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Resumen El artículo presenta tres tesis centrales: la primera sostiene que tanto la «internalización» del comercio exterior como la alta concentración territorial de la economía y el carácter marcadamente local de las ventajas competitivas demuestran que ni la globalización ni su sustento tecnológico han deslocalizado o desterritorializado la economía. La segunda expresa que los ajustes territoriales asociados a la liberalización y a la apertura económica anticipan los impactos regionales y urbanos de los tratados de libre comercio y que éstos serán más convergentes con aquéllos cuanto más abierto sea el regionalismo que los inspira. La tercera tesis señala que, en consecuencia, las regiones deben tener una creciente participación en la política económica e internacional. Palabras clave: geomercados, política transregional, internalización, comercio exterior. Resum. Geomercats i política transregional L’article presenta tres tesis centrals: la primera sosté que tant la «internalització» del comerç exterior com l’alta concentració territorial de l’economia i el caràcter marcadament local dels avantatges competitius demostren que ni la globalització ni el seu suport tecnològic han deslocalitzat o desterritorialitzat l’economia. La segona expressa que els ajustaments territorials associats a l’alliberament i l’obertura econòmica anticipen els impactes regionals i urbans dels tractats de lliure comerç i que aquests seran més convergents amb aquells com més obert sigui el regionalisme que els inspira. La tercera tesi assenyala que, en conseqüència, les regions han de tenir una creixent participació en la política econòmica i internacional. Paraules clau: geomercats, política transregional, internalització, comerç exterior. Résumé. Géomarchés et politique transrégionale Dans cet article, l’on présente trois thèses centrales: la première soutient que «l’internalisation» du commerce extérieur ainsi que la grande concentration territoriale de l’économie et le caractère très local des avantages concurrentiels révèlent que ni la globalisation ni leur sou- * El autor agradece la colaboración de Rodrigo Arriagada Fuentes, de la Universidad de Los Andes, Santiago de Chile. Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 159-178 Geomercados y política transregional* Antonio Daher Pontificia Universidad Católica de Chile. Instituto de Estudios Urbanos El Comendador 1916. Santiago (Chile) Data de recepció: abril 1997 Data d’acceptació: octubre 1997 DAG 33 159-178 22/1/99 10:19 Página 159
tien technologique ont rendu l’économie localisée ou territorialisé. La deuxième exprime que les adaptations territoriales associées à la libération et l’ouverture économique font avancer les impacts régionaux et urbains des traités de libre commerce, et que plus le régionalisme qui inspire ceux-ci est ouvert, plus ils seront convergents avec celles-là. En conséquence, la troisième thèse remarque que les régions doivent prendre part, de plus en plus, à la politique économique et internationale. Mots clé: géomarchés, politique transrégionale, internalisation, commerce extérieur. Abstrtact. Geomarkets and transregional policy In this article three main opinions are expressed: the first one states that the «internationalisation» of foreign trade together with the marked concentration of the economy and the highly local nature of competitive advantages, demonstrate that neither globalization nor its technological support have dislocated or deregionalised the economy. The second opinion expressed is that the territorial adjustements associated whith economic liberalization bring forward the regionalism involved, the more convergent the impacts and the adjustments. The third opinion points out that, as a result, the regions must participate increasingly in economic and international politics. Key words:geomarket, transregional policy, internationalisation, foreign trade. Introducción Tres tesis centrales presenta este artículo: la primera sostiene que tanto la «internalización» del comercio exterior —intraárea y en bloques geoeconómicos— como la alta concentración territorial de la economía y el carácter marcadamente local de las ventajas competitivas demuestran que ni la globalización ni su sustento tecnológico han deslocalizado o