Más palabras, más mundos : reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social
Abstract
En el contexto de las prácticas y debates en torno a la nueva geografía cultural, se ofrece ahora una valoración de los alcances del llamado «giro cultural» desde la publicación en 1991 de la obra New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geography, sopesando los logros pero también los problemas que ha causado a los geógrafos humanos en el final del milenio. La principal intención es discutir la «des-materialización» y la «de-socialización» de la geografía humana que la nueva geografía cultural amenaza acarrear a la disciplina a pesar de los importantes avances de ésta última.
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Resumen En el contexto de las prácticas y debates en torno a la nueva geografía cultural, se ofrece ahora una valoración de los alcances del llamado «giro cultural» desde la publicación en 1991 de la obra New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geography, sopesando los logros pero también los problemas que ha causado a los geógrafos humanos en el final del milenio. La principal intención es discutir la «des-materialización» y la «desocialización» de la geografía humana que la nueva geografía cultural amenaza acarrear a la disciplina a pesar de los importantes avances de ésta última. Palabras clave: giro cultural, geografía social, des-materialización, de-socialización, nueva geografia cultural. Resum. Més paraules, més mons: reflexions entorn del «gir cultural» i la geografia social En el context de les pràctiques i els debats entorn de la nova geografia cultural, s’ofereix ara una valoració de l’abast de l’anomenat «gir cultural» d’ençà de la publicació l’any 1991 de l’obra New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geography, sospesant els fruits assolits però també els problemes que han provocat als geògrafs humans a les acaballes del mil·lenni. La principal intenció és debatre la «des-materialització» i la «desocialització» de la geografia humana amb les quals la nova geografia cultural amenaça la disciplina tot i els progressos observats. Paraules clau: gir cultural, geografia social, des-materialització, de-socialització, nova geografia cultural. Résumé. Plus de mots, plus de mondes: des réflexions autour du «virage culturel» et de la géographie sociale Dans le contexte des pratiques et des débats autour de la nouvelle géographie culturelle et après la parution en 1991 de l’ouvrage New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geography, on présente une évaluation de la portée de ce qu’on appelle «virage culturel» en soupesant les fruits atteints ainsi que les problèmes que ceux-ci ont provoqué aux géographes humains maintenant que le millénaire est à son terme. L’intention primordiale est de débattre la «dé-matérialisation» et la «dé-socialisation» de la géographie * Traducido del original inglés por Perla B. Zusman. Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 81-99 Más palabras, más mundos: reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social* Chris Philo University of Glasgow. Department of Geography and Topographic Science Glasgow G12 8QQ (Escocia). United Kingdom [email protected] Data de recepció: juliol 1998 Data d’acceptació: setembre 1998 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 81
humaine avec lesquelles la nouvelle géographie culturelle menace cette discipline malgré les progrès observés. Mots clé:virage culturel, géographie sociale, dé-matérialisation, dé-socialisation, nouvelle géographie culturelle. Abstract. More words, more worlds: reflections on the «cultural turn» and social geography In the context of discussion and points of view on new cultural geography, the specific purpose of this paper is to provide an asessment of what this so-called «cultural turn» has managed to achieve since the publication of New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geographyin 1991. The paper weighs up both the achievements and the problems which it has raised for human geographers working at the end of the millenium. The main purpose is to discuss the «de-materialising» and the «de-socialising» of human geography which new cultural geography risks bringing into the discipline in spite of all its important advances. Key words: cultural turn, social geography, de-materialising, de-socialising, new cultural geography. Introducción: la propuesta inicial y el «giro cultural» en geografía humana Todo empezó en septiembre de 1991 cuando el entonces denominado «Grupo de