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Cómo construimos el mundo : relativismo, espacios de relación y narratividad

Cabruja i Ubach, Teresa; Íñiguez Rueda, Lupicinio; Vázquez Sixto, Félix

Abstract

Este artículo aborda la construcción narrativa del mundo desde una aproximación psicosocial socioconstruccionista que tiene en su punto de mira la acción social y su carácter dilemático y político. El texto plantea el carácter construido y constructor de la narración en las prácticas comunicativas. En este sentido, tiene un papel fundamental la consideración de la narrativa como dispositivo donde se entrecruzan la dimensión relativista, su creación en la acción conjunta y su carácter pragmático.

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Resumen Este artículo aborda la construcción narrativa del mundo desde una aproximación psicosocial socioconstruccionista que tiene en su punto de mira la acción social y su carácter dilemático y político. El texto plantea el carácter construido y constructor de la narración en las prácticas comunicativas. En este sentido, tiene un papel fundamental la consideración de la narrativa como dispositivo donde se entrecruzan la dimensión relativista, su creación en la acción conjunta y su carácter pragmático. Palabras clave: acción conjunta, dispositivo de verdad, pragmática, relativismo, estrategias narrativas. Abstract. How we construct the world: relativism, relationship spaces and narrative This article approaches the narrative construction of the world from a psycho-social socioconstructionist perspective, focussed on social action and its problematic and political character. The text argues for the constructed and constructive nature of narration in communicative practices. In this sense it is fundamental to consider narrative as a mechanism where its relativist dimension, its creation in joint action and its pragmatic character are interlinked. Key words: joint action, mechanism of truth, pragmatic, relativism, narrative strategies. Anàlisi 25, 2000 61-94 Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Teresa Cabruja Universitat de Girona. Departament de Psicologia [email protected] Lupicinio Íñiguez Félix Vázquez Universitat Autònoma de Barcelona Departament de Psicologia de la Salut i de Psicologia Social Lupicinio[email protected] F[email protected] Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 61 La noción de narrativa1, como todos los conceptos que se han producido en ciencias sociales, posee un carácter polisémico. Si se hace un repaso de los diferentes significados y sentidos que ha recibido esta noción, nos encontramos con tratamientos divergentes e incluso antagónicos. Evidentemente, la lingüística, la hermenéutica y la crítica literaria han sido los campos de conocimiento que mayores contribuciones han hecho a la dilucidación y explicación de esta noción, y es ya aquí que nos encontramos diferentes tratamientos en los que se hacen intervenir distintos niveles de análisis. Así, tenemos los planteamientos de Paul de Man, de Greimas, de Ricoeur, de Bajtín... No obstante, el carácter heurístico que posee la noción de narrativa la ha hecho trascender el ámbito estrictamente lingüístico y discursivo, y ha convertido su utilización en una noción articuladora de diferentes discursos en otras áreas. Así, tenemos por ejemplo la utilización que hacen Lyotard, White, Ferrarotti, Lowenthal... Esta utilización diversa, siendo extraordinariamente positiva y productiva, introduce tal nivel de complejidad en su manejo que podría pensarse que es necesario tratar de precisar qué se entiende por tal noción. Sin embargo, no parece ésta una operación excesivamente interesante ni pertinente para el argumento que queremos desarrollar en este artículo. En efecto, tratar de buscar el verdadero significado de la palabra narrativareduce la noción y le resta su capacidad de elemento de articulación y producción de sentido en los discursos. Parece más oportuno interrogarse por lo que las personas hacen, qué efectos tratan de producir al utilizar narraciones y qué papel desempeña la narrativa en sus relaciones. En este sentido, es oportuno señalar que en las narraciones el manejo de situaciones, conceptos y hechos es un asunto polémico, ya que 62 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 1.Aunque de modo extraordinariamente sintético y sin intención prescriptiva, parece adecuado establecer algunas precisiones conceptuales en relación con las nociones de narratología, narración y narratividad que permitan hacerse una idea aproximada del vasto y complejo dominio en que nos encontramos. Desde nuestro punto de vista, la narratología alude al estudio teórico y metodológico centrado en el análisis de la construcción, regulación y funcionamiento de la narrativa. La narración hace referencia a las prácticas de producción de articulaciones argumentativas organizadas en una trama y enmarcadas en unas coordenadas espaciotemporales. Por último, la narratividad se sitúa en relación con las cualidades que modulan los discursos narrativos atendiendo a sus transformaciones y a sus producciones de sentido en una matriz temporal. Sumario Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 62 1. Narratividad como dispositivo I 2. Narratividad como dispositivo II 3. Acciones narrativas, construcción de factualidad y producción de verdad 4. Una ilustración: la memoria como narración 5. A modo de síntesis Narratividad y psicología social: breve acervo bibliográfico Bibliografía en los discursos no sólo se hace referencia a lo que las cosas son, sino a lo que podrían ser, introduciendo con ello la necesidad de precisar para cada ocasión qué trata de significarse y cómo se persiguen efectos de verdad y/o credibilidad o se conjuran y/o contrarrestan otros discursos. Esto nos remite directamente a la polémica cuestión del relativismo2y a su articulación en términos de verosimilitud-falsedad, realidad-ficción, representación-construcción, etc. Esta cuestión plantea, necesariamente, otra. Cuando nos referimos a la narrativa o, más concretamente, a la utilización de narraciones, ¿estamos aludiendo a la representación de la realidad, a su reflejo o, por el contrario, estamos señalando el carácter construido de la realidad? Parece oportuno plantearse esta interrogación, ya que, dependiendo de nuestra inclinación por una postura u otra, situaremos la noción de narrativa en una posición de centralidad o en una posición de subordinación respecto de los discursos y las prácticas sociales. Todas estas posiciones diferenciadas tienen su propia expresión en la psicología en general, y en la psicología social en particular, ámbito académico y disciplinario desde el que hablamos. En efecto, desde las posturas más convencionales de la psicología social no existen demasiadas dudas al asumir que la narrativa es un aditamento, un ornamento de la representación de la realidad. Es un elemento de mediación necesario, pero en absoluto determinante del significado que adquiera la realidad. Dicho con otras palabras, la realidad posee una existencia incontrovertible y los seres humanos recurrimos a la narración para dar cuenta de la misma. Evidentemente, pueden existir divergencias en cuanto a los relatos, pero éstas siempre serán asumidas como inexactitudes, imprecisiones, errores de percepción o falta de pericia en la utilización del objeto de mediación entre la realidad y nuestras explicaciones de la misma. Es decir, desde estas posturas la realidad es lo que es, con independencia de nuestras explicaciones sobre ella. No obstante, las explicaciones que producimos sobre la realidad son, en muchos casos, tomadas en su «literalidad». No por ser ésta la postura que más dominio y predicamento posee en psicología social es la única existente. Las llamadas «orientaciones críticas» en psicología social3constituyen no sólo un contrapunto, sino una alternativa a la postura más convencional. En éstas, narrativas y narraciones ostentan una posición de centralidad. No se trata de que los seres humanos recurran a una herramienta de mediación para representar el mundo, sino que el mismo mundo y los mismos seres humanos existen en virtud de su construcción lingüística y discursiva4. Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 63 2. EDWARDS, D.; ASHMORE, M.; POTTER, J. (1995). «Death and Furniture: The Rhetoric, Politics and Theology of Bottom Line Arguments against Relativism». History of the Human Science, 8, p. 25-49; RORTY, R. (1979). La filosofía y el espejo de la naturaleza. Madrid: Cátedra, 1983. 3. IBÁÑEZ, T.; ÍÑIGUEZ, L. (eds.) (1997). Critical Social Psychology. Londres: Sage. 4. GERGEN, K.J. (1994). Realidades y relaciones. Aproximaciones al construccionismo social. Barcelona: Paidós, 1996. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 63 Consecuentemente con esta postura se dan algunas de las características que permiten su articulación y que nos parece oportuno enfatizar: — La focalización sobre la dimensión simbólica de lo social: la relevancia que ostentan la creación de significados y la co-construcción de los mismos5. — Una concepción de ser humano como ser propositivo y autodeterminante frente a las concepciones esencialistas y deterministas de las posturas más convencionales y dominantes6. — La importancia de la interpretación como dispositivo relacional fundamental7. Obviamente, la asunción de estas características implica un distanciamiento radical de cualquier planteamiento lineal, unidimensional o exclusivista. El punto de partida es la consideración del mundo social como una construcción erigida en base a significados8. Ello implica el volcarse en el análisis de esa construcción y de esos significados. Para ello, es esencial tener en cuenta diferentes aspectos: — La relevancia de la vida cotidiana y la participación simultánea de las personas en diferentes espacios de relación. — La intersubjetividad: los significados se crean en o provienen de las relaciones. Es decir, las personas actuamos en función de otras, con relación a contextos, significados y producciones sociales (instituciones, costumbres, discursos, prácticas, etc.). — La indexicalidad: un mismo fenómeno cambia de sentido en diferentes situaciones. — La reflexividad: es en la propia relación entre las personas cuando se crea la situación, y es la situación creada la fuente y el tema que propicia la relación. — Los escenarios y las acciones humanas: éstas sólo tienen sentido en marcos sociales, y son estos marcos los que permiten entender los cambios de sentido y/o las elaboraciones y reelaboraciones de significados. — El carácter político de la acción social: ésta es inseparable de la producción de efectos, de las relaciones de poder y de su dimensión ética. 64 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 5. BRUNER, J. (1990). Actos de significado. Madrid: Alianza Editorial. 6. HARRÉ, R. (1979). El ser social. Madrid: Alianza Editorial, 1982; IBÁÑEZ, T. (coord.) (1989). El conocimiento de la realidad social. Barcelona: Sendai. 7. TAYLOR, C. (1971). «Interpretation and the Science of Man». The Review of Metaphysics, 25, 1; TAYLOR, C. (1985). Human Agency and Language. Phylosophical Papers, vol. 1. Cambridge: Cambridge University Press. 8. GERGEN, K. (1985). «The Social Constructionist Mouvement in Modern Psychology». American Psychologist, 40, 3, p. 266-275. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 64 1. Narratividad como dispositivo9I El mundo está atravesado por narrativas y narraciones, pero es precisamente este «atravesamiento» lo que constituye el mundo. En efecto, para hacer inteligible la realidad, los seres humanos necesitamos recurrir a una narración de la misma, pero son a su vez las narraciones y narrativas que se entrecruzan y dialogan entre ellas las que otorgan realidad al mundo en el que vivimos. Cuando nacemos lo hacemos en un mundo ya construido. Esto significa que el lenguaje nos incorpora y nos vamos incorporando al lenguaje mediante la adopción compartida de conceptos y categorías que nos permiten explicar el mundo. Son estos conceptos y categorías que preexisten los que nos permiten ir «asimilando» y dando cuenta de la realidad. Mediante nuestras relaciones y prácticas accedemos a un mundo construido, pero, simultáneamente, contribuimos a su construcción. Esto nos permite establecer una distinción entre dos formas de construcción de la realidad. Como señala Potter: La metáfora de la construcción funciona en dos niveles cuando se aplica a las descripciones. El primero es la idea de que las descripciones y los relatos construyen el mundo, o por lo menos versiones del mundo. El segundo es la idea de que estos mismos relatos y descripciones están construidos. Aquí, «construcción» sugiere la posibilidad de montaje, fabricación, la expectativa de estructuras diferentes como punto final, y la posibilidad de emplear materiales diferentes en la fabricación. Esta noción destaca que las descripciones son prácticas humanas y que podrían ser diferentes. No hay mucho que hacer con el reflejo en un espejo; podemos limpiar el espejo, comprobar que sea plano y liso, pero esto sólo está relacionado con su capacidad de recibir pasivamente una imagen. Sin embargo, una casa es construida por personas, y podría tener tres chimeneas y montones de ventanas, o podría carecer de chimeneas y tener varias contraventanas. Podría construirse a base de cemento, ladrillos o vigas y cristal, y podría ser muy fuerte o más bien frágil. ¿Qué fuerza tiene la construcción en esta metáfora? Según la versión más fuerte de esta metáfora, el mundo literalmente pasa a existir a medida que se habla o se escribe sobre él. ¡Algo totalmente ridículo! Quizá sí, pero yo deseo optar por algo casi igual de fuerte. La realidad se introduce en las prácticas humanas por medio de las categorías y las descripciones que forman parte de esas prácticas. El mundo no está categorizado de antemano por Dios o por la Naturaleza de una manera que todos nos vemos obligados a aceptar. Se construye de una u otra manera a medida que las personas hablan, escriben y discuten sobre él (énfasis nuestro)10. Este mismo proceso de construcción de la realidad social, de construcción del mundo a partir de la narratividad, sus versiones y posibilidades ha conlleCómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 65 9. Entendemos la noción de dispositivo en el sentido que le da FOUCAULT, M. (1976). Historia de la sexualidad. I. La voluntad de saber. Madrid: Siglo XXI, 1984. 10. POTTER, J. (1996). La representación de la realidad. Discurso, retórica y construcción social. Barcelona: Paidós, 1998, p.130. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 65 vado el pasar a considerar de forma radicalmente distinta otros objetos de estudio del campo de la psicología que están, además, íntimamente relacionados. En concreto, aunque no los abordaremos en este texto, nos referimos, por ejemplo, a las construcciones de la «identidad», del «yo», de la «otredad», elaborados en y a través de las múltiples narraciones que nos contamos, nos cuentan y contamos a las otras personas, sobre nuestras vidas y las múltiples narraciones que hemos oído contar de las vidas de las otras personas. Lo cual conduce al interés hacia la forma en la que se convierte en comprensible o inteligible una narración como proceso social de inteligibilidad mutua. En palabras de Gergen: […] las exposiciones narrativas están incrustadas en la acción social; hacen que los acontecimientos sean socialmente visibles y establecen característicamente expectativas para acontecimientos futuros. Dado que los acontecimientos de la vida cotidiana están inmersos en la narración, se van cargando de sentido relatado: adquieren la realidad de «un principio», de «un punto grave», de un «clímax», de un «final», y así sucesivamente11. De ahí que estas exposiciones narrativas proporcionen, además, ciertas formas de inteligibilidad de las emociones, identidades, acciones, etc. en el tiempo; estableciendo ciertas secuencias que participan directamente en su comprensión y que, a su vez, las constituyen. Ya sean narraciones «identitarias», memorísticas u otras, todas ellas contienen de algún modo un sentido de continuidad, o si se quiere también de discontinuidad, que actúa integrando las acciones en pasado, presente y futuro y dotándolas de cierta consistencia y secuenciación. En definitiva, incorporando y creando el tiempo del relato. De hecho, la narración procura una unidad de visión que recoge los acontecimientos y los fuerza a entrar en una continuidad que no es sino la de la misma escritura12. El tiempo supone la producción de cambios en tanto que, en los diferentes momentos históricos, se promueven unas modalidades narrativas frente a otras. Además, permite la creación de las bases que posibilitan la selección y ordenación de los componentes del relato, así como el hecho de que sea posible tomar una forma lineal concreta, entendida, por ejemplo, como «cambios evolutivos a lo largo del tiempo» que incorpora cualquier trama13. Objetividad y verdad como construcción narrativa Prestar atención a cómo construimos el mundo requiere que no omitamos cómo se construye el mundo justamente desde discursos y prácticas sociales 66 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 11. GERGEN, K.J. (1994). Realidades y relaciones. Aproximaciones al construccionismo social. Barcelona: Paidós, 1996. p. 232. 12. LOZANO, J. (1987). El discurso histórico. Madrid: Alianza Editorial. 13. GERGEN, K. (1994), op. cit., p. 242. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 66 que ocupan un lugar de enunciación privilegiado. Así pues, la construcción del mundo o incluso las construcciones del mundo que provienen de la ciencia contienen ciertas características que ya han sido objeto de estudio y de explicitación por parte de las teorías más recientes de la sociología del conocimiento científico14, la epistemología feminista15 y la psicología discursiva16, entre otras, mostrando su retórica, sus sesgos y sus efectos. ¿Qué relatos nos proporcionan sobre el mundo estos discursos erigidos en verdaderos? ¿con qué consistencia y poder? ¿cómo afectan al funcionamiento social? Estas y otras preguntas nos conducen hasta el análisis de cómo se construye lo objetivo y lo verdadero, cómo ello va más allá de señalarles un carácter ideológico y cómo, consecuentemente, las relaciones entre narración, ciencia y sociedad merecen, aunque sea breve, un pequeño comentario. Entre ellas toman especial relevancia la consideración de la objetividad y la verdad como construcciones narrativas y sus supuestas funciones referenciales como elementos de intercambio comunicativo insertos en una poderosa comunidad, como es la científica17. Los trabajos de Foucault18 sobre las prácticas discursivas y las relaciones de poder, o los de Lyotard19 sobre la condición postmoderna en tanto que incredulidad hacia «las metanarrativas»20 son extraordinarias aportaciones en tanto Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 67 14. LATOUR, B. (1987). Science in Action. Milton Keynes: Open University Press; LATOUR, B.; WOOLGAR, S. (1986). Laboratory Life: The Construction of Scientific Facts, 2ª ed. Princeton, N.J.: Princeton University Press.; WOOLGAR, S. (1988). Ciencia: abriendo la caja negra, Barcelona: Anthropos, 1991. 15. FOX-KELLER, E.(1985). Reflexiones sobre género y ciencia. Valencia: Edicions Alfons el Magnànim, 1991; HARDING, S. (1986). The Science Question in Feminism. Stratford: Open University Press; LONGINO, H.E. (1990). Science as Social Knowledge, PUP: Princeton. 16. EDWARDS, D. (1997). Discourse and Cognition. Londres: Sage; EDWARDS, D.; POTTER, J. (1992). Discoursive Psychology. Londres: Sage. 17. Por ejemplo, en la psicología social convencional, los criterios de admisión y publicación de textos en las revistas del área se rigen de acuerdo con unos mecanismos de control y regulación de su admisión basados en los conceptos citados anteriormente, es decir, en su carácter experimental. En una exhaustiva investigación, Ibáñez pone de manifiesto tres funciones que materializan estas exigencias: La primera consiste en perpetuar los «paradigmas comunidad» vigentes, en el sentido de Apfelbaum, o, si se prefieren otras palabras, los grupos de poder que se situaron en posiciones estratégicas dentro de la disciplina, aprovechando la oleada neopositivista. La segunda consiste en intentar conseguir que la psicología social participe de los beneficios y privilegios que acompañan actualmente a la producción del «discurso científico» de corte científico-naturalista. Por fin, la tercera función consiste en neutralizar el potencial socio-emancipador de la investigación psicosocial, obligándola a equiparse con unos instrumentos y con unos procedimientos de análisis que impiden abordar efectivamente las cuestiones socialmente significativas. 18. FOUCAULT, M. (1970). El orden del discurso. Barcelona: Tusquets, 1983; FOUCAULT, M. (1976), op. cit. 19. LYOTARD, J-F. (1984). La condición postmoderna. Madrid: Cátedra. 20. Para Lyotard habría «narraciones contextualizadas» o «narraciones más micro» que se sitúan continuamente en contraposición a las metanarraciones. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 67 que socavan los fundamentos del conocimiento positivista y las bases metafísicas del pensamiento moderno21. Ambas posiciones, surgidas del postestructuralismo y de la crítica postmoderna, y comúnmente categorizadas como relativistas, cuestionan radicalmente los pilares que sostienen los discursos de verdad. Como señala Rorty, La invocación ritual de la «necesidad de evitar el relativismo» puede entenderse mejor como expresión de la necesidad de mantener ciertos hábitos de la vida europea contemporánea. Éstos son los hábitos alimentados por la Ilustración, y justificados por ésta en términos de apelación a la Razón, concebida como capacidad humana transcultural de correspondencia con la realidad, una facultad cuya posesión y uso vienen demostrados por la obediencia a criterios explícitos22. En efecto, la cuestión reside, en gran medida, en si la concepción que defendemos de sociedad incluye estas narraciones como representaciones de la realidad o, por el contrario, como maneras de construirla. Como prácticas discursivas, las narraciones no sólo son palabras sino acciones que construyen, actualizan y mantienen la realidad. La confianza en la narración y en su potencialidad creadora y, eventualmente, en su capacidad como medio para mantenerla o modificarla es fundamental. La «necesidad de evitar el relativismo», como dice Richard Rorty, ha sido uno de los grandes enemigos que los poderes de las sociedades occidentales han conjurado, ignorando que el relativismo, […] no desemboca sobre ningún precipicio ético y no conduce a la inhibición política. Al contrario, exige un compromiso más combativo que cuando se adopta una opción normativa. No nos desarma ante las opciones y no hace inútil el debate. Al contrario, nos hace responsables de nuestras elecciones y estimula el debate. Parece que todos los ataques que han sido instruidos contra el Relativismo no le perdonan el haber asestado un golpe mortal al principio mismo de autoridad en aquello que le es más fundamental. Si el ser humano es, en tanto que ser social, la medida última de todas las cosas, ¿a quién apelar para suscitar su sumisión?23. 