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Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural : mujeres jóvenes en busca de una nueva identidad rural

Díaz Méndez, Cecilia

Abstract

Los estudios cuantitativos sobre la juventud rural constatan una preferencia de las mujeres jóvenes por el abandono del medio rural. Hemos querido explorar aquí los aspectos cualitativos del desarraigo femenino. Las mujeres rurales que hemos estudiado, de una comarca del Principado de Asturias, viven en una sociedad abierta y global y se ven afectadas por esta apertura, por lo que conforman una percepción de la ruralidad que es nueva. En este escenario, las jóvenes deben tomar decisiones sobre su futuro, deben decidir si permanecer o marchar del territorio donde han nacido. Hemos encontrado mujeres que tienden al arraigo y otras que se orientan hacia el desarraigo, pero todas ellas se han visto afectadas por un conjunto de factores idénticos, característicos de una sociedad rural en transformación. En este artículo constatamos que las jóvenes hacen una análisis diferente de una misma realidad social. De momento, las mujeres que han optado por el arraigo reconocen decidir a contracorriente; de forma poco objetiva, al margen de las opciones más visibles y dominantes de inserción social y laboral. Aún así, son ellas quienes nos están dando las claves para comprender de qué modo el medio rural puede convertirse en la mejor opción, pues estas jóvenes construyen su propia identidad en torno a la ruralidad.

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Resumen Los estudios cuantitativos sobre la juventud rural constatan una preferencia de las mujeres jóvenes por el abandono del medio rural. Hemos querido explorar aquí los aspectos cualitativos del desarraigo femenino. Las mujeres rurales que hemos estudiado, de una comarca del Principado de Asturias, viven en una sociedad abierta y global y se ven afectadas por esta apertura, por lo que conforman una percepción de la ruralidad que es nueva. En este escenario, las jóvenes deben tomar decisiones sobre su futuro, deben decidir si permanecer o marchar del territorio donde han nacido. Hemos encontrado mujeres que tienden al arraigo y otras que se orientan hacia el desarraigo, pero todas ellas se han visto afectadas por un conjunto de factores idénticos, característicos de una sociedad rural en transformación. En este artículo constatamos que las jóvenes hacen una análisis diferente de una misma realidad social. De momento, las mujeres que han optado por el arraigo reconocen decidir a contracorriente; de forma poco objetiva, al margen de las opciones más visibles y dominantes de inserción social y laboral. Aún así, son ellas quienes nos están dando las claves para comprender de qué modo el medio rural puede convertirse en la mejor opción, pues estas jóvenes construyen su propia identidad en torno a la ruralidad. Palabras clave: mujer rural, desarraigo femenino, arraigo, identidad rural. Abstract. Approachment to female deep-rootedness and uprootenedness in the rural areas: young women in pursuit of a new rural identity Quantitative studies on rural youth establish that in general young girls prefer to leave their rural area behind. What we have intended here is to explore the qualitative aspects of female uprootedness. The rural women that we have researched came from an agricultural district in the Principality of Asturias and live in an open and global society, an opening shaping a new conception of rurality. In this new scene, young girls have to make decisions about their future; they must make up their minds about staying in or leaving their birthplace. 1. Este trabajo procede de la investigación dirigida por la autora del mismo y en él han colaborado las sociólogas Paloma Herrera Racionero y Elena Rodríguez Pérez. La investigación ha sido financiada por el Fondo Social Europeo (Proyecto Equal Mass-Mediación), por la Consejería de Industria del Principado de Asturias (Dirección de Formación) y por el Centro para el Desarrollo del Valle del Ese-Entrecabos. Papers 75, 2005 63-84 Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural: mujeres jóvenes en busca de una nueva identidad rural1 Cecilia Díaz Méndez Universidad de Oviedo. Área de Sociología 33007 Oviedo [email protected] Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 63 We have found women with a tendency towards rootedness, while others go for uprootedness, but all of them have been affected by a number of exactly the same characteristic factors of a rural society going through a changing process. In this work, we establish that young girls analyse the same social reality differently. For the moment, the women who have opted for rootedness admit that they have decided out of step with the times, not very objectively, leaving out more visible and prevailing options for their social and work insertion. Even so, it is these women who are giving us clues to be able to understand the best way in which the rural world can become their best option because these girls are building up their own identity around rurality. Key words: female uprootedness, deep-rootedness, rural identity. Introducción: interés analítico del estudio sobre el arraigo femenino en el medio rural El significado más tradicional del mundo rural, explorado por la sociología rural durante décadas hacía referencia a un mundo cerrado sobre sí mismo, aislado y homogéneo (Newby y Sevilla Guzmán, 1983). Implícitamente, se establecía una contraposición entre dos sociedades, la rural y la urbana, enfrentadas y excluyentes, donde el dominio de la ciudad sobre el campo marcaba la pauta de la relación. Esta visión tiene poco que ver con la realidad presente del medio rural. De manera estricta, también tiene poco que ver con el pasado si tenemos en cuenta las críticas que la sociología rural de los últimos años ha hecho de esta dualidad rural y urbano. Desde Sorokin y Zimmerman (1929) hasta los llamados «estudios campesinos» (Shanin, 1979), en la sociología rural se trabaja sobre dos realidades sociales diferenciadas y contrapuestas: la sociedad rural y la sociedad urbana. Dos mundos con rasgos