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Resum El autor parte de los conocimientos de los estudios internacionales más importantes que se han hecho sobre espacio público, comunicación política y opinión pública. De una forma especial, se basa en la teoría normativa de Jürgen Habermas. Con este bagage se plantea el caso muy particular de la democracia en America Latina. Las dificultades que ha sufrido históricamente la implantación de la democracia en este ámbito geográfico y cultural, cree que se deben ir a buscar en la debilidad de la sociedad civil de los diferentes países del subcontinente, más que ern la perversidad de sus oligarquías y ejércitos. El autor se plantea, asimismo, los caminos que emprende la política en la así llamada globalización, a la vez que constata el hundimiento de los mediadores en la política y en la cultura. En el texto también se intenta esbozar cómo es y será en un futuro inmediato la nueva esfera pública en la sociedad red. Cómo se articularan las relaciones comunicativas telemáticas con los diferentes mundos de la vida dentro de los cuales se crean los significados. Se afirma que la existencia de las tecnologías comunicativas actuales en la configuración de la esfera pública exigen que se hagan cambios importantes en las mentalidades, en los lenguajes y en el diseño de políticas. Porque, ¿cómo mantener la racionalidad discursiva que exige la opinión pública con un sistema comunicativo en que la imagen tiene un papel primordial? El autor hace, finalmente, un llamamiento a que nadie caiga en el error de considerar que las tecnologías pueden ser neutras, ya que son el lugar donde se concentran los intereses económicos y políticos. Palabres clave: opinión pública, esfera pública, sociedad red, América Latina, comunicación en la red, globalización, mundos de la vida, economía, política. Abstract. Reconfigurations of the public sphere through communication The author takes as his starting-point the knowledge obtained from major international studies on public space, political communication and public opinion, in particular the normative theory of Jürgen Habermas. Within this context, he considers the very special case of democracy in Latin America. According to the author, the historical difficulties attending the implementation of democracy in this geographical and cultural area derive from the weakness of civil society in the various countries on the subcontinent, rather than from the perverse nature of its oligarchies and military structures. The author examines the political paths of the so-called globalization era, as well as noting the collapse of political and cultural mediators. Anàlisi 26, 2001 71-88 Reconfiguraciones comunicativas de lo público Jesús Martín Barbero ITESO. Departamento de Estudios Socioculturales Guadalajara. México Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 71
The text attempts to outline the nature of the new public sphere, both at the present time and in the immediate future, in the context of the network society and how telematic communications will interrelate with the various spheres of life which give rise to meaning. It is argued that the place of current communication technologies in the configuration of the public sphere requires major changes in terms of political attitude, language and design. How can the rational discourse demanded by public opinion be maintained in a communication system where image plays an overriding role? Finally, the author cautions us not to make the mistake of thinking that technologies can be neutral, since they are a focus for economic and political interests. Key words: public opinion, public sphere, network society, Latin America, network communication, globalization, spheres of life, economy, politics. Si el tema de la opinión pública ha tomado importancia en la literatura política contemporánea, es porque en todas partes han entrado en crisis tanto las antiguas identificaciones —que conllevan criterios de juicio semejantes sobre cuestiones muy diferentes— como la delegación a grupos, partidos o sindicatos, de la tarea de indicar cómo se aplicaban tales criterios. En el sentido moderno, la afirmación de la opinión pública supone el reconocimiento de que todos pertenecen a una humanidad común, al mismo tiempo que el reconocimiento de la diversidad de intereses y opiniones. Daniel Pecaut Si hay un escenario en el que se hagan visibles los muy diversos y contradictorios elementos que componen hoy la vida política es el que nos ofrece la opinión pública. En ella convergen