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Disidencia y geografía en España

Gómez Mendoza, Josefina

Abstract

En el artículo se reflexiona sobre las tradiciones disidentes en geografía, rescatando figuras como las de William Bunge o Gunnar Olsson, y proponiendo que no se las haga coincidir en exclusiva con las corrientes radicales. Se analizan también las razones para el escaso eco que tienen actualmente las voces disidentes. Se revisan después tres momentos de la geografía española desde la perspectiva de la disidencia: los años posteriores a la guerra civil con la represión política y las dificultades para hacer estudio local y trabajo de campo; los años finales del franquismo y el inicio de la transición con la extensión de las ideas radicales y marxistas, y el momento actual. Se presentan algunos ejemplos de actitudes y razonamientos disidentes, en relación con la sostenibilidad, las políticas de recursos naturales y la geopolítica. Se termina apostando por el conocimiento serio y riguroso de los territorios y de los procesos de territorialización en relación con las poblaciones socialmente involucradas como actividades socialmente útiles.

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Resumen En el artículo se reflexiona sobre las tradiciones disidentes en geografía, rescatando figuras como las de William Bunge o Gunnar Olsson, y proponiendo que no se las haga coincidir en exclusiva con las corrientes radicales. Se analizan también las razones para el escaso eco que tienen actualmente las voces disidentes. Se revisan después tres momentos de la geografía española desde la perspectiva de la disidencia: los años posteriores a la guerra civil con la represión política y las dificultades para hacer estudio local y trabajo de campo; los años finales del franquismo y el inicio de la transición con la extensión de las ideas radicales y marxistas, y el momento actual. Se presentan algunos ejemplos de actitudes y razonamientos disidentes, en relación con la sostenibilidad, las políticas de recursos naturales y la geopolítica. Se termina apostando por el conocimiento serio y riguroso de los territorios y de los procesos de territorialización en relación con las poblaciones socialmente involucradas como actividades socialmente útiles. Palabras clave: disidencia, geografías críticas, historia de la geografía española, franquismo, desarrollo sostenible, espacios naturales protegidos, cooperación. Resum. Dissidència i geografia a Espanya A l’article es reflexiona sobre les tradicions dissidents en geografia, rescatant figures com les de William Bunge o Gunnar Olsson, i proposant que no se les faci coincidir només amb els corrents radicals. S’hi analitzen també les raons de l’escassa veu que avui tenen les veus dissidents. S’hi revisen després tres moments de la geografia espanyola des de la perspectiva de la dissidència: els anys posteriors a la guerra civil amb la repressió política i les dificultats per fer estudi local i treball de camp; els anys finals del franquisme i l’inici de la transició amb l’extensió de les idees radicals i marxistes, i el moment actual. S’hi presenten alguns ejemples d’actituds i raonaments dissidents, en relació amb la sostenibilitat, les polítiques de recursos naturals i la geopolítica. S’acaba apostant pel coneixement seriós i rigorós dels territoris i dels processos de territorialització en relació amb les poblacions socialment involucrades com a activitats socialment útils. Paraules clau: dissidència, geografies crítiques, història de la geografia espanyola, franquisme, desenvolupament sostenible, espais naturals protegits, cooperació. Résumé. Dissidence et géographie espagnole L’article revise des moments fort des traditions dissidentes, et propose de ne pas les restreindre aux courants de la géographie radicale. Des figures comme William Bunge et GunDoc. Anàl. Geogr. 40, 2002 131-152 Disidencia y geografía en España Josefina Gómez Mendoza Universidad Autónoma de Madrid. Departamento de Geografía Campus de Cantoblanco. Ctra. de Colmenar, km. 15. 28049 Madrid [email protected] Data de recepció: març de 2002 Data d’acceptació definitiva: juny de 2002 DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 131 nar Olsson sont revendiquées. Les raisons pour lesquelles les voix dissidentes au sein de la géographie sont actuellement peu importantes sont analysées. Trois moments de la géographie espagnole sont revisés du point de vue de la dissidence: les années postérieures à la guerre civile (1936-1939) au moment où la répression politique rendait difficile le travail sur le terrain; les années finales du franquisme et le début de la transition politique avec l’extension des idées radicales et marxistes; et le moment actuel. Certains attitudes et travaux dissidents de l’actualité sont analysés, en particulier ceux qui ont à faire avec les politiques de ressources naturelles, le développement durable et la géopolitique. La fin de l’article mise pour une connaissance approfondie des territoires et des processus de territorialisation en rapport avec les populations. Mots clé: dissidence, géographies critiques, histoire de la géographie espagnole, franquisme, développement soutenable, aires protégées, coopération. Abstract. Dissidence and Geography in Spain Reflections on dissident traditions in geography, retrieving figures such as William Bunge or Gunnar Olsson, with the proposal that they should not be made to coincide exclusively with radical currents. Analysis is also made of the reasons why dissident voices are now so slightly heard. Three moments in Spanish geography are then reviewed from the perspective of dissidence: the years following the Civil War, filled with political repression and other difficulties for carrying out local study and fieldwork; the final years of the Franco regime and the onset of the transition to democracy, with the extension of radical and Marxist ideas; and the current moment, with some examples presented of dissident attitudes and reasoning in relation to sustainability, natural resource policies and geopolitics. The article ends by aligning itself with the need for serious and rigorous knowledge of territory and