iltir'/iltur = oppidum : los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico
Abstract
Los radicales ibéricos iltir' e iltur parecen corresponder al latín oppidum. Partiendo de ello, analizamos las localidades en que uno de ambos aparece como componente de su nombre y nos interrogamos, entre otras cuestiones, sobre la fecha de la aparición de la ciudad entre los iberos.
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Resumen Los radicales ibéricos iltir 'e iltur parecen corresponder al latín oppidum. Partiendo de ello, analizamos las localidades en que uno de ambos aparece como componente de su nombre y nos interrogamos, entre otras cuestiones, sobre la fecha de la aparición de la ciudad entre los iberos. Palabras clave: Hispania prerromana, iberos, toponimia, civitates. Abstract The Iberian words iltir 'and iltur may correspond to the Latin oppidum. From this basis, we analyse the locations where one of these appear as part of its name and we pose the question, amongst others, regarding the date in which we could properly speak about an Iberian city. Key words: Pre-Roman Hispania, Iberians, toponymy, civitates. Aunque ya se había apuntado antes como posible, fue hace una década cuando el profesor J. Untermann propuso de manera clara suponer para iltir 'y su variante iltur (o iltur 'e iltu), tan frecuentes en el área ibérica y en la región turdetana, el significado de «ciudad» tanto en su acepción de comunidad urbana como núcleo fortificado (la capital de una ciuitas), es decir, un equivalente a oppidum. Este último término latino es, por otra parte, muy utilizado en nuestros días entre los especialistas del Faventia 23/1, 2001 21-40 iltir '/iltur = oppidum. Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Arturo Pérez Almoguera Universitat de Lleida. Departament d’Història Plaça de Víctor Siurana, 1. 25003 Lleida [email protected] Data de recepció: 26/1/2000 Sumario 1. Documentos en que se indica la condición de iltir 'de localidades concretas, sin ser componente de su nombre 2. iltir 'o iltur como componente del propio nombre de la localidad. El testimonio de la numismática 3. La deducción a través de nombres latinos. La numismática 4. Nombres conocidos a través de las fuentes escritas o epigráficas Recapitulación y reflexiones Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 21
mundo ibérico para definir realidades arqueológicas específicas (núcleos de cierta extensión que, se supone, debieron ejercer un papel central de un territorio). Avalada por tan señalada autoridad, la reducción fue generalmente aceptada por los especialistas en lengua ibérica, aunque no ha dejado de señalarse alguna objeción1. Nos encontraríamos pues ante un —o unos— vocablos ibéricos cuya traducción no nos esta velada como lo están prácticamente casi todos los otros que nos ha conservado la epigrafía. Naturalmente tal acepción se propuso para ciertos casos, muy abundantes por lo demás, pues también una como otra forma aparece en nombres personales con relativa frecuencia en las mismas zonas geográficas. La prueba más clara de la certeza de esta propuesta procede de unos pocos textos epigráficos, uno sobre plomo, dos pintados en vasos cerámicos decorados, y un último en una inscripción rupestre. En todos ellos, tras el supuesto topónimo —al menos en dos casos con seguridad conocidos por otras fuentes— aparece la lectura iltir 'te, que vendría a corresponder al latín ex oppido según J. Untermann.Por tanto, es muy lícito suponer que los nombres específicos de otras varias localidades conocidos a través de la numismática, en los que aparece el componente iltir ' o iltur al inicio de los mismos, hacen alusión, en su propio topónimo, a su condición ciudadana. Lo mismo es extensivo a la traslación latina Ilero Iluren los textos clásicos de los que más adelante trataremos. En una u otra versión se trata de los radicales que más frecuentemente aparecen en los nombres de los núcleos urbanos conocidos del área citada. Aunque, por lo tanto, la traducción de iltir 'o iltur no constituye precisamente una novedad, sí considero que, a pesar de no ignorado, es algo que no ha sido suficientemente enfatizado por los historiadores a diferencia de lo que ha sucedido con los lingüistas. Ello es evidente, por ejemplo, en la casi general ausencia del hecho en las síntesis sobre la España prerromana aparecidas en la última década. Creo que desde una perspectiva histórica pueden realizarse algunas observaciones —más que deducciones— tanto de carácter general como concretas para determinados casos, analizando los ejemplos conocidos y los probables. Por supuesto no entraré en problemas lingüísticos en los que soy rotundamente profano. Si me detengo en alguno de ellos será como mero transmisor de especialistas que han defendido una u otra postura. Hay unanimidad en aceptar que éstos son Ilere Ilurpor cuanto así ocurre en dos significativos casos en que tenemos constancia de sus nombres ibérico y latino a través de las monedas: iltir 'ta e ilturo pasan a ser Ilerda e Iluro respectivamente. Es decir, la t, que debía ser muda, desaparece. En el caso de iltir 'ta, además, 22 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera 1. J. UNTERMANN, Monumenta Linguarum Hispanicarum, II, 1, Wiesbaden, 1990, p. 187-189, núms. 572, 573 y 574; III, 2, p. 163-169, D.8.1, 476, F.13.24 (a partir de ahora MLH). En atención a trabajos anteriores del profesor alemán, la interpretación es recogida por J. SILES, Léxico de inscripciones ibéricas, Madrid, 1985, p. 50, núms. 114, 106 y 373. Igualmente por J. VELAZA, Léxico de inscripciones ibéricas (1976-1989), Barcelona, 1991, p. 74, 76, núm. 269. Este último, también en una síntesis divulgativa posterior, Epigrafía y lengua ibéricas, Madrid, 1996, p. 38, 54, aunque indica que «ha sido generalmente aceptado sin demasiadas reticencias», no deja de señalar más adelante que el que esté en la base de los latinos ileo ilu- «no pasa de ser por ahora hipotético». Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 22
