Resumen
Se o ece aquí un comen a io de un agmen o, el a o ismo 575, de Au o a, su a o ismo
inal, en el que de un modo ejempla ha quedado sal ada pa a la pos e idad la oz de
Nie zsche. No se a a de o ece las cla es ca ego iales pa a pene a en su a qui ec u a
úl ima, sino de da elemen os pa a a ina un oído que es é a la al u a de lo que Nie zsche
e ec i amen e dice. Apoyándose en la lec u a de Nie zsche p opues a po Foucaul , el
comen a io e mina señalando cua o pa ículas —o, quizá, ensayo y más allá— como cla-
es de esa comp ensión «a inada».
Palab as cla e: Nie zsche, Au o a, ca ego ías, Foucaul .
Abs ac . A agmen o oice. Conjec u ing o e Nie zschean ca ego ies
This pape o e s a commen a y o he a o ism 575 om Dayb eak which is he inal ag-
men o his book. The main aim is no o p esen he ca ego ial clues o pene a e i s ul i-
ma e a chi ec u e, bu o gi e some elemen s o une he hea ing in o de o unde s and wha
e ec i ely Nie zsche says. Leaning on he in e p e a ion o Nie zsche ca ied ou by Foucaul
his commen a y inishes poin ing ou ou pa icles — o , maybe, essay and beyond — as
key elemen s o ha « uned» unde s anding.
Key wo ds: Nie zsche, Au o a, ca ego ies, Foucaul .
Quisie a p opone les a us edes un eje cicio bien modes o, segu amen e meno ,
mínimo incluso, pe o a pesa de odo un eje cicio. Y un eje cicio que espe o es é
do ado de alguna e icacia escla ecedo a. E iden emen e, no en el sen ido de
a a de mos a les el undamen o, los cimien os ocul os de la a qui ec u a
concep ual nie zscheana, ni ampoco en el de des ela les las cla es he menéu-
icas que pe mi i ían accede a un p esun o que e deci callado as su deci . No,
se a a ía más bien de p opone les algo como un diapasón posible, un diapa-
són que nos ayuda a a a ina un oído que es u ie a a la al u a de lo que Nie zsche
e ec i amen e dice.
Mi in e ención iene po obje o an solo se una in i ación a la escucha
de un agmen o de Nie zsche. Un agmen o, el a o ismo 575 de Au o a
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Un agmen o de oz.
Conje u a sob e las ca ego ías nie zscheanas
Miguel Mo ey
Uni e sidad de Ba celona
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(Mo gen ö e), su a o ismo inal, en el que pienso que de un modo ejempla ha
quedado sal ada pa a la pos e idad la oz de Nie zsche —como e enida, de e-
nida en el ges o de dic a una úl ima lección, si no, acaso, la que bien pudie-
a se pa a noso os su lección úl ima.
I
Como se sabe, y Nie zsche es el p ime o en a i ma lo, con Au o a comienza
la campaña nie zscheana con a la mo al. Quie e deci se con ello que allí dibu-
ja el espacio, la ca og a ía de lo que en adelan e a a se su campo de ba alla.
Se á así una campaña que comba e an o con la noción kan iana de debe
como con la compasión de Schopenhaue , an o con Lu e o como con Pascal
o San Pablo, an o con a Spence como con a Com e o S ua Mill.
En palab as de Gio gio Colli (Sc i i su Nie zsche, 1980), lo que nos mues-
a allí es el es echo condicionamien o de los homb es en la sociedad (un con-
dicionamien o según el cual el alo de un homb e eside comple amen e en la
opinión que su p ójimo se o ma de él), allí denuncia ese g ega ismo unda-
men al de la opinión; esa mo al, que es mo al de ebaño. Y con a es e elón de
ondo con apone la igu a del «indi iduo», la de lo inmo al mismo si hemos
de c ee las azones del g ega ismo. Y aunque no enga oda ía su desmesu a,
as ese indi iduo es segu o que ya se anuncia el supe homb e, po que lo que
aquí nos dice es que lo que pe mi e supe a al homb e, lo que pe mi e i más
allá de odas las pa ias de lo humano, demasiado humano, es p ecisamen e
esa capacidad de indi idualiza se espec o de las opiniones del ebaño, esa capa-
cidad de indi idualiza nos en e a las u inas de nues o g ega ismo más ín i-
mo. Y que esa capacidad de indi idualiza nos no es o a cosa sino lo que
llamamos pensa . Que ésa es su condición. Y ambién su esul ado.
