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Del rostro al retrato

Author: Gubern, Román
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2001
Source: https://ddd.uab.cat/pub/analisi/02112175n27/02112175n27p37.pdf
Resumen
El a ículo p opone una e lexión ace ca del modo en que el os o humano, un e dade-
o palimpses o o gánico, es ep esen ado a a és de las imágenes icónicas, y muy en espe-
cial a su in ensa ca ga semió ica, his ó icamen e cambian e y suje a, po an o, a dis in as
in e p e aciones cul u ales. En la medida en que es, a la ez, el luga más ín imo y más
ex e io del suje o, el os o ocupa un luga de p i ilegio en e los mo i os que pueblan las
ep esen aciones mediá icas de lo humano.
Palab as cla e: os o, e a o, iconog a ía, ep esen ación.
Abs ac . F om he Face o he Po ai
This a icle o e s a e lec ion ega ding he manne in which he human ace, a uly
o ganic palimpses , is ep esen ed h ough iconic images, and in pa icula i s in ense semi-
o ic cha ge, changing h oughou his o y and, consequen ly, subjec o di e en cul u al in e -
p e a ions. Inso a as i is a he same ime he mos in ima e and mos ex e io si e o he
subjec , he ace occupies a p i ileged place among he mo i s ha popula e he media ep-
esen a ions o wha is human.
Key wo ds: ace, po ai , iconog aphy, ep esen a ion.
El homb e comp endió muy emp anamen e que su iden idad e a ulne able,
pues dejaba ji ones de ella po donde pasaba, en o ma de huellas, somb as y
e lejos. Sus lími es co po ales se desbo daban de un modo que no podía con-
ola , con ex añas de i aciones apa enciales, y p on o supo que aquellas p o-
longaciones dispe sas de su yo podían se manipuladas en su con a con p ác-
icas mágicas. La semió ica mode na plan eó es a cues ión de modo dis in o
y econoció que los se es y obje os se mani ies an de modo indicial (Pei ce) a
a és de su huella, su somb a y su e lejo. Los dos úl imos indicios ci ados
son de ca ác e lumínico, mien as que la huella es un indicio co pó eo y olu-
mé ico. La somb a y el e lejo equie en la cop esencia del e e en e pa a se
pe cibidos. Mien as que la huella iene el es a u o de un signo empo al o
du ade o: es una huella del pasado. Y mien as es e indicio in e esó especialmen e
a la li e a u a policial (She lock Holmes, el pad e B own), la li e a u a y el a e
an ás icos se in e esa on en cambio po el e lejo en el espejo que pe du a y
Anàlisi 27, 2001 37-42
Del os o al e a o
Román Gube n
Uni e si a Au ònoma de Ba celona
Depa amen de Comunicació Audio isual i Publici a
08193 Bella e a (Ba celona). Spain
adquie e ida au ónoma (como en El es udian e de P aga) y po la somb a que
posee una ida independien e del suje o (como en El homb e que endió su
somb a, de Chamisso; o el ilm Somb as, de A hu Robison).
El e lejo es á, como es sabido, en el o igen del e a o, o más bien en el
del au o e a o. La iden i icación del suje o en el espejo nace de su capacidad
de obje i ación y de coo dinación de sus pe cepciones ex e io es con sus sen-
saciones in e io es, ce i icando que aquello que sien e de modo p opiocep i-
o es ambién lo que e. Pe o la leyenda de Na ciso as ocó es e enómeno y
lo ca gó con ue es conno aciones culposas. Rechazando el amo de la nin a
Eco, Na ciso no se enamo ó de sí mismo —como se epi e alsamen e—, sino
que quedó ascinado con una imagen, sin econoce que e a la suya, y ue cas-
igado (¡mucho an es del nacimien o de Lacan!) po habe echazado la media-
ción de o o suje o en la cons ucción del yo y habe se con en ado con un
me o simulac o. Na ciso p opo cionó la base ilológica a la palab a na kosis y,
po odo es o, en la G ecia an igua se pensaba que con empla el p opio e le-
jo podía ocasiona la mue e, pues el e lejo ap isiona el alma. En e ec o, en
muchas cul u as campesinas occiden ales, cuando alguien mue e se apan los
espejos de su casa, pa a que el alma del di un o no quede a apada en ellos. Y
de ahí de i a ambién la supe s ición del espejo o o, como p emonición de
mal agüe o, pues algo se ompe ambién en las pe sonas que se e lejan en él.
Hoy sabemos que los chimpancés y o angu anes econocen su p opia ima-
gen en el espejo, mien as que pa a o os animales supone la ep esen ación
de una me a al e idad. P eye es udió el caso de un pa o eal que, a la mue e de
su compañe a, se colocaba cons an emen e an e un espejo si uado ce ca, pues
le o ecía la imagen consolado a de un segundo animal.
