Full text
Resumen La discusión sobre el término geografías disidentes nos conduce a plantear que el vínculo entre prácticas y saberes sobre el espacio puede ser pensado con un carácter emancipatorio. Es la relación poder-sociedad mediada por el conocimiento considerado geográfico la que está puesta en cuestión. La presentación se divide en dos partes. En la primera haremos referencia a los textos que en geografía han discutido la cuestión de la disidencia y derivaremos de ellos algunos elementos que nos permitan caracterizar el sostenimiento de una postura disidente en la disciplina. En la segunda parte presentaremos críticamente dos de las discusiones que están teniendo lugar en el proceso de definición de un campo de geografías disidentes: la relación entre academia y activismo mediada por la figura del intelectual y la relación entre realidad y sociedad mediada por los discursos disciplinarios emergentes. Palabras clave: geografía, disidencia, poder, conocimiento, activismo, academia. Resum. Geografies dissidents. Camins i controvèrsies La discussió sobre el terme geografies dissidents ens condueix a plantejar que el vincle entre pràctiques i sabers sobre l’espai pot ser pensat amb un caràcter emancipatori. És la relació poder-societat mediada pel coneixement considerat geogràfic la que és qüestionada. La presentació es divideix en dues parts. A la primera farem referència als textos que en geografia han discutit la qüestió de la dissidència i en derivarem alguns elements que ens permetin caracteritzar el manteniment d’una postura dissident a la disciplina. A la segona part presentarem críticament dues de les discussions que se sostenen en el procés de definició d’un camp de geografies dissidents: la relació entre acadèmia i activisme, mediada per la figura de l’intel·lectual, i la relació entre realitat i societat, mediada pels discursos disciplinaris emergents. Paraules clau: geografia, dissidència, poder, coneixement, activisme, acadèmia. 1. Agradezco los comentarios de Maria Dolors Garcia Ramon y Abel Albet. Ellos enriquecieron la discusión aquí presentada. Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 23-44 Geografías disidentes. Caminos y controversias1 Perla Zusman Universidad de Buenos Aires. Instituto de Geografía Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Geografia 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain [email protected] Data de recepció: març de 2002 Data d’acceptació definitiva: juny de 2002 DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 23
Résumé. Géographies dissidentes. Chemins et controverses La discussion sur les termes géographies dissidentes nous porte à croire que le lien entre les pratiques et les savoirs en relation avec l’espace peut être vu avec un caractère émancipateur. C’est la relation pouvoir —société dans laquelle intervient la connaissance considérée comme géographique, qui est mise en question. La présentation se divise en deux parties. Dans la première, nous ferons référence aux textes qui, dans le domaine de la géographie, ont discuté la question de la dissidence et nous dériverons de ceux-ci quelques éléments qui nous permettent de caractériser le soutien d’une position dissidente dans cette discipline. Dans la seconde partie, nous présenteront d’une façon critique deux discussions qui ont lieu actuellement dans le processus de définition d’un domaine des géographies dissidentes : la relation entre l’académisme et l’activisme dans laquelle intervient la figure de l’intellectuel et la relation entre réalité et société dans laquelle interviennent les discours disciplinaires émergents. Mots clé: géographie, dissidence, pouvoir, connaissance, activisme, académie. Abstract. Dissident geographies. Paths and controversies The discussion about the term dissident geographies advocate the establishment of bonds among practices and knowledges about the space that could be thought with emancipatories ends. Relationship between power and society mediated by geographical knowledge is put into question. The paper is divided into two parts. In the first one we refer to texts that have discussed the question of dissidence in geography. From them we will derive some elements that let us take a dissident position within the discipline. In the second one we will present critically two of the discussions that are taking place in the process of definition of a field of dissident geographies: the relationship between academy and activism mediated by the intellectual figure and the links between reality and society mediated by the raising of disciplinarian discourses. Key words: geography, dissidence, power, knowledge, activism, academy. Sobre prácticas y geografías disidentes En su última conferencia, en ocasión de un encuentro con sindicatos e investigadores griegos llamado «Razones para actuar de Grecia», realizado entre el 3 y el 6 de marzo del 2001 en Atenas, Pierre Bourdieu planteó la necesidad de que los intelectuales tomaran partido en los movimientos sociales. En este marco, 24 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman Sumario Sobre prácticas y geografías disidentes La utilización del término disidencia en geografía Activismo y academia: ¿una nueva forma de denominar al trabajo de campo? La incorporación de nuevas perspectivas en la disciplina. Entre la relevancia y la moda El proceso de producción y circulación de las ideas Conclusiones Bibliografía DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 24
