Encuesta : ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma?
Abstract
Gomis, Lorenzo; Martínez Albertos, José Luis; Núñez Ladevéze, Luis; Casasús, Josep Maria
Full text
Con el objeto de convocar diversas voces de prestigio que se han constituido en autores de referencia en el campo del periodismo, ANÀLISI ha planteado un cuestionario a cuatro catedráticos: Lorenzo Gomis, José Luis Martínez Albertos, Luis Núñez Ladevéze y Josep Maria Casasús. Este cuestionario está diseñado para servir de espoleta o de provocación inicial para una reflexión. Las preguntas, por ello, son a veces —quizá demasiado— largas. La intención es que sirvan de marco a partir del cual las distintas voces que participan en el debate puedan encontrarse. Pregunta 1 El estudio de la comunicación periodística se inaugura como tal de forma científica con la aparición de las primeras facultades de ciencias de la información, hace ya tres décadas —aunque hubiera notables precedentes en las escuelas profesionales de Madrid, Barcelona y otras ciudades, amén de diversos estudios fruto de iniciativas individuales. En estos ámbitos universitarios encontramos una incipiente plantilla de investigadores que por primera vez cumplen los requisitos necesarios para poder hablar de un conjunto asentado de aportaciones de cierta calidad. En ese momento podemos considerar que nace o se define un paradigma con unas cuantas generalizaciones simbólicas1aceptadas, comunes. ¿Está de acuerdo, de entrada, en considerar esas 1. Kuhn entiende por generalización simbólica definiciones comúnmente aceptadas en una disciplina, que constituyen su base teórica y que nadie de esa disciplina pone en duda. Son acuerdos que cohesionan al grupo de estudiosos. Por ejemplo, en la física poseinsteniana, que a más velocidad menos tiempo, y, en nuestros primeros estudios de periodismo, que los hechos constituyen las noticias y las opiniones, los artículos de fondo. Anàlisi 28, 2002 157-185 Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Lorenzo Gomis Universitat Autònoma de Barcelona José Luis Martínez Albertos Universidad Complutense de Madrid Luis Núñez Ladevéze Universidad San Pablo-CEU de Madrid Josep Maria Casasús Universitat Pompeu Fabra de Barcelona Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 157
primeras aportaciones hechas en el campo de la llamada «redacción periodística» durante los años sesenta, setenta y ochenta, como un paradigma de estudio e investigación más o menos estable? Lorenzo Gomis Cuando, a principios de los años setenta, las universidades españolas acogieron la enseñanza del periodismo, buscaron los primeros profesores, especialmente en las asignaturas específicas, entre periodistas que tuvieran una licenciatura universitaria (generalmente Derecho o Filosofía y Letras). Los primeros doctores en Barcelona procedían efectivamente de Derecho (Gomis, Coll Vinent, Parés, Gubern) y de Filosofía y Letras (Moragas, Berrio, Tubau) (véase Josep Gifreu, Mass Communication Research in Catalunya, Universitat Autònoma de Barcelona, 1988). En lo posible, se buscaba también que hubieran venido dando ya clases de periodismo en alguna de las escuelas existentes, bien fuera la oficial, bien la de la Iglesia. Éste era mi caso. Yo era periodista, redactor jefe en el diario La Vanguardia y director de la revista El Ciervo. Era profesor de la sección de Barcelona de la Escuela de Periodismo de la Iglesia. Era licenciado en Derecho y el primer decano de la Facultad de lo que entonces se llamaban Ciencias de la Información en Bellaterra. El doctor Víctor Reina me animó a preparar y leer mi tesis doctoral (tenía ya las asignaturas de doctorado cursadas en Madrid después de terminar la licenciatura años atrás). La escribí, en efecto, entre 1971 y 1974, y una vez leída la publiqué con el título de El medio media y el subtítulo de La función política de la prensa en Seminarios y Ediciones, editorial de Madrid. Una nueva edición, con un nuevo prólogo y una bibliografía actualizada, se publicó en 1987 por editorial Mitre, de Barcelona. En la nueva edición se publican dos bibliografías y leyendo la primera, de 1974, pueden verse los libros que manejé entonces. Quizá el más significativo fuera la compilación sobre Mass Communications de Wilbur Schramm, que es de 1960 y está dedicada a tres pioneros en el estudio de las comunicaciones por medio de las ciencias sociales: Paul F. Lazarsfeld, Harold D. Lasswell y Carl I. Hovland. A estos tres, más Kurt Lewin, dedicó Schramm lo último que escribió, una memoria personal sobre The Beginnings of Communication Study in America (Sage, 1997). Éstos fueron, en efecto, los pioneros de los estudios de comunicación en Estados Unidos, la mitad de ellos —Lazarsfeld y Lewin— inmigrantes europeos de habla alemana. Y la ocasión de progreso sustancial en esas investigaciones fueron las guerras. La Segunda Guerra Mundial, con la repercusión mundial del nazismo y el comunismo, fue un estímulo para que las autoridades encargaran estudios sobre los recursos y efectos de la propaganda, y en tales estudios encontraron los primeros investigadores los métodos y los medios para esbozar los esquemas que luego se trasladaron a los primeros departamentos de comunicaciones en las universidades americanas. Éste fue el marco teórico de los estudios universitarios españoles en los años setenta. Se hablaba mucho del paradigma de Lasswell, que era el modelo básico de los estudios de comunicación. Harold Lasswell, profesor de Derecho en 158 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 158
Yale, lo exponía así en la citada compilación de Schramm: «Una manera adecuada de describir un acto de comunicación es responder a las siguientes preguntas: ¿Quién / dice qué / en qué canal / a quién / con qué efecto? El estudio científico del proceso de comunicación tiende a concentrarse en una u otra de esas preguntas». Los que estudiaban el quién, hacían análisis de control; los que enfocaban el qué, hacían análisis de contenido; se hablaba de análisis de audiencias cuando se interesaban por las personas alcanzadas por los medios. Y si la cuestión era el impacto sobre éstas, se hablaba de análisis de efectos. Éste era el panorama general de los estudios de comunicación en la época. Hay que tener en cuenta, además, que las universidades continuaban las enseñanzas ofrecidas en las escuelas profesionales de periodismo y que la aspiración del estudiante era trabajar en los medios. Los planes de estudio se nutrían de asignaturas y profesores procedentes de otras facultades y quedaba a los profesores de redacción la carga de adiestrar a los estudiantes en el ejercicio profesional, enseñarles a redactar una noticia, una entrevista, un reportaje, una crónica, un artículo, un editorial... Redacción era la asignatura básicamente periodística. De ella nos ocupamos al empezar los estudios universitarios en Bellaterra el profesor José Luis Martínez Albertos y yo. Cada uno de nosotros buscó unos ayudantes y hay que decir que los suyos fueron más constantes que los míos y con el tiempo serían las catedráticas Fontcuberta y Tuñón. La necesidad de enseñar redacción periodística explica que en efecto pueda considerarse el paradigma básico de la enseñanza