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Narración y hospitalidad

Author: Mèlich, Joan-Carles
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2000
Source: https://ddd.uab.cat/pub/analisi/02112175n25/02112175n25p129.pdf
Resumen
A pa i de la lec u a de algunos ela os de supe i ien es del Holocaus o (especialmen e de
P imo Le i y Elie Wiesel), se es udian en es e a ículo las condiciones de posiblidad de una
é ica y de una pedagogía después de Auschwi z. Según el au o , «Auschwi z» es un acon-
ecimien o que ompe la his o ia y nos obliga a epensa adicalmen e odas las ca ego ías
ilosó icas y pedagógicas: desde la misma idea de «se humano» has a la cues ión de la ans-
misión y la o mación humanis a. Tomando es a hipó esis como pun o de pa ida, se p o-
pone en ende la iden idad humana no solamen e como di e encia, sino como de e encia,
como acogida y hospi alidad del o o que, en el caso de los ela os del Holocaus o, es una
ausencia, una ausencia que, a a és de la lec u a y el ecue do, se man iene i a pa a e i-
a que Auschwi z uel a a epe i se.
Palab as cla e: Holocaus o, hospi alidad, iden idad.
Abs ac . Na a ion and Hospi ali y
On he basis o eading some accoun s by su i o s o he Holocaus (especially P imo
Le i and Elie Wiesel), his a icle examines o wha ex en e hics and pedagogics a e
possible in he wake o Auschwi z. Acco ding o he au ho , «Auschwi z» is an e en
which ac u es his o y, obliging us o adically e hink all ou philosophical and ped-
agogical ca ego ies: om he e y idea o «human being» o he ques ion o humanis
educa ion and ansmission. Wi h his hypo hesis as s a ing poin , i is p oposed o
unde s and human iden i y no only as di e ence bu as de e ence, as accep ance and
hospi ali y o he o he , which in he case o accoun s o he Holocaus is an absence,
an absence which, h ough eading and memo y, is kep ali e so as o a oid a epe i-
ion o Auschwi z.
Key wo ds: Holocaus , hospi ali y, iden i y.
*Es e a ículo o ma pa e de un lib o en p epa ación i ulado La ausencia del es imonio,
que publica á p óximamen e la edi o ial An h opos, Ba celona.
Anàlisi 25, 2000 129-142
Na ación y hospi alidad*
Joan-Ca les Mèlich
Uni e si a Au ònoma de Ba celona
Depa amen de Pedagogia Sis emà ica i Social
Edi ici G6. 08193 Bella e a (Ba celona). Spain
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A Fe nando Bá cena y Jo ge La osa,
po su palab a, po su hospi alidad.
Na a es gue illa con a el ol ido y conni encia con él; si la
mue e no exis ie a, al ez nadie ela a ía nada.
Claudio Mag is, Mic ocosmos
Esc ibe Ch is ian Delacampagne que el siglo XX «no end á que hace am-
pas pa a lle a se, den o del palma és de la his o ia, el g an p emio del ho o .
Se ía inú il busca : ninguna época ha is o pe pe a an os c ímenes a escala
plane a ia. C ímenes en masa de una insondable pe e sión del pensamien o
—una pe e sión que queda á simbolizada pa a siemp e en el nomb e de
Auschwi z»1.
En e ec o, la expe iencia de Auschwi z nos ha lle ado a descub i un nue o
espacio, un espacio desconocido has a aho a, un espacio mode no: el campo
de concen ación. És e se con ie e en el espacio de la mue e indi e en e, en el
espacio indi e en e an e la mue e, en el espacio en el que no se i e ni se
mue e, en el espacio del musulmán, en el espacio biopolí ico po excelencia2,
en el espacio en el que odo es posible, en el espacio en el que lo inimaginable es
posible.
