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La vida es bella : el amor fati de Nietzsche en el cine

Abstract

En este artículo, el autor expone su interpretación de la polémica película La vida es bella, y defiende su tesis de que esta película pone en práctica el amor fati de Nietzsche, que en este caso se convierte en el amor fati de un prisionero al campo de concentración. Gracias a tal amor, el prisionero dice «sí» al campo, y la película nos muestra la vida en el campo de concentración a través de su mirada llena de amor y de humor. De este modo, la película logra una crítica al campo mucho más fuerte que la que nacería de su negación y rechazo.

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La vida es bella : el amor fati de Nietzsche en el cine

Author: Türcke, Christoph
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2002
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.383
Source: https://ddd.uab.cat/pub/enrahonar/0211402Xn35/0211402Xn35p111.pdf
Resumen
En es e a ículo, el au o expone su in e p e ación de la polémica película La ida es bella,
y de iende su esis de que es a película pone en p ác ica el amo a i de Nie zsche, que en
es e caso se con ie e en el amo a i de un p isione o al campo de concen ación. G acias
a al amo , el p isione o dice «sí» al campo, y la película nos mues a la ida en el campo de
concen ación a a és de su mi ada llena de amo y de humo . De es e modo, la película
log a una c í ica al campo mucho más ue e que la que nace ía de su negación y echazo.
Palab as cla e: Nie zsche, amo a i, La ida es bella, campo de concen ación.
Abs ac . Li e is beau i ul. Nie zsche's amo a i in he cinema
In his a icle, he au ho exposes his in e p e a ion on he polemic ilm Li e is beau i ul, and
de ends he hesis ha his ilm pu s in o p ac ice he no ion o amo a i de ended by
Nie zsche, which is in his case he amo a i o a p isone o he concen a ion camp.
Thanks his lo e, he p isone says Yes o he camp, and he ilm shows us he li e in he
camp h ough his look ull o lo e and humo . In his way, he ilm ca ies ou a adical
c i icism o he concen a ion camp s onge han ha which a ises om his me e nega ion
and e usal.
Key wo ds: Nie zsche, amo a i, Li e is beau i ul, concen a ion camp.
Du an e mucho iempo, a Nie zsche le pasó con los ilóso os lo mismo que a
Schönbe g con los músicos. Quien necesi a oca Schönbe g, es e iden e que
no alcanza a oca Bee ho en y Schube . Así quedó condenado a una década
de sospecha. T aducido a Nie zsche: quien se delei a con ese uinoso mon-
ón de a o ismos, donde apenas hay a i mación de la que no se pueda encon-
a su con a ia, es e iden e que no es á p epa ado pa a la al u a y el igo del
pensamien o de un A is ó eles, un Kan o un Hegel. Pe o hoy en día es as
*T aducción de Ma a Ta alla.
En ahona 35, 2002 111-117
La ida es bella. El amo a i de Nie zsche en el cine*
Ch is oph Tü cke
Hochschule ü G a ik und Buchkuns
Leipzig
En ahona 35 001-122 1/2/03 13:02 Página 111
impu aciones ya no se sos ienen. Un siglo después de su mue e, Nie zsche se
alza como un encedo his ó ico. Aunque oda ía no se han llegado a c ea
cá ed as pa a su Za a us a, al como él alucinó en Ecce Homo, un ex o ya i -
mado po su megalomanía, lo ecen las sociedades Nie zsche, y el cen ena io
de su mue e se celeb a po odo el mundo. Ha sido acep ado en el pan eón
de los g andes ilóso os, al como se econoce en la exis encia de un discu so aca-
démico in e nacional sob e Nie zsche
Na u almen e, es o iene su p ecio. Incluso Nie zsche comienza a padece
lo que Max F isch denominó «la e icaz ine icacia de un clásico». ¡Cuán o se
llega a discu i sob e él en las e inadas aulas al amen e sub encionadas de las
uni e sidades, undaciones, ins i u os cul u ales, sin que enga el meno in e-
és pa a la ida co idiana! ¿Y po qué al discu so sob e Nie zsche debe ía suce-
de le algo dis in o que al discu so sob e Hegel o sob e Kan ? La eo ía de
sis emas desc ibe ma a illosamen e cómo ocu e. Nie zsche y... (aquí se puede
añadi quien nos sugie a la an asía: Kan , Schopenhaue , Wagne , el a e, el
pensamien o o ien al, la posmode nidad, e c.). Al ededo de ales emas se o -
man cá eles de ci ado es (Zi ie ka elle) compues os po in é p e es que se c i-
ican o se con i man unos a o os i alizando po la co ec a in e p e ación del
ex o, y que en cualquie caso se ealzan y se dan impo ancia mu uamen e.
