Mitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos : Los talk shows
Abstract
La reflexión sobre los talk shows que se realiza en este artículo tiene como objeto definir las características de uno de los géneros más representativos del papel de interface entre el individuo y las instituciones que desempeña la televisión actual; un papel que ha terminado por convertir la recepción televisiva en una verdadera actividad ritual de los mitos que gobiernan la relación del yo con los otros. La autora realiza un breve recorrido por la historia del género en Estados Unidos y en España, dirigido a determinar los factores que han convertido el acto de la recepción en una pragmática.
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Resumen La reflexión sobre los talk showsque se realiza en este artículo tiene como objeto definir las características de uno de los géneros más representativos del papel de interfaceentre el individuo y las instituciones que desempeña la televisión actual; un papel que ha terminado por convertir la recepción televisiva en una verdadera actividad ritual de los mitos que gobiernan la relación del yo con los otros. La autora realiza un breve recorrido por la historia del género en Estados Unidos y en España, dirigido a determinar los factores que han convertido el acto de la recepción en una pragmática. Palabras clave:talk shows, reality shows,género, televisión, mito, ritual, recepción, interacción. Abstract. Daily Mythologies and Small Television Rituals. The talk shows The reflection on talk shows made in this article attempts to define the characteristics of one of the most representative genres of the interface role between individuals and the institutions undertaken by today’s television: a role which has ended up turning television reception into a ritual activity of the myths which rule the relations of ourselves with others. The author carries out a brief run through this genre’s history in the United States and Spain, guided to determine the factors which have turned the act of reception into pragmatism. Key words:Talk shows, reality shows, genres, television, myth, ritual, reception, interaction. Anàlisi 24, 200079-92 Mitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos. Los talk shows Charo Lacalle Zalduendo Universitat Autònoma de Barcelona Departament de Periodisme i de Ciències de la Comunicació 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Sumario Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 79 Origen de los talk shows El talk showen España La televisión pragmática Carácter mítico y ritualidad de la recepción televisiva Bibliografía
Obesidad, abusos sexuales, niños desaparecidos, prostitución, estafas, infidelidad, divorcios traumáticos… Esperpentos y miserias de una sociedad mediática y paradójica, que sólo es capaz de resaltar su carácter humanista mostrando su cara más inhumana. Una sociedad que ha convertido a la palabra en un mito y a la televisión hablante en un ritual, al asimilar palabra y acción, televisión e institución, emisión y recepción. Entre el glamour de los famosos (crónica rosa), las actividades de los políticos (telediarios) o los sueños de la gente común (concursos) transita toda una galería de abandonados, víctimas o maltratados que van buscando en el interlocutor abstracto de la televisión la oportunidad de hablar («Desde luego ha sido una gran terapia decirlo», señala una espectadora al revelar por el teléfono de Como la vida misma que fue violada hace doce años y nunca lo había contado) o la solidaridad de la que carecen en su entorno («Te queremos y queremos ayudarte. Toda España está pendiente de este caso», manifiesta la conductora de ese mismo programa a una señora que tiene miedo de su violento marido). En las páginas siguientes nos proponemos determinar las características de un género televisivo, el talk show, que constituye un ejemplo emblemático de esa palabra omnipotente y omnipresente que se habla en toda la televisión actual, en donde la conversación con el espectador, simulada o real1, es el principio rector de estilos y formatos. El objetivo de nuestra reflexión es intentar caracterizar la recepción