diferenciados en proceso de modernización. En este proceso modernizador el mundo rural caminaría hacia su progresiva desaparición en favor del mundo urbano dominante. Recientemente, la sociología rural ha revisado estas concepciones desde el constructivismo, y ha destacado la complejidad y la diferencia del mundo social y las incompletas y parciales visiones de la ruralidad (Cloke y Little, 1997; Murdoch y Pratt, 1995). Se parte de una idea diferente, lo rural no es un mundo aparte, sino una categoría socialmente construida (González Fernández, 64 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez Sumario Introducción: interés analítico del estudio sobre el arraigo femenino en el medio rural Metodología y objeto de estudio La orientación de la decisión hacia el arraigo o el desarraigo El enfrentamiento entre dos mundos: valores tradicionales y valores modernos Mecanismos para minimizar los conflictos: en busca de un lugar propio en el pueblo Mujeres rurales en la modernidad Conclusiones: el arraigo femenino, una pauta de modernidad Bibliografía Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 64 2002). En esta concepción ya no tiene sentido la dicotomía rural / urbano y la visión de un mundo rural condenado a la desaparición pierde sentido, en tanto en cuanto se considera que una sociedad se crea en el proceso de interacción social, es un mundo en un permanente proceso de cambio, de creación. En este proceso ya no existen dos mundos diferenciados, sino sociedades abiertas en permanente relación en las que los individuos mantienen y/o modifican el mundo en el que viven (Berger y Luckman, 1998). Las representaciones sociales sobre la ruralidad, las imágenes y las percepciones que se tienen del medio rural se conforman a partir de la interacción entre individuos de estas abiertas sociedades, es la sociedad quien construye mundos rurales y urbanos. Pero, además de este cambio conceptual, las sociedades han disminuido sus diferencias. La sociedad rural española ha cambiado en este sentido, aunque siguen vigentes un conjunto de representaciones sobre la ruralidad que buscan la distinción a través de la contraposición en los discursos de lo rural y lo urbano, en el sentido más clásico anteriormente mencionado. Este interés por buscar la diferencia en un mundo cada vez más homogéneo es, como dice Castels (1998), propio de las sociedades posmodernas y se encuentra asociado a la búsqueda de identidad. Esto se da de forma especial entre los jóvenes. Los cambios que en épocas precedentes diferenciaban a la juventud rural de la urbana, como la situación laboral o el nivel educativo, muestran que las distancias se han aminorado, y hoy nos encontramos con estilos de vida similares entre la juventud de las ciudades y la que reside en los pueblos. Se confirma una tendencia a la homogeneización en parámetros que definen la situación social y laboral de la juventud española, y se constata una menor diferenciación basada en el espacio. No obstante, hay que buscar una explicación al crecimiento del sentimiento de arraigo que parece identificar a la juventud rural con su territorio más que en el pasado (González y Gómez Benito, 2002). En el último estudio sobre la juventud rural del 2002, los autores han considerado arraigo como un sentimiento que queda reflejado en la pregunta sobre «si pudieras elegir ¿te irías del pueblo o te quedarías?» (González y Gómez Benito, 2002). Visto de este modo, la juventud actual está más arraigada que la de los años ochenta, si tenemos en cuenta que la mayoría, un 60%, dice que se quedaría si pudiera, y un 34%, que se iría en caso de poder elegir. Estos autores explican cómo la generación de jóvenes de los ochenta estaba condenada a la inestabilidad, laboral y personal, y se encontraba en una posición más proclive al desarraigo. Hoy, mejorada esta situación tras quince años de cambios que se perfilan en positivo, el sentimiento de arraigo crece. A través de una encuesta, pueden detectarse algunos de los aspectos ligados al arraigo más objetivos y visibles. Así, González y Gómez Benito indican que en el sentimiento de arraigo influye sobre todo la situación laboral o la condición de estudiante, y que estas variables afectan de forma diferenciada en función del sexo. En términos generales, el desarraigo entre los jóvenes es un comportamiento característico de los varones en paro y de las mujeres estudiantes. Siguiendo su argumentación, en el grado de arraigo parecen influir también las actitudes y las opiniones favorables hacia la vida en los pueblos. Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 65 Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 65 Además, se muestra más arraigada la juventud, sobre todo las mujeres, que viven en poblaciones pequeñas (de menos de mil habitantes en municipios de menos de dos mil). En definitiva los análisis cuantitativos de este informe sobre la juventud rural de 2000 revelan, junto con una mayor tendencia de la juventud actual hacia el arraigo, una mayor desvinculación de las mujeres jóvenes del entorno rural. Esta mirada sobre el arraigo cuenta con algunas limitaciones, que los propios autores reconocen al indicar que como «no es fácil medir este sentimiento vamos a servirnos de una sencilla pregunta sobre el deseo de emigrar para aproximarnos al mismo» (González y Gómez Benito, 2002: 21). Esta asimilación del concepto a las preguntas de un cuestionario presupone que el sentimiento se exterioriza a través de esa conducta cuantificable, concreta y única. Se asimila desarraigo a intención de emigrar. Es muy probable que la intención de emigrar esté directamente relacionada con la situación ocupacional de los jóvenes, como indican los autores, pero de ahí a considerar que el paro o los estudios son los motivadores principales del desarraigo, limita las posibilidades de intervención y deja sin explicación las conductas que contradicen esta correlación de variables: mujeres que permanecen aún sin empleo, mujeres que rechazan empleos objetivamente existentes en un territorio, mujeres sin estudios que abandonan el pueblo, mujeres que retornan con estudios finalizados o que los truncan para afincarse en el medio rural de procedencia. No se pretende aquí contradecir las observaciones de la mencionada investigación cuantitativa, sino introducirse en los aspectos cualitativos no detectados en ella, y que puede completar la imagen del desarraigo y del arraigo aportada por el trabajo de González y Gómez Benito2. Parece apropiado adentrarse en el análisis de un sentimiento que, a buen seguro, responde a aspectos culturales más amplios y complejos que las oportunidades objetivas de empleo o formación. Por este motivo, hemos optado por un análisis en profundidad del colectivo de mujeres jóvenes rurales, el colectivo más proclive al abandono del medio rural en Asturias y en el resto del Estado español (González y Gómez Benito, 2002) y cuya marcha preocupa a los responsables políticos y a la ciudadanía residente en el medio rural de esta región, Asturias, caracterizada por importantes desequilibrios demográficos3. 