De es e «espacio», incali icable po el lenguaje que has a aho a se ía pa a
comunica nos, a an los ela os del Holocaus o. Sus p o agonis as no son sola-
men e sus au o es, no son simples lib os de memo ias. És a es nues a hipó-
esis. P imo Le i la ha o mulado con su habi ual agudeza:
Lo epi o, no somos noso os, los sob e i ien es, los e dade os es igos. És a
es una idea incómoda, de la que he adqui ido conciencia poco a poco, leyen-
do las memo ias ajenas, y eleyendo las mías después de los años. Los sob e-
i ien es somos una mino ía anómala además de exigua: somos aquéllos que
po sus p e a icaciones, o su habilidad, o su sue e, no han ocado ondo.
Quien lo ha hecho, quien ha is o a la Go gona, no ha uel o pa a con a lo, o
ha uel o mudo; son ellos, los «musulmanes», los hundidos, los e dade os
es igos, aquéllos cuya decla ación hab ía podido ene un signi icado gene-
al. Ellos son la egla, noso os, la excepción3.
130 Anàlisi 25, 2000 Joan-Ca les Mèlich
1. DELACAMPAGNE, Ch. (1999), His o ia de la iloso ía en el siglo XX, Ba celona: Península,
p. 17.
2. Sob e la cues ión de la biopolí ica y del biopode , éase FOUCAULT, M. (1995), «D oi de
mo e pou oi su la ie», en La olon é de sa oi , His oi e de la sexuali é 1, Pa ís: Gallima d.
Véanse ambién, AGAMBEN, G. (1998), Homo sace . El pode sobe ano y la nuda ida, Valencia:
P e-Tex os; AGAMBEN, G. (1999), Ce qui es e d’Auschwi z. Homo sace III, Pa ís: Payo &
Ri ages.
3. LEVI, P. (1989), Los hundidos y los sal ados, Ba celona: Muchnik, p. 72-73.
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Los ela os del Holocaus o son algo más que los ecue dos de los supe i-
ien es. Son ela os de ausencias. Sus p o agonis as, sus e dade os p o ago-
nis as, no son sus au o es, sino las íc imas que su gen en el ela o, y que no han
sob e i ido pa a pode con a lo. Es as íc imas no ienen lenguaje pa a da
es imonio, no es án p esen es pa a deci nos qué pasó, qué les pasó. Ellas, las
íc imas, solamen e pueden da es imonio a a és de la lengua del au o del
ela o, sólo pueden da es imonio a a és de las palab as del supe i ien e.
El lenguaje del es imonio, ha esc i o Gio gio Agamben, es un lenguaje que
no signi ica más, pe o que po su no-signi icado, se ace ca a la sin-lengua has a
ecoge o a insigni icancia, la del es imonio in eg al, «aquélla que, po de i-
nición, no puede da es imonio»4.
En es e a ículo a a emos de es os ela os, de es os es imonios. De cómo
lee los, de cómo ansmi i los. Lee los ela os como los que aquí se p esen an
puede signi ica ( e) i i aho a y aquí el ho o 5, el mal adical, po que, como
esc ibió F anz Rosenzweig, «el ecue do his ó ico no es ningún pun o ijo en
el pasado que aya es ando cada año un año más pasado, sino que es un ecue -
do siemp e igual de ce cano, que p opiamen e no ha pasado, sino que es
ecue do e e namen e p esen e. Cada uno en pa icula debe e la salida de
Egip o como si él mismo hubie a pa icipado en ella»6.
Es a esis de Rosenzweig, p opia de la an opología judía7, aplicada a las
na aciones del Holocaus o nos pe mi e descub i que la lec u a puede se
capaz de hace nos ( e-) i i en nues o iempo y en nues o espacio la expe-
iencia del o o, espondiendo de él. El lec o acoge la agedia de las íc imas
de la Shoah, y es es a hospi alidad del ausen e, asimé ica, la que se con ie e
en el inicio de una é ica en un iempo de ba ba ie.
Hay que insis i en que esul a e iden e que es a concepción del ecue do,
de la memo ia, es p opia del judaísmo8. Como ha esc i o Rica do Fos e , «la
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4. AGAMBEN, G. (1999), Ce qui es e d’Auschwi z. Homo sace III, Pa ís: Payo & Ri ages, p. 48.
