Pape s 68, 2002 81-106
Vi ualidad, ealidad, comunidad.
Un comen a io sociológico sob e la semán ica
de las nue as ecnologías digi ales
José Ma ía Ga cía Blanco
Uni e sidad de O iedo
jblanco@co eo.unio i.es
Resumen
El ema de es e a ículo son los concep os de ealidad y comunidad i uales. Pa iendo de
la eo ía de sis emas y el cons uc i ismo, se p e ende hace e iden e que es os concep os,
además de concep ualmen e equí ocos, son eo é icamen e in ecundos, pues di icul an la
comp ensión de las no edades que aen consigo las nue as ecnologías digi ales en los pla-
nos cogni i o y social.
Palab as cla e: i ualidad, ealidad, sis ema, sen ido, di e encia, dis inción, comunidad.
Abs ac : A e social ela ions a sou ce o esou ces? A de ini ion o social capi al
Topics o his ex a e he concep s o i ual eali y and i ual communi y. Taking as sup-
po poin s sys ems heo y and cons uc i ism, i is sough o make e iden ha hese con-
cep s, besides concep ually con used, a e heo e ically in e ile, because hey hinde he
unde s anding o he newness ha he new digi al echnologies epo on he cogni i e
and social le els o human li e.
Key wo ds: i uali y, eali y, sys em, meaning, di e ence, dis inc ion, communi y.
La e dad es una exp esión; iene su comienzo en la duda y su in
en la e i icación. Pe o la ealidad es lo que es; es deci , algo que
echaza o se escapa a oda exp esión; no se sabe dónde comien-
za ni dónde e mina.
Paul Valé y, Oeu es ( ol. II, Éds. de la Pléiade: 453)
Suma io
1. De la ealidad i ual
a la i ualidad de la ealidad
2. La comunicación in e pe sonal
mediada po compu ado as:
¿una comunidad i ual?
3. A modo de ecapi ulación
Bibliog a ía
1. De la ealidad i ual a la i ualidad de la ealidad
1.1. ¿Vi ualidad como apa iencia?
Vi ual y i ualidad se han con e ido en elemen os cen ales de la semán i-
ca de nues os días. El sen ido hoy dominan e de es os é minos p ocede del
mundo de las nue as ecnologías digi ales. Como ha documen ado Ma k Pos-
e (1995: 29 s.), el é mino i ual se in odujo en la je ga in o má ica pa a
da cuen a de unciones sus i u i as. Así, po ejemplo, con la exp esión i -
ual memo y ino a dá senos cuen a del uso de algo como o a cosa, en es e
caso de una pa e del disco du o de una compu ado a como andom access
memo y.
Po es a ía, una de las a ias acepciones posibles del é mino i ual ha
e minado po impone se: aquélla que nos da cuen a de algo que iene exis-
encia apa en e, y po an o no eal. Y es o es así po que, en el mundo de las
nue as ecnologías digi ales, se ha omado el é mino i ual de la adición
semán ica de las ciencias ísicas (Ma in, 1988: 7). Den o de ellas, ha sido la
óp ica, en conc e o, la que más ha con ibuido a es ablece es e sen ido del
é mino. Y lo ha hecho a pa i de la dis inción en e imágenes eales (ondas
luminosas au én icas) y i uales (ondas luminosas apa en es). La imagen que
podemos e en un espejo es una imagen sólo i ual, po que las ondas lumi-
nosas, en con a de la apa iencia, no p oceden de de ás del espejo, ni ampo-
co los obje os co espondien es se encuen an de ás del mismo. Los espejos
no p oducen una duplicación de la ealidad ni la p esuponen. Lo único que
ellos duplican es la imagen de los obje os eales. La ilusión p oducida po los
espejos a ec a en ealidad sólo a la localización de los obje os, no a su exis en-
cia: no duplica a és os, sino sólo las pe spec i as de obse ación de los mis-
mos. El obse ado puede e con ellos los obje os ambién «desde a ás», pe o
és os siguen siendo los mismos. Si uno se mue e (o mue e los obje os e leja-
dos), desapa ece la imagen, que ca ece de au onomía. Pa a cambia la, hay que
ac ua sob e los obje os e lejados.
En la ac ualidad, y man eniendo es e sen ido, el é mino i ual encuen-
a su uso más di undido e in e esan e en combinación con el de ealidad, o
sea, o mando la exp esión « ealidad i ual». Con ella se hace e e encia al
esul ado de la manipulación de los sen idos humanos (el ac o, la is a y el
oído) a a és de en o nos sin e izados po una compu ado a. En es os en o -
nos, uno o a ios pa icipan es, acoplados de mane a adecuada al sis ema de
la misma, in e ac úan de mane a an ápida e in ui i a que la compu ado a y
su ope ación sin e izado a desapa ecen de la conciencia del usua io, con lo que
el en o no a i icial así gene ado es expe imen ado como si ue a «na u al». Se
a a, pues, de un en o no a i icial que es pe cibido g acias a es ímulos sen-
so iales p opo cionados po una máquina elec ónica, y en el que las ope a-
ciones p opias de los usua ios de e minan, en pa e, lo que en él sucede.
El esul ado de es a combinación, como ácilmen e puede obse a se, es la
p oducción de un pe ec o oxímo on: ¡una ealidad no eal!
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Pa a sali de es e a ollade o, algunos in es igado es, como la socióloga i a-
liana Elena Esposi o (1995), han pues o de elie e que las nue as ecnologías
elec ónicas pueden cons ui una ealidad de nue o ipo, a la que en iende
que puede cali ica se pe ec amen e de i ual, po que máquinas cons uidas con
ellas son capaces de maneja una cua a dimensión —g acias a que ellas, en
ealidad, no se o ien an po ninguna dimensión. Sus coo denadas —que son
las del cibe espacio o hipe espacio— es án en e amen e desacopladas del espa-
cio de pe cepción humana y sus limi aciones idimensionales. De es e modo,
las imágenes que pueden c ea es án ealmen e p esen es, aunque en é minos
i uales.
Según Esposi o, si nos si uamos en es e espacio c eado po una máquina
i ualizado a, la pa adoja que ep esen a habla de una ealidad no eal desa-
pa ece, pues se a a de una ealidad e ec i a, aunque exis en e sólo en es e
hipe espacio. Jus o el elemen o composi i o hipe iene a deci nos que se a a
de una ealidad que no es independien e de la compu ado a y de su in e ac-
ción con el usua io. Hipe y i ual, po an o, se solapa ían, po cuan o ambos
se e ie en al espacio de pe cepción, manipulación y elabo ación que c ea la
máquina i ualizado a. En consecuencia, nos dice Esposi o, si se habla de i -
ualidad, debe íamos da nos cuen a de que se es á haciendo e e encia a usos
de una máquina pa a ac i idades que no simplemen e son mejo ealizadas
g acias a ella (como p ocesa ex os, ealiza cálculos, simula ope aciones qui-
ú gicas, e c.), sino que sin ella no se ían posibles.
Los obje os i uales, en de ini i a, no se ían me os obje os ic icios, ilu-
so ios, sino una especie de «espec os ac i os», con los que esul a como si el
mundo especula (las imágenes i uales de la óp ica clásica) hubie an in adi-
do el espacio pe cep i o (Weissbe g, 1989: 27). Y es aquí donde en a ía en
juego lo más peculia de es e hipe espacio: que se a a de una ealidad, po que
sus obje os, como los de nues a ealidad inmedia a, «na u al», pueden se
manipulados. El usua io de una máquina p oduc o a de obje os i uales puede
in e ac ua con ellos, aunque sin la máquina i ualizado a — ue a de su espa-
cio— no exis en ni pueden manipula se.
Po consiguien e, pene a en el hipe espacio de la ealidad i ual signi i-
ca, según Esposi o, mo e se en un mundo comple amen e di e en e, en una
dimensión de expe iencia nue a po en e o, pa a la que alen eglas o almen e
di e en es, ya que modi ica de mane a adical las condiciones de la pe cepción
biológicamen e de e minada del con inuo espacio- empo al, así como nues-
a ope a i idad en los lími es del mismo.
