Resumen
El espacio del mi o es el luga donde la subje i idad humana en a en elación con los enó-
menos obje i os es udiados has a aho a po la ciencia, no pa a anula los sino pa a en i-
quece los. La a ea básica de la ciencia ya no eside, de aho a en adelan e, en echaza y
anula es e espacio subje i o, como ha enido haciendo has a el momen o, sino en inco -
po a lo a sus in es igaciones, en desa olla un mé odo capaz de ges iona su básica di e -
sidad.
Palab as cla e: espacio mí ico, ciencia, complejidad, nue as ecnologías, globalidad.
Abs ac . The Di used Glance
The space o my h is whe e human subjec i i y comes o e ms wi h he objec i e e en s
s udied up o now by science, wi h he aim o en ich ins ead o cancelling hem. F om
now on, science’s basic ask no longe lies in ejec ing and cancelling his subjec i e space,
as done up o now, bu in ol ing i in i s in es iga ion and de eloping a me hod able o
manage i s essen ial di e si y.
Key wo ds: My hic space, science, complexi y, new echnologies, globali y.
También la ciencia, al llega al é mino de sus pa adojas, deja
de p opone y se de iene pa a con empla y dibuja el paisaje
siemp e i gen de los enómenos.
Albe Camus
Acep é la in i ación de esc ibi un a ículo sob e el mi o, no siendo un espe-
cialis a en la ma e ia po que c eí que algunos aspec os de la enomenología del
mismo podían ayuda nos a comp ende pa e de las c ecien es complejidades
que la incidencia de las llamadas nue as ecnologías añade a la es uc u a de la
sociedad con empo ánea. Con es e esc i o, po lo an o, no p e endo ni mucho
menos p o undiza en un campo del sabe , el del mi o, cuya as edad lo deja
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La mi ada di usa: o maciones y de o maciones
del espacio mí ico con empo áneo
Josep M. Ca alà Domènech
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ue a del con ol de los que no somos especialis as, sino an sólo se i me de
alguno de sus pa áme os pa a pone en e idencia aspec os de la comunica-
ción social que po los caminos adicionales nunca se alcanza ían a islum-
b a . Es en es e sen ido que c eo que hay que conduci la necesa ia supe ación
de los lími es del sabe especializado y los emo es a sali se de los má genes
que el mismo conlle a, dejando el abajo de p o undización pa a los e da-
de os expe os, pe o gua dándose pa a sí el de echo a u iliza de e minada dis-
ciplina como pla a o ma pa a pone de mani ies o enómenos que, de o a
o ma, pasa ían desape cibidos, con el consiguien e empob ecimien o cul u al
que ello supond ía. Es as incu siones ansdisciplina ias, que has a hace bien
poco aún e an obse adas con ecelo, end án que i en aumen o, si que emos
segui man eniendo nues a imaginación a la pa de una ealidad cada ez más
compleja. En es a ac i ud eside el e dade o, y eno ado, espí i u cien í ico, y
no en la sal agua da de unos sabe es aco ados g emialmen e.
I
Nues a cul u a es básicamen e p ocli e a en ende los mi os como un ela o,
una his o ia e e encial que, a eces, como en Home o, abso be la misma ea-
lidad y la con ie e en mí ica. Sin emba go, las épocas he oicas, aquéllas en
que los dioses con i en y se mezclan con los homb es, son siemp e p o ohis-
ó icas: p ác icamen e nunca acaban de ma e ializa se en el p esen e, excep o
en aquellos casos de insania en los que el en e mo i e li e almen e en el mi o
y con empla como e e encia mí ica nues a ealidad. El mi o, po el con a io,
es á si uado en un más allá del iempo que planea sob e el p esen e sin nunca
acaba de ac ualiza se. P ecisamen e po es a imposibilidad de e enca nado el
mi o es que pe i e el mecanismo mí ico. La sed de ascendencia no se calma
median e su ealización, sino a a és del cons an e deseo de una p esencia
nunca alcanzada. Es es e deseo el que se e e niza y no el mi o en sí o sus dis in as
ep esen aciones. Po ello se hace necesa io que, en e la e e nidad de la leyen-
da y el acío nunca esuel o de su ac ual ausencia, deba ins ala se el e dade-
o espacio del mi o, su escena io enazmen e con empo áneo.
