Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera
Abstract
Se aporta evidencia para una reevaluación del valor fonémico de los signos m' y m del sistema de escritura íbero levantino. En el caso de m' se refuerza mi propuesta de que es una vocal nasal o nasalizada. Para el signo m, establecida la imposibilidad de que tenga un valor de /m/, se sugiere que, probablemente, su uso marginal simplemente indica la asimilación regresiva de nasalidad de la vocal precedente. De esta forma ambos signos se empleaban para el mismo proceso fonético.
Full text
Resumen Se aporta evidencia para una reevaluación del valor fonémico de los signos m´ y mdel sistema de escritura íbero levantino. En el caso de m´ se refuerza mi propuesta de que es una vocal nasal o nasalizada. Para el signo m, establecida la imposibilidad de que tenga un valor de /m/, se sugiere que, probablemente, su uso marginal simplemente indica la asimilación regresiva de nasalidad de la vocal precedente. De esta forma ambos signos se empleaban para el mismo proceso fonético. Palabras clave: epigrafía íbera/ibérica, fonología de la lengua íbera/ibérica. Abstract Evidence is provided for a reevaluation of the phonemic value of the signs m´ and min the Levantine Iberian writing system. In the case of m´ it is reinforced my propose that it is a nasal vowel or a nasalized vowel. For the sign m, once established the impossibility of an /m/ value, it is suggested that probably its marginal use simply denotes the regressive nasal assimilation of the previous vowel. So both signs were marking the same phonetical process. Key words: Iberian epigraphy, Iberian Language Phonology. Es bien sabido que la escritura íbera dispone de tres signos alfabéticos que notan fonemas o sonidos nasales, los cuales se transcriben respectivamente n, my m´. Generalmente en el primer signo no se ha apreciado ninguna dificultad interpretativa, considerándolo una /n/. El segundo, por su parte, ha solido ser interpretado Faventia 22/2, 2000 25-37 Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera Jesús Rodríguez Ramos Universitat Autònoma de Barcelona Departament de Ciències de l’Antiguitat i de l’Edat Mitjana 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Data de recepció: 5/7/1999 Sumario El «misterioso» signo m˙ La no existencia del fonema /m/ en la lengua íbera El valor fonético del signo m La serie nasal íbera y la tipología y universales lingüísticos Conclusión Bibliografía Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 25
efectivamente como una nasal labial, por más que su transcripción, que remonta a la decodificación de Gómez Moreno, se base exclusivamente en su valor en las inscripciones celtíberas que utilizan el signario tipo Botorrita. Es decir, a partir de una adaptación de la escritura íbera levantina para escribir una lengua celta que tenía tanto /n/ como /m/. El tercer signo siempre se ha visto como de muy difícil interpretación, totalmente oscura, y ha dado pie a numerosos intentos hermenéuticos, a menudo muy complejos y artificiosos. En esta situación, en la parte de estudio fonético sobre el íbero en mi tesis doctoral1exponía dos propuestas fundamentales: 1) que no hay ningún motivo para ir arrastrando la opinión de que msea efectivamente /m/, una nasal labial; y 2) que es obvio que m´ representa una vocal nasal o nasalizada. En el presente artículo pretendo profundizar en ambos aspectos, así como adjuntar una tercera propuesta concerniente al valor fonético que subyace bajo el signo m. Como punto de partida disponemos de la información de base sobre la lengua íbera. De un lado la principal, la de las inscripciones nativas en escritura íbera levantina. En ésta hay abundante información sobre las nasales, por más que mes poco frecuente. No obstante, hay que tener en cuenta que los textos son susceptibles de seguir una diversidad de normas ortográficas que comporte diferentes transcripciones. Ello es evidente en las vibrantes, donde hay inscripciones que utilizan, por ejemplo, iunstir´o ekiar´en vez de las muy bien documentadas iunstir y ekiar. En principio, parece que los diversos usos de signos nasales son fáciles de identificar, empezando por unas inscripciones cuyo signario no da indicios de conocer el