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LEADER en España : desarrollo rural, poder, legitimación, aprendizaje y nuevas estructuras

Esparcia, Javier; Noguera Tur, Joan; Pitarch Garrido, María Dolores

Abstract

El discurso en torno al cual gira el artículo es que en España la concepción de LEADER como instrumento de desarrollo rural, aún siendo creciente, no debe ocultar aquélla otra que lo concibe como un instrumento de poder político, social y económico. Entre ambas, los diferentes grupos de actores intentan legitimar parte de sus políticas o actuaciones a través de su participación en LEADER.

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Resumen El discurso en torno al cual gira el artículo es que en España la concepción de LEADER como instrumento de desarrollo rural, aún siendo creciente, no debe ocultar aquélla otra que lo concibe como un instrumento de poder político, social y económico. Entre ambas, los diferentes grupos de actores intentan legitimar parte de sus políticas o actuaciones a través de su participación en LEADER. Palabras clave: LEADER, España, desarrollo rural, poder, legitimación, aprendizaje, estructuras de cooperación, democracia. Resum. LEADER a Espanya: desenvolupament rural, poder, legitimació, aprenentatge i noves estructures El discurs al voltant del qual gira l’article és que a Espanya la concepció de LEADER com a instrument de desenvolupament rural no n’ha d’amagar una altra que l’entén com a instrument de poder polític, social i econòmic. Entre totes dues, els diferents grups d’actors tracten de legitimar part de les seues polítiques o actuacions mitjançant la seua participació en LEADER. Paraules clau: LEADER, Espanya, desenvolupament rural, poder, legitimació, aprenentatge, estructures de cooperació, democràcia. Résumé. LEADER en Espagne: développement rural, pouvoir, legitimmation, apprentisage et nouvelles structures Le débat autour duquel se déroule cet article est que en Espagne la conception de LEADER comme instrument de développement rural ne doit pas cacher une autre qui le conçoit comme un instrument de pouvoir politique, social et économique. Entre les deux, les différents groupes d’agents économiques cherchent à légitimer une partie de leurs politiques ou de leurs actuations à travers de leur participation au programme LEADER. Mots clé: LEADER, Espagne, développement rural, pouvoir, légitimmation, aprentissage, structures de cooperátion, démocratie. Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 95-113 LEADER en España: desarrollo rural, poder, legitimación, aprendizaje y nuevas estructuras Javier Esparcia Pérez Joan Noguera Tur María Dolores Pitarch Garrido Universitat de València. Departament de Geografia UDERVAL (Unidad de Desarrollo Rural y Evaluación de Políticas Públicas) Avda. Blasco Ibáñez, 28. 46010 València. Spain [email protected] [email protected] Data de recepció: juny 2000 Data d’acceptació: octubre 2000 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 95 Abstract. LEADER in Spain: Rural development, power, legitimation, learning and new structures The reasonning in this article is that in Spain the conception of LEADER as a rural development instrument should not hide that other one that conceives it as an instrument of political, social and economic power. Between both, different groups of actors attempt to legitimate part of their policies or performances through their participation in LEADER. Key words: LEADER, Spain, rural development, power, legitimation, learning, cooperation structures, democracy. Introducción: ¿por qué LEADER y por qué ahora? La Agenda 2000 ha reducido a cuatro las anteriores trece iniciativas comunitarias: INTERREG, URBAN, EQUAL (que integra a varias de las anteriores) y LEADER. En algunos momentos de la negociación de la Agenda 2000, en los pasillos de la Comisión en Bruselas hubo dudas sobre la continuidad de LEADER; sin embargo, no sólo ha continuado, sino que lo que ya se conoce como enfoque «LEADER» (que no es sino el por todos conocido enfoque bottom-up o de ‘abajo-arriba’), se ha trasladado parcialmente tanto a INTERREG III (que contará con unos comités al estilo de los Grupos de Acción Local —GAL— de LEADER) como a EQUAL (donde también será condición imprescindible formar un partenariado con base local). Pese a que la escala de LEADER y del resto de