Nos hablaba ya Cassi e de las ca ac e ís icas del espacio del mi o, indi-
cándonos que si bien di ie e en con enido del espacio geomé ico, conse a
con él una cie a analogía o mal. Quie o en ende es o de mane a lige amen e
dis in a, sin emba go, al undamen alismo neokan iano del ilóso o alemán y
p opone la comp ensión del espacio mí ico como un espacio supe pues o al
espacio de la pe cepción, un poco como el espacio geomé ico se supe pone, en
su calidad abs ac a, a nues a di ec a isión de lo eal. El espacio que compo-
ne el mi o en elación con la ealidad es un espacio descen ado y lige amen-
e desplazado con espec o al espacio eal, al que de alguna o ma si e de
complemen o. Ca los Ga cía Gual nos ecue da la impo ancia que la imagen
iene en la pe du ación del mi o y nos emi e al concep o de «cons ancia icó-
nica» de Blumenbe g, pa a quien «la cons ancia de su núcleo esencial hace que
el mi o pueda compa ece , como una inclusión e á ica, incluso en el con ex-
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o de las na aciones más he e ogéneas»1. Yo quie o añadi que es a cons an-
cia icónica debe amplia se al concep o de espacio en el que el mi o se p oduce
y que es igualmen e pe sis en e.
Aho a mismo, acabo de con empla , po ele isión, un ejemplo espléndi-
do de es e espacio mí ico, cuya cla a ma e ialización cumple con la p ác ica
habi ual en los medios con empo áneos de obje i a lo subje i o (que no es
exac amen e lo mismo que cosi ica lo). Me es oy e i iendo a una edición del
espacio de An ena 3 «So p esa So p esa», el cual acos umb aba a ecu i en su
desa ollo a al as dosis de emociones p ima ias. En es e caso, como en an as
o as ocasiones en el mismo p og ama, dos pe sonas, que no se eían desde
hacía mucho iempo, iban a encon a se en el pla ó. Como de lo que se a a es
de con e i es os encuen os en espec áculo, los ealizado es acos umb an a
ecu i a una cie a dosis de d ama u gia — an p imi i a como las mismas
emociones que ges ionan— con la que dosi ica esa so p esa que odo el mundo,
incluso los di ec amen e implicados, suponen ine i able. Pe o en es e caso los
p olegómenos adqui ie on una isualización inespe ada y muy in e esan e2.
No malmen e las dos pa es abocadas al encuen o se man ienen en espacios
dis in os has a que, li e almen e, se las suel a pa a que se abalancen una sob e
o a. Mien as an o, el ealizado nos o ece imágenes de ambos pe sonajes,
cada cual en su luga y en la supues a igno ancia de la p oximidad del o o.
Pe o en es e caso, lo que apa ecía en la pan alla e a una imagen ealmen e ex a-
ña po su p opia con igu ación: dos homb es colocados uno jun o al o o, sob e
el ondo de unas g andes ca a a as. Lo cu ioso es que ninguno de los es ele-
men os, a pesa de igu a en el mismo espacio, acababan de elaciona se en e
sí. E a ob io que, a pesa de encon a se pa a el espec ado en un mismo plano,
cada uno de los homb es y la ca a a a pe enecían a espacios eales dis in os.
No hacían al a g andes conocimien os de écnica ele isi a pa a da se cuen a
de las aíces de la bu da composición: cada pe sonaje se encon aba en un luga
di e en e del pla ó, an e un ondo azul sob e el que, median e el p ocedimien o
de c oma-key, se p oyec aban las imágenes de la ca a a a que se ía de escena-
io a la imp obable conjunción de los o os dos. Pe o la in an il esolución
escondía una imagen ealmen e compleja, ya que cons i uía la plasmación de
odo un conjun o de la encias que la d ama u gia no mal no hubie a pe mi i-
do de ec a . Los dos homb es, si uados pa a el espec ado en un mismo espa-
cio, pa ecían mi a se pe o no se eían; hablaban en e sí, uno jun o al o o,
pe o ninguno de ellos e a conscien e de la p esencia ajena, es deci , de su i ual
con igüidad, como ampoco podían pe cibi que as ellos se e ían las aguas
de una espléndida ca a a a. Es ábamos, los espec ado es, an e un e dade o
espacio mí ico, podíamos con empla , g acias a la écnica mode na, la plas-
mación isual de un no-luga compues o po el deseo de cada uno de pe so-
najes y alimen ado po los in lujos de su memo ia (puede que bu damen e
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1. Ca los GARCÍA GUAL, Dicciona io de Mi os, Ba celona: Plane a, 1997, p. 10.
