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Tabula salutaris. A propósito de CIL II 2 /7, 946

Stylow, Armin U.; Madruga Flores, José-Vidal

Abstract

Se dan a conocer dos inscripciones de la Beturia de los túrdulos (halladas en Castuera y Monterrubio de la Serena, respectivamente), que atestiguan la vinculación de esa región con las vecinas colonias de Augusta Emerita y Metellinum. La aparición, en una de ellas, de un collegium llamado tabula salutaris permite, asimismo, corregir la interpretación del epígrafe CIL II 2 /7, 946.

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Resumen Se dan a conocer dos inscripciones de la Beturia de los túrdulos (halladas en Castuera y Monterrubio de la Serena, respectivamente), que atestiguan la vinculación de esa región con las vecinas colonias de Augusta Emerita y Metellinum. La aparición, en una de ellas, de un collegium llamado tabula salutaris permite, asimismo, corregir la interpretación del epígrafe CIL II2/7, 946. Abstract Two new inscriptions from the Baeturia Turdulorum, the northernmost part of the Baetican Conventus Cordubensis, evidence the relations of that region with the neighbouring colonies of Augusta Emerita and Metellinum. The term tabula salutaris, which appears in one of the epigraphs, allows to correct the interpretation of CIL II2/7, 946. Cuando apenas dos años han pasado desde la publicación, en la nueva edición del CIL II, de las inscripciones del conventus Cordubensis1, ya conocemos —entre lápidas recién halladas y otras conservadas, a veces desde hace mucho tiempo, en casas particulares, pero cuya existencia había escapado a la atención de los investigadores— medio centenar más, inéditas en su gran mayoría2, con lo cual el número de los epígrafes conocidos de ese conventus se sitúa en unos 1.150, un aumento de casi un cinco por ciento sobre las publicadas en CIL II2/7. Ese aumento, con todo, no es solamente numérico, sino también cualitativo, puesto que las nuevas inscripciones a menudo aportan informaciones que permiten corregir interpreta1. A.U. STYLOW; C. GONZÁLEZ ROMÁN; G. ALFÖLDY, Corpus Inscriptionum Latinarum, vol. II. Inscriptiones Hispaniae Latinae, editio altera, pars VII. Conventus Cordubensis, Berlín–Nueva York, 1995. 2. Pero cf., p. ej., L. APARICIO SÁNCHEZ; A. VENTURA VILLANUEVA, «Flamen provincial documentado en Córdoba y nuevos datos sobre el foro de la colonia Patricia», Anal. Arq. Cord., 7, 1996, p. 251-264; E. MELCHOR GIL; J.I. CANO MONTERO; A.U. STYLOW, «El camino de Corduba a Ategua. Nuevos hallazgos de infraestructura viaria romana en la provincia de Córdoba», Anal. Arq. Cord., 8, 1997 (en prensa); J.A. MORENA LÓPEZ; F. PÉREZ DAZA; A.U. STYLOW: «Notas para la localización de Ripa (Plin. nat. 3, 10). A propósito de un nuevo hallazgo epigráfico», ibídem (en prensa). Faventia 20/1, 1998 29-36 Tabula salutaris. A propósito de CIL II2/7, 946 Armin U. Stylow Deutschen Archäologischen Instituts. Kommission für Alte Geschichte und Epigraphik Amalienstr. 73b. D-80799 München Universidad de Alcalá. Centro CIL II 28801 Alcalá de Henares. Spain José-Vidal Madruga Flores Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 29 cies anteriores, si bien tampoco es raro que planteen nuevos problemas. A continuación presentamos dos casos ilustrativos de esos aspectos. Ambas inscripciones proceden de la moderna comarca de La Serena, que en la antigüedad pertenecía a la Baeturia de los túrdulos3, la parte más septentrional del conventus Cordubensis y, a la vez, de la provincia de la Bética, y fueron descritas por uno de nosotros (J.