Es o ha lle ado a algunos in es igado es a suge i la idoneidad de elaciona
la p oducción elec ónica de mundos i uales con la o ma a ís ica de p o-
duci el mundo. S e an Münke (1997), po ejemplo, en iende que el hipe es-
pacio de la ealidad i ual, al igual que el a ís ico, es an es que nada un espa-
cio «ais é ico» (aís hesis = ‘sensación, pe cepción’), pues an o uno como o o
cons uyen mundos cuyas coo denadas no se pueden e e i con sen ido a los
obje os del mundo co idiano. Ambos espacios —el a ís ico y el i ual— se
ca ac e iza ían, an e odo, po su al a de « e e encialidad», de signi ica i idad.
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Pa a Münke , en consecuencia, el espacio de la « ealidad i ual» no ep e-
sen a la duplicación de una « ealidad eal» en una ealidad al e na i a, sino
sólo un caso especial den o del ámbi o de los mundos es é icos de la imagi-
nación abs ac a —un modelo expe imen al de un mundo al e na i o de pe -
cepción, pa a deci lo con exac i ud—, cuya especi icidad adica ía en que «se
ab e po p incipio a la o alidad del apa a o senso ial de quien se sume ge en
él. De es a o ma, quien u ilice el cibe espacio como medio pa a asimila el
mundo, puede abo da la ealidad desde pe spec i as pe cep i as has a aho a des-
conocidas» (Münke , 1997: 123).
Pe o más allá de p opo ciona es a muy plausible in e p e ación de la lla-
mada « ealidad i ual», y apoyándose en ella, Münke señala, con agudeza,
que habla de la « ealidad i ual» plan ea un p oblema g a e: el de da po
supues o que hay una « ealidad e dade a» —po au én ica, o igina ia—, a la
que pueden con apone se o as, odas ellas apa en es, y que pueden ipi ica -
se de dis in as mane as —en es e caso, como « i ual».
Es más, den o de co ien es de pensamien o como el pos mode nismo
(Lyo a d, 1986; Baud illa d, 1996 y 1997), o en e los «clásicos» de la i ua-
lidad (Pos e , 1995), suele a i ma se que es as ealidades es án en elación de con-
cu encia, de mane a que la i ualidad iende a desplaza la ealidad —o igi-
nal, e dade a— en bene icio de su doble.
¿Es adecuado, pa a una eo ía sociológica de nues os días, acep a es a
con aposición (explíci a o implíci a) en e una ealidad « eal» y o a « i ual»,
y a pa i de ella p oclama la supues a ubicuidad de la i ualidad, en endi-
da como apa iencia, que hab ía hecho de nues a expe iencia un simulac o,
más allá del cual se dice que ya pa ece no habe nada?
De en ada, en es a semán ica al uso hay una ex aña ope ación lógica. Po
un lado, la iden idad de lo i ual se de ine a di e encia de lo eal. Po o o,
sin emba go, se a i ma la ealidad de la i ualidad, a cuyo e ec o se ecu e a
e i aliza esquemas an iguos, como el de se /apa iencia —o, si se quie e, el
de e dad/opinión (alé heia/dóxa), pa a el que ale, igualmen e, que la p ime-
a ca a es absolu amen e e dade a, mas la segunda ambién lo es en alguna
medida. Pe o, más allá de es a ex aña ope ación lógica, el p oblema de ondo
es el plan eado po el supues o, on ológico, de una ealidad au én ica, o igi-
na ia. ¿Y si esul a, como señala Münke , que no puede habla se de una « ea-
lidad i ual» po que no hay una « ealidad eal» — e dade a—, a di e encia
de la cual la p ime a pueda de ini se? Dadas las c ecien es posibilidades abie -
as de p oduci mundos pe cep i os a i iciales —de las que aquéllas o ecidas
po las ecnologías digi ales solamen e son unas en e o as muchas—, cada
ez pa ece más di ícil ea i ma se, con nues a adicional semán ica del mundo,
en la e e encia a es as posibilidades como p oducción de ealidades iluso ias,
al y como si con ellas sólo se in e umpie a, ocasionalmen e y a modo de
di e sión o de huida, la ida eal. Pe o si hoy pa ece di ícil nega ya que oda
no malidad es una cons ucción, así como que la dis inción na u al/inna u al
no es u ilizable, o al menos no como una oposición je á quica, debe íamos
p egun a nos, con Luhmann (1995: 243), si y cómo puede oda ía unda-
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men a se un o den al de p e e encias es uc u ales. Pues bien, «pese a ello, la
exp esión “ ealidad i ual” sigue omen ando la insos enible c eencia de que
hay una ealidad eal, suscep ible de se cap ada con los pe echos [pe cep i-
os] na u ales del se humano, cuando es sabido desde hace iempo que dichos
pe echos sólo son un caso en e o os muchos posibles» (ibídem).
De es e p oblema, con buen c i e io, ha in en ado escapa Manuel Cas-
ells (2000: cap. 5), señalando que la ealidad, al y como es expe imen ada,
siemp e ha sido i ual. Sin emba go, luego malog a es e paso adelan e. En
p ime luga , al ope a con una ieja di e encia ma e ia/símbolo, con o me a
la cual educe lo i ual a un componen e simbólico que siemp e media en
nues a pe cepción de la ealidad. F en e a él, nues a exis encia ma e ial apo -
a ía, po así deci , el componen e eal de dicha pe cepción. Ope ando así,
Cas ells no iene en cuen a lo que la más ecien e in es igación, no ya psicológica
sino neu o isiológica, nos ha enseñado: que nues o sis ema ne ioso es un
en amado ope a i amen e ce ado, en el que no hay p ocesamien o de in o -
mación —en endida como un da o ex e no—, ni ampoco una génesis del
compo amien o de e minada po las ca ac e ís icas p opias del mundo ex e-
io .1En segundo luga , al iden i ica lo no edoso de la cul u a de la llamada
«e a de la in o mación» ambién en la mencionada ubicuidad de lo i ual,
en endido como apa iencia. Así, la no edad en cues ión adica ía en que, aho a,
la ealidad misma (nues a exis encia ma e ial/simbólica) es en e amen e abso -
bida po un escena io de imágenes i uales, en el que las apa iencias no es án
sólo en la in e az po cuyo medio se comunica la expe iencia, sino que se con-
ie en en la expe iencia misma. Se a a ía, en de ini i a, de la eme gencia de
una nue a cul u a —la de la « i ualidad eal»—, «en la que el hace c ee
acaba c eando el hace » (Cas ells, 2000: 452).
Pues bien —a semejanza de Münke y Cas ells— mi plan eamien o en
elación con la i ualidad pa e de que, e ec i amen e, ella es pa e cons i u-
i a undamen al de oda i encia humana y de oda ope ación social, y si es
así, en onces —a di e encia de Cas ells— en iendo no puede se lo como apa-
iencia —a dis ingui de la ealidad—, sino como posibilidad o po encialidad
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1. En un ex o de 1974 (Kybe ne ik eine E kenn nis heo ie), el neu o isiólogo Heinz on Foe s-
e señala ya que «los es ados de ac i ación de una célula ne iosa no codi ican la na u ale-
za de la causa ac i ado a. Lo único codi icado es un “así y has a al ex emo en es e luga
de mi cue po”, pe o no el “qué” [...]. Y de hecho, “allí ue a” no hay luz ni colo es, sino
sólo ondas elec omagné icas; “allí ue a” no hay sonido ni música, sino sólo p ocesos de
p esión pe iódicos longi udinales; “allí ue a” no hace ío ni calo , solamen e hay ene gía ciné-
ica molecula media más al a o más baja, y así sucesi amen e [...]. La cues ión undamen al,
en onces, es cómo es posible que expe imen emos el mundo en su insupe able di e sidad,
cuando como da os de pa ida no enemos a nues a disposición nada más que, p ime o, la
in ensidad del es ímulo y, segundo, las coo denadas de las uen es de es imulación —es
deci , la es imulación en un de e minado luga de mi cue po. Po an o, no son las cuali-
dades de las imp esiones sensi i as lo codi icado en el apa a o ecep o , sino que, como queda
cla o, es as cualidades son compu adas a pa i de es as aquí icas en adas» (Von Foe s e ,
1993: 56) [Cu si as mías].
inhe en e a odo enómeno de conciencia y a odo enómeno comunica i o,2
o como el cá ac e ina iculado de la ealidad en oda cognición.
