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Resumen El periodismo es una profesión relacionada con las situaciones sociales más complejas y con el uso de la tecnología de la comunicación, pero a diferencia de otros oficios, el periodista puede aprender lo que necesita sobre la marcha, porque informar, interpretar y opinar son actividades que forman parte del hábito de cualquier hablante. El periodismo, pues, surge como consecuencia de los procesos de división del trabajo en una sociedad compleja. Así, los primeros que estudian el periodismo no lo hacen con el objeto de aprender un oficio, sino para entender la influencia y el funcionamiento de la actividad periodística. El artículo repasa algunas de estas aportaciones, como las de Weber, Lippman, Lasswell y Tuchmann, y llega hasta la constitución de los planes de estudio de las facultades de periodismo. El teoreticismo y el practicismo han sido, en estos años, los peligros siempre presentes en esas aulas. Palabras clave: periodismo, tecnología, especialización, teoría de la acción, pragmática. Abstract. Meeting between the Theory and Practice of Journalism from an Interdisciplinary Perspective Journalism is a profession related to the most complex of social situations and the use of communication technology, but, unlike in other vocations, the journalist can learn the necessary skills along the way, because informing, interpreting and giving opinions are activities that come naturally to any speaker. Journalism, therefore, is a consequence of the processes of the division of work within a complex society. So, the first elements to the study of journalism do not aim to learn a trade, but rather to understand the influence and functions of journalistic activity. This article reviews some of these contributions, such as those of Weber, Lippman, Lasswell and Tuchmann, and advances as far as the syllabuses used by faculties of journalism. In recent years, theory and practice have been ever-present dangers in those lecture rooms. Key words: journalism, technology, specialisation, theory of action, pragmatic. La distinción entre práctica y teoría es fácil de hacer cuando el ejercicio de una actividad depende de la posesión de conocimientos que no se adquieren practicándolos pero son condición necesaria para realizar esa tarea. La cirugía, por ejemplo, es una práctica que depende de conocimientos previos que no Anàlisi 28, 2002 79-96 Encuentro entre teoría y práctica del periodismo desde un enfoque interdisciplinario Luis Núñez Ladevéze Universidad San Pablo-CEU Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 79
están relacionados con el arte del cirujano, pero son necesarios para que pueda ejercerlo, como la distinción entre tejidos sanos y enfermos, la ubicación de los órganos que hay que extirpar, la aplicación de desinfectantes, la circulación de la sangre. La mayoría de esos conocimientos son analíticos o empíricos, no prácticos, en el sentido de que no dependen de la destreza o de la habilidad que se precisa para la realización de esa labor. En la arquitectura o en la ingeniería, el cálculo de resistencia de materiales, la capacidad de soporte de los cimientos, la amplitud de los vanos, no se aprenden practicando un oficio. Hay que estudiar aspectos independientes de la práctica antes de dedicarse a esa tarea. Estos aspectos suelen corresponder con el componente teórico o empírico necesarios para la ejecución de la labor profesional. Hay otras muchas actividades sociales que pueden depender, en grado o en parte, de conocimientos teóricos segregados de la práctica sin que para ejercitarse en ellas sea necesario aprender previamente la teoría en la que se basa su aplicación. Son cosas distintas, por ejemplo, la fabricación de aviones o de automóviles y su manejo por el piloto o el automovilista. La fabricación requiere un conocimiento teórico previo, pero el manejo es independiente de ese conocimiento. Por volver a los ejemplos, el piloto de aeronave no sabe de ingeniería aeronáutica y el habitual conductor de automóviles no necesita saber de mecánica. En estos casos la práctica de la profesión es independiente de la teoría que hace posible el funcionamiento del artefacto que maneja. Hacen falta, sin embargo, conocimientos complementarios de algún tipo, acaso técnicos, que tal vez no sean de naturaleza teórica, pero, al menos, han de ser descriptivos; conocimientos que se refieren a diversas materias y aspectos relacionados tanto con el funcionamiento de los artilugios que han de manejarse como con los contextos o las situaciones en que han de utilizarse. Es decir, hace falta una formación complementaria previa al uso, cuya finalidad es asegurar que la actividad se realizará en las mejores condiciones posibles por complejas que sean las situaciones. Volviendo otra vez al ejemplo, el piloto, aparte de adiestrarse para el manejo del aparato, debe