-V. M. F.) en 1996 y 1994 respectivamente. I La primera de ellas es una estela de granito con remate semicircular, de 127 x 44 x 24-31 cm, que tiene alisada la parte frontal, mientras los demás lados sólo están desbastados. Presenta algunos desonchones en la cabecera y varios desperfectos en la parte izquierda de las ll. 3-7, pero que no afectan a la lectura. Las letras son capitales, con una ligera influencia de la libraria; su altura oscila entre los 7,5 y los 5,5 cm, para alcanzar 9 cm en la l. 9. Los signos de interpunción son redondos. Fue encontrada por el constructor José-María Sánchez Hormeño en Castuera en 1989, junto con otra que se partió y perdió, en una casa de la Travesía de San Benito. Ambas estelas se habían reutilizado como losas tapando un pozo que había en este solar, que hoy ocupa el edificio «Valdivia». Se conserva en el patio de la Casa de Cultura. El texto reza (fig. 1): M(arcus) ºˆ Helv- [i]uºsºSabinus ºMetel(l)ine(nsis) 5 ân(norum) ºLX ºh(ic) ºs(itus) º e(st) ºs(it) ºt(ibi) ºt(erra) º[l(evis)] º sod(ales) ºtab(ulae) saluta(ris) f(aciendum) ºc(uraverunt) Hay nexos de HE en l. 1, de AN en l. 5. La I al principio de l. 2 aparece como L, mientras la L final de l. 6 carece de trazo horizontal y tiene forma de I. Aparte de esos errores, de la separaciín asilábica en ll. 1-4 y de las abreviaturas poco ortodoxas en ll. 4, 7 y 8, que evidencian la falta de una ordinatio cuidadosa y el relleno más bien mecánico de los renglones, la grabación del texto es bastante aceptable, mejor en las ll. 1-6, mientras las ll. 7-8 ascienden hacia el final, lo que hace sospechar que ellas, junto con la línea final, fueran añadidas en un segundo momento, quizás cuando la estela ya estaría colocada sobre la tumba. La presencia de un ciudadano de la colonia Metellinum (hoy Medellín, situado en la orilla izquierda del Guadiana) en Castuera, lugar que probablemente es de identificar con el Artigi del Itinerarium Antonini (p. 416, 1), por donde pasaba la 30 Faventia 20/1, 1998 Armin U. Stylow; José-Vidal Madruga Flores 3. Cf. A.U. STYLOW, «El municipium Flavium V(---) de Azuaga (Badajoz) y la municipalización de la Baeturia Turdulorum», Studia Historica (Historia Antigua), 9, 1991, p. 11-27. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 30 calzada Corduba-Augusta Emerita4, que unía las capitales provinciales de la Bética y de Lusitania a través de Mellaria (Cerro de Masatrigo, cerca de Fuente Obejuna), Artigi, Contosolia (¿Magacela?) y Metellinum, no debería causar sorpresa, si no fuera por la extrema rareza de metelinenses atestiguados fuera de su patria chica. Este fenómeno, que se ha querido relacionar con la languidez de la colonia producido por la fundación de la pujante colonia Augusta Emerita, tal vez sea más aparente que real y se deba más a la falta de datos en una zona escasamente explorada hasta hace poco5. Ahora, cuando sabemos que los colonos de Metellinum estaban inscritos tanto en la tribus Sergia como en la Galeria6, cabe sospechar que Tabula salutaris. A propósito de CIL II2/7, 946 Faventia 20/1, 1998 31 4. En este sentido, STYLOW, op. cit. (supra, n. 3), y CIL II2/7, p. 207. 216. contra P. SILLIÈRES, Les voies de communication de l’Hispanie méridionale (Publication du Centre Pierre Paris 20), París, 1990, p. 453-466, que defiende la identificación de Artigi y Iulipa con Zalamea de la Serena y lleva la calzada Corduba-Augusta Emerita desde Mellaria por Peraleda del Zaucejo y Zalamea a Magacela. Para el tramo comprendido entre Medellín y Magacela, cf. P. SILLIÈRES, «Voies romaines et limites de provinces et de cités en Lusitanie», Les villes de Lusitanie romaine. Hiérarchies et territoires (Table ronde internationale du CNRS, 1988)(Coll. de la Maison des Pays Ibériques 42), París, 1990, p. 81-82. 