Siendo como es el a o ismo 575 el úl imo, con el que concluye la ob a,
pa ece obligado que cualquie in en o po es ablece las condiciones de escu-
cha de ese agmen o debe comenza po mos a cómo ecoge y cie a lo que
desde su p eludio se anuncia. De hace lo así, si nos demo amos un momen o
en el a o ismo p ime o, e emos a icula se allí una mi ada que se ab e del
siguien e modo:
Todas las cosas que du an la go iempo se an embebiendo poco a poco y has a
al pun o de acionalidad que llega a pa ece imposible que hayan su gido de
la i acionalidad. Puede deci se que no hay his o ia p ecisa de una génesis que
no sea sen ida como algo pa adójico y sac ílego. En el ondo, ¿qué hace un
buen his o iado sino con adeci ? (Racionalidad pos e io )
Bien, ¿qué es lo que nos p opone es e agmen o? Apa en emen e es un
eje cicio de mi ada e ospec i a, mani es ación al ez de una pudenda o igo adi-
cal: una c iminalización del o igen de nues as azones, de lo injus i icado de
nues as ob iedades, de lo in undado de odo aquello que, simplemen e po -
que nos iene de an iguo, po que ha du ado la go iempo, nos pa ece ob io,
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na u al y azonable. Eso es lo que pa ece ad e i nos. Sin emba go, en la medi-
da en que una cie a comp ensión his ó ica cons i uye nues o modo ús ico de
hace nos in eligible lo eal, nues o modo de hace nos con el p esen e, se a a
en onces de algo más g a e: es una ope ación de des ondamien o del suelo
mismo de nues a expe iencia mo al, de lo que es el sus en o p ima io de nues-
as opiniones. Una denuncia, si se p e ie e deci así, del modo como enun-
ciamos a la cons ucción de la p opia expe iencia, del modo como delegamos esa
a ea en a o de un enco ado p e io, en a o de ese molde homologado y
p ees ablecido que es la opinión. Y el escándalo es iba aquí p ecisamen e en que
en endamos que en el cumplimien o de es a ope ación consis e eso que lla-
mamos « i i el p esen e». Muy p on o, en su p óximo ex o, Gaya ciencia,en
el a o ismo 341, «El peso más pesado» (o si se p e ie e así, podemos aduci -
lo al modo a iesgado y he moso como lo hace José Ja a: «El mayo cen o de
g a edad»), Nie zsche nos a a plan ea , on almen e, bajo la igu a del E e no
Re o no, la p egun a po ese nues o i i el p esen e con i iéndola en un
desa ío, en una adical p ueba mo al.
P obablemen e, se en ende á mejo lo que quie o deci con un ejemplo,
o o a o ismo de Au o a, el 76. La e lexión ha a anzado ya unos amos, y
la mi ada se p ecisa. Allí, en ese a o ismo, a p opósi o de los e ec os pa adó-
jicos de la educación mo al c is iana, en gene al, y más p ecisamen e, c i i-
cando el esul ado de la demonización del sexo po pa e de la Iglesia, esc ibe
lo siguien e:
[...] Es a diabolización del E os ha enido un desenlace con ibe es de comedia:
el «diablo» E os ha llegado a se pa a los homb es más in e esan e que odos los
ángeles y san os, p ecisamen e a causa de los sec e os y emilgos de la Iglesia in
e o icis;has a el día p esen e, el omace [la a en u a sexual] iene a se , así, el
único e dade o in e és común a odos los cí culos de la sociedad, en una exa-
ge ación que pa a el mundo an iguo se ía de odo pun o inconcebible y que un
día p o oca á la isa de la pos e idad. Toda nues a imaginación y icción, en
el plano más ele ado y el más il, se ca ac e iza po el én asis desmedido (¡ alga el
eu emismo!) con que el « omance» ocupa el p ime plano; es posible que a
causa de él la pos e idad no a á en odo el legado de la cul u a c is iana cie -
o ca ác e mezquino y absu do. (Pensa mal signi ica ol e se malo)
So p ende á al ez la cau ela del dic amen inal de es e agmen o.
