La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias
Abstract
Se revisa el método de transcripción de las inscripciones sudlusitanas (también llamadas tartesias), sugiriendo algunas mejoras sobre el sistema de lectura Schmoll-Correa y sus últimas modificaciones hechas por Untermann. Concebido también como una exposición de conjunto, se explica cada procedimiento metodológico y, a partir de éstos, se indica el motivo para la evaluación de cada signo. En tanto que puesta al día crítica se muestra que alguna de las lecturas actualmente aceptadas es más bien dudosa y se proponen algunas nuevas evaluaciones que son discutidas en profundidad, entre las que destacan las referentes a los signos en forma de 'heth'.
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Resumen Se revisa el método de transcripción de las inscripciones sudlusitanas (también llamadas tartesias), sugiriendo algunas mejoras sobre el sistema de lectura Schmoll-Correa y sus últimas modificaciones hechas por Untermann. Concebido también como una exposición de conjunto, se explica cada procedimiento metodológico y, a partir de éstos, se indica el motivo para la evaluación de cada signo. En tanto que puesta al día crítica se muestra que alguna de las lecturas actualmente aceptadas es más bien dudosa y se proponen algunas nuevas evaluaciones que son discutidas en profundidad, entre las que destacan las referentes a los signos en forma de ‘heth’. Palabras clave: epigrafía sudlusitana/tartesia, Tartessos, Edad del Hierro en la Península Ibérica, historia de la escritura. Abstract The transcription method of the Sudlusitanian inscriptions (also called Tartessian) is revised, suggesting some improvements over the Schmoll-Correa reading system and its last modifications by Untermann. Being conceived also as a global exposition, every methodological procedure is explained and from here the reason for the evaluation of every sign is exposed. As a critical stateof-the-art revision it is showed that some of the currently accepted readings are rather dubious, and some new evaluations, especially concerning the ‘heth’ shape signs, are proposed and completely discussed. Key words: Sudlusitanian/Tartessian epigraphy, Tartessos, Iberian Peninsula Iron Age, history of writing. 1. Últimamente se está imponiendo el nombre de tartesia para su escritura. No obstante, hoy por hoy dicha denominación es aún dudosa, dado que la cultura material tartesia suele relacionarse con la Andalucía Occidental en la que la presencia de las estelas «tartesias» es marginal. La gran mayoría de las inscripciones procede del sur de Portugal y por ello ya Schmoll en su trabajo de 1961, en el que sienta las bases del desciframiento, llama a su escritura sudlusitanisch. Esta denominación, de por sí historiográficamente correcta, sólo presenta el inconveniente de insinuar un improbable parentesco con la lengua lusitana, pero si siguiéramos la crítica habitual de decir que es incorrecto porque también aparecen fuera de dicha zona ¿cómo pues habríamos de rebautizar a las conocidísimas estelas extremeñas? Faventia 22/1, 2000 21-48 La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias1 Jesús Rodríguez Ramos Universitat Autònoma de Barcelona Departament de Ciències de l’Antiguitat i de l’Edat Mitjana 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain Data de recepció: 16/4/1999 Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 21
En este artículo retomo el tema de una parte de mi tesis de licenciatura Análisis de Epigrafía Sudlusitana(en lo sucesivo AES) de 1992. El grueso del sistema de lectura que propongo es el mismo, ya que la edición de nuevas estelas así como la publicación de dos monografías2, han aportado pocas novedades. Lo primero en lo que tenemos que centrar nuestra atención a la hora de estudiar las lecturas del alfabeto sudlusitano, puesto que funciona como un alfabeto, es enlos criterios que podemos utilizar para identificar sus valores. Estos pueden dividirse en los procedimientos de análisis interno y los de análisis externo. Los criterios de análisis interno son los mismos que ya utilizó Schmoll y empiezan por la estadística de aparición de signos. Ella descubre que hay unos signos más frecuentes que otros. Entre los más frecuentes, cinco muestran similitud con las vocales que utiliza la variante meridional del semisilabario íbero. Con una frecuencia en general algo menor, se identifican formas fácilmente emparentables con los restantes signos monofonemáticos de dicha variante meridional. En esta escritura corresponden a las sonantes y a las demás consonantes no oclusivas;pues como es sabido, en los semisilabarios íberos los signos silábicos son los de oclusiva —labial, dental y labial—, uno distinto ante cada una de las cinco vocales. Por su parte los signos que se documentan claramente pero que son menos frecuentes que los anteriores muestran con frecuencia un parecido precisamente con los signos silábicos del meridional. Esta repartición es evidente, ya que siendo forzosa una vocal como núcleo silábico y habiendo sólo cinco, éstas han de tender a ser más frecuentes que las consonantes. Además, en la mayor parte de las inscripciones con este tercer grupo de signos, que son los pseudosilabogramas, se observa un curioso fenómeno que fue el pilar de la estrategia decodificadora de Schmoll: la llamada redundancia vocálica. Consiste en que a un mismo signo de este tercer grupo le sigue siempre, o casi siempre, un mismo signo vocálico. A modo convencional llamaré a estos signos «ligados», frente a los que estructuralmente pueden aparecer ante cualquier signo, 22 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 2. La tesis doctoral de V.H. Correia (1996) y el cuarto volumen de los Monumenta Linguarum Hispanicorum(en adelante MLH) por J. Untermann (1997). También resulta conveniente en este momento su publicación formal ya que en las escuetas tablas de los MLH IV que exponen los procedimientos de lectura de otros investigadores el resumen de mis propuestas incurre en numerosos errores: descubro que para el signo o propongo también una lectura u,o que resulta que no propongo ningún signo bu ni te; asimismo para el signo S-111 no aparece mi propuesta de que tal vez fuese una h, a cuya discusión dedicaba varias páginas. Tampoco las lecturas de V.H. Correia quedan reconocibles. Sumario Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 22 Los signos de más fácil identificación Limitaciones y problemas en la identificación del signario Aplicación del método excluyente del casillero Signos y variantes menores Los signos ‘hápax’ Bibliografía