saber cartografía y conocer un manual de instrucciones, entender de climatología y será conveniente que tenga algunos conocimientos jurídicos. En general, para las actividades prácticas, artísticas o artesanales del tipo que sean no se requieren conocimientos teóricos ni analíticos previos, sino ejercicio y habilidad, pero cuanto más complejas son y más dependientes sean de la tecnología y de las circunstancias sociales, tanto más suelen necesitar una formación más elaborada, basada en conocimientos de distinto tipo, ya sean científicos, normativos, técnicos o descriptivos de los que depende la eficacia de su labor. Considerado el periodismo desde este punto de vista es, no hay duda, una profesión que está relacionada con las situaciones sociales más complejas y con el uso de una tecnología muy complicada: la tecnología de la comunicación. Pero, a diferencia de otros oficios, para el de periodista no se necesita aprender a usar esa tecnología de la que depende su tarea, pues para esa labor se requieren otros profesionales, ni tampoco será imprescindible que tenga 80 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 80
especiales conocimientos complementarios relativos a las situaciones sobre las que tendrá que informar1. El periodista puede aprender lo que necesita sobre la marcha, prescindir de o adquirir la información que necesita por hábito profesional. Es decir, periodista puede serlo cualquiera, porque informar, interpretar y opinar son actividades que están tan directamente ligadas al uso del lenguaje y a la normal experiencia de la vida, que su ejercicio forma parte del hábito de cualquier hablante y no ofrece dificultad si de lo que se trata es de notificar lo que interesa a la gente común o lo que es de común interés para la gente. Puede decirse, por eso, que de un modo casi espontáneo todo el mundo es, de alguna manera, periodista, y que sólo como consecuencia de los procesos de división del trabajo en una sociedad cada vez más compleja que requiere, para su propia estabilidad y evolución, de transferencias de información, el periodismo se profesionaliza y se segrega como profesión diferenciada. Éste, me parece, es el aspecto principal que hay que retener de la profesión periodística. Surge como consecuencia de dos impulsos que aparecen ligados en la sociedad moderna y que, con seguridad, aparecen siempre entrelazados en todo proceso de cambio social: la evolución tecnológica y la división social del trabajo. En principio, parece claro que cuanto mayor es el desarrollo de la tecnología, más especialización profesional se requiere para manejarla: no es lo mismo conducir un carro que una aeronave. Sobre los aspectos genéricos del proceso de división del trabajo, ya se había reflexionado desde la antigüedad clásica. Platón y Aristóteles hacen referencia a ello de modo muy claro. Pero sus ideas sobre los procesos del reparto del trabajo social no tienen en cuenta ese otro impulso que sólo se da plenamente en una época posterior: como el desarrollo científico-técnico contribuye a la aceleración de los procesos de especialización cognoscitiva y profesional. Este progreso científico y tecnológico es lo que ahora tiene relevancia para la especialización profesional y cognoscitiva en general, y del periodismo en particular. Naturalmente, el oficio periodístico, como cualquier otra profesión reciente, germina como consecuencia de esos procesos de división del trabajo en una sociedad cada vez más interrelacionada en la que la interdependencia y la integración sociales son posibles gracias, entre otras cosas, a la difusión de la información socialmente aceptada. El intercambio y la relación entre personas de distintos conocimientos y diversas especializaciones en una sociedad cuyos miembros están dispersos y anónimamente interrelacionados se hace posible, por eso, en parte muy sustantiva a través de los medios de comunicación. Esa transferencia de información comunica entre sí a quienes se hallan en una situación en la que el intercambio de utilidades no puede realizarse persona a Encuentro entre teoría y práctica del periodismo Anàlisi 28, 2002 81 1. Obviamente, este comentario necesitaría rectificarse en algunos aspectos si se tiene en cuenta la importancia que comienza a tener el uso de la red para el ejercicio del periodismo. Pero en este artículo no se trata de esta cuestión. Generalizando, el uso de la red no afecta a las posibles adaptaciones de la actividad periodística más que a otros oficios, pongamos por caso, el documentalismo. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 81