televisiva de los talk shows como una actividad ritual de los mitos que gobiernan la identidad del yo y su relación con los otros. En nuestro recorrido por el talk show vamos a partir de los comienzos del género en Estados Unidos, donde se conforman los primeros prototipos que luego se exportaron a Europa, pero recurriremos a ejemplos de los dos únicos programas de este tipo que se emiten en España en la temporada televisiva 1999/2000: Como la vida misma, en Antena 3 desde el 13 de septiembre de 1999 (presentado por Alicia García Senovilla), y el módulo dedicado al talk show del magazine contenedor Sabor a ti, que el 6 de septiembre pasado iniciaba su segunda temporada en esa misma cadena de la mano de Ana Rosa Quintana2. El interés de ambos programas reside en la hibridación entre reality show y talk show que realizan, al intentar colmar, mediante la palabra «catártica» de la televisión, el vacío dejado por aquellos reality shows que en cierto modo cumplían funciones parainstitucionales, como Quién sabe dónde (búsqueda de desaparecidos), Se busca (identificación de delincuentes), etc., o de carácter «social», como Lo que necesitas es amor (relaciones sentimentales), Sinceramente, Ana Rosa Quintana (reconciliaciones), etc., más allá de lo discutible que pudiera ser una buena parte de los recursos utilizados por dichos programas. 80 Anàlisi 24, 2000 Charo Lacalle Zalduendo 1. Véase la distinción que realiza G. Bettettini entre conversación conversada y conversación textual (Bettettini, 1984). 2. El talk show, que comienza hacia las 18 horas, sólo ocupa aproximadamente 45 minutos de las 3 horas que dura el programa de Ana Rosa Quintana, pero, por comodidad, lo denominaremos Sabor a ti (como el conjunto del programa) cada vez que nos dirijamos a este espacio. Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 80
Bajo el formato clásico del talk show, las historias de vida que relatan los huéspedes de los programas («He criado a diez hijos y a tres nietos», «Me violó el marido de la cocinera del colegio», etc.) se mezclan con búsquedas de niños desaparecidos («Mi nieto desapareció cuando volvía del colegio a casa»), espacios casi de agencia matrimonial («He venido porque me gustaría encontrar al hombre de mi vida») o reivindicaciones de todo tipo, desde las quejas contra la Sanidad pública («Mi hijo murió por un descuido del cirujano») o contra el sistema judicial («A mi marido lo condenaron injustamente por violación»), hasta la recogida de fondos para los niños del Tercer Mundo («Ésta es la semana de la solidaridad de Antena 3») o demanda de cobertura social para minusválidos psíquicos que sólo cuentan con el apoyo de su familia («El día que muramos nosotros, no sé lo que hará este niño»). Se trata de una mezcla de elementos del contenido del texto que no responde ni a exigencias estilísticas ni formales sino pragmáticas, pues se «recicla» cualquier cosa que pueda tener cabida en los programas. El abigarramiento asistemático de los elementos del contenido confiere a Como la vida misma y Sabor a ti un cierto carácter manierista respecto a los exponentes típicos del género, síntoma inequívoco de que este tipo de espacios televisivos se encuentra ya en el ocaso de su «ciclo vital»3 en un contexto televisivo caracterizado por una progresiva vuelta hacia lo espectacular, que se traduce a finales de 1999 en un incremento notable de los programas de ficción y de los concursos. Origen de los talk shows La vocación genealógica que caracteriza a la historia de la comunicación ha llevado a muchos autores a remontar el origen del talk show hasta programas como Queen for a day (1956-1962) [Reina por un día], una especie de concurso en el que se premiaba a la protagonista de la historia más conmovedora. Al igual que la mayor parte de los programas televisivos que se emitían en Estados Unidos entre los años cuarenta y cincuenta, este sob programming (programa de sollozos) procedía de la radio y, si bien constituía una de las versiones más extremas del carácter popular y populista de su género, representaba a la perfección el espíritu que presidía los orígenes del medio televisivo. Entre las grandes noticias