of the processes of territorialisation in relation both to socially implicated peoples and politically useful activities. Key words: dissidence, critical geographies, history of Spanish geography, the Franco regime, sustainable development, protected natural areas, co-operation. It was early 1972 -Hanoi, Watergate, and Haga were in the cards. In one country, dissenters were in prison. In the other, they were put in committees. Prison turns rebels into revolutionaries. Committees silence them for ever. Gunnar Olsson, Birds in egg/Eggs in bird (1980) 132 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza Sumario Las geografías críticas y los disidentes El contexto de la disidencia. Tres etapas de la geografía española De disidencias y disidentes en la geografía actual Consideraciones finales Bibliografía DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 132 Hace poco, uno de los portavoces ingleses de la geografía crítica, Noel Castree, recordando la famosa —y retórica— pregunta de David Harvey de 1973, volvía sobre la misma cuestión: «Do geographers have anything of depth and profundity to say about the key questions of our time?» (‘¿Tienen los geógrafos algo importante y profundo que decir acerca de las temas clave de nuestro tiempo?’). El autor se contesta a sí mismo mostrando cierto escepticismo sobre nuestra capacidad de comunicar y, sobre todo, de comunicar con los oprimidos, marginados y más desfavorecidos (Castree, 2000). Confieso que me cansan bastante estas preguntas recurrentes de autoflagelación. Yo estoy convencida de que la geografía tiene mucho que decir sobre cosas importantes de nuestro tiempo, que bastantes ha dicho, y que muchas más dirá. Pero tampoco se puede ocultar que su presencia pública sobre cuestiones candentes de la actualidad no es precisamente brillante. Que yo sepa, poco o nada han dicho los geógrafos, juntos o por separado, de Afganistán o de los conflictos políticos que estamos viviendo; poco o nada han dicho de la inmigración clandestina, de las pateras que se hunden en el Estrecho, un día sí y otro también, o de los problemas de la integración, de la explotación laboral de los inmigrantes. Sinceramente, me parece extraño pedir voces alternativas en casos en que todavía no hay voz: para que haya alternativa haría falta de entrada que sobre ciertas cuestiones hubiera alguna voz. Se asombra Castree de que, estando ausente la geografía, estén muy presentes, en cambio, en los debates del momento, los lingüistas, los historiadores o los que pertenecen al campo interdisciplinario de los estudios culturales. Sólo puedo ratificarlo. Cualquier lector medio ha podido seguir en los días posteriores al 11 de septiembre de 2001 el debate sobre la existencia —o más bien, sobre la ausencia— de guerra de civilizaciones, y ha leído artículos de Edward Said, de Fernando Savater, de Luis Goytisolo, etc., es decir, politólogos, historiadores, lingüistas, sociólogos, arabistas, etc.; ninguno o casi ninguno de un geógrafo —al menos en el periódico El País, el de mayor tirada de ámbito nacional—. Lo mismo ocurre con la inmigración. Tuve ocasión, en el verano pasado, de participar en California en un congreso sobre la literatura de viajes y me asombró la originalidad, la profundidad y la crudeza con la que se trataba el escándalo de la frontera de Tijuana, ese nuevo «muro de Berlín» como allí fue calificado. Quienes hablaban eran escritores y ensayistas yanquis e iberoamericanos. Me asombró, por contraposición, la falta de reflexión en nuestro país sobre los sucesos de El Ejido, sobre el empleo rural de los inmigrantes, sobre sus condiciones de vida y de vivienda (o de ausencia de vivienda) en nuestras ciudades, sobre los regímenes autoritarios de sus países de origen, etcétera. Es notable en España el caso de los historiadores: están acertando a transmitir opinión fundada sobre nuestro pasado más o menos remoto, o el más reciente, y más en concreto sobre los procesos de construcción nacional y la organización territorial. Pensemos, por ejemplo, en quiénes son los que protagonizan la discusión sobre los aspectos territoriales del terrorismo y la aspiración a la soberanía de ciertos grupos y partidos vascos… Disidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 133 DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 133 Y, sin embargo, me parece que la geografía y los geógrafos estamos particularmente bien situados, por las cuestiones que nos ocupan y las escalas a la que lo hacen, para hablar de temas que mueven a la disidencia: en primer lugar, todo el conjunto de debates verdes, las distintas facetas de la crisis ambiental, el uso sustentable de los recursos y de nuestro patrimonio (agua, montes, suelos, paisajes, patrimonio edificado y tramas urbanas), y también el impacto negativo de determinadas infraestructuras, usos y equipamientos, etc.; en segundo lugar, la pobreza, la marginación y la exclusión en el contexto mundial pero también en las ciudades y territorios de nuestro entorno, los cascos históricos degradados y las periferias urbanas, etc. Naturalmente no pretendo otra cosa que situar el marco de reflexión y en ningún caso hacer un enunciado exhaustivo de cuestiones. En este encuentro sobre la disidencia, de la que no soy en absoluto buena conocedora, trataré de aportar elementos al debate, sobre todo en relación con España1. Parto del hecho de que es útil que repasemos nuestra historia colectiva para poder situarnos con corrección; pienso también que la corporatización actual de la universidad y la emergencia de una profesión geográfica necesariamente mercantilizada, reducen considerablemente el campo de la disidencia geográfica y del activismo. Pero ni mucho menos impiden aportaciones notables. Entre otras cosas porque estoy convencida de que el conocimiento serio, comprometido con el saber, es socialmente útil. Antes de entrar a comentar la geografía española, voy a hacer algunas consideraciones previas. Es una cuestión de mucha enjundia y espero acertar con los términos del planteamiento, tanto más cuanto que la literatura sobre la cuestión se está volviendo sumamente interesante e insiste en que no se trata tanto de qué se enseña y qué se