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Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social

Ariño Villarroya, Antonio

Abstract

Durante las dos últimas décadas del siglo XX, se ha producido un giro histórico en el asociacionismo español, que se plasma tanto en la creación de asociaciones y en la participación asociativa, como en la institucionalización (leyes del voluntariado, de asociaciones, etc.) y en el interés académico que suscita el fenómeno. Tres interpretaciones se han dado del mismo: una utópica, que lo considera como expresión de una radicalización participativa; otra crítica, que ve en el mismo un subterfugio para diluir la privatización del Estado de bienestar, y una integrada, que habla en términos de la aparición de un tercer sector junto al mercado y el Estado. Cada una de ellas es sugerente, pero insuficiente. Tienen una validez parcial. Aquí se efectúa una revisión de las mismas, mediante una propuesta de estudio del fenómeno asociativo desde una perspectiva omniabarcante, mediante un análisis de su heterogeneidad interna y mediante la indagación cualitativa sobre la existencia o no de proyecto y significado político en el seno de las asociaciones.

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Resumen Durante las dos últimas décadas del siglo XX, se ha producido un giro histórico en el asociacionismo español, que se plasma tanto en la creación de asociaciones y en la participación asociativa, como en la institucionalización (leyes del voluntariado, de asociaciones, etc.) y en el interés académico que suscita el fenómeno. Tres interpretaciones se han dado del mismo: una utópica, que lo considera como expresión de una radicalización participativa; otra crítica, que ve en el mismo un subterfugio para diluir la privatización del Estado de bienestar, y una integrada, que habla en términos de la aparición de un tercer sector junto al mercado y el Estado. Cada una de ellas es sugerente, pero insuficiente. Tienen una validez parcial. Aquí se efectúa una revisión de las mismas, mediante una propuesta de estudio del fenómeno asociativo desde una perspectiva omniabarcante, mediante un análisis de su heterogeneidad interna y mediante la indagación cualitativa sobre la existencia o no de proyecto y significado político en el seno de las asociaciones. Palabras clave: asociacionismo, ciudadanía, tercer sector, bienestar. Abstract. Associationism, citizenship and social welfare The last two decades of the XX century have produced a historical change in what concerns Spanish associationism, which not only takes place in the creation of associations and in associative participation but also in the institutionalization (volunteering and association laws, etc.) and academic interest which the phenomenon provokes. This change has been interpreted in three different ways: a utopian one which considers it as an expression of participatory radicalization; a critical one which believes that the change is a subterfuge to dilute the privatization of the Welfare State, and an integrated one which speaks in terms of the appearance of a third sector together with the market and the State. Each of them is evocative but clearly insufficient. They all have partial validity. We here revise these interpretations, by means of a study proposal of the associative phenomenon from an omniencompassing perspective, by means of an analysis of its internal heterogeneity and by means of the qualitative inquiry on the existence or the non-existence of the project and political meaning within associations. Key words: associationism, citizenship, third sector, welfare. 1. Una primera versión de este texto fue presentada a debate en las Jornadas de Sociología Política, organizadas por el Comité de Investigación Social Política de la Federación Española de Sociología, en Madrid, durante los días 26 y 27 de septiembre de 2002. Agradezco todos los comentarios y sugerencias recibidas. Papers 74, 2004 85-110 Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social1 Antonio Ariño Villarroya Universitat de València 1. Un giro histórico en el asociacionismo El mundo moderno tiene un cimiento asociativo y, a su vez, las estructuras políticas y sociales de la modernidad propician el desarrollo de una pluralidad de asociaciones. La cooperación voluntaria entre personas que se organizan formalmente para lograr determinados intereses comunes constituye, a un tiempo, un espacio privilegiado para ensayar formas modernas de sociedad y un resultado de los procesos que operan en éstas. En el siglo XVIII y principios del XIX, tanto en Europa como en América, tal y como mostró en su día Alexis de Tocqueville y más tarde Maurice Agulhon, hubo una proliferación de formas de agrupación (sociedades de amigos del país, salones, círculos, academias, cafés, sociedades literarias, logias de francmasones…) que, consideradas en conjunto, desde la perspectiva de los largos procesos, conformaron un movimiento sociocultural en el que se alumbraban nuevos valores, se experimentaban espacios y formas nuevas de producir sociedad, sobre la base de la pertenencia voluntaria (Im Hof, 1995). Este movimiento, que se prolongó después y se ramificó mediante los partidos políticos, los sindicatos y una prolífica heterogeneidad de tipos asociativos, también efectuó una contribución sustantiva a la transición desde las estructuras feudales regidas por rangos y estatus, a la sociedad burguesa, liberal y democrática. Dos siglos más tarde, en las últimas décadas del siglo XX, hemos asistido de nuevo a una explosión asociativa. El acontecimiento ha quedado registrado en informes elaborados en distintos países. En el plano internacional, merecen destacarse los programas de investigación de la Johns Hopkins University (Civil Global Society, 2000) o los datos de la Encuesta Mundial de Valores; también en la Unión Europea se han llevado a cabo proyectos comparativos distinguiendo entre la Europa del norte y la Europa del sur (proyecto Volmed); por su parte, en Francia, para conmemorar el centenario de la ley de asociaciones de 1901, han visto la luz diversas publicaciones especializadas, así como análisis rigurosos de la evolución del mundo asociativo (Barthèlemy, 2000); en Italia, destacan las investigaciones del IREF (2000) o de la Fundación Italiana del Voluntariado; finalmente, en España, en los últimos cinco años, han aparecido diversos estudios e informes, entre los que cabe citar los coordinados por Ruiz de Olabuénaga (2000), Joan Subirats (Subirats, 1999; Informe Cecs, 1999), la Fundación Tomillo (2000), Rodríguez Cabrero (2003), Pérez Díaz y Pérez Novo (2003) y García Delgado (2004). 