Es os cá eles de ci ado es ponen en juego discu sos. Donde hay un discu so
ambién suele habe una edi o ial, y a menudo inanciación pa a cong esos,
euniones, en los cuales el discu so se a haciendo cada ez más au ónomo,
has a que inalmen e se cuece en su p opio caldo, de al modo que ya no eco-
noce a sus pa ien es no académicos. Se a a de aquellos discu sos que se o man
espon áneamen e en o no a cues iones canden es de la ida social ac ual, y
que son discu sos en los que se a a de lo que se ía su ema au én ico, dis-
cu sos que pod ían ac ua como an ído os de su au onomización. Hace dos
años comenzó un in enso deba e sob e una película que sacó a la pales a el
pa ón de supe ación del pasado ac edi ado polí ica y mo almen e. Es e deba-
e es un discu so sob e Nie zsche —mucho más ac ual que el académico—,
sólo que los in e esados no se dan cuen a. Los que pa icipan en la discusión
apenas conocen a Nie zsche o bien no lo conocen en absolu o. Y los conoce-
do es de Nie zsche no pa icipan. Po que el nomb e de Nie zsche no apa ece
en oda la película. Su ilóso o de e e encia es o o.
El p o agonis a y su amigo han ido a pa a a una si uación en la que han de
compa i una cama. Se echan pa a el descanso noc u no. El amigo ha plan eado
una p egun a y, segundos después, se due me p o undamen e sin espe a la
espues a. ¿Y quién le ha p opo cionado esa desconce an e capacidad?
¡Schopenhaue ! «Él dice que con la olun ad puedes log a lo odo: “Yo soy lo
que quie o se ...”, y aho a quie o se uno que due me. In e io men e me he
dicho: “¡Yo due mo, yo due mo, yo due mo!” Y ya es aba do mido».1Po
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1. R. BENIGNI; V. CERAMI, Das Leben is schön, F ank u am Main, 1998, p. 35. Ve sión cas-
ellana: La ida es bella, Mondado i/G ijalbo, 1999.
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supues o, és e es un Schopenhaue ca ica u izado. El au én ico se hubiese nega-
do en edondo a que la olun ad, que él en endió como mo o de odo el p o-
ceso del mundo, uese educida a un medio pa a la au ohipnosis. Pe o hay un
schopenhaue iano a quien esa educción le pa ece ía el log o más al o: Nie zsche.
¿Au ohipnosis? Sí, ésa es jus amen e la b oma de la olun ad. Se puede expli-
ca la elación en e Schopenhaue y Nie zsche desde ese pun o: la ans alo-
ación de la olun ad (Umwe ung des Willens). Lo que uno hubiese juzgado
como una ca ica u a, es pa a el o o su momen o más ele ado. El jo en
Nie zsche se había dejado ascina po la concepción de la olun ad de
Schopenhaue . Pe o a medida que se con e ía en alguien más expe imen a-
do, le iba pa eciendo más acía. Una olun ad del mundo que en odo alien-
a y mue e odo lo que se mue e, ¿no es un p incipio me a ísico acío y
abs ac o? P escindiendo de que «que e algo» siemp e signi ica «que e impo-
ne algo», y así: «que e impone se»: que e se seño sob e los que se esis en,
aunque sean an pequeños y banales como la pe eza po las mañanas cuando
suena el despe ado .
Volun ad de pode : según Nie zsche no sólo la poseen el Césa y Napoleón,
sino cada abajado que se le an a po las mañanas, se bebe su ca é, se lle a
la aza a la boca; sólo que la posee de un modo an banal que ni él mismo se
da cuen a, y ampoco me ece la pena habla de ello. Pe o es en lo más peque-
ño, en lo más insigni ican e, en lo más delicado, donde debe es udia se lo
que es la olun ad de pode , si se quie en comp ende sus casos más bu dos
en la his o ia mundial. Y en onces se cons a a que la olun ad nunca es o a
cosa que olun ad de pode : el in en o de impone algo —de impone se—.
