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Movilidad residencial y género entre las personas de edad : una aproximación a las estrategias residenciales en Madrid

Abellán García, Antonio; Puga González, Dolores

Abstract

La función social y económica de los individuos de la actual generación de mayores ha sido muy diferenciada por género: varones en actividad profesional remunerada, usuarios de espacios relacionados con ella y mujeres próximas al lugar de residencia, en funciones de trabajo reproductivo. Esto tiene influencia en su conducta espacial, no sólo en cuanto al uso del espacio de vida diario, sino también en la gestación de potenciales cambios residenciales, traducida como propensión a moverse. La jubilación crea incertidumbre y es vivida como una ruptura especialmente por los varones, que buscan en la movilidad residencial una adaptación a su nueva etapa vital.

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MISCEL·LÀNIA ARTICLES DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 142 Resumen La función social y económica de los individuos de la actual generación de mayores ha sido muy diferenciada por género: varones en actividad profesional remunerada, usuarios de espacios relacionados con ella y mujeres próximas al lugar de residencia, en funciones de trabajo reproductivo. Esto tiene influencia en su conducta espacial, no sólo en cuanto al uso del espacio de vida diario, sino también en la gestación de potenciales cambios residenciales, traducida como propensión a moverse. La jubilación crea incertidumbre y es vivida como una ruptura especialmente por los varones, que buscan en la movilidad residencial una adaptación a su nueva etapa vital. Palabras clave:movilidad residencial, personas de edad, género, jubilación, espacio de vida. Resum. La mobilitat residencial segons gènere entre la gent gran La funció social i econòmica dels individus de l’actual generació de gent gran ha estat molt diferenciada segons el gènere: els homes en activitats professionals remunerades, usuaris d’espais relacionats amb aquestes, i les dones properes a l’espai de residència, més lligades a funcions reproductives. Això influeix en el seu comportament espacial, no només en relació amb l’espai de vida, sinó també amb la gestació de potencials canvis residencials, traduïts com la propensió cap a la mobilitat. La jubilació crea una incertesa i és viscuda com un trencament, especialment per aquests homes grans, que cerquen mitjançant la mobilitat residencial una sortida, una adaptació a la seva nova etapa de vida. Paraules clau: mobilitat residencial, gent gran, gènere, jubilació, espai de vida. Resumé. Mobilité résidentielle et rapport de sexe (genre) dans la population agée La fonction sociale et économique de la actuelle génération de population agée a été trés différent selon rapport de sexe: des hommes dans l’activité professionalle, comme usagers de l’espace rattaché, des femmes proches au lieu de residence avec de fonctions de travail reproductive. Cela a d’influence dans sa conduite spatiale, ne pas seulement quant à l’usage de l’espace de vie quotidien, mais aussi comme migrants potentielles. La retraite provoque incertitude et elle est vécue comme une rupture spécialement pour les hommes, qui cherchent dans la mobilité spatiale une adaptation à leur nouvelle période vital. Mots clé:mobilité résidentielle, personnes agées, rapport de sexe (genre), retraite, espace vital. Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 143-159 Movilidad residencial y género entre las personas de edad Una aproximación a las estrategias residenciales en Madrid Antonio Abellán García María Dolores Puga González Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto de Economía y Geografía C. Pinar, 25. 28006 Madrid. España [email protected] [email protected] Data de recepció: juliol 1997 Data d’acceptació: febrer 1998 DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 143 Abstract. Residential mobility and gender among the elderly The social and economic roles of the current generation of elderly people have been strongly differentiated by gender: men in the labour force and, as such, users of spaces related to this activity; and women more attached to the home as a result of their reproductive roles. These circumstances influence their spatial behaviour, not only their use of space for daily activities, but also their propensity to change residence. Retirement provokes uncertainty and is felt as a rupture, especially among men, who often see moving house as a way of adaptating to their new stage of life. Key words:residential