la racionalidad de las encuestas, y sus cálculos de probabilidad, con las artimañas de los sondeos de toda laya, a toda hora desde todos los medios. Y convergen también restos de las ideologías y las convicciones de los militantes de partido con las emociones y los sentimientos que los medios suscitan en las audiencias, a las que encauzan hacia una determinada posición. Nunca la adscripción filosófica griega de la opinión al mundo de la vida inmediata, y la pre-visión de G. Tarde al ubicar la opinión pública en el ámbito de las creencias y la comunidad creada por los medios, fueron tan actuales y certeras. La cínica interrogación de J. Baudrillard ¿puede opinar la masa?, ¿son acaso las masas representables?, y su respuesta: ni son reprensentables ni capaces de expresión, son sólo sondeables, nos abocan —más allá 72 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero Sumario 1. La esfera pública entre la opinión y la publicidad 2. Cuando lo público es fagocitado por lo estatal 3. Globalización y crisis de la representación 4. Metamorfosis de lo público en la era de la información Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 72
de que hoy ya no esté de moda en la academia hablar de masas— a una cuestión de fondo: la opinión pública, ¿puede sobrevivir al vaciado simbólico de la política y a su incapacidad de convocar, interpelar/construir sujetos sociales? Porque entonces ya no le quedaría sino la función de integración mediante la fabricación del consenso, y de legitimación del día a día de un poder sin demanda de sentido. Es ésa la cuestión que atraviesa y vertebra esta reflexión, hecha además desde un país en el que grandes sectores sociales no tienen aún otra forma de expresar su opinión que a tráves de gestos colectivos, como las manifestaciones urbanas silenciosas o el bloqueo de calles y carreteras. Con la densa, contradictoria ambigüedad, que carga todo gesto, y aun más donde esos gestos obedecen, o pueden obedecer cotidianamente, a los más distintos fines y motivaciones. 1. La esfera pública entre la opinión y la publicidad La formación inicial de la «esfera pública burguesa» es entendida por J. Habermas como la aparición de aquella instancia «mediante la cual el interés público de la esfera privada en la sociedad burguesa deja de ser percibido exclusivamente por la autoridad y comienza a ser tomado en consideración como algo propio por los súbditos mismos»1. Lo que emerge en la «esfera pública» es un nuevo modo de asociación no vertical —como el que se forma desde el Estado— y del que hacen parte originariamente sólo los que tienen instrucción y propiedad. Condición que lastrará a futuro esa esfera, pues no será capaz de resolver el dilema que entraña: la traducción de la voluntad general en razón universal no hará sino traducir el interés general en argumentos privados identificando el espacio político con el espacio público burgués. Un siglo después la esfera pública es redefinida por la presencia de las masas urbanas en la escena social, cuya visibilidad remite a la transformación de la política que, de un asunto de Estado, pasa a convertirse en «esfera de la comunidad, la esfera de los asuntos generales del pueblo». De otro lado, la visibilidad política de las masas va a responder también a la formación de una cultura-popular-de-masa: los dispositivos de la massmediación articulan los movimientos de lo público a las tecnologías de la fábrica y del periódico, al mismo tiempo que la aparición de la rotativa, gracias a la cual se amplía el número de ejemplares impresos, abarata los costos y reorienta la prensa hacia el «gran público». La publicidad, en el sentido habermasiano, va a conectar entonces dos discursos. El de la prensa que ensambla lo privado en lo público a través del debate entre las ideologías y la lucha por la hegemonía cultural; y el de la propaganda comercial que transviste de interés público las intenciones y los intereses privados. A caballo entre ambos discursos se produce el desdoblamiento que lleva de lo público al público que conforman los lectores y los espectadores de las diversas manifestaciones culturales. Reconfiguraciones comunicativas de lo público Anàlisi 26, 2001 73 1. J. HABERMAS, Historia y crítica de la opinión publica. Barcelona: G. Gili, 1981, p. 171. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 73
