Resumen Se ha afirmado que las narrativas de viaje de mujeres son diferentes de las de los hombres y que su mirada sobre Oriente es menos despectiva. Sin embargo, el análisis de la intersección de los discursos de género, clase, nacionalidad y raza problematiza estas afirmaciones y nos muestra que las narrativas y experiencias de vida de las mujeres son ambivalentes; así pues, se pueden observar tanto complicidades como resistencias al hecho colonial, dependiendo de la posición particular en la mencionada intersección. Pero aunque las narrativas de mujeres no se aparten necesariamente del discurso colonial hegemónico (tal como lo presentó originalmente E. Said), no dejan de estar determinadas por el género. En este artículo se estudian las figuras de dos viajeras que visitaron diferentes partes del mundo árabe en época colonial. Isabelle Eberhardt (Ginebra 1877-Aïn Sefra 1904) viajó por Túnez y Argelia, y Gertrude Bell (County Durham 1868-Bagdad 1926) pasó la mayor parte de su vida adulta en Oriente Medio. Palabras clave: viajeras, Isabelle Eberhardt, Gertrude Bell, narrativas de viaje de mujeres, geografía feminista, poscolonialismo, Oriente Medio. Resum. Viatgeres europees pel món àrab: una anàlisi des de la geografia feminista i poscolonial S’ha afirmat que les narratives de viatge escrites per dones són diferents de les escrites pels homes i que la seva mirada sobre l’Orient és menys despectiva. Però l’anàlisi de la intersecció dels discursos de gènere, classe, nacionalitat i raça problematitzen aquestes afirmacions i ens mostra que les narratives i experiències de vida de les dones són ambivalents; en efecte, es poden trobar complicitats i alhora resistències al fet colonial, segons la posició particular en l’esmentada intersecció. Però encara que les narratives de dones no s’apartin necessàriament del discurs colonial hegemònic (tal com el presentà originàriament E. Said), aquestes no deixen d’estar determinades pel gènere. En aquest article s’estudia la figura de dues viatgeres que visitaren diferents parts del món àrab. Isabelle Eberhardt (Ginebra 1877Aïn Sefra 1904) va viatjar per Tunísia i Algèria, i Gertrude Bell (County Durham 1868-Bagdad 1926) va passar la major part de la seva vida adulta a l’Orient Mitjà. Paraules clau: viatgeres, Isabelle Eberhardt, Gertrude Bell, narratives de viatge de dones, geografia feminista, poscolonialisme, Orient Mitjà. Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 105-130 Viajeras europeas en el mundo árabe: un análisis desde la geografía feminista y poscolonial Maria Dolors Garcia Ramon Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Geografia 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain
[email protected] Data de recepció: desembre de 2001 Data d’acceptació definitiva: març de 2002 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 105
Résumé. Voyageuses européennes dans le monde arabe: une analyse à partie de la géographie féministe et postcoloniale On a affirmé que les récits de voyages des femmes sont différents de ceux des hommes et que leur regard sur l’Orient est moins dépréciatif. Toutefois, l’analyse de l’intersection des discours de genre, de classe, de nationalité et de race nous montre que ces affirmations sont hasardeuses et que leurs récits et expériences de vie sont ambivalents; ainsi, on peut observer autant de complicités que de résistances au fait colonial, en fonction de la position particulière de l’intersection mentionnée. Mais, bien que les récits de femmes ne s’écartent pas nécessairement du discours colonial hégémonique (comme l’a présenté originellement E. Said), elles n’en sont pas moins déterminées par le genre. Dans cet article, nous étudions les figures de deux voyageuses qui visitèrent différentes parties du monde arabe à l’époque coloniale: Isabelle Eberhardt (Genève 1877-Aïn Sefra 1904) voyagea en Tunisie et en Algérie, et Gertrude Bell (County Durham 1868-Bagdad 1926) passa la plus grande partie de sa vie adulte au Moyen Orient. Mots clé: voyageuses, Isabelle Eberhardt, Gertrude Bell, récits de voyage de femmes, géographie féministe, postcolonialisme, Moyen Orient. Abstract. European women travelers in the Arab World: a feminist and postcolonial analysis It has been asserted that women’s travel narratives are fundamentally different from men’s and that their gaze on the Orient registered differences in less pejorative ways. However, the analysis of the intersection of gender, class, nation and race discourses problematizes this view and gives evidence that women’s narratives and life experiences are ambivalent; in effect, one can find sites of resistance to colonialism as well as sites of complicity, depending on the individual women’s positioning in this intersection. But even if women’s narratives and life experiences do not necessarily deviate from the predominant discourse (as presented by E. Said’s original formulation), their texts are nevertheless specifically gendered. In this article I study two women travellers who went to two different parts of the Arab World: Isabelle Eberhardt (Geneva 1877-Aïn Sefra 1904) who travelled to Tunisia and Algeria, and Gertrude Bell (County Durham 1868-Baghdad 1926) who spent most of her adult life in the Middle East. Key words: women travellers, Isabelle Eberhardt, Gertrude Bell, women’s travel narratives, feminist geography, postcolonialism, Middle East. 106 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon Sumario Una revisión de los estudios sobre colonialismo/poscolonialismo y narraciones de viajeras Isabelle Eberhardt (1877-1904): la «amazona de las dunas» Gertrude Bell (1868-1926): moda de París y modales de Mayfair en los desiertos del Próximo Oriente Conclusiones Bibliografía DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 106