a los que llamaré «libres». Sabiendo que en íbero una palabra como «ibérico» se deletrearía i.be.r´.i.ko, en el curioso sistema que se desvela en sudludsitano de fonemas no oclusivos con signos libres y fonemas oclusivos con ligados a una única vocal (ta ante a, te ante e, ti ante i, etc.) resultaría una transliteración i.be.e.r.i.ko.o o más correctamente i.be.e.r.i.ko.o3en la que como buen alfabeto a cada fonema le corresponde un signo. Es posible que el funcionamiento de la escritura sudlusitana encierre aún algunas sorpresas, pero en líneas generales este esquema parece correcto4. Esta peculiaridad gráfica, junto al paralelo del íbero meridional, permite deducir información sobre los signos: a) cuáles son vocales y cuáles no, ya que las vocales quedan relacionadas con los signos ligados; b) cuáles son de las aparentemente sólo tres series de oclusivas y cuáles no, al corresponder las oclusivas a signos ligados; y c) cuál es la vocal con la que se relaciona cada letra ligada. Este último aspecto es especialmente importante si lo relacionamos con el criterio de análisis interno de la reconstrucción del casillero, ejemplificado en el caso de la decodificación del Lineal B. De esta manera, si identificamos sólo tres signos ligados ante una misma vocal, uno corresponderá a la oclusiva labial, otro a la dental y otro a la velar. Si por otros medios conocemos el valor de la dental y el de la velar, la labial se identifica sola. Por desgracia las cosas no son siempre tan sencillas. Los procedimientos del análisis externo se basan en la comparación con aquellas escrituras con las que la sudlusitana está emparentada. Especialmente aquélla de la que procede y aquéllas que se derivan de ella. Este método es muy útil, pero ha de ser llevado a cabo con rigor y sin ignorar los datos internos5. De acuerdo con mi investigación el sudlusitano proviene únicamente de un alefato de tipo fenicio de hacia el 800 aC, así como a su vez está mucho más próximo al fenicio que el íbero meridional; signario que morfológicamente está claramente emparentado con el sudlusitano. La inscripción en signario meridional datable más antigua conocida es del s. IV aC, mientras que las sudlusitanas muestran claramente su existencia en los ss. VI-Vy, aunque evidentemente ambas escrituras son anteriores a sendas fechas, apoya claramente la posterioridad de la meridional. Si la escritura fenicia es la «madre» de la sudlusitana, la meridional sería la «hija», o en todo caso la «sobrina», de la escritura sudlusitana. Por su parte, la escritura íbera levantina, claramente innovadora, parece derivar de alguna variante de la meridional. Sin embargo, si bien este modelo de interpretación es similar al empleado por J. de Hoz (1985, 1986, 1990 y 1996), tradicionalmente J. Untermann (1985 y 1997b) ha utilizado modelos distintos, que naturalmente repercuten de forma muy La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 23 3. En lo sucesivo utilizo una notación simplificada, sin marcar el apéndice vocálico gráfico de los pseudosilabogramas, salvo cuando haya discordancia con la vocal siguiente: b.e por be.e para el signo be seguido del signo e, frente a ba.e para el ba ante eo becuando está en posición final o ante fractura. 4. El que mediante este funcionamiento cada oclusiva distribuya sus apariciones en cinco signos distintos contribuye a la menor presencia procentual de cada uno de ellos. 5. Gómez-Moreno, por ejemplo, se limitó a equiparar las formas del íbero levantino con todas las inscripciones no levantinas, planteando además un origen a partir de los silabarios egeos, llegando a unos resultados totalmente erróneos. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 23
directa en el análisis externo. Untermann ha llegado a proponer un origen independiente tanto del sudlusitano («tartesio») como de las dos variantes del semisilabario íbero, y siempre con un origen mixto: se habría tomado como modelo tanto la escritura fenicia como la griega. Insinuada sólo su propuesta para los signarios íberos, son más explícitos sus estudios sobre el origen mixto del sudlusitano, especialmente a partir de la aparición de la estela de Espanca. Dado que todo esto atañe directamente al fundamento teórico del análisis interno, convendrá que nos detengamos a examinar este aspecto de la posible influencia griega. La estela de Espanca (J.25.1)6es una inscripción del sur de Portugal de datación desconocida (carece de contexto arqueológico) consistente en dos líneas de signos, la segunda una copia de la primera, siendo todos los signos distintos entre sí y siguiendo los trece primeros signos el mismo orden que el clásico del alefato fenicio, con lagunas y un signo problemático. En este orden se aprecia tras ‘tau’ la aparición de ‘waw’/uen coincidencia con el orden griego. La calidad de los signos de la segunda línea es inferior a los de la primera, constituyendo al parecer la mala copia de un alumno sobre el modelo del maestro lapicida. Se trata muy probablemente de la representación de un alfabeto que constaría de 27 signos. En general los estudios sobre este afortunado hallazgo coinciden en enfatizar que nos indica el orden de los signos de la primera escritura paleohispánica (ya que el orden de los alfabetos suele ser muy tradicional) y que, de hecho, representaría el modelo de escritura primigenio, tomándose en dichos estudios las formas de los signos de esta estela como el prototipo del que descenderían los de las inscripciones sudlusitanas. Ahora bien, aunque en lo referente al orden es probable que nos informe sobre el originario así como del número de letras que empleaba, cosa no exenta de importancia, hay dos matizaciones importantes que hacer a este exultante optimismo. En primer lugar, un examen superficial de las formas de los signos señala que esta estela procede de un periodo ya avanzado: hay signos ajenos a lo fenicio o sudlusitano pero propios del meridional (el 15º y el 22º, o el 25º que es ‘hápax’ en sudlusitano); se aprecia también la significativa ausencia de un signo rreconocible (cuya forma ‘resh’ es mantenida en sudlusitano y meridional y simplemente geminada en levantino). La filiación de esta estela es dudosa, dado que si bien su procedencia geográfica apuntaría a su adscripción a lo sudlusitano, su signario no encaja con el de las inscripciones de tal clase. Los principales argumentos de Untermann para considerar segura la influencia del alfabeto griego en el origen del sudlusitano radican en la existencia de signos para representar vocales, suponiendo que es un invento griego que muy difícilmente iba a ser reproducido por los hispanos; la forma de a, que efectivamente es la de ‘alfa’; y la posición de utras ‘tau’ en la estela de Espanca, coincidiendo con la ‘upsilon’ griega que, en principio, cabe considerar que se añade al final del signario al desdoblarse la ‘waw’. Adicionalmente su teoría se apoya en la aparición de cerámica griega en los estratos orientalizantes de Huelva e implica 24 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 6. Sobre esta inscripción se han pronunciado Correa (1989 y 1993), De Hoz (1990), Untermann (1997b) y Adiego (1993). Mis opiniones al respecto en Rodríguez Ramos (en prensa). Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 24