Bourdieu sostuvo que la dicotomía entre el científico (aquél que se dedica a la producción del conocimiento realizado con métodos específicos y dirigido a otros científicos) y el compromiso (preocupación de aquéllos que buscan llevar al saber fuera del reducto académico) es falsa, en la medida que el saber científico carece de sentido si no se compromete socialmente. Sin embargo, eso no implica que el saber no deba estar legitimado por las reglas que están en juego en el campo científico. Para Bourdieu el intelectual no puede dejar de denunciar los aspectos ocultos de las políticas de mundialización, término que usa para referirse al carácter no natural de la globalización (Bourdieu, 2002). ¿Puede considerarse la propuesta de Bourdieu una práctica geográficamente disidente en la medida que está contestando el orden mundial actual y el papel que se le otorga al intelectual en el mismo? *** En el momento de comentar la organización de este encuentro sobre «Geografías disidentes: reflexiones sobre la práctica actual de la geografía», muchos de nosotros fuimos indagados por nuestros colegas, familiares y amigos acerca de qué era la geografía disidente. Seguramente, cada uno dio su propia interpretación del término disidencia al responder esta pregunta. Entre las respuestas que yo misma he dado y que he escuchado a otros compañeros ofrecer, se encuentran: las geografías no hegemónicas, las geografías radicales actuales, las geografías alternativas2posibles en un marco de conservadurismo político. Quizás podríamos afirmar que todas estas respuestas y otras posibles ayudarían a definir el campo de la geografías disidentes. Hablar de disidencia nos remite a un tipo de práctica relacionada con los distintos poderes que permean la sociedad, en este caso podríamos decir de carácter no orgánica sino de oposición, crítica o contestación. Hablar de geografías disidentes, nos llevaría a plantear que la relación entre poder y conocimiento es subvertida a partir del establecimiento de un vínculo entre prácticas y saberes sobre el espacio que sirva a fines emancipatorios. En síntesis, es la relación poder-sociedad mediada por el conocimiento considerado geográfico la que está puesta en cuestión. La presentación se dividirá en dos partes: en la primera haremos referencia a los textos que en geografía han discutido la cuestión de la disidencia y derivaremos de ellos algunos elementos que nos permitan caracterizar el sostenimiento de una postura disidente en la disciplina. En segundo lugar, presentaremos críticamente dos de las discusiones que están teniendo lugar en el Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 25 2. Cabe resaltar que el término de geografías alternativas es utilizado en un libro reciente de John Short para hacer referencia a «otras formas de escribir acerca de la tierra» que fueron «perdidas, ignoradas, marginalizadas» y que el autor busca rescatar. Short analiza las representaciones terrestres y la relación de las mismas con el papel del sujeto en el universo en cosmografías como las de la Grecia antigua, las del mundo oriental, del ámbito religioso musulmán y de las culturas aborígenes de Australia y de Nueva Zelanda (Short, 2000). DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 25
proceso de definición de un campo de geografías disidentes: la relación entre academia y activismo mediada por la figura del intelectual y la relación entre realidad y sociedad mediada por los discursos disciplinarios emergentes. Cabe destacar que estas reflexiones están pensadas para ser objeto de debate, más que conclusivas intentan ser provocativas. Deseamos destacar que la discusiones de las que nos hacemos portavoces encuentra espacio en el ámbito anglosajón, en revistas como Environment and Planning: Society and Space, Antipode, o Area desde algunos años. Contextualmente, estas preocupaciones podrían ligarse a los efectos del traslado de las normas de la economía neoliberal a las universidades. Los textos destacan la mercantilización del ámbito académico, prácticas que están penetrando también ahora en las universidades españolas y latinoamericanas. David Demeritt, por ejemplo, habla del acuñamiento de un «nuevo contrato» entre universidad y estado —mediado por la participación de las empresas— donde el conocimiento científico pierde su carácter de un bien público, para entrar a formar parte de los procesos productivos de corporaciones (haciéndose cargo de los procesos de investigación básica) y llevando los criterios empresariales a la supuesta racionalización universitaria. En este sentido, la productividad de la investigación, la calidad y la excelencia se convierten en valores estimulados en el ámbito académico. «Las divisiones entre las funciones comerciales, educacionales y científicas se difuminan por la comercialización de las propias universidades» (Demeritt, 2000, p. 311). Asociados a este tipo de transformaciones, los autores observan, por un lado, un proceso de precarización laboral y también, por el otro, el establecimiento de prioridades de investigación orientadas al mercado (ciencias físicas y biológicas, investigación en SIG en el caso de la geografía útil a los fines de manejo ambiental o de información geodemográfica). Este nuevo papel de la universidad en el ámbito neoliberal acentúa la afirmación de Noel Castree (1999, p. 81), quien, parafraseando a R. Jacoby, autor del libro Los últimos intelectuales, sostiene que la ciencia social occidental ha alcanzado un alto grado de sofisticación teórica, particularmente entre los intelectuales de izquierda. Sin embargo, este desarrollo teórico no guarda relación con la posibilidad de ir más allá de la torre de marfil y transformar el mundo. Es en las aportaciones realizadas desde el mundo anglosajón que se basará nuestra reflexión, resignificadas, algunas veces, a partir de nuestros conocimientos de otras tradiciones geográficas no hegemónicas, como la española, la argentina o la brasileña. De hecho, en contextos como el argentino y el brasileño, las preocupaciones referidas a la relación entre producción de conocimiento geográfico y capacidad transformadora de la sociedad fueron centrales en los procesos de transición democrática que tuvieron lugar hace más de veinte años y que se autodenominaron «geografías críticas». En algunos de estos contextos se están viviendo los efectos más duros de las políticas neoliberales y se está en la búsqueda de alternativas políticas frente a las crisis partidarias que derivaron en el surgimiento de nuevos tipos de manifestaciones políticas (piqueteros, movimientos de derechos humanos, movimiento de los sin tierra). Sin embargo, 26 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 26