signo my otras pocas que parecen no emplear tampoco m´, cuyo uso eluden donde se esperaría. La prudencia no está de más y es preferible fundamentarse en los casos más claros. En segundo lugar tenemos las variantes «menores» de escrituras usadas por nativos para escribir textos en íbero. Existen unas cuantas inscripciones en escritura íbera meridional, sistema de escritura semisilábico estructuralmente idéntico al levantino (con el que está emparentado), pero poco uniforme en uso y no totalmente decodificado. Lo importante en él es que no hay ningún indicio de uso de otra nasal que no sea n. También disponemos de unos pocos textos escritos en una adaptación del alfabeto griego, la llamada escritura grecoibérica. Los adaptadores de esta escritura no encontraron problema en usar dos signos sibilantes (sigma y sampi) para las dos notadas en levantino, ni en desdoblar la ‘rho’ mediante una tilde, representando las dos vibrantes del levantino; pero en lo concerniente a nasales, sólo encontramos ν, sin indicios hasta el momento de que se hubiese adoptado µni de que se hubiese creado un desdoblamiento de ν. Dado lo escaso de los textos grecoibéricos y lo relativamente poco frecuente de men íbero levantino, es opinable si su ausencia es fruto del azar, aunque yo pienso que µfue un signo que ni siquiera se adaptó. De lo que sí hay información segura en grecoibérico es de que el morfo m´i, usado en las marcas de propiedad, se escribe ναι, en coinciden26 Faventia 22/2, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 1. Capítulo 4º, apartado 1º, de Análisis de Epigrafía Íbera, leída el 21 de enero de 1997. Está en proyecto su edición en la versión corregida a 4 de abril de 1997. Me remito también a esta obra para referencias bibliográficas más completas sobre las inscripciones mencionadas. Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 26
cia con una variante nai de aparición muy rara en levantino. Ello hace prácticamente seguro que no existiese en grecoibérico ningún signo para m´. Existe también algún caso de texto en lengua íbera escrito en alfabeto latino, pero su documentación es mínima y en nuestro caso irrelevante. En un tercer lugar está la documentación de onomásticos y topónimos íberos en textos escritos en latín y griego. De éstos son especialmente interesantes los epigráficos, entre los que apenas hay una pequeña documentación en griego (plomos de Pech-Maho y Ampurias principalmente), mientras que predominan los latinos, sobre todo el listado onomástico del bronce de Ascoli. Importancia menor tienen los términos citados en las fuentes por estar fuertemente adaptados a la lengua propia del texto, especialmente los griegos que en ocasiones son adaptación griega de la adaptación latina del término original. En este tercer grupo se documenta ampliamente la ny en un par de casos la transcripción de m´, mientras que no hay ningún caso seguro en el que esperásemos en escritura nativa el signo m. Con todo, en mi opinión, esta información exógena es decisiva precisamente para la interpretación de m. El «misterioso» signo m´ Empezaremos por la consideración del signo m´ del que tanta literatura se ha escrito. De este signo se conocen tres casos transcritos en escrituras alfabéticas. Así el formante onomástico m´ bar´se encuentra en la turma salluitana del bronce de Ascoli adaptado al latín como Umar. El morfo típico de las marcas de propiedad m´i (tal vez un pronombre) se encuentra, como ya hemos mencionado, en escritura grecoibérica como ναι y como variante en alguna inscripción levantina como nai (C.7.1 o en la ceca de iltir´ta). Menos claro, pero de identificación probable son las formas onomásticas ]m´lbe[ (B.1.172), nm´lbe- (plomo de Pinos Puente) o m´lbeier (C.3.2), comparables con la lectura probable del plomo de Ampurias C.1.6 nalbe, el Nalbe de Ascoli y el ναλβε del plomo griego de Pech-Maho, todos ellos parte de nombres propios. De esta manera creo que, identificado su valor como núcleo silábico y su valor como nasal, la solución obvia y evidente es que m´ es una vocal nasal (sonante silábica), que en puridad puede considerarse tanto como una vocal nasal (como las dos del indoeuropeo), como una vocal nasalizada (como en francés o portugués). Idea esta