86 Papers 74, 2004 Antonio Ariño Sumario 1. Un giro histórico en el asociacionismo 2. Multiplicidad de factores generadores de asociatividad y predominio de la sociabilidad 3. La heterogeneidad en el seno del altruismo 4. Apatía política y participación cívica 5. La renovación de lo social Anexo. Conglomerados finales de las ONG valencianas Bibliografía Este fenómeno (proliferación de asociaciones) y los cambios asociados que han experimentado las modalidades de intervención y de afiliación, las relaciones de las entidades con el Estado y con la sociedad, permiten avanzar la hipótesis de que se ha producido un verdadero giro histórico2. Sin embargo, sobre el mismo inciden distintas interpretaciones o discursos. Unas de ellas, desde un horizonte utópico, hablan de una nueva era de la participación y profundización de la democracia. Sostienen que, en un contexto de crisis de la participación política (desafección y caída de la afiliación a partidos, sindicatos y asociaciones vecinales, volatilidad del voto y vaivenes electorales, crítica de la burocracia y de las grandes organizaciones, etc., hechos que se interpretan como una crisis del sistema de representación partitocrática), este auge asociativo expresaría una búsqueda de alternativas al desencanto y a la apatía políticas, mediante fórmulas de participación no convencional. La democracia participativa reemplazaría o, por lo menos, complementaría o profundizaría la democracia representativa; en el voluntariado podría detectarse una esperanza de sustitución de la militancia política clásica. En los movimientos y asociaciones, renacería una ciudadanía política activa3. Otras interpretaciones, desde una perspectiva crítica que se asienta en una defensa de la producción pública del bienestar y de la garantía de la universalidad de los derechos, consideran que existe una relación sospechosa entre el ascenso del asociacionismo y la crisis del Estado de bienestar. En el denominado «retorno de la sociedad civil» o la defensa de la construcción de la sociedad del bienestar frente al Estado, no se expresa solamente, ni siquiera de forma preponderante, un reconocimiento de la necesidad de constituir una ciudadanía madura, participativa y deliberativa que contribuya, mediante el ejercicio de la libertad de asociación, a la institucionalización de derechos y a la universalización del bienestar, sino un «endose hacia la comunidad» de las medidas para paliar los efectos perversos que resultan de la entronización del mercado como primer regulador social. El discurso voluntarista, el altruismo ingenuo de algunas gentes y la ideología neocomunitarista, servirían de «coartada» para el desmantelamiento del Estado de bienestar, con las consecuencias que de ello se derivan, como son la precarización de servicios, la generación de economías Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 87 2. Se discute sobre si se trata de una mera cuestión de visibilidad o de novedad histórica: «Tal vez lo nuevo en este fenómeno no sean tanto su realidad y su dimensión sociales, cuanto su “estructuración” y su “institucionalización formalizada”. Asistimos a un fenómeno antiguo reestructurado de forma diferente» (Ruiz de Olabuénaga, 2002: 268-269). Rasgos de esta reestructuración serían: secularización, mutación de la cultura moral subyacente, que pasa de la caridad y la asistencia a la solidaridad y la inclusión; individualización o reforzamiento de derechos individuales. 3. Un buen resumen de estos planteamientos puede encontrarse en la obra de M. Barthèlemy (2000) recientemente traducida al castellano por la Fundación de la Solidaridad y el Voluntariado de la Comunidad Valenciana. Como afirma Béjar, la nueva filantropía sería «la prueba de una participación que renace» (2001: 20). «Considero al voluntariado como la expresión de una nueva virtud en la comunidad asociativa de una república moderna» (Béjar, 2000: 215). subterráneas o la eliminación de puestos de trabajo4. Muchas de las organizaciones que han surgido en los últimos tiempos no serían más que resultado de una estrategia deliberada de transferencia a la sociedad civil de responsabilidades gestionadas otrora mediante la intervención pública: instrumentos para la oferta de servicios a bajo coste. La vibrante retórica de la autonomía de la sociedad civil y la defensa de ésta frente al Estado y sus ineficiencias no sería sino una forma de legitimación de dicha estrategia neoliberal. Una tercera perspectiva, que se podría denominar «integrada», estaría presente en los teóricos del tercer sector o del retorno de la sociedad civil. Sostienen éstos que, en el auge del asociacionismo, se pone de manifiesto la creciente institucionalización de un sector junto a y complementario del Estado y del mercado. El bienestar tiene una producción cada vez más plural, y la contraposición tradicional entre una esfera pública y otra privada resulta insuficiente para expresar la complejidad de las sociedades modernas, donde la mayor visibilidad y creciente proliferación de organizaciones no lucrativas muestran que existe un tercer espacio definido por el rechazo tanto de la lógica meramente mercantil (la ganancia y el beneficio) como de la lógica impersonal, burocrática y opaca de la coerción formal. El tercer sector sería el campo social floreciente del altruismo, de la donación voluntaria y libre; el espacio propio de la sociedad civil y donde se cultiva el capital social que da fortaleza a una sociedad5. Asideros no les faltan a unas y otras de las citadas interpretaciones. Su punto débil radica, a mi juicio, en que cada una de ellas se fija solamente en una parte del espectro asociativo o en algunas de sus tendencias. Los utópicos se centran en el voluntariado cívico y en las asociaciones y movimientos con causa; los críticos dirigen preferentemente su mirada hacia las