Una gran parte de la bibliografía feminista y poscolonial da por supuesto que las mujeres europeas tenían una experiencia del encuentro colonial distinta de la de los hombres y que, por ello, sus actitudes hacia el colonialismo, según aparecen en sus narraciones de viajes, tenían que ser diferentes (Domosh, 1991; Mills, 1991; Pratt, 1992; Monicat, 1996). Para tratar de verificar este supuesto, voy a centrarme en la vida y obra de dos europeas —Isabelle Eberhardt y Gertrude Bell— que vivieron y escribieron a fines del XIX y comienzos del XX en lo que cabe denominar la «zona de contacto», ese espacio en el que gentes distantes geográfica e históricamente establecieron un contacto desigual en condiciones que implicaban coerción y conflicto (Pratt, 1992). Isabelle Eberhardt nació en 1877 en Ginebra, aunque era de origen ruso; viajó por Túnez y Argelia, escribió en francés y se convirtió en una figura legendaria en Francia. Gertrude Bell, nacida en 1868 en el condado de Durham, en Inglaterra, pasó la mayor parte de su vida adulta en Oriente Medio trabajando como arqueóloga y también al servicio del gobierno británico, en el que desempeñó un papel destacado en la configuración del moderno mapa político de dicha región. Eberhardt y Bell son dos personas muy diferentes en su manera de entender la experiencia viajera, y, asimismo, la política colonial, y sus textos muestran posturas contrarias en muchos aspectos. Pero la comparación de sus diferentes experiencias y narrativas coloniales arroja mucha luz sobre el encuentro colonial en el mundo árabe. Mi artículo se divide en tres secciones. La primera revisa la recepción crítica de los planteamientos de Said sobre el orientalismo, y examina recientes aportaciones académicas en los campos de la geografía y del feminismo sobre el estudio de las narraciones de viajeras. La segunda sección se refiere a Isabelle Eberhardt y la tercera, a Gertrude Bell. En cada caso estudio la vida y los textos de estas dos mujeres y examino su carácter de género, así como la compleja dinámica de sus comportamientos y discursos políticos. Una revisión de los estudios sobre colonialismo/poscolonialismo y narraciones de viajeras El estudio de la relación entre geografía y colonialismo desde una perspectiva crítica no recibió la atención que merece hasta finales de la década de 1970. Un volumen especial sobre «Geografía y colonialismo» fue publicado por la revista francesa Hérodote (1978) y algunas aportaciones aparecieron en la revista norteamericana Antipode (p. ej. Hudson, 1977). Pero se ha de esperar a la década de 1990 para que el encuentro de la geografía con el colonialismo sea sometido a un examen crítico y sistemático (entre otros: Soubeyran, 1989; Driver, 1992; Bruneau y Dory, 1994; Godlewska y Smith, 1994; Gregory, 1995; Duncan y Gregory, 1999). El estudio de las narraciones de viajeras desde una perspectiva feminista y poscolonial ha desempeñado un papel muy importante en esta revisión crítica (Pratt, 1992; Ayari y Brosseau, 1998; Morin y Berg, 1999), aunque fuera de la geografía angloamericana se han llevado a cabo pocos trabajos (Nogué y otros, 1996; Garcia-Ramon y otros, 1998; Albet y Garcia-Ramon, 1999). Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 107 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 107
Buena parte de esta investigación se relaciona claramente con la publicación del libro Orientalismo (1978), de E. Said, que abrió todo un nuevo espacio problemático en diversas disciplinas. En esencia —e inspirándose en Foucault y Gramsci— lo que Said plantea es que «Oriente» no existe realmente; es una construcción europea, un producto intelectual europeo, una imagen del otro, que permite, al definir al otro, identificarse a uno mismo como europeo y como occidental. La obra de Said puso de relieve algunas características fundamentales del discurso colonial, pero la oposición binaria entre Occidente y Oriente que la inspira deja poco espacio para posturas ambivalentes y ha suscitado críticas desde una perspectiva feminista y poscolonial. Said establece una confrontación tajante entre colonizadores y colonizados que lleva a ignorar las fluctuaciones y ambigüedades de cada individuo en particular y oculta la heterogeneidad del poder colonial (Spivak, 1987; Lowe, 1995). Se ha criticado a Said desde un punto de vista feminista, porque minusvalora el papel desempeñado por las mujeres (Zinguer, 1991; McClintock, 1995; Lewis, 1996; Midgley, 1998), ya que descarta que el género fuese un componente importante del discurso colonial. Para él, el orientalismo es un «territorio exclusivamente masculino» (Said, 1978, p. 207). La obra de Yegenoglu (1998) lleva más allá la crítica de Said al introducir la distinción entre el contenido «manifiesto» y el contenido «latente» del orientalismo y argumenta que Said no problematiza el papel que en esto juega la sexualidad. De hecho, desarrolla ideas que ya habían sido sugeridas en la década de 1980 (Alloula, 1981; Kabbani, 1986) sobre la erotización del colonialismo y la feminización de un discurso en el cual las mujeres aparecían como terriblemente oprimidas por sus hombres, lo que daba legitimidad a la «misión civilizadora de Occidente» (Bhabha, 1993). En términos más generales, la investigación feminista más reciente ha subrayado el sesgo de género de la literatura colonial y ha destacado la complejidad de las funciones encomendadas a mujeres en la historia colonial (como, por ejemplo, enfermeras, misioneras, maestras, esposas de funcionarios o oficiales, incluso turistas, etc.). También se ha señalado la tarea significativa desarrollada por mujeres en la reproducción ideológica del imperio, pues la aparente trivialidad