persona. La importancia de la información se debe, entonces, a que permite la relación impersonal entre quienes pueden estar interesados en ofrecer o aceptar algún tipo de transferencia informativa. Naturalmente, no todo lo que ocurre o no todo lo que alguien opina interesa a los demás del mismo modo. Lo que importa es seleccionar la información que puede interesar a todos o a un determinado grupo de personas más o menos amplio, definido por sus aficiones o por ciertos rasgos sociales, psicológicos, profesionales, y hacerla llegar al anónimo destinatario. Cualquiera, si se trata de una información generalizada o no discriminatoria —o los especialistas en determinadas ramas del conocimiento, según los casos—, podría, en principio, dedicarse a esa tarea, pero quienes ya tienen otras ocupaciones no disponen del tiempo que les permita hacerlo por sí mismos. La información que interesa a todos en común tiene que llegar también a todos, pero alguien tiene que encargarse de seleccionarla, prepararla y difundirla. Es decir, si quien dedica su tiempo a aprender un oficio no tiene tiempo para aprender otro, tampoco tiene tiempo para buscar la información socialmente útil. El que sabe medicina no suele saber a la vez arquitectura, y el agricultor difícilmente puede dedicarse a relojero. Podría, sin embargo, ser periodista, porque ese oficio no requiere, en principio, de especialización, pero no tiene tiempo para dedicarse a obtener la que podría interesarle. Por eso, quien lo hace, realiza un servicio a la comunidad, satisface intereses dispersos, comunes y anónimos y se profesionaliza como periodista. Así, pues, en el caso del periodismo la especialización no surge porque sea necesario dedicar tiempo a aprender el oficio, sino, al contrario, porque quienes cultivan sus oficios no disponen de tiempo para hacer de periodistas. En el origen de la profesión, al menos, hacer de periodista no requería ni un conocimiento especial ni un aprendizaje. Se necesitaba saber leer y escribir y tiempo para ocuparse de obtener las noticias o para comentarlas. Todavía para actuar como informador tras una cámara de televisión no se necesita mucho más que saber utilizar la cámara y hacer preguntas, eso sí con cierto aplomo, incluso sobre temas que, en muchos casos, quien las hace no comprende. La idea de que para ejercer el periodismo se necesitan estudios universitarios cualificados es muy reciente y, observando los tipos de periodismo que prosperan, discutible para según qué especies. Podría ser muy conveniente para el llamado «periodismo de calidad» poseer estudios universitarios, pero entonces lo que se discute es si para informar sobre economía no es preferible un licenciado en Económicas que un licenciado en Periodismo. Y para ser informador en una revista de las llamadas de «prensa del corazón», que forman parte del periodismo socialmente más productivo y divulgado, no hace falta más que saber de esas cosas que no requieren otro aprendizaje que el de la lectura de las propias revistas o la atención a ciertos programas de radio y de televisión. Se dirá que esta descripción desprende un aroma algo caricaturesco. Y, ciertamente, hay algo de deliberada exageración que se justifica para exponer más nítidamente los rasgos que se precisa subrayar. Primero, que informar, interpretar y opinar sobre las cosas que interesan en común está, en términos gene82 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 82
rales, al alcance de cualquiera que tenga una formación media y conozca un poco el mundo en que vive. Segundo, que la actividad periodística tiene una considerable influencia social porque otras actividades esenciales, como la vida política y económica, dependen de la difusión de la información. Tercero, que justamente por las anteriores razones, desde el punto de vista cognoscitivo puede ser más interesante investigar cómo influye el periodismo en la sociedad que preocuparse por la formación de los periodistas, ya que pueden aprender ejercitándose en el oficio junto a otros más experimentados, como lo hacían los aprendices de los maestros artesanos o como se aprende a conducir un coche. Cuarto, que la información, la interpretación y la opinión que socialmente se requiere del periodismo admite grados diferentes de complejidad intelectual y, por tanto, diferentes grados de formación. Esto también es un rasgo peculiar. No se comprende que un ingeniero o un médico o un arquitecto no necesiten un nivel mínimo homogéneo de conocimientos. El que unos sepan más que otros no quita que el aprendizaje de su profesión haya requerido una formación común o un grado correspondiente de especialización. Pero eso no ocurre con el periodista. Para ser comentarista parlamentario se necesita mayor formación intelectual que para ser comentarista deportivo. Y, a pesar de todo, el periodista de oficio con responsabilidades decisorias entiende todos los grados simultáneamente, los pondera, los selecciona y los compara por muy incomparables que sean. Tiene que saber de todo sin necesitar saber prácticamente de nada. En fin, el periodismo no surge, como otros oficios, artes y profesiones, por especialización del conocimiento, sino por la capacidad de