defendida en mi tesis doctoral y que ha encontrado una buena acogida2. Una interpretación similar ya había sido planteada por Tovar (1985: 464 y 467) y ha sido recientemente apoyada por Correa (1999: 392). Pero Tovar, aunque lo clasifica como nasal silábica, prefiere compararlo con un tipo de fonema, conocido en lenguas africanas (aunque en ellas parece tratarse nás bien de oclusivas prenasalizadas) y cuya existencia propuso Michelena para el protovasco: una nasal Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera Faventia 22/2, 2000 27 2. Así, tanto Untermann (1998: 14) como de Hoz (en su comunicación al Coloquio de Lenguas y Culturas Paleohispánicas de Salamanca, 1999) ya consideran que m´ es una vocal nasal. Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 27
con apéndice labial /mb/. Esta se encontraría unas veces prelabializada (ante consonante), otras postlabializada (ante vocal), pero a la vez con capacidad silábica (es decir vocálica), lo que intenta equiparar a ciertos casos del japonés. Sin embargo, este paralelismo con el japonés no lo veo claro, puesto que en este idioma se trata de una nasal silábica que no sólo se presenta ante labial como parecerían implicar los ejemplos que presenta Tovar (en consecuencia sigo desconociendo paralelo alguno de nasal con apéndice labial con funciones silábicas, si ello es posible)3, y con una distribución similar a las sonantes indoeuropeas con alófonos plenamente sonantes y otros vocálicos. Dada esta corrección, puesto que no conozco ningún fonema compuesto que haga función de núcleo silábico, antes que complicar aún más la hipótesis de Tovar diciendo que este fonema sería en ocasiones una nasal prelabializada, en otras postlabializada, pero con un alófono que en otras ocasiones sería simplemente de sonante vocálico; yo pienso que es más sencillo optar sólo por el último paralelo indoeuropeo, en especial con la vocal/sonante nasal /n ˚/, aunque tal vez el punto de articulación no fuese determinante), sin apreciar la necesidad ni la conveniencia de presuponer un apéndice labial. De esta manera, el caso de inicial absoluta m´bar´ha sido interpretado en latín como Umar. Se indica el carácter vocálico del fonema, se produciría una asimilación progresiva del rasgo de nasalidad sobre ba y tal vez también una labialización del fonema que favorecería el timbre en /u/. La notación resultante es equiparable a la que hace el latín de los grupos íberos nb, que se escriben como M. Más documentada está la escritura de m´icomo nai y ναι. En este caso ‘na’ es una forma de reflejar el aspecto nasal y vocálico mediante un dígrafo. No es de extrañar tampoco que formando un diptongo con la vocal cerrada /i/ la vocal nasal se abra por disimilación. En principio, aquí parece que hay que descartar un componente labial al fonema. Yo creo que es así, especialmente por considerar la no existencia de un fonema /m/ en íbero, pero en puridad hay que observar que el hecho de que en grecoibérico se transcriba este caso con ‘nu’ no excluye por completo la posibilidad de que fonéticamente haya una /m/, puesto que si no se ha adoptado la ‘mu’ del alfabeto griego no se puede utilizar. Aunque, claro está, si no se ha adaptado ‘mu’, habría de ser por la no existencia de /m/. En el caso de Nalbe volvemos a tener rastros de silabismo y de nasalidad, pero aquí definitivamente no de labialidad. La alternancia de formas nativas m´ lbe, 28 Faventia 22/2, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 3. Cierto es que Bell (1978: 184) considera que las obstruyentes también pueden ser núcleos silábicos («reduction systems are those in which potentially all obstruents become syllabic»), pero yo opino como los lingüistas que cita que «may doubt their existence or even phonetic realizability» y pienso, con Trubetzkoy (1987: 168), que «de las consonantes, sólo las llamadas “sonantes”, es decir, las nasales y las líquidas funcionan como centros silábicos». Podría tal vez admitir una fricativa estridente, pero no una oclusiva y mucho menos un fonema compuesto con apéndices. Obviamente me parece más sencillo y, desde luego, mucho más económico reconstruir en tales obstruyentes silábicas una vocal ultrabreve antes que un fonema independiente para cada una de dichas obstruyentes silábicas. El propio Bell (1978: 185) cita entre sus mejores ejemplos que la sílaba contenía «a very short (three to four vibrations) vocalic elements». Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 28