la i se transforma en e2.Por otra parte, es de interés tener en cuenta, además, que la líquida más oclusiva (lt) corresponde en transcripciones latinas además de a ltambién a ll3. Partiendo de estas premisas nuestra nómina de nombres de ciudades aumenta sustancialmente por cuanto son muchos los que conocemos en su versión latina aunque delatando su carácter indígena, y es de presumir por tanto su existencia previa a la llegada de los romanos. Aún más si, como es posible, la no clara diferencia entre las dos dentales —especialmente—, las dos labiales, las dos nasales y las dos oclusivas, y las de ie y/u, hicieron que apareciera en una u otra forma en su «versión» latina, dependiendo quizás de las características locales lingüísticas de una u otra zona ibérica4. Hay que añadir otros casos dudosos que veremos al individualizarlos más adelante. 1. Documentos en que se indica la condición de iltir 'de localidades concretas, sin ser componente de su nombre Constituyen éstos los que, como indicaba anteriormente, sirvieron a J. Untermann para proponer su traducción como «ciudad». En todos los casos en que ello se supone, el radical aparece con un posterior -te o -ter que debe corresponder al latino ex. Por otra parte, es una terminación frecuente, entre otros, en nombres personales ibéricos, lo que significa que no siempre, como en los casos que nos ocupan, indican «lugar de donde»5. iltir 'o iltur aparecen en nombres personales tanto como primer elemento como segundo: los nombres ibéricos, hoy lo sabemos bien, son en su mayoría de estructura bimembre6. Ello significa que no siempre precisamente estamos seguros si Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 23 2. J. UNTERMANN, MLH, I. Die Munzlegenden, Weisbaden, 1975, p. 72. Recordado por M.I. PANOSA, «Algunes qüestions històriques sobre l’epigrafia de les llegendes monetals ibèriques», en J. ADIEGO; J. SILES; J. VELAZA, Studia palaeohispanica et indogermanica J. Untermann ab amicis hispanici oblata, Barcelona, 1993, p. 199-212. 3. J. VELAZA, Epigrafía..., op. cit., p. 44. 4. J. SILES, «Sobre la epigrafía ibérica», Reunión sobre epigrafía hispánica de época romano-republicana, Zaragoza, 1986, p. 17-42; en las p. 18 y 22, refiriéndose a las nasales y oclusivas ibéricas, indica que «ni los signos tienen siempre el mismo valor, ni un mismo sonido es anotado siempre por la misma grafía». En cuanto a la io y/u, no está de más recordar que algo similar ocurría en latín, donde, al menos cronológicamente, vemos las formas maxumum por maximun, o optumum en vez de optimun. La fluctuación de grafías puede ser simplemente cuestión cronológica, pero también espacial. 5. El sufijo -te es muy frecuente tanto en antropónimos como topónimos, en cargos y magistraturas —se supone—, y en paradigmas «prenominales». Los ejemplos de distintos casos son múltiples: así, en nombre de personas, en la recientemente conocida inscripción de Andelos, likinete (de un likine o Licinius); J. UNTERMANN, «Comentario a la inscripción musivaria de Andelos», TAN, 11, 1993-1994, p. 127-129. En posición no final, en el neteinje de la también reciente inscripción de Guissona del siglo IaC: no se trata de un sufijo homógrafo, ya que va seguido por otro. Es un caso sin paralelo en el que pueden suponerse influencias latinas. Véase J. GUITARD; J. PERA; M. MAYER; J. VELAZA, «Noticia preliminar sobre una inscripción ibérica encontrada en Guissona (Lleida)», en F. VILLAR; J. D’ENCARNAÇAO (eds.), La Hispania prerromana. Actas VI Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca, 1996, p. 163-170. 6. No son raros en nombres de magistrados monetarios o en grafitos; J. SILES, Léxico..., op. cit., p. 237 s., núm. 1009 s. La nómina aumenta en la relación posterior de J. VELAZA, Léxico..., op. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 23
nos encontramos ante topónimos o antropónimos. En los casos concretos que hay posibilidad de relacionarlos con localidades de las que sabemos por otros documentos, sean fuentes escritas o numismáticas, puede razonablemente suponerse que a ellas se refieren, pero ya no es seguro que se trate de ciudades cuando no tenemos otra constancia. El mismo problema se plantea cuando, en más de un caso, no se conserva la inscripción completa. Por lo demás, ignoramos si como componente de los nombres personales pudiera tener algo que ver con un derivado de ciudad, a la manera de ciertos apellidos de nuestros días. Como fuere, trato a continuación de los casos que contamos con algún fundamento para considerarlos referidos a ciudades. basti. Vaso de Llíria El primer documento procede del conocido yacimiento del cerro de Sant Miquel en Llíria, y aparece en un vaso pintado ibérico, decorado con dientes de lobo, en que se conserva una inscripción incompleta ...iarban.bastesiltir 'te7. Prescindiendo de la primera parte de la lectura, la segunda nos muestra la presencia de dos elementos (bastes e iltir 'te). J. Untermann propuso su interpretación como ex Basti oppido, frente a la opinión de Schmoll de que no podía precisarse la función del segundo elemento. Tal interpretación, de ser correcta confirmaría además la existencia de una ciudad, Basti, presumiblemente edetana por el lugar del hallazgo, homónima de la cabecera de los más sureños bastetanos de la región de Baza, bien conocidos por las fuentes escritas. Sabemos en efecto de una basti en Levante, conocida por la numismática. Se trata de una ceca de la que hasta no hace mucho sólo era conocida una moneda, motivo que llevó a pensar en una lectura incompleta. La posterior documentación de unas dracmas de imitación emporitana con idéntica lectura han certificado la existencia de esa ciuitas indígena y, por otra parte, dada la cronología de las dracmas ibéricas, que tal existencia puede llevarse, cuando menos, a la Segunda Guerra Púnica o a una etapa inmediata a la misma. Similar cronología (siglo III aC) es la propuesta para el ejemplar cerámico. 