de la vida de numerosas europeas en las colonias oculta su papel en un sistema imperial androcéntrico (McClintock, 1995; Blunt, 1999). Diversas autoras (Mills, 1991; Domosh, 1991; Blake, 1992; Monicat, 1996) señalan que el discurso colonial no debe ser entendido como un fenómeno unitario, ya que el género es un factor importante en la producción de diferencias internas. La posición singular de las mujeres, entre el discurso del colonialismo y el de la feminidad, podía aportar algunos elementos de contradicción que en último término acabasen convirtiéndose en una crítica de la posición colonial, pues su discurso sobre el colonialismo podía ser más ambiguo y ambivalente que el de los hombres. Subyace a este enfoque la idea de que las mujeres, colonizadas y oprimidas en razón de su género en su país, podían oponerse al colonialismo fuera de él (Blake, 1992). Pero en este intento de identificar elementos de resistencia en las narrativas de mujeres también se encuentran elementos de complicidad. Si las europeas estaban marginadas en el espacio 108 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 108
patriarcal (en su propio país), donde eran percibidas, sobre todo, en términos de inferioridad en razón de su género, en el espacio colonial las construcciones de superioridad racial y cultural que compartían con los hombres europeos podían pesar más que la inferioridad de género (Blunt y Rose, 1994). Aunque las narrativas de mujeres no se aparten necesariamente del discurso colonial hegemónico, no dejan de estar determinadas por el género. Exhiben una serie de características distintivas que, en su mayor parte, proceden del proceso de socialización específico de las mujeres, así como de la naturaleza misma de su viaje. En efecto, pocas veces las mujeres viajaban con un encargo oficial, por lo que sus descripciones no tenían que satisfacer un patrono ni tampoco tenían que reforzar su reputación profesional (Mills, 1991). Por ello, su texto podía permitirse mayores libertades y no estaba sujeto a consideraciones dictadas por una estrategia profesional o política. El entorno doméstico tiene una presencia mucho más destacada en los textos de mujeres que en los de hombres lo cual «no es simplemente debido a sus distintas esferas de interés o de competencias sino de modos (distintos) de construir el conocimiento y la subjetividad» (Pratt, 1992, p. 159). Se ha recordado, asimismo, que la categoría de género no puede aislarse de las de nación, raza y clase, y que el análisis tiene que tratar de la interacción entre todos estos componentes (McClintock, 1995). Viajeros y viajeras eran en todos los casos «forasteros», pertenecientes a otra raza, otra nación y otra cultura, algo que no siempre se ha tenido en cuenta tan explícitamente como es necesario (Grewal, 1996). De igual modo, el estudio de las narraciones de viaje no ha prestado la atención que merece a la categoría de clase. Ragan (1998) ha señalado la importacia de este factor en el estudio de lo que denomina «discursos marginales al orientalismo», centrándose en un grupo de viajeras francesas a Egipto cuyas narraciones habían sido ignoradas por la erudición orientalista. De forma más incisiva, Secor (1999) reclama una construcción de la diferencia centrada en las clases sociales cuando estudia las cartas que desde Turquía escribió Lady Mary Wortley Montagu (1998) entre 1716 y 1718. En definitiva, parece que existe un consenso creciente sobre la importancia del papel jugado por las mujeres en la formación de las relaciones coloniales. Sobre este telón de fondo voy a examinar las narrativas y experiencias de vida de Isabelle Eberhardt y Gertrude Bell para destacar su carácter específico de género, tanto en la forma como en los contenidos. Planteo, en términos críticos, la cuestión de que hasta qué punto el género podía dar lugar a un discurso sobre el colonialismo diferente del discurso masculino dominante. No me planteo la cuestión en términos de una polaridad de posturas en el encuentro colonial, sino más bien a partir de una concepción más abierta que admite que podían darse actitudes ambiguas y ambivalentes. Al mismo tiempo, he seleccionado la información para apuntar la necesidad de que se exploren las intersecciones del género con los orígenes de clase y la procedencia nacional y racial, a fin de comprender cabalmente los sesgos que se encuentran en las narrativas de viaje en la conflictiva «zona de contacto» creada por la expansión imperial a comienzos del siglo XX. Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 109 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 109
Isabelle Eberhardt (1877-1904): la «amazona de las dunas» Isabelle Eberhardt construye su identidad y su destino La vida de Isabelle Eberhardt fue un intento permanente de forjarse una identidad más allá de su género y de su cultura de origen. Nacida en Ginebra en 1877, era probablemente hija de Alexandr Trophimowsky, clérigo ortodoxo que se hizo anarquista y se fugó con la madre de Isabelle, Natalie Moerder, medio rusa y medio judía, casada con un general del ejército imperial ruso. Isabelle recibió el apellido de su madre (Eberhardt), lo que la marcó para toda la vida. Trophimowsky, que había sido contratado en Rusia como tutor de los otros hijos del matrimonio Moerder, educó a Isabelle en el inconformismo que la caraterizaría siempre. Le enseñó varias lenguas, entre ellas el árabe clásico; en casa, Isabelle hablaba ruso con él y francés con su madre y sus hermanos, según era costumbre en la alta sociedad rusa. Trophimowsky también le enseñó a cabalgar y fomentó su gusto por vestir ropas de hombre (figura 1). Ávida lectora de Pierre Loti, sus sueños de irse a vivir a Oriente se realizaron en 1897, cuando convenció