estas transformaciones políticas no derivaron en una producción académica que reflexione sobre las implicaciones mutuas entre sociedad y geografía, entre academia y política. Quizás ello se deba al pragmatismo en que se hallan sometidos tanto los académicos como los profesionales, o a la dificultad de contar con el tiempo para conjugar una reflexión epistemológica acorde al momento en que se vive, en la medida que la disminución del salario y el pluriempleo lleva a que las urgencias cotidianas impidan realizar este tipo de aportación3. Sin embargo, a pesar de estos condicionantes, la urgencia de esta reflexión surge frente al requerimiento de pensar que otro mundo es posible, y que, quizás, los análisis de producción de espacio, lugares e identidades puedan ser útiles en pensar estrategias emancipatorias. La utilización del término disidencia en geografía En el campo disciplinario, ciertos textos con anterioridad ya han hecho uso de los términos disidencia o geografías disidentes. Haremos referencia a tres. El primero pertenece al geógrafo James Blaut. En el número especial del 75 aniversario los Annals of American Geographers y desde una perspectiva que hoy podríamos presentar como culturalista, Blaut combina la cuestión de clase y género con la poscolonial. Blaut (1979, p. 157) busca definir una tradición disidente (título de su trabajo) en la geografía. Los supuestos básicos de su propuesta son la no neutralidad del conocimiento considerado geográfico y la concepción del cientista social como un trabajador con funciones específicas en la división social del trabajo. En este contexto, ser disidente es ofrecer una visión de la realidad a contracorriente de aquélla conformista del capitalismo. Esto quiere decir que, siguiendo la línea marcada por Peter Kropotkin, Elisée Reclus y, en cierto sentido, George Forster, Alexander Humboldt, Owen Lattimore y William Bunge, la línea disidente acompañaría y defendería los intereses de diferentes clases, de diferentes culturas étnicas y de las mujeres, es decir, los intereses de la gente trabajadora y de los grupos oprimidos. Blaut reconoce ciertos atisbos de ruptura de una geografía conformista, como él Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 27 3. Revistas como Meridiano en Argentina o el Boletín de la AGB en Brasil,generalmente son encabezadas por editoriales de carácter denunciativo sobre el carácter expoliador de las políticas económicas, incluidas las del ámbito educativo. En Brasil, más que trabajos que reflexionen sobre las propias prácticas disciplinarias contemporáneas, se han publicado artículos conmemorativos, con cierto toque nostálgico, de los veinte años del desarrollo de las posturas radicales dentro de la geografía. Para un análisis crítico desde el punto de vista epistemológico sobre los aportes de la geografía de la década de 1970, sobre sus supuestos fracasos en la definición de un marco teórico y un lenguaje propio para la geografía, véase Moreira (2000). Aún dentro el contexto brasileño, es posible encontrar estudios que analicen las acciones del movimiento sin tierra y que pueden ser caratulados dentro del ámbito de la geografía agraria o de la geografía política.En el caso español, el trabajo de Segrelles (1999) es una excepción, en la medida que analiza el vínculo actual entre el conocimiento geográfico institucionalizado y la sociedad. DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 27
llama, en las obras de Carl Sauer y sus discípulos, al interesarse por períodos precapitalistas y no capitalistas, evadiendo las amenazas del elitismo cultural o del eurocentrismo. Sin embargo, para Blaut, ellos no consiguen superar las perspectivas étnicas o de clase en la medida que sus estudios no contemplan los intereses de los grupos oprimidos. Según este geógrafo norteamericano, el prototipo de la tradición de la disidencia es la radical, en la medida que ella no se construía al servicio de una elite, y que sus explicaciones y soluciones no ayudarían ni conformarían a dicho sector social. El segundo texto, de publicación reciente, incorporado en una colección de divulgación universitaria, pertenece a Alison Blunt y Jane Wills y se titula Dissident Geographies. Los autores lo presentan como un libro sobre ideas y prácticas radicales, sobre sus orígenes geográficos, sus manifestaciones y sus implicaciones para el pensamiento geográfico. Esta obra revisa la producción de las geografías anarquistas, radicales, de género (feminista, gays y lesbianas) y poscoloniales. Blunt y Wills (2000, p. x) sostienen que todas ellas comparten el compromiso político de subvertir las relaciones de poder y de opresión. El tercer texto al que queremos hacer referencia es un artículo de Noel Castree, aparecido en Environment and Planning A en el año 2000, denominado «Professionalisation, activism, and the university: whither “critical geography”?». Este trabajo utiliza el término disidencia en forma colateral, dando un lugar privilegiado a la discusión sobre la sustitución del término geografía radical por el de geografía crítica, que se observa en los ambientes anglos a partir de la organización del I Congreso Internacional de Geografía Crítica en Vancouver en 19974. En su propuesta, el término geografía disidente es utilizado como sinónimo de geografías de izquierdas. Castree reconoce una expansión y una pluralización de las geografías disidentes no atribuible, desde su perspectiva, a los esfuerzos de los geógrafos y las geógrafas radicales. Desde su punto de vista, la propuesta de geografía crítica actuaría como una especie de concepto paraguas que serviría para agrupar a las geografías antirracistas, de los discapacitados, feministas, marxistas, posmodernas, posestructuralistas, poscoloniales y queer que hoy constituyen la base disciplinaria de izquierda, dinámica y ampliamente extendida (Castree, 2000, p. 956)5. Estas geografías, además 28 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman 4. El segundo se organizó en Corea y el tercero tendrá lugar en 2002 en Hungría. Una preocupación de semejantes características también mostró el encuentro que en el mes de septiembre de 2001 tuvo lugar en Newcastle titulado «Beyond the Academy? Critical Geographies in action» (http//online.norhumbria.ac.uk/faculties/ss/gem/conferences/beyond.htm) y otros tales como «Dialectic of Utopia/Dystopia» organizado por la University of Strathclyde (Glasgow), celebrado en Belfast, o el de «Accesing Geography», propuesto como parte del encuentro anual de la Association of American Geographers realizado en Los Angeles en marzo de 2002. 5. Como dijimos más arriba, el término geografía crítica fue utilizado con anterioridad en Francia, Italia, España y América Latina. En estos dos últimos casos el inicio de las transiciones democráticas conllevó procesos de renovación institucional, de sujetos y, por lo tanto, DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 28