5. Cf. ahora un duumvir ter Metellinensium en Mérida (AE 1993, 909). 6. Cf. A.U. STYLOW, «Apuntes sobre las tribus romanas en Hispania», Veleia, 12, 1995, p. 115; ibídem, p. 122, sobre la problemática interpretación de las dos tribus. Figura 1. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 31 algunos de los individuos con la Galeria, que se encuentran en varios sitios de la Baeturia de los túrdulos7, hayan sido ciudadanos de Metellinum, de la misma forma que ya conocíamos por esa zona a varios emeritenses afincados fuera del territorium de Augusta Emerita, que o bien manifiestan expresamente su procedencia8o bien se identifican por la característica tribus Papiria de su patria9. En Augusta Emerita y sus alrededores tenían también los Helvii su principal área de distribución en la Península10, que aparecen aquí por primera vez en Metellinum. El rasgo más destacable de la nueva inscripción es, sin embargo, la aparición de unos sod(ales) tab(ulae) saluta(ris), que costearon el monumento. La confianza con que desarrollamos esas abreviaturas se basa en la existencia, a unos 15 km al sur de Castuera, y precisamente en el lugar llamado «El Horcajo», situado en el Rincón de las Yeguas (Zalamea de la Serena), de otra estela funeraria cuyo texto termina con la fórmula tabla f. c. (CIL II2/7, 946). Ante la singularidad de la palabra tabla, Stylow, en el CIL, optó por considerla como un nombre indígena, posiblemente una forma sincopizada de Tab(u)la. La aparición de la inscripción castoreña permite ahora interpretarla como otro testimonio de una tabula salutaris. Sin embargo, ¿qué es una tabula salutaris? Se trata, a todas luces, de un collegium tenuiorum, una asociación de personas de clase media o baja, de carácter religioso o profesional o sencillamente social, sin que fuera posible diferenciar tajantemente entre los distintos géneros, puesto que todas esas asociaciones atendían al culto de una o varias divinidades, y muchas de ellas proporcionaban enterramiento conveniente a sus socii o sodales o collegae. Debido al gran número de epitafios en que aparecen las asociaciones11, esta última función es la más atestiguada y mejor estudiada y que ha dado lugar al concepto, propagado por Mommsen, de que los collegia tenuiorum habrían sido, fundamentalmente, collegia funeraticia12, concepto que se convirtió en la communis opinio de la investigación13 y se mantuvo hasta su refutación 32 Faventia 20/1, 1998 Armin U. Stylow; José-Vidal Madruga Flores 7. CIL II2/7, 873 (Siruela). 964. 972 (Magacela). Desde luego, tienen la Galeria también los dos ciudadanos romanos de Arsa (sin localizar, pero dentro de la Beturia de los túrdulos: Stylow, op. cit. [supra, n. 3], 23 s.) que conocemos hasta la fecha, uno en Zalamea de la Serena (CIL II2/7, 905) y un soldado en Rosinos de Vidriales (Zamora, AE 1928, 179 = 1967, 235; ILER 5660). 8. Emeritenses: CIL II2/7, 922 (Zalamea de la Serena). 954 (Monterrubio de la Serena). 966 (Magacela). 9. CIL II2/7, 906. 907. 922 (Zalamea de la Serena). 939 (Esparragosa de la Serena). 952 (Monterrubio de la Serena). 10. J. M. ABASCAL PALAZÓN, Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania (Anejos de Antigüedad y Cristianismo II), Murcia, 1994, p. 148-149; cf. A.U. STYLOW, «Beiträge zur lateinischen Epigraphik im Norden der Provinz Córdoba, II. Baedro; III. Mellaria», Madr. Mitt. 28, 1987, p. 74. 