5. Esc ibe Lluís Duch que, desde su pun o de is a, que noso os compa imos plenamen e,
odo aquello que hay de nue o, de impac an e, en la lec u a, en el ac o de lee , esul a
impac an e po que choca con lo que, en noso os, ya ha enido luga , es deci , con nues a
memo ia. [DUCH, Ll. (1999), Simbolisme i salu . An opologia de la ida quo idiana 1,
Ba celona: Publicacions de l’Abadia de Mon se a , p. 153.] En es e sen ido, pod íamos
deci que la memo ia del o o que apa ece en el ela o choca con la memo ia del lec o , y es e
choque p o oca un cambio, un auma ismo. Algo pa ecido a lo que pone de mani ies o
Geo ge S eine cuando desc ibe la lec u a de La me amo osis de Ka ka. [STEINER, G. (1994),
Lenguaje y silencio. Ensayos sob e la li e a u a, el lenguaje y lo inhumano, Ba celona: Gedisa,
p. 32: «Quien haya leído La me amo osis de Ka ka y pueda mi a se impá ido al espejo
puede se capaz, écnicamen e, de lee la le a imp esa, pe o es un anal abe o en el único
sen ido que cuen a.»]
6. ROSENZWEIG, F. (1997), La es ella de la Redención, Salamanca: Sígueme, p. 361-362.
7. Esc ibe Rica do Fos e : «No es necesa io habe i ido una de e minada his o ia pa a sen i ,
en nues as palab as y en nues as concepciones, la p esencia de lo e ec i amen e desa o-
llado en aquel iempo.» [FOSTER, R. (1996), «Los usos de la memo ia», ed. ci ., p. 54.
8. «En la adición judía, —esc ibe Lluís Duch—, la memo ia si e pa a pone de elie e la
p imacía de la libe ad y de la his o ia po medio de un eje cicio é ico con inuado des ina-
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memo ia en el judaísmo no signi ica la exal ación de un pasado ejempla , sino
la p esencia selec i a de lo impos e gable, aye , hoy y mañana. Con inuidad
no en un sen ido esca ológico, como cumplimien o inexo able de un des ino
o de una p omesa, con inuidad, más bien, como exp esión de lo ágil, de
aquello que se puede pe de , eje cicio de la ememo ación que sal a en el p e-
sen e aquello que de ningún modo iene ga an izada la pe manencia, ni en el
iempo ni en el ecue do de los homb es. En es e sen ido, lo p opiamen e judío
de la memo ia se elaciona con lo amenazado, con lo que pe manece en es ado
de in empe ie y que la his o ia de los encedo es —como decía Benjamin— des-
plaza hacia el ol ido»9.
En e ec o, en el ensayo i ulado «El na ado », Wal e Benjamin elaciona
la c isis de la na ación con la i upción de una o ma de comunicación ípi-
camen e bu guesa: la in o mación. És a no necesi a, al igual que la no ela, y a
di e encia de la na ación, de la expe iencia. Aho a bien, lo que esul a in e e-
san e aquí es da se cuen a de que la na ación, la expe iencia na ada, i e en
un p oceso de ansmisión. El na ado , dice Benjamin, oma lo que na a de
la expe encia, la que él mismo ha i ido, o bien la que le han ansmi ido.
Pe o, a su ez, hay na ación en el momen o en que es a expe iencia uel e a
se ansmi ida. Si la expe iencia no ue a comunicable, si no se ansmi ie a, la
na ación no se ía posible. Pe o, ad ie e Benjamin, es a expe iencia del na a-
do se o na, a su ez, en expe iencia pa a el que escucha, pa a el oyen e10. El
que escucha i e o a ez la expe iencia. Y en es e sen ido, pod íamos deci que
el oyen e (el lec o ) es capaz de eco da lo que no ha i ido, la expe iencia
que no ha expe imen ado, pe o que le ha sido ansmi ida en el ela o.
Desde el pun o de is a de la na ación, la acción educa i a es ansmisión de
expe iencia. El educando es capaz de i i la expe iencia que le ha sido ans-
mi ida. En la acción educa i a «na ada» se da la expe iencia del na ado (edu-
cado /maes o) que a su ez es expe imen ada po el oyen e (educando/discípulo),
que a con inuación uel e a na a .