del mundo, las actuaciones de famosos y las teleseries, el espectador se introducía en esa televisión-Midas de los concursos (emblema de la igualdad de oportunidades que se convirtió en una de las principales consignas políticas de la posguerra), capaz de convertir en oro y glamour todo lo que transitaba por la pequeña pantalla. Donahue, el primer talk show de la televisión norteamericana, le debe al síndrome del sob show (espectáculo del sollozo) el haber descubierto «el potencial del aroma dramático, que pocos ejecutivos de las cadenas hubiesen tomaMitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos. Los talk shows Anàlisi 24, 2000 81 3. O. Calabrese utiliza la metáfora formalista del ciclo vital humano aplicado a la historia del arte para describir la evolución de los programas contenedores de la televisión (Calabrese, 1989: 17), que consideramos igualmente apropiada en relación con los talk shows. Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 81
do en consideración previamente» (Matelski, 1991: 24) y al concurso el acceso del hombre común a la televisión (y la presencia del público en el estudio), pero amplió considerablemente el radio de acción del medio al flanquear a la televisión-Midas del reparto de premios de los concursos con la televisión justiciera, terapéutica y relacional de las denuncias de los talk shows. Phil Donahue, el presentador del programa que llevaba su nombre, había debutado en 1967 en la WLWD-TV (una estación de VHF que emitía desde Dayton) con la adaptación televisiva de su espacio radiofónico Conversation piece. Donahue pasó de Dayton a Chicago en 1973 y la WLWD-TV se afilió a la NBC en 1977, lo que determinó la suerte del conductor y, al menos en buena parte, también del género que nos ocupa, pues en 1979 este talk show sobrepasaba ya los 9 millones de espectadores y se transmitía por 178 estaciones. La dificultad de conseguir que los famosos se desplazasen hasta la remota Dayton para ser entrevistados fue, al parecer, una de las razones que llevaron a Phil Donahue a interesarse por la gente común. Para compensar el escaso atractivo de sus anónimos huéspedes, Donahue acentuaba los aspectos más morbosos o curiosos de los temas tratados e impulsaba una participación cada vez mayor del público, abocada siempre a la polémica. Donahue superó la competición con los reality show de finales de los setenta y lideró el ranking de audiencias hasta mitad de los ochenta, cuando el programa de Oprah Winfrey (una reportera negra que sólo había conseguido destacar en los informativos de la ABC de Baltimore por su implicación emotiva en los sucesos que cubría) alcanzó difusión nacional. En 1986, Oprah Winfrey Show se convirtió en el programa más sindicado de Estados Unidos (junto con los concursos Jeopardy! y Wheel of fortune [La ruleta de la fortuna], llegando incluso a superar los 15 millones de espectadores en las 192 ciudades en donde se emitía4. Modelados a partir del prototipo de Donahue, los talk shows norteamericanos de los años ochenta renunciaron desde el principio al carácter noticiable de muchos de los temas que trataba Phil Donahue y prefirieron explorar y explotar otros aspectos del talk show que parecían interesar cada vez más a la audiencia. Así pues, el hispano Geraldo Rivera convirtió el plató en el cuadrilátero de las controversias más violentas de la historia de la televisión, mientras que Sally Jessy Raphael y Oprah Winfrey se centraban y se implicaban en cuestiones mucho más íntimas y personales. Por ejemplo, mientras Raphael compartía su propio dolor por la muerte de su hija con otras madres que habían vivido experiencias semejantes, Winfrey revelaba que ella misma había sido víctima del incesto en su infancia y adicta a la cocaína unos años antes, lo que convertía su programa en «una terapia autobiográfica y catártica» (Munson, 1993: 138). El talk show estadounidense fue experimentando una importante inflexión a lo largo de los noventa, determinada principalmente por un radical rejuve82 Anàlisi 24, 2000 Charo Lacalle Zalduendo 4. Phil Donahue se retiró de los talk shows en 1996, después de veintinueve años presentando su programa, mientras que Oprah Winfrey se ha ido decantando cada vez más por temas de carácter social. Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 82