24 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera cit., p. 74-75, núms. 261-266; J. VELAZA, Epigrafia..., op. cit., p. 37 y 38. En monedas, a guisa de ejemplo, conocemos a iltir 'arker o ilti en la ceca de untikesken, o un iltir 'atin o iltir 'eur en Obulco; J. VILLALONGA, Corpus Nummum Hispaniae ante Augusti aetatem, Madrid, 1994, p. 147, núms. 43, 44 y 45; p. 340, núms. 10, 15 y 16. 7. Tal es la lectura que da J. UNTERMANN, MLI III, 2, p. 476, F.13.24. M. GÓMEZ MORENO, Misceláneas, Historia-Arte-Arqueología, Madrid, 1949, p. 305, núm. 65, dio en su día la lectura ...narban.bastesiltir 'te. D. FLETCHER, Inscripciones ibéricas del Museo de Prehistoria de Valencia, Estudios ibéricos, 2, Valencia, 1953, p. 35, insc. LVII, y Textos ibéricos del Museo de Prehistoria de Valencia, SIP Trabajos Varios, 81, Valencia, 1985, p. 14, por su parte mostró sus dudas sobre la presencia de la ninicial, lo que en cualquier caso no afecta a la parte del texto que nos interesa. Recogido también por J. SILES, Léxico..., op. cit., p. 106, núm. 373. Recientemente recordada por C. GONZÁLEZ ROMÁN; A. ADROHER AUROUX, «El poblamiento ibero-bastetano: consideraciones sobre su morfología y evolución», en F. VILLAR; A. BELTRÁN (eds.), Pueblos, lenguas y escrituras en la Hispania prerromana, Salamanca, 1999, p. 243-255. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 24
La ubicación de basti ha sido muy discutida, pero se tiende a considerar en la esfera de arse y entre el curso bajo del Ebro y Sagunto8, es decir en una zona, por tanto, quizás lejana a Llíria. Por lo demás, no es en ningún caso mencionada por las fuentes escritas. Unos años antes de la propuesta de J. Untermann, M.L. Albertos consideró que se trataba de un antropónimo9, lo que no sería extraño vista la frecuencia del componente iltien los mismos. Más difícil es decidirse ante el iltir '... de otro vaso de Llíria por no conservar el texto completo, aunque visto el precedente, muy probablemente también aludiera a una ciudad. kukon. Vaso de Llíria En otro vaso de Llíria, un kalathos en concreto, A. Beltrán leyó kukoniltir ', si bien D. Fletcher propuso begoniltir '10. En este caso, J. Untermann sostuvo que no podía tratarse de un nombre personal y por tanto debía ser el de una localidad, pero en una forma u otra de las propuestas, kukon o begon, no conocemos ninguna con esos nombres. Ciertamente ello no es determinante como para negar la existencia de un oppidum así llamado. lakun. Plomo de Orleyl Entre las diecinueve palabras que aparecen en una de las caras de uno de los plomos del yacimiento de Orleyl —bien conocido por la abundancia de ellos—, en La Vall d’Uixó (Castellón), se encuentra lakunm¯ siltir 'te —mejor que lakunwiltir 'te, como se propuso en el momento de su hallazgo—, en una lectura que no presenta gran dificultad11. Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 25 8. R. MARTÍN VALLS, «La circulación monetaria ibérica», BSEAA, XXXII, Valladolid, 1967, p. 207-366 (p. 301); A.M. de GUADÁN, Numismática ibérica e ibero-romana, Madrid, 1969, p. 178; J. UNTERMANN, MLI, I, p. 220; L. VILLARONGA, op. cit., Madrid, 1994, p. 53, núm. 112; A. PÉREZ ALMOGUERA, «Las cecas catalanas y la organización territorial romano-republicana», AEspA, 69, 1996, p. 37-56 (p. 40). A veces se ha supuesto ceca catalana, pero sin base: no parece que pueda reducirse a la Bassi que cita Tolomeo (II, 6, 70) como una de las localidades de los castellani. En cuanto a la ciudad de los bastetanos del sur, salvo alguna excepción señalada —M. PASTOR, «Los bastetanos en las fuentes clásicas», Actas del I Coloquio de Historia Antigua de Andalucia (Córdoba, 1988), Córdoba, 1993, p. 213-233 (p. 230)—, se admite que no emitió monedas. 9. M.L. ALBERTOS, La onomástica personal primitiva de Hispania, Tarraconense y Bética, Salamanca, 1966, p. 50-51. No obstante señala que el elemento Bastaparece en étnicos y ciudades tanto en Hispania como en otros lugares; es el caso concreto de Bastuli, Bastetani y Basti, pero también de Basto y Basternini en Italia, Bastoniacum y Bastonica en Bélgica, Basternacum en Galia, y Basternae o Bastarnae en Dacia. 10. A. BELTRÁN, «Sobre el rótulo ilduradin en una estampilla de Azaila (Teruel)», Caesaraugusta, 21/22, Zaragoza, 1964, p. 19-45 (p. 39-40). D. FLETCHER, Inscripciones..., op. cit., p. 36. La lectura propuesta por este último es la que recoge J. SILES,Léxico..., op. cit., p. 174, núm. 696. 11. D. FLETCHER, «Los plomos escritos», en A. LÁZARO; N. MESADO; C. ARANEGUI; D. FLETCHER, Materiales de la necrópolis ibérica de Orleyl (Vall d’Uixó, Castellón), SIP, Trabajos Varios, 70, Valencia, 1981, p. 97-116. Reproducido después, junto con los otros conocidos de la zona, en J. UROZ, La región Edetania en la época ibérica, Alicante, 1983, p. 86. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 25