Estudio de Geografía Cultural y Social Británica» organizó en Edimburgo el encuentro New Words, New Worlds. Poco después me hice cargo de una pequeña publicación titulada New Words, New Worlds: Reconceptualising Social and Cultural Geography(Philo, 1991a) en la que, además del documento central de discusión de aquel encuentro («De-limitando la geografía humana») se incluían también las ponencias preparadas por los miembros del Grupo (DD.AA., 1991), así como los textos de las conferencias y las conclusiones. Mi deseo es ahora ofrecer algunas reflexiones en relación con los cambios que, tras aquella publicación, han venido sucediéndose en la investigación y los debates geográficos y que, de una forma u otra, se han ido vinculando tanto con la «nueva geografía cultural» como con el denominado «giro cultural» de nuestra disciplina1. No es mi intención ofrecer algo así como un panóptico 82 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Chris Philo 1.Una primera versión de este texto fue presentada en el encuentro «Cultural Turns/Geographical Turns» celebrado en la Oxford University los días 16 a 18 de septiembre de 1997 y organizado por el Social and Cultural Geography Research Group del Institute of British Geographers. Sumario DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 82 Introducción: la propuesta inicial y el «giro cultural» en geografía humana Geografías des-materializadas Las geografías de-socializadas Reflexiones finales Reconocimientos Bibliografía
general de este cambio en el paisaje intelectual: no quiero ofrecer la impresión de pretender dar una visión externa, como si estuviese en un satélite orbital con un «poder telescópico amplio» capaz de observar claramente todo lo que está sucediendo y que, aquéllos que están más próximos, no pueden detectar. Aún más, y siguiendo el espíritu de aquello que recientemente Cindi Katz (1996) ha denominado «teoría menor», quisiera ofrecer algunas reflexiones en sí mismas un poco dudosas, hacer preguntas más que emitir juicios definitivos. De esta forma, estaré menos próximo a las «grandes proposiciones teóricas» y más cercano a aquellos otros (muchos otros) geógrafos humanos de todo tipo que ahora están mezclando lo conceptual con lo sustantivo. Una primera observación que quiero realizar es que la iniciativa New Words, New Worlds fue una pequeña gota dentro de una gran corriente. En sí misma, ciertamente, no fue un punto de arranque para una nueva serie de debates, ya que, en muchos aspectos, simplemente recogió un conjunto de cambios (referidos al enfoque, el tema de interés, el énfasis, el estilo, la política) que estaban teniendo lugar en (y, por supuesto, más allá) de la disciplina. La iniciativa que emergió de las reflexiones del Comité del Grupo de Estudios, reconoció que sus miembros estaban comenzando a pensar de maneras muy diferentes los mismos objetos acerca «de lo social» y «de lo cultural» que perfilaron el nombre del Grupo de Estudio (no sería hasta finales de los años ochenta que el grupo cambió su nombre, pasando de llamarse de «Geografía Social» a denominarse de «Geografía Social y Cultural»). Por consiguiente, el propósito original de la iniciativa fue echar una ojeada crítica en la reconceptualización tanto de «lo social» como de «lo cultural» y, en este proceso, deshacer las implicaciones de lo que deberíamos realmente considerar como el alcance de los subcampos disciplinarios de la «geografía social» y la «geografía cultural». Los elementos vinculados a este propósito pueden ser aún rastreados en la compilación New Words; sin embargo, retrospectivamente, la mayor meta de aquel ejercicio quizás consistió en un intento de elevar nuestra sensibilidad, en el sentido de que todos los objetos «culturales» pudieran alcanzar una posición más preeminente en los estudios referidos al conjunto de la ciencia geográfica (y no sólo en una o dos subdisciplinas claramente parceladas). Era necesario considerar, de una forma mucho más seria de lo hecho hasta el momento, todas las formas de los objetos que podrían ser interpretados como constitutivos de la cultura «material» de la vida humana, no sólo el fenómeno rutinariamente designado como cultural (por ejemplo, las artes cultas y los medios de comunicación populares), sino también el panorama completo de los sistemas de significados, tanto los colectivos (por ejemplo, las religiones ylos nacionalismos) como los más individuales (montados a partir de las economías psíquicas personales). En efecto, esta orientación de la geografía humana hacia el giro cultural fue sorprendentemente rica; obviamente ha tenido importantes ramificaciones tanto en la geografía social como en la cultural, pero indudablemente también ha enviado ondas de choque a lo largo y a lo ancho de la geografía humana, conduciendo a debates (más o menos explícitos, más o menos acaReflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 83 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 83