la tecnología para satisfacer las posibilidades de mediación informativa y porque, quien se dedica a una ocupación o a una profesión, no dispone de tiempo para dedicarse a otra, aunque nada le impediría que pudiera hacerlo. Sin tecnología no hay periodismo propiamente dicho. Aunque los historiadores buscan precedentes helénicos y romanos, el periodismo, como labor profesional orientada a difundir información de interés público o de interés general, a través de medios técnicos, a un destinatario colectivo y sin relaciones directas entre las personas que lo forman, es tan dependiente del desarrollo científico y, más concretamente, de la tecnología específica de la comunicación que permite distribuir la información de actualidad de un modo inmediato y generalizado, que cualquier precedente se puede considerar meramente analógico. Esta peculiaridad coloca al ejercicio del periodismo en una encrucijada curiosa. Para conseguir llegar a muchos no sólo es preciso seleccionar las noticias y los comentarios que simultáneamente les interesen, hace falta, además, poseer los recursos tecnológicos y materiales capaces de realizar esa operación de reproducir indefinidamente un mensaje y distribuirlo en poco tiempo. Eso supone tres cosas al menos: una importante restricción de los que puedan dedicarse a la tarea, la asunción, en principio, del proceso de producción en serie y la escisión capitalista entre empresario y trabajador. Resulta entonces que, en principio, no hace falta un especial aprendizaje para realizarlo, puesto que no es más que el proceso de adaptación, implícita en el uso del lenguaje, de la Encuentro entre teoría y práctica del periodismo Anàlisi 28, 2002 83 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 83
actividad natural de informar sobre lo que acontece; pero, a la vez, es una de las especializaciones profesionales más dependientes de y favorecidas por los procesos de evolución tecnológica. Y, lo que es más relevante, es tan decisiva en la formación del mundo moderno, su importancia social y política son tan considerables, que éste no podría entenderse sin aquél. De aquí que su estudio tenga especial interés para quienes quieran conocer la complejidad, los cambios de rumbo y de mentalidad de la sociedad actual. Un interés que fue, inicialmente, sociológico. Es decir, disociado de la práctica, un acercamiento analítico, descriptivo y metalingüístico con respecto a la actividad estudiada. Los primeros estudios del periodismo nacen de los sociólogos y psicólogos de la opinión pública2y después, o simultáneamente, de la sociología de la comunicación, de la que procede la llamada «periodística». Lo que interesa enfatizar en este esquema inevitablemente simplificador es que los primeros que estudian el periodismo no lo hacen con objeto de aprender un oficio o de adiestrarse o adiestrar a otros en él, sino para entender la influencia política y social de la actividad periodística. Se suele admitir que el origen del enfoque sociológico del estudio de los procesos periodísticos se encuentra en la sociología de Max Weber. Por supuesto que ha habido antes de Max Weber interés por esos estudios, pero un tratamiento sistemático y definido como «sociología del periodismo» no se halla de un modo rotundo hasta esa toma de conciencia de la sociología comprensiva: En las Primeras Jornadas de sociólogos alemanes, celebradas entre el 19 y el 22 de octubre de 1910 en Francfort, el sociólogo más famoso de su época, Max Weber, propuso a sus colegas convertir el periodismo en objeto de análisis sociológico. El interés de Weber se concentraba en un punto que él mismo describía así: «Hemos de analizar […] sobre todo las relaciones de poder que crea la publicidad específica del periódico»3. La publicística alemana tiene su origen en esta inquietud de Max Weber por estudiar las relaciones entre los procesos de formación de la opinión pública y la industria privada del periodismo y en las reacciones a que dio lugar, pues rápidamente hubo quienes trataron de desgajar los estudios de comunicación de los sociológicos para acotar una ciencia específica del periodismo. Para comprobar la importancia de esta pugna, cabe reparar en que ya en lugar de pensar en términos conductistas que el medio periodístico tenga efectos directos como aglutinante de la opinión pública, Max Weber tal vez fuera el primero en plantearse de modo expreso si es posible determinar un grado de condicionamiento de la oferta informativa por la demanda, tema que él mismo consideró 84 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze 2. En España, el primer tratamiento sistemático del que tengo noticia se encuentra en RODA VIVAS, A. (1870). Ensayo sobre la opinión pública. Madrid: Minuesa. Especialmente, la tercera parte, capítulos V a X. 3. BETH, H.; PROSS, H. (1987). Introducción a la ciencia de la comunicación. Barcelona: Anthropos, p. 14. (Verlag W. K.G. Stuttgart, 1976). Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 84