2. Igno o has a qué pun o lo que oy a desc ibi se ha con e ido ya en una ca ac e ís ica del
p og ama. En odo caso, yo no lo había is o nunca an c udamen e exp esado.
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ep esen ada po la cascada). Si, como dice M. De ienne, «los mi os i en en el
país de la memo ia» y pe enecen, según Ga cía Gual, a la e sión colec i a de
la misma3, es ob io que esa imagen ele isi a, segu amen e bas an e imp o i-
sada, nos dejaba e la esceni icación de una pa e de ese país de la memo ia, y
po el hecho de dejá nosla e , la con e ía en e dade amen e colec i a.
El mi o mani ies a su p esencia, como he dicho, en un espacio descen a-
do. Pensa la ealidad mí icamen e es una expe iencia pa ecida a la de e doble;
cuando se con emplan dos imágenes supe pues as pe o lige amen e desplazadas.
Pod íamos compa a es e espacio con el de las imágenes, ambién dobles, del
es e eoscopio, sólo que en el caso del mi o el esul ado queda siemp e lige a-
men e ue a de oco y nunca alcanza la p ís ina idimensionalidad que el apa-
a o p ocu a. Mi o y ealidad se p esen an como dos imágenes complemen a ias
cuyo in, como las del mismo es e eoscopio, es p oduci una sensación de elie-
e, es deci , da una mayo densidad a la ep esen ación de lo eal, pe o que, en
el caso del mi o, no acaban de supe pone se y po lo an o no alcanzan nunca
ese elie e p ome ido, cuya impe ec a culminación man iene en auge cons-
an e el deseo de su posibilidad.
Mi o y ealidad o man, pues, una combinación dual, un ándem que no
puede des incula se, sin que los componen es pie dan sus cualidades p opias.
No podemos con undi , po lo an o, es e espacio con, po ejemplo, el de la
locu a. Rollo May nos cuen a, en su es udio sob e el mi o, las expe iencias de
cie a esquizo énica que había desa ollado una sólida cosmogonía en la que
buscaba e ugio4, y nos hace no a , consecuen emen e, el pa ecido que el mundo
desa ollado po la pacien e enía con uni e sos mí icos an iguos y mode nos.
Pe o es necesa io da se cuen a de que el mi o no puede genuinamen e i i se
en la pleni ud con que lo adop aba el pe sonaje de Rollo May. Sólo los en e -
mos y los escép icos pueden p e ende e cla o, pues o que caen de un lado de
la dualidad básica de lo eal y no pe ciben po an o la legí ima doblez. El mi o
no puede ene nunca una sola ca a, apa ece sólo cuando el espacio desdobla-
do hace ac o de p esencia y nos obliga a ins ala nos en la inde e minación.
Una ez és a desapa ece, po la anulación de cualquie a de los polos, el mi o se
des anece con ella.
Si bien la esquizo enia se ha en endido adicionalmen e como la mani-
es ación de una men e di idida, y de hecho Julian Jaynes p opuso una con-
o e ida eo ía sob e el o igen de los mi os en una p e endida cualidad
bicame al de la men e p imi i a5, esa dualidad mo bosa no es pe cep ual, sino
cons i u i a: los esquizo énicos, p ecisamen e po que su men e se halla escin-
dida en dos pa es i econciliables, son incapaces de adap a se a la ealidad: ya
he dicho an es que su espacio de pe cepción es an i é ico al del mi o, pues o
que cuando ealidad y an asía se p esen an a ellos al unísono, la pa e más sóli-
58 Anàlisi 24, 2000 Josep M. Ca alà Domènech
3. GARCÍA GUAL, op. ci ., p. 9.
4. Rollo MAY, La necesidad del Mi o, Ba celona: Paidós, 1992.
5. Juian JAYNES, The O igin o Consciousness in he B eakdown o he Bicame al Mind, Bos on:
Hogh on Mi lin Co., 1976.
