuestionando y desestabilizando la hegemonía del inglés en la geografía Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 23 5. Esto también ocurre a muchos académicos que han hecho su carrera en las distintas tradiciones geográficas dentro de la geografía angloamericana, siendo marginados por aquéllos que tienen el inglés como segunda lengua.
contra un muro, de haber intentado traspasar las barreras mágicas de un universo que es hegemónico precisamente porque se basa en unos principios reconocidos tácitamente por la parte dominante de la comunidad geográfica y dotado de un enorme poder sancionador hacia cualquier infiltración externa. Los análisis de hasta qué punto las revistas académicas de geografía son verdaderamente «internacionales» revela una imagen muy significativa. El informe Gutiérrez y López-Nieva (2001) concluye que, de las 19 revistas académicas «internacionales» estudiadas entre 1991 y 1997, el 73,39% de los artículos estaban escritos por académicos del Reino Unido o los Estados Unidos. De los demás artículos, un 14,43% adicional provenía de otros países anglófonos como Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Con respecto al origen de los miembros de los consejos de redacción de dichas revistas, un 78,77% provenía del Reino Unido o los Estados Unidos, y otro 10,3% de otros países anglófonos. De forma similar, Short y otros (2001) encontró, al analizar 16 revistas académicas internacionales en el periodo comprendido entre 1981 y 1996, que entre el 92,6% y el 94,9% de los artículos estaban escritos por académicos anglófonos. Más aún, ambos hacen notar que, de manera implícita o explícita, estas revistas académicas han adoptado políticas monolingües de publicación, esto es, en inglés. Se ha de advertir que esta presión para seguir la norma se da también hacia los académicos del Reino Unido y de América del Norte, entre los que se fomenta que adopten ciertos tipos de estrategias editoriales, es decir, que la hegemonía también se interioriza a través de una estructura reguladora genérica. Por ejemplo, el RAE del Reino Unido y los programas que deciden sobre los puestos de docencia universitaria en Norteamérica, ambos trabajan para disciplinar a los académicos creando sistemas de recompensas (por ejemplo, ascensos rápidos, acceso a fondos de investigación, empleo estable) para quien publica en las revistas «adecuadas» (las así designadas por los índices de impacto) y de castigos (por ejemplo, pérdida del puesto laboral, carrera profesional estancada, mayor carga docente) para los que no lo hagan. Más aún, se crea una situación en la que son los mismos colegas los que presionan, ya que, según el ejemplo del RAE, no es solo el individuo quien recibe recompensas o castigos, sino todo el departamento (cuyo presupuesto depende de la actuación colectiva). Según este sistema, se otorga un valor explícito a los resultados del trabajo académico, de manera que lo que más se tiene en cuenta es haber publicado artículos en inglés en revistas «internacionales» evaluadas por censores anónimos y con un alto índice de impacto, así como obras monográficas publicadas por las mayores editoriales de prestigio. Esto, en general, ha tenido el efecto inverso de devaluar otras formas de publicación. Por ejemplo, en el Reino Unido los informes, panfletos, artículos en revistas académicas de menor categoría, artículos en Internet, artículos en revistas y periódicos, comunicaciones presentadas en congresos y publicadas en sus actas, páginas web, libros de texto tanto para la enseñanza primaria como la universitaria y otras formas de diseminación del conocimiento son, a efectos prácticos, carentes de valor a la hora 24 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin
de evaluar los resultados del departamento o para solicitar ascensos. La diseminación del conocimiento de geografía ya no consiste —si es que alguna vez fue así— en llegar a una audiencia tan amplia como sea posible, sino que consiste en llegar a ciertas audiencias, y en particular, a otros académicos. Esto es, claramente, una articulación de lo que Foucault reconocería como una nueva forma de gobierno, dirigida a reproducir una hegemonía apoyada en los valores del neoliberalismo y en las formas interiorizadas de poder: las «tecnologías de uno mismo» de Foucault, que fomentan el autocontrol en consonancia con los valores de la mencionada hegemonía. Según lo antes apuntado, estos sistemas de evaluación presionan inconscientemente a los académicos incluso fuera de su ámbito inmediato. En mi propio caso, por ejemplo, aunque actualmente no resido ni trabajo habitualmente en el Reino Unido, tendría que «jugar» según las reglas del RAE en caso de que desease volver allí. Más aún, los docentes y estudiantes de posgrado en Irlanda compiten en el mismo mercado laboral, lo que no ha impedido que algunos puestos en Irlanda hayan acabado siendo ocupados por académicos que vienen del Reino Unido (y que tienen currículos más competitivos). Como ya señalaron Berg y Kearns (1998), el que se reproduzcan las clases de conocimiento y las formas de entender que son consideradas valiosas, es un asunto que concierne a algo más que al uso del lenguaje. Así, países anglosajones periféricos, como Nueva Zelanda, a menudo son considerados como meros casos de estudio y no como lugares de interés en sí mismos. Basándose en los trabajos de Meaghan Morris (1992) y Elspeth Probyn (1990), Berg y Kearns afirman que esta disposición hace que se considere al «centro» (los Estados Unidos y el Reino Unido) como válido de forma universal, mientras que la «periferia» solo es válida para su lugar específico. En este marco discursivo, las geografías del Reino Unido y de los Estados Unidos no están constreñidas por límites sino que ellas constituyen el ámbito de la geografía. Los geógrafos norteamericanos y británicos ya están siempre, por tanto, dentro de la ortodoxia de su ámbito de estudio. Como contraste, la geografía practicada en otros lugares y por otras personas es tildada de «ajena»: exótica, transgresora, extraordinaria, y de ningún modo representativa. […] En resumen, las geografías angloamericanas, no limitadas ni delimitadas por nadie, marcan y delimitan a las geografías «ajenas». (Berg, Kearns, 1998, p. 129) Gregson y otros (2001) hacen notar que esto se acentúa por el hecho de que, cuando en revistas angloamericanas se incluyen textos o informes provenientes de revistas no angloamericanas, siempre se mencionan citándolos (por ejemplo, desde la editorial) como provenientes de un lugar en particular, como un «punto de vista desde los márgenes». Como señalan Berg y Kearnes (1998), esta visión centro/periferia es legitimada y reproducida en los informes más relevantes en la historia de la geografía (véase Johnston, 1991; Cloke y otros, 1992; Unwin, 1992; Peet, 1998; Hubbard y otros, 2002), que sitúan a las ideas y a los debates angloamericanos claramente en el centro, mientras que todo Cuestionando y desestabilizando la hegemonía del inglés en la geografía Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 25
los asistentes minusválidos, incluyendo facilidad en los accesos, cuotas de inscripción reducidas, gratuidad de cuotas de inscripción para los ayudantes, el boicot a las normas que excluyen a los perros lazarillo o a los minusválidos de cualquier tipo, etc. Parte de este esfuerzo ha consistido en pedir a los ponentes que cambien sus formas de presentación, para que tengan en cuenta que muchos asistentes son sordos o invidentes (informen o no de ello a los organizadores). Esto ha tenido un éxito limitado pero tangible, en particular con relación al congreso de la AAG, hacia donde se han dirigido la mayoría de los esfuerzos. El Congreso Internacional de Geografía Crítica, consciente de la política implícita en la organización de congresos internacionales, ha intentado buscar lugares estratégicos para sus sedes (las dos últimas conferencias tuvieron lugar en Corea del Sur y en Hungría, y la siguiente tendrá lugar en México) y se han considerado detenidamente los temas relacionados con las geometrías de poder presentes. Sin embargo, como se señala en la introducción, todavía faltan por solventar cierto número de problemas, principalmente los de lengua y costumbres. Se da por hecho a menudo que el inglés es la lingua franca de los