nm´ lbe y nalbe, me inclinan a pensar más en una nasalización de vocal entre nasal y sonante, para la que, como veremos, disponemos de diversos ejemplos. En efecto, existen casos claros en que el signo m´ parece representar la pronunciación de una vocal nasalizada. Así, en lugar de la marca de propiedad o pseudogenitivo -an / -en o -ar en Enserune tenemos tres casos especiales: B.1.16 adinbinm´r por atinbinar B.1.43 ]sker´binm´[ a cotejar con el tercer caso B.1.44 ]sker´binm´rm´i por -binarm˙i Un fenómeno paralelo lo encontramos en los ejemplos del documento de Orleyl (F.9.5-7): bar´enm´ liki, antinm´ litutur´ane, banm´lir´-, kaisanm´lir´, ar´ikar´binm´ likise, banm´ir´er´u[, borarnm´l[, baser´nm´ lbe[, lakunm´ iltir´te, anm´ber´ai (a comparar con ata-ber´ai, que le acompaña), además de iunsirm´i. Aquí podemos ver varios casos en que se identifica un segmento nm´ liy al menos un m´ lbe, en los que este documento sigue el criterio de nasalización entre /n/ y sonante lateral. Similar, aunque manteniendo independiente la vocal, o indicando el timbre de la vocal nasal, es el caso del probable onomástico lakunm´iltir´, que se compondría de lakun más iltir´. Es difícil decidir si la composición de anm´ber´ai es que a ber´ai le precede an (formante bien conocido), an-icon un infijo también conocido entre primer y segundo formante onomástico, o hay que suponer ana, pero es defendible aquí también una asimilación progresiva de nasalidad. También resultan interesantes los posibles paralelos del formante onomástico que en la inscripción latina CIL II 5840 aparece como dumar. A este respecto es pertinente tanto la solución sencilla del plomo «ilergeta» D.0.1 baś-tubar´(como veremos es regular que transcripciones foráneas como /m/ aparezcan en íbero con b), así como los tres casos en Liria de tem´bar´(F.13.11, 16 y 25) y el or´tin-tum´ bar de E.4.2. Parece que son tres grafías distintas del mismo formante onomástico. El testimonio latino denota una nasalización, pero en el sistema semisilábico íbero no se dispone de silabogramas que marquen una vocal nasal tras t. Así pues, parece que tenemos tanto la solución de transcripción que lo ignora (tubar´) como dos en los que se emplea un dígrafo de silabograma más signo m´, pero significativamente no n. Ejemplos adicionales que amplían la casuística de este signo podrían ser: el sem´r´un (F.7.1), nm´bar´te (F.13.3) o selkim´ iltun (F.21.1). Posicionalmente m´ suele aparecer tras n. Los demás contextos en que se usa son muy variados, tal vez por no existir una ortografía establecida. Sin embargo predominan tres contextos: usarse ante sonante lateral (l, ro r´), usarse ante b, y usarse ante vocal cerrada (io u). También es interesante observar su abundante posición en inicial, alternando con grafías que inician con n. Es posible que la escasa frecuencia de nen posición inicial en íbero (Correa, 1999: 378) esté relacionada precisamente con fenómenos de nasalización, por su competencia con las grafías en m´ y, tal vez, aunque tipológicamente sea un poco extraño, con la ulterior caída de la nasal. Si a todo lo argumentado le añadimos el que el propio signo procede, de hecho, de la vocal udel signario íbero meridional, siendo su forma prístina idéntica a una variante del meridional y siguiendo punto por punto las mismas pautas Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera Faventia 22/2, 2000 29 Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 29