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da y ope a i a es p ecisamen e la an ás ica. Cuando Róheim compa a magia y
esquizo enia, ya indica que si bien ambas pa en de unas aíces comunes, sus
mecanismos no pueden conside a se sinónimos, pues o que las an asías esqui-
zo énicas son un sus i u o de la acción, mien as que la magia p e ende se
ope a i a6. De ello podemos deduci que la magia sí que ac úa en un e dade-
o espacio mí ico, pues o que pa e de una isión muy cla a, alga la pa adoja,
de una ealidad básicamen e desen ocada. Pa a la magia p imi i a el mundo
es á encan ado y, po lo an o, odo obje o eal se inse a en un o den de co es-
pondencias que di uminan su pe cepción al con e i la en la mani es ación de
a ios capas de ealidad. Una plan a puede se a la ez un elemen o na u al,
incluso ca alogado cien í icamen e, y la ep esen ación de de e minada ene -
gía cósmica o espi i ual, del mismo modo que, en el e eno de la más i ial
supe s ición, un ga o neg o es a la ez un ga o y el símbolo de un ago meca-
nismo uni e sal denominado mala sue e: pe o el ga o no es la mani es ación pu a
y simple de la mala sue e como lo se ía pa a un esquizo énico.
Pe o es necesa io que es as desc ipciones necesa iamen e mecanicis as no
nos hagan pe de de is a la calidad cla amen e e anescen e del espacio mí i-
co. El mi o se mani ies a como duplicidad de lo eal, pe o los componen es
de es a dualidad no es án ni an alejados en e sí como en la isión mágica ni
an jun os como en las an asías de la en e medad men al. Ma ius Schneide ,
en su apasionan e es udio sob e el o igen musical de los animales símbolos,
nos da un magní ico ejemplo de esa pe cepción mí ica undamen almen e
di uminada:
Mien as el p imi i o pe cibe como esencial el mo imien o en las o mas y el
ca ác e luc uan e de los enómenos, las al as ci ilizaciones ponen en el p ime
plano el aspec o es á ico de las o mas y el pe il pu o y es ic amen e geomé-
ico de la o ma. Conside an el mo imien o den o de una o ma como un
aspec o acciden al de la idea pu a o del signo geomé ico co espondien e.
Pa a un p imi i o un león sen ado es un iángulo a dien e, una llama cuya
o ma no iene la meno igidez y sólo esboza un iángulo. Es e iángulo
a dien e, cuyos lados a ían con cada soplo del ien o que los anima, es la ima-
gen emocional del león y de la cualidad mís ica que és e simboliza. En las al as
ci ilizaciones es a misma cualidad se enca na p ime amen e en un iángulo
ijo, es o es, una o ma geomé ica es á ica7.
El pá a o an e io incide en una p o e bial dico omía en e p imi i ismo
y mode nidad que, si bien his ó icamen e puede ene algún sen ido, acos-
umb a a empaña la comp ensión de los enómenos eales. Lo digo pa a e i-
a cae en la en ación de pensa que el espacio descen ado del mi o pe enece
básicamen e a una comp ensión pasada y p imi i a del uni e so que nues a
sociedad ha supe ado, sob e odo g acias al concu so del pensamien o cien í-
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6. Géza RÓHEIM, Magic and Squizoph enia, Nue a Yo k: In e na ional Uni e si ies P ess, Inc.
7. Ma ius SCHNEIDER, El o igen de los animales-símbolos en la mi ología y la escul u a an iguas,
Mad id: Si uela, 1998.
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ico que se hab ía enca gado de i desecando un e eno engo osamen e pan-
anoso. Dos ejemplos pueden se i pa a acla a alegó icamen e es e malen-
endido secula , desde dos posiciones c uciales: una en los albo es de la ciencia
mode na, la o a jus o en el inicio de una c isis impo an e de la misma. Se
a a de ecu i al Quijo e y a la ob a de James Joyce.
Un b illan e ejemplo de espacio mí ico es el que pe cibimos los lec o es
del lib o de Ce an es en el episodio de los molinos de ien o con e idos en
gigan es a los ojos de Don Quijo e. Don Quijo e, enloquecido, no e más
que gigan es allí donde Sancho, ealis a impeni en e, no consigue pe cibi o a
cosa que simples molinos, pe o Ce an es nos coloca a los lec o es an e unas imá-
genes que acilan en e uno y o o polo, pues o que si bien básicamen e debe-
mos es a de acue do con el sensa o pun o de is a de Sancho, ello no impide
que las o mas me a ó icas de los gigan es se supe pongan pa a noso os a la
de los molinos. Asimilamos, a a és de la i onía, la posibilidad del e o pe -
cep i o de Don Quijo e, po que, en úl ima ins ancia, es amos de acue do con
el au o en que me a ó icamen e los molinos son gigan es que a acan al apo-
lillado caballe o andan e en el e eno de su imagina io. P ecisamen e, uno de
los mayo es log os de Ce an es es habe c eado pa a el lec o un espacio mí i-
co que no anula ninguno de sus componen es: el ingenuo ma e ialismo de
Sancho se con ie e así, du an e oda la ob a, en la base del complejo p ag-
ma ismo de Don Quijo e. Pod á pa ece que de ahí en adelan e el mundo pe -
enece á a Sancho, pe o quien conse a á la cla e del mismo segui á siendo el
obnubilado Don Quijo e.