necimiento del género y por una mayor radicalización de la polémica (Graham Scott, 1996: 230). Todos los presentadores de la nueva generación de talk shows (Ricki Lake, Maury Povich, Montel Williams, Jenny Jones, Gordon Elliot, etc.) tienen menos de treinta años, al igual que una buena parte de los huéspedes, del público presente en el estudio y del target hacia el que apuntan. Ricki Lake es, desde 1993,el talk show más importante de esta década por su carácter innovador y por la gran influencia que ha ejercido entre los otros programas, fue creado para capitalizar a los jóvenes y potenciar así el creciente mercado de las cadenas por cable. Pensado principalmente para una franja de edad comprendida entre los dieciocho y los treinta y cuatro años, el programa de Ricki Lake acentúa la confrontación, la emoción, la excitación sexual y la participación del público respecto a los talk shows de la generación anterior, en medio de un ritmo vertiginoso que permite doblar el número de invitados (de seis a doce) y reducir considerablemente el tiempo dedicado a las entrevistas. Por otra parte, los temas tratados son cada vez más generales, pues están destinados casi exclusivamente a servir de marco para la confrontación entre los participantes. Los nuevos talk shows han sido modelados al estilo de los programas de los años sesenta, «que solicitaban la respuesta de una vociferante audiencia en el estudio» (Shattuc, 1997: 9) y exacerban el carácter populista de este género, prestos a canalizar el descontento de todos aquellos que difícilmente podrían acceder a otras vías de comunicación mediática. Jane Shattuc (1997: 34) sostiene que, más allá de los cambios en los gustos y las costumbres o en la ética social, los factores determinantes de la evolución de los talk shows fueron la tremenda competencia entre canales, originada por la desregulación y la ruptura del consenso político y periodístico, a los que podríamos añadir los enormes beneficios económicos que generan estos programas de producción barata y rápida distribución. En el contexto europeo, Francia fue el país donde más sólidamente arraigó el género que estamos describiendo aquí, pero en una versión más de tipo «psicoanalítico»5que desencadenó todo un debate político y mediático sobre los efectos de la televisión «terapéutica», comparable con la polémica que ha generado la segunda generación de talk shows en Estados Unidos6. Sin embargo, a diferencia de la evolución del género en Norteamérica, el declive del talk show no ha desembocado en Europa en una etapa de «rejuvenecimiento» del mismo, ni tan siguiera en lugares como Gran Bretaña o Alemania, donde la televisión por cable y la difusión por satélite conforman un tipo de mercado Mitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos. Los talk shows Anàlisi 24, 2000 83 5. Uno de los programas más emblemáticos de la «televisión psicoanalítica» francesa fue Bas les Masques, un talk show de confesiones conducido por la psicóloga Catherine Muller. 6. En 1995, William Bennet, el neoconservador ex secretario de educación, lanzó una campaña sin precedentes contra los nuevos talk shows para la que reclutó tanto a republicanos moderados como a demócratas o a liberales, entre los que figura la mismísma Oprah Winfrey, convertida en los últimos años en una abanderada de la «moralidad» televisiva (véase J. Shattuc, 1997, p. 138 y siguientes). Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 83