Acos umb ados a las impugnaciones u ibundas y o ales de Nie zsche, el que
se a ibuya a nues o p esen e an sólo «un cie o ca ác e mezquino y absu -
do» esul a, po lo acep able, casi casi un ali io. Sin emba go, no c eo que es o
sea aho a lo impo an e. Como ampoco impo a demasiado aquí sabe si iene
o no azón Nie zsche al esponsabiliza a la demonización c is iana del e o is-
mo del én asis desmedido con el que sub ayamos ac ualmen e nues a expe-
iencia de odo lo que iene que e con el sexo. Lo que me pa ece que impo a
aquí es la ope ación median e la que se lle a a cabo esa denuncia. La a i mación
mayo an e la que nos emplaza, obligándonos a enca a esa exage ación uni-
dimensional de nues a expe iencia común, una exage ación que sin duda no
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es al pa a el noso os que dibuja el mu mullo de la opinión pública —pa a
la que se a a simplemen e de algo ob io, na u al y azonable—. Y que sin
emba go aho a sabemos que «pa a el mundo an iguo se ía de odo pun o incon-
cebible y que un día al ez p o oca á la isa de la pos e idad».
Es en es e pun o p eciso donde pienso que el a o ismo en cues ión adica-
liza y a ina la mi ada que se ía de p eludio al ex o. Sin duda pod á a gu-
men a se que aquí el in en o mayo de Nie zsche es a e gonza nos an e el
espejo de la his o ia —emplazamos an e la p egun a po qué hab ían pensa-
do de noso os los an iguos, qué pensa á de noso os la pos e idad. Y sin duda
algo de cie o hay en ello: ecuen emen e, en Au o a, Nie zsche pa ece que-
e obligamos a emon a ío a iba el cauce de nues a his o ia mo al, como si
p e endie a de ol emos de una «cul u a de la culpabilidad» a una «cul u a de
la e güenza» (po deci lo con E.R. Dodds). Y ello como condición imp es-
cindible pa a eno a de a iba abajo nues a expe iencia mo al. F ecuen emen e,
en Au o a, Nie zsche uel e una y o a ez a pone en ob a las más a caicas
ca ego ías de la alabanza (épainos) y el ep oche (mom ós) que, al deci de
M. De ienne, ue on las p ime as ins ancias u ela es de la e dad de las palab as
de la ibu, cuando és as es aban al a bi io de los poe as an es de que los depo-
si a ios de la e dad pasa an a se los ilóso os. Sin emba go, es as conside aciones
no debe ían impedimos e que aquí ambién es á en ob a una impugnación
de los anclajes ópicos desde los que alo amos nues a expe iencia p esen e
en endiéndola como la única, o la mejo , de las posibles. Que lo que se impug-
na es la p omesa de eposo en el suelo de una opinión que nos e i a ía ene que
p egun amos qué es ealmen e lo alioso de nues a expe iencia —p egun a
que inaugu a un ago ado deba e in e minable que no es o a cosa sino lo que
llamamos «pensamien o», aquello que e ime a, in e mi en emen e, nos sin-
gula iza en ese momen o magní ico y e ible en el que se nos da a sabe lo
que somos: indi iduos.
Quie e con ello deci se que no debemos deja de p es a a ención al mo i-
mien o in empes i o, inac ual, po medio del cual, una y o a ez, Nie zsche,
enca ándonos con aquello que queda del o o lado de nues a expe iencia
his ó ica p esen e (ya se a e de un pasado a caico y p imo dial ec eado mi ad
ilológica mi ad isiona iamen e, o bien de un po eni abulado del que se
sub aya su o edad adical espec o a nues o p esen e), en ambos casos, desde
los dos lados, el e ec o p oducido es el de la i ealización o pé dida de sopo es
legi imado es de las opiniones que u elan nues a expe iencia —que de es e
modo quedan denunciados, po e íme os, po ecien es, po caducos.