a su madre para que la acompañase a Bônne (actualmente, Annaba, Argelia), donde ambas se convirtieron al islam. Poco después murió su madre, e Isabelle, desolada, se marchó a Túnez, donde escandalizó a los colonos franceses con su formas de vida, fumando kif, vistiendo como un hombre y, a pesar de su conversión al islam, bebiendo alcohol y llevando una vida libre de prejuicios. Cuando se le acabó el dinero, regresó a Ginebra para tratar de recibir algo de la herencia de su madre que, sin embargo, perdió por una serie de razones legales. Trató entonces de ganarse la vida escribiendo narraciones breves y artículos de periódicos en Francia y en Argelia, pero, de hecho, viviría en la pobreza el resto de su vida. En 1900, ya de nuevo en Argelia, fue al El Oued, donde se procuró un caballo y emprendió sus exploraciones por el desierto estableciendo relaciones amistosas con la población local y aprendiendo a expresarse con fluidez en árabe coloquial. También conoció entonces a Sliman Ehni, un joven militar argelino con quien tuvo una profunda y romántica relación amorosa. Sliman la ayudó a ser admitida en la Qadriyya, una cofradía sufí muy implantada entre los beduinos y conocida en aquellos años por una actitud más bien pasiva ante la ocupación francesa. Las autoridades coloniales consideraron que la actividad de Eberhardt era provocativa y la expulsaron de Argelia en 1901. Sin embargo, al final de ese mismo año se casó con Sliman, quien gozaba de ciudadanía francesa, lo que le permitió regresar a Argelia. Estaba fascinada por el modo de vida nómada y sus viajes por los distritos meridionales de Argelia y de Túnez le ganaron el sobrenombre de «Amazona de las dunas» (Eberhardt, 1988a). En 1903, el ejército francés combatía con tribus rebeldes en el sudoeste argelino y el director de la revista Akhbar (Victor Barrucand, partidario de una política colonial «suave») propuso a Isabelle que fuese su corresponsal de guerra en Ain Sefra, el puesto de mando avanzado del ejército francés en aquella zona. Conoció entonces al general Hubert Lyautey, quien había sido encargado de controlar las tribus rebeldes de la frontera entre Argelia y Marruecos 110 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 110
y de fortalecer la posición francesa para negociar con el sultán marroquí. Lyautey pronto se dio cuenta de que el conocimiento que Isabelle tenía de las tribus locales y del árabe hablado podían serle de gran utilidad para recoger informaciones de interés. En su avance por los territorios fronterizos, los franceses creían que era de gran importancia la actitud del principal centro de influencia política y religiosa entre las poblaciones tribales de la región, la zawiyah de Kenadsa, cerca de Colomb-Bechar, donde, en noviembre de 1903, se estaViajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 111 Figura 1. Isabelle Eberhardt vestida con ropas árabes en Ginebra en 1895. CAOM. Aix-en-Provence (Francia); fotografía de Louis David. DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 111
bleció una avanzadilla francesa (figura 2). Isabelle acogió con entusiasmo la propuesta de Lyautey de establecer contactos en lo que todavía era un lugar misterioso. La zawiyah era un santuario venerado y también una escuela y un tribunal coránicos, y sus sheikhs eran mediadores en todos los conflictos intertribales de aquella región. Lo que constituía un obstáculo para los planes de penetración «pacífica» de Lyautey era que la zawiyah de Kednasa siempre había reconocido la soberanía del Sultán y «Emir de los Creyentes» (Sayagh, 1986). Por entonces, la salud de Isabelle era precaria y después de unos pocos meses en Kednasa tuvo que regresar a Ain Sefra aquejada de fuertes fiebres. Poco después Eberhardt murió durante una violenta riada el 21 de setiembre de 1904. La lectura de sus diarios pone de relieve que Isabelle estaba poseída por el anhelo de adquirir fama como escritora. Bajo diversos seudónimos publicó en un buen número de periódicos en Francia y en Argelia, así como numerosas narraciones breves, notas y diarios. La mayoría de sus libros fueron publicados después de su muerte, sin duda con mucha intervención por parte de Barrucand1. Isabelle pintó una imagen vívida y realista del Magreb y de sus gentes, en la que se ve su simpatía por los colonizados y los oprimidos. Isabe112 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon 1. Véase una selección de sus obras en la bibliografía. Figura 2. La geografía de Eberhardt en el norte de Africa. DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 112
lle se convirtió en una figura legendaria en Francia a comienzos del siglo XX y todavía no se ha desvanecido el interés por su personalidad (Rice, 1994)2. La complejidad del comportamiento político de Eberhardt: ¿cómplice a su pesar de la política colonial francesa? La vida de Isabelle está llena de paradojas: se convirtió al islam, se adhirió a la cofradía de la Qadriyya, se casó con un árabe, fue expulsada un par de veces de Argelia, aunque al final consintió en ponerse al servicio del ejército en interés de los proyectos imperiales de Francia en el Magreb. Durante su vida en África del norte pronto mostró su afinidad y su simpatía hacia la población musulmana: todavía en Bônne, cuando estudiantes musulmanes se rebelaron contra las autoridades coloniales, Isabelle se alineó con ellos y escribió: […] si la lucha se hace inevitable no dudaré ni un momento […] quizás lucharé con los revolucionarios musulmanes como lo hacía a favor de los anarquista rusos […] aunque con más convicción y con un mayor odio hacia la opresión. Siento ahora que soy más profundamente musulmana que antes era anarquista (citado por Kobak de un diario inédito, 1989, p. 63). Los archivos de