Como ad ie e Benjamin, el que na a es capaz de aconseja . El ilóso o
alemán es conscien e de que hoy es e «aconseja » es á pasado de moda, y que
p ecisamen e po es o se uel e cada ez más di ícil la comunicación de la
expe iencia. Pe o, ¿qué es el consejo? Veamos cómo lo de ine Benjamin:
El consejo (Ra ) no es an o la espues a (An wo ) a una cues ión, como una
p opues a (Vo slag) e e ida a la con inuación de una his o ia en cu so11.
132 Anàlisi 25, 2000 Joan-Ca les Mèlich
do a disce ni en cada hic e nunc quién es mi p ójimo.» [DUCH, Ll. (1999), Simbolisme i salu .
An opologia de la ida quo idiana 1, op. ci ., p. 137-138].
Sob e la memo ia judía, éase la ob a de HALBWACHS, M. (1994), Les cad es sociaux de la
mémoi e. Pos ace de Gé a d Name , Pa ís: Albin Michel.
9. FOSTER, R. (1999), El exilio de la palab a. En o no a lo judío, Buenos Ai es: Eudeba,
p. 8-9.
10. BENJAMIN, W. (1998), «El na ado », en Pa a una c í ica de la iolencia y o os ensayos.
Iluminaciones IV, Mad id: Tau us, p. 115.
11. Ibídem, p. 114.
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Pa a Benjamin, el consejo es sabidu ía en e ejida con los ma e iales de la
expe iencia, de la ida i ida. Si hay una c isis de la na ación es po que hay
una c isis de expe iencia, po que en la mode nidad a día la expe iencia ha sido
subs i uida po la expe imen ación.
Dejamos de lado la dis inción que ealiza Benjamin en e no ela y na ación,
y nos cen amos en la di e encia en e na ación e in o mación. Según Benjamin,
o a de las causas de la c isis de la na ación adica en el p edominio de la in o -
mación como esul ado del «consolidado dominio de la bu guesía, que cuen a
con la p ensa como uno de los p incipales ins umen os del capi alismo a an-
zado»12. A di e encia de la na ación, en oda in o mación es necesa ia la cons-
an e e i icabilidad. Además de pode e i ica se obje i amen e, la in o mación
debe cumpli como mínimo o os dos equisi os: se siemp e no edosa, y, po
úl imo, esul a e íme a. Una in o mación que sea an igua y pe enne deja de se
in e esan e.
La na ación, en cambio, no necesi a de la no edad del día a día, no i e de
la moda co idiana. En la in o mación, la memo ia no juega ningún papel. En la
na ación, en cambio, la memo ia es su uen e de ida. La na ación necesi a
de la memo ia po que pa a pode na a hay que e ene la expe iencia i ida pa a
segui con ándola, pa a pode ansmi i la de gene ación en gene ación, po -
que sin es a cons an e ansmisión no hay ninguna posibilidad de na ación.
In oduce aquí Benjamin la cues ión de la escucha. Lo que esul a capi al
del análisis benjaminiano es, a nues o juicio, la idea de que la e dade a escu-
cha implica un ol ido de sí pa a p es a a ención a lo o o, al O o. La escucha
eclama una dese ción de la p opia iden idad y en esa «dese ción» adica la « ide-
lidad a uno mismo» (Celan o a ez). Sólo deponiéndose de su yo, puede el
yo se e dade o yo. És a es una iden idad é ica13. Apa ece en onces el yo- es-
ponsable, un yo que no es solamen e esponsable de lo que ha hecho, sino de
lo que no ha hecho. La agilidad del o o me hace esponsable de él14.
«Cuan o más ol idado de sí mismo es á el que escucha, an o más p o-
undamen e se imp egna su memo ia de lo oído», esc ibe Wal e Benjamin15.
Al lee o al escucha la na ación, el oyen e escucha al na ado . Es o esul a
pa icula men e cla o en el caso de los ela os sob e el Holocaus o.