investiga, sino de cómo se enseña y cómo se investiga (Blunt y Wills, 2000, p. XI). Las geografías críticas y los disidentes Quisiera hablar primero de geografía crítica y de geografía de la diferencia, en cuanto parece que, en principio, la disidencia les está vinculada. En el texto más reciente sobre las geografías disidentes, se afirma taxativamente que son las tradiciones radicales de la geografía (en las que sólo se incluye anarquismo, marxismo, feminismo, lucha por la liberación sexual y poscolonialismo) las que han permitido desarrollar un número de ideas disidentes (Blunt y Wills, 2000). Castree se muestra más precavido al poner de relieve que el desarrollo del currículo no siempre permite tener claro para quién hablan los geógrafos de izquierda y «qué es lo que hace a la geografía crítica ser “crítica”» (Castree, 2000, p. 2). Parece existir, añade este autor, una relación inversa entre la situación boyante en la que se encuentra la izquierda dentro de la geografía acadé134 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza 1. Quiero agradecer muy sinceramente a Perla Zusman la amable ayuda que me ha prestado suministrándome una bibliografía especializada. DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 134 mica y la suerte de la izquierda más allá de los muros universitarios (Castree, 2000, p. 1). Cuando se reivindica el pasado de las tradiciones autodenominadas «radicales» o «críticas», no hay que olvidar que no siempre se han mostrado sensibles a la diferencia y a la diversidad. Es más: fue el giro cultural de la geografía el que reintrodujo la preocupación por analizar las diferencias en una disciplina que quería volverse nomotética cuando siempre había fundado su razón de ser científica y académica en el estudio de la diferencia territorial. Es algo que recordaba recientemente Jane Jacobs en su editorial de Transactions sobre «la diferencia y su otro» (Jacobs, 2000) y que yo analicé en su momento al criticar el estructuralismo de los marxismos geográficos: la lógica de las totalidades expulsa la posibilidad de la particularidad y la diferencia (Gómez Mendoza, 1986, p. 20-32). Cierto es que en estudios posteriores David Harvey se preocupó por las políticas de la diferencia (Harvey, 1996). Pero, como dice Jacobs, en este libro, el autor, aunque simpatizando con la diferencia, no deja de alertar sobre los riesgos que percibe en los objetivos de una academia y de una política demasiado pendientes de ella. Lo mismo cabe decir de la reciente reconciliación de Harvey con lo local y el lugar, más como particularismo militante para oponer al capitalismo global que como categoría geográfica. De modo que la geografía radical, al menos en su versión de marxismo estructural, no siempre ha mostrado sensibilidad hacia la diferencia y lo diverso. Desde mi punto de vista, las disidencias no deben nunca ser entendidas de modo acaparador y excluyente: no deben identificarse en exclusiva con ciertas posiciones políticas, sino que, antes bien, deben encontrar su legitimidad y su valor en su propio carácter y en su propia práctica. Discrepo de la asignación en exclusiva de la actitud y de la capacidad críticas a las ideologías marxistas, anarquistas, etc. ¡Me resisto a pensar que la geografía no había producido pensamiento crítico hasta 1973! La segunda cuestión que quiero abordar con carácter general, es la falta de paralelismos rigurosos que siguen los itinerarios angloamericanos y los mediterráneos, o más en concreto los ibéricos. Sería un error olvidar que las cronologías geográficas no coinciden, por el doble motivo del distinto contexto y de la distinta formación. En España, la dictadura duró de 1939 a 1976, con todo lo que ello conlleva, de aislamiento y de persecución del pensamiento crítico, lo que dio lugar a una situación muy diferente de los países ibéricos en relación con otros países de su entorno. Como diré después, esto suscitó formas de resistencia y de disidencia, quizá difícilmente homologables a las que actualmente se consideran así, pero extremadamente valiosas y valientes por la posibilidad de represalia que conllevaban. Esto motivó también situaciones universitarias, académicas y profesionales muy politizadas, particularmente en la etapa tardofranquista de la segunda mitad de los sesenta y de los primeros setenta, que probablemente tenían más que ver con la posibilidad de explotar las fisuras de la dictadura para avanzar hacia la democracia, que con un pensamiento radical. Pondré un ejemplo: en Madrid, a principios de los años Disidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 135 DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 135 setenta, se estimaba en torno al centenar el número de arquitectos cercanos al Partido Comunista (ya fueran «revisionistas» u «oficialistas»). Por no citar Barcelona —que siempre «nos» llevaba «la delantera»—, donde se disponía de la referencia de la espléndida historia de Pierre Vilar sobre la Cataluña en la edad moderna, y Manuel Sacristán era el maître à penser de muchos de los que entonces tenían algo que decir. Por lo que se refiere a las diferencias de formación, me voy a permitir ilustrarlo con otro ejemplo que a estas alturas puede resultar paradójico. En los años finales de la dictadura, pocos eran en nuestro país (lo mismo que en Francia, en Italia, Portugal o Grecia…) los jóvenes que, si tenían ciertas «inquietudes», como se decía entonces, carecieran de una formación elemental, más o menos autodidacta, sobre marxismo y sus conceptos básicos; los que más directamente militaban (o militábamos) contra el régimen tenían (teníamos) una relativamente sólida formación sobre la crítica marxista del capitalismo forjada en voluntariosas y áridas lecturas en libros editados primero en las imprentas soviéticas y luego en las editoriales francesas o italianas, como la célebre François Maspero, y, pronto, en las versiones castellanas del Fondo de Cultura Económica, de la editorial Grijalbo, de Siglo XXI o de editoriales alternativas como Ciencia Nueva, empresa creada en cooperativa por militantes de izquierda, o la injustamente olvidada Ruedo Ibérico que dirigía José Martínez, uno de los grandes anarquistas que ha