la distinción entre noticias y comentarios. Como esa distinción no se hace en la conversación corriente, había que acostumbrar al estudiante de periodismo a saber si estaba informando u opinando. Los dos axiomas básicos y estables de la enseñanza en los setenta y alrededores fueron, así, el paradigma de Lasswell y la distinción tradicional en el periodismo anglosajón entre noticias y comentarios, entre hechos y opiniones, enfatizada en el axioma «Facts are sacred, comments are free», aunque la realidad mostrara que ni los hechos eran tan sagrados ni los comentarios, tan libres. Pero quien supiera desenvolverse cómodamente en el interior de esta distinción era periodista. José Luis Martínez Albertos En principio, estoy de acuerdo con este planteamiento acerca del papel de las antiguas escuelas, pero quisiera recordar que, además de las de Madrid y Barcelona, hubo también un acreditado instituto de periodismo en Pamplona. En un libro mío bastante difundido hoy en facultades y escuelas para la enseñanza del periodismo en España y en Iberoamérica (Curso General de Redacción Periodística. Edición revisada, Madrid, Paraninfo, 1992, p. 391-393), advierto acerca del relevante influjo, altamente positivo, que hay que reconocerle a este centro. Cito textualmente: «De acuerdo con los datos que he podido reunir, fue la Universidad de Navarra uno de los primeros centros de investigación en el mundo occidental —y puede que, tal vez, el primero— donde se empezó a trabajar sistemáticamente con la teoría de los géneros periodísticos a partir de Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 159 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 159
un enfoque filológico. Desde comienzos del curso 1959-60, en el Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra se explicó en el plan de estudios la asignatura Redacción Periodística con el enunciado añadido de «Los géneros periodísticos» y yo fui el encargado de esta materia en aquellos primeros años. Pero debo confesar que la decisión sobre este enfoque y el diseño primitivo del esquema clasificatorio de los géneros y de sus funciones fueron idea inicial del profesor Antonio Fontán, director entonces de dicho centro universitario.» Luis Núñez Ladevéze Introdujo un cambio de perspectiva en la relación entre la investigación, que hasta entonces se había concentrado en el campo de la mass communication y de la publicística, y la docencia. Los estudios se caracterizaban por afrontar académicamente los temas de la comunicación desde el plano del metalenguaje descriptivo. De esta manera, había una disociación completa entre la descripción de los fenómenos de la comunicación y las prácticas profesionales comunicativas, especialmente las relacionadas con el ejercicio de la profesión periodística. Los primeros estudios de Redacción Periodística, inspirados en gran parte en la asimilación de las metodologías semióticas y estructuralistas en boga en los años setenta, fueron el primer intento de aproximación entre un tratamiento descriptivo y metalingüístico y una orientación práctica que estuviera basada, no en una mera preparación escolar, sino en un planteamiento curricular universitario sistemático y riguroso. Josep M. Casasús Una cuestión previa Es oportuno precisar, antes de contestar a las preguntas, que evitaré el pleonasmo «comunicación periodística» para referirme a la materia sobre la cual se formula este cuestionario. Todo el periodismo es comunicativo. Sin comunicación no hay periodismo. Si un acto es periodístico ya se supone que incorpora comunicación. En consecuencia, considero que, para aludir a nuestra materia —la teoría del periodismo—, el sustantivo periodística es mucho más preciso y riguroso, y está más vinculado a la tradición de investigación europea que arranca en Alemania y Escandinavia2, reconocido en el Diccionari de la Llengua Catalana de l’Institut d’Estudis Catalans3, argumentado con citas de autoridad en nuestros ámbitos 160 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús 2. Véase M. Michael NICKL, «Journalistik ist professionelle Medienterhetorik. Ein Charakterisierungsversuch» (Publizistik, abril de 1987); Jan EKECRANTZ y Tom OLSSON, «Mellan makt och marknad. En studie av nyhetsjournalistiken», Maktutredningen. Stockholm, Uppsala, 1990; y Siegfried WEISCHENBERG, «Journalistik. Theorie und Praxis aktueller Medientkommunikation», dos volúmenes, Westdeutscher Verlag. Opladen, 1995. 3. INSTITUT D’ESTUDIS CATALANS.Diccionari de la Llengua Catalana. Edicions 3 i 4, Edicions 62, Editorial Moll, Enciclopèdia Catalana, Publicacions de l’Abadia de Montserrat. Barcelona, Palma de Mallorca, València, 1995. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 160
Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 161 académicos4, y a la vez más práctico y económico para su uso en la literatura especializada. En aquellos casos en los que nos referimos a disciplinas específicas dentro de la periodística, considero que deben mantenerse locuciones a su vez también precisas y clarificadoras, como «redacción periodística», por poner el ejemplo que más aparece en este cuestionario. Las aportaciones hechas en el campo de la redacción periodística en las décadas de 1960, 1970 y 1980 estimo que son relevantes como un paradigma de estudio e investigación consistente. Entiendo que en su pregunta se refieren a España, puesto que en otras culturas académicas la configuración de paradigmas en periodística se remontan a muchos años —e incluso siglos— anteriores5. En la tradición española de los estudios de redacción periodística, fundamentada en la década de 1970 en las primeras obras significativas de los profesores José Luis Martínez Albertos, Lorenzo Gomis y Luis Núñez Ladevéze, se advierte una influencia de las escuelas angloamericanas6. Los trabajos más antiguos escritos en España sobre esta especialidad también se inscriben en las tendencias de los estudios académicos de la cultura anglosajona. En los manuales de algunos de los primeros periodistas que reflexionaron aquí, a principios del siglo pasado, en materia de periodística (Augusto Jerez Perchet, Modesto Sánchez Ortiz, Rafael Mainar, Josep Morató i Grau)7, despuntan ya criterios y valoraciones que anticipan los futuros paradigmas académicos específicos, sobre todo respecto a la teoría de los géneros periodísticos y al análisis de la praxis en la valoración y selección de noticias, praxis mal llamada actualmente «rutinas periodísticas» por algunos profesores de Periodismo. (Permítanme un inciso: el recurso al término rutina sorprende a profesores de Medicina y Derecho, en cuyo trabajo docente y de investigación nunca usan este vocablo para referirse a la práctica del ejercicio profesional de las materias que imparten. Tampoco la usan, por supuesto, los periodistas, los médicos, los abogados o los jueces para referirse a sus respectivos procedimientos de trabajo.) Antes de que se iniciara en España una sólida fundamentación de la Redacción Periodística en la obra de Martínez Albertos, Gomis y Núñez 4. Véase Héctor BORRAT (1989). «Aportes de la Periodística a la Política Comparada». Periodística,1. Barcelona: Societat Catalana de Comunicació, Institut d’Estudis Catalans. 5. Véase el número 3 de Periodística («La primera tesi doctoral sobre Periodisme [Leipzig 1690]». Barcelona: Societat Catalana de Comunicació, Institut d’Estudis Catalans, 1990). 6. José Luis Martínez Albertos (1974). Redacción Periodística. Barcelona: ATE; Lorenzo GOMIS (1974). El medio media. Barcelona; Luis NÚÑEZ LADEVÉZE (1979). El lenguaje de los «media». Madrid: Pirámide. 7. Augusto JEREZ PERCHET (1901). «Tratado de Periodismo». El Defensor de Granada. Granada; Modesto SÁNCHEZ ORTIZ (1903). El Periodismo. Madrid: M. Romero, impresor; Rafael MAINAR (1906). El arte del periodista. Barcelona: Sucesores de Manuel Soler; Josep MORATÓ IGRAU (1918). Com es fet un diari. Barcelona: Ricard Duran i Alsina. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 161