lorados) acerca de los méritos del cambio cultural dentro de las (llamadas) geografía económica, geografía política, geografía de la población, geografía ambiental y por todas partes. No es éste el lugar para detallar estos debates, pero insistiré en que nunca fue la intención original de aquella iniciativa darse el lujo de alzar cierto tipo de «fortaleza conceptual» en beneficio de la geografía cultural (ni del Grupo de Estudio). Sé que algunos comentaristas han visto las cosas de esta manera, pero ahora debatimos ciertas «consecuencias no intencionales» y, en efecto, personalmente reconozco que algunas de ellas no son del todo positivas. Por consiguiente, permítanme dar a conocer mi preocupación respecto a que, en ciertos aspectos, el giro cultural ha sido demasiado exitoso, se ha tornado demasiado hegemónico y ello ha llevado a los dominios de la (llamada) geografía política o económica a realizar demasiadas concesiones con el giro cultural. Esto quizás ha significado que hayamos perdido interés en ciertos dominios de la (llamada) economía y la política que indudablemente todavía deberían demandar nuestra atención porque resultan indispensables para las formas en que hoy las geografías humanas se encajan en el mundo externo a la academia. Más aún, iré más lejos a fin de sugerir que el éxito del giro cultural hoy está planteando algunos problemas al estudio de la geografía social (o dominio subdisciplinario donde inicialmente se engendró el giro cultural, al menos en Inglaterra) y es ésta verdaderamente la pretensión clave de mi trabajo aquí: la amenaza que el giro cultural representa para la geografía social. Existen otros muchos aspectos introductorios que deberían ser presentados aquí, entre otros cabe destacar las diferencias entre la experiencia británica y la de la geografía norteamericana (donde el desarrollo de la nueva geografía cultural ha tenido que luchar además con la herencia de la escuela de la geografía cultural saueriana) y otras «escuelas» nacionales o regionales de geografía (incluyendo aquí las de la Europa continental). Igualmente, deben remarcarse los movimientos recíprocos a través de los cuales el giro cultural en geografía se ha difundido en los dominios (multidisciplinarios) de los estudios culturales más amplios, mientras que, a cambio, ha sido estimulado por las corrientes que fluyen de tales campos. Más que explayarme en estos puntos, permítanme subrayar solamente mi entusiasmo y fascinación (todavía no apagada) frente a los cambios que acompañan al giro cultural en geografía humana. En efecto, mi respuesta básica es de goce frente a la explosión de nuevos estudios que emergen bajo el paraguas un tanto laxo de la nueva geografía cultural. Pienso que toda esta renovación es importante, estimulante, y creativa de una nueva atmósfera en geografía humana que, de esta forma, ha arrasado con muchas de las telarañas de las convenciones, con el conservadurismo y aún con los prejuicios manifiestos. Por lo tanto, todos los comentarios críticos que hago en los siguientes apartados deben ser situados dentro del contexto de que mi percepción subyacente es que lo que está ocurriendo a partir del giro cultural en la disciplina es una cosa «buena», lo que no implica que estos cambios sean inmunes a la crítica. 84 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Chris Philo DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 84
Antes de entrar al corazón de mi trabajo me gustaría dar a conocer, en primer lugar, una o dos de mis preocupaciones más triviales. Por ejemplo, hay tantas cosas nuevas interesantes para leer contenidas en las páginas de las más «serias» revistas de geografía que resulta increíblemente difícil «mantenerse al día», retener aspectos ya sea del sentido del paisaje intelectual global o del conocimiento de las más detalladas excursiones dentro de este paisaje. También resulta difícil seguir el ritmo de los cambios que están ocurriendo dada la rapidez con la cual nuevas posibilidades de pensamiento y práctica vienen apareciendo en la literatura científica. Ello podría quedar más claro a través de un ejemplo personal: justo cuando estaba comenzando a entenderme