tenido este país y todavía más injustamente olvidado. Fue en Ruedo Ibérico donde se publicó el famoso libro sobre La estabilidad del latifundismo de Joan Martínez Alier, obra de descubrimiento y de referencia para muchos de nosotros. Y también se editaron en aquellos años, por la editorial Grijalbo, si la memoria no me traiciona, las obras de Sweezy y de Baran, los impulsores de la economía marxista norteamericana y de la revista Monthly Review, bastión intelectual, en aquellos años, de la disidencia yanqui. Pues bien, en estas circunstancias, vino, creo que ya muerto Franco, David Harvey a la Universidad Autónoma de Madrid. Pronunció una conferencia y mantuvo, con la simpatía y generosidad que le caracterizan, una reunión con algunos jóvenes profesores. La afirmación que hizo de que dedicaba casi la totalidad de su tiempo a dar clases de marxismo y más, en concreto, de El Capital en los distintos departamentos de la Johns Hopkins University, nos dejó atónitos. Mantuvo que se proponía no volver a explicar la teoría del lugar central o cualquiera de los temas obligados de geografía de la localización, él que era uno de los grandes expertos en la materia. Nosotros no podíamos entender que se careciera de una formación marxista básica en una universidad como la Hopkins, nosotros que, por aquel entonces, estábamos tratando de descifrar las complejísimas elaboraciones de origen althusseriano de los miembros del Centro de Investigaciones Sociológicas de París, empezando por Manuel Castells y su Cuestión urbana, y siguiendo con los herméticos textos de André Preitecelle, Christian Topalov («el bello Topalov» como decían algunos permitiéndose una frivolidad entonces poco usual) y varios otros que, al iniciarse la vida de los ayuntamientos democráticos, visitaron Madrid, Barcelona y 136 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 136 otras ciudades españolas, requeridos por los nuevos responsables políticos, arquitectos, economistas, más rara vez, geógrafos. Recuerdo que unos años antes, en pleno pre-sesenta y ocho, Pierre Vilar me había comentado, a la salida de la École Pratique des Hautes Études: «Ce pauvre Althusser, il veut dire comment lire Marx. Alors qu’il n’arrive même pas à le lire en allemand». De entonces me viene el gran complejo de no haber podido leer a Marx en alemán, y lo que con el tiempo se convertiría para mí en más importante, de no poder leer nada más que traducciones de Humboldt, de Ritter, de Richthofen, del propio Ratzel. Bastó esa frase de Vilar para hacerme dudar de si realmente entenderíamos a Marx: todavía años más tarde había quien daba como libro de texto de geografía humana el famoso «catecismo marxista» de preguntas y respuestas de Marta Harneker. No me resisto a contar otro suceso bien ilustrativo de las distancias que separan mundos culturales y llaman a la cautela antes de hacer transposiciones fáciles. Éste es más reciente. Durante la guerra del Golfo, las universidades, y en ellas los departamentos de geografía, estaban mayoritariamente en contra. Queriendo ilustrar a sus estudiantes sobre las razones de esta oposición, los colegas de una universidad de nuestro país convocaron para dar una conferencia a Yves Lacoste, el bien conocido director de la revista Hérodote. Cuando Lacoste, tras ser presentado a un auditorio repleto y ávido como un disidente, el autor de La geografía, un arma para la guerra2, empezó a hablar, se llevaron la sorpresa de escuchar a un firme partidario de la intervención occidental. Confusiones producidas por extrapolaciones apresuradas. Tercera y última cuestión previa: las relaciones entre la academia y el activismo. Los escritos actuales de la geografía anglosajona que hablan de la disidencia reclaman unas relaciones más próximas entre el investigador y el investigado, que los geógrafos se conviertan en activistas, se involucren en las situaciones de marginación, injusticias o reivindicación. Constatan la distanDisidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 137 2. En su edición original, el libro tiene el título más elocuente y provocador de: La géographie, ça sert, d’abord, à faire la guerre, y fue publicada en la Petite collection de Maspero (París, 1976). En su última página se reconoce expresamente que la postura adoptada es militante: «Critiquer, c’est mettre en crise. Polémiquer, c’est faire la guerre. / Nous ne réformons pas la géographie, nous la retournons contre nos adversaires / C’est d’une guérilla épistémologique qu’il s’agît: escarmouches idéologiques, embuscades théoriques seraient dérisoires si ne s’en dégagait une géographie alternative et combattante. / Cette géographie en informant la pratique des militants, des syndicalistes et informée par elle, permettrait au groupes dominés de mieux situer l’ennemi, de mieux connaître et mieux choisir le terrain» (p. 186-187, énfasis mío). Sólo un año después se tradujo el libro y también artículos de los primeros números de Hérodote, revista fundada por Lacoste, en una edición a cargo de Nicolás Ortega y con el título de Geografía, ideologías, estrategias espaciales, Madrid: Dédado ediciones, 1977. En las líneas finales de esa edición, Ortega afirmaba la pretensión de «saber pensar el espacio profundamente interrelacionado con la práctica social» (p. 21). Diez años más tarde, Nicolás Ortega situaba en la primera página de su libro Geografía y Cultura, editado por Alianza Universidad, los siguientes versos de Octavio Paz: «Algunos quieren cambiar el mundo / otros leerlo / nosotros queremos hablar con él». Todo ello muestra, en mi opinión, la importancia de tener en cuenta la cronología de los hechos en cada lugar. DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 137 cia que se establece entre la vida investigadora y la vida privada y pública, incluso para los militantes de alguna causa. Piden «action research methods», métodos activos de hacer geografía, desde el frente de lucha (Kitchin y Hubbard, 1999). No me agrada mucho que siempre que se habla de este tipo de actitudes, se recurra a metáforas bélicas y militares (frente de batalla, bases, trincheras, etc.). Pero, sobre todo, sobre esta cuestión, me parece justo recordar a dos grandes geógrafos