No debemos ol ida que, en las páginas de Au o a, encon amos odos los
elemen os que an a pe mi i que Nie zsche cons uya esa mi ada suya que
conocemos como genealogía, cuyo inicio emo o encon a íamos en la ábula
que ab e Sob e e dad y men i a en sen ido ex amo al, y cuyo comienzo e ec-
i o es á en los a o ismos 9 («Idea de la mo al de las cos umb es») y 26 («Los
animales y la mo al») de Au o a, del mismo modo como su cumplimien o se
lle a a cabo en el a ado II de La genealogía de la mo al. Y ello es así has a el
pun o de que, escuchando lo que Niezs che acaba de con a nos sob e el alo
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cu iosamen e en á ico que concedemos a nues as expe iencias sexuales, po
un momen o uno c ee ía es a escuchando a M. Foucaul , a mi en ende el
más cau eloso y adical ac ualizado del p ocedimien o genealógico p opio a
esa mi ada in empes i a —po ejemplo, cuando en las páginas inales del p i-
me olumen de su His o ia de la sexualidad esc ibe:
Tal ez un día se so p endan. No se acaba á de comp ende que una ci iliza-
ción an dedicada a desa olla inmensos apa a os de p oducción y de des-
ucción u ie a el iempo y la in ini a paciencia como pa a in e oga se con
an a ansiedad sob e odo lo que iene que e con el sexo; son ei án al ez al
eco da que esos homb es que uimos c eían que ahí había una e dad po lo
menos an p eciosa como la que an año ya le habían p egun ado a la ie a, a
las es ellas y a las o mas pu as de su pensamien o. (His oi e de la sexuali é [1]:
La olon é de sa oi )
Como c eo que esul a á e iden e, se a a, en ambos casos, po lo que es-
pec a al es ablecimien o de esa dis ancia adical pa a con las c eencias que con-
o man el ho izon e de nues a expe iencia posible, po lo que espec a a la
posibilidad de pensa o, si se p e ie e deci así, de indi idualiza nues a expe-
iencia del p esen e, en ambos casos nos hallamos an e una misma mi ada. De
un modo mucho más seco, e minan e, en el a o ismo 100 de Au o a
(«Despe a del sueño»), hallamos un ejemplo eminen e de es a mi ada genealó-
gica, in empes i a, cuando a i ma:
Exis ie on an año unos homb es nobles y sabios que c eye on en la música de
las es e as: unos homb es nobles y sabios c een oda ía hoy en la signi icación
mo al de la exis encia. Pe o un día es a o a música deja á ambién de se pe -
cep ible a su oído. Se despe a án y cons a a án que su oído soñó.
Si se comp ende bien odo lo que es a a i mación implica, pa ece que poco
más cabe añadi , que es os p olegómenos que p e endían sen a las condicio-
nes pa a la escucha del a o ismo 575 pueden da se po concluidos.
II
Sin emba go, al ez alguna de las a i maciones e idas aquí espec o del p o-
undo pa en esco en e la emp esa nie zscheana y la ob a eó ica de Foucaul
debe ían se jus i icadas. De hace lo así, pod íamos acudi al modo como
Foucaul , en la p ime a de las cinco con e encias dic adas en la Pon i icia
Uni e sidade Ca ólica de Rio de Janei o, en 1973 (publicadas cinco años más
a de con el í ulo de A e dade e as o mas ju ídicas), a ando de hace in eli-
gibles los p esupues os úl imos de su abajo, se emi e a Nie zsche y dice lo
siguien e:
Lo más hones o hab ía sido, quizá, ci a apenas un nomb e, el de Nie zsche,
pues o que lo que aquí digo sólo iene sen ido si se lo elaciona con su ob a
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que, en mi opinión, es el mejo , más e icaz y ac ual de los modelos que ene-
mos a mano pa a lle a a cabo las in es igaciones que p opongo. C eo que en
Nie zsche se encuen a un ipo de discu so en el que se hace el análisis his ó-
ico de la o mación misma del suje o, el análisis his ó ico del nacimien o de
un cie o ipo de sabe , sin admi i jamás la p eexis encia de un suje o de cono-
cimien o.
Nie zsche es, pues, el au o de la g an up u a de la que Foucaul se ecla-
ma he ede o y cuyas consecuencias de alla del siguien e modo:
En mi opinión, hay en es e análisis de Nie zsche una doble up u a muy impo -
an e con la adición de la iloso ía occiden al, up u a que con igu a una lec-
ción que hemos de conse a . La p ime a se da en e el conocimien o y las
cosas. En e ec o, ¿qué asegu aba en la iloso ía occiden al que las cosas a cono-
ce y el p opio conocimien o es aban en elación de con inuidad? ¿Qué e a lo
que asegu aba al conocimien o el pode de conoce bien las cosas del mundo
y de no se inde inidamen e e o , ilusión, a bi a iedad? ¿Quién sino Dios
ga an izaba es o en la iloso ía occiden al? Cie amen e, desde Desca es, pa a
no i más allá, y aun en Kan , Dios es ese p incipio que asegu a la exis encia de
una a monía en e el conocimien o y las cosas a conoce . Pa a demos a que
el conocimien o e a un conocimien o undado e dade amen e en las cosas
del mundo, Desca es se io obligado a a i ma la exis encia de Dios.