organizaciones que prestan servicios a personas con carencias y que progresivamente han ido adquiriendo una fisonomía empresarial; los integrados homogeneizan ese tercer espacio intentando captar la lógica que subtiende a la multiplicidad de organizaciones por contraposición con el mercado (lucro) y el Estado (burocracia impersonal). En lo que sigue, pretendo aportar evidencia empírica que pone parcialmente en cuestión cada una de esas interpretaciones o, dicho de otra manera, 88 Papers 74, 2004 Antonio Ariño 4. Luis Enrique Alonso afirma: «hay que reconocer que tanto a nivel nacional como internacional, el discurso voluntarista ha servido más de coartada para el desmantelamiento del Estado de bienestar que de alternativa auténtica a los problemas de bienestar y cooperación a todos los niveles. El empleo generado en este sector voluntario sólo será consistente y real si pasa por un principio universalista de institucionalización, reconocimiento y consideración que vaya más allá de las acciones particulares de grupos aislados» (2000: 148-149). La relación estrecha entre auge del tercer sector y mutación del Estado de bienestar se halla explorada en detalle en el reciente estudio coordinado por Gregorio Rodríguez Cabrero sobre Las entidades voluntarias de acción social en España. Informe General (2003). 5. En su estudio sobre el caso español, afirma Ruiz de Olabuénaga que «Los resultados dados a conocer recientemente sugieren, por el contrario, que el caso español, tanto en términos de número de entidades no lucrativas como de volumen de empleo generado y de volumen económico gestionado, es muy similar, en términos relativos, al de Francia, Italia, Alemania o Austria» (2002: 277). que reconoce su validez sectorial, para una parcela específica del mundo asociativo. Considero que una investigación de estos asuntos debe partir de una ampliación del foco: se debe estudiar, en primer lugar, la totalidad del mundo asociativo para captar las lógicas y los factores que operan en él. Si actuamos de esta guisa, descubriremos que existe un notable contraste entre la visibilidad mediática y académica de determinadas asociaciones y las tendencias predominantes en el mundo asociativo, donde se da una preponderancia de las entidades expresivas y de sociabilidad. En segundo lugar, este mundo asociativo es tremendamente heterogéneo y se halla internamente muy fragmentado y atomizado. Hoy por hoy, resulta imposible hablar de la existencia de un tercer sector, porque carece de una mínima articulación y coherencia. En tercer lugar, la pluralidad de motivos de los asociados, la escasa participación interna y la ausencia de proyecto político en muchas entidades hace difícilmente imaginable el mundo asociativo en su totalidad como una alternativa a la participación política clásica. Sin embargo, todas estas objeciones de fondo no pueden llevarnos al desconocimiento de: a) la aparición de tendencias a la articulación (plataformas, coordinadoras, etc.); b) la demanda de espacios de participación ciudadana (consejos, foros, etc.); c) la presencia de una creciente impregnación del vocabulario asociativo con motivos de solidaridad y responsabilidad comunitaria (una sociabilidad compasiva); d) la vitalidad de un sentido de la autonomía y de la crítica política, y e) la función que desempeñan las organizaciones en la transformación de las preferencias de los individuos. La evidencia empírica en que sustentaré mis aseveraciones procede de varias investigaciones realizadas en la Comunidad Valenciana en los últimos tres años. Éstas tenían un carácter instrumental, derivado de su naturaleza de informes elaborados para responder a encargos de instituciones que tienen como objetivo el fomento del voluntariado y del asociacionismo. La información ha sido reunida tanto mediante técnicas cuantitativas que permiten una observación macro, como mediante técnicas cualitativas que posibilitan una observación micro o de nivel medio (meso)6. Aquí se seleccionan, se retoman y se reinterpretan exclusivamente los datos referidos a aquellos aspectos que conciernen a la argumentación del artículo. Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 89 6. Véase Ariño, A. (dir.); Castelló, R.; Llopis, R. (2001), donde aparecen referencias a los diversos estudios realizados hasta ese momento bajo el patrocinio de la Fundación Bancaja. A ellos habría que añadir la investigación sobre el fenómeno asociativo de la comarca de l’Horta Sud, publicada recientemente con el título L´associacionisme a l’Horta Sud y la investigación en curso titulada El porvenir del altruismo, que explora las expectativas y perspectivas de futuro de las organizaciones de voluntariado de la Comunidad Valenciana (Fundación para la Solidaridad y el Voluntariado de la Comunidad Valenciana). 2. Multiplicidad de factores generadores de asociatividad y predominio de la sociabilidad Generalmente, los estudios sobre asociacionismo se caracterizan por un sesgo sectorial. Pese a estudiar preferentemente (o exclusivamente) determinado tipo de asociaciones, establecen generalizaciones sobre la totalidad del campo asociativo. Las asociaciones —se dice— son fuentes de capital social, espacios de aprendizaje de la democracia, etc. En contraste con estos abordajes, postulamos una perspectiva que trata de ser omniabarcante y que pretende captar la heterogeneidad del universo objeto de estudio. La investigación realizada en la comarca de l’Horta Sud7,del área metropolitana de la ciudad de Valencia, nos ha permitido ponerla en práctica. Esta comarca cuenta con 20 poblaciones y 375.000 habitantes. El objetivo del estudio, patrocinado por la Fundación Caixa de Torrent, entidad que promociona el asociacionismo y los recursos de la sociedad civil en la comarca, era conocer la diversidad, complejidad y vitalidad de su asociacionismo. En la guía confeccionada para la realización del trabajo de campo, hemos podido constatar la existencia en activo de 1.320 asociaciones, de las cuales hemos entrevistado a 285, así como a técnicos y cargos públicos municipales8. Por tanto, podríamos hablar de que se ha utilizado un enfoque meso o cualitativo extensivo (cuadro 1). Tras una primera aproximación exploratoria, hemos considerado oportuno clasificar este