mobility, elderly, gender, retirement, daily activity space. Introducción Los desplazamientos residenciales de la población están generalmente determinados por motivos de trabajo o por necesidades relacionadas con la vivienda y el tamaño del hogar. Estos motivos, sin embargo, no operan de la misma forma en el grupo de personas de edad. Por esta causa, por el todavía escaso cuerpo teórico de las migraciones en la vejez (para cuyo estudio se utilizan conceptos y principios de las migraciones económicas, con poco éxito), y por el escaso número de personas mayores y hogares implicados, los cambios residenciales de este colectivo han sido objeto de poca atención por parte de sociólogos, demógrafos, economistas y geógrafos (Flynn, 1985). No obstante, esta movilidad existe, bien como desplazamiento local o bien como auténtica migración con traspaso de fronteras administrativas, y viene determinada por otros condicionantes no económicos o laborales. Concretamente, España está asistiendo en los últimos tres lustros a un crecimiento de la movilidad a estas edades (Ródenas, 1989; Abellán, 1993). Generalmente ésta implica a todo el hogar; sin embargo, la propensión a moverse, previa al movimiento definitivo, esconde diferencias por género que son las que se quieren destacar en este trabajo. El planteamiento es el siguiente: los individuos ahora mayores tuvieron una historia laboral muy diferenciada por género, es decir, niveles muy distintos de participación en el mercado laboral para hombres y mujeres. Como consecuencia de ello han desarrollado vínculos con el espacio cotidiano, o «espacio de vida» diferenciado por género; al mismo tiempo que experimentan de forma muy distinta la llegada a la edad de jubilación. Estas circunstancias —vinculación con el espacio cotidiano y 144 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Antonio Abellán García; María Dolores Puga González Sumario DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 144 Introducción Marco teórico: espacio de vida, jubilación v y movilidad residencial Comportamiento residencial de las personas de edad: las preferencias residenciales Conclusiones Bibliografía vivencia del efecto detonante de la decisión de movilidad— constituyen el núcleo fundamental de la toma de decisión para realizar un movimiento residencial. Existirá, por consiguiente, una diferente propensión por género hacia la movilidad, aunque ésta no siempre se traduzca en un movimiento real. El estudio desarrollado en este artículo constituye, desde este planteamiento, una primera aproximación a los resultados de la encuesta «Estrategias residenciales de personas de edad», realizada en el municipio de Madrid. Aunque ésta persigue el conocimiento del conjunto de comportamientos residenciales desarrollados por las personas de edad, y no la movilidad de forma específica (que no es más que una de las posibles opciones: la adoptada por un 11,4% de los encuestados y deseada por un 25,4%), en cambio, ofrece un magnifica oportunidad para conocer los deseos y las propensiones diferenciales que se pueden encontrar tras una decisión de hogar, como es tanto la de migración como la de estabilidad. Se trata de un estudio del grado de propensión hacia la movilidad (que muestra diferencias por género mucho más significativas que la movilidad real), así como de los motivos, los destinos y la satisfacción posterior con la misma, que también muestran pautas diferenciadas por razón de género. Marco teórico: espacio de vida, jubilación y movilidad residencial Espacio de vida La mayor o menor propensión a desplazarse de estas personas puede ser entendida como una respuesta diferencial a la forma en que se hallan relacionadas con el medio geográfico próximo, con el espacio vivido. El concepto de «espacio de vida» busca situar al individuo dentro de las coordenadas espacio-temporales en las que habitualmente se mueve. Este espacio viene delimitado por los desplazamientos cotidianos del individuo (al trabajo, por avituallamiento, por estudio, ocio, relaciones...), que suelen mostrar una tendencia cíclica (con periodicidad diaria, semanal, mensual), lo que determina un espacio íntimamente relacionado con el uso del tiempo. Consecuentemente, la vida diaria de una persona tiende a existir espacialmente en una «isla»: es lo que Hägerstrand bautizó como «espacio de vida» (Hägerstrand, 1970). El espacio de vida está fuertemente determinado por la distribución espacial de las necesidades. En el marco del progresivo incremento de la división social y espacial del trabajo productivo y reproductivo, y dados los patrones de