con las posturas referidas a «otorgar voz» a los sujetos de investigación, particularmente a aquellos marginados, carentes de poder y de privilegios, comenzaron a plantearse una serie de preguntas de peso acerca de los presupuestos contenidos en las subjetividades unitarias autopresentes que pueden «otorgarse voz» a ellas mismas (gentileza de Gillian Rose y otros extraídas del psicoanálisis: véase, por ejemplo, Rose, 1997) y acerca de las políticas destinadas forzar a los sectores «subalternos» a tener una voz cuando pueden existir estrategias de silencio que sean más relevantes para ellos (gentileza de Clive Barnett y otros extraídas de Spivak, así como de la tendencia de la teoría crítica literaria; véase, por ejemplo, Barnett, 1997). Podría objetarse que el ritmo de estos cambios es simplemente una cuestión de «estar en la última moda», o «continuamente triunfante» un peldaño más arriba en el mercado de las teorías, y supongo que éste es un elemento más del giro cultural. Aún así, pienso sinceramente que el antiguo modelo de «esgrima» académica ha desaparecido en el trabajo actual de las nuevas geografías culturales. De manera que estudios como los de Rose (1997) y Barnett (1997) están espiritualmente presentes en los aspectos complementarios (no menos importantes) que necesitan ser movilizados dentro de esta mezcla de esfuerzos, en lugar de que todos los tratamientos previos de determinadas temáticas sean totalmente desconsiderados tras la búsqueda de una renovación total. Quisiera pasar ahora a realizar un conjunto de reflexiones más focalizadas, organizadas en dos secciones que se titularán «geografías des-materializadas» y «geografías de-socializadas». En el curso de las mismas también desarrollaré mi postura en relación con ciertos tipos de peligros vinculados con la forma, a través de la cual el giro cultural ha drenado parte de la sustancia constituyente de aquello que muchos de nosotros hemos acostumbrado a concebir como geografía social. Geografías des-materializadas En mi introducción a la compilación New Words (Philo, 1991b), hice una revisión de la prolongada trayectoria a través de la cual los geógrafos humanos han superado gradualmente su miedo a lo inmaterial y, en este proceso, abrieron posibilidades para el tipo de giro cultural que se está discutiendo actualmente. En la misma también hice alusión a que la meta final de las indagaciones de Reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 85 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 85
la geografía humana tradicional, que cubrió la primera mitad de este siglo, yacía en pacientes contabilidades de fenómenos materiales obvios, tangibles y cartografiables que se hacían presentes a los sentidos (a primera vista) en la investigación geográfica. La geografía se mostraba concentrada en las modificaciones observables del ambiente natural (por ejemplo, la deforestación de un bosque) o en las producciones humanas igualmente observables en el paisaje (por ejemplo, campos cultivados, fábricas, asentamientos, rutas de transporte), pudiendo considerar todos estos fenómenos de manera individual (posiblemente rastreando sus determinaciones ambientales) o de forma más colectiva bajo la forma de configuraciones regionales distintivas. Sugerí también que la geografía que emergió entre 1950 y 1960 como una ciencia espacial respondió a esta obsesión con el mundo material, aunque traduciendo las configuraciones de los fenómenos materiales en representaciones geométricas más abstractas que, supuestamente, revelaban las verdades profundas de la organización espacial humana. Raramente tales versiones de la geografía humana consideraron la posibilidad de que pudieran existir otros tipos de fenómenos de carácter inmaterial, que pudieran poseer tanto sus propias geografías distintivas (y significativas) o que pudieran ser relevantes para explicar gran parte de los patrones materiales que se estudiaban normalmente. Podríamos preguntarnos el motivo de esta aversión por lo inmaterial ¿Era esta aversión un simple producto derivado de una particular visión de la investigación científica, una visión positivista con un criterio estricto acerca de aquello que debía ser considerado como legítimo «candidato para existir» y con valor para atraer la atención científica? ¿O existe una historia más profunda que nos habla de la ansiedad de los primeros geógrafos frente a los misterios de lo invisible, apoyándose aquella historia «allí afuera» en las (llamadas) maquinaciones político-económicas del capitalismo sin el coraje necesario para