más parecido al norteamericano que el del área latina. Simplemente se han reducido de modo drástico o se han intercalado entre los diferentes módulos de los programas contenedores. El talk show en España Al igual que en los otros países de su entorno, el origen del talk show en España se puede remontar a los programas de debate de los años ochenta (La vida en un xip, TV3…), pero a diferencia de Francia, que inauguró su primer talk show «psicoanalítico» (Psy Show) en 1983, o de Italia, donde ya se emitían programas de «confesiones» desde la segunda mitad de los ochenta (Io confesso [Confesiones], Sfoghi, Scrupoli…), este género se configuró aquí a la zaga de los reality shows, que se habían adueñado del prime time televisivo español desde principios de los noventa7. Ana fue el primer talk show propiamente dicho, que llegó a las tardes de Tele 5 el 8 de julio de 1996, procedente de Telemadrid (El programa de Ana), presentado por Ana García Lozano. Entre las diferentes tentativas de las otras cadenas estatales por consolidar sus propias versiones del género (¡Vaya lío!, Sólo para mujeres y Para entendernos, de TVE1; Nunca es tarde y Sinceramente, Ana Rosa Quintana, de Antena 3, etc.), el único competidor serio de Ana fue Digan lo que digan, presentado por Jaime Bores en TVE1 desde el 29 de septiembre de 1997. Los programas de las cadenas autonómicas se han mantenido siempre a considerable distancia del programa líder y presentan un panorama más heterogéneo, con programas orientados más hacia la vida cotidiana que hacia la confesión8. En las televisiones generalistas españolas el proceso de hibridación de los géneros televisivos ha desembocado en una readaptación de los talk shows precedentes, originada por la disgregación y la sucesiva reinsertación de sus características genéricas diferenciadoras en magazines diurnos (Día a día, Tele 5) o nocturnos (Malalts de tele, TV3), vertebrados mediante estructuras discursivas tomadas de la conversación e isotopías9temáticas procedentes de la personalización. Por ejemplo, los presentadores de Malalts de tele simulan formar 84 Anàlisi 24, 2000 Charo Lacalle Zalduendo 7. Recuérdese que los reality shows españoles más famosos han sido versiones importadas de programas extranjeros (Quién sabe dónde, Misterios sin resolver, La máquina de la verdad, Lo que necesitas es amor, Confesiones, etc.). Sobre el reality show español, véase Lacalle, 1995. 8. Durante sus dos primeras temporadas en antena Ana llegó a rebasar el 30% de share, mientras que Digan lo que digan obtenía cuotas de pantalla en torno al 27%. Sin embargo, a diferencia de Ana, Digan lo que digan era un programa «contenedor», que incluía actuaciones y juegos. Ana comenzó a invitar a famosos y a salir fuera del plató cuando el programa de Tele 5 inició su imparable descenso, que la hibridación no fue capaz de amortiguar. Entre las versiones autonómicas del talk show solo L’hora de Mari Pau Huguet (TV3) se ha mantenido siempre por encima del 20% de audiencia, mientras que La hora de Mari Pau oscilaba entre el 21% de Telemadrid, el 18% de ETB2 y el 12% de Canal Sur. En primera persona, un talk show de sobremesa de Canal 9, acabó su breve andadura con una media del 16,4%. 9. Greimas define la isotopía como una clave de lectura que torna homogénea la superficie del texto, porque permite suprimir las ambiguedades (Greimas y Courtés, 1979, voz «isotopía»). Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 84
una familia, cuyas supuestas relaciones constituyen la base estructural de un hipotético relato sobre el que se asienta este magazine. En otros casos, el talk show propiamente dicho (historias de vida, denuncias, etc., realizadas directamente por sus protagonistas) pasa a ser un módulo de programas contenedores como Sabor a ti, cuyo único nexo con el resto de las secciones (tertulia de crónica rosa, concurso, etc.) es la figura de la conductora del magazine (Ana Rosa Quintana). Como la vida misma, el único talk show aparentemente «puro» que se emite en la actualidad (y que finalmente ha permitido a Antena 3 apuntalar sus mañanas entre los magazines de la competencia), no representa ni un revival del talk show ni tampoco su «resurrección». Por el contrario, más bien parece capitalizar los últimos estertores de un género que se reconstituye reciclando todo lo que puede de esa televisión compasional, tribuna del ciudadano anónimo desde donde ahora se dirigen al espectador/coautor del programa familiares de desaparecidos semejantes a los de Quién sabe dónde (TVE1), estafadores o adúlteros como los de Yo confieso (Antena 3), víctimas sociales que podríamos haber visto en Luz roja (TVE1) y ex alcohólicos, ex ludópatas o simplemente ex maridos que pedían una última oportunidad a su