iniciativas comunitarias es diferente, lo cierto es que es un enfoque que está asentándose, o al menos avanza, entre los responsables de políticas territoriales; pero incluso en otras de carácter sectorial se empiezan a adoptar elementos característicos del enfoque LEADER. En estos momentos estamos ya a las puertas de LEADER Plus, que será la tercera generación de enfoque LEADER. Independientemente de los cambios que éste supone (Esparcia, 1999a), lo cierto es que tras ocho años con las dos primeras generaciones de LEADER, es necesario hacer una reflexión pausada sobre su significado. Esto es más necesario por cuanto una primera aproximación nos puede conducir directamente a valoraciones tremendamente posi96 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Javier Esparcia; Joan Noguera; María Dolores Pitarch Sumario Introducción: ¿por qué LEADER y por qué ahora? El contexto y el «fenómeno LEADER» en España La concepción de LEADER: legitimación, poder y desarrollo rural LEADER en España: ¿hacia el desarrollo rural integrado? Realidades y retos El potencial de LEADER: nuevas estructuras de cooperación y proceso de aprendizaje Reflexiones finales Agradecimientos Bibliografía DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 96 tivas, pero también tremendamente negativas. Evidentemente pocas cosas son blanco o negro, y tampoco lo es LEADER. Por ello creemos de interés este análisis con una cierta perspectiva histórica, pensando más en los procesos en torno a LEADER que en las cifras que se derivan de las inversiones directas o qué ha propiciado la iniciativa. Por tanto, el presente análisis es una reflexión de lo acontecido, y de algunos de los procesos más significativos que se han generado en torno a LEADER I y LEADER II. No cabe duda de que hasta la fecha LEADER ha tenido en España un gran éxito propagandístico. La práctica inexistencia de políticas de desarrollo rural, así como los éxitos en materia de inversiones, son algunos de los factores que han contribuido a ello. La puesta en marcha del programa generó un inicial compromiso colectivo de los agentes locales, que vieron en LEADER un instrumento para abordar con seriedad los problemas de las zonas rurales y los retos que se avecinaban derivados de las nuevas funciones que empezaban a desarrollar los espacios rurales. Sin embargo, aspectos como las condiciones institucionales o la estructura económica, social o política, no permitían que el enfoque LEADER pudiese aplicarse sin fisuras. LEADER también fue concebido como un instrumento de poder, a diferentes niveles administrativos, y por su control disputaron los diferentes agentes de la escala local; paulatinamente, la naturaleza del enfoque se ha ido extendiendo y, afortunadamente, LEADER se concibe cada vez más como un instrumento para contribuir al desarrollo rural, en torno al cual se empiezan a generar compromisos colectivos cada vez más sólidos. No puede hablarse de grandes éxitos, pero sí de la puesta en marcha de unos procesos aún modestos, con aportaciones tan importantes como el desarrollo y la consolidación de una cultura democrática y de cooperación, o la mejora de la capacidad de toma de decisiones entre el empresariado rural, entre otras. El gran reto de LEADER Plus será desarrollar y consolidar esas aportaciones en el futuro inmediato. El contexto y el «fenómeno LEADER» en España LEADER irrumpió en España con una gran fuerza a principios de los años noventa (Esparcia y Noguera, 1997a). El gran interés que despertó se basa, en primer lugar, en ser prácticamente la primera iniciativa pública diseñada para frenar el proceso de deterioro económico y social de las áreas rurales desfavorecidas. Hasta estos años las zonas rurales desfavorecidas o bien habían cumplido su papel como suministradoras de mano de obra y recursos para el crecimiento y desarrollo de otras áreas (años sesenta y setenta), o bien habían «padecido» un enfoque agrarista-productivista de las políticas rurales que las situaba en franca desventaja respecto a áreas rurales más dinámicas, que no contribuía a frenar la crisis de la sociedad y de la economía rural en estas zonas desfavorecidas (Cuadrado, 1992). En segundo lugar, LEADER despertó un gran interés porque era la primera iniciativa que introducía una perspectiva territorial y ponía en práctica un enfoque próximo al desarrollo endógeno