scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Presentación

Albet i Mas, Abel; Nogué, Joan

Abstract

Albet i Mas, Abel; Nogué, Joan

Full text

DOSSIER Noves geografies culturals DAG 34 017-022 20/5/99 16:06 Página 18 A finales del siglo XX la geografía cultural está demostrando ser uno de los campos más dinámicos de la ciencia geográfica, tanto en el contexto de la reflexión teórica como en el de los estudios aplicados. Sus objetivos cubren desde el análisis de los objetos cotidianos y de las imágenes de la naturaleza en el arte o en el cine, hasta estudios de los significados de los paisajes o de la construcción social de las identidades territoriales. Sus ámbitos incluyen la investigación acerca de la cultura material, las prácticas sociales y los significados simbólicos, todo ello desde una amplia variedad de perspectivas teóricas. A pesar de que el concepto de cultura es extremadamente complejo y ambiguo, existe un cierto consenso en identificarlo como el conjunto de ideas, tradiciones y creencias que modelan las acciones de las personas y su producción de artefactos materiales, incluyendo los paisajes y el medio construido. Dado que se define y se determina socialmente, la cultura se expresa a través de individuos y de grupos sociales que articulan y replantean constantemente aquellas ideas y valores que son, a su vez, temporal y espacialmente específicas. En los años veinte de nuestro siglo Carl Ortwin Sauer planteó la necesidad de una geografía cultural capaz de analizar las formas con las que las personas y las sociedades dejan su huella sobre el paisaje a través de sus actividades productivas y de sus asentamientos: la cultura es el agente, la naturaleza es el medio y el paisaje cultural es el resultado, dirá Sauer. A través del estudio de la morfología del paisaje se facilitaría una forma estrictamente geográfica de analizar la cultura. Sauer y la escuela de Berkeley enfatizaron en tres aspectos esenciales: la reconstrucción histórica de las inercias humanas y ambientales que configuran el paisaje; la identificación de regiones culturales homogéneas definidas tanto por los artefactos materiales (desde la arquitectura hasta la gastronomía) como por los atributos inmateriales (desde el lenguaje hasta la religión); y la evolución de la ecología cultural a través de la cual las percepciones y los usos de los paisajes son culturalmente condicionados. Hoy por hoy la globalización, la secularización o la extensión de las redes de telecomunicaciones, parecerían dar al traste con algunos de los principios sauerianos: religiones, creencias y valores han dejado de ser, en parte, elementos destacados de cohesión social; se han universalizado idiomas, pautas de consumo y fórmulas estéticas; el mimetismo y la homogeneización tienden a ser los criterios básicos de configuración de los paisajes culturales contempoDoc. Anàl. Geogr. 34, 1999 19-22 Presentación DAG 34 017-022 20/5/99 16:06 Página 19 ráneos; las comunidades virtuales, el sincretismo, la constante movilidad (territorial, social, económica) establecen nuevos criterios de territorialidad e identidad... A la luz de estos cambios, uno de los debates actuales en la nueva geografía cultural es el que plantea, pues, hasta qué punto se puede hablar de una continuidad y evolución en la geografía humana (en qué medida los principios y criterios establecidos por Sauer siguen siendo válidos y aplicables en la actualidad) o bien se está ante una nueva manera de integrar la cultura en la geografía que reinvente la geografía cultural. En otro orden de cosas, a finales del siglo XX la combinación entre el multiforme y explosivo desarrollo de las metrópolis del mundo occidental y la deconstrucción de nociones de «alta cultura» o «verdades sociales» básicas para las ciencias sociales, ha supuesto la consolidación de un nuevo reto intelectual: el estudio de la ciudad se ha ido transformando en un interés por la identidad, el significado, el consumo y la imaginación urbanas, en una preocupación por analizar cómo las personas responden a la experiencia urbana. En el marco de la posmodernidad, se observan diversas formas de reconstrucción de perspectivas geográficas que tienen por objetivo revisar la «mirada» contemporánea acerca de la ciudad: la combinación de un análisis materialista y cultural del espacio se demuestra como una forma eficiente de interpretar el cambio urbano, enfatizando en las representaciones, los símbolos y los significados, más que en la morfología urbana, la planificación o la estructura social de la ciudad. Esta nueva geografía cultural urbana remarca el peso de las relaciones sociales y los significados simbólicos tal y como se revelan en lugares o localidades específicas. Los temas de estudio pasan a ser las pautas y los lugares de consumo masivo, la publicidad, las formas de cultura popular y contracultura, la dimensión simbólica (cultural, espacial) del cuerpo, entre otros. Otra «mirada» de la geografía cultural traslada la preocupación desde el análisis de la producción material del medio ambiente al estudio de las formas como los paisajes han sido representados (en textos, obras de arte, mapas, etc.): si un paisaje es una imagen cultural y una forma pictórica de representar, estructurar