desterritorializado la economía. La segunda expresa que los ajustes territoriales asociados a la liberalización y a la apertura económica anticipan los impactos regionales y urbanos de los tratados de libre comercio, y que éstos serán más convergentes con aquéllos cuanto más abierto sea el regionalismo que los inspira. Los efectos regionales de uno u otro tratado podrán ser, sin embargo, muy disímiles, favoreciendo más o menos a ciertas regiones y perjudicando a otras. La tercera tesis señala que, en consecuencia, las regiones deben tener una creciente participación en la política económica e internacional y que, tanto por la descentralización como por la integración de los megamercados, la pro160 Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 Antonio Daher Sumario DAG 33 159-178 22/1/99 10:19 Página 160 Introducción 1. Sustrato y efectos territoriales del megarregionalismo 2. Las microrregiones y la competitividad internacional 3. Gestión subsupranacional 4. Conclusiones Bibliografia
pia política local se internacionaliza al punto de hacerse «comunitaria», tensionada en la polaridad subsupranacional. Una nueva gestión regional se impone en este contexto signado a la vez por los geomercados y la localidad. Se trata de una gestión tendente a la inserción competitiva de la región en los mercados globales y a la suscripción de acuerdos e integración de alianzas interregionales-nacionales, fronterizas y multinacionales —como expresión de un nuevo regionalismo trasnacional. Ello hace recomendable, al mismo tiempo, que las naciones basen su estrategia competitiva no sólo en los sectores, sino también en las regiones. La «internalización» del comercio «exterior» es la contracorriente no declarada de la globalización: mientras aún muchas economías siguen el camino de la apertura, y el desarrollo tecnológico y el libre mercado contribuyen a acuñar el concepto de mundialización, los hechos y las cifras demuestran, de un lado, el incremento absoluto y relativo del comercio intraárea, y tal vez no de otro, la tendencia a la conformación de bloques geoeconómicos. En uno y otro caso la conclusión es una: en el escenario de los mercados globales el comercio exterior se internaliza. Contra la supuesta deslocalización o desterritorialización de la economía global, dicha internalización confirma el peso del sustrato geográfico, con todas sus implicancias, presente tanto en el intercambio intraárea cuanto en el emergente megarregionalismo de los mercados comunes y tratados de libre comercio. Es más, la territorialidad de los megamercados se torna mucho más específica en el momento de constatarse que, tras ellos, se registra una fuerte concentración geoeconómica en determinadas microrregiones y ciudades que detentan altos porcentajes del producto y del intercambio, y en las cuales, por lo mismo, se juega localizadamente la competitividad nacional e internacional. La administración y gerencia de estas ciudades y regiones singulares —con fuertes dotaciones de capital fijo e infraestructuras, y con economías de aglomeración y externalidades que, junto al capital humano, las convierten en verdaderas empresas nacionales— resulta, en consecuencia, decisiva y estratégica para las economías nacionales y su inserción en los mercados globales. Se trata, sin embargo, de una gestión regional y urbana completamente diferente. En efecto, a su habitual óptica subnacional debe oponerse ahora una visión estratégica de inserción internacional; la tradicional competencia por recursos estatales es sustituida por la más exigente competencia por atraer inversiones y ganar mercados; los municipios y gobiernos regionales buscan establecer —en diversos países— alianzas fronterizas y multinacionales, liberándose a la vez del localismo y la excesiva dependencia del gobierno nacional. Se produce así una interesante articulación entre la descentralización y la internacionalización de la política local, entre las políticas subnacionales y las supranacionales, al punto que —en el interior de los bloques o comunidades— la propia política regional se supranacionaliza o se comunitariza, constituyéndose en componente de las negociaciones previas a la suscripción de los tratados y, posteriormente, en materia de compensaciones internacionales. Geomercados y política transregional Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 161 DAG 33 159-178 22/1/99 10:19 Página 161