El espejo ans o ma al se en apa iencia, la ma e ia en o ma, en simulac o
an asmal. De ahí la descon ianza de los mo alis as c is ianos hacia su uso y su
inse ción iconog á ica en el géne o pic ó ico de las « anidades». Pe o median-
e el e lejo —en el agua, en el espejo— el se humano no solamen e descu-
b e su aspec o ísico, sino ambién su p opia al e idad a a és de la imagen.
Y po ello el espejo se usa pa a con ola la p opia ep esen ación social, la
pues a en escena co po al, y acomoda las a nues as necesidades p i adas y
públicas. Mucho an es de que E win Go man medi a a ace ca de la pues a
en escena de nues os cue pos en las in e acciones de la ida co idiana, los
mo alis as c is ianos, los a adis as de u banidad y los ac o es y di ec o es de
escena habían desa ollado una copiosa sabidu ía ace ca de la au o ep esen-
ación y de sus exigencias sociales. Po eso el espejo no si e sólo pa a halaga ,
sino ambién pa a dela a .
En el siglo XVIII, en muchos palacios los espejos sus i uye on a las g andes
pin u as mu ales. Y en 1686, cuando Luis XIV, el Rey Sol, as una g a e en e -
medad, eg esó a Pa ís, en el puen e po el que debía pasa pa a i al palacio
en el Hô el-de-Ville se coloca on hile as de espejos pa a mul iplica su ima-
gen. Un p oyec o p opagandís ico yacía en aquel juego magni icado de e le-
jos, a escala de la e a p e-mediá ica, pa a imp esiona a sus súbdi os. En una
época en que la enencia y el uso de espejos e a un ca o p i ilegio social, la ini-
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cia i a del mona ca absolu o, más que se i a las necesidades de su ego, nos
pa ece a ecina se al e ec o de consolación de aquel pa o eal soli a io. Así, el ey
en e mo y des allecien e se eía a sí mismo acompañado po sus clónicos óp i-
cos, que le susu aban a lo la go de su a elín isual: «no es oy solo, po que
somos muchos».
Las imágenes de los eyes apa ecían ambién en onces en las monedas. Pe o
como las imágenes on ales e an e osionadas y se bo aban ácilmen e sus as-
gos, se ep esen aban siemp e de pe il, p opo cionando una in o mación muy
pob e de su apa iencia. Po aquel en onces, la g an mayo ía de sus súbdi os
no conocía el aspec o ísico de sus sobe anos y un campesino podía opa se
con el mona ca en un bosque sin econoce le. La idea de un pode polí ico
pe sonal absolu o, pe o sin os o, nos epugna en nues a e a de hipe in la-
ción icónica, pe o aquella si uación cambió muy poco has a inicios del siglo XX,
pues los no icia ios cinema og á icos no se consolida on has a la P ime a Gue a
Mundial y las o og a ías en la p ensa no se gene aliza on has a los años ein-
e. Puede deci se, sin exage a , que has a 1900 el pode polí ico ue un pode
sin os o isible pa a las masas ciudadanas.
Como es sabido, el a e pic ó ico del e a o mode no nace en Holanda en
el siglo XV y encon ó una de sus unciones más conspicuas pa a a o ece pac-
os ma imoniales en la ealeza eu opea, en una época en que las dis ancias
di icul aban el conocimien o pe sonal de los u u os con ayen es. Pe o mucho
an es había nacido, en cu iosas ci cuns ancias, el e a o- obo o e a o memo-
ís ico. En e ec o, en el siglo Vel papa G ego io Magno, mien as celeb aba
misa, u o una isión de C is o dolien e que le imp esionó mucho y o denó
pin a la. Es deci , di igió con sus explicaciones su cons uc o icónico, con una
imagen que pasó a ene el es a u o de un « e a o au én ico» de C is o (hoy
se conse a una éplica suya en mosaico bizan ino en un con en o ca ujo).
En nues a sociedad de la masi icación, en la que la mayo ía de las pe sonas
po an el os o del anonima o, en calidad de suje os es adís icos do ados de
« os os-p omedio», la écnica del e a o- obo policial p ocede de lo gene al
a lo conc e o, de lo ca ego ial a lo especí ico. A pa i de asgos enciclopé-
dicos impe sonales in en a cons ui , siguiendo las indicaciones de es igos,
una pe sonalidad indi idual, un suje o singula . Pe o pocos saben que es a
écnica —que hoy ealizan los o denado es— se aguó en la pin u a sag ada
a icana.