no resoluble y que, en la actualidad, cuando se trata de medir los efectos de la televisión, sigue prácticamente igual de indeciso. La gran corriente publicística alemana arranca de ahí o contra esa supeditación a la sociología, Bücher, Hagemann, Pross y Dovifat, que son los principales nombres, tienen esa procedencia. Prosiguiendo con esta tarea simplificadora, la otra rama importante fueron los estudios de opinión pública y de lo que los americanos llamaron «comunicación de masas». Prescindiendo de los precedentes ensayísticos que provienen de la psicología social y cuya culminación podemos concretar en La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, la sociología norteamericana siguió la orientación de estudiar la capacidad de los medios para configurar actitudes, gustos y corrientes de opinión colectivas. No menos arbitrariamente que antes situamos a Max Weber en el origen, podemos ahora concretar en la obra de Walter Lippmann el origen de esta tendencia cuyas orientaciones principales se encaminan a estudiar los efectos de la propaganda política, la estratificación cultural promovida por la diversidad de medios de comunicación y la influencia de la publicidad. Es valor común reconocer a Lasswell el mérito de haber propuesto un modelo riguroso de etapas de estudio y de campos de investigación4. Impulsor originario de este modo de afrontar el estudio fue el vienés Paul Lazarsfeld. Extenderse sobre cómo evolucionó el interés descriptivo de la llamada Mass communications, impulsada por comunicólogos como Wilbur Schramm y Kappler o sociólogos como Shiels o Merton desde una perspectiva psicológica o sociológica, es perderse en un bosque bibliográfico cuyas ramas se extienden hasta la actualidad. En una de las fases de este modo de afrontar la metodología del periodismo habrá que citar la obra de Gaye Tuchmann5, interesante porque, sorteando la tendencia conductista prevalente en la Mass communication research, se inspiró en la fenomenología de Schutz a través de la importante obra de Berger y Luckmann, lo que supuso un giro incitante en la corriente bibliográfica norteamericana que impregna ahora muchas de sus publicaciones y que tiene el mérito de saltar por encima del conductismo pragmatista y el funcionalismo descriptivos, casi siempre imperantes en las investigaciones sobre efectos y procesos de la comunicación de masas. Estos dos componentes han prevalecido durante mucho tiempo como los núcleos de consistencia intelectual de los estudios de periodismo. Todavía habría que incluir un tercer elemento pero que tiene un sentido muy distinto. Se trata del aspecto práctico de la didáctica. La primera escuela de Periodismo la crea Pulitzer en Estados Unidos en Columbia con el concreto propósito de formar periodistas en el oficio. La escuela es concebida inicialmente como la Encuentro entre teoría y práctica del periodismo Anàlisi 28, 2002 85 4. LASSWELL, H. (1979). «Estructura y funciones de la comunicación de masas». En MORAGAS,M. Sociología de la comunicación de masas. Barcelona: G. Gili. 5. TUCHMANN, G. (1979). «Making news by doing works: routnizing vthe unespected». Amnerican Journal of Sociology, p. 110-131. También TUCHMANN, G. (1983). La producción de la noticia. Barcelona: Gili Gaya. (V.O. Nueva York: The Free Press, 1978). Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 85
antesala de la redacción, pero la propia evolución universitaria genera un metalenguaje descriptivo donde se expresa el interés por el estudio y el conocimiento de la realidad periodística. Esta descripción podría seguir ininterrumpidamente sin que nada obligara a llegar a una meta. Pero no sería práctico hacerlo. Ciñéndonos a la perspectiva española, hasta la década de 1970, los estudios de periodismo se centran en la Escuela Oficial y en la de la Iglesia, donde lo que prevalece es el aspecto más o menos práctico de la formación, es decir, el adiestramiento para ejercer un oficio que, como he dicho, en principio, es accesible a cualquiera, salpimentado de algunas pinceladas intelectuales, culturales o humanísticas de sociología, relaciones internacionales, historia del periodismo y literatura. En eso no diferían mucho de las escuelas norteamericanas, siguiendo la tradición iniciada en Columbia por Pulitzer, volcadas también a enseñar un oficio con siglos de praxis y dificultades incontables para la sistematización. Cuando en esos años los estudios de periodismo pasan a ser universitarios, hay que pensar en un plan cuya consistencia teórica no se limite a la decoración de los enunciados mediante el auxilio de disciplinas complementarias. Hay que dar algún tipo de contenido al rótulo equívocamente pomposo de «ciencias de la información»6. Entonces es cuando se da carta de naturaleza a algunas asignaturas que están pululando entre