66 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez 2. Naturalmente, esta aportación cualitativa, como todos los estudios de este tipo, cuenta con las limitaciones que comporta explorar un fenómeno social en un territorio limitado y apoyándose en estudios de caso. Como en toda investigación cualitativa, se opta por la relevancia social frente a la representatividad estadística. En este sentido, la mejor justificación del interés de un acercamiento cualitativo se lo otorga la existencia de un estudio cuantitativo previo, como el que usamos aquí de referencia, que abre camino a los aspectos no explorados a través de la encuesta. 3. Los autores agrupan las regiones españolas en cuatro categorías según el porcentaje de desarraigo se aleje más o menos de la media. La Cornisa Cantábrica es catalogada de desarraigo moderado, en tanto en cuanto las cifras se sitúan ligeramente por debajo de la media nacional, se contabiliza el arraigo masculino en el 26% y el femenino, en el 36% (González y Gómez Benito, 2002). Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 66 A lo largo de este trabajo, vamos a explorar los factores que se encuentran en la base de la decisión de las mujeres jóvenes de abandonar el territorio o afianzarse en él. Paradójicamente, ante unas circunstancias similares, unas mujeres deciden alejarse del pueblo y otras optan por la permanencia. Esta decisión es tomada por ellas en un entorno potencialmente conflictivo en el que los valores de la modernidad urbana chocan con el tradicionalismo rural más propio de otras épocas. La familia y la comunidad son los referentes de identidad, pero en su seno las jóvenes viven conflictos entre géneros y entre generaciones. Unas jóvenes deciden diferenciar claramente estos dos mundos, alejarse de aquél que menos responde a sus expectativas e intereses: se marchan del pueblo. Otras, las que se quedan, tienen una posición más compleja, pues no desean ni renunciar a sus aspiraciones personales ni rechazar el mundo rural. Buscan conjugar ambos mundos, en un interesante proceso de conciliación que les permite construirse como mujeres rurales. Metodología y objeto de estudio Es bien sabido que todo marco conceptual proyecta sobre el objeto de análisis percepciones y valores que no lo son del objeto, sino, más bien, de quienes elaboran el propio marco teórico. También es ya un lugar común la imposibilidad de pretender unas categorías de análisis libres de valores. No se trata sólo de pensar, en nuestro caso, en las mujeres rurales, sino de saber qué piensan ellas, de dejar entre paréntesis los propios prejuicios, insertos en muchas de las categorías de análisis al uso, y adentrarnos en los suyos. Habría que intentar no sólo pensar en ellas, sino desde ellas, pues ellas son las que saben qué necesitan, qué rechazan, qué buscan. La sociología, la antropología o la geografía han desarrollado diferentes enfoques teóricos que nos permiten comprender situaciones que no son fácilmente identificables, y han desarrollado metodologías que nos ayudan a adentrarnos en los porqués de las mismas. Por un lado, las técnicas cuantitativas nos ofrecen una radiografía de un estado coyuntural concreto (Ortí, 1986: 195). Por otro, las técnicas cualitativas, como las entrevistas abiertas y los grupos de discusión, nos facilitan acercarnos a las personas tal y como ellas mismas se perciben en el seno de sus entornos y sus circunstancias concretas, a las concepciones que tienen de sí mismas, de sus realidades y de sus problemas. Se hace hablar a los protagonistas con el fin de profundizar en problemas y concepciones de difícil estructuración y en ocasiones no del todo conscientes. Si con las entrevistas abiertas pretendemos profundizar en las motivaciones más personalizadas de casos individuales, con los grupos de discusión pretendemos captar las representaciones ideológicas de nuestro colectivo objeto de estudio. Se aspira a reproducir un discurso en el que la conversación en el caso de la entrevista, y la discusión, en los grupos, hagan aflorar las representaciones ideológicas: creencias, deseos, resistencias, temores, anhelos, etc. El análisis tratará, por tanto, de aprehender lo que la gente dice y hace, todo aquello tal y como es producido por los participantes a través del lenAproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 67 Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 67 guaje. Se presta, así, especial atención al lenguaje, un lenguaje que no representa simplemente realidad, sino que forma parte de esa misma realidad, ya sea para constituirla, ya sea para modificarla. Las entrevistas han pretendido que las jóvenes puedan narrar sus historias de vida con naturalidad, sin forzar el discurso. Las áreas exploradas han sido las siguientes: un primer acercamiento, de carácter descriptivo, sobre la situación de las personas con las que convive la joven. Un segundo momento, más narrativo, en el que se explora la situación familiar en la que se encuentra. En un tercer momento, se orienta la conversación hacia los aspectos formativos, para ahondar, posteriormente, en los laborales. Se afronta un bloque siguiente relacionado con la vinculación doméstica de la joven, para pasar luego a solicitarle el relato de la forma en que