cuestionarlo o «aquí dentro» en los (llamados) impulsos, deseos, latencias y obsesiones de la psique humana? Esta narrativa es ciertamente parcial. En este sentido, es posible encontrar ejemplos de geógrafos anteriores que sin asustarse con lo inmaterial, o sin adscribirse completamente a éste, lo reconocieron claramente como algo que en algún momento se filtraría en la discusión. Pienso en Piotr Kropotkin (uno de los maravillosos primeros geógrafos anarquistas) interesado en el rol que mantienen las fuerzas materiales no inmediatas (como los estados burócraticos, los recelos nacionales y los prejuicios raciales) a la hora de moldear las diferentes geografías humanas (Kropotkin, 1885; Mac Laughlin, 1986). Pienso también en los esfuerzos incansables de J.K. Wright por traer a escena las terrae incognitae de las imaginaciones humanas, desde las cruzadas hasta los indios americanos, como agregados «geosóficos» a la geografía humana tradicional (Wright, 1925; 1947), o pienso en las pretensiones provocativas de Jean Brunhes acerca de lo que ha llamado «el factor psicológico» que incluye los deseos colectivos con sus «apetitos espontáneos y deliberados» que intervienen entre los «fenómenos naturales y la actividad humana» (Brunhes, 1920). Todas estas tempranas experiencias en el pensamiento geográfico (juntamente con los escri86 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Chris Philo DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 86
tos de J. Wreford Watson; véase especialmente Watson, 1951), rastreados en mi colaboración en New Words anticiparon los últimos cambios de la geografía humana atenta al dominio de lo inmaterial. Partiendo de las rutas paralelas seguidas por la ciencia espacial posterior a los años setenta, representadas, por un lado, por la geografía radical/marxista (con su atención puesta en la estructura social) y, por otro, por la geografía del comportamiento y humanística (con su atención puesta en la acción humana), los nuevos viajes trazados por ambas resultaron distanciados de la obsesión con lo material para entrar en las complicaciones de lo inmaterial. Ofrezco un esbozo de las mismas aunque no busco realizar un conjunto de generalizaciones insostenibles. Algunos podrían objetar que la primera ruta mencionada, la geografía radical/marxista, fue abiertamente materialista y ella no conllevó el encuentro con lo inmaterial que estamos sosteniendo. Dado que venimos hablando de un movimiento hacia un «materialismo histórico» marxista, subsecuentemente remodelado por muchos autores como «materialismo histórico-geográfico» y de una orientación que proclama sus bases analíticas y las operaciones elementales de los humanos en la naturaleza, entonces tal objeción parece estar justificada. Sin embargo, debería responderse que toda la arquitectura del pensamiento marxista (el trabajo teórico orientado a desvelar las estructuras de las relaciones sociales ocultas vinculadas con el control sobre los medios de producción) consiste en traer a la conciencia del académico (y quizá también a la del oprimido) la realidad de las estructuras que son en sí mismas inmateriales (en el sentido que no son inmediatamente accesibles a la aprehensión sensorial humana) pero que tienen efectos materiales dramáticos en el bienestar o en otras formas de la vida cotidiana de las personas. Para los geógrafos del comportamiento y para los geógrafos humanos (de forma más obvia todavía), la consideración de lo inmaterial resultó más evidente, ya que estos estudiosos estaban dispuestos a llevar adelante investigaciones detalladas sobre el dominio sombrío de la percepción humana, del conocimiento, la interpretación, la emoción, los significados y valores, creando una veta rica para la investigación, para la cual términos como «mapas mentales» y «sentido de lugar» eran de ayuda, aunque resultasen taquigráficamente inadecuados. Detalles de este tipo no tienen importancia para mis objetivos. Sin embargo, el aspecto crucial es simplemente que el miedo a lo inmaterial fue roto. Bajo todo tipo de formas, desde una diversidad de perspectivas y con una diversidad de motivaciones conceptuales, metodológicas, políticas y de otros tipos, lo inmaterial comenzó a ser liberado en los estudios de los geógrafos humanos. Considero que estas valiosas maniobras pavimentaron el camino para el giro cultural de más reciente cosecha. Otra vez estoy supersimplificando, pero lo que me llama la atención es que los horizontes más amplios de la geografía humana de finales de los ochenta que ha dado nacimiento al giro cultural, incluyeron una variedad de desarrollos que extendieron y, en muchos casos, redireccionaron las revoluciones marxistas y humanistas de las décadas previas (para una visión general, si bien parcial, de los muchos avances involucrados Reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 87 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 87