disidentes, injustamente relegados al olvido por la academia ortodoxa, pero también por la supuestamente más heterodoxa. Me refiero a William Bunge, el autor de la espléndida Theoretical Geography de 1962 y a Gunnar Olsson, niños mimados ambos de la geografía analítica y que emprendieron con otros, con Richard Peet, con David Harvey, el camino de la radicalización en los años de Vietnam, sólo que quizá lo recorrieron hasta el final, siguiendo la lógica de que la verdadera geografía es la del pueblo. Son dos casos distintos. En relación con el de Bunge, he estudiado en otro lugar cómo se pasa de ser el iniciador de la Asociación de Geógrafos Matemáticos y niño mimado del establishment universitario americano a ser militante pro derechos humanos de Fitzgerald, el gueto negro de Detroit (Gómez Mendoza, 1988): No podía ver [el mundo que me rodeaba] porque había quemado mi vida entre libros […] pero [las jóvenes negras luchadoras] me hicieron invertir mi escala de valores y escribir un libro sobre una milla cuadrada en medio de la zona industrial negra de Detroit: Fitzgerald, mi propio barrio. Pero Fitzgerald no empezó como geografía. […] Fue una sorpresa para mí descubrir un día que todos los mapas para la propuesta y todas las fotografías requerían un formato poco común, un formato de atlas. ¡Dios mío, esto es una geografía! Había comenzado a ser útil y resultaba que había escrito un libro de geografía. Esto me persuadió de la utilidad social de la geografía, así como de la necesidad de hacer tomar tierra a los problemas globales y situarlos a la altura de las vidas normales de la gente. (Bunge, 1979) (Traducción y énfasis mío) Es así como Bunge entra en contacto, vital y geográfico, con esos paisajes ocultos e inexplorados de América, los del slum, las ciudades de la muerte, las de la difícil supervivencia de las minorías étnicas y sociales. En Fitzgerald, Bunge establece «su base» para la «expedición urbana», adoptando el lenguaje más geográfico de la expedición. Son indudables los excesos de Bunge, es seguro que muchas veces resulta exasperante, pero ello no hace menos injusto que se le haya olvidado (o renunciado a conocerle, o a acompañarle en su deriva), incluidos aquéllos que forman parte de lo que me atrevería a llamar «la ortodoxia radical». Algo parecido ha ocurrido con Olsson. También su trayectoria ha sido excesiva, pero me cuesta aceptar que uno de los grandes críticos de la ingeniería social, que uno de los más agudos analistas de hasta qué punto entraña una trampa de lenguaje el pasar del lenguaje causal de las ciencias sociales al lenguaje de la ingeniería social prescriptiva sea absolutamente ignorado por los 138 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 138 geógrafos3. El paso que dieron Bunge y Olsson fue tan enorme que ambos, no es que fueran relegados por los geógrafos al baúl de los recuerdos, sino que fueron pura y simplemente tachados como imposibles. Las excentricidades cansan, pero ¿qué geografías críticas o disidentes son las que arrojan al olvido un libro como Birds in egg/Eggs in bird (1980), comentado por filósofos, lógicos, politólogos o estudiosos de las políticas públicas? El contexto de la disidencia. Tres etapas de la geografía española Con los criterios dados sobre la ambigüedad y la contradicción al encarar la disidencia, me voy a referir ahora a las circunstancias de la práctica de la geografía en España en la segunda mitad del siglo pasado en tres momentos significativos: los decenios posteriores a la guerra; el final del franquismo y el principio de la transición democrática, y el momento actual. En un artículo de Ería publicado en 1997 puse de manifiesto el valor que tuvo en la España fascista de posguerra y en plena guerra mundial, el que el Instituto Juan Sebastián Elcano renunciara ex profeso a hacer geopolítica como en parte se le había encomendado: estudiar «el suelo patrio y el imperio». La geopolítica era para Amando de Melón, en aquel momento, «ciencia de propaganda, hueca fraseología de discursos políticos». Frente al objetivo oficial, los responsables de la investigación geográfica se propusieron poner a punto un programa, largo pero constante, de monografías comarcales y regionales para lograr el conocimiento veraz de la realidad plural de España (Gómez Mendoza, 1997). No estoy manteniendo que esto fuera disidencia. Estoy refiriéndome a algo más importante. Sólo quien sabe del clima de miseria (material, intelectual y moral) de la posguerra, de las heridas abiertas por una guerra civil de tres años, así como por una represión y una vigilancia extremas, del encanallamiento civil, del total aislamiento de nuestro país en aquellos años, puede valorar el esfuerzo, el sacrificio y el compromiso que exigieron estas investigaciones, algunas de las cuales permanecen entre lo mejor de nuestro patrimonio de geógrafos. Lluís Solé Sabarís, contando la historia de la Societat Catalana de Geografia, llamó a esta época el «tiempo de las catacumbas». Salvador Llobet, el autor de la primera tesis de geografía regional, comentaba que para su trabajo de campo sobre el Montseny, tenía que tomar precauciones para no ser conDisidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 139 3. «I lost interest in location theory. To stay sober, I started on the weaving. […] As the tapestry slowly took shape, its content changed. So did its message and so did its tittle. What was meant as a Reader became Geography and Social Engineering, which turned into The Logic of Geography and Social Engineering and then into A Critique of Reasoning Rules. For a while it was about Thought and Action, about Theory and Practice, about Certainty and Ambiguity. But every time I returned, I saw more surrealism. Everything was tied to everything else. Nothing was what it appeared to be. The mask conceald and the actor hides behind it. It is impossible to break out, for the fetters are our own. Max Ernst saw it clearly. Hence, the title Birds in Egg. But it could have been Eggs in bird, or Eyes in Eyes, or The Face and the Ass, or An Introduction to the Art of Shadows» (Olsson, 1980, preámbulo). DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 139 Los parques y