congresos internacionales, con poca resistencia real. Esa postura es muy problemática y crea geometrías de poder específicas que benefician a aquéllos que tienen el inglés como primera lengua (véase también Minca, 2000). No hay duda de que hace falta dedicar más esfuerzo a abordar este problema9. Todo el material del congreso debe ser producido en más de un idioma y al principio de cada congreso deberían haber sesiones introductorias sobre buenas prácticas en comunicación (por ejemplo, presentación, conducta, normas del congreso, lenguaje corporal). El objetivo es que los ponentes reconozcan que los coloquialismos y la jerga no serán entendidos por la mayoría de la audiencia; que las ponencias deberían ser, además de leídas, expuestas en su forma escrita en un panel o con transparencias (ya que muchísima gente es capaz de entender el inglés escrito mucho mejor que el oral); que se deben hacer concesiones a la audiencia en términos de hablar despacio; que, en la medida de lo posible, deberían plantearse formas de traducción, etc. Aunque los intérpretes profesionales son una solución posible, son muy caros y hacen subir mucho la cuota de inscripción de un congreso, lo cual dejaría fuera a los asistentes potenciales cuyo presupuesto fuera limitado. Un aspecto poco considerado son las costumbres, el lenguaje corporal y lo que se podría llamar «políticas de identificación», esto es, el trato diferente a una persona dependiendo de su antigüedad10 o su prestigio. Se trata de detalles que, para las personas que provienen de lugares diferentes, pueden ser muy difíciles de apreciar, entender, y provocan que algunas veces no se reaccione correctamente. Con relación a este último 32 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin 9. Aquí me refiero a congresos dirigidos a audiencias internacionales, no necesariamente a congresos con asistencia internacional pero que son en realidad congresos nacionales, como por ejemplo los de la AAG o la RGS. 10. Algunos países, por ejemplo Japón, tienen unas estructuras gerontocráticas muy rígidas que condicionan la interacción personal.
aspecto, un asistente al Congreso Internacional de Geografía Crítica celebrado en Hungría en 2002 señaló que uno de los aspectos más negativos del hecho que en la conferencia se hablara en inglés es que los anglófonos nativos daban por sentado que las normas sociales del mundo anglosajón eran también las normas del congreso. El inglés es la lingua franca (como necesidad para permitir la comunicación), pero eso no significa necesariamente que las normas angloamericanas sobre interacción social, lenguaje corporal, comportamiento en público, interacción entre el ponente y la audiencia, el protocolo de formular preguntas, la forma de dirigirse a los coetáneos, etc. deban ser las normas del congreso. Como explica Minca (2000), los asistentes a un congreso deberían estar preparados para «salir» de sus propias tradiciones y costumbres y experimentar nuevas formas de conocer y hacer, en vez de rechazarlas de antemano porque no cumplen sus estándares (sean éstos cuales sean). Ninguna de estas posibles soluciones es muy pesada o difícil de poner en práctica, y sin embargo podrían transformar los congresos y hacerlos menos excluyentes. Estas iniciativas, además, pondrían de manifiesto y subvertirían la hegemonía del inglés y las normas congresuales que se dan por sentadas. Conclusiones En este artículo he intentado describir la hegemonía del inglés y del mundo angloamericano en relación con la disciplina de la geografía, como se sostienen y se reproducen estas hegemonías (tanto interna como externamente) y sus efectos en la geografía. También he intentado mostrar, a través de ejemplos, que, a través de intervenciones productivas, se puede cuestionar y debilitar estas hegemonías. Para proseguir con este esfuerzo, lo más importante es examinar de manera crítica las estructuras de poder y de valoración, centrándose en como las intersecciones de las políticas económicas de la enseñanza y de la edición llevan a revalorizar las prácticas académicas para crear nuevos panoramas educativos, al servicio de y manejados por el poder que operan