1.2. Sen ido
Si adop amos una pe spec i a enomenológica, el elemen o de con as e de lo
i ual ha de se no lo eal sino lo ac ual. El ma co adecuado pa a ealiza es e
cambio de o ien ación en la de inición de lo i ual lo p opo ciona el con-
cep o de sen ido.3Con él in en o da cuen a del modo ope a i o p opio de sis-
emas psíquicos y sociales. Es e modo ope a i o se ca ac e iza, sob e odo, po
se en e amen e his ó ico, lo que signi ica que en odos y cada uno de sus
momen os (siemp e p esen es, ac uales) incula un o igen con ingen e con la
inde e minación de las aplicaciones u u as. Pod ía deci se que el sen ido in-
cula la imaginación de la p esencia a la no-p esencia (de un pasado con ing-
ne e y de un u u o inde e minado), lo que es an o como deci que deno a
un modo de ope a que p oduce o zosamen e i ualidad.
La «esencia» de lo i ual puede deci se, de es e modo, que eside en la
ape u a de un espacio de posibilidades, que iene en el sen ido de la con in-
gencia y la inde e minación la es a egia au o egulado a de su desa ollo e o-
lu i o. La llamada « ealidad i ual», en onces, no end ía a se más que una ima-
gen especula , ecnológicamen e p oducida y abie a a la expe imen ación, de
la « ealidad» de los sis emas que ope an con (y p oducen el) sen ido.
El sen ido debe en ende se como un medium,4que es p oducido en en a-
mados ope a i os que siemp e lo p esuponen, de mane a i ual (implíci a),
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2. El que u ilice indis in amen e los é minos posibilidad y po encialidad se debe a que el p i-
me o de ellos no lo u ilizo en un sen ido pu amen e lógico (posibilidad = no epugnancia
lógica), sino en el sen ido de lo « ealmen e posible», en cuyo caso posiblidad es equi alen-
e a po encialidad.
3. Tomo es e concep o de Niklas Luhmann, quien lo de ine y desa olla en di e sos luga es.
Véase al espec o, en especial, LUHMANN (1984: cap. 2; 1997: cap. 1. III; y 1998: 25 s.).
4. U ilizo es e concep o del psicólogo aus iaco F i z Heide de acue do con la in e p e ación
hecha de él po Niklas LUHMANN (1988: cap. 5; 1997: cap. 2. I). Con el concep o de
medium, Heide hacía e e encia a las condiciones de posibilidad de la pe cepción; en con-
c e o, a la di e encia en e acoplamien o laxo y ígido del mundo ex e io . Pa a que la pe -
cepción sea posible iene que habe subs a os ísicos acoplados laxa y ígidamen e, como el
ai e, po un lado, y los sonidos, po o o, o como la luz y los obje os isibles. Es a di e en-
cia se ía undamen al, pues si el ai e mismo p oduje a sonidos y la p opia luz ue a isible,
no pod ía habe pe cepciones dis in as. El subs a o en cada caso laxamen e acoplado —el
ai e, la luz— se ía en es e sen ido medium de la pe cepción, mien as que el ígidamen e
acoplado —sonidos, obje os isibles— se ía su o ma. A su ez, es a di e encia en e medium
y o ma, pa a se condición de posibilidad de la pe cepción, no ha de se ella misma pe -
cep ible, o sea, ha de pe manece la en e (como es uc u a de la pe cepción). Luhmann
supone que es a di e encia medium/ o ma es gene alizable, de mane a que, po ejemplo,
«es posible e la es uc u a acús ica u óp icamen e “g anula ” —es o es, láxamen e aco-
plada— del lenguaje como medium, con cuya ayuda pueden o ma se o aciones; o el dine-
o como mediumde la o mación de p ecios» (Luhmann, 1988: 36). Adicionalmen e, Luh-
mann supone que el medium no es consumido po la o ma, sino egene ado po és a en
y no como una cualidad del mundo —debida a algún ac o de c eación— y
di e enciada a modo de idealidad (espí i u, cul u a, e c.) de la expe iencia i al
y la comunicación humanas.
Sis emas psíquicos (o de conciencia) y sociales (o de comunicación) ope an
siemp e como sis emas obse ado es, lo que les pe mi e dis ingui se como sis-
emas de su en o no. Es o signi ica que se a a de sis emas capaces de dis in-
gui en e au o e e encia ( e e encia a sus elemen os, p ocesos o a sí mismos
como o alidad de sus elemen os y p ocesos) y he e o e e encia ( e e encia
ex e na). Po eso, sus lími es son pa a ellos no algo ma e ial (como sucede con
los sis emas i os), sino o mas bina ias.
Exp esado de mane a más o mal y abs ac a, lo an e io quie e deci que
es amos an e una e-en y de la dis inción en lo que po ella es dis inguido.
5
Es o signi ica que la di e encia en e el sis ema y su ambien e se p esen a aquí
po pa ida doble: po un lado, como la di e encia p oducida po el sis ema y, po
o o, como la di e encia obse ada en el sis ema. Los sis emas que ope an así
son sis emas no i iales, o lo que es lo mismo: incalculables —analí icamen e
imp edecibles—, y ello no sólo pa a o os sis emas, sino ambién pa a sí mismos.
6
Y deci es o es an o como deci que se a a de sis emas ca ac e izados po una
inde e minación que no p ocede de algún ipo de a iable independien e
—es o es, de la imp e isibilidad de los in lujos ambien ales—,
sino de ellos
mismos.
Aho a bien, al unciona siemp e como sis emas obse ado es, los sis emas
o ien ados po el sen ido ealizan sus ope aciones en modo he e o e e encial;
es deci , és as lle an siemp e consigo p oyecciones que se ex e nalizan, en el
sen ido de que, incluso cuando hacen e e encia al sis ema que las p oduce (y
que ellas ep oducen), siemp e se e ie en a algo —en las ope aciones sociales,
algo ha de se exp esado y algo comp endido; en las de los sis emas psíquicos,
algo es in eligido, como ep esen ación, como pe cibido (como noema, que
di ía Husse l). Es os «algos» son ei icaciones ine i ables, o lo que es lo mismo:
cons ucciones.
Es a p oposición iene es impo an es consecuencias:
1ª. Que el con ac o de los sis emas p o is os de sen ido con el mundo ex e-
io se da en un plano p oyec i o, y las ope aciones que hacen posibles las
co espondien es p oyecciones son acoplamien os ope a i os del p opio
sis ema, es deci , conexiones en e isibilidades p oducidas po és e (y que
lo ep oducen a él mismo).
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su es uc u a laxamen e acoplada y, como al, lis a pa a nue as con o maciones; que la
o ma es más ue e que el medium; y que oda o ma es a su ez pe cep ible u obse able
como medium—así, los onemas son mediumde la o ma palab a, y és a a su ez es medium
pa a las o aciones, que a su ez pueden se lo de un discu so.
5. Sob e el concep o de e-en y, éase Spence BROWN (1969: 56 s. y 69 s.).
6. Ace ca de la dis inción en e sis emas i iales y no i iales, éase Heinz VON FOERSTER
(1993: 244 s.).