las reservas, en una escala comercial, vendrían a ser un ejemplo de mercancía cultural de evocaciones románticas y alto valor de mercado, al menos vista desde las capas ilustradas de las áreas urbanas; no tanto desde las sociedades rurales más próximas al espacio «natural» acotado. En términos postmodernos, cabría decir que en estos «santuarios», tomados como hechos discursivos, se reúnen, en el escalafón preciado de su gama semántica, los dos paradigmas hegemónicos en el discurso ambiental contemporáneo; el éticoutópico y el tecnocrático. (Ojeda, González Faraco y Villa Díaz, 2000) En el río Guadiamar, en el que ocurrió la catástrofe del vertido tóxico de las minas de Aznalcóllar, en el estuario del Guadalquivir, en los litorales andaluces en general, sometidos a la explotación intensiva turística, minera o agrícola, se da una concepción fragmentada del territorio, parecida a la de las visiones coloniales. Se sustrae una parte del territorio de las relaciones que lo conforman como recurso en sí, atomizándolo en una serie de islas yuxtapuestas o enfrentadas en las que prima la monoproducción, el deterioro del sistema territorial en su conjunto por la explotación intensiva de uno de sus componentes (Ojeda, 2001). Lo que hay de poco convencional en un caso como el de Juan Ojeda es que siempre ha estudiado su tema en contacto con las poblaciones involucradas. Todavía recuerdo el acto de presentación de su tesis en 1985, ante un auditorio cuajado de almonteños fervorosos, algunos sin duda cazadores furtivos del parque, que vivieron con pasión su intervención y las nuestras, las de aquellos que formábamos parte del tribunal y que asistimos, no sin cierto asombro, al otro «acto», al de la escenificación de una identidad comunitaria. El otro rasgo de Ojeda que se sale del patrón investigador dominante es su voluntad de compartir con otros esta forma de hacer: desde luego con geógrafos, pero también con historiadores, educadores, literatos: éstos fueron sus compañeros de viaje cuando estudiaron la conversión de Doñana en un mito romántico y educacional. Vamos ahora a otro talante geográfico, que coincide con el anterior en la puesta en cuestión de las políticas ambientales presuntamente correctas y en el fuerte compromiso con una comarca. Se trata de la profesora de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Málaga, María Luisa Gómez Moreno, y de la defensa que hace del valle del Genal, en el traspaís de la Costa del Sol, amenazado por una presa prevista por la Confederación Hidrológica del Sur y por el Plan Hidrológico Nacional. María Luisa ha trabajado sobre el monte mediterráneo y el desarrollo endógeno. El valle del Genal —que tuve ocasión de visitar con Gómez Moreno y otros integrantes del grupo de defensa del mismo durante el mes de diciembre de 1999 con motivo del Congreso Nacional de la AGE que se estaba celebrando en Málaga— constituye uno de los escasos ejemplos que se conservan en Andalucía de modelo de gestión histórica de la montaña mediterránea: Este modelo se basa en la organización del poblamiento en torno a los recursos hídricos y en el aprovechamiento mediante distintos usos (montanera, 146 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 146 arboricultura de vertiente, terrazas de regadío) de las diferentes potencialidades ofrecidas por el medio, generando un mosaico de paisajes y de prácticas culturales que configuran un extraordinario patrimonio cultural. A estos valores hay que sumar en el orden ambiental, los de sus ecosistemas bien conservados y altamente diversos. (Gómez Moreno, 1998, contraportada) El libro con el que el Grupo de Trabajo Valle del Genal decide dar a conocer su valoración de los paisajes moriscos del mismo, la agresión irreparable que puede suponer el embalse y la alternativa de desarrollo endógeno que se propone, tiene un nombre bien elocuente y está editado en una colección también significativa. El Genal apresado (piénsese en el Aragón expoliado, en la Extremadura saqueada, ambos ya mencionados), con el subtítulo alternativo de Agua y planificación: ¿desarrollo sostenible o crecimiento ilimitado?, ha sido publicado por Bakeaz, que es una organización pacifista no gubernamental, fundada en 1992. Coagret está constituida, al parecer, por colectivos de comarcas, pueblos y gentes afectadas por las grandes obras hidráulicas y personas e investigadores interesados por la hidrología y que piensan que se necesita un cambio radical en la orientación de la política hidráulica española (Federico Aguilera Klink, Pedro Arrojo, José Manuel Naredo, Fernando Díaz Pineda, Leandro del Moral, Narcís Prat, etc.). La colección lleva el nombre de la «Nueva cultura del agua» que se promovió en el Congreso Ibérico sobre Planificación y Gestión de Aguas, animado por el economista Pedro Arrojo. El libro constituye un trabajo colectivo, multidisciplinario y en el que los afectados también están representados con sus puntos de vista. Talante de compromiso, pues, talante disidente también, en relación con las posiciones que dominan la planificación hidráulica en el ámbito estatal y en el autonómico con repercusiones en los territorios locales y en sus paisajes. Mi siguiente ejemplo también se refiere al agua, aun cuando lo mismo podrían traerse a colación otros recursos como el forestal o el paisaje. Pero quizá el tema hidrológico tiene perfiles más nítidos. Me refiero a Leandro del Moral, autor de una tesis sobre la gestión del agua en el bajo Guadalquivir y uno de los más contestatarios de la orientación planificadora y productivista de los recursos hídricos; esta tendencia está, a la postre, durando más de lo se podía pensar cuando fracasó el Plan Hidrológico Nacional que el ministro Borrell, del gabinete socialista, presentó en 1993. Los supuestos de Del Moral son, sin embargo, distintos: planteamientos geopolíticos, escala estatal o regional, inquietudes y reivindicaciones de ordenación territorial. Su trayectoria de defensa del paso de un modelo de gestión del agua basado en las obras hidráulicas para satisfacer la oferta a otro que trate de gestionar la demanda es común a economistas y ecólogos como los citados con anterioridad. Su originalidad geográfica