de hacer de la opresión y la exclusión su objeto de investigación, también han debatido temas tales como la reflexividad, los procesos de dignificación (empowerment), de emancipación, las praxis críticas, la posicionalidad y las relaciones de poder (Kitchin y Hubbart, 1999, p. 195). De la presentación de estas tres propuestas de geografías disidentes procedentes del mundo anglosajón podemos extraer algunas conclusiones respecto de las características que involucraría un proyecto de geografías disidentes. 1) El término involucra una ruptura con las posturas políticas de las propuestas hegemónicas disciplinarias, en la medida que pone en cuestión la tradición de complicidad de la geografía en la constitución de los estados nacionales o del capitalismo, en general, para inclinarse por la construcción de un conocimiento, al menos teóricamente, a favor de los oprimidos. Políticamente se asociaría a una geografía de izquierda. 2) Significa una ruptura con las propuestas temáticas hegemónicas en la disciplina, a favor de producir conocimientos sustantivos que intenten, por un lado, desvendar las relaciones de poder-conocimiento-espacio y, por el otro, elaborar conocimientos geográficos alternativos que, como diría Yves Lacoste en su trabajo Geografía: un arma para la guerra, sirvan a otros sectores sociales para pensar el espacio en sus diferentes escalas (una posible simiente de la propuesta de políticas de escala propuesta por Neil Smith y David Harvey) y actuar en él. 3) Abarcaría las propuestas que dentro de la disciplina se han desarrollado, tanto histórica como recientemente. Ello tejería para el campo de la geografía disidente una pluralidad de perspectivas que van desde las posturas anarquistas, radicales hasta las más recientes incluidas en lo que el contexto anglosajón ha dado en llamar geografía crítica (feministas, culturales, poscoloniales, entre otras). Cabe señalar que la geografía anarquista y radical ha sido un referente para los geógrafos y las geógrafas que discuten hoy en día la relación entre geografía y sociedad. Por su lado, los geógrafos anarquistas hacían de su práctica política de desestabilización de las instituciones jerárquicas y centralizadas para la Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 29 de temáticas dentro de la geografía. Es en este contexto que en España aparece la revista Geocrítica y en Brasil la corriente que abarcaba geógrafos marxistas, fenomenológicos y existencialistas y que se autoidentificó con dicho término. Geógrafos de Brasil y Argentina realizaron dos encuentros de geografía crítica: uno en São Pablo y otro en Buenos Aires, donde se expusieron los intereses políticos y temáticos de la geografía de la década de 1980. En estos contextos, la geografía crítica ya presentaba el carácter pluralista destacado por Castree. Vesentini (s.f., p. 1) considera que dos fueron las fuentes que promovieron la difusión del término en los contextos reseñados. Por un lado, la transposición de las posturas de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt al campo disciplinario y, por el otro, la utilización de dicha denominación por parte de Yves Lacoste en el libro Geografía, un arma para la Guerra y en la revista Hérodote. DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 29
construcción de una sociedad autogestionaria y colectiva un proyecto que orientaba filosófica y temáticamente algunas de sus preocupaciones dentro de la geografía. Así, en los trabajos de Reclus se constata un proyecto disciplinario de base ecologista y humanitario universal que sobrepasase las fronteras entre naciones y territorios. De la misma manera, en Kropotkin puede observarse la fuerza del concepto de cooperativismo sobre el de competencia, en boga en su época a partir del darwinismo social. Ya, los geógrafos y las geógrafas radicales buscaron establecer una relación más íntima entre la disciplina y la realidad política, al suponer que la producción disciplinaria ofrecería elementos tanto teóricos como instrumentales para denunciar las injusticias sociales o para actuar en el marco de una práctica política comprometida. Activismo y academia: ¿una nueva forma de denominar al trabajo de campo? La propuesta de geografías disidentes haría necesario reconceptualizar cómo se inserta y participa el geógrafo en tanto que intelectual con y en las reivindicaciones de los sectores populares, haciendo de su conocimiento un instrumento de las mismas y, también, un medio para alimentar la práctica teórica y, luego, las propias prácticas políticas (Kitchin y Hubbart, 1999). Este tipo de planteo encontraría parte de su inspiración en las propuestas radicales de la década de 1970, donde el activismo adquiría un predominio sobre la práctica académica que sólo se justificaba como ámbito de producción de elementos teóricos para la acción. Las expediciones de Bunge serían una muestra de cómo se entendía en ese entonces el activismo de los intelectuales (Racine, 1976; Gómez Mendoza, 1988). Desde esta perspectiva, el conocimiento verdadero era aquél producido para y con los sectores populares a partir de categorías marxistas. La actual inserción de muchos de aquellos geógrafos y geógrafas radicales en la academia y el proceso de alejamiento de los ambientes universitarios de las acciones políticas protagonizadas por la llamada, en términos gramscianos, «sociedad civil» son los que parecerían justificar el debate sobre activismo y academia, iniciado por Nicholas Blomley y Adam Tickell entre los años 1994-1996 en las páginas de Environment and Planning. Nicholas Blomley enfatiza la necesidad de que el académico sea también un activista, una cuestión que, según su punto de vista, ha sido poco debatida en la universidad. Para Blomley, la ausencia de este tipo de discusión o revela una carencia de inserción política de los académicos o el interés por mantener ambos ámbitos escindidos. La conexión entre ambos traería a colación problemas de autovalidación, dilemas institucionales (el estatus como profesionales bien pagos en un mundo que rápidamente se proletariza) y temas de carácter político o intelectual (cual se supone que es el rol del académico). En primer lugar, Blomley revisa distintos tipos de activismo siguiendo el modelo propuesto por Cornell West. Él identifica desde aquellos activismos que se dan dentro de la academia, orientados a producir, en términos foucaultianos «regímenes de verdad», hasta aquellos otros que persiguen la formación de comu30 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 30