P ác icamen e escien os años después, James Joyce nos na a en el Re a o
de un a is a adolescen e el edescub imien o de ese espacio mí ico que pa ecía
que había ido siendo paula inamen e elegado a un segundo é mino po la
cul u a occiden al. Como indica A ánzazu Usandizaga, el p oceso de madu-
ación de S ephen Dedalus que expone la no ela supone pasa de una con-
cepción del mundo como ascendencia a o a que lo conside a como una
inmanencia8. Un mundo ascenden e, como el que p opone la escolás ica, no
puede se nunca mí ico, pues o que aslada el mi o al más allá, a la o a pa e,
dejando de es a o ma lib e el e eno de la ealidad pa a la aplicación de la
obje i idad cien í ica. S ephen Dedalus descub e el desa ino que supone una
ascendencia pós uma y la ecob a pa a el p esen e: ompe, jun o con el es o
de la cul u a, la ópica línea empo al y se ins ala en una ci cula idad de sig-
ni icados, cla amen e mí ica. Hacia el inal de la ob a, y después de es e des-
cub imien o acional, Joyce le hace expe imen a a su hé oe, ya no adolescen e,
su céleb e epi anía de la muchacha pája o, expe iencia a a és de la cual S ephen
Dedalus se coloca de nue o an e los gigan es de Don Quijo e, pe o no como
cie e de una época, sino como inicio de o a en la que, según indica Umbe o
Eco, «un obje o no se e ela en i ud de una es uc u a suya obje i a y e i-
60 Anàlisi 24, 2000 Josep M. Ca alà Domènech
8. Con e encia p onunciada en el Ins i u o F ancés de Ba celona el 24 de eb e o de 1999,
den o del ciclo dedicado a «Hé oes de Ficción».
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icable, se e ela sólo po que se con ie e en emblema de un momen o in e-
io de S ephen»9. Es deci , exac amen e igual que en el Quijo e, pe o aho a
con odo el po eni po delan e. No es de ex aña , pues, que la siguien e ob a
de James Joyce, Ulises, sea cla amen e la exposición de un espacio mí ico que
obliga al lec o a ges iona al unísono la co idianidad de una jo nada dubli-
nesa y los ingen es episodios de la Odisea homé ica.
Es a apo ización del espacio obje i o nos ha lle ado di ec amen e a una
cons ucción mí ica muy con empo ánea, el cibe espacio. Pe o si bien es e
concep o es en sí mismo un mi o de la posmode nidad, no po ello exp esa
en odas las ocasiones un e dade o espacio mí ico. Po ejemplo, el espacio de
la ealidad i ual, sus i u o cada ez más pe ec o de la p opia ealidad, no
puede conside a se un escena io mí ico, p ecisamen e po que es un simulac o
de aquélla, en el sen ido que Baud illa d le dio a la palab a, es deci , una copia
sin e e en e. Pe o el denominado cibe espacio no ago a su enomenología en la
engañosa solidez de sus mani es aciones hipe eales, sino que aba ca ambién
nues a expe iencia de na egan es po las edes de In e ne , cuando, sin habe -
nos mo ido de casa, es amos ambién en o a pa e: la pan alla de o denado ,
sólida y a la ez e anescen e, se con ie e en onces en un e dade o escena io
mí ico que i a cons an emen e del aquí hacia un allá que nunca acaba de con-
c e a se.