68 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 21. Es decir, especialmente las pretensiones de emancipación progresiva característica del proyecto en función de la potencia de su dispositivo narrativo, la pérdida de credibilidad de estas narraciones con pretensiones de legitimación universalista y de producción de verdad. 22. RORTY, R. (1991). Objetividad, relativismo y verdad. Barcelona: Paidós, 1996, p. 48-49. 23. IBÁÑEZ, T. (1995). «Toute la vérité sur le relativisme authentique». Barcelona. Policopiado, p. 10. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 68 2. Narratividad como dispositivo II Acción social e inteligibilidad narrativa en las prácticas de comunicación cotidianas La función principal del discurso no consiste en representar el mundo sino en dar forma a nuestras acciones sociales y coordinarlas24. Cuando construimos una narración es especialmente relevante el momento histórico en el cual lo hacemos y cómo lo hacemos. Todos los seres humanos nos incorporamos a un medio articulado donde preexisten los conceptos, las maneras de construir narraciones socialmente aceptables, cuyos efectos podemos manejar estratégicamente y mediante las cuales podemos coordinar nuestras acciones con las demás personas. La manera en que utilizamos las narraciones no tiene como función representar el mundo o dar cuenta de los elementos básicos que lo constituyen. Mundo y carácter básico de los hechos se construyen en la narración. Por lo tanto, no es representar mundo y hechos sino sustentar ciertas modalidades de orden social lo que caracteriza a las narraciones que utilizamos. En efecto, cuando hablamos lo hacemos dentro de las coordenadas de un canal de comunicación que impone determinadas exigencias que le son propias. En nuestras prácticas comunicativas, como por ejemplo cuando utilizamos la narración, debemos amoldarnos a ese canal, lo que implica la reproducción de un orden social ya establecido25. Dicho con otras palabras, cuando producimos una narración, ésta debe satisfacer ciertos requisitos para ser aceptada por nuestros/as interlocutores/as, para ser merecedora de crédito y resultar legítima, concebible e inteligible26. El respeto de estos criterios, es decir, su reproducción, constituye, simultáneamente, la reproducción del orden social. Como señala Shotter: Nuestras formas de hablar dependen del mundo en la medida en que lo que decimos está enraizado en lo que los hechos del mundo nos permiten decir. Pero, simultáneamente, lo que tomamos como naturaleza del mundo depende de nuestra forma de hablar de él. De hecho, ambos aspectos deben su existencia separada a su interdependencia27. Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 69 24. SHOTTER, J. (1984). Social Accountability and Selfhood. Oxford: Blackwell; SHOTTER , J. (1993a). Cultural Politics of Everyday Life. Londres: Open University Press; SHOTTER, J. (1993b). Conversational Realities. Londres: Sage. 25. SHOTTER, J. (1984), op. cit.; SHOTTER, J. (1990). «La construcción social de recuerdo y del olvido». En MIDDLETON, D.; EDWARDS, D. (comp.). Memoria compartida. La naturaleza social del recuerdo y del olvido. Barcelona: Paidós, 1992, p. 137-155.; SHOTTER, J. (1993b), op. cit. 26. Refiriéndonos a cómo damos cuenta del mundo y de nosotros/as mismos/as, uno de los puntos centrales es la inteligibilidad de las estructuras del relatar, de las formas narrativas y de sus géneros (ficción, autobiografía, etc.). Ello permite la utilización de los textos y discursos disponibles culturalmente que incorporan, a la vez, tanto sus mutaciones estructurales y formales, como las que se producen en el mismo contexto de comprensión. 27. SHOTTER, J. (1990), op. cit., p. 142. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 69 plausibles, verosímiles o verdaderos, enunciados que tienen su máxima fundamentación en una buena lógica argumental, un razonamiento coherente, unas creencias justificables o unos hechos construidos al hilo del relato o de una narración que incide sobre los resortes de lo que socialmente se considera un discurso objetivo. La construcción de hechos En nuestras relaciones más cotidianas son frecuentes las alusiones a una realidad dicotómica donde el estatus atribuido a unos hechos, la manera de referirnos a ellos y su organización discursiva les otorgan calidades y una entidad reificada, lo que propicia una acreditación de su carácter objetivo o subjetivo. Como resulta obvio, poseer una u otra acreditación no es indiferente, ya que, según seamos codificados o codificadas en la capacidad de poder producir y conducirnos en uno u otro tipo de enunciación, así serán los efectos sociales que se desprendan. Los hechos no preceden a las narraciones, sino que se convierten en tales en virtud de la elaboración del entramado mismo de la narración, a través de la cual adquieren su factualidad. Los recursos disponibles para construir una descripción como si fuera un relato factual son múltiples44, pero la mayoría de ellos intenta cosificar las descripciones para hacer que parezcan más sólidas y más literales: El proceso de construcción de hechos intenta cosificar las descripciones para que parezcan sólidas y literales. El proceso opuesto de destrucción intenta ironizar las descripciones para que parezcan parciales, interesadas o defectuosas en algún sentido. Naturalmente, todo esto se combina para establecer la veracidad de una versión a expensas de otra […]. Si concebimos esta jerarquía como un ascensor, los procesos de cosificación intentan hacer que la descripción ascienda la jerarquía, y los procesos de ironización intentan hacerla descender45. Estos recursos pretenden incidir pragmáticamente sobre el interlocutor o la interlocutora o, eventualmente, sobre el lector o la lectora de una narración. Su uso depende del manejo de las propias estrategias narrativas, del empleo de los géneros pertinentes a la comunicación que trata de establecerse, de la utilización de la organización temporal, de la adecuación al contexto y de los efectos que se pretenden producir sobre una persona narrataria o unas personas narratarias concretas. 76 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 44. «Las personas disponen de una amplia gama de recursos para ironizar descripciones presentándolas como mentiras, ilusiones, errores, halagos, engaños, desnaturalizaciones, etc. y pueden recurrir a estos recursos para socavar la exactitud de una descripción. Ante la existencia de estos recursos para socavar versiones factuales, no es sorprendente que también exista un conjunto de recursos contrarios orientados a elaborar la factualidad de una versión y a dificultar su socavación: son los recursos que se emplean para construir una descripción como si fuera un relato factual» (Potter, 1996: 147). 45. POTTER, J. (1996), op. cit., p. 147. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 76 Son numerosos los recursos que podrían citarse. Sin embargo, ello excedería, con mucho, las intenciones y la extensión de este trabajo. Destacaremos, entre ellos, los que tienen que ver con la distancia y la independencia que se establece entre la narradora o el narrador, el objeto de la narración y el narratario o la narrataria, y los que permiten el fortalecimiento del autor o la autora del relato por la vía de su autoridad o su conocimiento. Para ilustrar estos recursos, examinaremos brevemente tres tipos de estrategias narrativas: la del discurso empirista, la de la construcción de corroboración y de consenso, y la del ofrecimiento de detalles en el relato. La primera, la empirista, es un prototipo de narración factual difícil de cuestionar o socavar. Se trata de un tipo de discurso en el cual los datos son presentados como primarios, y las acciones y/o las creencias del narrador o no están presentes o son muy generales. La segunda, el consenso y la corroboración, se presenta en el relato como garantía de verdad. En efecto, que «todo el mundo» esté de acuerdo en algo o que «otras personas» hayan sido testigos de ello, constituyen pruebas de que aquello que se afirma es cierto y, por tanto, creíble. La tercera y última, el ofrecimiento de detalles, es utilizada muy frecuentemente para elaborar la factualidad del relato. En efecto, los detalles generan la impresión de que la narradora o el narrador ha estado presente o dispone de información de primera mano, pues conoce aspectos que también habrían sido directamente observables y evidentes para cualquier persona que hubiera estado allí. Aunque sean anecdóticos y superficiales, los detalles pasan a ser tan importantes en la narración que se funden con la narración misma y su organización, al mismo nivel que los aspectos más relevantes de lo ocurrido. Se pueden organizar detalles de este tipo para proporcionar una estructura narrativa a un relato: el orden de los acontecimientos, quiénes son los personajes, etc. La organización narrativa se puede utilizar para aumentar la credibilidad de una descripción particular, inscribiéndola en una secuencia donde lo que se describe se convierte en algo esperado o incluso necesario46. 4. Una ilustración: la memoria como narración Los relatos sobre el pasado son un ejemplo paradigmático de narración. Constituyen asimismo una construcción en la que el carácter referencial de la narración está sujeto a controversia y, por lo tanto, las personas participantes en la construcción narrativa se ven obligadas a definirla y a argumentarla. Este aspecto es de capital importancia, porque permite ilustrar muy claramente el carácter construido de la realidad, en la medida en que los narradores y las narradoras no disponen de ningún referente al cual puedan apelar para elaborar su narración. Esto les obliga a construir un contexto donde se ubica la proCómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 77 46. POTTER, J. (1996), op. cit., p. 154-155. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 77 pia narración, pero que, asimismo, no puede ignorar el contexto social donde esta narración se inserta y adquiere significado. El hecho de no disponer de un metanivel desde el cual poder construir una narración incuestionable introduce directamente en el relativismo que caracteriza y hace posible cualquier narración. En efecto, es el hecho de que una narración pueda ser cuestionada o, dicho de otra manera, construida mediante versiones alternativas e incluso antagónicas lo que obliga a las narradoras y narradores a desplegar todo un conjunto de estrategias que doten de verosimilitud y/o verdad a su relato. Estas estrategias son constitutivas de la acción social, es decir, poseen una dimensión pragmática y se producen en el marco de la relación comunicativa; no precisan de autoría, aunque, eventualmente, se puede negociar o utilizar como recurso. Así pues, las narraciones de memoria se ciñen a las condiciones de género narrativo, acción conjunta, establecimiento del contexto, retórica de la descripción y factualidad, entre otras. En la ilustración que sigue, utilizamos como ejemplo un estudio sobre la memoria social de la guerra civil española47, en el que siete grupos de escolares entre doce y catorce años realizaron distintas actividades tendentes a recoger relatos y testimonios de la guerra civil que fueron registrados y, posteriormente, objeto de análisis48. Presentamos una parte del análisis que, siguiendo a Potter49, hemos estructurado en torno a los tres recursos de factualidad aludidos: a) discurso empirista, b) ofrecimiento de detalles y c) consenso y corroboración; y reflexionamos sobre sus consecuencias sociales. a) Discurso empirista En este caso concreto, el discurso empirista se puede observar, entre otras, en las siguientes cuatro estrategias: la estandarización y cronologización de la narración, la creación de distancia entre la persona narradora y el hecho narrado, la evitación de categorización de los actores y la ausencia de interpretaciones axiológicas. Así, por ejemplo, en los discursos que pretenden definir la guerra explicando o justificando las causas de su ocurrencia, la contextualización temporal constituye parte de la definición: PROFESORA: […] ¿qué fue la guerra civil? ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo tuvo lugar? 78 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 47. DÍAZ, C.; GIL, E.; ÍÑIGUEZ, L.; MIRALLES, L.; MIRÓ, X.; MONTERO, J.; TORRENS, M.; VÁZQUEZ, F. (1999). «The memory of the Spanish War of 1936: Narratives and daily life». Paper sent to Narrative Inquire. 48. Se trataba en realidad de un conjunto de actividades programadas en sus escuelas en torno a la guerra civil. Estas actividades fueron muy variadas: desde encuestas sobre lo que fue, elaboración de murales sobre la guerra, hasta organización de debates en el aula. En cada escuela registramos la actividad que se programó. 49. POTTER, J. (1996), op. cit. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 78 A1: La guerra fue el 18 de julio del 36 y acabó el 14 de abril del 39. Bien, en España del 1936 al 1939 sucedió la guerra civil española que dividió en dos bandos toda España (T4, I1)50. La mención de fechas sitúa el enfrentamiento en unas coordenadas temporales y contextuales concretas. Su efecto es el de atribuir a esta fecha un estatus causal. La omisión de detalles sobre los orígenes de la guerra, los motivos o sus causas evitan el posicionamiento del autor. Otra estrategia de separación de la autoría y el hecho narrado es la ausencia de descripciones de procesos políticos o caracterizaciones de los bandos enfrentados: no se encuentran referencias a la militancia en un bando u otro, a ningún tipo de institución social o política, ni a cómo se organizó la gente ante los problemas surgidos a partir del conflicto. Las descripciones de los hechos que realizan no sugieren ningún intento de comprensión de un enfrentamiento político que pueda trascender lo puramente salvaje de un conflicto armado. En los siguientes dos extractos, por ejemplo, se produce una focalización sobre hechos convencionales, muy vivenciales, organizados acrónicamente pero vinculados significativamente. Se puede ver la creación de una trama narrativa mediante elementos relacionados temáticamente, aunque posiblemente separados en el tiempo. ELISABETH: Sí, mmm, mi abuela que tenía nueve o diez años de... en.... Badajoz y... y... los aeroplanos empezaban a tirar bombas y ella se tuvo que refugiar en una casa y... se ve que había una mujer muy mala que se dedicaba a apuntar a la gente que ella quería para que al amanecer los los la los hombres la matasen. Y... los hombres iban a las casas cogían a los a los el que dormían y los llevaban al cementerio y los fusilaban (T3, I20). J.: El padre de mi abuelo murió en la guerra civil en Andalucía y muchos de los suyos fueron fusilados. (porque) no había comida y la poca que había la Guardia Civil se la quitaba. Al morir el padre de mi abuelo se ocupó de su familia, con sólo dieciséis años, quince o dieciséis años, pero esto era corriente era corriente, que el padre de una familia estuviera muerto y el hijo mayor se ocupara del resto de su familia (T1, I50). Por último, como muestra el siguiente extracto, el narrador adopta una posición de pretendida objetividad relatando unos acontecimientos descontextualizados y vacíos de interpretaciones axiológicas e ideológicas. Esto resulta manifiesto si atendemos a las condiciones de objetivación: presencia de personajes, visiones unívocas, explicación que remite a la causalidad, reducción del proceso a la mención de unos cuantos elementos, relato secuencial de acontecimientos y énfasis descriptivo: Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 79 50. Todas las actividades recogidas han sido transcritas en el idioma original en que se han producido, mayoritariamente catalán, pero también castellano. Presentamos, sin embargo, todos los extractos en castellano. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 79 H.: Se produjo la guerra porque los soldados dijeron que los republicanos no administraban bien y por eso se sublevaron el general Franco, decían que se había llegado a una anarquía. Pero los republicanos decían que no estaban de acuerdo. El consumo se hacía excesivo pero en las ciudades no había comida, sólo en las zonas agrícolas se autoalimentaban. Pero en las industrias no había comida (T5, 91: 94). b) Ofrecimiento de detalles El ofrecimiento de detalles es una de las estrategias que permiten proporcionar verosimilitud al relato. Éste adquiere dos concreciones. La primera es la efectiva mención de datos directamente identificables y fácilmente reconocibles; la segunda está relacionada con la propia forma de elaborar la narración, creando una trama mediante la cual se genera un contexto de familiaridad extraordinariamente vivencial y fácilmente accesible y comprensible para los narratarios y las narratarias: 41. Ahh, mis abuelos tenían una mercería y un día que estaba mi abuelo... dentro de la mercería detrás del... bueno, detrás del mostrador, pues entraron unos y los echaron fuera y a mi abuelo le hicieron, le rompieron el brazo y tiene una cicatriz aquí, y mi abuela estuvo... muchos días preocupada y... y no podía dormir, y no podía dormir. Y tenía depresiones y cosas así (T1, I1). La minuciosidad es extraordinariamente patente en el siguiente fragmento que incorpora, además, el relato de vivencias, de experiencias, de emociones y de sentimientos que permiten la elaboración de un relato complejo apoyándose en la prolijidad51: Ella fue hacia la cocina a dejar los encargos y... cinco minutos después comenzaron el bombardeo, no […] porque a veces hacían cuatro horas de cola para: para que te diesen una lata de sardinas […] y justo en aquel momento que ella pedía comida vinieron los aviones y… y bombardearon y... y la mataron (T’4). c) Consenso y corroboración Los siguientes fragmentos permiten mostrar cómo operan las estrategias de consenso y corroboración características de muchas narraciones en las que está instalada la controversia y la polémica: 80 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez 51. Como señala Robin, una de las características de la memoria social es que «[…] yuxtapone la agudeza del detalle en la cotidianeidad y el vacío de la memoria sobre el acontecimiento preciso». Así, es en el acto mismo de narrar o conversar que se reconstruye el pasado, creando y enfatizando las dimensiones espacial y temporal para hacer vívidas las situaciones, caracterizadas por su íntima vinculación a la historia más personal y que, por lo tanto, incluyen referencias a la parte más afectiva de la propia historia. ROBIN, R. (1989). «Literatura y biografía». Historia y Fuente Oral, 1, p. 69-85. Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 80 El saqueo no, el hecho de buscar el botín también es propio de todas las guerras, las guerras modernas no son la excepción... (T1, I50). Claro no olvidamos que... dentro de la estrategia de la guerra el hecho de tener la zona enemiga, digamos falta de... alimentos, es una forma de socavar la resistencia... de... tocar la moral digamos del enemigo, no? (T2, 31: 35). El recurso a la destrucción de la cotidianidad aporta un sentido compartido de guerra. Junto a él, el relato del impacto afectivo refuerza todavía más una idea común de los efectos de la guerra, reduciendo el efecto de distancia entre narrador y narratario. Ambos recursos construyen una narrativa que relega otras, como, por ejemplo, las fundamentadas en un análisis político-ideológico del conflicto. Todo ello provoca un conjunto de efectos «estandarizados» de condolencia, solidaridad, etc. Es decir, estas mismas características «de sentido común» son aplicables a cualquier guerra, lo que, eventualmente, puede tener un papel normativo. Aceptar el punto de vista «de sentido común» podría suponer omitir la búsqueda de explicaciones comprensivas de cualquier conflicto armado y crear argumentos disuasorios ante una eventual confrontación, ya que todos ellos se basan en un conjunto de implícitos en las narraciones. 5. A modo de síntesis Desde una posición socioconstruccionista hemos destacado la importancia que tienen las narraciones en la producción y vehiculación de conocimientos, así como el papel que tienen en los nexos relacionales de la vida social. En este sentido, es relevante destacar la importancia que reviste adoptar un punto de vista relativista en la medida en que introduce la polémica, la controversia y la diversidad de versiones que sólo pueden dirimirse a través de las prácticas sociales, sin ampararse en un metanivel extrasocial que le otorgue legitimidad. Las narraciones son construidas por, y constructoras de, los procesos sociales y de la misma realidad social. Asimismo posibilitan diferentes inteligibilidades de los actores y las actoras sociales y generan contextos de relación e interpretación. Mediante el uso que hacemos de las narraciones construimos la subjetividad, la objetividad, la realidad, la ficción. Las prácticas sociales son los espacios donde se construyen las narraciones creando el marco referencial, los relatos y los hechos mismos. La verdad, pues, no existe con independencia de ellas. La objetividad no se establece por su proximidad a la verdad, sino por ser un efecto de las construcciones narrativas. Las narraciones son deudoras del contexto sociocultural que pone al alcance de las personas diferentes discursos y géneros narrativos que contribuyen a la reproducción del orden social, pero abren así mismo posibilidades para su transformación. Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 81 Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 81 No es extraño encontrar que, desde distintas partes de la psicología (cognitiva, evolutiva, social), se reclamen las contribuciones de Jerome Bruner como propias. En efecto, Bruner es responsable de contribuciones tan variadas y heterogéneas como es el mostrar el papel no sólo modulador, sino constitutivo, de lo social en la percepción y el recuerdo; el papel determinante que las teorías implícitas que tenemos sobre cómo son las personas condiciona su percepción y juicio; cómo la comunicación y los patrones de relación entre padres e hijos son responsables de la constitución de personas en miembros de una cultura. A pesar de la variedad, y sabiendo que siempre es una falacia intentar describir a posteriori la trayectoria de un autor imponiendo coherencia, es posible leer la obra de Bruner encontrando un hilo conectivo entre sus distintas aportaciones, en este caso, el interés por lo cultural en tanto que constitutivo de lo humano. Esta misma preocupación la encontramos también en Actos de significado, donde Bruner abordará el carácter necesariamente cultural de una psicología que intente entender cómo las personas damos sentido a nuestro mundo. Aunque más que del carácter cultural de la psicología, deberíamos hablar, como propone Bruner, de unas ciencias humanas culturales, puesto que para él las divisiones entre disciplinas son más una cuestión administrativa que de «sustancia intelectual». Pocos libros tienen títulos en los que se resume tan acertada y sintéticamente las tesis que se hallarán en sus páginas como éste, de modo que acercarse a sus dos conceptos, «actos» y «significado», es una de las mejores maneras de aproximarse al libro. Respecto a éste último, Bruner argumentará la necesidad de revivificar el giro —iniciado pero perdido a mitad de camino por la revolución cognitiva de los cincuenta—, hacia un enfoque centrado en el significado. En efecto, Bruner propondrá que la psicología debe abandonar una aproximación a las personas en términos de leyes deterministas y enfoques positivistas, que sólo consiguen diseminar y anular el propio objeto de estudio debido a las exigencias metodológicas cientificistas. Más bien, la tarea de la psicología sería entender cómo las personas interpretan, construyen y dan sentido a sus vidas, a sus mundos. En otras palabras, la tarea de la psicología es analizar seriamente la psicología popular, es decir, el sentido común o aquellos sistemas de creencias o interpretación cultural, más o menos normativos, mediante los cuales la gente organiza su experiencia, conocimiento y transacciones relativos al mundo social. 