actividad que mostraron los hombres y mujeres pertenecientes a las generaciones del primer tercio de siglo, el espacio de vida individual de esta población se ha visto también fuertemente diferenciado por género. No abundan estudios comparativos sobre la actividad espacial de hombres y mujeres. Díaz Muñoz (1988; 1995) ha realizado un análisis de diferente movilidad y uso de transporte cotidiano en la ciudad de Alcalá de Henares, al estilo del realizado por P. Hanson (1977) comparando viejos y no viejos o de S. y P. Hanson (1980); en éste sin ser extrapolable, pues las circunstancias Movilidad residencial y género entre las personas de edad Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 145 DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 145 (urbanas, socioeconómicas, culturales y, sobre todo, al tratarse de un estudio de mujeres activas) no son equiparables, se resalta que la mujer realiza menos viajes, se mueve en distancias más cortas y tiene una relación más estrecha con los espacios comerciales. Las mujeres nacidas en las primeras décadas del siglo, con una corta o nula integración en el mercado laboral, han desarrollado un espacio de vida más proximo a la vivienda, al dominio privado, a la casa como lugar de trabajo y a sus alrededores. Su uso del espacio y del tiempo está condicionado por las responsabilidades familiares, es decir, por su estatus familiar (Vaiou, 1992). Esas obligaciones, además de limitar el uso del espacio, hacen que desarrollen más la unión con el espacio físico próximo (Rowles, 1986). La jubilación como cambio vital La jubilación (anticipada o no a la edad reglamentaria) es un evento del curso de vida que produce en el individuo una ruptura temporal y espacial, no sólo de la actividad que ha venido desarrollando en el tiempo, sino también del ámbito de relaciones y del espacio de vida. Como acontecimiento biográfico marca el inicio de una nueva etapa y, generalmente, una nueva relación con ese espacio. La jubilación generalizada es un fenómeno relativamente reciente (últimas décadas del siglo XX) y extendida más en el medio urbano que rural, en relación con el tipo de actividad económica desarrollada. En éste, los trabajadores (fundamentalmente del sector agrario) han ido entrando sólo reciente y paulatinamente en el régimen especial agrario de la Seguridad Social, se han hecho pensionables, y han empezado a retirarse a la edad reglamentaria (65 años). Además, en el medio rural no se produce ruptura con la actividad de forma tan drástica, con las lógicas consecuencias respecto al espacio de vida habitual que no se ve tan alterado. El periodo que se abre tras la jubilación es una fase notable en la vida de las personas: una quinta parte de su «vida por vivir». Hasta hace unas décadas, y durante siglos, las personas cesaban su actividad laboral en las proximidades de la muerte; sin embargo, ahora el periodo de tiempo entre cesación de actividad y defunción se ha ampliado considerablemente. Esta modificación de los calendarios vitales ha ocasionado profundos cambios en los jubilados y sobre todo en los trabajadores de edad, futuros jubilados, que no afrontan esta nueva etapa de su vida con indiferencia, sino con cierta incertidumbre y preocupación (Bonvalet, 1990). Muchos individuos consideran la jubilación con una tonalidad negativa y la definen como periodo de pasividad, inutilidad, deterioro físico y social, dificultades materiales, soledad, etc. Además del hecho de la jubilación, se está produciendo un desarrollo de diferentes tipos de cesación anticipada de la actividad laboral. Esta anticipación real (cuadro 1) se produce por diferentes vías: despido de trabajadores de edad, parados de larga duración («desanimados»), reconversión y crisis económica, problemas de salud o invalidez. Este hecho introduce una incerti146 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Antonio Abellán García; María Dolores Puga González DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 146 dumbre adicional, al imposibilitar una previsión cronológica de esta transición de etapas. En la actualidad, muchos trabajadores mayores del sector privado no conocen la edad ni las condiciones en que se jubilarán. Todo ello genera más confusión e indeterminación en el grupo de trabajadores próximos a la edad de jubilación (Guillemard, 1991). Pero este evento vital se produce tan sólo en la biografía productiva, es decir, es tan sólo en relación con la actividad económica remunerada donde se produce tal ruptura. Sin embargo, en el ámbito del trabajo reproductivo, la actividad doméstica, las redes de relaciones