Ladevéze, a partir de la década de 1960, el programa docente que publicó Manuel Graña González8en 1930 presentaba un objeto, unos métodos y unas fuentes enraizadas en la tradición de las escuelas norteamericanas cuyos paradigmas aparecieron sistematizados finalmente en la obra de Carl Warren9, en 1934, y consolidados en los tratados más recientes del grupo de Missouri10. La influencia de la escuela alemana en los estudios específicos de redacción periodística apunta incipientemente en obras españolas de mediados del siglo pasado (Alfonso Ungría, Juan Beneyto)11, en las que se advierte, sobre todo, una recepción de la obra de Otto Groth que afecta principalmente a los estudios específicos de teoría del diario y de hemerografía, disciplinas sobre las que no versa este cuestionario. En la escuela de Pamplona se registró en los años sesenta un influjo de los teóricos alemanes, principalmente en materia de redacción periodística12 y de periodística13 en general. Es justo señalar también que en el Instituto de Periodismo de Navarra se registra en los primeros años sesenta una diligente recepción de la obra de Jacques Kayser14 y de la escuela hemerográfica francesa en general, que tanta influencia ha ejercido en los posteriores estudios de análisis y de historia de la prensa. A pesar de esos antecedentes, la sólida tradición de la periodística alemana sigue marginada aún en nuestro ámbito académico, a pesar de los avances notorios que, respecto al tratamiento de nuestra especialidad, se registran en la obra reciente de Siegfried Weischenberg, citada en la nota número 1, y de Walther von la Roche15. Pregunta 2 Con frecuencia se producen en la lingüística, y en todas las ciencias humanas, cambios en la orientación metodológica y desplazamientos del interés de unos aspectos del sistema verbal a otros, de unos temas a otros, que no suelen ser debidos a un replanteamiento interno de la investigación y sus posibilidades, sino a ecos de nuevas orientaciones en el método y los presu162 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús 8. Manuel GRAÑA GONZÁLEZ (1930). La escuela de Periodismo. Madrid: CIAP. 9. Carl N. WARREN. Modern News Reporting. Traducida al castellano con el título Géneros periodísticos informativos (segunda edición, Barcelona: ATE, 1975). 10. Brian S. BROOKS; George KENNEDY; Daryl R. MOEN; Don RANLY (1988). News reporting and writing. Nueva York: St. Martin’s Press. 11. Alfonso UNGRÍA (1930). Grandeza y servidumbre de la prensa. Madrid: Editorial España; Juan BENEYTO (1965). El saber periodístico. Madrid: Editora Nacional. 12. Contribuyó a ello la traducción al castellano de la obra clásica de Emil Dovifat (Emil DOVIFAT, Periodismo, México, UTEHA, 1959, dos volúmenes. 13. Son relevantes los trabajos de Angel Faus Belau sobre Otto Groth (Angel FAUS BELAU, La Ciencia Periodística de Otto Groth. Pamplona: Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, 1966. 14. Jacques KAYSER (1963). Le quotidien français. París: Armand Colin. 15. Walther VON LA ROCHE (1991). Einführung in den praktischen Journalismus. Journalistische Praxis. List Verlag. Munich, Leipzig. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 162
puestos generales de la investigación cultural. Es posible que en la ciencia del lenguaje se adviertan tales cambios de un modo más patente, pero es seguro que afectan a todas las ciencias cuyos objetos, total o parcialmente, tienen que ver con el lenguaje, como ocurre con la teoría de la literatura, la estética literaria, la hermenéutica, la sociología, y, evidentemente, el periodismo y la disciplina que lo estudia. ¿Cree que se puede considerar que este nacimiento y consolidación de un nuevo paradigma lingüístico se ha estado ignorando en nuestra disciplina hasta hace relativamente pocos años? Un buen grupo de trabajos publicados en los últimos diez años en diversos centros universitarios españoles —Pamplona, Madrid, Salamanca, Barcelona, Valencia, Sevilla— podría dar a entender que, efectivamente, así es. ¿Considera que se detectan tensiones disciplinares o paradigmáticas entre distintos estudios y aportaciones? Lorenzo Gomis Ese campo básico de la enseñanza de comunicación se fue ampliando por el lado de la semiótica y el de la sociología (por el profesor Miquel de Moragas y sus colaboradores y discípulos) y en seguida por los primeros licenciados en Ciencias de la Información con destacada vocación docente e investigadora, como los profesores Josep Maria Casasús (análisis de contenido e historia del periodismo) y Luis Núñez Ladevéze (construcción del texto). Así, la asignatura de Redacción Periodística ampliaba su campo. Estos dos profesores que acabo de citar colaborarían más adelante en publicaciones como Estilo y géneros periodísticos. No pretendo por supuesto hacer historia de la enseñanza de la comunicación periodística en España, ni tan sólo en Barcelona, sino responder al cuestionario y tantear un esbozo de la evolución que se puede detectar en los planteamientos teóricos. Si se atiene, por ejemplo, a los primeros numerarios en Bellaterra, se podrá concluir que el proceso era básicamente de ampliación paulatina del campo con profesores centrados en la Documentación (Dr. Coll Vinent), el Régimen Jurídico (Dr. Molinero), la Comunicación Pública (Dr. Costa, Dr. Borrat), la Comunicación Intercultural (Dr. Parés i Maicas, Dr.Rodrigo, Dra. Velázquez), la Historia de la Comunicación (Dra. Moreno, Dr. Gómez Mompart, Dr. Marín, Dr. Tresserras), el Periodismo Literario (Dr. Chillón), el Periodismo Cultural (Dr. Tubau), la Semiología (Dr. Pérez Tornero), el Análisis del Discurso (Dr. Giró), la Empresa Periodística (Dra. De Mateo, y aquí habría que citar también al profesor Jones), la Estructura de la Comunicación (Dra. Corominas), la Imagen y lo Ausiovisual (Dr. Vilches), la Opinión Pública (Dr. Berrio, Dr. Badia), la Sociología de la Comunicación (Dra. Montero), la Comunicación internacional (Dr. Murciano), el Periodismo de Género (Dra. Gallego), el Periodismo Científico (Dr. Ramentol) y la Profesión Periodística (Dr. López). Esta relación incompleta se refiere a un solo departamento, el de Periodismo. Otra relación paralela podía establecerse del de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Relaciones Públicas. Así, Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 163 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 163