La terminación (te) nos parece indicar que estamos ante un caso similar al de bastesiltir 'te o al que trataremos posteriormente de El Cogul, es decir podría trasladarse el latín como ex opido Lacun o Lacu12. laku, aislado, se encuentra mencionado en otro plomo del mismo yacimiento, y puede en ese caso tratarse de un nombre personal13. El problema es que, como en el caso anterior, nos encontramos ante una localidad desconocida, aunque no faltan propuestas de identificación: el propio J. Untermann preguntó si no se trataría de la Lacurris que cita Tolomeo (2, 6, 58) como oretana14. De ésta tampoco se conoce su ubicación concreta. También nos sugiere la sedetana lakine, que emite monedas a fines del siglo II o inicios del IaC, y que se sitúa en Fuentes de Ebro (Zaragoza)15. En principio parecería más oportuna la mención en tierras castellonenses de la última antes que una oretana, pero no es ni mucho menos seguro, básicamente porque la diferencia entre los signos ibéricos ki y ku es considerable, no fáciles de confundir. Para el plomo que nos ocupa, contamos con un dato cronológico preciso: se encontraba enrollado, junto con otros dos plomos más, en una crátera de campana de figuras rojas que hacía la función de urna funeraria producida hacia mediados del siglo IV aC. alaun. Inscripción rupestre de El Cogul Se trata de una más de las grabadas de manera simple sobre la arenisca del conocido conjunto rupestre de la llamada Roca dels Moros, en El Cogul (Lleida). En un texto de dos líneas, se encuentra un alauniltir 'ten, cuya lectura fijó J. Untermann tras las propuestas anteriores de M. Gómez Moreno y de M. Almagro. Las dudas expresadas por J. de Hoz se refieren a otros elementos de la inscripción, no al fragmento concreto que tratamos16. Las variantes propuestas, con todo, no eran muchas 26 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera 12. J. UNTERMANN, MLI III, 2, p. 395, F. 9,7. 13. También iunstirlaku, J. UNTERMANN, MLI 2, F. 9.5.4. En su lectura lagun, también en Empúries, considerado como nombre personal, M.L. ALBERTOS, op. cit., p. 127. Hay también un lakusuken en un bronce de Calaceite, J. SILES, Léxico..., op. cit., p. 256-257, núms. 1102-1103. Véase, asimismo, J. VELAZA, Léxico..., op. cit., p. 98, núm. 382. 14. A. TOVAR, Iberische Landeskunde. Segunda parte, 3 Tarraconensis, Baden-Baden, 1989, p. 171, C-45 (en adelante IL). 15. De ella sólo se conoce una emisión; L. VILLARONGA, op. cit., p. 226. F. BURILLO, Los celtíberos. Etnias y estados, Barcelona, 1998, p. 193, 258 y 299. 16. J. UNTERMANN, MLI III, 2, p. 163, D.8.1. M, llamó la atención de que se trata de un caso similar a los de bastesiltir'te de Llíria y lakunmiltir'te de Orleyl. GÓMEZ MORENO, op. cit., p. 291, núm. 22, leyó anauniltir'ter, no sin expresar ciertas dudas como consecuencia de que los letreros estaban trazados muy a la ligera. M. ALMAGRO, «Sobre las inscripciones rupestres del covacho con pinturas de Cogul (Lérida)», Caesaraugusta, 7-8, 1957, p. 67-75 (p. 70), leyó anaus iltir'ten, aunque también con inseguridad. De hecho la dificultad de lectura de las pocas inscripciones prerromanas peninsulares conocidas viene tanto de la propia ejecución como de su conservación, cuando no la dificultad del propio lugar donde se llevaron a cabo, no siempre accesible, que ha hecho al investigador fiarse de calcos de no total garantía. Así J. de HOZ, «Panorama provisional de la epigrafía rupestre paleohispánica», en A. RODRÍGUEZ COLMENERO; L. GASPERINI (eds.), Saxa Scripta. Actas del Simposio Internacional Ibero-itálico sobre epigrafía rupestre (Santiago de Compostela y Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 26
y de hecho sólo se dudaba si la primera consonante era lo n. La propuesta de J. Untermann permite identificar a la ciudad de alaun, localidad vascona según Tolomeo (2, 6, 66: Allauona), o quizás mejor «celtibérica vasconizada» según G. Fatás, y sedetana primero —es decir ibérica— y vascona desde el siglo IaC según F. Burillo. Se identifica con la actual Alagón (Zaragoza) donde confluyen Ebro y Jalón, aunque no hay evidencia arqueológica. Se menciona también en el Itinerario de Antonino (444, 1: Allobone), y, lo que es más importante, en la Tabula aenea Contrebiensis de Botorrita. Por otro lado es una ceca conocida que emite bronces —con leyenda alaun precisamente y con tipología cercana a saltuie—, aunque escasos, en la primera mitad del siglo II y otros con posterioridad a 143 aC17. Como se ve, las fuentes son abundantes. Teniendo en cuenta su situación geográfica es de señalar la presencia de un oriundo de la misma en un lugar relativamente distante, en plena tierra ilergete, que se considera además un lugar de culto visitado durante siglos, desde el momento de realización de sus célebres pinturas rupestres hasta plena época romana. La inscripción que nos ocupa se considera votiva, como las otras del lugar18. El pretendido santuario debía ser visitado más o menos regularmente por los habitantes de los vecinos poblados. Nada hay que haga pensar en un notable centro que atrajera peregrinos de lugares lejanos. Ello nos lleva a su vez a interrogarnos también si cuando se indica la condición de ex oppido (iltir 'te) es porque la localidad no es conocida, en razón de su lejanía, en el lugar donde se hizo la inscripción. Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 27 N. de Portugal, 1992), Larouco, 2, 1995, p. 9-33 (p. 10-13), considera que incluso la lectura de J. Untermann sigue siendo insegura, y las fotografías que éste publicó no son concluyentes. J. de Hoz se refiere a una visita personal a la Roca dels Moros en 1987, de la que dedujo que era muy difícil obtener una lectura correcta. Sin embargo el fragmento que nos afecta parece razonablemente interpretado. 