82 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez Narratividad y psicología social: breve acervo bibliográfico A continuación, como complemento del artículo de Lupicinio Íñiguez, Teresa Cabruja y Félix Vázquez, se presenta un breve aunque muy significativo elenco bibliográfico, integrado por tres obras relacionadas con el tema de este monográfico que cabe considerar claves desde la perspectiva de la psicología social contemporánea. BRUNER, Jerome Actos de significado Harvard University Press, 1990 Madrid: Alianza, 1991. 153 p. Trad. Juan Carlos Gómez Crespo y José Luis Linaza Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 82 Bruner se desmarca así de una psicología cognitiva —a la que el propio Bruner contribuyó en un inicio—. En un mordaz análisis sin desperdicio, recrimina a la revolución cognitiva haber sacrificado su interés por el significado en aras de la metáfora de la computación: así, pronto se pasó de «construcción del significado» a «procesamiento de la información», eliminando del análisis conceptos como mente, agentividad o estados intencionales. De este modo, lo que estos enfoques olvidan, dirá Bruner, es que el significado no puede abordarse desde un punto de vista individual, sino que implica automáticamente un reconocimiento del papel constitutivo —y no simplemente moldeador— de la cultura. Efectivamente, la cultura, entendida en Bruner como producto de la historia más que de la naturaleza, se constituye como un sistema simbólico que «ya está ahí», previo al individuo. Este sistema simbólico nos proporciona las herramientas simbólicas para dar sentido a nuestro mundo, condicionando nuestras interpretaciones, determinando qué es lo que va a ser o no significativo para determinado grupo. En otras palabras, lejos de ser algo individual y subjetivo, el significado es algo público y compartido. Y justamente en la medida que es público y compartido va a ser interiorizado. Es decir, cual relación circular, no sólo creamos significado, sino que el propio significado nos constituye. Es en este sentido que podemos decir que estamos constituidos por la propia cultura, que no nos podemos pensar al margen de ella. Por eso, argumenta Bruner, toda psicología debería ser cultural. ¿Pero por qué hablar de acto de significado? Pues porque todas estas negociaciones y construcciones que dan lugar al significado no se realizan en el vacío, sino justamente en y a través de la acción, de la acción compartida o inter-acción. El significado surge entre personas, como práctica relacional y, por lo tanto, el significado es praxis, acción situada —y no un proceso mental—. He aquí el porqué de actos de significado. Y el concepto mediador, el concepto que permitirá a Bruner vincular significado y acción, es el de «instrumento». Es precisamente a través de la acción conjunta con otros y otras significativos y significativas, a través de nuestra participación en las prácticas de una cultura, que nos apropiamos de instrumentos simbólicos que nos permiten crear y negociar los significados. Y al revés, es precisamente porque podemos apropiarnos de instrumentos simbólicos que podemos participar en y de lo colectivo. Será, pues, el uso de instrumentos simbólicos, con fines comunicativos, lo que llevará a la entrada a la cultura y al lenguaje. Si éste es el marco en el que Bruner se sitúa, y desde el que deben leerse sus propuestas, su principal contribución va a ser un enfoque narrativo. Para abordar la construcción simbólica del mundo, argumentará, el principal instrumento de que disponemos las personas para negociar socialmente es la narración, o formas canónicas de interpretación. En efecto, si analizamos la psicología popular o el sentido común, el conjunto de nuestras creencias y el tipo de explicaciones que damos sobre las cosas, veremos que su organización es narrativa, y no lógica o categorial: la psicología popular está constituida por narraciones. Narraciones o relatos con una trama en la que —y aquí Bruner sigue a Burke— se nos habla de un actor llevando a cabo una acción, con una meta, en un escenario, a partir de unos instrumentos. Un punto muy importante a resaltar es que dichas narraciones no obtienen su sentido en función de cuán bien reflejan una supuesta realidad externa. Más bien, una narración cobra sentido a partir de una lógica interna, su coherencia argumentativa y el uso de tropos como la metáfora, la metonimia, la sinécdoque, la implicación, etc. No es una fiel repreCómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 83 Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 83 sentación de la realidad lo que las hace verdaderas, sino su verosimilitud, su «literariedad». Es decir, las narraciones cuestionan una epistemología representacional, y hacen muy evidente que en tanto que instrumentos simbólicos, las narraciones no son simples maneras de contar las cosas, sino que condicionan cómo aprehendemos y construimos el mundo. Así, las narraciones influyen en cómo percibimos y organizamos la experiencia, en cómo organizamos y manejamos el recuerdo, en el tipo de explicaciones que damos de los fenómenos que vivimos y del tipo de personas que somos, etc. En definitiva, las narraciones son aquellos instrumentos a través de los cuales damos sentido a nuestro mundo, constituyéndolo como significativo para nosotros. La narración es, pues, una de las principales herramientas de construcción de la realidad simbólica. Pero, sobre todo, al ser recursos interpretativos compartidos y elaborados socialmente, las narraciones nos permiten esa negociación de significados, la negociación de la vida colectiva, evitando interrupciones, divisiones y confrontación. Es decir, las narraciones son uno más de estos actos de significado, praxis, una acción conjunta o compartida que permite la emergencia de lo social. Y en tanto que acción, son —como es siempre la acción en Bruner— acción situada. Es decir, las narraciones no tienen un significado unívoco y fijo, sino que éste va a depender, como en cualquier otra acción, del contexto: el marco de interpretación, el escenario que nos ayudará a otorgar un sentido a nuestros actos. Al estar contexto y significado intrínsecamente unidos, no podemos entender una narración sin tener en cuenta qué se hace o consigue con ella, en qué escenario surge, cuáles son las intenciones expresadas por los narradores, etc. Teniendo presentes estas consideraciones sobre el contexto, es cuando se hace evidente que la mayoría de las narraciones aparecen en escena precisamente en los momentos en que las convenciones se violan, con la finalidad de dar cuenta de la desviación respecto a la norma. Como Bruner argumentará de forma convincente, a través de la presentación de datos obtenidos a partir del estudio de narraciones en niños, las narraciones establecen vínculos entre lo excepcional y lo corriente, se construyen alrededor de las desviaciones