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Resumen Ésta es una primera aproximación a un nuevo método, fundamentado en la fonética estadística. Método que se presenta en este artículo, aplicado al análisis de los compuestos íberos de tipo onomástico. Compuestos que no son estudiados sólo como nombres propios, sino como una categoría gramatical de la lengua íbera. Se expone que estos compuestos presentan muchas irregularidades estadísticas, así como también se reevalúan algunas de las teorías previas sobre el sistema onomástico íbero. Entre otras muchas conclusiones, destaca el que los elementos de compuesto que sólo aparecen en posición final suelen ser elementos complejos: empezando únicamente por consonante oclusiva y presentando en algunos casos un prefijo to tiy posiblemente también un prefijo be-. Palabras clave: epigrafía íbera/ibérica, onomásticos íberos, morfología de la lengua íbera. Abstract This is a first approach to a new method, based on statistical phonetics, which is introduced in this paper for analysing the onomastical kind of Iberian language compounds. Compounds that are considered as a grammatical category, not exclusively as personal names. Compounds are showed to have many statistical irregularities and some of the previous statements about the Iberian onomastical system are also reexamined. Among many others, the main conclusion are that those compound elements that only appear in final position are usually complex ones: beginning only with occlusive consonant, presenting in some cases a prefix tor ti-, and maybe also a prefix be-. Key words: Iberian epigraphy, Iberian personal names, Iberian language morphology. Pese a que es bien sabido que la lengua íbera resta ininteligible en la actualidad, sí que se posee un conocimiento apreciable de los onomásticos íberos. Éstos y algunos rudimentos de su funcionamiento eran conocidos incluso antes de la decodificación del semisilabario ibérico, gracias al testimonio de nombres indígenas en las inscripciones latinas, muy especialmente el llamado bronce de Ascoli, Faventia 23/1, 2001 7-19 Aspectos de la morfología de los formantes segundos de los compuestos de tipo onomástico en la lengua íbera Jesús Rodríguez Ramos Universitat Autònoma de Barcelona Departament de Ciències de l’Antiguitat i de l’Edat Mitjana 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Data de recepció: 13/3/2000 Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 7
que enumera los miembros de la Turma Salluitana. Nuestro conocimiento de estos «onomásticos» ha mejorado notablemente gracias a la rigurosa investigación de J. Untermann, culminada con la publicación de dos repertorios (1987 y 1990, 1: 207-238). A partir de estos estudios se ha establecido que lo normal es que el onomástico esté compuesto por dos elementos (que en adelante llamaré formantes) que, aunque mayoritariamente bisílabos, también pueden ser monosilábicos (an, baś, sin, etc.). Es poco frecuente, aunque está atestiguado con seguridad, el que un onomástico esté constituido por un único formante (empezando por el muy citado BELES del bronce de Ascoli) y resultando difícil asegurar que sean de tal clase. Puesto que la marca de propiedad de una cerámica consiste a menudo en una abreviatura y, si lo que se escribe coincide con un formante, es difícil discernir si es que el onomástico está completo o si es que la abreviación ha ocultado el segundo. Otra posibilidad es, según Untermann, el de un onomástico constituido por un elemento seguido de un sufijo. Sin embargo, en mi opinión, si bien es posible que exista tal tipo de composición onomástica en íbero (así como ocurre en vasco con los diminutivos), me parece que su establecimiento y clasificación es arbitraria. Por más que los elementos -ko, -to o -no recuerden a típicos sufijos indoeuropeos, no se ve ningún motivo de análisis interno por el que no puedan ser formantes onomásticos como los demás. Untermann señala también que alguno de estos formantes es, con toda probabilidad, parte del léxico común y que, cuando aparecen aislados, podrían ser tanto un onomástico como un substantivo común. Tal sería el caso especialmente de iltir´. Indica