universo en diez tipos o categorías: organizaciones culturales y educativas; festivas; deportivas; de defensa cívica; de salud; de convivencia; de solidaridad internacional; de servicios sociales; ambientales, y de desarrollo y promoción comunitaria. Al distribuirlas en las correspondientes categorías, se observa que existe una notable asimetría entre sectores, es decir, que el número de asociaciones por sector presenta grandes disparidades, y la capacidad de captar afiliaciones también es muy diversa. En concreto, el sector de educación y cultura cuenta con el 29% de las asociaciones; le sigue el de deportes, con el 22%, y el festivo, con el 20,7%. Estos tres sectores, por sí solos, reúnen el 72% de las asociaciones de la comarca. En cuarta posición aparecen las que podemos categorizar como convivenciales o de sociabilidad (de jubilados; de niños y jóvenes, y de amas de casa). El resto de categorías asociativas presentan unos porcentajes muy bajos. Las asociaciones con una afiliación total estimada más alta son las del campo de la convivencia: asociaciones de jubilados; de niños y jóvenes y de amas de 90 Papers 74, 2004 Antonio Ariño 7. El trabajo de campo ha sido realizado por María Albert Rodrigo, con la colaboración de Elena Gadea y M. José Gómez. Para una síntesis de los principales resultados, véase ARIÑO, A.; ALBERT RODRIGO, M. (2001), L’associacionisme a l’Horta Sud, Fundación para el Desarrollo de l’Horta Sud. 8. Únicamente quedaron excluidos de nuestro centro de interés los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones corporativas (de empresarios, comerciantes o profesionales); en el primer caso, por considerar que se trata de organizaciones que se ubican en el campo del primer sector (Estado) y en el segundo, de entidades que pertenecen por su propia lógica al campo del segundo sector (el mercado). casa. Dado que hay 137 entidades registradas en la guía como pertenecientes a este campo y que cuentan con una media de 498 afiliaciones por entidad, habría 68.000 afiliaciones estimadas en la comarca. A cierta distancia de este campo, y con una estimación que se sitúa en torno a las 50.000 afiliaciones, aparecen otros dos sectores: educación y cultura, y fiesta. Con un número total de afiliaciones bastante inferior, que oscila de 20.000 a 35.000, se registran dos sectores: las entidades deportivas y las de defensa cívica. Por debajo de las 10.000 afiliaciones e incluso con afiliaciones totales inferiores a 1.000, encontramos justamente aquellos sectores que tienen una dimensión más altruista: servicios sociales, solidaridad internacional, salud, medio ambiente y promoción comunitaria (gráfico 1). Es decir, que si situamos los tipos asociativos en un eje cuyos polos sean la sociabilidad y la solidaridad, o la orientación convivencial endocéntrica y la orientación altruista, observaremos que existe un predominio claro de la primera sobre la segunda. A estos datos de estructura, hay que añadir uno de tendencia. En el Registro General de Asociaciones de la Provincia de Valencia, consta que durante la década de 1990 se habían inscrito en el mismo 1.310 asociaciones en la comarca9. Se trata de un registro de natalidad asociativa solamente, por tanto, no Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 91 9. El vaciado de los datos del Registro de Asociaciones de la Provincia de Valencia ha sido realizado por Pedro García Pilán. Cuadro 1. Número y tanto por ciento de asociaciones por tipos en la comarca de l’Horta Sud. Asociaciones % Educación y cultura 384 29,0 Deportes 290 22,0 Fiesta 274 20,7 Convivencia o sociabilidad 137 10,3 Defensa cívica 83 6,2 Servicios sociales 54 4,0 Solidaridad internacional 32 2,3 Salud 30 2,3 Medioambientales 17 1,2 Desarrollo y promoción comunitaria 14 1,0 Desconocido 5 1,0 Totales 1.320 100 Fuente: elaboración propia. sabemos cuántas ni cuales han permanecido activas, aunque es obvio que un número importante de ellas no tiene actividad, porque su localización ha sido imposible, pese al ensayo de diversas tentativas. Sin embargo, ese dato es indicativo, en primer lugar, de la existencia de una sensibilidad y una proclividad asociativa; en segundo lugar, al estudiar esta propensión asociacional por sectores, se observa que el 26 % de ellas se han inscrito como culturales o festivas; un 20%, como deportivas; un 13,5%, como juveniles, y un 12,3% son recreativas y de aficionados. Sólo el 4,7% son de asistencia social y servicios sociales; un 5%, de participación social; un 2,4%, medioambientales, y tan sólo hay una asociación de cooperación con el Tercer Mundo. Abordar el estudio del asociacionismo en su totalidad, en un espacio delimitado como es la comarca, permite captar el carácter multifactorial de la dinámica de producción asociativa, es decir que en una sociedad compleja existen múltiples fuentes de la asociatividad (tanto convivencial como productora de servicios y altruista). Hay organizaciones que prestan servicios a grupos o personas en situación de riesgo o de carencia como consecuencia del fracaso del Estado de bienestar o del mercado; otras surgen para afrontar las debilidades de la familia en un contexto de reestructuración de vínculos y de individualización, generando espacios comunes de confianza entre personas afectadas por algún riesgo, y reclaman el reconocimiento y la institucionalización de derechos (niños en acogida, enfermos de Alzheimer, exreclusos, etc.); pero también las hay, aunque sean minoritarias, que se plantean la creación y difusión de valores alternativos o de nuevos derechos (derechos culturales de las minorías o derechos de tercera generación) mediante la concienciación, la defensa de causas y la vigilancia social, y, sobre todo, hallamos organizaciones, las más 92 Papers 74, 2004 Antonio Ariño Gráfico 1. Proyección de afiliaciones sobre total de asociaciones por campo de actuación. Fuente: Elaboración propia. 