desde la escala local a la global. Es igualmente importante tener presente una visión alternativa, menos excluyente y no hegemónica del panorama educativo. Respecto a esto último, los académicos (angloamericanos) deben «pensar mucho más a fondo sobre lo que en realidad estamos haciendo; sobre las prácticas en las que nos involucramos (y que definen lo que hacemos), y sobre los productos que producimos y consumimos» (Gregson y otros, 2001, p. 5). Existe una necesidad de reconocer y apreciar formas diferentes de hacer, de saber, de escribir y de interpretar, recuperando y valorando prácticas y esfuerzos que fueron silenciados dentro y fuera de la geografía angloamericana, y de hacer intervenciones constructivas que marquen la diferencia. Esto implica no sólo conseguir que todo el aparato de la geografía angloamericana (por ejemplo, las revistas académicas «internacionales») se vuelva más receptivo a los trabajos de otros lugares, sino también conseguir que los geógrafos angloamericanos miren más allá de sus propios horizontes y se den cuenta que hay otras geografías creativas en otros lugares, y conseguir también que establezcan relacioCuestionando y desestabilizando la hegemonía del inglés en la geografía Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 33
nes productivas con los geógrafos de otros lugares y con sus ideas (en vez de apropiarse de las ideas y volver al «centro»). Al examinar los intentos, tanto míos como de otras personas, de cambiar las cosas, espero haber conseguido ilustrar que las prácticas hegemónicas pueden ser desafiadas, resistidas y subvertidas. Esas resistencias, yo diría, no son simples actos insignificantes movidos por una esperanza utópica, sino que ofrecen vías potenciales de verdadera transformación. Se debe recordar que son los académicos quienes deciden lo que es «válido», que son ellos mismos los que supervisan muchos de los sistemas de evaluación que gobiernan sus prácticas. Son también ellos los que publican revistas académicas y organizan congresos. Son ellos los que escriben la historia de la disciplina, ellos los que valoran unas formas de hacer y conocer, a expensas de otras. Como ejemplo específico, pienso que en una época en la que la mayoría de las revistas académicas sobre geografía humana están publicadas por los, supuestamente, geógrafos críticos, que se supone que son sensibles a todo lo relacionado con el funcionamiento del poder, debería ser posible transformar el funcionamiento de dichas revistas. Revisando ciertos principios e interviniendo en otros, debería ser posible crear una geografía descentralizada que fuese intrínsecamente respetuosa, no excluyente y reflexiva. Agradecimientos Desearía agradecer, por las profundas e interesantes conversaciones que mantuvimos, a los asistentes al Congreso Internacional de Geografía Crítica que tuvo lugar en Békéscsaba, Hungría, entre el 25 y el 30 de junio de 2002, y a Sheila Hones, Duncan Fuller y Caitriona NiLaoire, sus utilísimos comentarios sobre el primer borrador de este artículo. Bibliografía BARNETT, C.; LOW, M. (1996). «Speculating on theory: towards a political economy of academic publishing». Area, 28, p. 13-24. BASSETT, K. (1996). «Postmodernism and the crisis of the intellectual: reflections on reflexivity, universities, and the scientific field». Environment and Planning D: Society and Space, 14, p. 507-527. BERG, L. (2001). «Masculinism, emplacement, and positionality in peer review». Professional Geographer, 53, p. 511-521. BERG, L.; KEARNS, R. (1998). «America unlimited». Environment and Planning D: Society and Space, 16, p. 128-132. BLAUT, J.M. (1993). The Colonizer’s Model of the World. Nueva York: Guildford. BLUNT, A.; ROSE, G. (eds.) (1994). Writing Women and Space: Colonial and Post-colonial Geographies. Nueva York: Guilford. CASTREE, N.; SPARKE, M. (2000). «Professional geography and the corporatization of the university: Experiences, evaluations, and engagements». Antipode, 32, p. 222-229. CLOKE, P.; PHILO, C.; SADLER, D. (1991). Approaching Human Geography Londres: PCP Press. 34 Doc. Anàl. Geogr. 42, 2003 Rob Kitchin
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