ciertas modificaciones en la interpretación de la evolución de ‘pe’ y especialmente de ‘mem’. La argumentación del origen de los signos vocálicos es un ejemplo de helenocentrismo infundado. De la creación de signos vocálicos a partir de alefatos semíticos hay varios ejemplos. En el segundo milenio, en la escritura ugarítica, que es un alefato consonántico, tres de sus signos recogen lo que en origen es un ‘alef’ seguido respectivamente de las vocales /a/, /i/ y /u/. Posteriormente y en la órbita de la influencia del arameo, son relevantes la escritura aqueménida, las paleoindias y la etiópica. En las paleoindias, brahmi y kharosti, la principal diferencia respecto al alfabeto clásico consiste en que el signo consonántico básico es interpretado como la consonante seguida de la vocal /a/ (por razones inherentes al vocalismo de las lenguas indoiranias en las que esta vocal es muy frecuente), mientras que las restantes vocales poseen un signo propio que se asocia al consonántico. Un fenómeno similar se observa en la escritura etiópica, en la que los signos vocálicos van siendo absorbidos como apéndice por el consonántico hasta el punto de configurarse signos compuestos que hacen que actualmente esta escritura parezca silábica. La escritura aqueménida, por su parte, es un sistema mixto en el que diversos signos consonánticos aceptan sólo un timbre vocálico tras él, otros signos dos y otros cualquiera de los tres existentes. El signo laislado puede ser tanto /l/ como /la/, pero ante iy ante uforma respectivamente los grupos /li/ y /lu/. El signo g puede leerese tanto /g/ como /ga/, pero ante iforma /gi/, pero para /gu/ tenemos un signo específico gu, mientras que, por su parte, w, además de su valor aislado, admite la combinación con u, pero existe un signo wi. En la serie de /m/ tenemos los signos respectivos ma, mi y mu. Como bien puede deducirse, esta escritura posee tres signos vocálicos. Por otra parte, la aparición de vocales sobre un alefato se ha puesto tradicionalmente en relación con las llamadas matres lectionis, mediante las cuales, reaprovechando signos inicialmente sólo consonánticos, en algunos alefatos se marcaban ocasionalmente vocales, especialmente en posición final, y se marcaba la vocalización de términos extranjeros (que al ser ajenos a la morfología semítica eran de difícil predicción). Untermann refuta la influencia de las matres lectionis señalando que en época arcaica son exclusivos de las formas arameas y que en fenicio es un fenómeno tardío. Sin embargo, se ha señalado en diversas ocasiones el que algunas características en que se diferencia la escritura fenicia de las aramea y hebrea arcaicas se deberían más a tradiciones ortográficas que a ignorancia7. Realmente se me hace difícil suponer que un mercader fenicio, que trabaja contactando con pueblos diversos, tuviese un desconocimiento total de los documentos arameos y no fuese capaz de caer en la solución obvia que los alefatos semitas han utilizado en diversas ocasiones para representar palabras extranjeras, extranjeras como el sudlusitano. Debe tenerse en cuenta que, si bien en el ámbito mediterráneo es la influencia cultural fenicia la importante, en Oriente Medio es la escritura y la lengua arameas las que, durante la primera mitad del Imilenio aC, La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 25 7. Harris, 1936: 17. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 25
ascienden en importancia y se consagran como lingua franca en los negocios y la diplomacia internacional. Por fuerza un mercader fenicio había de tener nociones, o incluso dominio, del arameo. Además de esto, el postular una dependencia del alfabeto griego para los grafemas vocálicos del sudlusitano tiene el inconveniente de crear más problemas de los que resuelve. Si examinamos los signos fenicios que sirven de vocal para griego y para sudlusitano, teniendo en cuenta el que la gran similitud entre el ‘alef’ fenicio y la osudlusitana aconsejan suponer que ésta proviene de aquél, vemos que el sudlusitano sigue el modelo que posteriormente se repetirá en la escritura yiddish pero que se distancia definitivamente del modelo griego, especialmente en lo referente al uso de ‘ayin’: Se impone la pregunta de cómo explicar, si se postula la génesis griega de las vocales sudlusitanas, el que para realizar un sistema pentavocálico totalmente compatible con el helénico se cambien los signos para dos vocales, especialmente reutilizando la ‘omicron’ para /e/8. Los otros dos argumentos básicos de la teoría del influjo griego son la forma de ay la posición de uen el alfabeto de Espanca. Aunque ambos son argumentos interesantes y su explicación más sencilla sería admitir la participación griega, el problema es que no pueden excluirse interpretaciones alternativas. La típica forma de ‘alfa’ existe en inscripciones protosinaíticas de la zona palestina de fines del II milenio, por lo que es, a su vez, una explicación plausible, aunque no exenta de problemas, de la ‘alfa’ griega y de la asudlusitana. La posición de u, en principio, podría ser una mera coincidencia, pero no deja de ser interesante además el hecho de que, en la escritura ugarítica, el primer alefato semita que incluye signos vocálicos, mientras el de /’a/ se halla al principio, el de /’u/ es el penúltimo, sólo ante una 26 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 8. No puede menos que considerarse una contradicción el que tanto Untermann (1997b: 55) como Adiego (1993: 14), ambos defensores del influjo griego, postulen para la formación de la escritura sudlusitana un periodo inicial con sólo tres vocales, como si hubiese una fase embrionaria en la formación de los sistemas de notación vocálica, sistema que según estos autores proviene del griego ya totalmente configurado y ya con cinco signos vocálicos. En el mejor de los casos son problemas que no pueden negligirse sin más. Sudlusitano Fenicio Griego a e i o u alef a ayin o yod i alef a waw u Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 26