68.226 51.456 45.758 32.702 22.116 8.370 1.440 1.410 578 210 0 10.000 20.000 30.000 40.000 50.000 60.000 70.000 80.000 Convivencia Educación y cultura Fiesta Defensa cívica Deportes Servicios sociales Solidaridad internacional Salud Ambientales Desarrollo y promoción comunitaria numerosas, que ofrecen sencillamente un medio para satisfacer las preferencias de un grupo, categoría o colectivo particular en una sociedad plural, o que proporcionan enclaves para la convivencia, la reconstrucción de vínculos y la producción de identidades en una sociedad urbanizada y homogeneizadora, y que clasifica a los individuos en función de grandes categorías de edad. En segundo lugar, a la luz de los resultados obtenidos, es indudable, pues, que en la comarca de l’Horta Sud la sociedad está vertebrada por el asociacionismo cultural y festivo; convivencial y recreativo, y deportivo. Son asociaciones que tienen que ver esencialmente con la organización y la gestión del tiempo libre. Ésta es la tendencia principal. En contraste con ella (y sólo en términos comparativos), resulta patente la debilidad relativa del resto de modalidades organizativas, sean éstas sociosanitarias o estén centradas en la defensa de causas cívicas, medioambientales o identitarias (patrimonio cultural). Dado que la perspectiva crítica se centra en el crecimiento de las organizaciones sociosanitarias, como contrapeso y coartada a la crisis del Estado de bienestar, efectuaremos algunos comentarios sobre este tipo de asociaciones. En la comarca, y claramente también en toda la Comunidad Valenciana, ciertamente, el sector público tiene una presencia insuficiente en relación con diversas carencias y vulnerabilidades, y algunas de sus prestaciones son escasas y de deficiente calidad10. Tal vez, las insuficiencias más clamorosas pueden ser las que tienen que ver con la enfermedad mental, las demencias seniles y la atención a la dependencia de las personas mayores, aunque en ciertos barrios también se dan situaciones de carencia de recursos básicos, fracaso escolar, etc. Pues bien, existen algunas asociaciones, inicialmente formadas por familiares, enfermos y profesionales inquietos, que tratan de prestar servicios en estos campos, pero el reducido número de ellas y su menguada afiliación permiten afirmar que apenas constituyen un complemento, sin duda digno de elogio, que tapa algunos de los agujeros del Estado de bienestar, pero que, dada su reducida implantación, sigue sin cubrir la incidencia y el alcance de las deficiencias fundamentales. Nadie podría afirmar que constituyen (o constituirán) un sustituto creíble del Estado de bienestar. Ponen una tirita en un cuerpo plagado de llagas. ¿Cómo y por qué surgen? Muchas de estas entidades han sido creadas por familiares de las personas afectadas, como redes de ayuda mutua, que logran consolidarse y formalizarse a duras penas. Con el tiempo, algunas se estructuran como cooperativas de trabajo asociado que mantienen contratos relativamente estables (o, lo que es lo mismo, relativamente discrecionales) con la Administración. ¿Cuál es su filosofía? Lejos de reivindicar el retorno de la sociedad Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 93 10. Al respecto, pueden consultarse los datos de la macroencuesta realizada por el INE, la ONCE y el IMSERSO sobre discapacidades y dependencia en España. Específicamente, para la Comunidad Valenciana ver ARIÑO, A. (dir.), La rosa de las solidaridades. Necesidades sociales y voluntariado en la Comunidad Valenciana, Bancaixa, 1999. En el caso, por ejemplo, de prestaciones para personas mayores, pueden consultarse los informes anuales del Imserso o los de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. miento institucional, tienden a eludir la manifestación de la crítica; las segundas, orientadas a la denuncia y la transformación, se apoyan en el trabajo cívico voluntario, con escasa profesionalización y reducidos presupuestos, tienden al control de las actuaciones tanto de la Administración como de las empresas. Pero, para concluir el argumento de esta sección, conviene recordar de nuevo que en la construcción de esta tipología sólo hemos contado (por la limitación de los datos) con las entidades que trabajan en el campo del denominado «voluntariado social». La heterogeneidad, diversidad y disparidad serían aún mayores al incorporar las asociaciones que trabajan en el campo de la sociabilidad y convivencia, del deporte y el ocio o de la fiesta, es decir, todas aquellas, fundamentalmente autocentradas, que pueden ser consideradas como comunidades de práctica de diverso tipo. 4. Apatía política y participación cívica Todas las asociaciones, lo quieran o no, se encuentran insertas en la dimensión política de la vida social y su acción tiene consecuencias políticas, con independencia de que tengan o no conciencia de ello. Pero sólo algunas entidades poseen un proyecto político explícito, es decir, definen sus objetivos y reclaman un reconocimiento público y legitimidad para su acción, con el propósito de mejorar o transformar el mundo. En ese sentido, también puede decirse que todas las asociaciones están compuestas por ciudadanos, pero sólo en algunas hay un discurso y una práctica de la ciudadanía cívica. En consecuencia, la tesis de que las asociaciones reflejan las expectativas de participación cívica o de que en la proliferación actual se pone en juego un modelo de ciudadanía participativa, debe ser revisada o matizada. Las asociaciones, per se, no son escuelas de democracia, espacios de transformación del individuo en ciudadano, o de definición de las carencias, los riesgos y las vulnerabilidades en términos sociales y políticos. Dos estudios recientes cuestionan precisamente la tesis de que en el asociacionismo florezca una nueva era de la participación. Nina Eliasoph, que efectuó trabajo de campo durante dos años y medio entre voluntarios californianos, miembros de asociaciones recreativas y activistas medioambientales, afirma: «la gente que yo entrevisté deseaba crear un sentido de comunidad, pero no deseaba hablar de política» (1998: 230). En todo caso, hablaban más de política en el ámbito privado (entre bambalinas) que en el espacio asociativo público (en el proscenio). Por ello, su estudio se centra en investigar cómo se construye en la vida cotidiana la apatía política. Por su parte, Madeleine Barthèlemy sostiene que en el talante y la orientación del movimiento asociativo francés de las últimas décadas, más que una ciudadanía asociativa renovadora de la participación democrática, lo que subyace es una retirada de la política. Ésta se