e integrado (Beltrán, 1991), enfoque de cuyas virtudes se había escrito mucho (Ceña, 1992, LEADER en España Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 97 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 97 1993; Ramos y Cruz, 1995), pero que, pese a haber sido avanzado parcialmente por la Ley de Agricultura de Montaña de 1982, nunca había llegado a materializarse (ninguno de los Programas de Promoción y Desarrollo de Recursos de Montaña —PROPROM— que se elaboraron al amparo de la citada ley llegaron a aprobarse). No obstante, aquella ley no fue inútil, porque la elaboración de los PROPROM fue el germen de lo que luego fueron muchas de las áreas LEADER (Gómez, 1987; Esparcia y Noguera, 1996). En este contexto, no es extraño que en los primeros momentos LEADER generara el compromiso de la mayor parte de los agentes locales un inicial y al menos teórico clima de colaboración y participación. En LEADER I se aprobaron un total de 52 programas, con una superficie media de 1.575 km2por cada área, y una densidad de 22,6 hab./km2; las 52 áreas LEADER suponían un 16% del territorio y un 5% de la población. La tipología de grupos fue variada. Los más abundantes fueron aquéllos en los que los gobiernos locales participaban en un porcentaje que solía ser algo superior al 50% de los miembros, completándose el resto con agentes económicos y sociales del área (Esparcia y Noguera, 1997b; Isla y Soy, 1998). En LEADER II ha habido un total de 132 grupos, con una superficie media algo superior a los 1.700 km2, y una densidad de 23 hab./km2. Las áreas LEADER II suponen el 45% del territorio del Estado, pero aquí vive únicamente algo más del 13% de la población. Estas cifras dan una idea clara de los fuertes desequilibrios demográficos —y económicos— existentes en el país. También en LEADER II los gobiernos locales han tenido una fuerte presencia en la composición de los grupos; sin embargo, respecto de LEADER I, destaca la tendencia a un mayor equilibrio entre representantes políticos y agentes económicos y sociales. Al igual que en LEADER I, la mayor parte de grupos se han constituido bajo la fórmula de asociaciones civiles (63%) (Álvarez, 1998). Teniendo en cuenta que antes de 1991 prácticamente no había habido ninguna política de desarrollo rural, el hecho de que en cada área un grupo de agentes políticos, económicos y sociales tuviesen de pronto la capacidad para gestionar entre 3 y 5 millones de euros provenientes de fondos públicos, suponía todo un cambio cualitativo. Si a ello se añade la gran expectación que LEADER generó en la iniciativa privada, y los importantes resultados en cuanto a inversión que se obtuvieron en LEADER I (Esparcia y Noguera, 1997a, 1997b; Massam y Esparcia, 1998), no es extraño que en España pueda hablarse del «fenómeno LEADER», que los sectores oficiales no dudan en reconocer como el gran éxito de LEADER. Efectivamente, desde estos sectores oficiales se señala que LEADER I: […] significó la puesta en marcha de un nuevo enfoque del desarrollo rural que incorpora los conceptos de endógeno, integrado, innovador, demostrativo y participativo […] Un nuevo planteamiento que para muchas de las zonas beneficiadas ha supuesto el inicio de una dinámica de desarrollo global e integral, cuyo positivo impacto se ha traducido en un incremento de la actividad 98 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Javier Esparcia; Joan Noguera; María Dolores Pitarch DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 98 económica local, contribuyendo a frenar la despoblación de las comarcas […] La realidad desbordó las previsiones y el coste finalmente comprometido fue un 45% superior a las estimaciones iniciales. Un significativo aumento que subraya el éxito y la capacidad de arrastre que esta novedosa iniciativa comunitaria ha tenido en España. […] Por otro lado, hay que destacar la positiva respuesta de la iniciativa privada, principal responsable del crecimiento de la inversión. (Actualidad LEADER, 1998: 16) Estas manifestaciones son sólo parcialmente ciertas. Sobre muchos de estos aspectos hay evidencias claras, pero no podemos decir que, por ejemplo, LEADER haya dado lugar a una dinámica generalizada de participación bottomup en las áreas rurales, aunque son evidentes los avances en esta línea. La figura 1 recoge de manera esquemática estos cambios. Una