sibilante también añadida. Todo esto, que parece sugerir el influjo de una tradición alefática parafenicia, es de por sí poco claro, pero se ve apoyado por el hecho de que, como acabamos de ver, la alternativa, la hipótesis griega, plantea problemas de difícil solución. Otros dos aspectos que plantea Untermann conforme a la idea de una influencia griega son también dudosos. El primero tiene relación con el que en sudlusitano hay dos signos que pueden relacionarse con la ‘mem’: S-101 ba y S-105, ligado a la vocal uy que Untermann lee m. En fenicio, la ‘mem’ vertical es propia del s. Xy en el IX inicia su inclinación hasta aparecer ya con forma de ‘mi’ griega en el VIII. Naturalmente, si ba es el descendiente de ‘mem’, la escritura sudlusitana ha de provenir de un signario fenicio del s. IX9y provendría de un signario fenicio al menos más arcaico, tal vez incluso anterior, que el que sirvió de origen al griego. Todo esto apoya claramente un origen exclusivamente fenicio. Por ello no es extraño que Untermann10 rechace el que el ba sudlusitano provenga de ‘mem’ y que busque su descendencia en el problemático S-105, al que, sólo basándose en su forma, otorga la lectura m. Para ello busca un argumento en el signo que en la línea segunda de Espanca ocupa la posición de ‘mem’. Sin embargo, este apoyo es sospechoso, dado que como hemos dicho la línea segunda es una copia, a menudo manifiestamente mala, de los signos de la primera y el ‘mem’ de la primera línea se parece más a ba. También se sugiere en las tablas de Untermann el que el signo S-24 bo sudlusitano esté representado en Espanca por y éste se relacione con la ‘pi’ griega de dos trazos verticales iguales en longitud Π. La idea parece ser el que el signo bo normal se habría formado al confundirse con la cartela inferior, que suele utilizarse en las estelas, con parte constituyente del signo, cerrándose entonces el rectángulo. Sin embargo, esta variante griega proviene del alargamiento paulatino del rasgo derecho de ‘pi’ y propiamente no se produce hasta el s. IaC, e incluso formas evolucionadas que se le parezcan no sobrepasan la época helenística. Ciertamente el que la forma arcaica griega no ofrezca ventaja alguna sobre la fenicia y tenga el inconveniente de ser más forzada su relación con bo no parece motivo suficiente para autorizar estas licencias. En todo caso la relación entre bo y el signo de Espanca, por lo demás no asegurada, puede ser a la inversa: el trazo inferior del rectángulo bo se habría confundido con la cartela. Esta idea tendría la ventaja de estar en consonancia con las restantes innovaciones detectables en Espanca e, incluso ignorándolas, hay que reconocer que es estadísticamente poco probable que la estela de Espanca sea anterior a todas las demás. La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 27 9. De hecho las inscripciones fenicias que mayor parecido muestran con el signario sudlusitano son la arcaica de Chipre (considerada del s. IX), la de Nora (datada epigráficamente a finales del s. IX), la de Kilamuwa (ca. 825) y la de Tell Dan (ca. 820). Incluso si eliminásemos ‘mem’ de la comparación habría que aceptar un ante quem del 700 aC. Sobre la paleografía fenicia pueden consultarse tanto las tablas de Gibson (1982: 180 s.), como las de Moscati (1988: 94), así como los estudios de Naveh (1987). Sobre la datación de la estela de Tell Dan véase Biran y Naveh (1995). Un análisis más exhaustivo sobre el alefato de origen en AES 4.2 y en la parte 2.1.1 de Rodríguez Ramos (en prensa). 10. Según las tablas de Untermann (1997a: 155). Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 27
Ante el problema que plantea el que hacia el 800 aC hubiese presencia griega en la zona tartesia, Untermann se refiere a la idea, muy debatida en la literatura especializada11, de que el hallazgo de una cantidad significativa de cerámica griega en Huelva implicaría la presencia de mercaderes griegos. Sin embargo, el mero hecho de que se sabe que un mercader fenicio podía comercializar materiales griegos indica, en simple aplicación de la navaja de Occam, que la presencia griega es la hipótesis menos probable. En este mismo sentido es interesante el paralelo de la influencia cultural en el arte ibérico. En la escultura ibérica se suele distinguir una primera fase arcaica orientalizante de inspiración fenicia (el monumento «neohitita» de Pozo Moro) frente a unos primeros influjos del arte griego a partir del s. VI12. Por el contrario no faltan los testimonios de inscripciones fenicias arcaicas en la Baja Andalucía, desde la estatuilla de Astarté de El Carambolo (s. VIII) a incluso grafitos fenicios de la primera mitad del s. IX sobre cerámica local en Castillo de Doña Blanca (Cádiz)13. De todo ello concluyo que frente a las pocas ventajas que supondría la teoría griega, ésta no tiene pruebas definitivas, mientras que presenta unos graves inconvenientes y contradicciones para los que no veo solución y que sus partidarios ni siquiera han intentado solventar. De nuevo es preferible optar por la solución más sencilla. Consecuentemente, en el análisis externo consideraré como ascendente único de la escritura sudlusitana el alefato fenicio y como descendiente, directo o indirecto, el semisilabario íbero meridional. Los signos de más fácil identificación14 No ofrecen dudas, salvo una excepción, los signos libres, no ligados, correspondiendo a vocales, sonantes y consonantes no oclusivas que en meridional son signos monofonemáticos. Se encuentra con relativa facilidad la correspondencia con el prototipo fenicio y el resultado íbero meridional, habiendo bastante coincidencia entre sus lecturas. 28 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 11. Puede verse al respecto, con más referencias bibliográficas, Cabrera Bonet (1995). 12. Almagro Gorbea (1988). 13. En un estrato datado en el lapso 810-760. Cunchillos (1990). 14. En la exposición optaré por seguir la numeración, con leves actualizaciones, que empleé en AES, dadas sus virtudes referenciales. De acuerdo con ésta, los números 1 a 5 se reservan para las vocales. Entre diez y veinte se numeran los signos libres consonánticos, las consonantes no oclusivas identificadas. Entre el 20 y el 200, el número final de unidades hará referencia a si el signo es, o lo considero, ligado a una de las cinco vocales. En ellas, las veintenas refieren a oclusivas labiales, las treintenas a dentales y las cuarentenas a velares. Por encima de cien están los signos ligados de valoración no clara. Posteriormente la serie del doscientos la empleo para la serie de signos en forma de ‘heth’. Quedando la serie del trescientos para signos ‘hapax’ que en AES termina en el 311. alef a a alef ayin e e fuera de la serie Fenicio Sudlusitano Meridional Espanca (posición) Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 28