la policía en Argelia registraron su actitud hostil hacia la acción colonial de Francia. Cuando fue a El Oued en 1900, un anónimo «amigo verdadero» del ejército escribió desde París una carta al mando militar regional en la que decía: […] una mujer —hija natural y de reputación dudosa—, Isabelle Eberhardt, nacida en Suiza pero de nacionalidad rusa, disfrazada de hombre y haciéndose llamar Mahmoud Saadi, ha ido al El Oued por cuenta del periódico parisiense L’Aurore para espiar las actividades y andanzas de los oficiales de los Bureaux Arabes a fin de fomentar una despiadada campaña de prensa contra los oficiales de los Bureaux Arabes en particular y del ejército en general […] Además esta mujer odia profundamente a Francia y no desea otra cosa que incitar a los súbditos árabes de Francia a rebelarse, y a fin de inspirarles más confianza pretende que es musulmana pero no es verdad. (Eberhardt, 1991, p. 251-252) Vale la pena señalar que, además de sus críticas a la acción colonial de Francia, lo que escandalizaba a los colonos franceses era su respeto por la cultura indígena y su excéntrico comportamiento. En definitiva, su actitud, su conducta y sus escritos se consideraban peligrosos porque ponían en tela de juicio la «misión civilizadora» de Francia. Eberhardt, sin embargo, creía que la Administración francesa tenía algunas ventajas fundamentales. Cuando la acusaron de actividades antifrancesas escribió indignada: Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 113 2. Información más detallada sobre su obra en Eberhardt (1998a) y Koback (1989). DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 113
arqueológico en Bagdad. Su salud, sin embargo, se había vuelto frágil y el 11 de julio de 1926 la encontraron muerta en la cama. La causa de su muerte fue probablemente una dosis fatal de barbitúricos, aunque quizás nunca se sabrá si fue por accidente o de modo deliberado. Todavía hoy en el museo de Irak en Bagdad hay una placa y un busto de bronce que la recuerdan como fundadora de la institución, y una copia del busto se exhibe en la sala de lecturas de la biblioteca de la Royal Geographical Society (RGS) en Londres. 120 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon Figura 3. Gertrude Bell y T. E. Lawrence en El Cairo, 1921. Photographic Archive, Department of Archaeology, Newcastle University (Reino Unido). DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 120
Exploración y descubrimiento en la vida y en la obra de Gertrude Bell Gertrude Bell se enamoró del desierto. Como anotó en su diario: […] siento como si hubiera nacido y me hubiera creado en el Nefud (el gran desierto del Norte de Arabia) y no hubiera conocido nada más. ¿Existe realmente algo más? (Bell’s Diary, 13 de febrero, 1914) En sus textos se compara más de una vez su experiencia en el desierto con las historias de Las mil y una noches, como en esta carta a su primo, describiendo sus primeras impresiones sobre el desierto: […] ¿no es encantadoramente igual que en Las mil y una noches? a veces cuando abro un tarro nuevo de agua de rosas me da la impresión que en vez de un olor perfumado saldrá el humo de uno de los geniecillos de Suleiman. (Bell, 1987, p. 23) Bell mantuvo relación con la Royal Geographical Society. En 1908 siguió un curso sobre proyecciones de mapas, y en sus viajes solía llevar un teodolito para hacer mediciones de latitud. En 1913 fue elegida miembro de la Sociedad, poco después de que las mujeres fueran admitidas en ella, y pronunció varias conferencias. En 1918 fue distinguida con la medalla de oro por sus exploraciones en el desierto de Arabia y por sus trabajos arqueológicos (entre 1830 y 1965 sólo cinco mujeres fueron premiadas con esta medalla). Bell publicó dos artículos sobre sus viajes en The Geographical Journal —la revista de la Sociedad— (Bell, 1910, 1914). Un año después de su muerte, la Sociedad le rindió un homenaje oficial en cuyo transcurso el presidente de la misma, entonces D. Hogarth, el autor de Arabia Deserta, pronunció una conferencia sobre su viaje a Hayil (Hogarth, 1927). En efecto, la aportación más significativa de Bell a la exploración geográfica fue su viaje de 1913-1914 a Hayil, con el que esperaba realizar un deseo largamente acariciado de adentrarse en Arabia Central (figura 4). Viajó con veinte camellos, dos guías, un cocinero y tres camelleros. Tras numerosas dificultades alcanzó Hayil, gobernada por la casa de Ibn Rashid, grandes rivales de la casa de Ibn Saud. Pocos europeos habían estado allí, y los informes de Bell sobre Ibn Rashid y sus relaciones con los Saud fueron de gran valor durante la Primera Guerra Mundial, cuando Hayil se alineó con los turcos y amenazó el flanco británico del Éufrates. Bell cartografió una importante línea de pozos en el ángulo sudoeste del Nefud y el resultado de mayor valor estratégico de su expedición fueron los datos que acopió sobre los grupos tribales que se encontraban entre la línea del ferrocarril del Heyaz, por un lado, y el Sirham y el Nefud, por otro. Sus informes sobre los Howeitat fueron de particular utilidad para Lawrence durante la campaña árabe de 1917 y 1918. A propósito de esto, el Alto Comisionado Británico en Bagdad comentó: […] todos Vds. han oído hablar de los éxitos extraordinarios del coronel Lawrence, que ciertamente lo fueron […] pero no siempre se es consciente de que Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 121 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 121