la psicología social y la sociología, como la teoría de la comunicación, la teoría de la información, la estructura de la información y, como a veces el objeto temático crea la especialidad, se delimitan programas de derecho de la información, una disciplina jurídica desgajada del derecho administrativo, de empresa periodística, también desgajada de la organización de empresas, de redacción periodística, un híbrido de la lengua y la práctica periodística, y de periodismo especializado, en la que lo que importa es el tratamiento periodístico de diversas materias difícilmente sistematizables. Es en estas disciplinas, en especial en las dos últimas, donde vale la pena centrarse. Pero antes de hacerlo tratemos de caracterizar el sentido de este planteamiento de los estudios universitarios de periodismo. Las «ciencias de la información» se dejaron invadir por el impulso del teoreticismo. Hay que tener en cuenta el ambiente intelectual en el que se produjo ese ascenso de los estudios de periodismo al rango universitario. Como consecuencia de las esperanzas que se depositaron en la explotación de nuevos rótulos científicos como la teoría de la comunicación, la semiótica y la semiología, se vive dialécticamente en la universidad la discusión sobre «la crisis de las ciencias sociales» y de su renovación. En ese caldo de cultivo el uso de la expresión «ciencias de la información» —o de la «comunicación» hubiera dado lo mismo— sirve por sí solo de aliento a la recepción del teoreticismo logicista, estructuralista y semiótico, entonces en boga. Puede llamarse así a la pretensión de hacer de la teoría crítica el fin natu86 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze 6. Y dudosamente acertado. En Hispanoamérica se denominan «ciencias de la comunicación». Pienso que es más correcto. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 86
ral de las ciencias sociales y a la actitud pedagógica que lleva a la subordinación de toda práctica a una previa explicación teórica. Teoría de la información, de la comunicación, hermenéutica, semiótica, teoría del lenguaje sirven de marco para salvar la diferencia entre el programa de estudios de una escuela de artes y oficios, o, en todo caso, profesional, y los estudios universitarios de segundo ciclo. La distancia queda salvada, pero no sin el riesgo de que se deforme o se desvirtúe el aspecto didáctico y la orientación práctica del plan. Si se tiene en cuenta este otro aspecto de la cuestión, del que no se puede prescindir, el problema que se plantea es el de que el teoreticismo ahonda más aún que el funcionalismo y la periodística la diferencia entre el metalenguaje utilizado para describir el objeto y la práctica de ese objeto, es decir, en este caso, del oficio periodístico (o del publicitario o la de comunicador audiovisual, expresión que en sí misma indica ya el tipo de desviación a la que aludimos). Este comentario no pretende ser, al menos en este aspecto, cáustico, sino que busca señalar dónde, cómo y por qué se produce una deformación y, si es posible, orientarse en la búsqueda de un enfoque que pueda corregirla. La deformidad, evidentemente, se produjo. El teoreticismo puede ser formativamente interesante y necesario en algunos aspectos porque contribuye a reforzar la capacidad de abstracción y de generalización del alumno, potencia su capacidad reflexiva y le proporciona recursos intelectuales metodológicos para ejercitarse en la tarea investigadora, la cual, no se puede olvidar, forma parte de la formación universitaria. Todo eso es cierto, pero no debe llevarse al extremo de que se convierta en un método de sustitución del lenguaje objeto por el metalenguaje que lo describe. Esa exageración acaba frustrando las expectativas prácticas del estudiante. Pero, por otro lado, el practicismo no es menos infructuoso. Los estudios universitarios no son talleres de aprendizaje de un oficio. Tienen una función formadora integral que no puede dejar de orientarse a la indagación escrutadora de la que procede la aportación de nuevo conocimiento. Ese fin forma parte de la formación universitaria y no se puede menospreciar convirtiéndolo en una función subalterna. Por tanto, el objetivo sería encontrar la vía de encuentro entre ambas exigencias. Esta dificultad puede ser común a toda enseñanza que tenga por objeto estudios de carácter práctico. Pero tratándose de tareas vinculadas a los procesos de comunicación, hay que considerar también que éstas tienen la peculiaridad de que, además de su gran influencia en la formación de procesos de opinión publica y, en consecuencia, en la adopción de decisiones colectivas, su propia función es en sí misma de naturaleza intelectiva. Porque una de las posibilidades para resolver la dualidad sería ceder a ella y separar los aspectos prácticos de los metalingüísticos, situar a unos en la zona del aprendizaje de un oficio y a otros en el ámbito de las ciencias sociales. Esto sería tanto como volver hacia atrás e ignorar todo el camino que se ha recorrido en otros muchos lugares incluido el pragmatismo norteamericano, cuyo origen estaría vinculado a la universidad de Columbia. Tras el esfuerzo realizado esa regresión sería lamentable. Encuentro entre teoría y práctica del periodismo Anàlisi 28, 2002 87 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 87