en poco más de un par de decenios se había llegado a ofrecer un panorama amplio de la comunicación en los medios. Y una evolución más o menos paralela podría describirse respecto de las facultades universitarias de Madrid y de Navarra. Aun si los intereses de los mencionados profesores son más amplios que los indicados (a ellos, profesores en Bellaterra, habría que añadir los doctores Casasús, Guillamet, Gifreu, Quesada y Saperas, de la Pompeu Fabra, los profesores de la Ramon Llull y los jóvenes docentes que se han ido incorporando a los respectivos claustros), parece razonada la hipótesis expresada en el cuestionario, que apunta un cambio de paradigma claro hacia el decenio de los noventa. Fiándome de la experiencia personal, puedo decir que en algunas tesis en las que he participado ya en ese decenio, bien como director o como miembro del tribunal, me ha llamado la atención la decidida ampliación del campo de visión por el lado de la linguïstica y sus alrededores y el de la sociología de la comunicación. Las fundamentaciones teóricas tenían ya poco que ver con aquellos pioneros americanos del estudio de las comunicaciones en los años sesenta y setenta que he citado antes. Al hablar de esa ampliación de campo fundada en la lingüística y en la sociología de los medios, me refiero a las ambiciosas tesis doctorales de los profesores Albert Sáez (Universitat Ramon Llull) y David Vidal Castell (Universitat Autónoma de Barcelona). Por mencionar otro ejemplo, puede compararse con el reader de Schramm en los años sesenta, de función semejante y fecha reciente (1996), publicado en Londres y Nueva York y cuyo editor o compilador es Paul Cobley. Los autores escogidos en la compilación son, principalmente: Austin, Barthes, Benveniste, Derrida, Eco, Fish, Iser, Jakobson, Lacan, Saussure, Searle..., autores también presentes en las tesis citadas. Estamos ya en otra galaxia y por lo tanto bien podría hablarse de un cambio de paradigma. Pero el mismo Paul Cobley, al final de su introducción, señala que el pluralismo teórico ha dado pasos adelante desde los ochenta. Es verdad que para los estudiantes, añade, tiene algo de trabajo de Sísifo alcanzar un cuerpo de teoría para encontrarlo en seguida criticado por otro. Pero el pluralismo es a la vez productivo y necesario, y más en un mundo competitivo y globalizado. José Luis Martínez Albertos Efectivamente, hoy día pueden detectarse ciertas tensiones disciplinares entre las diferentes aportaciones que se hacen a la Ciencia de la Comunicación en la parcela concreta de la Redacción Periodística, entendida esta materia específicamente como el estudio o análisis del mensaje periodístico. El profesor José Francisco Sánchez, de la Universidad de Navarra, ha expuesto una inteligente tipología de los diferentes esquemas metodológicos con los que los expertos abordamos hoy el discurso comunicativo en general y el texto periodístico de modo particular. Este trabajo al que me refiero está recogido en el volumen Discurso, tipo de texto y comunicación, obra conjunta de Antonio Vilarnovo y José Francisco Sánchez (Pamplona, EUNSA, 1992, cap. VII: «Tipologías de tex164 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 164
tos periodísticos»). Por mi parte, he intentado también explicar la aparición de estas tensiones como el reflejo de la llamada «mentalidad posmoderna» en el terreno de la producción y valoración de los textos periodísticos. Hay actualmente bastantes teóricos de la literatura y de la creación artística en general que pretenden traspasar al campo de los textos periodísticos los mismos criterios de evaluación que se utilizan para una crítica posmoderna de los fenómenos literarios: énfasis en la intertextualidad, rechazo de las élites creadoras, ausencia de una normativa universalista, muerte del autor y del sujeto comunicador, aprobación del desorden y de la complejidad, entronización del collage y del mestizaje de los géneros, etc. Luis Núñez Ladevéze Estoy bastante seguro de que los cambios producidos en el ámbito de las ciencias sociales en los últimos años y, en especial, en los relacionados con la lingüística, cuya expansión ha sido considerable hasta el punto de romper el cerco que los proyectos de construir una semiología y de una ciencia pura del lenguaje, han sido especialmente útiles para renovar el primer modelo de tratamiento universitario de la Redacción Periodística. Ahora hay una mayor diversidad de enfoques y de orientaciones. A mi modo de ver, no hay rivalidad ni incompatibilidad, sino complementariedad e interdependencia. Es natural que así sea, entre otras razones porque el ámbito de estudios de lo periodístico es suficientemente amplio como para que pueda ser afrontado desde distintas perspectivas. Eso no significa que un enfoque interdisciplinario lleve aparejada la renuncia a esforzarse por encontrar un punto de vista unitario. En último extremo, se trata de encontrar la unidad en la diversidad de las ciencias sociales. Así que esta variedad no implica necesariamente dispersión. Las perspectivas sociológica, pragmática y lingüística tienen nexos comunes. La teoría del texto y de la acción son consecuencias de ese tratamiento interdisciplinario que, a mi modo de ver, ha sido tan rico en aportaciones a la investigación como en la definición de pautas de conducta aplicables a la formación didáctica. Josep M. Casasús A mi modo de ver, sí que existen lo que ustedes denominan «tensiones disciplinares o paradigmáticas» entre distintos estudios y aportaciones. Puede observarse sobre todo en la evolución de la obra de Luis Núñez Ladevéze16, y en los trabajos cuya publicación he compartido con él en el libro Estilo y géneros periodísticos17 como resultado de los avances en la investigación sobre Periodística desde las posiciones del constructivismo, con un acentuado Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 165 16. Un título representativo de esta renovación en Luis NÚÑEZ LADEVÉZE es La construcción del texto. Madrid: Eudema, 1991. 17. Josep Maria CASASÚS y Luis NÚÑEZ LADEVÉZE (1991). Estilo y géneros periodísticos. Barcelona: Ariel. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 165
que cada cual ocupa, fatalmente, en el universo»25. Posteriormente, el pensamiento de la llamada «posmodernidad» ha abundado en este planteamiento. Ha escrito Apel: «La verdad, como valor intersubjetivo del conocimiento, presupone el acceso a un consenso que se obtiene por la vía argumentativa»26. Esta idea de una construcción de la realidad y de la verdad por la vía del consenso receptivo ha sacudido el concepto abstracto de la «objetividad». Según Habermas, «la objetividad de las experiencias consiste únicamente en aquello que de ellas se pueda compartir de manera intersubjetiva»27. Según Rorty, «la objetividad se basa no sobre la verdad sino sobre la solidaridad: el deseo de objetividad es simplemente el deseo del mayor acuerdo intersubjetivo posible»28. El énfasis que se aplica a las experiencias receptoras de la realidad y del mensaje a partir de planteamientos empíricos y constructivistas no puede valorarse, sin embargo, como un descubrimiento. Sin la exageración que supone remontarse a Aristóteles, puede hallarse esa idea en nuestra propia tradición periodística, representada incluso