Po o o lado, en es os casos nos encon amos oda ía an e una expe iencia
obje i a, aunque en los lími es de la misma: mezclamos isión y comp ensión
y el esul ado de iene un an o bo oso, si bien es a bo osidad ha dejado de se
nega i a y ha pasado a con e i se en un pa imonio necesa io pa a segui a an-
zando, como en el caso de la denominada lógica bo osa, que pe mi e ab i
nue as dimensiones en el campo de la in eligencia a i icial. Pe o conside e-
mos o os usos de In e ne y de la ealidad i ual, po ejemplo el caso de las lla-
madas comunidades i uales10 o la misma i ualidad de las con e saciones
que se es ablecen en e dis in os y emo os usua ios de la ed. Son ya conoci-
dos —She y Tu kle nos ha hablado de ellos11— los cu iosos enómenos e e-
en es a la iden idad pe sonal que p oducen es as nue as disposiciones,
enomenología cuya in ensidad segu amen e se i á ac ecen ando en un p óximo
u u o. El encuen o, en un espacio i ual, de di e en es con e ulios que han
adop ado cada uno de ellos iden idades ic icias es ya una ealidad co idiana
que la paula ina ans o mación de las con e saciones simplemen e ex uales en
concu encias isuales, en los que cada usua io adop a á un dis az de acue do
con la imagen de sí mismo que p e enda o ece a los demás, no ha á sino com-
plica . Cada usua io se con e i á en onces en la enca nación de un mi o p o-
pio, en su p opia epi anía, cuya impo ancia, como en el caso del hé oe de
La mi ada di usa Anàlisi 24, 2000 61
9. Umbe o ECO, Las poé icas de James Joyce, Ba celona: Lumen, 1993, p. 52.
10. Howa d RHEINGOLD, The Vi ual Communi y, Nue a Yo k: Addison-Wesley Publishing
Company.
11. She y TURKLE, Li e in he Sc een: Iden i y in he Age o In e ne , Lond es: Weinden el y
Nicolson.
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Joyce, no adica á en elaciona se con un hecho «digno de epi aniza se, sino
que, po el con a io, esul a( á) digno de epi aniza se po que, en e ec o, se ha
epi anizado»12. El espacio mí ico se desmemb a á, en es os casos, en an os
espacios como componen es haya del encuen o, cada uno expe imen ado
an o los mi os de los demás, exp esados en su apa iencia y en la ealidad la en-
e que insinúan, como su p opio mi o, su p opia doblez de ca na al. Si ello
acaba po conc e a se en algún ipo de espec áculo u u o, en lo que se ía una
po enciación de lo en e is o en el p og ama de ele isión an es ci ado, pode-
mos a en u a nos a imagina la complejidad de emociones que el juego de dis-
aces y la in e acción de los múl iples espacios mí icos pod ía, en su
isualización, llega a alcanza .
Cabe, po lo an o, des aca o a ca ac e ís ica del espacio mí ico con-
empo áneo: su indi idualización. El mi o ha dejado de mani es a se en un
espacio colec i o y se ha con e ido en pa icula . El mi o no lo modi ica odo
con una p esencia cons an e e incisi a, sino que se p oduce en el espacio indi-
idual, incluso domés ico y nunca de o ma de ini i a. Es un enómeno que
el esc i o ancés de li e a u a an ás ica Jean Ray en su no ela Malpe ius (lle-
ada al cine po Claude Chab ol con el í ulo de La década p odigiosa) pone de
elie e, haciendo que, en un ges o sin omá icamen e secula izado , el cue po
p incipal de la mi ología g iega se con ie a en una se ie de pe sonajes de
aspec o muy humano que se hallan p isione os de una ex aña mansión. Los
dioses de ini i amen e humanizados se con ie en en pálidas alego ías, en ecos
ine mes de un ulgo ya muy lejano. G an pa e de la li e a u a an ás ica con-
empo ánea se e ela así mí ica, en con apa ida a la ciencia- icción que es
cla amen e u ópica y, como al, anscenden e y uni e sal. Una de las más
in e esan es mi ologías de es e siglo, los llamados mi os de C hu lhu, desa-
ollados po el esc i o no eame icano H.P. Lo ec a y su en o no, son mani-
es aciones de es e ipo: ecóndi as, pe sonales, b umosas13. Fo mas de pe iles
inde e minados que su gen de un inc eíble abismo pa a ecuen a una man-
sión o un illo io, y que son sólo pe cibidas po una pe sona que an e su
isión enloquece. Y algo pa ecido sucede con las na aciones del galés A hu
Machen, que ecu e a los dioses paganos pa a p o oca e o es pe sonales14.