La relación formal entre r´ sudlusitana y la ríbera meridional es evidente, lo que justifica su transcripción provisionalmente, pero no garantiza valor fonético. Mi propuesta es que puede derivar del ‘zayin’ fenicio, lo que es morfológicamente plausible, coherente con su probable valor de consonante no oclusiva y no incompatible, en última instancia, con una segunda vibrante; pero no considero descartable que se trate de una tercera sibilante. Después tenemos una serie de signos ligados, de oclusiva, en que su forma se relaciona con formas fenicias y meridionales que coinciden en el orden de la oclusiva y en las que coincide la vocal del silabograma meridional con la que se liga el signo sudlusitano. La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 29 15. La inversión de tilde en las vibrantes se debe sólo a la conservación en íbero de la notación tradicional de Gómez Moreno. yod i i yod alef o o fuera de la serie waw u u tras tau lamed l l lamed nun n n nun re©r r´15 no identificado zayin?? r´?rno identificado samek s s samek ©in § § ante tau (©in) Fenicio Sudlusitano Meridional Espanca (posición) Fenicio Meridional Sudlusitano ante Valor tau ta S-31 a ta teth ti S-33 i ti daleth tu S-35 u tu gimmel ka S-41 a ka kaph ke S-42 e ke qoph ki S-43 i ki Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:29 Página 29
Pese a su escaso número, si las ocurrencias claras de S-103 son ante i, puede plantearse la posibilidad de que se trate de un signo ligado a i, al menos como variante local. Pero si a ello le añadimos que es casi seguro que existía un signo bi y que no tenemos otro candidato disponible, habiéndose identificado ya los signos ti y ki, podríamos pensar que éste fuese su valor. Si finalmente vemos que este signo en meridional es claramente bi creo que si su valoración no es totalmente segura sí que es muy probable. S-103 bi (probable) S-33 ti S-43 ki Signos ligados ante a Para esta serie disponemos de cinco o incluso seis signos: S-31 S-41 S-101(=S-21) S-111 S-121 formas de ‘heth’ ante a Como hemos visto, es clara la valoración de S-31 como ta y la de S-41 como ka, mientras que la relación con el ‘mem’ fenicio y su alta frecuencia hacen casi segura la lectura ba para S-101, del que no sería extraño que procediera el ba íbero meridional. ¿Qué hacer con los tres signos restantes? Parece aceptable la propuesta de Untermann de que S-121, que se encuentra en sólo dos inscripciones de un mismo yacimiento (J.1.1 y 1.4), al ser formalmente un ka con un apéndice de ‘ductus’ poco preciso, no sea un signo independiente, sino una corrección, un error o incluso un nexo, por más que no creo que ello justifique la desaparición sin más de dichos rasgos en su edición de las inscripciones. Sin embargo, la existencia de los otros dos signos es un hecho. La posibilidad más obvia, ante el problema de tener más de tres signos por serie, es la de que se trate de variantes locales. Un análisis de los signos de esta serie que coexisten con otros de la misma serie en una misma inscripción muestra que ka se encuentra con todos salvo con ta; pero dado que el ta ya lo tenemos identificado, podemos deducir que no hay dos versiones de ka. El signo ba, tan frecuente, coexiste absolutamente con todas las otras formas, lo que descarta también un homófono suyo. En cambio, el signo ta sólo coexiste con ba y con S-111. Dado que sabemos que S-41 es ka y suponemos que S-121 no existe, cabe considerar la posibilidad de que las formas ‘heth’ ante asean una variante de ta. Por otra parte, el signo S-111 aparece con todos salvo con la ‘heth’, por lo que cabría también la posibilidad alternativa de que ambos tuviesen un mismo valor desconocido; hipótesis coherente con su morfología pero que excluiría el que los ‘heth’ fuesen variantes de ta. La evaluación de estos dos signos constituyó una de las bases de mi investigación en AES. Respecto a la posible identidad de la ‘heth’ ante acon ta la cuestión no sólo se limita al hecho de que no aparezca nunca con S-31, lo cual le daría plausibilidad, 36 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 36
sino que tiene su lógica dentro del sistema y presenta además una distribución geográfica coherente. La lógica dentro del sistema radica en la similitud que presenta con el signo te. De esta manera podría suponerse una hiperregularización del sistema en la que en una fase avanzada se tendería a reducir el número de signos y a emplear la misma forma de tante aque ante e. Hemos visto cómo las formas de signos para vocal posterior parecen estar emparentadas. De manera similar el signo ba es usado ante een J.7.8 en b(a).ere en la fórmula donde debiera decir bare, mientras que en J.12.4 se usa una vez ante ay otra ante e. En la zona portuguesa geográficamente podemos comprobar la distribución exclusivamente meridional de las ‘heth’ con extensiones hacia el Guadiana en las cuencas del Vascão y del Foupana (un sector con pocas inscripciones). Sin embargo en el resto, incluyendo la región de Ourique, donde hay abundantes inscripciones, sólo se encuentra S-31, sin rastro de ‘heth’ ante a. Salvo por la extensión oriental, la diferencia zonal se adapta bastante bien a la frontera actual entre el Algarve y el Baixo Alemtejo. Por otra parte, en las inscripciones españolas, con mayor concentración en Extremadura, sólo se encuentra el formato conservador con S-31 ta. Se identifica el ‘heth’ ante aen Fonte Velha (1.1 y 1.4), Dobra (3.1), Vale dos Vermelhos (7.1), Mestras (10.1), Tavilhão (11.1) y tal vez en Mértola (28.1). La distribución septentrional e hispana de S-31 se aprecia bien en sus apariciones en Abóbada (12.1), Fonte Santa (16.4), Alcoforado (14.1), Herdade do Pego (19.1), Gavião (26.1), Capote (54.1) y Siruela (55.1). No contradice esta bipolaridad la posible existencia de dos casos de S-31 en el sector meridional (J.1.6 y J.4.1), ya que al ser innovador el modelo meridional se ha de suponer que se origina en un modelo con S-31. Con todo, ambos casos son problemáticos26. Sería interesante poder cotejar esta equivalencia con secuencias textuales, pero en las inscripciones no hay dos segmentos idénticos para la prueba. Con todo, es interesante, aunque en absoluto concluyente, comparar los segmentos con S-31 eertaune (J.55.1) y ertau# (J.54.1), con el que resultaría dando a ‘heth’ el valor de ta en el final de la inscripción, por lo demás problemática, J.10.1: eretau#. Como secuencia de grupos consonánticos hay un indicio también poco claro. Se trata de que las sibilantes en posición anteconsonántica sólo se documentan ante no ante t, con la única excepción del grupo más complejo arskeir en J.11.5. Ante ttenemos unos pocos casos: no§ta (J.14.1), nesta (J.19.1 y 16.4) y bur§#te (J.1.3 en el que puede reconstruirse un límite de palabra). Por su parte, si interpretamos el ‘heth’ como ta tenemos en J.7.1 un inicio a§ta, lo que representa una comparación interesante, aunque poco concluyente. Consecuentemente, considero que es muy probable, casi seguro, que los signos en forma de ‘heth’ cuando aparecen ante ahayan de ser transcritos ta y La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 37 26. La inscripción J.1.6 de Fonte Velha presenta un aspa S-31 pero en una inscripción ilegible y que ni siquiera puede garantizarse que se trate de escritura sudlusitana. La segunda se trata de una inscripción perdida (J.4.1 de Benaciate) y como tal inverificable. Con todo, se conserva una fotografía de la misma en la que la mayor parte de los signos se aprecia muy bien. Aunque el signo en cuestión no es de los que mejor se ven, es muy probable que efectivamente se trate de un S-31. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 37