pareja en Lo que necesitas es amor (Antena 3)10. La polvareda que levantaron algunos reality shows en España (La máquina de la verdad de Tele 5, Esta noche sexo de Antena 3…), los escándalos sobre los testimonios falsos de actores pagados que habían aparecido en diferentes talk shows de prestigiosas cadenas televisivas europeas (BBC, RAI, TF1, etc.) o la controversia social suscitada por los talk shows en los países de nuestro entorno (Francia e Italia), han podido contribuir a que este género adquiriera un carácter tan mutante en España, capaz de pasar de una relativa contención en las franjas diurnas (en Ana eran impensables muchos de los temas y el tono de Ricki Lake) a la incontinencia de programas como Esta noche cruzamos el Mississipi, de Tele 5 (recordemos el personaje de «La Veneno») o Crónicas marcianas (también de Tele 5, con un Boris Izaguirre que a veces raya en el más puro surrealismo). Parece como si esta televisión de lo «real» pretendiese salvar la cara compadeciendo a las víctimas y mostrando, sin pronunciarse, otras figuras más cuestionables11. De ese modo se inculca en el espectador una equivalencia entre «información» y «acción» que convierte la recepción televisiva en un acto pragmático. Mitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos. Los talk shows Anàlisi 24, 2000 85 10. A veces, los personajes de los diferentes programas no sólo se parecen entre sí, sino que incluso están interrelacionados. Por ejemplo, mientras que una madre pedía justicia en Sabor a ti por el asesinato de su hija (descuartizada cuando estaba embarazada de ocho meses), su yerno (que posteriormente sería acusado de dicho asesinato) se exhibía en otro programa de Antena 3 (Para toda la vida) jurando amor eterno a su nueva pareja, con la que pensaba contraer matrimonio próximamente. 11. No nos referimos sólo a los participantes de los talk shows, sino también a una buena parte de los protagonistas de las noticias y de los seriales. Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 85
La televisión pragmática Roger Silverstone considera, desde su enfoque cultural, que la búsqueda del mito en la sociedad contemporánea se debe a la necesidad de encontrar vías de expresión de nuestras preocupaciones básicas, nuestros valores comunes y nuestras ansiedades profundas, mientras que el carácter ritual de la recepción televisiva se fundamenta en la necesidad de expresar pública y colectivamente nuestros intentos de resolver todos esos problemas (Silverstone, 1988: 24). Para el autor, los textos televisivos constituyen «el lugar contemporáneo de la cultura mítica», que transforma los mitos en creencias («Cada uno tiene que actuar según sus principios»,[Sabor a ti]) y los rituales en acción («Nosotros [el programa] vamos a hacer todo lo posible para que Natalia y Roberto se encuentren con su hermana», [Como la vida misma]). El carácter ritual de la recepción de los talk shows no sólo permite interpretar y dar sentido a esas historias que se cuentan en la televisión, sino que, además, representa un auténtico vehículo de participación en la vida social. Sin olvidar que el entretenimiento constituye el objetivo primario de todo programa televisivo, entendemos que el carácter mítico de los talk shows se forja, al igual que ocurre con las noticias, al «inscribir en lo más profundo de la conciencia social las líneas fundamentales del orden y de la moralidad» (Knight y Dean, 1982: 145) («Bueno, señores, es que no sé que decir, porque eso es inmoral», [Como la vida misma]), mientras que su carácter ritual deriva de la tranquilidad y la familiaridad que nos ofrecen las experiencias socialmente compartidas (Bird y Dardenne, 1988: 70) («Bueno, pues desahógate» [Como la vida misma]). Las historias de los talk shows suscitan en el espectador, con más fuerza que cualquier otro género televisivo, esas emociones mediáticas que Luc Boltanski define como una mezcla de emociones reales y ficcionales capaces de «orientar las emociones del espectador hacia la acción» (Boltanski, 1993: 219)12. El talk show constituye un claro exponente del continuo proceso de hibridación que ha ido contaminando progresivamente a todos los géneros