2ª. Que el sis ema se pueda e e i a sus p opias ope aciones —o sea, que la
comunicación se o ne e lexi a (se con ie a en su p opio ema), o que
una idea in en e cap a que (y has a cómo) o as ideas son pensadas den o
y no ue a de la conciencia—, no signi ica que las mismas se hagan mani-
ies as como ales ope aciones. Dicho en o os é minos más li e a ios: los
sis emas p o is os de sen ido habi an en el mundo de las p oyecciones, po -
que lo obse ado po ellos ocul a siemp e la ope ación obse ado a. Su
uncionamien o, en consecuencia, es una especie de «en-sí» que se sus ae
cons i u i amen e a sí mismo.
3ª.
Que los elemen os de los que consis en los sis emas p o is os de sen ido no
son me as ealizaciones o ejecuciones (de algo), simples ac os. Es os sis e-
mas no son en idades, en las que alguien hace algo. Sus unidades ele-
men ales son siemp e isibilidades inculadas de o ma cons i u i a al
iempo. Los sucesos que en ellos desempeñan es e papel (de unidades ele-
men ales), con independencia de su na u aleza, po así deci , in aes uc-
u al —sonidos, impulsos ne iosos, mo imien os co po ales, ges os, onos
de oz, e c.—, lo hacen en i ud de su acoplamien o a o os sucesos pos-
e io es. En o as palab as: son sucesos ( ep oduc o es) del sis ema sólo
como epi enómenos. El sis ema que o man es la isibilidad esul an e de
es os acoplamien os ope a i os; incluso pod íamos deci que él no es más
que el iempo en el que algo puede sucede a algo. Po consiguien e, el
acoplamien o en cues ión es una elación empo al, en conc e o, la de la
di é ance.
7
En es e sen ido, puede deci se que el sis ema es di e encia (lími e, on-
e a), y en cuan o al no es «su-je o» ni «ob-je o», sino «dis-je o».8El sis ema no
subyace (‘su-je o’), ni yace delan e, se expone u opone (‘ob-je o’); y no lo hace
po que el sis ema sepa a, ma ca, dis ingue; se a a, en de ini i a, de una
«no- es». Como al, es una di e sidad no suscep ible de econduci se a una
unidad p o is a de ca ac e ís icas o p opiedades al modo como una sus ancia
iene a ibu os. En él, en consecuencia, colapsan las elaciones supe io /in e io
(a iba/abajo) y cen o/pe i e ia. El sis ema es una ama plegada y mó il en
odos sus pliegues, no una ed, pues es a igu a, an de moda en la eo ía social,
implica ya una pe spec i a (excesi amen e) uni a ia —y ácilmen e suge ido-
a de un conjun o de elemen os dispues os pa a un in de e minado. La me á-
o a de ondo menos mala pa a comp ende lo, de en e las ya ensayadas, pa e-
ce la del izoma,9pues pe mi e da cuen a bas an e ajus adamen e de la
88 Pape s 68, 2002 José Ma ía Ga cía Blanco
7. Sob e es e concep o, éase DERRIDA (1989: 37-62).
8. Con es a palab a aduzco lib emen e —no ex ualmen e— el é mino Un-jek de Pe e
FUCHS (2001: 130 s.), cuyas a gumen aciones al espec o sigo en es e pá a o y en los es
siguien es.
9. Véase al espec o DELEUZE y GUATTARI (1977).
policon ex u alidad, he e a quía e hipe complejidad de los sis emas p o is os
y p oduc o es de sen ido.10
Po lo demás, en endiendo así es os sis emas, ambién las e e encias espa-
ciales se con ie en en un p oblema. Al abandona el mundo de la es ca esiana,
y eubica se en el de la di e encia, el sis ema no puede llena u ocupa un luga
en el sen ido clásico del é mino. Como nos ha mos ado G ego y Ba eson
(1984: 122), «con o me a su na u aleza de elaciones, las di e encias no es án
localizadas en el espacio ni en el iempo. Decimos que el pun o blanco es á
“allí”, en mi ad de la piza a, pe o la di e encia en e el pun o y la piza a no
es á “allí”. No es á en el pun o ni en la piza a; ni es á en el espacio en e la
iza y la piza a. Puedo le an a la iza de la piza a y en ia la a Aus alia, pe o
ello no elimina ía ni desplaza ía la di e encia, po que una di e encia ca ece de
de e minación locacional». Como dis inción espacial di ec iz, en odo caso,
nos queda ía la di e encia en e el espacio (es ado) no ma cado y el espacio (es a-
do) ma cado11 —que es aquél en el que se cons uye la o ma y se cons uye él
mismo como o ma.
Al espacio no ma cado le co esponde un iempo igual, plano, en el que
las dis ibuciones dependen del aza y no o ganizan (ni es án o ganizadas al e-
dedo de) cen os. El espacio ma cado, po su pa e, es a a esado po es uc-
u as que pueden en ende se como « ejidos», como «u dimb e y ama». Con
ellas su gen espacios delimi ados, dema cados, unila e almen e ce ados, que
ienen una pa e an e io y o a pos e io —y con ellas un an es y un des-
pués—, en las que se disponen los sucesos haciendo las eces de conec o es.
Si, pa iendo de la dis inción sis ema/ambien e, alguien obse a es as ex-
u as, se in e esa á po sus conexiones pos e io es, y su obse ación u iliza á
esquemas que le pe mi an o dena el mundo. Como obse ado de ó denes,
acumula á in o maciones sob e la ca a in e na de su dis inción (sis ema), y no
(o apenas) sob e las «amo ías» de la ex e na (ambien e), que siemp e es con-
cebida en unción de la in e na.
El sis ema sólo eme ge si en los sucesos (enlaces) obse ados, siemp e genui-
na e ine i ablemen e ac uales, puede cons ui se du ación, pe manencia. Po
eso, los sis emas p o is os y p oduc o es de sen ido p ecisan de una memo ia
que les e-p esen e los esul ados de los sucesos an e io es como es ados ac ua-
Vi ualidad, ealidad, comunidad Pape s 68, 2002 89
10. Empleo aquí los é minos policon ex u alidady he e a quíaen sen idos muy conc e os. Po
lo que se e ie e al p ime o, en el sen ido de Go ha d GÜNTHER (1979), con o me al cual,
si una «con ex u a» es un dominio cuyos lími es no pueden se a a esados po los p oce-
sos que acon ecen en su seno, en onces una «policon ex u a» nos emi e a una unidad de exis-
encia y coexis encia con ex u al, o sea, a una compound con ex u ali y. Po su pa e, el é -
mino he e a quía lo u ilizo en el sen ido que le da Wa en MCCULLOCH (1988); es o es,
pa a hace e e encia a un sis ema en el que no exis e un ni el «supe io » único o p o is o
de capacidad «moni o a». De es a mane a, la iden idad de cada pliegue de la ama se unda,
p ecisamen e, en su o ma de en elaza se (conec a se), po medio de los ínculos de p o-
ducción po encial, con el es o de los pliegues de la ama.
11. Con espec o a es a di e encia, éase Spence BROWN (1969: 3 s.).
iene que es as nue as o mas de comunicación ep esen an un ac o de ena-
jenación y huida del mundo eal.16
Tan o desde un pun o de is a eó ico-sociológico como desde el pun o de
is a del ema de es e ex o, en iendo que la pe spec i a in e p e a i a más ele-
an e es la p ime a, y la ob a que quizá mejo la ep esen a, o al menos la que
más ele ancia y di usión ha alcanzado, es el lib o de Howa d Rheingold La
comunidad i ual. En él, Rheingold iden i ica es g andes luga es o escena ios
de la ida social: el hoga , el abajo y las po él llamadas hi d places, es deci ,
los espacios públicos que si en como escena io de las elaciones sociables basa-
das en la ecindad y la amis ad. Pa a Rheingold, es os espacios e cia ios de
comunicación han sido, p ecisamen e, el escena io po excelencia de la ida
social comuni a ia, pe o el desa ollo de la g an ciudad mode na, con sus pau-
as ca ac e ís icas de u banización y el impulso que da a los es ilos de ida ue -
emen e p i a izados e indi idualizados, hab ía acabado po des ui es e ipo
de elaciones sociales.