sociales, y, sobre todo, el espacio de vida se mantienen. Ante la diferente biografía de actividad que han tenido los hombres y las mujeres de las cohortes nacidas antes de 1930 (con altas tasas de actividad masculinas, frente a los bajos niveles de inserción en el mercado laboral que han mostrado las mujeres; figura 1), es previsible que la vivencia de este evento biográfico esté fuertemente diferenciada por género. Movilidad residencial y género entre las personas de edad Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 147 Cuadro 1. Edad de jubilación de los trabajodores en España (1992-1995). Años cumplidos 1992 1995 55 5,1 6,3 60 15,9 20,2 64 25,0 29,9 65 88,0 95,1 70 93,1 99,4 Fuente: CIRES. Encuesta los Mayores, mayo de 1992 y 1995. Figura 1. Tasas de actividad (1966-96) para dos generaciones anteriores a 1930. España. Fuente: Encuesta de Población Activa, 1966-1996. Madrid, INE. 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 15-19 20-24 25-29 30-34 35-39 40-44 45-49 50-54 55-59 60-64 65-69 70 y + Hombres nacidos entre 1910 y 1915 Hombres nacidos entre 1926 y 1930 Mujeres nacidas entre 1926 y 1930 Mujeres nacidas entre 1910 y 1915 DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 147 La movilidad residencial como mecanismo de adaptación Nuevos enfoques han venido desarrollándose en los últimos años para explicar los comportamientos migratorios en la vejez; por ejemplo: Wiseman (1980), Stokols y Shumaker (1982), Meyer y Speare (1985) y Warnes (1993), entre otros. Uno de esos enfoques considera que la migración de las personas de edad debe ser entendida en términos de prácticas sociales, es decir, como una estrategia para adaptarse a la nueva situación vital (Cribier, 1980). Ante la incertidumbre generada por la desordenación de referencias cronológicas y las circunstancias de la jubilación misma, el individuo trata de adaptarse desarrollando una serie de estrategias, no necesariamente conscientes. Buscan una compensación por posibles y casi seguras pérdidas económicas, un intento de mantener en lo que pueda de sus circunstancias o potencialidades personales (salud física, emocional, autoestima, estatus social, hábitos, etc.), así como un desarrollo personal más pleno (Cribier, 1980). Existe por lo tanto una dimensión psicológica en los proyectos de vida tras la jubilación que afecta también a la situación residencial del individuo. Cualquier transición en la biografía individual obliga, en cierto modo, a reevaluar el grado de satisfacción de acuerdo con las propias necesidades, deseos y recursos (económicos, sociales o de salud), así como con la percepción y estimación de los resultados de cualquier posible decisión. La jubilación, como cambio vital, fuerza también un replanteamiento de la situación individual y, por tanto, de la situación residencial, y plantea la posibilidad de una decisión de movilidad. El individuo, llegado a esta inflexión biográfica, busca mantener el gusto por vivir, una imagen positiva de sí mismo, y la posibilidad de desarrollar nuevos papeles, nuevas actividades, nuevos contactos sociales. Desarrolla otra forma de relacionarse con los lugares, nuevos y antiguos (Cribier y Kych, 1992). El comportamiento residencial depende de circunstancias del entorno físico y social, de otras personales (Abellán, 1993), de la propia historia de vida (familiar, laboral o migratoria), así como de la vivencia personal de la cesación de actividad (Bonvalet, 1990). Una parte importante de la población se replantea su proyecto de vida tras la jubilación. En concreto, esta transición se vive con mayor incertidumbre en colectivos con menor nivel de instrucción y de ingresos. Estos rasgos son los que precisamente vienen a definir a gran parte de los migrantes españoles que entre los años 1960-1975 abandonaron el campo y llegaron a la ciudad y a las zonas industriales, y que ahora vuelven a considerar de nuevo un movimiento hacia el lugar de origen o hacia otro lugar —de calidad ambiental, ocio o de residencia de sus hijos— (Abellán, 1993). De este modo, el cambio residencial tras la jubilación constituye para el individuo una salida, una solución al vacío creado por la cesación de actividad, una respuesta a la incertidumbre, es decir, una adaptación a la nueva situación vital. Por eso, se puede entender la movilidad como parte de un sistema social, no sólo una estrategia residencial, sino también una estrategia de curso de vida. 148 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Antonio Abellán García; María Dolores Puga González DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 148 La