estriba en su insistencia en la dimensión territorial del agua: el Plan Hidrológico Nacional de 2001 consagraría un modelo territorial insostenible de congestión de las zonas turísticas, tanto a escala nacional como de cuenca. Leandro del Moral acaba de mantener estas posturas en dos ocasiones bastante significativas desde la óptica de la disidencia. Por una parte, con su dicDisidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 147 DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 147 tamen crítico al (entonces) Anteproyecto de Plan Hidrológico Nacional. El suyo, el de Luisa María Frutos y el de Francisco López Bermúdez (aunque éste último no pueda ser considerado crítico) son los únicos dictámenes procedentes de geógrafos incorporados al libro que ha editado Pedro Arrojo. Por otra parte, en el número especial que Hérodote ha dedicado a la Géopolitique de l’eau, Del Moral ha incluido sus referencias críticas con el título «Planification hydrologique et politique territoriale en Espagne». Sus primeras palabras no dejan lugar a dudas sobre su intención: La planification hydrologique fait l’objet d’âpres polémiques en Espagne. Le modèle actuel de planification, fondé sur une augmentation de l’offre d’eau dans les régions souffrant de pénurie, est de plus en plus critiqué. Ces critiques remettent en cause le rôle de l’État dans la gestion des inégalités hydriques et réclament un débat sur la définition d’un cadre territorial pour la conception et la mise en œuvre des plans hydrauliques. En Espagne, le problème de la gestion des eaux et de leur répartition est donc un élément central de l’aménagement du territoire. (Del Moral, 2001, p. 87) Por cierto que esta posición no coincide enteramente con la mantenida por Yves Lacoste en el primer artículo del mencionado número de Hérodote: para él, la campaña contra los embalses de los ecologistas es muy reciente y las obras hidráulicas, hasta ahora sinónimo de buena política, se saldaban con cuantiosas indemnizaciones que eran cobradas por las poblaciones receptoras mientras las disimulaban transformándolas en nostalgia cinematográfica y/o musical. Juicio tan sarcástico y tan poco compasivo en nada corresponde a las posiciones mantenidas por Leandro del Moral o María Luisa Gómez Moreno (Lacoste, 2001, p. 3 y 10-11). Cambiemos de registro. Me voy a referir, para terminar, a otro campo de reciente inauguración para el trabajo geográfico en España: el de la cooperación internacional. Tampoco en este caso sé exactamente si se corresponde con disidencia, pero desde luego sí con compromiso. Un ejemplo válido es el de la experiencia investigadora y cooperadora en relación con un proyecto de desarrollo sostenible en el entorno de un espacio natural protegido de alto interés ecológico desarrollado en la frontera agrícola de Paraguay, cercano también a la frontera política con Brasil por un grupo de la Universidad Autónoma de Madrid bajo la dirección de Rafael Mata Olmo7. Lo que me interesa subrayar de este caso son varias cosas: en primer lugar, sin duda, el salto internacional a un ámbito desfavorecido de frontera dentro de un programa de cooperación con organizaciones no gubernamentales; en segundo lugar, el carácter de los conflictos que en este ámbito se dan entre 148 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza 7. Se trata de la cuenca hidrográfica del alto Jejuí (afluente del río Paraguay), un espacio de aproximadamente 300.000 ha. en la Región Oriental de Paraguay, perteneciente a la ecorregión del bosque paranaense o bosque atlántico tropical. DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 148 áreas protegidas y pobladores locales y emigrantes que se encontraban asentados previamente desarrollando actividades agropecuarias y extractivas. El conflicto entre conservación y desarrollo rural se da aquí con una dimensión a la vez local, regional y planetaria. En zonas como la de estudio, la tierra es a la vez soporte de un patrimonio biológico valioso, y recurso, valor de uso, en ocasiones de cambio, para campesinos sin tierra, para comunidades indígenas o para especuladores y grandes explotaciones agrosilvopastoriles que intervienen en el espacio a otra escala (Mata Olmo, 1999). Otra novedad de los trabajos del estilo de los mencionados es que analizan el papel de las ONG, sin duda nuevo agente e interlocutor geográfico de creciente papel. Se advierten las capacidades y ventajas de las ONG para intervenir a escala local en cuestiones de conservación y desarrollo y para mediar con donantes y organismos financieros. Sin embargo, su papel sustitutorio del Estado está siendo tan considerable que, en ocasiones, se ha advertido profesionalización eficiente y desaparición del voluntariado: […] a veces al frente de las organizaciones [se consolidan] «técnicos multidisciplinarios bien remunerados y eficientes» (a veces no los más críticos) y propenden a reproducir unas estructuras organizativas fuertemente jerarquizadas y hasta burocratizadas, lejos de los principios originarios de este tipo de instituciones. Este tipo de comportamientos puede redundar negativamente en los principios de participación y autonomía que inspiran las nuevas metodologías del desarrollo rural. (Mata Olmo, 2001) Así administradas, las donaciones de organismos del Norte para conseguir «el lavado verde de sus conciencias» (y de su imagen) pueden dar lugar a situaciones paradójicas y hasta contraproducentes: en la zona de cooperación de Paraguay coexisten una excelente reserva natural con falta de actuaciones para mejorar las condiciones de vida de una población campesina e indígena que presiona cada vez más sobre esa «reserva isla». Estamos, pues, ante circunstancias que evocan (salvadas las distancias) las de Doñana, pero con otra escala, otros intereses, otros agentes, otro funcionamiento económico. Me voy a detener aquí, lo que no quiere decir que no haya muchos otros casos y enfoques que puedan servir como ejemplos de un renovado compromiso y una renovada actitud crítica (y disidente) de los geógrafos españoles sensibles en muchas cuestiones, en muchos ámbitos, en muchas escuelas y grupos. Consideraciones finales He pretendido, con lo que antecede, ilustrar