Sin emba go, según Rheingold, la comunicación mediada po compu a-
do as hab ía enido a ab i un nue o escena io pa a econs ui , sob e unda-
men os eno ados, los p ocesos de comunización. De mane a en apa iencia
pa adójica, al acili a la ag upación « i ual» —a dis ancia y, en p incipio,
anónima— de pe sonas po sus a inidades de in e eses y alo es, la comuni-
cación on line a o ece ía que, en un mundo ue emen e p i a izado e indi-
idualizado, se egene a a la sociabilidad, al p omo e el es ablecimien o de
lazos de apoyo mu uo y amis ad, capaces de amplia se, después, a la comuni-
cación e dade amen e in e pe sonal: la que se p oduce ace o ace. Po an o,
es a nue a o ma de comunización, « i ual», se di e encia ía de la adicional
en que, con ella, ya no es el encuen o ( ísico) ecu en e en e pe sonas en
espacios públicos el undamen o del conocimien o in e pe sonal, que se supo-
ne sus en a a una au én ica comunidad, sino que es el conocimien o pe sonal,
aguado a a és de una comunicación esc i a, in o mal, anónima y a dis an-
cia, el que eje un en amado comuni a io que, e en ualmen e, puede incluso
acaba edundando en el es ablecimien o de comunidades « eales».
Dejando apa e algunas o as cues iones en las que no me es posible en a
aquí, hay dos cosas que llaman pode osamen e la a ención en es a in e p e a-
ción de la comunicación in e pe sonal mediada po compu ado as como una
uen e de comunidad eno ada. En p ime luga , su cali icación como « i -
ual». En segundo luga , su misma sus an i ación como «comunidad».
2.2. La comunicación in e pe sonal compu e izada:
¿una comunicación sus i u i a?
¿Po qué azón, o en qué sen ido, se habla de es a comunicación esc i a in o -
mal y mediada po compu ado as como « i ual»? Si se lee con a ención el
96 Pape s 68, 2002 José Ma ía Ga cía Blanco
16. Véase al espec o la sin é ica y cla a exposición de CASTELLS (2001: 137 s.).
ex o de Rheingold, no es di ícil da se cuen a de que el é mino i ual es u i-
lizado, implíci amen e, en el sen ido de indica algo que cumple una unción
sus i u i a. ¿Y qué ipo de comunicación es la que end ía a se suplida po
es a comunicación in e pe sonal on line? Pues aquélla que, con o me a los
cánones es ablecidos, se conside a la comunicación «na u al», y como al au én-
ica, e dade a: la comunicación o al, ace o ace, en e pe sonas.
Es a hipos a ización de la comunicación p esencial en e pe sonas como
enca nación (sup ema) de la socialidad es esul ado de un p oceso que se ini-
cia en el Renacimien o, iene su pun o álgido en la eo ía social de la Ilus a-
ción,17 y luego se e culminado po el amoso «gi o lingüís ico», con el cual
el luga cen al an es ocupado en las ciencias humanas po la conciencia pasó
a se le asignado al lenguaje, de mane a que el speech ac acabó con i iéndose
en el a que ipo de odos los usos del lenguaje.
Pe o hoy odos sabemos que no hay diálogo «pu o». La o denación dis-
cu si a de nues o uso co idiano de los signos se o ien a po e e encias que
an más allá de lo p esen e, de lo ac ual (y como al di ec amen e pe cep ible)
en una de e minada si uación comunica i a. La in e acción mediada po sig-
nos —como odo enómeno p o is o de sen ido— incula la imaginación de
la p esencia a la no-p esencia. El sen ido de algo sólo puede se ijado de mane-
a di e ida, en i ud de acon ecimien os sucesi os, pa a los cuales ale la misma
«ley»: la de la di é ance. Qué sea algo, qué se ha dicho y qué es lo que signi i-
ca, así como qué es lo que como «acción» puede a ibuí sele y no, es á suje o,
po así deci , a la añadidu a. Pod ía deci se que el iempo de la in e acción,
como el de la comunicación en gene al, es un « e o iempo». Es más, «lo sis-
émico» de los sis emas sociales «simples» que o ma la comunicación in e ac-
i a es el esul ado de es a con inua adición. Como el con ol de la iden idad
de las «acciones comunica i as» de los que consis en es os sis emas no es posi-
ble en el momen o en que ellas se ac ualizan, el sis ema que o man no iene
más ac ualidad que la del desplazamien o. El sis ema ca ece de un p esen e
ón ico, y po eso el momen o decisi o de su o mación es el de la conexión,
la especi icación; el de una selec i idad di e ida, en de ini i a. Si es o es co ec-
o, y en onces ya la comunicación p esencial misma conlle a la i ualidad,
esul a una obsolescencia oma és a como modelo de e e encia pa a (po con-
aposición) ipi ica la comunicación mediada po compu ado as como comu-
nicación (socialidad) i ual.
Vi ualidad, ealidad, comunidad Pape s 68, 2002 97
17. Como ha señalado E ns Cassi e , e i iéndose al cí culo de pensado es o mado en o no
a la Enciclopedia, «el concep o de comunidad que buscan y po cuyo undamen o y jus i i-
cación se empeñan, no sólo coincide con el de sociedad, sino has a con el de « ida social».
En la exp esión ancesa socié é juegan cons an emen e ambas signi icaciones. Se eclama
una iloso ía y una ciencia “sociables”. No sólo los ideales polí icos, sino ambién los eó i-
cos, é icos y a ís icos se o man po y pa a los salones. En la ciencia la u banidad se con-
ie e en un pa ón, en un c i e io de au én ica in elección. Sólo lo que pueda exp esa se en
el lenguaje de es a u banidad lle a consigo la p ueba de la cla idad y dis inción» (Cassi e ,
1972: 297).
Es más, desde la in ención de la esc i u a, y muy en especial desde su uso
como medio de di usión masi a de la comunicación g acias a la imp en a, la
sociedad ha dispues o ya de la posibilidad de una comunicación desacoplada
espacial, empo al y socialmen e. Si la comunicación esc i a no puede se en en-
dida como una comunicación o al menoscabada, pues iene sus p opias pau-
as, p es aciones y lími es, ¿po qué hemos de ebaja la, de hecho, a la condi-
ción de o ma meno de comunicación, poniendo como ma iz uni e sal de
la comunicación la de ca ác e p esencial?
Y lo mismo podemos p egun a nos en elación con los mode nos mass
media. En el campo de las llamadas «ciencias de la in o mación», ha encon-
ado g an di usión la idea de que la comunicación unidi eccional, ca ac e ís-
ica de es os media, puede (y debe) se sus i uida po o a bila e al e indi i-
dualizada, apoyada sob e las p es aciones in e ac i as de los nue os medios
digi ales. Es echamen e inculada con un p oyec o polí ico que busca es-
au a (?) una democ acia di ec a en ámbi os locales median e la cons i ución
de «ágo as elec ónica», es a idea pa e de una ap eciación inco ec a de la un-
ción de los mass media en nues a sociedad.
Como han señalado Elena Esposi o (1995a), Niklas Luhmann (1996) y
Jose Wehne (1997), en una sociedad de escala mundial y a la ez ue emen e
a omizada, los mass media son imp escindibles pa a cons i ui una « ealidad
común» (a e ec os comunica i os). Dichos medios despliegan un ho izon e de
e e encia común con aquello que, día a día, con ie en en ac ual y, en cuan-
o al, es suscep ible de de eni ema de nue as y a iadas comunicaciones. Y
es a unción «in eg ado a» depende, jus amen e, de la in e upción écnica de
la in e acción dialógica en e los media y la masa de indi iduos que o man
sus audiencias —es deci , de una es uc u a en la que las mismas no icias son
pues as de mane a simul ánea a disposición de un g an núme o de ecep o es
anónimos—, así como de que la selec i idad del p oceso de p oducción de
con enidos pe manezca la en e —es o es, de que el público man enga la ilusión
de se obse ado di ec o de la ealidad. ¿Pod ía pasa una sociedad como la
ac ual sin un disposi i o uncional de es a índole? C eo que no, o al menos
muy di ícilmen e.