Pero la figura más plenamente comunicacional de lo público es la opinión pública. Ésta es entendida originariamente como la acción que se oponía a la práctica del secreto, propia del Estado absolutista, y será después el principio de la crítica como derecho del público a debatir las decisiones políticas, esto es el debate ciudadano: espacio de articulación entre la sociedad civil y la sociedad política, entre conflicto y consenso. Ya a mediados del siglo XIX, Tocqueville introduce otra versión de la opinión pública2, la voluntad de las mayorías, relegando a un segundo plano la libertad individual de los ciudadanos, con todo lo que ello implicará de contradicciones para una democracia en la que lo cuantitativo pesará siempre más que lo cualitativo. Unos pocos años después, Gabriel Tarde reubica definitivamente la idea de opinión pública en el ámbito de la comunicación al analizar el cruce de la transformación de las creencias de la muchedumbre3en opinión política y el desarrollo del medio en que ésta se expresa, la prensa. Lo que interesa a Tarde es el nuevo tipo de colectividad que emerge —el público— como efecto psicológico de la difusión de la opinión. Ese efecto va a ser el desplazamiento de la legitimidad de lo político desde afuera hacia dentro. Habermas ve ahí el punto de sutura de aquella esfera pública que surgió con la entrada en la política de las masas de desposeídos: la desprivatización radical de esa esfera ha ido destruyendo las bases de la publicidad burguesa, borrando los linderos entre Estado y sociedad. La recomposición de la hegemonía «acabó arruinando la vieja base de lo público sin dotarla de una nueva»4. No es otro el caso que, cambiando de siglo, analizará J. Baudrillard, y del que emergerá su proclama sobre «la implosión de lo social en la masa» y el fin de lo político. Pues «ya no es posible hablar en su nombre [el de las masas], ya no son una instancia a la que nadie pueda referirse como en otro tiempo a la clase o al pueblo»5. Sin los radicalismos de Baudrillard, la reflexión de R. Sennet sobre el declive del hombre público acaba con otra proclama: «el espacio público es un área de paso, ya no de permanencia»6. La crisis de lo público es, por un lado, la razón del repliegue hacia la privacidad de la familia y la intimidad del individuo y, por otro, ese repliegue apunta a una transformación general de las relaciones sociales. La «sociedad del riesgo»7de que habla U. Beck recoloca esa transformación en el territorio conformado por la crisis que amenaza a las grandes instituciones que la modernidad industrial convirtió en la fuente del sentido de lo público —y del significado de la vida personal—, el trabajo y la política. Que es la propia privacidad/intimidad de los individuos la que sufre de, a la que ha tocado, la ausencia de sentido en que se precipita lo público, es lo que plantea bien claramente el que varios de los 74 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero 2. A. de TOCQUEVILLE, De la démocratie en Amerique. París: Gallimard, 1950, vol. 2, p. 215. 3. G. TARDE, L’Opinion et la Foule. París: Alcan, 1901. 4. J. HABERMAS, obra citada, p. 205. 5. J. BAUDRILLARD, A la sombra de las mayorías silenciosas. Barcelona: Kairos, 1978, p. 29 y s. 6. R. SENNET, El declive del hombre público, 23, Barcelona: Península, 1978. 7. U. BECK, La sociedad del riesgo. Barcelona: Paidos, 1998, p. 95-191. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 74
últimos libros de sociólogos de la talla de A. Giddens y Z. Bauman8estén dedicados a examinar las mutaciones que atraviesan esos tradicionales espacios de sentido. No es extraño que, en una sociedad descentrada como la actual —en la que ni el Estado, ni la Iglesia, ni los partidos políticos, pueden ya vertebrarla— y estructuralmente mediada por la presencia de un entorno tecnológico productor de un flujo incesante de discursos e imágenes, lo público se halle cada día más identificado con lo escenificado en los medios, y el público —cada vez más lejano del pueblo—, con sus audiencias. La opinión púbica que los medios fabrican con sus encuestas y sondeos tiene así cada vez menos de debate y crítica ciudadanos y más de simulacro: sondeada —sometida a un montón de sondeos diarios— la sociedad civil, pierde su heterogeneidad y su espesor conflictivo para reducirse a una existencia estadística. Y el vacío social de la representación facilitará la asimilación del discurso político al modelo de comunicación hegemónico, esto es, el que proponen la televisión y la publicidad. 