aquí, véase Barnes y Gregory, 1997; Cloke, Philo y Sadler, 1991; Peet, 1998; los artículos en Johnston, Gregory y Smith, 1994). Las complejas reconsideraciones de la geografía marxista (la espacialización de los conceptos marxistas; los debates en torno a la reestructuración de las divisiones espaciales del trabajo y a los estudios locales; el advenimiento de las teorías de la regulación y del régimen; el encuentro con la crítica realista, las agitaciones en torno al postmarxismo) han creado un ambiente receptivo a los posibles impactos de los procesos de la cultura inmaterial en los espacios político-económicos. Es verdad que muchos de los comentaristas no ven que el giro cultural tenga algo que ver con la geografía marxista y se dan cuenta de que muchos de los que podrían considerarse a sí mismos herederos de la geografía marxista pueden resultar hostiles a este giro cultural, pero yo sugeriría que mucho de lo que ha ocurrido dentro del giro cultural podría (mejor dicho, debería) rastrear sus puntos de referencia en los continuos diálogos entre el marxismo y la geografía mantenidos tan fructíferamente vivos por algunos como David Harvey, Michael Watts, Stuart Corbridge, Noel Castree y otros. De forma más evidente, a pesar de las complejas reconsideraciones de la geografía humanística (la revalorización de la tradición del paisaje; el crecimiento de la atención en los sistemas de significados intersubjetivos; la fragmentación de la figura singular del «Hombre» al reconocer la tímida diversidad de las personas que ocupan este planeta; la nueva cartografía del (los) sujeto(s) humano(s); la llamada de atención en torno a la psicodinámica del género y la sexualidad), en conjunto han promovido el aumento de la sensibilidad frente a muchas de las dimensiones de la cultura material que participan en la realización virtual de todos los espacios humanos imaginables. Este furor frente a lo que algunos escritores están hoy calificando de «geografía poshumanística» alimentada por inputs de fuentes tan diversas como el feminismo, la teoría poscolonial, el psicoanálisis, la psicología social y la antropología cultural, ha sido central para el giro cultural (el cual, por supuesto, luego actuó como estímulo para posteriores préstamos y distribuciones entre tales fuentes intelectuales). En síntesis, y dicho brevemente en otros términos, lo que hasta aquí he reseñado resultan ser las fuentes que constituyen la materia que constituye el giro cultural. Más allá de los detalles, mi postura se basa en que esta superación gradual del miedo a lo inmaterial dentro de la geografía humana puede ser trazada desde los antecedentes más antiguos, pasando por el entusiasmo provocado por las revoluciones marxistas y humanísticas, hasta llegar al completo ardor de lo inmaterial abrazado en las llamas del reciente giro cultural. Quiero reiterar mi aplauso por este resultado: marca una importante madurez en ciertas corrientes puestas en movimiento por generaciones de geógrafos buscando forjar algo más inclusivo y desafiante que aquello que fue ofrecido por las versiones tradicionales y científico-espaciales de la disciplina (aceptando aún la existencia de aspectos útiles de estas antiguas geografías que valía la pena retener o revisar). Aún más, deseo señalar ahora algunas preocupaciones que yo (y otros) tenemos en relación con la des-materialización de la geografía humana: la preocu88 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Chris Philo DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 88