televisivos, pues se modela a partir de la estructura del debate (la conversación), la temática de los reality shows (la vida privada) y la participación del público de los concursos. Estamos, por tanto, ante una especie de concentrado televisivo que convierte la tradicional ventana al mundo de la neotelevisión en un espejo donde se refleja, cada vez más nítidamente, la imagen del espectador de la paleotelevisión (Eco, 1983). El talk show es, por encima de todo, un «espectáculo de conversación» que, según Jane Shattuc (1997: 3), posee las siguientes características: a) suele tratar casi siempre de cuestiones sociales («mujeres maltratadas», «desaparecidos») o personales («mi marido me abandonó», «he sido infiel»); b) se requiere la participación del público (mediante presencia en estudio o por teléfono); 86 Anàlisi 24, 2000 Charo Lacalle Zalduendo 12. Hasta el punto de que las imágenes mediáticas han terminado por convertirse prácticamente en el único medio de protección de los pueblos que sufren (Boltanski, 1993: 268). Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 86
c) se estructura en torno a la «autoridad moral» de un conductor («No. No te vas a suicidar» le dice tajantemente Ana Rosa Quintana en Sabor a ti a un travestí que ya no puede soportar más la prostitución); d) su audiencia es mayoritariamente femenina (hasta un 70% de mujeres en España); e) se emite en franjas diurnas (mañana o tarde). A diferencia de los elementos «televisivos» que destaca Shattuc en el talk show, Wayne Munson pone de manifiesto la dialéctica sobre la que se asienta este tipo de programas, semejante a la que preside la relación entre mito y ritual: Como su nombre indica, el talk show funde y parece reconciliar dos tipos de retórica diferentes e incluso contradictorios. Enlaza la conversación, lo interpersonal —la tradición oral premoderna— con el espectáculo de los medios nacidos de la modernidad. Entre otras cosas, se convierte en un modo de recuperación que reconcilia la tecnología y las mercancías con la comunidad, la cultura de masas con lo individual y lo local, la producción con el consumo (Munson, 1993: 6). La mitificación de la palabra televisiva determina, para Dominique Mehl, el paso de una televisión mensajera, orientada a informar y formar a su público, a una televisión relacional, que con tal de satisfacer al espectador acaba incorporándolo de modo real en el espacio televisivo. Para la socióloga francesa, dicha participación desemboca con los talk shows en una televisión compasional, que «traduce la dificultad de comunicar en una sociedad que pretende ser de comunicación generalizada» (Mehl, 1996: 10). La carencia de grandes relatos, que caracteriza a una buena parte de la narrativa de fin de milenio, encuentra en el minimalismo de esas vidas anónimas que transitan por la pantalla y en las miríadas de sentimientos que provocan en el espectador la reacción adecuada para sustituir los procesos catárticos de identificación con los héroes tradicionales de la ficción por una corriente de empatía que canaliza la excitación de la recepción hacia la compasión. La interactividad de la televisión actual no reside tanto en el diálogo «real» con ese espectador empírico (Eco, 1979) que se introduce en todos los magazines televisivos, cuanto en la posibilidad que la recepción nos brinda de acercarnos al otro (el «desaparecido», el «abandonado», el «maltratado», el «enfermo»…) para que ocupemos [simbólicamente] su lugar. De ahí que la reiterada celebración de los mitos de la solidaridad y la participación social convierta a los programas de la televisión compasional en una verdadera ceremonia ritual. Al igual que había ocurrido en Italia y Francia con Chi l’ha visto? y Perdu de vue, la versión española de dichos programas, Quién sabe dónde (La 2, 1991 y TVE1, 1992), inauguraba en España una televisión mediadora, institucional y hablante que, además de encontrar desaparecidos, se fue constituyendo gradualmente en un foro desde donde juzgar (La máquina de la verdad, Veredicto, Mitologías cotidianas y pequeños rituales televisivos. Los talk shows Anàlisi 24, 2000 87 Anàlisi 24 079-092 7/4/00 10:53 Página 87