asimismo que no todo compuesto con formantes típicos onomásticos es un onomástico, ya que dichos formantes pueden ser empleados como términos del léxico común no específicamente onomástico. Estas excepciones afectan a dos categorías. En primer lugar la de topónimos, los cuales pueden formarse con elementos típicos de nombres (iltir´, iltun, biur´) y tener estructuras bimembres; por lo que un aparente onomástico en un texto íbero podría estar ocultando una referencia toponímica. En segundo lugar están términos como keltibeleś, del que Untermann considera que su presencia es excesiva en una misma inscripción, proponiendo que podría ser, en realidad, un cargo o magistratura. Ambos criterios son correctos, pero merecen un comentario. En primer lugar, para la preparación de este artículo he estado revisando los topónimos seguros que pueden analizarse como onomástico y la verdad es que su número es muy reducido, frente a una inmensa mayoría que no lo permite, y que suelen presentar problemas para su análisis. Así, nombres como iltir´ta, ilturo o bar´keno, mantienen un parecido en su primer formante, pero sus segundos formantes, si es que es eso lo que son, resisten a una clasificación precisa. En segundo lugar está el que cuando Untermann intenta distinguir entre compuestos de aspecto onomástico que son efectivamente onomásticos y los que no, sigue un criterio perfectamente válido y útil, pero limitado. Mi perspectiva al respecto es distinta. Sí, es útil distinguir en los textos entre lo que es un nombre propio y lo que no, pero en los compuestos de aspecto onomástico lo que en realidad tenemos es una categoría gramatical de 8Faventia 23/1, 2001 Jesús Rodríguez Ramos Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 8
la lengua íbera y ha de ser estudiada como tal, independientemente de los usos prácticos que pueda asumir dicha categoría. A mí no me importa tanto si bototaś o keltibeleśrefieren a un individuo o a un cargo, sino que son compuestos del tipo que se usa para los onomásticos y que incluso reciben sufijación típica de los mismos. Para su estudio han de tenerse en cuenta todos los compuestos del mismo tipo gramatical, no del mismo tipo semántico; y, si no he incluido compuestos toponímicos, es por los problemas que conllevan para su identificación y análisis, no por considerarlos ajenos. Volviendo a la descripción estándar de los onomásticos, hay que indicar que en ocasiones se encuentran minielementos junto a los formantes. Muy raros, pero al parecer indiscutibles, son los elementos prefijados al primer formante que, tal y como define Untermann, son oo is-. Tenemos isbetar´-tiker (F.11.3), is-śaletar (F.17.6), O-ASAI (H.3.4) y otikir´teker´ (c.2.10) (F.11.10). Es difícil saber cómo han de ser considerados tales «prefijos». Si tenemos en cuenta que betar´ sólo aparecería como primer formante justamente sólo en este caso (siendo tiker´ el segundo), podríamos pensar que is hace de primer formante. Pero resulta que, si śale es, como parece, una variante de śalai, de este formante sólo se conoce su uso como primero (en 3 o 4 casos documentados), por lo que no debiera valer como primer formante. Algo más atestiguados están los «infijos», que se encuentran entre el primer y el segundo formante. Tal y como ha identificado Untermann, estos son -iy -ke-, que podrían encontrarse por separado o juntos como -ike-. Así, en el plomo de Enguera, que es una lista de onomásticos, podemos comparar oto-iltir´ con otoke-iltir´. Otros ejemplos serían bas-i-balkar (F.14.1), iar-i-ber´ (E.13.1), tueit-ikeiltun (también analizable como tueiti-ke, F.21.1) y, supuestamente, or´ke-ike-laur (D.12.1). En este último caso, al igual que en or´keiabar´ (F.9.6), la ipermite ser analizada tanto como infijo como como variante de la vocal final de ur´ke/or´ke, lo que es posible según el nivel actual de los conocimientos. Dado que el tercer bronce de Botorrita ha confirmado el que kar´eśsea un formante onomástico (tal y como hacía suponer su relación con ekiar en los textos de Liria), en mi opinión, cabe considerar la posibilidad de la existencia de un tercer «infijo». Éste sería bo, tal y como aparece en el kar´eś-bo-bikir / ekiar