2. Cuando lo público es fagocitado por lo estatal Podría narrarse la historia de América Latina como una continua y recíproca «ocupación del terreno». No hay una demarcación estable, reconocida por todos. Ninguna frontera física y ningún límite social otorgan seguridad. Así nace y se interioriza de generación en generación un miedo ancestral al invasor, al otro, al diferente, venga de arriba o de abajo. Norbert Lechner Mirando desde América Latina, el espacio público aparece históricamente confundido con, o subsumido en, lo estatal. Cuando el orden colectivo se percibe precario, y es a la vez idealizado como algo preconstituido ontológicamente —no construido política y cotidianamente—, la heterogeneidad de lo social aparece como disgregación y ruptura del orden9. El autoritarismo en América Latina no puede ser entonces comprendido como una tendencia perversa de sus militares o de sus políticos, responde a la precaridad de la sociedad civil y a la complejidad de mestizajes que contiene. De ahí la tendencia a hacer del Estado nación la figura que contrarreste en forma vertical y centralista las debilidades societales y las fuerzas de la dispersión. Definido Reconfiguraciones comunicativas de lo público Anàlisi 26, 2001 75 8. A. GIDDENS, La transformación de la intimidad. Madrid: Cátedra, 1995; del mismo autor: Modernidad e identidad del yo. Barcelona: Península, 1997; Z. BAUMAN, Le sfide dell’etica. Milán: Feltrinelli, 1993; del mismo autor: Il teatro dell’inmortalitá. Moralitá, inmortalitá e altre strategie di vita. Bolonia: Il Mulino, 1995. 9. N. LECHNER, Los patios interiores de la democracia. Santiago: Flacso, 1988, p. 99. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 75
por los populismos en términos de lo telúrico y lo racial, de lo auténtico y lo ancestral, lo nacional no tiene historia o sólo una historia legendaria de héroes y arquetipos; lo que ha significado la permanente sustitución del pueblo por el Estado y el protagonismo de éste en detrimento de la sociedad civil10. La preservación de la identidad nacional se confunde con la preservación del Estado, y la defensa de los «intereses nacionales», puesta por encima de las demandas sociales, acabará justificando —como lo hizo en los años setenta la «doctrina de la seguridad nacional»— la suspensión/supresión de la democracia. Los países de América Latina tienen una larga experiencia de esa inversión de sentido, mediante la cual la identidad nacional es puesta al servicio de un chauvinismo que racionaliza y oculta la crisis del Estado nación como sujeto capaz de hacer real aquella unidad que articularía las demandas y representaría los diversos intereses que cobija su idea. Crisis disfrazada por los populismos y los desarrollismos pero operante, pues las naciones se formaron subordinando toda diferencia a un Estado que, más que integrar, lo que supo fue centralizar. Hasta hace bien poco el debate político y cultural se movía en Latinoamérica entre «esencias nacionales e identidades de clase»11. Fue sólo a partir de la crisis que, para esa visión, significaron los regímenes dictatoriales de los años setenta cuando se vino a poner en cuestión el modelo que exigía disolver el ambiguo espesor de lo social, lo colectivo, lo público, como condición indispensable de la construcción de la nación. Después de años en que la mayoría de los países de la región estuvieron bajo regímenes autoritarios, América Latina se reencuentra en los ochenta con la democracia. Pero ese reencuentro se produce en un momento dominado por la agudización de los conflictos sociales que acarrea la deuda externa y el inicio de los procesos de globalización económica, por la desestructuración política del mundo socialista y la crisis de identidad ideológica de las democracias occidentales, y por la envergadura cultural del desarrollo tecnológico. La reflexión latinoamericana comienza a hacerse cargo de la necesidad de redefinir lo público a partir de la experiencia límite que enfrentaron los países dominados por dictaduras, esto es desde los modos en que la sociedad se comunica cuando el poder rompe las reglas mínimas de la convivencia democrática y estrangula la libertad y los derechos ciudadanos censurando, destruyendo, amordazando los medios hasta convertirlos en mera caja de resonancia a la voz del amo12. Las gentes de las comunidades barriales o religiosas, y las asociaciones profesionales, redescubren la capacidad comunicativa que contie76 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero 10. A. FLIFISCH y otros, Problemas de la democracia y la política democrática en América Latina. Santiago: Flacso, 1984; N. LECHNER (ed.), Estado y política en América Latina. México: Siglo XXI, 1981. 11. H. SÁBATO, «Pluralismo y nación», Punto de vista 34. Buenos Aires, 1989, p. 2; también: H. SCHMUCLER, «Los rostros familiares del totalitarismo: nación, nacionalismo y pluralidad», Punto de vista 33, Buenos Aires, 1988. 12. N. CASULLO (coord.), Comunicación: la democracia difícil. Buenos Aires: Ilet, 1985. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 76