11. Para Hispania, cf. todavía la lista de J. M. SANTERO SANTURINO, Asociaciones populares en Hispania romana, Salamanca, 1978, p. 151 s. 12. Th. MOMMSEN, De collegiis et sodaliciis Romanorum, Kiel, 1843, p. 89-91. El término collegium funeraticium no es antiguo, sino una acuñación del mismo Mommsen. 13. Sobre todo, por el estudio fundamental de J.-P. WALTZING, Étude historique sur les corporations professionelles chez les romains dépuis les origines jusqu’à la chute de l’Empire d’Occident, Bruxelles, 1895/1900 (= Roma, 1968), I, p. 141 s. Cf. la bibliografía en F.M. AUSBÜTTEL, Untersuchungen zu den Vereinen im Westen des Römischen Reiches (Frankfurter Althistorische Studien 11), Kallmünz, 1982, p. 23, n. 53. Para Hispania, cf. SANTERO SANTURINO, op. cit., p. 61 s. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 32 por Ausbüttel14, quien demostró la inexistencia de los supuestos collegia funeraticia, documentando que el enterramiento de los socios y el culto de sus sepulcros era un rasgo común de las asociaciones más diversas. La calificación salutaris, poco frecuente, se encuentra, por lo que parece, preferentemente para las asociaciones religiosas y puede indicar sus actividades benéficas15. De Hispania conocíamos ya dos collegia salutaria, que ilustran dos de las actividades típicas de esas asociaciones: mientras el de Conimbriga erige un cenotafio para un socio muerto y enterrado en un viaje a Roma16, el otro, de Río Tinto (Huelva), hace una dedicación de no sabemos qué a Iuppiter Optimus Maximus17. Los romanos no tenían un término global por «asociación»; por lo tanto, se hallan unas 50 denominaciones distintas, entre las que collegium y corpus son las más frecuentes18. Tabula, sin embargo, aparece por primera vez en las dos inscripciones de la Serena. ¿Cómo pudo esta palabra llegar a significar «asociación»? El camino, posiblemente, fue el siguiente: Es sabido que uno de los soportes epigráficos más antiguos —y, a la vez, más frecuentes— del mundo romano, aunque de ellos no se ha conservado ningún resto, eran unos tableros blanqueados, las llamadas tabulae dealbatae, que se utilizaban, entre otras cosas, para los comunicados oficiales19, entre ellos las listas de los magistrados. Así album, una forma elíptica, vino a ser el término técnico para las listas de los decuriones municipales, pero también para las listas de los miembros de otras instituciones como de los collegia20. Desde ahí era sólo un pequeño paso a que, con la palabra tabula, que no es sino un sinónimo de album, se pudiera designar no sólo la totalidad de los socios de un collegium, sino el collegium mismo. Esta ampliación del significado de tabula, desde luego, parece haber sido un fenómeno de carácter estrictamente local. Por lo tanto, y por la cercanía de los lugares de hallazgo de las dos inscripciones, lo más probable es que la tabla de CIL II2/7, 946 y la tab(ula) saluta(ris) de la nueva inscripción se refieren al mismo collegium, a pesar de que los respectivos lugares pertenecían a comunidades distintas, aunque vecinas: el de CIL II2/7, 946 pertenecía al ager del municipium Iulipense, mientras la nueva inscripción procede de Castuera/Artigi21, cuyo territorio estaría separado del de Iulipa por el límite natural de la Sierra del Oro. La situación se complica todavía más por el hecho de que ninguno de los dos individuos, de cuyo enterramiento cuidó la tabula, era un ciudadano del lugar en que recibió sepultura: Tabula salutaris. A propósito de CIL II2/7, 946 Faventia 20/1, 1998 33 14. Op. cit., p. 22 s. 15. Ibídem, p. 60. Otras interpretaciones de salutaris en SANTERO SANTURINO, op. cit., p. 72. 