En esumen, dos son las conside aciones c í icas undamen ales que cabe
hace a la ipi icación de la comunicación in e pe sonal mediada po compu-
ado as como « i ual»:
1ª. Que es o sólo es posible si no se en iende que oda comunicación, y po
an o ambién la p esencial, aca ea la i ualidad.
2ª. Que la idea de que las edes de compu ado as son un mediumidóneo pa a
ep oduci de o ma « i ual» —o sea, como sus i u i o o sucedáneo— lo
más p opio y ca ac e ís ico de la comunicación in e pe sonal, pa e del
supues o de un idealizado modelo de comunicación p esencial y sociable
como o ma «na u al» (po excelencia) de la socialidad. Pe o es e modelo,
idealizaciones apa e, esul a demasiado a o ís ico como molde gene al de
la socialidad, po lo que cabe p egun a se si oma lo como al no con i-
98 Pape s 68, 2002 José Ma ía Ga cía Blanco
bui á a des igu a nos y ocul a nos que es amos asis iendo a la eme gencia
de una nue a o ma de comunicación, que no puede se ya adecuadamen e
analizada con un pa ón an opomo o de «acción comunica i a».
2.3. La comunicación in e pe sonal compu e izada: ¿una comunidad eno ada?
En e los di e sos y complejos cambios en el plano de la semán ica social aso-
ciados a la ansición a la mode nidad, me pa ecen pa icula men e ele an-
es pa a la emá ica de es e ex o los ela i os a las ideas de sociedad y de lo
social. Se ía incu i en una ob iedad, eseña la in e conexión en e una y
o a. Pe o no lo es an o eco da que la idea de sociedad había se ido a las
o maciones sociales cul as p emode nas pa a ep esen a se la o alidad de lo
social. Sin emba go, con el ánsi o a la mode nidad, la idea de sociedad deja
de da cuen a de dicha o alidad, de mane a que la elación en e la sociedad
y lo social se hace con usa.
Como eíamos más a iba (no a 17), en el siglo XVIII la eo ía social desa-
olló una sensibilidad muy ele ada hacia el ámbi o de las elaciones in e pe -
sonales, y a la pa las libe ó de las es ic as exigencias de la in e acción incu-
ladas al o den es amen al. Aho a bien, se ía e óneo e en ello —como es muy
habi ual— una me a p e e encia po el indi idualismo en e al colec i ismo.
Como ha eseñado Luhmann (1981: 244 s.), la unila e alidad de es e cambio
de p e e encia esidió, más bien, en concebi lo social en gene al desde la pe s-
pec i a de las elaciones in e pe sonales, y no desde aquélla o a p e alecien e
has a el ánsi o a la mode nidad: la de la comunidad socie al, en la que siem-
p e se había conside ado incluida a la pe sona.
Es a no edosa eo ien ación de la eo ía social hacia la comunicación in e -
pe sonal esul ó en el plan eamien o a la sociedad de exigencias de pe sonali-
zación de su o den muy di íciles de sa is ace . En qué podía consis i dicho
o den y cómo e a posible alcanza lo, desde p emisas in e pe sonales, se con-
i ió en un p oblema i esoluble, que la eo ía social del siglo
XIX
in en ó abo -
da median e la cons ucción de una se ie de dico omías. És as se con i ie on
en el undamen o de las dispu as —no sólo concep uales, sino ambién ideo-
lógicas y has a polí icas— que desde en onces han enido dominando la semán-
ica social. De dichas dico omías, pa a los ines de es e b e e es udio, dos son las
más ele an es: la de indi iduo y sociedad, y la de comunidad y sociedad.
Lo p ime o que llama la a ención en es as dico omías es que la idea de
sociedad se maneje a modo de pa e de alguna dis inción. De es a o ma, la
sociedad deja de ep esen a una unidad pa a pasa a se sólo uno de los lados
de una di e encia, sin que en ninguno de los casos se plan ee la cues ión ela-
i a a la unidad de la di e encia in oducida. Y de lo no edoso de es a ope a-
ción semán ica nos da cuen a el hecho de que, si omamos como pun o de
e e encia o con as e una eo ía social clásica como la a is o élica, po ejemplo,
se a a de dis inciones in e osímiles.
En la eo ía social a is o élica, la indi idualidad del se humano no iene
o o undamen o que el modo y la mane a en que pe enece a la sociedad. La
Vi ualidad, ealidad, comunidad Pape s 68, 2002 99
posibilidad de concebi al indi iduo humano como un hecho ex asocial es
pa a ella impensable, pues en las sociedades u banas de la an igüedad clásica
se e a indi iduo sólo en e los conocidos y allegados, y ello en cuan o pe e-
necien e a una comunidad local —y den o de ella a una comunidad domés-
ica y a un de e minado es a o— y no como desconocido, agabundo o ex an-
je o. Sólo en la medida en que la sociedad mode na desa olla sus es uc u as
más ca ac e ís icas puede aboli se es a an igua ep esen ación. Y es en i ud
de ello que, hacia la mi ad del siglo XVIII, puede empeza a de ini se la indi i-
dualidad po exclusión (de lo social) —po ejemplo, en la bien conocida y exi-
osa ó mula del indi iduo como «suje o», el cual, bajo al condición, es base
( undamen o y azón) de odo.
Es a nue a semán ica de la indi idualidad se apoya, an e odo, sob e un
cambio es uc u al de la sociedad: el de su p ima ia —que no exclusi a— di e-
enciación en sis emas uncionales. Es a nue a o ma dominan e de di e en-
ciación impide dis ibui a los indi iduos humanos en subsis emas de la socie-
dad, de al mane a que pe enezcan a uno y sólo uno de és os. Más bien se
supone que odos han de accede a odas las unciones. Desde luego, los indi-
iduos humanos siguen i iendo según un o den de la sociedad, pe o és a, al
exis i sólo po y a a és de sus di e en es sis emas uncionales, ya no compa-
ece den o de sí misma como unidad, ni puede se ep esen ada po ningu-
no de sus sis emas pa ciales. La inclusión indi idualizado a en la sociedad sig-
ni ica aho a el in de la inclusión exclusi is a en algunos de es os sis emas, y
po consiguien e la sepa ación del se humano (en cuan o indi iduo/suje o)
de la sociedad.
La dico omía comunidad/sociedad se pe ila más a de, y con ella es cam-
biado el sen ido o igina io del concep o de comunidad. En la eo ía a is o é-
lica, el concep o de comunidad (koinonía), y más en conc e o el de comunidad
polí ica (koinonía poli iké), se u ilizaba pa a designa a la sociedad; es deci ,
pa a ella no e a concebible una sociedad que no ue a comunidad. Pe o la uni-
dad de la sociedad mode na no puede se ya ga an izada como una unidad
comuni a ia, pues es demasiado amplia y compleja pa a ello, y en di e en es
sen idos descansa, es uc u almen e, sob e la in e upción de la ecip ocidad,
en ez de sob e su cul i o.
A inales del siglo XIX, en el ma co de es a dis inción, el concep o de comu-
nidad de ine sus nue os pe iles, y lo hace, an e odo, po ob a y g acia de la
nacien e sociología. La e e encia obliga o ia a es e espec o es Gemeinscha
und Gesellscha , de Fe dinand Tönnies.18 La eo ización de Tönnies iene po
undamen o una dis inción en e dos g andes ipos (ideales) de la olun ad
humana: la «esencial» o «na u al» (Wesenwille) y la «elec i a» o « acional» (Ku -
wille). La p ime a ep esen a el p incipio de la unidad de la ida que en uel e
18. Un p eceden e di ec o de la dis inción de Tönnies y del a amien o que és e hace de la
misma es la dis inción, ealizada en el campo del de echo, en e «es a us» y «con a o» de
Hen y SUMMER MAINE (1893).