17. J. UNTERMANN, MLI III, 2, p. 199 s., núm. 116. Por su situación entre Zaragoza y Tarazona, G. Fatás cree que sería una las ciudades celtibéricas vasconizadas como consecuencia de una redistribución territorial de Pompeyo como premio a un supuesto colaboracionismo vascón en las campañas contra Sertorio. G. FATÁS, Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza). II Tabula Contrebiensis, Zaragoza, 1980, p. 12-14, p. 63-66; id., TIR K-30: «Allobone, Alavona». En la tabula aparece un Allovonensis citado tras referirse a la caussam allavonensium. F. BURILLO, op. cit., p. 170, p. 274 y p. 313 la cree sin duda sedetana, aunque en su límite con los lusones, y quizás por el mismo motivo que suponía G. Fatás, otorgada a los vascones tardíamente. Para sus dos emisiones, véase L. VILLARONGA, op. cit., p. 221. En cuanto a los restos arqueológicos en Alagón, sólo merece destacarse, según M. Beltrán, un tesoro de denarios posteriores a 72 aC; A.M. CANTO, «La tierra del toro. Ensayo de identificación de ciudades vasconas», AEspA, 70, 1997, p. 31-70 (p. 41). No obstante, se sigue manteniendo con seguridad que allí se alzó: F. PINA; J.A. PÉREZ CASAS, «El oppidum Castra Aelia y las campañas de Sertorius en los años 77-76 aC», JRA, 11, 1998, p. 245-264 (p. 253). Por lo demás, M.L. ALBERTOS, op. cit., p. 14, recuerda que la raíz alou/alau está presente en hidrónimos y topónimos en Galia, Liguria, Nórico, Germania o Gales. Es pues corriente en el mundo celta. 18. La más reciente de ellas, en latín, probablemente del siglo IaC, es ciertamente votiva: SECVNDIO/VOTVM FECIT (G. FABRE; M. MAYER; I. RODÀ, Inscriptions romaines de Catalogne. II: Lérida, París, 1985, núm. 88). Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 27
2. iltir 'o iltur como componente del propio nombre de la localidad. El testimonio de la numismática Una cuestión previa es la posibilidad de que en algún caso iltur no se refiera a «ciudad» o un derivado de la misma, sino que esté relacionado con el nombre de una divinidad. Más concretamente ello ha sido propuesto —al menos con la versión latina ilu-, en al caso de Iluro, la ibérica ilturo, relacionándola con el Deus Iluro, bien documentado en el sur galo19. Ciertamente si ello puede ser aceptable para la Ilurone aquitana (actual Olorón) y posiblemente para el Iluerberrixo Anderexo —en este caso, no es un nombre de ciudad— de la inscripción del Valle de Arán20, ya no lo parece tanto el que sea un componente de la predecesora de Mataró, en plena área ibérica. Parece más razonable poner a la última en la amplia nómina que, como veremos, parecen relacionarse con oppidum; los posibles nombres relacionados con la divinidad gala no irían más allá de las zonas aquitanas y limítrofes. Menos aún creo que se relacione con otra divinidad, Ilurbedae, con la que también se ha propuesto no sólo el caso de Iluro sino otros nombres ibéricos tanto personales como geográficos21, dado que Ilurbedae es propia de un área tan distante del mundo ibérico como Portugal, Salamanca y Zamora. Admitiendo su interpretación como oppidum en el área ibérica, al analizar los casos concretos de las civitates en que aparece una u otra forma de esta raíz, parece procedente comenzar por los nombres que nos proporciona un documento tan incontestable como es la numismática, siquiera sea porque se trata del «propio» de cada comunidad poliada22. Nos referimos, claro está, a aquellas cuyo nombre conocemos en caracteres indígenas. A su vez, por lo que hemos expresado antes de cómo se produce su paso al latín de los casos bien documentados —iltir 'ta/Ilerda, ilturo/Iluro— podemos añadir a la nómina buen número de las que sólo conocemos el nombre latino pero que evidentemente éste es de origen indígena. En este caso tan importantes como las numismáticas son las fuentes escritas y posteriores epigráficas latinas. Por ellas conocemos una respetable cantidad más; las trataremos en otros apartados. Es iltir 'ta —la romana Ilerda ampliamente mencionada por fuentes republicanas e imperiales—, la primera que tomamos en consideración por la riqueza y abundancia de sus emisiones monetarias en plata y bronce durante más de dos 28 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera 19. F. MARCO, «Entre el estereotipo y la realidad histórica: la emergencia de los pueblos pirenaicos antiguos», en F.J. RODRÍGUEZ NEILA; F.J. NAVARRO (eds.), Los pueblos prerromanos del norte de Hispania. Una transición cultural como debate histórico, Pamplona, 1998, p. 51-87 (p. 77). 20. G. FABRE; M. MAYER; I. RODÀ, op. cit., p. 100, núm. 61. Se trataría de un dios de carácter vegetal; J.M. BLÁZQUEZ, Primitivas religiones ibéricas, II, Madrid, 1983, p. 290. 21. J.M. BLÁZQUEZ, Diccionario de las religiones perromanas de Hispania, Madrid, 1975, p. 109. Algunos ejemplos que aporta son, como mínimo, chocantes: así Ilerda, Ilici o Iliberri. 22. Soy de la opinión de que las leyendas de las monedas ibéricas, como por otra parte todas las que lo ostentan indígena, aluden a civitates, aunque las que presentan la leyenda en genitivo -sken se hayan querido relacionar con étnicos. El por qué sólo unas pocas lo hacen en el último caso frente al nominativo usual no tiene una explicación clara, pero considero que en cualquier caso se refieren a los habitantes de una ciudad. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 28