jubilación actúa como mecanismo de disparo, motivando un replanteamiento de la satisfacción residencial. Se crean unas circunstancias que afectan, como se ha dicho, a los individuos que están o han estado en el mercado laboral desarrollando una actividad remunerada, pero no a la mayor parte de las mujeres. Dado que éstas no se jubilan de ninguna actividad económica remunerada, no sufren de igual modo la transición de la jubilación; tampoco la nueva etapa de vida se presenta con el mismo nivel de incertidumbre o vacío, y no cambian sus redes de relaciones ni su espacio de vida, como sucede en el caso del varón recién jubilado. Por consiguiente, si la movilidad es en buena medida una adaptación a esa situación, estas mujeres mayores tendrán, si no otro comportamiento residencial, al menos diferentes intenciones de movilidad. Paralelamente, otras circunstancias (peso social, capacidad de decisión intrafamiliar, independencia, etc.) hacen que no siempre estas intenciones se conviertan en una estrategia real. A continuación, se trata de verificar, utilizando el ejemplo de la ciudad de Madrid, algunos aspectos de los diferentes comportamientos según género ante una movilidad potencial: la mayor o menor propensión a moverse, las causas implícitas (deducidas) y explícitas (declaradas) que justifican esa propensión, la elección del destino como reflejo de las motivaciones de movilidad, y la valoración del movimiento tras haberlo realizado. Es decir, se trata de ver si existe diferente patrón de comportamiento residencial según género entre las personas de edad. Comportamiento residencial de las personas de edad: las preferencias residenciales Procedimiento metodológico La investigación desarrollada constituye una primera aproximación a los resultados de una encuesta realizada por el grupo de Geografía Social y Gerontología, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Se trata de un cuestionario específicamente diseñado para el estudio de los comportamientos residenciales de la población de edad del municipio de Madrid. Para ello se realizaron 1814 entrevistas a personas de 60 y más años. Se optó por este umbral y no el de 65 años —que tiene mayor significión estadística en el tema de la jubilación— para conocer la opinión de las personas aún no jubiladas pero próximas a la cesación de actividad, pues se trataba de confirmar la existencia o no de esa incertidumbre que empuja a muchos ocupados de 60-64 años a pensar en la movilidad residencial como salida o adaptación1. Movilidad residencial y género entre las personas de edad Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 149 1. Las entrevistas fueron telefónicas asistidas por ordenador, realizadas en noviembre de 1994, con un cuestionario de 91 preguntas. Con un universo de 641.398 individuos empadronados se realizó un muestreo aleatorio estratificado, con un error de +/−2,5% para un nivel de confianza del 95%; estratos en función de sexo, edad y zonas del municipio de Madrid. DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 149 Las preguntas sobre motivos de movilidad fueron abiertas y posteriormente se codificaron. En el estudio se han elevado las frecuencias observadas en los individuos al conjunto de la población y ésta no se ha reconvertido a unidades de hogar, de acuerdo con los tamaños observados (cada respuesta equivalía realmente a un hogar). La información recogida sobre percepciones, sentimientos o intenciones de movilidad residencial tiene, sin lugar a dudas, el peligro de que el sujeto pueda no saber expresar o referir las causas, o pueda tener incluso motivos para mentir. Además, simplifican mucho la realidad. Las prospecciones derivadas de encuestas de este tipo pueden fallar a medio y, por supuesto, largo plazo, pues acontecimientos imprevistos pueden modificar la decisión inicial. Sin embargo, estos cuestionarios pueden ayudar al sujeto a buscar el motivo real de su decisión; al mismo tiempo que permiten identificar más comportamientos y descubrir otros factores implícitos en las motivaciones (Long, 1988). En muchos casos, los deseos de movilidad reflejados en encuestas hechas a mujeres mayores, no expresan sus propios planteamientos, sino una decisión de hogar ya asumida. La decisión de moverse puede ser tomada por un solo miembro o por el acuerdo de varios, pero no necesariamente refleja los deseos de todo el hogar. Lo que es indudable es que los individuos que forman un hogar están mucho más afectados por una decisión de movilidad de lo que hayan podido participar en ella. Respecto a la evaluación de la movilidad cuando ésta ya ha tenido lugar, los