evolutivas que el paso de la ‘waw’ fenicia a la Y y la V4, se ha de concluir, en definitiva, que la única solución lógica que deja este signo es la de entenderlo como una representación de una vocal nasal o nasalizada. La no existencia del fonema /m/ en la lengua íbera Cabe precisar que no se trata de que no existiese ninguna realización fonética de nasal labial /m/ en íbero, puesto que las consonantes nasales son muy susceptibles de asimilaciones regresivas del punto de articulación, sino que sólo existía un fonema nasal consonante /n/ independientemente de si éste presentaba o no realizaciones alofónicas labiales, velares o palatales. El problema con este signo es que su grafía tradicional es tan clara que muchos investigadores se han dejado sugestionar por ella al valorar el fonema5. Frente a esta situación, yo en mi tesis indicaba que «no hay ningún testimonio que avale que el signo mrepresente efectivamente la sonante oclusiva nasal labial /m/, asignación que sólo está justificada para el signario celtíbero tipo Botorrita»6. De hecho, sí que hay dos posibles apoyos empleados al respecto para tal valoración, como el que aparezca usado ante b, lo que yo expresaría mejor diciendo que es muy raro o tal vez inexistente ante una oclusiva que no sea labial, además del argumento tipológico mucho más interesante de que cuando una lengua tiene una sola nasal ésta es /n/, pero que cuando tiene dos esta otra es /m/7. También es interesante la observación de Michelena de que se usa tras u, observación mucho más detallada por Quintanilla al centrar dicho uso en las inscripciones de Liria8, por más que la labialización de la consonante no es la única interpretación posible de este contexto. Asimismo tenemos el hecho de que en el sistema de escritura celtíbero, adaptado del íbero levantino, el modelo tipo Botorrita y signarios celtibéricos intermedios usen mpara /m/9. Sin embargo, los argumentos en contra de que el signo mrepresente una /m/ son contundentes. En primer lugar tenemos el hecho de que por préstamos en uno u otro sentido tenemos palabras íberas transcritas en latín con mpero que nunca corresponden al íbero m, así como nombres foráneos que incluyen el fonema /m/ transcritos en íbero, pero nunca usando m. Es bien sabido que en la epigrafía latina encontramos m, aparte de en los casos relacionados con m´ (Umar y Dumar), principalmente como simplificación del 30 Faventia 22/2, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 4. Véase Rodríguez Ramos (en prensa: 2.2.1, 2.3 y 3.1.2) y Rodríguez Ramos (1997a: 19). 5. Así Velaza (1996: 41) o Quintanilla (1998: 192), quien pese a su exhaustivo y modélico análisis contextual no siente la necesidad de que el valor de /m/ precise explicación. También Correa (1994: 272) la etiqueta como nasal labial y sólo recientemente (1999: 384s) ha señalado la imposibilidad de que represente una /m/, proponiendo que «Hay que considerar la posibilidad de que mrepresente una nasal geminada o, mejor, una nasal fuerte». 6. Rodríguez Ramos (en prensa: 4.1, p. 239 del original). 7. Correa (1999: 377). Es más preciso decir que, si tiene una, ésta es /m/ o /n/ pero que, si tiene /n/ y otra más, esta otra es /m/. 8. Michelena (1979: 29). Un fenómeno similar ocurre ocasionalmente, y originando una auténtica /m/ en vasco; véanse Michelena (1985: 304) y Quintanilla (1998: 215). 9. Sobre los tipos de signarios celtibéricos y su formación, véase Rodríguez Ramos (1997b). Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 30
grupo nativo nb con límite de morfema intermedio, en el que nes la consonante final del primer formante onomástico y la binicial del segundo. Así tenemos Sosimilus, Ordumeles o Adimels, respectivamente por sosin-bilos, ortin-beleśy atin-bels10. En escritura nativa esta /m/ es nb (o tal vez incluso sólo bcomo sugiere Quintanilla 1998: 200s, aunque no puede excluirse que la caída de la nsea parte de la alternacia de los formantes onomásticos), pero nunca es m. En mi opinión es perfectamente posible que una boriginaria del íbero se nasalizase en contexto nasal regresivo no inmediato. Tal sería el caso de Mandonius, que interpreto compuesto por los formantes onomásticos bantor´y nius, con una previsible caída de la vibrante ante ny sonorización de la dental tras n. En este caso es probable que la vocal de ‘Man-’ también nasalizase. Entre los nombres extranjeros que presentan una /m/ de origen destacan los galos como Comagius u Oxiomarus, cuya nasal es transcrita simplemente mediante b (kobakie, ośiobar´e). Hay alguna otra variante de transcripción en la que la identificación del nombre es menos clara, como es ver un Mascus en m˙ baske o la tradicional de ver un Camulus en kanbuloi. En todo caso no es problemático admitir el uso de m´b-para notar una /m/ inicial exógena y mucho menos el uso