plantea es el de delimitar en qué medida el acto de informar, considerado como un acto de habla, es decir, como una intención comunicativa en una situación, es en sí mismo de naturaleza interpretativa, ya que se refiere a una intención global no expresa, es decir, estratégica, por parte de quien la produce, y el informador ha de reflejarla no sólo en sus constituyentes literales, sino también en los comunicativos que forman parte de la intencionalidad inexpresa. Esto supone el problema de analizar en qué grado son de naturaleza referencial y objetivable. Por un lado, que ambos componentes son indisociables no debe llevar a la escéptica idea de que su combinación sea caprichosa e indiscernible. Informar es una pretensión de sentido caracterizada por un objeto específico, la actitud de informar y no de interpretar. Las palabras tienen su objeto y su forma de usarse, y si distinguimos sus significados y sus formas de aplicación no cabe duda de que se refieren a regularidades típicas que pueden ser diferenciadas. Por tanto, cabe decir que informar tiene un sentido que podemos calificar de informativo. Por otro, el acto informativo recae sobre una acción intencional cuyo sentido no queda expreso y no puede ser meramente reproducido en el acto de informar. El ser social actúa conforme a reglas de muy diverso tipo, sean o no sean manifiestas, y no tiene sentido renunciar a buscar sentido a aquel tipo de acciones humanas que se definen, precisamente, por su pretensión de producir sentido. Obviamente, esto significa también que la actividad pragmática puede englobar la actividad poiética. Es decir, si entendemos por «pragmático» aquel tipo de acción inmanente que recae sobre el propio sujeto y que no se manifiesta como actividad fabril, por ejemplo: mentir, aconsejar, actuar con prudencia, decidir…, y por actividad poiética, aquélla que procede del sujeto y se exterioriza como objeto, por ejemplo: dibujar, escribir, fumar, cortar papeles o construir barcos, entonces resulta que, a partir de una teoría global, el lenguaje aparece como nexo entre ambos tipos de actividades, de modo que hablar es equivalente tanto a actuar pragmáticamente como a actuar poiéticamente, y que, según los casos, prevalece uno u otro tipo de composición en el acto discursivo, textual o comunicativo15. Pero lo que tiene interés, a los efectos de nuestra exposición, es que el periodista tiene que informar sobre ambos aspectos y que, en consecuencia, su acto de informar es tanto referencial como interpretativo. Y la pregunta a la que hay que responder tanto analíticamente como descriptivamente es a la de cómo relaciona ambos aspectos. Éste es el nexo entre la teoría y la práctica, porque al analizarlo exhibimos también la regla que aplica para producirlo. Puesto que un enunciado se hace, es fruto de una actividad productiva, fabril, generativa. Pero puesto que es una acción en el mundo, es también un tipo de acontecimiento social. El enfoque pragmatista puede conectarse, pues, con el enfoque fenomenológico de tradición contructivista y fenomenológi94 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze 15. Sobre la diferencia entre lo «poiético» y lo «pragmático», cfr. NÚÑEZ LADEVÉZE, L. (1999). Moral y mercado en una sociedad global. Valencia, p. 225 y s. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 94
ca, y puede completarse interdisciplinariamente con la teoría de la acción y del texto16. Ya que el lenguaje forma parte de la realidad social no sólo como producto sino también como acontecimiento, como es en sí mismo producción y actuación, produce realidad social o contribuye a modificarla. Los supuestos fenomenológicos en los que se basa la sociología de la producción de la realidad entran así en contacto con los pragmáticos de la teoría de la acción. Y no creo que sea casualidad que la obra de Berger y Luckmann en la que se basan los estudios de Gaye Tuchmann17 se denomine «la construcción social de la realidad» y la obra de uno de los más influyentes pragmatistas y herederos de Austin, John Searle, se denomine «la construcción de la realidad social»18. Interesaba encontrar el punto de conexión de los distintos enfoques, de modo que no sólo fuera un intercambio interdisciplinario, sino también centrado en principios básicos de interpretación comunes. Aun suponiendo que esa tarea sólo tiene valor como hipótesis heurística, al menos permite conectar el estudio de los productos con el de las