De hecho, los efectos y requerimientos regionales de los tratados de libre comercio pueden resultar extraordinariamente disímiles, y hasta opuestos, para las variadas regiones de un país. Algunas de ellas pueden verse más o menos favorecidas, y otras francamente perjudicadas, según sea su grado de apertura económica, su especialización sectorial, el origen y destino geográfico de sus importaciones y exportaciones y, en definitiva, según cual sea su competitividad internacional. La evaluación de los efectos regionales de los tratados, sin embargo, no ha sido ni siquiera planteada. Un tratado u otro pueden tener impactos territoriales divergentes, afectando no sólo a la estructura productiva, el empleo, la asignación territorial de la inversión y, en general, la economía de cada región, sino también a sus infraestructuras y centros urbanos. Con razón los gobiernos regionales pueden llegar a sostener posturas diferentes en relación con los distintos acuerdos y tratados y, más en general, en materia de política económica internacional. Ciertamente muchos de tales efectos pueden haber sido ya anticipados e internalizados en aquellos países que liberaron y abrieron unilateralmente sus economías. Más aún, es posible suponer que los efectos y ajustes territoriales del libre comercio no necesariamente son los mismos que los del megarregionalismo. Sin embargo, ellos tenderán a asemejarse cuanto más abierto sea éste último, aún cuando puedan persistir divergencias significativas. Pero no sólo se trata de evaluar efectos o compensar a las regiones perdedoras. Lo que está en juego es una gestión regional que se plantee innovadoramente frente a los nuevos desafíos y oportunidades de desarrollo inherentes a los tratados de libre comercio. En el escenario de la globalización y del megarregionalismo de los bloques económicos, la política regional excede necesariamente —aunque no anula— el ámbito de las políticas nacionales. Éstas mismas se ven exigidas más allá de su tradicional preocupación por los desequilibrios interregionales. Desde la perspectiva de las regiones, debe propiciarse una creciente participación de éstas en la política económica y en la política internacional. La nación, a su vez, debe basar su estrategia competitiva no sólo en sus sectores, sino también en sus regiones. El presente artículo desarrolla las reflexiones enunciadas en esta introducción en tres capítulos centrales: el primero se refiere al sustrato y los efectos territoriales del megarregionalismo; el segundo, a las microrregiones y la competitividad internacional; y el tercero, consecuentemente, a la gestión subsupranacional. Cerrando el documento, se señalan las principales conclusiones del mismo. 1. Sustrato y efectos territoriales del megarregionalismo El comercio internacional enfrenta la globalización con tendencias distintas y hasta opuestas: al clásico multilateralismo (actual Organización Mundial de Comercio, OMC, ex Acuerdo General de Aranceles de Aduanas y Comercio, 162 Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 Antonio Daher DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 162
GATT) se contraponen diversas formas de proteccionismo (sobre todo sectorial), unilateralismo y, principalmente, la formación de grandes bloques geoeconómicos (Alburquerque, 1995). La base geográfica de estos bloques —que conlleva desde aspectos económicos hasta culturales— los enraiza en la tradición integracionista, con apertura hacia dentro y proteccionismo hacia fuera. Es esa tradición, los países latinoamericanos más integrados disminuyeron en mayor medida su nivel de desarrollo, mientras que los menos integrados lo aumentaron más (Villaseca, 1994). Las medidas proteccionistas aplicadas por la Unión Europea o el NAFTA inducen a considerar el megarregionalismo como freno a la globalización. Sin embargo, el «nuevo regionalismo» supone la implementación previa de reformas neoliberales y se opone a las experiencias precedentes de integración económica basada en la profundización de la industrialización autosustentada de naturaleza keynesiana (Fernández, 1994). Este discernimiento entre regionalismo neoliberal y regionalismo keynesiano parece encontrar un punto de equilibrio en el «regionalismo