haría patente en distintos aspectos: a) en la tendencia a sustituir los referentes de largo plazo, de la transformación social y del proyecto de formación del ciudadano por la proximidad de la acción concreta, la inmediatez (lo local) y el riesgo, es decir, en la prioridad 100 Papers 74, 2004 Antonio Ariño de lo pragmático frente a lo ideológico; b) en el ascenso del voluntariado («obrar para los otros»), que nace de una definición moral, a costa de la militancia («hacer juntos»), que nace de una definición política; c) en el incremento del interés por la gestión técnica de la vida asociativa, por la lógica empresarial y las técnicas de comunicación, más que por el análisis de las causas de los fenómenos sociales; d) en el retroceso de la dimensión conflictiva (la búsqueda de la concertación favorece una lógica consensual y el voluntariado paramunicipal más que el activismo y la movilización), y e) en la territorialización de las políticas sociales; en el clima ideológico general de despolitización y en la sujeción a las subvenciones (2000: 247). Por otra parte, para que se pueda hablar de una ciudadanía asociativa, es preciso que se den dos condiciones: a) una interpenetración del Estado y de la sociedad en la que las asociaciones no aparezcan como exteriores frente a la sociedad política, y b) un reconocimiento por parte de las asociaciones de su responsabilidad en la definición de los valores de la esfera pública y en las carencias de las reglas democráticas. La vida real interna de las asociaciones está lejos de mostrar que en ellas haya una alternativa de democracia participativa frente a los lastres supuestos de la democracia representativa: el déficit de democracia interna en las asociaciones es real; se da una débil renovación de los cargos, una notabilización de los responsables, una rutinización de las prácticas democráticas y un incremento de la distancia entre elite y base. ¿Qué hemos encontrado nosotros en el trabajo de campo? Una situación heterogénea, sin duda. De un lado, hay asociaciones que tienen un discurso político explícito, que cuentan con lo que podríamos denominar, de acuerdo con Barthélemy, un «proyecto político fundacional», que se presentan a la sociedad con el propósito de cambiar e incidir en el orden común, bien sea con un enfoque alternativo o reformador; que tratan de conectar la acción local con sus contextos más amplios y que buscan las causas sin por ello eludir la procura de los remedios inmediatos. En el campo del medio ambiente, de la defensa cívica, entre los grupos de inmigrantes o en muchas de las asociaciones culturales, se produce una definición de la identidad de la asociación y de sus prácticas en términos explícitos de ciudadanía activa, con una distinción explícita entre toma de posiciones partidistas (que rechazan) y movilización a favor de valores alternativos (que propugnan)17. Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 101 17. Un representante de una asociación cultural afirma al respecto: «Bueno, estem constituïts com a associació cultural, però sense pretensió de ser neutrals, apolítics, ni res d’això. Tenim clar en quina opció política estem. No és que sigam tots del mateix partit polític, o siga, no partidisme, però sí una opció social que actualment se considera com a política, bueno, pues estem tots un poc en el tema antimilitarista. De fet, un dels grups que el va formar va ser el col·lectiu Milikaka. Després estem per temes ecologistes, per temes socials, de… Des de l’ajuda als pobles saharauis, sobre el barri de La Coma…, estem per un tema nacionalista, una concepció de les cultures» (comarca de l’Horta Sud). En una línea similar, un dirigente de un centro de estudios comarcal afirmaba: «La majoria de centres d’estudis, no tots, però la majoria, naixen com a reacció davant d’un procés De otro lado, hay asociaciones de orientación pragmática, centradas en la producción y prestación de servicios para personas con graves carencias, que eluden la decantación política y la crítica fundamentalmente por razones tácticas (necesidad de conformarse al poder de turno para captar o mantener subvenciones, evitar represalias o poner en peligro la financiación de los programas). En tercer lugar, se encuentran aquellas asociaciones que son netamente apolíticas. Entre ellas, es posible diferenciar al menos dos grandes tipos. Unas de ellas son apolíticas porque otorgan primacía a una definición moral de las carencias y los riegos. La adicción al alcohol o a las drogas, el fracaso escolar, la dependencia, etc. no encuentran una explicación social y política, sino estrictamente personal e individual y deben ser reparadas desde una opción exclusivamente moral. La orientación hacia lo próximo, hacia la urgencia y hacia lo realizable, suponen una evaporación de la dimensión política. Aquí ni se habla de religión ni de política… Aquí el único propósito que hay es que se cure la gente… Lo demás, cada uno puede tener su ideología o lo que sea, pero aquí cuando se entra…, ya se sabe, aquí somos apolíticos totalmente, una vez dentro… y de ningún tipo de religión. Pero también son militantemente apolíticas todas aquellas organizaciones en las que el objetivo central es la construcción de una experiencia de comunidad, de práctica, bien sea mediante la fiesta, el deporte, la realización de una afición cultural o la simple convivencia. En éstas, el discurso apolítico se construye, seguramente por razones estratégicas, para proteger la armonía comunitaria: la conversación sobre asuntos políticos o religiosos se toma como una intromisión disruptiva del clima amistoso y comunitario que debe presidir las actividades de la entidad. Las reglas de la etiqueta cívica prohíben la conversación sobre dichos temas y, mucho más aún, que se plasmen en algún tipo de práctica o decisión. La mayoría de las asociaciones de sociabilidad (deportivas, recreativas, convivenciales, festivas) convergen en un planteamiento similar: la política y la religión no son asuntos que puedan ocupar la conversación abierta y menos aún el debate público en la junta de socios. Lo que importa en ellas es la evitación de todos los factores disruptivos del clima armónico que engrasa el dinamismo de la sociabilidad. Y lo que muchas personas