situación inicial (principios de los años noventa) en la que predominaba la concepción de LEADER como instrumento de poder, frente a una concepción, minoritaria en aquellos momentos, de éste como un instrumento de desarrollo rural. No sabemos con precisión dónde estamos en estos momentos, porque cada grupo de agentes, e inlcuso cada agente e incluso cada habitante del mundo rural, se situaría en una posición diferente del resto. Pese a ello, lo que sí es evidente es que se avanza en la línea de un convencimiento cada vez mayor que LEADER es, ante todo, un instrumento de desarrollo. En los puntos siguientes se analizan con más detalle aspectos que han dificultado la generalización del enfoque LEADER, empezando por las propias concepciones que originalmente tenían los diferentes agentes. La concepción de LEADER: legitimación, poder y desarrollo rural En torno a LEADER ha surgido un verdadero entramado de agentes, que operan e interactúan a diferentes escalas. Aunque todos comparten una concepción básica de LEADER como instrumento de desarrollo económico y social LEADER en España Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 99 Figura 1. Cambios entre las dos principales visiones de LEADER. Importancia Tiempo LEADER como instrumento de poder político, social y económico LEADER como instrumento de desarrollo rural DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 99 de las comunidades rurales o de parte de éstas, casi todos ven en LEADER también un instrumento de legitimación y/o de poder, que con frencuencia utilizan de manera partidista (figura 2). Esto último explica las tensiones que con frecuencia aparecen en los GAL (Esparcia y Buciega, 1998). A continuación se analizan brevemente las posiciones y la concepción de los principales agentes, en el marco de ese esquema señalado en la figura 1. En primer lugar, en la escala nacional tenemos al Ministerio de Agricultura (MAPA), caracterizado tradicionalmente por una visión centralista. La pérdida de poderes ha marcado los últimos años, tanto por el carácter común de la política agraria de la Unión Europea (PAC) como por el proceso de descentralización a los gobiernos regionales. Esta pérdida de poder y capacidad de control ha provocado una especie de «crisis de identidad» en los niveles de gestión, los que más resistencia han mostrado a los cambios. Sin embargo, los niveles más directamente relacionados con la toma de decisiones han tenido mayor capacidad de respuesta, con la creación o el reforzamiento de estructuras administrativas capaces de gestionar las políticas e iniciativas de desarrollo rural de la Comisión Europea. Pero el compromiso de estas autoridades ha ido más allá, con el diseño y la puesta en marcha del Programa Operativo de Desarrollo Rural (PRODER I, 1997-99), que reproduce el modelo LEADER (Álvarez, 1999). Por su parte, la descentralización ha sido creciente, de manera que mientras LEADER I (1991-1995) y PRODER I (1997-99) han sido gestionados por el gobierno central, LEADER II (1996-1999) ha estado en manos, básicamente, de los gobiernos regionales; los buenos resultados han hecho aconsejable que tanto LEADER+ como el futuro PRODER II sean gestionados también a escala regional. Para los gobiernos regionales, inmersos durante los años noventa en el proceso de descentralización desde el gobierno central, LEADER fue concebido como una oportunidad para ampliar y/o reafirmar su presencia en las zonas rurales y para legitimarse ante los gobiernos locales y, en general, ante la población de las zonas rurales. Pero junto al papel de coordinadores y estimuladores del desarrollo rural, algunos gobiernos regionales han reproducido el intervencionismo de los esquemas centralistas tradicionales, utilizando LEADER como instrumento de poder frente a los agentes locales (Actualidad LEADER, 1999a). En tercer lugar, en la escala local, LEADER fue interpretado en la práctica en términos de un programa externo que canalizaba ayudas económicas (Etxezarreta, 1997; Massam y Esparcia, 1998; Esparcia, 2000). Varias razones han contribuido a ello: a) En los primeros años los responsables de las políticas rurales —tanto de la escala nacional como los regionales— no pudieron o no supieron transmitir la esencia del desarrollo endógeno, probablemente por la nula tradición de políticas con enfoque de desarrollo endógeno. b) Todo