Es comple amen e also imaginá sela como un p incipio de mo imien o que
es á de ás del mundo sensible como un mo o de ás del escena io, en e
bas ido es, o como una especie de ó gano anímico, que nos capaci a pa a
que e como el ojo nos capaci a pa a e . La olun ad no es una ins ancia
(Ins anz) que hace algo, sino un hace , que se compone a sí mismo, aunque
sin sabe de qué; que se da él mismo una di ección y una consis encia, sin
sabe cómo. Su impulso es «una compleja plu alidad» que noso os «expe i-
men amos como unidad», po que «es amos al os de ó ganos delicados»2pa a
ella. Pe o esa unidad no exis e; es nues a suges ión. Los se es humanos sólo
poseen un yo (Selbs ) uni a io en la medida en que sus ins in os y a ec os,
di usos y di e gen es, gene an una especie de pa alelog amo de ue zas, que
pos e io men e les pa ece como si uese una capacidad de su alma. Es o es
lo que denominan «su olun ad». La inco po an como si uese una e ce a
acul ad de su alma, jun o a los impulsos (T iebe) y el in elec o; y se con-
encen a sí mismos de que si la olun ad y el in elec o se sen a an jun os en
el pescan e del alma, y lle a an las iendas de los impulsos, en onces el pen-
samien o se ía acional y la acción, mo al.
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2. F. NIETZSCHE, Nachgelassene F agmen e, K i ische S udienausgabe (KSA), ol. 13, Munich,
1988, p. 329.
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Todo es icción, dice Nie zsche. Ese pescan e no exis e. No se puede habla
de es acul ades undamen ales del alma. Lo que llamamos «que e » y «cono-
ce » es «sólo un cie o compo amien o de unos impulsos pa a con o os»;3la
supues a alma no es más que el campo de ba alla de los impulsos; lo que en
iloso ía se denomina «au ode e minación», sólo un caso ideal de au ohipno-
sis. Dicho de o a o ma: nues a supues a olun ad es sólo el más cons an e
de los p oduc os de nues a au osuges ión. ¿Se ían en onces nues os ac os
olun a ios co idianos sólo ac os de suges ión, y nues a elación con el mundo
una elación hipnó ica? En e ec o, dice Nie zsche. Sin un poco de hipnosis no
somos capaces de comp ende nada, de dige i nada, de cambia nada. ¿Y cómo
pod íamos hace nos una ep esen ación, un concep o de las cosas i ien es,
sin ija las y a la ez sume gi las en aquel es ado men al de ado mecimien o
que llamamos «abs acción»? Pe o en la ida co idiana no acos umb amos a
no a que lo hacemos. Sólo en casos ex emos nos damos cuen a de epen e.
Y la película de la que aquí se a a, no hace sino p esen a un caso ex emo
de hipnosis.
No sé po qué nomb a a Schopenhaue su ilóso o de e e encia, pues o
que ya el í ulo es suges i o-hipnó ico en un exac o sen ido nie zscheano: La
ida es bella. Tí ulo pa a la his o ia de una pequeña amilia judía de I alia que
es depo ada a un campo de concen ación alemán: ¿pod ía la p o ocación se
mayo ? Y, sin emba go, se oma en se io lo que Nie zsche en endía po amo
a i: «que uno no quie e ene o a cosa, ni en el u u o, ni en el pasado, ni en
oda la e e nidad. No sólo sopo a lo necesa io, y aún menos disimula lo […],
sino ama lo […]».4Es o ya le e ol ía el es ómago a más de uno hace un siglo.
No e a sólo es o lo que sos enía la c í ica socialis a de Nie zsche. Ya es su i-
cien emen e malo que podamos hace an poco con a las si uaciones al como
son como pa a que encima pesen sob e noso os como un des ino. ¿Y encima
ama es e des ino? Eso es pe e so. Es en esa he ida donde hu gan los c í icos
de Benigni. El New Yo k Times denominó la película una « e sión benigna de
la negación del Holocaus o». «El público sale de la p oyección ali iado y eliz,
y ag adece a Benigni que inalmen e le haya abie o una ía de escape.»