disfruta del ocio y del tiempo libre. Se termina hablando del propio pueblo y del municipio de residencia, para culminar la entrevista con un conjunto de cuestiones claramente valorativas sobre las imágenes que la joven tiene de su propio futuro y del futuro del territorio. El recorrido permite, de una forma sencilla y con una mínima estructura, conocer las situaciones de cambio en la vida de las jóvenes, estableciendo relaciones entre su pasado, su presente y su futuro. Tres momentos históricos que quedan entrelazados en la narración que la propia joven realiza y que la entrevistadora ha dejado fluir al ritmo y con el orden que la propia joven ha elegido4. El carácter exploratorio del estudio y su ámbito específico de observación debe ser tenido en cuenta: no estamos analizando a todas las mujeres rurales, ni siquiera a las más representativas de entre ellas, sino a un segmento determinado que nos permitiera captar el porqué, más allá de los tópicos, de la permanencia en los pueblos o su abandono. Es decir, no estamos buscando una representatividad estadística (que a partir de una muestra, extraída de una población mediante un procedimiento determinado, permita inferir ciertos rasgos generalizables al conjunto de esa población), sino una representatividad cualitativa, a partir «de la suposición de común inconsciente colectivo generada en la matriz del estrato social» (Callejo, 2001: 113). La muestra cualitativa seleccionada responde a un conjunto de criterios que representan pautas de cambio en el medio rural español. Se considera el proceso de desagrarización. Las mujeres estudiadas representan mayoritariamente a una población que se ha caracterizado, no sólo por el abandono progresivo de la actividad agraria, sino por la particular desvinculación de las mujeres jóvenes de esta actividad5. Hay mujeres agrarias en la muestra, pero son 68 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez 4. Las entrevistas han sido realizadas por la socióloga Elena Rodríguez Pérez y los grupos de discusión han sido analizados por Paloma Herrera Racionero, profesora de sociología de la Universidad Politécnica de Valencia. 5. Curiosamente, Asturias es una de las regiones donde más han crecido las titularidades agrarias femeninas, superando incluso a las masculinas en el último Censo Agrario, pero en este grupo no se encuentran apenas mujeres menores de treinta y cinco años. La feminización de la agricultura familiar ha sido analizada en detalle por García Bartolomé y desarrollada Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 68 una minoría de este colectivo. También en minoría estadística han quedado las mujeres dedicadas a las actividades domésticas. Aparecen en nuestra muestra cualitativa para explorar esta situación, pero de nuevo se tratan como un caso en retroceso. Hemos dado, sin embargo, más peso al criterio de cualificación. Las mujeres con formación, sea ésta universitaria o no, aparecen representadas cualitativamente. Los estudios han sido una opción particularmente femenina en el medio rural de las últimas décadas, y el alejamiento del mundo agrario y doméstico se ha concentrado, en el caso de las jóvenes, en la categoría de estudiantes (González y Gómez Benito, 2002). Junto a estas jóvenes con estudios, otras con fracaso escolar o con itinerarios educativos rotos también forman parte de la muestra. La edad, obviamente presente para hacer clasificaciones dentro del colectivo juvenil, no ha tenido particularidades aquí. Hemos optado por las edades consideradas en la mayoría de los estudios nacionales de juventud: se es joven entre los quince y los veintinueve años, si consideramos sólo la edad6. La muestra es así, cualitativamente representativa de la realidad que define hoy a la mujer rural española y a la asturiana en particular. Por otra parte, se hace necesario llegar a un acuerdo sobre el concepto de ruralidad. Aunque las fuentes estadísticas ofrecen un criterio basado en el número de habitantes de una localidad y en el número de habitantes de un territorio, esto resulta insuficiente para un mundo rural amplio, heterogéneo y diverso como el asturiano. No hemos pasado por alto esta ambigüedad, y hemos optado por elegir la población objeto de estudio combinando la ruralidad no cuestionada, en la estadística oficial (mujeres de poblaciones de menos de dos mil habitantes), e incorporando al análisis a aquellas mujeres residentes en las villas o en las poblaciones de servicios de menor tamaño7. En definitiva, nuestro objeto de estudio es el arraigo y el desarraigo, definidos como un conjunto de pautas culturales de implicación o desvinculación del territorio8. Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 69 en el tomo I del Libro Blanco de la Agricultura y el Desarrollo Rural (http//www.libro blancoagricultura.com) y responde más a una agricultura en regresión que a un sector en proceso de profesionalización. 6. En la decisión sobre el perfil juvenil, hemos utilizado los datos del trabajo Estilos de Vida de la Juventud Asturiana (2002), dirigido por Novo Vázquez y de la que es coautora Díaz Méndez. Esta investigación ha sido financiada por el Instituto Asturiano de la Juventud y aún no ha sido publicada. 7. En todos los casos analizados, como veremos más adelante, las mujeres se consideran rurales, sean de Navelgas, parroquia con 493 habitantes, o de Modreiros, que tiene solamente 32, o de capitales como Salas, con 1.567 (Nomenclátor de entidades de población de Asturias, 2001, SADEI, INE). 8. Gómez Benito ha realizado una exploración específica sobre el arraigo juvenil con datos del estudio de la Juventud rural 2002, del que es coautor. Estos datos han sido presentados recientemente en el VI Congreso Vasco de Sociología (febrero de 2004). Utilizaremos este trabajo como referencia cuantitativa y reseñaremos sus resultados a pie de página, siempre que sea posible ofrecer el contrapunto estadístico a los factores de arraigo explorados cualitativamente en nuestro trabajo. Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 69 Hemos explorado a las jóvenes de la comarca denominada Valle del EseEntrecabos, que comprende cinco municipios (Allande, Cudillero, Salas, Tineo y Valdés). Con los criterios de ruralidad antes mencionados sobre las jóvenes, se realizó un análisis cuantitativo para delimitar las variables básicas (distribución de edad, sexo, nivel educativo, situación laboral) a partir del cual se seleccionó una muestra cualitativa que sirvió de referencia para la elección de las participantes en los tres grupos de discusión (trenta y cinco mujeres) y las diecisiete entrevistas en profundidad realizadas. La muestra cualitativa se apoyó en la variable edad, en el tamaño poblacional de su lugar de origen, la ocupación de su familia (familia agraria o no agraria), la formación de la entrevistada (alta, media y baja) y su ocupación laboral (ocupada o parada). En los grupos de discusión, se utilizó como variables de corte la formación (uno de jóvenes sin estudios, otro de jóvenes con estudios medios y superiores y otro de jóvenes estudiantes de bachillerato). Por último, nos servimos de un cuestionario con preguntas abiertas referidas a la situación de las mujeres jóvenes rurales, que cubrieron cincuenta y dos personas vinculadas al territorio, consideradas informantes clave o informantes cualificados. De este modo, recogimos, por un lado, la información de las mujeres implicadas directamente en el objeto de estudio, por otro lado, la valoración desde fuera de la situación de estas jóvenes en los territorios de estudio. La orientación de la decisión hacia el arraigo o el desarraigo Las jóvenes del siglo XXI viven hoy en un mundo rural menos diferenciado del urbano que en las décadas anteriores (García Bartolomé, Díaz Méndez y Herrera Racionero, 2002). Ellas conocen la vida urbana de forma directa, a través de los estudios o a través del trabajo y el ocio. A la vez, comparten vivencias con personas que han conocido el mundo rural asturiano más tradicional y agrario. Pero ellas pertenecen a una generación móvil, habituadas a mantener relaciones fluidas entre los pueblos y las ciudades. Estas chicas son las mejores representantes de un mundo globalizado y abierto al que no es ajena la sociedad rural actual. Su decisión de permanecer o alejarse del territorio se toma en un escenario dual en permanente convivencia, y en el que hemos podido detectar dos tipos de conflictos: entre géneros y entre generaciones. Si se da un enfrentamiento abierto, la visión del mundo rural y el mundo urbano se polariza. Lo rural y lo urbano se vuelven dos mundos diferentes y contrapuestos, y se opta por uno de ellos. El mundo rural queda adscrito a los ámbitos de la vida más tradicionales, propios de sociedades atrasadas y envejecidas, y el mundo urbano aparece asociado a la modernidad y a la juventud. Pero es más compleja la decisión de aquellas mujeres que buscan la conciliación entre estos dos mundos, aquéllas más proclives al arraigo. Los análisis de las entrevistas y los grupos de discusión nos han permitido detectar algunos de los aspectos a través de los cuales las mujeres jóvenes rurales van construyendo su vinculación o desvinculación con el mundo rural en 70 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 70 el que han nacido y crecido. De forma peculiar, los motivos que sirven de base para la construcción de estas contrapuestas opciones son, paradójicamente, coincidentes. Unos factores ejercen una influencia integradora sobre las chicas y esos mismos factores contribuyen al desarraigo de otras. Como vamos a ver a continuación, ante unos hechos objetivos similares, unas mujeres se alejan del territorio y otras se afianzan en él. Hemos podido constatar una socialización favorable a la vida en el medio rural. Así lo expresa una joven ganadera: «A mi me gustan, me gustan las vacas […] prefiero las roxas, será porque son las que siempre tuvimos». Crecer en un entorno en el que lo rural es una forma de vida valorada y respetada, y en la que la familia crea unos vínculos con el entorno, hacen que la vida de estas jóvenes cuente con referentes de relación fuertes. Los lazos familiares, los contactos vecinales, conforman un estilo de vida rural que la propia familia se encarga de transmitir a sus descendientes y que las jóvenes conocen bien. Algunas mujeres, sin embargo, no han recibido una socialización favorable hacia lo rural: «mi madre me anima a que me vaya […] que conozca otras cosas». Las madres parece que han tenido que ver en este proceso de desvinculación de lo rural, ayudando a que las chicas jóvenes busquen alternativas de vida fuera del territorio y de la familia de origen. Otro de los factores influyentes para el arraigo o el desarraigo, característico de los grupos humanos residentes en el medio rural, es el familismo. La familia rural funciona como un todo integrado. Se trata de un grupo social interrelacionado y que tiene, como grupo, objetivos compartidos y apoyados por sus miembros. Esta concepción de familia rural parecía (o parece) perdida en el tiempo y asociada a la ruralidad agraria. Sin embargo, hemos encontrado una tendencia fuerte entre estas jóvenes a responder a los designios familiares dejando en un segundo lugar sus opciones como individuo. Así se puede ver en un comentario de una joven: «Justo en el momento en que finalicé mis estudios fue cuando mi madre se puso enferma y tuve que venir a hacerme cargo del negocio, porque, bueno, mi madre es viuda». No es casualidad que en estas decisiones influya de manera decisiva la continuidad de un negocio familiar. Esta interrelación laboral hace que la joven perciba, como el resto de los miembros del grupo, que su presencia es decisiva para el sostenimiento del grupo familiar, de ahí que adquiera una responsabilidad que se da por supuesta en esta peculiar forma de organización laboral. Pero la desfamiliarización que afecta a la actividad agraria, la separación entre familia y trabajo característica del mundo agrario tradicional (González, 1993) también ha afectado a la formación de los itinerarios de las chicas jóvenes. Algunas familias optan por favorecer vías individuales de inserción de sus hijos, y en el caso de las jóvenes, esta individualización se instrumentaliza a través de la formación. Así lo cuentan las jóvenes en un grupo de discusión: —Mis padres me dicen que siga, que aquí no hay nada. —Vamos, yo creo que lo dicen todos los padres, que estudiemos y que nos vayamos ahí. Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 71 Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 71 participación estaba aún limitada para las jóvenes14, ahora han emergido con fuerza en un mundo asociativo en muchos casos liderado por ellas mismas15: «Me gusta hacer cosas nuevas…, y va y ahora montamos una asociación…, o lo que sea con tal de animar un poco el cotarro». Esta participación social se convierte, así, en una forma de no quebrar los valores comunitarios, de no renunciar a ellos, de utilizar el espíritu tradicional apoyado en la colectividad y las relaciones estrechas y presentar otras maneras de hacer, más acordes con sus nuevos valores y en las que claramente se manifiesta la presencia pública de las jóvenes, con todos sus derechos como ciudadanas. Aminoran los conflictos, tanto los generacionales como los de género y las jóvenes emergen con fuerza en este complejo espacio social a través de la participación. Tanto en el caso de la integración laboral como en este proceso de integración comunitaria, algunas jóvenes logran con éxito encontrar un lugar para ellas en el territorio. El trabajo cercano a la familia de origen, y la participación asociativa vinculada a la localidad, se convierten en mecanismos de integración en tanto en cuanto logran el objetivo de cohesión entre dos mundos. Y es así, sobre todo porque lo logran rompiendo la barrera de la diferenciación de género y de la jerarquía generacional, aspectos estos incompatibles con la nueva ruralidad que las jóvenes desean, una ruralidad que conjuga muy acertadamente pasado y futuro. Mujeres rurales en la modernidad Los discursos de las jóvenes no manifiestan una ruralidad evidente, sus narraciones no muestran una diferencia clara entre ellas y el resto de la juventud asturiana: trabajan o buscan trabajo, se divierten en los lugares de ocio de la juventud, estudian en centros formativos como cualquier joven, viven con sus padres. Y, sin embargo, insisten en presentarse como mujeres rurales. El peso de la diferenciación se constata en las entrevistas. El deseo de ser de un pueblo, de ser diferente, de valorar otras cosas, de vivir de otro modo. Y no es fácil tener objetivos personales propios de la modernidad y, a la vez, desear no perder ese indefinido y ambiguo sentido rural de la vida. De ahí que muchos de los discursos que nos hemos encontrado sean discursos confusos, que reflejan el conflicto que viven estas jóvenes por encontrar un lugar en el mundo, un lugar en su pueblo. Quizás estas jóvenes son un claro ejemplo de cómo interpretar hoy la ruralidad. No se trata de verlo como un conjunto de atributos concretos y cerrados, sino que la ruralidad hoy está en proceso de elaboración. Se trataría de un proceso de construcción conceptual y las jóvenes nos lo muestran, pues ellas deben construir una nueva realidad a partir de las representaciones sociales de los 78 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez 14. Puede verse, en este sentido, el trabajo de Prieto Lacasi sobre el asociacionismo juvenil en el medio rural e intermedio (1993). 15. El aumento del papel de las mujeres en el mundo asociativo español ha sido comentado en García Bartolomé, Díaz Méndez y Herrera Racionero (2002). Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 78 actores que conviven en este complejo escenario. Con unas imágenes de carácter tradicional junto a otras claramente modernas, buscan dar significado a lo rural, crearlo para buscarse a sí mismas en él. Por eso podría decirse que lo que desean es construir una nueva ruralidad. Las mujeres que ya han tomado la decisión de permanecer nos ayudan a comprender este proceso de interiorización que conjuga el pasado, el presente y el futuro. Buscan sentido propio a la ruralidad para encontrar un lugar en este escenario confuso que mezcla valores viejos y nuevos. Ellas son conscientes de haber elegido a contracorriente. De haber tomado una decisión en la que los discursos dominantes sobre la juventud y sobre el medio rural asturiano apuntan más al abandono que a la permanencia. Y resuelven esta contradicción con un discurso racional y estereotipado sobre la ruralidad, apoyándose en las imágenes típicas de lo rural (los tópicos) que aparece en los discursos dominantes: la belleza de la naturaleza, la tranquilidad del pueblo. Obviamente no son razones de peso, ni para un analista ajeno a este mundo ni para ellas mismas, y podría hacernos pensar en un fenómeno de urbanización que refleja la homogeneización de valores propia de la modernidad. Pero no es así. Estas imágenes, ofrecidas a la entrevistadora de manera racionalmente consciente, representan los valores nuevos de una ruralidad asociada a la naturaleza que permite diferenciarse, significarse ante el otro, el no rural, en un contexto en el que, probablemente, la ruralidad ya no diferencia. La ruralidad asociada a la naturaleza tiene la importancia de ser una representación del medio rural que conjuga lo viejo y lo nuevo, presentando un mundo ideal e idealizado, que responde poco a la realidad, pero que sí incorpora un conjunto de signos (más que un conjunto de objetos) que ofrecen referentes identitarios, de ahí que les sirva a ellas como una forma de representar la nueva ruralidad que andan buscando. Tiene su justificación. Cuando los elementos materiales no son suficientemente convincentes, o han perdido valor para definir la ruralidad (y ésta es la situación de estas jóvenes mujeres rurales asturianas), la identidad que otorga la naturaleza legitima su decisión de permanecer. Lo rural asociado a la naturaleza, a la belleza, a la tranquilidad, cumple así una función simbólica y se construye como soporte de significado de lo rural (González Fernández y Camarero, 1999). Pero ellas miran hacia el futuro además de otro modo. La entrada y la salida del pueblo se establece como un aspecto esencial de la vida rural, pero no como impedimento para su disfrute. Aún en los parajes más alejados de los centros urbanos, las jóvenes que desean ser rurales ajustan sus expectativas y