nidades intelectuales críticas. En esta línea se orientarían las propuestas que otorgarían importancia al ámbito educativo como espacio de construcción de conocimiento crítico, o de contestación en la propia academia a la mercantilización de estos ámbitos (Castree, 1999, p. 85-86; Roberts, 2000, p. 234). En segundo lugar, Blomley analiza distintos tipos de activismo extrauniversitario, uno de carácter más jerárquico, donde el académico juega un rol protagonista en la lucha por la creación de significados, o de «decir la verdad al poder»6, y otro de carácter más horizontal, donde se funda lo mejor de la vida intelectual desarrollada en la academia con lo mejor de las fuerzas organizadas a fin de alcanzar un mayor grado de democracia y libertad fuera de la academia7. En esta última línea se insertaría la propuesta de Paul Routledge8, de crear un tercer espacio que permita la ruptura con los límites entre el activismo y la academia, que nos lleve continuamente a reflexionar sobre nuestra situación social, nuestra situación dentro de la disciplina, la localización física de nuestra investigación y nuestra posición política. Otra variante de este cuarto tipo de inserción política podría ser aquélla defendida por Ian Maxey (1999) bajo el término de activismo reflexivo. En este caso, el activismo no es remitido únicamente al ámbito de lucha política a partir de ciertas reivindicaciones sociales, sino que éste es extendido a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Para Maxey, todo lo que hacemos, todo pensamiento que tenemos contribuye a la producción del mundo social. Por lo tanto, ser activista significar reflexionar continuamente sobre esta condición, una actitud que, según Maxey, nos coloca en una situación que nos permite actuar de forma más creativa, construyendo formas que permiten desafiar las relaciones de poder opresivas más que reforzarlas. El activismo, en este sentido, es un proceso continuo de reflexión, provocación y de reforzamiento político9. Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 31 6. La construcción de la figura del intelectual como formador de una opinión crítica iría en este sentido. Textos críticos como los de Noam Chomsky en relación con la invasión de Kosovo por parte de las tropas de la OTAN en el año 1999, o con los hechos del 11 de septiembre de 2001, o los de Edward Said vinculados a la cuestión palestina publicados en la prensa internacional serían ejemplos de este tipo de prácticas. El mismo carácter adquiriría la carta enviada por los profesores de la CUNY (David Harvey, Talal Asad, Cindi Katz, Neil Smith, Ida Susser) al Washington Post y al New York Times en oposición a la guerra luego de los ataques del 11 de septiembre, difundida por Internet. Sin embargo, Blomley considera que, a través de estas actuaciones, se acaba legitimando una supuesta superioridad del intelectual y las jerarquías sociales existentes. En las condiciones de organización de poder actual creemos que se requieren, a su vez, prácticas discursivas críticas como las expuestas y la producción de un conocimiento horizontal colectivo. 7. Este texto de Blomley ha sido sometido a una serie de críticas de Adam Tickell (1995) que destacan la necesidad de tener una actitud activista no sólo a nivel local, sino a otras escalas como la estatal, e intenta desmitificar al intelectual como una figura más independiente y poseedora de información carente en otras instituciones. 8. La experiencia de Routledge deriva en su participación en el movimiento contra la apertura de la ruta M77 a través de un área verde de Glasgow. 9. Susan Hanson realiza una diferenciación de activismo en términos de género. Así, en el ámbito del Primer Encuentro Internacional de Geografía Critica (Vancouver, 1997), ella distingue las prácticas activistas masculinas explícitas en la realización de una visita a un DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 31
Construir una postura disidente dentro de la disciplina significaría, por un lado, recuperar la idea de praxis geográfica de Minca (2000), es decir, favorecer el diálogo y el intercambio entre tradiciones diversas. Tal praxis, según Minca, no sólo necesita elaborar un conjunto de lenguas y discursos que faciliten la comunicación interna y el reconocimiento recíproco entre los/las geógrafos/as, sino que precisa también confrontarse con la variedad de «lugares» (experiencias/resultados social y políticamente diversos) que contextualizan otras geografías, con la variedad de alternativas que crean la disciplina19. Sin embargo, creemos que esta práctica de diálogo entre geografías de distintos lugares no será totalmente posible si no se encuentra otra forma de construir la relación poder/conocimiento dentro del propio ámbito académico de la geografía internacional. El proceso de producción y circulación de las ideas Hasta aquí hemos discutido la posibilidad de producir un pensamiento disidente dentro de la disciplina. En síntesis, ello significaría, por un lado, traer las preocupaciones sociales actuales al campo geográfico (siguiendo la línea marcada por la década de 1970), construyendo una postura crítica respecto a la visión de estos procesos elaborada desde ámbitos de la política y de los medios de comunicación. Por el otro, desde otro nivel de análisis, implicaría incentivar el diálogo entre visiones teóricas y empíricas producidas en diferentes lugares. La segunda instancia de producción de un pensamiento crítico disciplinario estaría planteada en términos de pensar su contribución a la producción de discursos, representaciones o prácticas políticas a favor de los sectores menos favorecidos en nuestras sociedades. Vuelve aquí, desde otra perspectiva, la cuestión de la relevancia social, ahora no como criterio de validación, sino como elemento que otorga significatividad a las propuestas geográficas en un marco político o social. En este sentido, los estudios de historia del pensamiento geográfico desarrollados entre las décadas de 1980 y 1990 han desvelado la utilidad social de los discursos geográficos a partir de su complicidad con los procesos de formación estatal nacional o de expansión colonial, dando cuenta así de un tipo de relevancia social diferente al reivindicado por las posturas marxistas o humanistas. Concomitantemente, ellos han demostrado el papel socializador de la geografía como disciplina enseñada a partir de su papel divulgador de narrativas que servían a los fines de inventar las propias historias y 38 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman 19. La postura de Minca es criticada por Michael Samers y James Sidaway, quienes sostienen la necesidad de quebrar con las visiones que afirman que el conocimiento producido en el ámbito de la geografía humana puede ser encasillado dentro de una escala nacional, de una determinada tradición, dentro de una determinada lengua, para sostener el carácter híbrido del proceso de constitución del saber geográfico (Samers y Sidaway, 2000). La visión de hibridez de Samers y Sidaway estaría dejando a un lado las relaciones poder/conocimiento que se ponen en juego en la definición del campo de producción de las ideas, sean éstas de carácter institucional, estatal o transnacional. DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 38