100 Pape s 68, 2002 José Ma ía Ga cía Blanco
al pensamien o; la segunda es una c eación del pensamien o mismo, en el que
queda con enida la olun ad. Dicho en o os é minos: la « olun ad esencial»
es aquélla que eme ge del ca ác e y de los hábi os pe sonales, mien as que la
« olun ad elec i a» es el esul ado de una decisión acional, pues es á basada
sob e la o ien ación ins umen al, eniendo su asgo undamen al en la capa-
cidad de dis ingui en e medios y ines y de elegi los más e icien es medios pa a
alcanza un in dado.
Pa a Tönnies, los enómenos sociales es aban es echamen e asociados a la
olun ad humana. Así, la «comunidad» (Gemeinscha ) es un ipo de elación
social en el que p edomina la « olun ad esencial». Y es denominada «comu-
nidad», an e odo, po que en ella p edomina la «comunidad de sen imien os’,
que es p oduc o de la semejanza de las condiciones de ida y de la consiguien e
a inidad de expe iencias i ales. La «comunidad», así concebida, no se limi a al
ámbi o de la ida amilia , ya que ambién la ecindad, la ocupación, e inclu-
so la amis ad, p oduci ían una a inidad simila . En cambio, la «sociedad» es
una o ma de elación social ca ac e izada po la hegemonía de la « olun ad
elec i a». En un uni e so social dominado po la lógica me can il, p e alece
la búsqueda acional-ins umen al del p opio in e és indi idual, po lo que el
con a o sus i uye a la ecip ocidad como o ma de las elaciones in e pe sonales.
Si bien Tönnies señaló que oda o mación social es en pa e «comunidad»
y en pa e «sociedad», po lo que el es a us concep ual de ambas es el de ipos
ideales, ambién c eía que en la his o ia de la sociedad humana e a posible
iden i ica un paso p og esi o de la comunización a la asociación. La e a de la
«comunidad» se hab ía iniciado con una socialidad sus en ada sob e las elaciones
sociales y la economía domés icas; luego, con la apa ición de la ag icul u a y la
c eación de asen amien os u ales de la población, eme ge ían las comunida-
des locales; pa a e mina con una ase en la que el desa ollo de pequeñas
poblaciones u banas hab ía pe mi ido desa olla comunidades ocupacionales
basadas en un espí i u de a e nidad. La e a de la «sociedad» end ía su comien-
zo en el desa ollo de las g andes u bes, basadas en el come cio, que ep esen-
a ía el o igen de las elaciones con ac uales. La pos e io indus ialización y
la consiguien e acionalización del abajo, acompañadas po el desa ollo de
los es ados nacionales y sus g andes bu oc acias adminis a i as, da ían o igen
a la « ida cosmopoli a», basada sob e lo que Tönnies conside aba como las
exp esiones po excelencia de la « olun ad acional»: la ciencia y la opinión
pública mode nas —o, como di íamos hoy, la «sociedad del conocimien o» y
la «sociedad de la in o mación».
Es bien conocido po odos que Tönnies ha sido muy c i icado po es a
ope ación de da una e e encia his ó ica a sus ipos ideales de elación social.19
Como consecuencia de ello, en los años cincuen a y sesen a (en pa icula en
la ciencia social no eame icana), la dis inción en e comunidad y sociedad
pasó a se u ilizada en los es udios de cambio social (en el ma co de la amo-
19. Véase, po ejemplo, René KÖNIG (1955).
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sa pola idad adición/mode nidad) pa a di e encia en e modelos de socia-
lidad basados en las conexiones en e oles adsc ip i os, ins i uciones mul i-
uncionales y con igu aciones simbólicas emocional-exp esi as, po un lado,
y modelos basados sob e oles adquisi i os, ins i uciones uncionalmen e espe-
ci icadas y con igu aciones simbólicas ins umen ales, po o o lado. La ní ida
sepa ación analí ica en e los dis in os aspec os de es a dico omía pe mi ió una
con as ación empí ica más e inada de la hipó esis sob e los dos ipos de socia-
lidad. El esul ado de ello ue que en modo alguno esul aba ya posible man-
ene la idea de un desa ollo desde la «comunidad» hacia la «sociedad», pues
los componen es de ambos ipos, bajo las condiciones de la cada ez más com-
pleja ida social mode na, sólo hacían que adop a dis ibuciones y combina-
ciones dis in as y más a iadas.20
En cualquie caso, si en algo cabe ci a un sen ido eo é icamen e u ilizable
del concep o de «comunidad», esul an e de su con as ación pola con el de
«sociedad», c eo que no es o o que el de e e i se a una o ma de comunica-
ción in e pe sonal en la que la ac i ud de los comunican es se inspi a en el sen-
imien o —a ec i o o adicional— de o ma pa e de un odo (Webe , 1964:
33). En i ud de es e sen ido, cuan o más comuni a ia es una comunicación
in e pe sonal, an o más cabe espe a que los indi iduos en ella pa icipan es
se ean cons eñidos a e ena su indi idualidad. Y es o es así po que, como
ad i ió con agudeza Simmel (1984: 53 s.) en sus análisis eó icos ace ca de la
comunicación sociable (p esencial), al a a se de una elación es ablecida po
mo de sí misma y no de algún con enido especí ico y/o esul ado espe able, en
ella odo ha de descansa sob e las pe sonalidades p esen es una en e a o a,
po lo que és as no pueden mani es a se demasiado indi idualmen e. Al es ili-
za se como o ma pa a sí de lo social, la sociabilidad p esencial no puede alcan-
za aquello que, ex añamen e, suele muchas eces a ibuí sele hoy como p es-
ación: la cons i ución de la plena indi idualidad. La idea de que la comunicación
sociable ace o ace es el escena io po excelencia pa a la ealización del se huma-
no como se humano indi idualizado, desconoce que la comunicación socia-
ble necesi a in ensas educciones de complejidad social que hagan posible el
desa ollo de pau as, bajo cuya di ección incluso la misma pe sona pueda en en-
de se como una iden idad sos enible. Dicho sucin amen e: la sociabilidad p e-
sencial exige una d ás ica educción de la complejidad social y pe sonal.
A odo es o debe íamos añadi que si las «comunidades i uales» de Rhein-
gold son asimilables a alguno de los g andes ipos básicos de comunidad de i-
nidos po Tönnies (1988: 12 s.), lo son a la «comunidad espi i ual» (Gemeins-
cha de Geis es); es deci , a aquel ipo de comunidad que se sus en a no en las
elaciones de consanguineidad (comunidad amilia ) o en la ce canía espacial
(comunidad local o de ecindad), sino en la a inidad alo a i a y ac i udinal,
y que iene en la amis ad su exp esión p incipal. Pues bien, en con a de la
idea de Rheingold de que es e ipo e cia io de comunidad ep esen a la o ma
102 Pape s 68, 2002 José Ma ía Ga cía Blanco
20. Véase, po ejemplo, MAYHEW (1970).
más pu a de comunización, en los análisis de Tönnies apa ece como la más
débil (o menos comuni a ia) de odas, pues su o igen es á muy inculado al
aza y el a bi io, y su man enimien o depende, sob e odo, del sen imien o y
la imaginación de una a inidad pe sonal e ec i a que sa is a ía una necesidad
humana de a iliación y pe enencia.
Pues bien, es os asgos de «debilidad» o « ulne abilidad comuni a ia» se
acen úan aún más en la comunicación in e pe sonal compu e izada. En i -
ud de su ca ác e no p esencial y en p incipio anónimo (no necesidad de e e-
la la iden idad), como ha señalado con acie o Cas ells, si las edes elec óni-
cas —y en pa icula In e ne — son un medio de comunicación in e pe sonal
e ec i o, lo son an e odo pa a desa olla «lazos sociales débiles», pues «las pe -
sonas se conec an y desconec an de la ed, cambian de in e és y no e elan
necesa iamen e su iden idad (aunque ampoco se la in en an), y además cam-
bian de compañe os on line cuando quie en» (Cas ells, 2001: 150 s.). Y aun-
que el lujo de comunicación in e pe sonal on line es pe du able, no lo son las
conc e as conexiones, pues «la mayo ía de las comunidades on line son e íme-
as y a a ez a iculan la in e acción on line con la in e acción ísica» (Cas-
ells, 2001: 151).