abierto» auspiciado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), entendiendo por tal la creciente interdependencia económica a nivel regional, impulsada por acuerdos preferenciales de integración y por políticas de apertura y desregulación, con el propósito de incrementar la competitividad de los países integrantes aportando una economía internacional más abierta y transparente (Rosenthal, 1994), haciendo así compatibles y complementarias la integración con la competitividad internacional (Di Filippo, 1994). El comercio internacional, incrementado en la era de la globalización, presenta sin embargo una fuerte concentración en pocos países: desde 1990 hasta 1994, la participación en el mercado mundial de los cinco mayores exportadores (EE.UU. 13,1%; Alemania 10,3%; Japón 8,1%; Francia 6,4%, y Reino Unido 5,3%) fue de 43,2%, y los 10 mayores representaron un 58,3% del total mundial exportado. Esos cinco países, en 1996, participaron del 40,2% del total exportado y los 10 mayores, del 56,8%. América Latina aporta sólo el 4,2%, en tanto que la Unión Europea lo hace con un 40,4% (FMI, 1997a). Según cifras del GATT, otra tendencia concentradora se expresa en las exportaciones intraárea, las que entre 1986 y 1991 pasaron de un 37% a un 46,7% en el caso de las exportaciones con origen y destino en Asia, de un 68,4 a un 72,4% en Europa Occidental, y de un 14 a16% en América Latina; la excepción es América del Norte (antes del NAFTA), donde las exportaciones intraárea decrecen en igual periodo de 39,1% a 33% de las exportaciones totales generadas en el área. En 1995 las exportaciones intraárea para América Latina fueron un 19,4% del total de la región (FMI, 1997b). En fin, y concordando con lo anterior, se constata una tercera expresión de concentración en el comercio internacional, esta vez por tipo de producto: en efecto, un 79,8% del total corresponde a manufacturas, y sólo un 13,01% a productos primarios (excluidos los combustibles), los que sin embargo constituyen gran parte de las exportaciones latinoamericanas (FMI, 1997b). Geomercados y política transregional Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 163 DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 163
Los bloques geoeconómicos representan a su vez gran parte del producto mundial: el NAFTA y la UE generan cada cual cerca del 30%; el bloque AsiaPacífico, aproximadamente un 25%; Mercosur, un 2,6% y el resto del mundo, el 15% (Larraín, 1995). Entre 1980 y 1992, la región con mayor crecimiento ha sido Asia, con un 4,7% de promedio anual, cifra que casi dobla al 2,5% de la UE y al 2,6% del grupo integrante del NAFTA (Hachette y Larraín, 1994). En 1995, la tasa de crecimiento de Asia fue de 8,4%, la de la UE, 2,6% y EE.UU., 2,0% (CEPAL, 1996). Así pues, en el contexto de la globalización, el desarrollo de las naciones resulta crecientemente vinculado al comercio exterior y, en muchos casos, a la inversión externa. En Canadá, por ejemplo, que tiene una de las relaciones exportación-PIB (producto interno bruto) más alta entre los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), se constata que el bienestar económico de su población depende fuertemente del comercio (Fry, 1994). Otro tanto sucede con las economías nacionales que registran un alto índice de apertura —definido como la proporción importaciones/PIB—, entre las que destaca la chilena, que en 1992 presentaba un índice de 23, frente a uno de 14,6 para México, 9,3 para EE.UU., o 6,5 y 6,4 en los casos de Argentina y Brasil, respectivamente (Hachette y Larraín, 1994). En 1996 este indicador crece para todos los países, pues Chile tiene un índice de 36; México, de 39,9; EE.UU., de 12; Argentina, de 12,4 y Brasil, de 11,1 (CEPAL, 1997). Para una economía pequeña como la chilena, la apertura y la incorporación a los TLC (tratados de libre comercio) resulta determinante. En 1995, el PIB del NAFTA es 135 veces el de Chile (EE.UU., 120 veces, Canadá, 10 y México, 5) (World Bank, 1997). El producto geográfico bruto, PGB, del Mercosur era 19 veces superior al de Chile, aunque sus exportaciones fueron sólo 5 veces mayores en 1992 (Quiróz, Larraín y Labán, 1995). En 1996, el PIB del Mercosur pasa a ser 14,5 veces el de Chile y las exportaciones del mismo se mantienen 5 veces mayores que las chilenas (CEPAL, 1997). Algunas de las tendencias señaladas más atrás, principalmente