Si no exis e más elación en e el conocimien o y las cosas a conoce , si la
elación en e és e y las cosas conocidas es a bi a ia, elación de pode y io-
lencia, la exis encia de Dios en el cen o del sis ema de conocimien o ya no es
más indispensable. [...] La up u a de la eo ía del conocimien o con la eolo-
gía comienza, es ic amen e hablando, con el análisis de Nie zsche.
En segundo luga di ía que si es e dad que en e el conocimien o y los
ins in os — odo lo que se hace, odo lo que ama el animal humano— hay
solamen e up u a, elaciones de dominación y subo dinación, elaciones de
pode , quien desapa ece en onces no es Dios sino el suje o en su unidad y
sobe anía.
Si emon amos la adición ilosó ica has a Desca es, pa a no i más lejos
aún, emos que la unidad del suje o humano e a asegu ada po la con inui-
dad en e el deseo y el conoce , el ins in o y el sabe , el cue po y la e dad.
Todo es o asegu aba la exis encia del suje o. Si es cie o que po un lado es án
los mecanismos del ins in o, los juegos del deseo, los en en amien os en e la
mecánica del cue po y la olun ad, y po o o lado, en un ni el de na u aleza
o almen e di e en e, el conocimien o, en onces la unidad del suje o humano
ya no es necesa ia. Podemos admi i suje os, o bien que el suje o no exis e. Es
p ecisamen e en es o en que me pa ece que el ex o de Nie zsche que he ci a-
do ompe con la adición ilosó ica más an igua y a aigada de Occiden e.
Es a doble up u a que Foucaul señala en Nie zsche ( up u a en e el
conocimien o y las cosas a conoce , y up u a en e el conocimien o y el suje-
o del conoce ; disolución po an o del pa adigma ep esen a i o del cono-
cimien o en endido como des elamien o de la elación, a la ez na u al, ob ia
y azonable, en e un suje o y un obje o) encuen a su ex o undado en la
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ábula an ci ada con la que se encabeza Sob e e dad y men i a en sen ido
ex amo al, y su cla e de bó eda debe ía busca se en el concep o de in ención
(E indung) pues o ahí en ob a, cuya economía ex ual Foucaul analiza del
siguien e modo:
Nie zsche a i ma que, en un de e minado pun o del iempo y en un de e mi-
nado luga del uni e so, unos animales in eligen es in en a on el conocimien o.
La palab a que emplea, in ención —el é mino alemán es E indung— eapa ece
con ecuencia en sus esc i os, y siemp e con in ención y sen ido polémicos.
Cuando habla de «in ención» iene in men e una palab a que opone a in en-
ción, la palab a «o igen». Cuando dice «in ención» es pa a no deci «o igen»,
cuando dice E indung, es pa a no deci U sp ung.