siglos. Su nombre, como se ve, se compone del ibérico «ciudad» (iltir ') con tan sólo el aditamento de un signo final (-ta)23. Aceptando este significado procede, por tanto, poner en entredicho que tal nombre equivaliera a «lobo» o «ciudad del lobo», propuesta basada en la frecuente representación de este animal —quizás relacionado con su divinidad principal—, en sus emisiones monetarias, y el que también apareciera el cánido en la meridional ceca de iltir 'aka, de nombre tan similar, de la que a continuación trataremos24. Según esa propuesta, iltir '- vendría a significar «ciudad del lobo». Cabecera de los ilergetes, aún cuando no se hayan identificado en el actual núcleo urbano de Lleida niveles anteriores al siglo II aC —sí materiales muebles—, fue seguramente la más importante localidad del interior catalán previa a la llegada de los romanos, todo y no ser citada por las fuentes escritas alusivas a la Segunda Guerra Púnica en las que tantas veces lo es el pueblo ilergete. Así parece certificarlo, como decíamos, su numerario, ya desde fines del siglo III aC como mínimo, aún cuando Livio cite como capitalidad ilergete en 218 aC a una desconocida Atanagrum, que nunca más vuelve a ser mencionada (21, 61-67); ¿se trata de otro nombre de iltir 'ta? Como sea, nuestra localidad fue una auténtica «capital monetaria»25. Si se tratara de la problemática Ilerda que cita Avieno (Ora marítima 476) podría pensarse en su existencia ya en el siglo VI aC, lo que no es fácil de admitir en fecha tan temprana. Si fue la ciudad la que dio nombre al populus, es de destacar la importancia que debió tener iltir 'ta al dar nombre a un territorio de tan considerable extensión como fue el de los ilergetes. Es bien sabido por fuentes posteriores (Tolomeo en concreto) que en tan gran región geográfica hubo otras ciuitates, como era de esperar. ¿Mantuvo Ilerda una suerte de primacía entre ellas, aunque sólo se tradujera en prestigio en la práctica? Acabamos de referirnos a iltir 'aka. De ella apenas conocemos unas pocas monedas de mediados del siglo II aC en las que, como en el caso anterior, aparecía repreLos nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 29 23. El morfo -ta es muy frecuente en los textos ibéricos (también su variante -ita); J. VELAZA, Epigrafía..., op. cit., p. 49. Desde luego, nada sabemos de su posible traducción, aunque sería muy sugerente pensar que iltirta, que da nombre a un pueblo importante que ocupa gran extensión geográfica, pudiera significar algo así como «la ciudad por excelencia» para diferenciarla de otros núcleos poblacionales. No es una excepción a la impenetrabilidad que sigue mostrándonos la lengua ibérica. 24. U. SCHMOLL, «Die Wortstäme iltir und iltu in der Spanischen Namenbildung», Die Sprache, 6, Wien, 1960, p. 46 s. Posteriormente, J. UNTERMANN, MLI I, p. 329. Véase asimismo A. PÉREZ; M. SOLER, «Les seques de iltirta i iltiraka i el llop ibèric», Revista d’Arqueologia de Ponent, 3, 1991, p. 151-175 (p. 153-155). Lo que sí puede desecharse es que -tir sea la forma ibérica de designar al cánido, una vez comprobada la no certeza de la representación del mismo entre ily -ta en algunas monedas, tal como había propuesto J. MALUQUER DE MOTES, «Condicionaments i connotacions de l’art ibèric», L’Avenç, 14, Barcelona, 1979, p. 27-35 (p. 34-35). El único caso en que pudiera considerarse que ocurría es en una moneda procedente de viejas excavaciones de Azaila que presenta un defecto de cuño. En realidad no hay sustitución alguna del lobo por signos ibéricos: en la parte superior del animal puede leerse iltiy en la inferior -r'ta. 25. Véase A. PÉREZ ALMOGUERA, op. cit., p. 42. Para el problema de Atanagrum, id., «Livio, 21, 61-67: Atanagrum, quae caput eius populi erat. El problema de Atanagrum y la capitalidad ilergete», HAnt, XXXIII, 1999, p. 25-46. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 29
La Illiberris septentrional, homónima de la andaluza, es una población de los volcos tectosagos según Tolomeo (2.9.9) y sordona según Mela (2.5.84) y Plinio (n.h. 3.32). En cualquier caso, es una población traspirenaica, lo que ha hecho que se tilde de «intrusión ibérica» en el mundo galo54. ¿Se trata de un caso más de alusión a «ciudad» o al dios galo citado? Por su situación oriental, seguramente del primero. Illucia es citada como ciudad oretana tomada en 193 aC por C. Flamino, pretor de la Citerior, por Plinio (n.h., 35.7.6). Piensa A. Tovar que quizás sea la misma que Ilugo, municipio de época de Adriano conocido por la epigrafía (CIL II, 3239) y que se sitúa en Santisteban del Puerto (Jaén)55. ¿Es una indígena iltuko anterior? Quizás uno de los casos más interesantes sea el constituido por la mención de un Illuersensis en el Bronce de Ascoli56, al que ya hemos citado al tratar de iltukoite. Hemos de suponer por tanto una Illuersa (o Illuersia) en un lugar no lejano del Ebro medio, pero como ocurre para otros topónimos que aparecen en el documento tampoco conocemos su precisa ubicación. Es muy posible que se trate de los Ilursenses que Plinio (n.h., 3.24) cita como estipendiarios del conuentus Caesaraugustanus57. Recientemente se ha propuesto una forma ibérica ildubersa (o iltubersa) e incluso ildubelse. Dado que se conocen dracmas de imitación con la leyenda belse, se trataría quizás de ésta con el sufijo ildu (o iltu) indicativo de ciudad58. Si ello fuera cierto, habría quizás que buscarla en la Cataluña occidental: no hay constancia de acuñaciones de dracmas más al oeste de la misma. Como fuere, no parece tratarse de la hipotética Ilurcis que, según Floro, existía donde luego estuvo Gracchuris, de la que ya hemos tratado. Finalmente pudiera entrar también en este grupo la supuesta población indígena antecesora de la actual Lorca, según Schulten. Pero Lorca no es la Ilorcira de Plinio (n.h. 3.9), pues ésta se encontraría junto al Guadalquivir (véase supra iltir 'aka). Parece aceptable suponer que la localidad murciana es la Eliocroca que menciona el Itinerario de Antonino (401.6), nombre que no parece derivar ni de iltini de iltu-. Más discutible es, como a veces se ha propuesto, que en 36 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera 54. F. MARCO, op. cit., p. 63. 