la relativa al comercio intraárea aunque corregida por la asimetría en el volumen de producto y exportaciones, pueden ser contrastadas con el proceso de integración del bloque NAFTA y sus efectos en el comercio exterior y las inversiones. Asimismo, puede hacerse un contrapunto con la eventual incorporación de Chile. Mientras que el 75% de las exportaciones estadounidenses tenían un destino distinto al mercado de Canadá y México (Fernández, 1994), un 77,8% de las exportaciones de Canadá y un 76,4% de las de México tenían por destino, en 1992, a los EE.UU., en tanto que sólo un 16,3% de las de Chile se orientaban a ese país. Así pues, para los dos primeros países el tratado con los EE.UU. representa una liberalización casi completa de su comercio exterior, mientras que para Chile el multilateralismo y la asociación a otros bloques seguirían siendo estratégicos (Sáez, 1995). Esta situación se acentúa en 1996, ya que el 69,6% de las exportaciones de EE.UU. tienen un destino distinto al de México y Canadá. Por otro lado, el 82,3% de las exportaciones de Canadá y el 82,67% de las de México tienen por destino a EE.UU. En el mismo año, 164 Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 Antonio Daher DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 164
sólo el 15,07% de las exportaciones chilenas tuvo como destino a EE.UU. (IMF, 1977). Las desproporciones señaladas denotan, de un lado, el peso de la contigüidad geográfica en la conformación de los bloques, ya que la probabilidad de creación de comercio es mayor mientras menores sean los costos de transporte (Hachette y Larraín, 1994), y, de otro, los resultados de la política de comercio exterior chilena. En 1994, las exportaciones recíprocas entre Canadá y los EE.UU. se habían incrementado —en los dos últimos años— en un 20%, destacando con mayor celeridad los productos —bienes y servicios— de alto valor agregado. El comercio entre México y Canadá, poco significativo antes del NAFTA, aumentó en un 45%, en ambos sentidos, en los primeros cinco meses del tratado (Weekes, 1995). En materia de inversión extranjera, en vísperas del NAFTA, ésta creció en México de 8 mil millones de dólares en 1990 a 20 mil en 1991 y, ya en 1993, a casi 31 mil millones. Sin embargo, se discute que este ingreso de capitales está menos asociado a una percepción de menor riesgo para el país y más a un arbitraje en el precio de los activos que, en el caso de México, aparecían subvaluados en términos relativos dentro del NAFTA (Ramírez de la O, 1995). Debe considerarse, asimismo, el estímulo introducido en 1989 con los cambios a la Ley sobre Inversiones Extranjeras mexicana, orientándola a las llamadas «áreas estratégicas de la economía» (Fernández, 1994). Aunque las cifras de inversión extranjera «directa» son claramente menores —4.388 millones de dólares en 1993, 10.972 en 1994 y 4.712 en los primeros tres trimestres de 1996 (Banco de México, 1997)— la tendencia, con la excepción de la crisis del «tequilazo», es clara. En cualquier caso, se confirmaría la observación de que los competidores internacionales frecuentemente compiten con estrategias que integran el comercio y las inversiones extranjeras, ya que muchas de las causas fundamentales de las exportaciones y las inversiones extranjeras son las mismas (Porter, 1991). En efecto, en el Mercosur, especialmente en la relación de la región centro-sur del Brasil con Paraguay, Uruguay y Argentina, se ha constatado un efecto de arrastre sobre el crecimiento industrial, observado no sólo en términos de comercio sino también de inversiones cruzadas (Diniz y Crocco, 1995). Si bien la inversión externa ha sido utilizada como una alternativa de penetración de mercados protegidos y, en tanto tal, como sustituto de comercio internacional, en los acuerdos de integración aquélla puede contribuir al incremento de las exportaciones e importaciones. Las altas concentraciones de comercio intraárea, previas incluso a la integración de los bloques y acrecentadas aún más por éstos, podrían resultar así reforzadas. Paradojalmente, esas mismas concentraciones preexistentes determinan, como en las circunstancias de Canadá y México, que la suscripción del tratado norteamericano implique la liberalización casi completa de su comercio exterior. Éste resulta así, simultáneamente, de un lado, liberalizado y, de otro, prácticamente cautivo en casi su totalidad de un único mercado: el comercio exterior de facto se internaliza. Geomercados y política transregional Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 165 DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 165