y simbolizar una realidad espacial, el análisis deriva hacia las teorías literarias, la semiótica, el discurso. La geografía cultural emfatizará ahora en cómo han sido introducidas o descartadas determinadas nociones dominantes de cultura y de poder que han generalizado discursos particulares sobre lugar e identidad; así, el discurso de la alteridad (orientalismo, poscolonialismo) comporta la revisión de ciertos principios que hasta el momento eran considerados esenciales en geografía y en la dimensión espacial de las ciencias sociales. Quizá el punto en común entre los nuevos geógrafos culturales sea el estudio de cómo las interconexiones entre las fuerzas globales y las particularidades locales alteran las relaciones entre identidad, significado y lugar. El interés radica en el análisis de cómo bienes y servicios (incluyendo los paisajes) producidos y comercializados globalmente, son percibidos y utilizados de manera diferenciada por personas en distintos puntos del planeta. A pesar de la creciente homogeneidad de la producción cultural internacional, todavía hay 20 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Presentación DAG 34 017-022 20/5/99 16:06 Página 20 «espacios de resistencia» que tienen interés de estudio: en un mundo posmoderno, hay sentimientos de individualidad, de comunidad y de nacionalidad que siguen arraigados en lugares determinados y cuya expresión (abierta o violenta, integradora o narcisista) crea territorios peculiares. En efecto, «pensar globalmente y actuar localmente» se ha convertido en una consigna fundamental que ya no sólo satisface a los grupos ecologistas, sino también a las empresas multinacionales, a los planificadores de las ciudades y de las regiones e incluso a ciertos líderes nacionalistas. GLOCAL (de GLObal y loCAL) se ha convertido en un neologismo de moda. Es sorprendente, pero lo cierto es que en vez de disminuir el papel de los lugares, la internacionalización y la integración mundial han aumentado su peso específico. Nos encontramos, en definitiva, ante un excepcional proceso de revalorización de los lugares en un contexto de máxima globalización. La sensación de indefensión, de impotencia, de inseguridad ante este nuevo contexto de mundialización de los fenómenos sociales, culturales, políticos y económicos, provoca un retorno a los microterritorios, a las microsociedades. La necesidad de sentirse identificado con un espacio determinado es ahora, de nuevo, sentida vivamente, sin que ello signifique volver inevitablemente a formas premodernas de identidad territorial. Este dossier de DOCUMENTS D’ANÀLISI GEOGRÀFICA pretende ser una aproximación a este debate, combinando aportaciones de sus protagonistas con reflexiones externas. En este sentido, el artículo de Paul Claval reconoce la influencia del debate anglosajón que remarca las peculiaridades de la experiencia francesa a través de propuestas como la de la etnogeografía, capaz de reflexionar sobre la diversidad de sistemas de representación y de técnicas con las cuales las personas modelan el espacio a su imagen y en función de sus valores culturales. Peter Jackson (una de las cabezas visibles de la nueva geografía cultural) realiza una caracterización del «giro cultural» y evalúa hasta qué punto se ha producido un «giro espacial» concomitante en los estudios culturales, a la vez que defiende la posibilidad de trascender los límites entre «lo económico» y «lo cultural». Tras explorar las transformaciones teóricas y metodológicas subyacentes en las principales categorías de análisis, Olivier Kramsch sugiere una cierta reemergencia de las preocupaciones tradicionales de la escuela de Berkeley, aunque no bajo sus condiciones originales; este último aspecto es ampliamente explorado en el texto de Antonio Luna, el cual incluye una valoración de los puntos en común entre la geografía cultural tradicional y la renovada. Chris Philo (editor de una obra seminal para el debate de la nueva geografía cultural) discute el proceso de «des-materialización» y de «de-socialización» de la geografía humana a las que aparentemente ha conducido dicho debate. Por su parte, Béatrice Collignon demuestra que, si bien en Francia también se detecta un renovado interés por la dimensión cultural del territorio, el debate teórico y metodológico correspondiente no es nuevo, ya que se enmarca en las tensiones que vienen atravesando la geografía humana francesa desde hace unas tres décadas. Enric Mendizàbal presenta algunas propuestas surgidas en contextos no anglosajones y, finalmente, M. Dolors García Ramon expone algunas de Presentación Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 21 DAG 34 017-022 20/5/99 16:06 Página 21 las orientaciones más recientes del giro cultural británico (cuna del renovado interés por la geografía cultural). La variedad de enfoques presentados por este conjunto de textos pretende ser, asimismo, reflejo sintomático de los diversos planteamientos con que se aborda actualmente la nueva geografía cultural. Abel Albet i Mas Universitat Autònoma de Barcelona. Departament de Geografia Joan Nogué i Font Universitat de Girona. Secció de Geografia 22 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Presentación DAG 34 017-022 20/5/99 16:06 Página 22