conductas. Al fin y al cabo ése es el problema principal relativo a la producción humana a través del lenguaje. Si el lenguaje es significativo, también la acción humana es significativa. Como adelantó Schutz «la significatividad no es inherente a la naturaleza como tal, sino que constituye el resultado de la actividad selectiva e interpretativa que el hombre realiza dentro de la naturaleza o en la observación de ésta»19. Desde un punto de vista metodológico, la tarea principal es encontrar el nexo entre producción poiética y actuación pragmática. No es una relación que aparezca de un modo inmediato por el hecho de que se trate de estudiar los productos lingüísticos en la situación de comunicación en que se producen, aunque esta idea puede ser útil para el análisis austiniano del acto de habla. Sabemos que toda expresión en una circunstancia tiene un sentido específicamente interpretable. Todo este aspecto es lo que he llamado en algún lugar «plano contextual»20, con relación al cual se determinan los procedimientos Encuentro entre teoría y práctica del periodismo Anàlisi 28, 2002 95 16. Aunque los fundamentos remontan a la obra de Husserl, el desarrollo concreto remite principalmente a los trabajos de Alfred Schutz y a la conocida obra de BERGER, P.; LUCKMANN,T. (1979). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. (V. O. Nueva York: Doubleday, 1966). 17. TUCHMAN, G. (1983). La producción de la noticia. Barcelona: Gili Gaya. (V. O. Nueva York: The Free Press, 1978). 18. SEARLE, J.R. (1997). La construcción de la realidad social. Barcelona: Paidós. (Nueva York, 1995). Cabe interpretar la obra de Searle como una rectificación de los fundamentos epistemológicos de la sociología. A mi entender, la significatividad de la acción en Weber está muy relacionada con la teoría de los actos de habla. También entiendo que la fenomenología se basa en una teoría de la intencionalidad que en lo esencial no difiere de la de Austin. Sobre este aspecto, puede verse mi obra La construcción del Texto. Madrid: Eudema, 1991. 19. SCHUTZ, A. (1974). El problema de la realidad social. Buenos Aires: Amorrortu. (V. O. La Haya: Martinus Nijhoff, 1962). 20. Sobre los planos en que puede articularse el estudio del producto periodístico, véase ARMENTIA; CAMINOS; ELEXGARAY; MERCHÁN. (2001). «Los géneros y la prensa digital». En Estudios de periodística IX . Madrid: Universidad Carlos III. GOMIS, L. (1991). Teoría del periodismo. Cómo se forma el presete. Barcelona: Paidós. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 95
narrativos periodísticos. Y el asunto que se plantea es que ese modo de contar, sometido a reglas que han de servir a los intereses ajenos, no puede quedar pues supeditado a la arbitrariedad de la creatividad personal. Hay que comprender los condicionamientos sociales que actúan sobre la actividad periodística para que se desarrolle del modo como se presenta. En conclusión, el objeto de lo periodístico es inseparable del estudio comprensivo del sentido de la acción humana. Esas facetas de la acción humana son realizadas en sociedad, teniendo en cuenta los demás actores sociales, y con un propósito que, en líneas generales y sin entrar en más precisiones, se puede denominar «comunicativo». Teoría de la acción humana, sociología y teoría de la comunicación son las ciencias directamente implicadas por el objeto periodístico. En este sentido, cabe decir que no hay una teoría del periodismo. El periodismo, como tal, es una práctica social y profesional, un tema de estudio que puede ser comprendido mediante el análisis. Éste es, al menos, el punto de partida inicial como estudioso de un campo de la actividad. Pero, a la vez, la actividad periodística puede ser tratada y enseñada desde diversas perspectivas, porque, como actividad compleja que es, afecta a muchos aspectos de la acción humana. En general puede decirse que es una acción de tipo poiético, consistente en producir objetos, cuyas específicas reglas productivas pueden estudiarse a través de una teoría de texto, pero en la que los aspectos pragmáticos son muchas veces inseparables de los poiéticos, por lo que es necesario entenderlos desde una teoría de la intencionalidad y de los actos de habla. En cuanto al tipo de objeto que se realiza, suele ser texto y discurso. Pero su enfoque ha de ser social, como ocurre en toda acción productiva. El enfoque interdisciplinario y el encuentro de las disciplinas es, pues, indispensable, tanto para describir el objeto y sus productos como para mostrar las reglas productivas del texto y de su inserción social. Luis Núñez Ladevéze es catedrático de la Universidad San Pablo-CEU. Ha publicado Teoría y práctica de la construcción del texto (Ariel, 1993) e Introducción al periodismo escrito (Ariel, 1995), entre muchas otras obras y artículos. 96 Anàlisi 28, 2002 Luis Núñez Ladevéze Anàlisi 28 001-304 21/5/02 09:58 Página 96