Los megamercados no sólo internalizan —vía creación y desviación de comercio— gran parte del comercio exterior, sino que también, de paso, ponen en relieve, por contraste, que una proporción muy significativa del mismo se produce y se concentra, localizadamente, entre algunas regiones subnacionales e incluso entre ciertas ciudades específicas, denotando así la fuerte urbanización de la economía —sobre todo manufacturera y de servicios— y la alta concentración geográfica de la producción y los mercados. Los megamercados se fundamentan, pues, en microrregiones: gran parte del comercio entre México y los EE.UU. lo es, en rigor, entre ciertos estados del norte y del sur, respectivamente, de esos países. Otro tanto sucede en el Mercosur, en especial con la mayor localización del sector exportador del Brasil en la región paulista. Así pues, tras la alta y creciente concentración del comercio intraárea subyace, en rigor, una aún mayor concentración del intercambio entre microrregiones y ciudades singulares. Se trata, en consecuencia, ciertamente de un fenómeno económico, pero, indisociablemente, también de un fenómeno geográfico en sus fundamentos y efectos. Así pues, sea a favor, sea en contra, la globalización redefine las funciones y el rol de determinadas ciudades, cuya mundialización relativa dependerá de su posición geográfica, su competitividad económica, y ciertamente también de sus ventajas culturales y políticas (Hiernaux, 1993). La globalización redefine asimismo la mayor o menor inserción de las diversas áreas territoriales, determinando una fragmentación funcional de las economías nacionales y de sus regiones, generándose una contradicción entre el funcionamiento global de los mercados y las regiones internas a escala nacional. La globalización se presenta así de manera muy desigual para diversos países, regiones internas, sectores de actividad, industrias y empresas, constituyéndose paradojalmente en una globalización limitada o no generalizada (Bendesky, 1994). Los efectos territoriales del libre comercio y del megarregionalismo no son unidireccionales —a la concentración o a la dispersión—, sino extraordinariamente más complejos y conducentes más bien a una heterogeneidad territorial en la que coexisten tendencias geográficamente desconcentradoras con polarizaciones preexistentes que adquieren, algunas, nuevos roles dinámicos, mientras otras se enfrentan a un ciclo recesivo. Obviamente los efectos del libre comercio y del megarregionalismo pueden diferir e incluso oponerse tanto más cuanto éste último contradiga o restrinja al primero, y ciertamente pueden confundirse toda vez que los procesos de liberalización e integración económica se den coetáneamente. Por lo mismo, entre más abierto sea el regionalismo, tanto más convergentes resultarán los efectos de la apertura libremercadista y la constitución de mercados ampliados comunes. 2. Las microrregiones y la competitividad internacional La competitividad regional está condicionada, si no determinada, por las políticas macroeconómicas a nivel nacional. Estas políticas, de carácter a-espacial, 166 Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 Antonio Daher DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 166
y los precios macro (tipo de cambio, tasa de interés, salario) tienen efectos mayores e incluso contrarios a los de las propias políticas territoriales. En una economía abierta y con mercados globalizados, un precio clave es la paridad cambiaria, la que afecta la distinta especialización sectorial y la desigual geografía de las exportaciones e importaciones (Daher, 1990). Ello va incidiendo en la constitución de regiones de economía más o menos abierta o cerrada, especializadas en la producción de transables o no transables —según los precios relativos de unos y otros—, con una contribución diferencial al comercio exterior (Daher, 1993 y 1994b). Tras esta asimetría está la dispar estructura productiva regional, la distinta composición de socios comerciales para el sector exportador de cada región y la