La he encia de Ka ka y de P ous , en los análisis de Wal e Benjamin, es án
ue a de oda duda. Así, como ha pues o de mani ies o F anco Rella, «Benjamin
encon a á en Ka ka y en P ous el “modelo” de es a “p osa in eg al”, la única
capaz de cons ui en un ho izon e de sen ido y de ansmi i “la plu alidad
Na ación y hospi alidad Anàlisi 25, 2000 133
12. Ibídem, p. 116.
13. Sob e la «iden idad é ica» a pa i de El na ado de Wal e Benjamin, éase RICOEUR, P.
(1996), Sí mismo como o o, Mad id: Siglo XXI, p. 166 y s.: «Las implicaciones é icas del
ela o».
14. «El se ágil cuen a con noso os, espe a nues o soco o y nues a ayuda, con ía en que cum-
pli emos nues a palab a». [RICOEUR, P. (1997), «Pode , agilidad y esponsabilidad», en
Ho izon es del ela o. Cuade no G is, núm. 2, Mad id: Uni e sidad Au ónoma de Mad id, p. 76.]
15. BENJAMIN, W. (1998), «El na ado », en Pa a una c í ica de la iolencia y o os ensayos, op.
ci ., p. 118.
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de his o ias” que es “es uc u almen e a ín a la plu alidad de los lenguajes”»16.
La Reche che de P ous da una idea de lo que es la na ación, es o es, una igu-
a capaz de ansmi i la expe iencia. Hoy es a expe iencia es la que ha en a-
do en c isis en la sociedad de la in o mación.
La na ación hace posible que cada uno sea capaz de descub i su singula-
idad, pe o no una singula idad au ónoma, independien e de los o os, sino
una singula idad he e ónoma (pa a deci lo de un modo quizás más p óximo a
Le inas que a Benjamin). Po que es en la na ación que el oyen e se da cuen-
a de que debe «da cuen a» de la expe iencia na ada, po que si es e dade a
expe iencia na ada es su expe iencia. Po la na ación hay compasión. Po la
na ación, la expe iencia del su imien o del o o se con ie e en cons i u i a
de la iden idad del yo. Es en la acción de na a que el oyen e descub e que ya
no hay iden idad en e al o o, al modo hegeliano de la «dialéc ica del amo y
del escla o», sino que la iden idad es la al e idad misma, la iden idad es es-
pues a a la al e idad, y es a espues a es «yo mismo».
Desde es e pun o de is a, la iden idad apa ece, pues, como una iden idad
na a i a. Como han señalado Paul Ricoeu y Ma c-Alain Ouaknin, es habi-
ual en la his o ia de la iloso ía dis ingui dos escuelas en lo e e en e a la iden-
idad pe sonal17. En p ime luga , la que a i ma que el suje o siemp e es idén ico
a sí mismo en la di e sidad de sus es ados (como po ejemplo en Desca es o
en Hegel), y la que niega el suje o (Hume y Nie zsche).
Ouaknin p opone conside a la iden idad al modo «biblio e apéu ico».
¿Qué signi ica es o? Signi ica que el en aizamien o es la mue e de la iden i-
dad. El se humano es un se en camino, y la iden idad es cambian e. No iene
aquí el é mino camino un signi icado espacial. El «camino» es el cambio, el
mo imien o. És a es, pues, nues a esis: la iden idad del lec o en e al ela o es
una iden idad na a i a.
La iden idad na a i a es ape u a al ex anje o, a la al e idad adical18. La
iden idad na a i a es la a i mación de la al e idad, es queda he ido po lo
desconocido, po lo inespe ado, es deja lib e la dimensión de la es anje idad,
es a i ma que el o o jamás queda a apado po lo mismo19. Y es a a és de la
lec u a, y en la ansmisión del ela o (E zählung), que la iden idad se o ma
(se educa) (E ziehung) en el ecue do, en la memo ia, en la expe iencia
(E ah ung). Como esc ibe Paul Ricoeu al é mino de su e ce olumen de
Tiempo y na ación,
[…] la his o ia de una ida es e igu ada cons an emen e po odas las his o-
ias e ídicas o de icción que un suje o cuen a sob e sí mismo. Es a e igu a-
ción hace de la p opia ida un ejido de his o ias na adas20.