unos comportamientos y unos talantes, cuando no disidentes, sí poco conformistas. Ellos y otros están aportando además renovados razonamientos geográficos. Me parece necesario concluir insistiendo en ciertos hechos, algunos de los cuales ya han sido evocados. La actitud y la reflexión críticas, la sensibilidad por los problemas de la pobreza, la marginación, la exclusión y el deterioro ambiental no pueden ser Disidencia y geografía en España Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 149 DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 149 monopolizados por ninguna ideología. Es más, la comprensión de la diferencia y la actuación positiva para la corrección de la marginación proceden, con seguridad, de círculos y corrientes muy distintos. Piénsese, por ejemplo, que no tienen por qué estar próximos materialistas dialécticos y defensores de la libertad sexual. La academia actual, con sus requisitos para poder hacer una carrera universitaria, con los protocolos de oficio establecidos y las exigencias de productividad normadas, no favorece el ambiente de disidencia. Profesores e investigadores parecen haber aceptado esta situación y haber plegado sus comportamientos personales a esas exigencias. Es más, en la coyuntura actual de falta de plazas para renovar las plantillas de la enseñanza media y de la universidad, parece como si los que están «fuera» estuvieran también aceptando el statu quo y mimetizando los comportamientos de los que están «dentro». No corren pues tiempos favorables para el pensamiento crítico y la universalización de la función pública que hizo la LRU pudo dar, a mi juicio, un golpe de gracia a esta posibilidad. Con un riesgo añadido, que está muy lejos de ser menor: que determinadas actitudes y problemáticas aparentemente críticas y disidentes sean fagocitadas por el sistema, o más exactamente por grupos que saben hacer de ellas vehículos de promoción en los límites de permisividad de lo «políticamente correcto». En estas circunstancias, el trabajo profesional por encargo, que parece ser el sector que más crece en la geografía, tampoco se aviene a actitudes contestatarias. Los clientes mandan y sus demandas, los ritmos de los encargos, sus condiciones, resultan más limitantes aún que la carrera académica. La demanda estudiantil de solvencia profesional y de formación técnica dificulta a su vez el desarrollo de una enseñanza reflexiva y crítica. Entre los clientes de esa geografía profesional, las administraciones autonómicas resultan ser las principales. Son ellas las que encargan, editan libros y revistas con el resultado de las investigaciones y trabajos. Son ellas también las que orientan el trabajo científico a través de sus convocatorias de I+D+i. Los geógrafos, que poco o nada participaron en el desarrollo del Estado de las Autonomías, se han adaptado en cambio bien a su funcionamiento. Ello explica en parte que ni ellos ni otros profesionales discutan demasiado ni su existencia ni su pertinencia y respondan con facilidad a las demandas autonómicas de contribuir a construir identidad autonómica, a escribir geografías de las comunidades autónomas. Lo mismo exactamente para lo que fue utilizada la geografía en su día por el Estado nación. Como he señalado hace poco, las autonomías siguen disponiendo de un «estado de gracia» en su relación con los ciudadanos (y con los profesionales de la academia) que hace tiempo que perdieron la Administración central y el Estado. De ahí que pocos sean los geógrafos que reclamen más profundidad en el ejercicio de la democracia en el ámbito autonómico. Aunque sea testimonial, yo me sumo a ellos: debemos plantearnos el avanzar en esta dirección. Finalmente, de las destrezas tradicionales de la geografía escolar e investigadora, el trabajo de campo sigue siendo, a mi juicio, una de las que presenta 150 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Josefina Gómez Mendoza DAG 40 001-256 2/1/03 16:21 Página 150 mayores potencialidades. Con la salvedad de que no puede haber distanciamiento entre los que están allí donde vamos y nosotros que los estudiamos. Esa distancia tiene que ser resuelta precisamente a través de nuestro trabajo. Bunge advirtió en una ocasión de la «explotación» a la que los investigadores en ciencias sociales someten a las poblaciones que estudian. Cuando un encuestador llega al gueto, decía de modo muy gráfico, probablemente él es la primera vez que va, pero los habitantes del gueto ya han visto a cientos de encuestadores. Como dijo Clifford Geertz: «Lo que antes parecía sólo técnicamente difícil, situar “sus” vidas en “nuestros” trabajos, se ha vuelto moral, política, y hasta epistemológicamente, delicado». Dicen Didya Delyser y Paul Starrs, autores de una recopilación reciente sobre fieldwork: El trabajo de campo se desarrolla, individual y colectivamente, en relación con los lugares en los que se trabaja. […] Cuando los lugares son olvidados por los geógrafos, descuidados por la investigación, cuando se permite que se conviertan en una curiosidad o en una laguna cultural, es en parte nuestra culpa. Los geógrafos saben cosas que los demás no saben. Aprendemos sobre nosotros mismos en el campo; aprendemos sobre los lugares, trabajando en ellos. Cualquiera que sea nuestro grado de compromiso teorético, es lo que sabemos sobre una parte del mundo —o sobre todo él— lo que constituye nuestro acervo inicial. Y con ello comienza el trabajo de campo. (Delyser y Starrs, 2001, p. VII). Bibliografía BLUNT, Alison; WILLS, Jane (2001). Dissident Geographies. An Introduction to Radical Ideas and Practice. Essex: Prentice Hall. BUNGE, William (1979). «Perspective on Theoretical Geography». Annals of the Association of American Geographers, 69 (1), p. 169-174. CASTREE, N. (2000). «Commentary. What kind of critical geography for what kind of politics?». Environment and Planning A, 32, p. 2091-2095. DELYSER, Dydia; STARRS, Paul (2001). «Doing fieldwork: Editor’s Introduction». The Geographical Review, 91 (1-2), p. IV-VIII. DÍAZ OJEDA, Francisco J.; OJEDA RIVERA, Juan F. (1994-1995). «Politique de protection des espaces naturels. Le cas andalou». 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