pación con los procesos culturales inmateriales, con la constitución de sistemas de significados intersubjetivos, con el juego de las políticas identitarias a través de formas cada vez menos tangibles, frecuentemente espacios fugaces de textos, signos, símbolos, psiques, deseos, miedos e imaginaciones. Me preocupa el hecho de que con la fiebre de elevar tales espacios en nuestros estudios de geografía humana, acabamos estando menos atentos a los más a lo «concreto», a aquello con que es posible que nos topemos, a las tercas «preocupaciones» de lo que ocurre allí en el mundo (lo material) con las cuales las tempranas geografías tendían a estar familiarizadas. Un conjunto de personas que podrían ser identificadas como los nuevos geógrafos culturales ya han escrito mucho al respecto, siendo Don Mitchell (véase Mitchell, 1995) quizá el ejemplo más evidente. Más aún, tengo entendido que la re-introducción de lo material en la geografía humana es estimulada por los escritores que se inspiran en las reinterpretaciones del marxismo de Henri Lefebvre y, en este sentido, me ha gustado la reciente recuperación de Lefebvre que Virginia Blum y Heidi Nast hacen en torno al «énfasis otorgado por la acción corporificada» («Él pregunta quién sostiene el lápiz, quién está dando el puñetazo, quién ocupa las torres, etc.» Blum y Nast, 1996: 560). También los escritos de Derek Gregory (1994; 1995; 1997) se ocupan de las historias de larga duración de los cuerpos y los espacios de Lefebvre. Esta mención de los cuerpos resulta útil ahora en tanto que varios autores están hoy reconsiderando aquel saber que debería ser reivindicado como las geografías carnales de «los cuerpos humanos» (como erupciones materiales en el espacio), ya que son disciplinadas dentro de ciertas posturas y conductas, inscritas en una miríada de valores y expectativas, y movilizadas como sitios posibles de resistencia y repositorios de significados contrahegemónicos. En este sentido, podemos encontrar múltiples contribuciones como aquéllas de Louise Johnson, Julia Cream, Catherine Nash y también John Bale (éste último con su revisión infravalorada de la geografía de los deportes como aquel conocimiento preparado para considerar los triunfos y fracasos de «la cultura de los cuerpos» bajo diferentes regímenes deportivos; Bale y Philo, 1998). Está claro que para los geógrafos aquí citados no se trata de una simple cuestión de acentuar lo material o lo inmaterial, sin embargo la fuerza de lo que ellos están haciendo está puesta en revisar las relaciones entre ambos: aún más, probablemente ellos insistan en la necesidad de ver lo primero en lo segundo y viceversa, al punto que la oposición binaria sea disuelta. El reciente giro «latouriano» de la geografía humana, ejemplificado a través de los excelentes trabajos de Nigel Thrift, Sarah Whatmore, Steve Hincliffe, Jonathan Murdoch y otros, seguramente está tratando de alcanzar algo no muy diferente a esta propuesta de disolución de la oposición binaria (véase en particular Thrift, 1996). Hasta aquí he adelantado algunas ideas aún bajo el riesgo de hacer algunas reivindicaciones que no pueda llevar un poco más allá en este trabajo. En su lugar, déjenme ser más específico en el cuestionamiento a la desmaterialización de la geografía humana y permitánmelo hacer a través de considerar dos Reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 89 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 89
Reflexiones finales El útil editorial de Andrew Leyshon en Environment and Planning A (Leyshon, 1995) permite presentar algunas reflexiones finales. Leyshon se pregunta: «¿Qué pasó con la geografía de la pobreza?». Como consecuencia de esto sugiere que el Grupo de Estudio de Geografía Cultural y Social, con su compilación New Words, estaba llegando demasiado lejos con cierto tipo de aproximación (el giro cultural) que conducía a un olvido de aspectos que muchos consideraban fundamentales, inevitables e incómodos, tales como la geografía de la pobreza. La crítica desarrollada de forma más amplia por Leyshon fue (y es) legítima, y obviamente, está a tono con mi propia línea de razonamiento aquí, a pesar de que en su momento fue a una observación fuera de lugar. En el año 1995 también se publicó Off the Map: The Social Geography of Poverty in the UK (Philo, 1995), una compilación que he editado en nombre del Grupo de Estudio Social y Cultural y que fue publicada por el Grupo de Acción contra la Pobreza Infantil (Child Poverty Action Group) con base en Londres (quien encargó el proyecto al Grupo). No quiero sugerir que esta fue una obra particularmente destacable, a pesar de haber hecho un trabajo razonable al recuperar una perspectiva geográfica en el estudio de la pobreza y, al mismo tiempo, traer un conjunto de ensayos bien construidos dirigidos al tratamiento de la pobreza, de las necesidades y las desigualdades en diferentes escalas espaciales y en diferentes tipos de ambientes en toda Gran Bretaña. Desde mi punto de vista, este ejercicio básico de geografía social resulta un componente absolutamente crucial para cualquier empresa global en la geografía humana. Sé que antes, en los inicios de los años setenta, David Harvey se quejaba por la continua documentación