Todos us edes eco da án sin duda la c í ica adical que del é mino U sp ung
y sus idealismos implíci os Foucaul ha lle ado a cabo, un pa de años an es, en
el ex o de homenaje a su maes o Jean Hyppoli e, publicado con el í ulo de
Nie zsche, la généalogie, l’his oi e. Allí U sp ung queda señalado como la mi a-
da me a ísica, eológica en de ini i a, que la genealogía p e ende de oca , ope-
ación que se lle a ía a cabo median e la sus i ución de dicho concep o po
o os que obligan a desplaza el alcance de la mi ada como He kun (la p o-
cedencia), En s ehung (la eme gencia) o Gebu (el nacimien o). En dicho ex o,
el é mino E indung apa ece, como de pasada, sólo en una ocasión («¿Dónde
hay que busca ese o igen de la eligión que Schopenhaue si uaba en un cie o
sen imien o me a ísico del más allá? Simplemen e en una in ención [E indung],
en una a imaña, en un a i icio [Kuns s ück], en un sec e o de ab icación, en
una p ác ica de magia neg a, en el abajo de los Schwa zküns le »). Aho a,
en las con e encias de Rio, la c í ica de Foucaul pa ece habe encon ado su
pun o más adical, al iempo que la ag esi idad de su o mulación cob a, en
su simplicidad, oda la e icacia polémica. Dice aho a —y po poco que se aguce
el oído, las esonancias con el a o ismo p ime o de Au o a an es ci ado,
«Racionalidad pos e io », son ales que po momen os pa ece poco más que
una pa á asis— lo siguien e:
Pa a Nie zsche la in ención —E indung— es, po una pa e, una up u a y, po
o a, algo que posee un comienzo pequeño, bajo, mezquino, incon esable. Es e
es el pun o c ucial de la E indung. Fue debido a oscu as elaciones de pode
que se in en ó la poesía. Igualmen e ue debido a oscu as elaciones de
pode que se in en ó la eligión. Villanía, po an o, de odos es os comien-
zos cuando se los opone a la solemnidad del o igen al como es is o po los iló-
so os. El his o iado no debe eme a las mezquindades pues ue de mezquindad
en mezquindad, de pequeñez en pequeñez, que inalmen e se o ma on las
g andes cosas. A la solemnidad del o igen es necesa io opone , siguiendo un
buen mé odo his ó ico, la pequeñez me iculosa e incon esable de esas ab i-
caciones e in enciones.
Si a endié amos aho a a la suges ión de Foucaul , y di igié amos una mi a-
da incluso supe icial al uso explíci o del é mino in ención en la ob a de
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Nie zsche que odea a Au o a, p egun ándonos qué cosas son cali icadas
de «in en os», qué mecanismos se desc iben como los p opios de la «in en-
ción», o cuál es la economía e ó ica o a gumen a i a de al noción, a buen
segu o el i ine a io nos b inda ía no pocas so p esas. Aquí, aho a an sólo pode-
mos indica lo: Humano, demasiado humano (I: 19, 54, 240, 415, 472, 475;
II: 134); El Viaje o y su somb a (9, 44, 74, 140, 283); Au o a (36, 43, 363,
533, 544); Gaya ciencia (84, 135, 143, 353, 367); Más allá del bien y del mal
(P e ., 58, 223, 253, 260). Y ecué dese que hablamos de su uso explíci o, li e-
al —po que de lo con a io, en caso de emi i nos a su uso implíci o, el lis ado
se ía in e minable. Bas e como bo ón de mues a el siguien e ejemplo magní-
ico en su limpia e icacia:
¿Cómo ha ad enido [gekommen is ] la azón sob e la ie a? Po supues o que
de una mane a i acional, ob a de un aza . Se hab á de desci a como se des-
ci a un enigma. (Au o a, 123; «La azón»)
Llegados a es e pun o, si ue a necesa io apos illa es e pa en esco p o un-
do en e Nie zsche y Foucaul , en el que la noción de «in ención» ob a como
elemen o enco ado de su a gumen ación c í ica, bas a ía eco da la es uc-
u a e ó ica misma del abajo oucaul iano. Conside ada la ob a de Foucaul
según la unidad e ó ica «lib o», di íamos que al unidad se a icula median e
la p esión de dos momen os e ó icos mayo es, que cons i uyen su p incipio y
su inal. Un lib o de e minado, cuyo mismo í ulo ya enuncia el obje o que
se a a p oblema iza , se ab e con la a i mación de que al obje o es un in en-
o ecien e. Que al obje o —la locu a, la en e medad, la sexualidad...— es un
in en o ecien e quie e deci que el luga y la unción que ocupa en nues os
discu sos y en nues as ins i uciones nos es especí ico, y que ese modo de se -
nos especí ico iene una his o ia, ecien e y caduca, cuyos po meno es pueden
de e mina se median e el análisis. Y además, que en e él y el obje o con uso
que pa ece p ecede le en la his o ia y cuya e dad sec e a nues o obje o p e-