nen las prácticas cotidianas y los canales subalternos o simplemente alternos: del recado que corre de voz en voz al volante mimeografiado, al casette-audio o el video difundidos de mano en mano, hasta el aprovechamiento de los resquicios que deja el sistema oficial. En esa situación la sociedad descubre la competencia comunicativa como la capacidad de convocatoria y conformación de la sociedad civil. Pero al cambiar la situación y redefinirse los términos de la representatividad política y la participación social, la eficacia de aquellos modos de comunicación cambiarán también. Es por eso que las experiencias alternativas no han aportado tanto como algunos esperaban a la hora de traducirlas en propuestas de transformación del sistema de comunicación institucional. Pero el reconocimiento de esa incapacidad no borró lo que la experiencia límite sacó a flote: la reubicación del peso y el valor político de la comunicación en el espacio de lo público y de las multiples figuras de la sociedad civil, de sus propios modos de organización, y de su capacidad de construir la interpelación política en el intertexto de cualquier discurso —informativo, estético, religioso, científico—, en suma, del sentido estratégico que tuvo la comunicación en la reconstrucción del tejido de una socialidad democrática: que es aquélla en la que cuentan más las dinámicas de los actores sociales que la de los aparatos ideológicos o técnicos, y la creatividad social de los movimientos más que la maquinaria de los partidos. De otra parte, estas sociedades asisten al desmoronamiento de unos mediadores tradicionales tanto política como culturalmente desubicados. Y frente a esa desubicación, los comunicadores saltan al primer plano suplantando en muchos casos a los intelectuales. Pero al obtener su legitimación del lugar estratégico que la mediación tecnológica ocupa en la reordenación de la cultura y la política, los comunicadores resultan inacapaces de valorar el tiempo largo en que se producen los cambios de la sociedad, quedando atrapados en una «actualidad» devorada por el presente inmediato y la rentabilidad informacional. Acomodados a la nueva situación, que los dota de poder y en algunos casos de los más altos sueldos, los comunicadores asumen un protagonismo que distorsiona radicalmente su oficio de mediadores y los configura como el más fuerte «grupo de opinión», pasando así a sustituir a la opinión pública. Y ello a partir del empate entre los intereses que sostienen su poder y una pseudocultura del gremio, hecha de sondeos informales y tendenciosos, de manipulaciones de la primicia informativa, y en la que no cabe más país que el de la política tal como entre ellos se entiende. Es decir, una política en la que caben los avatares de los ministros y los congresistas, pero de la que se halla ausente el mundo del ciudadano: el de los movimientos sociales, las organizaciones barriales, el ancho mundo de las luchas cotidianas que van desde el feminismo hasta la ecología, pasando por las nuevas sensibilidades desde las que los jóvenes gritan o pintan sobre la piel de la ciudad su malestar político y su desazón ética. Reconfiguraciones comunicativas de lo público Anàlisi 26, 2001 77 Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 77
3. Globalización y crisis de la representación Quizá la política no sea ya lo que imaginábamos hasta hace poco que era, y la gente no esté dispuesta a seguir invirtiendo tiempo y energía en los ritos de marcha, la concentración y el desfile o los actos de identificación colectiva. Es probable que al aumentar los niveles educacionales de los ciudadanos y extenderse la comunicación de imágenes televisadas, al enfriarse la contienda ideológica y dilatarse los derechos del individuo, al perder gravitación los partidos y diversificarse los derechos de la gente, la política cambie de ubicación y sentido. José Joaquin Brunner El globo ha dejado de ser una figura astronómica para adquirir plenamente significación histórica, afirma el sociólogo brasileño O. Ianni13. Pero esa significación es aún profundamente ambigua y hasta contradictoria. ¿Cómo entender los cambios que la globalización produce en nuestras sociedades sin quedar atrapados en la ideología mercantilista que orienta y legitima su actual curso, o en el fatalismo tecnológico que