Apenas puede habe con usión espec o a lo que el amo a i signi ica: no
p ecisamen e acep a con alen ía cuan o sucede, sino ans o ma esa acep a-
ción en una ce emonia p opia. El uco a ís ico del amo a i es un uco
emocional y men al del judo, que abso be la ue za del con a io, e ue za su
impulso, y lo in ie e pa a con e i lo en ue za sob e el con a io. Donde hay
amo a i, hay a e de la in e sión (Umwendungskuns ). Pa a Nie zsche es idén-
ico al a e en gene al, po que el a e, según él, es «la ealidad o a ez, sólo que
en una selección, e ue zo, co ección […] El a is a ágico no es ningún pesimis a
—dice Sí incluso a lo dudoso y lo e ible—».5El a is a e dade o es un a is-
a de la ida —jus amen e po como desa ma con su deci -Sí y hace -Sí—.
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3. F. NIETZSCHE, Die öhliche Wissenscha , KSA 3, p. 559.
4. F. NIETZSCHE, Ecce Homo, KSA 6, p. 297.
5. F. NIETZSCHE, Gö zen-Dämme ung, KSA 6, p. 79.
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Es como si se hicie a una elección undamen al po el amo a i de Nie zsche,
cuando el lib e o Guido y su hijo Giosuè, poco an es de su depo ación al
campo de concen ación, pasean po la ciudad y descub en, en el escapa a e
de una pas ele ía, un le e o que dice «P ohibida la en ada a judíos y pe os»,
y en ablan la siguien e con e sación:
—¿Po qué no pueden en a los judíos y los pe os, papá?
—Bueno, pues po que no quie en judíos ni pe os. Cada uno iene sus
gus os. Allí de ás hay una ienda, una e e e ía, donde no dejan en a espa-
ñoles ni caballos. Y Dingbums, el a macéu ico…, aye es u e en su ienda
con un amigo…, con un chino, que iene un cangu o: «¡No, los chinos y los
cangu os no pueden en a !» No le gus an.
—¡Pe o noso os dejamos en a a odo el mundo!
—No, a pa i de mañana noso os ambién esc ibi emos un le e o. ¿A i
quién no e gus a?
—¡Las a añas! ¿Y a i?
—¿A mí? Los isigodos. Mañana esc ibi emos: p ohibida la en ada a a a-
ñas y isigodos... ¡Ya es oy ha o! ¡Es oy has a las na ices de esos isigodos!»6
Deci «Sí» a la p ohibición nazi, exage a la median e «selección, e ue zo,
co ección», has a que al inal se quede como un pe o de lanas sucio y moja-
do, es o es más des uc i o que cualquie a aque de indignación. Y al como en
es e pequeño de alle, así anscu e oda la película. El ca ác e absu do del
campo de concen ación es lle ado ad absu dum median e el deci «Sí». Son
depo ados el día del ani e sa io del pequeño Giosuè, y el pad e Guido sugie-
e al niño que pa a celeb a su cumpleaños ha o ganizado una excu sión al
campo y un g an juego, donde se a a á de consegui mil pun os. Du an e
odo el iempo que pe manecen en el campo de concen ación, man iene a su
hijo en la c eencia de que sólo se a a de la con inuación del ominoso juego,
y es án ya ce ca de gana el p ime p emio: un anque. Sólo g acias a esa suges-
ión, po la cual el pad e se acaba sac i icando, sob e i e su hijo. En cuan o el
campo es e acuado y el niño sale de su escondi e, e en a el p ime anque de
los aliados. El p ime p emio a di ec o hacia él, y el conduc o del anque
oma en sus b azos al niño ebosan e de elicidad.
Na u almen e, un inal así sólo exis e en el cine. En un e dade o campo de
concen ación, la suges ión no hubiese du ado ni medio día. Pe o la película
ampoco lo p e ende. No aspi a a o ece una ep esen ación ealis a de un
campo de concen ación. Más bien oma el campo de concen ación como
aquello en que se ha con e ido pa a la conciencia y el discu so públicos: algo
educido y solidi icado como concep o esencial de la c ueldad mode na al que
e e i se en odo momen o. La película esceni ica ese concep o esencial —con
odos sus clichés—. Y el cliché se ía insopo able, si no ue a po la p ueba del
amo a i. Mi a se el día a día de un campo de concen ación como si uese el
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6. R. Benigni; V. Ce ami, op. ci ., p. 107 y s.