desigual combinación de países competidores para el sector sustituidor de importaciones en cada región. Esta especificidad sustenta la existencia de un disímil tipo de cambio real regional y, en consecuencia, una rentabilidad variable del sector transable entre región y región, en algunos casos superiores a la media nacional, y en otros ciertamente inferiores (Escobar y Repetto, 1993). Estas situaciones antinómicas —señaladas en varios estudios— se expresan en una terminología que incluye las denominaciones de regiones modernasregiones atrasadas, zonas brillantes-zonas opacas, regiones rentables-regiones no rentables…, mostrando una competitividad interterritorial donde la puja con una región del mismo país tiene el mismo estatus que aquélla con una región de un país ajeno (Ciccolella y Mignaqui, 1994). La presencia de regiones ganadoras y perdedoras en la competencia (Daher, 1994a) puede eventualmente magnificarse cuando, en la complementación de economías nacionales —como sucede con los ALC—, las regiones más desarrolladas de un país tienden a integrarse con las regiones más desarrolladas de los otros, excluyendo a las regiones más vulnerables y agudizando la polarización (Laurelli y Montaña, 1994). Sin embargo, Uribe-Echeverría (1995) coincidiendo con Daher (1994a), constata —en la experiencia chilena de apertura económica— la existencia de una tendencia a la desconcentración del crecimiento que no excluye la existencia de una heterogeneidad regional medida sea en términos de productividad, sea de producción, de inversiones y de otros indicadores. En esta dinámica, la difusión espacial del desarrollo económico es impulsada por regiones periféricas no industrializadas orientadas a la exportación —que tienden a incrementar su productividad laboral—, y no por el crecimiento de subpolos nacionales urbanos, ya que la mayoría de sus áreas manufactureras sustitutivas tienden a reducir su productividad. El resultado es un proceso de convergencia en los niveles de productividad interregional, aunque en las regiones coexistan grupos y sectores cuya contribución a los mismos puede ser muy desigual. La aptitud o capacidad regional para insertarse en la economía de libre comercio y competir exitosamente dependería de un conjunto de variables relativas a las características urbano-demográficas (grado de urbanización, atracción migratoria); la calificación de la mano de obra (alfabetismo, nivel de estuGeomercados y política transregional Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 167 DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 167
lidades de mayor dinamismo —tal cual puede preverse en la frontera norte mexicana— (Richardson y Rowland, 1994). Sin embargo, la dotación de infraestructura no sólo es un requisito para el crecimiento económico y la competitividad. Ella misma también suele ser un resultado inducido por la integración económica en áreas de libre comercio, la cual demanda grandes proyectos de transporte, comunicaciones y energía asociados al cambio de escala del mercado interior y a la competencia externa (Laurelli y Rofman, 1994). Así pues, la cuestión que se plantea no es la de la supuesta neutralidad interregional del Estado, sino más precisamente la de la evaluación de las implicancias territoriales de las políticas nacionales y sectoriales que afectan a las propias políticas regionales, y que, por lo mismo, alteran tanto la competitividad intranacional como internacional de las regiones. Reactivamente, ello debiera conducir a determinados ajustes y compensaciones interregionales. Proactivamente, las regiones debieran tener una creciente participación en la política económica e incluso en la política internacional, y las naciones basar sus estrategias competitivas no sólo en los sectores, sino también en las regiones. 