legitima el desarraigo acelerado de nuestras culturas? Identificada por unos con la única gran utopía posible, la de un sólo mundo compartido, y por otros con la más terrorífica de las pesadillas, la de la sustitución de los hombres por las técnicas y las máquinas, la globalización pesa tanto o más sobre el plano de los imaginarios cotidianos de la gente que sobre el de los procesos macrosociales. Hay, sin embargo, algunas dimensiones de la globalización que sí empezamos a comprender, y son justamente aquéllas que atañen a la transformación en los modelos y los modos de la comunicación. Entender esas transformaciones nos exige, en primer lugar, un cambio en las categorías con que pensamos el espacio. Pues al transformar el sentido del lugar en el mundo, las tecnologías de la información y la comunicación están haciendo que un mundo tan intercomunicado se torne sin embargo cada día más opaco. Una opacidad que remite, de un lado, a que la única dimensión realmente mundial hasta ahora es el mercado, que más que unir lo que busca es unificar14, y lo que hoy es unificado a nivel mundial no es el deseo de cooperación, sino el de competitividad. Y, de otro lado, la opacidad remite a la densidad y compresión informativa que introducen la virtualidad y la velocidad en un espacio mundo hecho de redes y flujos, más que de encuentros. Un mundo así configurado debilita radicalmente las fronteras de lo nacional y lo local, al mismo tiempo que convierte esos territorios en puntos de acceso y transmisión, de activación y transformación del sentido del comunicar. Y, sin 78 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero 13. O. IANNI, Teorías de la globalización. México: Siglo XXI, 1996, p. 3. 14. SANTOS, M. «Espaço, mundo globalizado, pos-modernidade», Margen 2. Sao Paulo, 1993, p. 9-22; del mismo autor, A natureza do espaco: técnica e tempo. Sao Paulo: Hucitec, 1996. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 78
embargo, nos sigue siendo imposible habitar el mundo sin algún tipo de anclaje territorial, de inserción en lo local. Ya que es en el lugar, en el territorio, donde se despliega la corporeidad de la vida cotidiana y la temporalidad —la historia— de la acción colectiva, que son la base de la heterogeneidad humana y de la reciprocidad, rasgos fundantes de la comunicación humana, lo cual exige plantear que el sentido de lo local no es unívoco. Pues uno es el que resulta de la fragmentación, producida por la deslocalización que entraña lo global, y otro la revalorización de lo local como ámbito donde se contrarresta (o complementa) la globalización, su autorrevalorización como derecho a la autogestión y la memoria propia, ambos ligados a la capacidad de construir relatos e imágenes de identidad, lo que no puede confundirse con la regresión a los particularismos y los fundamentalismos racistas y xenófobos que, aunque motivados en parte por la misma gobalización, acaban siendo la forma más extrema de la negación del otro, de todos los otros. Estamos entonces necesitados de diferenciar las lógicas unificantes de la globalización económica de las que mundializan la cultura. Pues la mundialización cultural no opera desde afuera sobre unas esferas dotadas de completa autonomía, como serían las de lo nacional o lo local. «Sería impropio hablar de una “cultura mundo” cuyo nivel jeráquico se situaría por encima de las culturas nacionales o locales. El proceso de mundialización es un fenómeno social total, que para existir se debe localizar, enraizarse, en las prácticas cotidianas de los hombres»15. La mundialización no puede entonces confundirse con la estandarización de los diferentes ámbitos de la vida, que fue lo que produjo la revolución industrial. Ahora nos encontramos ante otro tipo de proceso, que se expresa en la cultura de la modernidad mundo, que es una nueva manera de estar en el mundo, de la que hablan los hondos cambios producidos en el mundo de la vida: en el trabajo, la pareja, el vestido, la comida, el ocio. Y en los nuevos modos de inserción en, y percepción de, el tiempo y el espacio, con todo lo que ellos implican de descentralización que concentra poder y del desarraigo que empuja las culturas a hibridarse. Que es lo que sucede cuando los medios de comunicación y las tecnologías de la información se convierten en productores y vehículos de la mundialización de imaginarios ligados a músicas e imágenes que representan estilos y valores desterritorializados, y a los que corresponden también nuevas figuras de memoria. La mundialización de la cultura reconfigura también el