de F.13.31, puesto que el formante bikir es bien conocido. Siendo también posible su presencia en kule-bo-ber´-ku (C.2.3), si su primer elemento representa a kuleś. Finalmente, a partir de la repetición de los formantes segundos -ETON y -AUNIN en onomásticos indígenas de inscripciones latinas en las cuales corresponden a mujeres, Untermann ha propuesto la identificación de marcas de género2. Cuenta con el que en inscripciones latinas son mujeres BASTOGAUNIN Compuestos de tipo onomástico en la lengua íbera Faventia 23/1, 2001 9 1. También Faria (1997: 107) propone el onomástico kar´eś-bo-bigir, aunque sin entrar a evaluar el infijo bo. 2. Propiamente Untermann (1990, 1: 205) considera un sufijo -in-, pero ni siquiera el que asimile el femenino CORSYANINAI al grupo parece relevante respecto a la coherencia de -AUNIN. En todo caso, las formas acabadas en -in son demasiadas como para suponer que se trata de femeninos. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 9
(CIL II 6144), GALDURIAUNIN (CIL II 5922) y SOCEDEIAUNIN (EE 8), a los que puede añadirse un UNIAUNIN (H.6.1) de una inscripción en caracteres latinos pero lengua indígena no identificada; y siendo también mujeres BILESETON (CIL II 3537) y SERGETON (CIL II 2114). Todos ellos, salvo SOCEDEIAUNIN, tienen primeros formantes equiparables a formantes onomásticos íberos conocidos (basto-3, kaltur-, unin-, beleś-y selki-). Sin embargo, presentan el grave problema de no estar documentados en las inscripciones íberas, lo cual implica prudencia en su consideración. No puede aceptarse la identificación de -AUNIN en la estela de Civit, donde Velaza (1993) reconstruye un «onomástico» ankonaunin, puesto que incurre en una justificación por círculo vicioso: tras ankon hay una serie de signos que se leen mal; si aquí tuviésemos un onomástico podría intentar reconstruirse la lectura de los mismos; en la parte borrada podría leerse aunin; por lo tanto tenemos un testimonio de aunin. Pero resulta que el término ankon no tiene ningún precedente como formante onomástico. La forma que sigue a erirtanar´ora, al igual que este segmento, no tiene por qué ser un onomástico; sólo si ocupase posición propia de onomástico o ankon fuese un formante onomástico podríamos suponer que lo que sigue es un segundo formante y proceder a su comparación. Pero con los datos reales caben varias otras lecturas posibles. Por ejemplo, para u, del que sólo se conserva la esquina superior, Velaza dirime entre ly u, pero ¿por qué descartar a tu o a ka? La lectura podría quedar como ankona***n/ y ni siquiera podría asegurarse el límite de palabra tras n. Otra proclamada ocurrencia de aunin sería la lectura or´etaunin que Valladolid (1998) hace en la estela atribuida a Liria (F.13.1), corrigiendo la bir´etaunin de Untermann. Esta investigadora hace posteriormente la inferencia de que tendríamos la hipotética marca de femenino siguiendo a una referencia étnica de oretano, traduciendo dicho término como una indicación de origo «oretana». Aun de ser correcta la lectura cabe, desde luego, el problema de que ello no invalida la segmentación propuesta por Untermann de ver en etaunin un onomástico compuesto por los elementos ete y unin, por lo que propiamente la lectura no garantiza la presencia de un formante aunin. Por otra parte, Valladolid no propone que se trate de un compuesto onomástico, sino de un uso sufijal para formar un adjetivo denominativo, por lo que propiamente tampoco tendríamos en este caso un testimonio de formante de compuesto de tipo onomástico en aunin. Sin embargo, su propuesta no deja de tener un aspecto sospechosamente demasiado latino, puesto que, al menos hasta el momento, sólo tenemos atestiguados los etnónimos en «-etanus» en latín. Naturalmente, no es imposible que la frecuencia de uso de dicho sufijo latino a los tribónimos hispanos se basase en una forma íbera (incluso cabría analizar el sufijo «genitivo plural» (?) -sken de las monedas como -ets-ken), pero dista de ser evidente. 10 Faventia 23/1, 2001 Jesús Rodríguez Ramos 3. Es difícil el análisis de la G entre BASTO y AUNIN, dado que los paralelos del primer formante no permiten asociarlo, pues en principio hay que dividir, conforme a los paralelos, bastobaś(E.14.1, con algún problema en su sufijación), basto-kitar (F.4.1) y BASTU-GITAS (TSALL). Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 10