geografías nacionales (Hooson, 1994; Smith y Godlewska, 1994; Nogué y Vilanova, 1999; Buttimer, Stanley y Wardenga, 1999). La eficacia política de este proceso ha quedado demostrada por el carácter aglutinador que los discursos nacionalistas de base territorial tuvieron entre los habitantes de un mismo país, aunque de diferente procedencia social, frente a una supuesta posibilidad de «pérdida territorial», a pesar de la existencia de conflictos de carácter social y económico, al menos en algunos países latinoamericanos (Zusman, 2000). El espacio institucional que la geografía cuenta en la educación podría ser potenciado para construir una representación del mundo crítica, un ámbito en el cual los discursos geográficos críticos, como afirman Castree y Roberts, podrían adquirir relevancia social. Ello es planteado en un reciente trabajo de Sallie Marston incluido en un número de The Arab World referente al impacto de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Frente al miedo, la explosión nacionalista y el deseo de venganza que invadió a muchos norteamericanos, la contextualización histórica y política de los acontecimientos y la deconstrucción de los conceptos de orden mundial, poder, seguridad, violencia y violencia estatal contribuyeron en el proceso de formar opiniones críticas a las emergentes de la política estadounidense (con la prohibición o el miedo provocado entre las comunidades musulmanas, árabes o de piel oscura a viajar en avión, ir a la escuela o a la mezquita a rezar) (Marston, 2001, p. 2). En realidad, si analizamos el proceso de producción y circulación del conocimiento, podríamos decir que las problemáticas sociales son capturadas por la academia para incorporarlas en los corpus de las distintas ciencias sociales y ser tematizadas de forma diferencial según la tradición de cada una de ellas. Tomemos por ejemplo el movimiento zapatista. En el campo de la geografía existen textos que debaten su actuación a distintas escalas, la potencialidad que le ha dado el movimiento el uso de Internet (Froehling, 1999) y su capacidad de combinar las reivindicaciones políticas, económicas con cuestiones culturales a través del proceso de construcción identitaria (Harvey, 2000, p. 73-94). Más allá de la formación intelectual de Marcos, es la práctica política la que lo ha llevado a actuar a distintos niveles y a impulsar la toma de siete pueblos en el mismo momento que se ponía en práctica el Tratado del Libre Comercio del Atlántico Norte (1 de enero de 1994). Y fue este tipo de práctica que contribuyó para que los geógrafos y las geógrafas ilustraran sus reflexiones sobre la necesidad de actuar a distintas escalas. De la misma manera, distintas prácticas políticas de resistencia estudiadas por diversos autores (Keith y Pile, 1997; Santos, 1996) permiten indagar sobre su espacialidad y sobre la no correspondencia directa entre los espacios de dominación y los de resistencia, en la medida que éstos últimos intentan deslocalizarse de aquéllos dominados por el poder, los atraviesan y adquieren significados propios (Pile, 1997, p. 16). La aproximación a los movimientos de resistencia permite concluir que las propuestas teóricas parecerían ser posteriores y deducirse de la propia acción, más que anticiparse a las mismas. Tomemos otro ejemplo, no alejado del anterior, como el proceso de la globalización y los discursos, las representaciones y las prácticas que se han derivado Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 39 DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 39
de su estudio y su instrumentación política. Los discursos sobre la globalización se han formulado académicamente en la década de 1980 para dar cuenta de las nuevas estrategias que el capital ha adquirido en su reproducción: aumento y predominio de los flujos financieros, innovaciones tecnológicas en el ámbito de la comunicación —con la consecuente desmaterialización del espacio en dicho ámbito— y disminución en los costos y tiempos de movilidad de flujos de personas y mercaderías (Santos, 2000; Harvey, 2000, p. 63). Sin embargo, a partir de mediados de la década de 1990, éstos aparecen incorporados en los ámbitos políticos, dentro de los organismos transnacionales. Los discursos sobre la globalización sustituyeron a aquél de la guerra fría. Su contenido académico inicial ha sido resignificado, permitiendo diluir la existencia de responsables en la forma de organización del capitalismo mundial. Es a partir de esta apropiación por los organismos transnacionales que los movimientos antiglobalización hacen del mismo un lema político para plantear que otro mundo es posible y defender una sociedad más justa. Más allá de la formación intelectual de los grupos participantes en los movimientos antiglobalización, sus reivindicaciones son una reacción al planteamiento político y discursivo dominante, según el cual, el proceso de globalización es natural e irreversible, y son estas características las que llevan a suponer que todos participamos de igual forma en el mismo en la medida en que a todos nos afecta. Una apropiación política de discursos producidos desde los ámbitos académicos puede observarse también en torno a la cuestión del multiculturalismo. Como hemos visto, los estudios poscoloniales y culturales han renovado la producción y la perspectiva disciplinaria. La producción sobre el poscolonialismo ha permitido historizar algunos procesos, entender las huellas del pasado en las circunstancias coloniales actuales. Por su lado, los estudios culturales han significado la incorporación de la perspectiva del papel de las