Ressenyes
Abstract
Obra ressenyada: Miguel REQUENA, El emperador predestinado. Los presagios de poder en época imperial romana. Madrid: Fundación Pastor de Estudios Clásicos, 2001.
Full text
Faventia 25/2, 2003 179-199 RESSENYES En su Demystifying Mentalities (1990), Geoffrey E. R. Lloyd, como siempre a través de su lúcida y estimulante pluma, nos recomendaba a los historiadores —en un sentido amplio y multidisciplinar— un consejo estratégico, a saber: que sería mucho más productivo ver el problema de las mentalidades mejor en términos sociológicos que no puramente psicológicos. Esta ya no tan nueva manera de hacer historia se nos muestra como sumamente atractiva, sugerente, pero a la vez no está exenta del problema de su validez y utilidad. Reconstruir la urdimbre de los procesos y mecanismos de pensamiento, del conjunto de creencias de un grupo en el seno de una sociedad y en un momento histórico determinado requiere, quizás, de dos de las recomendaciones del método cartesiano, evitar la precipitación y la prevención. Sin olvidar tampoco que la tarea se complica cuando aparece el problema de lo que los antropólogos han llamado las diferencias entre las categorías mentales de los actores y de los observadores. Por supuesto, cuenta con toda la razón el Dr. Requena cuando afirma que la racionalidad moderna no tiene ningún derecho a despreciar como anecdóticas o fruto de la irracional superstición el acervo de creencias que no acepta, comparte o entiende, pero tampoco es menos verdad que es con la única racionalidad con que contamos y ahí, sin duda, planea una limitación hermenéutica. Sin embargo, tuviese o no razón Lévy-Bruhl cuando afirmaba que todos los seres humanos tenemos las mismas categorías mentales, lo cierto es que los resultados inapelables de una escuela historiográfica como la francesa de los Annales ha de animarnos, por fuerza, a reconstruir lo que Lucien Febvre llamó el outillage mental de los grupos sociales, esto es, de aquellos hombres y mujeres que fueron protagonistas de la historia, desde el estamento o clase social al que les tocó en suerte pertenecer, de sus creencias e ideas, de los presupuestos conscientes e inconscientes y de la estructura de creencias que condicionaba sus formas de pensamiento y que interactuaban con unas formas de sociedad. Miguel Requena, profesor en el Departamento de Historia de la Antigüedad y de la Cultura Escrita de la Universidad de Valencia, aceptó el reto de atrapar en la red a las proteicas mentalidades cuando escoREQUENA, Miguel. 2001. El emperador predestinado. Los presagios de poder en época imperial romana. Madrid: Fundación Pastor de Estudios Clásicos, 2001, 225 p. Faventia 25/2 001-203 8/1/04 15:58 Página 179
gió como tema de tesis doctoral el análisis de los presagios de poder en época imperial romana, trabajo académico que fue defendido con el título La concepción sociológica del poder en el imperio romano: los omina imperii, y que fue dirigido por un augur experimentado, el Dr. Francisco Javier Fernández Nieto. La mención de que el trabajo que presentamos parte de una tesis doctoral es intencionada. Por un lado, porque debemos fijarnos que en su título se recoge prudentemente el sabio consejo de Lloyd, a saber, mejor enfrentarse a las mentalidades desde la sociología que desde la psicología —creo que ha sido precisamente lo contrario lo que a veces ha extraviado a algún que otro acólito de la escuela de París. Por otra parte, Miguel Requena ha sabido enhebrar con un discurso placentero y renovado la retórica de un trabajo de tesis doctoral, que el academicismo enriquece en la precisión pero que lastra inevitablemente en la fluidez de la prosa, es decir, que el autor no reproduce aquí una tesis, sino que ha sabido acercar al lector su sugerente interpretación de los presagios de poder con el estilo necesario para trascender, con rigor, las paredes de los cenáculos académicos, sin precipitación, decíamos más arriba, pero evitando también en la extracción de conclusiones aquella prevención obsesiva y medrosa que decía Goethe lo convertía a menudo en un enfermo de indecisión. Un trabajo de investigación como éste ha de ser prudente, pero también armarse de la audacia necesaria para aportar algo nuevo, y eso la lectura del libro lo corrobora sobradamente, a saber: las formas de recepción entre los súbditos del príncipe de su programa ideológico y de los avatares vinculados al ejercicio de su poder. El emperador predestinado, un bello título sugerido por un miembro del tribunal que en su día juzgó la tesis doctoral, el Dr. Marc Mayer, posee, más allá de otras virtudes que iremos destacando en su momento, el mérito de reivindicar la utilidad de una fuente ciertamente investida hasta hace bien poco tiempo de escaso crédito y valor: la Historia Augusta. No es éste, sin embargo, el único manantial en el que bebe el autor para desentrañar el significado de los presagios de poder —ahí están las Vidas de los doce Césares de Suetonio, entre otros—, pero creo que el autor demuestra sobradamente cómo uno de los elementos al que más veces se ha recurrido injustamente para restar crédito a la Historia Augusta, los omina imperii, no son la prueba de la ínfima calidad y fiabilidad de la información transmitida por dicha obra, un mero calco de un modelo literario del pasado, sino el reflejo de una realidad histórica y contemporánea al emperador biografiado. El libro está compuesto por cuatro capítulos, correspondientes respectivamente y en este orden a los emperadores Vespasiano, Antonino Pío, Alejandro Severo y Augusto. Puede resultar chocante, a primera vista, que se coloque a Augusto al final del trabajo, pero las razones del autor, como se puede comprobar tras la lectura, no son descabelladas: el fundador del imperio es el emperador al que se le atribuyen más omina y los más complejos, por lo que acaba por resultar muy sabio el criterio de ordenación, ya que cuando nos adentramos en las páginas en donde se analizan los presagios a él relativos contamos ya con un bagaje que nos ayuda en el esfuerzo hermenéutico. Asimismo, cada capítulo se articula a través de la siguiente vertebración: un desarrollo y crítica de las teorías emitidas sobre cada presagio y el análisis individualizado de los mismos; un examen comparativo del presagio en cuestión y los otros omina atribuidos al mismo emperador; la posible relación del presagio con el contexto político y social de la época; y, finalmente, un estudio de la cronología interna de cada relato ominal. Las conclusiones que se nos brindan son sumamente reveladoras. En primer lugar, la idea de que los relatos ominales son, en su mayoría, un reflejo deformado del programa ideológico imperial, proyectado 180 Faventia 25/2, 2003 Ressenyes Faventia 25/2 001-203 8/1/04 15:58 Página 180
Ressenyes Faventia 25/2, 2003 181 hacia la población a través de los canales oficiales, pero —y aquí creo que se encuentra el hallazgo más destacable de la investigación— asimilado y adaptado al utillaje mental de una población que hace suyo, y de una manera comprensible, dicho programa, encajándolo en unas categorías mentales más próximas e inmediatas a su experiencia vital. Formas de recepción que, según el autor, no son exclusivas de la cultura greco-latina, sino que formarían parte de los ritos cultuales y de investidura propios del ámbito indoeuropeo o mediterráneo. Ciertamente, se recogen paralelos orientales —por citar un ejemplo, de los persas—, pero quizás habría que extremar aquí la prudencia y someter a cuarentena los relatos ominales relativos, por ejemplo, a un Ciro o a un Darío y desvelar si son el reflejo de una tradición indoeuropea o, contrariamente, una simple interpretatio graeca de un presagio mal entendido. Subrayo que recomiendo la prudencia interpretativa, que no el escepticismo, y para nada desmiento —sería una insensatez— que los presagios de poder u otros relatos ominales formen parte de un acervo común indoeuropeo, sino que creo que se impone como imperativa la autopsia de las fuentes clásicas cuando nos explican y narran los nómima, la mentalidad, la ideología, la religión, el derecho o muchas otras de las manifestaciones del espíritu de la alteridad. No es ese, por supuesto, el cometido del trabajo del profesor Requena, quien además, como por ejemplo en el caso del emperador Alejandro Severo y la novela sasánida Karnamak i Artaxser i Papakan, acostumbra a trascender el ámbito de las fuentes clásicas cuando busca paralelos más allá del mundo greco-romano, evitando así el que ha sido no pocas veces, y hasta no hace demasiado tiempo, el vicio de una historiografía helenocéntrica o demasiado apegada a la superior fiabilidad de una fuente de época romana frente a un documento de procedencia oriental. Por el libro desfilan toda una plétora de prodigios fabulosos que, como el autor demuestra inapelablemente, forman parte de la figura, el programa político y el contexto histórico de los emperadores mencionados. Así, se transforma un programa ideológico imperial adaptándolo a las categorías mentales de una conciencia colectiva muy influenciable por el crecimiento extraordinario de árboles y plantas, por fenómenos astronómicos o meteorológicos o por la presencia de animales que simbolizan el poder real. Palmeras, cometas y rayos, serpientes, caballos y leones, pero también objetos depositarios del poder soberano como cetros, paladios, diademas y púrpuras se enhebran como símbolos en unos relatos ominales de raigambre popular, de un pueblo que siente como incuestionable la vinculación