Tampoco -ETON parece localizable en ninguna inscripción íbera4y en este caso la indefensión en que nos deja es aún mayor. ¿Cómo debemos suponer que era su equivalente en íbero? Tal vez eton, sí, pero no podemos descartar por completo una adapatación latina de iton o incluso que la isea un infijo y el formante sea ton o tun. Por otra parte, si, como parece, AUNIN es un feminizador de nombres, también cabe la posibilidad de que no se trate en absoluto de ningún formante de composición onomástico normal, sino que, tal vez por influencia latina, se haya añadido posteriormente a partir de un substantivo que señalaba la relación familiar («esposa», «hija», «hermana»), lo que es similar a lo que sugiere Untermann sobre el significado de estos «sufijos»5pero distinto desde el punto de vista de la morfo-sintaxis. Como veremos infra, esta discusión «bizantina» tiene más implicaciones de las que aparenta. Por otra parte, dados los ejemplos, ¿puede realmente descartarse el que la forma original no fuese IAUNIN en vez de AUNIN? Hecho este breve estado de la cuestión y las observaciones adicionales, pasaremos a considerar un aspecto que, aunque importante y fácil de documentar, ha llamado poco la atención hasta el momento. Como he indicado, la importancia de los compuestos de tipo onomástico y de sus formantes constitutivos radica en que corresponden a una categoría gramatical determinada (o todo lo más a un pequeño grupo de ellas) y, en consecuencia, sujeta a un conjunto de reglas determinado. De estos aspectos el único que ha recibido una mínima atención es el de los formantes que aparecen sólo en posición inicial o sólo en posición final, criterio auxiliar empleado por Untermann para decidir si una lectura poco clara de un onomástico se podría reconstruir de tal o cual manera. Un intento un poco más lingüístico de aprovechar la información fue el realizado por Pattison (1981), aunque se limitaba a considerar si seguía una estructura similar a los compuestos vascos respecto al orden de elemento determinante frente a determinado y las conclusiones eran de escaso interés, al ser más un intento de extrapolar la gramática vasca que de análisis inteno. Mi estudio actual de esta categoría gramatical íbera, del que el presente artículo es una aproximación muy limitada, se centra en estudiar si los datos morfo-sintácticos muestran alguna asociación especial con la morfo-fonética interna de los elementos. Para ello he dividido el total de los formantes en diversos subconjuntos (no siempre excluyentes entre sí), entre los que destacan: el conjunto GLOBAL (integrado por la totalidad de los formantes identificables con seguridad), el conjunto A (integrado por aquellos elementos que sólo se encuentran en posición inicial), el conjunto B (integrado por los que sólo ocupan posición final) y el conjunto AB (para los que está documentada su uso en ambas posiciones). Incluso limitándonos a estos pocos conjuntos del total que empleo, saltan a la vista algunos problemas de definición. Así, por ejemplo, hace falta un mínimo de apariciones para Compuestos de tipo onomástico en la lengua íbera Faventia 23/1, 2001 11 4. No es imposible corregir la lectura que da Panosa (kaileśketin) para un grafito de Can Modolell (Panosa, 1993, 7.1) en *leśketon(en todo caso no me parece admisible la lectura inicial kai), pero es realmente poco probable. 5. Untermann reproduce la opinión de Schmoll de que «unin ‘Frau’ oder ‘Tochter’ bedeutet hat und zu einem ‘femininbildenden Element erstarrt’ ist». Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 11