se haya originado al usarse el signo te también ante acomo innovación local algarveña27. En lo concerniente a S-111, hemos visto que es irreductible a una mera variante local. Lo cual dado que se trata claramente de un signo ligado a ay que carecemos de signos suficientes para suponer un cuarto orden de pseudosilabogramas, resulta bastante problemático. La única hipótesis alternativa sería extender su anomalía reagrupándolo con los signos en forma de ‘heth’, que ya no podrían ser ta según este modelo, hipótesis que crearía más problemas al dejar sin explicar la alta frecuencia de un fonema desconocido, ante a, frente a los entonces pocos casos de /t/ ante a. En cualquier caso, persistiría el problema de evaluar la transcripción de S-111. Ello me llevó a considerar ya en AES la hipótesis de un caso excepcional28, que relacionaba con la posibilidad de que S-121 fuese una variante local, restringida a Fonte Velha, de S-111, y que dicho S-121 fuese un signo derivado de ka, al añadirle un apéndice, que verosímilmente representaría un fonema fonéticamente similar. Ello sería congruente con un fonema consonántico posterior, velar por ejemplo, aspirado muy parecido a lo que en fenicio representa la ‘he’, formalmente idéntica al S-111 sudlusitano al que habría dado origen. Es bastante conocido, especialmente a partir de los estudios de lingüística indoeuropea, el fenómeno de timbre vocálico motivado por una espirante posterior (incluidas dentro de las llamadas laringales), categoría a la que pertenecen tanto la ‘he’ como la ‘heth’ fenicias. Es cierto que es difícil asegurar la realización fonética más o menos exacta de un fonema de una lengua muerta simplemente por comparación con las lenguas emparentadas, pero se ha sugerido que ‘he’ fuese una espirante laringal sorda mientras que ‘heth’ fuese una espirante faringal sorda29. En todo caso sería la ‘he’ similar, o idéntica, al fonema que en protoindoeuropeo se reconstruye como laringal 2, generalmente reconstruido como una ‘jota’ castellana, fricativa velar sorda, y que produce coloración vocálica en /a/ a una /e/ originaria en el indoeuropeo no anatolio30. El fundamento fonético naturalmente es el que estos fonemas se pronuncian con un retraimiento y descenso de la lengua que produce una mayor abertura vocálica31. Por lo tanto, ante a) la necesidad objetiva de buscar una explicación excepcional, b) el hecho de que existan paralelos y una explicación fonética para el que un fonema similar al ‘he’ fenicio pueda asociarse exclusivamente a una vocal abierta /a/ y c) que si eventualmente resultase que S-121 fuese una variante de S-111, tendría sentido como forma de signo derivada de ka, al ser /k/ el fonema más pareci38 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 27. Apréciese también que en la inscripción más larga conocida, J.1.1, cuya longitud garantiza un buen muestreo de los signos, está ausente S-31, mientras que sí tenemos ba y ka, así como un ‘heth’ ante a, de idéntica forma al te de dicha inscripción y candidato obvio a ser el ta ausente. 28. Rodríguez Ramos (1992: 273-276 y 377-379). 29. Brixhe (1991: 318). 30. Cf. Martinet (1997: 181 s. y 187 s.) o Szemerényi (1978: 171). 31. Los ejemplos prácticos suelen documentarse habitualmente en lenguas semíticas, como puede verse en las observaciones de Grammont (1965: 214) a un dialecto del árabe de Argel con asimilaciones a /a/ o aparición de ésta como «fonema de transición» ante una /i/ o una /u/ en contacto con fricativa laringal sorda u oclusiva laringal sonora. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 38
do; considero posible y una hipótesis muy interesante el que S-111 tenga un valor similar a su signo de origen ‘he’ y se trate de un fonema aspirado. Pero no creo en absoluto que sea una certeza, sino sólo una hipótesis provisional y prefiero transcribirlo con Hmayúscula de un valor entre lo fonético y lo mnemotécnico. Un cierto apoyo a esta idea es el hecho de que, si el número de signos de la serie de la estela de Espanca es indicativo del número de signos que usaba la escritura sudlusitana, como en primera instancia es probable aunque no seguro, al tener identificados un total de 26 valores de signos (5 vocales, 6 no oclusivas y los 15 teóricamente esperados en la serie de oclusivas de los signos ligados), significaría que nos faltaría uno, sólo uno, por identificar y llegar al total de 27. Al no caber una cuarta serie, se esperaría que este signo fuese una consonante no oclusiva. Dado que S-111 es el signo más difícil de reducir a variante de otro, resulta probable que sea precisamente éste el signo restante. Hechas estas consideraciones, la serie ante aquedaría como sigue: S-101 (=21) ba S-31 ta S-41 ka ‘heth’ ante /a/, probablemente ta S-111 H, h? S-121 H?? (inexistente o ¿variante de S-111?) Signos y variantes menores Sin entrar en un examen exhaustivo y paleográfico, hay dos signos variantes dignos de comentario. Tenemos en primer lugar a S-102 (S-42c en AES), que aparece con la curva retrógrada en J.1.2 (nar´r S-102 eni#); en J.9.1 (uaåbane S-102 enar´[); y tal vez en J.11.5 en un fragmento muy problemático (...S-315 S-102?i ki#) en el que muestra un apéndice inferior que hace que no sea segura su identificación y bien pudiera tratarse de una rmal trazada. Con la curva progresiva se encuentra en J.10.1, cuyos problemas fueron comentados al tratar de S-103 (:o S-103 er S-102 e/r´i:); y en J.12,3 (aar S-102 ier´i). Desde mi punto de vista, parece claro que en J.1.2, donde los paralelos hacen esperar un nar´keni, es una mera variante del signo ke32. Dado que la consideración de J.11.5 es dudosa al haber, en una línea de cuatro signos, tres problemáticos, nos restan los casos de J.10.1 y de J.12.3, en que se encuentra una vez efectivamente ante e, pero otra ante ie. Sin embargo, es evidente que precisamente estos dos segmentos son muy similares y podríamos tentativamente leerlos como erker´i y aarkeier´i, pareciendo una misma palabra. En AES ponía de relieve la existencia de un caso paralelo en el que un signo ligado pseudosilabogramático estaba separado de la vocal a la que se asocia por una i«intrusa». En J.16.3, de acuerdo con la edición de Beirão (estela 55), podríamos leer claramente ]anbatitoioba[. Ello me llevaba a La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 39 32. Se encuentra un perfecto paralelo en la secuencia nar´rke[ en J.23.1. De Hoz (1989: 532, n. 24) también valora S-102 como ke, pero una opinión distinta es la de Correa (1985: 385), seguido por Untermann (1997a: 209), considerando que, en J.1.2, la ry el semicírculo no serían signos distintos, sino una variante de ke, con lo que lee simplemente nar´keni y no estaría presente aquí S-102. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 39