55. A. TOVAR, IL 1, p.183, C-66. 56. CIL I, 709; MLI III 1, p. 197. No es preciso para lo que nos ocupa relacionar toda la amplia bibliografía que el documento ha generado. Citemos tan sólo, una vez más, el excelente trabajo de N. CRINITI, L’Epigrafe di Ausculum di Gn. Pompeo Strabone, Milano, 1979, y, prescindiendo de otras atribuciones a veces forzadas cuando no pintorescas, para la identificación de los pueblos citados, los sensatos trabajos de G. FATÁS, op. cit., p. 43 s., o «Los sedetanos como instrumento de Roma», Homenaje a don Pío Beltrán, AEspA (anejos VII), 1974, p. 106 s. 57. A. TOVAR, IL 3, p. 411, C-518; TIR K-30, Madrid, 1993, ILVRSENSES; A.M. CANTO, op. cit., p. 67, ¿quizás la actual Luesia, al norte de Farasdués?; en contra, la opinión de Caro Baroja de que Luesia es el resultado de una diptongación romance de Lusia; A. MARQUES DE FARIA, «Novas notas...», op. cit., p. 155. 58. A. MARQUES DE FARIA, «Novas achegas...»., op. cit., p. 81; id., «Novas notas...», op. cit., p. 155. L. VILLARONGA, op. cit., p. 42-44: en un caso incluye la leyenda belsekua en el grupo «símbolo lobo»; en otro, con leyenda belsesalir, en el «símbolo jabalí». Según ello habría que suponerla en la zona en que convergen las influencias de iltir 'ta y ausesken. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 36
realidad se llamara Ilurci, Ilurgeia, Ilurco e incluso Iliturgi59. Éstas, como hemos visto, han sido identificadas (con algún problema, es cierto) con ciudades más occidentales. Recapitulación y reflexiones La aparición de su condición de -iltir 'te tras el nombre de unas ciudades concretas que conocemos por otras fuentes parecen confirmar la certeza de la propuesta de J. Untermann de que sería correcto traducirlo como ex oppido. Por tanto iltir '/iltur o sus variantes, desprovistas de desinencia, significan «ciudad» con un centro urbano rector. Para referirse a las ciudades indígenas, las fuentes latinas suelen utilizar el término oppidum, pero a veces también lo hacen como sinónimos ciuitas y, más raramente, urbs. La variante entre io uquizás sea debida a modismos locales que no nos sorprenden, por cuanto la indecisión entre ambas vocales es frecuente en otras lenguas como el propio latín, que usó de la uen lugar de la idurante prácticamente toda la etapa republicana. Que se haga constar su condición de tal explícitamente, una vez desechados los casos en que parece tratarse de nombres de persona (muy abundantes también con este elemento), es poco frecuente, aunque hay que tener en cuenta lo exiguo de la documentación epigráfica ibérica. A pesar de ello, nos constan en plomo, en pintura sobre vasos y en una ocasión en inscripción rupestre. En el primer caso se debía tratar de documentos oficiales (¿tipo Tabula aenea Contrebiensis?) o contratos, indicándose tras el nombre del personaje aludido su ciudad de origen, que probablemente no estaba lejos. Quizás fuera un formulismo ya utilizado por los iberos desde mucho antes de la llegada de los romanos como se deduce del plomo de Orleyl, el que por cierto nos certifica la existencia de la ciudad en la zona levantina en siglo IV aC como por otra parte ya se suponía. En lo que hace a la pintura sobre vaso, el nombre debía hacer referencia al propietario o al dedicante (si es que el vaso tuvo este probable fin religioso o votivo) y seguramente se trataba, como en el caso anterior, de una costumbre el indicar el oppidum de procedencia, que permitía, por otra parte, identificar a un individuo entre otros posibles tocayos. No es precisamente algo raro en el mundo antiguo. El caso de la inscripción rupestre es distinto e interesante a la vez. El que un individuo haga constar su origen puede deberse, más que a una costumbre generalizada, a que quiso dejar constancia de que venía de una ciudad llamada alaun, ciudad seguramente desconocida para los peregrinos que se acercaban al supuesto santuario de El Cogul en plenas tierras ilergetes, pues ésta se encontraba lejos, en el límite occidental de los sedetanos, junto a celtíberos y vascones. Por otro lado nos muestra la posible fama de alguno de estos lugares religiosos que atraían fieles de lugares tan lejanos, aunque no pasa de ser una posibilidad ya que ignoramos por completo si la peregrinación fue la causa del desplazamiento, o bien visitó el lugar con motivo de otro asunto Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 37 59. A. TOVAR, IL 3, p. 163, C-32. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 37
que le llevara a tierras orientales. En cualquier caso, la fama de El Cogul hizo que durante bastantes siglos no perdiera su carácter de lugar religioso. Por lo demás, la mención en este primer grupo de documentos de otras localidades no conocidas por otras fuentes aumenta nuestra nómina de nombres de entidades urbanas prerromanas o ibero-republicanas. Además de estos casos específicos, es notable la cantidad de ciudades en que tanto la raíz ilti como iltu forma parte del propio nombre de la localidad, la conozcamos con su nombre original prerromano o con el latino (según una regla conocida, la t, que debía de ser muda, desaparece y los topónimos latinos serán ile-, ilio illie iluo illu-). Es, con seguridad, el elemento constitutivo de nombres de lugar más frecuente en el mundo ibérico. Ello equivale a decir que en su propio nombre llevan implícita su condición de «ciudad», lo que nos mueve a preguntarnos