para hacerlos posibles fue necesaria una larga preparación previa, y yo atribuyo gran parte del éxito de las empresas del coronel Lawrence a la información y a los estudios en los que Miss Bell tuvo un participación muy destacada. (Cox, 1927, p. 19) Existe sin duda una relación entre esta expedición a Hayil y sus posterior empleo como corresponsal en Basora, a título de secretaria para asuntos orientales del Arab Bureau, que tenía su base en El Cairo. Se trataba de una plaza semioficial con un pequeño salario (durante la mayor parte de su vida Gertrude dependió de la financiación de su familia, incluidos sus viajes y expediciones). El gobieron británico buscaba un grupo de expertos en asuntos árabes que pudieran asesorar al Foreign Office y Bell era una persona idónea por sus conocimientos del territorio, así como la lengua y las tribus de Mesopotamia. «La reina sin corona de Mesopotamia»: la complicidad de Gertrude Bell con el Imperio británico En sus informes confidenciales, Gertrude demostraba una peculiar combinación de visión política y de prejuicios históricos y sociales. Su informe de 1919 sobre la situación de Siria es un buen ejemplo de su enfoque de la política en Oriente Medio, además de tratarse de un documento revelador del tipo de material sobre el que a menudo se tomaban decisiones de política colonial. Con un razonamiento caraterístico de ella, Bell señalaba las dificultades de 122 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon Figura 4. Mapa del viaje de Gertrude Bell a Hayill (adaptado de D.G. Howard, 1927). DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 122
establecer un gobierno nacional sobre los diversos grupos que vivían dentro de las fronteras de Irak y se pronunciaba en favor de atribuir la supremacía política a la minoría sunnita: Aunque los shiitas sean la mayoría [en Irak], los sunnitas están indiscutiblemente más avanzados como grupo que sus rivales, cuyo reducido grupo de hombres instruidos está sumergido en un océano de gentes incivilizadas y nada maleables, mientras que las clases que predominan entre los sunnitas son terratenientes de linaje noble, eclesiásticos, políticos, funcionarios, profesionales, comerciantes y artesanos, un sólido cuerpo de gente más o menos educada y sensible al progreso […] los sunnitas son la mayor de las facciones del islam, el espinazo de los mayores poderes islámicos de la época moderna, como lo fueron sus predecesores, los Califatos de Medina, Damasco y Bagdad. (SAD, 150/7/83-86) De hecho entre shiitas y sunnitas existía en Irak una diferencia real de clase, ya que los primeros eran sobre todo la población rural más pobre de la Baja Mesopotamia. Los informes oficiales de Bell también muestran una mezcla característica de valoraciones personales y psicológicas al lado de juicios políticos. Por ejemplo, su informe sobre los acontecimientos en el desierto de Arabia en 1916 predecía el declive de la casa de Ibn Rashid de Hayil y el ascenso de Ibn Saud y sus wahhabitas. Su retrato de Abdelaziz Ibn Saud revela todos los prejuicios de la mirada orientalista sobre los gobernantes no occidentales: […] a pesar de que es muy alto y ancho de espaldas, transmite la impresión, tan común en el desierto, de un cansancio indefinido, que no es individual sino racial, la fatiga secular de un pueblo antiguo y autocontenido […] sus movimientos estudiados, su sonrisa lenta y dulce, y la mirada contemplativa de sus ojos con los párpados caídos, aunque refuerzan su dignidad y atractivo no se ajustan a la concepción occidental de lo que es una personalidad vigorosa. (Bell, 1940, p. 30-31) Bell empleó sus conocimientos y sus viajes para favorecer la causa del Imperio británico, por lo que el rey Jorge V la nombró en 1917 Commader of the British Empire. Por lo que parece, nunca pensó que su decidida lealtad al Imperio pudiera ser perjudicial, o ni siquiera dejar de coincidir con los intereses de este «niño muy viejo» (Bell, 1985, p. IX) que era el oriental, el árabe. No sorprende, entonces, que los autores no occidentales hayan criticado su actitud como imperialista y cargada de opiniones racistas (Danish, 1992). Es extraño que se hayan dedicado numerosos libros y artículos a la vida de Bell pero que, con pocas excepciones (Gordon, 1994; Wallach, 1996) sólo destacan sus aspectos exóticos y románticos y no subrayan su importancia política. Todavía se echa en falta un análisis crítico de su aportación a la política británica en Oriente Medio y, en particular, al establecimiento del moderno estado iraquí (Lukitz, 1995). Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 123 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 123
Una mujer con cualidades masculinas o una mujer que trataba de escapar de las limitaciones de su género En su conferencia en el homenaje en memoria de Gertrude Bell, Hogarth decía: Miss Bell es todavía tan bien conocida a lo largo y a lo ancho del mundo árabe […] no creo que ninguna mujer europea haya alcanzado tanta reputación. Tenía todo el encanto de una mujer combinado con muchas de las cualidades que atribuimos a los hombres. Se la conocía en Oriente por estas cualidades masculinas. (Hogarth, 1927, p. 21) No cabe duda de que Gertrude se sintió a menudo prisionera de las limitaciones que la vida social le imponía debido a su género y en numerosas ocasiones se lamentó de ello. Pero como mujer era consciente de que tenía también ciertas ventajas. Le era más fácil establecer contactos con la población local y se le abrían más oportunidades de recoger más informaciones valiosas. Por ejemplo, durante su breve encarcelamiento en Hayil, donde sólo podía ser visitada por mujeres, obtuvo información muy valiosa de una circasiana que había sido concubina del último emir. En parte, porque era mujer, y una mujer en el servicio exterior era una novedad, los árabes la consideraban como «semioficial», lo que explica que acudieran a ella con noticias y habladurías que no habrían contado a funcionarios británicos. Su puesto de secretaria para