4. Conclusiones Este estudio ha tenido el propósito de vincular el comercio internacional, en sus tendencias recientes de liberalización y, a la vez, conformación de megamercados, con el territorio, en tanto sustrato determinante de la concentración areal del mismo y de la constitución de bloques geoeconómicos, y en cuanto base de localización de las ventajas competitivas microrregionales y urbanas y, por ende, articulador entre las políticas subnacionales y supranacionales. Las principales conclusiones del estudio presentado en este documento pueden resumirse en los siguientes puntos: —La internalización del comercio exterior —tanto intraárea como al interior de los bloques geoeconómicos por efectos de creación y desviación de comercio— confirma la persistente relevancia de la dimensión territorial como determinante de los mercados, aún considerando los avances tecnológicos en transporte y comunicaciones y las tendencias a la globalización. —La fuerte concentración geográfica de la economía nacional e internacional en microrregiones y ciudades singulares, en las cuales se localizan asimismo las ventajas competitivas nacionales, confirma igualmente que, a pesar de la globalización y del megarregionalismo, no hay deslocalización ni desterritorialización económica. —Las políticas de liberalización y apertura económica han detonado ajustes territoriales —en la geografía humana y económica— y otro tanto ha sucedido o acontecerá con los impactos regionales y urbanos de los tratados de libre comercio. La similitud o convergencia de uno y otro tipo de efectos dependerá de cuan abierto sea el regionalismo subyacente en éstos últimos. 174 Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 Antonio Daher DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 174
—Los tratados de libre comercio afectarán de manera muy diversa a las distintas regiones de cada país, según el tipo de tratado y según la disímil competitividad internacional de aquéllas en función de su estructura económica y especialización sectorial, de la proporción entre transables y no transables, del origen y destino geográfico de sus importaciones y exportaciones, y de sus ventajas urbanas y de infraestructura. Cada uno de los tratados, o la concurrencia de dos o más de ellos, favorecerá diferencialmente a las distintas regiones y, sin desmedro de un beneficio nacional agregado, algunos sectores y regiones podrán resultar más perjudicados. —La trascendencia económica del territorio, la alta concentración geográfica de la economía, los efectos territoriales de las políticas de liberalización y de los tratados de libre comercio, y en especial el carácter notoriamente local de las ventajas competitivas, inducen y aconsejan una creciente participación de las regiones tanto en la política económica nacional como en la política internacional, a la vez que hacen recomendable que las naciones basen su estrategia competitiva no sólo en los sectores, sino también en las regiones. — Una nueva gestión regional se impone en este contexto, signado a la vez por la descentralización y la globalización. Se trata de una gestión integradamente sub y supranacional, con una internacionalización activa de la política local tendiente a la inserción competitiva de la región en los mercados globales, y a la suscripción de acuerdos e integración de alianzas interregionales —nacionales, fronterizas y multinacionales— como expresión de nuevo regionalismo trasnacional. — El protagonismo subnacional se enfrenta, en los acuerdos de mayor integración económica y política —como la Unión Europea— con una supranacionalización o comunitarización de los problemas y políticas regionales. En la polaridad subsupranacional, la política local —incluidos los subsidios o incentivos territoriales— es materia de negociación en la suscripción y ulterior perfeccionamiento de los tratados de libre comercio; éstos mismos, por lo demás, consideran compensaciones regionales ya no sólo intranacionales, sino de origen y gestión supranacional. Así pues, sea por la descentración y el protagonismo subnacional, sea por el megarregionalismo y sus instancias supranacionales, la política regional y local excede, sin anularlo, el tradicional ámbito nacional. Bibliografía AGÜERO, Fernando (1995). «Chile y el NAFTA». En KATZ, J. et.al. Chile y el NAFTA. Estudios Públicos, núm. 57, p. 5-124. Santiago, Chile. ALBURQUERQUE, Francisco (1995). «Competitividad internacional, estrategia empresarial y papel de las regiones». EURE, vol. XXI, núm. 63, p. 41-56. Santiago, Chile. BACHTLER, John; MICHIE, Rona (1993). «The reestructuring of Regional Policy in the European Community». Regional Studies, vol. 27, núm. 8, p. 719-725. U.K. Geomercados y política transregional Doc. Anàl. Geogr. 33, 1998 175 DAG 33 159-178 22/1/99 10:20 Página 175
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