por un autor, como Azorín, que no se propuso teorizar sobre periodismo. Como bien observa Miguel Ángel Lozano Marco en un estudio introductorio a sus ensayos, Azorín perseguía comunicar y divulgar con una «sensibilidad receptora» que mostraba que «el receptor se convierte en creador»29. Desde estas perspectivas puede avanzar, a mi modesto entender, una redefinición positiva y abierta de la objetividad, del lenguaje, del periodismo y de los géneros. Pregunta 4 Buena parte de estas reformulaciones chocan con lo defendido desde el sentido común profesional —el periodista sacerdote que recoge noticias (no las construye) y las transplanta al diario (donde hay hechos y opiniones)—, frente al hermeneuta de la realidad que relata su experiencia desde la única instancia discursiva posible, la interpretación en sus diversos grados. ¿Qué clase de conflicto le parece que esto pueda generar, y en qué sentido convendría avanzar para solucionarlo? Lorenzo Gomis El periodismo es una tarea colectiva, rápida y jerárquica. Estas notas lo distinguen de otros modos sociales de llegar a decisiones, como los que rigen por lo 172 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús 25. José ORTEGA Y GASSET (1969). El espectador. Barcelona: Salvat, p. 21 (en la reedición consultada). 26. Karl-Otto APEL (1981). «La question d’une fondation ultime de la raison». Critique, 413. París: Minuit. 27. Jürgen HABERMAS (1976). Connaissance et intérêt. París: Gallimard. 28. Richard RORTY (1983). «Solidarité ou objectivité?». Critique, 439. París: Minuit. 29. Miguel Ángel LOZANO MARCO (1998). «Introducción». A AZORÍN. Ensayos II. Madrid: Espasa, p. 55. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 172
general en la vida política y aun económica. La socialización de los periodistas en el seno de las redacciones permiten armonizar el trabajo colectivo y hacer previsibles las decisiones jerárquicas últimas. La escasez de tiempo a su vez exige que armonicen los factores de colectividad y jerarquía. Pero el riesgo de lo arbitrario se convierte en peligro si no se tiene en cuenta y se adivina la necesidad y el gusto del cliente, que es el público, en una empresa comercial que incluso cuando es pública se rige por la sentencia de las audiencias y el imperativo de atraer publicidad. Esto lleva a que el concepto clave de interpretación se matice con otro que incluya el entorno social de las redacciones: la mediación. El trabajo de la redacción depende de las fuentes, que son en definitiva las que ofrecen gratuitamente información a los medios, y de la empresa, que aunque atenta a la obtención de beneficios y temerosa de incurrir en pérdidas, se mueve en un entorno político y social influyente sobre ella y, menos directamente, sobre las redacciones. Y el medio media entre ese entorno que le suministra las noticias y el público que paga por adquirirlas o que como audiencia condiciona el otro ingreso posible, la publicidad. Cómo media el medio se convierte así en el gran objeto de estudio, tanto si analizamos los contenidos como si estudiamos los efectos. Especial interés tiene para la comprensión de los medios y de la sociedad misma en la que interactúan lo que se ha llamado «acontecimientos mediáticos» (Media events, Daniel Dayan y Elihu Katz, 1992). Acontecimientos como los Juegos Olímpicos, el funeral del presidente Kennedy, la boda de Carlos y Diana, la visita de Juan Pablo II a Polonia, se transmiten por televisión y, naturalmente, se piensa en la televisión antes de realizarlos. Es lo que Dayan y Katz han llamado la «historia en directo». Pero el criterio «mediático» no sólo se aplica a acontecimientos de esta índole, sino a decisiones menudas como la oportunidad de una aparición pública, la elección del título de un libro, etc. Precisamente Dayan ha hablado de «nuevo paradigma» al comentar el libro de Roger Silverstone Why Study the Media (1999). Nuestro interés en la mediación, viene a decir Silverstone, es central a la pregunta de por qué debemos estudiar los medios. Debemos comprender el proceso de mediación para descubrir cómo el sentido, el significado, emerge, dónde y cómo aparece y con qué consecuencias. La mediación implica el movimiento del sentido de un texto a otro, de un discurso a otro, y eso implica su constante transformación. Estamos más allá del two step flow, de las dos etapas de la comunicación, descubierto por otro pionero, Lazarsfeld. El mensaje era recogido, comprendido y difundido por los líderes de opinión, que lo asimilan, lo transforman más o menos y lo hacen llegar a la gente que tiene confianza en ellos. La mediación, para Silverstone, es la circulación del sentido de un texto a otro, de un discurso a otro, a través de intertextualidades sin fin. Un paradigma (dicen en Mediating the Message. Theories of Influences on Mass Media Content, Pamela J. Shoemaker y Stephen D. Reeves, 1996, 1991) sigue siendo válido mientras suministra una guía práctica útil y tiene seguidores que comparten sus supuestos de fondo. Un paradigma periodístico, como cualquier otro, se valida por el consenso. En este sentido, puede decirse que Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 173 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 173
el lejano paradigma dominante en los años sesenta o setenta queda atrás y que donde puede haber hoy más significativo consenso es en enunciados que tengan como palabras clave interpretación o mediación. José Luis Martínez Albertos Más que el periodista como sacerdote que recoge noticias, prefiero hablar del periodista como gente que cuenta a la gente lo que le interesa a la gente. Hablar del periodismo como de un sacerdocio siempre lo he considerado peligrosamente elitista y propiciador de todo tipo de mesianismos y paternalismos profesionales. Respecto a la cuestión del periodista como hermeneuta de la realidad, hay que reconocer —y yo lo hago con dolor de corazón— que la tendencia del periodismo actual va por esta vía. Sin embargo, el hermeneuta no tiene por qué ser un comentarista —es decir, un comunicador que transmite opiniones subjetivas—, sino que más bien debe ser un analista —es decir, un profesional que proporciona análisis o explicaciones objetivas de los hechos noticiados—. Pero la realidad es tozuda y la experiencia del día a día me dice que casi todos los hermeneutas españoles caen en el cómodo vicio de la valoración básicamente subjetiva de lo que está ocurriendo, manifestando de forma explícita su opinión personal. Es decir, no se toman la molestia de ser fieles a la acreditada norma de seguridad profesional según la cual «los hechos son sagrados y los comentarios son libres». Por lo que veo —y no sólo en España, sino en casi todos los países de mentalidad latina en Europa y en América—, prácticamente todas las grandes firmas del periodismo actual escriben columnas de opinión que pretenden hacer pasar como columnas de análisis. No sé si hacen eso por ignorancia o porque son incapaces de actuar según el modelo tradicional correcto. Luis Núñez Ladevéze La sacralización del periodista, su ascesis a una función sacerdotal, su protagonismo como garante de la libertad de expresión, la adquisición de un rango social específico, su aspiración a sustituir