asuntos orientales era, a la vez, subordinado y, a veces, decisivo, como se entrevé en comentarios del Alto Comisionado como éste: Yo no podía tratar con todo el mundo y Miss Bell solía actuar como un filtro con todo estos sheikhs y enviármelos con una nota sobre quiénes eran y de dónde venían. Su trabajo era de gran valor para mi. (Cox, 1927, p. 18) Gertrude también aprovechó sus cualidades femeninas como anfitriona para organizar cenas en su casa de Bagdad, en las cuales los sheikhs locales y los miembros de la Administración colonial eran invitados para que pudieran discutir de cuestiones políticas de manera informal. En sus escritos no presta mucha atención a las mujeres, ni a las europeas ni a las orientales. De hecho no tenía buena opinión de unas ni de otras. En cierto modo, sin embargo, hace una excepción con las mujeres beduinas, quienes, tal vez debido a la dureza de sus condiciones de vida, atrajeron su atención. En sus viajes a Hayil, realizó una estancia con las tribus de los Howaitat y escribió, refiriéndose a su anfitrión: […] tiene cuatro esposas […] una de ellas, Hilel, vino y se sentó conmigo. Había tenido cuatro hijos y todos murieron. Muham tiene sólo dos hijos. No quería casarse […] pero su padre le pegó. Me enseñó una cicatriz blanca en su pecho […] los niños mueren jóvenes en los viajes y las mujeres sufren terriblemente después de los partos por los desplazamientos incesantes y por el trabajo […] «no descansamos en ningun momento» me dijo Muham. Su expresión era digna de lástima. (Bell’s Diary, 30 de enero de 1914) 124 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 124
Al igual que otras viajeras, vestía trajes victorianos y mientras viajaba por el desierto llevaba consigo un baúl con lencería de lo más femenino y vestidos formales que siempre se ponía (incluso cuando estaba sola) para su cena. Era corriente entre los funcionarios y militares británicos en las colonias, incluso durante sus viajes, vestir de manera muy formal en determinados momentos. Estos rituales servían para mantener un sentido de identidad cultural frente al «otro» y para perpetuar la ideología del gobierno imperial. Gertrude Bell seguía con interés la última moda de París y de Londres y se la recordaba como «una mujer que acarreaba su guardarropa de alta costura a través de los desiertos de Arabia» (Keay, 1990, p. 99). Era realmente refinada en lo tocante a su guardarropa y a menudo a su madre adoptiva le pedía que la ayudara, como en esta carta de 1917: Me permite que le pida cuatro blusas, por favor, Crêpe de China, a ser posible dos de color marfil y dos de color rosado. Envío con ésta unos anuncios de Harrods que son elegantes, especialmente el que he señalado. Agradecería también mucho si pudiera encontrarme y enviarme una chaqueta verde de seda con botones de plata... (Bell, 1987, p. 340) Su extracción social y su identidad de clase se manifestaban en su modo de vida diario. Para cuidarse de sus vestidos y de otros asuntos domésticos se llevó a Bagdad una doncella francesa que le arreglaba la ropa, algo que Gertrude odiaba (por supuesto tenía también varias sirvientas árabes que hacían las labores domésticas más pesadas). Gertrude valoraba su independencia y su libertad, pero en cambio tomó partido contra el sufragio femenino. Se ha dicho que era muy tradicional y que le disgustaba la violencia de las sufragistas, que temía que destruyeran todo lo que las mujeres profesionales habían conseguido hasta entonces y que las mujeres no eran lo bastante de fiar como para tomar decisiones en asuntos de estado (Wallach, 1995). Tal vez el argumento decisivo para ella era que si las mujeres instruidas y de la clase media alta ya tenían influencia política y derechos civiles, no había por qué abrir las puertas a las masas ignorantes. Además, el sufragio femenino también la habría hecho a ella menos singular... Aquí la cuestión de clase es muy importante. En contraste con su comportamiento aventurero de cuando estaba en Oriente, Bell en su país de origen se mantenía dentro de las fronteras de la tradición de una clase alta privilegiada. En suma, el temor a las amenazas que podían poner en cuestión el sistema político británico es lo que la hacía ser contraria a las sufragistas, un rasgo muy revelador de sus concepciones políticas conservadoras. Conclusiones Las experiencias de Isabelle Eberhardt y Gertrude Bell, y las narraciones que de ellas nos han legado son un ejemplo de que las mujeres no estaban fuera del proyecto colonial, sino que, al contrario, podían llegar a ser agentes muy actiViajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 125 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 125
vos en la formación de las relaciones coloniales. Los textos de una y de otra, aunque tan distintos, revelan en ambos casos la complejidad de su experiencia del encuentro colonial y, por consiguiente, de sus actitudes ante el proyecto colonial. De hecho, una y otra desempeñaron un papel nada despreciable en sus respectivas áreas coloniales del mundo árabe, si bien de una forma ambivalente que pone en cuestión la noción simple de «la construcción del otro» que aparece en la obra de Said. El estudio de estas dos mujeres pone asimismo de relieve la centralidad de la categoría de género, que, combinada con las de raza, nacionalidad y clase, son un instrumento analítico muy útil para examinar las narraciones de viajeras. Para Gertrude Bell el viaje hacia Oriente significaba la libertad para escapar de los estrechos márgenes de la vida de una joven de clase alta de la Inglaterra de su tiempo; pero esta libertad fue sólo la de convertirse en una versión singular del inglés imperial. Gertrude aprovechó el imperio para disfrutar de una forma especial