ello hizo más difícil entender, por parte de los agentes locales, el significado del desarrollo endógeno y de LEADER. Habían muchos agentes locales que, también hay que reconocerlo, pensaban más en la cultura de la 100 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Javier Esparcia; Joan Noguera; María Dolores Pitarch DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 100 LEADER en España Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 101 Figura 2. Concepción de LEADER según actores. NIVEL ADMINISTRATIVO/ GEOGRÁFICO INSTRUMENTO PARA EL DESARROLLO RURAL INSTRUMENTO PARA EL DESARROLLO RURAL PRINCIPALES ACTORES Autolegitimación Nivel nacional Nivel regional Nivel local Importante Importante Importante Importante Poco importante Muy importante Muy importante Gobierno central Redes nacionales y regionales de GAL Gobiernos regionales Grupos de acción local (GAL) Gobiernos locales Otros actores locales (sociales, culturales…) No beneficiarios Beneficiarios Muy importante Control político, económico y social Dinero para inversiones Importante Lobbies Muy importante Importante Muy importante Poco importante Poco importante DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 101 ayuda externa que en asumir responsabilidades en el diseño y en la puesta en marcha de estrategias de desarrollo endógeno desde y para sus territorios, o crear y consolidar estructuras de participación. Ello suponía retos a los que no estaban habituados, y se hacían necesarios cambios en las mentalidades a medio y largo plazo. c) En esta situación, el diseño de los Programas de Innovación Rural generó muchas ilusiones y un cierto compromiso en torno a las nuevas posibilidades de desarrollo y al enfoque, objetivos y metodología de LEADER. Sin embargo, muchos agentes locales percibieron que la elaboración de los Programas de Innovación Rural era sólo una condición necesaria para acceder a las ayudas. Pocos lo identificaron —o no supieron— con una oportunidad para reflexionar sobre el futuro del territorio y las estrategias de desarrollo endógeno para este territorio, o de poner en marcha mecanismos de participación eficaces. Una cierta falta de cultura democrática, una escasa cultura de participación o un excesivo localismo, son aspectos que contribuyeron a ello. Aquella disociación entre el significado real de LEADER y la concepción de los agentes locales, tuvo como primera consecuencia la formación de lobbies en el seno de los GAL (Esparcia, 2000). En ocasiones adoptaron un carácter sectorial (grupos de agentes relacionados con determinadas actividades: cargos electos, representantes culturales, sociales o económicos), y en otras tuvieron un carácter territorial. Los lobbies han concebido LEADER como un instrumento para el desarrollo de «su» sector o territorio. Los gobiernos locales han constituido el principal lobby, y los que han tenido un mayor protagonismo, controlando con frecuencia los órganos de decisión de los GAL. En algunos casos han llegado a dejar en una posición secundaria, e incluso marginal, al resto de agentes. Por su parte, los beneficiarios —reales o potenciales— han tenido una concepción de LEADER que no va mucho más allá que la de un mero instrumento de promoción económica. En cuarto y último lugar, durante los últimos años han surgido las redes de grupos (engloban GAL de LEADER y de PRODER), primero a escala nacional, y más recientemente a escala regional. Las primeras surgieron como instrumento de servicio a los grupos, aunque el hecho de que haya dos redes (pero con una gran diferencia en el grado de representatividad) pone de relieve una idiosincrasia diferente. En todo caso, la fuerza que se deriva de agrupar a unos 232 GAL (y, en ocasiones, también las vinculaciones entre las redes y los partidos gobernantes) les han «legitimado» para convertirse en interlocutores con las diferentes administraciones (regionales, nacionales e incluso con la propia Comisión) (Actualidad LEADER, 1999a, 1999b). Aunque las redes tienen objetivos declarados, como la mejora de la coordinación entre los grupos, o relaciones con las autoridades nacionales o regionales, también actúan como verdaderos grupos de presión, bien frente a las autoridades nacionales o regionales, o bien en alianza con ellas. Independientemente de las relaciones de poder entre las redes, o entre éstas y los