del dígrafo nb; pero volvemos a no encontrar nunca m. Entre los nombres latinos sólo parece pertinente el caso del binuki del titulus pictus de una ánfora de VieilleToulouse, pues pienso que ha de corresponder a un Minucius antes que a una variante Vinucius, en vez del habitual Vinicius, como propone Untermann. En todo caso sería otro ejemplo de /m/ foránea notada b, pero no m. De forma artificiosa podríamos incluso tratar de argüir que no se habría utilizado mporque los signarios implicados fuesen, hipotéticamente, justamente variantes en los que se hubiese perdido el uso del signo m. Pero ni siquiera esto se sostiene, puesto que men íbero nunca tiene como variante de transcripción a b, a nb o a m´bsino, y de forma consistentemente documentada, a n; justamente un signo que los íberos no han encontrado apropiado usar para representar las formas extranjeras con /m/. Es fácil de identificar la alternancia n/m en las variantes de transcripción de las formas identificadas como componentes onomásticos: bim frente a bin umin frente a unin iltum frente a iltun akim frente a akin ibems frente a ibeś y tal vez śumi si lo comparamos con los niśunin de Liria y tikem si representa tiken, como parece probable. También útil, aunque reducida, es la comparación con otros términos conocidos: iumstir frente a iunstir bam frente a ban Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera Faventia 22/2, 2000 31 10. Quintanilla (1998: 196 s.) observa también los casos como Sosumilus o el propio Ordumeles, en que la vocal previa es interpretada como una /u/, mientras que en los dos casos que he seleccionado sería /i/ originaria. Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 31
En esta comparación puede comprobarse que de los ocho, cinco presentan la mal final (incluyo el final ms), mientras que parece muy significativo que en tres casos se encuentre tras uy ante i(incluyendo iunstir). Resulta evidente que recoge una variante de n. Hay otros casos en que no puede hallarse un paralelo evidente: kemi, abultumantir, ..okumbeta.., eśambe, obomi, timor´.., ebar´ikame. Es cierto que, probablemente en -okum, esté en posición final, y que en bultum puede esconderse un iltun. También es cierto que en dos casos está tras uy que en dos, uno de ellos de los de u, aparece ante b. Pero la serie no resulta clara, y es oportuno indicar que en C.2.3, además de ebar´ikame y timor´, tenemos un segmento anbeiku donde es probable que alofónicamente la nasal se labializase. Pero aquí tampoco se ha empleado el signo m. Podemos concluir tanto que mes una variante de ncomo también que no representa una nasal labial. Sus contextos son intervocálicos, ante /b/ (habiéndose de notar su probable ausencia ante oclusiva dental y velar), pero sobre todo es frecuente en posición final. También es más frecuente su aparición junto a la vocal /u/, pero sobre todo situado entre /u/ e /i/, lo que es más sorprendente y llamativo dada la especificidad de este contexto. También es digna de atención esa tendencia a aparecer en posición final, justamente una posición en que suele neutralizarse la oposición entre las distintas nasales, de modo que en la mayoría de las lenguas con /m/ y /n/ sólo está presente una de las dos en final (Trubetzkoy 1987: 164s), al igual que el latín sólo admite /m/ y el griego sólo /n/. El valor fonético del signo m Dado el hecho de que la documentación disponible indica claramente que el signo mno representa un fonema /m/, cabe pues buscar qué tipo de valoración fonética podemos atribuirle. Para esto hay una serie de evidencias que empiezan por la forma del signo, un derivado por geminación del signo n. También es importante señalar la ausencia de otro signo nasal que no sea ntanto en el sistema de escritura meridional como en el grecoibérico. Este hecho es interesante dado que unifica en este aspecto tanto a mcomo a m´ como innovaciones del sistema íbero levantino, el cual es posiblemente una evolución posterior derivada de algún modelo meridional y es geográficamente septentrional a los otros dos: el meridional cubre el sector sudeste de la península desde el Alto Guadalquivir hasta el sur de la provincia de Valencia; el grecoibérico, zonas de Murcia y Alicante; mientras que el levantino