sugerir la posibilidad de que en la lengua de estas inscripciones hubiese fenómenos de palatalización, presentando consonantes con apéndice palatal (1992: 381). Sin embargo, tal y como aparece en MLH, tanto puede ser to, como a(propuesta de Untermann), tu o incluso ka. Por lo tanto, la lectura to no es segura. Estos problemas de lectura disminuyen la evidencia de la existencia de una palatalización que permitiera explicar sin problemas a S-102 como ke también en J.12.3, pero pienso que con el resto de los datos puede mantenerse como probable el que S-102 sea una variante de ke. Un aspecto curioso es el que se aprecia en la variante «cuadrada» de i,S-3b, en la que el signo se traza sólo con ángulos rectos. Se encuentra en J.7.6 en dos ocasiones, inscripción en la que también se encuentra la forma normal de i. En los dos casos esta variante se encuentra ante vocal, por lo que cabe considerar la posibilidad de que se trate de un desarrollo local de una variante para notar una semiconsonante /y/. En tal caso tendríamos un segmento #aarbuyor y otro ]nyi#, que ha de ser el final de la fórmula nar´kenii. Los signos ‘hápax’ Finalmente conviene que examinemos los signos que aparecen en una sola ocasión, signos para los que reservo la numeración de la serie 300, de los que los once primeros corresponden a los citados en AES y los cinco últimos a novedades. Conservo la numeración pese a que algunos son explicables como variantes. S-301 (J.18.1). De acuerdo con el análisis de Untermann en los MLH ha de ser entendido como una variante de e, al poder reconstruirse un probable «sufijo» onomástico ea. Resta sin explicación su sobredecoración, ya que en esa misma inscripción se encuentran cuatro enormales. S-302 (J.9.1). Es casi seguro que, como propuso Correa33, se trate de una variante de r; dado que la lectura del segmento como uarban halla diversos paralelos. S-303 (J.4.2). Del que sólo se conservan los dos tercios inferiores y en el que todo lo que se conserva de la inscripciones ]e S-303 i[. Por ello es poco lo que se puede decir, aunque no puede descartarse que se trate de una §invertida, puesto que la inversión ocasional de signos no es desconocida en sudlusitano (cf. J.2.1, J.10.1 y J.12.4). S-304 (J.26.1). Situado entre una variante de S-204 y una u, actualmente estoy convencido de que se trata de un error del grabador que, inadvertidamente, empezó a repetir el signo S-204 hasta que a medio trazar la tercera línea, la segunda vertical, al darse cuenta del error dejó el signo sin terminar y pasó a la u, con la S-204 que formaría bu. Efectivamente es idéntico al signo anterior salvo por estar incompleto. La lectura resultante bunbane se ve confirmada al encontrarse también en J.19.2. En consecuencia es un signo inexistente. 40 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 33. Correa (1992: 92). Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 40
S-305 (J.12.4). Se encuentra dos veces, pero en una sola inscripción. La primera vez ante fractura, mientras que la segunda es ante ien un final baebalakin S-305 i. El parecido con el final formular nar´kenti / nar´kenbi / nar´kenai parece ser un espejismo puesto que siempre se documenta el nar´ inicial. El hecho de que se encuentre dos veces en una misma inscripción, en la cual se documentan otras dos irregularidades (el uso de ba ante ey la forma invertida de a) hacen probable que se trate de una variante local de otro signo. Lo más probable es que se trate de una variante de un signo ligado de la serie de i, que, como quiera que en esa misma inscripción ya tenemos un caso de ki, tanto pudiera ser ti, dada su mayor frecuencia de aparición, como bi, con el que guarda un mayor parecido. Pero obsérvese lo comentado sobre S-313. S-306 (J.10.1). Localizado ante ien una inscripción cuyas irregularidades de signario ya hemos mencionado. Aparte de un ligero parecido con el penúltimo signo del signario de Espanca, es poco lo que se puede decir. S-307 (J.101). La solución más simple es tratarlo como un ‘heth’ ante a, leyéndose un final eretau# que recuerda un poco a dos ertau (J.54.1 y 55.1). S-308 (J.7.1). Usado dos veces en la misma inscripción, aparentemente en la misma palabra. Es un ‘hápax’ en cuanto a su realización angulosa, pero no es más que otro caso de ‘heth’ ante a. S-309 (J.14.1). Poco claro al encontrarse aislado, en un sector roto de la inscripción, puede no estar completo. Contrasta el hecho de que sería el único signo anómalo de los 30 bien normales de la inscripción. S-310 (J.6.2). Aunque en AES planteaba la posibilidad de que se tratase de una rmal trazada, ya que la transcripción resultante ]boare[ presenta un paralelo formular claro, la propuesta de Correa sobre la existencia de formas altas de be hacen más probable que se trate de una be muy simplificada. S-311 (J.15.1). Se trata de una inscripción de factura muy descuidada, en la que faltan signos y varias acarecen de su trazo interior. Propiamente es una ngeminada, pero ya tenemos nnormal en la misma inscripción. También pudiera tratarse de una r´ elevada, como la de J.56.1, con un apéndice vertical; pero es posible que exista un final nar´k[ con una r´ extraña. Si finalmente consideramos la posibilidad de que sea un signo ligado a e, dado que aparece ante e, pudiera considerarse tanto que es una forma extraña y geminada de ke como que es una hiperregularización, adaptando una forma horizontal de ba para formar un nuevo be, lo que es, quizá, la hipótesis más interesante. S-312 (J.28.1). Untermann considera que se trata de una variante de S-111. Para lo cual lee los cuatro signos visibles de la línea en dirección sinistrorsa, con lo que efectivamente le seguiría una ay el signo tras éste, fragmentado de aspecto rectangular, sería un bo. Esta interpretación no es imposible, pero hay dos aspectos que la desaconsejan. El primero es el que así los apéndices horizontales de S-312 La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 41 Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 41