de los patrones culturales. En otras palabras, y como una manifestación más de su naturaleza social, se hace evidente el carácter canónico de las narraciones. No sólo describen sino que también dicen cómo deberían ser las cosas, de manera que a través de ellas se va constituyendo nuestro mundo. Por lo tanto, las narraciones no son neutras, sino que siempre nos hablan (al tiempo que construyen) desde un punto de vista moral. Dada la importancia constitutiva de la narración, no es de extrañar que Bruner sitúe en la entrada en la narración —es decir, en los recursos interpretativo-narrativos— la entrada también en la cultura. Y de hecho en Bruner esta afirmación es válida, tanto a nivel ontogenético como filogenético, siendo que la capacidad de negociar significados a partir de la interpretación narrativa es vista como uno de los logros más sobresalientes del desarrollo humano. Hay ciertamente una dimensión fuertemente evolutiva en el pensamiento de Bruner. Desde una perspectiva filogenética, Bruner apuesta por un origen social de los sistemas simbólicos, como función de las necesidades comunicativas de la especie, de la aparición de la cultura. Ontogenéticamente, la adquisición de los sistemas simbólicos a través de su uso en un contexto comunicativo marcaría la entrada en la cultura y el lenguaje. Bruner apuesta fuertemente por una versión evolutiva de la comunicación y la narración. Después de años trabajando 84 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 84 las interacciones entre padres e hijos, Bruner se mueve con comodidad entre datos que mostrarían una habilidad de los bebés hacia lo comunicativo, incluso antes de la adquisición del lenguaje. Esto le llevará a rechazar una discontinuidad entre lenguaje y no lenguaje: según él, las habilidades interpretativo-narrativas están en relación de continuidad —no formal, sino funcional— con formas protolinguísticas, protocomunicativas, halladas ya en bebés de meses, como son la atención conjunta a un referente putativo, la adopción de turnos y el intercambio mutuo. Y Bruner apoya esta tesis en estudios evolutivos de un modo suficientemente convincente como para hacerla digna de seria consideración. Y es precisamente este aspecto evolutivo lo que conducirá a Bruner a una atrevida hipótesis, no libre de polémica. La existencia de una protocomunicación en estadios pre-linguísticos le llevará a postular una tendencia innata hacia la comunicación, la existencia de un «bioprograma», una disposición que nos predispone y prepara, filogenética además de ontogenéticamente, hacia el significado. Se trataría de una capacidad cognitiva primordial para reconocer y explotar las creencias y los deseos de sus congéneres, una teoría de la mente, y que en otros momentos llama «una forma primitiva de psicología popular», e incluso, un «impulso narrativo o a organizar narrativamente nuestra experiencia». Aunque controvertida, esta propuesta puede leerse como un intento de Bruner para concebir la importancia radical del lenguaje en la vida humana sin situar la adquisición del lenguaje ni como un acto espontáneo de madurez cognitiva, ni un «punto cero en» el que situar el origen de lo humano. Con ella aborda, pues, la peliaguda cuestión de cómo vincular el lenguaje con formas pre-lingüísticas. Sin embargo, el efecto es paradójico: mientras que al inicio del libro Bruner afirma que la biología no es la causa de la acción, sino una restricción o una condición de ella, parece que al final Bruner no resiste la tentación de anclar su narrativa en una biología que no parece tener mucho de enfoque narrativo. Si ya sus tesis sobre el papel constitutivo de la cultura y la consecución de significado a través de la narración nos dibujan un homo narrans narrantur, en expresión de Christie y Orton (1988, en Curt, 1994, p. 5), dicha expresión cobra más tintes literales a raíz de este relato evolucionista. Naturalmente, Bruner no especifica cómo tal programa sería transmitido de generación en generación, quedándonos con la duda de si Bruner no habrá sucumbido también a la magia de los mecanismos de transmisión genética, o incluso, a la de los «impulsos». Pero sus aventuradas hipótesis —como él mismo acepta en el libro— no quitan atractivo a su visión evolutiva más general, que, como decíamos, intentan cubrir el espacio teórico entre el niño incapaz de manejar el lenguaje hasta el niño con lenguaje, o el espacio teórico entre los primates y el ser humano; y que se sitúan muy en la línea de las aportaciones vygotskyanas a las nociones de desarrollo. Más problemático para sus tesis generales sobre la narración resulta el que cuando Bruner expone el desarrollo evolutivo de dichas capacidades comunicativas, en ningún caso se cuestione si la propia noción de evolución o desarrollo ontogenético no podría ser vista como un tipo particular de narración, una vez más creadas en y por una cultura particular. Al no hacerlo, acaba otorgando a las explicaciones evolutivas del pensamiento científico un carácter distinto respecto a las narraciones constitutivas de la psicología popular, incrementando pues una diferencia que en un principio él parecía querer poner en cuestión. Algo parecido sucede con sus propuestas de recuperación de los estados intencionales y la dimensión mental. Cómo construimos el mundo: relativismo, espacios de relación y narratividad Anàlisi 25, 2000 85 Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 85 Bibliografía BAJTÍN, M. (1979). Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI, 1998. BRUNER, J. (1990). Actos de significado. Madrid: Alianza Editorial. CABRUJA, T.; VÁZQUEZ-SIXTO, F. (1995) «Retórica de la objetividad». Revista de Psicología Social Aplicada, 5(1/2), p. 113-126. DÍAZ, C.; GIL, E.; ÍÑIGUEZ, L.; MIRALLES, L.; MIRÓ, X.; MONTERO, J.; TORRENS, M.; VÁZQUEZ, F. (1999). «The memory of the Spanish War of 1936: Narratives and daily life». 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Estos esfuerzos sirven como herramientas que nos ayudan a ir más allá de los cánones establecidos y entender, por lo tanto, el lenguaje como práctica social inseparable de la construcción de la subjetividad. Dicho de otra forma, posibilitan seguir la misteriosa trama del self en psicología y su ineludible intertextualidad disciplinaria, material y social. Teresa Cabruja i Ubach Universitat de Girona Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 92 — (1989). «La psicología social como dispositivo desconstruccionista». En IBÁÑEZ,T. (coord.) (1989). El conocimiento de la realidad social. Barcelona: Sendai, p. 109-133. — (1991). «Naturaleza del conocimiento psicosocial construido por las revistas “estardard” de la disciplina». Interacción Social, 1, p. 43-64. — (1995). «Toute la vérité sur le relativisme authentique». Barcelona. Policopiado. IBÁÑEZ, T.; ÍÑIGUEZ, L. (eds.) (1997). Critical Social Psychology. Londres: Sage. LATOUR, B. (1987). Science in Action. 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Su trabajo de investigación se centra en el análisis de la memoria colectiva y la acción política, y está interesado en métodos cualitativos de investigación, como el análisis del discurso. Ha editado, junto con T. IBÁÑEZ (1997). Critical Social Psychology (Londres: Sage). Félix Vázquez. Profesor titular de Psicología Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Una de sus líneas de investigación está centrada en el estudio de la creación, mantenimiento y distribución de la memoria y olvido sociales, y en la vinculación que mantienen con la gestión de los procesos políticos. Próximamente publicará La memoria como acción social: relaciones, significados e imaginario (Barcelona: Paidós). 94 Anàlisi 25, 2000 Teresa Cabruja; Lupicinio Íñiguez; Félix Vázquez Anàlisi 25 061-094 4/11/2000 19:10 Página 94