16. CIL II 379 = ILS 7337 = R. ETIENNE; G. FABRE; P. et M. LÉVÈQUE, Fouilles de Conimbriga, II: Epigraphie et sculpture, París, 1976, p. 61 núm. 33. 17. J. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Corpus de Inscripciones Latinas de Andalucía, I: Huelva, Sevilla, 1989, p. 28. 18. Cf. WALTZING, op. cit., IV, p. 236-242; AUSBÜTTEL, op. cit., p. 17 n. 10. 19. De allí viene la antigua fórmula in tabula in albo scribere (cf. Thes. ling. Lat., I, col. 1507, 49 s.). 20. Thes. ling. Lat., I, col. 1508, 43 s. 74 s. 21. No está claro si Artigi era una ciudad privilegiada en época posflavia; el único dato de que disponemos al respecto, la inscripción CIL II2/7, 947 de un aedilis, no permite una datación fehaciente dentro del siglo I. Para la problemática, cf. STYLOW, op. cit. (supra, n. 3), p. 21-24, y CIL II2/7, p. 216. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 33 M. Helvius Sabinus era un colonus de Metellinum, mientras la origo Victor(---) del difunto de CIL II/7, 946 quizás sea de poner en relación con el municipio flavio V(---) de Azuaga22. Como la probabilidad es mínima de que tanto en Metellinum como en el municipio Victor(---) hubieran existido sendos collegia con el nombre de tabula salutaris, es de suponer que ambos individuos residían como incolae en las ciudades donde los sorprendió la muerte, y que como incolae se hicieron sodales de ese collegium, cuya sede no sabemos si buscarla en Iulipa o en Castuera. Sea como fuera, las dos inscripciones ofrecen —amén del nuevo término tabla— un interesante ejemplo, por un lado, de un collegium que abarcaba miembros residentes en varias ciudades y, por otro, del ingreso también de los incolae en los collegia locales. Por las características paleográficas y por las fórmulas utilizadas, las dos inscripciones permiten una datación a finales del siglo Io en la primera mitad del siglo II. II Si bien es de celebrar la aparición de ese primer testimonio seguro de un metelinense en la Baeturia de los túrdulos, es un caso —al menos por ahora— aislado si lo comparamos con la masiva presencia de personas procedentes de la capital lusitana23. Esa presencia se ve reforzada por una nueva inscripción de Monterrubio de la Serena, pueblo situado a unos 18 km al sureste de Castuera, no lejos del paso de la calzada Corduba-Augusta Emerita24. Se trata de una estela granítica con remate semicircular, que tiene la cara frontal alisada, de 122 x 54 x ? cm. Las letras, capitales que muestran la influencia de la libraria sólo en los trazos horizontales de las letras E y T, ligeramente curvos, miden entre 7 y 8 cm; los signos de interpunción son redondos. Según los anteriores dueños, la estela se trajo desde «El Pilar», lugar situado en la periferia sur del pueblo (de donde procede también la estela funeraria CIL II2/7, 957), al casco urbano como material de construcción, y se empotró en el suelo del patio de la casa nº 6 de la plaza de España, propiedad hoy de Antonio Bravo. Por su reutilización como losa del suelo tiene la arista derecha desgastada por el pisoteo. Su texto dice (fig. 2): Publicia colon(iae) I(uliae) A(ugustae) E .(meritae) l(iberta) ºGraecul[a] hic ºs(ita) e(st) s(it) ºt(ibi) ºt(erra) ºl(evis) º J. V. MADRUGA FLORES, «Los epígrafes romanos de Monterrubio», Monterrubio de la Serena, Feria y Fiestas 1996, p. 10-14. Las letras O llevan un punto en el centro. 