en la función de orientación social a lo que antes fueron los intelectuales, me parece que son fenómenos importantes, que pueden ser valorados equívocamente. Han reducido el ámbito de los compromisos morales a una ética de la libertad de expresión muy acomodable a las necesidades de una sociedad que se distingue por el divorcio entre el lenguaje que usa (basado en el principio de solidaridad) y el comportamiento común (basado en el principio del interés y el consumo). Hay una gran disonancia pragmática entre el lenguaje y la conducta, y la sacralización del periodista como garante de la libertad de información y referente de la opinión social influyente contribuye a que esa separación no sólo se mantenga sino que se amplíe. En todo caso, y con respecto al fondo de la cuestión, la distinción entre función de testigo o una función de intérprete puede ser matizable. Se puede ser más o menos testigo y más o menos intérprete y se cuenta con metodología suficiente, basada en la teoría de la acción, en la pragmática y en la 174 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 174
teoría de texto, como para tratar de distinguir entre uno y otro componente al analizar la información. Josep M. Casasús El conflicto al que apunta la pregunta ya está planteado y suele entablarse en sesiones académicas, jornadas y congresos, sobre todo a escala española, encuentros promovidos por la Sociedad Española de Periodística. La salida a esta clase de conflictos, incruentos, afortunadamente, no puede suponerse que se resuelva con un avance. El avance radica, en cualquier caso, en los esfuerzos empleados en la argumentación académica de las distintas posiciones enfrentadas. El avance es, precisamente, que exista conflicto, es decir debate y discrepancias, siempre que se fundamenten en la investigación previa. Pregunta 5 La transformación de la palabra y de sus usos en este mundo digitalizado, de nuevo oralizado e interconectado, empuja al periodismo —o a lo que queda de él— bajo los focos del debate público. Miles de alumnos marcan las carreras de comunicación como primera opción cada año en sus preferencias de estudios universitarios, y ello provoca que se multipliquen los centros públicos y privados dedicados al periodismo y la comunicación. Nos encontramos en un momento en que diversas voces recuerdan que los saberes profesionales no llegan a ser teoría, ni tienen por qué serlo, puesto que su función no es explicar, sino proporcionar un repertorio de instrucciones y consejos para la realización rápida y eficaz de prácticas laborales rutinizadas. El conocimiento de ese repertorio y el logro de las destrezas correspondientes se sitúan en el campo del learning by doing, y puede lograrse en un tiempo mucho más breve que los cuatro años de la carrera universitaria, y no exige el acceso a ninguna facultad, como ha apuntado Borrat recientemente. Parece un momento en que la transformación de las ciencias de la comunicación, tras los embates de la epistemología, la filosofía del lenguaje, la nueva lingüística y la sociología, demanda un planteamiento claro: o bien escuelas profesionales donde se rinde culto al saber profesional presidido por el mito de la objetividad, o bien enseñanza crítica, que no tiene por qué estar reñida con la cualificación profesional —al contrario—, pero que implica unos conocimientos en humanidades y ciencias sociales y una reflexión que muchos aspirantes a periodistas no parecen dispuestos a seguir. ¿Cómo cree que reflejan los planes de estudios esta tensión y cómo cree que debería orientarse la reforma de los planes de estudio? Lorenzo Gomis Se enseña lo que saben y estudian o han estudiado los profesores, y en este sentido se comprende que los planes de estudio sigan con retraso la evolución de Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 175 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 175
los profesores que pueden influir en su reforma o replanteamiento. Pero en periodismo como en medicina la confluencia de teoría y práctica, conocimiento científico y preparación profesional, parecen necesarias. El graduado debe estar en condiciones de empezar a ejercer, pero también de seguir pensando. La evolución de los conocimientos necesita que el estudiante se haya aficionado a pensar, como el ejercicio profesional requiere hábitos de rapidez y destreza en la redacción. La teoría nace con la reflexión sobre la práctica, así como la práctica se ilumina con los focos de la teoría. Un plan de estudio equilibrado debe ofrecer lo uno y lo otro. José Luis Martínez Albertos Los planes de estudio actuales no reflejan esa tensión entre los dos modelos —escuela profesional frente a centro de enseñanza crítica orientado en buena parte hacia la investigación—. Si de mí dependiera, una reforma de los planes de estudio debería basarse en la máxima autonomía de cada centro para establecer el sistema que considere más apetecible. Los planes de estudio no deben ser ni uniformes ni obligatoriamente homologables. Es más: estoy de acuerdo con el profesor Ignacio Sotelo (El País, 11-XII-01, p. 14) cuando afirma que la verdadera reforma universitaria empieza por renunciar a la idea de que es necesario contar con unos planes de estudio claramente definidos, en la medida en que esta fórmula responde a unas pautas de procedimiento que encorsetan y dificultan la deseable intercomunicación creativa entre alumnos y profesores. Luis Núñez Ladevéze El artículo que he redactado para este número de la revista trata de responder a esta cuestión. En síntesis, hay muchas clases de periodismo para las que se requieren distintas cualificaciones prácticas. Distingo entre comunicación, actividad de entretenimiento que se adapta a los requerimientos del mercado, e información, que es una función específica y no adaptable. Siempre hay, en el trasfondo de esta cuestión, problemas de ética y de crítica social. Desde ese punto de vista, igualar los estudios de periodismo a los propios de un oficio equivale a renunciar a un planteamiento crítico y regenerador de la propia función periodística y plegarse a intereses muy limitados, como son los mercantiles. Afortunadamente, es la misma sociedad la que pide que los estudios de periodismo sean de rango universitario. Josep M. Casasús De entrada, debe admitirse que sería reduccionista, egocéntrico y corporativista limitar el análisis de esta tensión a los estudios universitarios de periodismo. Es obvio que el fenómeno descrito (la alternativa «escuelas profesionales» o «enseñanza crítica» que plantea la pregunta) no es privativo del periodismo. Por el contrario, alcanza de igual manera a otros ejercicios profesionales desa176 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 176