arriesgarse a considerar que un elemento pertenece a A o a B. En cambio, para el conjunto AB basta con dos apariciones, una en cada posición; pero tampoco en este caso las cosas son tan claras. En ocasiones hay problemas de lectura, en otras de segmentación. Por ejemplo, en la estela C.1.2 tenemos ]tikirsakar´/[. Naturalmente, lo más probable es que se trate de un compuesto tikir(s)-sakar´, y como tal lo considero. Pero si tenemos en cuenta que el formante sakar´ se documenta en 13 ocasiones como primer elemento, pero sólo en ésta en segunda posición, no podremos evitar el plantearnos alternativas. Como el que tikir pudiera ser el final de un compuesto y sakar´ el inicio de otro (posible pero dudoso) o que en una época tardía como la de esta inscripción, o en cualquier época en contextos marginales o dialectales, los formantes pudieran recombinarse de forma diferente a la norma (también posible pero meramente especulativo). El qué hacer con esos formantes que son propiamente AB pero que son mucho más frecuentes en una posición es algo difícil de decidir. En los análisis para los que tengo en cuenta este criterio utilizo unos subconjuntos con la denominación Ab y aB, estando también sujetos a la decisión de qué tipo de porcentaje disparejo es el determinante para su identificación. Así, los conjuntos A y B cuyos elementos se testimonian al menos en cinco ocasiones quedarían definidos de la siguiente manera: A (fx>4) : { alor´, an, bekon, ete, kar´eś,kuleś, laker´, neitin, selki, tautin, tuitu, ulti, ur´ke, ustan, śalai} B (fx>4) : {belaur´, betan, betin, ker´e, kitar, tar´, taś, teker´, tibaś, tiker´} Pocas son las observaciones que hay que hacer respecto al conjunto B. Sin embargo, tengo dudas sobre si tar´ y taśson el mismo o dos elementos, por más que provisionalmente parece que lo más prudente es considerarlos dos. En lo concerniente a la clasificación del conjunto A hay que observar que he considerado como primer elemento también aquellos que aparecen como «onomásticos» unimembres, tanto por lo habitual que es la abreviación elidiendo el segundo formante efectivamente existente, como porque de un estudio preliminar parece deducirse que los formantes que permiten su uso unimembre no son nunca B, sino que parecen asociables a A. Esto puede aplicarse a laker´ y a neitin, aunque este segundo presenta dificultades especiales. De hecho, sólo estoy seguro de su presencia en el onomástico en inscripción latina NEITINBELES (CIL II 6144). Conforme a lo atestiguado por el tercer bronce de Botorrita de que iunstir, aparte de su uso normal, puede emplearse como formante onomástico, es posible que el repetidísimo neitiniunstir o neitin : iunstir sea un onomástico, pero su segmentación, ubicación inicial y reiteración parecen descartarlo. También es casi seguro que en el neitinke de la estela de Guissona el ke sea el atestiguado sufijo ke (cfr. kuleś-ker´e+ke en el plomo de Pech-Maho B.7.35) y no un segundo formante6. Por lo tanto, habrá que revisar en el futuro el papel de este neitin puesto que su 12 Faventia 23/1, 2001 Jesús Rodríguez Ramos 6. Mayer y Velaza (Guitart et alii, 1996) proponen como segundo formante *ke o ko latinizado. Pero ninguna de las dos opciones es aceptable. La primera *ke desdeña el que el signo m´ es silábico Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 12
uso en compuesto parece asimilable en la categoría de rasgos bien representados en onomásticos nativos en transcripción latina pero sin paralelo en las inscripciones íberas, casos como AUNIN o ETON. Cierto es que la mayoría de los formantes presentan variantes en su final, pero que en su inicio suelen ser bastante estables. Si analizamos y comparamos los inicios de estos conjuntos, una observación superficial ya denota notables diferencias, pero quedan más claras si realizamos una comparación más amplia y porcentual. Así en cuanto a los inicios absolutos tenemos que: conjunto a b e i k l n o s śtu muestra.1 11 17’1 10’3 7’9 12’3 5’5 3’8 2’7 7’5 3’4 11’3 5’5 A(fx>4) 13’3 6’7 6’7 0 13’3 6’7 6’7 0 6’7 6’7 13’3 20 GLOBAL 14’5 18’8 3’6 7’2 10’1 4’3 5’8 0’7 8’7 1’4 20’3 3’6 AB.1 15’4 28’8 0 11’5 7’7 3’8 3’8 1’9 15’4 0 7’7 1’9 AB(fx>3) 20 20 0 16’7 6’7 3’3 0 3’3 10 0 13’3 3’3 B(fx>4) 0 30 0020 0000050 0 B(fx>3).1 0 26’7 0 0 20 0 0 0 6’7 046’7 0 B(fx>3).2 6’25 25 0 0 18’7 0 0 0 6’25 0 43’7 0 En esta tabla he suprimido, por irrelevantes, los inicios en m´, que seguramente tienen todos un origen secundario7. Muestra.1 se refiere a un total de 292 elementos segmentables con uso no onomástico en inscripciones íberas. A éste se le ha efectuado una