esperan de la asociación no es otra cosa que la recomposición de un vínculo social, un espacio para la comunicación entre iguales, donde un clima amable facilite la evasión frente a 102 Papers 74, 2004 Antonio Ariño de degradació patrimonial […] Aleshores, es tracta de combatre ixe procés mitjançant el que pot aportar un centre, digam el combat intel·lectual del procés de degradació […] Els objectius serien contestar, a la manera que pot un intel·lectual, la degradació del patrimoni; conscienciar la població de la comarca, primer de què viu en una comarca, que té unes peculiaritats diferents d’altres comarques i després de l’important patrimoni que s’està deixant perdre si no s’actua d’immediat» (comarca de l’Horta Sud). preocupaciones, ansiedades y premuras, propicie la supresión de etiquetas y rangos y cada cual cuente como un ser humano. Las asociaciones, en general, en una sociedad crecientemente individualizada, generan espacios para la reinvención de una experiencia de comunidad, para la conversación excepcional y la confianza entre amigos. En esos espacios, tienen razón Eliasoph y Barthèlemy, suele haber poca cancha para la tertulia, el diálogo y el debate políticos, para establecer un vínculo entre lo que sucede en el local asociativo y su entorno o en la sociedad más amplia. Y las asociaciones pueden convertirse en guetos, como decía uno de nuestros informantes. No se puede, por tanto, caer en una mitificación del carácter democrático del asociacionismo per se o de la ciudadanía asociativa como una alternativa al desencanto político. Pero, ¿es eso todo?, ¿evasión?, ¿distracción?, ¿mera reinvención imaginaria de un sentido imposible de comunidad? En el ámbito del asociacionismo convivencial, detectamos al menos dos pautas que permiten registrar la existencia de experiencias que trascienden la autofinalización de la sociabilidad: una ciudadanía vigilante, aunque limitada, y una transformación de las preferencias. Con el concepto de ciudadanía vigilante y limitada nos referimos al hecho de que la consolidación de la vida asociativa hace que las organizaciones y sus miembros desarrollen un sentido del control de la actuación de la Administración en todo lo que les concierne. Puede hablarse también de una ciudadanía corporativa, puesto que se trata de influir y mantener un espacio de influencia mediante la organización y la legitimidad que procede de ella. En medio de la apatía, constituye una forma de afirmación ciudadana, aunque limitada en su alcance y discutible desde una perspectiva de legitimidad basada en la democracia representativa. Por otra parte, también hay que afirmar, frente a Eliasoph, que la experiencia asociativa no es sólo una experiencia discursiva o conversacional y que el hecho de que las reglas de etiqueta cívica imperantes en una asociación prohíban el debate político, fomentando, por tanto, la apatía, no implica que su acción carezca de consecuencias transformadoras. Un ejemplo, extraído de las asociaciones de amas de casa, muy florecientes y con una amplia afiliación, puede servir de ilustración al argumento. Sin duda, aunque éstas se definen como apolíticas, tienen una decantación o una afinidad electiva más bien conservadora, pero su acción, de forma imprevista, está transformando las relaciones de género en el plano doméstico y modifica tanto la autoestima como el estatus de las mujeres. Hay personas que no salían de casa para nada y aquí (en la asociación) han encontrado un aliciente, han descubierto que bueno…, que, por ejemplo, pensaban que la pintura era para grandes pintores y han descubierto que cualquier persona está capacitada para hacer muchas cosas, te hablo de pintura o de las láminas o de estaño…, de mil historias que se hace… Entonces, la labor social que se hace es muy importante, muy importante a nivel de amas de casa, es como una terapia… Ellas vienen, se distraen, se cuentan sus romances, están dos o tres horitas…, luego hacemos una excursión, una charla, se hacen viajes Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 103 culturales…, se hacen un montón de cosas y se pasa el tiempo…, pues eso, cosas que no hemos salido y no hemos visto, porque somos incapaces de irnos solas a ver un museo y, sin embargo, vas en grupo y descubres cosas que, madre mía, que no lo hubiéramos hecho solas. (Asociación de Amas de Casa, Comarca de l’Horta Sud) También estas asociaciones, como las comisiones festivas y otras formas de comunidad de práctica, proporcionan un espacio para la distracción, para la evasión, para la superación de problemas, y reinventan un sentido provisorio de comunidad. Pero hay algo más, en la asociación estas mujeres descubren: a) que pueden pintar (democratización de la cultura), y b) una experiencia del mundo fundada en la sororidad: «descubres, madre mía, cosas que no lo hubiéramos hecho solas». La asociación capacita para asumir riesgos en el ámbito público y actúa como espacio de transformación de las preferencias individuales. Puede tener por sí misma, en función de su estructura, una capacidad transformadora. Si partimos de la distinción entre ámbito público, ámbito doméstico y ámbito privado, es obvio que estas mujeres tenían ámbito doméstico (Murillo, 1996), y que ahora comienzan a descubrir, gracias a y mediante la asociación, tanto el ámbito público como la construcción de su privacidad, y al hacerlo reconfiguran también las experiencias de los miembros de su hogar, muy especialmente las de sus maridos. Es obvio que debemos fijarnos con más atención y detalle en lo que sucede en estos espacios de sociabilidad, aparentemente autofinalizada, donde se exploran nuevos territorios de la experiencia existencial. 