gobier102 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Javier Esparcia; Joan Noguera; María Dolores Pitarch DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 102 nos regionales y/o el gobierno nacional, lo cierto es que la Iniciativa Comunitaria define una serie de funciones, que se clarifican y se refuerzan con LEADER Plus, y que estas redes suponen unas estructuras de apoyo consolidadas o en fase de consolidación, capaces de asumir y cumplir con eficacia esas funciones. Éste es el gran reto que las redes tienen de cara al futuro del desarrollo rural en España (Esparcia, 1999b). Todas estas visiones no han permanecido invariables a lo largo de la década de los noventa; antes al contrario (figura 1). Es cierto que en los inicios de LEADER predominaba una concepción mayoritaria de éste como un instrumento de poder y unas subvenciones a repartir, y que el compromiso incial entre agentes locales tenía un carácter oportunista. Desde entonces la visión de LEADER como un elemento de desarrollo está cada vez más presente, y en parte ello es consecuencia de los cambios en las mentalidades, un proceso lento y que habrá de continuar en el futuro (Actualidad LEADER, 1999b). En estos momentos una parte creciente de miembros de los GAL, y de los propios empresarios, son cada vez más conscientes de que LEADER es importante no sólo como ayuda a la generación de rentas para la economía familiar; es el marco para un proceso de desarrollo endógeno y sostenible a medio y largo plazo para el conjunto del territorio, en el que el GAL está llamado a constituirse en una estructura de participación democrática (Esparcia y otros, 1999a). En el punto siguiente se analiza en qué posición estamos en este proceso en España. LEADER en España: ¿hacia el desarrollo rural integrado? Realidades y retos El análisis de LEADER no debe circunscribirse únicamente a las posiciones o concepciones de los diferentes actores. Hay que analizar también en qué contexto se inserta LEADER en relación con los objetivos teóricos del desarrollo rural (asumidos también en teoría por todos los agentes). La figura 3 nos ofrece una primera visión esquemática de esos objetivos teóricos y de los logros en España, que como se observa han sido más significativos en relación con la componente económica que con la social y ambiental. Al margen de los logros, si se analiza el desarrollo rural como un proceso, también podemos situar de manera esquemática la situación española en el contexto de ese proceso (figura 4). Aquí el proceso hasta llegar al desarrollo endógeno se ha resumido en tres fases. Mientras en la primera o inicial tenemos iniciativas de desarrollo aisladas y poco conectadas, en la fase final el desarrollo rural se identifica con una estrategia integrada a partir del potencial endógeno, y con unas acciones coherentes que dan respuesta a la globalidad de los problemas de las áreas rurales (Massam y Esparcia, 1998). Los inicios de las políticas rurales en España apenas han respondido a los criterios del «desarrollo rural integrado», con iniciativas aisladas (Isla y Soy, 1998) y con un predominio de actuaciones de tipo económico (Ramos y Cruz, 1995). La presencia de proyectos aislados se corresponde, en estas primeras fases, con una sensibilización escasa por parte de la población, y aún con una menor LEADER en España Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 103 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 103 decir que LEADER ha tenido un éxito relativo, con luces y sombras. Un primer éxito de LEADER, incuestionable, es el interés que ha generado por las áreas rurales. Políticos, técnicos, profesionales, entre otros, han vuelto sus miradas hacia las zonas rurales y los cambios que en ellas empezaban a producirse. Pero ha sido la posibilidad de utilizar LEADER como un instrumento para legitimarse ante las instituciones o ante los propios ciudadanos, o como un instrumento de poder frente a otros agentes, lo que en mayor medida ha suscitado el interés del gran número de agentes que operan en las áreas rurales españolas. Los agentes locales mostraron un compromiso en el momento de diseñar y poner en marcha los Programas de Innovación Rural; sin embargo, pronto se constituyeron lobbies informales en el seno de los GAL, que no hacían sino reproducir esa concepción de LEADER como instrumento de poder. Es