representaciones, los valores y las prácticas del otro en las construcciones de la propia identidad y en las formas de actuar. Pero más allá del papel de estas perspectivas en la renovación disciplinaria, ya discutida más arriba, desde el punto de vista político ellas han sido incorporadas a prácticas políticas de los poderes instituidos, locales, estatales o globales. Así, por ejemplo, algunos ayuntamientos se están valiendo retóricamente de la figura del multiculturalismo a fin de construir una imagen renovada de los mismos y justificar ciertos emprendimientos económicos. Tal es el caso de la alcaldía de Barcelona, que, a través de la especie de exposición universal que está planteando bajo el nombre de Forum 2004, propuesta como un encuentro entre culturas a favor de la paz y la sostenibilidad, está apoyando y legitimando la renovación urbana en un área hasta entonces periférica de la ciudad (Madeinbarcelona, 1999). En el mismo sentido, países como Estados Unidos buscan definirse como multiculturales a través de la reinvención de la propia historia y geografía desde el propio pasado colonial, trayendo las historias y geografías periféricas al centro. Algunos trabajos recientes demuestran que el capital también trabaja sobre las diferencias dadas de género, étnicas y de clase como forma de asegurar su reproducción (Harvey, 1995; Negri y Hardt, 2000). 40 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 40
De los ejemplos expuestos, podemos inferir que en el proceso de producción y circulación del conocimiento, los saberes críticos no institucionalizados actuarían como insumos de los saberes institucionalizados, en tanto que la producción de conocimiento académica escasamente parecería nutrir prácticas de dignificación, visibilización y emancipación que no estuvieran asociadas a las acciones de los poderes que actúan a distintas escalas. Aún más, en muchas ocasiones, se acaban revirtiendo las perspectivas políticas alternativas que orientaron su formulación, tornando los contenidos orgánicos a los objetivos de los poderes más que a los de los sectores desfavorecidos. Conclusiones Hemos considerado que la producción de un conocimiento geográfico disidente, en primer lugar, involucraba un compromiso político con la producción de prácticas, discursos o representaciones que contemplen la dignificación, visibilización o emancipación de los sectores más desfavorecidos. Los discursos disciplinarios críticos, particularmente aquéllos emergentes de los ámbitos anglosajones, han intentado cumplir varias funciones a la vez, aproximar el activismo y la academia, renovar los contenidos disciplinarios y además contribuir a los procesos de emancipación social. Nuestro estado de la cuestión, en realidad, mostró que en la relación sociedad-academia el vínculo aparecía no ser de igual a igual. La acumulación de conocimiento producto de la práctica activista, en muchas situaciones, puede ser más favorable al académico que a las causas sociales. La experiencia activista le ha permitido a investigadores e investigadoras acrecentar su legitimidad académica. Geógrafos y geógrafas suelen difundir en el contexto académico conocimientos producidos de forma colectiva. Sin embargo, se presentan como autores y no como portavoces de una problemática en un contexto diferenciado a donde éste se desarrolla. De la misma manera, la transformación de los saberes no institucionalizados en institucionalizados ha permitido la renovación del discurso disciplinario más que una intervención social efectiva. Esto se deduce del hecho que las propuestas que tematizan la cuestión de la desigualdad, de la exclusión y de la resistencia producidas dentro del campo de la geografía parecerían ser posteriores y deducirse de la propia acción de los movimientos sociales. Además, la apropiación de muchas de las interpretaciones geográficas críticas por parte de los ámbitos políticos ha permitido el aggiornamiento de algunas de las prácticas de dominación. A partir de discutir las tensiones que se observan entre activismo y academia, entre conocimientos sociales institucionalizados y no institucionalizados deseamos poner en cuestión el supuesto básico de esta presentación, es decir, la existencia de geografías disidentes. Entonces, podríamos preguntarnos si es posible hablar de conocimientos geográficos disidentes. Creemos que la opción por la disidencia es política y no disciplinaria. El conocimiento disciplinario puede permitir la comprensión de las características espaciales que se tejen en Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 41 DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 41
las representaciones del mundo actual, y este conocimiento puede contribuir a construir una visión crítica del mismo. En el caso de los contextos latinoamericanos o en España resulta necesario reflexionar sobre las especificidades de pensar el mundo desde las particularidades de nuestra coyuntura temporal y espacial. Está en nosotros escoger, a partir de nuestro compromiso, el ámbito donde consideramos que el conocimiento geográfico puede contribuir a la elaboración de una perspectiva crítica del mundo para actuar en él. Bibliografía BARROS, C. (2001). «La antropología en Buenos Aires. Surgimiento y desaparición de un espacio académico en la Argentina de principios del siglo XX». Terra Brasilis, 3, p. 19-40. BLOMLEY, N. (1994). «Activism and the Academy». Environment and Planning D: Society and Space, 12, p. 383-385. —(1995). «Reply to Tickell». Environment and Planning D: Society and Space, 13, p. 239-240. BLUNT, A.; WILLS, J. (2000). Dissident Geographies. Essex: Prentice Hall. BOURDIEU, P. (2002). «En defensa de un saber comprometido». Le Monde Diplomatique. Febrero, p. 1-3. BUTTIMER, A. (1999). «Humanism and Relevance in Geography». Scottish Geographical Journal, 115 (2), p.103-116. BUTTIMER, A.; STANLEY, D.; WARDENGA, U. (eds.) (1999). Text and Image. Social Construction of Regional Knowledge. Leipzig: Institute für Länderkunde; Beiträge zur Regionalen Geographie, 49. CASTREE, N. (1999). «“Out there”? “In here?” Domesticating critical geography». Area, 31, p. 81-86. —(2000). «Professionalisation, activism, and the university: wither “critical geography”». Environment and Planning A, 32, p. 955-970. DEMERITT, D. (2000). «The New social contract for science: accountability, relevance, and value in US and UK science and research policy». Antipode, 32, p. 