5. La renovación de lo social En conclusión, las interpretaciones referidas al principio y evaluadas a lo largo de este texto (la participación asociativa y la proliferación de asociaciones como respuesta al desencanto político, el incremento del asociacionismo como alternativa a la crisis del Estado de bienestar, el auge del asociacionismo como expresión de madurez del tercer sector) constituyen buenas guías para ordenar los datos que proporciona una realidad compleja, pero son claramente insuficientes. La investigación muestra, a partir de los datos de la comarca de l’Horta Sud, que el universo de la creatividad asociativa abarca un amplio espectro, pero también que tiene una estructura asimétrica. Durante los años noventa, se ha producido una sorprendente oleada de creatividad asociativa, que ha afectado a todos los sectores, pero en conjunto predominan las asociaciones autocentradas, sobre las más netamente altruistas o heterocentradas; las orientadas a la sociabilidad, más que las dedicadas a la solidaridad; las apolíticas más que las que adoptan una interpretación de sus objetivos en clave política y definen proyectos de intervención acordes con ello. Por tanto, existe un predominio de las comunidades de práctica, que expresan la multiplicidad de intereses y aficiones latentes en una sociedad civil plural, sobre las entidades 104 Papers 74, 2004 Antonio Ariño prestadoras de servicios (que complementarían o sustituirían la provisión de prestaciones por el Estado) o sobre las organizaciones defensoras de causas, que expresarían la emergencia de formas nuevas de participación democrática. No obstante, las propias entidades reconocen que, en determinados sectores, actúan como sustitutos de un Estado de bienestar en retirada y declaran sentirse instrumentalizadas por los responsables de la gestión política, pero con la misma clarividencia reconocen el limitado alcance de sus actuaciones (una tirita) y reclaman del Estado una intervención más decidida y de mayor alcance. Finalmente, desde el campo de las organizaciones heteroorientadas se reclama la especificidad de su lógica de actuación (donación altruista, creación de conciencia social) que consideran irreductible a la lógica del mercado y a la lógica de la acción pública. En general, hemos detectado un estilo de presencia en la esfera pública de la mayoría de las asociaciones que podría denominarse «ciudadanía vigilante» (que consiste en acotar simbólicamente un territorio social y convertirse en guardianes defensores de los derechos que conciernen a los actores del mismo frente a la Administración pública); hemos mostrado que las entidades contribuyen a una redefinición de las necesidades sociales y de las formas de satisfacción de las mismas mediante políticas más abiertas, participativas y descentralizadas, que tienen la capacidad de operar una transformación de las preferencias o de los motivos de sus miembros. Movimientos sociales, entidades, líderes del mundo del voluntariado demandan que también cuente su voz, proponen la institucionalización y tutela de derechos, la promoción de la ciudadanía activa. Como afirma Alonso, en el auge asociativo alienta una visión proactiva: «se viene constituyendo con ello un espacio social, en el que se insertan una extensa y tupida red de asociaciones voluntarias que representa en última instancia la defensa real, social y cívica de unos derechos de ciudadanía consagrados por el hoy muy atacado Estado de bienestar keynesiano, así como la transformación y desarrollo mismo de estos derechos en un contexto multicultural y segmentado» (Alonso, 2001: 131)18. Pero no todo es ciudadanía activa y participativa, ni mucho menos. Las asociaciones pueden ser muros, guetos y refugios frente a la dimensión sociopolítica de la existencia, que, en unos casos, reducen lo social a lo moral personal (el alcoholismo) y, en otros, sencillamente rechazan la posibilidad del discurso político. En tercer lugar, el análisis específico de un sector concreto como es el de las organizaciones de voluntariado social en el conjunto de la Comunidad Valenciana permite mostrar la heterogeneidad, diversidad y disparidad intrínsecas del que se conoce como «tercer sector». El tamaño y la estructura de los recursos humanos de las organizaciones o el volumen de recursos económicos que manejan, las diferencian tanto como el tipo de iniciativas que las han constituido, la matriz ideológica, la orientación estructural o el periodo de creación. Asociacionismo, ciudadanía y bienestar social Papers 74, 2004 105 18. Ver también Ascoli y Pavolini, 2000, p. 855-856. Sin duda, la década de los noventa nos ha sorprendido con una proliferación de múltiples iniciativas, con procesos de institucionalización política (aprobación de leyes, creación de consejos de participación ciudadana) y, en conjunto, con una creciente visibilidad del mundo asociativo, dentro del cual se producen tendencias hacia formas de articulación y vertebración horizontal (foros y plataformas) o vertical (federaciones). Pero sigue predominando la heterogeneidad, la fragmentación y la débil implantación social. Su capacidad para vertebrar la denominada «sociedad civil» es discutible, pese a su proliferación. Y, sin embargo, podemos convenir con Tocqueville (II, 1984: 98) que «los sentimientos y las ideas no se renuevan, el corazón no se engrandece, ni el espíritu humano se desarrolla, sino [es] por la acción recíproca de unos seres humanos con otros». Tocqueville, no obstante, añadía una coda que, a la luz de los datos expuestos, resulta más discutible: «Esto sólo las asociaciones pueden lograrlo». Anexo. Conglomerados finales de las ONG valencianas 106 Papers 74, 2004 Antonio Ariño Fuente: ARIÑO, A.; CASTELLÓ, R.; LLOPIS, R. (2001). La ciudadanía solidaria. Centros de los conglomerados finales ,19 ,12 ,08 ,22 ,00 ,41 ,48 ,14 ,85 ,41 ,00 ,02 ,07 ,37 ,06 ,19 ,00 ,48 ,26 ,37 ,00 ,18 1,00 ,09 ,99 ,08 ,03 ,00 ,00 ,09 ,01 ,06 ,62 ,00 ,76 ,39 ,01 ,12 ,00 ,79 ,02 ,30 ,00 ,69 ,04 ,03 ,02 ,02 ,01 ,57 ,38 ,00 ,22 ,91 ,38 ,33 ,43 ,78 ,60 ,00 ,71 ,04 ,27 ,32 ,22 ,00 ,07 ,06 ,03 ,01 ,02 ,02 ,90 ,00 ,93 ,82 ,93 ,93 ,05 ,25 ,05 ,12 ,02 ,05 ,05 ,75 ,03 ,04 ,04 ,00 Pocos volunt., mucho presup., mucha financiación pública Pocos volunt., poco presup., mucha financiación pública Muchos volunt., mucho presupuesto Poco presup., poca financiación pública Iniciativa afectados Iniciativa voluntarios Iniciativa liderazgo Iniciativa parroquia Orientación excl. terceros Orientación princ. terceros Orientación princ. miembros Orientación excl. miembros Matriz laica Matriz inspiración católica Matriz religiosa 1 2 3 4 5 6 Conglomerado Bibliografía ALEXANDER, J.C. (2000). Sociología cultural. Formas de clasificación en las sociedades complejas. Barcelona: Anthropos. 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