34 Faventia 20/1, 1998 Armin U. Stylow; José-Vidal Madruga Flores 22. Cf. STYLOW, op. cit. (supra, n. 3), p. 17 y CIL II2/7, 946. 958. 23. Cf. supra, n. 8 y 9. 24. Cf. STYLOW, op. cit. (supra, n. 3), p. 23. Del término de Monterrubio se conocían hasta ahora las inscripciones CIL II2/7, 952–957, casi todas procedentes de su parte septentrional. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 34 2 COLONIAE Madruga. Los puntos entre las letras finales, muy apretadas por falta de espacio, ya no se aprecian, como también han desparecido entre algunas de las siglas de l. 4. La lectura e interpretación coloniae l(iberta) es perfectamente posible; sin embargo, tiene un grave inconveniente, porque el nombre de la colonia en cuestión se habría entendido sin riesgo de equivocación solamente si la estela se hubiera erigido en un lugar perteneciente al territorio de esta colonia o si no hubiese existido más de una colonia en los alrededores. Pero no muy lejos de Monterrubio existían dos coloniae, Metellinum y Augusta Emerita, y los límites de sus respectivos territorios se encontraban a la misma distancia, aproximadamente, del pueblo. Una posible salida del problema podría consistir en postular la existencia, por esta zona, de otro enclave (praefectura) de Augusta Emerita más, una hipótesis aparentemente apoyada por la presencia de otros emeritenses, dos de ellos en el mismo Monterrubio (CIL II2/7, 952. 954); pero el argumento pierde fuerza si consideramos que otros tres testimonios de emeritenses proceden de una comunidad privilegiada, del municipium Iulipense de Zalamea (CIL II2/7, 906. 907. 922), Tabula salutaris. A propósito de CIL II2/7, 946 Faventia 20/1, 1998 35 Figura 2. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 35 y que, en general, la densidad de centros urbanos por esa zona (Iulipa, Artigi, Baedro, posiblemente Cabeza del Buey, cf. CIL II2/7, 749. 750) es tal que difícilmente cabría otro territorio más. Por eso, y por las razones expuestas de la inteligibilidad del epígrafe, es preferible entender colon(iae) I(uliae) A(ugustae) E(meritae), el nombre de la colonia en su forma más completa25, que aparece, además de en la conflictiva inscripción votiva dedicada al Genius de la colonia26, en una marca de ladrillo27 y en una fistula28. Graecula lleva el gentilicio Publicius/Publicia, que habitualmente adoptaban los esclavos públicos a su manumisión; su cognomen corresponde bien a su antigua condición servil29. La inscripción es claramente más antigua que las dos anteriores con la mención de la tabula. Su paleografía y la falta de la indicación de la edad apuntan hacia una datación alrededor de mediados del siglo I. 36 Faventia 20/1, 1998 Armin U. Stylow; José-Vidal Madruga Flores 25. Cf. R. ETIENNE; F. MAYET, «La dénomination antique de Mérida», Lucerna (Homenagem a D.D. de Pinho Brandão), Porto, 1984, p. 159 s. 26. Cf. últimamente, L. GARCÍA IGLESIAS, «Notas de epigrafía emeritense II», Rev. Est. Ext., 40 n. 3, 1984, p. 145-148 (cf. AE 1984, 306. 485). 27. L. GARCÍA IGLESIAS, «Epigrafía romana de Mérida», Actas del Bimilenario de Mérida (1975), Madrid, 1976, p. 69, n. 40 (AE 1976, 274). 28. AE 1984, p. 492. 29. Cf. I. KAJANTO, The Latin Cognomina (Soc. Scient. Fennica, Comm. Hum. Litt. 36, 2), Helsinki, 1965 ( = Roma, 1982), p. 204, adde: J. d’ENCARNAÇÃO, Inscripções romanas do Conventus Pacensis, Coimbra, 1984, p. 650. Faventia 20/1 029-036 2/3/98 16:43 Página 36