originariamente parece ceñirse a la franja costera entre Sagunto y Enserune. Tenemos además el hecho de que, aun en el supuesto de que entendiésemos el sistema meridional como defectuoso en cuanto a la notación de los fonemas íberos, resulta que los adaptadores del alfabeto griego para formar el grecoibérico no encontraron necesidad de emplear o crear una segunda nasal. Finalmente, pero no menos relevante, el hecho de que malterna con n, aparentemente con preferencia por algunos contextos. Una vez rechazada la idea de que mrepresente /m/, resulta muy tentador inspirarse en la reconstrucción del repertorio fonético del protovasco propuesta por 32 Faventia 22/2, 2000 Jesús Rodríguez Ramos Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 32
Michelena y suponer que, como en tal esquema, está ausente la /m/ y existe una segunda nasal que, como el resto de las consonantes, se distinguiría por el rasgo de tensión: sería una nasal fuerte, frente a la lene (Michelena, 1985: 374). Ésta es la solución propuesta recientemente por Correa (1999: 385). Sin embargo, el propio paralelo presenta algunos problemas tipológicos que, sin invalidar en absoluto el excelente trabajo de Michelena, sugieren que tal vez fuese interesante matizarlo. En primer lugar, Michelena establece un esquema consonántico hipersimétrico en el que todas las consonantes se desdoblarían según una única correlación, tanto oclusivas como fricativas y sonantes. Bien, ello no es inusitado, pero, de acuerdo con Trubetzkoy (1987:145), «es difícil encontrar una lengua en la que no sólo las oclusivas y las fricativas sino también las sonantes se diferencien por la misma correlación de modo de franqueamiento de segundo grado». Por otra parte, y aunque ciertamente he echado de menos una referencia explícita a las nasales tensas, tipológicamente se indica el que, cuando en un sistema hay dos nasales, éstas son /m/ y /n/ (39% de los casos) o bien /m/ y /ñ/ (1%) (Hagège, 1987: 25)11, «norma» que tampoco parece cumplir el protovasco reconstruido. En todo caso, creo que hay que dar prioridad a la tipología general sobre lenguas documentables, antes que a la de modelos reconstructorios y, por consiguiente, deducir que si en íbero había /n/ pero no /m/, es que sólo conocía un fonema de consonante nasal /n/ y que, en todo caso, msería un alófono del mismo. A partir de aquí podríamos decir que es un hecho menor e irrelevante, de forma similar a como apunta Correa respecto a su baja frecuencia, y señalar que con tan poca documentación no es posible saber qué clase de alófono sería. Sin embargo, parece que la documentación existente y los paralelos lingüísticos ciertamente apuntan hacia una única solución determinada. Resulta que se conoce un fenómeno relacionado con consonantes nasales postvocálicas que se produce especialmente cuando dicho fonema está en posición final o implosiva; esta última más frecuentemente ante consonante fricativa que ante oclusiva. Resulta que dicho fenómeno a veces se relaciona con determinados timbres vocálicos. Resulta, además, que este fenómeno ya está atestiguado en íbero levantino de un modo que, al igual que m, es también invisible, al menos gráficamente, en el íbero meridional y grecoibérico, y que también carecen de signos que lo marquen tanto el griego como el latín (por lo que también sería gráficamente invisible en sus transcripciones). Este fenómeno sería el de la nasalización de la vocal. Este tipo de nasalización vocálica regresiva es especialmente frecuente en posición implosiva de la nasal, dado que entonces pertenece a la misma sílaba que la vocal precedente, lo que facilita el fenómeno. En esta situación, propiamente se produce una coarticulación del grupo -VNen el que la abertura nasal se produce sobre la vocal y se debilita la consonante propiamente dicha, pudiendo incluso desaparecer. En posición implosiva de la nasal, este fenómeno es más difícil ante una oclusiva. Este hecho permite explicar el que no se use mante oclusiva velar o dental. Su aparición ante oclusiva labial bno es problemática, no ya porque se Vocales y consonantes nasales en la lengua íbera Faventia 22/2, 2000 33 11. Cotéjese también con Moreno Cabrera (1997: 113). Faventia 22/2 025-037 22/11/2000 15:14 Página 33