sentido de la ciudadanía: «De tanto crecer hacia fuera, las metrópolis adquieren los rasgos de muchos lugares. La ciudad pasa a ser un caleidoscopio de patrones y valores culturales, lenguas y dialectos, religiones y sectas, etnias y razas. Distintos modos de ser pasan a concentrarse y convivir en el mismo lugar, convertido en síntesis del mundo»16. Al mismo tiempo, vemos aparecer la figura de una ciuReconfiguraciones comunicativas de lo público Anàlisi 26, 2001 79 15. R. ORTIZ, «Cultura e modernidade-mundo», en Mundializaçao e cultura. Sao Paulo: Brasiliense, 1994, p. 71 y s. 16. O. IANNI, «Naçao e globalizaçao», en A era do globalismo,Civilizaçao Brasileira. Rio de Janeiro, 1996, p. 97-125. Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 79
que posibilita fidelidades más móviles y colectividades más abiertas. Y en lo que al discurso respecta, la nueva visibilidad social de la política cataliza el desplazamiento del discurso doctrinario, de carácter abiertamente autoritario, a una discursividad si no claramente democrática, hecha al menos de ciertos tipos de interacciones e intercambios con otros actores sociales. De ello son evidencia tanto las encuestas o sondeos masivos con los que busca legitimar el campo de la política como la proliferación creciente de observatorios y veedurías ciudadanas. Resulta bien significativa esta, más que cercanía fonética, articulación semántica entre la visibilidad de lo social que posibilita la constitutiva presencia de las imágenes en la vida pública y las veedurías como forma actual de fiscalización e intervención de los ciudadanos. De otra parte, el vacío de utopías que atraviesa el ámbito de la política se ve llenado en los últimos años por un cúmulo de utopías provenientes del campo de la tecnología y la comunicación: «aldea global», «mundo virtual», «ser digital», etc. Y la más engañosa de todas, la «democracia directa», atribuyendo al poder de las redes informáticas la renovación de la política y superando de paso las «viejas» formas de la representación por la «expresión viva de los ciudadanos», ya sea votando por Internet desde la casa o emitiendo telemáticamente su opinión. Estamos ante la más tramposa de las idealizaciones, ya que en su celebración de la inmediatez y la transparencia de las redes cibernéticas lo que se está minando son los fundamentos mismos de «lo público», esto es, los procesos de deliberación y de crítica, al mismo tiempo que se crea la ilusión de un proceso sin interpretación ni jerarquía, se fortalece la creencia en que el individuo puede comunicarse prescindiendo de toda mediación social, y se acrecienta la desconfianza hacia cualquier figura de delegación y representación. Hay sin embargo, en no pocas de las proclamas y búsquedas de una «democracia directa» via Internet, un transfondo libertario que apunta a la desorientación en que vive la ciudadanía como resultado de la ausencia de densidad simbólica y la incapacidad de convocación que padece la política representativa. Transfondo libertario que señala tambien la frustración que produce, especialmente entre las mujeres y los jóvenes, la incapacidad de representación de la diferencia en el discurso que denuncia la desigualdad. Devaluando lo que la nación tiene de horizonte cultural común —por su propia incapacidad de articular la heterogeneidad, la pluralidad de diferencias de las que está hecha—, los medios y las redes electrónicas se están constituyendo en mediadores de la trama de imaginarios que configura la identidad de las ciudades y las regiones, del espacio local y barrial, vehiculando así la multiculturalidad que hace estallar los referentes tradicionales de la identidad. Virtuales, las redes no son sólo técnicas, sino también sociales: ahí está el dato duro de que Internet sólo concierne hoy a un 1% de la población mundial, y de que su requisito, el teléfono, nos aboca a paradojas como ésta: ¡hay más líneas telefónicas en la isla de Manhatan que en toda África! Por más que el crecimiento de los usuarios en América Latina sea rápido, los tipos de usos diferencian radicalmente el significado social del estar enchufado a la red. Pues 86 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 86