ahora cuando emergen de nuevo los planteamientos teóricos en cuanto a participación comunitaria, dinamización social o compromiso entre agentes. En el ámbito de la iniciativa privada, es conocido que las ayudas a fondo perdido de LEADER ha movilizado desde 1991 una gran cantidad de inversión, pero probablemente menor de la que muestran las cifras oficiales. De la misma manera, la capacidad de innovación ha sido limitada, siendo escasas las iniciativas realmente innovadoras; en otras, los efectos demostración o los efectos multiplicadores han sido muy reducidos. LEADER ha contribuido a mejorar el nivel de empleo de la población rural, pero también aquí las cifras oficiales sobreestiman la movilización real de empleo (Esparcia y Noguera, 1997). Quedan aún incógnitas sobre el impacto real del programa: poco se sabe del grado de supervivencia de las iniciativas LEADER; tampoco se dispone de un análisis comparativo de la evolución de iniciativas o sectores que fueron apoyados por LEADER y aquéllos que no lo fueron; se sabe poco del impacto real sobre el empleo; no hay análisis en profundidad sobre qué hubiese ocurrido en las zonas rurales de no aparecer en el escenario una iniciativa como LEADER, y en qué medida algunas o muchas de las actividades se hubiesen puesto en marcha de la misma manera. Mientras estas incertidumbres se mantienen, también es cierto que hay aspectos en torno al enfoque LEADER que previsiblemente van a tener una importancia creciente en el futuro, tales como el aprendizaje democrático, la formación en desarrollo rural, la mejora de la capacidad y experiencia de toma de decisiones, las estrategias participativas y de consenso, los enfoques territoriales, la europeización de los territorios rurales, etc. (Esparcia y otros, 1999c). En definitiva, se cuenta ya con una dinámica de desarrollo endógeno, surgida con LEADER y con el enfoque LEADER, a cuyo frente están equipos jóvenes, con experiencia y profesionalidad, y GAL muy dinámicos y verdaderamente comprometidos con sus territorios. Los diferentes actores, sobre todo en la escala local, tienen la responsabilidad de que este proceso se consolide y se materialice en beneficios para el conjunto de la población y de las áreas rurales españolas (Esparcia, 1999d). 110 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Javier Esparcia; Joan Noguera; María Dolores Pitarch DAG 37 001-174 22/5/2001 19:37 Página 110 Agradecimientos Buena parte de las conclusiones contenidas en este artículo se derivan de los trabajos realizados en el marco del Proyecto GV-97-SH-20-100, de la Generalitat Valenciana. Asimismo, han sido relevantes las experiencias extraídas en el marco de las labores de Antena Regional de la Unidad Española del Observatorio Europeo LEADER, que UDERVAL ha venido realizando durante los últimos años. Los contactos que Javier Esparcia ha mantenido con miembros de Grupos LEADER, así como con responsables autonómicos y nacionales, en tanto que colaborador de la citada Unidad Española, también han sido muy valiosos para la elaboración de este artículo. La elaboración de unas primeras reflexiones para el monográfico dedicado a LEADER por Sociología Ruralis, coordinado por C. Ray (Centre for Rural Economy, University of Newcastle), permitieron empezar el diseño de este artículo. Por último, agradecemos tanto a los colegas de UDERVAL como a varios gerentes y responsables LEADER los valiosos comentarios sobre los primeros borradores del presente artículo. Bibliografía Actualidad LEADER (1998). «El LEADER I en España. Una experiencia innovadora». Actualidad LEADER-Revista de Desarrollo Rural, Unidad Española del Observatorio Europeo LEADER, 1, p. 16-20. — (1999a). «Las Comunidades Autónomas deben ceder más competencias y recursos a los Grupos de Acción Local». Entrevista a F. González de Canales, secretario de la Red Estatal de Desarrollo Rural. Actualidad LEADER-Revista de Desarrollo Rural, Unidad Española del Observatorio Europeo LEADER, 7, p. 8-9. — (1999b). «Quisiéramos garantizar la continuidad de los procesos de desarrollo en todos los actuales territorios LEADER y PRODER». Entrevista a J. Tortosa, presidente de la Red Española de Desarrollo Rural. Actualidad LEADER-Revista de Desarrollo Rural,Unidad Española del Observatorio Europeo LEADER, 7, p. 6-7. 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