sus necesidades, no estrictamente al pueblo, sino al entorno. No es que las carreteras no sean suficientes y necesarias, sino que dejan de ser un problema principal, y las autopistas de la información son la prolongación de la ruralidad hacia el exterior, una ruralidad sin fronteras. Como dice una joven vaqueira de un pueblo de Tineo, «porque yo tengo en mente que si hoy no entiendes de ordenadores y todo eso, que no eres nadie», o la joven de Cudillero, que dice que con la tecnología le permite «tener en un terreno rural lo que pueda tener Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 79 Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 79 la gran ciudad […] y eso no es dinero…, porque no es que falte carretera, sino un poco de dinero para hacerlo llegar a todos», o la joven ganadera de Valdés, que, desde una aldea de la zona del Valledor, pide la comida para el ganado por correo electrónico. Una mayor reflexividad, otro de los rasgos de la modernidad, les hace mirar el futuro e integrar en él las novedades tecnológicas que mejoran la vida, en concreto la apertura al mundo desde la aldea. En definitiva, tanto la visión de un mundo rural natural como la de una ruralidad abierta gracias a las tecnologías de la información, permite a las jóvenes legitimar un discurso de lo que podríamos llamar ruralidad moderna, por decirlo con sus propias palabras, donde es posible ser moderna y de pueblo a la vez. Lo rural no está ya reñido con lo moderno, todo es integrable, asimilable, y todo resulta, desde esta perspectiva, integrador, vertebrador de una nueva ruralidad. Y son precisamente las mujeres las que nos sirven mejor para comprender este proceso por dos motivos. Por una parte, por su posición de género. Los hombres jóvenes también encuentran barreras objetivas para su inserción social y laboral en los territorios en los que viven, pero ellos, como varones, cuentan ya con un lugar propio, que tanto la sociedad tradicional como la moderna sociedad rural les ha asignado. Y salen airosos del cambio, pues la mera posición profesional les otorga una identidad. Pero esto no les sucede del mismo modo a las jóvenes. El rol tradicional les situaba en una posición de clara desigualdad e inferioridad respecto de los varones, y en esta moderna ruralidad, como hemos dado en llamar a este proceso, la mujer joven rechaza el rol tradicional pero no tiene un lugar propio. Por otra parte, por su firmeza en la búsqueda de ese lugar que les corresponde, las mujeres jóvenes no quieren el triunfo de una modernidad que conlleve la pérdida de los valores tradicionales. Esta nueva ruralidad que construyen las jóvenes representa una conjunción digna de preservar: está enraizada en las profundas corrientes comunitarias de la solidaridad y la identidad territorial tan característica de la historia del campesinado que, a lo largo de los siglos, se ha ido transformando adecuándose a los valores dominantes de la humanidad. Por todo ello, no hay ningún otro grupo humano que represente, con tanta fuerza y con tanta necesidad, la búsqueda de una nueva ruralidad. Conclusiones: el arraigo femenino, una pauta de modernidad En este trabajo sobre el arraigo y el desarraigo femenino en el medio rural no hemos encontrado un mundo ni aislado ni cerrado sobre sí mismo. Las mujeres rurales analizadas viven en una sociedad abierta y global y se ven afectadas por esta apertura conformando una percepción de la ruralidad que es nueva. Ni los pueblos forman ya parte del atraso ancestral del mundo rural, ni las ciudades representan el contrapunto de la modernidad urbana. Las diferencias se han aminorado, aún así, las jóvenes se sienten diferentes y se autocalifican de mujeres rurales en una sociedad que pierde progresivamente su identidad objetiva y que refuerza, sin embargo, su identidad simbólica. 80 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 80 En este contexto, las jóvenes deben tomar decisiones sobre su futuro, y la permanencia o la marcha del territorio constituye la clave fundamental de su decisión. La elección conlleva asumir riesgos y contar con posibilidades, una pauta propia del carácter electivo de la modernidad, frente al peso de las prescripciones característico de la sociedad tradicional (Giddens, 1993). Esta decisión no es sencilla. Las chicas se ven forzadas a resolver dos tipos de conflictos para poder decidir: se encuentran con conflictos entre géneros y con conflictos entre generaciones. Unos y otros son resultado de los cambios de la propia sociedad rural, una sociedad en la que conviven modelos de relación tradicionales, donde el papel de la mujer es secundario y pasivo y donde las generaciones de adultos orientan las relaciones, y un mundo marcado por pautas de modernidad urbana, que prima un comportamiento individualizado sobre el colectivo, y donde la mujer emerge con un protagonismo que históricamente le ha sido negado. Las jóvenes se ven obligadas a planificar su futuro en un entorno en el que los valores tradicionales y modernos entran en colisión. Esto las obliga a hacer una revisión continua de la realidad, pero esta reflexividad las dota de capacidad para la acción y les permite afrontar la incertidumbre. Para algunas jóvenes la decisión es más sencilla. Estos dos mundos se polarizan, se sitúan en extremos opuestos y son percibidos como espacios de enfrentamiento sin posibilidades de conciliación. Las mujeres que afrontan así su futuro optan por diferenciar de manera extrema la vida rural y la vida urbana, y la opción de la marcha hacia la ciudad, como espacio con oportunidades, como mundo de relaciones posibles, con la libertad que ofrece la individualidad y el anonimato, hace que el abandono del pueblo sea la opción más deseada y sobre la que giran todas las estrategias de búsqueda de futuro. Las mujeres que optan por la permanencia, o que la consideran como una opción vital posible, buscan fórmulas para solucionar los conflictos potenciales y reales que se les plantean. Éstos son los mismos que tienen las jóvenes anteriores, producto de la misma situación, del mismo mundo de referencia, pero estas jóvenes emplean otras estrategias. No están dispuestas a renunciar