134 Anàlisi 25, 2000 Joan-Ca les Mèlich
16. RELLA, F. (1992), El silencio y las palab as. El pensamien o en iempo de c isis, Ba celona:
Paidós, p. 173.
17. Sigo a OUAKNIN, M.-A. (1994), Biblio hé apie. Li e c’es gué i , Pa ís: Ed. du Seuil, p. 124.
18. Ibídem, p. 126.
19. Ibídem, p. 130.
20. RICOEUR, P. (1996), Tiempo y na ación, Vol. III: El iempo na ado, México: Siglo XXI, p. 998.
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Ricoeu pone como ejemplo a Is ael, po que es la comunidad que cons i-
uye su iden idad na a i amen e, es o es, na ando ela os conside ados como
es imonio de los acon ecimien os undado es de su p opia his o ia21.
A pa i del Holocaus o se descub e que lo humano no se halla ni en la
azón ni en el debe , ni en la sociedad, ni en Dios, ni en el yo. Lo humano se
halla en el O o, en el o o ausen e en el ela o, en la espues a del lec o al
O o, en la elación que el lec o es ablece con el O o22. Un suje o, una iden-
idad edi icada al ma gen del O o, o en e al O o, o con a el O o, no es
una «iden idad humana»23. Es e es el gi o cope nicano que la iloso ía «esc i-
a po judíos» ha pues o de mani ies o24. Como dice Reyes Ma e, el descub i-
mien o del O o como p ime p incipio de la con igu ación é ica de la
subje i idad es el pun o de in lexión de es e nue o humanismo, de es e —pa a
deci lo con Le inas— humanismo del o o homb e. Un humanismo que se basa
en una no-p io idad de lo Mismo25. Un humanismo que econoce a la é ica
una p io idad sob e la on ología, que con ie e a la é ica en iloso ía p ime a.
La é ica es me a ísica, es iloso ía an e io al conocimien o.
La iden idad, en e del Holocaus o, es una iden idad na a i a, una iden-
idad que se encuen a e ocada y acusada po el o o, po el o o singula que
puede es a p esen e (ca a-a-ca a) o ausen e (como es el caso de la íc ima
que apa ece en los ela os del Holocaus o).
Una iden idad na a i a no es una iden idad es able o sus ancial, sino una
iden idad que se cons uye en la lec u a del ela o, en la espues a, en la acogida
del O o, de la ausencia del es imonio. La iden idad na a i a del se huma-
no es un mo imien o cons an e. Po la lec u a y la in e p e ación, como ha
pues o de mani ies o Ouaknin siguiendo a Ricoeu , la iden idad no cesa de
hace se, de des-hace se, de e-hace se. Esc ibe Ricoeu : «El ágil ás ago, u o
de la unión de la his o ia y de la icción, es la asignación a un indi iduo o a
una comunidad de una iden idad especí ica que podemos llama su iden idad
na a i a. El é mino iden idad es omado aquí en el sen ido de una ca ego ía
de la p ác ica. Deci la iden idad de un indi iduo o de una comunidad es es-
ponde a la p egun a: ¿quién ha hecho es a acción?, ¿quién es su agen e, su
au o ? Hemos espondido a es a p egun a nomb ando a alguien, designándo-
lo po su nomb e p opio. […] Responde a la p egun a “¿quién?”, como lo
había dicho con oda ene gía Hannah A end , es con a la his o ia de una ida.
Na ación y hospi alidad Anàlisi 25, 2000 135
21. Ibídem, p. 999.
22. Del mismo modo, la iden idad no puede a i ma se como iden idad si no es ab iéndose a
la al e idad, a la hospi alidad. [DERRIDA, J. (1998), Apo ías, Ba celona: Paidós, p. 27.]
23. «Toda iden idad ambién es ho ible po que pa a exis i iene que aza una di iso ia y
echaza a quien es á en la o a pa e. Sólo un odio más g ande supe a a los odios más peque-
ños, que uel en a ascende cuando deja de exis i un enemigo común.» [MAGRIS, C. (1999),
Mic ocosmos, Ba celona: Anag ama, p. 51.]