entre el peso de la información estratégica para la toma de decisiones financieras y la levedad del paseante extasiado ante las vitrinas de los bulevares virtuales hay un buen trecho. Que se hace mucho mayor cuando el crecimiento de la riqueza interior a la red es conectado con la acelerada pauperización social y psíquica que se vive en su exterior: en el lugar desde el que la gente se enchufa a la red. Todo lo cual tiene poco que ver con las tan repetidas y gastadas denuncias de la homogeneización de la vida o la devaluación de la lectura de libros. Pues la virtualidad de las redes escapa a la razón dualista con la que estamos habituados a pensar la técnica, haciéndolas a la vez abiertas y cerradas, integradoras y desintegradoras, totalizadoras y destotalizantes, nicho y pliegue en el que conviven y se mezclan lógicas, velocidades y temporalidades tan diversas como las que entrelazan las narrativas de lo oral, con la intertextualidad de las escrituras y las intermedialidades del hipertexto. La toma de distancia crítica del vértigo en que nos sumergen las innovaciones tecnológicas empieza por romper el espejismo producido por el régimen de inmaterialidad que rige el mundo de las comunicaciones, desde la cultura hasta el dinero, esto es, la pérdida de espesor físico de los objetos, haciéndonos olvidar que nuestro mundo está a punto de naufragar bajo el peso y el espesor de los desechos acumulados de toda naturaleza. Pero, al mismo tiempo, cualquier cambio en esa situación pasa por asumir la presencia y la extensión irreversible del entorno tecnológico que habitamos. Pues no es cierto que la penetración y expansión de la innovación tecnológica en el entorno cotidiano implique la sumisión automática a las exigencias de la racionalidad tecnológica, de sus ritmos y sus lenguajes. De hecho, lo que está sucediendo es que la propia presión tecnológica está suscitando la necesidad de encontrar y desarrollar otras racionalidades, otros ritmos de vida y de relaciones, tanto con los objetos como con las personas, en las que la recuperación de la densidad física y el espesor sensorial son el valor primordial. Y para los apocalípticos —que tanto abundan hoy— ahí estan los usos que de las redes hacen muchas minorías y comunidades marginadas introduciendo ruido en las redes, distorsiones en el discurso de lo global, a través de las cuales emerge la palabra de otros, de muchos otros. Y esa vuelta de tuerca que evidencia en las grandes ciudades el uso de las redes electrónicas para construir grupos que, virtuales en su nacimiento, acaban territorializándose, pasando de la conexión al encuentro, y del encuentro a la acción. Y por más tópico que resulte, ahí está la palabra del comandante Marcos introduciendo (junto con el ruido de fondo que pone la sonoridad de la selva Lacandona) la gravedad de la utopía en la levedad de tanto chismorreo como circula por Internet. El uso alternativo de las tecnologías informáticas en la reconstrución de la esfera pública pasa sin duda por profundos cambios en los mapas mentales, en los lenguajes y los diseños de políticas, exigidos todos ellos por las nuevas formas de complejidad que revisten las reconfiguraciones e hibridaciones de lo público y lo privado. Empezando por la propia complejidad que a ese respecto presenta Internet: un contacto privado entre interlocutores que es a su vez mediado por el lugar público que constituye la red: proceso que a su vez introduce una verReconfiguraciones comunicativas de lo público Anàlisi 26, 2001 87 Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 87
dera explosión del discurso público al movilizar la más heterogénea cantidad de comunidades, asociaciones, tribus, que al mismo tiempo que liberan las narrativas de lo político desde las múltiples lógicas de los mundos de vida, despotencian el centralismo burocrático de la mayoría de las instituciones, y potencian la creatividad social en el diseño de la participación ciudadana. Que nadie se confunda, las tecnologías no son neutras, pues más que nunca ellas constituyen hoy enclaves de condensación e interacción de mediaciones sociales, conflictos simbólicos e intereses económicos y políticos. Pero eso mismo que ellas hacen parte de las nuevas condiciones de entrelazamiento de lo social y lo político, de la formación de la opinión pública y del ejercicio de nuevas formas de ciudadanía. Jesús Martín Barbero es investigador y profesor del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO en Guadalajara, México. Ha sido presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación y catedrático de la Facultad de Humanidades (Departamento de Periodismo) de la Universidad del Valle, en Cali (Colombia). Ha publicado diversos libros de referencia, entre los que destacan Comunicación masiva, discurso y poder (1983) y De los medios a las mediaciones (1993). 88 Anàlisi 26, 2001 Jesús Martín Barbero Anàlisi 26 001-260 7/4/2001 11:32 Página 88