308-329. FROEHLING, O. (1999). «Internautas and Guerrilleros. The zapatista rebellion in Chiapas, Mexico and its extension into cyberspace». En CRANG, M.; CRANG,P.; MAY,J. Virtual geographies. Bodies, space and relations. Londres: Routledge, p. 164-177. GARCIA RAMON, M.D. (1977). «La geografía radical anglosajona». Documents d’Anàlisi Metodològica en Geografia, 1, p. 59-69. GÓMEZ MENDOZA, J. (1988). «Las expediciones geográficas radicales a los paisajes ocultos de la América urbana». En GÓMEZ MENDOZA, J.; ORTEGA CANTERO, N. Viajeros y paisajes. Madrid: Alianza Universidad, p. 151-164. GUERRA VILLALOBOS, J. (2000). «Inovaçao agrícola, movimentos sociais rurais e Reforma Agrária no Paraná, Brasil». En II Coloquio Internacional de Geocrítica. Innovación, Desarrollo y Medio local. GUTIÉRREZ, J.; LÓPEZ-NEIVA, P. (2001). «Are international journals of human geography really international?». Progress in Human Geography, 25, p. 53-69. HANSON, S. (1999). «Is feminist geography relevant?». Scottish Geographical Journal, 115, p. 133-141. 42 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 42
HARVEY, D. (1995). «Class relations, social justice and the politics of difference». En KEITH,M.; PILE, S. (eds.). Place and Politics of Identity.Londres: Routledge, p. 41-66. —(2000). Spaces of Hope. Edinburgo: Edinburgh University Press. HOOSON, D. (ed.) (1994). Geography and National Identity. Oxford: Blackwell. KATZ, C. (1994). «Playing the field: questions of fieldwork in geography». Professional Geographer, 46 (1), p. 67-72. KEITH, M.; PILE, S. (1997). Geographies of resistance. Londres: Routledge. KESTELOOT, C.; THOMAS, I.; DETURCK, A. (2001). «La estructura ocupacional de los geógrafos y las geógrafas y el curriculum de la geografía: algunos elementos del caso belga». Documents d’Anàlisi Geogràfica, 39, p. 133-147. KITCHIN, R.M.; HUBBARD, P.J. (1999). «Research, action and critical geographies». Area, 31, p. 195-198. MADEINBARCELONA (1999). «Documento elaborado en ocasión de la entrega del premio RIBA a la ciudad de Barcelona». MARSTON, S. (2001). «Teaching and learning the lesson of complexity» (Forum on 11 september events). The Arab World Geographer. http://gp.fmg. uva.nl/ggct/ awg/forum2/marston.html MAXEY, I. (1999). «Beyond boundaries? Activism, academia, reflexivity and research». Area, 31, p. 199-208. MENDIZÀBAL, E. (1999). «Algunes reflexions sobre la (nova) geografia cultural des de la perifèria». Documents d’Anàlisi Geogràfica, 34, p. 119-132. MIGNOLO, W.D.(1993). «Colonial and Postcolonial Discourse. Cultural Critique or Academic Colonialism». Latin American Research Review, 28. MINCA, C. (2000). «Venetian geographical praxis». Environment and Planning, 18, p. 285-289. MITCHELL, D. (2000). Cultural Geography. A critical introduction. Londres: Blackwell. MOREIRA, R. (2000). «Assim se passaram dez anos (A renovaçao da Geografia no Brasil no período 1978-1988)». Geographia, II (3), p. 27-49. NEGRI, A.; HARDT, M. (2000). Empire. Londres: Harvard University Press. NOGUÉ, J.; VILLANOVA, J.L. (eds.) (1999). España en Marruecos (1912-1956): Discursos geográficos e intervención territorial. Lérida: Milenio. PACIONE, M. (1999). «Guest Editorial». Scottish Geographical Journal, 115, p. V-XIV. PEET, R. (1998). Modern Geographical Thought. Oxford: Blackwell. —(2001). «Blunt, A.; Wills, J. Dissident Geographies». Progress in Human Geography, 25, p. 668-669. PILE, S. (1997). «Introduction: opposition, political identities and space of resistance». En KEITH, M.; PILE, S. Geographies of resistance. Londres: Routledge, p. 1-32. RACINE, J.B. (1976). «De la géographie théorique á la revolution: W. Bunge». Hérodote, 4, p. 79-90. ROBERTS, S.M. (2000). «Realizing critical geographies of the university». Antipode, 32, p. 230-244. ROUTLEDGE, P. (1996). «The third space as critical engagement». Antipode, 28, p. 339-419. SAMERS, M.; SIDAWAY, J.D. (2000). «Exclusions, inclusions, and occlusions in “AngloAmerican geography”: reflections on Minca’s Venetian geographical praxis». Environment and Planning D: Society and Space, 16, p. 663-666. SANTOS, M. (1993). A urbanização brasileira. São Paulo: Hucitec. —(1996). A natureza do espaço. Técnica e tempo. Razão e emoção. São Paulo: Hucitec. Geografías disidentes. Caminos y controversias Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 43 DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 43
—(2000). Por uma outra globalização. Do pensamento único a conciencia universal. Rio de Janeiro: Editora Record. SANTOS, X. (2002). «Espacios disidentes en los procesos de ordenación territorial». Documents d’Análisi Geográfica, 40, p. 69-104. SAYER, A. (2000). «Critical and uncritical cultural turns». En COOK, I. (ed.). Cultural Turn, Geographical Turn, p. 166-181. SCHUURMAN, N. (2000). «Trouble in the heartland: GIS and its critics in the 1990s». Progress in Human Geography, 24, p. 569-590. SEGRELLES, J.A. (1998). «La geografía y los usuarios de la investigación geográfica en España». Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, 30, p. 1-21; http://www.ub.es/geocrit/sn-30.htm SHORT, J. (2000). Alternative Geographies. Essex: Prentice Hall. SIDAWAY, J.D. (2000). «Postcolonial geographies: an exploratory essay». Progress in Human Geography, 24, p. 591-612. SMITH, N.; GODLEWSKA, A. (eds.) (1994). Geography and Empire. Oxford: Blackwell. STOLCKE, V. (1999). «La nueva retórica de la exclusión en Europa». Revista Internacional de Ciencias Sociales, 159; http//www.unesco.org/issj/rics159/stolcespa.html TICKELL, A. (1995). «Reflections on activism and the academy». Environment and Planning D: Society and Space, 13, p. 235-237. VAIOU,D.; SIMONSEN, K.; GREGSON, N. (2000). «On writing (across) Europe: writing spaces, writing practices and the potential of cross-cultural collaborative writing for constituting ‘Europe’». Trabajo presentado en el III European Urban Regional Studies Congress. Voss. VESENTINI, J.W. (s.f). «O que é Geografia crítica?»; http:www.geocritica.hpg.ig.com.br/ geocrítica.htm ZUSMAN, P. (2000). Tierras para el rey. La construcción del territorio colonial en el Río de la Plata (1776-1810). Tesis doctoral. Departamento de Geografía, Universitat Autònoma de Barcelona. ZIZEK, S.; JAMESON, F. (1998). Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. Buenos Aires: Paidos. 44 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Perla Zusman DAG 40 001-256 2/1/03 16:19 Página 44