El os o humano ue desposeído de ello po la e olución biológica, a in
de que sus congéne es pudie an lee con acilidad sus exp esiones. El os o
humano es el luga a la ez más ín imo y más ex e io de un suje o, el que a-
duce más di ec amen e y de modo más complejo su in e io idad psicológica
y ambién el que padece más coe ciones públicas: el elo que apa el os o
emenino en el islam, po ejemplo, con i ma una obse ación de F eud, en el
sen ido de que allí donde hay una p ohibición es po que exis e un deseo.
Mien as que a mucha gen e le iolen a llo a en público y no es á bien is o
eí es uendosamen e en una ce emonia se ia. El os o es, a la ez, la sede de
la e elación y de la simulación, de la indisc eción y de la ocul ación, de la
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espon aneidad y del engaño. No o a cosa exp esa la amosa na iz que se ala -
ga de Pinocho, pues mani ies a el emo uni e sal de que al men i el os o
nos dela e.
El os o es, en de ini i a, un e dade o palimpses o o gánico, y su mo i-
lidad hace que, más que exp esiones, esul e pe inen e conside a sus esul a-
dos como e dade as « ases aciales». El pin o Cha les Le B un, un buen
acionalis a bajo la in luencia de la eo ía de las pasiones de Desca es, es a-
bleció, con sus Con é ences su l’exp ession des passions (1668), una mo ología
de la exp esión acial, una e dade a no ma i a de las exp esiones aciales en
pin u a, que oda ía puede lee se con p o echo. Se a a de una e dade a eo-
ía sin agmá ica, de un epe o io de combinaciones sin ác icas de los signos en
el ó alo acial (cejas, ojos, bocas, e c.), pa a p oduci con sus a iculaciones
ep esen aciones con incen es de es ados emocionales en el homb e. Codi icó
Le B un ein iuna emociones, a sabe : admi ación, es ima, ene ación, éx asis,
desp ecio, ho o , espan o, amo simple, deseo, espe anza, miedo, celos, odio,
is eza, dolo co po al, aleg ía, isa, llan o, cóle a, desespe ación ex ema y
abia.
Pe o ¿po qué decimos que Fe nandel enía un « os o caballuno», Na asha
Kinski un « os o elino», Cha les Laugh on un « os o po cino», And é B e on
un aspec o «aleonado» o Luis Buñuel una apa iencia «ba acia»? Ya en 1586,
Giamba is a Della Po a es ableció, en De humana physiognomia, una analogía
en e el pa ecido ísico de algunos os os humanos con cie os animales,
poniendo de elie e su ca ác e simila . Según él, hab ía os os elinos, o ejunos,
po cinos, e c. De modo que la p oyección imagina ia sob e los os os, a pa i
de algún o algunos asgos ísicos a ines, pe mi e es e ipo de an asías.
Análogamen e, podemos deci que Julia Robe s exhibe una «g an boca aginal»,
que con ibuye a sexualiza su exp esión. Y, desde hace mucho iempo, los a is-
as se han di e ido an opomo izando la apa iencia de los obje os. Así, a la
luna c ecien e o menguan e se le a ibuye en dibujos in an iles un pe il huma-
no, mien as al sol se le do a de un os o on al. Y el pin o y dibujan e alemán
Lyonel Feininge con i ió las achadas de las casas y a un an ía y una
locomo o a, en su so p enden e cómic Wee Willie Winkie’s Wo ld (1906), en
os os humanos (pue a = boca, en anas = ojos, e c.), en una ope ación animis a,
pues con ello sugi ió su pe sonalidad i ien e. Y la misma an opomo ización
se ha ope ado muchas eces al dibuja la pa e on al de au omó iles ( a os =
ojos, gua daba os = boca, e c.). And é B e on, y los su ealis as con él, sab ían
saca buen pa ido de es a o ma peculia de «aza obje i o».
Tan o la exp esión acial como la ges ualidad se asien an en una isiología
uni e sal (es deci , en códigos biológicos de espues as mímicas y compo a-
mien os inna os), sob e la que se supe ponen los códigos cul u ales de cada
sociedad. Y, en es e apa ado, en a ían las dis inciones del mundo u al y del
mundo u bano, o de las cos umb es di e enciadas de los sicilianos, alemanes,
japoneses, mexicanos o usos. Es deci , las e e idas a una «dialec ización» de la
exp esión acial y ges ual. Es a impo an e dis inción se supe pone a la de
lo espon áneo (in olun a io) y lo ingido ( olun a io) en la exp esión humana.