mirarían hacia el signo anterior, al revés de lo que hace S-111. El otro es que las dos líneas siguientes muestran claramente una direccción dextrorsa y una distribución en líneas horizontales sin indicios de ‘boustrophedon’ ni de ‘pseudoboustrophedon’, lo que hace suponer que la línea superior sea también dextrorsa. En tal caso, el supuesto bo sería en realidad un ‘heth’ ante ay, por su parte, S-312, al quedar ante e, guarda bastante parecido con ke. En definitiva, es probable que S-312 sea una variante de ke y que la primera línea de J.28.1 haya de leeerse ]takea /. S-313 (J.28.1). Se encuentra ante i, pero es poco lo que puede decirse de él, salvo que el parecido con S-305 permiten plantearse que se trate del mismo signo, es decir, probablemente ti o bi. Personalmente encuentro atractiva la comparación de la lectura de la línea como norbion, dándole el valor bi, con el topónimo Norba Caesarina, Cáceres, ciudad del mismo entorno cultural. Sería, desde luego, muy tentador ver en norbion un genitivo plural «de los norbenses», pero probablemente no es más que un espejismo. S-314 (J.7.5). Editado así este signo por Untermann donde tradicionalmente solía leerse l, con el apoyo de ser efectivamente tal la forma del antepenúltimo signo del signario de Espanca y considerando que es el mismo signo que S-315. Sin embargo, como hemos visto, es injustificable el uso como «eslabón perdido» que se ha venido haciendo de la estela de Espanca. Por lo demás es difícil, sin efectuar una autopsia de la pieza, decidir si tiene razón Untermann al considerar que el signo extra pertenece al signo, o si tenían razón Beirão y los anteriores editores de la estela al considerar que es un rasgo accidental. No obstante, la fotografía muestra claramente la continuidad de dicho trazo más allá de la oprevia. Por todo ello y al no tener paralelos claros de esta forma en otras inscripciones sudlusitanas creo por el momento más probable que sea una simple l. En todo caso no creo que la forma S-314 sea en absoluto un signo de uso regular en sudlusitano. S-315 (J.11.5). Se trata del primer signo, tras fractura, de la secuencia comentada al tratar de S-102 como muy problemática e irregular. En principio, se encontraría ante el signo que pudiera ser una variante de S-102 o una rde trazo irregular, pero no descarto por completo que haya que leer esta línea de izquierda a derecha y apareciese ante la fractura (se leería #kir S-315[). De todas formas su concepción como signo pequeño y horizontal me permiten dudar de su identidad con S-314. S-316 (J.5.1). Signo de ‘ductus’ curiosamente irregular que se encuentra entre ay separador. Sin embargo, en la cuarta línea aparece un separador sobre la ede un bare lo que permite contemplar la posibilidad de un uso defectuoso de los separadores y que hayamos de tomarlo como seguido por e34. Muestra cierta semejanza con el muy problemático decimoprimer signo del signario de Espanca. 42 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos 34. De hecho esta explicación no es imprescindible para considerar que le siga la e pese al separador intermedio. Es conocida la alternancia formular de dos segmentos te y ero tanto separados (encontrándose solo ero) como en teero; pero también en J.12.1 como tero. Este fenómeno que Correa (1987: 281) ha calificado de «sandhi gráfico» sugiere la posibilidad de que gráficamente puedan Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 42
Hay además otros signos excepcionales que son citados en MLH y de los que merece comentarse la causa por la que no los tomo en consideración. En lo que respecta a varios de ellos, ba-9, ba-10, r´-6, r´-10 y r´-11, la causa es más bien sencilla: es difícil referirse a la interpretación de un signo que, pese a ser catalogado como variante, Untermann no lo refiere en los índices como localizado en inscripción alguna ni lo comenta. Por otra parte, ya hemos indicado que lo que cataloga como ke-7 puede explicarse también como una r´ seguida de S-102; hipótesis que he preferido en este artículo. En cuanto a la definición de un ‘hápax’ tu-3, signo básicamente idéntico a ka, parece fundamentada exclusivamente en su aparición ante uy la evolución paralela en celtibérico (donde sin embargo no existe el problema de la confusión con ka). Pero se trata de la inscripción J.15.1, de la que señalamos su ‘ductus’ descuidado y la presencia de varios signos asin trazo central, por lo que es mucho más económico interpretar el supuesto tu-3 como otra amal trazada. Finalmente, la forma m-2 es uno de los signos de la primera serie de Espanca al que Untermann da este valor para adaptarlo a su interpretación de S-105 como m. Ya se ha comentado que si bien la copia de este signo, en la segunda línea de Espanca, muestra cierto parecido con S-105, el original de la primera línea se parece a ba. Naturalmente, lo lógico es valorar la copia según su modelo original y no al revés, por lo que el supuesto m-2 ha de ser una mala copia de S-101 ba. La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 43 confundirse dos vocales iguales pese al límite de palabra, como el que una posible oclusiva final coja la forma ligada correspondiente a la vocal inicial de la palabra siguiente. Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 43
44 Faventia 22/1, 2000 Jesús Rodríguez Ramos Figura 1. Tabla de formas. a) Signos claramente «libres» S-1 S-10 S-2 S-11 S-3 S-12 S-4 S-13 S-5 S-14 S-15 b) Signos «ligados» (la unidad refiere la vocal) S-31 S-41 S-101 S-111 S-121 S-22 S-42 S-102 S-33 S-43 S-103 S-24 S-34 S-44 S-35 S-45 S-105 d) Signos ‘hápax’ S-301 S-307 S-313 S-302 S-308 S-314 S-303 S-309 S-315 S-304 S-310 S-316 S-305 S-311 S-306 S-312 c) Signos en forma de ‘heth’ S-201 S-202 S-203 S-204 S-205 Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:30 Página 44
La lectura de las inscripciones sudlusitano-tartesias Faventia 22/1, 2000 45 Figura 2. Resumen de valoraciones. a) Tabla general de signos vocal simple B T K A E I O U S-10 S-14 S-11 nS-12 rS-14 sS-15 § l r´ (o s3??) transcripción convencional, posiblemente una vibrante o una sibilante b) Resumen de los signos de la serie 100 S-101 S-103 S-111 ba (= S-21) S-102 bi (muy probable) S-105 h??, H(hipotético) S-121 ke (probable) ¿variante de ku? Qu? (hipotético) inexistente o ¿variante de S-111? c) Resumen del uso de los signos en forma de ‘heth’ Formas básicas: S-201 Signos ‘heth’ ante a (en especial S-205): ta (muy probable) Signos ‘heth’ ante e (en especial S-204): te Signos ‘heth’ ante o (variantes de S-24): bo Signos ‘heth’ ante u (en especial S-202): bu (probable) S-202 S-203 S-204 S-205 Faventia 22/1 021-048 3/5/00 09:31 Página 45