corrección ponderación tratando de agrupar los segmentos de un inicio común como una única forma. Es seguro que en esta ponderación se habrán cometido errores pero, en el estado actual de los conocimientos, es el método menos malo para crear un conjunto equiparable. A(fx>4) y B(fx>4) son los anteriormente descritos, así como global se refiere al total de los formantes identificables. AB.1 es un subconjunto de AB, excluyendo los Ab y los aB, en este caso se intenta filCompuestos de tipo onomástico en la lengua íbera Faventia 23/1, 2001 13 (una vocal nasal o nasalizada) por lo que es difícil que se asimile a una /n/, pero desdeña además que las dos atestiguaciones del formante (nm´keiltir´ C.9.1, con aparente unión de ambas /i/, y ikonm´keiE.8.1, con caída normal de la /r/ de ikor´ ante /n/) indican que el formante es nm´kei, no *ke. La segunda parte de la idea de que un formante íbero ko fuese latinizado como ‘cus’ y luego reiberizado como ke con la documentada adaptación de los temas ‘us’/’os’ indoeuropeos a -e en íbero. Pero, dejando aparte lo rocambolesco que resulta este proceso para una inscripción hecha por íberos en íbero, es relevante el hecho de que es un tema en nasal. El formante ko es propiamente ko(n), como lo demuestra kon-iltir´ (G.16.5) y tautin-kon (E.4.4) y como consecuentemente es adaptado en el bronce de Ascoli AUSTINCO y en Polibio Eδεκν, siendo la única excepción el Allorcus de la Segunda Guerra Púnica que cita Livio, una fuente muy indirecta y tardía. 7. En mi opinión actual este «fonema» proviene casi siempre de /a/ nasalizada y sólo en algún caso especial procedería de /i/ nasalizada. Así anm´ber´ai (F.9.7) podría explicarse como an-i-ber´ con infijo i. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 13
trar los que tienen una aparición muy disimétrica. AB(fx>3) es el conjunto de los AB que está atestiguado al menos cuatro veces, filtrándose en este caso los mal documentados. En los dos B(fx>3) se añaden los formantes de clase B atestiguados en cuatro ocasiones; en este caso, el menor número de testimonios hace más probable que se infiltre algún elemento que de hecho sea AB, pero que por azar sólo lo tengamos atestiguado como segundo elemento. B(fx>3) : { AUNIN, belaur´, betan, betin, boneś, ker´e, kine, kitar, sir, taker´, tar´, taś, teker´, tebar´, tibaś, tiker´} En B(fx>3).1 excluyo el formante AUNIN, que sólo se encuentra en alfabeto latino y que es sospechoso por ello; elemento que no filtro en B(fx>3).2. Los resultados de la tabla comparativa darían para un muy extenso comentario. Pero, en el presente artículo me limitaré a los rasgos del conjunto que muestra unos resultados más distintivos, el de los formantes segundos y, colateralmente, en las correcciones que se han de aplicar a los restantes para su mejor comparación con ellos. Una diferencia mayor hay que efectuarla entre lo que son elementos léxicos no usados como compuestos de tipo onomástico (muestra.1) y los conjuntos procedentes de compuestos de tipo onomástico. El primero contendrá más morfología «oracional» (por llamarla de alguna manera) mientras que en su mayoría el segundo responderá a morfología nominal; todo ello, claro está, con la salvedad de no indicar elementos sufijales, sino centrarse en los prefijales. En el conjunto muestra.1 destaca la mayor frecuencia de inicios en e-. También se observa que los inicios en bson más frecuentes que los demás. Pero ésta es una propiedad que comparte con los inicios de formantes onomásticos: 17’1% frente a 18’8% de GLOBAL, y si bien es inferior a los AB.1 (28’8%) y B (27’3-23’5%), es claramente superior a los A (6’7%). Pero resulta interesante señalar que en muestra.1 el inicio barepresenta el 8’9% y que, mientras los restantes conjuntos tienen sus picos estadísticos en bey bi-, en muestra.1 éstos no representan más que un 2’1% cada uno. Parece probable pues que binicial es menos frecuente en los segmentos oracionales que en los onomásticos, así como que se identifican los prefijos «oracionales» bay e-8. Pasando a los conjuntos de tipo B hay dos hechos que llaman especialmente la atención. El primero es el que, salvo la posible y problemática excepción de -AUNIN, los