del poder que no habría tenido en su Inglaterra nativa. El Oriente subyugado le permitía ir más allá de las barreras de género y realizar sus ambiciones, interpretar su papel sobre el telón de fondo de la superioridad imperial que ella nunca puso en tela de juicio. En contraste con su actividad «masculina» cuando se hallaba en Oriente, en su país Bell se mantuvo dentro de las barreras de género más convencionales —barreras que de alguna manera aprobaba, como demuestra su resuelta oposición a las sufragistas. Sin embargo, aunque su porte era inequívocamente imperial, al mismo tiempo se las arregló para establecer una cercanía personal con muchos de los árabes con quienes trabajó, y se hizo propagandista entusiasta de su cultura y de sus historias pasada. En estos aspectos de su comportamiento y actitud podemos ver y leer en sus textos una opinión diferente, quizás ambivalente frente a la sociedad dominada, en términos que generalmente están ausentes en informes «más objetivos» de funcionarios coloniales preocupados por su carrera administrativa o política. Para Isabelle Eberhardt el «Oriente» (esto es, África del norte) fue también un lugar de emancipación personal y un medio de huir de las convenciones rígidas, y no sólo del rol de género, de la sociedad europea y también de su particular problema de superposición de identidades y nacionalidades (¿era rusa, francesa, suiza o magrebí?). Al contrario que en el caso de Bell, el discurso de Eberhardt constantemente difumina las fronteras entre los estereotipos del colonizador y del colonizado, y, de este modo, su actitud ambivalente representa una clara desviación con respecto al discurso orientalista establecido. Isabelle es una disidente frente al estereotipo colonial predominante, sin embargo, su vida y sus escritos muestran que una mujer que había sido considerada indeseable por la Administración colonial francesa podía llegar a ser instrumentalizada para la penetración colonial en determinadas zonas de Argelia. Eberhardt transgredió las normas europeas de género y, en general, sus valores culturales, pero la autoexploración, que en realidad constituyen sus viajes por el desierto, sólo fue posible bajo condiciones coloniales. El cruzar y volver a cruzar fronteras —entre géneros, idiomas, religiones y culturas— tan 126 Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 Maria Dolors Garcia Ramon DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 126
caro a Isabelle Eberhardt, atestigua su capacidad para desafiar posturas políticas bien establecidas, ya fuesen patriarcales o feministas, coloniales o poscoloniales. Debido a su singular educación, carecía del sentimiento de superioridad metropolitana que estaba tan arraigado en Gertrude Bell. Es posible que este hecho hiciera más obvia la extracción de clase de Bell, pero los últimos escritos de Eberhradt y sus actividades en el desierto argelino sugieren que su nunca satisfecha realización personal en el espacio colonial la llevó a posturas cada vez más ambiguas frente a los colonizadores y a los colonizados, hasta identificarse con uno de los aspectos del proyecto colonial: el que encarnaban Victor Barrucand y el General Lyautey con sus planes de «penetración pacífica» en el Sahara. Es cierto que, en muchos aspectos, la mirada de Isabelle y Gertrude sobre Oriente y los orientales, no difiere radicalmente de las narraciones de viajeros y que no se desvían necesariamente del discurso imperial masculino que era dominante, según lo presenta la formulación original de Said. Sin embargo, los textos de ambas están específicamente marcados por el género. Los escritos de Eberhardt, por un lado, suelen tener un carácter muy personal e íntimo y, por otro lado, presentan un cuadro vívido del modo de vida de las poblaciones locales en los oasis o en el desierto. Pero sus complejidades y la ambivalencia en el tratamiento de la gente y de los paisajes del Magreb no pueden comprenderse únicamente en términos de género. Sus orígenes nacionales y de clase, tan complicados, deben tenerse en cuenta para la comprensión de sus ansiedades y explican muchos rasgos de su postura ante el conflicto entre colonizadores y colonizados, un conflicto en el que ella era, a la vez, testigo y agente. Sería en vano tratar de encontrar semejantes ansiedades y contradicciones en la actitud de Gertrude Bell con respecto a la política colonial británica en Oriente Medio, pero sus escritos no pueden entenderse cabalmente si no se toma en consideración la categoría género. Sus informes oficiales muestran una combinación característica de juicios personales y retrato psicológico mezclados con las valoraciones políticas. Asimismo, sus descripciones de la vida de los beduinos son excepcionalmente detalladas en lo que se refiere a la vida doméstica. El tono intimista de muchas de sus cartas y de su Diario revelan también aspectos inequívocamente derivados de su género. En conclusión, la vida y los escritos de Isabelle y de Gertrude son claramente distintos, incluso contradictorios, pero arrojan mucha luz sobre la fluidez de las nociones de género, raza, nación y clase, y nos demuestran la complejidad de los roles políticos e ideológicos que jugaron las mujeres en el sistema imperial, en este caso en el encuentro colonial euroárabe. Bibliografía ALBET, A.; GARCIA-RAMON, M.D. (1998). «Reinterpretando el discurso colonial y la historia de la geografía desde una perspectiva de género». En NOGUÉ, J.; VILLANOVA, J.L. (eds.). España en Marruecos (1912-1956). Discursos geográficos e intervención territorial.Lleida: Milenio, p. 55-71. Viajeras europeas en el mundo árabe Doc. Anàl. Geogr. 40, 2002 127 DAG 40 001-256 2/1/03 17:08 Página 127
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