resultados presentados han sido obtenidos a partir de una encuesta a población de edad (267 entrevistas a individuos de 55 y más años), empadronada en municipios de las ocho provincias de mayor envío de emigrantes hacia Madrid y ahora retornada desde la capital tras la jubilación. El trabajo de campo se realizó en mayo-junio de 1993. Se ha detectado un alto subregistro administrativo y otras situaciones de temporalidad o conveniencia de empadronamiento. La propensión general Se diferencian tres tipos de estrategias residenciales declaradas por la población de edad: las personas que con seguridad no van a realizar un cambio (82,4%), las que con certeza van a moverse (6,2%) y las que ya se han movido con 60 o más años cumplidos (11,4%); a su vez, éstas pueden dividirse entre las que ya no van a realizar más movimientos (95,6%) y las que desean realizar un nuevo desplazamiento residencial. Teniendo en cuenta ambas situaciones, la intención cierta de movilidad de la población de 60 y más años alcanza el 6,7%, lo que supone unos 43.000 individuos en el municipio de Madrid. Las cifras, aunque no son altas, denotan una intencionalidad y una movilidad residencial apenas existente décadas atrás. La constatación de la existencia de esos desplazamientos, no laborales, reclama su estudio, así como el de sus consecuencias: nuevas demandas, reubicación de servicios, modificación del mercado inmobiliario, etc. 150 Doc. Anàl. Geogr. 34, 1999 Antonio Abellán García; María Dolores Puga González DAG 34 141-159 20/5/99 16:17 Página 150 gráfica, del espacio de vida y del ámbito social y las redes de relación. Esta ruptura lleva al individuo a desarrollar estrategias de adaptación a la nueva etapa vital buscando mantener una imagen propia positiva, a través de nuevas actividades, nuevas relaciones y/o nuevos lugares. La reevaluación constante del grado de satisfacción residencial lleva en muchos casos parejo el deseo de movilidad como estrategia o salida para afrontar la nueva etapa vital. Pero este deseo de movilidad, traducido o no en un cambio real, no se manifiesta en el mismo grado para los varones y mujeres que en la actualidad se encuentran en esta etapa vital. La jubilación como ruptura es vivida tan sólo por los varones, ya que las mujeres de estas generaciones han tenido una inserción en el mercado laboral mucho menor, por lo tanto son víctimas en menor medida de la incertidumbre, la desordenación y el vacío generados por la cesaciónde la actividad laboral. En el caso de las mujeres, no sólo su patrón de actividad habitual permanece intacto, sino que su espacio de vida y las redes sociales establecidas tampoco se ven alteradas. Son por lo tanto los varones, los que al llegar al momento de la jubilación (o en etapas previas pero en previsión de la misma) muestran un incremento de la propensión a migrar, mientras las mujeres, incluidas las que se mueven arrastradas por una decisión de hogar, se muestran reacias a alejarse de unas referencias espaciales y sociales que ya han hecho suyas. Los varones, incluso aquéllos atrapados en «estrategias cautivas» (que aún deseando moverse no tienen posibilidades de hacerlo), manifiestan a menudo, tras la jubilación, su insatisfacción con el barrio, con la inseguridad y los ruidos, un marcado deseo de tranquilidad y, en mayor medida, una fuerte tendencia a la idealización de los orígenes. Por el contrario, las mujeres mayores declaran su deseo de estar cerca de los hijos u otra familia para ayudar o para no estar en soledad, valorando más la vida de relación y las redes de solidaridad social. Previsiblemente, con la incorporación paulatina de las mujeres de generaciones posteriores al mercado de trabajo, se alterarán de forma clara sus relaciones con el espacio; situación ante la que es de esperar que los actuales patrones de movilidad residencial, fuertemente diferenciados por género, lo vayan estando menos al ir llegando a edades de jubilación esas generaciones. Pero actualmente las diferencias de biografía laboral, de función económica, de redes de relaciones sociales y de conducta espacial entre las personas de edad, ocasionan un distinto patrón de movilidad residencial: una mayor propensión masculina hacia la movilidad y una superior resistencia femenina a cambios residenciales en la vejez. Bibliografía ABELLÁN GARCÍA, A. (1993). «La decisión de emigrar en las personas de edad». Estudios Geográficos, 54 (210), p. 5-17. ALACAÑIZ, M. (1995). «Consecuencia del cambio de roles en la relación género/espacio». En TOBÍO, C.; DENCHE, C. (eds.). 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