sen e es a ía enca gado de deci (la sexualidad espec o de la luju ia, la en e -
medad men al espec o de la sin azón o la posesión... ), en e ambos no media
la línea sinuosa pe o con inua del p og eso de un conocimien o cada ez más
adecuado, sino la b usca mu ación que sepa a dos espacios de lo discu si o,
dos ó denes de ges ión ins i ucional que son en e sí inconmensu ables. Sen ado
como pun o de pa ida el ca ác e de in en o ecien e de nues o obje o, el
g ueso del lib o se aplica á a es ablece la abazón de condiciones de posibili-
dad ( an o discu si as como ins i ucionales, an o las que a añen a los modos
de lo decible como las que emi en a las o mas de lo isible) que hubie on de
da se ci a y con e ge en un momen o his ó ico de e minado pa a que la eme -
gencia de al obje o pudie a hace se necesa ia. Las o mas de discu so que eco-
nocemos bajo el nomb e de a queología o genealogía se dan como a ea que
p ecisamen e despliega es os po meno es. Luego, en sus úl imas páginas,
el lib o se cie a al como ha comenzado —con un idén ico guiño lími e del
no-sabe , con un mismo ges o in empes i o. El escándalo que le an ó el inal
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de Les mo s e les choses ha acabado po en oniza lo como modélico al espec o:
«En odo caso, una cosa es cie a: que el homb e no es el p oblema más an i-
guo ni el más cons an e que se haya plan eado el sabe humano. Al oma una
c onología ela i amen e b e e y un co e geog á ico es ingido —la cul u a
eu opea a pa i del siglo XVI— puede es a se segu o de que el homb e es una
in ención ecien e. El sabe no ha ondado du an e la go iempo y oscu a-
men e en o no a él y a sus sec e os. De hecho, en e odas las mu aciones que
han a ec ado al sabe de las cosas y de su o den, el sabe de las iden idades, las
di e encias, los ca ac e es, los equi alen es, las palab as —en b e e, en medio
de odos los episodios de es a p o unda his o ia de lo Mismo— una sola, la
que se inició hace un siglo y medio y que quizá es á en ías de ce a se, dejó apa-
ece la igu a del homb e. Y no se a ó de una libe ación de una ieja inquie-
ud, del paso a la conciencia luminosa de una p eocupación milena ia, del
acceso a la obje i idad de lo que desde hacía mucho iempo pe manecía p eso
en las c eencias o en las iloso ías: ue el e ec o de un cambio en las disposi-
ciones undamen ales del sabe . El homb e es una in ención cuya echa ecien-
e mues a con oda acilidad la a queología de nues o pensamien o. Y quizá
ambién su p óximo in.
Si esas disposiciones desapa ecie an al como apa ecie on, si, po cualquie
acon ecimien o cuya posibilidad podemos cuando mucho p esen i , pe o cuya
o ma y p omesa no conocemos po aho a, oscila an, como lo hizo, a ines del
siglo XVIII el suelo del pensamien o clásico, en onces pod ía apos a se a que el
homb e se bo a ía, como en los lími es del ma un os o de a ena.
De un modo gene al pod íamos deci que és e es el enco ado e ó ico que
p eside la ob a mayo de Foucaul —enco ado desde el que és a se deja lee
como la p oblema ización de uno de nues os obje os mo ales eminen es (la
locu a, la en e medad, la sexualidad, e c., piezas undamen ales pa a el es a-
blecimien o de nues a no malidad y en i e mo al p i ilegiado de una cul u a
como la nues a, en la que lo mo al se a icula po ele ación de lo no mal a
no ma i o), median e el ecu so a es ablece su ca ác e de in en o ecien e y
la plausibilidad de su p óximo in.
Y de echazo, emos aquí dibuja se en ilig ana ambien la igu a de un
nue o es a u o del pensado , igu a que empa eja p o undamen e las a eas de
uno y o o ilóso o: el Ve suche (el homb e de la en a i a, de la en ación), el
homb e que ensaya, aquél que expe imen a consigo mismo, el que in en ando
descub e y descub iendo in en a, aquél cuyo empeño queda acuñado en esa bella
ó mula del Foucaul e minal, que sólo aho a y g acias a él sabemos que es
un pleonasmo edundan e: pense au emen .
III
És e es, pues, el p eámbulo que he c eído necesa io pa a ca ga la a ención de
la escucha sob e la es aña dis ancia que iene el pun o ocal desde el que
Nie zsche nos emplaza a mi a nues o p esen e, y a mi amos a noso os mismos
en él. El quehace ilosó ico de Nie zsche, en muy buena medida, si no acaso
Un agmen o de oz. Conje u a sob e las ca ego ías nie zscheanas En ahona 35, 2002 85
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