rrollados a partir de carreras universitarias tan sólidamente consolidadas como son Medicina o Derecho. El de médico y el de abogado son oficios a los que se accede desde estudios superiores universitarios y en los que también se desarrollan lo que, según la pregunta, son «instrucciones y consejos para la realización rápida y eficaz de prácticas laborales rutinizadas». Ignoro si los profesores de Medicina y de Derecho comparten estas preocupaciones nuestras. Si es así, deberíamos trabajar con ellos para resolver la alternativa planteada, puesto que, como es obvio, sus estudios tienen una más larga tradición universitaria. En el caso de Periodismo, sin embargo, se parte de un concepto más liberal de la carrera, puesto que ninguna legislación exige el título facultativo de licenciado en Periodismo para ejercer esta profesión. Es un progreso evidente respecto a otras carreras profesionales, por lo menos en el ámbito europeo, con un sistema universitario y profesional muy reglado, fenómeno distinto, en este sentido, al norteamericano. ¿Cómo creo que debería orientarse la reforma de los planes de estudio de Periodismo?, me preguntan ustedes concretamente. La respuesta, pues, tiene que ser también muy concreta. De entrada, es justo comunicar que mis propuestas en este campo se han reflejado, en muy buena medida, en los planes de estudio de la Universitat Pompeu Fabra, tanto en el plan de 1992 como en el nuevo plan, recientemente aprobado (año 2001). Entiendo que, al igual que Medicina o Derecho, Periodismo también es una profesión que requiere una formación universitaria superior hasta segundo ciclo, por lo menos. Pero, a diferencia de Medicina o Derecho, carreras en las que la especialización se obtiene profundizando en una de sus propias disciplinas troncales (Oncología, Traumatología, o Derecho Mercantil, Derecho Financiero, por poner unos ejemplos), las especializaciones periodísticas en materias o contenidos (Periodismo Político, Periodismo Económico, Periodismo Judicial, Periodismo Científico, Periodismo Cultural, por poner unos ejemplos) sólo pueden obtenerse si antes, después o simultáneamente se han cursado sistemáticamente, en las facultades correspondientes (Políticas, Económicas, Derecho, Biología, Humanidades), los estudios específicos. En cambio, la formación básica en Teoría, Historia, Ética, Economía y Derecho del Periodismo, en Redacción Periodística, y las especializaciones en medios (Internet, televisión, radio, prensa, agencias, gabinetes), son propias de la enseñanza en los centros universitarios específicos de periodismo. En los dos planes de estudio en los que he intervenido en estos últimos diez años se han desarrollado los criterios que argumento extensamente en el prólogo titulado «L’opció europea en una renovació catalana dels estudis de Periodisme»30. Son los siguientes criterios: 1) la selectividad previa para el acceso a la licenciatura (con pruebas de acceso equivalentes a las del acceso a Bellas Artes, estuEncuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 177 30. Josep Maria CASASÚS (1994). Prólogo a Francesca RODRÍGUEZ LÓPEZ.L’ensenyament de Periodisme a Europa. Barcelona: Generalitat de Catalunya. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 177
dios para los que también se requieren aptitudes previas); 2) la experimentalidad intensiva (como la que se desarrolla en Medicina); 3) la utilización de modelos (como complemento de la experimentalidad, como ocurre en Arquitectura), y 4) la especialización profesional temática (que debe adquirirse en otras facultades específicas, solución que facilita la vigente orden ministerial de 28 de junio de 1992 que regula el acceso al segundo ciclo de Periodismo). Algunos cargos de facultades con estudios de comunicación, en universidades públicas y en centros privados, liderados por los entonces decanos de la Complutense de Madrid, Fernández del Moral, y de la Autònoma de Barcelona, Marín, reaccionaron activamente, apelando a los tribunales, contra esta disposición del gobierno socialista, disposición de política educativa que yo comparto plenamente, puesto que promueve el progreso de los planes de estudio en una dirección que los homologa con las fórmulas de enseñanza desarrolladas en los países democráticos avanzados. Pregunta 6 ¿Cómo afecta tal puesta en crisis a los géneros periodísticos, ya que la distinción tradicional habla de información (interpretación en algún caso) y opinión? Pese a algunas voces que han decretado la muerte de los géneros, sabemos por Bajtín que el género es una forma imprescindible de la elaboración lingüística y comunicativa humana, y que, por ello, siempre hablamos en géneros. ¿No es posible, por tanto, hablar de la ausencia de género, pero quizás sí de una recomposición de las categorías? Al hilo de esta reflexión, ¿qué opinión le merecen los nuevos usos formales de la expresión periodística y los nuevos formatos que los periódicos han establecido estos últimos años, seguramente muy influidos por la oralidad mediática y por la narrativa audiovisual? Lorenzo Gomis Hace muchos años que oigo hablar de la muerte o disolución de los géneros. Frente a esta tentación recurrente, en la introducción a mi Teoria dels gèneres periodístics (1989) escribía que en los géneros se ha sedimentado una experiencia histórica de trabajo colectivo. En los géneros se aprenden actitudes y las actitudes engendran hábitos profesionales. Gracias a ellos puede distinguirse el que es periodista del que no lo es. Por otra parte, la necesidad de los géneros es en el periodismo más inmediata y urgente aún que en la literatura, puesto que, al tratarse de un trabajo colectivo, un mismo texto puede ser trabajado habitualmente por distintas manos. Y por estas mismas razones los géneros tienen un papel insustituible en la enseñanza del periodismo. Todo eso no quita que los géneros estén en continua evolución y se modifiquen sus papeles relativos, su importancia y su forma. Aparecen nuevas varian178 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 178
tes, que no destruyen sin embargo el género: en literatura, por ejemplo, el poema en prosa no por estar en prosa deja de ser poesía. Como la teoría de los géneros es más descriptiva que normativa, conviene que esté atenta a esas variaciones. Hace años yo situaba la entrevista como una variedad del reportaje; pero hoy la he visto independizarse y asentarse lo mismo en la práctica que en el estudio académico y creo que es un género distinto. También es comprobable el auge de la crónica, género bien antiguo y que sin embargo se adapta perfectamente a la necesidad de dar impresiones de lo que ocurre en un tono personal y firmando, así como su flexibilidad estilística y su sintonía con la oralidad mediática. A veces, la crónica —en televisión, por ejemplo— viene a ser la respuesta del que está desplazado en un lugar lejano a la pregunta que desde la emisora le formula el presentador, que a menudo ya sabe lo que le van a decir y así el/la cronista, micrófono en mano, comienza diciendo: «Así es». Pero contarlo más ampliamente y con un fondo de paisaje o de personas del lugar cumple muy bien la función de la crónica. José Luis Martínez Albertos Me parecen interesantes y enriquecedores, como ya he dicho anteriormente, pero siempre que se mantenga intacto, en lo esencial, el axioma que establece que los hechos son sagrados y comprobables, mientras que, por el contrario, los comentarios son libres y subjetivos. Recordaré que éste es un axioma pragmático, ideado para el ejercicio de la práctica profesional, es decir, para ser utilizado de tejas abajo. Si pretendemos elevarlo a la categoría de asunto intelectual para una discusión filosófica, entonces