del destino de un hombre, de un emperador yde una comunidad a la naturaleza viva y dinámica en la que se mueven. Se impone, pues, engarzar la legitimación del poder con el ritual, la investidura con el culto y tras ese vínculo no se amaga la intención de quien redacta un programa ideológico imperial —o al menos no tan sólo—, sino la mentalidad de un pueblo no sólo más sensible y sugestionable con los mirabilia o los prodigia, sino necesitado también de hacer suyo un programa ideológico a través de unos omina vertebrados por unas fuerzas vivas, mágicas, que vayan más allá de la frialdad lapidaria o broncínea de unas res gestae divi augusti y que se ajusten mejor a sus creencias y supersticiones. Esa manifestación de la cultura popular, incluso sin entender ya su significado, será después recopilada por los historiadores, ordenándola cronológicamente y no sin un cierto desprecio intelectual del que ve en ella la impronta de lo meramente anecdótico o supersticioso. El lector ávido de más relatos ominales podrá satisfacer su curiosidad intelectual con la lectura de un trabajo complementario del mismo autor y que en breve verá la luz: Lo maravilloso y el poder. Los presagios de imperio de los emperadores Faventia 25/2 001-203 8/1/04 15:58 Página 181
182 Faventia 25/2, 2003 Ressenyes José Carlos Martín Iglesias nos ofrece la edición de la Crónica de Isidoro de Sevilla como resultado de su trabajo de tesis doctoral por l’École Practique des Hautes Études, IVe section, dir. F. Dolbeau. Hay que agradecer a la editorial Brepols que haya tenido la habilidad de publicarlo en su prestigiosa colección de textos cristianos medievales (Corpus Christianorum), que ha acogido en su prensa no sólo una composición impecable de la edición del texto latino (sic en la p. 13*, para una palabra en griego ininteligible), sino también un amplio estudio de introducción (en francés) y unos exhaustivos índices analíticos. En las páginas preliminares queda justificada la necesidad de esta publicación: la habían pedido especialistas en san Isidoro tan conscientes como Manuel Díaz y Díaz y Jacques Fontaine, pero también, en cierto modo, Theodor Mommsen, el autor de la única edición científica hasta el momento (Berlín, 1894), ya que había reconocido uno de los problemas de este texto sin llegar a solucionarlo: la distinción clara entre las dos redacciones del mismo y su relación con el epítome de la Chronica que aparece en Etymologiae V, 39. Martín se propone, pues, esta finalidad, junto a otros dos deberes no menos importantes: el problema de la tradición de los manuscritos y el problema de las fuentes que inspiran el texto. Creo que del estudio de Martín se puede deducir cuál ha sido la evolución de su trabajo, cosa que prueba la claridad con que ha empleado el método que ha elegido. Aceptada la hipótesis de la existencia de dos redacciones de la crónica isidoriana, el filólogo se ha ocupado, en primer lugar, de localizar y clasificar los manuscritos que contienen el texto. Ante 118 manuscritos más una traducción en francés medieval (ms. s. XIV), dos impresiones renacentistas (Roma, c. 1474 y Turín, 1593) y la mencionada edición de Mommsen, el autor ha decidido trabajar, al lado de tales ediciones, con los que han sido fechados entre los siglos VII y X(en total 27 mss.), más otros tres (ver p. 56), los llamados r, F, a, posteriores, pero hallados significativos para el estudio de la tradición. En suma, la fijación crítica del texto se ha basado en 31 manuscritos seleccionados, básicamente, por el criterio cronológico. Hay que señalar que uno de los méritos de esta edición es el haber añadido 37 manuscritos a la relación que había dado Mommsen. Y hay que reconocer también que el autor ha hecho explícitas críticas a la edición anterior (las más importantes, ya las hemos señalado, son el no haber distinguido las dos redacciones ni haber estudiado exhaustivamente las fuentes). Martín también hace explícita la deuda que le debía al maestro alemán, puesto que este estudio hace sospechar que tal edición ha sido su libro de cabecera durante algunos años. Por ejemplo, Martín ha mantenido con siglas en mayúsculas la asignación que Mommsen Aureliano y Tácito en la Historia Augusta. Pero si tuviésemos que resumir en uno el mérito de El emperador predestinado sería el que su autor haya sabido hacer suyas — y, gracias a él, nuestras— las palabras de Marc Bloch: consideré que podía hacerse historia con lo que hasta entonces no era más que anécdota. Manel García Sánchez Universitat de Barcelona CEIPAC MARTÍN, José Carlos. 2003. Isidori Hispalensis Chronica. Isidori Hispalensis Opera. Corpus Christianorum, Series Latina CXII. Turnhout. Brepols Publishers. 310 p. + 239. ISBN 2-503-01121-7. Faventia 25/2 001-203 8/1/04 15:58 Página 182