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Al e e i nos a las di e enciaciones cul u ales hay que eco da que el p o-
es an ismo p i ilegió, en con as e con el ca olicismo, la ida in e io , el diá-
logo con Dios sin in e media ios, a o eciendo la in o e sión sob e la ex o-
e sión, mien as que el ca olicismo omano p i ilegió la ex e io ización de la
culpa, median e la con esión. El os o impá ido, es imoniando el con ol de
las pasiones y de las emociones, se con i ió así en un a ibu o ca ac e ís ico
de la i uosidad p o es an e, mien as que la ex o e sión y la g an mo ilidad
acial —que dela aba al a de con ol de las emociones y ulne abilidad al peca-
do— ue p opia del ca olicismo. Pe o los jesui as, desde la Con a e o ma,
ambién alo a on la au o ep esión psicológica, y uno de sus más ilus es
miemb os, Bal asa G acián, p esc ibió la impasibilidad acial como i ud
pública en El co esano. La palab a impasible signi ica, li e almen e, ‘sin pasio-
nes’. Pe o es bueno eco da que la on e a que sepa a la elegancia dis an e
del impasible del echazo del aci u no es muchas eces ágil. En la ac uali-
dad se u ilizan muchas eces las ga as de sol como másca a de las emociones,
pa a ocul a en público el llan o o los ojos en ojecidos: se a a de un epe o io
común en las o og a ías de la llamada «p ensa del co azón». La iconog a ía
del cine, en cambio, ha ecu ido muchas eces a las ga as de sol como a i-
bu o de los pe sonajes dobles o hipóc i as, que quie en ocul a a iesamen e
sus in enciones malé olas, como hace F ançois Pé ie en su con on ación con
la inocen e Giulie a Massina en Las noches de Cabi ia (1957), de Fede ico
Fellini.
En nues os días el os o se ha con e ido en obje o p i ilegiado de las
indus ias del deseo (cosmé ica, peluque ía, ci ugía es é ica, e c.) y del espec-
áculo. Y se han desa ollado muchas écnicas pa a a o ece lo. Desde 1917,
en su a ículo Wha I Demand o Mo ie S a s, D.W. G i i h eo izó ace ca de
la o ogenia de los os os, p imando las cualidades de la ez cla a y de las ac-
ciones angulosas, que pe mi ían e lexiones lumínicas ní idas. En el ondo, y al
ez sin sabe lo G i i h, e a una eo ía que p imaba a la belleza (o exp esi i-
dad) del a que ipo anglosajón sob e el a que ipo la ino, de ez mo ena.
Pe o, ya en el cine mudo, los ope ado es o og a iaban muchas eces a las
es ellas con un halo de con aluz, pa a di iniza las, como en las es ampas eli-
giosas adicionales. El a amien o lumínico de William Daniels del os o de
G e a Ga bo esul ó, po ejemplo, magis al. Po en onces ya odas las es ellas
sabían que enían un lado del os o más a o ecido que el o o y p ocu aban
impone su c i e io a sus di ec o es y ope ado es. Fue en onces cuando se acuñó
el concep o de glamou , asociado a la a acción de los os os en la o og a ía en
blanco y neg o, un concep o que luego se banaliza ía en la publicidad come -
cial y en el lenguaje co ien e: en nues os pagos se asegu a aho a que ulano o
ulana son o no son glamu osos. Las écnicas de ealce acial se ue on so is icando
en los años cincuen a, a con aco ien e de los o ma os dis o sionado es de
los ala gados scopes —de eso sabía mucho nues o Nés o Almend os—, y
Hen y Fonda, po ejemplo, al oda p ime os planos, hacía coloca jun o a su
os o una pequeña luz, de modo que al mi a la se con e ía en un o ogénico
des ello en sus ojos.
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Pe o la p odigalidad mediá ica ac ual de las es ellas, modelos y igu as públi-
cas ha c eado ambién una nue a casuís ica ju ídica. En mayo de 1996, la mode-
lo Claudia Schi e desap obó que Mel Ramos, una celeb idad del pop a , la
pin ase desnuda den o de un ho dog o de una copa de e mu . Un ibunal
de Hambu go o denó descolga es os cuad os de una gale ía, po conside a
que esul aban o ensi os y a en aban con a su ida p i ada, p ohibiendo ade-
más su ep oducción en el ca álogo. Resul ó se una sen encia in e esan e ace -
ca del de echo a la p opia imagen (aunque al imagen no uese indicial, o au en-
i icado a, como lo es la o og á ica) y es ableció que la an asía de los a is as es
lib e mien as pe manezca en sus cabezas, pe o que es á suje a a limi aciones
cuando se plasma ma e ialmen e en o ma de exp esión icónica.
Román Gube n, doc o en De echo, ha desplegado amplia ac i idad en el seno de la indus-
ia, la in es igación y la pedagogía de los medios audio isuales. Ha abajado como in es-
igado de la comunicación de masas en el Massachuse s Ins i u e o Technology y ha sido
p o eso de cinema og a ía en la Uni e sidad de Sou he n Cali o nia (Los Ángeles).
Ac ualmen e eje ce como ca ed á ico de la Uni e si a Au ònoma de Ba celona.
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