en cada caso por la cronología más o menos precisa en que tuvo lugar la fundación, o sea desde qué momento existe la ciudad, con todo lo que ello conlleva, entre los iberos. De entrada, algo obvio es que ya existían previamente a la presencia romana las que nos aparecen citadas en los sucesos de la Segunda Guerra Púnica, bien por las fuentes escritas o por documentos propios como son los numismáticos. Sobre todo los últimos son especialmente importantes pues en ellos «es la ciudad quien se menciona como la superior entidad política y administrativa»60. Las otras con la misma raíz es presumible que también fueran anteriores en su mayoría, aunque no tenemos la certeza, máxime cuando comprobamos que durante la etapa republicana pueden ser posteriores a pesar de su nombre indígena. No obstante, hace ya años que se señaló que en el siglo III aC aparecían nuevas etnias asimiladas a oppida que se añadían a las anteriores —o sustituían en algún caso— en un proceso que interrumpiría la llegada de los Bárquidas, y posteriormente de los romanos61. En el II aC, sin embargo, asumida ya la conquista, las nuevas que nos aparecen a través de la numismática pueden haber sido propiciadas por Roma y, a fines de siglo, incluso algunas fundadas «a la romana» tanto en su urbanismo como en la redistribución de su territorio según muestra la arqueología (o refundadas como ilturo/Iluro), pero siempre con absoluto predominio indígena que se manifiesta en la epigrafía monetaria. Es decir, una reorganización territorial por parte del conquistador tomando como base realidades indígenas. Es bien sabido que hasta Augusto, de hecho, no cambiará, y radicalmente además, el panorama: las ciudades ya son latinas o romanas con su status correspondiente y usarán en consecuencia la lengua y la grafía de los dominadores. También hay que tener en cuenta la posibilidad de que no siempre el radical ibérico iltir '/iltur formara parte forzosamente del nombre de la ciudad, o dicho de otra manera, que pudiera prescindirse del mismo en ocasiones determinadas mientras no se hacía en otras. Es tan sólo una posibilidad que baso en la propuesta vista anteriormente de A. Marques de Faria de que la belse de las monedas haya dado en 38 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera 60. F. BURILLO, «Evolución de las ciudades íberas y romanas en el valle medio del Ebro», Gallaecia, 14/15, 1996, p. 393-410 (p. 394). 61. A. RUIZ; M. MOLINOS, Los iberos. Análisis arqueológico de un proceso histórico, Barcelona, 1992, p. 248. Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 38
latín Iluuersa y finalmente Illuersa (los Illuersensis de Plinio), con lo que sería la patria de uno de los caballeros del Bronce de Ascoli premiados con la ciudadanía romana. De ser cierto, cabría que la indicación de «ciudad» previo al nombre concreto de la localidad fuese optativo. Anteriores a la Segunda Guerra Púnica, aparecen en monedas del siglo III aC o en textos relacionados con la conflagración iltir 'ta/Ilerda —ésta incluso muy antigua si fuera la que cita Avieno—, iltir 'ka —que, hemos visto, no necesariamente ha de tener su populus relación con el de la anterior como se suponía—, Ilipa, Iliberri y probablemente Ilici. Otras, repetimos, muy posiblemente en algún caso coetáneas de las anteriores, están constatadas a partir de la primera mitad del siglo II aC o a mediados del mismo. Son iltir 'aka, Iliturgi (ILVTVRGO, ILVVTRGI, ILDITVRGENSE) —ambas quizás la misma—, Ilipla, Ilipula Laus, iltukoite, ilturo/Iluro, Illucia y, más discutible, una Ilurci en el Ebro. En el siglo IaC se documentan otra Iluro (en la Bética) e Illuersa. Las demás no están documentadas hasta época imperial, aunque parece claro que las hemos de considerar anteriores: Iliturgicola, Ilorcira,Ilubaria, Iluberis, Ilunum, Ilurbida y, quizás, Ildum. La distribución espacial de las localidades que hemos tratado (figura 1), nos muestra la amplia dispersión de iltir 'e iltur, en ambas formas, que no siempre Los nombres de lugar y la ciudad en el mundo ibérico Faventia 23/1, 2001 39 Figura 1. Iluro Ilurco Illucia?, Ilugo? Ilarcuris? Ilurbida? Ilici Ildum Illiberris ilturo/Iluro Iltir 'ta/Ilerda iltubelse? Illuersia? iltukoite? Iulugum? iltir 'ka? Ilurci? Ilubaria? Iluberis? Ilipa Ilipla ilturir/Iliberri iltir 'aka, iltikirki? Illucia?, Illorci, Iliturgi? Ilipula Minor Ilipula Laus Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 39
resultan claras cuando sólo conocemos el nombre latino, por todo el área ibérica y turdetana, con un reparto irregular: un primer grupo en Cataluña (siete en total, Iluberis o Iliberis, la más al norte) y valle medio del Ebro (sin sobrepasar el oriente aragonés; no parece cierta la noticia de una Ilurcis en Alfaro) que decrece conforme descendemos hacia el sur, siendo poco frecuente en levante (con cierta probabilidad, sólo Ilici y, cerca del Ebro, Ildum), para aparecer con el mayor número del conjunto en la Andalucía oriental y la cuenca del Guadalquivir (el más notable grupo, con un total de doce que pudieran ser más si algunas que se suponen variantes de un mismo nombre no lo fueran), que correspondía a las zonas oretana y bastetana, pero también en las provincias de Sevilla, Córdoba y norte de la de Málaga, en la región turdetana. En el último grupo, Ilipla, en la provincia de Huelva, constituye el ejemplo más occidental. Esta presencia en el sur parece estar en consonancia, con mucha anterioridad en determinados casos, con el importante tejido urbano meridional al que se referirán Estrabón y, sobre todo, Plinio. 40 Faventia 23/1, 2001 Arturo Pérez Almoguera Faventia 23/1 000-153 10/5/2001 12:21 Página 40