a lo que valoran como sus legítimas reclamaciones, la consideración de su lugar en el territorio, como jóvenes y como mujeres, ni tampoco esperan conseguirlas a partir de la confrontación con una generación que representa, probablemente, lo más tradicional del mundo rural, sus progenitores y sus vecinos. La situación potencialmente conflictiva las sumerge en un proceso de construcción de la propia identidad mostrándonos a unos sujetos reflexivos que actúan para responder a una sociedad incierta y cambiante en busca de su futuro. En palabras de Giddens, ellas eligen como actuar, pero también como ser y con quien (Giddens, 1991: 81), y estas jóvenes tendentes al arraigo, buscan la conciliación entre los dos mundos de referencia que conocen. Es curioso que los dos tipos de mujeres, las que tienden al arraigo y las que se orientan hacia el desarraigo, se hayan visto afectadas por los mismos mundos, por un conjunto de factores idénticos, característicos de una sociedad rural en transformación: a todas ellas les ha afectado el tradicionalismo de la vida Aproximaciones al arraigo y al desarraigo femenino en el medio rural Papers 75, 2005 81 Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 81 rural, tanto en la familia como en la comunidad. Todas ellas han vivido experiencias educativas tempranas fuera del territorio, que les ha mostrado una imagen del mundo urbano diferenciada del mundo rural de procedencia. Todas disfrutan de un ocio urbano que las hace moverse semanalmente hacia las ciudades cercanas y donde encuentran espacios de relación propios de la juventud. Unas y otras ven constreñidas sus opciones laborales en el territorio. Todas ellas, en definitiva, han sido socializadas entre dos mundos, que han ido confluyendo y cambiando como la propia sociedad y como ellas mismas. Pero sus efectos son éstos: unas jóvenes optan por marchar y otras deciden quedarse. Hay que aceptar que no hemos dado con las claves del arraigo en esta investigación, como habrían deseado los agentes sociales dispuestos a intervenir para frenar la tendencia femenina al abandono del medio rural, pero probablemente no podemos captarlo porque no existen razones para el arraigo diferenciadas de las razones para el desarraigo. Se trata de una misma decisión, es un análisis diferente de una misma realidad social. Y estas jóvenes resuelven optando por aquello que les permite crear su propia identidad, sea ésta dentro o fuera del territorio. En tanto en cuanto el territorio en el que viven ofrezca opciones que satisfagan sus expectativas de desarrollo personal, las jóvenes buscarán su lugar en él. De momento, las chicas que lo han hecho reconocen decidir a contracorriente, decidir de forma poco objetiva, al margen de las opciones más visibles y dominantes de inserción social y laboral. Habría que reconocer también que hemos llamado a esto arraigo, pero quizás no sea del todo correcto, en tanto en cuanto hemos denominado así a una decisión, reflejada en un hecho final de permanencia pero mediada por dudas, renuncias, presiones, esperanzas, ilusiones…, reflejo de un profundo y complejo proceso de interacción social donde el actor principal, la joven, no siempre es la protagonista. Aún así son ellas quienes nos están dando las claves para comprender de qué modo el medio rural puede convertirse en la mejor opción. La decisión de estas jóvenes se apoya en la búsqueda de su propia identidad, buscan su lugar en el territorio, y en la conformación de esta identidad hay elementos individuales y comunitarios. Por una parte, es posible que los primeros puedan ser resueltos de manera más sencilla en el mundo urbano, donde la libertad individual, la igualdad entre géneros, cuenta con menos escollos; pero quizás sea particularmente significativo el comportamiento de las jóvenes que han encontrado en sus pueblos una posición digna como mujeres y como jóvenes. Ellas reclaman y ejercen la igualdad sin enfrentamientos, y sin ceder en aquello que consideran un derecho irrenunciable. En este sentido, la sociedad rural, más aún que la urbana si cabe, debe estar abierta a este nuevo rol femenino de mujer activa, protagonista de su propio futuro, y hacer un esfuerzo por la igualdad que sitúe a las mujeres en una posición social similar a la de los varones. Por otra parte, los elementos comunitarios de esta autoidentidad son más fácilmente asimilables al mundo rural, y ahí los pueblos tienen importantes potencialidades como conformadores de identidad en una sociedad necesitada 82 Papers 75, 2005 Cecilia Díaz Méndez Papers 75 001-190 10/1/06 10:55 Página 82 cada vez más de ello. El mundo rural, y en particular el asturiano, aunque ha perdido una parte relevante de su tradición familista y comunitarista, sigue contando con una vida social colectiva que es una de sus pauta identitarias más características. Las jóvenes que hemos estudiado, aquéllas que eligen quedarse, a pesar de los vientos en contra, se encargan de actualizar, con su participación social en las comunidades en las que viven, este sentido comunitario del mundo rural, emergiendo ellas como protagonistas de una ruralidad participativa tan necesitada en un mundo falto de dinamismo. En definitiva, éstas son mujeres especiales, de las que tenemos mucho que aprender para comprender mejor el futuro del mundo rural que nos espera y que ellas están construyendo para sí mismas, pero también para y con los demás. Bibliografía CALLEJO, J. (2001). El grupo de discusión. Introducción a una práctica de investigación social. Barcelona: Ariel. CAMARERO, L. (2002). «Pautas y tendencias demográficas del medio rural: la población rural en la última década del siglo XX». En Agricultura y sociedad en el cambio de siglo. Madrid: Mc Graw Hill, p. 63-78. CLOKE, P.; LITTLE, J. (1997). Contested Countryside Cultures. Londres: Routledge. DÍAZ MÉNDEZ, C. (1997). Estrategias familiares y juventud rural. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Serie Estudios, n.º 134. GARCÍA BARTOLOMÉ, J.M.; DÍAZ MÉNDEZ, C.; HERRERA RACIONERO, P. (2002). Mujeres rurales en España. Análisis crítico de la producción documental (1990-2002). 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