24. MATE, R. (1997), Memo ia de Occiden e. Ac ualidad de pensado es judíos ol idados, Ba celona:
An h opos, p. 221.
25. Ci o po la e sión en ca alán: LEVINAS, E. (1993), Humanisme de l’al e home, València:
Ed. 3i4, p. 55.
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La his o ia na ada dice el quién de la acción. Po lo an o, la p opia iden i-
dad del quién no es más que una iden idad na a i a»26.
De ahí que en la cons ucción é ica de la iden idad la memo ia, el ecue -
do (Eingedenken) desempeñe un papel undamen al27. Po es a azón esc ibe
Paul Ricoeu que en de e minadas ci cuns ancias, en pa icula cuando el his-
o iado es con on ado con lo ho ible, igu a lími e de la his o ia de las íc-
imas, la elación de deuda se ans o ma en el impe a i o de no ol ida 28. En
nues o caso no se a a del his o iado , sino del lec o del ela o, de odo lec-
o . El es imonio ausen e con ó con el supe i ien e, y el supe i ien e cuen a
con el lec o . En e los es « i e» la memo ia: no hay que ol ida .
El es imonio, el supe i ien e, el lec o del ela o son indi iduos conc e-
os, se es de ca ne y hueso, capaces de ama , de i i , de mo i , de llo a . El
suje o que hace en e al Holocaus o es un suje o que es capaz de eco da el esi-
duo ol idado de la his o ia, es un suje o que no cons uye su iden idad al ma -
gen de lo que ha pasado, sino en la ememo ación del pasado pa a pode
an icipa un u u o jus o. La iden idad, después del Holocaus o, se cons uye
en el ecue do de las íc imas, pe o pa a ello, pa a eco da a los que no es án p e-
sen es, hay que lee .
La lec u a de los ela os del Holocaus o se con ie e en la expe iencia i a
del pasado. El lec o se da cuen a, en onces, de que el su imien o pasado no
puede se el p ecio que hay que paga pa a la elicidad del p esen e y el u u-
o. En o as palab as: después del Holocaus o sólo hay «iden idad humana»
en el ecue do del o o ausen e, en la memo ia, en la espues a a la apelación
del o o que i en en el ela o, en la lec u a de la expe iencia del su imien o
de los que ya no es án pa a con a lo. Así, el pasado se con ie e en un cue po
i o «siemp e lib ando ba allas, po más que haya pe dido muchas»29.
El suje o e dade amen e «humano» sabe que la humanidad es el elos del
p og eso, y no el p og eso el elos de la humanidad; sabe que la cues ión no es
i en con a del p og eso, pe o que ningún p og eso ale an o como pa a nega
lo humano. Es un suje o que sabe que ningún p esen e puede se jus o cons-
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26. RICOEUR, P. (1996), Tiempo y na ación III: El iempo na ado, México: Siglo XXI, p. 997.
Véase ambién la in e p e ación de es a idea de Ricoeu en OUAKNIN, M.-A. (1994),
Biblio hé apie. Li e, c’es gué i , Pa ís: Seuil, p. 131 y s. No hay una iden idad, sino posibi-
lidades de iden idad, iden idades posibles y con adic o ias. [OUAKNIN, M.-A. (1998), Ce
po cela qu’on aime les lebellules, Pa ís: Calmann-Lé y, p. 179.]
27. MATE, R. (1991), «Razón y memo ia. La di ícil he encia eu opea», Cla es de azón p ác i-
ca, núm. 17, no iemb e, Mad id, p. 31: «Hay, en e ec o, dos mane as de en ende la dialéc ica
ol ido- ecue do: a) como econducción al concep o —al concep o cien í ico— de lo que
queda ue a. Eso que queda ue a del concep o puede se lo p e- ilosó ico, las adiciones,
los mi os, e c., o el «me o espí i u», es deci , la conside ación me amen e espi i ual del espí-
i u, sin e e en es ma e iales que pe mi an un conocimien o cien í ico. Y b) sen ando una
di e encia en e ecue do y ciencia: el ecue do de lo inasimilable po el conocimien o cien-
í ico, si bien es i al pa a el pensamien o, pa a el p e endido undamen o humano de la
p axis».