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exci an e juego de los mil pun os, signi ica mi a lo con ojos llenos de amo ,
en un cie o sen ido signi ica e lo de un modo más pene an e que cualquie
mi ada analí ica a los hechos —plenamen e en el sen ido de la sen encia de
Paul Klee: «El a e no de uel e lo isible, sino que hace isible.»
La mi ada llena de amo al día a día del campo es una mi ada a ís ica y
po an o i eal. Quien es u o p eso no podía mi a de un modo an a ís i-
co, an a i icial. Pa a ello se necesi a el p i ilegio de la dis ancia, la concesión
de la g acia de habe nacido después. Pe o esa g acia debe se u ilizada pa a
que el concep o esencial de la c ueldad mode na no se pe i ique en monu-
men o, en cliché, en mo alina o en e ó ica. Y cie amen e es á en camino de
se lo. Pa a e i a lo, Benigni ha ealizado algo pa a lo que no sólo se necesi a
alo (Mu ), sino ambién exceso de alo , aleg ía desbo dan e (Übe mu ): una
película que g acias a su mi ada llena de amo insu la nue a ida al cliché del
campo de concen ación. «No sucede nada sin que el exceso de aleg ía pa icipe
en ello», leemos en Nie zsche. En La ida es bella, el exceso de aleg ía se con-
ie e en abogado de odas las emociones humanas que el campo de concen-
ación amenaza con ma a incluso más allá de sí mismo. ¿De qué pueden
aleg a se los que han sob e i ido? Son muchos los que después no sopo a on
la ida y se suicida on; P imo Le i y Jean Ame y sólo son los más conocidos.
Incluso las gene aciones siguien es: cuando piensan se iamen e y sin conce-
siones en lo que les sucedió a sus an epasados, ¿qué aleg ía les queda? B ech no
es aba del odo equi ocado, cuando esc ibió A los nacidos después (An die
Nachgebo enen): «¡Qué iempos son es os, en los que cha la sob e los á boles
es casi un deli o, po que implica calla sob e an os c ímenes!»7Sólo a la luz
del campo, donde una con e sación ingenua sob e á boles, la aleg ía po los
p ime os c ocos o los úl imos ayos del sol, el dis u a de la música o aban-
dona se en el baile pa ecen casi un deli o, se descub e comple amen e la mons-
uosa a ea de ans alo ación (Umwe ungsau gabe) del amo a i. No se a a
de nada menos que in e i (umwenden) ese casi-deli o y con e i lo en impul-
so pa a en en a se al deli o, pa a que los c ímenes no enzan pós umamen e
y a asen pa a siemp e la aleg ía de i i . Con a ello sólo ayuda una aleg ía
de i i que ence los c ímenes al menos pós umamen e, ya que en su momen-
o y luga hubiese sido imposible. Dispu a les la ida pos e io signi ica dis-
pu a les la úl ima palab a. Es a ans alo ación es lo con a io de la eliminación
(En so gung) de la his o ia. No se aho a la memo ia; p o undiza en ella. No
sólo ecue da, sino que da cuen a de aquello que cons i uye la ue za y el sen-
ido de odos los ecue dos: que uno se libe a de la pesadilla del pasado, en ez
de queda aplas ado bajo su peso.
Así es como la película inaugu a un nue o discu so sob e la c í ica. Hace
pe cep ible que la ac i ud siemp e idén ica de denuncia , desenmasca a y
con adeci acaba en nada. Tiende al cliché, a la e ó ica y la mo alina no
menos que el siemp e idén ico concep o de la c ueldad mode na. A la c í ica
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7. B. BRECHT, Die Gedich e in einem Band, F ank u am Main, 1981, p. 723.
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al ez sólo le quede una opo unidad si adop a una o ma a ís ica. El amo
a i de Nie zsche pod ía se su uco a ís ico (Kuns g i ) —el pun o de pa -
ida de un p ocedimien o que oda ía ha de desa olla se mucho más pa a
alcanza su o ma más ele ada—. Tal ez su nomb e se á: «au osupe ación de
la c í ica».
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