formantes B nunca se inician con vocal, es más, en B(fx>4) sólo acep14 Faventia 23/1, 2001 Jesús Rodríguez Ramos 8. El prefijo baaparece con cierta claridad en el plomo de Alcoy (G.1.1). Respecto a e-, parece un apoyo a mi hipótesis de trabajo provisional de que un prefijo epertenezca a la morfología verbal (Rodríguez Ramos, 2000 y en prensa). El inicio en esolo se identifica con seguridad en los formantes de la clase A y, en este sentido, puede ser oportuno indicar que cuando iunstir (uno de los términos de mi hipótesis de trabajo) forma parte de un compuesto de tipo onomástico lo hace como inicial (iunstia[ B.8.11, iunstirlaku F.9.5, iunstibas Botorrita 3 y posiblemente iuntibilos F.17.1). Mi impresión es que también sería un prefijo se- (de frecuencia elevada), como parece probar el plomo Marsal, dado que en ambas versiones del texto la palabra que sigue a neitin iunstir, pese a ser distinta, comienza por se-; así como parece claro en G.1.1. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 14
tan consonante oclusiva (b, to k), hecho muy significativo. Cabe preguntarse si el elemento sir, con cuatro ocurrencias, es realmente un B o bien si responde a otro criterio morfológico, ya que la mayoría de inicios en oclusiva es más coherente9. Esto no se debe a su posición segunda, dado que los AB en dicha posición sí pueden presentar inicio vocálico o en consonante no oclusiva. El conjunto B también podría presentar mayores limitaciones en su estructura silábica, además de eludir estructuras VCV(C) y VCCV(C), puesto que sigue esquemas CVC(VC), sin parecer aceptar grupos complejos CVCCV, como sí se documenta en formantes como bartaś, balke, torsin, kaltur o nalbe, dejando aparte los grupos en estructuras VCCV(C) como iltir´ u or´tin10. El segundo hecho es la altísima frecuencia de los inicios en t- (50-43’75%), más del doble que el conjunto GLOBAL que le sigue con un 20’3% y mucho más que AB.1, que ostenta el mínimo con 7’7%; siendo interesante indicar que incluso el opuesto a B, el conjunto A, tiene más que las formas «mixtas» no marcadas AB.Es evidente que este hecho no puede tener más que una explicación morfológica. La categoría morfo-sintáctica que en su utilización dentro de los compuestos de tipo onomástico sólo admite una posición final incluye un procedimiento morfológico que implica una construcción con /t/ inicial. Es más, pienso que el que la /t/ (con o sin una vocal tras ella) representa un prefijo morfológico es algo que puede demostrarse sin problemas. Pongamos la serie completa: tar´, taś, taker´, teker´, tiker´, tibaś, tebar´ con los que conviene cotejar los términos cuyas escasas apariciones se hacen siempre en segunda posición: tikan (1 o 2 veces), tilaur´ (1 ), tileis (2) y tolor (2) Resulta interesante el extremo parecido de las formas taker´, teker´ y tiker´, como si se formasen sobre una base ker´ que, aunque con problemas importantes, recuerda al formante ker´e(además de que la primera tal vez pudiera estar formada sobre aker/akir). Tampoco está clara la posible relación entre tar´ y el formante ar´, pues ambos son muy breves. Sin embargo, la serie de equiparaciones tibaś - baś, tebar´ - bar´, tikan - kan/kani, tilaur´ - laur´ y tileis - leis, resulta demasiado evidente. Es como si se añadiese una /t/ seguida eventualmente de una vocal epentética o de un prefijo ticon eventuales cambios del vocalismo. Compuestos de tipo onomástico en la lengua íbera Faventia 23/1, 2001 15 9. Por otra parte, dado que la síbera parece ser una africada dental (/ts/) es lógico suponer que aun prefijándole una /t/ seguiría notándose s. 10. Esto, y de nuevo con la incómoda excepción de AUNIN, podría servir para el análisis de los grupos vocálicos en íbero, dado que también están ausentes los típicos diptongos decrecientes ai, au y ei. Ello parece un indicio, muy provisional, de que el posible diptongo no es considerado dentro de la estructura silábica como una vocal y que resulta equivalente a un grupo consonántico. Por otra parte, tem´bar´, que alterna con tubar´, DUMAR, es la notación compleja de una única vocal nasalizada con estructura CVCVC. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 15