28. RICOEUR, P. (1996), Sí mismo como o o, Mad id: Siglo XXI, p. 167.
29. MATE, R. (1991), «Razón y memo ia. La di ícil he encia eu opea», op. ci ., p. 32.
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uido al ma gen del pasado, po que, como esc ibió Wal e Benjamin, odo
documen o de cul u a es ambién un documen o de ba ba ie30.
Nos hallamos an e un suje o con igu ado desde la al e idad y no desde la
iden idad; o, si se quie e, un suje o que sabe que sólo una iden idad genui-
namen e humana es una iden idad desde la al e idad, en la al e idad y pa a la
al e idad. Una iden idad que en iende que la di e encia con el o o es de e-
encia.
La subje i idad, en onces, se descub e como esponsabilidad an e el O o,
aquél al que no ole a el concep o y, po lo an o, como una subje i idad que
ecue da, que no ol ida31.
En el ela o del Holocaus o, la al e idad, an o la del es imonio como la
del supe i ien e, es án p esen es como ausencia, como huella. Si lo elacio-
namos con la eo ía de la na ación de Wal e Benjamin esul a, en onces, que
«la huella (Spu ) del na ado queda adhe ida a la na ación, como las del al a-
e o a la supe icie de su asija de ba o»32. La p opia huella del na ado es á
a lo de piel en lo na ado, lo que e iden emen e no sucede ni en las no elas
ni en la in o mación. En la na ación, el na ado , incluso en el caso en que
no haya i ido lo na ado, es esponsable de los hechos que ela a. De ahí
que Elie Wiesel denuncie el que la his o iog a ía con íe más en los documen-
os «obje i os» que en los es imonios de las pe sonas que cuen an lo que les ha
ocu ido. «El documen o núme o XY, edac ado po un desconocido en Be lín
o en cualquie o o si io, iene más peso que la memo ia de una pe sona»33.
Pe o, y así lo sos iene Wiesel, los documen os sólo dan cuen a de los hechos,
y los hechos son muchas eces con adic o ios. La e dad puede halla se en el
es imonio i o, en la expe iencia. Pe o hay que ema ca la idea que p eside
odo es e lib o: en el ela o del Holocaus o no solamen e se ansmi e la expe-
iencia del supe i ien e, del na ado , sino ambién el es imonio de una
ausencia, de un ausen e, el e dade o es imonio, la íc ima.
Lluís Duch ha in oducido el concep o de es imonio como una ca ego ía
undamen al pa a la educación en la c isis de la mode nidad. Veamos el siguien-
e ex o de Duch, en el que se pone de mani ies o la elación en e la c isis de
la palab a y de la na ación, po un lado, y la de la educación, po o o: «La
c isis ac ual de las ansmisiones pe mi e que nos demos cuen a cabal de que
nos encon amos plenamen e sume gidos en la cul u a del ol ido. Queda muy
lejos de noso os aquella cul u a anamné ica que p oponía Wal e Benjamin
como an ído o con a los es agos de una his o ia en endida como me a pun-
Na ación y hospi alidad Anàlisi 25, 2000 137
30. Pa a es a cues ión además de e la esis núm. 7 de Übe den Beg i de Geschich e de Wal e
Benjamin, es con enien e eco da el poema de Be ol B ech , P egun as de un ob e o que
lee.
31. «Si mue e el ecue do, el homb e sólo se á su p opio expe imen o, un obje o cien í ico».
[MATE, R. (1991), «Razón y memo ia. La di ícil he encia eu opea», op. ci ., p. 34.]
32. BENJAMIN, W. (1998), «El na ado », en Pa a una c í ica de la iolencia y o os ensayos, ed.
ci ., p. 119.
33. WIESEL, E. [y METZ, J.B.] (1996), Espe a a pesa de odo, Mad id: T o a, p. 94.
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