No hablamos de g andes in asiones de o o mundo que pe u ban oda la
ie a, sino de expe iencias p i adas que bo dean la alucinación, que no acaban
de conc e a se pe o cuya in uida p esencia desba a a ambién la solidez de lo
eal.
Pe o es e enómeno no es a ía comple o si no le añadié amos la posibili-
dad, muchas eces cie a, de su isualización. El mi o con empo áneo es bási-
camen e indi idual, pe o al isualiza lo —y el cine y la ele isión lo hacen
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12. ECO, op. ci ., p. 53.
13. Todas es as ca ac e ís icas es án p esen es en la an ología de Ra ael LLOPIS, Los mi os de
C hulhu, publicada po Alianza Edi o ial (1969).
14. Po ejemplo en El g an dios Pan o El pueblo blanco, ambos ela os publicados en una esplén-
dida an ología de cuen os de e o , a ca go de Ra ael LLOPIS (Mad id: Tau us, 1963).
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cons an emen e— se con ie e en colec i o. Su espacio adquie e p esencia y
iene a añadi complejidad a oda la si uación. Has a aho a, la imagen adi-
cional, con su in e e ado ealismo, se había mos ado incapaz de e ela la p e-
sencia de es e espacio mí ico, su e dade o alcance, y gene almen e ac uaba en
su con a, diluyendo la densidad mí ica en una anspa encia an iluso ia como
ilusionis a. De ahí que la me á o a isual es u ie a peo conside ada aún que
la ex ual. Pe o las nue as écnicas de sín esis nos ab en un amplio espec o de
posibilidades en el sen ido de pode isualiza los iquísimos aspec os del espa-
cio mí ico y de ol e le su dimensión colec i a. Bas a econside a lo que decía
Jung con espec o al uncionamien o de los a que ipos en el mundo con em-
po áneo, cuando eco daba que lo que se ansmi ía con ellos no e an imáge-
nes ce adas, sino es uc u as imagina ias ( o maciones pa ecidas a las que
analizaba Saxl en sus es udios sob e la ida de las imágenes), pa a da se cuen-
a de cuán o pueden o o ga nos la nue as ecnologías en el momen o en que
dejen de se un simple jugue e en manos de los ingenie os. Jung se e e ía, po
ejemplo, a la ep esen ación de un mode no choque de enes como a una
nue a ace a de la mí ica lucha en e el caballe o y el d agón (que, a su ez,
supongo que no se ía más que la e sión a domedie al de básicos episodios
emocionales de an e io o mación). Es una lec u a que oda la epis emología
isual con empo ánea no an sólo igno a, sino que, de no hace lo, se mani-
es a ía p ác icamen e incapaz de ep esen a . Y sin emba go es e iden e que
las g andes ca ás o es, sin i más lejos, siemp e han enido un impac o mediá-
ico que indicaba su impo an e po encial mí ico, aquél que se acos umb a a
ges iona o pemen e o incluso con deshones idad. No es ex año que en es as
condiciones el mi o se ecoja en el indi iduo; que bo dee el males a de una
alucinación: ello no ep esen a o a cosa que la incapacidad ins i ucional po
ami a esas emociones, po desplega su e dade a ene gía en un espacio
colec i o que sea capaz de da au én ica dimensión social a las emociones pa -
icula es. Queda pendien e, pues, ese abajo de isualización del espacio mí i-
co, pe o no median e una lec u a supe icialmen e espec acula del mismo,
sino poniendo de elie e la ambigüedad que, como he dicho, le esul a an
genuina.
II
Vale la pena dedica aho a unas líneas al ca ác e epis emológico del mi o, ya
que, leído lo an e io desde el pun o de is a de las ciencias de la comunica-
ción o más ampliamen e de las ciencias sociales, se pod ían pone objeciones
al in en o de in oduci en cualquie obje o de in es igación es as nue as y
e anescen es complejidades que no pa ecen conduci a ninguna pa e. En pocas
palab as, ¿po qué embo ona la isión de lo eal con la in oducción del espa-
cio mí ico? A es a genuina inquie ud hab ía que esponde que el mi o ha sido
siemp e un sis ema de explicación de la ealidad. En palab as de Lluís Duch,
«el se humano se exp esa a la ez, y de o ma indisce nible, a a és del my hos
y del logos, de la imagen y del concep o, de p ocesos imagina i os y p ocesos abs-
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