caeremos en un bizantinismo estéril y frustrante. Luis Núñez Ladevéze Entiendo que la palabra género aplicada a los periodísticos tiene un sentido muy concreto y un valor más didáctico y sistemático que teórico. Al menos, asintóticamente, es decir como una posibilidad de aproximación, no como un axioma práctico, la distinción de géneros es útil y refleja, además, distintas actitudes y disposiciones de los propios periodistas. Evidentemente, los tipos reales no corresponden a los «tipos ideales». Pero eso ocurre en todo estudio social basado en distinciones de carácter tipológico. Josep M. Casasús La clasificación academicista de los géneros periodísticos ha estado siempre en crisis, a mi entender. No se trata de un fenómeno nuevo. La experimentación de nuevas fórmulas de configuración de unidades redaccionales periodísticas se ha producido, con más o menos intensidad, a lo largo de toda la historia del periodismo moderno. Tenemos ejemplos próximos, observados por los estuEncuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 179 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 179
diosos en algunas de las investigaciones recientes que recuperan trabajos periodísticos olvidados. En la Catalunya de entreguerras, por ejemplo, se publicaron obras periodísticas transgresoras respecto a las divisiones formales en géneros y también de innovación en esta materia, como las aportadas por Josep Maria Junoy con sus artículos caligramáticos, por Joan Salvat-Papasseit en sus revistas de vanguardia, por Francesc Trabal con un artículo basado en signos de puntuación, por Carles Sindreu con sus crónicas visuales31, y por otras soluciones que ya anticipaban fórmulas intencionadas que combinaban tipografía, gráficos, fotografía y texto en revistas renovadoras del lenguaje integral del periodismo, como D’ací i D’allà, objeto de la brillante investigación doctoral de Joan Manuel Tresserras.32 No sólo mediante Bajtín sabemos que «el género es una forma imprescindible de la elaboración lingüística y comunicativa humana», como se recuerda en la pregunta. En nuestra academia y en nuestra literatura especializada, Lorenzo Gomis ha sostenido argumentos similares; José Luis Martínez Albertos33 ha formulado propuestas de análisis que superan la preceptiva cerrada de Martín Vivaldi34, cuando aquel catedrático de la Complutense establece límites éticos y técnicos entre el mensaje intencional y el mensaje no-intencional; y Héctor Borrat35 formula un método sistémico que enlaza con la periodística alemana y con ciertos aspectos del constructivismo de Siegfried J. Schmidt. Respecto a la tercera pregunta incluida dentro de esta sexta pregunta, conviene recordar que el cine y la radio ya influyeron en la renovación del periodismo (el catalán por lo menos, el que más he estudiado) en los años de entreguerras, del mismo modo que en el periodismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX influyó la novela realista a la manera del Germinal de Zola. Es lógico, pues, que la «oralidad mediática» y la «narrativa audiovisual» actúen también sobre el ejercicio del periodismo. Pregunta 7 ¿Considera que la perpetuación de determinadas perspectivas de estudio del periodismo escrito puede obedecer a las necesidades de cobertura ideológica de los medios, que se postulan como recitadores de la realidad y no como agentes de su construcción social? Es decir, el facts are sacred que hoy defien180 Anàlisi 28, 2002 L. Gomis; J.L. Martínez Albertos; L. Núñez Ladevéze; J.M. Casasús 31. Fórmulas renovadoras de los géneros comentadas en Josep Maria CASASÚS (1996). Periodisme català que ha fet història. Barcelona: Proa. 32. Joan Manuel TRESSERRAS (1993). D’Ací i D’Allà. Aparador de la modernitat (1918-1936). Barcelona: Llibres de l’Índex. 33. José Luis MARTÍNEZ ALBERTOS (1992). Curso general de Redacción Periodística (edición revisada). Madrid: Paraninfo. 34. Gonzalo MARTÍN VIVALDI (1987). Géneros periodísticos. Madrid: Paraninfo. 35. Héctor BORRAT (1989). «El periódico, actor del sistema político». Anàlisi, 12. Bellaterra: Universitat Autònoma de Barcelona, Departament de Periodisme. Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 180
den, por supuesto, los medios, con todo el derecho del mundo, ya que es su negocio, influye demasiado en los saberes teóricos de la academia, arrastrada por su anhelo de estar en conexión y buena onda con la profesión? Lorenzo Gomis No estoy muy seguro de que los medios estén especialmente interesados en la enseñanza. La permanencia del esquema «facts are sacred» la veo relacionada más bien con la necesidad de defenderse de la impugnación crítica de la izquierda y su penetración en la enseñanza. Que los medios sean agentes de construcción social no quita que crean estar informando, de acuerdo con prácticas y hábitos profesionales. Estudiando el fenómeno se ve como una construcción social de la realidad (yo mismo en Teoría del periodismo. Cómo se forma el presente, 1991, 1997), pero trabajando en una redacción se ve como un hacer colectivo con aspiraciones de aproximación a una realidad inmediata. Lo uno no excluye lo otro, creo. José Luis Martínez Albertos Esto pudo ser cierto en los años en que se produjo la aparición primero y consolidación después de los centros dedicados a la enseñanza del periodismo. Estoy pensando en Estados Unidos, en el período que va desde comienzos del siglo XX hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. No creo que en España las conveniencias derivadas de la política económica de la empresas hayan influido jamás en los planteamientos docentes de las escuelas ni de las facultades. Es más: en nuestro país ha habido desde siempre, incluso durante el período de dirigismo político de la época franquista, una absoluta desconexión entre empresas y centros de enseñanza. Reconozco que entre los profesores de las primeras hornadas universitarias —en algunos casos de forma más evidente que en otros— hubo cierto mimetismo pedagógico inspirado en los manuales y libros de texto norteamericanos. No tengo reparo en confesar que éste puede ser mi caso. Pero recordemos también que los esquemas metodológicos yanquis influyeron también de forma muy directa en grandes maestros y teóricos del periodismo europeo, como es el caso de Emil Dovifat, que fue durante muchos años profesor de Publicística en la Universidad Libre de Berlín y uno de los más clarividentes teóricos de las ciencias de la comunicación. Yo diría que las perspectivas teórico-pedagógicas de los profesores españoles de Periodismo nos las hemos agenciado cada uno por nuestra cuenta y a nuestro aire, como autodidactas quizás un poco ingenuos, pero nunca condicionados por la idea de ofrecer cobertura ideológica a las empresas periodísticas, que casi siempre han despreciado olímpicamente a los centros universitarios. Respeto las posiciones contrarias, pero, en este caso, la «teoría de la conspiración» me parece un poco infantil. Otra cosa diferente es la motivación que dio pie posteriormente a la promoción de los diferentes másters a cargo de la iniciativa empresarial. Encuesta: ¿vive la comunicación periodística un cambio de paradigma? Anàlisi 28, 2002 181 Anàlisi 28 001-304 21/5/02 10:00 Página 181