Debe íamos p egun a nos, en onces, en p ime luga , si no es es a econo-
mía de la p esencia y de la iden i icación —po oposición a la p oximidad espa-
cial y/o social y a la iden i icación exclusi is a comuni a ias— lo que, jus a-
men e, pe mi e alcanza algo que llama mucho la a ención de Rheingold: que
en la comunicación in e pe sonal on line se log e un g ado de in imidad, desin-
hibición e indi idualización muy di ícil de alcanza en la de ca ác e p esen-
cial. Pe o, en segundo luga , más impo an e aún es p egun a se si concep ua-
liza es as « edes de socialibilidad con una geome ía y una composición a iable»
(Cas ells, 2001: 151) como «comunidades» nos ayuda a comp ende lo eal-
men e especí ico y no edoso de es a nue a o ma de comunicación o, muy al
con a io, lo único que hace es añadi con usión analí ica y aleja nos de dicha
comp ensión. En mi opinión, és e es el caso.
21
Y lo es po que es e uso del con-
cep o de comunidad igno a que el concep o mode no (decimonónico) de comu-
Vi ualidad, ealidad, comunidad Pape s 68, 2002 103
21. Un ejemplo de ello lo enemos en Cas ells, en quien esul a chocan e que siga aplicando el
concep o de comunidad a la comunicación in e pe sonal mediada po compu ado as. El
esul ado no puede se o o que el de una cie a con usión. Así, po un lado, a i ma Cas ells
que «la cues ión cla e aquí es el desplazamien o de la comunidad a la ed como medio p in-
cipal de in e acción» (Cas ells, 2001: 148). Pe o, po o o lado, señala que el nue o pa ón
dominan e pa ece es a cons i uido en o no a lo que Wellman llama “comunidades pe -
sonalizadas”, enca nadas en edes cen adas en el yo» (Cas ells, 2001: 149 s.). Si que emos
segui dando algún sen ido iden i icable al concep o de «comunidad», ¿podemos pensa
que és a iene su exp esión en edes de comunicación «cen adas en el yo»? ¿Es posible segui
denominando «comunidades» (on line) a es as edes de sociabilidad con una geome ía y
una composición a iables? Más aún, ¿podemos deci que es os lujos ápida y ue emen-
e cambian es de conexión in e pe sonal son capaces de p opo ciona aquellas p es acio-
nes que, en la adición sociológica, se han en endido como cen ales de oda «comuni-
dad»: iden idad socialmen e econocida y sen imien o de pe enencia?
nidad ob iene su o ma como pa e de una dis inción que, en un momen o
his ó ico muy de e minado —social y eo é icamen e—, in en aba es anda iza
la comunicación in e pe sonal, y con ello o ece alguna solución al p oblema
en dicho momen o cen al de las elaciones en e indi iduo y sociedad. De es e
modo, el concep o de comunidad quedó encapsulado como pa e de una dico-
omía ípico-ideal, y bajo al condición se con igu ó como un ígido compo-
nen e del co pus eo é ico de la nacien e sociología, p o is o de escasas posibi-
lidades de un desa ollo uc í e o pos e io .
3. A modo de ecapi ulación
Las conside aciones c í icas hechas en es e ex o ace ca del é mino i ual y
de su combinación con los sus an i os ealidad y comunidad, pa a da cuen a
de las consecuencias pe cep i o-cogni i as y sociales de las nue as ecnologías
digi ales, pueden se ecapi uladas en es pun os.
1º. A ibui a las o mas de pe cepción hechas posibles po las nue as ecnologías
digi ales la condición de p oduc o as de una ealidad o un mundo llama-
dos i uales, en el sen ido de apa en es o ic icios, y de es e modo con a-
pues os a un mundo o una ealidad que se suponen na u ales o e dade-
os, implica igno a es cosas impo an es:
a) En p ime luga , que oda pe cepción es un cons uc o de nues o sis-
ema ne ioso —dada su condición de sis ema ope a i amen e clausu-
ado. La conciencia, en onces, al ope a p oyec i amen e —po a a -
se de un sis ema o ien ado po el sen ido—, iene que jus i ica siemp e
que aquello que pe cibe es el mundo ex e io . Pe o odo lo que ale
como eal (na u al, e dade o) pa a la conciencia no se debe a esis-
encia alguna pues a po es e mundo, sino a la que ponen las ope a-
ciones de la conciencia a las p opias ope aciones de la conciencia.
b) En segundo luga , que pa a la conciencia y la comunicación —en cuan-
o campos enoménicos cuyo medium es el sen ido— el «mundo» no
es más que un ho izon e úl imo, un inaba cable e incalculable po encial
de so p esas, in o mación po encial, que sólo puede con e i se en in o -
mación ac ual (e ec i a) en i ud de la selec i idad de los sis emas psí-
quicos y sociales.
c) En e ce luga , que la ealidad de los sis emas o ien ados po el sen i-
do no ep esen a más que una inde e minación de ondo, siemp e implí-
ci a, po cuan o es la unidad de la di e encia en e sus p opias cogni-
ciones y el obje o de las mismas.
Si es as es conside aciones, y las a gumen aciones que las sus en-
an, son plausibles, en onces no pa ece muy adecuado segui hablan-
do de una « ealidad i ual».
Es a exp esión nos hace pe sis i en la c eencia de que hay un mundo
o una ealidad « eales», «na u ales», suscep ibles de se ap ehendidas
con la disposición pe cep i a na u al del se humano. Con ello ol ida-
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mos que es a disposición pe cep i a no es más que una en e o as posi-
bles, así como que la no malidad que se le a ibuye es una cons uc-
ción, po lo que la dico omía eal/apa en e (o na u al/inna u al) ya no
puede se u ilizada, o al menos ha de se descons uida como una opo-
sición implíci amen e je á quica.
2º.Po lo que espec a al concep o de comunidad i ual, he in en ado e i-
dencia que el ipo de comunicación al que se e ie e ni es i ual ni es
comuni a ia. P edica es a o ma de comunicación como i ual —en el
sen ido de apa en e o sus i u i a—, p esupone que hay un modelo o ma iz
eal, po na u al, de la comunicación humana: la comunicación dialógica
ace o ace. Sin emba go, es e ipo de comunicación es demasiado es ic-
i o como molde de la comunicación, y ambién en él la i ualidad es ine-
liminable, po cuan o —como cualquie enómeno p o is o de sen ido—
incula la imaginación de la p esencia (lo incluido) a la de la ausencia (lo
excluido). Además, no es comuni a ia, po que no pa ece es a en condi-
ciones de p oduci aquello que, en la adición sociológica, siemp e se ha es i-
mado como dis in i o de oda comunización: el dispone de una indi i-
dualidad inclusi a (iden idad social) que pe mi e sen i se pa e in eg an e
de una o alidad social (sen ido de pe enencia). Y es o es así, p ecisamen-
e, en i ud de lo que son los dos sopo es in aes uc u ales de dicha
comunicación: su ca ác e de elecomunicación y su condición (en p inci-
pio) anónima, que la hacen más ap a pa a gene a una no edosa o ma de
comunicación in e pe sonal, que pa ece muy di ícil —o, cuando menos,
demasiado o zado— concep ualiza como comuni a ia.
Con es os dos casos, y los p oblemas eó ico-concep uales en ellos iden i-
icados, si algo se pone de mani ies o, desde mi pun o de is a, es la u gen e
necesidad que iene la sociología de hace a un lado sus supues os ealis as, en
el e eno de su undamen ación eó ico-cogni i a, y el accionalismo ( eo ía
de la acción) o in e accionismo, en el ámbi o eó ico-sus an i o, si es que quie-
e es a en condiciones de a on a el e o que pa a ella suponen las no edo-
sas o mas de pe cepción, expe iencia y comunicación hechas posibles po las
nue as ecnologías digi ales.
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