de las desigualdades socioespaciales considerándola un ejercicio «masturbatorio» (Harvey, 1972). Harvey pensaba que teníamos suficientes estudios descriptivos del «bienestar» y que, en su lugar, necesitábamos ofrecer más explicaciones de carácter teórico (marxistas, por ejemplo) para revelar los patrones de desigualdad. Sin embargo, queda como tarea indispensable para los geógrafos continuar trazando las desigualdades socioespaciales (después de todo, toda sociedad está continuamente reinventando sus desigualdades y su disposición espacial, de manera que su guía continua es esencial para construir una sociedad caracterizada por lo que podría llamarse «consciencia geográfica»). Sean cuales fueran las reivindicaciones precisas a hacer aquí, realmente deseo destacar el entusiasmo del Comité del Grupo de Estudio para involucrarse en este proyecto con el Grupo de Acción contra la Pobreza Infantil. Esto no suponía ningún tipo de recompensas, ni financieras ni de prestigio, pero el Comité, el mismo Comité que estaba involucrado en llevar a cabo la iniciativa, no ponía en duda el valor del uso relativamente simple de las habilidades sociogeográficas para desenredar el «mapa» de los ricos y pobres en Gran Bretaña. Ésta resulta ser una advertencia contra las críticas irreflexivas realizadas al Grupo de Estudio (ahora de Investigación) Social y Cultural, y probablemen96 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Chris Philo DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 96
te también contra muchos otros que, con el giro cultural de la geografía humana, acaban por zambullirse de forma irresponsable e indulgente dentro de las profundidades nada misteriosas de las políticas de identidad cultural y de la «astuta» teoría francesa. También es una advertencia contra las acusaciones reaccionarias dirigidas a los nuevos geógrafos culturales por ser irreflexivamente irresponsables olvidándose de todo menos de sus egos, de los caminos de su carrera y de los juegos de poder institucional (y existe también un número de ataques salvajes por allí, rodeándonos, principalmente bajo formas todavía no publicadas). Lo que también esto señala es que, a pesar de mis propios miedos acerca de la existencia de un impulso respecto a la des-materialización y de-socialización de la geografía humana que creo debe acompañar al giro cultural, en la práctica el proyecto global (que debería ser referenciado como «geografía social y cultural») continúa siendo mucho más de lo que los críticos podrían sugerir. Aún más, este proyecto continúa teniendo un carácter diverso, vivo, vivaz, realmente tolerante, en el cual (al menos como lo entiendo yo) aquéllos que se hayan inclinado hacia los fines más extremos del giro cultural se sientan complacidos con el hecho de que el trabajo continúe siendo realizado en la línea de un texto como el Off the Map. Desde una posición personal, por lo tanto, quiero «dejar que cientos de flores florezcan»: para permitir y aún promover, de forma activa, una geografía humana contemporánea que acompañe todo un abanico de posibilidades para tratar con lo material y lo inmaterial, lo social y lo cultural. Más aún, seguiré considerándome feliz en la medida en que este ámbito de la investigación en geografía humana incluya estudios que (extrayendo su inspiración de todo el movimiento del giro cultural) continúen abrazando lo material y lo social y, por lo tanto, resistiendo toda des-materialización y de-socialización dogmática de la disciplina. Reconocimientos Quisiera agradecer a todos aquéllos que han leído y comentado este texto, especialmente a Eric Laurier, Hester Parr y Joanne Sharp. Desearía también agradecer a los participantes de la Conferencia de Oxford por sus amables comentarios y críticas constructivas, especialmente a M. Dolors Garcia Ramon. Y también quisiera agradecer a Abel Albet por invitarme a contribuir en esta revista a través del presente trabajo. Bibliografía BALE, J.; PHILO, C. (eds.) (1988). Body Cultures: Essays on Sport, Space and Identity by Henning Eichberg. Londres: Routledge. BARNES, T.; GREGORY, D. (eds.) (1997). Reading Human Geography: The Poetics and Politics of Inquiry. Londres: Arnold. BARNETT, C. (1997). «“Sing along with the common people”: politics, postcolonialism and other figures». Environment and Planning D: Society and Space, 15, p. 137-154. Reflexiones en torno al «giro cultural» y a la geografía social Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 97 DAG 34 081-099 20/5/99 16:12 Página 97
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